{"id":400982,"date":"2017-07-31T08:23:24","date_gmt":"2017-07-31T06:23:24","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400982"},"modified":"2017-07-02T22:25:24","modified_gmt":"2017-07-02T20:25:24","slug":"ideas-san-vicente-la-autoridad-la-vida-comunitaria-cm","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ideas-san-vicente-la-autoridad-la-vida-comunitaria-cm\/","title":{"rendered":"Ideas de San Vicente sobre la autoridad en la vida comunitaria CM"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399179\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/fuentes-de-doctrina-vicenciana-y-criterios-de-lectura\/fuentes-de-doctrina-vicenciana\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?fit=1199%2C630\" data-orig-size=\"1199,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Fuentes de doctrina vicenciana\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399179 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=768%2C404 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=846%2C445 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?resize=1004%2C528 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/Fuentes-de-doctrina-vicenciana.jpg?w=1199 1199w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>No se encuentra en el texto de las Reglas Comunes idea alguna sobre la naturaleza y el uso de la autoridad en la comunidad. La raz\u00f3n de la omisi\u00f3n es simple: las Reglas son <em>comunes, <\/em>es decir, valen para todos los componentes de la comunidad sin distinci\u00f3n de cargos. Como es bien sa\u00adbido, se redactaron a la vez otras reglas para los cargos es\u00adpeciales no comunes, por ejemplo para los superiores <u><sup>1<\/sup><\/u>, pero el texto de estas reglas se entregaba exclusivamente a los interesados y permanec\u00eda desconocido para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Aunque en las Reglas Comunes no se habla del ejerci\u00adcio de la autoridad, s\u00ed se habla, y mucho, del ejercicio de la obediencia a esa autoridad. Ese hecho ha tenido conse\u00adcuencias lamentables en la historia de la Congregaci\u00f3n. Con s\u00f3lo el texto de las Reglas en la mano, el ejercicio de la autoridad comunitaria puede llegar a los l\u00edmites de lo desp\u00f3tico, si es que no se traspasan esos l\u00edmites. Que no se ha evitado ese peligro en la historia de la Congregaci\u00f3n apare\u00adce con claridad en este texto del padre Bonnet, superior ge\u00adneral, en una circular del 8 de mayo de 1719, sesenta a\u00f1os escasos despu\u00e9s de la muerte del fundador: \u00abAlgunos supe\u00adriores disponen de lo temporal como bien les parece, sin la participaci\u00f3n del procurador y de los dem\u00e1s oficiales de la casa. Se creen due\u00f1os de los bienes de la comunidad y pre\u00adtenden disponer de ellos desp\u00f3ticamente\u00bb. Ideas parecidas aparecen con mucha frecuencia en circulares y textos de las asambleas a lo largo de todo el siglo XVIII, por no hablar de tiempos posteriores.<\/p>\n<p>Tal vez no hubiera sucedido eso en nuestra historia si el modo de ejercer la autoridad seg\u00fan la ense\u00f1anza de san Vi\u00adcente hubiera aparecido en el texto mismo de las Reglas, convirti\u00e9ndose as\u00ed en patrimonio com\u00fan. Las Reglas no men\u00adcionan los l\u00edmites de la autoridad, excepto en aquella vaga expresi\u00f3n del <em>ubi peccatum non apparet, <\/em>y, por otro lado, insisten en t\u00e9rminos que no dejan lugar a dudas sobre la de\u00adpendencia total del s\u00fabdito. En este aspecto el texto m\u00e1s ex\u00adpresivo se encuentra en los n\u00fameros 2 y 3 del cap\u00edtulo V:<\/p>\n<p>\u00abObedeceremos todos con prontitud, de buena gana y con constancia al Superior General en todo aquello en que no hay pecado, y le someteremos nuestra ma\u00adnera de pensar y nuestra voluntad con una obediencia ciega. Y todo ello no s\u00f3lo para cumplir su voluntad formal, sino incluso su intenci\u00f3n. Hemos de pensar que lo que \u00e9l manda es siempre para bien, y debemos con\u00adfiarnos a su voluntad como la lima en manos de un artesano. Esta misma obediencia ha de prestarse a los dem\u00e1s superiores, lo mismo al superior local que al visitador, y tambi\u00e9n a los oficiales subordinados\u00bb.<\/p>\n<p>Si de la rica y evang\u00e9lica manera de pensar de san Vi\u00adcente sobre la autoridad se hubieran puesto en las Reglas Comunes unas cuantas ideas nada m\u00e1s, muy otra hubiera sido probablemente la a menudo desagradable y dolorosa historia de las relaciones entre superiores y s\u00fabditos en la comunidad vicenciana. Lo curioso es que san Vicente habla muy a menudo sobre el tema en sus dichos y en sus escri\u00adtos, y adem\u00e1s con una riqueza, realismo y claridad de ideas que sorprende. Si no habla del ejercicio de la autoridad en las Reglas Comunes no es ciertamente porque no se le ocu\u00adrriera qu\u00e9 decir sobre \u00e9l. Vamos a intentar ver en este estu\u00addio qu\u00e9 es lo que ten\u00eda que decir.