{"id":400797,"date":"2017-06-11T08:44:50","date_gmt":"2017-06-11T06:44:50","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400797"},"modified":"2017-04-23T18:46:31","modified_gmt":"2017-04-23T16:46:31","slug":"saint-cyran-vi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-vi\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (VI)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>LOS AMIGOS DE SAINT-CYRAN<\/p>\n<p>Saint-Cyran, lo mismo que San Ignacio de Loyola, ten\u00eda infinidad de amigos, y amigos, adem\u00e1s, de alta consideraci\u00f3n social. Su persona y el movimiento que suscit\u00f3, est\u00e1n ligados a los nombres m\u00e1s famosos del siglo XVII, desde Molina a Belarmino, desde Racine a Pascal, desde Bossuet a Leibniz.<\/p>\n<p>El primero en la enumeraci\u00f3n de los amigos del bayan\u00e9s es Jansenio, con quien desde sus arios de activa camarader\u00eda en Bayona, nunca dej\u00f3 de cartearse, casi siempre en clave o en un argot dif\u00edcil de interpretar, sobre todo a partir de un reencuentro que tuvo con \u00e9l en 1621, pocos a\u00f1os despu\u00e9s de su separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En estas entrevistas, Jansenio y Saint-Cyran convi\u00adnieron dentro del mayor secreto la preparaci\u00f3n del <em>Augustinus, <\/em>la extens\u00edsima obra a realizar por el primero, cuyo esp\u00edritu <em>se <\/em>encargar\u00eda en la pr\u00e1ctica de propagar Saint-Cyran. Este, juntamente con su amigo, plane\u00f3 la arquitectura de la obra y encabez\u00f3 sus cap\u00edtulos. A partir de este momento, separados ya nuevamente el flamencio y el vasco, la correspondencia de entrambos es intensa, pero su sentido con frecuencia escapa a la pentraci\u00f3n de los cr\u00edticos. Jansenio es <em>Bo\u00e9ce <\/em>o <em>Sulpice; <\/em>los jesuitas <em>se <\/em>llaman <em>Chimer, <\/em>o tambi\u00e9n, despreciativa\u00admente, <em>Gorphoroste. <\/em>Saint-Cyran tan pronto es <em>Ron-geart <\/em>como <em>Durillon. <\/em>El proyecto que traen entre ma\u00adnos <em>se <\/em>llamar\u00e1 <em>Pilmot. <\/em>San Agust\u00edn tiene varios seud\u00f3\u00adnimos: <em>Seraphi, Aelius, Leoninus. <\/em>Los protestantes res\u00adpond\u00edan al extra\u00f1o nombre de <em>Cucumer.<\/em><\/p>\n<p>Una carta de Jansenio a Saint-Cyran distingue en\u00adtre <em>Gorphoroste, <\/em>los jesuitas de Lovaina, y <em>Pacuvius, <\/em>la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, a la que <em>Pardo, <\/em>el Papa, empuja m\u00e1s al precipicio envaneci\u00e9ndola con la canonizaci\u00f3n de <em>Cyprin, <\/em>San Ignacio de Loyola, y tambi\u00e9n con la de San Francisco Javier.<\/p>\n<p>Sin embrago, conviene no considerar demasiado ma\u00adlignamente esta enumeraci\u00f3n de sobrenombres. Hay que pensar en la gran inseguridad de los correos de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Jansenio ten\u00eda m\u00e1s dotes pol\u00edticas que Saint-Cyran. Adem\u00e1s de lector empedernido de San Agust\u00edn, era un h\u00e1bil negociador. Jansenio \u2014hay que hacerle esa justi\u00adcia\u2014 vio&#8217; con claridad el desastre que para la unidad religiosa europea significaba la pol\u00edtica del cardenal de Richelieu cuyas maniobras favorec\u00edan a luteranos y cal\u00advinistas, y decididamente <em>se <\/em>coloc\u00f3 enfrente del carde\u00adnal. Espa\u00f1a, a quien favorec\u00eda esa postura, le recom\u00adpens\u00f3 esta actitud con el obispado de Ypres.