{"id":400803,"date":"2017-06-17T08:51:23","date_gmt":"2017-06-17T06:51:23","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400803"},"modified":"2017-04-23T18:52:47","modified_gmt":"2017-04-23T16:52:47","slug":"saint-cyran-ix","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-ix\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (IX)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>EL HOMBRE Y SU ESP\u00cdRITU<\/p>\n<p>El historiador alem\u00e1n Ludovico Pastor en su \u00abHis\u00adtoria de los Papas\u00bb comenta con implacable dureza las ideas desarrolladas por Jansenio en su <em>Augustinus. <\/em>La cita es bastante larga, pero merece la pena. \u00ab\u00a1Doctrina verdaderamente horrible! Al hombre lo hace lisiado en sus facultades naturales, y en su vida interior, una es\u00adpecie de m\u00e1quina sin libertad; la historia universal, la grandiosa lucha entre la luz y las tinieblas, se convierte en mero juego de mu\u00f1ecos, y la victoria final de Dios en una victoria sobre t\u00edteres. De Dios hace la nueva doctrina un tirano, que da preceptos, luego no ofrece a la mayor parte de los hombres la m\u00e1s ligera posibili\u00addad para su cumplimiento y, finalmente \u00a1entrega a los transgresores a la reprobaci\u00f3n eterna, a la que de ante\u00admano los ha destinado! Ocurre espont\u00e1neamente la pregunta de c\u00f3mo era posible que aun cat\u00f3licos se de\u00adjasen como hechizar por tales ideas. Para la explicaci\u00f3n se podr\u00eda indicar antes que nada el influjo del calvinis\u00admo. La exterior austeridad de costumbres de muchos calvinistas pudo hacer impresi\u00f3n en los cat\u00f3licos, y a la verdad tanto m\u00e1s, cuanto, principalmente en el pa\u00eds en que el jansenismo hall\u00f3 el suelo m\u00e1s f\u00e9rtil, en Fran-( la, se apoder\u00f3 de los esp\u00edritus un doblado celo religio\u00adso tomo reacci\u00f3n contra la anterior corrupci\u00f3n de cos\u00adtumbres. Ropiti\u00f3se el gesto de la escisi\u00f3n religiosa del siglo XVI. En vez de aspirar a una renovaci\u00f3n del hom\u00adbre interior sobre la base de la doctrina antigua, se hizo responsable de la decadencia a la doctrina antigua y se procur\u00f3 conseguir lo nuevo e inaudito. Pero, por m\u00e1s que quiz\u00e1 algunos fuesen incitados a mayor fervor por La austeridad de los nuevos profetas, esta dureza no po\u00add\u00eda obrar en conjunto sino perniciosamente. Si se tra\u00adzaba al mundo una imagen de Dios como la hizo Jansenio, la consecuencia hab\u00eda de ser que el mundo se apartase de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed Ludovico Pastor. Interesa ahora para mi objeto recordar aqu\u00ed que la primera traducci\u00f3n de la Sa\u00adgrada Escritura al vascuence data del ario 1571 y es obra de Juan de Lilarraga, cura cat\u00f3lico que abraz\u00f3 el calvinismo. Como que el libro, uno de los raros m\u00e1s codi\u00adciados por los coleccionistas de obras vascas, est\u00e1 escrito en dialecto labortano y dedicado a la reina do\u00f1a Juana de Albret, que a la vez de encargarle la traducci\u00f3n y la propaganda de la doctrina- protestante en tierra vasca, lo nombr\u00f3 pastor de Labastide.<\/p>\n<p>Tampoco es un desprop\u00f3sito volver a citar aqu\u00ed a Sainte-Beuve, tan reiteradamente aludido a lo largo de estas p\u00e1ginas, que dice al comienzo del discurso preli\u00adminar de su <em>Port-Royal: <\/em>\u00abSaint-Cyran es una especie de Calvino en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica y del epis\u00adcopado galicano, un Calvino restaurando el esp\u00edritu de los Sacramentos, un Calvino <em>interior <\/em>de esa Roma a la que a deseaba continuar adherido\u00bb.