{"id":400759,"date":"2017-05-16T08:22:36","date_gmt":"2017-05-16T06:22:36","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400759"},"modified":"2017-04-17T17:23:56","modified_gmt":"2017-04-17T15:23:56","slug":"vicente-paul-conferencias-los-misioneros-la-congregacion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-paul-conferencias-los-misioneros-la-congregacion\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal: Conferencias a los Misioneros de la Congregaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399990\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritu-de-jesus-espiritu-de-la-familia-vicenciana\/espiritu-de-jesus\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"espiritu-de-jesus\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399990\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Se calculan en cerca de tres mil las intervenciones ora\u00adles del Fundador de la Misi\u00f3n ante la comunidad misionera, desde 1625 a 1660. Durante 35 a\u00f1os seguidos, siempre que no se lo impidieran la enfermedad u otras obligaciones urgentes, que le obligaban a ausentarse de casa, dirig\u00eda la palabra varias veces por semana. Circunstancias y motivos distintos justifica\u00adban su presencia ante el grupo comunitario, bien para pronun\u00adciar una conferencia espiritual, bien para repetir los pensa\u00admientos tenidos en la oraci\u00f3n, o para presidir el cap\u00edtulo de fal\u00adtas. Adem\u00e1s de estos coloquios con toda la comunidad, el Su\u00adperior de la casa mantuvo di\u00e1logos personales con algunos Mi\u00adsioneros sobre cuestiones de formaci\u00f3n, y asisti\u00f3 a moribundos en los \u00faltimos momentos de la vida. De tan rico tesoro vicenciano, se ha podido recuperar, hasta ahora, un total de 243 in\u00adtervenciones, sin contar frases sueltas, m\u00e1ximas y consejos.<\/p>\n<p>Respecto a las conferencias, el orador sagrado acostumbra\u00adba a pronunciar una todos los viernes de la semana, mientras no coincidiera el d\u00eda con fiesta de segunda clase. C\u00e1lculos aproximados aseguran que Vicente de Pa\u00fal, entre los a\u00f1os 1625-1660, pudo dar a los Misioneros alrededor del millar, pero s\u00f3lo ciento ochenta han llegado hasta nosotros. Su exten\u00adsi\u00f3n es muy desigual: las m\u00e1s completas y mejor desarrolladas est\u00e1n fechadas entre el 6 de diciembre de 1658 y el 19 de diciembre de 1659. Suman, en total, treinta y una; las ciento cuarenta y nueve restantes se presentan muy fragmenta\u00addas.<\/p>\n<p>Nuestro conferenciante no adelantaba por escrito a los Mi\u00adsioneros el esquema de la charla, mucho menos hac\u00eda entrega del desarrollo de la misma, y lo que es m\u00e1s lamentable, no per\u00admit\u00eda que nadie tomara notas durante sus alocuciones. Los co\u00adpistas, gracias a los cuales contamos hoy con la palabra habla\u00adda del Sr. Vicente, deb\u00edan hacerlo a ocultas. Ignoramos los nombres de los amanuenses que tomaron sus notas durante los a\u00f1os 1625-1647. A partir de 1648 los Hermanos L. Robineau y B. Ducournau se encargaron de recoger las palabras del Su\u00adperior General (21). En 1657, el Hermano Ducournau recibi\u00f3 \u00f3rdenes del P. Almeras de conservar por escrito y con la ma\u00adyor fidelidad posible todas las intervenciones del Fundador de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La conferencia sol\u00eda alargarse una hora o algo m\u00e1s. In\u00admediatamente la sala se caldeaba con el fuego creciente del dis\u00adcurso, que adquir\u00eda car\u00e1cter de charla familiar al contacto di\u00adrecto con el auditorio. Si los amanuenses no copiaron al pie de la letra cada una de las frases y palabras del orador, al menos nos transmitieron fielmente el pensamiento, muchas expresio\u00adnes y giros de aut\u00e9ntico cu\u00f1o vicenciano. De ello no cabe duda, trat\u00e1ndose de los secretarios Robineau y Ducournau, que co\u00adnoc\u00edan directamente el lenguaje del Fundador, por el trato con\u00adtinuo con \u00e9l. Les resultaba f\u00e1cil a estos dos secretarios recons\u00adtruir la conferencia espiritual a los Misioneros, lo mismo que hicieron las monjas de la Visitaci\u00f3n con las conferencias de Francisco de Sales.<\/p>\n<p>El tono familiar con que se desenvolv\u00eda toda la charla per\u00admit\u00eda preguntar a cualquiera de los oyentes sobre puntos concretos del tema; siempre que lo cre\u00eda conveniente, el orador in\u00adterrump\u00eda su discurso para informarse sobre una cita de la Es\u00adcritura o sobre alg\u00fan dicho de los antiguos fil\u00f3sofos. Nunca fal\u00adtaba alguien que sacara de dudas al conferenciante, apunt\u00e1n\u00addole un texto o record\u00e1ndole el autor de cualquier cita famosa. De esta forma, las distancias entre el orador y el p\u00fablico se acortaban, y la sala vibraba ante los distintos sentimientos del expositor de la palabra. Lejos de adoptar un tono enf\u00e1tico y altanero. Vicente conversaba amigablemente pero con auto\u00adridad, tratando de atraer a todos hacia el ideal de Jesucristo. La familiaridad y sencillez con que hablaba siempre nunca se transformaron en chabacaner\u00eda ni en ordinariez, ni se rebaja\u00adron a expresiones de mal gusto. Bremond afirma \u00abno haber encontrado una sola l\u00ednea banal en las obras completas de Vicen\u00adte de Pa\u00fal, ricas en doctrina y chispeantes de humor\u00bb.<\/p>\n<p>Los temas abordados en las conferencias est\u00e1n todos rela\u00adcionados con la vida y vocaci\u00f3n de los Misioneros. Pero, aun\u00adque hable de un tema com\u00fan, afirma Ducournau, \u00abtodos sabe\u00admos que lo hace con una fuerza poco com\u00fan, pues su elocuen\u00adcia y la gracia que lo animan le hacen tratar las materias m\u00e1s vulgares con tanta devoci\u00f3n que impresiona a todos sus oyen\u00adtes e imprime en sus almas mucho aprecio y reverencia hacia Dios y gran afecto a las Reglas y pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n. Por eso est\u00e1n todos muy atentos cuando habla y como arreba\u00adtados al O\u00edrle, mientras que los ausentes preguntan muchas ve\u00adces por lo que ha dicho y se sienten muy apenados de no haber podido asistir. Y. bata demostrar que no hay nada de com\u00fan, cuando trata a fondo los temas de la oraci\u00f3n, del conocimiento de nosotros mismos, de la renuncia a la propia voluntad, de la compasi\u00f3n con los afligidos, de la asistencia a los pobres, del celo por la salvaci\u00f3n de las almas, que me digan si hay alguien que hable como \u00e9l con tanto juicio, eficacia y amor, sin prepa\u00adraci\u00f3n y sin grandilocuencia\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s detalles sobre la pr\u00e1ctica y expresi\u00f3n de los temas ex\u00adplicados en las conferencias se ver\u00e1n en el an\u00e1lisis que haga\u00admos del \u00abpeque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb de predicar, puente de uni\u00f3n entre las catequesis al pueblo y las predicaciones a la comunidad.