<\/p>\n<p>Jansenio y Saint-Cyran, a partir de 1621, volvieron a verse en repetidas ocasiones. Este ario renunci\u00f3 Saint-Cyran a su cargo de vicario de la di\u00f3cesis de Poitiers para ir a establecerse en Par\u00eds. Los dos amigos, unidos por una profunda afecci\u00f3n, ve\u00edanse algunas veces en esta ciudad, sobre todo cuando Jansenio, de paso por Par\u00eds, se trasladaba a Madrid.<\/p>\n<p>En cuanto a Saint-Cyran, los primeros a\u00f1os de su estancia en la capital, acud\u00eda frecuentemente a asistir en su di\u00f3cesis al obispo de Aire. El bayon\u00e9s es el hom\u00adbre de la prelac\u00eda siempre inminente. \u00bfQu\u00e9 falt\u00f3 a es\u00adte hombre para ser obispo? Seguramente la decidida voluntad de llegar a la dignidad. La responsablidad efectiva del cargo de obispo \u00bfhubiera curado en Saint-Cyran <em>sus <\/em>ansiedades? Probablemente, s\u00ed; o por lo me\u00adnos, las hubiese aliviado mucho.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte de monse\u00f1or Le Bouthillier, obispo de Aire, Saint-Cyran de asiento ya en Par\u00eds de\u00adfinitivamente, se relacionaba con los elementos m\u00e1s pre\u00adponderantes del mundo eclesi\u00e1stico de la ciudad. El P. de Condren, de la Congregaci\u00f3n del Oratorio, es una de sus grandes amistades y tambi\u00e9n Pedro de Berulle, el austero primer general de esta Congregaci\u00f3n, con quien le un\u00eda amistad estrech\u00edsima, tanto que en cola\u00adboraci\u00f3n con Jansenio contribuy\u00f3 mucho a introducir la Congregaci\u00f3n del Oratorio en Flandes. Hubo un momento en que esta nueva Congregaci\u00f3n parec\u00eda que iba a ser el veh\u00edculo de <em>Pilmot.<\/em><\/p>\n<p>El cardenal Pedro de Berulle, personaje de noble origen y gran calidad humana, ardiente celo religioso y notable dotes de controversista, hab\u00eda sido educado por los jesuitas. Al regreso de un viaje a Espa\u00f1a, intro\u00addujo en su patria la orden de las carmelitas descalzas, comenzando a remediar as\u00ed la ausencia en Francia de verdaderas comunidades femeninas, y en 1611 fund\u00f3 la orden del Oratorio, confirmada m\u00e1s tarde por el pa\u00adpa Paulo V. Berulle, hombre humilde, rehus\u00f3 muchas veces los obispados que le ofrecieron Enrique IV y Luis XIII, y \u00fanicamente por disciplina acept\u00f3 <em>el <\/em>capelo car\u00addenalicio dos a\u00f1os antes de su muerte, acaecida en Pa\u00adr\u00eds el ario 5629, s\u00f3lo cuando contaba cincuenta y cuatro a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Berulle lleg\u00f3 a ser nombrado ministro de Estado, cargo en el que pronto tropez\u00f3 con Richelieu, que por su parte sab\u00eda perfectamente a qu\u00e9 aspiraba. El cardenal de Berulle, adem\u00e1s de ser gran amigo de Saint-Cyran a quien propuso para el obispado de Bayona, lo era asimismo de San Francisco de Sales y el cardenal Du Perron.<\/p>\n<p>Para mejor perfilar al personaje hay que a\u00f1adir que fue gran protector de las ciencias y las letras, que dis\u00adtingu\u00eda con sus favores a Descartes y que su celo obtu\u00advo la conversi\u00f3n de muchas damas protestantes. M\u00edsti\u00adco profundo, gran te\u00f3logo, arist\u00f3crata de nacimiento y de cultura, la austera figura de Berulle, henchida de in\u00adterior delicadeza y unci\u00f3n y finura diplom\u00e1tica, domi\u00adna el catolicismo franc\u00e9s de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>Para Saint-Cyran la amistad con Berulle, el gran es\u00adpiritual, tuvo extraordinaria importancia, y es una pena que otras influencias posteriores, o mejor todav\u00eda, las alternativas de su propio genio, oscurecieran las trazas de esa influencia. Sin embargo, tal vez habr\u00eda que bus\u00adcar en Berulle el origen inconsciente del antijesuitismo de Saint-Cyran, pues \u00e9ste recibi\u00f3 importantes confiden\u00adcias de aqu\u00e9l en orden a sus luchas con las congrega\u00adciones establecidas en Francia, confidencias que fragua\u00adron de modo explosivo en el esp\u00edritu extremoso del bayon\u00e9s.