{"id":401031,"date":"2017-08-02T08:19:01","date_gmt":"2017-08-02T06:19:01","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=401031"},"modified":"2017-07-06T10:21:07","modified_gmt":"2017-07-06T08:21:07","slug":"la-comunidad-las-reglas-comunes-cm","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-comunidad-las-reglas-comunes-cm\/","title":{"rendered":"La comunidad en las Reglas Comunes CM"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399990\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritu-de-jesus-espiritu-de-la-familia-vicenciana\/espiritu-de-jesus\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"espiritu-de-jesus\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399990 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>En este estudio vamos a intentar una lectura de las Re\u00adglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n desde un punto de vista estrictamente sociol\u00f3gico. Otras pers\u00adpectivas, la teol\u00f3gica por ejemplo, ser\u00edan sin duda m\u00e1s medulares, y posiblemente de mayor inter\u00e9s. Pero in\u00adcluso una lectura teol\u00f3gica de las Reglas deber\u00e1 tener en cuenta, si quiere ser densa y convincente, los modes\u00adtos hallazgos de otras disciplinas: la historia, la sociolo\u00adg\u00eda. No se ha intentado hasta ahora, que sepamos, nin\u00adguna lectura de las Reglas de san Vicente que no sean las de tipo piadoso-pedag\u00f3gico, que tambi\u00e9n tienen in\u00addudablemente su inter\u00e9s. A pesar de la relativa margi\u00adnalidad de la visi\u00f3n sociol\u00f3gica en un tema como \u00e9ste, un estudio de este tipo puede aportar hallazgos que podr\u00edan resultar de inter\u00e9s para una visi\u00f3n adecuada de las Reglas Comunes en la historia y en la vida ac\u00adtual de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo mismo de la edici\u00f3n de 1658 presenta una am\u00adbig\u00fcedad que atraviesa todo el texto: <em>Regulae <\/em>seu <em>Consti-tutiones. <\/em>Este peque\u00f1o libro presenta mezcladas en descui\u00addado desorden normas de car\u00e1cter institucional, con p\u00e1rrafos de contenido m\u00e1s bien de tipo vital que por llamar de algu\u00adna manera r\u00e1pidamente inteligible calificaremos de \u00abnivel evang\u00e9lico-espiritual\u00bb. Tal vez un t\u00edtulo m\u00e1s adecuado hu\u00adbiera sido el de <em>Regulae <\/em>et <em>Constitutiones, <\/em>en la l\u00ednea actual de revisi\u00f3n y codificaci\u00f3n posconciliar que apunta a una di\u00adferenciaci\u00f3n entre constituciones y estatutos. No incluy\u00f3 ciertamente san Vicente en este librito todo lo que de cons\u00adtitucional, estatutorio y evang\u00e9lico viv\u00eda la comunidad de su tiempo. Habr\u00eda que tener en cuenta las cartas, conferencias, repeticiones de oraci\u00f3n, reglas de los oficios, bulas pontifi\u00adcias y textos de las asambleas generales para tener una vi\u00adsi\u00f3n m\u00e1s completa. Pero este trabajo, por limitarse al texto de las Reglas Comunes, no puede tener en cuenta otras fuen\u00adtes de informaci\u00f3n que indudablemente contribuir\u00edan a una visi\u00f3n m\u00e1s enjundiosa de la vida comunitaria en tiempos de san Vicente.<\/p>\n<p>El texto de las Reglas parece reflejar con bastante fide\u00adlidad la realidad de la vida comunitaria de entonces, seg\u00fan afirmaci\u00f3n del mismo Vicente en el pr\u00f3logo: \u00abNada encon\u00adtrar\u00e9is en ellas que no hay\u00e1is practicado durante mucho tiempo\u00bb. Lo que no dice el santo, y por eso el valor limita\u00addo de las Reglas como fuente de informaci\u00f3n, es que \u00e9stas reflejen toda la riqueza de la vida comunitaria en tiempos del fundador. Aqu\u00ed se estudian las Reglas como definici\u00f3n ideal que se supone refleja de alguna manera la vida real comunitaria de los misioneros de su tiempo.