{"id":400805,"date":"2017-06-19T08:53:02","date_gmt":"2017-06-19T06:53:02","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400805"},"modified":"2017-04-23T18:54:27","modified_gmt":"2017-04-23T16:54:27","slug":"saint-cyran-x","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-x\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (X)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>PRISI\u00d3N Y PROCESO DE SAINT-CYRAN<\/p>\n<p>En la madrugada del 14 de mayo de 1638, ocho d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de Jansenio, el se\u00f1or de Andilly, tesorero de la naci\u00f3n, el hermano mayor, como ya se dijo antes, de la madre Ang\u00e9lica Arnauld, cruzaba de viaje el parque de Vincennes. El rostro acerado y ex\u00adpresivo de Andilly que, amigo incondicional del abad, el d\u00eda anterior le hab\u00eda visitado en su residencia, expre\u00ads\u00f3 enorme asombro.<\/p>\n<p>Una veintena de guardias escoltaba un carruaje que conduc\u00eda a Saint-Cyran. De momento, Andilly no iden\u00adtific\u00f3 la naturaleza de la escolta, cuyos componentes lle\u00advaban todos vueltas las casacas, precauci\u00f3n, al igual que lo desusado de la hora y las grandes cautelas prelimina\u00adres a la detenci\u00f3n, que significaba un reconocimiento de la gran popularidad y prestigio del abad. Andilly, ale\u00adgremente, grit\u00f3 a su amigo sin imaginarse que \u00e9ste iba preso.<\/p>\n<p>&#8211;\u00bfA d\u00f3nde lleva usted toda esa gente?<\/p>\n<p>\u2014Si son ellos los que me llevan \u2014respondi\u00f3 el de\u00adtenido.<\/p>\n<p>Andilly, que conoc\u00eda al jefe de la escolta, autorizado por \u00e9ste pudo hablar con el prisionero y a\u00fan, lleno de moci\u00f3n, abrazarlo. Saint-Cyran pregunt\u00f3 a Andilly si no llevaba alg\u00fan libro consigo. El tesorero que en aquel momento ten\u00eda las <em>Confesiones <\/em>de San Agust\u00edn, le entreg\u00f3 esta obra. Poco despu\u00e9s el abad ingresaba en la torre alta de Vincennes.<\/p>\n<p>La detenci\u00f3n de Saint-Cyran respond\u00eda a una orden del mismo Richelieu, el omnipotente dictador de Fran\u00adcia. La respuesta del bayon\u00e9s al jefe de la escolta que, penetrando en la habitaci\u00f3n de aqu\u00e9l, cort\u00e9smente le comunic\u00f3 la orden de prisi\u00f3n emanada del rey, contie\u00adne una profunda iron\u00eda. Saint-Cyran, tomando con ama\u00adbilidad la mano del jefe, dijo a \u00e9ste:<\/p>\n<p>\u2014Vamos, caballero, all\u00ed donde el rey me ordena tras\u00adladarme; yo no tengo mayor alegr\u00eda que cuando se me presentan ocasiones de obedecer.<\/p>\n<p>El registro se hizo minucios\u00edsimamente, intervini\u00e9n\u00addose manuscritos, que, publicados, hubiesen originado de treinta a cuarenta infolios. El magistrado encargado de examinar aquella masa de papeles, manifestaba su asombro ante aquella inmensa producci\u00f3n original de un s\u00f3lo hombre. S\u00f3lo se salvaron del registro unos pa\u00adpeles que formaban dos o tres vol\u00famenes, que estaban en el fondo de un cofre, unas meditaciones acerca del Sant\u00edsimo Sacramento, que luego Barcos, el sobrino del abad, se apresur\u00f3, lleno de temor, a echar al fuego Richelieu conoci\u00f3 a Saint-Cyran en Poitiers, cuan\u00addo como obispo de Lu\u00e7on visitaba en aquella ciudad a su amigo el obispo titular de la misma M. de la Roche-posai de quien el bayon\u00e9s era vicario general, o mejor todav\u00eda, el prelado adjunto de la di\u00f3cesis. Saint-Cyran ten\u00eda entonces cerca de cuarenta arios de edad. El obispo de Lu\u00e7on, futuro d\u00e9spota de Francia, gran psic\u00f3logo, adivinando enseguida las dotes del can\u00f3nigo bayon\u00e9s, intent\u00f3 atraerlo a su esfera de influencia.<\/p>\n<p>Una primera tentativa del cardenal de Richelieu para alejar a Saint-Cyran de Francia no tuvo \u00e9xito. Richelieu, sin consultar con el abad, intent\u00f3 agregarlo como primer confesor a la corte de Enriqueta de Inglaterra, hija de Enrique IV y de Mar\u00eda de Medicis, cuando en 1625 aqu\u00e9lla contrajo matrimonio con Carlos I, rey de Ingla\u00adterra. Pero los consejos de Berulle a Saint-Cyran a pro\u00adp\u00f3sito de este nombramiento, pusieron en guardia al bayon\u00e9s, que no acept\u00f3 esta especie de honorable de\u00adportaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Richelieu insisti\u00f3 entonces cerca del abad, tratando de que aceptara la dignidad episcopal. El cronista Lancelot asegura el ofrecimiento a Saint-Cyran hasta de ocho obispados distintos. Una de las veces, la vacante de Bayona entr\u00f3 tentadoramente en la oferta.