<\/p>\n<p>Berulle quiso a todo trance ver a Saint-Cyran, pro\u00admovido a obispo, opinando en apoyo de este deseo que la responsabilidad del cargo le adaptar\u00eda a las realida\u00addes de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Berulle, la cita de Robert Arnauld d&#8217; Andilly es de todo punto obligada, aunque su nombre, vinculado al de la ilustre familia de los Arnauld, tenga mejor acomodo en las p\u00e1ginas dedicadas a Port-Royal. Robert Arnauld d&#8217;Andilly, abogado, pol\u00edtico iniciado desde la m\u00e1s temprana juventud en los secretos de la m\u00e1s alta administraci\u00f3n del Estado, hombre equidistan\u00adte que gozaba del favor de las m\u00e1s elevadas y encontra\u00addas jerarqu\u00edas del Reino \u2014la Reina Madre, el Rey, Richelieu, Cond\u00e9\u2014, el hijo mayar de la numerosa fa\u00admilia de los Arnauld constituye una de las m\u00e1s fun\u00addamentales amistades del abad de Saint-Cyran y en buena parte explica la introducci\u00f3n de \u00e9ste en las m\u00e1s elevadas esferas de la Corte de Francia.<\/p>\n<p>Monsieur Vincent, el se\u00f1or Vicente, el gran cris\u00adtiano gasc\u00f3n, defensor y amparo de los pobres, que an\u00addando el tiempo ser\u00eda venerado en los altares con la advocaci\u00f3n de San Vicente de Paul, es tambi\u00e9n uno de los contrastes m\u00e1s vivos de esta historia. Un hombre nacido en Pouy, pueblecito cercano a Dax, de una muy pobre familia de labradores. Ordenado sacerdote como muchos en aqu\u00e9lla \u00e9poca, a edad tempran\u00edsima, a los veinte a\u00f1os de edad, Vicente de Paul llevaba camino de ser uno de tantos cl\u00e9rigos negociantes, cuando un suceso imprevisto decidi\u00f3 otro rumbo a su vida.<\/p>\n<p>En 1605, hall\u00e1ndose en Marsella adonde hab\u00eda ido para recuperar un cr\u00e9dito, <em>se <\/em>embarc\u00f3 al regreso con destino a Narbona. Tres bergantines piratas turcos ata\u00adcaron el nav\u00edo y apresaron su tripulaci\u00f3n y pasaje. Vi\u00adcente de Paul fue vendido por los piratas en el mercado de esclavos de T\u00fanez, cuando contaba unos veinticinco a\u00f1os de edad, a un alquimista y a un renegado origi\u00adnario de Niza que era melero del Bey.<\/p>\n<p>Vicente de Paul que pose\u00eda extraordinarias dotes de simpat\u00eda personal, obtuvo ser tratado como amigo por el renegado y las tres mujeres que compon\u00edan su har\u00e9n y consigui\u00f3 tambi\u00e9n, convencer a aqu\u00e9l acerca de la conveniencia de regresar a Francia, asegur\u00e1ndole el per\u00add\u00f3n a cambio de una abjuraci\u00f3n solemne a la llegada a su patria. Naturalmente, Vicente de Paul uni\u00e9ndose al fugitivo que hab\u00eda catequizado, recobr\u00f3 su libertad desembarcando con \u00e9l en Aigues-Mortes a fines de ju\u00adnio de 1607.