{"id":400749,"date":"2017-05-06T08:14:38","date_gmt":"2017-05-06T06:14:38","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400749"},"modified":"2017-04-17T17:16:01","modified_gmt":"2017-04-17T15:16:01","slug":"san-vicente-cartas-juventud","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-cartas-juventud\/","title":{"rendered":"San Vicente: Cartas de Juventud"},"content":{"rendered":"<p><strong><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400147\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-paul-chatillon-nacimiento-una-nueva-vision-espiritual\/chatillon_sur_chalaronne\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"chatillon_sur_chalaronne\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400147 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/chatillon_sur_chalaronne.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>N<\/strong>o podemos menos de lamentarnos de la escas\u00edsima correspondencia que nos ha llegado del joven Vicente. No dis\u00adponemos de ninguna carta suya anterior al a\u00f1o 1607. Faltan, por consiguiente, todas las escritas durante las etapas de for\u00admaci\u00f3n escolar y universitaria, m\u00e1s las siguientes a los prime\u00adros a\u00f1os de la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Un largo par\u00e9ntesis de diecisiete a\u00f1os, entre 1608-1625, en el que apenas encontramos una l\u00ednea confidencial, a excepci\u00f3n de la dirigida a su madre (17 de febrero de 1610) y a Edmundo Mauljean, Vicario Ge\u00adneral de Sens (20 de junio de 1616), a\u00edsla las cartas de cautivi\u00addad de las inmediatas posteriores. Tal laguna no impide seguir de cerca el estilo y pensamiento del intr\u00e9pido sacerdote, que es\u00adgrim\u00eda la pluma como arma de autodefensa. Echamos en falta un puente de existencia epistolares que una \u00e9poca de juventud con la de la madurez.<\/p>\n<p>De la primera son las cartas de cautividad y otras dirigidas a parientes y amigos. Por manifestaciones suyas sabemos que, a ra\u00edz de la esclavitud, escribi\u00f3 muchas m\u00e1s de las que posee\u00admos, dando cuenta de su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abDios mantuvo siempre en m\u00ed una esperanza de liberaci\u00f3n\u00bb<\/p>\n<p>Nosotros no discutimos ahora la historicidad del cautive\u00adrio vicenciano. A este hecho de la vida del joven cl\u00e9rigo perte\u00adnece a los historiadores darle soluci\u00f3n. Las dos cartas sobre la esclavitud, fechadas el 24 de julio de 1607 y el 28 de febrero de 1608, en Avi\u00f1\u00f3n y Roma respectivamente, est\u00e1n dirigidas al se\u00f1or de Comet. Son aut\u00e9nticas del Santo, de arriba aba\u00adjo. Cuando el se\u00f1or Vicente se entere, en 1658, de que to\u00addav\u00eda circulan \u00abesas miserables cartas\u00bb, no dudar\u00e1 en pedirlas para entregarlas al fuego. Hoy agradecemos la astucia y presteza del secretario Ducournau y de los Asistentes del Su\u00adperior de la Misi\u00f3n para evitar su destrucci\u00f3n y legarlas a la posteridad.<\/p>\n<p>Como espectador de su propia historia, Vicente analiza y saca conclusiones morales de Tan dolorosa odisea. La tesis sen\u00adtada desde el principio de la primera carta anima toda la narra\u00adci\u00f3n de la cautividad:<\/p>\n<p>\u00abAl contemplar los favorables progresos de mis asuntos, cualquiera hubiera podido decir que la fortuna, en con\u00adtra de mis m\u00e9ritos, se afanaba en hacerme m\u00e1s envidia\u00addo que imitado; por desgracia, esos no era m\u00e1s que para representar en m\u00ed su inconstancia y su capricho, convir\u00adtiendo luego su gracia en desgracia y su ventura en des\u00adventura\u00bb.