<\/p>\n<p>La mayor parte de las normas e ideas contenidas en las Reglas Comunes se refieren a la comunidad local, a sus miembros y a su comportamiento intra y extracomunitario. Hay muy pocas ideas que se refieran a la relaci\u00f3n con otras comunidades (por ejemplo, IX 16), e incluso a la relaci\u00f3n con las autoridades supracomunitarias de la Congregaci\u00f3n misma: con el superior general (V 2), con el visitador (V 3). En cuanto a las relaciones de la comunidad local con la Con\u00adgregaci\u00f3n en general como comunidad universal s\u00f3lo se en\u00adcuentra una idea, aunque, eso s\u00ed, muy sabrosa: los misione\u00adros deben tener un amor tierno a las personas, virtudes y gracia de la Congregaci\u00f3n (XII 10).<\/p>\n<p><em>El nivel institucional<\/em><\/p>\n<p>La comunidad local de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n aparece en las Reglas Comunes como una realidad de vida com\u00fan fuertemente cohesiva. Los mecanismos instituciona\u00adles de esa cohesi\u00f3n son tres. Los enumeraremos en orden por el n\u00famero de veces que aparecen en el texto de las Reglas:<\/p>\n<p>1.\u00b0 la relaci\u00f3n superior-s\u00fabdito (aparece en 63 art\u00edculos)<\/p>\n<p>2.\u00b0 la uniformidad (II 11, y en otros muchos pasajes m\u00e1s o menos expl\u00edcitamente)<\/p>\n<p>3.\u00b0 la comunidad de bienes (cap\u00edtulo III).<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de estos tres ejes institucionales, y de solos estos tres, no es en modo alguno arbitraria. <em>S\u00f3lo a ellos <\/em>se les atribuye en el texto de las Reglas una funci\u00f3n de cohe\u00adsi\u00f3n comunitaria. En cuanto a otros aspectos a los que &#8216;a visi\u00f3n teol\u00f3gica de hoy tiende a atribuir un alto grado de funcionalidad para la cohesi\u00f3n intracomunitaria (oraci\u00f3n, eucarist\u00eda, celibato&#8230;), las Reglas los ignoran de una mane\u00adra total, como veremos m\u00e1s en detalle. Ahora vamos a anali\u00adzar uno por uno los tres ejes que aparecen en el texto de las Reglas como mecanismos de institucionalizaci\u00f3n de la vida com\u00fan.<\/p>\n<p><em>1.\u00b0 Primer mecanismo institucional: la relaci\u00f3n superior s\u00fabdito<\/em><\/p>\n<p>En el texto de las Reglas Comunes la institucionalizaci\u00f3n de la comunidad local reside b\u00e1sicamente en la relaci\u00f3n su\u00adperior-s\u00fabdito. De entre los 142 art\u00edculos de las Reglas la figura del superior aparece como elemento b\u00e1sico de control institucional nada menos que en 63, o sea en el 44 por 100 del n\u00famero total de art\u00edculos. No sorprender\u00e1, visto esto, el observar que en el cap\u00edtulo V, que trata expresamente de la obediencia, la figura del superior aparezca en 15 de los 16 art\u00edculos que lo componen. Las Reglas Comunes definen con toda precisi\u00f3n la jerarqu\u00eda de la obediencia (V 1-3), que debe expresarse en los gestos jer\u00e1rquicamente ordena\u00addos del saludo y del respeto (VIII 3).<\/p>\n<p>Los temas de la intervenci\u00f3n del superior cubren la totalidad de la vida de los miembros de la comunidad, in\u00adcluyendo los aspectos de conciencia y de vida espiritual. Es m\u00e1s: el superior define lo mandado y lo prohibido (II 3, V 4). Se supone, aunque no se dice expresamente, que su competencia se desenvuelve dentro de los l\u00edmites definidos por instancias superiores: ley de Dios, de la Iglesia, Consti\u00adtuciones. S\u00ed se expresan los l\u00edmites de la obediencia al supe\u00adrior general: \u00aben todo aquello en que no aparezca pecado\u00bb (V 2). El art\u00edculo siguiente (V 3) extiende por implicaci\u00f3n los mismos l\u00edmites a la autoridad del visitador y del superior local.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n del superior aparece en relaci\u00f3n a:<\/p>\n<ol>\n<li>a) <em>el orden de la vida diaria, <\/em>orden que depende exclusivamente de la decisi\u00f3n del superior (V 5):<\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li>comer fuera de hora (V 12)<\/li>\n<li>entrar en la habitaci\u00f3n de otro (V 13)<\/li>\n<li>hablar con los seminaristas (VIII 5)<\/li>\n<li>escribir y recibir cartas (V 11, IX 7)<\/li>\n<li>ver al m\u00e9dico y tomar medicinas (VI 4)<\/li>\n<li>introducir externos en casa (V 14, IX 5-6)<\/li>\n<li>salir de casa (IX 11-15)<\/li>\n<\/ul>\n<p>Este \u00faltimo punto (salir fuera de casa) aparece en todo el texto de las Reglas como uno de los aspectos minuciosa\u00admente regulados del comportamiento de los misioneros. A \u00e9l se refieren nada menos que cinco art\u00edculos. Una regulaci\u00f3n igualmente minuciosa se aplica al uso de los bienes mate\u00adriales (v\u00e9ase m\u00e1s adelante).