{"id":400766,"date":"2017-05-22T08:28:41","date_gmt":"2017-05-22T06:28:41","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400766"},"modified":"2017-04-17T17:29:57","modified_gmt":"2017-04-17T15:29:57","slug":"vicente-paul-clasico-del-arte-epistolar-oratorio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-paul-clasico-del-arte-epistolar-oratorio\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal: Un cl\u00e1sico del arte epistolar y oratorio"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399888\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/jesu-cristo-vida-nuestra\/ojos-jesucristo\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"ojos-jesucristo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399888 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ojos-jesucristo.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Aunque parezca sorprendente, Vicente de Pa\u00fal debie\u00adra figurar en la lista de autores cl\u00e1sicos del siglo xvii franc\u00e9s. Emilio Trollier fue el primero en incluirle en su <em>Histoire de la langue&#8230;, <\/em>por m\u00e1s que no le considere un modelo de clasicis\u00admo. Afirma sin embargo de \u00e9l: \u00abEscribe (a los Misioneros y a las Hijas de la Caridad) cartas, rudas de lenguaje, pero subli\u00admes de proselitismo: frecuentemente incluso lo sublime pasa del fondo a la forma. Vicente de Pa\u00fal tiene logros y esponta\u00adneidades emotivas que sobrepasan las descripciones r\u00e1pidas y coloreadas de un Bossuet&#8230;\u00bb Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1918, Bremond escrib\u00eda: \u00abLas Obras Completas de Vicente de Pa\u00fal (&#8230;), ricas en doctrina, chispeantes de humor, y en las que no he encontrado una sola l\u00ednea banal \u2014cosa \u00fanica en una co\u00adlecci\u00f3n de este g\u00e9nero\u2014 estas Obras Completas no se encuen\u00adtran en el comercio; (&#8230;) \u00bfLe vemos inferior a tantos escritores lamentables como abruman la librer\u00eda cat\u00f3lica?\u00bb) Calvet emite el siguiente juicio: \u00abDesvinculado, por la acci\u00f3n, de la cultura literaria, que pose\u00eda sin embargo en un grado muy alto, Vicente encontr\u00f3 para expresar su pensamiento una forma sen\u00adcilla, directa, depurada, deliciosa, que no aspira a matizar como un B\u00e9rulle o un Olier, pero que permanece siempre al lado de las cosas, de manera que es un gran escritor, porque se dedica a no ser escritor (&#8230;). Quiso colocarse, aunque escribi\u00f3 mucho, al margen de la literatura. Pero su esp\u00edritu es tan vivo y su co\u00adraz\u00f3n tan ardiente que la gracia del estilo le fue dada colma\u00addamente y no hay en los catorce vol\u00famenes que nos ha dejado una p\u00e1gina que sea ins\u00edpida e indiferente\u00bb. Finalmente, para Chalumeau: \u00abEn el Sr. Vicente, ninguna afectaci\u00f3n, nin\u00adg\u00fan esnobismo de rusticidad. El permanece <em>Cl\u00e1sico. <\/em>Tomo aqu\u00ed la palabra en sentido usual: califica a un escritor de gran talla, mesurado, equilibrado, digno de ser tenido como modelo en un g\u00e9nero dado\u00bb.<\/p>\n<p>Los g\u00e9neros cultivados por Vicente de Pa\u00fal ya los conoce\u00admos: la correspondencia <em>y <\/em>las conferencias, en menor grado las catequesis y los sermones. A diferencia de los arist\u00f3cratas de la literatura que todo lo sacrifican en aras del arte, Vicente pone al servicio de la caridad cuanto le sugiere la imaginaci\u00f3n, la ciencia y la experiencia. Jam\u00e1s se advierte en sus obras el me\u00adnor alarde de vanidad literaria. Si el lenguaje figurado no ad\u00adquiere en \u00e9l categor\u00eda relevante, no se le puede negar cierta creatividad, de modo que el uso de las elegancias del lenguaje y de los tropos de dicci\u00f3n le revelan como un dotado de un\u00adci\u00f3n, gracia <em>y <\/em>facilidad para transmitir el mensaje de la cari\u00addad. Vicente de Pa\u00fal es poeta, pero en el sentido genuino d\u00e9l t\u00e9rmino: crea y recrea al filo de un acontecimiento que afecta a la vocaci\u00f3n misionera. Un an\u00e1lisis de textos podr\u00e1 compro\u00adbar el grado de fiabilidad de nuestro aserto.