{"id":401033,"date":"2017-08-04T08:21:25","date_gmt":"2017-08-04T06:21:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401033"},"modified":"2017-07-06T10:23:06","modified_gmt":"2017-07-06T08:23:06","slug":"la-noche-oscura-del-senor-vicente-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-noche-oscura-del-senor-vicente-2\/","title":{"rendered":"La noche oscura del Se\u00f1or Vicente"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399894\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/descubrimiento-los-pobres-iv\/anyos-vida-vicente\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"anyos-vida-vicente\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399894 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/anyos-vida-vicente.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Los hechos y sus fechas<\/em><\/p>\n<p>1608 Finales de a\u00f1o: salida de Roma hacia Par\u00eds.<\/p>\n<p>1609 Comienzos del a\u00f1o: llegada a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Comparte la vivienda con el juez de Sore en el arrabal de Saint-Germain. Sin oficio ni beneficio en todo el a\u00f1o. Entra en la \u00f3rbita de B\u00e9rulle.<\/p>\n<p>1610 Febrero: carta a su madre. Sigue sin dinero y sin trabajo.<\/p>\n<p>Antes de mayo: traslado a la rue du Seine. Limosnero-capell\u00e1n de la reina Margarita.<\/p>\n<p>1612 Mayo: p\u00e1rroco de Clichy.<\/p>\n<p>1613 Septiembre: entra en casa de los Gondy.<\/p>\n<p>1617 25 de enero: serm\u00f3n de Folleville.<\/p>\n<p>Febrero o marzo: huye a Ch\u00e1tillon.<\/p>\n<p>Navidad: de vuelta en casa de los Gondy.<\/p>\n<p>1618 Enero: primera misi\u00f3n en Villepreux.<\/p>\n<p>1623 Julio: \u00faltima visita a su familia.<\/p>\n<p><em>Hagiograf\u00eda-historia<\/em><\/p>\n<p>Entre los estudiosos recientes y los que pudi\u00e9ramos lla\u00admar cl\u00e1sicos hay una diferencia fundamental en cuanto a c\u00f3\u00admo interpretar el cambio de orientaci\u00f3n que se dio en la vida de san Vicente de Pa\u00fal entre aproximadamente los treinta y los cuarenta a\u00f1os de su vida. Los cl\u00e1sicos (Abelly, Collet) prefieren ver la vida de san Vicente como una con\u00adtinuidad marcada ya desde el nacimiento por una fe profun\u00adda y por el amor a los pobres. En la visi\u00f3n de estos autores, el voto de dedicarse enteramente a la evangelizaci\u00f3n del pobre pueblo \u2014voto por el que, seg\u00fan Abelly, se libr\u00f3 de la famosa y terrible tentaci\u00f3n contra la fe hacia los trein\u00adta y cuatro a\u00f1os\u2014 no habr\u00eda hecho m\u00e1s que sacar al nivel de la decisi\u00f3n expl\u00edcita unas tendencias que ya estaban im\u00adpl\u00edcitas desde ni\u00f1o en su vida y en su conciencia.<\/p>\n<p>Los estudiosos recientes no ven ya las cosas as\u00ed. La vi\u00adsi\u00f3n cl\u00e1sica de los treinta primeros a\u00f1os de la vida de san Vicente malamente se puede tener en pie ante un estudio cuidadoso de la escasa pero suficiente documentaci\u00f3n que tuvieron los bi\u00f3grafos cl\u00e1sicos, y que es sustancialmente la misma que tenemos nosotros. Hoy se percibe claramente no una continuidad en la evoluci\u00f3n espiritual de san Vicente, sino m\u00e1s bien una ruptura. El Vicente de los cuarenta a\u00f1os no es s\u00f3lo m\u00e1s santo en grado que el Vicente de los treinta, sino que parece una persona diferente desde una perspectiva de fe y en importantes aspectos sicol\u00f3gicos, as\u00ed como en ideales de vida. Por eso algunos autores, corrigiendo decidi\u00addamente la visi\u00f3n cl\u00e1sica, se han atrevido a hablar de una conversi\u00f3n en sentido estricto. En la vida de san Vicente se produce, entre los treinta y los cuarenta a\u00f1os, una alteraci\u00f3n del rumbo de vida que s\u00f3lo se pudo llevar a cabo a trav\u00e9s de un proceso de cambio radical, un tipo de cambio de los que tradicionalmente se han calificado como procesos de conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con este tema habr\u00eda que preguntarse cu\u00e1n\u00addo, c\u00f3mo y por qu\u00e9 se dio la supuesta conversi\u00f3n de san Vicente, si es que realmente se dio. Advertimos de entrada unos puntos que se refieren al m\u00e9todo empleado en el pre\u00adsente trabajo.<\/p>\n<p>La \u00fanica causa posible y verdadera de toda conver\u00adsi\u00f3n es la gracia de Dios. La suponemos tambi\u00e9n en este caso, pero nos limitaremos a estudiar las causas, por as\u00ed de\u00adcirlo, intramundanas: las que se refieren a la sicolog\u00eda de san Vicente y a las circunstancias que influyen en su biogra\u00adf\u00eda. Nuestra perspectiva es, pues, hist\u00f3rica; no es teol\u00f3gica. S\u00f3lo al final intentaremos una breve interpretaci\u00f3n teol\u00f3\u00adgica de la conversi\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a lo que hemos llamado las causas intramundanas, sobre todo en lo que se refiere a la evoluci\u00f3n sicol\u00f3gico-espiritual de nuestro protagonista, no nos hace\u00admos ilusiones sobre la posibilidad de conocerlas adecuada\u00admente. Hace tiempo que llegamos a la convicci\u00f3n de que una comprensi\u00f3n realmente adecuada de la personalidad viva de san Vicente resulta hoy imposible. Si todo conocimiento del interior de otra persona, sobre todo si ha pasado ya a la his\u00adtoria, es en principio dif\u00edcil, hay que admitir que el cono\u00adcimiento del interior de san Vicente resulta m\u00e1s dif\u00edcil de lo normal. El mismo Abelly, que tuvo todos los medios del mundo para conocer a su biografiado, lo reconoce con franqueza, como veremos. Pero aun admitiendo esto sin reser\u00advas, pensamos que es mejor saber algo que no saber nada, o que tener ideas equivocadas, por muy devotas que parezcan.