{"id":400782,"date":"2017-05-28T08:24:54","date_gmt":"2017-05-28T06:24:54","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400782"},"modified":"2017-04-23T18:28:33","modified_gmt":"2017-04-23T16:28:33","slug":"luis-vives-san-vicente-paul","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luis-vives-san-vicente-paul\/","title":{"rendered":"Luis Vives y San Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"389514\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-ayuda-paris-alrededores-i\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"san vicente de fray juan del santisimo sacramento\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-389514 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/san-vicente-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Durante los siglos XV, XVI y primera mitad del XVII encontramos un hecho en la historia de la filantrop\u00eda y de la caridad, cuyo nombre propio es el de pauperismo. Flechier ha dicho de esta<\/p>\n<p>\u00e9poca, que nadie pod\u00eda distinguir los pobres reales de los libertinos, ni nadie sab\u00eda, al dar la limosna, si \u00e9sta servir\u00eda para el alivio de la miseria o para el afianzamiento de la holgazaner\u00eda.<\/p>\n<p>Ve\u00edanse tropas errantes de mendigos sin religi\u00f3n y sin disciplina, que ped\u00edan con m\u00e1s obstinaci\u00f3n que humildad y que robaban con frecuencia lo que no pod\u00edan obtener atrayendo las miradas del p\u00fablico con enfermedades fingidas. En Par\u00eds, la cifra de mendigos sobrepasaba los cuarenta mil. All\u00ed, en presencia de los edificios m\u00e1s elegantes del mundo, se ve\u00edan mujeres vendiendo su honestidad p\u00fablicamente y ni\u00f1os llorando su abandono y orfandad.<\/p>\n<p>Se trataba, pues, de un hecho social degradante y dif\u00edcil de solucionar. Todo remedio necesitaba una gran sabidur\u00eda para encontrar los medios de subsistencia en el prop\u00f3sito, una fuerza de gigante para vencer los obst\u00e1culos, unos recursos elevados &#8230; y una virtud a toda prueba para establecer un orden y una disciplina. Se trataba, pues, de un hecho social degradante y dif\u00edcil de solucionar. Todo remedio necesitaba una gran sabidur\u00eda para encontrar<\/p>\n<p>los medios de subsistencia en el prop\u00f3sito, una fuerza de gigante para vencer los obst\u00e1culos, unos recursos elevados y una virtud a toda prueba para establecer un orden y una disciplina.<\/p>\n<p>Hubo dos gigantes que se enfrentaron con el problema y los dos han recibido el respeto p\u00fablico en sus monumentos. El uno se llama Luis Vives y el otro San Vicente de Pa\u00fal. Los dos dieron soluciones, el primero empezando con la teor\u00eda, y el segundo con la pr\u00e1ctica. Vives mirando el problema desde un punto de vista de moral social y humanista; San Vicente enfocando el problema con luces sobrenaturales de caridad. Si el Maestro Valenciano tocaba<\/p>\n<p>en la herida de la conciencia gubernamental, si establec\u00eda normas de conducta social para el Estado, el Patr\u00f3n de todas las obras de Caridad despertaba la conciencia privada de los individuos, aunque esa conciencia fuera la del Rey, para cumplir con las obligaciones de justicia y caridad. Ambos ir\u00e1n siempre juntos en la historia de la filantrop\u00eda cristiana. Sin embargo, son dos estrellas de la caridad de distinta categor\u00eda y claridad.<\/p>\n<p>DOS F\u00d3RMULAS DISTINTAS<\/p>\n<p>El pauperismo era para Luis Vives un problema demasiado grande para solucionarlo con la diminuta colaboraci\u00f3n privada. Por eso dej\u00f3 grabada con bellas palabras latinas esta soluci\u00f3n<\/p>\n<p>de su c\u00e9lebre tratado \u00abEl socorro de los pobres\u00bb: \u00abAs\u00ed como es cosa fea para un padre de familia consentir que en su casa haya alguno que padezca hambre o sufra desnudez o la verg\u00fcenza de andar andrajoso en medio de la opulencia de su estado, as\u00ed tampoco parece bien que en una ciudad, no pobre ciertamente, toleren sus magistrados que haya ciudadanos, que sientan las embestidas del hambre y el oprobio de la miseria\u00bb. Es decir que para Luis Vives la sociedad es como una familia de dimensiones colosales, a la que los gobernantes deben atender. Para \u00e9l el pauperismo necesitaba una soluci\u00f3n global, una mano fuerte capaz de imponer orden por la fuerza.