<\/p>\n<p>\u00abImite la sencillez de las palabras y las comparaciones de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Los. lugares comunes de inspiraci\u00f3n literaria y oratoria del Sr. Vicente no difieren de los de otros cl\u00e9rigos de su tiempo: no s\u00f3lo dieron cuerpo a la doctrina espiritual sino que sirvie\u00adron de fuente a sus recursos; tra\u00eddos \u00e9stos de manera espont\u00e1\u00adnea, no forzada, dieron frescura a su propio estilo. Como siem\u00adpre, la Sagrada Escritura, la Teolog\u00eda y Filosof\u00eda tradicionales, la Liturgia, el Derecho de la Iglesia, las Ciencias human\u00edsticas y la sabidur\u00eda popular marcaron el lenguaje vicenciano acom\u00adpa\u00f1ado de m\u00e1ximas evang\u00e9licas, principios morales y jur\u00eddi\u00adcos, refranes y adagios populares, que \u00e9l degustaba interiormen\u00adte y comunicaba luego al p\u00fablico. Sus locuciones escritas o ha\u00adbladas, en lat\u00edn o en franc\u00e9s, le denunciaban como un entusias\u00adta de Jesucristo evangelizador.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura se lleva la palma como lugar com\u00fan de inspiraci\u00f3n. Fruto, sin duda, de una lectura asidua y atenta son los textos aprendidos de memoria e intercalados en las car\u00adtas y discursos. M\u00e1s abundantes los del Nuevo Testamento que los del Antiguo, dan sabor y colorido b\u00edblicos a la palabra .es\u00adcrita u oral. Algunos textos se repiten m\u00e1s frecuentemente, de\u00admostrando el gusto e inclinaci\u00f3n del escritor y del orador: \u00abIe-sus coepit facere et docere\u00bb (Hch 1,1), \u00abMisit me evangelizare pauperibus\u00bb (Lc 4,18), \u00abBeati pauperes spiritu&#8230;\u00bb (Mt 5,3).<\/p>\n<p>En menor rango que el vocabulario escritur\u00edstico se sit\u00faa el filos\u00f3fico, teol\u00f3gico dogm\u00e1tico, moral y el jur\u00eddico. Se da por supuesto que el auditorio que escucha al Sr. Vicente conoce las ciencias eclesi\u00e1sticas, de ah\u00ed que no se traduzcan, como norma general, ciertos principios: \u00abActiones sunt suppositionum\u00bb, \u00abPrius est esse quam operari\u00bb, \u00abPropter quod unum tale et illud magis tale\u00bb, \u00abIn dubiis tutior pars est tenenda\u00bb&#8230; Otros grupos de palabras latinas, de hondo sabor teol\u00f3gico, perfuman las car\u00adtas y las confdencias: \u00abin nomine Domini\u00bb, \u00abDeus virtutum\u00bb, \u00abpropter verenda\u00bb, \u00abforres peccati&#8230;\u00bb. Le son muy familiares algunos consejos reveladores de su experiencia cristiana y sa\u00adcerdotal: \u00abdarse a Dios\u00bb, \u00abmantenerse firme\u00bb, \u00absi Dios pone la mano\u00bb o \u00absi Dios no pone la mano\u00bb. Cada una de estas frases indica el fondo com\u00fan del lenguaje eclesi\u00e1stico, pero tambi\u00e9n define el gusto y tendencia espirituales del Fundador de la Mi\u00adsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las dicciones latinas, puestas de moda por los humanistas del Renacimiento, encuentran tambi\u00e9n eco en la palabra vicen-ciana; su \u00e1mbito abarca manifestaciones varias del esp\u00edritu hu\u00admano y de la cultura hist\u00f3rica; \u00abplus ultra\u00bb, \u00abdic nobis\u00bb, \u00abnon nomine tenus\u00bb, \u00abin articulo mortis\u00bb, \u00ablautior\u00bb, \u00abin capite\u00bb, \u00abin spiritu\u00bb, \u00abcaeli caelorum\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Pero es sobre todo el lenguaje popular, sencillo y adaptado a las gentes, lo que m\u00e1s caracteriza el conjunto de la palabra del Sr. Vicente y lo que, en definitiva, le coloca entre las filas de los cl\u00e1sicos. El ejemplo de Jes\u00fas hablando a las pobres gen\u00adtes es su supremo modelo y el que aconseja seguir en toda cla\u00adse de predicaciones. Poco antes de ser enviado el Padre Du-rand al seminario de Agde, le dice su Superior:<\/p>\n<p>\u00abEntr\u00e9guese a Dios, a fin de hablar con el esp\u00edritu humil\u00adde de Jesucristo, confesando que su doctrina no es de us\u00adted, sino del evangelio. Imite sobre todo la sencillez de las palabras y de las comparaciones que nuestro Se\u00f1or si\u00adgui\u00f3 en la Sagrada Escritura, cuando hablaba al pueblo. \u00a1Qu\u00e9 maravilla podr\u00eda \u00e9l haber ense\u00f1ado al pueblo&#8230; Pero ya ve usted c\u00f3mo hablaba de forma inteligible y se serv\u00eda de comparaciones familiares: el labrador, el vi\u00f1ador, el campo, la vi\u00f1a, el grano de mostaza. As\u00ed es c\u00f3mo tiene usted que hablar, si quiere que le entienda el pueblo, al que anuncia la palabra de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Hacerse entender del pueblo, he ah\u00ed el ideal literario y re\u00adt\u00f3rico de nuestro reformador del p\u00falpito. Esto explica el uso constante de ejemplos y comparaciones tomados de la natura\u00adleza y de todo el mundo creado.