<\/p>\n<p><strong>\u00abEn ninguna parte se sigue este <\/strong><strong>m\u00e9todo\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Tras la lectura de las conferencias, llegamos al sorprenden\u00adte descubrimiento de que Vicente de Pa\u00fal conoc\u00eda perfecta\u00admente la ret\u00f3rica pagana y la oratoria sagrada, pero era muy li\u00adbre en la aplicaci\u00f3n de sus leyes. El peque\u00f1o m\u00e9todo de predi\u00adcar se inspira, aunque remotamente, en las normas que reg\u00edan la composici\u00f3n y pronunciaci\u00f3n de los discursos, sermones y homil\u00edas. El peque\u00f1o m\u00e9todo adquiere carta de ciudadan\u00eda en\u00adtre los Misioneros a partir de la conferencia del 20 de agosto de 1655, si bien ven\u00eda practic\u00e1ndose desde hac\u00eda muchos a\u00f1os en la Congregaci\u00f3n. Lo que dicten las Reglas, impresas en 1658, ser\u00e1 el marchamo que garantice el distintivo hist\u00f3rico de la pre\u00addicaci\u00f3n misionera: \u00abEl estilo de nuestra predicaci\u00f3n y cate\u00adquesis ha de ser siempre simple y al alcance del pueblo, y, ade\u00adm\u00e1s, seg\u00fan el m\u00e9todo sencillo que hasta ahora ha estado en uso en la Congregaci\u00f3n\u00bb. En este n\u00famero de las Reglas queda\u00adban plasmados el mandato del Concilio de Trento, as\u00ed como la doctrina y experiencia de Vicente en torno a la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La importancia del tema pide ahora un estudio pormenori\u00adzado de la citada conferencia, modelo en su g\u00e9nero e \u00edndice re\u00advelador de la palabra oral de san Vicente a los Misioneros y a cualquier otro auditorio, tanto de sacerdotes como de gente sencilla. El orador divide el tema de la conferencia en cuatro partes, seg\u00fan las reglas de la oratoria tradicional: exordio, pro\u00adposici\u00f3n, argumentaci\u00f3n y conclusi\u00f3n. Los cuatro tiempos del discurso est\u00e1n debidamente proporcionados. Si la conferencia pudo durar hora y media aproximadamente, el exordio y con\u00adclusi\u00f3n se llevaron treinta minutos, repartidos a partes iguales; el resto del tiempo fue invertido en la narraci\u00f3n o proposici\u00f3n y en la argumentaci\u00f3n o pruebas.<\/p>\n<p>La parte inicial de la conferencia, dedicada a cautivar la atenci\u00f3n de los oyentes y a disponer sus \u00e1nimos hacia la bene\u00advolencia, lo que resulta dif\u00edcil sin altos exponentes de credibi\u00adlidad, nuestro orador la llena con los siguientes pasos: presen\u00adtaci\u00f3n del texto evang\u00e9lico \u00abId por el mundo entero y predicar el Evangelio a toda criatura\u00bb (Mc 16,15); aplicaci\u00f3n del mismo texto a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; situaci\u00f3n de la predica\u00adci\u00f3n en el momento actual; orden que va a seguir e invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo y a la Sant\u00edsima Virgen. Cinco pasos que pue\u00adden verificarse en otras conferencias del Santo, pero con algu\u00adnas variantes, ya que no se sujeta a un esquema fijo. En Vicen\u00adte juega mucho la inspiraci\u00f3n del momento, aparte de que los amanuenses no fueron siempre igualmente fieles en recoger to\u00addas sus palabras. Pero de los cinco pasos que componen el exor\u00addio, el tercero y el cuarto merecen por ahora especial atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El orador peinaba canas y no hab\u00eda o\u00eddo que el peque\u00f1o m\u00e9\u00adtodo se usara en otras partes fuera de la Congregaci\u00f3n. Lo or\u00addinario era que los predicadores eclesi\u00e1sticos de entonces se apuntaran a escuelas de oratoria, donde \u00abla prudencia de la car\u00adne, el humor, la moda y el capricho\u00bb, campaban a sus anchas y sin escr\u00fapulo. Nuestro fervoroso orador no puede disimular el disgusto que le proporcionan estos predicadores disfrazados y falsificadores del evangelio, del que \u00abblasfeman delante de Dios, a su cara\u00bb, haciendo ostentaci\u00f3n de sabidur\u00eda humana y de orgullo. Estos tales son \u00abfalsos profetas\u00bb, porque descuidan la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas. De un solo bro\u00adchazo el Sr. Vicente describe el cuadro lamentable de la predi\u00adcaci\u00f3n entonces reinante:<\/p>\n<p>\u00abHay que confesar que en ninguna parte se sigue este m\u00e9\u00adtodo; la gran perversidad del mundo ha obligado a los predicadores a tener que mezclar lo \u00fatil con lo agradable, sirvi\u00e9ndose de hermosas palabras y de conceptos sutiles, utilizando todo lo que puede sugerir la elocuencia, a fin de contentar de alg\u00fan modo y de detener, en cuanto pue\u00addan, la malicia del mundo\u00bb.<\/p>\n<p>-Distintas cr\u00f3nicas de la \u00e9poca denunciaban ya el mal gusto de los cl\u00e9rigos, que se serv\u00edan de una oratoria ribeteada de adornos y recargada de cultura barroca para \u00abpredicarse a s\u00ed mis\u00admos\u00bb. Salvo honrosas excepciones, la predicaci\u00f3n resultaba as\u00adfixiante. La Bruyire, traductor de los <em>Caracteres .de <\/em>Teofrasto y buen catador de las costumbres del siglo xvii, nos presenta una situaci\u00f3n similar a la descrita por Vicente de Pa\u00fal. Real\u00admente se necesitaba saber mucho para predicar tan mal. Del ca\u00adp\u00edtulo dedicado al \u00abp\u00falpito\u00bb, de J. de la Bruyire, espigamos este manojo de consideraciones moralistas: \u00abEl discurso cristiano se ha convertido en un espect\u00e1culo. La conciencia evang\u00e9lica ha quedado sustituida por el gesto estudiado, por las inflexio\u00adnes de la voz, por la regularidad en la expresi\u00f3n, por la elec\u00adci\u00f3n de las palabras y por las largas enumeraciones. Ya no se escucha en serio la palabra sagrada; es una especie de diver\u00adsi\u00f3n, entre muchas otras; es un juego en el que hay emulaci\u00f3n y gente que apuesta. Los torneos de elocuencia se celebran has\u00adta -el pie del altar y en presencia de los sagrados misterios. El que escucha se constituye en juez del que predica, para conde\u00adnar b para aplaudir, y no queda m\u00e1s convertido por el discurso que \u00e9l aprueba que por aquel al cual se muestra contrario. El orador agrada a los unos, disgusta a los otros, y coincide con todos en una cosa, y es que, como no trata de hacerlos mejo\u00adres, ellos tampoco piensan en llegar a serlo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Vanos discursos, palabras perdidas! La generalidad de las personas gustan de las frases y los per\u00edodos, admiran lo que no entienden, se suponen instruidas, satisfechas de decidir entre un punto y un segundo punto, o entre el \u00faltimo y pen\u00faltimo ser\u00adm\u00f3n&#8230; Lo sagrado y lo profano no quedaban separados entre s\u00ed; juntos se hab\u00edan deslizado hasta el p\u00falpito. San Cirilo, Ho\u00adracio, Lucrecio, hablaban alternativamente; los poetas eran de la opini\u00f3n de san Agust\u00edn y de todos los Padres; se hablaba en lat\u00edn, y mucho rato, delante de las mujeres y de los sacristanes; tambi\u00e9n se ha hablado en griego\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl orador busca con sus discursos un obispado&#8230; Vemos a algunos cl\u00e9rigos volver de provincias en las que no estuvieron mucho tiempo, vanaglori\u00e1ndose de conversiones que ya encon\u00adtraron hechas y de aquellas que no consiguieron hacer, compa\u00adr\u00e1ndose con los Vicentes y con los Javieres, y considerarse a s\u00ed mismos como varones apost\u00f3licos; seg\u00fan ellos, tan grandes tra\u00adbajos y tan felices misiones no ser\u00edan bien pagados ni con una abad\u00eda&#8230; Un cl\u00e9rigo mundano e irreligioso, cuando sube al p\u00fal\u00adpito, es un declamador\u00bb.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, seg\u00fan esto, que Vicente de Pa\u00fal reaccionara mof\u00e1ndose de \u00abesos discursos de artificio y de comedia\u00bb, de \u00abesas formas rebuscadas, elocuencia ampulosa, pompas orato\u00adrias\u00bb, de las \u00abpredicaciones refinadas\u00bb, de los \u00abcaeli caelorum\u00bb, que aturd\u00edan los o\u00eddos, pero sin conseguir nada provechoso para la conversi\u00f3n. Pese a tales denuestos contra la elocuencia, tendremos cuidado de no caer en la tentaci\u00f3n, imagin\u00e1ndonos a Vicente de Pa\u00fal como a un difamador de la oratoria sagrada o a un adversario de la aut\u00e9ntica elocuencia eclesi\u00e1stica. Por el contrario, \u00e9l est\u00e1 demostrando con sus discursos que domina el arte de la oratoria, cuyo fin es instruir, agradar y mover el auditorio.