{"id":400961,"date":"2017-07-13T08:38:14","date_gmt":"2017-07-13T06:38:14","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400961"},"modified":"2017-07-01T20:40:40","modified_gmt":"2017-07-01T18:40:40","slug":"bien-del-publico","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/bien-del-publico\/","title":{"rendered":"El bien del p\u00fablico"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400117\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/giro-la-vida-san-vicente-cazabeneficios-servidor-los-pobres\/san-vicente\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?fit=424%2C638\" data-orig-size=\"424,638\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"san-vicente\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?fit=199%2C300\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?fit=424%2C638\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400117 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?resize=199%2C300\" alt=\"\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?resize=199%2C300 199w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?resize=66%2C100 66w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?resize=100%2C150 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/San-Vicente-.jpg?w=424 424w\" sizes=\"auto, (max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/>El problema<\/em><\/p>\n<p>La verdadera caridad cristiana debe ser hoy, se dice, social. Debe ir a las causas de los males, a sus fuentes, y debe por tanto operar al nivel de los mecanismos econ\u00f3mi\u00adcos, pol\u00edticos y culturales que configuran la sociedad moder\u00adna. La caridad privada, la tradicional, la que se cuida de aliviar el mal individual, es un intento de poner remiendos r\u00e1pidos a un vestido viejo que ser\u00eda mejor arrumbar defini\u00adtivamente y cambiar por otro nuevo. Esta caridad privada, que se enternece de compasi\u00f3n ante los efectos de la in\u00adjusticia social, puede en realidad enmascarar una situaci\u00f3n de explotaci\u00f3n que produce los mismos males que la cari\u00addad privada intenta remediar sin conseguirlo nunca. Las limosnas y la compasi\u00f3n caritativa de la se\u00f1ora marquesa ponen parches de compasi\u00f3n y de ternura sobre las heridas sangrantes producidas por la rapacidad del se\u00f1or marqu\u00e9s. Lo que proceder\u00eda ser\u00eda eliminar al se\u00f1or marqu\u00e9s como agente social de injusticia y dejarse de parches y de mar\u00adquesas. Eso ser\u00eda hoy, se dice, la verdadera caridad. La otra, t\u00edpica del pasado, pertenece a un estadio ya superado de la conciencia cristiana. Empe\u00f1arse en mantenerla es seguir ha\u00adciendo el juego a la burgues\u00eda, que alimenta con migajas al pobre L\u00e1zaro, de cuyo sudor extrae previamente espl\u00e9n\u00addidos banquetes.<\/p>\n<p>Todo esto suena a verdad, y probablemente lo es. Pero no del todo. No es seguro que se haya pasado ya el tiempo de lo que llamamos caridad privada. Tampoco lo es que la caridad cristiana se haya entretenido hasta ayer mismo en remediar los efectos de la injusticia social sin tener en cuen\u00adta las causas. Incluso un hombre tan poco sutil como Abelly advierte, hablando de san Vicente de Pa\u00fal, que \u00abpara remediar eficazmente alg\u00fan mal no es suficiente impedir los efectos; es necesario hacer cesar las causas si se puede\u00bb. Esto se escrib\u00eda, n\u00f3tese bien, no ayer, sino en 1664. Y luego Abelly pasa a relatar c\u00f3mo su hombre se dedic\u00f3 a hacer cesar las causas de los males que asolaban al pobre pueblo franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Tampoco es muy seguro que ninguna sociedad sea ca\u00adpaz de crear un sistema de justicia definitiva que prevea e impida todo mal estructural. Y aunque lo fuera, por entre las finas mallas de las redes legislativas se escapar\u00edan los mil casos de sufrimiento humano que ninguna ley puede prever y que s\u00f3lo una caridad privada sensible puede intentar aliviar.<\/p>\n<p>En suma: providencia p\u00fablica, s\u00ed; pero tambi\u00e9n caridad privada. Es m\u00e1s: la misma providencia p\u00fablica (la crecien\u00adte socializaci\u00f3n de la beneficencia) corre el peligro, si no la anima un coraz\u00f3n de conciencia caritativa, de ser v\u00edctima o bien de la burocratizaci\u00f3n, o bien del oportunismo pol\u00ed\u00adtico, o bien del dogmatismo socioideol\u00f3gico. La v\u00edctima en cualquiera de los tres casos: el hombre necesitado.<\/p>\n<p><em>La tesis<\/em><\/p>\n<p>La tesis que sigue es de M\u00e9nabr\u00e9a. Dice as\u00ed: \u00abDebemos a san Vicente de Pa\u00fal la revoluci\u00f3n que, desde hace tres\u00adcientos a\u00f1os, ha transformado la vida social, el esp\u00edritu de nuestras leyes, por las que hemos luchado, y que&#8230; son nuestra esperanza suprema. El pasado no ten\u00eda idea alguna de las instituciones que los estados, ante la presi\u00f3n de la opini\u00f3n, se han dado a s\u00ed mismos desde entonces: ayuda a los pobres, seguros de enfermedad, obligaci\u00f3n legal de socorrer a los desgraciados, de acudir en ayuda de las v\u00edc\u00adtimas de la guerra, de las calamidades&#8230;, organizaci\u00f3n p\u00fa\u00adblica de la ense\u00f1anza, aprendizaje de oficios\u00bb.<\/p>\n<p>Esto que dice M\u00e9nabr\u00e9a es ciertamente halagador para cualquiera que se considere disc\u00edpulo o seguidor de san Vi\u00adcente. Halagador y exigente: el seguidor, la seguidora, de Vicente de Pa\u00fal no puede contentarse con la acci\u00f3n carita\u00adtiva de tipo privado. Si por algo se distingue san Vicente de Pa\u00fal en la historia dram\u00e1tica de la caridad cristiana es por haber dotado a esta caridad de una fuerte conciencia social. Quien, urgido por el amor a Cristo, se vuelve hacia su hermano necesitado, no puede hoy permanecer ignoran\u00adte de las causas que en la estructura misma de la sociedad generan la necesidad de su hermano. Pero tampoco puede volverse a las necesidades sociales con la mirada del pol\u00edti\u00adco o del reformador social, que s\u00f3lo se interesa por el bien\u00adestar de los conjuntos sociales y olvida al hombre. Para el cristiano (para el vicenciano) el \u00faltimo anciano olvidado, el paral\u00edtico \u00abin\u00fatil\u00bb, el ni\u00f1o no querido que va a nacer, son tambi\u00e9n, uno por uno, hijos de Dios.