<\/p>\n<p>El abad, en cada una de estas ocasiones, nunca dej\u00f3 de presentarse cort\u00e9smente a Richelieu, a la vez que para agradecerle sus atenciones, para rehusar con firmeza aquellas sucesivas designaciones, que m\u00e1s tarde, sin embargo, le dolieron profundamente. El bayon\u00e9s enten\u00add\u00eda cine su misi\u00f3n estaba en Par\u00eds. La ambici\u00f3n indecisa, que es una de sus caracter\u00edsticas, le cerr\u00f3 los caminos que le conduc\u00edan a la prelac\u00eda. Richelieu, pol\u00edtico taimado, sab\u00eda tambi\u00e9n ponerse a tono, al menos en p\u00fablico, con aquella urbanidad que \u00e9l interpretaba como argucia de un car\u00e1cter indomable, fuera de sus posibilidades de captaci\u00f3n. Un d\u00eda, como recibiera a Saint-Cyran delante de los cortesanos, present\u00f3 a \u00e9stos el abad con estas pa\u00adlabras:<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1ores. He aqu\u00ed al hombre m\u00e1s sabio de Fran\u00adcia.<\/p>\n<p>Pero indudablemente era otro el pensamiento \u00edntimo del d\u00e9spota ante la obstinada resistencia del taciturno sacerdote vasco. En la mente de un tirano, el elogio al disidente encubre siempre alg\u00fan prop\u00f3sito inconfesable. En el fondo, Saint-Cyran se resist\u00eda a aceptar ninguna suerte de compromiso moral con el omnipotente- dic\u00adtador.<\/p>\n<p>No tardaron tampoco los servicios secretos de infor\u00admaci\u00f3n en llevar a Richelieu el comentario que su dictadura merec\u00eda \u00edntimamente al abad : \u00abUn gobierno que no quiere m\u00e1s que esclavos\u00bb.<\/p>\n<p>Todo, poco a poco, fue concit\u00e1ndose fatalmente contra el bayon\u00e9s, que no abundaba tampoco en dotes pol\u00edticas. Pertenec\u00eda a esa categor\u00eda de vascos t\u00edpicos que endurecen los problemas. Carec\u00eda del sentido de la me\u00addida; como buen vasco practicaba ciegamente el prin\u00adcipio del todo o nada.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 las puertas de Port-Royal a toda influencia ajena a la suya, alejando incluso a los cistercienses que imaginaron y quisieron volver a regentar espiritual\u00admente el monasterio.<\/p>\n<p>Alg\u00fan motivo parecido entraba en la enemistad que le profesaba Sebasti\u00e1n Zamet, duque-obispo de Langres, protector en un principio de las religiosas de Port-Royal, un personaje muy influyente en Francia, como que for\u00adm\u00f3 parte de la asamblea del clero celebrada en Par\u00eds para pedir la admisi\u00f3n de los decretos del Concilio de Trento. Zamet cre\u00f3 luego un Instituto de religiosas para la ado\u00adraci\u00f3n perpetua del Sant\u00edsimo Sacramento. El duque-obispo de Langres calificaba a Saint-Cyran de esp\u00edritu violento e injurioso, sin el menor respeto a quienes aven\u00adturaran la menor oposici\u00f3n a su manera de pensar.<\/p>\n<p>Pero fue el famoso Padre Jos\u00e9, el arist\u00f3crata capuchi\u00adno, eminencia gris de Richelieu, quien sugiri\u00f3 a \u00e9ste una de las m\u00e1s desfavorables impresiones acerca del abad. El capuchino que dirig\u00eda a la comunidad de reli\u00adgiosas del Calvario, encarg\u00f3, durante una ausencia, de esta direcci\u00f3n al bayon\u00e9s. El Padre Jos\u00e9 encontr\u00f3 al re\u00adgreso, que las monjas eran muy diferentes en su esp\u00edritu. Las severas normas espirituales del abad hab\u00edan cam\u00adbiado radicalmente la comunidad, en el \u00e1nimo de cuya superiora sobre todo, el capuchino crey\u00f3 encontrar mu\u00adcha menos docilidad. El segundo de Richelieu, a partir de este momento, fue declaradamente hostil a la per\u00adsona de Saint-Cyran.<\/p>\n<p>Pero en la desgracia de \u00e9ste anduvo tambi\u00e9n por me\u00addio la envidia, y no precisamente vinculada s\u00f3lo en la persona del Padre Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tambi\u00e9n la oposici\u00f3n que la susceptibilidad de Richelieu adivinaba en el grupo de solitarios que, reuni\u00addos en torno a Port-Royal, segu\u00edan las inspiraciones es\u00adpirituales de Saint-Cyran. Los tiranos, personajes ex\u00adtraordinariamente suspicaces, poseen instrumentos muy sensibles para detectar los n\u00facleos de oposici\u00f3n y resis\u00adtencia.