<\/p>\n<p><em>Primero<\/em><\/p>\n<p>Veamos en primer lugar su pensamiento sobre los aspec\u00adtos de la autoridad que fundamentan la radicalidad de la obediencia tal como se expone en las Reglas Comunes. La autoridad del superior es autoridad de Dios mismo:<\/p>\n<p>\u00abCuando el superior dice: &#8216;yo ordeno&#8217;, <em>como tiene au\u00adtoridad de Dios <\/em>no se puede contravenir a la orden sin contravenir a Dios y a lo que El nos pide\u00bb.<\/p>\n<p>El superior es el \u00fanico que tiene propiamente autoridad en la comunidad, de manera que, dentro de los l\u00edmites de ella, s\u00f3lo es responsable ante Dios y su conciencia, pues tiene derecho a resolver las cosas \u00abentre Dios y \u00e9l\u00bb. Y aun\u00adque debe escuchar a sus consejeros \u00aben las cosas de consi\u00adderaci\u00f3n\u00bb, \u00abel superior no est\u00e1 obligado a seguir la plurali\u00addad de opiniones\u00bb, y puede obrar en contra de la opini\u00f3n de sus consejeros \u00absi delante de Dios cree que su propia opini\u00f3n es la mejor\u00bb. De manera que s\u00f3lo al superior com\u00adpete \u00abel meterse en lo que hay que hacer o no hay que hacer en la casa\u00bb, porque \u00ablos superiores tienen luces que los dem\u00e1s no tienen, y razones particulares para hacer y no hacer las cosas, razones que son desconocidas a sus s\u00fabdi\u00adtos\u00bb. En suma:<\/p>\n<p>\u00abUn superior debe reservarse siempre la libertad de celebrar, de predicar y de llevar a cabo las dem\u00e1s ac\u00adciones p\u00fablicas, y de mandar hacerlas a quien a \u00e9l le parezca oportuno, y de no encargar a nadie de ellas m\u00e1s que con esta reserva\u00bb.<\/p>\n<p>Esta autoridad es igualmente absoluta en lo que se re\u00adfiere a los bienes comunitarios, pues los superiores pueden ejercer sobre ellos actos de dominio \u00absin consultar a nadie, excepto en los asuntos importantes\u00bb, y en esos casos \u00abpide consejo no a toda la comunidad, sino a los m\u00e1s importantes de la misma\u00bb.<\/p>\n<p>Como su autoridad cubre todos los aspectos de la vida comunitaria, y no se provee por parte del resto de la comu\u00adnidad ning\u00fan control, se puede afirmar que la autoridad del superior es, dentro de los l\u00edmites mencionados, absoluta (ob\u00ads\u00e9rvese que no decimos absolutista):<\/p>\n<p>\u00abTodos los oficios de la casa residen en el superior. Pero como no los puede ejecutar todos, se le dan asis\u00adtentes para que le ayuden con su consejo, y un procu\u00adrador para los asuntos econ\u00f3micos bajo \u00e9l y a sus \u00f3rde\u00adnes, y formadores para ense\u00f1ar y dirigir bajo su au\u00adtoridad\u00bb.<\/p>\n<p>Pero \u00abno le toca a la comunidad elegir al procurador&#8230;, ni a los otros oficiales, sino que tiene que nombrarlos el superior general o el visitador\u00bb.<\/p>\n<p>Resumiendo, se trata de una visi\u00f3n de la autoridad de marcado perfil piramidal en la que a partir de Dios mismo desciende el poder hacia los estratos inferiores, sin que lle\u00adgue ni una brizna de esta autoridad a los miembros llanos de las comunidades locales. La base de la pir\u00e1mide est\u00e1 arriba, y no abajo:<\/p>\n<p>\u00abLos oficios y los poderes de los inferiores correspon\u00adden <em>(se rapportent) <\/em>al superior, as\u00ed como los de los superiores particulares corresponden al general\u00bb.<\/p>\n<p>Con una tal visi\u00f3n de la autoridad parece fundamentarse con suficiente solidez la obediencia radical que postulan las Reglas. En efecto, una orden o un proceder del superior aparecen, mientras el superior opere dentro de los l\u00edmites objetivos de su autoridad, como orden y proceder de Dios. Una tal orden y un tal proceder son inapelables, y la autori\u00addad de quien proceden es absoluta, pues absoluta es en bue\u00adna teolog\u00eda la autoridad de Dios.