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de M\u00e9nabr\u00e9a supone, en primer lugar, que Vicente de Pa\u00fal es el responsable de que en la historia europea (y a\u00fan mundial) los poderes p\u00fablicos hayan com\u00adprendido por primera vez que la beneficencia es competen\u00adcia y obligaci\u00f3n de la autoridad p\u00fablica. No hace falta ser una mente sistem\u00e1ticamente marxista para comprender que los poderes p\u00fablicos nunca hubieran echado sobre sus hom\u00adbros esa carga si no hubieran sido movidos a ello no por algo que se parezca ni de lejos a lo que llamamos caridad cristiana, sino por las crudas necesidades del sistema econ\u00f3\u00admico capitalista, que precisamente en tiempos de san Vicen\u00adte iniciaba sus primeros vuelos. El mismo M\u00e9nabr\u00e9a habla de la \u00abpresi\u00f3n de la opini\u00f3n\u00bb. Ahora bien, la opini\u00f3n de verdad decisiva en la marcha de los poderes p\u00fablicos hasta hace bien poco ha sido la opini\u00f3n de la clase social domi\u00adnante que maneja esos poderes para su beneficio. Por poner un ejemplo en un terreno en que la intervenci\u00f3n de los gobiernos parece hoy a la conciencia moderna obvia e ine\u00advitable, el de la ense\u00f1anza: a las clases dominantes no les mueve ni les ha movido nunca a sacar a las masas del anal\u00adfabetismo universal la compasi\u00f3n por el analfabeto, como pod\u00eda mover a un Juan Bautista de la Salle o a un Jos\u00e9 de Calasanz, sino las necesidades del sistema econ\u00f3mico. La contabilidad, el manejo de muchos tipos de m\u00e1quinas, exigen un grado determinado de educaci\u00f3n escolar que hay que asegurar a toda costa para asegurar a su vez el funcio\u00adnamiento del sistema econ\u00f3mico. Si al poder p\u00fablico le in\u00adteresa de verdad la verdadera cultura para las masas, \u00bfpor qu\u00e9 en todos los pa\u00edses s\u00f3lo tienen acceso a los centros de ense\u00f1anza superior mayoritariamente los hijos de las clases dominantes?<\/p>\n<p>Se supone de ordinario, y a\u00fan parece suponerlo M\u00e9nabr\u00e9a, que en la historia de Europa el ejercicio de la caridad ha sido tradicionalmente asunto privado, fruto en cada caso de la caridad cristiana del bienhechor. Entre las institucio\u00adnes, s\u00f3lo la Iglesia gozaba de una especie de monopolio en el ejercicio sistem\u00e1tico de la beneficencia.<\/p>\n<p>D<em>e Constantino a Vicente de Pa\u00fal<\/em><\/p>\n<p>No se puede afirmar llanamente, sin embargo, que hasta los tiempos de Vicente de Pa\u00fal y hasta el cambio de con\u00adciencia que supuso su actuaci\u00f3n, el ejercicio de la benefi\u00adcencia fuera terreno exclusivo de la caridad privada, o mo\u00adnopolio a escala social de la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica. La Igle\u00adsia fue sin duda la agencia social que por una especie de delegaci\u00f3n de la sociedad medieval se ocupaba del ejercicio organizado de la beneficencia. Para ello contaba con sufi\u00adcientes medios materiales y con el prestigio de su status en el conjunto de la sociedad. Incluso contaba, desde tiempos muy tempranos, con un reconocimiento oficial de las auto\u00adridades civiles para el ejercicio de la beneficencia a escala social. El proceso de reconocimiento empez\u00f3 muy pronto, con el mismo Constantino. Y un siglo escaso despu\u00e9s del edicto de Mil\u00e1n la religi\u00f3n cristiana se convierte por decreto imperial en la religi\u00f3n de estado del Imperio, lo que excluye a la vez el reconocimiento oficial de cualquier otro tipo de religi\u00f3n. El C\u00f3digo de Justiniano establece este punto en su ley inicial. A partir del mismo Constantino la Iglesia comienza a ser beneficiaria de una serie de concesiones eco\u00adn\u00f3micas y jur\u00eddicas que pronto la convierten en el poder social m\u00e1s fuerte hasta la \u00e9poca de las monarqu\u00edas absolutas e incluso, en gran parte de la Europa occidental, hasta el tiempo de las revoluciones burguesas. No son s\u00f3lo conce\u00adsiones directas de dinero, de tierras o de templos paganos, o el derecho a la percepci\u00f3n de rentas sobre los impuestos de las ciudades. Importantes concesiones jur\u00eddicas convier\u00adten poco a poco a los obispos en figuras cuasi-p\u00fablicas con derecho incluso de supervisi\u00f3n sobre las decisiones de los tribunales civiles, del trato de los prisioneros en las c\u00e1r\u00adceles, de redenci\u00f3n de cautivos, de protecci\u00f3n de menores, e incluso la supervisi\u00f3n de precios en los mercados p\u00fabli\u00adcos <strong><sup>6<\/sup>. <\/strong>No es el obispo una figura declaradamente p\u00fablica en los \u00faltimos siglos del Imperio. Pero su prestigio creciente y las sucesivas concesiones por parte de la autoridad civil y de los mismos particulares le convierten progresivamente en una figura de primera importancia social sobre la que caer\u00e1 incluso el gobierno civil en sentido estricto en las ciu\u00addades de los primeros siglos medievales. A\u00fan fuera de ellas el obispo recibe con frecuencia el t\u00edtulo de <em>pater populi <\/em>y de <em>pater civitatis. <\/em>Entre las muchas funciones sociales que la Edad Media lleg\u00f3 a colocar sobre los hombros del jefe de la iglesia local se cuenta la reconstrucci\u00f3n de las ciuda\u00addes romanas y la defensa militar en tiempos de asedio. A pe\u00adsar de todo esto, y en contra de una opini\u00f3n muy extendida, hay que mantener con Gaudemet que \u00abno se puede pensar en un monopolio de la caridad (por parte de la Iglesia). El ejercicio de la caridad era parte de la misi\u00f3n tradicional de la Iglesia, pero la acci\u00f3n episcopal y la de otros agentes eclesi\u00e1sticos (monasterios&#8230;) pod\u00eda coexistir con la del es\u00adtado\u00bb <sup>7<\/sup>. Coexist\u00eda de hecho, as\u00ed como coexist\u00eda con la ac\u00adci\u00f3n ben\u00e9fica de la aristocracia feudal, de la burgues\u00eda e incluso de las clases populares trabajadoras. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la extensa actividad ben\u00e9fica de los gremios medievales y de las cofrad\u00edas populares.<\/p>\n<p>La Iglesia no consider\u00f3 nunca como monopolio suyo la pr\u00e1ctica de la caridad, sino que, aunque por un lado la practic\u00f3 sistem\u00e1ticamente en mayor escala que ninguna otra agencia social, no dej\u00f3 por eso de recordar a los individuos y a los poderes establecidos sus obligaciones en este terreno. Una frase del peque\u00f1o tratado del siglo XIII atribuido a santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>De eruditione principum, <\/em>resume muy bien lo que pudi\u00e9ramos calificar de tradicional doctrina social de la Iglesia en relaci\u00f3n al ejercicio del poder p\u00fablico: \u00abDios ha constituido a los pr\u00edncipes para que protejan a los sencillos, a los pobres y a los que no tienen poder\u00bb. El mis\u00admo Tom\u00e1s de Aquino resume escuetamente la obligaci\u00f3n que tienen las autoridades civiles de asistir a los necesitados en estos t\u00e9rminos: \u00abEl que gobierna debe cuidar de los ne\u00adcesitados a expensas del erario p\u00fablico\u00bb.