<\/p>\n<p>Barcos, el sobrino del abad, aseguraba a Lancelot, el bi\u00f3grafo del bayon\u00e9s, que \u00e9ste, d\u00edas antes de su deten\u00adci\u00f3n, recibi\u00f3 de parte de Richelieu proposiciones suma\u00admente tentadoras. La ambici\u00f3n del mando desconoce la medida, y parece que el Cardenal acariciaba la idea de establecer en Francia la dignidad de Patriarca, erigi\u00e9n\u00addose patriarca \u00e9l mismo, e intu\u00eda, con raz\u00f3n, que Saint-Cyran y <em>sus <\/em>amigos ser\u00edan decididamente hostiles a este prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>La publicaci\u00f3n por Jansenio en Lovaina del <em>Mars Gallicus, <\/em>dur\u00edsima requisitoria contra Richelieu y su po\u00adl\u00edtica antiespatiola de alianzas contra los protestantes, y por \u00faltimo, los comentarios, justos, valerosos, del pro\u00adpio Saint-Cyran acerca de la escandalosa anulaci\u00f3n ordenada por el cardenal del matrimonio de Gast\u00f3n de Or-leans y Margarita de Lorena, decidieron a Richelieu a la detenci\u00f3n del abad.<\/p>\n<p>El impulso \u00faltimo, un pretexto que poderosamente vino a a\u00f1adirse a los otros pretextos, vino de un comen\u00adtario del tratado sobre la <em>Virginidad <\/em>de San Agust\u00edn, original del Padre Seguenot, de la Congregaci\u00f3n del Oratorio, que hab\u00eda deslizado en \u00e9l frases que se juz\u00adgaron como muy sospechosas, alusivas a la complicada situaci\u00f3n sentimental del rey Luis XIII, enamorado pla\u00adt\u00f3nicamente de la se\u00f1orita de La Fayette, dama de la corte. Este plat\u00f3nico amor, por otra parte puro, sum\u00eda a menudo a Luis XIII, rey melanc\u00f3lico y devoto, en cri\u00adsis escrupulosas. La encuesta, una encuesta predirigida, demostr\u00f3 que esas frases fueron escritas bajo la inspira\u00adci\u00f3n de Saint-Cyran, demostraci\u00f3n interesada y falsa, porque la rigurosa y casta doctrina de Port-Royal acerca del matrimonio estaba en conjunto a gran distancia las opiniones de Seguenot.<\/p>\n<p>\u00abEl m\u00e1s sabio hombre de Europa\u00bb, se transform\u00f3 en el concepto del cardenal de Richelieu, en un visionario peligroso.<\/p>\n<p>La ,ma\u00f1ana misma de la detenci\u00f3n de Saint-Cyran, el cardenal de Richelieu que estaba en Compilgne, se crey\u00f3 en el caso de confiarse a su mayordomo, el <em>abb\u00e9 <\/em>de Beaumont, Hardouin de Beaumont de P\u00e9r\u00e9fixe, el futuro arzobispo de Par\u00eds, el mismo de las turbulentas e ineficaces entrevistas, a\u00f1os m\u00e1s tarde, con las rebeldes religiosas de Port-Royal: \u2014Beaumont: Hoy hice algo que revolver\u00e1 contra m\u00ed a mucha gente. He mandado detener por orden del rey al abad de Saint-Cyran. Los sabios y las personas decentes puede que armen ruido. Pero no me impor\u00adta; tengo tranquila la conciencia por este servicio a la Iglesia y al Estado. Si se hubiera puesto presos a Lutero y a Calvino cuando empezaron a dogmatizar, se hu\u00adbieran ahorrado muchos des\u00f3rdenes y desgracias.<\/p>\n<p>Pero los verdaderos motivos de la detenci\u00f3n eran pol\u00edticos, enmascarados de razones religiosas. Las alu\u00adsiones a Lutero y Calvino en boca del cardenal son c\u00ed\u00adnicas, porque cuando conven\u00eda a su pol\u00edtica no ten\u00eda ning\u00fan inconveniente en aliarse con los protestantes. Richelieu con su arbitraria decisi\u00f3n exasper\u00f3 hasta el \u00e1pi\u00adce a los partidarios de Saint-Cyran, los arroj\u00f3 al extre\u00admismo ideol\u00f3gico e hizo as\u00ed grave da\u00f1o a la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pese a la respuesta, de ir\u00f3nicas ra\u00edces vascas, del abad, camino de Vincennes, al se\u00f1or de Andilly, la prisi\u00f3n result\u00f3 para aqu\u00e9l una dolorosa .prueba moral, si &#8216;bien no tanto f\u00edsicamente, porque Richelieu tuvo buen cuidado de guardar consideraciones para <em>su <\/em>prisionero. En medio de las formalidades de un proceso ilegal a todas luces, puesto que ni siquiera se guardaron las for\u00admas, porque dado que s\u00f3lo exist\u00edan acusaciones religio\u00adsas, \u00fanicamente un tribunal eclesi\u00e1stico hubiese tenido competencia para el juicio, Saint-Cyran atraves\u00f3 una dram\u00e1tica crisis espiritual.