<\/p>\n<ol>\n<li>b) <em>la distribuci\u00f3n del trabajo<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li><em>II <\/em>10<\/li>\n<li>ayudar a alg\u00fan cohermano (V 8-10)<\/li>\n<li>XI 2-4, 8-11<\/li>\n<\/ul>\n<p>En V 10 aparece una palabra curiosa, <em>praefectus, <\/em>que no se define en ning\u00fan lugar de las Reglas, ni que sepamos, en ninguna otra parte del derecho de la Congregaci\u00f3n. La palabra se refiere a una especie de \u00abmando intermedio\u00bb que, por debajo del superior local, tiene autoridad delegada por \u00e9ste para alg\u00fan sector <em>(loci) <\/em>de las actividades de la casa. La realidad de esa autoridad intermedia en una comunidad tiene ra\u00edces muy antiguas, pues procede nada menos que de la regla de san Pacomio (siglo IV), aunque en la regla de \u00e9ste (es decir, en sus traducciones latinas) el t\u00e9rmino exacto es el de <em>praepositus. <\/em>El monasterio de san Pacomio est\u00e1 for\u00admado por un conjunto de edificios, cada uno de los cuales alberga a los monjes que trabajan en un mismo oficio. Al frente de cada grupo hay un prep\u00f3sito con autoridad dele\u00adgada del abad. Parecer\u00eda obvio suponer que san Vicente, al escribir V 10, est\u00e1 pensando en la compleja estructura cuasimon\u00e1stica de San L\u00e1zaro. Es claro que esta norma ten\u00addr\u00eda poco o ning\u00fan sentido en relaci\u00f3n a casas compuestas por tres o cuatro misioneros m\u00f3viles, residentes en una casa de alquiler o similar, cual fue el caso de san Vicente mismo en sus primeros a\u00f1os de experiencia comunitaria misionera en <em>Bons Enfants <\/em>antes de la adquisici\u00f3n de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<ol>\n<li>c) <em>La distribuci\u00f3n de los bienes econ\u00f3micos<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li><em>III <\/em>3-6, 9<\/li>\n<\/ul>\n<p>Aunque se declara expl\u00edcitamente que \u00abtodas las cosas son comunes\u00bb (III 3), el control del superior es tan general que su figura aparece, por encima de la idea de administra\u00addor puro y simple, como figura de propietario que dispone seg\u00fan su bien parecer. Esta impresi\u00f3n se refuerza si se obser\u00adva que las Reglas no proporcionan ni la m\u00e1s ligera provisi\u00f3n de control de la gesti\u00f3n del superior mismo, que por tanto aparece, <em>en el texto de las Reglas, <\/em>como gesti\u00f3n discrecional. Ser\u00eda interesante investigar si de hecho ha sido as\u00ed tambi\u00e9n hist\u00f3ricamente en la conciencia de los superiores y en la vi\u00adda pr\u00e1ctica.<\/p>\n<ol>\n<li>d) <em>temas de conciencia y de vida espiritual<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li>problemas de conciencia y tentaciones (II 16\u00ad17, VIII 8, X 11)<\/li>\n<li>en los peligros contra la castidad (IV 4)<\/li>\n<li>ayudar a los desalentados (XII 4)<\/li>\n<li>ayudar contra la vanidad y la ambici\u00f3n (XII 4, 9)<\/li>\n<li>el \u00e1mbito penitencial (X 13, XII 14)<\/li>\n<li>mortificaciones (X 15)<\/li>\n<li>a\u00f1adir actos de piedad a los previstos en las Reglas (X 21)<\/li>\n<li>escoger los libros de lectura espiritual (X 8).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Llama la atenci\u00f3n el que precisamente en el cap\u00edtulo que quiere dar un resumen de las ense\u00f1anzas evang\u00e9licas adapta\u00addas a los misioneros (cap\u00edtulo II) se encuentre una norma (art\u00edculo 17) que olvida la ense\u00f1anza expl\u00edcita de Jesucristo (Mt 18, 15-17), la que se refiere a la correcci\u00f3n fraterna. \u00bfEs que s\u00f3lo el superior es, en la comunidad vicenciana, el hermano de sus hermanos de comunidad?