<\/p>\n<p>E3ta idea de familia social era muy del agrado de San Vicente y por eso \u00e9l se encarg\u00f3 de rebautizarla con el nombre de \u00abfamilia en Jesucristo\u00bb. Lo importante en filantrop\u00eda es el ver la imagen de Cristo unos en los otros, el que da en el que recibe, y el que recibe en el que da. Caridad es ante todo reciprocidad, relaci\u00f3n. Para San Vicente la caridad privada es m\u00e1s efectiva que la filantrop\u00eda p\u00fablica, la visita a domicilio m\u00e1s humanitaria que la reclusi\u00f3n forzosa en asilos, y el cuidado voluntario m\u00e1s delicado que la higiene dictatorial. Su f\u00f3rmula se encuentra a la cabeza de todos los Reglamentos de Caridad: \u00abLas Sirvientas o los Sirvientes de los pobres -leemos- recordar\u00e1n frecuentemente que el fin para que Dios les ha llamado y congregado es para honrar a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres, sirvi\u00e9ndoles corporal y espiritualmente, unas veces como ni\u00f1o, otras como necesitado, otras como enfermo y otras como prisionero\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre, para San Vicente, es el pobre integral de Luis Vives: \u00abIta, totus, interne et externe, inops factus est horno &#8230; ergo &#8230; tota eius vita in aliorum auxiliis sita est\u00bb. Pero nuestro Santo<\/p>\n<p>mira al pobre con un amor profundo, como a un miembro de Cristo dolorido a quien es preciso curar con cuidado, suavemente. Hablando de los enfermos que han de ingresar en el Hospital de Par\u00eds comenta: \u00abPara comenzar debemos recibir tan s\u00f3lo unos cien o doscientos pobres, y a\u00fan esos, de los que voluntariamente se presenten a solicitarlo. El buen trato y contento de esos pocos atraer\u00e1n a los dem\u00e1s, y por tal medio ir\u00e1 aumentando el n\u00famero &#8230;<\/p>\n<p>Los pobres que vean el asilo como c\u00e1rcel, har\u00e1n amarga la vida a los dem\u00e1s, ser\u00e1n dif\u00edciles de dirigir y no rezar\u00e1n por sus bienhechores, a quienes f\u00e1cilmente odiar\u00e1n, viviendo con tal motivo en pecado mortal\u00bb.<\/p>\n<p>Es conveniente afirmar con Altmeyer que la obra de Vives es una justificaci\u00f3n de la caridad desde el punto de vista moral, de la caridad considerada como una obligaci\u00f3n de conciencia, engendrada por el derecho natural, al mismo tiempo que una obra buena desde el punto de vista religioso. Para esto el Maestro Valenciano, consecuente con sus ideas, no vacila en mezclar como t\u00edtulos de autoridad, a Plat\u00f3n y a la Biblia; a Homero y San Mateo; a S\u00e9neca, Cicer\u00f3n y Terencio, junto a San Pablo y los Ap\u00f3stoles. En cambio, el Padre de los Pobres no necesita autoridades profanas; le bastan el ejemplo y las palabras de Jesucristo.<\/p>\n<p>Sus principios radican en la caridad sobrenatural. Su gu\u00eda y su apoyo es la Providencia.<\/p>\n<p>CUIDADO DE LOS Nl\u00d1OS<\/p>\n<p>Los dos han contemplado largamente a los ni\u00f1os; han visto su desgracia, y no pueden callarla. Oigamos a Luis Vives: \u00abLos mendigos por avidez de ganancia no s\u00f3lo afean sus propios cuerpos,<\/p>\n<p>sino tambi\u00e9n los de sus hijos y los de otros ni\u00f1os que a veces piden prestados o alquilados para llevarlos por todas partes. Yo s\u00e9 de muchos que los llevan raqu\u00edticos y mutilados\u00bb. Los ni\u00f1os, que son la pupila de Dios, se hab\u00edan convertido en algo as\u00ed como una bicicleta de alquiler para la malicia y desverg\u00fcenza de los hombres. Esta misma visi\u00f3n asaltaba la mente de San Vicente: \u00abEstos pobres ni\u00f1os -dec\u00eda- son vendidos por ocho sueldos a los mendigos, quienes les rompen los brazos y las piernas para que se les d\u00e9 limosna&#8230; y luego les dejan morir de hambre\u00bb.