<\/p>\n<p>Los estudiosos que han examinado este tema difieren notablemente en cuanto a las fechas y a las causas de la con\u00adversi\u00f3n. Se coloca diversamente la conversi\u00f3n desde un temprano 1609 hasta un tard\u00edo 1620, a\u00f1o en que, seg\u00fan Bremond, \u00absu conversi\u00f3n a la santidad&#8230; parece termina\u00adda\u00bb. Si el per\u00edodo delimitado por estas fechas extremas parece largo para un proceso de conversi\u00f3n, nosotros lo alargaremos a\u00fan m\u00e1s. Las razones se ir\u00e1n viendo a lo largo de este trabajo. El comienzo del proceso lo colocamos tam\u00adbi\u00e9n en 1609, y su final (si es que se puede hablar de final en un proceso de conversi\u00f3n) en el a\u00f1o 1623, o sea desde los veintinueve hasta los cuarenta y tres a\u00f1os. En este lar\u00adgu\u00edsimo proceso se dan idas y venidas, per\u00edodos de calma y, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Dodin, \u00abaceleraciones del ritmo evolutivo\u00bb. Pero lo que nos importa ahora es descubrir, en orden a delimitar la cronolog\u00eda del proceso, cu\u00e1ndo empiezan a darse los primeros indicios de una conversi\u00f3n y cu\u00e1n\u00addo se puede decir que este proceso est\u00e1 terminado en sus l\u00edneas fundamentales; o sea, cu\u00e1ndo Vicente de Pa\u00fal em\u00adpieza a ser el san Vicente de Pa\u00fal que conocemos y cu\u00e1ndo deja de ser definitivamente el joven sacerdote desorientado y egocentrado que fue en su primeros a\u00f1os de sacerdocio.<\/p>\n<p>En este proceso de conversi\u00f3n la tentaci\u00f3n contra la fe ocupa, desde la obra de Abelly, un lugar central en la vi\u00adsi\u00f3n de casi todos los estudiosos. Efectivamente, y tambi\u00e9n aqu\u00ed creemos que esa tentaci\u00f3n ocupa un lugar central, y por eso nos detendremos en ella con algo m\u00e1s de detalle.<\/p>\n<p><em>Los primeros pasos<\/em><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal debi\u00f3 de llegar a Par\u00eds por primera vez a comienzos de 1609, pues estuvo en Roma, seg\u00fan el testi\u00admonio de Abelly, \u00abhasta hacia el final de 1608\u00bb. Sea o no sea cierta la noticia del mismo Abelly seg\u00fan la cual Vicente fue enviado a Par\u00eds con una misi\u00f3n verbal y secreta cerca de Enrique IV, la verdad es que tal embajada, si se dio, no le vali\u00f3 de nada en t\u00e9rminos de la promoci\u00f3n personal que \u00e9l llevaba tanto tiempo a\u00f1orando. En efecto: llegado a Par\u00eds, se tiene que alojar en el arrabal de Saint-Germain, uno de los suburbios m\u00e1s pobres de la ciudad, y tiene adem\u00e1s que compartir la vivienda con el juez de Sore, sin duda por ra\u00adzones de econom\u00eda, por no decir de pobreza.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed tenemos, pues, a nuestro h\u00e9roe: el joven ambicioso que, ordenado con prisas a los veinte a\u00f1os, quiere ser p\u00e1\u00adrroco de inmediato; que, seg\u00fan parece, so\u00f1\u00f3 con ser obispo a los veinticuatro; un joven emprendedor capaz de vender un caballo alquilado y de hacer encarcelar a un deudor por una modesta cantidad de dinero; so\u00f1ador de prebendas y beneficios en casa del vicedelegado Montorio, y que ahora aterriza en un pobre arrabal de Par\u00eds; sacerdote sin oficio ni beneficio ni medios conocidos de vida, y encima acusado de ladr\u00f3n por su compa\u00f1ero de vivienda. M\u00e1s bajo no pod\u00eda haber ca\u00eddo el joven sacerdote emprendedor, inveterado ca\u00adzador de fortunas y beneficios. La experiencia de la pobreza y de la inutilidad de su vida a lo largo de todo 1609 tuvo que ser una dura lecci\u00f3n para este joven sacerdote am\u00adbicioso.<\/p>\n<p>Su admirable comportamiento ante la calumnia es el primer indicio de un cambio de rumbo en una vida caracte\u00adrizada hasta entonces por el vigor, la determinaci\u00f3n firme y la ambici\u00f3n. Tiene raz\u00f3n, nos parece, Debognie al destacar este hecho como fundamental en la conversi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal. Es, adem\u00e1s, el primer hecho seguro de la vida de san Vicente que supone un notable contraste con su an\u00adterior car\u00e1cter, bien conocido por sus propias cartas. Un ca\u00adr\u00e1cter que se puede calificar de emprendedor, arrollador y casi agresivo en su ambici\u00f3n. Por primera vez en su vida Vicente comienza a practicar, en su dolorosa pasividad ante la calumnia, lo que \u00e9l mismo va a calificar a\u00f1os despu\u00e9s en otros contextos como \u00abel no hacer de Jesucristo\u00bb. El hecho debi\u00f3 de dejar en \u00e9l una huella profunda, pues lo recuerda a los misioneros, sin mencionar que se refer\u00eda a \u00e9l mismo, nada menos que cuarenta y siete a\u00f1os despu\u00e9s de sucedido.<\/p>\n<p>El duro aprendizaje a trav\u00e9s de la pobreza dur\u00f3 al me\u00adnos todo el a\u00f1o 1609 y parte de 1610. La carta a su madre de febrero de 1610 tiene un claro deje derrotista, como de quien est\u00e1 viendo frustrados sus ideales, aunque espera \u00abde la gracia de Dios que El bendecir\u00e1 mis trabajos\u00bb. Tal vez fuera la bendici\u00f3n de Dios la que se present\u00f3 uno o dos me\u00adses despu\u00e9s en la forma de un puesto de capell\u00e1n- limosnero en el palacio de la reina Margarita. Ese tono que hemos llamado derrotista contrasta vivamente con el tono de su segunda carta al se\u00f1or de Comet, escrita desde Roma dos a\u00f1os antes que la carta a su madre, carta en la que expresa su firme esperanza de conseguir alg\u00fan \u00abdecoroso beneficio\u00bb que asegure para el resto de sus d\u00edas \u00abun honroso retiro\u00bb.