{"id":401035,"date":"2017-08-06T08:23:25","date_gmt":"2017-08-06T06:23:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401035"},"modified":"2017-07-06T10:25:15","modified_gmt":"2017-07-06T08:25:15","slug":"las-bases-economicas-la-comunidad-vicenciana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-bases-economicas-la-comunidad-vicenciana\/","title":{"rendered":"Las bases econ\u00f3micas de la comunidad vicenciana"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400001\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/recuerdos-de-la-persecucion-francesa-1797-1798\/revolucion-francesa\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?fit=1600%2C840\" data-orig-size=\"1600,840\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"revolucion-francesa\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400001 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/revolucion-francesa.jpg?w=1600 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>En el t\u00edtulo de este estudio el calificativo \u00abvicenciana\u00bb se emplea en un sentido restringido que se refiere \u00fanicamen\u00adte a la comunidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. La co\u00admunidad de las Hijas de la Caridad tiene ciertamente el mismo derecho a un tal calificativo, pero por razones metodol\u00f3gicas no se la tiene en cuenta aqu\u00ed en esta ocasi\u00f3n. Por tanto, no valen para ellas las conclusiones que aqu\u00ed se dan. Para ser precisos: valen s\u00f3lo en parte, como se ver\u00e1 a lo largo del trabajo. En esto, como en tantas otras cosas, la comunidad de las hermanas era, desde su mismo origen, mu\u00adcho m\u00e1s \u00abmoderna\u00bb que la de sus hermanos los misioneros, y conoci\u00f3 medios de financiaci\u00f3n que eran totalmente desco\u00adnocidos para \u00e9stos, como veremos.<\/p>\n<p>Las Reglas Comunes no nos dicen absolutamente nada acerca de la infraestructura econ\u00f3mica de la comunidad mi\u00adsionera: origen de los bienes, sujeto de su propiedad, etc. El <em>erunt nobis omnia communia <\/em>de las Reglas (III 3) es m\u00e1s bien una norma de car\u00e1cter asc\u00e9tico-pr\u00e1ctico para uso de los misioneros de puertas adentro, por as\u00ed decirlo; no es en modo alguno una norma jur\u00eddica que fundamente un derecho ante la sociedad civil o ante la Iglesia. S\u00f3lo los superiores pueden avalar con su firma cualquier tipo de acci\u00f3n ante no\u00adtario, y eso \u00abno en cualidad de procuradores constituidos por la comunidad, sino de superiores nombrados por el general\u00bb. Hay que apelar por tanto a otras fuentes de in\u00adformaci\u00f3n, en este caso a la voluminosa correspondencia del fundador. En ella se basan las ideas que se exponen en la primera parte de este estudio.<\/p>\n<ol>\n<li><em> Las bases econ\u00f3micas de la comunidad en tiempo de san Vicente<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00abNuestro capital es la misi\u00f3n\u00bb<\/p>\n<p>San Vicente se preocup\u00f3 a lo largo de toda su vida como cabeza de la Congregaci\u00f3n de dotar a todas las casas de una infraestructura econ\u00f3mica s\u00f3lida que garantizara a los misio\u00adneros medios de vida suficientes para llevar a cabo su acti\u00advidad ministerial. San Vicente no pretende buscar m\u00e1s que la suficiente seguridad para que los hombres que habitan las casas de la Congregaci\u00f3n puedan despreocuparse del gran problema de ganarse la vida, y se dediquen con toda su al\u00adma a los trabajos propios de su misi\u00f3n. Por esa misma raz\u00f3n Vicente de Pa\u00fal rechaza toda apropiaci\u00f3n privada (benefi\u00adcios&#8230;) en la que sus hombres pretendan basar su seguridad econ\u00f3mica personal:<\/p>\n<p>\u00abPero \u00bfqu\u00e9 necesidad tiene usted de disfrutar de esos bienes como particular, usted que quiere vivir apos\u00adt\u00f3licamente, y que est\u00e1 asegurado de ser siempre man\u00adtenido a costa de los bienes comunes?\u00bb.<\/p>\n<p>A un superior que hab\u00eda preguntado a Vicente si podr\u00eda aceptar en su propio nombre dos beneficios eclesi\u00e1sticos pa\u00adra dejarlos a su muerte a la Congregaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abUsted ha aceptado a Nuestro Se\u00f1or como su beneficio, y ha renunciado a los bienes de la tierra&#8230; para ser\u00advirle a estilo de los ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Escribe en relaci\u00f3n a una persona que deseaba una fun\u00addaci\u00f3n de misioneros, pero s\u00f3lo les proporcionaba la vi\u00advienda:<\/p>\n<p>\u00abNo es suficiente que los misioneros tengan donde alojarse. Tienen que tener adem\u00e1s lo suficiente para vivir y as\u00ed poder trabajar, porque el pedir limosna ni les conviene ni les est\u00e1 permitido\u00bb.<\/p>\n<p>El sostenimiento vital de los misioneros incluye la ayuda a la casa com\u00fan en que se forman los hombres en camino de ser en pocos a\u00f1os misioneros activos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo es necesario que la casa de San L\u00e1zaro, que for\u00adma a los hombres para darlos a otras casas cuando \u00e9stas los necesitan, sea ayudada a sufragar los gastos de su formaci\u00f3n?\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta tal punto se cuida san Vicente de la seguridad y suficiencia econ\u00f3mica de sus comunidades que prefiere no fundar casas nuevas si no se asegura de antemano el man\u00adtenimiento de los misioneros. Hay de esto muchos ejemplos en su correspondencia, pero hay en una carta un texto cu\u00adrioso que resume perfectamente lo que pudi\u00e9ramos llamar su pol\u00edtica econ\u00f3mica en este aspecto:<\/p>\n<p>\u00abNo somos nosotros como los mendicantes. Estos no tienen m\u00e1s que plantar la estaca y ya est\u00e1n estableci\u00addos. Pero a nosotros, que no recibimos nada del pue\u00adblo, nos hacen falta rentas\u00bb.<\/p>\n<p>La CM necesita fuentes de bienes econ\u00f3micos para vivir precisamente porque no recibe nada, ni quiere recibir, por su trabajo con los pobres. A falta de la suficiente seguridad en esta base econ\u00f3mica est\u00e1 incluso dispuesto a renunciar a trabajos que le son muy queridos; por ejemplo, a los se\u00adminarios.