<\/p>\n<p>Desde luego, Saint-Cyran ten\u00eda cierta afinidad tem\u00adperamental con Calvino, afinidad que en alguna oca\u00adsi\u00f3n manifest\u00f3 con todas las precauciones requeridas. Sab\u00eda tambi\u00e9n frenar y callarse a tiempo y aun reaccio\u00adnar contra <em>sus <\/em>propios impulsos y corregirlos, estructu\u00adrando razonamientos contrarios. Una de sus \u00faltimas obras, concebida precisamente contra la penetraci\u00f3n cal\u00advinista en Francia, es una prueba de esto.<\/p>\n<p>El bayon\u00e9s, hombre profundamente reservado, ha\u00adc\u00eda de la reserva una fuerza. Si a veces se propasaba en sus manifestaciones orales acerca de temas peligrosos, pose\u00eda asimismo el sentido del l\u00edmite prudencial de la insistencia en sus palabras.<\/p>\n<p>No era negarse que su alma era profundamente sacerdotal y que se inclinaba a considerar el alma huma\u00adna con vehementes deseos de salvarla. Pose\u00eda, lo mismo que San Ignacio de Loyola, el don de la palabra per\u00adsuasiva. Saint-Cyran, al hablar en p\u00fablico, no desmen\u00adt\u00eda su raza vasca; hablaba corto, en aforismos, ce\u00f1ido al tema. En cambio, cuando escribe lucha por expresar\u00adse, y entonces parece como que por recurso juega con el misterio. A las veces parece tenebroso. Se esfuerza al escribir en poner la cosa en situaci\u00f3n, y alguna vez fecha sus cartas hasta con la menci\u00f3n de la hora. Su correspondencia en cifra con Jansenio define un car\u00e1c\u00adter. Saint-Cyran se coloca desde un principio en lo que es, en hombre fronterizo, en contrabandista de las ideas.<\/p>\n<p>Profesaba sin embargo la sinceridad; sosten\u00eda la ne\u00adcesidad de guardarse de manifestar al exterior mayor suma de sentimiento \u00edntimo de lo que verdaderamente se siente adentro, en lo que demostraba ser un vasco perfecto. No quiere l\u00e1grimas ni gestos; tiene como las gentes de su raza el pudor del sentimiento. \u00abYo no quiero un dolor que <em>se <\/em>derrame en los sentidos; tened cuidado de vuestras l\u00e1grimas\u00bb, aconsejaba este duro ar\u00adt\u00edfice de almas.<\/p>\n<p>San Ignacio pose\u00eda en cambio don de l\u00e1grimas. El llanto puede fortalecer, <em>es <\/em>t\u00f3nico; hay l\u00e1grimas de las que no debemos avergonzarnos. El llorar descubre con frecuencia al hombre fuerte.<\/p>\n<p>Saint-Cyran hablaba elogiosamente de los primeros jesuitas. Es indudable que conoc\u00eda la vida de San Ig\u00adnacio de Loyola, y adem\u00e1s a fondo, por razones racia\u00adles y de proximidad geogr\u00e1fica, y es dif\u00edcil no hacer sitio al pensamiento de que muchas veces alude oculta\u00admente al santo guipuzcoano. Cuando el bayon\u00e9s dice que el deseo de querer hacer cosas extraordinarias, es ir contra la humildad, y que no somos santos por hacer cosas como los santos, \u00bfen qui\u00e9n pensaba verdaderamen\u00adte? \u00bfNo estar\u00eda pensando en San Ignacio de Loyola? A lo mejor estoy pecando de suspicaz, pero tal es mi sospecha vehemente.<\/p>\n<p>Pero <em>este <\/em>otro pensamiento le pertenece asimismo: \u00abNo hay mayor orgullo que sobrepasar las \u00f3rdenes de Dios, haciendo de la propia cabeza y por un movimiento precipitado algunas grandes obras por El, y no hay ma\u00adyor humildad que hacer por El algunas grandes obras permaneciendo dentro de los medios y de las \u00f3rdenes por El prescritas\u00bb.<\/p>\n<p>Cabe volver a preguntar en qui\u00e9n pensaba Saint-Cyran al escribir ese doble pensamiento y si \u00e9l no expresa un disimulado paralelo de su propia persona con Ignacio de Loyola. \u00bfNo hay aqu\u00ed una forma de secreto resen\u00adtimiento? Pero honradamente necesito por si acaso se\u00ad\u00f1alar al lector la sospecha de mi propia suspicacia.