<\/p>\n<p>El cargo de limosnero le proporcion\u00f3 por fin, a la vez que la posibilidad de cambio a un domicilio menos m\u00edsero, medios de vida suficientes al menos para salir de una situa\u00adci\u00f3n de paro forzoso en su vida sacerdotal. Cuando Vicente entra en el palacio, la reina Margarita no es una reina de verdad, Sino una ex-reina, pero en su fastuosa corte de rei\u00adna repudiada se re\u00fane lo mejor de los hombres de las artes y de las letras y se cultiva la liturgia y la piedad. Uno de estos hombres, un doctor en teolog\u00eda, es el que sufre aque\u00adlla tentaci\u00f3n contra la fe que, seg\u00fan Abelly, pasar\u00e1 luego al se\u00f1or Vicente. Y la sufre, seg\u00fan especifica el mismo Vi\u00adcente, como resultado de la ociosidad. Vicente mismo no se ve\u00eda probablemente agobiado de trabajo por su cargo en el palacio, pues sus obligaciones se deb\u00edan de reducir a decir una misa diaria y a repartir entre los pobres, junto con otros cinco o seis capellanes m\u00e1s, las limosnas de la reina.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n dur\u00f3 unos meses de 1610, todo el a\u00f1o 1611 y hasta mayo de 1612, en que tom\u00f3 posesi\u00f3n de la parroquia de Clichy. He aqu\u00ed pues a nuestro h\u00e9roe saltando limpiamente de la choza al palacio. Casi parece un cuento de hadas. \u00bfHabr\u00e1 llegado por fin nuestro hombre a la meta de ese largo peregrinaje que a los diecisiete a\u00f1os le hizo dejar el pueblo y la tierra natal camino de Toulouse, aparentemente con ganas de alejarse de ellos lo m\u00e1s posible? Sin embargo el cargo de limosnero no deb\u00eda de ser excesivamente prome\u00adtedor, al menos en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, aunque sin duda le proporcionaba un medio modesto de vida.<\/p>\n<p>Pero hay otro aspecto en su experiencia de limosnero de la reina Margarita que fue indudablemente m\u00e1s intere\u00adsante en la evoluci\u00f3n de su vida posterior. Es un aspecto que ha destacado Redier nos parece que con justicia. Este sacerdote, que por las circunstancias humildes de su naci\u00admiento parec\u00eda excluido del acceso a los lugares de poder, saber y riqueza, entra al fin en uno de esos lugares para descubrir con horror la banalidad de lo que los escritores asc\u00e9ticos de todas las edades han llamado la vanidad de la grandeza del mundo. La misma reina, antigua belleza seduc\u00adtora que presid\u00eda graciosamente sobre su corte galante y fr\u00ed\u00advola de hombres de saber y de Iglesia, se hab\u00eda convertido en una ruina f\u00edsica llena de arrugas y de berrugas por el ex\u00adceso de afeites y por otros excesos. Aunque en su decisi\u00f3n intervinieron otros factores adem\u00e1s de su desencanto \u2014en particular la direcci\u00f3n de B\u00e9rulle\u2014, Vicente debi\u00f3 de dejar la corte de la reina con un suspiro de alivio cuando en ma\u00adyo de 1612 vuelve a respirar el aire puro del campo, que era su verdadero medio natal, en Clichy, una aldea peque\u00ad\u00f1a a corta distancia de Par\u00eds. Tampoco ser\u00eda muy brillante la retribuci\u00f3n econ\u00f3mica del p\u00e1rroco de Clichy, pero en el alma de Vicente operan ya, y con mucha fuerza, otros idea\u00adles que no tienen nada que ver con los ideales de que ha sido juguete hasta s\u00f3lo tres a\u00f1os antes.<\/p>\n<p><strong><em>B\u00e9rulle<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A B\u00e9rulle hay que atribuir la nueva orientaci\u00f3n de la vida del se\u00f1or Vicente por caminos m\u00e1s sacerdotales. No se sabe con precisi\u00f3n cu\u00e1ndo se vieron por primera vez, y tam\u00adpoco importa mucho. Puede afirmarse con cierta seguridad que san Vicente debi\u00f3 conocerle afortunadamente (o providencialmente) muy pronto despu\u00e9s de su llegada de Roma a Par\u00eds, o sea en 1609, o tal vez en 1610. Desde esta fecha hasta 1617 B\u00e9rulle va a ejercer una influencia profunda y decisiva en la definitiva orientaci\u00f3n sacerdotal y cristiana de la vida de san Vicente. No es s\u00f3lo que el disc\u00edpulo se deje llevar en decisiones pr\u00e1cticas de un car\u00e1cter m\u00e1s sacerdotal que las andanzas de su vida anterior. B\u00e9rulle, por ejemplo, es quien env\u00eda a Vicente a Clichy en 1612 para su primera experiencia netamente pastoral, y es tambi\u00e9n B\u00e9rulle quien le introduce un a\u00f1o despu\u00e9s en casa de los Gondy como pre\u00adceptor y formador de los hijos de \u00e9stos. Lo que es m\u00e1s importante, san Vicente aprendi\u00f3 de B\u00e9rulle una perspectiva de la fe que marcar\u00e1 definitivamente su orientaci\u00f3n espiri\u00adtual para el resto de su vida. Se puede decir sin exageraci\u00f3n que el sacerdote Vicente de Pa\u00fal descubri\u00f3 en las ense\u00f1anzas de B\u00e9rulle a Jesucristo vivo. No el Jesucristo disecado \u2014per\u00add\u00f3nese la expresi\u00f3n\u2014 de la escol\u00e1stica tard\u00eda que aprendi\u00f3 en Toulouse, sino al Jesucristo real, adorador del Padre y redentor de los hombres. Las incertidumbres, la desorienta\u00adci\u00f3n, los veleideos del joven sacerdote van poco a poco dan\u00addo paso, bajo la experta direcci\u00f3n de B\u00e9rulle, a partir de los treinta a\u00f1os, a un anclaje firme de vida e ideales en la figura de Jesucrito. El disc\u00edpulo, sobre la base de las ense\u00ad\u00f1anzas de B\u00e9rulle, iniciar\u00e1 con los a\u00f1os y con las experien\u00adcias nuevas de su vida (Folleville, Ch\u00e1tillon) un camino diferente que el maestro ni siquiera lleg\u00f3 a sospechar; una vi\u00adsi\u00f3n m\u00e1s centrada en Jesucristo como evangelizador de los pobres. Por otro lado es claro que B\u00e9rulle no s\u00f3lo no com\u00adprendi\u00f3 la evoluci\u00f3n posterior de su disc\u00edpulo, sino que hizo todos los esfuerzos posibles para torpedear la creaci\u00f3n que debiera prolongar en el tiempo lo mejor del esp\u00edritu vicenciano, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Esta es, sin embargo, una historia que desborda los l\u00edmites de este trabajo. Pero a B\u00e9rulle hay que atribuir, a pesar de las incomprensiones <a href=\"http:\/\/posteriores.la\">posteriores la<\/a> experta direcci\u00f3n que convierte a un sacerdo\u00adte desorientado durante diez a\u00f1os despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n en un sacerdote que comienza por fin el largo y nada f\u00e1cil camino de una vida aut\u00e9nticamente cristiana y sacerdotal.