<\/p>\n<p><strong>\u00abMi predicaci\u00f3n va a ser sobre el m\u00e9todo de predicar bien\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Ganada la simpat\u00eda y atenci\u00f3n del p\u00fablico, el orador se pro\u00adpone, a continuaci\u00f3n, explicar el peque\u00f1o m\u00e9todo por las pro\u00adpias leyes que le regulan. As\u00ed lo manifiesta, poco antes de con\u00adcluir el exordio, mediante una breve \u00abinsinuaci\u00f3n\u00bb ret\u00f3rica:<\/p>\n<p>\u00abMi predicaci\u00f3n va a ser sobre el m\u00e9todo de predicar bien; y para que, tratando del m\u00e9todo, pueda seguirlo yo mismo, dividir\u00e9 mi serm\u00f3n en tres puntos: en el primero veremos los motivos que tenemos para apreciar mucho este m\u00e9todo; en el segundo dir\u00e9 en qu\u00e9 consiste&#8230;; y en el tercero se\u00f1alar\u00e9 algunos medios que podr\u00e1n servir para la adquisici\u00f3n de este m\u00e9todo\u00bb.<\/p>\n<p>Lo esencial del m\u00e9todo es el orden. Todos los oyentes est\u00e1n ya advertidos del camino que se va a seguir en la argumenta\u00adci\u00f3n; nadie tendr\u00e1 que hacer grandes esfuerzos para entender el lenguaje sencillo del orador ni su l\u00f3gica demostrativa. En to\u00addas las charlas familiares vicencianas se nota sustancialmente el mismo orden, aunque se alteren los puntos: motivos, natu\u00adraleza y medios, instrumentos necesarios para ense\u00f1ar y con\u00admover al auditorio. No faltar\u00e1n tampoco otros recursos que, al filo de la predicaci\u00f3n, hagan interesante y amena la palabra. Si al t\u00e9rmino de la disertaci\u00f3n, el p\u00fablico ha experimentado la ne\u00adcesidad de convertirse, la predicaci\u00f3n ha logrado sus pro\u00adp\u00f3sitos.<\/p>\n<p><strong>\u00abEste m\u00e9todo es sumamente eficaz para iluminar el entendimiento y mover la voluntad\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El cuerpo del discurso contiene un canto a la excelencia y necesidad del peque\u00f1o m\u00e9todo, ejecutado en tres tiempos. El acopio de datos o materiales para la recta y convincente argu\u00admentaci\u00f3n son todos los factores integrantes de la palabra, es\u00adtudiados en el cap\u00edtulo primero. Seg\u00fan sean las circunstancias del discurso, as\u00ed prevalecer\u00e1n unos factores m\u00e1s que otros. Sin renunciar del todo a cualquier tipo de recursos oratorios que deleiten al p\u00fablico, Vicente de Pa\u00fal sabe complacer con la doc\u00adtrina y la experiencia, las ansiedades de los oyentes; no da p\u00e1\u00adbulo a la oratoria literaria, pero es h\u00e1bil para llevar al audito\u00adrio a donde \u00e9l quiere.<\/p>\n<p>El primer tiempo de la argumentaci\u00f3n, que consiste en la exposici\u00f3n de motivos, consta de cuatro largos compases. El primero est\u00e1 sostenido por la eficacia del m\u00e9todo: ella avala su autenticidad. Dice el entusiasta orador a los Misioneros:<\/p>\n<p>\u00abLa primera raz\u00f3n que tenemos para abrazar el m\u00e9todo familiar de predicar es su eficacia. Es sumamente eficaz para iluminar el entendimiento y mover la voluntad, para hacer ver con claridad el esplendor y la belleza de las vir\u00adtudes y la horrible fealdad de los vicios&#8230; No deja nada de cuanto se pueda aportar para convencer y ganarse las almas\u00bb.<\/p>\n<p>Este mismo era el fin que ense\u00f1aban las antiguas ret\u00f3ricas de los griegos y latinos, especialmente Cicer\u00f3n. \u00bfLo aprendi\u00f3 Vicente de Pa\u00fal en sus lejanos tiempos de estudiante en Tou-louse? Es probable, aunque las preceptivas ret\u00f3ricas de Arist\u00f3\u00adteles, Cicer\u00f3n y Quintiliano llegaron a \u00e9l tamizadas por el ge\u00adnio de san Agust\u00edn. Sea que leyera directamente el tratado agus\u00adtiniano <em>De doctrina christiana, <\/em>sea que lo conociese a trav\u00e9s de manuales de oratoria, o por otros intermediarios postridentinos, lo cierto es que el peque\u00f1o m\u00e9todo est\u00e1 inspirado en las ense\u00f1anzas del obispo de Hipona. Durante el siglo XVII, san Agust\u00edn fue el doctor de la Iglesia latina m\u00e1s estudiado incluso en temas pastorales. Sobre el tratado <em>De doctrina christiana <\/em>se levantaron otras teor\u00edas de oratoria sagrada propugnadas por san Carlos Borromeo, quien se hizo rodear de famosos autores de ret\u00f3rica, como Valier, Botero y Panigarola. La base ciceroniana en que se apoyaba la argumentaci\u00f3n de san Agust\u00edn no merm\u00f3 m\u00e9rito a la elocuencia sagrada, ni el Concilio de Trento repudi\u00f3 los recursos ret\u00f3ricos que el santo arzobispo de Mi\u00adl\u00e1n se encarg\u00f3 de ejecutar, impulsando la predicaci\u00f3n sencilla, al alcance del pueblo. La finalidad de la oratoria qued\u00f3 en evidencia ante la acci\u00f3n reformadora del p\u00falpito italiano, pa\u00adsando a Espa\u00f1a y luego a Francia. Con la ayuda de la elocuen\u00adcia did\u00e1ctica y exhortativa se consiguieron numerosas conver\u00adsiones siguiendo los ejemplos de san Agust\u00edn. En efecto, el san\u00adto doctor hab\u00eda escrito: \u00abDijo un maestro de elocuencia, y dijo la verdad, que el orador de tal manera debe hablar que ense\u00f1e, deleite y mueva. Y a\u00f1adi\u00f3 despu\u00e9s: el ense\u00f1ar es propio de la necesidad, el deleitar de la amenidad y el mover de la victoria. De estas tres cosas, la primera que se dijo, esto es, la necesidad de ense\u00f1ar, se halla situada en las cosas que decimos; las otras dos en el modo de decirlas. Luego el que habla con intento de ense\u00f1ar no juzgue haber dicho lo que quiso, mientras no sea en\u00adtendido por aquel a quien quiso ense\u00f1ar\u00bb.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo constituy\u00f3 una de las preocupaciones de Vicen\u00adte de Pa\u00fal: darse a entender, mediante la palabra y el coraz\u00f3n. Ello explica la claridad y sencillez con que habl\u00f3 a todos los p\u00fa\u00adblicos, as\u00ed como la l\u00f3gica de lo real expuesta con lenguaje di\u00adrecto y vivo, acompa\u00f1ado de gestos muy expresivos.<\/p>\n<p><strong>\u00abEse m\u00e9todo nos lo ha dado Dios\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>La demostraci\u00f3n del origen divino del peque\u00f1o m\u00e9todo sos\u00adtiene el segundo comp\u00e1s de la argumentaci\u00f3n. Responde a una manera peculiar de hablar de Vicente de Pa\u00fal, para quien to\u00addas las obras, de las que \u00e9l ha sido instrumento, provienen de Dios: la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, las Cofrad\u00edas de la Caridad, el ministerio de las misiones y de los seminarios y, por supuesto, el m\u00e9todo de pre\u00addicar. Ninguna obra ministerial de la Congregaci\u00f3n tiene otro origen que el de la manifestaci\u00f3n de la voluntad de Dios, des\u00adcubierta al paso de los a\u00f1os, pero lejos de Vicente de Pa\u00fal atri\u00adbuirse una inspiraci\u00f3n que redunde en alabanza propia:<\/p>\n<p>\u00abEste m\u00e9todo nos lo ha dado Dios, viene de Dios; \u00e9l mis\u00admo lo practic\u00f3; los ap\u00f3stoles lo siguieron; es el m\u00e9todo de los ap\u00f3stoles y del propio Hijo de Dios, el m\u00e9todo de la eterna Sabidur\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el orador tiene inter\u00e9s en recalcar una idea, macha\u00adca las palabras hasta dejarlas bien grabadas en las mentes y en los corazones. No es que desconf\u00ede de la capacidad de los oyen\u00adtes, pero desea imprimir claramente su pensamiento en el au\u00additorio. La vuelta a Jesucristo y a los ap\u00f3stoles es una justifi\u00adcaci\u00f3n clara de la pr\u00e1ctica del peque\u00f1o m\u00e9todo. Tras una ex\u00e9\u00adgesis espiritual de la doctrina del Evangelio, en el que aparece Jes\u00fas predicando a las turbas, se confirma solemnemente el ori\u00adgen divino del m\u00e9todo. La misma t\u00e1ctica hab\u00eda usado san Agus\u00adt\u00edn para recomendar su oratoria. El ejemplo y la doctrina de Je\u00ads\u00fas provocan siempre los discursos m\u00e1s significativos. De Je\u00adsucristo evangelizador aprende Vicente el modo de adoctrinar a la gente sencilla, como tambi\u00e9n a los ap\u00f3stoles, en especial de san Pablo, que \u00abno tuvo nada de los persuasivos discursos de la sabidur\u00eda, sino que fueron una demostraci\u00f3n del Esp\u00edritu y del poder para que nuestra fe se fundase, no en sabidur\u00eda de hombres sino en el poder de Dios\u00bb (1 Cor 2, 4-5). La apelaci\u00f3n a la Sagrada Escritura es el huerto com\u00fan de todos los varones apost\u00f3licos, que esperan implantar en la Iglesia cierta tradici\u00f3n misionera.