<\/p>\n<p>Nada hay que objetar en cambio al pensamiento del abad, cuando dice que la verdadera humildad consiste menos en creerse incapaz de hacer las obras, grandes incluso, que en saberse pecador e incapaz de realizarlas de otra manera que por Dios.<\/p>\n<p>Realmente las ocasiones de establecer paralelos en\u00adtre San Ignacio y Saint-Cyran, surgen a menudo. Este, lo mismo que aqu\u00e9l, pens\u00f3 tambi\u00e9n en hacerse cartujo, si bien varias razones, entre ellas su salud, se opusieron a este proyecto.<\/p>\n<p>Tampoco puede negarse que el bayon\u00e9s oper\u00f3 con\u00adversiones asombrosas, y que por extra\u00f1o que parezca, \u00e9ste es uno de los motivos que contribuyeron a enaje\u00adnarle la amistad de Richelieu. El dictador lleg\u00f3 a con\u00adcebir celos de Saint-Cyran, porque \u00e9ste, por modo de conversi\u00f3n, le quitaba gente sobre la que \u00e9l, Richelieu, abrigaba particulares proyectos.<\/p>\n<p>Para ganar los corazones, este hombre ultrasevero y tenebroso adoptaba un aire alegre. Juntaba la austeri\u00addad y la ternura. Y lo mismo que a San Ignacio, le gustaban los c\u00e1nticos e himnos religiosos y recomenda\u00adba a sus amigos el canto. \u00c9l mismo, en las horas amargas de su vida, cantaba en voz muy alta. Julien Green observa, en una anotaci\u00f3n de su <em>Diario <\/em>\u2014obra henchi\u00adda a veces, sobre todo en sus primeros tomos, de una preocupaci\u00f3n jansenista\u2014 que Port-Royal, en un prin\u00adcipio, estaba lleno de c\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Pero Saint-Cyran administraba el cielo desde aqu\u00ed abajo. Da miedo pensar que el abad pueda hallarse co\u00admo fiscal en el momento del juicio. Profesaba la opi\u00adni\u00f3n de que los pecados de importancia dejan su hue\u00adlla en el alma e insiste en esta idea de la herida del pecado en el alma.<\/p>\n<p>\u00bfEs sana esta doctrina? El pasado es menester olvi\u00addarlo. Los pecados perdonados no dejan huella, al me\u00adnos en los hombres normales. La felicidad, la pobre fe\u00adlicidad posible aqu\u00ed abajo, nos estar\u00eda vedada si tuvi\u00e9\u00adsemos siempre que estar pensando en los pecados come\u00adtidos y ya perdonados. Saint-Cyran apunta en esa opi\u00adni\u00f3n a la anormalidad psicol\u00f3gica siempre dispuesta <em>a <\/em>repensar lo ya acaecido y siempre disminuida en el \u00e1ni\u00admo ante las perspectivas del futuro, probablemente por\u00adque \u00e9l mismo participaba de esa \u00edntima y temblorosa anormalidad.<\/p>\n<p>Cuando el severo bayon\u00e9s sostiene vigorosamente que un solo pecado de impureza invalida en los obis\u00adpos el ejercicio de la dignidad episcopal, en realidad est\u00e1 dictando su m\u00e1s \u00edntima y austera biograf\u00eda.<\/p>\n<p>Para \u00e9l, la primera regla de la penitencia era que aqu\u00e9l que pec\u00f3 haciendo cosas il\u00edcitas, debe abstenerse de las cosas l\u00edcitas. Recomienda el rezo del Salmo L, el <em>Miserere, <\/em>y sobre todo la meditaci\u00f3n del <em>secundara magnam misericordiam tuam, <\/em>del tercer vers\u00edculo del salmo, aqu\u00e9l que temblorosa y conmovedoramente im\u00adplora: \u00abTen piedad de m\u00ed \u00a1oh Dios! <em>seg\u00fan la grande\u00adza de tu misericordia: <\/em>y seg\u00fan la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad\u00bb. Insiste en que todas las palabras de los salmos penitenciales poseen una espe\u00adcial virtud para curar las heridas del alma. Esta idea de la viva cicatriz de la herida del pecado en el alma, nun\u00adca le abandona.<\/p>\n<p>Pocos, poqu\u00edsimos, se acercar\u00edan hoy a la confesi\u00f3n tal como quer\u00eda Saint-Cyran. La larga espera preparato\u00adria que impon\u00eda a los penitentes, dilatada d\u00edas, semanas y hasta meses, deb\u00eda ser para las almas escrupulosas y aun simplemente para las almas de buena voluntad, un verdadero tormento. Esta postura indudablemente pre\u00adpar\u00f3 terreno al <em>De la fr\u00e9quente communion, <\/em>el libro de su disc\u00edpulo Arnauld, que dej\u00f3 vacantes los confe\u00adsionarios cerrando al propio tiempo los sagrarios.