{"id":400809,"date":"2017-06-23T08:56:15","date_gmt":"2017-06-23T06:56:15","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400809"},"modified":"2017-04-23T18:57:33","modified_gmt":"2017-04-23T16:57:33","slug":"saint-cyran-xii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-xii\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (XII)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>DOS SAINT-CYRAN DISTINTOS<\/p>\n<p>Pero hay que volver al hilo del relato. Lancelot, el incondicional bi\u00f3grafo del abad, cuenta c\u00f3mo ocho d\u00edas despu\u00e9s de ser \u00e9ste puesto en libertad, le propusieron la celebraci\u00f3n en Port-Royal de Par\u00eds de una misa solemne de acci\u00f3n de gracias. Saint-Cyran, sin embargo, rehus\u00f3 por encontrarse demasiado d\u00e9bil, y, con la estola puesta, se limit\u00f3 a recibir la Sagrada Comuni\u00f3n. Terminada la misa, se cant\u00f3 un Te Deum. El bi\u00f3grafo del abad re\u00adlata enseguida con detallismo lo ocurrido a continua\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p>Saint-Cyran envi\u00f3 a su criado a la sacrist\u00eda, para rogar a los all\u00ed presentes reunirse en la iglesia. Entre ellos <em>se <\/em>contaban Singlin y Arnauld, celebrante y di\u00e1cono res\u00adpectivamente de la solemne misa reci\u00e9n terminada. Una vez todos reunidos, el abad propuso el canto de un sal\u00admo, el primero que saltase, que pudiera servir como c\u00e1n\u00adtico de alegr\u00eda y en acci\u00f3n de gracias, todos los viernes, d\u00eda de su liberaci\u00f3n, y para todo el resto de su vida. Lancelot prosigue relatando c\u00f3mo despu\u00e9s de invocar a Dios, el celebrante introdujo un alfiler en el salterio sostenido por Arnauld. Sali\u00f3 el salmo XXXIV, el que comienza: \u00abJuzga, oh Se\u00f1or, a los que me da\u00f1an: bate a los que pelean contra m\u00ed\u00bb. Saint-Cyran, agradable\u00admente sorprendido de la aparici\u00f3n del salmo, y conven\u00adcido de que Dios se lo mostraba por intermedio de uno de sus ministros, quiso inmediatamente cantarlo, y rog\u00f3 a todos que abandonaran la capilla.<\/p>\n<p>Salieron todos en efecto, menos Singlin y Lancelot. Estos, afectando marcharse, se escondieron en una esqui\u00adna de la iglesia para observar los transportes del abad, sin ser vistos por \u00e9ste. Entrambos esperaban que la de\u00advoci\u00f3n de Saint-Cyran les edificara \u00edntimamente.<\/p>\n<p>Y en efecto, quedaron edificados, al ver al abad can\u00adtando con mucha efusi\u00f3n de l\u00e1grimas el salmo y vi\u00e9n\u00addole tambi\u00e9n al final postr\u00e1ndose rostro en tierra. Y as\u00ed permaneci\u00f3 largo tiempo delante del altar gimiendo y suspirando.<\/p>\n<p>Lancelot, al final de su largo pasaje relatando el su\u00adcedido, imagina que durante aquella prolongada pros\u00adternaci\u00f3n el esp\u00edritu de Saint-Cyran resolvi\u00f3 las vengan\u00adzas que el salmo implora, en ansia de bendiciones para sus propios enemigos.<\/p>\n<p>Por su parte Sainte-Beuve dice que el pasaje de Lancelot, le\u00eddo en voz alta, le conmov\u00eda hasta las l\u00e1grimas y a\u00f1ade que, en efecto, en aquella ocasi\u00f3n, Saint-Cyran indudablemente rezaba por sus perseguidores, es decir, por los jesuitas. Pero Sainte-Beuve no es vasco y yo s\u00ed, y aqu\u00ed me atrevo a manifestar el sentimiento de \u00edntima incomodidad que experimento a la lectura de ese pasaje que refleja, en muchos matices, un episodio a todas luces carente de naturalidad. La natural alegr\u00eda de la libertad en un hombre normal, se resolver\u00eda en efusiones m\u00e1s sencillas.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n, seg\u00fan Jes\u00fas, debe ser una secret\u00edsima ofrenda al Padre. Desde que Sainte-Beuve manifestara su emoci\u00f3n ante ese pasaje de la vida del bayon\u00e9s, han ocurrido muchas cosas. Los hombres de hoy poseen, muchas veces a pesar suyo, una antena extraordinaria\u00admente sensible para captar la ausencia de naturalidad.