<\/p>\n<p>Lo fr\u00e1gil de una visi\u00f3n como \u00e9sta no es que sea falsa, sino que es incompleta. En buena teolog\u00eda hay que decir tambi\u00e9n otras muchas cosas que se refieren al ejercicio de la autoridad en una comunidad cristiana, cosas que mode\u00adran profundamente los peligros casi inevitables de autorita\u00adrismo y absolutismo de toda visi\u00f3n exclusivamente pirami\u00addal. La visi\u00f3n teol\u00f3gica es en buena medida deudora de las ideas profanas de cada \u00e9poca, y suele destacar, de entre el rico patrimonio hist\u00f3rico del pensar cristiano-evang\u00e9lico, aquellas ideas que tienden a armonizar con el pensar y la sensibilidad de su tiempo. San Vicente no fue del todo una excepci\u00f3n. No lo fue por convicci\u00f3n, pues un an\u00e1lisis sico\u00adl\u00f3gico de su manera de ser y de proceder nos lleva r\u00e1pida y s\u00f3lidamente, como veremos m\u00e1s adelante, a la conclusi\u00f3n de que, convencido profundamente de su misi\u00f3n, se mos\u00adtraba firme en planes que hab\u00eda meditado cuidadosamente y en sus decisiones, hasta el punto de exhibir m\u00e1s de una vez aspectos que, si no se entienden bien, acusan un cierto auto\u00adritarismo m\u00e1s o menos marcado. Tampoco dej\u00f3 de ser del todo, ni pod\u00eda, hijo de su siglo. Y efectivamente, lo mismo la teolog\u00eda eclesiol\u00f3gica de entonces que la sensibilidad pro\u00adfano-pol\u00edtica discurr\u00edan por cauces fuertemente autoritarios que, en el caso sobre todo de la segunda, cobraban tintes incluso absolutistas. No en vano eran los tiempos de Richelieu y Mazarino, por no nombrar a Luis XIV.<\/p>\n<p>Pero una vez dicho esto hay que a\u00f1adir inmediatamen\u00adte que Vicente de Pa\u00fal era <em>ante todo <\/em>un profundo esp\u00edritu evang\u00e9lico, y que por eso mismo tambi\u00e9n en cuestiones de autoridad tiene en cuenta el evangelio, lo predica y lo prac\u00adtica. Y dice a un superior reci\u00e9n nombrado para animarle a aceptar el cargo:<\/p>\n<p>\u00abOs ruego, en nombre de Jesucristo, <em>que sirv\u00e1is <\/em>a la comunidad en su lugar\u00bb;<\/p>\n<p>Y a otro:<\/p>\n<p>\u00abLos que dirigen las casas de la Compa\u00f1\u00eda no deben mirar a los dem\u00e1s como a inferiores, sino como a hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que hemos dicho arriba es, ciertamente, ense\u00f1anza vicenciana, pero esto tambi\u00e9n lo es, y quien sabe y practica lo primero pero olvida lo segundo es, desde una perspectiva vicenciana total, un alma incompleta. Habr\u00e1 que recordar, una vez m\u00e1s, que es mala cosa suponer que el texto de las Reglas Comunes refleja la totalidad del pensamiento de san Vicente, y que bastan ellas solas para gobernar y para obe\u00addecer vicencianamente. Ambas suposiciones son falsas. Hay otra muchas cosas que no est\u00e1n en las Reglas, y el alma vicenciana debe saberlas y practicarlas si quiere de verdad ser vicenciana. Vamos a ver ahora algunas de estas cosas. <em>Segundo<\/em><\/p>\n<p>Hay textos en la correspondencia y en las conferencias de san Vicente que si se toman <em>prima facie <\/em>van directamen\u00adte en contra de otras expresiones de las Reglas. Estas han previsto (VIII, 3) un elaborado ritual de saludos y muestras de respeto hacia los superiores. Pero escribe en 1656, fecha en que ya estaba redactado el texto de las Reglas: \u00abEn cier\u00adtos lugares y en ciertas ocasiones est\u00e1 permitido a cada uno guardar su rango de sacerdocio, de ancianidad, de ciencia, de cargos, etc., pero <em>entre nosotros eso no se observa. <\/em>Cada uno pasa y se coloca indiferentemente tal como se encuentra, lo mismo a la mesa que en otros lugares\u00bb. Y en otra carta del mismo a\u00f1o, a un superior reci\u00e9n nombrado: \u00abViva con sus cohermanos cordial y sencillamente, de modo que cuan\u00addo se les vea juntos no se pueda saber qui\u00e9n es el supe\u00adrior\u00bb. Y en otra carta: \u00abNo tenga usted la pasi\u00f3n de pa\u00adrecer el superior ni el due\u00f1o. No soy de la opini\u00f3n de una persona que me dec\u00eda hace unos d\u00edas que para gobernar bien y mantener su autoridad hace falta hacer ver que uno es el superior. Oh, Dios m\u00edo. Nuestro Se\u00f1or Jesucristo no ha hablado as\u00ed; nos ha ense\u00f1ado todo lo contrario con la pala\u00adbra y con el ejemplo, y nos dice que \u00e9l mismo no ha ve nido para ser servido, sino para servir a los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo que legisla para los misioneros un ritual de muestras de respeto hacia la autoridad, rechaza para s\u00ed mis\u00admo, la primera autoridad en la Compa\u00f1\u00eda, tales muestras de respeto, \u00abpues soy el peor y el m\u00e1s peque\u00f1o de todos los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que leer, pues, otras cosas adem\u00e1s de las Reglas si se quiere ser del todo vicenciano, pues hay otras fuentes vicencianas adem\u00e1s de las Reglas, y en ellas se encontrar\u00e1n muchas ideas para completar y entender mejor incluso el contenido de \u00e9stas. En las Reglas Comunes, por ejemplo, aparece el poder del superior sobre los bienes comunes como un poder altamente discrecional, no moderado por ning\u00fan tipo de consideraci\u00f3n