<\/p>\n<p>Vicente no es amigo de litigios, y se muestra siempre obediente y sumiso a los obispos, y ense\u00f1a a los miembros de su Congregaci\u00f3n a hacer lo mismo. Es amigo tambi\u00e9n de arreglar diferencias de derecho amigablemente antes de recurrir a los tribunales. Pero si est\u00e1 en juego la necesaria base econ\u00f3mica de sus comunidades misioneras, no tiene miedo de apelar a los medios que le provee la justicia de su tiempo. Tal sucedi\u00f3 en 1658 (san Vicente ten\u00eda entonces 77 a\u00f1os, n\u00f3tese) en un asunto espinoso en que estaba envuelta la subsistencia de una casa de la compa\u00f1\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abMe da mucha pena que este asunto haga tanto ruido, y que se vea a los sacerdotes de la Misi\u00f3n re\u00f1ir con el obispo&#8230; Voy a escribir al obispo de Ginebra y tam\u00adbi\u00e9n a nuestra parte (el padre Le Vazeux) para tratar de salir de esto amigablemente, por \u00e1rbitros o de otra manera. Pero si, despu\u00e9s de haber hecho por nuestra parte todo y m\u00e1s de lo que es razonable para llegar a un arreglo, ellos se mantienen firmes para conseguir lo que pretenden, que es arruinar a nuestra pobre comu\u00adnidad de Annecy, me parece que nos veremos obligados a acudir a la justicia eclesi\u00e1stica o civil para librarnos de un tal da\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Una base econ\u00f3mica suficiente es siempre necesaria, pues los misioneros no deben recibir nunca nada como retribu\u00adci\u00f3n por su trabajo. Esta idea es bien conocida y no requiere elaboraci\u00f3n especial. S\u00ed ser\u00eda bueno advertir que, por lo que aparece en su correspondencia, no hizo Vicente una sola excepci\u00f3n a lo largo de toda su vida, ni quiso que la hicie\u00adran los misioneros. Por ejemplo:<\/p>\n<p>\u00abSi la se\u00f1ora N. le env\u00eda a usted alg\u00fan dinero porque usted ha trabajado en sus tierras y por los gastos que usted ha hecho, es preciso que no lo reciba&#8230;, porque hay que tener como m\u00e1xima el no recibir jam\u00e1s ningu\u00adna retribuci\u00f3n por nuestros trabajos\u00bb<sup>.<\/sup><\/p>\n<p>Muy cerca del final de su vida (enero de 1659) recuerda una vez m\u00e1s en pocas l\u00edneas lo que hab\u00eda sido siempre la pr\u00e1ctica de la comunidad:<\/p>\n<p>\u00abNo debemos aceptar nunca una retribuci\u00f3n por nues\u00adtras misiones, ni de personas ausentes ni de presentes, ni de ricos ni de pobres. No quiero decir que si le en\u00adv\u00edan alg\u00fan dinero no pueda usted recibirlo a manera de limosna, pero no por haber dado una misi\u00f3n o bajo condici\u00f3n de darla\u00bb.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, a instancias del padre Jolly, superior de Roma, manifiesta Vicente su intenci\u00f3n de proponer a la se\u00adgunda asamblea general si ir\u00eda contra esta norma el aceptar de los obispos el pago de los gastos de viaje cuando \u00e9stos llamaban a los misioneros para trabajar en sus di\u00f3cesis. Pero ya Vicente anticipa su opini\u00f3n personal: \u00abSoy de pa\u00adrecer que mantengamos con fuerza el no recibir nada de ellos, a no ser que ellos lo deseen absolutamente\u00bb.<\/p>\n<p>Esta es la segunda idea que preside lo que hemos llama\u00addo la pol\u00edtica econ\u00f3mica de san Vicente: como el trabajo de los misioneros se debe dirigir directa o indirectamente siem\u00adpre a los pobres, no deben recibir jam\u00e1s una retribuci\u00f3n eco\u00adn\u00f3mica como pago de sus trabajos. La asistencia a los po\u00adbres es <em>personal: <\/em>los misioneros dedican a ellos sus perso\u00adnas; pero es tambi\u00e9n <em>material: <\/em>los bienes de las comunidades est\u00e1n siempre abiertos a las necesidades materiales de los necesitados. Escribe a un superior:<\/p>\n<p>\u00abBien veo que es mucho de temer, como usted dice, que si da asilo en la casa a tantos refugiados va a ser pronto saqueada por los soldados. Pero hay que pre\u00adguntarse si para evitar ese peligro usted debe rehusar la pr\u00e1ctica de una virtud tan bella como es la ca\u00adridad\u00bb.<\/p>\n<p>Esto bien pod\u00eda escribirlo un hombre que predicaba an\u00adtes con el ejemplo, y que en medio de las turbulencias de la Fronda convert\u00eda a San L\u00e1zaro en un almac\u00e9n de socorro para los necesitados de Par\u00eds, hasta el punto de que la nu\u00admerosa comunidad pasaba verdaderas estrecheces en las necesidades m\u00e1s elementales como la comida. En una oca\u00adsi\u00f3n Vicente escribe al padre Portail que pida dinero pres\u00adtado para atender a las necesidades de la comunidad y de los necesitados a quienes se daba comida cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Su declarado inter\u00e9s por encontrar fundamentos s\u00f3lidos para sus obras no le hace perder el sentido cristiano en la propiedad y el uso de los bienes, ni produce en \u00e9l el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo rastro de avaricia o de insensibilidad ante las necesi\u00addades privadas y p\u00fablicas: \u00abLas misiones deben constituir nuestro capital\u00bb <sup>16<\/sup>, escribe a un misionero que quer\u00eda retener una parroquia bajo la excusa de que dejarla a otro sacerdo\u00adte supondr\u00eda una disminuci\u00f3n de ingresos. El verdadero ca\u00adpital de la Congregaci\u00f3n es efectivamente para san Vicente la agilidad necesaria para dedicarse a la misi\u00f3n. A asegurar la misi\u00f3n se dedica totalmente la seguridad que proporciona una infraestructura econ\u00f3mica sana, para renuncia de buen grado a bienes econ\u00f3micos que pudieran entorpecer la mi\u00adsi\u00f3n. Y, llegado el caso extremo, no abandonar\u00e1 una misi\u00f3n en la que \u00e9l cree con fuerza por muy dispendiosa que re\u00adsulte a la Compa\u00f1\u00eda, como le sucedi\u00f3 en el caso de los con\u00adsulados de Argel y T\u00fanez, misi\u00f3n que se resist\u00eda a abando\u00adnar, a pesar de varias s\u00f3lidas razones de que se hablar\u00e1 m\u00e1s adelante, y de los que dice:<\/p>\n<p>\u00abEstos consulados son una gran carga para la Compa\u00ad\u00f1\u00eda por los gastos que hay que hacer para mantenerlos por encima de sus ingresos\u00bb.