{"id":400793,"date":"2017-06-07T08:40:47","date_gmt":"2017-06-07T06:40:47","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400793"},"modified":"2017-04-23T18:42:24","modified_gmt":"2017-04-23T16:42:24","slug":"saint-cyran-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-iv\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (IV)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>LA CONSTANTE<\/p>\n<p>Saint-Cyran no tiene el aire alegre, ni cuando quie\u00adre aparecer alegre, lo cual ocurre muy pocas veces. Tiene convicciones y tenacidad de convicci\u00f3n. Es el cl\u00e1sico <em>egosgogorra, <\/em>retumbante palabra vasca que retrata de una vez a cierta clase de hombres. Pero hay que dar un rodeo para traducir esa palabra. El <em>egosgogorra <\/em>es el hombre duro de todo, el obstinado, el hombre con quien jam\u00e1s y de ninguna manera <em>es <\/em>posible un arreglo.<\/p>\n<p>Posee adem\u00e1s Saint-Cyran una cualidad caracter\u00eds\u00adtica del vasco: esp\u00edritu de pol\u00e9mica. Desde joven, el alumno de los jesuitas de Lovaina <em>se <\/em>prepara a la pol\u00e9\u00admica y pone su vida en la pol\u00e9mica, con todo lo que la costumbre de la pol\u00e9mica desajusta los resortes del es\u00adp\u00edritu. Escribir pensando en alguno, siempre en funci\u00f3n de ataque, afina por un lado el raciocinio, pero de otro lado lo embota y lo falsea, familiariz\u00e1ndole con el em\u00adbrollo.<\/p>\n<p>Sainte-Beuve escribe que las flores de Saint-Cyran <em>se <\/em>parecen bastante a las de las ortigas. Es dif\u00edcil que un vasco abdique de su cong\u00e9nita rudeza.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de contradicci\u00f3n es una de las primordia\u00adles cualidades del vasco. Ah\u00ed estriba el secreto del vicio de la apuesta en el vasco: el esp\u00edritu del contra. Siem\u00adpre necesita algo en contra. El vasco no es colaborador; al verse s\u00f3lo ante una monta\u00f1a all\u00ed va \u00e9l de cabeza; su honradez misma <em>es <\/em>inflexible, en contra de algo.<\/p>\n<p>Yo llegu\u00e9 a conocer a Ignacio Roteta, cabo oyarzuarra que fue de la partida del cura Santa Cruz, famoso guerrillero carlista al comienzo de la segunda guerra civil. Su admiraci\u00f3n por la persona del cura jefe de par\u00adtida se condensaba en una frase:<\/p>\n<p><em>\u2014Beilere parrez ikusi ez nuen gizona <\/em>(Un hombre a quien jam\u00e1s le vi reir)<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 terrible es el vasco que profesa la seriedad por la seriedad, la seriedad como fin de s\u00ed misma!<\/p>\n<p>San Ignacio de Loyola pocas veces es m\u00e1s santo que cuando para atender la s\u00faplica de un compa\u00f1ero enfer\u00admo de melancol\u00eda, baila a su presencia las danzas de la tierra natal, y pocas veces es m\u00e1s vasco que cuando, <em>al <\/em>terminar la exhibici\u00f3n, dice a su compa\u00f1ero, que no quiera nunca m\u00e1s repetir su petici\u00f3n.<\/p>\n<p>Saint-Cyran es un vasco como infinidad de vascos. Cl\u00e9rigos como el abad hubo much\u00edsimos entre vascos. Pero pusieron su genio pol\u00e9mico al servicio de causas sin trascendencia mayor, porque el vasco posee el ge\u00adnio de magnificar las cuestiones m\u00e1s intrascendentes, <em>y <\/em>en cambio la causa de Saint-Cyran tuvo la suerte \u2014o mejor dicho la desgracia\u2014 de repercutir intensa\u00admente.