{"id":400475,"date":"2017-03-16T08:32:19","date_gmt":"2017-03-16T07:32:19","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400475"},"modified":"2017-01-06T18:33:48","modified_gmt":"2017-01-06T17:33:48","slug":"los-pobres-mundo-errantes-marginados","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/los-pobres-mundo-errantes-marginados\/","title":{"rendered":"Los pobres: un mundo de errantes y marginados"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400013\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/tres-descubrimientos-vicente-paul\/tres-descubrimientos-de-vicente-de-paul\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"tres-descubrimientos-de-vicente-de-paul\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400013 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2015\/04\/tres-descubrimientos-de-Vicente-de-Paul.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Cada \u00e9poca, en raz\u00f3n de sus estructuras socio-econ\u00f3mico-pol\u00edticas, tiene su m\u00e1quina de fabricar pobres. De ah\u00ed que cada una produzca y posea los suyos propios. El estudio de la historia social del siglo XVII franc\u00e9s revela una doble realidad: la po\u00adbreza aparece con rostros diversos y los pobres est\u00e1n clasificados en categor\u00edas diferentes El mundo de los pobres es diverso. Unos est\u00e1n integrados en la sociedad, otros viven al margen de esta misma sociedad. Pero son los mismos individuos, los mis\u00admos grupos los que pueden permanecer del lado de ac\u00e1, o, por el contrario, franquear esta l\u00ednea divisoria fundamental. La di\u00adversidad del mundo de los pobres no excluye su unidad. Ello comprueba lo incierto y fluctuante que es trazar la <em>l\u00ednea fronte\u00adriza <\/em>entre el mundo \u00abnormal\u00bb y el mundo \u00abmarginal\u00bb de los pobres en tiempo de Vicente de Pa\u00fal. Simult\u00e1neamente hace constatar que los pobres constituyen un conjunto que no posee <em>independencia econ\u00f3mica <\/em>ni casi nunca <em>derecho de ciudadan\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n del lenguaje en el estudio de los pobres, al expresar con gran precisi\u00f3n el contenido de la realidad de \u00e9stos, es, por otra parte, sumamente reveladora: al llamar <em>pobre <\/em>a quien ordinariamente tiene un nivel de vida muy bajo y est\u00e1 expuesto todos los d\u00edas a no conseguir lo indispensable para vivir, <em>mendigo <\/em>a quien tiene que pedir limosna para poder sub\u00adsistir, el vocabulario franc\u00e9s del siglo XVII nos revela la <em>vulne\u00adrabilidad <\/em>y la <em>gran dificultad a <\/em>la que se ve sometida la clase humilde. Al definir y condenar al <em>vagabundo y desalmado (gens sans aveu), <\/em>este mismo vocabulario nos informa c\u00f3mo la sociedad rechaza y margina a una gran parte de las clases m\u00e1s bajas.<\/p>\n<p>Lenguaje y realidad social concuerdan en algo que nos parece esencial: la historia de los pobres en tiempos de Vicente de Pa\u00fal es, sin duda, el estudio del mundo de los pobres, pero tambi\u00e9n la historia de una <em>segregaci\u00f3n, <\/em>de una <em>separaci\u00f3n, <\/em>de una <em>l\u00ednea divisoria <\/em>trazada por la sociedad.<\/p>\n<p><em>El mundo diverso y fluctuante de los pobres<\/em><\/p>\n<p>El sentido de la palabra pobre en el siglo XVII no tiene solamente una significaci\u00f3n econ\u00f3mica. En sentido amplio, <em>pobre <\/em>es el que sufre, el que se encuentra en la desdicha, el afligido. En una aceptaci\u00f3n m\u00e1s estricta, <em>pobre <\/em>es el que se encuentra viviendo continuamente en la \u00abescasez\u00bb, en la \u00abnecesidad\u00bb, en la \u00abpenuria\u00bb.