<\/p>\n<p>Hay mucha distancia entre esa oraci\u00f3n y sus apara\u00adtosos a\u00f1adidos, y la singular y muda imploraci\u00f3n noc\u00adturna de San Ignacio de Loyola, de rodillas en la azotea de su residencia romana, mirando con los ojos arrasados en l\u00e1grimas a la noche estrellada. Esta postura de San Ignacio tiene naturalidad, posee validez y la conserva, acrecentada, en nuestro doloroso siglo XX. Hoy, este acto de San Ignacio, no nos ruboriza; al contrario, nos conmueve profundamente.<\/p>\n<p>La visita de Saint-Cyran a Port-Royal des Champs, refugio de los solitarios, descubre en cambio, por medio de la narraci\u00f3n del mismo Lancelot, el amor y la preo\u00adcupaci\u00f3n por los ni\u00f1os que el abad sent\u00eda.<\/p>\n<p>Los gritos de un campesino pidiendo socorro porque su mujer hab\u00eda dado a luz un ni\u00f1o muerto, interrumpie\u00adron, y luego derivaron al tema de los ni\u00f1os, la conver\u00adsaci\u00f3n que en aquel momento Saint-Cyran manten\u00eda con Le Maitre, director espiritual de los solitarios, en la celda de \u00e9ste.<\/p>\n<p>\u00abYo amo extraordinariamente toda clase de ni\u00f1os\u00bb, dijo entonces al abad. Y descubri\u00f3 su coraz\u00f3n a Le Maitre confes\u00e1ndole que su \u00edntima inclinaci\u00f3n le lleva\u00adba al servicio de los ni\u00f1os. El mejor Saint-Cyran se expresa en estas confidencias recogidas por Lancelot con todo detalle. El abad, hall\u00e1ndose preso en el cas\u00adtillo de Vincennes, ejerc\u00eda de maestro de uno de los ni\u00f1os de una viuda pobr\u00edsima, al que cuid\u00f3 tambi\u00e9n de alimentar, y luego envi\u00f3 al monasterio de Saint-Cyran, \u00abrecomend\u00e1ndolo como un ni\u00f1o de Dios\u00bb, que \u00e9l, el abad, amaba como si fuese hijo suyo. \u00abYo hubiera podido retenerlo en la prisi\u00f3n como una especie de ju\u00adguete vivo \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014 pero quise m\u00e1s alejarle a tiempo de m\u00ed y separarle de un medio ambiente donde no pod\u00eda adelantar en la virtud\u00bb.<\/p>\n<p>Saint-Cyran confes\u00f3 asimismo a Le Maitre, haber educado \u00e9l mismo a un carpinterito que todav\u00eda permanec\u00eda en su monasterio. Por eso recomendaba a los mon\u00adjes del mismo, que hablaran a menudo de Dios a este muchacho, y le hicieran rezar, \u00abporque sin esto todo es in\u00fatil\u00bb. Y a\u00fan a\u00f1adi\u00f3 otras muestras de su afecto a los ni\u00f1os, como por ejemplo, la costumbre que ten\u00eda en Vincennes de adoptar ni\u00f1os de pecho pag\u00e1ndoles las nodrizas y encargando a \u00e9stas la compra de las ro-pitas de aquellos pobrecitos.<\/p>\n<p>El abad proyectaba tambi\u00e9n la recogida de hu\u00e9rfanos en su abad\u00eda. \u00abPoco antes de salir del castillo de Vincennes, me hablaron de un huerfanito a quien envi\u00e9 a mi abad\u00eda. Y he querido que sepa \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014 que un abad llamado de Saint-Cyran cuida de alimentarle, y quiero tambi\u00e9n que rece a Dios por este abad diaria\u00admente, puesto que a es quien reemplaza a su padre y a su madre fallecidos. Cuando estos ni\u00f1os sean grandes, cuidar\u00e9 de que aprendan un oficio, o les educar\u00e9 seg\u00fan las dotes de gracia que adivine en ellos. Siempre trato de cuidar a estos ni\u00f1os hasta el fin, a fin de que mi limosna sea semejante a la limosna y a la gracia que Dios nos concede. Si la limosna no llega hasta el fin, es una limosna propia de r\u00e9probos.\u00bb<\/p>\n<p>Y el abad termin\u00f3 as\u00ed <em>sus <\/em>prop\u00f3sitos a Le Maitre acerca de los ni\u00f1os: \u00abEs necesario rezar constantemen\u00adte por las almas de los ni\u00f1os y vigilarlas siempre, ha\u00adciendo guardia como si se tratase de una plaza en armas. El Diablo las ronda por fuera y ataca temprano a los cristianos; viene a reconocer la plaza, y si el Esp\u00edritu Santo no la ocupa, el Diablo la ocupar\u00e1. El Diablo ata\u00adca a los ni\u00f1os, y \u00e9stos no combaten: es preciso combatir por ellos. Una ciza\u00f1a lanzada un instante antes de dormirse es suficiente al Diablo, que no busca en las almas tiernas m\u00e1s que peque\u00f1as aberturas.