{"id":400789,"date":"2017-06-03T08:37:05","date_gmt":"2017-06-03T06:37:05","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400789"},"modified":"2017-04-23T18:38:39","modified_gmt":"2017-04-23T16:38:39","slug":"saint-cyran-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-ii\/","title":{"rendered":"Saint-Cyran (II)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400787\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-i\/orando-con-vicentedepaul-37-638\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" data-orig-size=\"638,479\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"orando-con-vicentedepaul-37-638\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=300%2C225\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?fit=638%2C479\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400787 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=300%2C225 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=100%2C75 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?resize=320%2C240 320w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/orando-con-vicentedepaul-37-638.jpg?w=638 638w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>PRIMER ENCUENTRO CON SAINT-CYRAN<\/p>\n<p>Esta extra\u00f1eza nos llegaba de manera indirecta, en forma de elogios que exaltaban la religiosidad de nues\u00adtros antepasados, que, seg\u00fan algunos nos dec\u00edan, co\u00admulgaban escas\u00edsimas veces al a\u00f1o, una, dos o tres ve\u00adces, en ocasiones muy solemnes, pero sal\u00edan prepararse a esas comuniones desde bastantes d\u00edas atr\u00e1s. Jansenis\u00admo puro, indudablemente, en una de sus innumerables facetas; no hay ni siquiera que plantear la duda.<\/p>\n<p>La inclinaci\u00f3n jansenista hacia las tumbas y el es\u00adpectro de la muerte penetr\u00f3 en nuestra formaci\u00f3n reli\u00adgiosa. El primer recuerdo del sombr\u00edo camposanto de mi pueblo me viene unido a una gran concentraci\u00f3n que la tarde de un domingo, despu\u00e9s de V\u00edsperas, se dio ci\u00adta en aquel lugar sobre cuya puerta campean alentadoramente estas palabras del salmo L, del <em>M\u00edserere: <\/em><strong>EXULTABUNT OSSA HUMILIATA<\/strong><\/p>\n<p>Ahora, a distancia, doblado al cabo del medio si\u00adglo, ahora es cuando me parece ver claro que nuestra ni\u00f1ez y parte de nuestra juventud estuvieron informa\u00addos por una piedad con bastantes resabios jansenistas, que lo mismo podr\u00edan llamarse saint-cyranistas.<\/p>\n<p>No <em>es <\/em>dif\u00edcil adivinar los sombr\u00edos toques jansenistas en ciertos libros nutricios de nuestra piedad infan\u00adtil. Pertenezco a las primeras promociones de ni\u00f1os be\u00adneficiados por las sabias disposiciones de San P\u00edo X respecto a la comuni\u00f3n de los peque\u00f1os y alcanzo a re\u00adcordar, muy lejanamente, entre las nieblas de la me\u00admoria, la extra\u00f1eza que en un principio produjera aque\u00adlla determinaci\u00f3n del Santo papa de mi infancia.<\/p>\n<p>Aprend\u00ed de memoria cuando era muy peque\u00f1o estas palabras que entonces no sab\u00eda traducir, pero me so\u00adnaban adentro con aire misterioso y solemne, pues in\u00adtu\u00eda su significado y, adem\u00e1s, porque yo establec\u00eda el contraste entre su importancia y la humilde entrada que presid\u00edan. Son palabras que de ni\u00f1o me conmov\u00edan sin saber exactamente por qu\u00e9, y de mayor me siguen conmoviendo mucho m\u00e1s. Unas palabras tremendas <em>y <\/em>definitivas, abiertas a la esperanza m\u00e1s luminosa, encima de la puerta bajita de un pobre camposanto.<\/p>\n<p>Y siendo muy ni\u00f1o, como de cuatro a\u00f1os, me veo, al atardecer dominical, de la mano de mi abuelo materno, encima de una tumba, pisando tierra blanda, y veo tambi\u00e9n a un austero jesuita subido a la losa de una sepultura, dirigiendo ardorosamente la palabra al pueblo creyente.