ni de control. Pero esto es as\u00ed porque en ellas no se habla de las obligaciones del superior, sino s\u00f3lo de las del s\u00fabdito. Ahora bien, con s\u00f3lo las Reglas en la mano un superior puede caer f\u00e1cilmente en la tentaci\u00f3n de la arbitrariedad y del absolutismo, como ha sucedido con frecuencia en la historia de la Congregaci\u00f3n, seg\u00fan vimos arriba en el testimonio del padre Bonnet, por no hablar de experiencias posteriores. Pero no proced\u00eda ni pensaba as\u00ed san Vicente. El mismo no se consideraba due\u00f1o discrecional de los bienes comunitarios, sino puro administrador que ten\u00eda que dar a su comunidad una estrecha cuenta de su administraci\u00f3n. En una ocasi\u00f3n fue a visitarle un sobrino pobre en busca de ayuda econ\u00f3mica, y Vicente se vio tenta\u00addo a ayudarle de los fondos comunitarios. Cosa que no hizo finalmente porque \u00abyo no lo pod\u00eda hacer en conciencia <em>sin el consentimiento de la compa\u00f1\u00eda\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>El superior no puede guardar ning\u00fan dinero, sino que debe ponerlo todo \u00aben las manos del procurador, quien no debe ignorar que toca al superior disponer de lo que hay en la procura&#8230; Todos saben que usted no es superior para abu\u00adsar del dinero&#8230;\u00bb. En materia econ\u00f3mica la comunidad debe intervenir \u00aben las cosas importantes\u00bb, aunque m\u00e1s adelante especifica que no se trata \u00abde toda la comunidad, sino de los principales de la misma, que firman (en los actos de adquisici\u00f3n y de enajenaci\u00f3n) junto con \u00e9l\u00bb. En suma, la actuaci\u00f3n del superior en materia econ\u00f3mica aparece en la ense\u00f1anza y en la pr\u00e1ctica de san Vicente mucho m\u00e1s moderada por la comunidad de lo que pudiera parecer por la lectura de las solas Reglas Comunes.<\/p>\n<p>Valga la misma consideraci\u00f3n para los otros aspectos de la vida comunitaria que en las Reglas aparecen como competencia exclusiva del superior. En ninguna parte de su texto se da a los s\u00fabditos otra participaci\u00f3n que no sea la de un derecho t\u00edmido a sugerir ideas sobre el orden dom\u00e9stico (V, 5). Pero una lectura de otros escritos de san Vicente nos da una visi\u00f3n mucho m\u00e1s matizada. Citamos a continuaci\u00f3n una carta al superior de la casa de Sed\u00e1n, que nos parece resume perfectamente el pensar y la pr\u00e1ctica del fundador:<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1 tan lejos de la verdad que sea malo pedir conse\u00adjo que, al contrario, hay que hacerlo cuando se trata de un asunto de consideraci\u00f3n, o cuando no podemos decidirnos por nuestra cuenta. Para los asuntos tempo\u00adrales se pide consejo a alg\u00fan abogado o a personas expertas en la materia. En cuanto a nuestra vida inter\u00adna, se consulta a los consejeros y a otras personas de la compa\u00f1\u00eda cuando parece necesario. Yo pregunto muchas veces incluso a los hermanos coadjutores, y si\u00adgo sus consejos en las cosas que se refieren a sus ofi\u00adcios. Cuando se hace eso con las debidas precauciones, la autoridad de Dios, que reside en los superiores y en los que les representan, no sufre ning\u00fan menoscabo. Al contrario, el buen orden que se sigue de ello hace a esa autoridad m\u00e1s digna de amor y de respeto\u00bb.<\/p>\n<p><em>Tercero<\/em><\/p>\n<p>La autoridad, precisamente porque es una fuerza que viene de Dios, es cosa peligrosa en las manos de los hom\u00adbres, que son siempre fr\u00e1giles y pecaminosos. San Vicen\u00adte lo sabe muy bien, pues conoce a fondo al hombre y no se hace sobre \u00e9l muchas ilusiones. Y por eso piensa que la \u00fanica manera digna de recibir la autoridad es una profunda humildad y un sentimiento de inseguridad acerca de s\u00ed mismo:<\/p>\n<p>\u00abOtra cosa que le recomiendo es la humildad de Nues\u00adtro Se\u00f1or. Diga a menudo: &#8216;Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 he hecho para tener tal cargo? \u00bfQu\u00e9 obras he hecho que hayan me\u00adrecido esta carga que se pone sobre mis hombros? Ah, Dios m\u00edo, lo voy a estropear todo si no diriges t\u00fa mismo todas mis palabras y mis obras-. Miremos siempre en nosotros lo que hay de humano y de imperfecto, y en\u00adcontraremos demasiadas cosas de que humillarnos, y no s\u00f3lo delante de Dios sino delante de los hombres, y en la presencia de los que son nuestros inferiores\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso la actitud justa del misionero es no desear jam\u00e1s tener autoridad. Los que la desean \u00abtienen el diablo en el cuerpo\u00bb, tienen \u00abun esp\u00edritu