<\/p>\n<p>El vasco, hombre esencialmente hecho para la ac\u00adci\u00f3n, se destruye pensando, y el bayon\u00e9s en su celda de la torre de Vincennes se preguntaba a s\u00ed mismo si ten\u00eda raz\u00f3n al obrar como obraba, si <em>sus <\/em>ideas eran justas, si su audacia no era una culpable temeridad. La lectura de la Escritura Santa, le produc\u00eda terror.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed, es menester una honrosa menci\u00f3n para la conducta de San Vicente de Paul, llamado a de\u00adclarar por el juez Mart\u00edn de Laubardement, cuya actua\u00adci\u00f3n, como bien se comprende, inspiraba en todos <em>sus <\/em>detalles el propio Richelieu.<\/p>\n<p>La menci\u00f3n es tanto m\u00e1s notable cuando se consi\u00addera que Vicente de Paul, antiguo amigo del abad, se hab\u00eda separado de \u00e9ste precisamente por discrepancias doctrinales. Vicente de Paul, que por cierto no cuenta con el cari\u00f1o de los jansenistas, recus\u00f3 al juez Laubar-dement, manifestando la incompetencia de un tribunal civil para juzgar a Saint-Cyran, y mucho m\u00e1s trat\u00e1n\u00addose, como se trataba, de un juicio que directamente interesaba a la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Lescot, futuro obispo de Chartres, fue m\u00e1s tarde en\u00adcargado por el arzobispo de Par\u00eds de juzgar al abad. Ante Lescot compareci\u00f3 tambi\u00e9n, entre otros persona\u00adjes, Vicente de Paul, que, adem\u00e1s de preparar por es\u00adcrito sus respuestas, hizo un derroche de habilidad para defender a su antiguo amigo. A la pregunta de Lescot, de si no hab\u00eda o\u00eddo decir al inculpado, que el papa y la mayor\u00eda de los obispos no constituyen la verdadera Igle\u00adsia, por desprovistos de la vocaci\u00f3n y del esp\u00edritu de la gracia, Vicente de Paul respondi\u00f3 que nunca le hab\u00eda o\u00eddo a Saint-Cyran afirmar el contenido de la pregunta a no ser que una vez dijo que \u00abmuchos obispos eran hechura de la Corte, y, por tanto, no ten\u00edan vocaci\u00f3n\u00bb, \u00a0y que al rev\u00e9s, nunca hab\u00eda visto a otra persona que tanto como el acusado estimara al episcopado ni a al\u00adgunos obispos, como por ejemplo, al difunto prelado de Cominges, y adem\u00e1s ponder\u00f3 la grande estima que el abad ten\u00eda del difunto Francisco de Sales, obispo de Ginebra, al que sol\u00eda llamar bienaventurado.<\/p>\n<p>El juez eclesi\u00e1stico pregunt\u00f3 tambi\u00e9n a Vicente de Paul si no hab\u00eda o\u00eddo a Saint-Cyran decir que el con\u00adcilio de Trento cambi\u00f3 y alter\u00f3 la doctrina de la Iglesia y no era concilio leg\u00edtimo, negando el declarante ha\u00adb\u00e9rselo o\u00eddo decir aunque s\u00ed en cambio afirmar que en \u00e9l hab\u00eda habido intrigas.<\/p>\n<p>&#8212;\u00bfHa dicho Saint-Cyran que Dios destruir\u00eda a su Iglesia, y que los que la sosten\u00edan obraban contra la intenci\u00f3n divina?\u2014 es la pregunta clave del interroga\u00adtorio de San Vicente de Paul en el proceso del bayon\u00e9s.<\/p>\n<p>El declarante no pudo negar hab\u00e9rselo o\u00eddo, si bien precis\u00f3 que una sola vez. \u00abEsta proposici\u00f3n \u2014agreg\u00f3 Vicente\u2014 me caus\u00f3 desde luego gran pesar.\u00bb Pero in\u00admediatamente el ap\u00f3stol de la caridad autoriz\u00f3 a <em>su <\/em>antiguo amigo con las palabras de un papa: \u00abDespu\u00e9s me pareci\u00f3 que dec\u00eda esto en el sentido en que el papa Clemente VIII lamentaba llorando que mientras la Igle\u00adsia se extend\u00eda por las Indias, le parec\u00eda que se destru\u00eda en los pa\u00edses cristianos.\u00bb<\/p>\n<p>Saint-Cyran repet\u00eda con San Gregorio Nacianzeno que \u00abnosotros no tenemos para dar a la Iglesia otra cosa que nuestras l\u00e1grimas\u00bb. La postura del abad paraliza\u00adba los esp\u00edritus. Una ideolog\u00eda triste paraliza el esp\u00edritu de apostolado. La Iglesia a veces solicita de nosotros las l\u00e1grimas, pero tambi\u00e9n algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>San Vicente de Paul complet\u00f3 su defensa de Saint-Cyran manifestando que las palabras de \u00e9ste hab\u00eda que interpretarlas a trav\u00e9s de sus acciones, \u00abque en su ma\u00adyor parte \u2014seg\u00fan dijo\u2014 contribuyen al sostenimiento de la Iglesia&#8230;\u00bb, a\u00f1adiendo por \u00faltimo que el abad viv\u00eda en armon\u00eda con las \u00f3rdenes religiosas m\u00e1s acreditadas y que su hostilidad a los jesuitas se reduc\u00eda a sustentar la opini\u00f3n de que <em>se <\/em>les retirase la facultad de ense\u00f1ar la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>La caridad de Vicente de Paul s\u00f3lo ve en aquellos momentos a un hombre en peligro, y olvida las funda\u00admentales discrepancias que de \u00e9l le separan, y que m\u00e1s tarde, arios despu\u00e9s de la muerte del abad, denunciar\u00eda valerosamente.