<\/p>\n<p>Pero ese lejan\u00edsimo pero indeleble recuerdo, una de mis primeras vivencias, no dej\u00f3 en mi \u00e1nimo ning\u00fan resabio triste; al contrario, creo haberme sido muy bene\u00adficioso. Aunque parezca extra\u00f1o, siempre vincul\u00e9 ese recuerdo a una impresi\u00f3n de optimismo.<\/p>\n<p>Acaso sea una asociaci\u00f3n de ideas equivocada, que no responde exactamente a la realidad, pero la imagen se\u00advera que aquel jesuita predicando sobre la losa de una sepultura, me induce asimismo el pensamiento de que los jesuitas, que, dicho sea sin mengua ninguna de la benem\u00e9rita labor de otras \u00f3rdenes religiosas, formaron espiritualmente a las masas religiosas del pa\u00eds vasco y terminaron de darles forma, quedaron a su vez, despu\u00e9s de su victoria contra la tenacidad jansenista, de alg\u00fan modo impregnados de las tendencias de \u00e9stos.<\/p>\n<p>En muchos pueblos del pa\u00eds el t\u00e9rmino jesuita era sin\u00f3nimo de misionero.<\/p>\n<p>Que el vencedor quede saturado de las ansias ideo\u00adl\u00f3gicas del enemigo a quien acaba de vencer, es fen\u00f3\u00admeno que frecuentemente ocurre en las contiendas de ideas. La misma dureza del combate ideol\u00f3gico entre jesuitas y jansenistas condujo a una especie de colabora\u00adci\u00f3n de las contradicciones. Casi siempre que un cat\u00f3lico lucha contra un error, sobre todo si, preferentemente, lucha con armas temporales, queda, m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, de alguna manera inficionado por las mismas ideas que con tenacidad combate.<\/p>\n<p>Hoy las maneras religiosas del pa\u00eds vasco son distin\u00adtas a las de mi infancia. Estos \u00faltimos a\u00f1os, muchas costumbres han sufrido en poco tiempo un gran cam\u00adbio. Entonces, creo que lo mismo que ahora, los jesuitas dirig\u00edan en mi pueblo las congregaciones marianas de Luises e Hijas de Mar\u00eda, asociaciones piadosas que agru\u00adpaban, con asistencia viva, entusiasta, a la mayor\u00eda de la juventud local. Las escas\u00edsimas excepciones pod\u00edan contarse con los dedos de una mano y sobraban dedos. Alcanzo a recordar entre lo m\u00e1s lejano de mis vivencias la lectura desde el p\u00falpito de los nombres de las congre\u00adgantes expulsadas del seno de la Congregaci\u00f3n femenina por transgredir el precepto reglamentario que establec\u00eda la prohibici\u00f3n de bailar, de valsear como sol\u00eda decirse. Esta prohibici\u00f3n alcanzaba en tiempos m\u00e1s lejanos, aun\u00adque de manera menos severa, hasta a los mismos bailes del pa\u00eds.<\/p>\n<p>La lectura de los nombres de las expulsadas, fue, m\u00e1s tarde, suspendida, pero durante muchos a\u00f1os per\u00addur\u00f3 todav\u00eda cierto modo de penitencia p\u00fablica, de ra\u00edz posiblemente jansenista, que se impon\u00eda a las readmiti\u00addas, las cuales, durante algunos meses, en las funciones mensuales de la Congregaci\u00f3n deb\u00edan acercarse a comul\u00adgar cuando todas las dem\u00e1s hab\u00edan comulgado. Necesito sin embargo, para no faltar a la estricta verdad, se\u00f1alar la naturalidad de estas costumbres en aquel ambiente y en aquel tiempo. Era una cuesti\u00f3n puramente discipli\u00adnar; exist\u00eda la opini\u00f3n del castigo p\u00fablico al quebrantamiento p\u00fablico de un compromiso. Hab\u00eda tambi\u00e9n por medio un amor profundo a las Congregaciones marianas a las que se pertenec\u00eda por decisi\u00f3n lib\u00e9rrima, aceptando previamente sus reglamentos.<\/p>\n<p>El P. Manuel de Larramendi, en varios cap\u00edtulos de su \u00abCorograf\u00eda de Guip\u00fazcoa\u00bb, libro escrito hacia 1760, dama, sin pelos en la lengua, contra los misioneros, in\u00adcluso de la misma Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas a que 61 perte\u00adnec\u00eda, que sistem\u00e1ticamente tronaban desde los p\u00falpitos contra el tamboril y las danzas t\u00edpicas del pa\u00eds.