<\/p>\n<p>La cita es un poco larga pero, llegados a este punto, creo que merece la pena. Por mi parte no acertar\u00eda a decirlo mejor y adem\u00e1s la menci\u00f3n se ci\u00f1e perfectamen\u00adte al tema. El jesuita P. Pierre Lhande, vasco, hijo pre\u00adcisamente de Bayona, escribe en su <em>Le Pays Basque a vol d&#8217;oiseau: <\/em>\u00abDios, para el vasco, es ante todo el Maes\u00adtro absoluto, el Jefe Supremo que tiene el absoluto po\u00adder de mandar y en quien reside el poder total de eje\u00adcuci\u00f3n. Dios Providencia, el Dios que tiene cargo de nosotros y nos socorre, viene tambi\u00e9n ciertamente, pe\u00adro en segundo lugar. En cuanto a Dios Amor, el Dios que nos cuida, si es verdad que el vasco cree por la fe en el dogma de la Redenci\u00f3n, creo poder afirmar que cree sobre todo por docilidad, por educaci\u00f3n: en modo alguno por instinto, por el sordo impulso del sentimien\u00adto racial. Para el vasco el primordial privilegio de Dios es la justicia, no la misericordia.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abNo me parece que sea exagerado afirmar \u2014prosi\u00adgue el P. Pierre Lhande\u2014 que el vasco teme a Dios m\u00e1s que lo ama. Una madre vasca jam\u00e1s dir\u00e1 a su hi\u00adjito: <em>No hagas eso. Dar\u00e1s mucha pena al ni\u00f1o Jes\u00fas, <\/em>sino <em>No hagas eso. Dios lo prohibe, <\/em>o tambi\u00e9n <em>Dios te castigar\u00e1. <\/em>En nuestras andanzas misionales, la idea que m\u00e1s ahonda en el esp\u00edritu del auditorio no es la idea de la Misericordia de Dios hacia el pecador, sino la del juicio, la de la muerte o la del Infierno. Para el vasco, los mejores oradores son los que desenvuelven los temas a la manera fuerte, con voz recia apoyada de pu\u00f1etazos&#8230; al barandal del p\u00falpito.\u00bb<\/p>\n<p>Nada tiene por tanto de sorprendente que una men\u00adtalidad tan severa haya podido dar origen, desde el siglo XVII, a la escuela religiosa m\u00e1s informada de la idea de Justicia y Expiaci\u00f3n. El jansenismo, mejor di\u00adr\u00edamos, el saint-cyranismo, puede decirse que naci\u00f3 en el pa\u00eds vasco.<\/p>\n<p>Saint-Cyran vino de Par\u00eds a Bayona acompa\u00f1ado de su \u00edntimo amigo Cornelio J\u00e1nsens, o Jansenio, o tam\u00adbi\u00e9n, a la moda humanista y seg\u00fan \u00e9l mismo firmaba: <em>Cornelius Jansenius.<\/em><\/p>\n<p>Era un holand\u00e9s alto, seco, enjuto, todo hueso y m\u00fasculos, nacido el ario 1585 en Acquoy, cerca de Leerdam, cuatro arios m\u00e1s tarde que el bayon\u00e9s. La peque\u00ad\u00f1a figura de \u00e9ste, nervioso, calvo prematuro, progn\u00e1tico, lleno de temprana y sombr\u00eda tenacidad, que, no obs\u00adtante, ten\u00eda tambi\u00e9n un singular poder de fascinaci\u00f3n, no desparejaba a pesar de todo con el rostro de su com\u00adpa\u00f1ero holand\u00e9s, enjuto, \u00e1spero y fibroso, la frente al\u00adta, nariz larga y ligeramente aquilina, fiero bigote do\u00adminando una mand\u00edbula inferior poderosa, la mirada calmosa y profunda, propia de un hombre de acci\u00f3n. Con una boina pudiera pasar por pelotari.<\/p>\n<p>Jansenio, lo mismo que su amigo, hab\u00eda sido edu\u00adcado por los jesu\u00edtas; pero entrambos distingu\u00edan a sus antiguos profesores con id\u00e9ntica y profunda antipat\u00eda; probablemente andaban por medio los juicios que el car\u00e1cter del bayon\u00e9s y su amigo merecieron de los finos psic\u00f3logos jesuitas.<\/p>\n<p>Echauz, que dio al primero una canonj\u00eda en la ca\u00adtedral, concedi\u00f3 al fundador nominal del jansenismo la direcci\u00f3n del colegio de la ciudad. Jansenio vivi\u00f3 en Bayona algunos arios a partir de 1612, y en esta ciu\u00addad sobre todo pudo confraternizar \u00edntimamente con su principal adepto en Francia. Todav\u00eda puede verse a la salida del t\u00fanel anterior al puente de hierro sobre el Adour, al remate de una altura, el bosque de Cande-prats formado de viej\u00edsimos robles, que qui\u00e9n sabe si no escucharon los coloquios del futuro obispo de Ypres con el futuro abad de Saint-Cyran, esbozando los pri\u00admeros planes del <em>Augustinus.