<\/p>\n<p>No era, pues, el caso para una contemplaci\u00f3n dolorosa e inactiva. Si hay ni\u00f1os abandonados, ni\u00f1os que sufren, que no reciben cultura, urge levantar hospitales, edificar. escuelas, reclutar maestros y dictar reglas. \u00abEn la primera crianza -explica el Humanista- esc\u00f3ndese una fuerza de gran virtud para el porvenir de la vida. Nada hay tan peligroso como una educaci\u00f3n incivil, s\u00f3rdida y ruin&#8230; Por tanto no es decente escatimar a los ni\u00f1os los maestros adecuados no s\u00f3lo de talento y erudici\u00f3n, m\u00e1s tambi\u00e9n de juicio sencillo y puro\u00bb. San Vicente especifica el motivo<\/p>\n<p>de estas buenas cualidades en la ense\u00f1anza: \u00abSi la se\u00f1orita Le Gras tuviera dos \u00e1ngeles a su disposici\u00f3n ser\u00eda necesario dedicarlos al servicio de estos inocentes, porque cual es la t\u00eda -as\u00ed os llaman los ni\u00f1os- tales ser\u00e1n los sobrinos. Si os enfad\u00e1is, ellos se enfadar\u00e1n; si delante de ellos hac\u00e9is ligerezas, ellos las har\u00e1n; y si vosotras murmur\u00e1is, ellos tambi\u00e9n murmurar\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>Con estos prenotandos nuestros dos fil\u00e1ntropos establecen un problema de educaci\u00f3n. En primer lugar -recalca Vives-, ens\u00e9\u00f1ese a los ni\u00f1os a vivir con sobriedad, aseo y pureza. Ap\u00e1rteseles de todos los deleites para que no se acostumbren a los regalos y a la voracidad. No se les permita ser esclavos de la gula&#8230; Y a las ni\u00f1as persu\u00e1daseles de que e! \u00fanico bien de las mujeres es la castidad.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, el Padre de los Ni\u00f1os se quejar\u00e1 de los educadores porque en lugar de corregir sus defectos, adulan su vanidad, fomentan en ellos los h\u00e1bitos que m\u00e1s tarde les conducir\u00e1n a la<\/p>\n<p>impureza, preparan su \u00e1nimo a la hipocres\u00eda y cierran su coraz\u00f3n a todo cari\u00f1o y a toda confianza. Indudablemente que por esta raz\u00f3n San Vicente mandaba a sus misioneros tener una charla especial en las misiones dedicada a los maestros. Y cierto que para mantener esta sana moral, ambos fil\u00e1ntropos a lo cristiano previeron un gran medio: la separaci\u00f3n de ni\u00f1os y ni\u00f1as.<\/p>\n<p>San Vicente a\u00fan seccionar\u00e1 los ni\u00f1os y las ni\u00f1as mayores de los menores, y su experiencia tuvo resultados que los modernos educadores no deben olvidar, aunque sean otros tiempos.<\/p>\n<p>Dice mucho en favor de Luis Vives y de San Vicente el que impusieran el aprendizaje de la lectura y la escritura entre los ni\u00f1os. En aquel tiempo quien sab\u00eda leer y escribir pertenec\u00eda a la clase educada, a s\u00f3lo ese grupo que puede permitirse lujos o que busca su vida con un oficio intelectual. No eran, por tanto, los hospitales y orfanatos lugares de reclusi\u00f3n para la inocente juventud, sino casas envidiables de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda se habla encomi\u00e1sticamente, y con raz\u00f3n, de las Escuelas de Artes y Oficios. Los organizadores de este movimiento merecen un aplauso. Pero antes que ellos Vives propuso la idea y San Vicente la llev\u00f3 a la pr\u00e1ctica. Todos los ni\u00f1os y las ni\u00f1as -dec\u00edan ambos- aprender\u00e1n a leer y escribir. Si alguno o alguna mostrase vocaci\u00f3n para el estudio, se le dejar\u00e1 pasar adelante. Los restantes, si son ni\u00f1os, pueden pasar a profesiones manuales -sargueros, lenceros, tejedores-; pero si son ni\u00f1as, aprender\u00e1n a hilar, coser, tejer, bordar, gobernar la cocina y la casa. El programa abarcaba todas las profesiones del tiempo. Sencillamente,\u00a0 con esa naturalidad que tienen las cosas grandes del alma, hab\u00eda nacido esa obra que el gran admirador de San Vicente, Don Bosco, hab\u00eda de llevar a su esplendor.