<\/p>\n<p>\u00abTendr\u00e1n por rejas el temor de Dios\u00bb<\/p>\n<p>Entre los tropos de dicci\u00f3n empleados por el Sr. Vicente, ninguno destaca tanto como las comparaciones. Mediante este recurso literario, la doctrina se hace m\u00e1s inteligible al p\u00fablico y la narraci\u00f3n gana en familiaridad. No encontramos un tema de vida espiritual en toda la obra vicenciana que no contenga multitud de comparaciones y met\u00e1foras. El contacto con la naturaleza y el fino sentido de la realidad humana aconse\u00adjaba a Vicente y a cuantos le o\u00edan a no dejarse enga\u00f1ar por \u00abes\u00adpejismos\u00bb, viendo \u00abblanco como un cisne lo que es negro como un cuervo\u00bb. Pero si hay comparaciones bellas en la obra del Fundador, ninguna iguala a la empleada para explicar la in\u00adserci\u00f3n en el mundo de las Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00abConsiderar\u00e1n (las Hijas de la Caridad) que no pertene\u00adcen a una religi\u00f3n, ya que ese estado no va bien con las ocupaciones de su vocaci\u00f3n. Sin embargo, como est\u00e1n m\u00e1s expuestas a las ocasiones de pecado que las religio\u00adsas obligadas a la clausura, no teniendo m\u00e1s monasterio que las casas de los enfermos y aquella en que reside la superiora, ni m\u00e1s celda que un cuarto de alquiler, ni m\u00e1s capilla que la iglesia parroquial, ni m\u00e1s claustro que las calles de la ciudad, ni m\u00e1s encierro que la obediencia, no teniendo que ir m\u00e1s que a la casa de los enfermos o a los lugares necesarios para su servicio, ni m\u00e1s rejas que el te\u00admor de Dios, ni m\u00e1s velo que la santa modestia, y como no han hecho ninguna otra profesi\u00f3n para asegurar su vo\u00adcaci\u00f3n m\u00e1s que una confianza continua en la divina Pro\u00advidencia por la ofrenda que le han hecho de todo cuanto ellas son y por el servicio que le prestan en la persona de los pobres, por todas estas razones tienen que tener tanta o m\u00e1s virtud que si hubieran profesado en una orden reli\u00adgiosa\u00bb.<\/p>\n<p>Las elegancias de pensamiento son m\u00e1s frecuentes y pinto\u00adrescas que los tropos de dicci\u00f3n. El mundo visible e invisible cobra vida por medio de la palabra de Vicente, alcanzando en ocasiones cotas de \u00absublimidad\u00bb. Deteng\u00e1monos s\u00f3lo en algu\u00adnas figuras m\u00e1s sobresalientes: descriptivas, pat\u00e9ticas e inten\u00adcionales.<\/p>\n<p>Entre las primeras destacan las \u00abetopeyas\u00bb, verdaderos re\u00adtratos morales de Misioneros e Hijas de la Caridad, conocidos y tratados personalmente por el Fundador. Seg\u00fan costumbre introducida en sus Congregaciones, los compa\u00f1eros difuntos eran objeto de una pl\u00e1tica familiar, en la que se realzaban sus virtudes y compromisos vocacionales. El Sr. Vicente aprove\u00adchaba la oportunidad para estampar sobre ellos y ellas el cari\u00ad\u00f1o que les hab\u00eda profesado durante la vida, present\u00e1ndolos como modelos cercanos de imitaci\u00f3n. Procuraba adem\u00e1s en\u00adcarnar la doctrina en personajes hist\u00f3ricos que sirvieran de es\u00adt\u00edmulo y ejemplo a las generaciones presentes y futuras.<\/p>\n<p>\u00abMargarita Naseau, de Suresnes: Todo el mundo la quer\u00eda\u00bb<\/p>\n<p>Le bastaba a nuestro panegirista dar cuatro pinceladas para que el cuadro etop\u00e9yico de un personaje cualquiera quedara en\u00admarcado en sus notas m\u00e1s sobresalientes. Hac\u00eda resaltar ante todo, en el retrato, las virtudes que definen el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda, sin olvidarse de trazar los contornos temperamen\u00adtales y otros rasgos caracterol\u00f3gicos que hab\u00edan acompa\u00f1ado al difunto. En l\u00edneas generales, las etopeyas vicencianas respon\u00adden a una observaci\u00f3n sicol\u00f3gica y espiritual. Un retrato ama\u00adble, atrayente y sugestivo se lo inspir\u00f3 la vida de la primera Hija de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00abMargarita Naseau, de Suresnes, es la primera hermana que tuvo la dicha de mostrar el camino a las dem\u00e1s, tan\u00adto para ense\u00f1ar a las j\u00f3venes, como para asistir a los po\u00adbres enfermos, aunque no tuvo casi ning\u00fan maestro o maestra m\u00e1s que a Dios. No era m\u00e1s que una pobre va\u00adquera sin instrucci\u00f3n&#8230; Cuanto m\u00e1s trabajaba en la for\u00admaci\u00f3n de la juventud, m\u00e1s se re\u00edan de ella, y la calum\u00adniaban los aldeanos. Su celo iba siendo cada vez m\u00e1s ar\u00addiente&#8230; Atrajo a otras j\u00f3venes, a las que hab\u00eda ayudado a desprenderse