<\/em><\/p>\n<p>Es evidente que Saint-Cyran y Jansenio sellaron en Bayona lazos de profunda camarader\u00eda, una amistad in\u00adtelectual cimentada en un trabajo ininterrumpido, que lleg\u00f3 a alarmar el buen sentido de madame Hauranne-Etcheverry, la madre de Saint-Cyran, hondamente preo\u00adcupada por la intens\u00edsima vida intelectual a que su hijo Juan-Ambrosio obligaba al joven Jansenio, a quien ella amaba y cuidaba tambi\u00e9n como a otro hijo.<\/p>\n<p>Madame Hauranne-Etcheyerry entend\u00eda que tan desatendidas jornadas de trabajo a nada bueno pod\u00edan conducir. Las madres poseen un instinto premonitorio\u00bb del porvenir de sus hijos, que \u00e9stos desdichadamente desprecian.<\/p>\n<p>El dato, si bien se considera, es important\u00edsimo en la historia del abad, sobre la que planea esta buena madame Hauranne-Etcheverry pretendiendo poner a cubierto de su mismo hijo al \u00edntimo amigo de \u00e9ste. Parece un s\u00edmbolo. En la familia Hauranne-Etcheverry, con presencia viva y en cuanto directamente se refiere a esta historia, s\u00f3lo aparece esta mujer, que desconf\u00eda sabiamente de los libros.<\/p>\n<p>Juan Ambrosio, el hijo de los Hauranne-Etcheverry, seguramente es un hombre de inteligencia muy supe\u00adrior a su ambiente, un medio exclusivamente preocu\u00adpado por el dinero, como <em>es <\/em>tambi\u00e9n un hombre afec\u00adtado por alguna oculta tara familiar. Lo primero origina con frecuencia maneras de peligrosa inadaptaci\u00f3n, que en este caso se a\u00f1adieron al segundo desequilibrio.<\/p>\n<p>Sainte-Beuve califica a estos or\u00edgenes bayoneses del jansenismo, de indigesti\u00f3n de ciencia. Y es bien sabido que, de todas las indigestiones, la peor, con mucho, es la indigesti\u00f3n cerebral.<\/p>\n<p>El tema de la \u00e9poca, el tema del siglo de la Teolo\u00adg\u00eda, el misterio de la gracia divina y el de la libertad humana, ocupaba las jornadas de Saint-Cyran y Jansenio, planteado alg\u00fan tiempo atr\u00e1s por Miguel de Bayo, te\u00f3logo y maestro de la prestigiosa Universidad de Lo-vaina, abierta por entonces a&#8217; un humanismo erasmiano contrario a algunas inoperantes desviaciones de la filo\u00adsof\u00eda escol\u00e1stica. Bayo, naturaleza pesimista, menospre\u00adciando a Santo Tom\u00e1s y los escol\u00e1sticos, se apoyaba en San Agust\u00edn e interpretaba al hombre en el estado de naturaleza ca\u00edda despu\u00e9s del pecado original con des\u00adesperanza casi protestante. Antes que los protestantes, Bradwardin en el siglo XIV y Gotteschalc en el siglo IX ense\u00f1aron doctrinas que se aproximan a las de Bayo y los jansenistas.<\/p>\n<p>Es fama que en Bayona, Jansenio y Saint-Cyran re\u00adpitieron tenazmente la lectura de las obras de San Agus\u00adt\u00edn. Jansenio sobre todo ley\u00f3 diez veces la obra entera de San Agust\u00edn y treinta <em>veces <\/em>los tratados del gran obispo de Hipona contra los pelagianos. Eran dos hom\u00adbres buscando en un \u00fanico autor unas cosas \u00fanicas que su manera personal de ser, trataba deliberadamente, a todo trance, de encontrar. Desde luego fue en Bayona donde durante algunos a\u00f1os Jansenio, naturaleza vigo\u00adrosa pero de mal templado acero, reuni\u00f3 los materiales para redactar su famoso comentario <em>Augustinus, <\/em>la obra de su vida, en cuya inspiraci\u00f3n tuvo Saint-Cyran par\u00adte importante, y que termina con una profesi\u00f3n de fe<\/p>\n<p>y humilde sometimiento a la potestad romana pero que, desgraciadamente, es un semillero de herej\u00edas.