<\/p>\n<p>Para exhortar a la estima del peque\u00f1o m\u00e9todo, no faltan otras citas y ejemplos de santos y sabios predicadores, que ha\u00adblaron sencillamente al pueblo cristiano. Adem\u00e1s de san Agus\u00adt\u00edn y san Carlos Borromeo, san Juan de Avila y Granada, re\u00adsonaron en la sala de conferencias otros destacados evangeli\u00adzadores. Atra\u00eddos \u00e9stos por el ejemplo de Jesucristo y de los ap\u00f3stoles emprendieron la obra de salvar a los hombres, prac\u00adticando sustancialmente el mismo m\u00e9todo:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de los ap\u00f3stoles todos los hombres apost\u00f3licos que le siguieron practicaron este mismo m\u00e9todo, predi\u00adcando familiarmente, sin esa, ostentaci\u00f3n de elocuencia llena de vanidad\u00bb.<\/p>\n<p>En primer lugar, pesaba la doctrina y el ejemplo de san Vi\u00adcente Ferrer, autor del <em>Tratado de la vida espiritual. <\/em>El tauma\u00adturgo espa\u00f1ol hab\u00eda escrito: \u00abEn todos los sermones que en p\u00fa\u00adblico tuvieres y en las pl\u00e1ticas y exhortaciones particulares, usa siempre del lenguaje sencillo, llano y casero, para dar a enten\u00adder las obras particulares de cada uno, descendiendo a los ac\u00adtos particulares&#8230;; semejante modo de predicar suele ser de pro\u00advecho a los oyentes. Porque tratar en general y en com\u00fan de los vicios y virtudes, muy poco o nada les mueve\u00bb. A estas palabras del dominico espa\u00f1ol apostilla Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>\u00abEs menester bajar siempre a lo concreto, demostrar de\u00adtalladamente los actos, y entonces es cuando, de ordina\u00adrio, se saca mucho fruto. Entonces el esp\u00edritu se propone tal acto para tal ocasi\u00f3n, y esta acci\u00f3n para esta otra, con\u00adcretando siempre, todo lo que sea posible\u00bb.<\/p>\n<p>Otro precursor del peque\u00f1o m\u00e9todo de predicar y reforma\u00addor del p\u00falpito italiano, de parecidos ideales apost\u00f3licos que Vicente de Pa\u00fal, es san Felipe Neri. El ejemplo de los Padres del Oratorio de Roma excita en nuestro orador los mismos pro\u00adp\u00f3sitos de perpetuar en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n el m\u00e9to\u00addo de predicar con sencillez; es un deseo vivo que no puede ocultar:<\/p>\n<p>\u00abConviene que nosotros hagamos lo mismo. Es all\u00e1 a donde acuden todos los devotos de Roma. La mayor con\u00adcurrencia es la de los Padres del Oratorio, que hacen esos peque\u00f1os sermones tan sencillos y familiares; si alg\u00fan predicador habla de otra manera, le corrigen y amones\u00adtan para que guarde el m\u00e9todo de su padre, el beato Fe\u00adlipe. Les corrigen cuando faltan, y as\u00ed es como se mantie\u00adnen en su m\u00e9todo\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, no pod\u00eda faltar el recuerdo de san Francisco de Sales, muerto hac\u00eda treinta y tres a\u00f1os. La evocaci\u00f3n del obis\u00adpo de Ginebra le trae a la memoria una conversaci\u00f3n mante\u00adnida por los dos sobre el modo de predicar llanamente la Pa\u00adlabra de Dios. Aunque es cierto que la fina y elegante elocuen\u00adcia salesiana superaba en formas literarias a la natural oratoria vicenciana, un ideal com\u00fan les un\u00eda: predicar a Jesucristo con sencillez y pureza de intenci\u00f3n. El modelo salesiano, conocido de cerca por algunos Misioneros, completaba la imagen del per\u00adfecto predicador que deb\u00eda cuajar en la mente y en el coraz\u00f3n de los oyentes.<\/p>\n<p><strong>\u00abGrandes frutos se han conseguido con este m\u00e9todo\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El tercer comp\u00e1s del canto al peque\u00f1o m\u00e9todo irrumpe con extraordinario fervor. Hablar de las misiones era probar direc\u00adtamente la eficacia del m\u00e9todo y sensibilizar la vocaci\u00f3n mi\u00adsionera de Vicente de Pa\u00fal; por eso, \u00e9l remite a la historia de las misiones, para convencer al auditorio del poder del peque\u00ad\u00f1o m\u00e9todo. Es tal su fuerza que consigue conversiones insos\u00adpechadas, arreglos de matrimonios desavenidos, restituciones de robos, reconciliaciones entre rencorosos y enemistados. La lista de los frutos cosechados en las misiones es muy larga; al orador le faltar\u00eda tiempo para una simple enumeraci\u00f3n sin comentarios:<\/p>\n<p>\u00abLa tercera raz\u00f3n en favor del peque\u00f1o m\u00e9todo es la con\u00adsideraci\u00f3n de los grandes frutos que se han seguido de las predicaciones hechas con este m\u00e9todo. No acabar\u00eda nun\u00adca si tuviese que referir tan s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de lo que Dios ha querido realizar con este m\u00e9todo. Tenemos tantos ejemplos que habr\u00eda que estar aqu\u00ed toda la noche\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, no puede silenciar dos ejemplos de misiones, cuyos testigos se encuentran en la sala. El P. Mart\u00edn, a reque\u00adrimiento del conferenciante, dice refiri\u00e9ndose a las misiones del norte de Italia: \u00abS\u00ed, padre, as\u00ed es. En las aldeas donde se ha tenido la misi\u00f3n, los bandidos han venido como todos los de\u00adm\u00e1s a confesarse; sucede esto ordinariamente\u00bb. Dos semi\u00adnaristas, al menos, son tambi\u00e9n testigos de otra misi\u00f3n que se dio en un pueblo de la costa, donde hab\u00eda naufragado un barco y sus habitantes corrieron al pillaje. Gracias al peque\u00f1o m\u00e9to\u00addo, \u00abunos devolvieron los fardos, otros las telas, otros el dinero, otros firmaban un pagar\u00e9, al no poder ya devolver lo que hab\u00edan robado\u00bb.<\/p>\n<p>Como recurso \u00faltimo para ponderar la eficacia del m\u00e9todo \u2014recurso por otra parte muy socorrido en las conferencias el orador confiesa humildemente su indignidad e ignorancia del m\u00e9todo y apela al conocimiento y experiencia de los Mi\u00adsioneros:<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, padres, apelo a la experiencia, a vuestra propia ex\u00adperiencia. \u00bfNo hab\u00e9is conseguido grandes provechos don\u00adde quiera que hab\u00e9is predicado seg\u00fan este m\u00e9todo? \u00bfQu\u00e9 conversiones no se han visto? \u00bfNo se han reconciliado gracias a la fuerza que Dios daba a vuestras predicacio\u00adnes?\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abEl m\u00e9todo cuida de nuestra salvaci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El cuarto comp\u00e1s cierra la partitura de los motivos y revis\u00adte un car\u00e1cter m\u00e1s espiritual; lleva consigo una preocupaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n propia y ajena. La naturaleza misma del m\u00e9\u00adtodo exige inter\u00e9s en asegurar la obra de la salvaci\u00f3n, por la que Jesucristo vino a la tierra y los profetas se encargaron de anunciarla; y avisa al predicador sobre la fidelidad a las reglas del m\u00e9todo.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo no soporta el silencio cobarde los predicadores, pero tampoco la p\u00e9rdida de tiempo en \u00abarreglar hermosos con\u00adceptos y en emplear las palabras que inspira la moda\u00bb. La autoridad de la Sagrada. Escritura alienta al orador y le pone en guardia contra los peligros de la elocuencia vigente:<\/p>\n<p>\u00abLa \u00faltima raz\u00f3n, a\u00f1ade Vicente de Pa\u00fal, est\u00e1 sacada de nuestra salvaci\u00f3n, para lo que estamos aqu\u00ed y en el mun\u00addo\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s breve que las tres anteriores, esta \u00faltima raz\u00f3n com\u00adpendia la argumentaci\u00f3n en favor del peque\u00f1o m\u00e9todo, si bien, como colof\u00f3n de la primera parte del discurso, el orador sinte\u00adtiza en frases cortas la teolog\u00eda que ha inspirado el peque\u00f1o m\u00e9\u00adtodo de predicar.