{"id":400523,"date":"2017-04-09T08:13:31","date_gmt":"2017-04-09T06:13:31","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400523"},"modified":"2017-01-08T11:15:06","modified_gmt":"2017-01-08T10:15:06","slug":"predominio-del-voluntarismo-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/predominio-del-voluntarismo-i\/","title":{"rendered":"Predominio del voluntarismo (I)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400013\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/tres-descubrimientos-vicente-paul\/tres-descubrimientos-de-vicente-de-paul\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"tres-descubrimientos-de-vicente-de-paul\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400013 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>En la herencia, que el final del siglo XVI lega al siglo XVII, se encuentran el \u00abhumanismo devoto\u00bb y el \u00abmisticismo\u00bb. Ambas corrientes marcan ampliamente el ambiente espiritual del si\u00adglo XVII tanto por la intensidad como por la duraci\u00f3n de su influencia.<\/p>\n<p>En la perspectiva que nos interesa aqu\u00ed, humanistas, devotos y m\u00edsticos, como otros muchos autores, incluso los m\u00e1s extra\u00f1os al humanismo y al misticismo, admiten un\u00e1nimemente el voluntarismo. Voluntarismo en el que, por encima y m\u00e1s all\u00e1 de los adjetivos que podr\u00edan determinarlo \u2014antropoc\u00e9ntrico, teoc\u00e9ntrico, cristoc\u00e9ntrico\u2014 subyace una antropolog\u00eda. Antropolog\u00eda que se centra en la voluntad hasta el punto de intentar resumir en \u00e9sta, podr\u00eda decirse, la esencia misma del hombre. Esta exalta\u00adci\u00f3n de la voluntad se debe, sin duda, a una curiosa renovaci\u00f3n del estoicismo.<\/p>\n<p>En el horizonte espiritual del siglo XVII el humanismo de\u00advoto exalta las posibilidades del hombre, incluso abandonado a las solas fuerzas de la naturaleza. El intento de los humanistas devotos, por hacer cobrar conciencia al hombre de su grandeza y de la confianza en sus posibilidades, encubre una filosof\u00eda religiosa de tendencia netamente antropoc\u00e9ntrica. Aunque otras corrientes de pensamiento lo han modificado e, incluso, combati\u00addo, su importancia es considerable a lo largo del siglo XVII: el capuchino Yves de Par\u00eds, en raz\u00f3n de su larga vida y de su abundante producci\u00f3n de obras, prolonga las tendencias de este humanismo.<\/p>\n<p>La gama de diversidad de tendencias en el humanismo devoto es amplia y de una a otra de ellas puede haber tanta diferencia como \u00abde la noche al d\u00eda\u00bb. No obstante esta diversidad, los humanistas coinciden en considerar al hombre como la obra maes\u00adtra de la creaci\u00f3n y en exaltar la voluntad humana. Si algunos humanistas no tienen la menor intenci\u00f3n de hacer entrar a la voluntad humana en los designios de la voluntad divina, otros, especialmente el grupo de jesuitas, en raz\u00f3n de su optimismo cristiano y de su psicologismo moral, pretenden conciliar, incluso hacer coincidir, a veces con excesiva facilidad, las exigencias de la voluntad divina, del amor a Dios, de la vida cristiana con las leyes de la naturaleza, del amor humano y con las pr\u00e1cticas devocionales. Entre estas dos tendencias, si se tiene en cuenta la cronolog\u00eda, y por encima de ellas, si no se olvida el m\u00f3vil y el objetivo existencial de la voluntad humana: el puro amor, el <em>\u00aboptimismo heroico\u00bb <\/em>de Francisco de Sales culmina en la \u00absumi\u00adsi\u00f3n absoluta\u00bb de la voluntad humana \u00abal buen agrado de Dios\u00bb.