<\/p>\n<p>El jansenismo es un semiprotestantismo, una manera disfrazada del calvinismo. El calvinismo arrasa el folklore all\u00ed donde arraiga o por donde pasa. El jansenismo entre los vascos hizo estragos a este respecto, arruinando cantidad de inocentes y pintorescas costumbres para siempre. Pero la manera de pensar del P. Larramendi no pre\u00advaleci\u00f3; triunf\u00f3 la severidad por la severidad: una se\u00adveridad irracional para nuestra manera actual de pensar, una severidad que tiene excusa en las r\u00edgidas ideas de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>El P. Francisco Antonio de Palacios, hijo de O\u00f1ate, en su <em>Respuesta satisfactoria del Colegio de Misioneros de N. P. San Francisco de la N. Villa de Zarauz a la consulta, y dict\u00e1menes impresos por la N. Villa de Balmaseda&#8230; <\/em>Pamplona, 1791), opina que el tamborilero, \u00absi no deja para siempre su oficio, peligra su alma\u00bb. A\u00f1a\u00adde que el tamborilero, en el baile p\u00fablico \u00abes el que peca m\u00e1s, y debe dejar el oficio si quiere la absoluci\u00f3n\u00bb. Este mismo P. Palacios, apoy\u00e1ndose en Lancelot, nom\u00adbre que en esta historia aparecer\u00e1 muchas veces, parece querer dar a entender que los tamborileros deben ser excluidos de la Sagrada Comuni\u00f3n por analog\u00eda con los c\u00f3micos excluidos por los c\u00e1nones de la recepci\u00f3n del Santo Sacramento.<\/p>\n<p>El jesuita P. Pierre Lhande sol\u00eda evocar a su abuelo, tamborilero de Atharratze, pueblo de Zuberoa, en el pa\u00eds vasco-franc\u00e9s, que por ser tamborilero no pod\u00eda en\u00adtrar en la iglesia jam\u00e1s, pero que siendo como era un santo var\u00f3n, o\u00eda misa arrodillado en el umbral de la puerta del templo.<\/p>\n<p>El siglo XIX hab\u00eda avanzado cuatro lustros, y, sin embargo, exist\u00edan en el pa\u00eds confesores que compartiendo las opiniones del P. Palacios, consideraban como pecado\u00adres p\u00fablicos a los tamborileros y sosten\u00edan la necesidad de negarles la absoluci\u00f3n si antes no entregaban al p\u00e1rro\u00adco el silbo y tamboriles para que fuesen quemados. Sin este requisito, el tamborilero no pod\u00eda acercarse a comul\u00adgar y si se acercaba, aunque hubiese sido absuelto en alguna otra parroquia o convento, deb\u00eda rechaz\u00e1rsele.<\/p>\n<p>Saint-Cyran y su fiel disc\u00edpulo Arnauld, cuando sos\u00adten\u00edan la necesidad de dilatar la absoluci\u00f3n hasta des\u00adpu\u00e9s de cumplida la penitencia, no lo hubiesen hecho mejor.<\/p>\n<p>La piedad del tiempo de mi infancia y de mi juven\u00adtud estribaba mucho en prohibiciones. Todo, casi todo, era malo. Los sermones, largu\u00edsimos, interminables, diri\u00adgidos a un auditorio que llenaba las naves en penumbra de las iglesias, porque antes de comenzar la predicaci\u00f3n era de ritual el correr las cortinas de las altas vidrieras del templo para crear o para aumentar la m\u00edstica de la oscuridad, frecuentemente se basaban en preceptos nega\u00adtivas, en prohibiciones.<\/p>\n<p>Aunque no ignoro que casi todo el dec\u00e1logo est\u00e1 en forma de prohibiciones, en aquel sistema de predicaci\u00f3n echo de menos alguna manera m\u00e1s frecuente de animoso est\u00edmulo. Algo as\u00ed como una menor reiteraci\u00f3n del Viejo Testamento, en beneficio de m\u00e1s abundantes alusiones al Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Muchas veces no parec\u00eda sino que toda la religi\u00f3n se centrara en el cumplimiento del sexto mandamiento, preocupaci\u00f3n obsesionante de los predicadores. Las trans\u00adgresiones colectivas o posibilidades de transgresi\u00f3n obte\u00adn\u00edan sin tardar desde el p\u00falpito un violento correctivo.