<\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00bfEn qu\u00e9 consiste el m\u00e9todo de que hablamos?\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Sin m\u00e1s digresiones, el Sr. Vicente pasa r\u00e1pidamente a ex\u00adplicar la naturaleza y esencia del m\u00e9todo. Tiene ahora prisa en despachar su definici\u00f3n. Nosotros quedamos algo decepciona\u00addos; nos parece que, en este caso, Vicente de Pa\u00fal no es tan pre\u00adciso ni claro como en otras ocasiones. Aporta, sin embargo, los elementos esenciales que componen la naturaleza del peque\u00f1o m\u00e9todo. La circunstancia del tiempo, probablemente, le urgi\u00f3 a correr m\u00e1s de lo que nosotros hubi\u00e9ramos deseado. Se pre\u00adgunta en voz alta:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEn qu\u00e9 consiste el m\u00e9todo de que hablamos? Se trata de una virtud que, en nuestras predicaciones, nos hace guardar cierta disposici\u00f3n y un estilo adecuado al alcan\u00adce y al mayor provecho de los oyentes; eso es; esa es su ausencia y su naturaleza\u00bb.<\/p>\n<p>Si el orador confiesa su dificultad para explicar la defini\u00adci\u00f3n del m\u00e9todo de &#8216;predicar, nosotros no gozamos de mayor claridad. De todas formas, intentemos iluminar su doctrina por lo que \u00e9l nos dej\u00f3 &#8216;entrever. Comencemos diciendo que el ora\u00addor se limita a explicar el t\u00e9rmino \u00abm\u00e9todo\u00bb, sin referirse ex\u00adpl\u00edcitamente al de \u00abpeque\u00f1o\u00bb. Tal calificaci\u00f3n del m\u00e9todo ha dado origen a una cuesti\u00f3n intranscendente. \u00bfQu\u00e9 quiere decir el Santo con el adjetivo \u00abpeque\u00f1o\u00bb? \u00bfEs un rasgo m\u00e1s de la hu\u00admildad vicenciana? \u00bfTiene otro sentido m\u00e1s restringido que el meramente espiritual Rom\u00e1n piensa que \u00abla denominaci\u00f3n \u00abla petite m\u00e9thode\u00bb, el peque\u00f1o m\u00e9todo seg\u00fan la traducci\u00f3n lite\u00adral, en rigor se deber\u00eda llamar \u00abel metodito\u00bb; era la manera a la vez cari\u00f1osa y humilde de designar Vicente todas sus crea\u00adciones\u00bb. Sin embargo, no se descarga otra significaci\u00f3n, seg\u00fan la cual se trata de un m\u00e9todo sumamente f\u00e1cil y elemental, cuyas leyes se reducen a tres, como ya sabemos. Este modo de proceder simplifica y evita muchas divisiones y subdivisiones de las normas ret\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Entremos en el examen de la definici\u00f3n del m\u00e9todo. Por \u00abdefinici\u00f3n\u00bb, en ret\u00f3rica, se entiende la fijaci\u00f3n de los l\u00edmites del tema o caso de la defensa, que puede situarse en cualquier lugar de la argumentaci\u00f3n; no as\u00ed el estado de la cuesti\u00f3n lla\u00admada tambi\u00e9n t\u00e9cnicamente \u00abstatus definitionis\u00bb, parte inte\u00adgrante del exordio. Para explicar la naturaleza del m\u00e9todo, el orador juega indistintamente con elementos etimol\u00f3gicos, rea\u00adles y descriptivos de la definici\u00f3n. Por eso, dir\u00e1 m\u00e1s adelante que \u00ablos efectos, las propiedades, la definici\u00f3n y la naturaleza\u00bb constituyen su esencia.<\/p>\n<p>Se afirma, en primer lugar, que el m\u00e9todo es una virtud, y se prueba por dos razones. La primera por ser un orden. Ahora bien, el m\u00e9todo es un don divino que Dios ha concedido a la Congregaci\u00f3n, y que habr\u00e1 que pedirlo todos los d\u00edas; si es don o gracia de Dios, es tambi\u00e9n virtud que capacita al sujeto para obrar con orden. Pero, \u00bfde qu\u00e9 orden se trata? \u00bfDe un modo racional de distribuir los materiales de la predicaci\u00f3n? Cierto, pero no s\u00f3lo de este orden. Hay que confesar que el t\u00e9rmino \u00aborden\u00bb es poco preciso <em>\u2014latius patet\u2014 <\/em>porque no todo orden es virtud evang\u00e9lica. Por definici\u00f3n etimol\u00f3gica, el m\u00e9todo es orden o camino que hay que seguir en el desarrollo de un tema hasta llegar a su fin. En este sentido, cabe una distribuci\u00f3n or\u00addenada y l\u00f3gica de los materiales sin que exista virtud sobre\u00adnatural. En el siglo XVII se publicaron el <em>Discurso del m\u00e9todo <\/em>de Descartes, y la <em>L\u00f3gica de Port-Royal, <\/em>tratados filos\u00f3ficos de nota, que carecen de virtud sobrenatural.<\/p>\n<p>No basta, pues, predicar con orden l\u00f3gico gramatical y ret\u00f3\u00adrico, se requiere adem\u00e1s hacerlo con el orden de la caridad. Esta es la segunda raz\u00f3n que explica el m\u00e9todo como virtud. Sabemos que el orden de la caridad es superior al de la l\u00f3gica <em>y <\/em>no se somete implacablemente a las leyes de la ret\u00f3rica; su norma es anunciar a Jesucristo a los pobres y decirles que el Reino de Dios es para ellos. Pascal, contempor\u00e1neo de san Vicente, hab\u00eda escrito: \u00abEl coraz\u00f3n tiene su orden; el esp\u00edritu tie\u00adne el suyo, que es por principio y demostraci\u00f3n; el coraz\u00f3n tie\u00adne otro. No se prueba que se debe ser amado exponiendo con orden las causas del amor; ser\u00eda rid\u00edculo\u00bb. \u00abJesucristo, san Pa\u00adblo, tienen el orden de la caridad, no del esp\u00edritu, porque que\u00adr\u00edan encender no instruir. Lo mismo san Agust\u00edn. Este orden consiste principalmente en la digresi\u00f3n sobre cada punto que se relaciona con el fin, para mostrarlo siempre\u00bb.<\/p>\n<p>El pensamiento de Pascal concuerda con el sentido de las palabras de Vicente, siempre que se entienda bien el \u00abno ins\u00adtruir\u00bb. No niega Pascal que Jesucristo, san Pablo y san Agust\u00edn instruyeran al pueblo, sino que afirma de ellos que se dejaban guiar por el orden del coraz\u00f3n o la caridad.<\/p>\n<p>Si el orden es constitutivo del m\u00e9todo, los efectos y propie\u00addades emergen de su propia naturaleza. Entre los efectos prin\u00adcipales, \u00abeste m\u00e9todo excita, instruye, calienta, aparta f\u00e1cil\u00admente del vicio y convence del amor a la virtud, produciendo mejores efectos donde quiera que se emplea bien\u00bb. Por otra parte, la sencillez es propiedad inherente al m\u00e9todo y pro\u00adcede de la caridad, seg\u00fan la cual, el predicador se adapta a la capacidad de los oyentes, renunciando al prurito de parecer sa\u00adbio y entendido. El estilo de hablar, por consiguiente, compren\u00adde a toda la persona tanto interior como exteriormente, pues no se rebaja a \u00abutilizar un lenguaje corrompido, ni demasiado bajo, sino el lenguaje usual, limpio, puro y sencillo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abLo primero que se necesita es tener rectitud de intenci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>En la tercera parte de la argumentaci\u00f3n y de manera sim\u00e9\u00adtrica y proporcional al estudio de los motivos, Vicente se pro\u00adpone recordar los cuatro medios principales que ayudan a con\u00adseguir y practicar el peque\u00f1o m\u00e9todo. Todos ellos se inspiran en la finalidad de la predicaci\u00f3n y en la esencia misma del m\u00e9\u00adtodo; el encadenamiento de sus partes da unidad no s\u00f3lo al dis\u00adcurso total sino a cada uno de los miembros.<\/p>\n<p>El primer medio enlaza directamente con las \u00faltimas pala\u00adbras que dedica el conferenciante a explicar la esencia de la pre\u00addicaci\u00f3n, a saber, dar a conocer a Jesucristo, buscar la gloria de Dios y asegurar la salvaci\u00f3n de los hombres. Cuando se orienta, todo a esos fines, es f\u00e1cil seguir el m\u00e9todo; as\u00ed lo revela el dato de experiencia:<\/p>\n<p>\u00abLo primero que se necesita es tener rectitud de intenci\u00f3n, no querer ni pretender nada en esta tarea m\u00e1s que lo que Dios pide de nosotros, buscar s\u00f3lo la conversi\u00f3n de los oyentes y el aumento de la gloria de Dios. Despu\u00e9s de haber purificado nuestra intenci\u00f3n, nos ser\u00e1 f\u00e1cil utilizar el m\u00e9todo m\u00e1s \u00fatil que tenemos para ello, tal como vemos y experimentamos cada d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>El orador repite hasta la saciedad que el cap\u00edtulo de medios tiene su precio. El de la rectitud de intenci\u00f3n exige ciertas re\u00adnuncias, tales como \u00abquerer brillar\u00bb; \u00abbuscar la estima de los dem\u00e1s\u00bb \u00abaparentar un gran ret\u00f3rico y un maravilloso te\u00f3logo\u00bb. Pero no es este el mejor canino para adquirir la estima de los sensatos y entendidos en oratoria; a lo m\u00e1s, alg\u00fan ignorante se dejar\u00e1 enga\u00f1ar de tales declamadores, que pasan por encima de todo lo que dicen.