<\/p>\n<p>All\u00ed donde hay reunidos dos hombres j\u00f3venes que trabajan, puede presumirse que existe ilusi\u00f3n acompa\u00ad\u00f1ada de ciega esperanza, pero es dif\u00edcil inducir otro tanto de las largas conversaciones bayonesas y de la co\u00adrrespondencia posterior entre Saint-Cyran y Jansenio. Entrambos transportaron el terror del siglo IV al siglo XVII, el siglo de la teolog\u00eda. No entendieron que San Agust\u00edn, el santo que llenara su vida de Dios, ense\u00f1a la vida en Dios vivo, vivificante y misericordioso, el Dios que est\u00e1 en el fondo \u00edntimo de nuestra memoria, alimentando permanentemente nuestra esperanza. \u00abTo\u00adda mi esperanza, Dios y Se\u00f1or m\u00edo, se funda \u00fanicamen\u00adte en vuestra grand\u00edsima misericordia\u00bb, se lee en las \u00abConfesiones\u00bb<\/p>\n<p>San Agust\u00edn jam\u00e1s desahuci\u00f3 la esperanza, sino al contrario, convirti\u00f3 su vida en esperanza y ense\u00f1\u00f3 a los hombres que esperar es siempre una posibilidad abierta al hombre advocado a lo Alto. San Agust\u00edn, en medio de las terribles cat\u00e1strofes de su \u00e9poca, consol\u00f3 a los hom\u00adbres y los sostuvo. En medio de un mundo deshecho, jam\u00e1s <em>se <\/em>cans\u00f3 de comunicar la esperanza.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s contrario al esp\u00edritu de San Agust\u00edn, fiel ante todo a la unidad cat\u00f3lica y ejemplo eminente de santidad intelectual, que el esp\u00edritu de los dos piadosos sectarios que quieras que no quieras, le encabezaron en sus filas como el primero entre todos. Saint-Cyran y Jansenio aplicaron s\u00f3lo la cabeza al estudio de San Agust\u00edn, olvidando acercar el coraz\u00f3n al conocimiento del santo a quien se representa can un coraz\u00f3n en la mano y ense\u00f1a que la vida bienaventurada <em>es <\/em>alegr\u00eda y gozo que nace de la verdad.<\/p>\n<p>Las ideas de Bayo, el precursor, combatidas lira y tenazmente por los jesuitas y condenadas por una bula de San P\u00edo V en 1567, levantaron tempestades ideol\u00f3\u00adgicas a las que no fue ajeno el amor propio del mismo Bayo, que sacerdote sumiso y piadoso, aunque acatara la bula pontificia, trat\u00f3 en un principio de justificar algunas de sus ideas, si bien m\u00e1s tarde su sumisi\u00f3n fuese ejemplar.<\/p>\n<p>La historia de la resistencia de las ideas tiene un ejemplo en el bayanismo, en el cuerpo de doctrinas de Bayo, en realidad semiprotestantismo empe\u00f1ado por caminos ortodoxos, que renaci\u00f3 con \u00edmpetu incre\u00edble al conjuro de Jansenio, el \u00edntimo amigo de Saint-Cyran. El temperamento juega important\u00edsimo papel en la su\u00adpervivencia de las ideas. Saint-Cyran, Jansenio y sus tenaces seguidores significan un empe\u00f1o de configurar una doctrina universal al tama\u00f1o exclusivo de su pro\u00adpio temperamento.<\/p>\n<p>En Bayo hab\u00eda una regresi\u00f3n espiritual contra la que se alzaron los jesuitas, fieles al sentido moderno que inspiraba a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. San Ignacio de Lo-yola concibi\u00f3 su gente, r\u00edgida y largamente formada precisamente para que anduviesen m\u00e1s seguros por los caminos del mundo. La doctrina teol\u00f3gica de la cien\u00adcia media, el cultivo de la ciencia profana, el probabilismo, el mismo arte barroco, significan aspectos de esa postura moderna.<\/p>\n<p>Las condenaciones de Bayo y Jansenio son ejemplos del reconocimiento de la cultura y de la \u00e9tica profanas. San Ignacio es un hombre persuadido de la validez uni\u00adversal del cristianismo. Aparte de la civilizaci\u00f3n occi\u00addental, las otras civilizaciones ten\u00edan tambi\u00e9n algo im\u00adportante que decir en la tarea de cultivar su propia parcela de catolicidad.