<\/p>\n<p>Clichy supone, dec\u00edamos, en la vida de Vicente de Pa\u00fal la primera experiencia pastoral. No fue larga, pues dur\u00f3 del 2 de mayo de 1612 hasta setiembre de 1613, pero fue sufi\u00adciente y totalmente providencial para el momento sicol\u00f3gico de nuestro hombre. Por primera vez encontramos una espe\u00adcie de remanso en una vida hasta ahora agitada y nerviosa; un alto en el camino en el que vemos claramente, por el testimonio de \u00e9l mismo, que Vicente se toma un respiro salu\u00addable que oxigena su esp\u00edritu inquieto y le da el primer sa\u00adbor de una vida que en breve va a tomar rumbos definitiva\u00admente sacerdotales de los que ya no se desviar\u00e1. De entre los muchos recuerdos de su vida anterior que prodiga el se\u00f1or Vicente en cartas y conferencias, el recuerdo de Clichy es sin duda el que expresa contornos m\u00e1s risue\u00f1os. Es claro que esta primera experiencia pastoral en un momento cr\u00edtico de su evoluci\u00f3n tiene para la memoria del anciano Vicente el regusto de una agradable luna de miel.<\/p>\n<p><em>Huida y ruptura<\/em><\/p>\n<p>Cuando Vicente deja Clichy en diciembre de 1613 y entra en casa de los Gondy por primera vez, lo hace por recomendaci\u00f3n de B\u00e9rulle. Este dato es en s\u00ed suficiente \u2014aunque sea exterior al mismo Vicente\u2014 para asegurar\u00adnos que a ojos del exigente B\u00e9rulle su disc\u00edpulo es ya un sacerdote a quien se puede confiar con seguridad un puesto delicado en el palacio de un matrimonio altamente aristocr\u00e1\u00adtico y profundamente cristiano que quiere lo mejor para sus hijos. Del joven aventurero y ambicioso apenas si queda ya rastro. Unos a\u00f1os antes ha comenzado ya el largo proceso de conversi\u00f3n que va dejando a un lado una visi\u00f3n egocentrada del sacerdocio para adoptar otra visi\u00f3n centrada en el primer y definitivo evangelizador de los pobres. Aunque este \u00faltimo paso est\u00e1 a\u00fan por venir cuando entra en casa de los Gondy. La experiencia del serm\u00f3n de Folleville el 25 de enero de 1617 parece funcionar como catalizador de una larga maduraci\u00f3n de su vocaci\u00f3n personal. A las pocas se\u00admanas de la fecha de ese serm\u00f3n Vicente se escapa literal\u00admente de la casa de los Gondy, y al hacerlo deja detr\u00e1s no s\u00f3lo \u2014y esto definitivamente\u2014 sus a\u00f1os de sacerdote am\u00adbicioso, sino incluso el tutelaje de su maestro espiritual. En Ch\u00e1tillon comienza por fin a ser Vicente de Pa\u00fal el imi\u00adtador del verdadero evangelizador de los pobres. Tiene trein\u00adta y siete a\u00f1os cuando inicia ese nuevo rumbo. No se des\u00adviar\u00e1 de \u00e9l hasta su muerte a los ochenta.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan queda la familia. El primer impulso para la carrera sacerdotal de Vicente procede de su propio padre, quien no se muestra del todo desinteresado en el aspecto promocional-econ\u00f3mico de una tal carrera, seg\u00fan nos dice el mismo Abelly: \u00abEste buen hombre pensaba en su simplicidad que si su hijo Vicente se capacitara en los estudios, podr\u00eda un d\u00eda obtener alg\u00fan beneficio, y as\u00ed, sirviendo a la Iglesia, ayudar\u00eda a su familia y tambi\u00e9n a los otros hijos\u00bb. Admisi\u00f3n paladina de cuya autenticidad no se puede dudar, pues desentona extra\u00f1amente en la sinfon\u00eda buc\u00f3lica-devocional-hagiogr\u00e1fica que Abelly nos ha orquestado sobre el motivo de la infancia y de la adolescencia de san Vicente. Hemos hablado de \u00abcarrera\u00bb sacerdotal. Nunca mejor em\u00adpleado ese t\u00e9rmino. No ya el padre, sino el mismo Vicente ve su sacerdocio como una carrera de promoci\u00f3n social has\u00adta alrededor de los treinta a\u00f1os. Dos meses antes de cum\u00adplirlos, en la carta escrita a su madre habla claramente de \u00abrecuperar la ocasi\u00f3n de ascenso que me han arrebatado mis desastres\u00bb; habla de volver a casa de su madre \u00aba devolverle los servicios que le debo&#8230; para emplear el resto de mis d\u00edas junto a usted\u00bb. A continuaci\u00f3n se preocupa por sus herma\u00adnos, y expresa el deseo de que a alguno de sus sobrinos se le d\u00e9 la oportunidad, como a \u00e9l se le dio, de estudiar. Admite que sus propios infortunios no son muy buen ejem\u00adplo para animarles a repetir fortuna con alg\u00fan sobrino, pero expresa la esperanza de que el \u00abpresente infortunio puede presuponer una suerte para el porvenir\u00bb. S\u00ed la presupon\u00eda, pero de una especie totalmente diferente de lo que \u00e9l pod\u00eda imaginar a los treinta a\u00f1os. En este cambio de \u00absuerte\u00bb, en esta fisura y ruptura entre lo so\u00f1ado de joven y lo consegui\u00addo en su vida madura se da lo que nos parece hay que cali\u00adficar de conversi\u00f3n en sentido estricto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta ruptura no se puede llevar a cabo sin pagar por ella un alto precio. No se pueden dejar a un lado ideales largamente so\u00f1ados que vienen a incrustrarse en la personali\u00addad, a formar parte de lo que es de hecho la propia persona, sino al precio de un desgarramiento. Y desgarramiento fue lo que san Vicente sufri\u00f3, seg\u00fan propia confesi\u00f3n, cuando a los cuarenta y tres a\u00f1os, con ocasi\u00f3n de una misi\u00f3n a los galeotes en Burdeos, vuelve a su casa por primera vez des\u00adpu\u00e9s de veinte a\u00f1os o tal vez m\u00e1s, y por \u00faltima vez en su vida. Estamos en 1623, y para entonces Vicente ha vivido ya cinco a\u00f1os de intensa dedicaci\u00f3n a su nueva vocaci\u00f3n de evangelizador de los campesinos descubierta en Folleville en 1617. No se f\u00eda de s\u00ed mismo, y teme que a\u00fan quede en su alma un buen rescoldo de sus ideales de juventud. El mis\u00admo admite, en el relato que hizo a los misioneros un a\u00f1o antes de morir, que ten\u00eda miedo de apegarse afectivamente a sus familiares. Antes de decidirse a visitarles pide consejo a gentes sensatas, que le sugieren que la presencia de Vicen\u00adte en su casa \u00abser\u00e1 un consuelo para los suyos; podr\u00e1 hablar\u00adles de Dios, etc.