<\/p>\n<p>EL CUIDADO DE LOS LOCOS<\/p>\n<p>Entre todos los pobres los m\u00e1s desgraciados son los dementes. As\u00ed lo demuestra por razones filos\u00f3ficas el Humanista Valenciano; y as\u00ed lo sabe San Vicente por la experiencia cuotidiana, viviendo con ellos en San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>\u00abComo no haya en el mundo cosa m\u00e1s excelente que el hombre -traducimos directamente del \u00abDe subventione Pauperum\u00bb- y como en el hombre no haya nada que sobrepase a su inteligencia, hemos de trabajar primariamente en conseguir que \u00e9sta se encuentre bien. El mayor beneficio posible es o bien volver a la salud las mentes enfermas, o bien mantenerlas en equilibrio y robustez\u00bb.<\/p>\n<p>Todo este raciocinio es una bella apreciaci\u00f3n metaf\u00edsica de la necesidad de curar la locura. Sin embargo, sobre ella, como un intermedio entre las contemplaciones escol\u00e1sticas y las apreciaciones divinas, leemos en San Vicente: \u00abNuestro Se\u00f1or quiso pasar por un loco &#8230;, as\u00ed lo pensaron todos. Los mismos Ap\u00f3stoles, en ocasiones, le tuvieron como tal. As\u00ed lo creyeron cuando tom\u00f3 sobre s\u00ed tantos padecimientos&#8230; Y los padeci\u00f3 porque quiso darnos lecci\u00f3n de quienes deben ser objeto de nuestra compasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La consecuencia de ambas apreciaciones era evidente y era la misma. Hab\u00eda que levantar manicomios y dedicar personas de coraz\u00f3n optimista al cuidado de los dementes. Pero la admisi\u00f3n no se har\u00eda a ojos ciegos y sin control. Antes que nada -ense\u00f1a Luis Vives- se ha de averiguar si la locura es natural o si fue provocada; si da esperanzas de curaci\u00f3n o si es un caso del todo desesperante. Luego de este diagn\u00f3stico preliminar aplicaremos la clasificaci\u00f3n del Santo de la Medicina. Entre los locos los hay \u00abfuriosos, dementes, imb\u00e9ciles y melanc\u00f3licos\u00bb. Los \u00abfuriosos\u00bb no son due\u00f1os de su voluntad, y no tienen por tanto libertad de juicio&#8230; En cierta manera, deben considerarse felices si al comienzo de la enfermedad se hallan en gracia de Dios. Los \u00abdementes\u00bb -libertinos e inconstantes- son m\u00e1s numerosos. Conservan toda su inteligencia; pero hacen mal uso de ella. Los \u00abimb\u00e9ciles\u00bb, que Pinel llamar\u00e1 m\u00e1s tarde \u00abmanie sans delire\u00bb, no carecen tampoco de inteligencia, pero ni son culpables ni, por otra parte, la emplean bien. Finalmente los \u00abmelanc\u00f3licos\u00bb son hombres \u00abde cerebro agudo\u00bb, que sufren ataques cr\u00f3nicos f\u00e1ciles de prever: Van precedidos de negra melancol\u00eda. Este agrupamiento y diagn\u00f3stico admirables constituye a nuestro Santo en uno de los primeros y m\u00e1s acertados psicoterapeutas de la locura. Los nombres de su clasificaci\u00f3n cambiar\u00e1n por otros m\u00e1s expresivos y adecuados, pero la delineaci\u00f3n general permanecer\u00e1 hermosamente aumentada.<\/p>\n<p>A estos agrupamientos corresponden tratos determinados. Unos -dice el Humanista- necesitan alimentos reconstituyentes; otros, trato benigno y afable, porque se amansen poco a poco, como las fieras; otros han menester instrucci\u00f3n. Los habr\u00e1 que necesitan castigo y coacci\u00f3n f\u00edsica; pero con tal tino se les ha de aplicar este en\u00e9rgico tratamiento que no se exalten v exacerben m\u00e1s a\u00fan; y por todos medios, hasta el punto que fuere posible, debe introducirse en sus almas aquella placidez y sosiego con que f\u00e1cilmente vuelven al juicio y salud\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1El Santo, gran optimista, a\u00f1ade otras normas aprendidas de la experiencia. Cada loco tendr\u00e1 su habitaci\u00f3n propia, que barrer\u00e1 