\u00bb<\/p>\n<p>Ante este Saint-Cyran es menester descubrirse con todo respeto. El problema de lo inconsciente est\u00e1 plantea\u00addo en las hermosas palabras del abad. Este vasco agreste descubre aqu\u00ed, en un rapto de intimidad, los tesoros de bondad de su coraz\u00f3n, apareci\u00e9ndosenos como uno de esos hombres que necesitan poner la cara adusta, para as\u00ed encubrir mejor su ternura cordial.<\/p>\n<p>Habr\u00eda, sin embargo, que oponer un reparo a cier\u00adtos matices pesimistas de su concepto de la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os. \u00abAun cuando el hombre m\u00e1s sabio del mundo acometiera la obra de educar un ni\u00f1o para Dios, no podr\u00eda triunfar si Dios mismo no preparara de ante\u00admano el fondo del coraz\u00f3n de este ni\u00f1o. Los pintores escogen el fondo de sus m\u00e1s hermosas creaciones y lo preparan de antemano; pero corresponde a Dios, y no a nosotros, la formaci\u00f3n del fondo de estas almas y su primera preparaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Hoy dir\u00edamos, apostillando este pensamiento de Saint-Cyran, que en orden a las almas, Dios ansiosa\u00admente aguarda nuestra ayuda, y que mientras exista un h\u00e1lito de vida, nunca debe desesperarse de ninguna al\u00adma.<\/p>\n<p>Y en el fondo, el mismo abad aplicaba este princi\u00adpio, porque, en definitiva, el \u00faltimo juicio de las almas nos est\u00e1 vedado, y \u00fanicamente pertenece a Dios nues\u00adtro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pero estas confidencias al ocaso de la vida, unos me\u00adses antes de la muerte, nos asoman a la desconcertante interioridad de este hombre que, sin lugar a duda, equi\u00advoc\u00f3 su rumbo vital.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 clase de animadversi\u00f3n desvi\u00f3 a este hombre, que con entra\u00f1as de piedad amaba a los ni\u00f1os, condu\u00adci\u00e9ndolo a una est\u00e9ril lucha de por vida, fatal en sus tr\u00e1gicas consecuencias para la fe que indudablemente amaba de todo coraz\u00f3n?<\/p>\n<p>Un respetuoso sentimiento nos paraliza conmovidos delante de este vasco bayon\u00e9s, el mejor Saint-Cyran, que, por sorprendente paradoja, ten\u00eda acerca de la edad de la comuni\u00f3n de los ni\u00f1os casi las mismas ideas que San P\u00edo X; delante del sacerdote que, pensando en im\u00e1genes, respiraba a Dios, y que sum\u00e1ndose preci\u00adsamente a los jesuitas, impulsara positivamente el sen\u00adtido de la mayor dignidad en la celebraci\u00f3n del San\u00adto sacrificio y en la ostensi\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento; &#8216;delante del hombre de oraci\u00f3n, autor de meditaciones que a veces rozan lo sublime.<\/p>\n<p>\u00abReconozco, Dios m\u00edo \u2014escribi\u00f3 Saint-Cyran, en sus <em>Maximes\u2014 <\/em>reconozco por experiencias reitera\u00addas que es mucho m\u00e1s dif\u00edcil conseguir que remon\u00adte hacia Vos, es decir, hacia la misma fuente, por medio de un humilde acto de agradecimiento, la gracia recibida por el alma, que de atraerla al al\u00adma por la oraci\u00f3n, y que <em>ese <\/em>retorno hacia su origen de la gracia es mucho m\u00e1s meritorio que las efusiones de la misma fuera de su manantial. Por esto os pido yo esta gracia \u00fanica, compendio de todas las dem\u00e1s: que vuestra gracia jam\u00e1s se detenga en m\u00ed, que nunca descienda a m\u00ed sino para que ascienda de nuevo hacia Vos, y que tampoco remonte nunca sino para que otra vez descienda a m\u00ed, a fin de que eternamente sea rocia\u00addo de Vos y se\u00e1is Vos como rociado por las aguas que vert\u00e1is en mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A la lectura de esa oraci\u00f3n profunda, admirable, ca\u00adbe otra vez, con inmensa pena, preguntarse qu\u00e9 miste\u00adrio psicol\u00f3gico alumbr\u00f3 tan temprano en Saint-Cyran, esa su inmensa y pueril vanidad que lo apart\u00f3 de su in\u00adterioridad m\u00e1s verdadera, advocada a destinos m\u00e1s glo\u00adriosos por otros m\u00e1s humildes caminos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOS SAINT-CYRAN DISTINTOS Pero hay que volver al hilo del relato. 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