<\/p>\n<p>El noviazgo se consideraba con gran sospecha. Los novios, aun las parejas m\u00e1s ejemplares, ve\u00edan cerradas las puertas de los teatros o cines dependientes de la iglesia. Alg\u00fan discreto pero inexorable aviso les constre\u00f1\u00eda a se\u00adpararse dentro de estos lugares de esparcimiento.<\/p>\n<p>El jansenismo, el saint-cyranismo, contribuy\u00f3 a hacer, sin t\u00e9rmino medio, bastantes rebeldes y bastantes fari\u00adseos.<\/p>\n<p>Hoy las cosas han cambiado mucho, probablemente demasiado, pero en mis tiempos juveniles el criterio jansenista somet\u00eda a un calvario a los novios de muchos pueblos del pa\u00eds vasco. No <em>se <\/em>olvide que el &#8216;matrimonio era para el jansenismo una de las m\u00e1s bajas condiciones del cristianismo. Para el jansenismo tampoco hab\u00eda t\u00e9rminos medios; todo lo que es naturaleza en el hombre llevaba el sello de la impureza. El tema sexual era <em>tab\u00fa; <\/em>o no exist\u00eda, o se cerraba ante \u00e9l una cortina espesa. El joven penetraba en la vida desarmado y a ciegas. Ante un problema que requiere suma y limpia franqueza, se prefer\u00eda la postura del mie\u00addo a la verdad.<\/p>\n<p>La embriaguez era duramente fustigada en los ser\u00admones misionales, pero de las invectivas de los predica\u00addores se salvaba la gula. Tambi\u00e9n es verdad que es muy dif\u00edcil un pecado mortal contra la gula, pero esta puerta de escape, inteligentemente entreabierta, abr\u00eda un pasa\u00addizo a los campos de Rabelais, tan amados por el genio vasco. Porque, adem\u00e1s, a fin de cuentas, un hombre y un pueblo que saben comer tienen categor\u00eda.<\/p>\n<p>Espero ser entendido recta y benignamente si digo que hay que desconfiar profundamente de los pueblos que no comen ni beben, ni saben entonar canciones a coro. El concepto rabelesiano de la vida en los vascos no est\u00e1 exento, sino al contrario, de tremenda formalidad.<\/p>\n<p>Y cuando digo rabelesiano aplico a este adjetivo el concepto sano, chestertoniano, que tiene en &#8216;nuestro pa\u00eds. No se olvide que Rabelais es una de las grandes admiraciones de Chesterton, el fecundo escritor cat\u00f3lico ingl\u00e9s, maestro de la paradoja.<\/p>\n<p>Yo me acuerdo al llegar aqu\u00ed de aquel vasco, rabelesiano aut\u00e9ntico, que a la hora de morir, rechaz\u00f3 las im\u00e1\u00adgenes de la Virgen Mar\u00eda m\u00e1s o menos insustanciales que presid\u00edan su agon\u00eda, reclamando en cambio que le colocaran delante, a la vista, la imagen de la Virgen de los Dolores.<\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese que la medalla que San Ignacio de Loyo-la llev\u00f3 siempre pendiente al cuello, ostentaba la imagen de la Virgen de los Dolores.<\/p>\n<p>El pasadizo rabelesiano tiene conexiones con el genio de la solemnidad religiosa, caracter\u00edstico del vasco. La buena mesa tiene mucho que ver con las expansiones co\u00adrales. Al final de los banquetes y de las cenas copiosas, gusta al vasco entonar las m\u00e1s severas melod\u00edas de su repertorio religioso. En mi pueblo natal, en parecidas ocasiones gastron\u00f3micas, o\u00ed muchas veces el canto a coro de un estremecedor <em>Miserere <\/em>que all\u00ed se acostumbra en la procesi\u00f3n de la cofrad\u00eda de la Veracruz la tarde del Vier\u00adnes Santo. Jos\u00e9 Mar\u00eda Salaverr\u00eda, en su libro \u00abLas som\u00adbras de Loyola\u00bb, se hace eco de la profunda impresi\u00f3n en \u00e9l producida por este <em>Miserere.