<\/p>\n<p>\u00bfHasta d\u00f3nde no ha sido nuestro pa\u00eds vasco v\u00edctima de esa severidad? En \u00e9l viven todav\u00eda algunos po\u00adcos ancianos capaces de rememorar los ya lejanos tiem\u00adpos en que ciertas iglesias pueblerinas, al mediod\u00eda del Jueves Santo, acostumbraban subir los confesonarios al coro para que en \u00e9l permanecieran hasta el comienzo de la Cuaresma del a\u00f1o siguiente.<\/p>\n<p>Hace alg\u00fan tiempo, en un viejo libro piadoso, se me apareci\u00f3 una c\u00e9dula de cumplimiento pascual perte\u00adneciente al pueblecito guipuzcoano de Alb\u00edztur. La c\u00e9\u00addula, si no recuerdo muy mal, correspond\u00eda al a\u00f1o 1818. Aquella peque\u00f1a tira de papel destinada para unos habitantes que, sobre todo entonces, en su inmensa ma\u00adyor\u00eda, desconocer\u00edan totalmente otro idioma que no fue\u00adse el vascuence, estaba impresa en castellano y la firma dec\u00eda secamente: <em>Eceiza, Rector. <\/em>Evocaba la figura de alguna grave autoridad moral que se\u00f1oreaba el pueble\u00adcito con indiscutido poder.<\/p>\n<p>Desde luego, es menester imaginar aquellos sacer\u00addotes a la antigua administrando cada Cuaresma celo\u00adsamente la entrega de las c\u00e9dulas para el cumplimien\u00adto pascual, a cambio de un satisfactorio conocimiento de la doctrina cristiana demostrado por cada aspirante. Mi abuelo materno se jactaba de-ser capaz de decir el texto completo en vascuence de la doctrina cristiana,-sin equivocarse siquiera en una coma.<\/p>\n<p>Aquella vieja c\u00e9dula de cumplimiento pascual me hizo recordar otra figura que debi\u00f3 de vivir en mi pue\u00adblo natal por aquellos mismos a\u00f1os o poco despu\u00e9s y cuya memoria perdur\u00f3 tanto, como que por lo menos, el relato de una de sus posturas fundamentales ante la religi\u00f3n haya llegado a o\u00eddos del insaciable oyente de viejas historias qu\u00e9 yo soy.<\/p>\n<p>Era don Agust\u00edn de Iturriaga un hombre rico, de ideas anticlericales, cazador empedernido. Todos los a\u00f1os, all\u00e1 a fines de enero o principios de febrero, este hombre, al sorprender en los campos la primera flor de nabo, se encaraba la escopeta y disparaba contra la inocente flor de la planta de ra\u00edz carnosa, despu\u00e9s que exclamaba todo enfurecido:<br \/>\n<em>\u2014iMadarikatuak! Daueneko azaldu al zerate&#8230; <\/em>(\u00a1Malditas flores! Tan pronto y est\u00e1is aqu\u00ed nuevamente&#8230;).<\/p>\n<p>Las amarillas flores del nabo recordaban a aquel anticlerical, la confesi\u00f3n anual, obligatoria en los man\u00addamientos de la Santa Madre Iglesia, pero su violenta reacci\u00f3n al disparar furioso contra ellas, demuestra que, a pesar de todo, cumpl\u00eda aquel mandamiento, por lo visto dificil\u00edsimo para \u00e9l.<\/p>\n<p>Aun a riesgo de interrumpir en demas\u00eda el hilo de este relato, me atrever\u00e9 aqu\u00ed a una breve narraci\u00f3n \u00ednti\u00adma, en contraste directo con las notas que inmediata\u00admente anteceden. Espero que el lector disculpar\u00e1 esta reiteraci\u00f3n exponiendo mis reconditeces familiares. Es que no encuentro otros casos m\u00e1s a mano.<\/p>\n<p>La historia se refiere a mi padre, hijo de padres car\u00adlistas, cat\u00f3licos a machamartillo. Las ideas, o mejor en este caso, la contradicci\u00f3n de las ideas, no siempre se hereda, y mi abuelo era carlista a pesar de ser hijo de una entusiasta y en\u00e9rgica liberal. En otro libro hago un corto esbozo de esta interesante mujer que nunca abdi\u00adc\u00f3 de <em>sus <\/em>ideas a pesar de su feliz matrimonio con mi bis\u00adabuelo, capit\u00e1n carlista.