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n del propio Saint-Cyran, dilatada por cierto un a\u00f1o, contribuye, en lo que respecta a Vicen\u00adte de Paul, a descubrir una vez m\u00e1s la exclusivista y mani\u00e1tica personalidad del bayon\u00e9s y el orgulloso con\u00adcepto de su persona. Ni aun en aquellos graves mo\u00admentos deja de subrayar la gran distancia a su juicio existente entre su propio talento especulativo y el de su antiguo compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>Lescot le pregunt\u00f3 si ten\u00eda a Vicente de Paul \u00abpor hombre de bien y de honor, juicioso y de mucha pru\u00addencia\u00bb; y el cazurro bayon\u00e9s respondi\u00f3 que le ten\u00eda \u00abpor hombre de caridad, de buena voluntad y que hace profesi\u00f3n de ser prudente.\u00bb<\/p>\n<p>El juez se crey\u00f3 en el caso de insistir para aclarar esta intencionada matizaci\u00f3n a prop\u00f3sito de la pruden\u00adcia del futuro santo.<\/p>\n<p>&#8211;pero cree, en efecto, que el se\u00f1or Vicente es prudente y hombre de bien?<\/p>\n<p>El abad que seguramente aguardaba la petici\u00f3n acla\u00adratoria, respondi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Yo creo que el se\u00f1or Vicente <em>es <\/em>prudente, pero que puede equivocarse por falta de luces y de inteli\u00adgencia en las cosas de la doctrina y de la ciencia, pero no por falta de buena voluntad y, desde luego, le tengo por hombre de bien.<\/p>\n<p>La exagerada vanidad de Saint-Cyran encubre pre\u00adcisamente su m\u00e1s \u00edntima debilidad, las quiebras invisi\u00adbles de su contextura interior. El abad necesita siempre estar afirmando su val\u00eda con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Normalmente el vasco es un extravertido. Por eso, esta secreta falla que lleva de manera directa a una inti\u00admidad seguramente dolorosa, conduce a su vez a la infancia de Saint-Cyran, y, sobre todo, a alguna per\u00adturbadora tara de origen familiar.<\/p>\n<p>La prisi\u00f3n, desde luego, aureol\u00f3 al bayon\u00e9s con nimbo de m\u00e1rtir, acrecentando extraordinariamente <em>su <\/em>indudable prestigio. Adem\u00e1s el encierro profundiz\u00f3 y purific\u00f3 su pensamiento: \u00abJam\u00e1s conoc\u00ed mejor las&#8217; ver\u00addades y los hombres\u00bb, pudo decir a su juez Lescot.<\/p>\n<p>Los reiterados paralelos entre Saint-Cyran y San Ig\u00adnacio de Loyola a lo largo de estas p\u00e1ginas, hacen obli\u00adgado al llegar aqu\u00ed otro motivo de semejanza. Las pri\u00adsiones de San Ignacio pon\u00edan camino de la c\u00e1rcel a muchos prestigiosos incondicionales deseosos de visitarle y de favorecerle, y lo mismo ocurri\u00f3 con Saint-Cyran. Muchos y autorizados amigos, dos prelados entre ellos, el de Lisieux y el de Pamiers, se presentaron reiterada\u00admente a Richelieu intercediendo por el abad.<\/p>\n<p>La muerte del Padre Jos\u00e9, ocurrida en diciembre de aquel mismo ario, sugiri\u00f3 a los amigos del encarcelado volver a la carga, pues imaginaban que aquel religioso hab\u00eda inspirado la detenci\u00f3n. Pero todo result\u00f3 in\u00fatil, inclusive el ofrecimiento de constituirse en rehenes, de tres de los m\u00e1s honorables amigos de Saint-Cyran.<\/p>\n<p>Cond\u00e9 mismo, el grande, el vencedor de Rocroi, que para interceder por el abad, <em>se <\/em>entrevist\u00f3 con Richelieu, escuch\u00f3 de \u00e9ste el concepto en que ten\u00eda al bayon\u00e9s: \u00abun hombre m\u00e1s peligroso que seis ej\u00e9rcitos de inva\u00adsi\u00f3n\u00bb. El dictador exageraba, pero era patente su prop\u00f3\u00adsito de mantener indefinidamente encerrado a Saint-Cyran.