\u00bb <sup>2\u00b0<\/sup>. Les habl\u00f3 de Dios, efectivamente, y les asegur\u00f3 que no esperasen nada de \u00e9l \u00abaunque tuviera cofres de oro y plata, ya que un eclesi\u00e1stico que posee alguna cosa se la debe a Dios y a los pobres\u00bb. En esta \u00faltima frase se retrata el mejor Vicente de Pa\u00fal, el convertido. Habla como un convertido, pero a\u00fan quedaba el rescoldo de los antiguos ideales. Ser\u00e1 mejor o\u00edrle a \u00e9l mismo:<\/p>\n<p>\u00abEl d\u00eda en que me march\u00e9 tuve tanto dolor de despe\u00addirme de mis pobres familiares que no hice m\u00e1s que llorar a lo largo del camino, y llorar sin cesar. A las l\u00e1grimas sucedi\u00f3 el pensamiento de ayudarles a mejo\u00adrar, de dar a uno esto y al otro lo otro. Mi esp\u00edritu en\u00adternecido les repart\u00eda lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda&#8230; Estuve tres meses con esta pasi\u00f3n importuna de pro\u00admocionar a mis hermanos y hermanas. Era un peso continuo en mi esp\u00edritu. Cuando me encontraba un poco libre de todo eso rogaba a Dios que me librara de esta tentaci\u00f3n. Se lo ped\u00ed tanto que al fin tuvo pie\u00addad de m\u00ed y me quit\u00f3 esas ternezas por mis familiares. De modo que aunque hayan vivido de limosna, y a\u00fan viven, Dios me ha hecho la gracia de confiarlos a su providencia&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La actitud posterior de ruptura radical con su familia se nos hace dura y agria en un hombre notable por una afec\u00adtividad rica y tierna que Calvet, con justicia, no duda en calificar de maternal. Redier, que admira a san Vicente, expresa vivamente su desconcierto ante esa actitud de su h\u00e9\u00adroe hacia la propia familia. Pero hay que comprender al santo. Esta fue la primera tentaci\u00f3n de su vida, la que mo\u00addel\u00f3 su adolescencia y su juventud, y la que dirigi\u00f3, la que desorient\u00f3 por caminos extra\u00f1os sus diez primeros a\u00f1os de sacerdocio. Tiene ahora cuarenta y tres, es ya un hombre maduro, va camino de ser santo, pero a\u00fan queda un \u00faltimo resto de la antigua ra\u00edz. Y Vicente la arranca de su alma y de su vida sin compasi\u00f3n. No hay aqu\u00ed ninguna \u00abaceleraci\u00f3n del ritmo evolutivo\u00bb en el camino hacia la santidad. Hay una ruptura radical y sangrienta con el pasado. Vicente de Pa\u00fal es ya, por fin, libre para comenzar a ser sin trabas san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p><em>Recapitulaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Resumimos los incidentes que hemos mencionado hasta ahora como m\u00e1s significativos en el proceso de conversi\u00f3n de san Vicente. Quede bien entendido que s\u00f3lo pretendemos se\u00f1alar los hechos conocidos de su biograf\u00eda que nos pare\u00adcen sintom\u00e1ticos para tratar de acercarnos un poco al en\u00adtendimiento de lo que realmente sucedi\u00f3 en el alma del se\u00f1or Vicente. Un proceso de conversi\u00f3n aut\u00e9ntica s\u00f3lo pue\u00adde ser conocido por quien lo experimenta. Quien lo examina desde fuera se debe contentar con los s\u00edntomas y con tratar de imaginarse lo que realmente sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>1609 Experiencia de la pobreza y el fracaso al llegar a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Acusaci\u00f3n calumniosa de robo.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n de B\u00e9rulle.<\/p>\n<p>Desencanto de la grandeza humana en el palacio de la reina Margarita.<\/p>\n<p>La experiencia pastoral de Clichy.<\/p>\n<p>El progresivo descubrimiento de la pobreza ma\u00adterial y espiritual entre los campesinos de los Gondy.<\/p>\n<p>Cambio de rumbo: la experiencia de Folleville. Nuevos caminos: la experiencia de Ch\u00e1tillon.<\/p>\n<p>1623 Rechazo final de su pasado: ruptura con su familia.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda discutir hasta el infinito cu\u00e1l de esos elementos es el realmente decisivo, si lo es alguno; si en esta lista sobran o faltan \u00abcausas\u00bb para explicar algo corno un proce\u00adso de conversi\u00f3n que en el fondo puede que sea inexplicable por causas intramundanas. Hemos querido simplemente se\u00ad\u00f1alar la fecha inicial en que parece empiezan a desmoronar\u00adse poco a poco los ideales que han regido la vida de Vicente hasta los treinta a\u00f1os; se\u00f1alar tambi\u00e9n la fecha t\u00e9rmino en que nos parece que desaparece finalmente el \u00faltimo rastro de los antiguos ideales, y destacar las experiencias interme\u00addias que creemos tuvieron algo que ver con un cambio ra\u00addical de perspectiva vital; cambio de una fe y de un sacer\u00addocio centrados en s\u00ed mismo \u2014y por tanto adulterados\u2014 a una vida de fe y de sacerdocio volcada con toda pureza y generosidad a los pobres de este mundo, en seguimiento de Cristo evangelizador. Este cambio no puede darse, natural\u00admente, sin una crisis dolorosa que afecte profundamente a toda la persona: ideales, afectos, creencias, sue\u00f1os, ambi\u00adciones; sin que afecte a su manera de verse en el mundo en relaci\u00f3n a Dios y en relaci\u00f3n a los hombres. O sea, no puede darse sin una crisis radical de fe. La fe que se tiene, adul\u00adterada, se cuestiona, entra en crisis, parece que se va a per\u00adder. Y luego reaparece pura y aut\u00e9ntica. Lo que estuvo a punto de perderse no ha sido propiamente la fe sino una manera de vivir la fe que se hab\u00eda hecho consustancial con la estructura sicol\u00f3gica de la persona. Al ponerse en crisis esa estructura parece que la persona misma se hunde en el suelo de la nada y de la noche. Pero luego encuentra en el abismo de Dios lo que san Juan de la Cruz, experto en estas lides, llama \u00abadmirable luz de fe\u00bb. Este justo, Vicente, vivir\u00e1 en adelante no en la seguridad de s\u00ed mismo y en la luz de sus ideales, sino de la oscura luminosidad de la fe.