<\/p>\n<p><strong>\u00abTen cuidado de ti mismo\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>En las lides de la oratoria sagrada el repartidor del Pan de la Palabra no debe olvidar el consejo de san Pablo a Timoteo: \u00abPreoc\u00fapate de ti mismo y de la \u00abense\u00f1anza\u00bb (1 Tim 6,16). En el comentario acerca de los medios es el m\u00e1s destacado y reco\u00admendado por todos los maestros de la elocuencia cristiana. Vi\u00adcente lo adapta as\u00ed a la vocaci\u00f3n espec\u00edfica de los misioneros:<\/p>\n<p><em>\u00abAttende tibi; <\/em>ten cuidado de ti mismo, no vayas a desha\u00adcer con tu conducta lo que edificaste con tu predicaci\u00f3n; no destruyas&#8217; por un lado lb que levantaste por otro; hay que predicar sobre todo con el buen ejemplo, siendo fiel al reglamento, viviendo como buen misionero, porque sin eso nada se consigue, nada se consigue\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes ser\u00e1n los que opongan resistencia a tan excelente medio? Los libertinos, s\u00f3lo los indiferentes y libertinos. Estos son el prototipo del desorden, los enemigos del orden de la ca\u00adridad; mientras no cambien de vida y de actitud, estar\u00e1n inca\u00adpacitados para transparentar la bondad <em>y <\/em>sencillez de Dios. En la argumentaci\u00f3n vicenciana est\u00e1 ahora y siempre enfrentado el libertinaje erudito y moral del siglo xvii. A prop\u00f3sito de este movimiento, escribe Tournand: \u00abGassendi, La Mothe, Le Va-yer, Naud\u00e9, tres fil\u00f3sofos cuyo pensamiento est\u00e1 resueltamente liberado de los dogmas y fundamentos de la fe; tres hombres, sin embargo, que protestan de su vinculaci\u00f3n a la fe, y que ilus\u00adtran bien tres tendencias que se ver\u00e1n frecuentamente mezclar\u00adse bajo la tranquilizadora conciliaci\u00f3n del escepticismo y del fide\u00edsmo&#8230; El equilibrio est\u00e1, pues, roto: o bien la religi\u00f3n acuer\u00adda con la sabidur\u00eda renunciando a s\u00ed misma, o bien religi\u00f3n y sabidur\u00eda no coexisten sino huyendo la una de la otra. De este divorcio entre la raz\u00f3n y la religi\u00f3n se da un signo decisivo: el asalto general contra la doctrina que hasta el Renacimiento ha\u00adb\u00eda simbolizado su conciliaci\u00f3n: el tomismo\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente no renuncia ni a la fe ni a la formaci\u00f3n escol\u00e1stica recibida; de ah\u00ed, sus ataques manifiestos contra las conductas desgarradoras de la religi\u00f3n, y sus prevenciones contra las no\u00advedades de pensamiento teol\u00f3gico y moral. Siendo \u00e9l tan res\u00adpetuoso con las personas, no soporta, sin embargo, que otros pisoteen la religi\u00f3n o impugnen la Iglesia en sus dogmas y mo\u00adral.<\/p>\n<p>El comentario al refr\u00e1n: \u00abM\u00e9dico, c\u00farate a ti mismo\u00bb (Lc 4,23), completa el desarrollo de los medios a que obliga el uso del m\u00e9todo. Es seguro que el que est\u00e1 hundido en el desorden, viviendo como libertino, no podr\u00e1 sacar a los dem\u00e1s del abis\u00admo del pecado.<\/p>\n<p><strong>\u00abAficionarse a este santo m\u00e9todo y ped\u00edrselo muchas <\/strong><strong>veces<\/strong> <strong>a Dios\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Al testimonio de vida, hay que a\u00f1adir otros dos medios para conseguir el m\u00e9todo de predicar. En esta ocasi\u00f3n, el orador emplea un tiempo exiguo. De hecho, han sido ya tratados en los pasos anteriores, pero prometi\u00f3 razonarlos, y aqu\u00ed los tenemos:<\/p>\n<p>\u00abUn tercer medio muy eficaz es aficionarse a este santo m\u00e9todo, apreciarlo mucho&#8230; Y ped\u00edrselo a Dios, ped\u00edrse\u00adlo muchas veces a Dios; se trata de un don de Dios, hay que ped\u00edrselo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de llegar al final de la argumentaci\u00f3n, convencida ya la sala de la necesidad y utilidad del peque\u00f1o m\u00e9todo, Vicente lo declara abiertamente \u00absanto\u00bb. Santo, porque procede de Dios, fuente de toda santidad, y porque santifica al sujeto agen\u00adte; \u00e9ste, no puede practicarlo por largo tiempo sin experimen\u00adtar los efectos anejos a su naturaleza santa y santificadora. Lo mismo ocurre con los oyentes que obedecen sus insinuaciones: quedan cambiados por su fuerza transformante. Seg\u00fan esto, el m\u00e9todo se asemeja a la Palabra de Dios, que es poderosa y efi\u00adcaz para cambiar los corazones. Sin ambages ni falsos eufemis\u00admos, el orador califica al santo m\u00e9todo de \u00abpoderoso\u00bb.<\/p>\n<p>A lo largo de la explicaci\u00f3n, Vicente deja entrever un pro\u00adblema de resistencia al m\u00e9todo por parte de algunos misione\u00adros. Tal vez se trata de una atenuaci\u00f3n o duda oratoria, pero la actitud de algunos Misioneros queda en entredicho. La falta de aceptaci\u00f3n del m\u00e9todo puede provenir de ciertas incomprensiones o de los propios gustos y fantas\u00edas, acaso de las ideas sembradas por los \u00abprofanos\u00bb en la materia. Junto a los libertinos, los profanos son enemigos peligrosos del peque\u00f1o m\u00e9to\u00addo.<\/p>\n<p>Para el Santo son profanos quienes se quedan a las afueras del m\u00e9todo, sin entrar en el santuario del don recibido, o quie\u00adnes no han comprendido todav\u00eda su belleza y verdadero pres\u00adtigio, o quienes no lo han practicado comprometidamente, por seguir otros modelos distintos de los propuestos: Jesucristo, los ap\u00f3stoles y los varones apost\u00f3licos. Son profanos tambi\u00e9n quie\u00adnes viven apegados a las realidades temporales de comodidad, influenciados por lo sensorial y despreocupados de la santidad de Dios.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter profano de la vida cristiana qued\u00f3 acentuado en el siglo xvii ante el predominio de la raz\u00f3n sobre la fe, campo en el que el cartesianismo jug\u00f3 un importante papel. Sin entrar en lucha contra ning\u00fan nuevo sistema filos\u00f3fico, Vicente se pone en guardia frente a los reales peligros<sup>&#8211;<\/sup>de la profanidad, que desestimaba lo sagrado, o rechazaba la invitaci\u00f3n a recon\u00adciliarse con la fe.<\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00bfEs posible utilizar este m\u00e9todo y observar sus tres puntos en toda clase de materias?\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Expuesto el cap\u00edtulo de los medios, el orador sagrado inter\u00adcala la soluci\u00f3n a tres objeciones que pueden hacerse a la pr\u00e1c\u00adtica del m\u00e9todo. Corresponde este acto a la \u00abrefutaci\u00f3n\u00bb de\u00admostrativa de los contrarios. No se advierten, en los argumen\u00adtos refutativos, condenaciones aprior\u00edsticas de otros m\u00e9todos de predicar, ni dilemas ret\u00f3ricos, sino aclaraciones de puntos poco precisos. Los m\u00e9todos fabricados por el artificio de la moda son los \u00fanicos que sufren terribles diatribas condenato\u00adrias. A la primera objeci\u00f3n, indicada en el ep\u00edgrafe, responde el Sr. Vicente:<\/p>\n<p>\u00abAparte de que esto ser\u00eda muy aburrido y fastidioso, no es f\u00e1cil, e incluso es imposible usarlo siempre sin exponer\u00adse\u00bb.