de todas las vanidades y a abrazar la vida devota&#8230; Ten\u00eda mucha paciencia y no murmuraba jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Todo el mundo la quer\u00eda, porque no hab\u00eda nada que no fuese digno de amor en ella. Su caridad era tan grande que muri\u00f3 por haber hecho dormir en su casa a una po\u00adbre muchacha enferma de peste. Contagiada de aquel mal, dijo adi\u00f3s a la hermana que estaba con ella, como si hubiese previsto su muerte, y se march\u00f3 a San Luis con el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda y de conformidad con la vo\u00adluntad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Toda la conferencia sobre la imitaci\u00f3n de las j\u00f3venes cam\u00adpesinas, del 25 de enero de 1643, es una estampa deliciosa de la vida frugal, humilde, trabajadora, sufrida y caritativa, encar\u00adnada en las buenas hijas del campo. Los elogios a la her\u00admana Juana Dalmagne, a Luisa de Marillac y a otras muchas Hijas de la Caridad constituyen otras tantas etopeyas llenas de realismo psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>No menos brillantes, a la vez que sinceros, resultaban los re\u00adtratos dedicados a los Misioneros de la Congregaci\u00f3n. En tor\u00adno al \u00abesp\u00edritu\u00bb, Vicente de Pa\u00fal pone de relieve sus conoci\u00admientos de la moderna ciencia psicol\u00f3gica adobada con su ex\u00adperiencia en el trato de las gentes. Esp\u00edritu y humor se confun\u00adden frecuentemente en el lenguaje, cuando describe las ra\u00edces temperamentales de sus compa\u00f1eros de Misi\u00f3n. Esp\u00edritu atra\u00adbiliario, negro, melanc\u00f3lico, triste, col\u00e9rico, bilioso, enfadado, mimado, tenaz, abierto, cerrado, testarudo, dispuesto&#8230; corresponde las m\u00e1s de las veces a humor negro, melanc\u00f3lico, etc. En efecto, bas\u00e1ndose en la teor\u00eda de los humores del m\u00e9dico grie\u00adgo Hip\u00f3crates: la sangre, la linfa, la bilis y la pituita, corres\u00adpondientes a los cuatro elementos fundamentales del cosmos: el fuego, el aire, la tierra y el agua, agrupaba a las personas se\u00adg\u00fan la clasificaci\u00f3n de los temperamentos, hecha por Galeno: sangu\u00edneos, linf\u00e1ticos, col\u00e9ricos y melanc\u00f3licos. Para Vicente, lo mismo que para sus contempor\u00e1neos, el humor indica, ade\u00adm\u00e1s de disposici\u00f3n pasajera de \u00e1nimo, una sustancia fluida de los cuerpos animales con influencia en las operaciones del es\u00adp\u00edritu. Seg\u00fan \u00e9l se explica:<\/p>\n<p>\u00abLas operaciones del esp\u00edritu no se realizan ni mucho me\u00adnos por medio del esp\u00edritu solamente; tambi\u00e9n ayudan a ello el est\u00f3mago, el h\u00edgado, los pulmones, que sirven al entendimiento, a la recta raz\u00f3n y a las dem\u00e1s facultades intelectuales. Un cad\u00e1ver no puede realizar las funciones de un hombre vivo, ya que est\u00e1 privado de esas partes que constituyen la sangre y la respiraci\u00f3n, principios de vida&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Relacionada con la teor\u00eda de los \u00abhumores\u00bb se halla unidad la de los \u00abvalores\u00bb, que suben de las partes inferiores hasta el cerebro, ejerciendo un gran influjo en los trastornos fisiol\u00f3gi\u00adcos, afectivos, volitivos e intelectuales; incluso en la vida espi\u00adritual y en los actos de piedad se advierte la influencia de los vapores.<\/p>\n<p>Con esa advertencia por delante, Vicente ensaya curiosas descripciones etop\u00e9yicas de los Misioneros, como la que hace del primer Hermano coadjutor de la Congregaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abNuestro buen difunto, el hermano Jourdain, el m\u00e1s an\u00adtiguo de la Compa\u00f1\u00eda, era natural de un sitio que est\u00e1 a\u2026 \u00abEl hermano Juan Jourdain era un poco impulsivo y violento\u00bb. Su primera ocupaci\u00f3n consisti\u00f3 en ser maestro de su pueblo&#8230; Despu\u00e9s, al cabo de un tiempo, vino a Par\u00eds. Estando en Par\u00eds, encontr\u00f3 la manera de entrar en casa de la difunta se\u00f1ora marquesa de Maignelay, donde tuvo dos oficios: el de caballerizo y el de mayordomo, encargado de cui\u00addar la casa. Eran tiempos de esplendor en casa de la se\u00ad\u00f1ora de Maignelay&#8230; Yo empec\u00e9 a conocerle en casa de la mencionada se\u00f1ora marquesa, hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os; me acuerdo de que \u00e9ramos los dos de la misma edad&#8230; Era un poco impulsivo y violento; pero reparaba