<\/p>\n<p><em>Francisco de Sales: voluntarismo antropo-teoc\u00e9ntrico<\/em><\/p>\n<p>Negar a Francisco de Sales (1567-1622) el gusto por el hu\u00admanismo y no admitir en \u00e9l los elementos del psicologismo mo\u00adral, ser\u00eda desconocer su inter\u00e9s por lo humano y su optimismo por el hombre. Abordarle \u00fanicamente bajo el prisma del hu\u00admanismo devoto, ser\u00eda desconocer el teocentrismo fundamental que orienta a su espiritualidad. El elemento, que amalgama y da sentido al humanismo y al teocentrismo salesianos, es el <em>voluntarismo. <\/em>Voluntarismo antropo-teoc\u00e9ntrico en el que la \u00abvo\u00adluntad\u00bb del hombre \u00abtermina y llega a fundirse en el amor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Al comienzo de la <em>Vida devota <\/em>(1609) Francisco de Sales se\u00f1ala: <em>La <\/em>devoci\u00f3n verdadera y viva&#8230; presupone amor de Dios, o por mejor decir, es verdadero amor de Dios, pero no un amor cual\u00adquiera, pues cuando el amor divino hermosea nuestra alma se llama <em>gracia, <\/em>porque nos hace agradables a su divina majestad; cuando nos da fuerzas para obrar el bien se llama <em>caridad; <\/em>mas cuando llega a tal grado de perfecci\u00f3n que no solamente nos hace obrar el bien sino practicarlo con cuidado, con frecuencia y prontitud, entonces es cuando se llama <em>devoci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo primero del <em>Tratado del amor de Dios <\/em>(1616) lo titula: \u00abQue a causa de la belleza de la naturaleza humana, Dios ha dado el gobierno de todas las facultades del alma a la volun\u00adtad humana\u00bb. Pero para Francisco de Sales, como para la ma\u00adyor\u00eda de los autores espirituales del siglo XVII, <em>amor y voluntad <\/em>llegan en la pr\u00e1ctica a identificarse: \u00abDios no quiere al hombre m\u00e1s que por el alma, ni al alma m\u00e1s que por la voluntad, ni a la voluntad m\u00e1s que por el amor\u00bb. En el <em>Tratado del amor de Dios <\/em>escribir\u00e1 a\u00fan con mayor precisi\u00f3n: \u00abEl hombre es la per\u00adfecci\u00f3n del universo, el esp\u00edritu es la perfecci\u00f3n del hombre, el amor la del esp\u00edritu, y la caridad la del amor, por eso el amor de Dios es el fin, la perfecci\u00f3n y la excelencia del universo\u00bb.<\/p>\n<p>El voluntarismo conduce a Francisco de Sales a una visi\u00f3n sint\u00e9tica de la vida cristiana en la que la <em>caridad, <\/em>el puro amor, ocupa el centro. Centro del que no solo surgen sino en el que tambi\u00e9n se unifican todas las virtudes. En esta perspectiva dedica un cap\u00edtulo del <em>Tratado del amor de Dios <\/em>para demostrar \u00abc\u00f3mo la caridad comprende todas las virtudes\u00bb <em>y <\/em>otro para probar c\u00f3mo se \u00abdebe reducir el ejercicio de las virtudes <em>y <\/em>de las acciones al amor santo\u00bb. En \u00e9ste escribe: \u00abEl motivo supre\u00admo de nuestras acciones, que es el del amor celeste, tiene esta propiedad suma que, al ser m\u00e1s puro, hace a la acci\u00f3n, que pro\u00adviene de \u00e9l, m\u00e1s pura\u00bb. Y una vez m\u00e1s a\u00f1ade que el motivo no es otro m\u00e1s que \u00abel buen agrado de Dios\u00bb.<\/p>\n<p><em>Dinamismo del amor divino. Dinamismo de la voluntad<\/em><\/p>\n<p>La intenci\u00f3n de Francisco de Sales se centra en hacer pasar al hombre de la ausencia de amor en que se encuentra, en raz\u00f3n del \u00abpecado de origen\u00bb, a la perfecci\u00f3n del amor divino, a la uni\u00f3n con Dios. Este paso, que supone una larga y, a veces, penosa traves\u00eda, se realiza a trav\u00e9s del desarrollo del dinamismo del amor de Dios en el hombre y de la din\u00e1mica de la voluntad del hombre en relaci\u00f3n con el amor divino. La espiritualidad salesiana adquiere, por este hecho, una din\u00e1mica de <em>car\u00e1cter voluntarista.