<\/p>\n<p>En II 16, IV 4, VIII 8, X 15 y X 21 aparece la figura del director, figura que tampoco se define en ning\u00fan sitio. Aparece siempre en contextos que se refieren a problemas de conciencia y de ordenaci\u00f3n de la vida espiritual. No tiene una autoridad delegada por el superior; parece gozar de autoridad propia, equivalente a la del superior, pero s\u00f3lo para los aspectos se\u00f1alados de conciencia y de esp\u00edritu. No podemos elaborar aqu\u00ed los detalles de una cuesti\u00f3n que es hist\u00f3rica en un estudio de corte sociol\u00f3gico como el presente. Pero ser\u00eda interesante hacer ver el lugar que ocupan las Re\u00adglas Comunes en la larga evoluci\u00f3n que, partiendo de la regla de san Benito, en la que el abad es a la vez superior y padre espiritual (cfr. Regla de san Benito, pr\u00f3logo; y tambi\u00e9n art. 61 y todo el cap\u00edtulo 11), ha llegado a un deslindamiento bastante preciso de gobierno por un lado (superior) y de con\u00adsejo espiritual por otro (director espiritual). Las Reglas Co\u00admunes reflejan claramente un estadio del pensamiento ecle\u00adsi\u00e1stico-religioso de fuerte ambig\u00fcedad.<\/p>\n<p>En conjunto, la participaci\u00f3n que se atribuye al s\u00fabdito en las Reglas Comunes es de una clara dependencia. A\u00fan m\u00e1s, en VIII 12 y 13 se proh\u00edbe sumariamente el preocupar\u00adse por las cosas que se refieren a la administraci\u00f3n de la casa, y ni siquiera hablar de ello. En V 5 se sugiere una t\u00edmida l\u00ednea de participaci\u00f3n, que por lo dem\u00e1s se limita al derecho a sugerir <em>(significent) <\/em>al superior si tiene el s\u00fabdito algo que proponer sobre el orden dom\u00e9stico. Ser\u00eda tambi\u00e9n aqu\u00ed muy interesante elaborar un estudio hist\u00f3rico sobre el proceso de evoluci\u00f3n de la participaci\u00f3n de los miembros de la co\u00admunidad en la marcha de la misma. La regla de san Benito, la m\u00e1s antigua regla de vida com\u00fan en Occidente, abre pers\u00adpectivas de participaci\u00f3n muy prometedoras (sobre la elec\u00adci\u00f3n del abad, LXIV 1; sobre el orden de la vida diaria de la comunidad, III 1-9), perspectivas que en l\u00edneas generales se fueron \u00abdemocratizando\u00bb progresivamente a lo largo de los siglos medievales hasta llegar al ejemplo m\u00e1s rico en las constituciones de los dominicos. Un experto en estos temas como Leo Moulin ve en las constituciones de las grandes \u00f3r\u00addenes mon\u00e1sticas y mendicantes un modelo del que aprendie\u00adron procedimientos democr\u00e1ticos los grandes documentos (por ejemplo, la <em>Magna Carta <\/em>inglesa, siglo XIII, e incluso el C\u00f3digo Electoral de la revoluci\u00f3n francesa) que han ins\u00adpirado la evoluci\u00f3n democr\u00e1tica de Europa (cfr. <em>Le monde vivant des religieux, <\/em>Calman-L\u00e9vy, Par\u00eds 1964, pp. 186 ss.). En esta evoluci\u00f3n los siglos posteriores a la Edad Media marcan una regresi\u00f3n muy clara que parece comenzar con el car\u00e1cter fuertemente autoritario de la autoridad en la co\u00admunidad religiosa tal como se define en los documentos constitucionales de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2.<sup>0<\/sup><em> Segundo mecanismo institucional: la uniformidad<\/em><\/p>\n<p>II 11 introduce la uniformidad expresamente como man\u00adtenedora <em>(tutricem) <\/em>del buen orden comunitario y de la san\u00adta uni\u00f3n. La peque\u00f1a cl\u00e1usula <em>quoad fieri poterit <\/em>deja un portillo abierto a la agilidad y a la variedad en un texto que se presenta por otro lado con perfiles de acusada rigidez.<\/p>\n<ol>\n<li>a) <em>Los elementos funcionales de la uniformidad<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>El mismo art\u00edculo enumera casi todos los aspectos de la vida misionera que m\u00e1s decisivamente contribuyen a la uniformidad: uniformidad en los aspectos materiales de co\u00admer, vestir y dormir; en la manera de dirigir, gobernar, en\u00adse\u00f1ar y predicar; en las pr\u00e1cticas espirituales. La guarda fiel de las Reglas se presenta expresamente como la mejor ga\u00adrant\u00eda de la uniformidad comunitaria. En X 6 se ofrece una regulaci\u00f3n que, con la perspectiva de hoy, s\u00f3lo se puede calificar de r\u00edgida, en relaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n de la misa y recepci\u00f3n de la eucarist\u00eda y penitencia. La b\u00fasqueda de la uniformidad llega hasta el detalle de sugerir los temas de conversaci\u00f3n, que debe versar precisamente sobre aspectos de vida intracomunitaria (VIII 7-8).