<\/p>\n<p>Piensa incluso que en caso de calamidades p\u00fablicas y p\u00e9rdidas sociales generalizadas la Congregaci\u00f3n debe pagar tambi\u00e9n su parte:<\/p>\n<p>\u00abDice usted que la guerra ha arruinado tres casas en Varsovia y cinco en su tierra. Eso es un da\u00f1o notable, pero no ser\u00eda justo que ustedes se viesen libres en esa aflicci\u00f3n p\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>Y cuando pierde bienes importantes, como en el caso de la gran finca de Orsigny, aunque sea por decisiones injustas de la justicia, no por eso pierde la convicci\u00f3n de que \u00absi buscamos el reino de Dios, nada nos faltar\u00e1, como dice el evangelio, y que si el mundo nos quita por un lado Dios nos dar\u00e1 por otro\u00bb.<\/p>\n<p>Tres, pues, son las ideas rectoras en el pensamiento de san Vicente acerca de los bienes comunes:<\/p>\n<p>1.\u00b0 La comunidad necesita una base econ\u00f3mica sufi\u00adciente para asegurar el sostenimiento de los misioneros.<\/p>\n<p>El criterio de la suficiencia econ\u00f3mica es espec\u00edfica en muchas de sus cartas en relaci\u00f3n a problemas pr\u00e1cti\u00adcos de la vida misionera, y recibe en las Reglas una definici\u00f3n escueta que resume perfectamente su pensa\u00admiento: la vida de los misioneros debe regirse por el standard de vida de los pobres (III 7).<\/p>\n<p>2.\u00b0 La necesidad de tal base se justifica por el hecho de que todo tipo de trabajo de los misioneros debe ser siem\u00adpre gratuito, pues se dirige a los pobres.<\/p>\n<p>San Vicente sabe muy bien, y lo admite expresamen\u00adte, que la necesidad de ser propietaria impide el que la Congregaci\u00f3n practique la pobreza seg\u00fan todas las exigencias del evangelio. Cfr. Reglas Comunes, III 2: \u00abministeria nostra&#8230; quatenus sunt gratis obeunda, nequaquam ferre possint ut paupertatem omnimode profiteamur\u00bb.<\/p>\n<p>3.\u00b0 La base econ\u00f3mica es eso \u00fanicamente: base nece\u00adsaria pero subordinada totalmente a las exigencias de la misi\u00f3n<\/p>\n<p>Los modos concretos de financiaci\u00f3n de la vida comuni\u00adtaria y actividad misionera fueron surgiendo en la vida de san Vicente de una manera espont\u00e1nea, condicionada como no pod\u00eda ser menos por la infraestructura econ\u00f3mica de la sociedad en que le toc\u00f3 vivir. Una donaci\u00f3n generosa de los Gondy le proporcion\u00f3 la base econ\u00f3mica de sus primeras ex\u00adperiencias misioneras comunitarias. Sobre las rentas de esa donaci\u00f3n y el alojamiento en una casa donada, el colegio de Bons Enfants, sobrevivieron \u00e9l y sus compa\u00f1eros durante unos seis o siete a\u00f1os.<\/p>\n<p>Y de pronto le surgi\u00f3 una oferta a\u00fan m\u00e1s generosa, la del priorato de San L\u00e1zaro, donaci\u00f3n que abr\u00eda enormemen\u00adte los horizontes de su visi\u00f3n. Esta oferta le cogi\u00f3 totalmente de sorpresa:<\/p>\n<p>\u00abCuando el prior de San L\u00e1zaro me vino a ofrecer esta casa, me qued\u00e9 temblando, como un hombre sorpren\u00addido por un ca\u00f1onazo que se dispara de improviso: se queda aturdido por este golpe imprevisto. Yo me qued\u00e9 mudo y totalmente aturdido por una tal proposici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>San L\u00e1zaro exced\u00eda tan desmesuradamente sus primeros ideales misioneros y comunitarios que le cost\u00f3 casi un a\u00f1o el decidirse a aceptarlo. A pesar d\u00e9la propiedad de San L\u00e1\u00adzaro, entre las primeras generaciones misioneras debi\u00f3 per\u00admanecer vivo el ideal m\u00f3vil de los primeros a\u00f1os. Escriben dos misioneros desde Tur\u00edn en 1659, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de la adquisici\u00f3n de San L\u00e1zaro, y un a\u00f1o escaso antes de la muerte del fundador:<\/p>\n<p>\u00abSe vive aqu\u00ed como en San L\u00e1zaro, excepto en una sola pr\u00e1ctica: durante nueve de los meses del a\u00f1o todos los misioneros, lo mismo padres que hermanos, dejan la llave debajo de la puerta para ir a hacer su cosecha de almas, de modo que se puede decir de ellos aqu\u00ed a\u00fan con m\u00e1s raz\u00f3n que en otros sitios que son <em>padres de casa de alquiler, <\/em>lo que ser\u00e1 siempre para ellos un m\u00e1s honroso que cualquiera otro que se les pueda atribuir\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, para la comunidad San L\u00e1zaro supon\u00eda la tentaci\u00f3n permanente de un estilo de vida cuasi-mon\u00e1s\u00adtico que no parec\u00eda convenir al estilo m\u00f3vil de la comunidad misionera original. Que no se evit\u00f3 este peligro del todo aparece con claridad en esta carta de san Vicente del a\u00f1o 1657, es decir de 25 a\u00f1os despu\u00e9s de su aceptaci\u00f3n del priorato:<\/p>\n<p>\u00abLo que usted me dice de la desigualdad entre las ca\u00adsas de la Compa\u00f1\u00eda me confirma en el miedo que he tenido siempre a que la casa de San L\u00e1zaro sea dema\u00adsiado atractiva por el buen pan y la buena carne que se comen en ella, por el buen aire que se respira, por los espacios que en ella se encuentran para pasearse, y por las dem\u00e1s comodidades que tiene, cosas todas que hacen que los esp\u00edritus sensuales se encuentren en ella muy a gusto\u00bb.<\/p>\n<p>Que, por otro lado, San L\u00e1zaro no era, incluso en t\u00e9rmi\u00adnos puramente econ\u00f3micos, un asunto tan atractivo como parec\u00eda a primera vista se ve en este texto escrito por san Vicente un a\u00f1o antes de su muerte:<\/p>\n<p>\u00abSan L\u00e1zaro es tan viejo que necesitamos alba\u00f1iles ca\u00adsi continuamente, y \u00e9stos nos cuestan m\u00e1s caros que los intereses del dinero que har\u00eda falta para construirlo de nuevo\u00bb <sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>La propiedad de San L\u00e1zaro convert\u00eda a Vicente de Pa\u00fal literalmente en se\u00f1or feudal, con derecho incluso de justicia sobre sus posesiones <sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p>Los dos sistemas de financiaci\u00f3n, rentas de dinero, pro\u00adpiedad y rentas de tierra, incluyen todo lo que fue realmen\u00adte b\u00e1sico en la econom\u00eda de las comunidades en tiempo de san Vicente. En detalle, he aqu\u00ed una enumeraci\u00f3n de los mo\u00addos de adquisici\u00f3n de bienes y de financiaci\u00f3n de las comu\u00adnidades que hemos podido extraer de la lectura de sus cartas.