<\/em><\/p>\n<p>La tremenda severidad de las funciones religiosas obten\u00eda un alivio los d\u00edas navide\u00f1os. La alegre misa que esos d\u00edas se cantaba a toda orquesta emparejaba con las tocatas populares que el organista acostumbraba esos mis\u00admos d\u00edas durante las V\u00edsperas. El organista aprovechaba las pausas entre uno y otro vers\u00edculo para un ameno re\u00adpaso a todo el repertorio de m\u00fasica popular vasca. Las melod\u00edas m\u00e1s solemnes las reservaba para el <em>Magnificat, <\/em>para los holgados espacios que los sacerdotes, portando cetros y revestidos de lujosas capas pluviales, aprovecha\u00adban para descender del coro y cruzar la iglesia a todo lo largo e ir a incensar el altar mayor. Eran momentos lle\u00adnos de grandiosidad. El \u00f3rgano interpretaba entonces alguna se\u00f1orial melod\u00eda vasca. Acaso alg\u00fan rayo de sol atravesando la altas vidrieras iluminaba los viejos oros del soberbio retablo mayor.<\/p>\n<p>Ya los ni\u00f1os no creo que acuden a V\u00edsperas, pero de m\u00ed s\u00e9 decir que la asistencia a la funci\u00f3n dominical vespertina contribuy\u00f3 mucho al desarrollo de mi facultad enso\u00f1adora.<\/p>\n<p>Esos d\u00edas navide\u00f1os \u00edbamos contentos a Misa mayor y V\u00edsperas. Pero una interpretaci\u00f3n demasiado riguro\u00adsa de las disposiciones de San P\u00edo X sobre m\u00fasica sa\u00adgrada dio tambi\u00e9n cuenta de aquellas inocentes expan\u00adsiones.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tambi\u00e9n por medio la asistencia impuesta. Un caluroso domingo agoste\u00f1o de mi infancia en que, faltando a V\u00edsperas, marchamos unos amigos a ba\u00f1ar\u00adnos al r\u00edo, el p\u00e1rroco acert\u00f3 luego a pasar cerca de don\u00adde est\u00e1bamos nadando. Recuerdo bien su severa re\u00adprimenda por haber osado faltar a V\u00edsperas y c\u00f3mo escuchamos aquella irritada amonestaci\u00f3n, profundamen\u00adte avergonzados, porque, adem\u00e1s, nos hall\u00e1bamos me\u00addio desnudos.<\/p>\n<p>No niego haber o\u00eddo, en tiempo de Misiones so\u00adbre todo, hacia su final, conmovedores sermones acer\u00adca de la par\u00e1bola del Hijo pr\u00f3digo, o tambi\u00e9n, bellas y consoladoras alocuciones durante las novenas de la Inmaculada Concepci\u00f3n, el Sagrado Coraz\u00f3n, u otras ocasiones semejantes, pero, en realidad, el ofuscador y beneficioso descubrimiento del Dios Providencia, del Dios que nos ama infinitamente m\u00e1s que nosotros mis\u00admos sabr\u00edamos amarnos, <em>es <\/em>en nuestras vidas muy pos\u00adterior a la infancia. Esa perspectiva del amor infinito del Padre se nos abri\u00f3 mucho m\u00e1s tarde Y es sobre todo la misma vida la que particularmente abre esa luminosa perspectiva.<\/p>\n<p>El Dios de nuestra infancia es el Dios-Autoridad, el Jefe Supremo con autoridad inapelable, un Dios justiciero siempre pronto al castigo; pero yo no re\u00adniego, ni much\u00edsimo menos, de ese Dios de mis d\u00edas infantiles<\/p>\n<p>Dios es total, Dios nuestro Se\u00f1or es tambi\u00e9n el Pa\u00addre de la clemencia, pero no le hace falta al hombre vivir muchos a\u00f1os para descubrir la tremenda presen\u00adcia de Dios en la trama de los sucesos de la vida. \u00a1Po\u00adbre del hombre educado de ni\u00f1o sin el sentimiento del temor de Dios! Adquirir la convicci\u00f3n de la trascen\u00addencia de ir siempre agarrado de la mano de Dios, es fundamental en la vida del hombre.<\/p>\n<p>La calidad moral del pa\u00eds vasco, en gran parte se debe a su concepto temeroso de la ley de Dios<\/p>\n<p>El pueblo vasco es un pueblo fiero, adorador de la fuerza, un poco paganoide, agudo, inteligente, pero sin flexibilidad, que necesita de violentos reactivos en el esp\u00edritu. El pueblo vasco es un pueblo a\u00fan primitivo con todas las magn\u00edficas virtudes y todos los grandes de\u00adfectos del primitivismo.