<\/p>\n<ol>\n<li>b) <em>Los elementos disfuncionales<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Las Reglas Comunes regulan tambi\u00e9n con cuidado la entrada en el \u00e1mbito comunitario de elementos extra\u00f1os que pudieran crear peligrosas disfunciones contra la uniformi\u00addad buscada. Esta entrada se reconoce como inevitable, pues esta comunidad no es una comunidad de clausura sino apos\u00adt\u00f3lica, cuyos miembros se ven obligados por raz\u00f3n de su trabajo al trato con gentes de todo tipo (IV 1). Lo que pro\u00adcede, pues, es tratar de disminuir el impacto disfuncional que tal ingerencia de elementos extra\u00f1os puede producir en la uniformidad intracomunitaria. Y as\u00ed, se regulan con todo cuidado las salidas de casa (IX 11-15), la introducci\u00f3n de externos en la casa (V 14, IX 5-6), el hablar con ellos de asuntos dom\u00e9sticos (IX 9); se manda evitar temas de conver\u00adsaci\u00f3n ajenos a su vida misionera, temas que pudieran divi\u00addir a los misioneros, como dividen a los pr\u00edncipes cristianos (VIII 15-16). Igualmente se intenta regular las relaciones con los parientes (II 9).<\/p>\n<p>Finalmente, en la \u00fanica referencia a las relaciones inter-comunitarias que se encuentra en todo el texto de las Reglas, se pide que el misionero en viaje se hospede en casa de la Congregaci\u00f3n, si la hubiere, y all\u00ed se someta en todo a la autoridad del superior correspondiente (IX 16).<\/p>\n<p>3.\u00b0 <em>Tercer mecanismo institucional: la comunidad de bienes<\/em><\/p>\n<p>Los bienes materiales son definidos expresamente como bienes de todos los componentes de la comunidad (III 3). La comunidad de bienes es tan radical que para evitar in\u00adcluso la apariencia de propiedad personal <em>(quod propietatem vel minimam redoleat) <\/em>se llega hasta el detalle sumamente realista de la supresi\u00f3n de llaves personales (III 8). Las lla\u00adves personales, en efecto, igual que las tapias en el c\u00e9lebre dicho de Proudhon contra la propiedad privada, funcionan como cierres de una parcela del mundo material en favor exclusivo de quien es propietario de la llave.<\/p>\n<p>La distribuci\u00f3n de los bienes materiales es competencia exclusiva del superior (III 3), quien los distribuir\u00e1 <em>prout cuique opus erit. <\/em>Con raz\u00f3n se ha hablado, mucho antes de que existiera el comunismo pol\u00edtico organizado y su teor\u00eda, de la pr\u00e1ctica de un comunismo verdaderamente radical en el \u00e1mbito de las comunidades religiosas. Una traducci\u00f3n totalmente literal del <em>prout cuique opus erit <\/em>se encuentra en el principio distributivo de la teor\u00eda de Marx: \u00aba cada uno seg\u00fan sus necesidades\u00bb. Tambi\u00e9n en la teor\u00eda de Marx un tal principio funcionar\u00e1 como uno de los mecanismos institucionales de la sociedad comunista del futuro.<\/p>\n<p>Los criterios para justificar la comunidad de bienes (con m\u00e1s precisi\u00f3n: la no-propiedad personal) se encuentran ex\u00adclusivamente en el evangelio (III 3). El modo pobre de vida se encuentra tambi\u00e9n fundamentado en criterios evang\u00e9licos (III 3, <em>simili inopiae gradu) y, <\/em>adem\u00e1s, en criterios sociales la vida material de los misioneros debe ser <em>tamquam pauperi acommodata. <\/em>Salvo error u omisi\u00f3n \u00e9sta es, en todo el texto de las Reglas Comunes, la \u00fanica admisi\u00f3n expl\u00edcita de realidades extracomunitarias y extraevang\u00e9licas como crite\u00adrio para conformar la vida de los misioneros.