<\/p>\n<p>No se ha arrogado pues la Iglesia en ning\u00fan momento el monopolio de la beneficencia social, ni ha dejado de recor\u00addar a los poderes p\u00fablicos su obligaci\u00f3n en este terreno. Lo que s\u00ed ha sucedido muy a menudo a lo largo de la historia ha sido que ante el derrumbe o la incapacidad del poder civil, se convirtiera la Iglesia en el agente primario de bene\u00adficencia social. Esto suced\u00eda sobre todo en los tiempos en que las instituciones eclesi\u00e1sticas fueron, en su conjunto (di\u00f3\u00adcesis, monasterios, \u00f3rdenes religiosas, fundaciones), el ele\u00admento econ\u00f3mico m\u00e1s poderoso en las sociedades europeas, situaci\u00f3n que se dio desde aproximadamente el siglo VIII hasta el tiempo de las diversas revoluciones burguesas.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, si se examina con cuidado la historia de la beneficencia, y no se deja llevar uno de t\u00f3picos generali\u00adzados, nos parece que se puede afirmar que en su conjunto la actuaci\u00f3n de la Iglesia en el terreno de la beneficencia <em>a escala p\u00fablica <\/em>ha estado presidida por un sentido de <em>su\u00adplencia <\/em>de los fallos de la autoridad civil en un terreno que de suyo, en la teor\u00eda teol\u00f3gica tradicional, se ha considera\u00addo como competencia de esa autoridad. De las tres funcio\u00adnes que ya san Agust\u00edn atribuye al poder civil, el \u00abtriplex officium imperandi, providendi et consulendi\u00bb, las perso\u00adnas y las instituciones eclesi\u00e1sticas han asumido una u otra, o las tres, en numerosas ocasiones hist\u00f3ricas, sin excluir el oficio de mandar. Pero nunca se ha pensado en la teolog\u00eda oficial que fuera ninguna de las tres competencia propia de la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Es esto cierto incluso en relaci\u00f3n al \u00abofficium consulendi\u00bb, ense\u00f1ar a los ciudadanos cu\u00e1l es el verdadero inter\u00e9s p\u00fablico, oficio que por su cercan\u00eda con las competencias del \u00abmagisterium\u00bb eclesi\u00e1stico puede dar lugar, lo ha dado y lo da, a numerosos malentendidos y cruces de competencias. Funci\u00f3n supletoria, s\u00ed, pero tambi\u00e9n funci\u00f3n de \u00abconciencia\u00bb del poder p\u00fablico precisamente por ser la Iglesia el sujeto del \u00abofficium magisterii\u00bb, funci\u00f3n que no le corresponde en modo alguno al poder civil.<\/p>\n<p>El poder civil ha sido constituido por Dios (Rom. 13, 1) para asegurar el orden, la uni\u00f3n y la paz, pero tambi\u00e9n para combatir el mal, y por eso mismo aparece como un efecto del pecado original que ha introducido el mal sobre la tierra. Tambi\u00e9n \u00e9l es una consecuencia del pecado por las servidumbres que impone. En l\u00ednea con el escepticismo evang\u00e9lico sobre el ejercicio de la autoridad (Mt 20, 25), san Agust\u00edn denuncia \u00e1speramente la pasi\u00f3n de dominar por la fuerza, la corrupci\u00f3n de las autoridades, la explotaci\u00f3n de los d\u00e9biles. Y termina con aquella terrible denuncia que sin duda refleja la realidad de su tiempo, por no decir tam\u00adbi\u00e9n del nuestro: \u00abSi no se da la justicia, \u00bfqu\u00e9 son los reinos sino enormes latrocinios?\u00bb. Si eso se da de hecho, en ma\u00adnos de la Iglesia y de la caridad privada va a caer tambi\u00e9n una funci\u00f3n adicional que procede precisamente de la injus\u00adticia estructural de la sociedad, de toda sociedad: el tratar de aliviar los efectos terribles de causas inscritas en las es\u00adtructuras mismas del poder y de la organizaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Estos son problemas de toda convivencia humana orga\u00adnizada. Luchar por la creaci\u00f3n de estructuras sociales justas es vocaci\u00f3n inevitable y primera del cristiano hoy y siempre. Pero creer que alg\u00fan sistema, alg\u00fan d\u00eda, llegar\u00e1 a instituir e implantar un orden social tan providente y tan justo que haga in\u00fatil el ejercicio de la caridad privada, o que relegar\u00e1 la tradicional funci\u00f3n caritativa de la Iglesia al museo de las curiosidades hist\u00f3ricas, es una especie de muy ingenuo utopismo. Y el atacar la caridad privada o la eclesial, el ponerla en suspenso mientras se lucha por unas estructuras justas, puede llegar a ser, si por ello se deja a un lado la asistencia a un necesitado, criminal. No ha habido a\u00fan en la historia un sistema de organizaci\u00f3n social que no haya lle\u00advado en su mismo seno la semilla de los mayores latrocinios. En su misma estructura y en los hombres que la manejan. As\u00ed pues, hay que decir una vez m\u00e1s: providencia p\u00fablica, s\u00ed, y en primer lugar; pero tambi\u00e9n caridad privada.<\/p>\n<p>En su conjunto la Edad Media consigui\u00f3 en manos de la Iglesia un nivel de asistencia social a los necesitados que, a juicio de un experto, no ha tenido paralelo posteriormen\u00adte hasta los tiempos actuales. En este aspecto el siglo XIII fue, como en tantos otros aspectos, un siglo privilegiado. El padre Congar hace la advertencia justa de que en aquellos tiempos el sistema de beneficencia se basaba en unas convic\u00adciones morales y religiosas de car\u00e1cter personal que descui\u00addaban los aspectos de reforma estructural. Esto es cierto en gran parte, pero \u00e9l mismo se\u00f1ala el car\u00e1cter local y limitado de los poderes p\u00fablicos y de las estructuras sociales de con\u00advivencia para explicar la ausencia de una conciencia gene\u00adralizada de necesidad de reforma de estructuras. Adem\u00e1s hay que tener en cuenta que a lo largo de la mayor parte de los siglos medievales el problema social realmente urgente no era el de la reforma de las estructuras sino el de su con\u00adsolidaci\u00f3n para asegurar la mera supervivencia f\u00edsica de la poblaci\u00f3n. Una de las fuentes primarias de la organizaci\u00f3n feudal fue el sometimiento m\u00e1s o menos voluntario, pero vo\u00adluntario a veces, de los vasallos a un se\u00f1or que pudiera ase\u00adgurar la defensa de la colectividad contra m\u00faltiples agresores (v\u00e9anse los estudios de Marc Bloch sobre el feudalismo).