<\/em><\/p>\n<p>Para Francisco de Sales la voluntad humana, que tiene afini\u00addad con el bien, ejerce una supremac\u00eda sobre las potencias del alma. Y si el amor ejerce un dominio sobre la voluntad, hasta hacer de \u00e9sta lo que \u00e9l es, la voluntad es \u00abregente\u00bb sobre el amor, \u00abde tal manera que la voluntad no ama m\u00e1s que queriendo amar\u00bb.<\/p>\n<p>La realizaci\u00f3n concreta de las exigencias del amor, tal como \u00e9ste es descrito por Francisco de Sales, desencadena en la volun\u00adtad cinco operaciones distintas. Estas operaciones permiten a la voluntad, despu\u00e9s de haber percibido el bien por el entendimien\u00adto, pasar de la <em>afinidad que tiene con el bien, <\/em>causa primera del amor, a la <em>consumaci\u00f3n en la uni\u00f3n con el objeto amado, <\/em>despu\u00e9s de <em>haberse complacido en el bien, <\/em>haber desarrollado un <em>movi\u00admiento que tiende a conseguir la uni\u00f3n con el objeto amado <\/em>y haber buscado los <em>medios requeridos para llegar a dicha uni\u00f3n. <\/em>Si el origen del amor se encuentra en la afinidad que la voluntad tiene con el bien, la perfecci\u00f3n del amor se encuentra en la uni\u00f3n de la voluntad con el objeto amado.<\/p>\n<p>Francisco de Sales no olvida declarar que es el hombre, pro\u00adpiamente hablando, quien, a trav\u00e9s de las distintas facultades humanas, realiza toda la diversidad de sus operaciones. Pero al mismo tiempo sostiene que el amor tiene su sede en el alma. \u00abS\u00f3lo tenemos un alma y \u00e9sta es indivisible\u00bb, afirma. Sin em\u00adbargo, a\u00f1ade, hay en ella diversos grados de perfecci\u00f3n ya que es, al mismo tiempo, <em>viviente, sensible y razonable. <\/em>En el espacio del alma viviente es el instinto el que act\u00faa. En la regi\u00f3n del alma sensible es el \u00abapetito sensitivo\u00bb, movido por el \u00abconoci\u00admiento sensitivo\u00bb de las cosas concretas, el que las rechaza o se une a ellas. De este apetito surge el \u00abamor sensual\u00bb o \u00abanimal\u00bb, \u00abal que hablando con propiedad, no se debe llamar amor\u00bb.<\/p>\n<p>En la zona del \u00abalma razonable\u00bb es la voluntad la que busca unirse al bien, presentado en cuanto tal por la raz\u00f3n. En esta alma razonable hay \u00abdos grados de perfecci\u00f3n\u00bb o \u00abdos partes\u00bb. \u00abLa parte inferior discurre y saca sus consecuencias seg\u00fan lo que aprehende y experimenta por los sentidos\u00bb. Es \u00abel primer gra\u00addo de la raz\u00f3n\u00bb y se llama com\u00fanmente \u00absentido\u00bb com\u00fan o \u00absentimiento\u00bb y \u00abraz\u00f3n humana\u00bb. La parte superior \u00abdiscurre y saca sus consecuencias seg\u00fan el conocimiento intelectual, que no se funda para nada en la experiencia de los sentidos, sino en el discernimiento y el juicio del esp\u00edritu\u00bb. Es el \u00absegundo grado de la raz\u00f3n\u00bb y se le llama com\u00fanmente \u00abesp\u00edritu o parte mental\u00bb.