<\/p>\n<p><em>El nivel evang\u00e9lico-espiritual<\/em><\/p>\n<p>Al comienzo de este estudio se\u00f1al\u00e1bamos la ambig\u00fcedad del contenido de las Reglas o Constituciones Comunes. San Vicente mezcla con total descuido ideas que definen as\u00adpectos institucionales con ideas de car\u00e1cter m\u00e1s vital que se refieren al \u00abtono\u00bb moral que debe imperar en esta insti\u00adtuci\u00f3n, m\u00e1s bien que a su estructuraci\u00f3n como grupo social. Creemos se puede afirmar sin mucho riesgo que estas se\u00adgundas, las ideas de tipo evang\u00e9lico-espiritual, son las que reflejan con m\u00e1s fidelidad la personalidad evang\u00e9lica del au\u00adtor de las Reglas Comunes. Esta afirmaci\u00f3n no se basa en el texto mismo de las Reglas y es, por tanto, marginal a las conclusiones de este estudio. En cuanto a las ideas ya estu\u00addiadas de tipo m\u00e1s bien institucional, en las que san Vicente se muestra poco original, aparecen en su mayor parte como un reflejo bastante fiel de la tradici\u00f3n legislativa de las \u00f3r\u00addenes religiosas clericales, e incluso de las mon\u00e1sticas. Por dar un ejemplo m\u00ednimo, pero significativo, la norma que manda obedecer a la campana como a la voz de Cristo (V 3) se encuentra nada menos que en los escritos mon\u00e1sticos de Casiano (siglo V).<\/p>\n<p>El tono que debe predominar en las relaciones de la co\u00admunidad vicenciana est\u00e1 perfectamente definido por una formulaci\u00f3n breve, pero muy sugerente: la convivencia entre los miembros de la comunidad debe ser <em>in morem carorum amicorum, <\/em>o sea, a manera de amigos que se quieren con toda sinceridad (VIII 2). Para que no queden dudas de que este quererse debe tener toda la profundidad de la verdadera caridad cristiana, en II 12 se enumeran una serie de actos de evidente enraizamiento evang\u00e9lico y paulino. Merece la pena enumerarlos:<\/p>\n<ul>\n<li>hacer a otros lo que queremos que ellos nos hagan<\/li>\n<li>concordar con los dem\u00e1s y aprobar todo en el (esp\u00ed\u00adritu del) Se\u00f1or<\/li>\n<li>aguantarse mutuamente sin queja<\/li>\n<li>llorar con los que lloran, alegrarse con los que se alegran<\/li>\n<li>tratarse con respeto; saludarse con cordialidad (VII 3)<\/li>\n<li>mostrarse con los dem\u00e1s atento y servicial de todo coraz\u00f3n<\/li>\n<li>hacerse todo a todos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ideas similares aparecen desperdigadas aqu\u00ed y all\u00ed, a ve\u00adces escondidas en textos de contenido institucional, como cuando al hablar de la pobreza san Vicente sugiere como de paso que todos se conformen gozosamente con que se les d\u00e9 lo peor que haya en casa (III 7), como podr\u00eda esperarse en una familia de un padre o de un hermano mayor; o co\u00admo cuando al hablar del silencio deja escapar aspectos moti\u00advados enteramente por la caridad (cuando a alguno le falta algo en el comedor, VII 14), o por la discreci\u00f3n fraternal que evita cuidadosamente el ruido que pueda molestar a los dem\u00e1s en las horas de descanso (VIII 6). Hay momentos en las Reglas en que el \u00abesp\u00edritu\u00bb vicenciano roza los l\u00edmites de la expresi\u00f3n sublime: v\u00e9ase, en relaci\u00f3n con el trato a los enfermos de la comunidad, VI 1-3. Se percibe a trav\u00e9s de la prosa c\u00f3mo su autor se mueve con toda soltura en un terre\u00adno que le es muy propio.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista que estamos tratando, el cap\u00edtulo VIII, que describe con detalle a partir del art\u00edculo 7 el mo\u00addo de conversar-convivir, es una mina inagotable. Una sim\u00adple exposici\u00f3n de las ideas contenidas en \u00e9l resultar\u00e1 mucho m\u00e1s elocuente que cualquier comentario. De todo el conjunto de ideas se desprende la imagen de una comunidad que sa\u00adbe mantener en su trato un alto nivel de cordialidad, acepta\u00adci\u00f3n y tolerancia mutua:<\/p>\n<ul>\n<li>conversaci\u00f3n sencilla <em>(modestiam), <\/em>buen humor <em>(hila-ritate), <\/em>interesante y agradable <em>(utile, dulci) <\/em>(art. 7)<\/li>\n<li>defender