<\/p>\n<p>\u00abEl hombre es criado para alabar, hacer reveren\u00adcia y servir a Dios nuestro Se\u00f1or, y mediante esto salvar su \u00e1nima: y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecuci\u00f3n del fin para que es criado\u00bb, escribe San Ignacio de Loyola en el <em>Principio y fundamento <\/em>de sus <em>Ejercicios espirituales. \u00abY <\/em>las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre&#8230;\u00bb. San Ignacio, otro sublime caso de santidad intelectual, es un hombre convencido de la grav\u00edsima injusticia que significa el quitar al hombre la esperanza de tejas abajo. Apretar al hombre tanto que se le cierren los caminos de la vida, es lo mismo que cerrarle los caminos de la vida ultraterrena.<\/p>\n<p>Frente a la quieta espera de la gracia, pensamiento esencial de la Reforma, est\u00e1 la voluntad, fuerza decisi\u00adva de la vida. N\u00f3tese el gran cuidado que Ignacio de Loyola recomienda en las \u00faltimas p\u00e1ginas de su libro de los <em>Ejercicios <\/em>para hablar de la predestinaci\u00f3n, y c\u00f3\u00admo \u00abno debemos hablar tan largo, instando tanto en la gracia, que se engendre veneno <em>para quitar la li\u00adbertad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Loyola es el campe\u00f3n del sentido de la responsabili\u00addad personal. En nuestros d\u00edas, un gran m\u00edstico, el do\u00adminico P. Gonz\u00e1lez Arintero, pudo escribir: \u00abNo hay proposici\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s segura que \u00e9sta: a todos sin excepci\u00f3n se les da \u2014\u00bbpr\u00f3xima\u00bb o \u00abremota\u00bb\u2014 una gracia suficiente para la salud&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Bayo, el precursor del jansenismo, es un hombre derrotado por los jesuitas. Saint-Cyran, su disc\u00edpulo, es el hombre de la hostilidad declarada a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Saint-Cyran no fue contempor\u00e1neo del fun\u00addador de la Compa\u00f1\u00eda, pero pudo bien conocer y se\u00adguramente conoci\u00f3 a quienes llegaron a tratar al tenaz-guipuzcoano, que un d\u00eda, montado en un manso caba\u00adllejo, pasara convaleciente por Bayona en direcci\u00f3n a su tierra natal.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 concepto tendr\u00eda el vasco Saint-Cyran del vasco Ignacio de Loyola? La misma dificultad de la respuesta exacta aviva la curiosidad. Sabemos la tierna devoci\u00f3n de Saint-Cyran a la Sant\u00edsima Virgen y a San Jos\u00e9 y que fue un decidido propulsor del culto entonces naciente del jefe de la Sagrada Familia; sa\u00adbemos que admiraba a un santo jesuita, San Francisco de Javier, a quien comparaba con San Pablo; y sabemos asimismo que opon\u00eda en sus escritos la conducta en blo\u00adque de los primeros jesuitas, a quienes ponderaba mu\u00adcho, con la conducta de los jesuitas de su tiempo, ene\u00admigos encarnizados de las doctrinas que \u00e9l profesaba.<\/p>\n<p>Hay razones para pensar que Saint-Cyran, hijo de una de las m\u00e1s poderosas familias burguesas de Bayona, trabaj\u00f3 y consigui\u00f3 impedir el establecimiento en ella de los miembros de la Compa\u00f1\u00eda como directores del colegio que las autoridades de la ciudad pensaban encomendarles, y que el bayon\u00e9s obtuvo <em>se <\/em>diese a su amigo Jansenio la direcci\u00f3n del mismo. Hay que pensar tam\u00adbi\u00e9n que en esta \u00e9poca, Saint-Cyran, ajeno todav\u00eda al esp\u00edritu antiloyola que luego le caracteriza, trabajara en este sentido por puro amor a su inteligente amigo. Pe\u00adro en realidad, Bayona desde entonces, fiel al esp\u00edritu saint-cyranista, jam\u00e1s toler\u00f3 el establecimiento de los jesuitas en la ciudad, ni siquiera allende el puente, en el barrio de Saint-Esprit. Sabemos asimismo que luego, a partir de, cierta \u00e9poca, la fobia antiloyola anim\u00f3 has\u00adta la misma hora de la muerte, la vida entera de Sain-Cyran, prototipo eminente del esp\u00edritu vasco del contra.