<\/p>\n<p>Alguna vez, mi bisabuela tuvo que hacer valer su ideolog\u00eda cerca de los liberales, para poner fuera de pe\u00adligro a su hijo, tomado en rehenes por aqu\u00e9llos. Hab\u00eda en casa memoria del comentario, acerbo <em>y <\/em>desilusionado, con que ella se dol\u00eda del rumbo ideol\u00f3gico de su hijo, y que expresaba rotundamente.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Nunca dejar\u00e1 de haber carlistas y gitanos. <em>(Bai. Karlistek eta ijituek beiriere ez die akabatuko).<\/em><\/p>\n<p>No vea el lector ning\u00fan prop\u00f3sito de burla por mi parte en la transcripci\u00f3n de este pintoresco episodio.<\/p>\n<p>Estoy trazando estrictamente el esbozo ideol\u00f3gico de una familia vasca hacia las inmediaciones de la segunda guerra civil. No trato de mofarme de nadie.<\/p>\n<p>No obstante su madre, mi abuelo paterno viv\u00eda en carlista y rezaba diariamente en familia, con una f\u00f3rmu\u00adla no exenta de grandeza, <em>por la salud y prosperidad de nuestro cat\u00f3lico monarca Carlos VII y su real familia. <\/em>Mi padre fue tambi\u00e9n carlista de chico, y debi\u00f3 de serlo de manera entusiasta, porque le o\u00ed ponderar la ilusi\u00f3n con que \u00e9l y sus amigos sol\u00edan guardar en la cartera, las cri\u00adnes del caballo blanco de don Carlos VII cuando \u00e9ste, al pasar por Azpeitia, se alojaba en el palacio de Emparan.<\/p>\n<p>Pero mi padre pas\u00f3 de joven algunos a\u00f1os en un pintoresco pueblo vasco-franc\u00e9s cercano a la frontera. Sol\u00eda contar que en un rinc\u00f3n de su cuarto reposaban apilados contra la pared, desde la segunda guerra civil, varios gruesos paquetes llenos de detentes con esta ins\u00adcripci\u00f3n: <em>Detente bala, el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas est\u00e1 con\u00admigo. Los <\/em>detentes indudablemente estaban destinados al ej\u00e9rcito carlista, y el final de la segunda guerra civil los inmoviliz\u00f3, ya sin objeto para muchos a\u00f1os, en el cuarto ocupado por mi padre en aquel pueblo fronterizo vasco-franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Ignoro la trayectoria exacta de la reacci\u00f3n producida por este episodio en el esp\u00edritu de mi padre. Pero la de\u00adduzco, porque estoy viendo todav\u00eda el adem\u00e1n burl\u00f3n y la sorna que pon\u00eda al relatarnos este sucedido de sus a\u00f1os juveniles, y c\u00f3mo tambi\u00e9n muchas veces romp\u00eda al final con alma y vida a cantar la Marsellesa desa\u00adfiando la indignaci\u00f3n que produc\u00eda en mi santa madre el oirle cantar delante de sus hijos el vibrante himno na\u00adcional franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Perd\u00f3n otra vez, pero todo este pre\u00e1mbulo era nece\u00adsario para lo que voy a a\u00f1adir. Es una historia muy simple.<\/p>\n<p>Viv\u00eda en mi pueblo un sacerdote, don Ignacio Esnaola, apacible var\u00f3n que serv\u00eda un convento de clau\u00adsura extramuros del pueblo. Don Ignacio era como un \u00e1ngel que tuviese facultad de consagrar. A \u00e9l acud\u00edan para confesarse las almas dif\u00edciles de varios kil\u00f3metros a la redonda. Don Ignacio las esperaba con amor en su confesonario del convento, o les enviaba discret\u00edsimos recados avis\u00e1ndoles estar dispuesto a oirles a la hora que m\u00e1s quisiesen, all\u00ed en el confesonario, o tambi\u00e9n, si as\u00ed lo prefer\u00edan, en la sacrist\u00eda del viejo monasterio.