<\/p>\n<p>Tras esta breve introducci\u00f3n, que m\u00e1s parece reflexi\u00f3n fi\u00adlos\u00f3fica que saludo de cortes\u00eda, comienza el autor a relatar los viajes forzosos que realiz\u00f3 hasta conquistar el rico bot\u00edn que un \u00abbrib\u00f3n malvado\u00bb le hab\u00eda arrebatado. Llegado a Toulouse, Vicente se entera de que una anciana mujer le ha dejado en testamento bienes por valor de trescientos o cuatrocientos es\u00adcudos, suma apetitosa para hacer frente a \u00ablas deudas que ha\u00adb\u00eda contra\u00eddo y los grandes gastos que supon\u00eda tendr\u00eda que ha\u00adcer para llevar a cabo el asunto que mi temeridad no me per\u00admite nombrar\u00bb. Tal confesi\u00f3n, no desvelada todav\u00eda, ha dado origen a muchas c\u00e1balas, como la posible promesa de un obis\u00adpado, hecha por el duque de Epernon.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda ofrec\u00e9rsele a aquel lobezno hambriento de dignidades y dinero? Sin pens\u00e1rselo dos veces, alquila un ca\u00adballo en Toulouse y corre desbocado a Castres, donde la buena anciana le hab\u00eda legado sus bienes. Pero llegado aqu\u00ed, le comu\u00adnican que otro hombre, con m\u00e1s hambre de escudos que \u00e9l, ha\u00adb\u00eda cobrado la presa y huido a Marsella. Vicente vende sin es\u00adcr\u00fapulos el caballo y parte hacia Marsella, cegado por las \u00abapa\u00adriencias\u00bb que se le prometen. En la ciudad costera \u00abatrapa\u00bb al ladr\u00f3n y le hace vomitar \u00abtrescientos escudos\u00bb al contado. Con el trofeo en la mano, Vicente calcula volver pronto a casa. Pero todo se esfum\u00f3 como la espuma, cuando, \u00abestando a punto de partir por tierra, comenta \u00e9l mismo, me anim\u00f3 un gentilhombre, con quien me hab\u00eda alojado, a embarcarme con \u00e9l hasta Narbona, viendo la bonanza del tiempo que hac\u00eda; resolv\u00ed esto para volver m\u00e1s pron\u00adto y para poder ahorrar o, por mejor decir, para no re\u00adgresar nunca y perderlo todo\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, esclavistas y antiesclavistas, todos est\u00e1n de acuerdo en que Vicente no miente. La divisi\u00f3n de opiniones arranca a partir de la segunda parte de la carta que comenta\u00admos, donde el autor cuenta las mil peripecias acontecidas des\u00adde el abordaje hasta la liberaci\u00f3n en Aguas Muertas. Vicente describe con habilidad el paso de un amo a otro, que ya conoce\u00admos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pensar de tan curiosa narraci\u00f3n? Al margen de las dis\u00adtintas posiciones que se han adoptado frente a las cartas de cau\u00adtividad, nosotros podemos sacar algunas conclusiones de su lec\u00adtura. Ante todo, el genial escritor se revela un hombre de profundo sentimiento religioso. Por una parte, la abundancia de vocabulario, el orden y la claridad de expresi\u00f3n, y la agili\u00addad para pasar de un acto a otro, presagian en \u00e9l un futuro li\u00adterario esperanzador; por otra parte, el pensamiento l\u00facido, la memoria r\u00e1pida y el car\u00e1cter religioso con que adoba la narraci\u00f3n le prometen espl\u00e9ndidas conquistas en el trato con los hombres. En pocas l\u00edneas no descubre su pasi\u00f3n juvenil por la riqueza y los caprichos de la fortuna que juegan a enga\u00f1arle. La audacia y arrojo con que se entrega a saciar su hambre \u00abmal\u00addito\u00bb de dinero son anticipo del coraje y entereza con que lue\u00adgo emprender\u00e1 trabajos apost\u00f3licos. Como tambi\u00e9n, el aprecio que de \u00e9l tienen las mujeres del sult\u00e1n, \u00abhasta quererle mucho\u00bb, adelanta la simpat\u00eda y ayuda que recibir\u00e1 m\u00e1s tarde de tantas damas y se\u00f1oritas.