maldito y diab\u00f3lico\u00bb, \u00abes\u00adt\u00e1n en un estado deplorable y digno de compasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTengo la experiencia de que los que tienden a los cargos no han hecho jam\u00e1s nada que valga la pena. Tengo tambi\u00e9n la experiencia de que el que ha tenido un cargo y conserva este esp\u00edritu y deseo de gobernar no ha sido jam\u00e1s ni buen s\u00fabdito ni buen superior\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, no se hace Vicente de Pa\u00fal muchas ilu\u00adsiones sobre la capacidad humana de manejar la autoridad sin hacer da\u00f1o a la comunidad. Y en momentos de particu\u00adlar acritud en su cr\u00edtica atribuye gran parte de los males comunitarios a la ineptitud o a la malicia de los que tienen cargos:<\/p>\n<p>\u00abRecuerde que todos los des\u00f3rdenes vienen principal\u00admente del superior, que por su negligencia o por su mal ejemplo introduce el desorden\u00bb.<\/p>\n<p>La fuerza de la autoridad viene de Dios, pero no del fr\u00e1gil depositario de la autoridad, porque \u00e9ste no es ni infa\u00adlible ni impecable:<\/p>\n<p>\u00abSi los superiores fueran impecables e infalibles en sus maneras de ser, eso (darles consejeros) no ser\u00eda ne\u00adcesario. Pero como est\u00e1n sometidos a pecar <em>(sujets \u00e0 p\u00e9cher) <\/em>y a cometer faltas, no es justo que no tengan un admonitor y personas a las que pedir consejo. In\u00adcluso el general tiene su admonitor, su confesor y sus consejeros que le ha dado la compa\u00f1\u00eda; no los ha es\u00adcogido \u00e9l mismo\u00bb.<\/p>\n<p>En otras palabras: precisamente porque viene de Dios, la autoridad, esa fuerza terrible en d\u00e9biles y pecadoras manos humanas, debe ser asesorada, ayudada, limitada y moderada por quienes no la tienen. La idea de san Pablo <em>(non est potestas nisi a Deo) <\/em>no justifica por tanto un ejercicio desp\u00f3ti\u00adco de la autoridad. El poder de Dios es absoluto e inapela\u00adble. Pasa como poder, pero no pasa como poder <em>absoluto, <\/em>a manos humanas. No al menos en el contexto evang\u00e9lico de la comunidad vicenciana.<\/p>\n<p>Todo lo que nos acaba de decir Vicente de Pa\u00fal es exce\u00adlente teolog\u00eda. Pero no vienen de su teolog\u00eda sino de su ex\u00adperiencia de los hombres algunas cr\u00edticas de tono casi feroz que dirige contra ciertas personas con autoridad. El duro realismo de sus frases hace pensar que est\u00e1 pensando sin lugar a dudas en personas muy reales que \u00e9l ha conocido en su larga vida de trato con los hombres. Cuando pronun\u00adci\u00f3 en una conferencia las palabras que siguen contaba ya 63 a\u00f1os:<\/p>\n<p>\u00abHe experimentado hace ya mucho tiempo, y veo que en la mayor parte sucede esto, que este estado de su\u00adperioridad y de gobierno es tan maligno que deja por s\u00ed mismo y por su naturaleza una malignidad, una man\u00adcha villana y maldita. S\u00ed, hermanos m\u00edos, una malignidad que infecta el alma y todas las facultades del hom\u00adbre, de manera que, una vez fuera del cargo, tiene toda la dificultad del mundo para someter su juicio, y en todo encuentra algo que replicar. \u00a1Qu\u00e9 agitaci\u00f3n siente cuando tiene que obedecer! Sus palabras, sus gestos, su andar y su porte guardan un no s\u00e9 qu\u00e9 que revela su suficiencia, a no ser que sea uno de esos hombres con\u00adsumidos por Dios. Pero creedme, hermanos, de \u00e9stos hay muy pocos\u00bb.<\/p>\n<p><em>Cuarto<\/em><\/p>\n<p>De las cartas y dichos de san Vicente se podr\u00edan extraer con facilidad ideas abundantes para dise\u00f1ar lo que pudi\u00e9ra\u00admos llamar un \u00abmodelo\u00bb de superior. El modelo vicenciano de superior es, en parte, como todas las cosas en \u00e9l, produc\u00adto de su experiencia, y, en parte, producto de su fe. O m\u00e1s bien, de las dos a la vez, con lo que una vez m\u00e1s encontra\u00admos las dos claves que han hecho de Vicente de Pa\u00fal una figura totalmente excepcional en la historia de la Iglesia y de la sociedad: su conocimiento de los hombres y su fe en Je\u00adsucristo. El mismo fue un hombre con autoridad sobre mucha gente durante los 34 \u00faltimos a\u00f1os de su vida. Por eso, cuando habla de la autoridad sabe bien de qu\u00e9 habla.<\/p>\n<p>La santidad no es de por s\u00ed una cualidad que garantiza la capacidad de gobernar bien, porque \u00abhay personas que son santas y viven santamente, y sin embargo no siempre tienen el don de dirigir\u00bb, porque \u00e9ste reside \u00aben el juicio, es decir, requiere un buen juicio para dirigir y ordenar las cosas\u00bb. Tampoco \u00abla ciencia es absolutamente necesaria pa\u00adra gobernar bien. Pero cuando la ciencia, el esp\u00edritu de di\u00adrecci\u00f3n y el buen juicio se encuentran juntos en una perso\u00adna, oh Dios, qu\u00e9 tesoro\u00bb. \u00abNo hay que tener siempre en consideraci\u00f3n la ancianidad para gobernar, porque se ven muchos j\u00f3venes que tienen m\u00e1s esp\u00edritu de gobierno que mu\u00adchos viejos y ancianos\u00bb.