<\/p>\n<p>Todos los arios, dos veces, la antev\u00edspera de la Virgen de los Dolores y la antev\u00edspera de la Inmaculada Con\u00adcepci\u00f3n, recib\u00eda mi padre, de forma delicad\u00edsima, este ofrecimiento de don Ignacio. El cari\u00f1oso recordatorio te\u00adn\u00eda la virtud de poner a mi padre radiante de satisfac\u00adci\u00f3n, y m\u00e1s de una vez le o\u00ed comentar en ocasi\u00f3n se\u00admejante:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero para ser como don Ignacio, hace falta ser hijo de miquelete. <em>(Bai, ba\u00f1o, clon Ignacio bezelakue izateko, mikeletien semie \u00edzen bier).<\/em><\/p>\n<p>No era dif\u00edcil adivinar hacia d\u00f3nde apuntaba mi pa\u00addre. Porque en efecto, don Ignacio era hijo de .miquele-te, es decir, hijo de un miliciano perteneciente al Cuerpo de Miqueletes, la guardia provincial guipuzcoana incon\u00addicionalmente adicta a los liberales durante la segunda guerra civil. Mi padre quer\u00eda significar que precisamente la condici\u00f3n de hijo de liberal afinaba en don Ignacio su amoroso sentido d\u00e9 las almas, sobre todo de cierta clase de almas. Puesto a distinguir entre el hombre y la doctrina, Don Ignacio jam\u00e1s perd\u00eda de vista al hombre. Entre tener raz\u00f3n o llevar a Dios un alma, Don Ignacio escog\u00eda esto \u00faltimo.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed termina mi divagaci\u00f3n, al margen aparente\u00admente de la persona de Saint-Cyran, porque estoy fir\u00admemente persuadido de que cuanto aqu\u00ed va relatado, tiene conexiones m\u00e1s o menos estrechas con su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Porque para atrapar otra vez el tema y empalmarlo, tampoco est\u00e1 de m\u00e1s recordar a aquel sacerdote jansenista que Arnauld cita, p\u00e1rroco de una iglesia cercana a Par\u00eds, que volvi\u00f3 a introducir la penitencia p\u00fablica estableciendo entre sus ovejas pecadoras discriminacio\u00adnes que las divid\u00edan en cuatro clases, de las cuales las dos \u00faltimas hab\u00edan de estar durante la misa, una parte en el cementerio que rodeaba la iglesia y la otra en un collado que estaba enfrente, y s\u00f3lo eran llamados al templo para el serm\u00f3n, es decir, para la reprimenda, por\u00adque los predicadores jansenistas no conceb\u00edan el serm\u00f3n sino como una dura reprimenda.<\/p>\n<p>Barcos, sobrino de Saint-Cyran y su sucesor como abad del monasterio del mismo nombre, impon\u00eda alguna vez por penitencia vadear los r\u00edos durante el invierno con los pies descalzos, o limitaba el trato entre casados.<\/p>\n<p>La primera v\u00edctima de las exageraciones del jansenis\u00admo, es el pueblo. Ludovico Pastor, a quien vuelvo a repetir, porque adem\u00e1s apoya con autoridad mis digresiones antecedentes, sostiene \u00abque la excesiva seve\u00adridad de los p\u00e1rrocos abri\u00f3 una sima entre ellos y su feligres\u00eda; s\u00f3lo un corto n\u00famero de hombres muy pia\u00addosos permaneci\u00f3 fiel a los sacerdotes, pero la mayor parte de los fieles se vieron cada vez y m\u00e1s abandona\u00addos\u00bb.<\/p>\n<p>El sacerdocio desaparecer\u00eda, si las ideas de Saint-Cyran en orden a la admisi\u00f3n de aspirantes al sacramento del Orden fuesen practicadas. Su frase: <em>Sur dix mille pr\u00e9tres, pas un! <\/em>\u2014Entre diez mil sacerdotes, \u00a1ni uno! \u2014es la negaci\u00f3n del evang\u00e9lico y angustioso lamento: Las mies es mucha, los operarios pocos.