tres veces por semana. Podr\u00e1n madrugar cuanto quieran y pasear por el jard\u00edn, constantemente vigilados. No tendr\u00e1n cuchillo ni tenedor, ni podr\u00e1n hacer ruido en las habitaciones, cantar, silbar o hablar a voces. Un gran remedio para los d\u00e9biles de cerebro es ocuparles en distintos trabajos. La alimentaci\u00f3n se les dispondr\u00e1 bien y en abundancia. Terminado el tratamiento, si alguno cura, se procurar\u00e1 que haga confesi\u00f3n general y luego se le dar\u00e1 de alta. Sin duda que este era el tratamiento general; pero est\u00e1 claro que San Vicente hac\u00eda excepciones con aquellos a quienes hoy d\u00eda es preciso poner la camisa de fuerza. Quien conozca bien la historia de los manicomios -palabra que hoy ya suena un poco fuerte- f\u00e1cilmente y sin duda alguna, dar\u00e1 dos medallas de honor, una a San Vicente y otra a Luis Vives. Este es el gran te\u00f3rico, primer defensor de los locos, en un tiempo en que eran despreciados a\u00fan por los mismos familiares; aqu\u00e9l es el gran fil\u00e1ntropo a lo cristiano, que no s\u00f3lo los cuida y estudia, sino que los eleva a la categor\u00eda de Cristo mismo.<\/p>\n<p>EVIDENTES CONCLUSIONES<\/p>\n<p>Sabemos que casi con la misma extensi\u00f3n y el mismo t\u00edtulo de la obra de Vives -De subventione pauperum- public\u00f3 otra San Vicente, bajo el nombre de \u00abInstrucci\u00f3n para el socorro de los pobres\u00bb. Sabemos tambi\u00e9n que San Vicente ten\u00eda grandes aficiones humanitarias y que la obra de Luis Vives gozaba de un gran renombre para no atraer la atenci\u00f3n del Santo. Algunos, por temor de aminorar la originalidad de San Vicente, le han negado todo conocimiento de la obra de Vives. Estos no merecen ning\u00fan voto para sus opiniones y creo es bueno recordarles que San Vicente es un gigante tan grande, que quitarle algo ser\u00eda hacerle un favor, pues as\u00ed nuestra visi\u00f3n diminuta podr\u00eda verle siquiera de perfil. Es cierto, como ellos dicen, que Vives cumpl\u00eda razones de justicia y San Vicente razones de caridad; que los escritos de Vives fueron objeto de disputa entre sus disc\u00edpulos y los disc\u00edpulos de Soto, mientras que la voz de San Vicente alcanz\u00f3 m\u00e1s de sesenta millones de pesetas en favor de los pobres por aplauso un\u00e1nime de sus ideas. Todo esto es cierto y, sin embargo, las posibilidades de contacto se afianzan m\u00e1s. San Vicente conoc\u00eda los escollos con que Luis Vives hab\u00eda tropezado. Est\u00e1 suficientemente probado c\u00f3mo se propusieron el mismo problema y c\u00f3mo en cuestiones de pr\u00e1ctica se completan. La postura de San Vicente como cl\u00e9rigo era m\u00e1s propicia para el \u00e9xito. El Santo nunca hubiera acudido al Rey, por ejemplo, si los recursos de iniciativa personal hubieran cubierto todas las necesidades. Nunca hubiera pretendido reformar la legislaci\u00f3n bajo el principio del deber del Estado a socorrer al pobre, como lo hizo Luis Vives, porque \u00e9ste no aporta la soluci\u00f3n inmediata del problema. San Vicente, modelo de hombres dedicados a Dios, funda sus decisiones en la segura protecci\u00f3n de la Providencia, mientras que Vives, seglar ciertamente edificante, basa sus soluciones en el esfuerzo humano.<\/p>\n<p>Ambos, conscientes de que la causa del pobre no es tan s\u00f3lo la causa de una naci\u00f3n o de una \u00e9poca, sino la causa de la humanidad entera, trazaron los principios naturales y sobrenaturales que protegen al pobre. Ambos entretejen con sus doctrinas complementarias el magn\u00edfico tapiz que ha de embellecer la pobreza.<\/p>\n<p>Anales 1967<\/p>\n<p>(Jos\u00e9 Delgado, C. M.)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante los siglos XV, XVI y primera mitad del XVII encontramos un hecho en la historia de la filantrop\u00eda y de la caridad, cuyo nombre propio es el de pauperismo. 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