<\/p>\n<p>El n\u00famero y la calidad de los amigos del abad acon\u00adsej\u00f3 a Richelieu la dulcificaci\u00f3n del r\u00e9gimen carcelario del preso que no parece que nunca fuese duro. Barcos, Haitze y Arguibel, sus sobrinos, se distinguieron acom\u00adpa\u00f1\u00e1ndole durante el encierro y tampoco le faltaron los servicios de su fiel criado Oihenart, vasco tambi\u00e9n lo mismo que ellos. El abad pudo ponerse en comunica\u00adci\u00f3n con sus seguidores, enfervorizados en la adhesi\u00f3n, porque adem\u00e1s las medidas represivas del primer mi\u00adnistro tambi\u00e9n les alcanzaron.<\/p>\n<p>Los solitarios de Port-Royal, fervorosa agrupaci\u00f3n masculina en torno a los ideales de Saint-Cyran, que a la prisi\u00f3n de \u00e9ste, abandonando prudentemente los alre\u00addedores del monasterio parisino, se hab\u00edan reagrupado en el primitivo Port-Royal, fueron tambi\u00e9n disueltos y expulsados de este lugar, Singlin, sin embargo, una hechura del bayon\u00e9s, se encarg\u00f3 de avivar el fuego sa\u00adgrado de aquellos incondicionales para quienes el abad era un m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>\u2014Acord\u00e1os \u2014sal\u00eda exclamar la Madre In\u00e9s Arnauld\u2014 acord\u00e1os que el abad de Saint-Cyran ha sido encarcelado nada m\u00e1s que por haber mostrado los ver\u00addaderos caminos de la penitencia.<\/p>\n<p>El hermano menor de los Arnauld, Antonio Arnauld, el Gran Arnauld, entra precisamente en la escena de esta historia, yendo a visitar a Saint-Cyran encerrado en el castillo de Vicennes.<\/p>\n<p>La primera visita del joven estudiante de Teolog\u00eda, que entonces era Antonio Arnauld, al abad preso, pro\u00addujo en aqu\u00e9l profundo efecto. El joven Arnauld pene\u00adtr\u00f3 con decisi\u00f3n en el austero y riguroso sistema jansenista. La incorporaci\u00f3n a \u00e9stos del menor de los Arnauld, iba a tener enorme importancia para el movi\u00admiento que Saint-Cyran impulsaba.<\/p>\n<p>Antonio Arnauld, ni\u00f1o prodigio dirigido por su ma\u00addre al estado eclesi\u00e1stico, fue m\u00e1s tarde un dial\u00e9ctico y polemista extraordinario, que, de haber pose\u00eddo ter\u00adnura, hubiera sido un hombre irresistible. Las cuatro tesis reglamentarias de la Sorbona sostenidas por el me\u00adnor de los Arnauld de manera brillant\u00edsima, arrancaron ovaciones de un auditorio de prelados y magistrados. Pe\u00adro no obstante el brillante porvenir prometido a su talento, Antonio Arnauld compart\u00eda el temperamento y comulgaba id\u00e9nticos sentimientos que sus hermanos, y lo mismo que \u00e9stos, admiraba a Saint-Cyran que lo hab\u00eda trabajado profundamente en el esp\u00edritu. Antonio Arnauld visitaba y se correspond\u00eda con frecuencia con el prisionero de Vincennes.<\/p>\n<p>Arnauld, al igual que su maestro, declar\u00f3 tambi\u00e9n la guerra a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Un incidente mun\u00addano le dio pretexto para la rotura de las hostilidades. Un jesuita, el padre Sesmaisons, autoriz\u00f3 a su peniten\u00adte, la marquesa de Sabl\u00e9, adicta por cierto a Port-Royal, para bailar el mismo d\u00eda en que hab\u00eda comulgado, autorizaci\u00f3n denegada precisamente por Saint Cyran a su dirigida la princesa de Gu\u00e9m\u00e9n\u00e9. Con este motivo las ametralladoras teol\u00f3gicas de uno y otro campo rea\u00adnudaron fragorosamente la lucha. Pero convendr\u00eda que los lectores, para ponerse m\u00e1s exactamente en la ver\u00addad de la situaci\u00f3n, tuvieran en cuenta que los bailes objeto de esta pol\u00e9mica eran se\u00f1oriales bailes de sal\u00f3n, bien distintos de los: de hoy d\u00eda, predominantemente sexuales a menudo.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos de la controversia recuerdan mucho el estilo de muchas otras pol\u00e9micas a lo largo de este mismo siglo en bastantes pueblos vascos, salvo, claro es, la altura de la discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Saint-Cyran hab\u00eda escrito un peque\u00f1o tratado de piedad para uso de la princesa, en donde fundamentaba sus austeras prescripciones espirituales. La princesa de Gu\u00e9m\u00e9n\u00e9 pas\u00f3 el librito a su amiga la marquesa de Sabl\u00e9, porque entrambas se criticaban sus respectivas conductas; y la marquesa, a su vez, lo prest\u00f3 al jesuita que tambi\u00e9n escribi\u00f3 otro tratado que recorri\u00f3 el mis\u00admo camino en sentido inverso.