esta manera suya de ser pidi\u00e9ndoles perd\u00f3n a aquellos con los que se hab\u00eda portado bruscamente; los abrazaba, y esto lo hac\u00eda con mucho cari\u00f1o de coraz\u00f3n, pues se en\u00adternec\u00eda f\u00e1cilmente&#8230; Cuando fui a verle el mismo d\u00eda en que muri\u00f3, me dijo: \u00abAy, padre, voy a abrazarle por \u00fal\u00adtima vez\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abBendici\u00f3n&#8230; y maldici\u00f3n\u00bb<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de la conocida conferencia sobre la observancia de las Reglas, el orador, vivamente impresionado por la gra\u00adcia, exclama:<\/p>\n<p>\u00abPadres y hermanos m\u00edos, hemos de esperar de la bon\u00addad de Dios toda clase de bienes y bendiciones para cuan\u00adtos guarden fielmente las Reglas que El nos ha dado; ben\u00addici\u00f3n en sus entradas y salidas, bendici\u00f3n en sus perso\u00adnas, bendici\u00f3n en sus proyectos y en todas sus tareas, ben\u00addici\u00f3n de Dios finalmente en todo cuanto les ata\u00f1e. Pero tambi\u00e9n, lo mismo que Mois\u00e9s amenaz\u00f3 con la venganza y la maldici\u00f3n de Dios a los que no guardasen sus santos mandamientos, hay motivos para temer, y temer mucho que los que no observen estas Reglas incurrir\u00e1n en su maldici\u00f3n: maldici\u00f3n en sus cuerpos y en sus almas, mal\u00addici\u00f3n en todos sus proyectos y empresas, maldici\u00f3n fi\u00adnalmente en todo lo que les rodea\u00bb.<\/p>\n<p>Las exclamaciones: \u00abSalvador m\u00edo\u00bb, \u00abDios m\u00edo\u00bb, \u00abReden\u00adtor nuestro\u00bb, brotan de un coraz\u00f3n abrasado de amor hacia Dios y hacia sus semejantes los hombres. La caridad rompe en Vicente la rigidez de la argumentaci\u00f3n para convertirse en eflu\u00advios de ternura. Las mismas oraciones elevadas al cielo, de ma\u00adnera natural y espont\u00e1nea, transportan al conferenciante a un di\u00e1logo con Dios, autor de todo bien:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh, Se\u00f1or, que eres la ley eterna y la raz\u00f3n inmutable, que gobiernas con tu sabidur\u00eda infinita todo el universo! De ti emanan todas las normas de las criaturas y todas las leyes del bien vivir, como de su propia fuente. \u00a1Ben\u00addice a aquellos a los que t\u00fa mismo has dado estas reglas y que las reciben como procedentes de ti! \u00a1Conc\u00e9deles, Se\u00ad\u00f1or, la gracia necesaria para observarlas siempre e invio\u00adlablemente hasta la muerte! Con esta confianza y en tu nombre, yo, pecador y miserable, pronunciar\u00e9 las pala\u00adbras de la bendici\u00f3n: Benedictio Domini nostri Jesu Cris\u00adti&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPadre Bourdaise, \u00bfsigue usted todav\u00eda vivo, o no?\u00bb<\/p>\n<p>En ocasiones, la palabra viva del orador traspasa las barre\u00adras del tiempo y del lugar y se dirige a los ausentes de la sala. La situaci\u00f3n desconocida del hermano Barreau y del padre Bourdaise provoc\u00f3 esta inesperada y emocionada evocaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 con esa pobre gente? \u00bfQu\u00e9 har\u00e1n? \u00bfY qu\u00e9 har\u00e1 nuestro pobre hermano, ese hombre que ha abando\u00adnado su pa\u00eds, su patria, sus padres, el lugar de su naci\u00admiento, donde podr\u00eda vivir tranquilamente? Sin embar\u00adgo, lo ha dejado todo por Dios, para servir a Dios, para ayudar al pr\u00f3jimo, esto es, a los pobres esclavos? Rece\u00admos tambi\u00e9n por el padre Bourdaise, hermanos m\u00edos, por el padre Bourdaise que se encuentra tan lejos y tan solo y que, como sab\u00e9is, ha engendrado para Jesucristo, con tanto esfuerzo y fatiga, a un gran n\u00famero de aquellas po\u00adbres gentes del pa\u00eds en que se encuentra. Padre Bourdai-se, \u00bfsigue usted todav\u00eda vivo o no? Si est\u00e1 usted vivo, \u00a1qu\u00e9 quiera Dios conservarle la vida! \u00a1Si est\u00e1 ya en el cielo, rece por nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Bremond comenta a prop\u00f3sito de este texto: \u00abTal pasaje que yo habr\u00eda tal vez revelado a m\u00e1s de un lector, \u00bfno deber\u00eda ya sernos familiar a todos y desde nuestros a\u00f1os de colegio? \u00bfNo es digno de ser comparado con otras tres maravillas del g\u00e9ne\u00adro: David llorando a Jonat\u00e1n: <em>Montes Gelboe; <\/em>Virgilio: <em>Heu si qua fata, <\/em>y San Bernardo en la oraci\u00f3n f\u00fanebre de su herma\u00adno?\u00bb.