<\/p>\n<p><em>1\u00ba. Adquisici\u00f3n por donaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Bienes en propiedad:<\/p>\n<ul>\n<li>Casas<\/li>\n<li>Tierras<\/li>\n<li>Negocios<\/li>\n<li>beneficios eclesi\u00e1sticos<\/li>\n<li>dinero<\/li>\n<\/ul>\n<p>Rentas:<\/p>\n<ul>\n<li>de tierras ajenas<\/li>\n<li>de tierras propias<\/li>\n<li>de casas<\/li>\n<li>de negocios<\/li>\n<li>de beneficios eclesi\u00e1sticos<\/li>\n<li>de beneficios civiles<\/li>\n<li>de capital en dinero<\/li>\n<\/ul>\n<p>2.\u00b0 <em>Inversiones<\/em><\/p>\n<ul>\n<li>compraventa de tierras<\/li>\n<li>inversi\u00f3n de capital en negocios<\/li>\n<li>compra de oficios civiles.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Unas observaciones sobre algunos de los modos de apro\u00adpiaci\u00f3n y de financiaci\u00f3n enumerados pueden resultar de in\u00adter\u00e9s. Los negocios que se mencionan se refieren a su parti\u00adcipaci\u00f3n como propietario-accionista, y tambi\u00e9n como per\u00adceptor de rentas, en varias l\u00edneas de diligencias para viaje\u00adros y en el transporte de mercanc\u00edas (vino, sal&#8230;). Estos pa\u00adrecen ser los negocios m\u00e1s interesantes que tuvo entre ma\u00adnos, aunque con cierta frecuencia se queja en su correspon\u00addencia de la disminuci\u00f3n r\u00e1pida de ingresos de las dili\u00adgencias debidas, sobre todo, a la devaluaci\u00f3n de la moneda y a la competencia de otras compa\u00f1\u00edas de transporte. Parte de los ingresos de esta fuente ayudaba a los misioneros del norte de \u00c1frica, que recib\u00edan por este cap\u00edtulo 1.500 libras al a\u00f1o.<\/p>\n<p>El caso mejor conocido de adquisici\u00f3n por compra de un oficio civil es el de los consulados de \u00c1frica que, como se ha visto arriba, resultaron ser gravemente deficitarios en mantenerse por solas las rentas de los bienes de fundaci\u00f3n. San Vicente estuvo pensando seriamente en venderlos en 1657, aunque se decidi\u00f3 finalmente en contra, porque \u00abaseguro delante de Dios que no son para hacer negocio, ni por ninguna ventaja temporal; no hay otro motivo que nos mueva a este empleo santo que la caridad por el pr\u00f3jimo y el amor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La enumeraci\u00f3n que se ha dado arriba puede sugerir la imagen de una congregaci\u00f3n rica en posesiones y s\u00f3lida en sus finanzas. Nada m\u00e1s lejos de la realidad. Durante los \u00faltimos cinco a\u00f1os de su vida abundan en sus cartas los testimonios de serias dificultades econ\u00f3micas, que en una de 1657 describe as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abTal vez diga usted que la Compa\u00f1\u00eda deber\u00eda compro\u00admeterse para librarle pidiendo en pr\u00e9stamo esa suma; bien quisiera que la Compa\u00f1\u00eda pudiera hacerlo. Pero adem\u00e1s de la dificultad de encontrar esa suma en pr\u00e9s\u00adtamo o en hipoteca, porque todo el mundo sabe que est\u00e1 cargada de deudas por todas partes, no puede la Compa\u00f1\u00eda comprometerse m\u00e1s sin ponerse en peligro de sucumbir\u00bb.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s dram\u00e1tico de esta carta reside en el hecho de que est\u00e1 dirigida al hermano cl\u00e9rigo Barreau, c\u00f3nsul en Argel y preso de los \u00abturcos\u00bb, que ped\u00edan por su rescate una fuerte cantidad. Hay que creer a san Vicente cuando le dice que no puede materialmente la comunidad pagar el rescate de uno de sus hermanos, pues apel\u00f3 a todos los dem\u00e1s medios que tuvo en su mano, incluyendo el hacer venir a Par\u00eds al padre Le Vacher, compa\u00f1ero del humano Barreau, para hacer una colecta en las parroquias y entre las personas pudientes conocidas. Sin mucho resultado, por otra parte. \u00abLa cosa me parece imposible\u00bb, escribe san Vi\u00adcente el 5 de octubre del mismo a\u00f1o; \u00abla caridad se ha enfriado en Par\u00eds, porque todo el mundo se resiente por las calamidades p\u00fablicas\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los medios de financiaci\u00f3n enumerados arriba tie\u00adnen una caracter\u00edstica que conviene subrayar. Se puede afir\u00admar que las fuentes econ\u00f3micas de la Congregaci\u00f3n proce\u00adden exclusivamente de las clases ricas, y que los misioneros, a trav\u00e9s de su dedicaci\u00f3n exclusiva a los pobres, funcionan en el sistema econ\u00f3mico de su tiempo como distribuidores de la renta nacional, aunque lo hicieran inconscientemente y no fuera ese el fin, ni expreso ni t\u00e1cito, de su vocaci\u00f3n. Parte de los bienes de las clases pudientes llegaban directa o indirectamente a las clases pobres a trav\u00e9s de la actividad y de las manos de los misioneros.<\/p>\n<p>Ese papel de intermediarios distribuidores es cierta\u00admente generoso y desprendido, pero tiene dos inconvenientes obvios. En primer lugar, les hace excesivamente dependien\u00adtes de los que proveen la base de su econom\u00eda, quienes, llegado el caso, pueden interferir seg\u00fan sus propias ideas e impedir decisiones de pastoral y de gobierno interno, e inclu\u00adso de pol\u00edtica general eclesi\u00e1stica. San Vicente parec\u00eda deci\u00addido a dejar o vender a seglares los consulados por varias razones: la presi\u00f3n de Propaganda Fide, que ve\u00eda con malos ojos unos cargos tan definidamente pol\u00edticos en manos de sacerdotes; las complicaciones que tales cargos tra\u00edan a la Congregaci\u00f3n, tal la prisi\u00f3n del hermano Barreau; el fuerte car\u00e1cter deficitario ya notado; el parecer de padres y segla\u00adres que conoc\u00edan de primera mano las complicaciones de una tal empresa. Pero prevaleci\u00f3 por encima de todo la op4 ilion de la duquesa de Aiguillon en contra de la idea de dejarlos. Esta hab\u00eda donado generosamente a Vicente el capital necesario para comprar los dos consulados africanos.