<\/p>\n<p>El abad, escandalizado de las ideas a su juicio laxas del jesuita, imagin\u00f3 entonces una gran obra en respuesta a los conceptos de Sesmaisons; pero diversas circunstancias, la edad y el tiempo que cada vez m\u00e1s apremia seg\u00fan <em>se <\/em>avanza en la vida, impidieron la realizaci\u00f3n de este proyecto, del que se apoder\u00f3 su disc\u00edpulo, el me\u00adnor de los Arnauld.<\/p>\n<p>La nota que sigue, rompe una vez m\u00e1s la l\u00ednea cro\u00adnol\u00f3gica de este relato, pero la capital importancia del episodio exige imperiosamente hacer un sitio al mismo, porque es fundamental para el entendimiento de toda esta historia.<\/p>\n<p>En Agosto de 1643, Antonio Arnauld, dos meses y medio antes de la muerte de Saint-Cyran, publicaba, en la misma l\u00ednea ideol\u00f3gica de \u00e9ste y de Jansenio, el tratado de la <em>Fr\u00e9quente Communion, <\/em>libro elocuente, de p\u00e1ginas que a veces rozan lo sublime, pero del que <em>se <\/em>siguieron consecuencias lamentables para la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Gran Arnauld, con este libro que tuvo un \u00e9xito clamoroso, se propon\u00eda restablecer la verdadera doctrina acerca de la pr\u00e1ctica de los sacramentos, doctrina seg\u00fan \u00e9l pervertida por el laxismo de los jesuitas. Arnauld consideraba la Comuni\u00f3n, no como medio de aumentar la Gracia y cobrar as\u00ed m\u00e1s fuerza, sino como una subli\u00adme recompensa que era preciso merecer s\u00f3lo en muy raras ocasiones, y \u00fanicamente por medio de muy severas mortificaciones previas. S\u00f3lo deb\u00edan comulgar quienes al efecto sintiesen un decisivo llamamiento de la Gra\u00adcia divina. Los confesores, antes de autorizar la Comu\u00adni\u00f3n a sus penitentes, deb\u00edan imponerles juntamente con severas penitencias, una larga espera. Abstenerse de comulgar ven\u00eda a ser el signo distintivo de una pie\u00addad ejemplar y profunda humildad del alma. El resul\u00adtado fue fatal. P\u00e1rroco hubo que luego se jact\u00f3 de la ausencia total de comuniones sacr\u00edlegas en su parroquia en muchos arios, porque durante muchos arios, efectiva\u00admente, nadie hab\u00eda comulgado en su parroquia.<\/p>\n<p>El fanatismo se contagia y el rigorismo de Saint-Cyran, sistematizado y exagerado por su disc\u00edpulo Arnauld, llegar\u00eda a imponer a sus adeptos espantosas li\u00admitaciones espirituales. Arnauld, lo mismo que el abad, mantiene la necesidad de diferir la absoluci\u00f3n hasta tan\u00adto que el penitente haga penitencia.<\/p>\n<p>Saint-Cyran y su disc\u00edpulo Arnauld, como luego la secta jansenista, ven en la Eucarist\u00eda lo tremendo de este misterio, no lo atrayente. De las religiosas de Port-Royal de Par\u00eds \u2014las religiosas de Port-Royal del San\u00adt\u00edsimo Sacramento\u2014 que profesaban un ejemplar e im\u00adpresionante respeto a la Eucarist\u00eda y que comulgaban los d\u00edas de fiesta y un d\u00eda entre semana, <em>se <\/em>llega, de exageraci\u00f3n en exageraci\u00f3n, a las ideas de los jansenistas ardientes que se jactaban orgullosamente de comul\u00adgar s\u00f3lo una vez al ario o aun de no comulgar nunca. Vicente de Paul se lamenta en una de sus cartas, de que ya no se ve\u00eda casi a nadie comulgar en las grandes solemnidades, como no fuese a algunos en las iglesias de jesuitas.<\/p>\n<p>El abad de Saint-Cyran y sus amigos quitan al hombre, pretendiendo ofrecer a Dios, lo que quitan a sus hermanos. Y en este trist\u00edsimo caso puede a\u00f1adirse que ellos quitan Dios mismo al hombre y pretenden ofre\u00adcer a Dios con temblorosa reverencia esta monstruosa privaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Saint-Cyran y Antonio Arnauld oponen al amor ilimitado de Dios que con infinito anhelo quiere darse, un respeto estremecido y paralizante.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, la socarroner\u00eda gascona de San Vicen\u00adte de Paul, llena de buen sentido, pondr\u00eda un agudo y exacto comentario a las ideas de Antonio Arnauld. El Santo de la caridad subray\u00f3 con picard\u00eda, que Arnauld manifestaba en su libro que celebraba misa diariamen\u00adte, despu\u00e9s de sostener que ning\u00fan sacerdote, por per\u00adfecto que sea, est\u00e1 al abrigo de ciertas miserias, que de tiempo en tiempo le impiden celebrar.