<\/p>\n<p><em>La tentaci\u00f3n contra la fe<\/em><\/p>\n<p>Desde la narraci\u00f3n de Abelly se ha puesto precisamen\u00adte en la soluci\u00f3n de una crisis de fe el punto exacto del cam\u00adbio de rumbo en la vida del se\u00f1or Vicente. La historia es bien conocida: san Vicente, compadecido del estado lastimo\u00adso de un te\u00f3logo que atraviesa una crisis profunda de fe, se ofrece a Dios para sufrirla en su lugar. La sufre, y s\u00f3lo sale de ella al hacer un voto de dedicarse por toda la vida a la evangelizaci\u00f3n de los pobres. La historia ha sido admi\u00adtida <em>prima facie <\/em>tal como la narra Abelly. Sin embargo, tal como la nana Abelly ofrece un n\u00famero notable de dificul\u00adtades. Abelly la usa evidentemente para proporcionarnos la clave exacta del prodigioso cambio de rumbo que sufri\u00f3 la vida de san Vicente despu\u00e9s de los treinta a\u00f1os. Aun Abelly, que parece empe\u00f1ado en canonizar a Vicente desde la in\u00adfancia, se tuvo que dar cuenta de que el Vicente maduro que \u00e9l conoci\u00f3 se parec\u00eda muy poco, en cuestiones de perspecti\u00adva vital de la fe, al Vicente juvenil de las primeras cartas. Tuvo que explicar de alguna manera este cambio y crey\u00f3 encontrar la explicaci\u00f3n en la famosa tentaci\u00f3n contra la fe.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal tuvo efectivamente que atravesar una crisis de fe que fue sin duda tan larga y tan dura como la expone Abelly, o acaso incluso m\u00e1s larga y m\u00e1s dura. Pero no estamos muy seguros de que sucediera como nos la cuen\u00adta el primer bi\u00f3grafo de nuestro santo. Veamos los detalles.<\/p>\n<p>El origen de la narraci\u00f3n se encuentra en una conferen\u00adcia de san Vicente, quien s\u00f3lo hacen menci\u00f3n de lo que pudi\u00e9ramos llamar la primera parte de la historia, o sea la que se refiere al te\u00f3logo. En ella san Vicente no hace ninguna menci\u00f3n de su propio ofrecimiento a Dios para su\u00adfrir la tentaci\u00f3n en lugar del te\u00f3logo, omisi\u00f3n que el mismo Abelly hace notar puntualmente. La segunda parte, el su\u00adfrimiento de la tentaci\u00f3n por parte de san Vicente y su pos\u00adterior soluci\u00f3n, la a\u00f1ade Abelly. Sin duda porque la his\u00adtoria parece sorprendente y porque Vicente nunca dio tes\u00adtimonio de ella en p\u00fablico, Abelly se cree obligado a ase\u00adgurar a sus lectores que la ha recibido de \u00abuna persona muy digna de fe\u00bb y por escrito, y que dicha persona no ten\u00eda ning\u00fan conocimiento de la narraci\u00f3n dada por el mismo Vi\u00adcente, lo cual parece apuntar a una persona ajena a la Con\u00adgregaci\u00f3n. Abelly da la narraci\u00f3n de lo que hemos llamado segunda parte en un texto entrecomillado, como quien se limita a copiar literalmente un texto escrito. Al terminar la cita a\u00f1ade Abelly: \u00abAdem\u00e1s de la persona que ha dado este testimonio, hay otras varias de m\u00e9rito y de virtud que viven a\u00fan y que han asegurado lo mismo como o\u00eddo al mismo se\u00ad\u00f1or Vicente, quien les hab\u00eda declarado en confianza lo que le hab\u00eda pasado en aquella ocasi\u00f3n para animarles a servirse del mismo remedio con el fin de obtener el alivio y la cura\u00adci\u00f3n de penas parecidas\u00bb Recu\u00e9rdese que el remedio a la tentaci\u00f3n en el caso del se\u00f1or Vicente fue la resoluci\u00f3n de dedicarse toda la vida al servicio de los pobres. Parecer\u00eda natural que las varias personas a quienes san Vicente sugiere el mismo remedio en crisis parecidas sean miembros de su Congregaci\u00f3n o bien Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Examinemos ahora el escrito de Abelly en detalle. Seg\u00fan el testimonio de san Vicente, la tentaci\u00f3n le entr\u00f3 al doctor cuando dej\u00f3 la vida activa de defensa de la fe para ingresar en el c\u00edrculo culto y elegante de la reina Margarita, lo cual cre\u00f3 en \u00e9l una situaci\u00f3n de ociosidad que dispar\u00f3 a su vez la crisis de fe. San Vicente dice que el doctor se dirigi\u00f3 a \u00e9l, dato que parece sugerir que era el tiempo en que el mismo Vicente ten\u00eda acceso al mismo palacio en su calidad de li\u00admosnero. Este dato se confirma con el testimonio de la \u00abper\u00adsona digna de fe\u00bb de que habla Abelly, la cual asegura que uno de los medios de que se sirvi\u00f3 san Vicente para librarse \u00e9l mismo de la tentaci\u00f3n fue la visita a los \u00abenfermos del hospital de la Caridad en el arrabal de Saint-Germain, don\u00adde \u00e9l viv\u00eda por entonces\u00bb. San Vicente tuvo dos domicilios en el dicho arrabal. El primero, desconocido, fue el que comparti\u00f3 con el juez Sore desde su llegada de Roma a co\u00admienzos de 1609. El segundo, en la rue de Seine, junto al palacio de la reina Margarita, en el que ya viv\u00eda con toda seguridad el d\u00eda 17 de mayo de 1610, domicilio en el que dej\u00f3 de vivir al tomar posesi\u00f3n de la parroquia de Clichy el 2 de mayo de 1612 <sup>22<\/sup>. No se sabe la fecha exacta de su nombramiento como limosnero de la reina, pero la carta escrita a su madre el 17 de febrero de 1610 parece sugerir con toda claridad que en esa fecha a\u00fan estaba sin oficio ni beneficio de ninguna clase. As\u00ed pues, el conocimiento del doctor debe de ser posterior a febrero de 1610, as\u00ed como el comienzo de la tentaci\u00f3n en el mismo se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9ste, antes de dejar el arrabal de Saint-Germain, rue de Seine, para irse a Clichy en mayo de 1612, ya deb\u00eda estar plenamente sumergido en la tentaci\u00f3n, seg\u00fan se deduce del testimonio de que para curarse de ella visitaba a los enfermos del hospital de la Caridad <em>mientras viv\u00eda en el mismo arrabal. <\/em>El testimonio asegura que la tentaci\u00f3n dur\u00f3 tres o cuatro a\u00f1os. Suponiendo que \u00e9sta comenzara en 1611 \u2014y \u00e9sta es la fecha m\u00e1s tard\u00eda para una tal suposici\u00f3n con los datos que tenemos\u2014, hay que poner su fin lo m\u00e1s tarde en 1615. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 tipo de voto o resoluci\u00f3n radical es \u00e9se que Vicente hace en 1615, que se supone (as\u00ed lo su\u00adpone Abelly) cambia el rumbo de la vida de san Vicente, y que, sin embargo, <em>no se cumple <\/em>hasta que dos a\u00f1os despu\u00e9s san Vicente abandona la casa de los Gondy lo m\u00e1s pronto en febrero de 1617? Durante la primera estancia en casa de los Gondy hasta 1617 lo que absorb\u00eda al se\u00f1or Vicente no fue en modo alguno la evangelizaci\u00f3n de los pobres cam\u00adpesinos, sino la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os de los Gondy, la direcci\u00f3n espiritual de la se\u00f1ora y la catequesis de los criados.<\/p>\n<p>Esto en cuanto a las contradicciones cronol\u00f3gicas. Es bien sabido que la exactitud cronol\u00f3gica no es uno de los fuertes de Abelly. No destacamos en este caso, la contra\u00addicci\u00f3n para quitar autoridad a nuestro autor, sino para su\u00adgerir que la tentaci\u00f3n de san Vicente no cabe en las fechas sugeridas por Abelly <em>tal como \u00e9ste nos la cuenta.<\/em><\/p>\n<p>Hay otros aspectos m\u00e1s interesantes en cuanto al conte\u00adnido de la narraci\u00f3n, aunque m\u00e1s resbaladizos, lo admitimos francamente. El m\u00e1s obvio es el siguiente. Es muy cierto que la acci\u00f3n de Dios no tiene por qu\u00e9 someterse a lo que un historiador profesional podr\u00eda llamar l\u00f3gica hist\u00f3rica o un sic\u00f3logo profesional congruencia sicol\u00f3gica. Pero el con\u00adtenido del supuesto voto de dedicarse a los pobres precisa\u00admente <em>como soluci\u00f3n a una tentaci\u00f3n contra la fe <\/em>brota tan de la nada, o casi, en la experiencia anterior de san Vicente, tiene antecedentes tan escasos en su vida anterior, que uno no puede menos de preguntarse: \u00bfPor qu\u00e9 no se le ocurri\u00f3 como ant\u00eddoto de una tentaci\u00f3n contra la fe algo m\u00e1s direc\u00adtamente relacionado con su visi\u00f3n de la fe hasta ese momen\u00adto; por ejemplo, una peregrinaci\u00f3n a Roma, a Jerusal\u00e9n,\u00a0 algo parecido?<\/p>\n<p>Otras observaciones en cuanto al contenido de la narra\u00adci\u00f3n puede que se presenten tambi\u00e9n como resbaladizas, pero no dejan de tener su inter\u00e9s. La estancia de san Vicen\u00adte en Clichy desde mayo de 1612 hasta setiembre de 1613 entra de lleno, seg\u00fan la cronolog\u00eda que apunta Abelly, en los a\u00f1os de la tentaci\u00f3n. Clichy supone, sin embargo, como ya advertimos, en la experiencia sacerdotal de san Vicente, un per\u00edodo de calma, incluso de gozo. No se descubre en los testimonios de san Vicente sobre ese tiempo el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo rastro de que se encontrara sumergido en las terribles incertidumbres de una tentaci\u00f3n que pone en peligro no ya su sacerdocio, sino incluso su fe. Resumiendo los testimo\u00adnios del mismo Vicente, observa Coste con justeza: \u00abEn su ancianidad, Vicente de Pa\u00fal recordaba los bellos d\u00edas de Clichy con una profunda emoci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos a\u00f1adir, por lo que valga, una \u00faltima obser\u00advaci\u00f3n. San Vicente entr\u00f3 en casa de los Gondy como pre\u00adceptor de los ni\u00f1os. El que se convirtiera posteriormente en director de conciencia de la se\u00f1ora fue debido a la iniciativa de \u00e9sta algo m\u00e1s de un a\u00f1o despu\u00e9s de entrar san Vicente en la casa, y sin duda despu\u00e9s de un \u00abper\u00edodo de observa\u00adci\u00f3n\u00bb durante el que esta mujer, de espiritualidad y sensibi\u00adlidad exquisitas, lleg\u00f3 a convencerse de que el preceptor de sus hijos pod\u00eda ser un gu\u00eda adecuado para su propia con\u00adciencia complicada. Es cierto que la se\u00f1ora de Gondy, fina observadora, encontraba alg\u00fan reparo en las muestras del temperamento \u00abbilioso y melanc\u00f3lico\u00bb de aquel sacerdote de treinta y seis a\u00f1os, pero se hace poco menos que incre\u00edble que un alma desconcertada, pero finamente perceptiva como la de la Gondy, no advirtiera el supuesto estado de mayor desconcierto en cuestiones b\u00e1sicas de fe en el preceptor de sus hijos o que, advirti\u00e9ndolo, lo tomara sin embargo como gu\u00eda y director en sus propios desconciertos. Una tentaci\u00f3n contra la fe tan virulenta como la describe Abelly, se nota, sin duda, de puertas afuera.<\/p>\n<p>En resumen, nos inclinamos por considerar la narraci\u00f3n contra la fe como una muestra m\u00e1s de las muchas que ofre\u00adce Abelly de su inclinaci\u00f3n hagiogr\u00e1fica-piadosa en favor de su h\u00e9roe. No le faltaban a Abelly modelos abundantes de sustituci\u00f3n de tentaciones o de castigos en la hagiograf\u00eda medieval, que Abelly conoc\u00eda muy bien. Tampoco faltaban en la teolog\u00eda, con el modelo mismo de Jesucristo, que toma sobre s\u00ed voluntariamente nuestras propias debilidades y ten\u00adtaciones. E incluso en el Antiguo Testamento, con el siervo doliente de Isa\u00edas (53, 4-5). Se puede admitir sin m\u00e1s que una historia como la que cuenta Abelly es totalmente posi\u00adble y, a la vez, rechazarla sin embargo porque <em>en este caso <\/em>nos parece inveros\u00edmil. No por prejuicios aprior\u00edsticos, sino por un examen razonado de los datos que el mismo Abelly ofrece. Collet, m\u00e1s cr\u00edtico y m\u00e1s \u00abracionalista\u00bb que Abelly, admite sin embargo la historia tal como \u00e9ste la cuenta, pero confiesa que \u00abel suceso tiene algo de tan extraordinario que yo lo hubiera suprimido si no estuviera apoyado por prue\u00adbas que no sufren ni excepci\u00f3n ni r\u00e9plica\u00bb.