<\/p>\n<p>El <em>buen juicio: <\/em>he ah\u00ed la cualidad humana que Vicente ve como decisiva para el depositario de la autoridad. En su comparaci\u00f3n, otras cualidades apreciables, como la santidad, la ciencia o la edad, pueden ser consideradas muy \u00fatiles, pero son accesorias en orden al arte dif\u00edcil de gobernar hombres.<\/p>\n<p>San Vicente quiere que los superiores sean <em>l\u00edderes fuer\u00adtes, <\/em>pues sabe muy bien, y lo dice a menudo, que la debilidad del superior produce estragos de desconcierto y desorden entre los s\u00fabditos. El mismo fue un l\u00edder fuerte toda su vida. Pero su fortaleza brotaba no de un cierto esp\u00edritu de domi\u00adnio que con frecuencia se le atribuye, no de las ganas de mandar o de un temperamento dominador, sino de una con\u00advicci\u00f3n fuerte. Dios le ha dado una misi\u00f3n por la que est\u00e1 obsesionado hasta el fondo de su ser, y le ha dado una auto\u00adridad para llevarla a cabo. Y piensa que la misi\u00f3n hay que llevarla a cabo a toda costa. De ah\u00ed su fortaleza y su firmeza. No es en modo alguno un esp\u00edritu autoritario, menos a\u00fan absolutista, sino un creyente convencido con fuerza de que Dios le llama a ejecutar la dura tarea de evangelizar a los pobres. Para esto le ha dado Dios un n\u00famero de hombres y mujeres que tienen la misma vocaci\u00f3n, pero que no tienen a veces una convicci\u00f3n tan fuerte como la suya. Hay que ense\u00f1arles y hay que dirigirles, y \u00e9l lo hace con firmeza. Y quiere que los que participan de esa misma autoridad sean a su vez hombres convencidos y firmes. He aqu\u00ed algunos textos suficientemente expresivos que damos sin comentarios:<\/p>\n<p>\u00abNo debe usted tolerar que alguno haga s\u00f3lo a medias las cosas que tiene que hacer, y a\u00fan menos debe usted cargarse con ellas para suplir su negligencia, pues eso le agotar\u00eda. Su obligaci\u00f3n principal es la direcci\u00f3n general de la comunidad y de sus trabajos. Debe usted velar sobre todos y hacer que todo se haga con orden\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLos que gobiernan deben&#8230; enderezar a los que se tuercen, sin cansarse de llamarles la atenci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQu\u00e9 cuentas tendr\u00e1 que dar a Dios un superior que no tenga bastante coraje para mantenerse firme en que se observe la regla, y as\u00ed sea causa de que la com\u00adpa\u00f1\u00eda se relaje en la pr\u00e1ctica de la virtud\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLas faltas que se cometen en la comunidad se le impu\u00adtar\u00e1n al superior si se siguen cometiendo por no ponerles remedio. Y Dios le pedir\u00e1 cuenta de ello\u00bb.<\/p>\n<p>Como en todas las cosas, Vicente apela tambi\u00e9n en este aspecto al ejemplo de Jesucristo, \u00abque no trataba siempre<\/p>\n<p>\u00abLa conducta del se\u00f1or Vicente ha sido&#8230; 4.\u00b0 <em>firme <\/em>en el cum\u00adplimiento de la voluntad de Dios y en lo que se refiere al progreso es\u00adpiritual de los suyos y el buen orden de las comunidades, sin echarse atr\u00e1s por las contradicciones ni dejarse abatir por las dificultades\u00bb. Abelly con dulzura a sus disc\u00edpulos. Les dec\u00eda a veces palabras duras, hasta llamar a san Pedro \u00abSatan\u00e1s\u00bb&#8230; Tambi\u00e9n cogi\u00f3 una o dos veces varas contra los profanadores del templo, para ense\u00f1ar a los que tienen autoridad sobre otros que no siempre es bueno consentirles demasiado\u00bb.<\/p>\n<p>En el mismo esp\u00edritu, y como resumen de su pensar en este aspecto, recoge Abelly una expresi\u00f3n muy gr\u00e1fica de san Vicente que, citando a un autor antiguo, sol\u00eda decir que \u00abm\u00e1s val\u00eda que cincuenta ciervos fueran conducidos por un le\u00f3n, que no cincuenta leones por un ciervo\u00bb.<\/p>\n<p>L\u00edderes fuertes s\u00ed, pero tambi\u00e9n <em>fraternales, <\/em>pues, como ya vimos, el superior no debe mirar a nadie como a inferior sino como a hermanos. Y debe aprender de Nuestro Se\u00f1or, quien \u00abdec\u00eda a sus disc\u00edpulos: \u00abYa no os llamo siervos, sino amigos\u00bb. Tiene, pues, que tratarlos con humildad, dulzura, paciencia, cordialidad y amor\u00bb.