<\/p>\n<p>El mismo siglo XIII conoci\u00f3 los comienzos de una deci\u00addida intervenci\u00f3n del elemento laico en el terreno de la be\u00adneficencia (hospitales, orfanatos, ense\u00f1anza&#8230;), e incluso del poder p\u00fablico, sobre todo del municipal, que comenz\u00f3 a de\u00advengar de los ciudadanos h\u00e1biles una contribuci\u00f3n fija, la conocida posteriormente en Francia como <em>taxe des pauvres, <\/em>para el alivio de los necesitados. Este movimiento de cre\u00adciente intervenci\u00f3n \u00absecular\u00bb en un terreno tradicional de la Iglesia se debe a causas m\u00faltiples, adem\u00e1s de a un creciente \u00ababsentismo\u00bb de las autoridades religiosas, cada vez m\u00e1s ocupadas en los asuntos temporales y m\u00e1s insensibles a las exigencias de la legislaci\u00f3n can\u00f3nica sobre el uso de los bienes eclesi\u00e1sticos. Hay que mencionar el crecimiento verti\u00adginoso del n\u00famero de necesitados en ciertas \u00e9pocas por cau\u00adsa de la peste y de las guerras, los desplazamientos consi\u00adguientes de poblaci\u00f3n, los comienzos de un proletariado urbano que abandona los campos, o es expulsado de ellos, y acude a las ciudades en busca de un trabajo que, en tiem\u00adpos m\u00e1s recientes, el incipiente capitalismo no es capaz de proporcionar. Este movimiento de laicizaci\u00f3n de la asisten\u00adcia ben\u00e9fica es muy anterior a la Reforma protestante, y no se debe a ella. \u00abLa realidad, dice Kamen, es que la seculari\u00adzaci\u00f3n fue com\u00fan a cat\u00f3licos y protestantes por igual, y fue una respuesta l\u00f3gica a la necesidad de control\u00bb. De con\u00adtrol de los pobres por parte del resto de la sociedad, pues el m\u00f3vil caritativo de la tradici\u00f3n medieval es ahora sustituido por razones de reforma \u00abestructural\u00bb que tienen poco que ver con la caridad cristiana. \u00abApenas hace falta subrayar que a las autoridades les preocupa menos la pobreza que los pobres, menos la caridad que el mantenimiento del orden so\u00adcial. En el fondo del nuevo inter\u00e9s por la beneficencia hab\u00eda un miedo profundo al proletariado\u00bb . Motivaci\u00f3n que ha permanecido viva hasta nuestros d\u00edas y que malamente se puede ver como una mejora sobre el motivo tradicional de la caridad.<\/p>\n<p>Ya en pleno siglo XVI, un siglo antes de la aparici\u00f3n de la figura decisiva de Vicente de Pa\u00fal, Luis Vives, un seglar, encarna una figura de transici\u00f3n que por un lado resume lo mejor de la tradici\u00f3n patr\u00edstica y medieval y, por otro, anuncia los nuevos tiempos: \u00abNadie ha recibido para su uso ex\u00adclusivo el cuerpo, el alma, la vida y el dinero&#8230; Todo aquel\u00a0\u00a0 que no reparte entre los pobres lo que le sobra despu\u00e9s de cubrir las necesidades naturales, es un ladr\u00f3n\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 puede llamarse nuestro de las cosas excepto el uso de las mismas? El dominio s\u00f3lo lo posee Dios; nosotros somos usu\u00adfructuarios\u00bb. Vives tiene un muy agudo sentido social del ser del hombre (\u00abLa vida entera y el bienestar del hombre dependen de la ayuda de los dem\u00e1s\u00bb), y un conocimiento realista, aunque a\u00fan sea intuitivo y precient\u00edfico, de las cau\u00adsas de las desigualdades sociales: \u00abLos ricos miran a los pobres no como a hombres, sino como a asnos y bueyes\u00bb (Recu\u00e9rdese aquello del <em>Journal <\/em>de Richelieu en que califica de \u00abmulos\u00bb al sufrido pueblo franc\u00e9s). \u00abSi examinamos bien las cosas nosotros somos los culpables de los vicios de los pobres\u00bb. La visi\u00f3n de Vives no limita el ejercicio de la caridad a la limosna ocasional, sino que la refiere al reme\u00addio de todas las necesidades del hombre: \u00abLa misericordia no consiste s\u00f3lo en dar unas monedas&#8230;, sino en toda obra que pueda remediar de alg\u00fan modo la miseria humana\u00bb. La generalizaci\u00f3n de la pobreza exige, por otro lado, una intervenci\u00f3n decidida de los poderes p\u00fablicos para poner remedio a ella: \u00abEl magistrado prudente y celoso por el bien p\u00fablico no debe permitir que una parte tan grande de la so\u00adciedad (los pobres) sea no s\u00f3lo in\u00fatil, sino da\u00f1osa a s\u00ed misma y para los dem\u00e1s\u00bb. No es un c\u00e1ndido Luis Vives, y sabe muy bien que la apropiaci\u00f3n de la funci\u00f3n ben\u00e9fica por par\u00adte de los poderes p\u00fablicos, que no son siempre angelicales en el ejercicio de sus funciones, corre el peligro de empeorar la situaci\u00f3n que trata de remediar: \u00abNo es l\u00edcito a nadie regalarse con los bienes destinados a los pobres. Esta adver\u00adtencia no es ociosa, porque hay algunos que, debiendo ser los ministros o sirvientes de los hospitales, parecen los due\u00ad\u00f1os\u00bb <sup>28<\/sup>. Este hombre da la impresi\u00f3n de haber vivido en nuestro tiempo, el de las fortunas creadas a costa del \u00abbien del p\u00fablico\u00bb.<\/p>\n<p><em>Caridad privada, providencia p\u00fablica: san Vicente de Pa\u00fal<\/em><\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abel bien p\u00fablico\u00bb es de san Vicente de Pa\u00fal; aparece con cierta frecuencia bajo su pluma. Esta expresi\u00f3n es cifra de una manera de ver las cosas: Vicente de Pa\u00fal es un hombre preocupado por el bien de las colec\u00adtividades sociales, \u00ablas pobres gentes\u00bb, los cautivos, los des\u00adplazados por la guerra, los ni\u00f1os abandonados. No es que se interese por una teor\u00eda de los entes sociales, las estruc\u00adturas pol\u00edticas y econ\u00f3micas que, si fueran perfectas, asegu\u00adrar\u00edan el bienestar universal. Aunque s\u00ed a nivel de las estruc\u00adturas de la Iglesia, no aparece en su campo de visi\u00f3n un pa\u00adrecido inter\u00e9s por la reforma pol\u00edtico-social. O bien simple\u00admente decidi\u00f3 que \u00e9ste no era terreno suyo, o bien, lo que es mucho m\u00e1s probable, no era posible en su tiempo plan\u00adtearse otras alternativas diferentes de ordenamiento social. Todos los tratadistas pol\u00edticos de su \u00e9poca, sin una sola excepci\u00f3n, analizan la sociedad francesa tal como est\u00e1 cons\u00adtituida de hecho, no la ponen en cuesti\u00f3n. La cr\u00edtica social sistem\u00e1tica no nacer\u00eda hasta unos cien a\u00f1os despu\u00e9s. No los <em>entes <\/em>sociales ni las <em>estructuras <\/em>de la colectividad social, sino los seres humanos que componen la colectividad, son los que de verdad preocupan a san Vicente. S\u00f3lo que su caridad tampoco se detiene en el caso individual, aunque s\u00ed se interesa por \u00e9l, sino que llega, o trata de llegar, a los inn\u00fameros casos v\u00edctimas de una situaci\u00f3n social dada.