<\/p>\n<p>El sentido religioso de las cartas aflora espont\u00e1neamente. La pluma de Vicente se mueve \u00e1gil bajo la mirada de Dios; tal vez, de un Juez justo que va a pedirle cuentas de sus ambicio\u00adnes injustificadas, de sus trampas y adeudamientos, pero, al fin, de un Dios que destierra la maldad, de la que \u00e9l se siente \u00abavergonzado\u00bb. Vicente se confiesa cautivo f\u00edsica y moralmen\u00adte, presa de sus pecados, pero conf\u00eda en la liberaci\u00f3n total. En medio de sus muchos desastres, \u00e9l espera en el Se\u00f1or. Con acen\u00adto nost\u00e1lgico escribe:<\/p>\n<p>\u00abDios mantuvo siempre en m\u00ed una esperanza de libera\u00adci\u00f3n, gracias a las asiduas plegarias que le dirig\u00eda a El y a la Santa Virgen Mar\u00eda, por cuya intercesi\u00f3n yo creo fir\u00admemente que he sido libertado\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras Vicente cavaba la tierrra, entonaba salmos a rue\u00adgos de la buena turca musulmana, en particular, el canto de los cautivos <em>Super flumina Babylonis <\/em>y la <em>Salve Regina. <\/em>De no ser cierta la esclavitud tunecina, s\u00ed lo fue en cierto modo el cauti\u00adverio moral que le imposibilitaba el ejercicio libre del sacerdo\u00adcio. Cuando su entrega a Dios sea total, tambi\u00e9n la preocupa\u00adci\u00f3n y esfuerzo por la liberaci\u00f3n integral del pobre le ocupar\u00e1 todas las energ\u00edas.<\/p>\n<p><strong>\u00abCarta mal perge\u00f1ada de momento\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>A finales de octubre de 1607, nuestro cura andariego llega a la Ciudad Eterna con su Obispo protector, como ya sabemos.<\/p>\n<p>Contrariado por no haber recibido en regla los documentos pe\u00addidos en la carta anterior, env\u00eda una nueva misiva al se\u00f1or de Comet pidi\u00e9ndole los t\u00edtulos de bachiller en Teolog\u00eda y los do\u00adcumentos de ordenaci\u00f3n sacerdotal, m\u00e1s un certificado de bue\u00adna conducta, requisitos \u00abpara obtener un decoroso beneficio en Francia\u00bb, tal como se lo ha prometido Monse\u00f1or Montorio.<\/p>\n<p>Entre la primera carta de la cautividad y la segunda han transcurrido siete meses. Vicente alude en esta \u00faltima al favor que le hace \u00abel vicelegado que era de Avi\u00f1\u00f3n\u00bb. Dice textual\u00admente de \u00e9l:<\/p>\n<p>\u00abMe concede el honor de estimarme y de desear mi as\u00adcenso, por haberle ense\u00f1ado muy bellas cosas curiosas que aprend\u00ed durante mi esclavitud con aquel viejo turco a quien, como ya le escrib\u00ed, hab\u00eda sido vendido\u00bb.<\/p>\n<p>Siguen en la carta otras noticias muy divertidas sobre ma\u00adgia y pasatiempo, que eran objeto de distracci\u00f3n y complacen\u00adcia del Papa <em>y <\/em>de los Cardenales. Pero todo en ella est\u00e1 subor\u00addinado al fin que busca su autor: conseguir cuanto antes los do\u00adcumentos mencionados que le permitan adquirir <em>y <\/em>disfrutar de un \u00abretiro honroso\u00bb. La inminente partida del correo le insta a terminar:<\/p>\n<p>\u00abLa urgencia me obliga a concluir la presente, mal perge\u00f1ada de momento, con la humilde s\u00faplica de que excuse mi excesiva importunidad y que est\u00e9 seguro que apresu\u00adrar\u00e9 mi vuelta todo lo posible para pagar los servicios que le debo\u00bb.<\/p>\n<p>Si hay en la correspondencia vicenciana cartas bien \u00abperge\u00f1adas\u00bb, concebidas y paridas, son \u00e9stas de la cautividad. Su au\u00adtor sabe lo que dice y lo expresa como quiere; lo tiene todo pen\u00adsado y distribuido con magistral estilo y orden, cualidades que se advierten en los grandes novelistas de literatura picaresca. Turbet-Delof ha llegado a la conclusi\u00f3n de que los relatos vicencianos sobre la cautividad, llenos de fantas\u00eda, pertenecen al g\u00e9nero literario de las \u00abturqueries\u00bb o de las composiciones li\u00adterarias que representan escenas turquescas. Y Rom\u00e1n ha tratado de demostrar las relaciones y coincidencia entre la pi\u00adcaresca espa\u00f1ola y estos escritos del joven Vicente.