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o m\u00e9todo, en efecto, no es inflexible, sabe ajus\u00adtarse a las circunstancias y cambiar el orden, si conviene, reti\u00adrar alg\u00fan punto, o adobarlo de mil maneras. Adem\u00e1s, seg\u00fan la clase de predicaci\u00f3n, el m\u00e9todo ha de ser distinto, pues no es lo mismo predicar una catequesis que una homil\u00eda; explicar una par\u00e1bola evang\u00e9lica que una sentencia&#8230; El tema manda en el m\u00e9todo y, por supuesto, el orden de la caridad impera sobre otro orden cualquiera. M\u00e1s a\u00fan, sabemos que \u00aba la larga aburre hablar siempre del mismo modo: el esp\u00edritu del hombre es tan tornadizo que pronto se cansa hasta de las mejores cosas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfLos dem\u00e1s m\u00e9todos no son tan buenos como \u00e9ste?\u00bb<\/p>\n<p>Ya hemos dicho que Vicente de Pa\u00fal siente pasi\u00f3n por el peque\u00f1o m\u00e9todo: es hechura suya. Pero reconoce que otros m\u00e9\u00adtodos pueden ser \u00fatiles y santos, si Dios pone la mano en ellos. La nueva objeci\u00f3n viene planteada en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEs que los dem\u00e1s m\u00e9todos no son tan buenos como \u00e9ste? Vemos a muchos predicadores, muy doctos y excelentes, que no saben lo que es este m\u00e9todo, y no por ello dejan de producir grandes frutos y de predicar bien\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente no condena ning\u00fan m\u00e9todo de predicar. Por el p\u00fal\u00adpito han pasado muchos predicadores, que arrastran con su pa\u00adlabra. En la mente de todos los Misioneros est\u00e1n los nombres de B\u00e9rulle, Eudes, Olier, Bourdoise, Francisco de Sales y, so\u00adbre todo, de Bossuet y F\u00e9nelon, lumbreras del momento actual, que saben armonizar la sabidur\u00eda con el talento oratorio. Lla\u00adman tambi\u00e9n la atenci\u00f3n por su piedad y ciencia oradores dis\u00adtinguidos de las familias franciscana, capuchina, jesu\u00edtica y do\u00adminica. Hacia todos \u00e9stos, Vicente guarda el mayor respeto, aun cuando no conozcan el peque\u00f1o m\u00e9todo. Sin embargo, irrumpe contra aquellos otros que \u00abresbalan por encima, ras\u00adgan superficialmente, hacen un poco de ruido, y \u00a1all\u00ed acaba todo\u00a1\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abEste m\u00e9todo sirve s\u00f3lo para el campo, para la gente menuda&#8230;\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Conocemos ya los factores socio-religiosos que dieron ori\u00adgen a las obras vicencianas. Los pobres del campo pusieron en marcha alguna de estas obras; los pobres inspiraron de alg\u00fan modo, con su ignorancia, el m\u00e9todo de predicar con eficacia, pero la simplicidad de \u00e9ste no le resta sabidur\u00eda teol\u00f3gica; m\u00e1s bien, al no permitir al predicador irse por las ramas, le obliga a estudiar y prepararse con esmero; atiende m\u00e1s al fondo de la doctrina que a los adornos ret\u00f3ricos. La presente objeci\u00f3n pide una respuesta m\u00e1s amplia que la supuesta por algunos de la sala, y as\u00ed lo hace el orador, traspasando los l\u00edmites de su ha\u00adbitual modo de hablar humilde:<\/p>\n<p>\u00abY no cre\u00e1is, se\u00f1ores, que este m\u00e9todo sirve s\u00f3lo para el campo, para la gente menuda, para los aldeanos. Es ver\u00addad que es excelente para el pueblo, pero tambi\u00e9n es muy eficaz para los oyentes m\u00e1s capaces, para las ciudades, in\u00adcluso para Par\u00eds, para el mismo Par\u00eds&#8230; Pero afirmo m\u00e1s todav\u00eda: el peque\u00f1o m\u00e9todo es para la corte. En la corte ha aparecido ya por dos veces, y me atrevo a decirlo, ha sido bien recibido. Es verdad que la primera vez surgie\u00adron muchas contrariedades y oposiciones; sin embargo, se obtuvieron grandes frutos, grandes frutos&#8230; Se acaba\u00adron entonces, gracias a Dios, todas las objeciones contra el peque\u00f1o m\u00e9todo&#8230; La conclusi\u00f3n es clara. Aceptemos todos, este peque\u00f1o, pero poderoso m\u00e9todo\u00bb.<\/p>\n<p>Obispos de renombre predicaron en la corte seg\u00fan el peque\u00ad\u00f1o m\u00e9todo: Nicol\u00e1s Pavill\u00f3n, obispo de Alet, y el P. Louistre, lo hicieron en la misi\u00f3n de san Germ\u00e1n en Laye, residencia de la corte; Francisco Perrochel, obispo de Boulogne, con otros sa\u00adcerdotes de las conferencias de los martes, predicaron la mi\u00adsi\u00f3n en el arrabal de san Germ\u00e1n de los Prados. Vistos los fru\u00adtos obtenidos, se acabaron todas las objeciones contra el pe\u00adque\u00f1o m\u00e9todo.<\/p>\n<p>La argumentaci\u00f3n ha concluido. Las pruebas han sido cla\u00adras y el estilo sencillamente fluido. Los tropos y figuras de dic\u00adci\u00f3n, abundantes y variados. En la sala no se advierte can\u00adsancio; s\u00f3lo falta para rematar el discurso una buena \u00abperora\u00adci\u00f3n\u00bb, que encienda a\u00fan m\u00e1s los \u00e1nimos de los oyentes. El ora\u00addor no se ha extendido demasiado, porque \u00absabemos por experiencia que la excesiva prolongaci\u00f3n impide el fruto y sirve \u00fanicamente para ejercitar la paciencia de los oyentes, mientras que un discurso breve y pat\u00e9tico produce con frecuencia bue\u00adnos efectos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPredicar a lo misionero\u00bb<\/p>\n<p>Las peroraciones del discurso vicenciano no responden a un molde \u00fanico, como tampoco las argumentaciones. El esque\u00adma m\u00e1s com\u00fan, seguido al final del discurso, presenta distin\u00adtas modalidades. La conferencia que comentamos re\u00fane todas a la vez.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s corriente era terminar con un ramillete o antolog\u00eda de las razones antes empleadas. Las recapitulaciones muestran sobradamente la capacidad de s\u00edntesis que asiste a la mente or\u00adganizadora de Vicente y al dominio que pose\u00eda del arte ret\u00f3ri\u00adco. La importancia del tema, el momento sicol\u00f3gico de los oyentes y la circunstancia de tiempo, hac\u00edan que las recapitu\u00adlaciones fueran m\u00e1s largas o m\u00e1s cortas.<\/p>\n<p>A veces, la peroraci\u00f3n consist\u00eda en una exhortaci\u00f3n final a vivir la doctrina positiva expuesta. Dentro del conjunto de la palabra oral, las exhortaciones son m\u00e1s comunes en los mo\u00admentos de repetici\u00f3n de oraci\u00f3n o de cap\u00edtulo de faltas, donde el consejo, la advertencia y el aviso revisten car\u00e1cter de exhor\u00adtaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>No faltaba nunca en las peroraciones alguna forma de ora\u00adci\u00f3n, aunque a lo largo y ancho de la conferencia hubiera ele\u00advado al cielo otras muchas, abreviadas unas, m\u00e1s desarrolladas otras. Con frecuencia las mismas oraciones finales resultaban preciosos res\u00famenes de la conferencia. El recurso a la oraci\u00f3n, \u00abjaculatoria\u00bb, exclamativa, laudatoria o de petici\u00f3n, en medio o al final del discurso, flexionaba la atenci\u00f3n de los oyentes ha\u00adcia el recuerdo de Dios, a la vez que suavizaba el rigor de la argumentaci\u00f3n. Estas oraciones son efusiones espont\u00e1neas del coraz\u00f3n de Vicente, cuyo orden de la caridad guiaba su palabra:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Divino Salvador, que viniste a la tierra para predicar\u00adnos con toda sencillez y ense\u00f1arnos con tu ejemplo este santo m\u00e9todo, te suplicamos humildemente que nos ha\u00adgas entrar a todos en tu esp\u00edritu de sencillez, y que nos des, por tu gracia, este santo m\u00e9todo, para que por este medio podamos anunciar con provecho tu santa palabra y llevarla por todo el mundo, lo mismo que tus disc\u00edpu\u00adlos, a quienes se lo diste! \u00a1Oh dulce Salvador, derrama so\u00adbre nosotros este esp\u00edritu del m\u00e9todo\u00bb.