<\/p>\n<p>En este aspecto, aunque la originalidad radical que le atribuye M\u00e9nabr\u00e9a nos parece algo exagerada, s\u00ed hay que decir que en la historia de la beneficencia p\u00fablica Vicente de Pa\u00fal ocupa un lugar decisivo que abre definitivamente las puertas a una visi\u00f3n <em>moderna <\/em>de la misma beneficencia: el bienestar de los necesitados es responsabilidad primaria de los poderes constituidos y no mero campo de ejercicio para la caridad privada. Es un lugar com\u00fan decir que Vi\u00adcente de Pa\u00fal fue responsable de que la corte, la aristocracia y la alta burgues\u00eda cobraran conciencia de sus obligaciones sociales en relaci\u00f3n a los pobres, pero hay que repetirlo una vez m\u00e1s porque fue as\u00ed. De los casos inn\u00fameros que aparecen en su biograf\u00eda podr\u00edamos recordar, por ejemplo, la fundaci\u00f3n en Marsella del hospital para galeotes en 1645 por orden de la reina regente y con letras patentes de Luis XIV. Los fondos para el mantenimiento del hospital (20.000 libras anuales) proced\u00edan en buena parte (12.000 libras) de los impuestos que percib\u00eda el erario p\u00fablico en la Provenza. Sin duda una verdadera actividad caritativa hubiera luchado no por el alivio de la suerte de los galeotes, sino por la abo\u00adlici\u00f3n pura y simple de tan nefasta instituci\u00f3n. Pero hay que preguntarse si eso era simplemente posible, aunque fuera muy deseable, en aquel momento. Hay que preguntarse eso, pero poni\u00e9ndose en aquel momento y no mirando desde hoy hacia atr\u00e1s con los ojos de un ciudadano del siglo XX que cuenta con motores de explosi\u00f3n o de propulsi\u00f3n nuclear para mover los barcos que transportan sus alimentos y ha\u00adcen sus guerras. La abolici\u00f3n de los galeotes hubiera supues\u00adto la desaparici\u00f3n total de la marina francesa en el Medite\u00adrr\u00e1neo, lo cual ser\u00eda muy de desear (por lo menos en cuanto a la guerra se refer\u00eda) si desaparecieran a la vez todas las marinas, tambi\u00e9n la otomana, que se disputaban el dominio del Mediterr\u00e1neo. Por otro lado, aunque hab\u00eda entre los condenados a galeras muchos casos de injusticia palmaria (se condenaba a galeras por el no pago de deudas, por ejem\u00adplo), en su conjunto la condena a galeras era equivalente a la condena carcelaria de nuestros pa\u00edses modernos. El cora\u00adz\u00f3n sensible de nuestro ciudadano deber\u00eda votar hoy para\u00adlelamente no por la reforma carcelaria, sino por la simple supresi\u00f3n de las c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>Se dice todo esto para que se vean, en un caso escogido al azar de la biograf\u00eda de san Vicente, los l\u00edmites de lo que se suele llamar reforma estructural. No es lo mismo so\u00f1arla que poder llevarla a la pr\u00e1ctica. San Vicente nunca perdi\u00f3 el tiempo en sue\u00f1os, sino que se dedic\u00f3 a llevar a cabo re\u00adformas estructurales (y no s\u00f3lo la pr\u00e1ctica de la caridad individual) que le parec\u00edan posibles. Si no van a desaparecer las c\u00e1rceles, no es lo mismo ni de lejos para el preso pasar fr\u00edo y hambre que no pasarlos, ni es lo mismo recibir malos tratos que ser tratado como un ser humano. De la \u00abreforma carcelaria\u00bb llevada a cabo por obra de las Hijas de san Vicente entre los galeotes queda, entre otros muchos, este testimonio aleccionador: al pasar de sus anteriores condi\u00adciones a la nueva situaci\u00f3n, los galeotes se consideran trans\u00adportados \u00abde este infierno al hospital, que ellos llaman un para\u00edso; solamente con entrar en \u00e9l se les ve sanar de la mitad de sus males\u00bb.<\/p>\n<p>Hablando de reforma de estructuras, lo que proced\u00eda en el caso de los esclavos del norte de \u00c1frica hubiera sido llegar a un acuerdo fraternal con las autoridades mahome\u00adtanas que liquidara definitivamente las animosidades cris\u00adtiano-musulmanas y las rivalidades comerciales y militares. Eso se pod\u00eda so\u00f1ar, pero \u00bfera posible llevarlo a cabo? Para empezar, a las autoridades locales argelinas les gustaba ha\u00adcer la guerra por su cuenta y no prestar mucha atenci\u00f3n a las \u00f3rdenes de la Sublime Puerta, sobre todo cuando \u00e9sta intentaba mantener relaciones de cierta cordialidad con el poder franc\u00e9s. Tambi\u00e9n se pod\u00eda pensar en la invasi\u00f3n de Argel, y ante la presumible resistencia, liquidar a la pobla\u00adci\u00f3n nativa, o al menos someterla, para liberar a los escla\u00advos cristianos (Algo parecido vino a hacer la naci\u00f3n france\u00adsa a mediados del siglo XIX. El resultado: los esclavos fue\u00adron, hasta la sangrienta guerra de liberaci\u00f3n algo m\u00e1s de cien a\u00f1os despu\u00e9s, los nativos argelinos). Tambi\u00e9n se pod\u00eda, dejando a un lado otros sue\u00f1os de reforma estructural m\u00e1s profunda, iniciar un movimiento sistem\u00e1tico de liberaci\u00f3n de cautivos a fuerza de movilizar el inter\u00e9s y el dinero de los poderes p\u00fablicos y de los particulares. Eso es lo que hizo exactamente Vicente de Pa\u00fal. El resultado: la liberaci\u00f3n, en un per\u00edodo de unos trece a\u00f1os, de unos 1.200 cautivos a un coste de un mill\u00f3n y medio de libras, \u00abo sea, de unos 600 millones al menos de nuestra moneda de 1959\u00bb. Para esos 1.200 cautivos la reforma \u00abestructural\u00bb ya esta\u00adba hecha una vez puestos en libertad. En cuanto al resto de los muchos miles que permanecieron en cautividad, se hubieran conformado sin duda con una reforma \u00abestructu\u00adral\u00bb similar.<\/p>\n<p>Problemas semejantes se suscitan al pensar, por ejem\u00adplo, en la cuesti\u00f3n de los ni\u00f1os abandonados. Una caridad definitiva hubiera perseguido construir una sociedad tal que no segregara la peste social del abandono por parte de sus madres de los miembros m\u00e1s d\u00e9biles que la componen, los reci\u00e9n nacidos. \u00bfHa conseguido tal cosa ninguna sociedad hist\u00f3rica? \u00bfLo conseguir\u00e1 en el futuro? Mientras tanto no queda m\u00e1s que, como hizo san Vicente, apelar a la concien\u00adcia p\u00fablica y privada para que se encarguen del cuidado sistem\u00e1tico y continuo de los ni\u00f1os abandonados. Luego hay que conseguir hacer de ellos lo que consiguen con mayor o menor fortuna la mayor parte de las madres. Y a falta de madres, las Hijas de la Caridad los cuidaban y educaban hasta que los pon\u00edan \u00aben estado de subsistir <em>por su propio trabajo <\/em>e industria\u00bb. Es decir: hasta remover <em>la causa <\/em>que los hac\u00eda ser seres destituidos en la sociedad, la inca\u00adpacidad de valerse por s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>No se dice todo esto para delinear un Vicente de Pa\u00fal ignorante o temeroso de atacar las causas de los males so\u00adciales. Cuando la causa \u00faltima estaba al alcance de su ma\u00adno y de su perspicacia, la atacaba sin miedo a los riesgos que eso pod\u00eda ocasionar a sus obras y a su persona, incluso cuando las probabilidades de \u00e9xito fueran escasas, siempre que fueran de todos modos posibles.