<\/p>\n<p>Pero esta famosa y excluyente sentencia saint-cyraniana se vuelve de modo instant\u00e1neo contra el mismo que acostumbraba pronunciarla. Porque si entre diez mil sacerdotes, \u00a1ni uno! \u00bfqui\u00e9n queda entonces? Y l\u00f3\u00adgicamente es menester responder: queda el abad de Saint-Cyran. La cuesti\u00f3n no tiene vuelta. Porque no tiene duda que entre la masa general de sacerdotes, el bayon\u00e9s ten\u00eda un alt\u00edsimo concepto de su propia per\u00adsona. El se ve\u00eda a s\u00ed mismo en la cima, destacando sobre todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Para el abad, la misi\u00f3n sacerdotal de predicar ten\u00eda m\u00e1s importancia que la de ofrecer el sacrificio y el poder de perdonar los pecados. \u00abPorque la predicaci\u00f3n \u2014dec\u00eda\u2014 no es un misterio menas terrible que la Eucarist\u00eda, y hasta me parece m\u00e1s terrible, porque por ella, por la predicaci\u00f3n, se engendran y se resucitan las almas a Dios, en tanto que por la Eucarist\u00eda no se hace m\u00e1s que ali\u00admentarlas, o mejor dicho, curarlas&#8230; Prefiero decir cien misas que hacer un serm\u00f3n. El altar es una soledad, y la predicaci\u00f3n una asamblea p\u00fablica en donde es mayor el peligro de ofender al Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Estas frases tienen un contenido y un peso enormes. La Eucarist\u00eda es un sacramento de fieles, y San Pablo, en efecto, en su primera carta a los Corintios, escribe acerca de la salvaci\u00f3n de los creyentes por la locura de la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero el texto es de los que mejor alumbran la inquie\u00adta e inquietante personalidad del abad de Saint-Cyran, su doctrina y su personal fuerza de penetraci\u00f3n, sobre todo cuando se sabe que, como el mejor medio de pre\u00adpararse a la predicaci\u00f3n, prescrib\u00eda a los sacerdotes la concentraci\u00f3n interior y el silencio perfecto, que \u00e9l indu\u00addablemente practicaba antes de hablar en p\u00fablico. Este consejo de Saint-Cyran no tiene nada de sospechoso. Pero el texto, en su conjunto, descubre perfectamente la inquietud \u00edntima y en cierto modo hasta una segunda intenci\u00f3n de prop\u00f3sitos.<\/p>\n<p>El lector de esas l\u00edneas instintivamente se pone en guardia y evoca el candor de la mente y del coraz\u00f3n que camina recto al deber y a la verdad, a Dios s\u00f3lo en una palabra. Esa confidencia de Saint-Cyran revela a \u00e9ste muy a distancia de la hermosa sencillez, de la santa sim\u00adplicidad en el trato y comunicaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n de la inmensidad de Dios que hac\u00eda temblar al bayon\u00e9s, tiene perfecta correspondencia con su convicci\u00f3n del mundo aparte que constituye cada alma. \u00abUna \u00fanica alma <em>es <\/em>suficiente para emplear a un sacerdote, porque cada alma y cada hombre, aunque sean cosa peque\u00f1a en su composici\u00f3n natural, son como un gran mundo en los designios y en la obra de la salud\u00bb.<\/p>\n<p>No est\u00e1 de m\u00e1s recordar aqu\u00ed a San Francisco de Javier, ap\u00f3stol de multitudes, gran pe\u00f3n de la Fe, una de las admiraciones de Saint-Cyran, cuya obra, en cam\u00adbio, se dirige a un grupo restringido de elegidos.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n del abad es una religi\u00f3n de clase, de c\u00edr\u00adculo cerrado, que atiende a unos pocos con tir\u00e1nico ex\u00adclusivismo, para desatender en- cambio por completo a la inmensa mayor\u00eda. El saint-cyranismo prendi\u00f3 sobre todo en la aristocracia de la clase media francesa.<\/p>\n<p>El indudable celo de Saint-Cyran se practica de es\u00adpaldas a la masa, y como consecuencia natural, engen\u00addra la apostas\u00eda del pueblo. En efecto, una \u00fanica alma es suficiente para emplear a un sacerdote, pero a condi\u00adci\u00f3n de atender a todas, de no desatender por ese cui\u00addado del alma \u00fanica a ninguna otra alma.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL HOMBRE Y SU ESP\u00cdRITU El historiador alem\u00e1n Ludovico Pastor en su \u00abHis\u00adtoria de los Papas\u00bb comenta con implacable dureza las ideas desarrolladas por Jansenio en su Augustinus. 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