<\/p>\n<p>Segundo inconveniente: \u00bfqu\u00e9 pasa al trabajo de la Con\u00adgregaci\u00f3n si los ricos no quieren o no pueden financiar las obras de los misioneros? Las guerras de la Fronda de\u00adjaron muy mal paradas las fortunas de muchos de los bien\u00adhechores habituales de las obras vicencianas. Ya hemos visto m\u00e1s arriba c\u00f3mo Vicente se queja de que se le cierran mu\u00adchas bolsas por la penuria de los tiempos. Por otro lado, una larga experiencia de relaciones con los poderosos lleg\u00f3 a crear en Vicente un cierto sentimiento de escepticismo acerca de la buena voluntad de aqu\u00e9llos:<\/p>\n<p>\u00abAunque el rey haya hecho esperar m\u00e1s limosnas, no se puede sin embargo esperarlas, porque los reyes pro\u00admeten f\u00e1cilmente, pero se olvidan de cumplir sus pro\u00admesas, a no ser que haya una persona cerca de ellos que se lo recuerde a menudo. Ahora bien, no tenemos aqu\u00ed a nadie que tenga tanta caridad para los pobres y libertad hacia su majestad para conseguir este bien. Ya hace algunos a\u00f1os que la duquesa de Aiguillon no se acerca a la reina para hablarle y no sabemos a qui\u00e9n recurrir\u00bb.<\/p>\n<p><em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Aunque la idea sea marginal a este estudio, no podemos resistirnos en este punto a observar que la creaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad tuvo entre otros motivos este escepticis\u00admo de san Vicente, que tambi\u00e9n compart\u00eda, dicho sea de paso, santa Luisa. Con las clases ricas no se puede contar cuando m\u00e1s falta hacen, ni tampoco para los trabajos m\u00e1s exigentes en favor de los pobres. Y cuando los ricos fallan, Vicente se vuelve al pueblo para encontrar en la fuerza del pueblo el remedio a sus propias necesidades. Las Hijas de la Caridad, sin duda la mejor contribuci\u00f3n de san Vicente pa\u00adra paliar los dolores de la historia de la humanidad, eran \u00abpueblo\u00bb en cualquier sentido en que se quiera tomar esa palabra. Pues bien: estas mujeres del pueblo viv\u00edan en la mayor parte de los hospitales <em>de un salario <\/em>que recib\u00edan de los llamados \u00abpadres de los pobres\u00bb, es decir, de los adminis\u00adtradores de los <em>fondos p\u00fablicos <\/em>municipales de beneficencia, no de la generosidad arbitraria de los poderosos, y esto por pol\u00edtica deliberada del mismo fundador).<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica administrativa de san Vicente est\u00e1 regida por una serie de ideas basadas todas ellas en un <em>alto aprecio por los bienes temporales<\/em>. Los bienes son, por un lado, fruto y proyecci\u00f3n del trabajo humano y son, por tanto, nobles. Y por otro, los bienes que maneja y de que vive la Congregaci\u00f3n son, en frase del santo, \u00abel patrimonio de Je\u00adsucristo hecho con el sudor de los pobres\u00bb. En su espiritua\u00adlidad no cabe el desprecio ol\u00edmpico por los bienes materiales que ha pasado con frecuencia como se\u00f1al inequ\u00edvoca de esp\u00edritu cristiano (recu\u00e9rdese aquello de \u00abel oro es el esti\u00e9r\u00adcol del diablo\u00bb de Papini), pero que es en realidad la marca infalible de un orgulloso y despectivo esp\u00edritu pagano, tal el esp\u00edritu de un Di\u00f3genes.<\/p>\n<p>Porque tiene en alta estima los bienes materiales Vicente practica y exige una muy <em>cuidadosa administraci\u00f3n, <\/em>y advier\u00adte contra el f\u00e1cil peligro de que al administrador \u00abse le pe\u00adgue a los dedos\u00bb, como dice en expresi\u00f3n muy gr\u00e1fica, algo que no es suyo. Y no por un sentido puritano de la limpieza, como si el dinero fuera sucio. No puede serlo, ya que es patrimonio de Jesucristo y ha sido producido por el sudor de las pobres gentes. Pero pertenece a ellos, y no a su admi\u00adnistrador. Este vive materialmente del trabajo de adminis\u00adtraci\u00f3n, y es justo que as\u00ed sea, pero los bienes que maneja no le pertenecen en modo alguno .<\/p>\n<p>Porque los bienes materiales comunitarios son de los pobres Vicente los defiende con fuerza de cualquier aten\u00adtado contra ellos. San Vicente <em>defiende con energ\u00eda sus de\u00adrechos, <\/em>s\u00f3lo que al hacerlo sabe muy bien que act\u00faa como administrador de los bienes de los pobres. Vimos arriba un testimonio claro de esta postura en el caso de Annecy, pero la correspondencia de los \u00faltimos a\u00f1os de su vida ofrece otros muchos casos de su constancia invariable en este as\u00adpecto\u00bb.<\/p>\n<p>Los misioneros, porque son administradores de los po\u00adbres, deben <em>evitar cuidadosamente los gastos in\u00fatiles <sup>41<\/sup><\/em> y todo aquello que parezca superar el nivel de vida de los po\u00adbres. Escribe con frecuencia en un tono de reproche sobre todo a superiores que gastan en arreglos de la casa que no son necesarios, as\u00ed como a los que quieren adquirir caballos en propiedad con la excusa de una mayor movilidad para los ministerios, pues pueden los misioneros \u00abservirse de caballos de alquiler cuando sea necesario tomar uno\u00bb. En cuanto a su propio mal ejemplo en contra, Vicente lo justifica por la obediencia a sus \u00absuperiores civiles y eclesi\u00e1sticos\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>Jacquart admira el sentido realista de san Vicente por haber dotado a su Congregaci\u00f3n de una s\u00f3lida posesi\u00f3n agr\u00edcola, consistente en 365 hect\u00e1reas de tierra de labor en la meseta de Saclay (La admiraci\u00f3n puede que lleve impl\u00edci\u00adto un ligero tinte de iron\u00eda. Se menciona ese dato en un ca\u00adp\u00edtulo que trata de la progresiva expropiaci\u00f3n de los campe\u00adsinos por parte de la nobleza, la burgues\u00eda y las instituciones eclesi\u00e1sticas). Efectivamente, Vicente era un hombre que rara vez se dejaba llevar de sue\u00f1os ni de f\u00e1ciles idealismos a la hora de obrar, sobre todo en materia