<\/p>\n<p>Precisamente este ejemplo de la atenci\u00f3n organizada a los ni\u00f1os abandonados muestra el lugar relativo de san Vi\u00adcente en la historia de la conciencia p\u00fablica en el terreno de la beneficencia. Exist\u00eda ya antes de san Vicente la asis\u00adtencia p\u00fablica a los ni\u00f1os. En el mismo Par\u00eds, seg\u00fan el testi\u00admonio preciso y rigurosamente hist\u00f3rico que encontramos en Abelly, se recog\u00edan en lo que se denominaba <em>La Couche <\/em>(La Cuna) por orden de la polic\u00eda algunos de los ni\u00f1os abandonados. El trato de los ni\u00f1os era de verdadero horror, como en todos los casos antiguos y modernos en que un \u00abcoraz\u00f3n\u00bb burocr\u00e1tico parece apiadarse del desgraciado, destina algunos fondos para el remedio de sus necesidades y luego lo olvida con la esperanza vana de que ya ha re\u00adsuelto el problema. En <em>La Couche <\/em>el problema se agrava\u00adba de hecho, pues la mayor parte de los ni\u00f1os mor\u00edan <em>de langueur, <\/em>dice Abelly. Las sirvientas encargadas de ellos los drogaban para librarse de sus lloros molestos, e incluso los vend\u00edan a pordioseros que luego usaban de ellos para excitar la compasi\u00f3n p\u00fablica. Como en tantas otras obras que san Vicente no cre\u00f3 sino que encontr\u00f3 ya en existen\u00adcia, su labor en este terreno transformar\u00e1 el problema ele\u00adv\u00e1ndolo a otra altura y poniendo los principios de su solu\u00adci\u00f3n a escala de sociedad. Para eso hizo falta primero exci\u00adtar de verdad la conciencia de los que por sus medios eco\u00adn\u00f3micos y por su posici\u00f3n social pod\u00edan intentar una solu\u00adci\u00f3n al problema: organizar la asistencia y dotarla de los medios que garantizaran su continuidad. Es cierto que el planteamiento vicenciano de la asistencia ben\u00e9fica ha dado a \u00e9sta una altura p\u00fablica que no ten\u00eda m\u00e1s que t\u00edmidamen\u00adte antes de \u00e9l. En este sentido dice verdad M\u00e9nabr\u00e9a.<\/p>\n<p>No es lo m\u00e1s extraordinario de san Vicente, con serlo mucho, su genio organizador. La verdadera grandeza de san Vicente est\u00e1 en su papel de \u00abconvertidor de conciencias\u00bb. El que la sociedad, a trav\u00e9s de sus \u00f3rganos p\u00fablicos, llegue a crear un mecanismo de asistencia ben\u00e9fica es ciertamente muy de admirar. Pero lo verdaderamente milagroso es con\u00advencer a las conciencias de los ciudadanos y de los detentadores del poder de que tienen una obligaci\u00f3n moral de hacerlo. Mientras el primer ministro de una naci\u00f3n piense, como lo hac\u00eda Richelieu o como lo hacen las clases domi\u00adnantes, que sus ciudadanos m\u00e1s sufridos no son m\u00e1s que bestias de carga y de trabajo, es claro que el papel del po\u00adder civil ser\u00e1 m\u00e1s de explotaci\u00f3n que de providencia ben\u00e9\u00adfica. Si \u00e9sta se da, se deber\u00e1 m\u00e1s al inter\u00e9s por mantener al ciudadano llano en buen estado de producci\u00f3n que a inter\u00e9s genuino por su persona. Esto \u00faltimo s\u00f3lo es posible cuando se mira a los pobres, incluso a los improductivos, como a \u00abnuestros amos y se\u00f1ores\u00bb, o sea, cuando se les mira con verdadera caridad. Pero para mirarlos con caridad hace falta una radical conversi\u00f3n de la conciencia individual y social. A falta de ella, el pobre, el obrero, siempre ser\u00e1 atendido por la providencia p\u00fablica s\u00f3lo en cuanto sea \u00fatil para el funcionamiento del sistema, sea \u00e9ste capitalista o comunista. El cristiano que dice que la caridad privada (el convencimiento personal de la urgencia de asistir al indivi\u00adduo necesitado) debe dejar paso a la reforma de estructu\u00adras, no hace m\u00e1s que hacer el juego a <em>todos <\/em>los sistemas de organizaci\u00f3n social hoy existentes en el mundo, que son incapaces de ver m\u00e1s que los conjuntos sociales y des\u00adcuidan sin remedio al hombre. Pero tampoco ser\u00eda hoy cris\u00adtiano (y no ser\u00eda, por tanto, vicenciano) enternecerse ante la necesidad individual y proceder como si las estructuras sociales dadas no tuvieran nada que ver con el bienestar de las personas individuales. Aguda conciencia social, s\u00ed, pero animada por un coraz\u00f3n caritativo. Kamen lo ha visto bien en san Vicente de Pa\u00fal, \u00abcuyos esfuerzos hay que iden\u00adtificar con los m\u00e1s altos ideales cristianos de entrega a los pobres. \u00abDios ama a los pobres\u00bb, subrayaba, \u00aby ama a quie\u00adnes los aman&#8230; Busquemos a los m\u00e1s pobres, a los m\u00e1s desva\u00adlidos, y reconozc\u00e1moslos ante Dios por amos y se\u00f1ores nues\u00adtros\u00bb. Aunque la idea era medieval (Kamen quiere decir <em>cristiana<\/em>), Vicente operaba dentro del marco de la nueva actitud hacia la beneficencia\u00bb (nueva: de obligaci\u00f3n por parte de los poderes p\u00fablicos).<\/p>\n<p>Operaba dentro de ese marco, ciertamente, pero tam\u00adbi\u00e9n guardaba sus distancias por razones precisamente de caridad cristiana. Hemos visto arriba c\u00f3mo uno de los mo\u00adtivos hist\u00f3ricos que movieron a los poderes p\u00fablicos a pre\u00adocuparse por la beneficencia fue el temor al desorden social. En consecuencia, los pa\u00edses cristianos, a lo largo del si\u00adglo XVI, y sobre todo en el XVII, pensaron que una mane\u00adra eficaz de resolver el problema de la mendicidad p\u00fablica era el simple expediente de encerrar forzosamente a los po\u00adbres en asilos y hospitales. La conocida historia del Hospital General en tiempos de san Vicente es s\u00f3lo un ejemplo de esta curiosa pol\u00edtica ben\u00e9fica. Nacida la idea del entusiasmo generoso de las damas, fue \u00abapoyada con fuerza por el rey y por el parlamento\u00bb, dice san Vicente en una carta. Se trataba de un proyecto a escala gigantesca, con sitio para encerrar a gran parte de los mendicantes y vagabundos que pululaban por las calles de Par\u00eds. Hasta 20.000 pobres podr\u00edan pasar por una tal instituci\u00f3n en un solo a\u00f1o <sup>38<\/sup>. Pues bien: a pesar de la presi\u00f3n de la corte y de las damas, Vicente renuncia a hacerse cargo del Hospital General a no ser que se d\u00e9 asilo en \u00e9l \u00absolamente a los que quieran venir de propia voluntad, sin forzar a nadie\u00bb.