<\/p>\n<p>Tiene por eso que ser, sin dejar de ser firme, compasivo y comprensivo con las debilidades de sus hermanos:<\/p>\n<p>\u00abSi los de su comunidad se cansan de trabajar o son reacios a obedecer, tiene usted que aguantarles. Con\u00adsiga de ellos lo que pueda. En verdad es buena cosa mantenerse firme para llegar al fin; pero s\u00edrvase de medios convenientes, atrayentes y suaves\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s deber\u00e1 tratar de comprender a los esp\u00edritus fuer\u00adtes y dif\u00edciles, no intentando avasallarlos, sino atray\u00e9ndolos suavemente a su obligaci\u00f3n. La cita que sigue podr\u00eda ser por su riqueza la mejor definici\u00f3n del esp\u00edritu de gobierno que anim\u00f3 al mismo san Vicente:<\/p>\n<p>\u00abMe pregunta de qu\u00e9 modo debe comportarse con los esp\u00edritus vivos, con los desconfiados y con los cr\u00edticos. Le respondo que la prudencia debe ser quien regule esas cosas. En ciertos casos es bueno entrar en sus sentimientos, para hacerse todo a todos, como dice el ap\u00f3stol. En otros, es bueno impugnarles con dulzura y moderaci\u00f3n. En otros, mantenerse firme contra su manera de obrar. Pero es necesario que se obre siempre <em>pensando en Dios <\/em>y seg\u00fan crea usted que es m\u00e1s con\u00adveniente <em>para su gloria <\/em>y <em>la edificaci\u00f3n de la comu\u00adnidad\u00bb<\/em><sup>.<\/sup><\/p>\n<p>El superior debe pensar en la gloria de Dios, el superior debe pensar en la comunidad, sus hermanos. En ning\u00fan si\u00adtio se le dice que debe pensar en s\u00ed mismo. En efecto, la au\u00adtoridad no es de \u00e9l ni para \u00e9l. Se le da en nombre de Jesu\u00adcristo y para llevar a cabo la obra de Jesucristo. No tiene otro modelo de autoridad que el mismo Jesucristo, su firme\u00adza y su esp\u00edritu de fraternidad. Se da a continuaci\u00f3n una cita larga que resume, mejor que todo lo que pudi\u00e9ramos decir por nuestra parte, el verdadero pensar y obrar de este l\u00edder de hombres en el dif\u00edcil arte de dirigirlos:<\/p>\n<p>\u00abHace usted muy bien en no servirse de artificios para mantener la obediencia en la comunidad. Como la obe\u00addiencia se debe practicar por virtud, usted debe pedir\u00adla por el mismo principio. Es decir, ordenar las cosas que hay que hacer, y prohibir las que hay que evitar, con sencillez, derechura y fuerza de esp\u00edritu, pero de una manera dulce y agradable que brota de un cora\u00adz\u00f3n verdaderamente humilde, o que tiende a la humil\u00addad. Hay que ser firme en el fin y suave en los medios, usando m\u00e1s bien de ruegos que de ning\u00fan otro medio que revele esp\u00edritu de autoridad o de mando. El que se reciban mal los avisos no le debe hacer disimular las faltas importantes. El amor que debe usted tener por la observancia com\u00fan y por el progreso de cada uno le debe obligar a poner remedio a los abusos por medio de la correcci\u00f3n p\u00fablica o secreta. Pero h\u00e1galo con prudencia y caridad. Sin embargo, no debe usted esperar que viviendo entre hombres, aunque sean san\u00adtos, no los vea caer en fallos, porque la condici\u00f3n mi\u00adserable de esta vida hace a todos inclinados a ellos. Entonces, \u00bfqu\u00e9 hacer? Ciertamente la paciencia y el aguante son los remedios m\u00e1s eficaces que Nuestro Se\u00ad\u00f1or y la experiencia nos han ense\u00f1ado para llevar a los dem\u00e1s a la virtud\u00bb.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or y la experiencia, otra vez, los dos maes\u00adtros de este gran hombre. \u00bfDe d\u00f3nde ha venido la idea de que san Vicente de Pa\u00fal ten\u00eda una manera muy autoritaria de ver la autoridad? Tal vez d\u00e9 pie a ello el texto de las Reglas Comunes, pero no es as\u00ed en el conjunto de su ense\u00ad\u00f1anza. Escribe al padre Portail a los cincuenta a\u00f1os (vivi\u00f3 a\u00fan otros treinta):<\/p>\n<p>\u00abPorque es usted mayor de edad, el segundo de la compa\u00f1\u00eda y el superior, aguante todo; repito: todo, del buen padre Lucas; le digo una vez m\u00e1s: todo, de modo que <em>despoj\u00e1ndose de su autoridad <\/em>acom\u00f3dese a \u00e9l en la caridad. Por ese mismo medio Nuestro Se\u00f1or se ha ganado y dirigido a los ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Evang\u00e9lico en todo, Vicente lo es tambi\u00e9n a la hora de mandar. Jesucristo es su maestro <em>tambi\u00e9n en esto, <\/em>y es tambi\u00e9n en su ense\u00f1anza el modelo del verdadero superior:<\/p>\n<p>\u00abComo Nuestro Se\u00f1or debe ser nuestro modelo en cualquier condici\u00f3n en que nos encontremos, los que gobiernan deben aprender c\u00f3mo ha gobernado \u00e9l. El gobernaba por amor. Si a veces promet\u00eda recompen\u00adsas, otras propon\u00eda castigos. Hay que obrar igual, pero <em>siempre por este principio del amor\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p><em>Conclusi\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed ha hablado san Vicente. A partir de aqu\u00ed habla por su cuenta y riesgo el autor de este estudio. No hay que echarle a san Vicente, naturalmente, la culpa de lo que se dice de aqu\u00ed en adelante.