<\/p>\n<p>En resumen, las cartas de cautividad destacan por la viveza de imaginaci\u00f3n, la riqueza detallista de lenguaje, el orden y cla\u00adridad de expresi\u00f3n, el moralismo sentencioso y el encanto des\u00adcriptivo. Comparadas las cartas de juventud con las de madu\u00adrez, aqu\u00e9llas gozan de m\u00e1s frescura, \u00e9stas de m\u00e1s saz\u00f3n; las pri\u00admeras rebosan af\u00e1n literario, las segundas, sin llegar a ser fr\u00edas, patentizan la responsabilidad de un superior. De todos modos, podemos observar entre unas y otras un proceso normal, veri\u00adficable en cualquier autor, atendidas la edad, la formaci\u00f3n, la experiencia y el reto del oficio.<\/p>\n<p><strong>\u00abEl m\u00e1s humilde, obediente y servicial hijo y servidor\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed se desped\u00eda Vicente en la carta \u00fanica que conservamos a su madre (17 de febrero de 1610). El hijo escribi\u00f3 a la madre otras muchas m\u00e1s por este mismo tiempo y, creemos, con id\u00e9n\u00adticos t\u00e9rminos de cari\u00f1o y de esperanzada ayuda econ\u00f3mica. La carta que comentamos est\u00e1 escrita en Par\u00eds, donde espera\u00adba permanecer poco tiempo \u00abhasta recuperar la ocasi\u00f3n de as\u00adcenso, que me han arrebatado mis desastres\u00bb, dice Vicente con doloroso sentimiento. \u00bfD\u00f3nde han quedado las promesas que le hiciera Monse\u00f1or Montorio? Nada se supo de ellas. Tampo\u00adco pas\u00f3 por Dax para pagar el se\u00f1or de Comet los favores de\u00adbidos, ni por Toulouse para restituir la venta del caballo. Vi\u00adcente se dirigi\u00f3 derecho a Par\u00eds, la gran capital del reino. All\u00ed esperaba hacer fortuna y volver triunfante al pa\u00eds natal y \u00aben honesto retiro, emplear el resto de sus d\u00edas junto a su ma\u00addre\u00bb. As\u00ed pensaba \u00e9l, pero Par\u00eds ser\u00e1 para siempre su mo\u00adrada terrena. Como hojas que el viento se llev\u00f3, la promesa sincera hecha a su madre jam\u00e1s se cumpli\u00f3. Otros derroteros, insospechados por el momento, se abrieron y torcieron sus pasos.<\/p>\n<p>Pero hemos de dejar constancia aqu\u00ed del inter\u00e9s y cari\u00f1o con que mira y pide desde lejos informaci\u00f3n de sus hermanos, sobrinos y amigos. Los lazos familiares, como ya sabemos \u00bfno fueron la mayor r\u00e9mora de su entrega incondicional a la voca\u00adci\u00f3n sacerdotal? \u00abLa salud y la prosperidad de la casa era la ora\u00adci\u00f3n incesante a Dios de quien es y ser\u00e1 el m\u00e1s humilde, obe\u00addiente y servicial hijo y servidor\u00bb.<\/p>\n<p>El trasfondo de las tres primeras cartas es el mismo: los de\u00adsastres econ\u00f3micos, los infortunios y el deseo de alcanzar un be\u00adneficio eclesi\u00e1stico con que asegurar el retiro. De la misma \u00e9po\u00adca de juventud son los extractos de cartas a Felipe Manuel de Gondi y a la esposa de \u00e9ste, m\u00e1s la dirigida a Edmundo Mauljean. El tono espiritual y apost\u00f3lico que respira la \u00faltima correspondencia juvenil enlaza perfectamente con la siguiente, de los a\u00f1os 1625 en adelante. Sobre todo el reglamento de la Caridad de Chatillon (1617) nos acerca por completo al pen\u00adsamiento, estilo y lenguaje del fecundo legado epistolar vicenciano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No podemos menos de lamentarnos de la escas\u00edsima correspondencia que nos ha llegado del joven Vicente. No dis\u00adponemos de ninguna carta suya anterior al a\u00f1o 1607. 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