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os despu\u00e9s de su etapa juvenil en Bayona, en marzo de 162o, Saint-Cyran, a la saz\u00f3n vicario ge\u00adneral de la di\u00f3cesis de Poitiers, a donde hab\u00eda marchado encarecidamente recomendado por Echauz, ya para en\u00adtonces arzobispo de Tours, interviene tajantemente en la querella de los sacerdotes contra los jesuitas, acusa\u00addos por aqu\u00e9llos de monopolizar la alta sociedad de la ciudad. El obispo, inducido por Saint-Cyran, priv\u00f3 a la Compa\u00f1\u00eda de todos los privilegios que \u00e9sta pose\u00eda en la di\u00f3cesis, pero a su vez el rey, informado por su con\u00adfesor el P. Arnoux, anul\u00f3 el decreto del obispo.<\/p>\n<p>De esta primera \u00e9poca del bayon\u00e9s data su <em>\u00abApolo-gie pour Henri-Louis Chateignier de la Rocheposai, \u00e9vb que de Poitiers, contre ceux qui<sup>,<\/sup> disent\u00a0\u00a0 n&#8217;est pas permis aux Eccl\u00e9siastiques d&#8217;avoir recours aux armes en cas de necessit\u00e9\u00bb. <\/em>El t\u00edtulo sin m\u00e1s pone al lector ensituaci\u00f3n. El obispo La Rocheposai al frente de sus tro\u00adpas venci\u00f3 a los protestantes de su misma ciudad con quienes ten\u00eda unas diferencias, luchando contra ellos dentro de las calles de Poitiers.<\/p>\n<p>Saint-Cyran defiende la antievang\u00e9lica postura de su belicoso obispo con gran erudici\u00f3n y ejemplos de otros belicosos personajes eclesi\u00e1sticos, y remont\u00e1ndose al Antiguo Testamento, evoca las figuras de Abraham, Samuel y tambi\u00e9n, por supuesto, a los hermanos Macabeos. La \u00abApologie\u00bb, obra importante porque pone a Saint-Cyran en oposici\u00f3n consigo mismo en su vio\u00adlencia defendiendo la violencia, promete ya al polemis\u00adta decidido.<\/p>\n<p>La \u00abQuestion Royale\u00bb, anterior a la \u00abApologie\u00bb, es tambi\u00e9n uno de los m\u00e1s reveladores escritos de esta \u00e9po\u00adca saintcyraniana. El rey Enrique IV, amigo de plan\u00adtear cuestiones sutiles, propuso un d\u00eda a los caballeros de su s\u00e9quito cu\u00e1l ser\u00eda su conducta, si, perdida una batalla y obligado a salvarse por mar, la barca sin v\u00edveres done todos hubiesen embarcado, fuese lanzada por una tem\u00adpestad a alta mar. Uno respondi\u00f3 que se matar\u00eda, a fin de que el rey comiera y as\u00ed no muriese de hambre. De aqu\u00ed se origin\u00f3 entre, los palatinos un debate intermi\u00adnable. \u00bfPod\u00eda hacerse esto sin incurrir en suicidio? El conde de Cramail se apresur\u00f3 a exponer el caso al joven can\u00f3nigo bayon\u00e9s con fama de te\u00f3logo agud\u00edsimo, el cual a su vez decididamente tom\u00f3 partido a favor del palatino dispuesto a matarse y dejar hacerse ronchas por su rey. De aqu\u00ed naci\u00f3 la <em>\u00abQuestion royale ou est mon-tr\u00e9 en quelle extremit\u00e9, principalment en temes de paix, \u00a0<\/em><em>le sujet pourroit \u00e9tre oblig\u00e9 de conserver la vie du Prin-ce aux d\u00e9pens de la sienne\u00bb. <\/em>La cuesti\u00f3n no tiene de\u00adfensa, pero parece que Saint-Cyran esboza en esta obra hasta treinta y cuatro supuestos que autorizan el sui\u00adcidio sin propia culpa<\/p>\n<p>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s de la aparici\u00f3n de la \u00abApologie\u00bb, en 162o, hacia sus finales, el bayon\u00e9s era nombrado abad del monasterio, cuyo nombre hab\u00eda de sumergir sus apellidos natales. El joven can\u00f3nigo bayon\u00e9s Du-vergier de Hauranne Etcheverry pas\u00f3 a ser el abad de Saint-Cyran en Brenne.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA CONSTANTE Saint-Cyran no tiene el aire alegre, ni cuando quie\u00adre aparecer alegre, lo cual ocurre muy pocas veces. Tiene convicciones y tenacidad de convicci\u00f3n. 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