<\/p>\n<p>Monsieur Vincent vivi\u00f3 todav\u00eda indecisamente al\u00adgunos a\u00f1os. En cierta ocasi\u00f3n estuvo en Roma, -encar\u00adgado probablemente de alguna importante misi\u00f3n, pues estaba relacionado con la Corte y hasta con el mismo rey Enrique IV. El contacto con Berulle fue decisivo en la vida del joven y mundano sacerdote gasc\u00f3n. Al futuro cardenal, confesor, director de conciencia y mo\u00addelo viviente de Vicente de Paul, le angustiaban sobre todo los lentos resultados de las directrices planteadas por el concilio de Trento en orden a la reforma de la vida cristiana. Vicente de Paul adivin\u00f3 esta preocupa\u00adci\u00f3n de Berulle y termin\u00f3 por hacerla suya.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, un providencial encuentro con Francis\u00adco de Sales, el santo obispo de Ginebra, decidir\u00eda el de\u00adfinitivo rumbo vital de Vicente de Paul. Este conoc\u00eda ya la <em>Introducci\u00f3n a la vida devota, <\/em>obra que desde su aparici\u00f3n goz\u00f3 de enorme popularidad. Paul pondera\u00adr\u00eda despu\u00e9s la impresi\u00f3n que su lectura le produjo, di\u00adciendo que cre\u00eda estar escuchando a Cristo con su mis\u00adma evang\u00e9lica mansedumbre.<\/p>\n<p>El reiterado trato personal con el autor de la apa\u00adcible <em>Introducci\u00f3n a la vida devota <\/em>no resultar\u00eda menos definitivo para Vicente de Paul. Berulle, en un prin\u00adcipio, hab\u00edale mostrado el camino de la santidad; pero Francisco de Sales significaba para el sacerdote gasc\u00f3n el contacto con la santidad misma en un grado eminen\u00adte, porque el obispo de Ginebra resum\u00eda la humildad, la serenidad espiritual, el dominio propio y la alegr\u00eda en Dios nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>A partir de estas conversaciones, la espiritualidad de <em>Monsieur Vincent se <\/em>condensa en esta f\u00f3rmula: vivir a Cristo para llevar a Cristo a los dem\u00e1s. Si supi\u00e9ramos, repet\u00eda, animar las almas con el esp\u00edritu del Evangelio, ser\u00edamos grandes misioneros.<\/p>\n<p>Y efectivamente, desde entonces su vida se derrama por entero, her\u00f3icamente, al servicio de los pobres. Ninguna necesidad le es ya indiferente. Vicente de Paul es el ap\u00f3stol sencillo de la caridad. Provee a los campe\u00adsinos, hambrientos de Evangelio, de misioneros a quie\u00adnes imbuye la sencillez, el ponerse a tono con el audi\u00adtorio. En medio de aquella sociedad inconsciente, fr\u00ed\u00advola, ego\u00edsta, brutal, siembra en las almas el esp\u00edritu de emulaci\u00f3n en la generosidad. Funda la instituci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, revolucionaria fundaci\u00f3n re\u00adligiosa femenina al margen de las reglas de clausura, que permite el desarrollo del esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n fe\u00admenina cerca de los necesitados e instituye las Confe\u00adrencias de Caridad a cargo de los seglares, antecesoras de las Conferencias de San Vicente de Paul, fundadas dos siglos despu\u00e9s por Federico Ozanam.<\/p>\n<p>Todos los siglos, todas las \u00e9pocas supuran porquer\u00eda y el Gran Siglo no <em>se <\/em>exime, ni much\u00edsimo menos, de atroces lacras, La infancia abandonada, los nidos que, en aquellos tiempos feroces y desolados, las madres, de\u00adsesperadas, venden o desamparan; los mendigos que pu\u00adlulan agresivos en bandas; la adolescencia delincuente; los encarcelados; la chusma, los forzados de las galeras reales; los cristianos esclavizados por los corsarios mu\u00adsulmanes, a todos llegaban las ansias del coraz\u00f3n del m\u00e1s humano de los santos. Ning\u00fan aspecto de la mi\u00adseria dej\u00f3 insensible a Vicente de Paul que sembr\u00f3 por doquier semillas de ternura. Era un gran coraz\u00f3n do\u00adminando una gran decadencia.