<\/p>\n<p>Para el obsesionado por la reforma de estructuras, su\u00adprimir el hambre y el fr\u00edo de los mendigos en una institu\u00adci\u00f3n como la del Hospital General tiene que aparecer, y as\u00ed apareci\u00f3 a los contempor\u00e1neos de san Vicente, como una soluci\u00f3n brillante. Pero hay reformas estructurales (y tam\u00adbi\u00e9n reformas revolucionarias) que buscan el bien general a un costo tal (en este caso la privaci\u00f3n de la libertad) que una conciencia de verdad caritativa no puede nunca acep\u00adtar. En otras palabras, no puede la conciencia cristiana acep\u00adtar una reforma de estructuras, por ben\u00e9fica que sea en su intenci\u00f3n, a costa de cualquier cosa. Hay l\u00edmites que una verdadera caridad por los hombres no puede nunca traspa\u00adsar. En el fondo de estas diferencias late una cuesti\u00f3n de visi\u00f3n del Evangelio (si es que al reformador de estructuras le interesa el Evangelio). De la pr\u00e1ctica vicenciana se pue\u00adden extraer una visi\u00f3n social del Evangelio y una pr\u00e1ctica de caridad p\u00fablica y privada que nos parecen v\u00e1lidas tam\u00adbi\u00e9n para hoy. Hay que examinar con cuidado todo intento de reforma social que pretende basarse en exigencias evan\u00adg\u00e9licas. No para rechazarlo, sino para asegurarse de que efectivamente est\u00e1 acorde con una visi\u00f3n leg\u00edtima del Evangelio. Pues tambi\u00e9n hoy puede suceder lo que Collet piensa se daba entre Mazarino, otro primer ministro y cardenal, y Vicente de Pa\u00fal, que \u00abten\u00edan m\u00e1ximas tan opuestas que uno se ver\u00eda tentado a creer que hab\u00edan estudiado dos evan\u00adgelios diferentes\u00bb. Es claro, por la historia posterior, que la visi\u00f3n evang\u00e9lica de Vicente de Pa\u00fal era sin duda la leg\u00edtima.<\/p>\n<p><em>La historia posterior<\/em><\/p>\n<p>La toma de conciencia por parte del poder civil de la necesidad de intervenir en el terreno de la beneficencia p\u00fa\u00adblica tiene, como vimos, ra\u00edces muy antiguas; unos inicios pac\u00edficos y progresivos, a partir aproximadamente de los siglos XIII-XV, y un intento final de monopolizaci\u00f3n vio\u00adlento. A este \u00faltimo estado se lleg\u00f3, entre las naciones euroopeas, en Francia con la gran revoluci\u00f3n. (En Espa\u00f1a algo m\u00e1s tarde, con las diversas desamortizaciones que llevan popularmente el nombre de Mendiz\u00e1bal). Hoy pr\u00e1cticamente todos los pa\u00edses act\u00faan en el terreno de la beneficencia con una filosof\u00eda pol\u00edtica que tiene sus ra\u00edces en la revoluci\u00f3n francesa. Otra gran influencia, el establecimiento de la segu\u00adridad social, tiene ra\u00edces algo m\u00e1s cercanas: el canciller Bismarck. A partir de este momento, el bienestar del pueblo es obligaci\u00f3n y competencia exclusiva del estado. Para llegar a ello antes fue necesario privar por la violencia a la Iglesia de su situaci\u00f3n de cuasi-monopolio en este terreno, y privar\u00adle tambi\u00e9n de los medios econ\u00f3micos y jur\u00eddicos de llevarlo a cabo. En el terreno legal la Asamblea Constituyente no admite que el clero siga disfrutando de un estatuto corpo\u00adrativo privilegiado dentro de la naci\u00f3n. Seg\u00fan la expresi\u00f3n de Mirabeau, el clero se convierte en un \u00aboficial p\u00fablico\u00bb y asalariado del estado. Antes ha habido que secularizar los bienes eclesi\u00e1sticos. El texto constituyente pasa los bienes eclesi\u00e1sticos a manos de la naci\u00f3n, \u00abcorriendo a cargo de \u00e9sta el proveer de una manera conveniente a los gastos del culto, al mantenimiento de ministros y al alivio de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Como se ve, la intenci\u00f3n de la Constituyente es la de conseguir un monopolio total en el terreno de la beneficen\u00adcia social, usando para ello los bienes expropiados a la Igle\u00adsia. La realidad del uso de esos bienes fue muy otra. La venta de los bienes eclesi\u00e1sticos proporcion\u00f3 a la Revoluci\u00f3n los recursos necesarios para vivir los primeros a\u00f1os dif\u00edciles y para mantener durante largo tiempo las guerras contra el extrajera en defensa de la revoluci\u00f3n. Por otro lado, la laicizaci\u00f3n de los bienes no fue tan radical como hace suponer el texto constituyente. La supresi\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas no alcanz\u00f3 de lleno, \u00aben cuanto al presente\u00bb, a las congre\u00adgaciones dedicadas a la ense\u00f1anza y a los establecimientos de caridad. S\u00ed fueron disueltas lo mismo la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n que las Hijas de la Caridad. Pero en cuanto a \u00e9stas, a los diez a\u00f1os escasos hubo que restaurarlas por decreto oficial (22 de diciembre de 1800) ante la petici\u00f3n clamorosa de varios departamentos franceses que ve\u00edan el deterioro de la asistencia a los enfermos en los hospitales despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n de las hermanas. Merece la pena citar el texto del decreto, pues expone al vivo los l\u00edmites de la caridad \u00aboficial\u00bb y el valor de la verdadera caridad cristiana: \u00abConsiderando que la ayuda que necesitan los enfermos puede ser administrada s\u00f3lo por personas consa\u00adgradas por su estado al servicio de los hospitales y movidas por el entusiasmo de la caridad; considerando que, entre todos los hospitales de la rep\u00fablica, los administrados con m\u00e1s cuidado, m\u00e1s inteligencia y m\u00e1s econ\u00f3micamente son los que han llamado a su servicio a los miembros de este instituto (las Hijas de la Caridad), cuyo \u00fanico fin era la pr\u00e1ctica de todo tipo de caridad sin l\u00edmite alguno: decre\u00adtamos que la ciudadana Deleau (la superiora general en el momento de la disoluci\u00f3n) sea autorizada por las presentes a formar disc\u00edpulas para el servicio de los hospitales\u00bb.