econ\u00f3mica:<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00abConfieso que se puede esperar alguna cosa de la Pro\u00advidencia; pero no hay que tentar a Dios, quien, habi\u00e9n\u00addole dado a usted con qu\u00e9 comenzar y sostener una casa&#8230; no quiere que se haga un gasto superfluo para luego confiarse a su providencia. No puedo dejar de decirle que vemos en Par\u00eds cantidad de comunidades arruinadas, y no por falta de confianza en Dios, sino por haber construido edificios magn\u00edficos que les han dejado agotadas\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>Excluido por principio el que sus hombres vivan, como los mendicantes, de la variable caridad de donantes oca\u00adsionales, ni tampoco de la retribuci\u00f3n por sus trabajos, ni de la plusval\u00eda de una industria que a\u00fan no existe m\u00e1s que en estado rudimentario, o de negocios inseguros, no le que\u00adda a Vicente m\u00e1s soluci\u00f3n \u00abrealista\u00bb que apelar al medio tradicional usado por la Iglesia, por el estado y por los po\u00adderosos para subvenir a sus necesidades: la posesi\u00f3n, de es\u00adtilo feudal o cuasi-feudal, de tierras. Este proceder de san Vicente est\u00e1 claramente condicionado por la infraestructura econ\u00f3mica de la Francia de su tiempo. Por eso se puede ha\u00adblar de su sentido realista: las cosas son as\u00ed. S\u00f3lo que Vicen\u00adte es, en este como en tantos otros aspectos, un hombre que inicia una ruptura en los esquemas existentes. Y as\u00ed, los mi\u00adsioneros beneficiarios de esos bienes s\u00f3lo pueden justificar una tal posesi\u00f3n no por alg\u00fan derecho divino o civil, ni por una pac\u00edfica tradici\u00f3n secular de propiedad, sino porque se dedican en cuerpo y alma, y tambi\u00e9n dedican sus mismos bienes, a los necesitados. A falta de una tal dedicaci\u00f3n su \u00abderecho de propiedad\u00bb no tiene ning\u00fan sentido. Quien en\u00adtre ellos no tiene esa dedicaci\u00f3n, san Vicente lo repite con frecuencia, debe saber que es un ser parasitario del sudor, de las pobres gentes. Adem\u00e1s, en cuanto lo permite la con\u00addici\u00f3n de los que trabajan movidos por \u00e9l, por ejemplo las Hijas de la Caridad, encuentra modos de subsistencia no sobre la posesi\u00f3n sino sobre la base de un salario, modos que prenuncian una infraestructura econ\u00f3mica de nuevo cu\u00f1o.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda preguntar al final de esta primera parte: \u00bfbus\u00adcar\u00eda hoy san Vicente de Pa\u00fal la seguridad de su Congre\u00adgaci\u00f3n sobre la base de propiedad cuasi-feudal? \u00bfO la bus\u00adcar\u00eda en un tipo de posesi\u00f3n capitalista? \u00bfO bien en ninguno de los dos tipos? A contestar estas preguntas se dirige la segunda parte de este estudio.<\/p>\n<ol>\n<li><em>Las bases econ\u00f3micas de la comunidad hoy<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00abSi pudi\u00e9ramos escoger, deber\u00edamos tener siempre, para no enga\u00f1arnos, el estado m\u00e1s parecido al de Nuestro Se\u00f1or, que no tuvo ninguna casa en este mundo\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s por un conocimiento del pasado encuentra su m\u00e1xima justificaci\u00f3n en un inter\u00e9s por aprender a vivir <em>hoy <\/em>vicencianamente, en el esp\u00edritu de aquel celebrado dicho de Cicer\u00f3n de que la historia es maestra de la vida. Conocer a san Vicente lo m\u00e1s a fondo que sea posible le es a la comu\u00adnidad vicenciana urgentemente necesario para vivir (para sobrevivir como vicenciana) hoy.<\/p>\n<p>Conocer a san Vicente, s\u00ed. Pero tambi\u00e9n se necesita co\u00adnocer el tiempo en que vivimos, no sea que la reproducci\u00f3n vital del carisma de san Vicente que se debe intentar hoy se quede en afici\u00f3n arqueol\u00f3gica o en un arcaismo que trata de reproducir materialmente lo que a \u00e9l mismo, si viviera hoy, ni le pasar\u00eda por la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La infraestructura del <em>Anclen R\u00e9gime <\/em>en tiempo de san Vicente se podr\u00eda describir r\u00e1pidamente as\u00ed: concentraci\u00f3n de la mayor parte de la riqueza nacional en manos de la aristocracia y de la Iglesia; una incipiente burgues\u00eda que, a trav\u00e9s del comercio y de la compra de sustanciosos cargos civiles iniciaba por aquellos d\u00edas una marcha social ascen\u00addente hasta llegar a la cumbre algo m\u00e1s de un siglo des\u00adpu\u00e9s, con la Revoluci\u00f3n Francesa; un campesinado que en conjunto justamente superaba el l\u00edmite de la supervivencia y que precisamente en los \u00faltimos veinte a\u00f1os de la vida de san Vicente se vio sometido a una progresiva expropiaci\u00f3n por parte de la aristocracia, las instituciones eclesi\u00e1sticas y la burgues\u00eda, y a una pauperizaci\u00f3n creciente debida a los im\u00adpuestos de guerra y a las deudas.<\/p>\n<p>En estas circunstancias Vicente de Pa\u00fal se vio obligado a buscar los medios de subsistencia de sus comunidades en el \u00fanico sitio en que se pod\u00edan encontrar: las riquezas de los ricos y las posesiones y beneficios eclesi\u00e1sticos. La bur\u00adgues\u00eda era a\u00fan demasiado d\u00e9bil para proporcionar una tal base, y sus incipientes negocios demasiado inseguros para proporcionar una seguridad suficiente. En cuanto al cam\u00adpesinado, no se pod\u00eda en buena conciencia esperar nada de \u00e9l, sino m\u00e1s bien lo contrario: hab\u00eda que ayudarle, cosa a la que se dedic\u00f3 san Vicente los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os de su vida.<\/p>\n<p>No exist\u00eda a\u00fan, por otro lado, una concentraci\u00f3n sufi\u00adciente de fondos p\u00fablicos con los que sostener obras de cier\u00adta envergadura. Las guerras de Richelieu y de Mazarino se financiaron en su mayor parte con impuestos exigidos en cada ocasi\u00f3n que, naturalmente, gravaron de un modo es\u00adpecial a los m\u00e1s d\u00e9biles, los campesinos. Los bienes de la Iglesia y los de la aristocracia estaban en buena parte exen\u00adtos de impuestos por ley y por privilegio secular. En este tiempo la riqueza verdaderamente s\u00f3lida sigue siendo la tie\u00adrra. A Vicente, agudo financiero, no se le escapaba ese hecho, de lo que hay numerosos testimonios en sus cartas.