con moderaci\u00f3n y suavidad los ataques con\u00adtra las cosas que se refiren a la vocaci\u00f3n (8)<\/li>\n<li>evitar toda terquedad y esp\u00edritu de disputa; preferir incluso la opini\u00f3n de los dem\u00e1s, en cuanto se pueda. No mostrarse jam\u00e1s ofendido, ni llevar nada a mal. No herir a nadie (9)<\/li>\n<\/ul>\n<p>La convivencia cotidiana corre el peligro de traspasar ciertos aspectos de la intimidad a los que los dem\u00e1s tienen sin embargo derecho. Y as\u00ed:<\/p>\n<ul>\n<li>se debe guardar el debido secreto (10)<\/li>\n<li>no se debe lesionar la fama de nadie ni criticar lo que se hace en otras casas (11)<\/li>\n<li>las admoniciones a los dem\u00e1s deben hacerse en un verdadero esp\u00edritu de humildad y caridad (X 13)<\/li>\n<li>no se debe alabar ni reprochar a nadie por sus traba\u00adjos, pero s\u00ed hablar bien de los hermanos de comuni\u00addad con sobriedad y sencillez.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Hasta aqu\u00ed el estudio del contenido de las Reglas en \/o que se refiere a la comunidad. Podr\u00eda resultar de inter\u00e9s a\u00f1a\u00addir unas l\u00edneas sobre aspectos que en la visi\u00f3n teol\u00f3gica de hoy resultan de importancia para la vida com\u00fan, aspectos que san Vicente no tuvo en cuenta en la redacci\u00f3n de las Reglas Comunes. Si pudo o no tenerlos en cuenta dada la mentalidad de su tiempo es una cuesti\u00f3n que habr\u00eda que contestar desde una perspectiva hist\u00f3rica, no desde la sociol\u00f3\u00adgica que hemos adoptado en este estudio. Aun as\u00ed aventu\u00adrar\u00edamos la opini\u00f3n de que s\u00ed pudo tenerlos en cuenta, pues los tuvo fuera del texto de las Reglas Comunes. Por ejem\u00adplo, y abundantemente, en las conferencias a los padres, y tal vez m\u00e1s a\u00fan en las conferencias a las hermanas. Lo que evidentemente sucedi\u00f3, y esto es un hecho que al que esto escribe se le hace un tanto misterioso, es que san Vi\u00adcente se olvid\u00f3 de esos aspectos, o bien decidi\u00f3 no incluirlos por razones que se nos escapan, al redactar el texto de las Reglas. Vamos a hablar, pues, ahora, de las omisiones en el texto de las Reglas de elementos que hoy parecen muy re\u00adlevantes cuando se habla de vida de comunidad. A continua\u00adci\u00f3n se mencionan los que parecer\u00edan m\u00e1s importantes, con un breve comentario en cada caso.<\/p>\n<p>Los art\u00edculos que se refieren a la castidad (IV) no hacen la m\u00e1s m\u00ednima menci\u00f3n a su entronque con la vida de co\u00admunidad, excepto en el detalle pr\u00e1ctico ya mencionado an\u00adteriormente de dar cuenta al superior de los peligros que surjan en un ministerio concreto. Es a\u00fan m\u00e1s sorprendente que no se mencionen para nada los valores comunitarios de la oraci\u00f3n, tanto m\u00e1s cuanto s\u00ed se mencionan expresamente otros valores de la oraci\u00f3n que hoy no nos parecen tan cen\u00adtrales, ni aparecen tan centrales en la ense\u00f1anza evang\u00e9lica: los actos de piedad, se dice en X 1, son muy eficaces para la guarda de las Reglas y para la perfecci\u00f3n personal. S\u00ed se dice que la oraci\u00f3n mental ha de hacerse en comunidad (X 7), aunque nada se observa sobre el posible valor comu\u00adnitario de una tal pr\u00e1ctica; no se dice nada sobre la impor\u00adtancia comunitaria de las conferencias espirituales (X 12), aunque hay que suponer que por su propia estructura han de hacerse en com\u00fan, y adem\u00e1s sabemos que en la pr\u00e1ctica de San L\u00e1zaro \u2014y de las hermanas\u2014 gozaban de un alto \u00edndice de participaci\u00f3n comunitaria; nada se insin\u00faa tampo\u00adco acerca del posible valor comunitario del rezo del Oficio Divino, aunque tambi\u00e9n se dice expl\u00edcitamente que debe tenerse en com\u00fan (X 5).<\/p>\n<p>Finalmente se\u00f1alaremos dos omisiones que hoy destaca\u00adr\u00edan con m\u00e1s fuerza. Ni en relaci\u00f3n con la eucarist\u00eda (X 3), ni en relaci\u00f3n con la lectura de la palabra de Dios (X 8) se insin\u00faan por ning\u00fan lado sus posibles valores comunitarios.