<\/p>\n<p>Consta la gran amistad existente entre el astuto gasc\u00f3n y el obstinado vasco. Entrambos, Vicente de Paul y Saint-Cyran, atravesaron \u00e9pocas de penuria ha\u00adciendo bolsa com\u00fan. Pero el concepto de la caridad los separa radicalmente.<\/p>\n<p>Saint-Cyran siente tambi\u00e9n la caridad, pero el hijo de la alta burgues\u00eda comerciante de Bayona necesita ima\u00adginar para el ejercicio de la misma, circunstancias de ex\u00adcepci\u00f3n. El bayon\u00e9s es algo as\u00ed como el <em>baso-jaun <\/em>de la caridad, como el m\u00edtico personaje vasco, salvaje Seriar de las selvas. Desde luego, el hirsuto rostro de Saint-Cyran evoca bastante la idea del <em>baso-jaun.<\/em><\/p>\n<p>\u00abDios \u2014escribe el bayon\u00e9s\u2014 tiene una excelencia tan alta por encima de los m\u00e1s altos pensamientos de nuestro esp\u00edritu y de nuestra fe, que no correr riesgo en el ejercicio de la caridad significa servirle mezquina\u00admente. Acord\u00e9monos solamente de los cristianos que en los primeros siglos de la Iglesia no la testimoniaban de otra forma que muriendo por El. A falta de martirio y de riesgos de perder la vida, lo menos que nosotros po\u00addemos hacer es abrazar con alegr\u00eda las ocasiones que se nos ofrezcan para darle testimonio de amor y celo de caridad, extendi\u00e9ndolas sobre las almas que <em>se <\/em>dedicaron a El, incluso perdiendo nuestros bienes y riquezas. Acaso seremos excusados en su juicio de no haber buscado todas las ocasiones de emplear en buenas obras los bienes que El nos concedi\u00f3, y el no habernos preocupado de indagar con el fin de alimentarlos, todos los pobres que languidecen en las cavernas y en los bosques, donde abandonados de toda asistencia viven igual que bestias; pero lo que El nos reprochar\u00e1 seguramente, es la negli\u00adgencia en socorrer a los que El mismo nos presenta, y sobre todo cuando descubrimos que desasistiendo el cuer\u00adpo, el alma corre riesgo de perderse&#8230;<sup>\u00bb<\/sup>.<\/p>\n<p>El texto constituye por s\u00ed mismo un impresionante retrato del bayon\u00e9s. Hay en esas l\u00edneas un ritmo ob\u00adseso, reconcentrado obstinadamente en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Sainte-Beuve, por su parte, subraya el p\u00e1rrafo alu\u00adsivo a la necesidad de indagar los pobres de las cavernas y de los bosques para darles de comer, y llama la aten\u00adci\u00f3n acerca de este vigoroso impulso caritativo encubier\u00adto en una expresi\u00f3n casi salvaje. As\u00ed es en efecto y mi acercamiento comparativo de Saint-Cyran a un <em>baso-jaun <\/em>de la caridad lleno de ternura, no creo ,que sea totalmente desacertado.<\/p>\n<p>Pero la caridad expresada en esos impresionantes conceptos que descubren a Saint-Cyran de cuerpo en\u00adtero \u00bfes una caridad liberadora?<\/p>\n<p>Pertenecer a Dios es ser libre. La caridad no se jus\u00adtifica bien del todo al ser ejercida \u00abpara\u00bb otra cosa, con \u00abotro\u00bb fin interesado, por excelso que sea; la caridad verdadera produce sus frutos por s\u00ed misma, y en defi\u00adnitiva ayuda siempre a los hombres a encontrar a Dios.