<\/p>\n<p>El vasco vive en un estadio cultural anterior a la edad reflexiva de la conciencia. En la religi\u00f3n de los vascos, la tradici\u00f3n juega un importante papel. El vas\u00adco, aun el menos atado a las tradiciones, vive de tradi\u00adci\u00f3n. El vasco posee la certeza de estar en la verdad y escucha m\u00e1s que lee.<\/p>\n<p>Escucha, o predica. Porque misioneros vascos hay much\u00edsimos y en todas las partes del mundo; contem\u00adplativos vascos en cambio, poqu\u00edsimos.<\/p>\n<p>La presencia de Dios planeando sobre nuestras ac\u00adciones, suelen expresarla con lapidaria frase los confa\u00adbulados de esa picaresca vasca del mundillo de las apuestas: <em>Jaungoikoa goyan.<\/em><\/p>\n<p><em>Jaungoikoa goyan, <\/em>literalmente, Dios arriba, pero en su verdadero sentido, Dios manda desde arriba, Dios vigila desde arriba. As\u00ed exclaman resignados, aceptando como castigo merecido la vuelta catastr\u00f3fica contra ellos mismos de la combinaci\u00f3n laboriosamente preparada pa\u00adra desplumar a los incautos. La rotura del aparejo que tira de la prueba de bueyes, un tropez\u00f3n y la ca\u00edda del <em>korrikalari, <\/em>la repentina indisposici\u00f3n del <em>aizkolari&#8230; <\/em>To\u00addo se viene abajo y ya no queda tiempo y no es posible cubrirse. El&#8217; desastre econ\u00f3mico cernido sobre los inge\u00adnuos se vuelve contra los mismos p\u00edcaros que lo fra\u00adguaron, hombres de fe al fin y al cabo que, entonces, prorrumpen por lo bajo: <em>Jaungoikoa goyan.<\/em><\/p>\n<p>La verdad <em>es <\/em>que el vascuence tampoco se presta a \u00f1o\u00f1as efusiones devotas. Las ense\u00f1anzas religiosas nos llegaron a trav\u00e9s del vascuence, netas, recias y viriles. La fundamental seriedad del idioma vasco se correspon\u00add\u00eda con la austeridad de las ideas religiosas a que serv\u00eda de veh\u00edculo. Nuestros sacerdotes no nos ense\u00f1aron, creo que por fortuna, canciones equisvalentes al meloso: \u00abDue\u00f1o de mi vida \u2014 vida de mi amor \u2014 \u00e1breme la herida \u2014 de tu coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00ed: a m\u00ed <em>se <\/em>me imagina que aunque ellos ni siquie\u00adra lo sospecharan, Saint-Cyran irrump\u00eda en el esp\u00edritu de los sacerdotes y religiosos jesuitas que nos exhortaron en nuestra infancia y juventud, present\u00e1ndonos a Dios co\u00admo una fuerza terrible.<\/p>\n<p>El pueblo vasco aut\u00e9ntico excluye toda frivolidad. El pensamiento de la muerte siempre se halla de algu\u00adna manera presente en las iglesias de los pueblos vas\u00adcos.<\/p>\n<p>Sainte-Beuve escribe que un d\u00eda preguntaran a Jansenio cu\u00e1l era el atributo de Dios que m\u00e1s le impresio\u00adnaba. Jansenio respond\u00eda que la Verdad. Sainte-Beuve comenta que San Francisco de Sales, hombre coet\u00e1neo, hubiera seguramente respondido en el mismo caso: \u00ab\u00a1Caridad del Hijo! \u00a1Caridad! \u00a1Humildad! y que a su vez Saint-Cyran, amigo del santo obispo de Gine\u00adbra, a la misma pregunta acaso respondiera: \u00bb \u00a1Poder! \u00a1Pavoroso Poder del Padre! \u00a1Abismo! \u00a1Eternidad! \u00ab.<\/p>\n<p><em>Jaungoikoa, <\/em>el Se\u00f1or de lo Alto, el Dios Creador, eclipsa un tanto en la conciencia del vasco al Dios en\u00adcarnado, el Dios hecho hombre. El vasco ante todo fue pastor n\u00f3mada, luego agricultor de modos prima\u00adrios. El fondo primitivo late siempre en \u00e9l. Tiene una conciencia planetaria. Y ese fondo primitivo explica tal vez las deserciones del vasco fuera de su ambiente.