<\/p>\n<p>Estos son, pues, los condicionamientos hist\u00f3ricos de la \u00abpol\u00edtica econ\u00f3mica\u00bb de san Vicente. Tres posibles sistemas de financiaci\u00f3n estaban abiertos a Vicente en su tiempo, pero de ellos descart\u00f3 dos por el sentido realista de que he\u00admos hablado arriba. Pod\u00eda, en primer lugar, haber asegurado la subsistencia de sus misioneros a trav\u00e9s de un sistema de percepci\u00f3n de bienes (dinero o especie) como pago por los ministerios. Este sistema lo descart\u00f3 desde el principio y ra\u00addicalmente, pues los ministerios iban dirigidos al \u00abpobre pueblo\u00bb, y hubiera sido vergonzoso expoliarle a\u00fan m\u00e1s. Pod\u00eda haber escogido el sistema \u00abmendicante\u00bb, pero es cla\u00adro que un tal sistema malamente puede garantizar la per\u00admanencia de obras s\u00f3lidas de evangelizaci\u00f3n. No le quedaba m\u00e1s soluci\u00f3n que tratar de conseguir los bienes necesarios donde se hallaban, el dinero y los bienes de la aristocracia y los beneficios y propiedades eclesi\u00e1sticas. Estas, efectiva\u00admente, llegaron a ser las bases econ\u00f3micas de su econom\u00eda a trav\u00e9s de donaciones de capital y de bienes ra\u00edces, o sea, de fundaciones sobre cuyas rentas se intentaba asegurar el mantenimiento y el trabajo de los misioneros:<\/p>\n<p>\u00abHe aqu\u00ed, se\u00f1or, c\u00f3mo son nuestros trabajos en las mi\u00adsiones. Y cuando se ha hecho eso en un pueblo, pasa\u00admos a otro para hacer lo mismo, y todo ello a expen\u00adsas de la fundaci\u00f3n, porque nos hemos entregado a Dios para servir gratuitamente al pobre pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n hoy es, cualquiera lo ve, totalmente dife\u00adrente. De hacer desaparecer los beneficios eclesi\u00e1sticos se ha encargado afortunadamente la historia, as\u00ed tambi\u00e9n como el incre\u00edble tr\u00e1fico de compraventa de oficios civiles, tan co\u00adm\u00fan en tiempo del santo. Hoy nadie sue\u00f1a en tales medios porque no existen. Pero a\u00fan se puede so\u00f1ar en encontrarlos en manos de los privilegiados, y el alma vicenciana de hoy se puede ver tentada a encontrarlos ah\u00ed. Pero antes de caer en la tentaci\u00f3n debe hacerse una pregunta: \u00bfes l\u00edcito hacer hoy lo que en tiempo de san Vicente era inevitable pero que hoy es perfectamente evitable? Hay a\u00fan concentraci\u00f3n de bienes en manos privadas, al menos en algunos pa\u00edses, pe\u00adro incluso en \u00e9stos la riqueza est\u00e1 altamente socializada en forma de fondos p\u00fablicos, que eran casi inexistentes en tiem\u00adpos de san Vicente, y de fondos administrados por institucio\u00adnes m\u00e1s o menos privadas. Por otro lado, en muchas nacio\u00adnes los misioneros trabajan entre clases modestas ciertamen\u00adte, pero no tan depauperadas como las que intentaban evan\u00adgelizar los primeros misioneros, de las que se puede esperar hoy una retribuci\u00f3n modesta sin que nadie lo considere ni injurioso ni antievang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Hay que repetir, pues, la pregunta: \u00bfsigue siendo l\u00edcito hoy el esperar la suficiente seguridad econ\u00f3mica de los po\u00adderosos? \u00bfse puede hacer eso hoy con buena conciencia, cuando se sabe hoy tanto de la ilegitimidad en el origen de sus bienes? \u00bfdebe la Misi\u00f3n, a\u00fan hoy, basar buena parte de su seguridad econ\u00f3mica en la posesi\u00f3n de tierras y en la percepci\u00f3n de rentas?<\/p>\n<p>Si las respuestas son afirmativas, y la Congregaci\u00f3n obra, en consecuencia, debe estar preparada para superar los si\u00adguientes inconvenientes:<\/p>\n<ul>\n<li>la Congregaci\u00f3n seguir\u00e1 dependiendo, en aspectos importantes de su vida y de su trabajo, como le suce\u00addi\u00f3 a san Vicente, de los ricos y de sus ideas;<\/li>\n<li>se perder\u00e1 la movilidad necesaria exigida por las ne\u00adcesidades de la misi\u00f3n, pues estar\u00e1 atada a la tierra y a sus posesiones (parroquias en propiedad, casas grandes&#8230;);<\/li>\n<li>deber\u00e1 hacer esfuerzos constantes para no caer en la tentaci\u00f3n de la vida f\u00e1cil sobre la seguridad de sus posesiones. Para que se entienda mejor: se ver\u00e1 some\u00adtida a la tentaci\u00f3n tan atractiva del aburguesamiento. Tal fue la tentaci\u00f3n permanente de San L\u00e1zaro, seg\u00fan vimos, a pesar de la vigilancia de un esp\u00edritu tan ra\u00addicalmente misionero y evang\u00e9lico como el de Vicente;<\/li>\n<li>por \u00faltimo, una estructuraci\u00f3n de la econom\u00eda misio\u00adnera sobre bases cuasi-feudales, cual era la de los tiempos del santo, aislar\u00eda a los misioneros del modo normal de ganarse la vida no ya de los \u00abpobres\u00bb, sino de la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n en todos los pa\u00edses. \u00bfQui\u00e9n vive hoy en el mundo de rentas?<\/li>\n<\/ul>\n<p>La ense\u00f1anza del Concilio (\u00absi\u00e9ntanse los religiosos obli\u00adgados a la ley com\u00fan del trabajo para procurarse as\u00ed lo ne\u00adcesario para su sustento y para sus obras\u00bb, <em>Perfectae Caritatis, <\/em>13) supone una revoluci\u00f3n en los modos tradicionales de financiaci\u00f3n de casi todas las comunidades en la Iglesia. El trabajo es visto por el Concilio como la \u00fanica fuente para la seguridad econ\u00f3mica de la comunidad y para la actividad de sus miembros.