<\/p>\n<p>La caridad que edifica, es la caridad de todos los momentos, la caridad que considera en todos los hom\u00adbres, sean quienes sean, el \u00e1ngel que constantemente los acompa\u00f1a; la caridad que puede alcanzar una cima heroica en una simple sonrisa. Descubrir al \u00abotro\u00bb all\u00ed donde se encuentra, que generalmente es muy cerca, descubrir al pr\u00f3jimo necesitado ayuda eficac\u00edsimamente al descubrimiento de Dios por uno mismo. La caridad ayuda a la propia conversi\u00f3n, favorece en primer t\u00e9r\u00admino al propio favorecedor, independientemente del bien que la d\u00e1diva pueda procurar al pobre socorrido.<\/p>\n<p>El hombre de edad suficientemente madura podr\u00eda recordar muchos inconscientes seguidores de Saint-Cyran, religiosos lo mismo que \u00e9l, de vida ejemplar, gen\u00adtes todas ellas envejecidas en la austeridad, pero sin haber a\u00fan aprendido \u2014y desde luego decididos a no aprender\u2014 la fundamental lecci\u00f3n de la sonrisa bonda\u00addosa. El cristianismo no ha calado en el hombre incapaz de bondad. Todo resulta falso en el cristiano incapaz de bondad.<\/p>\n<p>Aunque lo que ahora voy a escribir me conduzca a un final de cap\u00edtulo completamente distinto del que pensaba, dir\u00e9 que, sin embargo, cabe que Saint-Cyran al escribir eso, estuviese recordando a su pa\u00eds natal, don\u00adde en su tiempo la miseria extrema se daba \u00fanicamente en esas excepcionales situaciones que \u00e9l pinta con so\u00adbrio toque descriptivo, en las cavernas y en los bosques.<\/p>\n<p>Nada tiene que ver esto con la biograf\u00eda de Saint-Cyran; al llegar aqu\u00ed alcanzo uno de tantos puntos donde el bayon\u00e9s me resulta s\u00f3lo un pretexto para de\u00adcir lo que pienso, porque otra vez, al conjuro de su evo\u00adcaci\u00f3n, por modo imprevisto regreso a la ni\u00f1ez, como tantas otras veces por otros diferentes motivos, pues cre\u00adc\u00ed justamente al ocaso de una \u00e9poca, cuando cruelmen\u00adte otra \u00e9poca infinitamente m\u00e1s despiadada, nac\u00eda.<\/p>\n<p>La pobreza extrema es y ser\u00e1 mal de todas las \u00e9po\u00adcas, pero jam\u00e1s olvidar\u00e9 aquellos pobres de mi infancia, pobres totales, que sab\u00edan sentarse con dignidad en las mesas de los que ten\u00edan y que se honraban admiti\u00e9n\u00addolos consigo. Otros matices de la caridad se descono\u00adc\u00edan casi totalmente, pero permanec\u00eda \u00e9ste: el pobre honraba la mesa estable, reposada, del que, de alguna forma, pose\u00eda.<\/p>\n<p>Hoy se dir\u00eda que esta forma de la caridad es una ma\u00adnera de paternalismo. Pero actualmente ni siquiera so\u00admos capaces de este profundamente ejemplar, educador, paternalismo.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS AMIGOS DE SAINT-CYRAN Saint-Cyran, lo mismo que San Ignacio de Loyola, ten\u00eda infinidad de amigos, y amigos, adem\u00e1s, de alta consideraci\u00f3n social. 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En la pieza dram\u00e1tica de \u00e9ste,\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479&resize=525%2C300 1.5x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400797","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=400797"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400797\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":400798,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400797\/revisions\/400798"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/400787"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=400797"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=400797"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=400797"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}