<\/p>\n<p>Pocas insistencias encontramos en las exhortaciones de Vi\u00adcente como las referentes a la oraci\u00f3n. El ense\u00f1\u00f3 que la ora\u00adci\u00f3n es \u00abel mejor libro para el predicador\u00bb; \u00abes la despensa de donde se sacan las instrucciones\u00bb; \u00abcauce del conocimiento de la voluntad de Dios\u00bb; \u00abmedio para conservarse en su temor y en su amor\u00bb&#8230;. De acuerdo con el consejo agustiniano, Vi\u00adcente oraba dentro del discurso y antes de pronunciarlo, ya que: \u00abel orador no ha de dudar que, si lo puede, y en la medida que lo puede, m\u00e1s podr\u00e1 por el fervor de sus oraciones que por la habilidad de la oratoria. Por tanto, orando por s\u00ed y por aque\u00adllos a quienes ha de hablar, sea antes var\u00f3n de oraci\u00f3n que pero\u00adraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pronunciada la oraci\u00f3n, el orador remata la conferencia contraponiendo los efectos producidos por los sermones de la moda con los originados seg\u00fan el peque\u00f1o m\u00e9todo; un elogio a la sencillez misionera, objetivo general de toda la conferen\u00adcia, pone punto final al elocuente discurso:<\/p>\n<p>\u00abTodos esos hermosos discursos, tan estudiados, de ordi\u00adnario no hacen m\u00e1s que conmover la parte inferior. Qui\u00adz\u00e1s logran asustar a fuerza de gritar en no s\u00e9 qu\u00e9 tono; ca\u00adlentar\u00e1n la sangre, excitar\u00e1n el deseo, pero todo esto en la parte inferior, no en la parte superior; ni la raz\u00f3n ni el esp\u00edritu quedar\u00e1n convencidos&#8230; Por tanto, \u00a1viva la sen\u00adcillez, el peque\u00f1o m\u00e9todo, que es el m\u00e1s excelente y el que puede producir m\u00e1s honor sin todos esos gritos que no hacen m\u00e1s que molestar a los oyentes!&#8230; Y del que pre\u00addica sin afectaci\u00f3n alguna, dice la gente: Este hombre hace maravillas, predica como un misionero, predica a lo misionero, como un ap\u00f3stol\u00bb.<\/p>\n<p>Y mientras dice esto, la emoci\u00f3n le embarga, pero sin per\u00adder el dominio de s\u00ed mismo; no se exalta, no levanta demasia\u00addo la voz, no adopta una postura declamatoria, aunque otras veces le traicione su temperamento gasc\u00f3n, gesticulando como un comediante. Esto \u00faltimo no le impide suplicar a algunos mi\u00adsioneros que moderen su voz y sus gestos. A aquel padre de la Congregaci\u00f3n, que suprim\u00eda el Catecismo para sermonear a la gente, le advierte:<\/p>\n<p>\u00abHace usted demasiados esfuerzos cuando le habla al pueblo y esto le fatiga mucho. En nombre de Dios, pa\u00addre, cuide de su salud y modere su palabra y sus senti\u00admientos. Ya le he dicho otras veces que nuestro Se\u00f1or bendice los discursos que se hacen hablando en un tono com\u00fan y familiar&#8230; \u00bfMe creer\u00eda usted si le dijera que has\u00adta los actores de teatro, d\u00e1ndose cuenta de esto, han cam\u00adbiado su manera de hablar y no recitan ya sus versos en un tono elevado, como lo hac\u00edan antes? Ahora lo hacen con una voz media y como si hablaran familiarmente con quienes los escuchan\u00bb.<\/p>\n<p>Es bien sabido que Moli\u00e9re, con la obra en un acto y en pro\u00adsa: <em>Las Preciosas rid\u00edculas <\/em>(1659), representa una fuerza y una escuela de costumbres en Francia. Resulta interesante confron\u00adtar los resultados de la comedia de Moli\u00e9re con los obtenidos por la predicaci\u00f3n sencilla. \u00abLa comedia de Moli\u00e9re abandona la intriga complicada e inveros\u00edmil para abordar la observaci\u00f3n de las costumbres <em>y <\/em>de las personas rid\u00edculas contempor\u00e1neas. Si Moli\u00e9re no piensa en atacar a la marquesa de Rambouillet, cuyo papel ha terminado para estas fechas, hace alusiones pre\u00adcisas a la se\u00f1orita de Scud\u00e9ry, en quien la \u00abpreciosidad\u00bb estaba comprometida por sus exageraciones&#8230; Pero la comedia de Moli\u00e9re no es solamente una declaraci\u00f3n de guerra a las ultran-zas preciosistas, que, habiendo degenerado, arrastraban al es\u00adp\u00edritu y al coraz\u00f3n hacia peligrosos extrav\u00edos. Es tambi\u00e9n la pri\u00admera reivindicaci\u00f3n del buen gusto y de lo natural tan frecuen\u00adtemente invocados por los grandes cl\u00e1sicos\u00bb.<\/p>\n<p>Tras el an\u00e1lisis de las conferencias a los Misioneros, noso\u00adtros no dudamos en aplicar a Vicente de Pa\u00fal el calificativo de elocuente. Los Hermanos Eveillard y Ducournau, de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hacen notar al final de la conferencia del 17 de mayo de 1658, sobre la observancia de las reglas, que \u00abmuchos misioneros no pudieron contener las l\u00e1grimas\u00bb. Bossuet sol\u00eda decir a los Misioneros: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 felices sois al poder ver y escuchar todos los d\u00edas a un hombre tan lleno de amor de Dios!\u00bb. 0 la respuesta de aquel anciano obispo que, in\u00advitado por el Sr. Vicente a que hablara en la Conferencia de los martes, se excus\u00f3 diciendo: \u00abUna palabra de usted produ\u00adcir\u00e1 m\u00e1s efecto que todo lo que nosotros pudi\u00e9ramos de\u00adcir\u00bb.<\/p>\n<p>Consideramos elocuente a Vicente de Pa\u00fal seg\u00fan el criterio de san Agust\u00edn, que dice: \u00abEl que hablando intenta persuadir lo que es bueno, sin despreciar ninguna de estas tres cualida\u00addes, a saber, que ense\u00f1e, que deleite y que mueva, ore y traba\u00adje para que le oigan inteligente, agradable y obedientemente. Si hace esto de modo apto y conveniente, puede ser llamado con derecho elocuente\u00bb.<\/p>\n<p>El P. Almer\u00e1s, inmediato sucesor de san Vicente en el go\u00adbierno de la Congregaci\u00f3n, compuso un <em>Resumen del m\u00e9todo de predicar, <\/em>enviado a todas las casas en 1666. Dado el car\u00e1c\u00adter puramente t\u00e9cnico y pr\u00e1ctico del <em>Resumen, <\/em>se pregunta V. Kapp: \u00ab\u00bfHabr\u00e1 que concluir que Almer\u00e1s traicion\u00f3 el esp\u00ed\u00adritu del Fundador, traduciendo las instrucciones del Santo en la terminolog\u00eda del arte oratorio? Ciertamente no, pues esa tra\u00adducci\u00f3n se impuso desde que se pas\u00f3 del g\u00e9nero literario del serm\u00f3n al del consejo pr\u00e1ctico\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se calculan en cerca de tres mil las intervenciones ora\u00adles del Fundador de la Misi\u00f3n ante la comunidad misionera, desde 1625 a 1660. 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Teniendo en cuenta lo establecido\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/01\/c.jpg?fit=979%2C739&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/01\/c.jpg?fit=979%2C739&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/01\/c.jpg?fit=979%2C739&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/01\/c.jpg?fit=979%2C739&resize=700%2C400 2x"},"classes":[]},{"id":118011,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-iglesia-de-los-pobres-y-la-familia-vicenciana\/","url_meta":{"origin":400759,"position":5},"title":"La Iglesia de los pobres y la familia vicenciana","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"27\/04\/2014","format":false,"excerpt":"El problema de los pobres y de la pobreza ocupa el primer plano en las preocupaciones de la Iglesia en nuestro tiempo, es\u00adpecialmente desde que Juan XXIII anunci\u00f3 al mundo, al abrir el Concilio Vaticano II (11 septiembre 1962) que la Iglesia era \"preferentemente de los pobres y para los\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"san-vicente-de-paul","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/01\/san-vicente-de-paul.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400759","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=400759"}],"version-history":[{"count":2,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400759\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":400761,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400759\/revisions\/400761"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=400759"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=400759"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=400759"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}