<\/p>\n<p>San Vicente es un gran esp\u00edritu evang\u00e9lico, ya se ha dicho repetidas veces, y es tambi\u00e9n, y sin remedio, un hijo de su tiempo. El trabajo de adaptaci\u00f3n en que estamos, por orden de la Iglesia y por exigencias de los tiempos que co\u00adrren, nos obliga a distinguir con cuidado lo que en la pr\u00e1c\u00adtica y la ense\u00f1anza de san Vicente se debe a su vivencia evang\u00e9lica de lo que se debe al esp\u00edritu del tiempo en que vivi\u00f3. Tambi\u00e9n en el mandar y en el obedecer hay que guar\u00addar con cuidado lo que hay de imperecederamente evang\u00e9\u00adlico en el ethos vicenciano, sin tener miedo a descartar lo que son adherencias del tiempo que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>Toda leg\u00edtima autoridad viene de Dios. Al decir esto, Vicente de Pa\u00fal no hace m\u00e1s que recoger fielmente la idea revelada de san Pablo. Si s\u00f3lo se piensa en ese principio, y las estructuras y la ideolog\u00eda pol\u00edtica y religiosa del tiempo ayudan un poco, incluso un hombre de Dios como era \u00e9l tender\u00e1 a crear estructuras de mando de car\u00e1cter fuerte\u00admente vertical y autoritario. Y as\u00ed, como ya se observ\u00f3, en la comunidad original vicenciana s\u00f3lo el superior goza pro\u00adpiamente de poder de decisi\u00f3n. A los dem\u00e1s, y no a todos, sino a los selectos, se les oye \u00aben las cosas de importancia\u00bb, pero no hay por qu\u00e9 hacerles caso si contradicen lo que el superior mismo piensa ser una opini\u00f3n sensata, cosa que le suceder\u00e1 con cierta frecuencia, pues para eso es su opini\u00f3n. Las cosas las tiene que resolver en definitiva \u00abentre Dios y \u00e9l\u00bb. Usando un t\u00e9rmino pol\u00edtico que \u00e9l mismo emplea muchas veces en relaci\u00f3n a las autoridades civiles de su tiempo, podr\u00edamos decir que el poder del superior es, en la estructura de la comunidad vicenciana primitiva, absoluto.<\/p>\n<p>Ahora bien, Vicente de Pa\u00fal conoce su evangelio, y no espera que el poder absoluto del superior se ejercite de una manera absolutista. Sus s\u00fabditos son, parad\u00f3jicamente, sus hermanos y sus iguales. No son turcos, como dice en alguna ocasi\u00f3n, sino hijos libres de Dios que libremente se han so\u00admetido a la autoridad comunitaria. Por eso, el ejercicio de la autoridad en la comunidad debe ser fraternal y al estilo de Jesucristo, que vino a servir, y a quien s\u00f3lo mov\u00eda el amor a sus hermanos, y no sus propios intereses.<\/p>\n<p>La tarea para hoy en relaci\u00f3n a este tema parecer\u00eda f\u00e1\u00adcil de definir, aunque no ser\u00e1 tan f\u00e1cil llevarla a la pr\u00e1ctica. Se trata de que predomine el esp\u00edritu evang\u00e9lico en <em>todos <\/em>los aspectos comunitarios, <em>tambi\u00e9n en las estructuras de la auto\u00adridad. <\/em>Si el esp\u00edritu de Cristo en relaci\u00f3n a la autoridad se puede definir como un esp\u00edritu de solicitud fraternal y de responsabilidad por la obra del Padre, se tratar\u00eda de hacer que tambi\u00e9n las estructuras de gobierno en la comunidad vicenciana fueran fraternales y responsables.<\/p>\n<p>Fraternidad quiere decir participaci\u00f3n activa, toda la igualdad que sea posible, claridad e informaci\u00f3n en el fun\u00adcionamiento de los esquemas de gobierno. Usando t\u00e9rminos pol\u00edticos y muy de hoy, aunque malamente desfigurados y desacreditados por el uso que hacen de ellos gentes de dere\u00adchas y de izquierdas, fraternidad quiere decir autogesti\u00f3n y democracia.<\/p>\n<p>La responsabilidad (el tener que responder ante Dios) tiene tambi\u00e9n sus exigencias. Estas brotan de la idea de que los misioneros no se han reunido en comunidad ante todo para llevar una jugosa vida fraternal y para pasarlo fra\u00adternalmente a gusto, sino para asegurar comunitariamente una misi\u00f3n: la verdadera y exigente evangelizaci\u00f3n de los pobres. Para responder comunitariamente de esto existe la autoridad en la comunidad vicenciana.<\/p>\n<p>Jaime Corera CEME<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se encuentra en el texto de las Reglas Comunes idea alguna sobre la naturaleza y el uso de la autoridad en la comunidad. 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