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, salvo la primera deprimente \u00e9poca de la prisi\u00f3n, una incesante actividad llena los cuatro arios y ocho meses que Saint-Cyran estuvo encerrado en Vincennes. El abad, desde su celda del castillo, redobla los contactos epistolares con sus disc\u00edpulos que leen las cartas de aqu\u00e9l como verdaderos or\u00e1culos y las circu\u00adlan con af\u00e1n. El abad escribe, aconseja y determina sin darse reposo. Adem\u00e1s el <em>Augustinus, <\/em>editado en 1640, inflam\u00f3 las energ\u00edas del prisionero que aguardaba con ansia aquel acontecimiento, bien consciente de su tras\u00adcendencia.<\/p>\n<p>En cuanto a los dem\u00e1s detenidos en la torre de Vincennes, es fama que rodearon al abad con extraordinario afecto, sobre todo dos generales alemanes, Ekenfort y Juan de Wert all\u00ed prisioneros. El primero de ellos sobre todo frecuentaba asiduamente la celda del bayon\u00e9s, anheloso de escuchar sus consejos espirituales. Cer\u00adcana ya la libertad de los dos generales y su regreso a Alemania, Richelieu invit\u00f3 a entrambos a una repre\u00adsentaci\u00f3n teatral de gala, a la que asistieron tambi\u00e9n los reyes, y deseando conocer el efecto que la lujosa funci\u00f3n hab\u00eda producido en los alemanes, envi\u00f3 a pre\u00adguntarles un emisario oficioso. Richelieu afect\u00f3 no haber o\u00eddo la respuesta que dio el bravo de Wert, a quien Par\u00eds consideraba en cierto modo como el Marlborough de la \u00e9poca. De Wert dijo que el espect\u00e1culo le parec\u00eda hermos\u00edsimo, pero que lo m\u00e1s asombroso de todo en el reino del Rey Cristian\u00edsimo era ver los obispos en la Comedia y los santos en la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La muerte de Richelieu el d\u00eda 4 de diciembre de 1642, el mismo d\u00eda de la conmemoraci\u00f3n de San Cyran, como hac\u00edan observar los jansenistas, determin\u00f3 la libertad de abad. En efecto, Mazarino, sucesor del car\u00addenal de Richelieu en los asuntos de Francia, no dilat\u00f3 mucho el mandamiento de la libertad que le solicitaron los innumerables amigos del abad, sobre todo el se\u00f1or de Andilly, que demostr\u00f3 en todo momento su incon\u00addicional adhesi\u00f3n al preso.<\/p>\n<p>El d\u00eda 6 de febrero de 1643, los habitantes de Vincennes, con su clero al frente, y la guardia del castillo despidieron apote\u00f3sicamente a Saint-Cyran.<\/p>\n<p>La noticia lleg\u00f3 con rapidez a Port-Royal de Par\u00eds, en donde la abadesa, la madre In\u00e9s Arnauld, deseosa de comunicarla a la comunidad, <em>se <\/em>present\u00f3 a \u00e9sta, des\u00adci\u00f1\u00e9ndose acto seguido la correa, para no transgredir la regla del silencio. Todas comprendieron al punto la significaci\u00f3n de aquel gesto, y poco despu\u00e9s, en el lo\u00adcutorio del monasterio, acogieron rebosantes de gozo al liberado abad.<\/p>\n<p>La algazara de la acogida desconcert\u00f3 a Saint-Cyran. La timidez junto con la enorme importancia que siem\u00adpre se conced\u00eda a s\u00ed mismo, dos caracter\u00edsticas frecuen\u00adtes en los vascos, est\u00e1n en las breves palabras que diri\u00adgi\u00f3 a las regocijadas religiosas y en su inmediata retira\u00adda del locutorio despu\u00e9s de pronunciarlas:<\/p>\n<p>\u2014Yo ten\u00eda, efectivamente, algo que deciros; pero ser\u00eda menester otra distinta preparaci\u00f3n. Dej\u00e9moslo pa\u00adra otra vez.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRISI\u00d3N Y PROCESO DE SAINT-CYRAN En la madrugada del 14 de mayo de 1638, ocho d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de Jansenio, el se\u00f1or de Andilly, tesorero de la naci\u00f3n, el hermano mayor, como ya &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-x\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-400805","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-formacion-vicenciana","no-post-thumbnail"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Saint-Cyran (X) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-x\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Saint-Cyran (X) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"PRISI\u00d3N Y PROCESO DE SAINT-CYRAN En la madrugada del 14 de mayo de 1638, ocho d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de Jansenio, el se\u00f1or de Andilly, tesorero de la naci\u00f3n, el hermano mayor, como ya ... 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