<\/p>\n<p>O aquella otra explosi\u00f3n de amor hacia los ni\u00f1os abando\u00adnados que urgi\u00f3 a las Se\u00f1oras de la Caridad a continuar con la obra comenzada:<\/p>\n<p>\u00abBien, se\u00f1oras, la compasi\u00f3n y la caridad les han hecho adoptar a estas peque\u00f1as criaturas como hijos suyos; us\u00adtedes han sido sus madres seg\u00fan la gracia desde que los abandonaron sus madres seg\u00fan la naturaleza. Dejen aho\u00adra de ser madres para convertirse en sus jueces; su vida y su muerte est\u00e1n en manos de ustedes. Voy a recoger ahora sus votos y sus opiniones; va siendo hora de que pronuncien su sentencia y de que todos sepamos si quie\u00adren tener misericordia con ellos. Si siguen ustedes ofre\u00adci\u00e9ndoles sus caritativos cuidados, vivir\u00e1n; por el contra\u00adrio, si los abandonan, morir\u00e1n y perecer\u00e1n sin remedio; la experiencia no nos permite dudar de ello\u00bb.<\/p>\n<p>El patetismo vicenciano no est\u00e1 sometido a reglas oratorias: el coraz\u00f3n manda, y salta cuando menos se espera. Sucede esto en el empleo de cualquier recurso de la elocuencia. Las repeti\u00adciones, por ejemplo, de manera insistente se\u00f1alan la fuerza per\u00adsuasiva con que trataba de convencer a los oyentes. El mismo Vicente pone este paradigma:<\/p>\n<p>\u00abSe quiere convencer a uno para que acepte una presi\u00addencia: \u00bfqu\u00e9 es lo que se hace para ello? No hay m\u00e1s que se\u00f1alarle las ventajas y el gran honor que acompa\u00f1an a ese cargo: \u00abUn presidente, se\u00f1or, es el primero de la ciu\u00addad; todo el mundo le cede el puesto y le deja la acera; no hay nadie que no le honre; su autoridad le da un gran cr\u00e9dito en el mundo, en la justicia; lo puede todo. \u00a1Un presidente, se\u00f1or! Se codea con un obispo; los mismos so\u00adberanos le respetan y le honran. \u00a1Un presidente! Puede obligar y hacer favores a quien quiera, adquirir muchos amigos, hacerse respetar por todos. \u00a1Se\u00f1or! \u00a1Un presiden\u00adte! \u00a1Vaya cosa tan importante!\u00bb Y as\u00ed se le dicen las de\u00adm\u00e1s ventajas que tiene el ser presidente\u00bb.<\/p>\n<p>Respecto a las elegancias oblicuas o intencionales, la obra vicenciana abunda en mil ejemplos. Adem\u00e1s de las pretericiones, permisiones y personificaciones, en las que cobran vida hasta los seres inanimados; r\u00eden las aguas y los prados, cantan los animales y las criaturas todas alaban al Se\u00f1or, de los labios y pluma del Sr. Vicente, saltan sobre todo las hip\u00e9rboles, y una fina iron\u00eda acompa\u00f1a su palabra.<\/p>\n<p>\u00abItalia est\u00e1 llena de bandidos\u00bb<\/p>\n<p>La tendencia a exagerar le viene a Vicente de muchos la\u00addos: del propio temperamento gasc\u00f3n, de la pasi\u00f3n de cargar de sentimiento el mensaje de la caridad, del af\u00e1n de enaltecer la vocaci\u00f3n misionera, del orgullo santo de ser elegido evange\u00adlizador de los pobres, de la estima humilde de s\u00ed mismo. Un caso t\u00edpico de hip\u00e9rbole oratoria nos lo ofrece la narraci\u00f3n de los trabajos realizados por los Misioneros en tierras de Italia:<\/p>\n<p>\u00abLos bandidos, como vosotros sab\u00e9is, son esos ladrones que hay en Italia; domina por toda la campi\u00f1a, y roban y asaltan por todas partes; son criminales y asesinos; en aquel pa\u00eds hay muchos asesinos, por culpa de las vengan\u00adzas, que all\u00ed llegan a los mayores extremos; se comen unos a otros, sin perdonarse jam\u00e1s, por la rabia que se tienen. Esa clase de gentes, tras haberse deshecho de sus enemi\u00adgos, para huir de la justicia y de otros tan malvados como ellos, se van a los caminos, viven en el bosque, robando y despojando a los pobres campesinos. Les llaman ban\u00addidos. Son tantos que Italia est\u00e1 llena de ellos; casi no hay ninguna aldea donde no haya bandidos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQuiere usted hacer este viaje a pie o a caballo?\u00bb<\/p>\n<p>El sentido del humor o de fina iron\u00eda salta a la vista en el hombre y santo Vicente de Paul. Aunque parezca un contra\u00adsentido, el humor aparece en \u00e9l como un arma seria e intencio\u00adnada para desenmascarar falsas realidades. Desde las cartas de la cautividad hasta la \u00faltima conferencia a los Misioneros, la chispa del humor es su apoyatura tan fina como insinuante. Ni la santidad ni la vejez lograron apagarla de su ser; se refleja en su mismo semblante y en los movimientos o gestos del cuerpo.