<\/p>\n<p>Estrab\u00f3n observa la preferencia de los vascos por la vestimenta oscura, pero suelo a veces preguntarme si no ser\u00eda Saint-Cyran el que mucho m\u00e1s tarde, subra\u00adyando la austera moda generalizada por los Austrias, termin\u00f3 de inspirar a los vascos el miedo al color. Posiblemente la ropa oscura es la ropa que mejor les sienta; el negro, color del ceremonial y de la elegancia, resalta mejor la pechera blanca, pero cabr\u00eda preguntar si es sano ese miedo al colorido en un pa\u00eds donde la pesadum\u00adbre del clima y el cielo casi siempre gris oprimen a los esp\u00edritus tens\u00e1ndolos hasta los l\u00edmites de lo patol\u00f3gico. Pero \u00bfqu\u00e9 es lo normal y qu\u00e9 es lo patol\u00f3gico? \u00bfD\u00f3n\u00adde est\u00e1 la frontera entre lo normal y lo patol\u00f3gico? Cada cual es como es; cada hombre es un mundo.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n por medio la timidez. Pero, el vasco \u00bfes t\u00edmido o <em>es <\/em>vergonzoso? M\u00e1s que t\u00edmido, el vasco creo que <em>es <\/em>vergonzoso. \u00bfNo hab\u00e9is visto nunca a los ni\u00f1os de un caser\u00edo agrupados silenciosamente a la puer\u00adta al paso de un caminante? \u00a1Cu\u00e1nto no ense\u00f1a la precoz seriedad de esos ni\u00f1os solitarios! Esta vergonzosidad explica la <em>arloter\u00eda <\/em>del vasco, su inadaptaci\u00f3n, ex\u00adplica asimismo la existencia de dos vascos en cada vasco, otro vasco totalmente distinto del que aparece a primera vista. Porque la vergonzosidad, la timidez, al resolver\u00adse, engendra desmesura, falta de equilibrio espiritual.<\/p>\n<p>Pero es seguro que estoy tratando de hacer distingos imposibles entre timidez y vergonzosidad. El c\u00e1ncer del pueblo vasco es la timidez. Porque, adem\u00e1s, en el fondo del t\u00edmido est\u00e1 siempre el sentimental.<\/p>\n<p>Todas estas cosas explican tambi\u00e9n la existencia de dos pueblos vascos asimismo distintos: el pueblo vasco de adentro y el pueblo vasco de afuera. Este, el de fue\u00adra, para bien o para mal, es como es; el de adentro, como le dejan ser. El vasco de adentro es un reprimido, un hambre constre\u00f1ido estrechamente por el ambiente.<\/p>\n<p>En cambio, en el vasco de afuera aparece con fre\u00adcuencia la verdad de un temperamento. Y a veces tam\u00adbi\u00e9n en el vasco de adentro. El \u00edmpetu de los vascos rebotados de la fe, iguala, si es que no supera, el \u00edmpe\u00adtu de los vascos creyentes verdaderos<\/p>\n<p>La acritud extremista de los anticlericales vascos es la de hombres rebotados de un ambiente cargado de clericalismo. Unos y otros, clericales y anticlericales, poseen la dureza de los no acostumbrados a dar a otros la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>El pueblo vasco, profundamente creyente, siempre fue, sin embargo, anticlerical, pero de una forma benig\u00adna en tiempos antiguos, bonachonamente sonriente. Dejando aparte las respetuosas limitaciones opuestas por alguna vieja Ordenanza a las posibles intervenciones del clero en los asuntos puramente civiles, las f\u00f3rmulas anticlericales casi siempre se expresaban de forma cari\u00ad\u00f1osa.<\/p>\n<p>Lamento mucho no haber hallado un sin\u00f3nimo del t\u00e9rmino anticlerical que exprese m\u00e1s adecuadamente mi idea. Quien traduzca aqu\u00ed esa palabra con una carga de resentimiento y acrimonia se equivoca de medio a medio.<\/p>\n<p>A principios del siglo XVII, el cl\u00e9rigo e historiador guipuzcoano Lave de Isasti, nos cuenta las pintorescas intimidades de los pescadores guipuzcoanos con los es\u00adquimales de Terranova, amigos incondicionales de aqu\u00e9llos, y amigos tambi\u00e9n de la \u00abbonita\u00bb sidra que acos\u00adtumbraban llevar en sus nav\u00edos como acompa\u00f1amiento obligado durante sus campa\u00f1as pesqueras. Isasti, con ser cl\u00e9rigo \u00e9l mismo, se complace relatando las regocijantes locuciones en vascuence que con un bonach\u00f3n sentido anticlerical, no exento, sin embargo, en su tras\u00adfondo, de cari\u00f1o al clero, gustaban de ense\u00f1ar aquellos pescadores guipuzcoanos a los esquimales con quienes conviv\u00edan durante la temporada del bacalao.