<\/p>\n<p><em>Dinamismo del amor divino y de la voluntad\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>Esta parte superior, a su vez, comprende tres regiones o \u00abgrados de raz\u00f3n\u00bb, seg\u00fan sea esclarecida por la <em>\u00abluz natural\u00bb <\/em>o iluminada por \u00abla fe y la palabra revelada de Dios\u00bb <sup>32<\/sup>. En la primera regi\u00f3n o primer grado de raz\u00f3n, el \u00abesp\u00edritu\u00bb discurre \u00abseg\u00fan las ciencias humanas\u00bb y en la segunda regi\u00f3n o segundo grado, m\u00e1s elevado, \u00abseg\u00fan la fe\u00bb. En la tercera regi\u00f3n o ter\u00adcer grado el esp\u00edritu act\u00faa \u00abconducido por iluminaciones especia\u00adles, por inspiraciones y movimientos celestes\u00bb. A esta tercera regi\u00f3n o tercer grado de raz\u00f3n Francisco de Sales lo llama <em>su-pr\u00e9me pointe, <\/em>que nosotros traducimos por \u00abcima suprema\u00bb, y la define as\u00ed:<\/p>\n<p>Una cierta eminencia y cima suprema de la raz\u00f3n y facultad espiri\u00adtual que no es conducida en absoluto por la luz del discurso ni de la raz\u00f3n, sino por simple visi\u00f3n del entendimiento y por simple asentimiento de la voluntad, por el que el esp\u00edritu asiente y se somete a la verdad y a la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>En esta \u00abcima suprema\u00bb residen las virtudes teologales, cuya actividad consiste en \u00absimples asentimientos de la fe, de la espe\u00adranza <em>y <\/em>de la caridad\u00bb. No obstante esta simplicidad, en la \u00abcima suprema\u00bb, iluminada s\u00f3lo por la fe, existe un aspecto in\u00adtelectual y un aspecto voluntarista, incluso si este \u00faltimo predo\u00admina. Pero es en ella, \u00abla m\u00e1s alta y elevada regi\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu, donde reside el amor\u00bb. Por eso la realizaci\u00f3n de la uni\u00f3n de la voluntad del hombre con la de Dios, la uni\u00f3n del hombre con Dios, se identifica con la actividad de esta \u00abcima suprema\u00bb. De ah\u00ed se explica el aspecto voluntarista e, incluso, afectivo, m\u00e1s que intelectual <em>y <\/em>discursivo, de esta regi\u00f3n del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El doble \u00e9xtasis de los fil\u00f3sofos<\/em><\/p>\n<p>Un aspecto capital del dinamismo antropo-teoc\u00e9ntrico en Fran\u00adcisco de Sales es la doble tendencia y, en consecuencia, la doble atracci\u00f3n-tensi\u00f3n a la que est\u00e1 sometida la voluntad. En el \u00abalma \u00fanica e indivisible\u00bb del hombre, en raz\u00f3n de la triple acci\u00f3n amorosa \u2014\u00abespiritual, razonable, sensible\u00bb\u2014, surge una doble atracci\u00f3n-tensi\u00f3n, provocada por la tendencia de la voluntad hacia los bienes <em>\u00absensibles\u00bb <\/em>y hacia los bienes <em>\u00abrazonables\u00bb, \u00abespiri\u00adtuales\u00bb, <\/em>en definitiva, hacia Dios. El amor, en consecuencia, pue\u00adde ser sensible o sensual y racional o espiritual. La voluntad vive por ello en una doble tensi\u00f3n. Estos dos amores son, en conse\u00adcuencia, antagonistas y establecen en el hombre el combate de carne-esp\u00edritu.<\/p>\n<p>El hombre es fundamentalmente <em>ext\u00e1tico. <\/em>El \u00e9xtasis para Francisco de Sales, es la \u00absalida de s\u00ed\u00bb. Por la salida de s\u00ed el hombre puede superarse o degradarse en relaci\u00f3n a lo que es y tiende a ser. De \u00e9l depende si en la salida de s\u00ed se deja \u00abarre\u00adbatar\u00bb por el \u00abamor sensual o sensible\u00bb, que le rebaja por debajo de s\u00ed mismo, o se deja \u00abextasiar\u00bb por el \u00abamor espiritual\u00bb, que le eleva por encima de s\u00ed mismo. Dos salidas se le ofrecen <em>y, <\/em>en consecuencia, dos \u00ab\u00e9xtasis\u00bb. Dos \u00e9xtasis por los que puede salir y quedar fuera de s\u00ed mismo, en los que puede vivir estando ausente de s\u00ed mismo. El sentido de estos dos \u00e9xtasis, de estas dos salidas, ayudan a comprender el voluntarismo antropo-c\u00e9ntrico de Francisco de Sales. Voluntarismo que es al mismo tiem\u00adpo la clave que permite interpretar desde el interior el salesianismo, la doctrina salesiana.