<\/p>\n<p>La fina iron\u00eda vicenciana adquiere muchas expresiones, pero nunca llega a ser s\u00e1dica ni masoquista, aunque lo parez\u00adca. Desde nuevas perspectivas, Vicente hace ver y sentir la rea\u00adlidad de la vida, excita la risa en unos y la compunci\u00f3n en otros, y a todos hace pensar. Se sirve del humor o de la fina iron\u00eda para ridiculizar los vicios o defectos y para alentar a la virtud. De ordinario, el humor adquiere car\u00e1cter festivo y juguet\u00f3n, pero en contadas ocasiones se acerca a lo burlesco, sin llegar a lo sarc\u00e1stico. Por encima de todo hac\u00eda prevalecer la caridad. Renaudin piensa de Vicente que \u00absi la caridad no le retuviera, hubiera sido f\u00e1cilmente un sat\u00edrico\u00bb.<\/p>\n<p>A los Misioneros de Polonia, preocupados por un eclipse de sol, les contesta ri\u00e9ndose de sus temores. Se cuenta de un misionero que fue a la habitaci\u00f3n del Superior para manifes\u00adtarle su decisi\u00f3n de abandonar la Congregaci\u00f3n. El Sr. Vicente escucha sonriente y mir\u00e1ndole luego con bondad, le dice: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo piensa marchar, padre? \u00bfQuiere usted hacer este via\u00adje a pie o a caballo?\u00bb. En otra ocasi\u00f3n, ponderando la im\u00adportancia de que los cargos eclesi\u00e1sticos recayeran en personas responsables, Vicente dijo citando a un antiguo: \u00abM\u00e1s vale que cincuenta ciervos sean conducidos por un le\u00f3n, que no cincuen\u00adta leones por un ciervo\u00bb. Y a un sacerdote que le descubre la tentaci\u00f3n de aspirar al episcopado, Vicente le contesta cortesmente, pero con una pizca de iron\u00eda que ayuda a curar fanta\u00ads\u00edas:<\/p>\n<p>\u00abRecib\u00ed su carta con todo el respeto que le debo y con todo el aprecio y reconocimiento que merece la gracia que Dios ha puesto en su amable coraz\u00f3n&#8230; Seguir\u00e1 usted las reglas de la Iglesia, que no permite que busque uno por s\u00ed mismo las dignidades eclesi\u00e1sticas, y especialmente el episcopado; as\u00ed imitar\u00e1 tambi\u00e9n al Hijo de Dios que sien\u00addo sacerdote desde toda la eternidad, no vino sin embar\u00adgo a ejercer este oficio por s\u00ed mismo, sino que esper\u00f3 a que su Padre lo enviara, aunque fue durante mucho tiem\u00adpo el deseado de las naciones; as\u00ed podr\u00e1 dar adem\u00e1s mu\u00adcha edificaci\u00f3n al siglo presente. en donde por desgracia hay pocas personas que no pasen por encima de esta re\u00adgla y de este ejemplo&#8230; Ciertamente no puedo escribirle todo esto sin dar muchas gracias a Dios por haberle apar\u00adtado de la b\u00fasqueda peligrosa de esa carga, d\u00e1ndole las disposiciones necesarias para no proseguir por ese cami\u00adno. Es una gracia que no se puede comprender ni apre\u00adciar bastante\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abHac\u00eda ciertos gestos con las manos y con la cabeza\u00bb<\/p>\n<p>La iron\u00eda se hace punzante en el Superior de la Misi\u00f3n, cuando tiene que corregir a los reincidentes o fustigar la pere\u00adza, la comodidad o el ego\u00edsmo, vicios incompatibles con el celo misionero. Entonces muestra todo su genio temperamental, ha\u00adblando y accionando como un comediante dispuesto a impre\u00adsionar. Lo que vive por dentro lo exterioriza en gestos y pala\u00adbras. Valga un ejemplo muy conocido. Terminada la relaci\u00f3n de ministerios propios, a los que la Congregaci\u00f3n debe dedicarse, se pregunta:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfY qui\u00e9nes ser\u00e1n los que intenten disuadirnos de estos bienes que hemos comenzado? Ser\u00e1n esp\u00edritus libertinos, libertinos, libertinos, que s\u00f3lo piensan en divertirse y, con tal que haya de comer, no se preocupan de nada m\u00e1s. \u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s? Ser\u00e1n&#8230; M\u00e1s vale que no lo diga. Ser\u00e1n gentes comodonas (y dec\u00eda esto cruzando los brazos, imitando a los perezosos), personas que no viven m\u00e1s que en un peque\u00f1o c\u00edrculo, que limitan su visi\u00f3n y sus pro\u00adyectos a una peque\u00f1a circunferencia, en la que se en\u00adcierran como en un punto, sin querer salir de all\u00ed, y si les ense\u00f1an algo fuera de ella y se acercan para verla, en se\u00adguida se vuelven a su centro, lo mismo que los caracoles a su concha\u00bb.