<\/p>\n<p><em>\u00bfNola zaude? <\/em>\u2014\u00bfc\u00f3mo est\u00e1is?\u2014 preguntaban los pescadores a los esquimales y \u00e9stos respond\u00edan con na\u00adturalidad, sin comprender el oculto sentido de la frase, \u00absin saber ellos qu\u00e9 cosa es cl\u00e9rigo sino por haberlo o\u00eddo\u00bb. <em>\u2014\u00bb Apaizak obeto\u00bb <\/em>(Los cl\u00e9rigos est\u00e1n mejor). Al presb\u00edtero e historiador Lope de Isasti la respuesta le hace mucha gracia y la relata complacido.<\/p>\n<p>Este anticlericalismo de bonach\u00f3n porte rabelesiano, desapareci\u00f3, por desgracia. El anticlericalismo agrio y militante es, tal vez, la respuesta a la prepotencia cle\u00adrical entronizada por el jansenismo. La prepotencia, el peor enemigo de la religi\u00f3n, es una consecuencia directa del jansenismo.<\/p>\n<p>A veces me pregunto si a los vascos de adentro en realidad nos falta algo. Amigos exiliados me advierten a su regreso despu\u00e9s de larga ausencia en tierras ame\u00adricanas, haber advertido con desilusi\u00f3n en su propio pa\u00eds, cierta falta de humanidad, en contraste con la ge\u00adnerosa exuberancia vital de los pa\u00edses donde hab\u00edan vivido<\/p>\n<p>Es verdad que la ausencia afina la vista acerca del valor de las cosas recobradas; tambi\u00e9n es muy posible que esa observaci\u00f3n signifique una certera cr\u00edtica de la \u00edntima v desilusionante actitud de nuestro pueblo, o para ser m\u00e1s exactos, de muchos de nuestro pa\u00eds, en el momento actual, pero cabr\u00eda asimismo la interrogaci\u00f3n de si a pesar de sus fabulosos adelantos t\u00e9cnicos, es posible tomar en serio a ciertos pueblos.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n es verdad que la virtud, aunque no se vea, existe en todas las partes del mundo. Por eso, al\u00adgunas veces, asintiendo en secreto a esas amargas cr\u00ed\u00adticas, me pregunto con tristeza si existe otro pa\u00eds como el nuestro, como el pueblo vasco, donde se haga tanta gala de la virtud por motivos rec\u00f3nditos que nada tie\u00adnen que ver con la virtud.<\/p>\n<p>Sin embargo, para defenderme de esa depresiva re\u00adflexi\u00f3n, pienso tambi\u00e9n que la virtud es virtud, aunque a veces, o muchas veces, se le junten otros ingredientes que disminuyen sus quilates, pero no la matan del todo.<\/p>\n<p>Porque adem\u00e1s, en definitiva, aun aceptando el caso de que el \u00fanico motivo de la acci\u00f3n no sea confesable, la par\u00e1bola del fariseo y del publicano, \u00bfno es acaso un ejemplo propuesto por Jes\u00fas a los hombres de todos los pa\u00edses y de todas las \u00e9pocas?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 de Arteche<\/p>\n<p>Au\u00f1amendi<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMER ENCUENTRO CON SAINT-CYRAN Esta extra\u00f1eza nos llegaba de manera indirecta, en forma de elogios que exaltaban la religiosidad de nues\u00adtros antepasados, que, seg\u00fan algunos nos dec\u00edan, co\u00admulgaban escas\u00edsimas veces al a\u00f1o, una, dos o &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-ii\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":400787,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[],"class_list":["post-400789","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Saint-Cyran (II) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/saint-cyran-ii\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Saint-Cyran (II) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"PRIMER ENCUENTRO CON SAINT-CYRAN Esta extra\u00f1eza nos llegaba de manera indirecta, en forma de elogios que exaltaban la religiosidad de nues\u00adtros antepasados, que, seg\u00fan algunos nos dec\u00edan, co\u00admulgaban escas\u00edsimas veces al a\u00f1o, una, dos o ... 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