<\/p>\n<p>Hoy buena parte de la riqueza est\u00e1 en todos los pa\u00edses socializada, si bien en diferentes grados, como ya se anot\u00f3. Habr\u00eda que ir a buscar la necesaria seguridad econ\u00f3mica <em>donde est\u00e1, <\/em>como hizo san Vicente en su tiempo. Como al\u00adternativa a la lista de modos de apropiaci\u00f3n y financiaci\u00f3n empleados por san Vicente se expone aqu\u00ed una peque\u00f1a lis\u00adta de modos \u00abmodernos\u00bb de hacer lo mismo. Ver\u00e1 el lector que todos los modos que aparecen en la lista han estado en uso entre nosotros desde hace mucho tiempo. Lo que se quie\u00adre advertir es que estos medios de financiaci\u00f3n son suficientes para cubrir todas las necesidades verdaderas de la misi\u00f3n, sobre todo si se adoptara de verdad un modo de vida auste\u00adro, seg\u00fan lo exigen las claras ense\u00f1anzas de las Reglas Co\u00admunes, por no decir del evangelio. As\u00ed se podr\u00edan arrumbar definitivamente en el armario de las curiosidades hist\u00f3ricas los modos antiguos, aunque parezcan a primera vista vicencianos. S\u00ed lo eran, pero para el tiempo de san Vicente, no para el nuestro. He aqu\u00ed la peque\u00f1a lista:<\/p>\n<ul>\n<li>subvenciones (estatales, eclesi\u00e1sticas o de otras ins\u00adtituciones);<\/li>\n<li>cobro por ministerios ocasionales (directamente del pueblo o de alguna entidad eclesi\u00e1stica o civil);<\/li>\n<li>salario por trabajos habituales (ense\u00f1anza, asistencia social, capellan\u00edas, parroquiales);<\/li>\n<li>seguros<\/li>\n<li>colectas y limosnas (donde a\u00fan se estilen).<\/li>\n<\/ul>\n<p>En tiempo de san Vicente se planteaba inevitablemente a la comunidad una contradicci\u00f3n entre la teor\u00eda y la pr\u00e1c\u00adtica. Estaba, por un lado, la pr\u00e1ctica: la estructura econ\u00f3\u00admica cuasi-feudal, estructura que era del todo inevitable si la Misi\u00f3n quer\u00eda llevar a cabo su misi\u00f3n. Y estaba, por otro, la teor\u00eda: el ideal evang\u00e9lico de pobreza que obsesionaba a san Vicente y que quer\u00eda mantener a toda costa entre sus misioneros a fuerza de exhortaciones asc\u00e9ticas. Que \u00e9l era consciente de la contradicci\u00f3n, lo expresa paladinamente en un n\u00famero de las Reglas (III 2). Que la contradicci\u00f3n era altamente peligrosa para el esp\u00edritu misionero san Vicente lo ve\u00eda con claridad. Que era pr\u00e1cticamente inevitable lo ha probado hasta la saciedad la historia posterior de la CM. Las circulares de los superiores generales y las actas de las asambleas generales est\u00e1n llenas a lo largo de todo el siglo XVIII, de advertencias repetidas, por lo visto sin mucho resultado, contra una creciente presencia en la comunidad de un esp\u00edritu que s\u00f3lo se puede calificar de burgu\u00e9s. En efecto, sobre la base de una econom\u00eda burguesa crecer\u00e1 sin remedio, por muchos sermones que se digan en contra, un modo de vida burgu\u00e9s.<\/p>\n<p>Como ya se ha dicho repetidas veces, san Vicente se vio obligado a adoptar una tal estructura econ\u00f3mica. No le gusta, pero la aguanta. Pero cuando habla seg\u00fan su verdadero esp\u00edritu, declara que \u00absi pudi\u00e9ramos escoger, deber\u00edamos tomar siempre para no enga\u00f1arnos el estado m\u00e1s parecido al de Nuestro Se\u00f1or, que no tuvo ninguna casa en este mundo\u00bb. Hoy <em>s\u00ed se puede escoger <\/em>un <em>estado <\/em>que se parez\u00adca m\u00e1s al de Nuestro Se\u00f1or. Lo permite, adem\u00e1s sin exce\u00adsivo riesgo, la estructura econ\u00f3mica de la sociedad que nos ha tocado vivir. En algunos pa\u00edses los poderes p\u00fablicos <em>han obligado <\/em>por la fuerza a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n a escoger un tal estado, y, que sepamos, no ha desaparecido por eso la Misi\u00f3n, ni ning\u00fan misionero se ha muerto de hambre, ni han dejado por eso de misionar.<\/p>\n<p>En resumen:<\/p>\n<ul>\n<li>el asegurar en tiempo de san Vicente los bienes im\u00adprescindibles por medios de apropiaci\u00f3n y posesi\u00f3n cuasi-feudales <em>era una necesidad;<\/em><\/li>\n<li>el hacer hoy lo mismo supondr\u00eda el buscar una inne\u00adcesaria seguridad <em>que atentar\u00eda contra la fundamental vocaci\u00f3n evang\u00e9lica de la Misi\u00f3n.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Si se quiere hoy tener ideas claras, ser fieles a san Vicente por un lado, e intentar por otro adaptar su esp\u00edritu a la mar\u00adcha de la Iglesia y del mundo de nuestros d\u00edas, habr\u00eda que distinguir con sumo cuidado lo que pudi\u00e9ramos llamar la <em>ideolog\u00eda <\/em>de san Vicente en relaci\u00f3n a la base econ\u00f3mica de la comunidad, y separarla cuidadosamente de la t\u00e9cnica concreta de financiaci\u00f3n que \u00e9l us\u00f3 forzado por las circuns\u00adtancias hist\u00f3ricas del tiempo que le toc\u00f3 vivir. Hay que mantener con toda fidelidad, si se quiere seguir siendo vicencianos de verdad, lo que en Vicente es fundamental: lo que no se puede dejar a un lado sin dejar a la vez de ser vicenciano, es decir, lo que hemos llamado su ideolog\u00eda. Pero no hay que tener ning\u00fan miedo a descartar los siste\u00admas de financiaci\u00f3n que le fueron impuestos a san Vicente por las circunstancias de su tiempo, pero que hoy no ser\u00edan necesarios para la supervivencia de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pretender encontrar la continuidad con el esp\u00edritu de san Vicente en sus t\u00e9cnicas de financiaci\u00f3n s\u00f3lo llevar\u00edan a la ilusi\u00f3n arcaizante de creer que si se viste como san Vicen\u00adte se es ya como san Vicente. Se debe hacer caso a la ver\u00addad, aunque venga de un campo ajeno al cristianismo, se\u00adg\u00fan practic\u00f3 y ense\u00f1\u00f3 otro gran esp\u00edritu evang\u00e9lico, Tom\u00e1s de Aquino. Aunque la fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica del aserto venga originariamente de Marx, hay que decir que la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no se renovar\u00e1 a fondo y en serio mientras no renueve a fondo su infraestructura econ\u00f3mica. S\u00f3lo en la medida en que \u00e9sta sea \u00abevang\u00e9lica\u00bb podr\u00e1 tam\u00adbi\u00e9n llegar a ser evang\u00e9lica la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Jaime Corera CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el t\u00edtulo de este estudio el calificativo \u00abvicenciana\u00bb se emplea en un sentido restringido que se refiere \u00fanicamen\u00adte a la comunidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. 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