<\/p>\n<p>El amanuense de la conferencia \u00abnota que al decir esto, ha\u00adc\u00eda ciertos gestos con las manos y con la cabeza, con cierta re\u00adflexi\u00f3n de la voz un poco despreciativa, de manera que con esos movimientos expresaba mejor que con sus palabras lo que quer\u00eda decir\u00bb. La m\u00edmica constitu\u00eda su segundo lenguaje y defin\u00eda su personalidad oratoria; las manos y los ojos hablaban como la boca. Los gestos no revest\u00edan la solemnidad de los de un Bossuet o F\u00e9nelon, pero eran m\u00e1s naturales y espont\u00e1neos, m\u00e1s, familiares y expresivos, m\u00e1s adecuados a la din\u00e1mica de una charla catequ\u00e9tica. El p\u00fablico entraba f\u00e1cilmente en ac\u00adci\u00f3n, contactando con el movimiento verbal y simb\u00f3lico del orador. Seg\u00fan las circunstancias, el tono de voz cambiaba, y la asamblea participaba de los mismos sentimientos del presidente. As\u00ed lo hace notar el secretario de la conferencia del 17 de mayo de 1658, sobre la observancia de las Reglas:<\/p>\n<p>\u00abEstas palabras del Sr. Vicente fueron pronunciadas en un tono de voz suave, humilde, dulce y devoto, y de tal forma que hac\u00eda resonar en el coraz\u00f3n de todos los que le escuchaban el afecto paternal del suyo. Todos los que le escuchaban cre\u00edan es\u00adtar con los ap\u00f3stoles, oyendo hablar a Nuestro Se\u00f1or&#8230; Muchos no pidieron contener las l\u00e1grimas, y todos sintieron en sus al\u00admas diversos movimientos de gozo al ver y escuchar todo lo que se dec\u00eda&#8230; si se lo hubieran permitido, aquella tarde todos se hubieran dicho mutuamente aquellas palabras del evangelio de San Lucas y de San Mateo: <em>Beati oculi qui vident quae vos videtis, et aures vestrae, quia audiun <\/em>(Lc 10,23; Mt 13,16). Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis y los o\u00eddos que lo oyen.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abLas menores molestias me parecen insuperables\u00bb<\/p>\n<p>En la humildad vicenciana existe un trasfondo de iron\u00eda hu\u00admor\u00edstica. No negamos con ello que Vicente no adquiriera la humildad evang\u00e9lica, afirmamos \u00fanicamente que subyace en sus palabras cierto sentimiento sobre lo rid\u00edculo de su propia persona y de los dem\u00e1s. Vicente se mofa de s\u00ed mismo: de su ca\u00adbeza, de sus canas, de sus gestos, de su vida y de su sombra. En el propio desprecio llega a extremos pavorosos, como po\u00adcos santos se han re\u00eddo de s\u00ed mismos. Manda en su humildad no s\u00f3lo el influjo agustiniano sobre la malignidad de la natu\u00adraleza humana, sino la visi\u00f3n realista que tiene de la persona. El mismo tono humilde del humor le condujo por un camino m\u00e1s distendido y pacificador que suelen andar los amantes de falsedades y los portadores de disfraces.<\/p>\n<p>No faltan muestras o indicios de iron\u00eda aun en las m\u00e1s pro\u00adfundas y sinceras confesiones, donde \u00e9l se declara el m\u00e1s ruin de los pecadores. Estos actos tienen lugar sobre todo cuando corrige a la comunidad o a alg\u00fan miembro de la misma, como responsable de la marcha espiritual o apost\u00f3lica de la Congre\u00adgaci\u00f3n. Antes o despu\u00e9s del aviso o correcci\u00f3n, Vicente se hu\u00admilla hasta el polvo de la. tierra, t\u00e9cnica que pertenece a su, po\u00adl\u00edtica de animaci\u00f3n comunitaria. Despu\u00e9s de enumerar los ma\u00adles que ocasiona el esp\u00edritu de \u00ablibertinaje\u00bb en la Congregaci\u00f3n, exclama:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Miserable de ti, que eres un viejo parecido a todos esos! (libertinos, comodones, perezosos&#8230;). Las cosas peque\u00f1as te parecen grandes y las dificultades te encogen. S\u00ed, pa\u00addres, hasta el levantarme por la ma\u00f1ana me parece inso\u00adportable y las menores molestias me parecen insupera\u00adbles. Ser\u00e1n esp\u00edritus raqu\u00edticos, gentes como yo, las que quieran separar a la Compa\u00f1\u00eda de sus pr\u00e1cticas y ocupa\u00adciones\u00bb.<\/p>\n<p>Los frutos obtenidos mediante el arte del humor <em>y <\/em>de otros recursos oratorios, literarios y espirituales, redundaban en una<\/p>\n<p>aut\u00e9ntica animaci\u00f3n apost\u00f3lica de las comunidades, pero tam\u00adbi\u00e9n eran prueba de un alto nivel de clasicismo. No es necesa\u00adrio advertir que Vicente de Pa\u00fal, ante un hecho sometido a la prueba del humor, tomara actitudes de desprecio o desamor, al contrario, segu\u00eda queriendo a\u00fan m\u00e1s a las personas y a las obras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque parezca sorprendente, Vicente de Pa\u00fal debie\u00adra figurar en la lista de autores cl\u00e1sicos del siglo xvii franc\u00e9s. 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