<\/p>\n<p>Los antiguos fil\u00f3sofos han reconocido que hab\u00eda dos clases de \u00e9x\u00adtasis, de los cuales el uno nos transportaba por encima de nos\u00adotros mismos, el otro nos rebajaba por debajo de nosotros mismos, como si hubiesen querido decir que el hombre es de una naturaleza intermedia entre los \u00e1ngeles y los animales, participando de la natu\u00adraleza ang\u00e9lica en su parte racional y de la naturaleza animal en su parte sensitiva; y que no obstante \u00e9l pod\u00eda, por la pr\u00e1ctica de su vida y por la atenci\u00f3n continua de s\u00ed mismo, salir de esta condi\u00adci\u00f3n intermedia, puesto que al emplearse y ejercitarse mucho en las operaciones racionales, se hac\u00eda m\u00e1s semejante a los \u00e1ngeles de lo que lo era de los animales; que si se ejercitaba mucho en las accio\u00adnes sensuales descend\u00eda de su condici\u00f3n intermedia y se acercaba a la de los animales. Y porque el \u00e9xtasis no es otra cosa que la salida que se hace de s\u00ed mismo, de cualquier lado que se salga se est\u00e1 realmente en \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>Quienes, afectados por las voluptuosidades divinas y racionales, dejan arrebatar su coraz\u00f3n por los sentimientos de \u00e9stas, est\u00e1n ver\u00addaderamente fuera de ellos mismos, es decir, por <em>encima <\/em>de la con\u00addici\u00f3n de su naturaleza; pero por una feliz y deseable salida por la que estando en su estado m\u00e1s noble y elevado tanto son \u00e1ngeles por la operaci\u00f3n de su alma, como son hombres por la sustancia de su naturaleza, y se les debe llamar \u00e1ngeles humanos u hombres ang\u00e9licos. Por el contrario, quienes seducidos por los placeres sen\u00adsuales, aplican su alma al disfrute de \u00e9stos descienden de su con\u00addici\u00f3n intermedia a la m\u00e1s baja de los animales salvajes y, por lo tanto, merecen ser llamados brutos por sus operaciones, aunque sean hombres por su naturaleza; desdichados en cuento que no salen de ellos mismos m\u00e1s que para entrar en una condici\u00f3n infinita\u00admente indigna de su estado natural.<\/p>\n<p>Pero a medida que el \u00e9xtasis es mayor, bien por encima de nos\u00adotros, bien por debajo de nosotros, m\u00e1s impide a nuestra alma volver a ella misma y realizar operaciones contrarias al \u00e9xtasis en que se encuentra. Por eso, estos hombres ang\u00e9licos, que son arreba\u00adtados por Dios y por las cosas celestes, pierden totalmente, mien\u00adtras dura su \u00e9xtasis, el uso y aplicaci\u00f3n de los sentidos, el movi\u00admiento y todas las operaciones exteriores, porque su alma, para aplicar su potencia y actividad m\u00e1s total y activamente a este objeto divino, la retira y aparta de todas sus otras facultades para orien\u00adtarla y entornarla hacia ese lado.<\/p>\n<p>El hombre no es ni \u00e1ngel ni bestia, sino \u00abhombre y nada m\u00e1s que hombre\u00bb, es decir, capaz \u2014en raz\u00f3n de la afinidad que existe entre Dios y \u00e9l\u2014 de ser atra\u00eddo profundamente por la \u00abdivinidad\u00bb. Cuando llega a ser consciente de esa atracci\u00f3n del Absoluto y a pensar atentamente en ella, descubre y siente que su tendencia genuina se orienta hacia \u00abDios, que es Dios del coraz\u00f3n humano\u00bb.