<\/p>\n<p><em>Resumen y conclusiones<\/em><\/p>\n<p>Desde el punto de vista institucional el texto de las Re\u00adglas Comunes nos presenta una imagen de la comunidad con las siguientes caracter\u00edsticas. El eje principal de la cohesi\u00f3n comunitaria lo constituye la relaci\u00f3n s\u00fabdito-superior, una relaci\u00f3n en la que la funci\u00f3n de control por parte del supe\u00adrior prima sobre cualquier otro aspecto, y la participaci\u00f3n activa del s\u00fabdito es pr\u00e1cticamente inexistente. La partici\u00adpaci\u00f3n del s\u00fabdito se reduce casi totalmente a declarar pro\u00adblemas de conciencia y a pedir permisos. La intervenci\u00f3n del superior, no moderada por ning\u00fan tipo de participaci\u00f3n activa por parte de los s\u00fabditos, cubre todos los aspectos de la vida de \u00e9stos: el horario, la distribuci\u00f3n de trabajos y de bienes econ\u00f3micos, las relaciones con los externos, los pro\u00adblemas de conciencia, la vida espiritual en general. Bien se puede afirmar como resumen que la autoridad del superior <em>en el texto de las Reglas <\/em>(subrayamos), dentro de los l\u00edmites definidos por el <em>ubi peccatum non apparet, <\/em>es absoluta. Las limitaciones definidas por el \u00e1mbito del <em>peccatum <\/em>y el encua\u00addramiento de su autoridad dentro de los l\u00edmites de las leyes de la Iglesia y de las Reglas impiden en principio que esta autoridad absoluta caiga en la tentaci\u00f3n de lo desp\u00f3tico.<\/p>\n<p>El segundo eje de cohesi\u00f3n lo constituye la definici\u00f3n de la uniformidad, uniformidad que tambi\u00e9n pretende lle\u00adgar a todos los aspectos de la vida de los misioneros: modo de actuar, modo de vivir, pr\u00e1cticas espirituales, modo de en\u00adse\u00f1ar, modo de pensar. Las peque\u00f1as diferencias que puedan surgir en cuanto al modo de pensar se intenta neutralizarlas por dos mecanismos de integraci\u00f3n: consideraciones asc\u00e9\u00adticas que buscan suavizar las diferencias que brotan de la diversidad de opiniones, y un cuidadoso evitar temas de conversaci\u00f3n que puedan resultar conflictivos: actuaci\u00f3n de otras comunidades, visitas a y de los externos, relaciones con los parientes.<\/p>\n<p>El tercer eje de cohesi\u00f3n se basa en la propiedad com\u00fan de los bienes materiales. Como el uso concreto de estos bie\u00adnes podr\u00eda crear en la pr\u00e1ctica peligrosas disfunciones, se provee un mecanismo de distribuci\u00f3n, que tambi\u00e9n depende enteramente del superior, para que el necesario uso de los bienes materiales no introduzca elementos de disturbio en el funcionamiento pac\u00edfico de la comunidad.<\/p>\n<p>Aparte de los elementos institucionales, que predominan en el conjunto del texto, las Reglas Comunes ofrecen, con vistas a un buen funcionamiento de la vida com\u00fan, una se\u00adrie de sugerencias muy ricas en valores fraternales y evan\u00adg\u00e9licos en las que irrumpe con toda fuerza el genuino y ori\u00adginal esp\u00edritu carism\u00e1tico de su autor. Ser\u00eda interesante llegar a deslindar qu\u00e9 es lo que en las Reglas Comunes hay que atribuir a tradicional esp\u00edritu religioso-mon\u00e1stico, a reflejo consciente o inconsciente de condicionamientos jur\u00eddico-eclesi\u00e1sticos de la primera mitad del siglo XVII, o incluso pol\u00edticos, y qu\u00e9 es lo que se debe en ellas a la experiencia genuina del fundador. Parece razonable desear que lo se\u00adgundo hubiera predominado claramente sobre lo primero en el texto de las Reglas. Un predominio tal hubiera sin duda reflejado con m\u00e1s exactitud la poderosa personalidad espi\u00adritual-evang\u00e9lica del autor de las Reglas o Constituciones Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Jaime Corera CEME<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este estudio vamos a intentar una lectura de las Re\u00adglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n desde un punto de vista estrictamente sociol\u00f3gico. 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