<\/p>\n<p>Como se dijo arriba, la revoluci\u00f3n francesa ha creado, por lo menos en la intenci\u00f3n, lo que pudi\u00e9ramos llamar la visi\u00f3n moderna de la beneficencia p\u00fablica, que desde ahora va a ser competencia primera del estado. Desde una pers\u00adpectiva hist\u00f3rica, para que se diera ese hecho ha sido nece\u00adsario que se dieran antes dos condiciones: la primera es la concentraci\u00f3n y centralizaci\u00f3n del poder p\u00fablico subsiguien\u00adte a la destrucci\u00f3n de las competencias locales (autoridad feudal, regiones); la segunda es la concentraci\u00f3n de medios econ\u00f3micos. Para llegar a ella fue necesaria, en Europa, la destrucci\u00f3n de la Iglesia como potencia econ\u00f3mica. A par\u00adtir de este momento, el estado puede considerarse, y se con\u00adsidera, como responsable del bienestar general. A lo largo del siglo XIX y del actual se van creando los diversos siste\u00admas de asistencia y previsi\u00f3n social que hoy consideramos normales. Un esp\u00edritu de verdad caritativo no puede menos de aceptar con sinceridad una evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de este tipo.<\/p>\n<p>Con sinceridad, ciertamente, pero tambi\u00e9n con un deje de escepticismo. Como es bien sabido, la revoluci\u00f3n france\u00adsa result\u00f3 ser una revoluci\u00f3n burguesa. Marca el fin de los poderes hist\u00f3ricos tradicionales (monarqu\u00eda, aristocracia, Iglesia) y el comienzo del predominio social de una clase que hasta hoy mismo dirige los destinos del mundo occiden\u00adtal. La revoluci\u00f3n francesa fue sin duda en su ejecuci\u00f3n una revoluci\u00f3n con amplio protagonismo popular. Pero, corno ya advirtieron Marx y Engels, rara vez recogen los frutos de una revoluci\u00f3n los que se juegan la vida por ella. Aquello de \u00abLibertad, Igualdad, Fraternidad\u00bb suena sin duda muy bien, y todo hombre sincero debe aceptarlo con entusiasmo. Pero hay que ver con cuidado qu\u00e9 es lo que las palabras altisonantes dejan a un lado sin mencionarlo. No se crea que los dirigentes de la revoluci\u00f3n no sab\u00edan del todo lo que hac\u00edan, y que por eso omitieron cosas que el ideal de una verdadera igualdad y fraternidad no debe omitir. Veamos lo que dice Georges Lefebvre, uno de los historiadores que mejor han estudiado la complicada historia de la revoluci\u00f3n. Citamos sin comentarios: \u00abSi la Asamblea descart\u00f3 la men\u00adci\u00f3n de la \u00abfelicidad general\u00bb como objetivo de la asocia\u00adci\u00f3n pol\u00edtica es porque quiso impedir que se invocase la igualdad para exigir la mejora de la suerte de los deshere\u00addados de la fortuna e impedir que la igualdad jur\u00eddica o ci\u00advil se transformara en igualdad social\u00bb. \u00abLas clases popu\u00adlares urbanas no hab\u00edan conseguido ninguna ventaja positiva con la revoluci\u00f3n&#8230; Al prohibir la asociaci\u00f3n (de los obre\u00adros) y la huelga&#8230; la revoluci\u00f3n burguesa dejaba a las clases populares indefensas frente a la nueva econom\u00eda\u00bb. Todo esto no fue s\u00f3lo un efecto de ning\u00fan determinismo hist\u00f3rico inconsciente. Que los l\u00edderes burgueses sab\u00edan muy bien lo que buscaban aparece expresado con toda candidez en un discurso de Boissy d&#8217;Anglas en 1795: \u00abDeb\u00e9is garantizar la propiedad de los ricos&#8230; Debemos ser gobernados por los mejores&#8230;; salvo pocas excepciones, s\u00f3lo encontrar\u00e9is seme\u00adjantes hombres entre los que poseen una propiedad&#8230; Un pa\u00eds gobernado por los propietarios se sit\u00faa en el orden social; aqu\u00e9l donde gobiernan los no propietarios se sit\u00faa en el estado natural\u00bb (estado natural: estado de anarqu\u00eda y de guerra universal, en la tradici\u00f3n de Hobbes).<\/p>\n<p>Como sucedi\u00f3 tambi\u00e9n en Espa\u00f1a con las desamortiza\u00adciones del siglo XIX, la secularizaci\u00f3n de los bienes ecle\u00adsi\u00e1sticos no hizo m\u00e1s que enriquecer a\u00fan m\u00e1s a los terrate\u00adnientes ricos, dejando al peque\u00f1o agricultor y al pe\u00f3n agr\u00edcola exactamente donde estaban antes de la revoluci\u00f3n. Se puede afirmar que la revoluci\u00f3n francesa hizo posible que la beneficencia p\u00fablica pasara a manos del poder p\u00fablico. Lo hizo posible, pero el poder p\u00fablico no lo ha llevado a cabo por propia iniciativa. Casi sin excepci\u00f3n, todas las con\u00adquistas de beneficencia social se han conseguido como fruto de presiones populares o por miedo a la rebeli\u00f3n social, y no por concesi\u00f3n generosa y providente del poder p\u00fablico. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la historia de la sindicaci\u00f3n obrera. No ha habido un solo pa\u00eds donde el conseguirla no haya sido fruto de una lucha popular, casi siempre sangrienta ante la oposici\u00f3n de los poderes p\u00fablicos.<\/p>\n<p>La teofilantrop\u00eda, una de las varias \u00abreligiones\u00bb laicas inventadas por los hombres de la revoluci\u00f3n con el fin de llenar el hueco dejado por la desacreditada Iglesia Cat\u00f3lica, colocaba en su pante\u00f3n figuras hist\u00f3ricas tales como S\u00f3cra\u00adtes, Rousseau, Washington y Vicente de Pa\u00fal. Curiosa mez\u00adcolanza. S\u00f3crates sab\u00eda muy bien que para dedicarse al lujo de pensar ten\u00eda que contar con la existencia de esclavos que lo alimentaran con su trabajo. No consta que Washington se diera cuenta de ello, pero s\u00ed consta que ten\u00eda esclavos. Vi\u00adcente de Pa\u00fal se dedic\u00f3 a liberarlos, y sus Hijas de la Caridad se dedicaron a recoger y criar los hijos que Rousseau iba abandonando descuidadamente. Estos son algunos de los hombres cuyas ideas han contribuido a construir el mundo moderno. Ninguno de ellos, con la excepci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, ten\u00eda ni asomo de compasi\u00f3n por mejorar la suerte del \u00abpobre pueblo que se condena y se muere de hambre\u00bb. Sus reformas no han hecho m\u00e1s que crear una nueva estructura social, m\u00e1s poderosa ciertamente, m\u00e1s providente posible\u00admente, que las estructuras anteriores. Es decir, llega a mucha m\u00e1s gente que la beneficencia anterior, y trata de cubrir m\u00e1s aspectos de la vida social y privada. Pero se puede dudar de que lo haga mejor, dejando a un lado lo que se debe a avances t\u00e9cnicos, como en medicina o en t\u00e9cnicas pedag\u00f3\u00adgicas, y ciertamente se puede afirmar que lo hace con menos coraz\u00f3n y con escaso o ning\u00fan inter\u00e9s por el caso individual, sobre todo si se trata de ciudadanos \u00abin\u00fatiles\u00bb desde el pun\u00adto de vista de la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Lo que le falta a la \u00abestructura\u00bb actual es lo que le sobraba a un hombre como Vicente de Pa\u00fal: caridad y conciencia.<\/p>\n<p>Jaime Corera CEME<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El problema La verdadera caridad cristiana debe ser hoy, se dice, social. 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