<\/p>\n<p>Esta tendencia profunda hacia Dios descubre al hombre su capacidad receptiva. Capacidad que se expresa a trav\u00e9s de su ansia inagotable de conocimiento y se manifiesta a trav\u00e9s de su apetito insaciable de amor. La capacidad receptiva \u2014o pura re\u00adceptividad\u2014 del hombre le impide aceptar esa \u00abnaturaleza inter\u00admedia\u00bb <em>y <\/em>vivir el doble juego de mitad \u00e1ngel y mitad bestia. No quiere pretender ser m\u00e1s que hombre, es decir, \u00abtender y extenderse hacia Dios\u00bb: \u00abNuestra alma, al considerar que nada la contenta perfectamente y que su capacidad no puede ser col\u00admada por ninguna cosa que pertenezca al mundo, al ver que su entendimiento tiene una inclinaci\u00f3n infinita a saber siempre m\u00e1s y su voluntad un apetito insaciable de amar <em>y <\/em>de hallar el bien, no tiene raz\u00f3n de exclamar: \u00ab\u00a1Ah! \u00a1no estoy hecha para este mundo! Existe un bien supremo del que dependo y un art\u00edfice infinito que ha impreso en m\u00ed este deseo inagotable de saber y este apetito que no puede ser satisfecho: es menester, en conse\u00adcuencia, que tienda y me extienda hacia \u00e9l para unirme y re\u00adunirme con su bondad a la que pertenezco y de quien soy. Esta es la afinidad que tenemos con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre, que entra en la atracci\u00f3n del dinamismo de este Dios y en la din\u00e1mica de este esp\u00edritu humano, descubre la \u00abinclinaci\u00f3n natural de amar a Dios sobre todas las cosas\u00bb. Esta inclinaci\u00f3n provoca en \u00e9l el deseo natural de encontrar a Dios,<\/p>\n<p>de reconocerle <em>y, <\/em>en definitiva, de complacerse en \u00e9l, de amarle. El voluntarismo salesiano se une aqu\u00ed a su optimismo. Optimismo que le lleva a conceder al hombre, a pesar del pecado de origen, la posibilidad natural de amar a Dios:<\/p>\n<p>Aunque el estado de nuestra naturaleza humana no est\u00e1 actualmen\u00adte dotado de la santidad y rectitud original (que el primer hombre ten\u00eda en su creaci\u00f3n, sino que, por el contrario, estamos muy vicia\u00addos por el pecado), s\u00ed ha permanecido en nosotros, sin embargo, la santa inclinaci\u00f3n de amar a Dios sobre todas las cosas, lo mismo que la luz natural por la que conocemos que su bondad suprema es amable sobre todas las cosas, y no es posible que un hombre pensando atentamente en Dios, incluso solamente a trav\u00e9s del razo\u00adnamiento natural, no sienta alg\u00fan impulso de amor que la inclina\u00adci\u00f3n secreta de nuestra naturaleza suscita en el fondo del coraz\u00f3n por el que, a la primera aprensi\u00f3n de este primer y supremo objeto, la <em>voluntad es prevenida <\/em>y se siente movida a <em>complacerse <\/em>en \u00e9l&#8230; A la primera mirada que el (coraz\u00f3n) lanza hacia Dios, al primer conocimiento que recibe de \u00e9ste, la primera y natural inclinaci\u00f3n de amor a Dios, que estaba como adormecida y era imperceptible, se despierta s\u00fabitamente y aparece de improviso, como una chispa que sale de entre las cenizas, la cual moviendo a nuestra voluntad le otorga un impulso de amor que se debe al primero y supremo principio de todas las cosas.<\/p>\n<p>Este primer impulso del amor, en raz\u00f3n del movimiento de la voluntad, prevenida e impulsada por el conocimiento del bien supremo, del sumo amor, es el comienzo de una din\u00e1mica que conduce al hombre hacia el amor perfecto, hacia la caridad:<\/p>\n<p>Porque aunque por la sola inclinaci\u00f3n natural no podamos llegar a la dicha de amar a Dios como conviene, sin embargo, si la emple\u00e1ramos fielmente, la ternura de la misericordia divina nos otor\u00adgar\u00eda alg\u00fan socorro, mediante el cual podr\u00edamos avanzar; si secun\u00add\u00e1ramos este primer socorro, la bondad paternal de Dios nos pro\u00adporcionar\u00eda otra mayor y nos conducir\u00eda lo mejor posible con toda suavidad hasta el