<\/p>\n<p>Nos parece que Collet ha examinado las pruebas con poco cuidado. No hay m\u00e1s pruebas, seg\u00fan Abelly, que el testimonio escrito de una persona ajena probablemente a la Congregaci\u00f3n y el oral de varias otras probablemente de la misma Congregaci\u00f3n a quienes se supone Vicente comunic\u00f3 el suceso en diversas etapas de su vida. No se trata de suge\u00adrir que Abelly se invent\u00f3 la historia y atribuy\u00f3 su origen a otros, sino que la forma final de la narraci\u00f3n tiene algo que ver, pero ciertamente no mucho, con una posible confi\u00addencia lejana en el tiempo por parte del se\u00f1or Vicente, o bien con la narraci\u00f3n, transformada luego, dada por el mismo Vicente sobre la tentaci\u00f3n del doctor en sus tiempos de capell\u00e1n de la reina Margarita. Pero que el mismo Vi\u00adcente contara la experiencia m\u00e1s dram\u00e1tica de su vida inte\u00adrior con tanto detalle a varias personas debe tenerse por inaceptable ante el testimonio expl\u00edcito del mismo Abelly sobre la dificultad que encierra el describir el interior de su biografiado: \u00abNo ser\u00e1 f\u00e1cil describir lo que este gran siervo de Dios se ha esforzado siempre por ocultar, tanto como le ha sido posible, bajo el velo de una profunda humildad. No podemos hablar m\u00e1s que de lo que la caridad o la obedien\u00adcia le han obligado a hacer externamente. Pero la parte prin\u00adcipal, que es del todo interior y espiritual, nos es descono\u00adcida\u00bb. Exactamente. San Vicente, que habla con frecuencia y sin inhibiciones de las circunstancias de su vida ante\u00adrior, habla muy poco de su vida <em>interior, <\/em>y pr\u00e1cticamente nunca de hechos de su vida interior que parezcan merecer alabanza. Podemos imaginarnos a Vicente de Pa\u00fal ani\u00admando a un compa\u00f1ero de vocaci\u00f3n con problemas de fe a salir de ellos por la entrega generosa a la evangelizaci\u00f3n de los pobres, a\u00f1adi\u00e9ndole que \u00e9l mismo se cur\u00f3 del mismo mal con la misma medicina, como as\u00ed sucedi\u00f3 de hecho en su vida. Pero que se pusiera \u00e9l mismo como modelo heroico de sustituci\u00f3n en favor de un hombre tentado violentamen\u00adte en su fe y lo dijera a varias personas, se nos hace, dado el car\u00e1cter conocido de Vicente de Pa\u00fal, incre\u00edble.<\/p>\n<p><em>La noche oscura del se\u00f1or Vicente<\/em><\/p>\n<p>No es la noche oscura \u2014no lo es al menos en el lengua\u00adje de san Juan de la Cruz\u2014 la crisis que pone en cuesti\u00f3n la fe, sino precisamente el dejarse llevar de la fe, de la \u00abar\u00addiente oscuridad\u00bb, expresi\u00f3n que hubiera agradado a nues\u00adtro m\u00edstico. San Vicente se sumerge por fin en la oscuridad de la noche luminosa cuando, llevado sin duda por la mano de Dios, se pone en camino hacia Ch\u00e1tillon a sus treinta y siete a\u00f1os. Sabe bien por fin lo que busca: dedicar su vida sin m\u00e1s a evangelizar a los pobres campesinos; pero se pone en camino, como Abrah\u00e1n (Heb 11, 8), sin saber realmente a d\u00f3nde va. Para llegar a esta decisi\u00f3n ha tenido que reco\u00adrrer mucho camino el antiguo joven sacerdote ambicioso y emprendedor. Y ha tenido tambi\u00e9n que desarmar su alma pieza por pieza y luego recomponer dolorosamente las pre\u00adferencias y la naturaleza misma de su alma y de su fe. De jo\u00adven so\u00f1aba con que la providencia se pusiera de su lado en los sue\u00f1os de seguridad y promoci\u00f3n en el mundo social y en el eclesi\u00e1stico. Una vez convertido, se va a dejar llevar por la providencia a encontrar su \u00fanica seguridad en la en\u00adtrega agotadora al alivio de los pobres. Los pobres son para san Vicente el lugar de la fe: s\u00f3lo en ellos encuentra a Jesucristo, y en Jesucristo al Dios vivo. Entre los pobres, dice el Vicente anciano, se encuentra la verdadera religi\u00f3n. Siente, y lo dice al final de su vida, que ha sido evangeliza\u00addo por ellos, o sea que a trav\u00e9s de ellos ha aprendido por fin lo que significa el verdadero evangelio y lo que significa la verdadera fe. No tiene ya otra seguridad en su vida que la dedicaci\u00f3n a los pobres; incluso espera a trav\u00e9s de ellos su propia salvaci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>De manera que si toda una vida entregada a los pobres se encuentra al final con la terrible realidad de que, a pesar de todos sus esfuerzos, los pobres siguen siendo expoliados, maltratados, robados, y que \u00abya no les queda m\u00e1s que morir\u00bb, el alma de Vicente entra en una crisis final \u2014pues no tiene m\u00e1s luz de fe que los pobres de Jesucristo\u2014 que pone en cuesti\u00f3n la realidad misma de su fe: \u00abSi hay una verdadera religi\u00f3n&#8230;\u00bb \u00ab. La fe del se\u00f1or Vicente es oscura, como toda verdadera fe. Antes de convertirse se dejaba guiar por el brillo falaz de sus propias ambiciones. Desde que se convirti\u00f3 hasta su muerte el se\u00f1or Vicente no ha tenido otra luz que la oscuridad de una b\u00fasqueda del verdadero Dios, el de Jesucristo, en los hombres que sufren.<\/p>\n<p>Jaime Corera CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hechos y sus fechas 1608 Finales de a\u00f1o: salida de Roma hacia Par\u00eds. 1609 Comienzos del a\u00f1o: llegada a Par\u00eds. Comparte la vivienda con el juez de Sore en el arrabal de Saint-Germain. 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