amor supremo hac\u00eda el que nos impulsa nuestra inclinaci\u00f3n natural, puesto que es cierto que a quien es fiel en lo poco y hace lo que est\u00e1 en su poder, la bondad divina jam\u00e1s niega su ayuda para hacerle avanzar cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>No obstante su optimismo, Francisco de Sales requiere <em>de hecho <\/em>la gracia para que el hombre pueda agradar a Dios por una sumisi\u00f3n de amor. Sumisi\u00f3n confiante a la voluntad de Dios, que no es otra cosa que el bien supremo y su buen agrado, la flor y el fruto de este amor sin l\u00edmites. Por otra parte no ignora que el placer sensible o\/y sensual seduce igualmente a la voluntad humana. Si le es f\u00e1cil afirmar tajantemente que \u00abel amor sensual o animal, si se habla con propiedad, no se debe llamar amor, no deja de constatar que el \u00abapetito sensitivo\u00bb alimenta a las pasiones humanas. Pretender afirmar, como lo hicieron los estoicos y algunos \u00abpresuntuosos anacoretas anti\u00adguos\u00bb, que el hombre puede librarse totalmente de las pasiones y aniquilarlas, es desconocer el poder de rebeld\u00eda, de seducci\u00f3n, de lucha del apetito sensitivo.<\/p>\n<p>\u00abTodos los d\u00edas experimentamos que existen en nosotros va\u00adrias voluntades contrarias\u00bb, constata Francisco de Sales. Es la lucha carne esp\u00edritu que habita en el hombre. Pero, ajeno y hostil a todo manique\u00edsmo, reconoce con san Agust\u00edn que, aunque el \u00abalma parece estar dividida en s\u00ed misma\u00bb, la unidad del hombre se establece por la opci\u00f3n \u00ablibre\u00bb y \u00absoberana\u00bb de la voluntad. Voluntad que puede elegir, en raz\u00f3n de su capacidad de opci\u00f3n, entre el amor al bien verdadero y el amor al bien falso, entre el amor idol\u00e1trico a las criaturas y el amor a Dios. Es cierto que el \u00abamor domina de tal manera en la voluntad, que la convierte totalmente en lo que \u00e9l es\u00bb. No obstante, \u00abla voluntad es a\u00fan regente sobre el amor, tanto m\u00e1s cuanto que la voluntad no ama m\u00e1s que queriendo amar y, de los diver\u00adsos amores que se presentan a ella, puede unirse al que mejor le parece: de otra manera no habr\u00eda en absoluto amor prohibido o mandado. Ella es, pues, due\u00f1a de los amores\u00bb.<\/p>\n<p>Esta opci\u00f3n decisiva y constante de la voluntad por el amor divino o por el amor desordenado a las criaturas permite al hom\u00adbre vivir en el <em>\u00ab\u00e9xtasis espiritual\u00bb <\/em>o en el <em>\u00ab\u00e9xtasis sensual\u00bb. <\/em>La orientaci\u00f3n hacia el <em>\u00abextasis sensual\u00bb <\/em>conduce al hombre a la destrucci\u00f3n, al fracaso, a la inquietud, a la angustia de la condici\u00f3n humana. La orientaci\u00f3n hacia el <em>\u00ab\u00e9xtasis espiritual\u00bb <\/em>desarrolla la tendencia a perfeccionar y unificar al hombre y, en definitiva, a conducirle hacia Dios. En el origen de cada uno de estos dos \u00e9xtasis se encuentra el amor espiritual o sensual. No obstante, es, en definitiva, la voluntad, atra\u00edda por ellos, la que elige entre uno u\/y otro amor. De su elecci\u00f3n depende el que el hombre viva orientado hac\u00eda uno u otro \u00e9xtasis. El dinamismo del amor espi\u00adritual, la din\u00e1mica de la voluntad, el voluntarismo antropo-teoc\u00e9ntrico, en suma, hacen caminar al hombre hacia el amor divino, hacia la caridad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la herencia, que el final del siglo XVI lega al siglo XVII, se encuentran el \u00abhumanismo devoto\u00bb y el \u00abmisticismo\u00bb. 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