<\/p>\n<p>Fureti\u00e9re, en su <em>Dictionnaire, <\/em>da esta definici\u00f3n del pobre: \u00abel que no tiene las cosas necesarias para sustentar su vida, para mantener su condici\u00f3n\u00bb. Limit\u00e1ndonos, por un deseo de precisi\u00f3n, a la primera parte de la definici\u00f3n de Fureti\u00e9re, lla\u00admamos pobres a aquellos cuyo nivel de vida es muy bajo, a quie\u00adnes no tienen las cosas necesarias para sustentar su vida, o est\u00e1n expuestos cada d\u00eda a caer por debajo del m\u00ednimo vital biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n m\u00e1s exacta de la palabra <em>pobre <\/em>la encontramos en J.P. Camus, obispo de Belley (1581-1652), cuando escribe: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es, pues, la pobreza? Unos dicen, es la escasez o necesidad de las cosas requeridas para vivir c\u00f3modamente, es decir, sin trabajar. Otros, la privaci\u00f3n de las cosas, derechos y acciones temporales necesarios para el mantenimiento de la vida humana. En consecuencia podemos admitir que solamente es pobre quien no tiene otro medio para vivir m\u00e1s que su trabajo\u00bb. El inten\u00addente de Poitiers escribe, en 1664, al inspector general: \u00abLos artesanos son tan pobres que, desde el momento que no traba\u00adjan, hay que meterlos en el hospital\u00bb. El trabajo es, pues, el \u00fanico bien del pobre. Es necesario que \u00e9ste trabaje o que men\u00addigue. Pobre, es el que no tiene m\u00e1s que su trabajo para vivir, dice la definici\u00f3n. Ello quiere decir que los pobres se reclutan en el mundo del trabajo, entre los que no poseen ning\u00fan bien. Se requiere a\u00f1adir, para comprender en la realidad social esta definici\u00f3n del pobre, que el salario recibido por el trabajo no es suficiente, con frecuencia, para poder alimentar a los miembros de la familia del asalariado. Esta relaci\u00f3n entre pobre y mundo del trabajo, entre pauperismo y cesaci\u00f3n de trabajo se evoca mu\u00adchas veces en el siglo XVII.<\/p>\n<p>En realidad el siglo XVII considera pobres a quienes est\u00e1n constantemente amenazados de caer f\u00e1cilmente en la pobreza, dada la incertidumbre en que se encuentran todos los d\u00edas de poder conseguir los medios necesarios para poder vivir. Esta preocupaci\u00f3n continua es sumamente reveladora de la fragilidad y de la inestabilidad de las masas populares. Ella indica, y en definitiva explica, que el siglo XVII llama pobres a quienes est\u00e1n acechados cada d\u00eda por la pobreza y, al m\u00e1s m\u00ednimo inci\u00addente de la coyuntura hist\u00f3rica (mala cosecha, crisis agr\u00edcola, que desencadena siempre una crisis textil y manufacturera, en defini\u00adtiva una crisis econ\u00f3mica y social, con todas las consecuencias que implica), se encuentran acosados, a veces incluso, apu\u00f1alados por ella. El mundo de los pobres es el de la necesidad, el de la ausencia de reservas, y especialmente el de reservas alimenticias; es el mundo condenado a vivir en la obsesi\u00f3n de poder conseguir el pan de cada d\u00eda. Los diferentes sondeos realizados en el mun\u00addo de la miseria en Beauvais, en Amiens, en Languedoc, en Lyon, en Par\u00eds muestran muy abundantemente que muchos campesinos, obreros de la ciudad y del campo, peque\u00f1os artesanos, son asistidos por la caridad p\u00fablica o privada. Ello significa que los pobres provienen, sobre todo, del mundo del trabajo, de quienes no poseen ning\u00fan otro bien. Por eso muchos campesinos <em>y <\/em>jornaleros, a causa de diversos incidentes, se enrolan en el pauperismo, y muchos artesanos, incapaces de poder alimentar con su salario a su familia, tienen que ser socorridos.<\/p>\n<p>Si es dif\u00edcil y sutil determinar las variaciones del <em>umbral de la pobreza, <\/em>y de esta manera poder catalogar a los pobres, sus consecuencias son, por el contrario, muy claras. La m\u00e1s inmediata consiste en forzar a la mendicidad a la mayor\u00eda de la clase hu\u00admilde. Pienso en todos esos campesinos y obreros del campo y de la ciudad, a quienes los contra-golpes de la coyuntura his\u00adt\u00f3rica precipitan por debajo del l\u00edmite del umbral de la pobreza. Todos ellos se convierten moment\u00e1nea o definitivamente en <em>mendigos <\/em>y con frecuencia en <em>errantes. <\/em>Estos desarraigados son siempre muy numerosos en las ciudades y en los caminos, sobre todo en momentos de crisis agr\u00edcola, textil y manufacturera.<\/p>\n<p>El mundo de los pobres es, en definitiva, el mundo de la dependencia en raz\u00f3n de su ignorancia y de su endeudamiento end\u00e9mico con los \u00abposeedores\u00bb, los \u00abburgueses\u00bb, que intentan llegar por todos los medios a su alcance a \u00abla conquista de la tierra\u00bb. De la pobreza a la mendicidad la diferencia <em>s\u00f3lo es de grado, no de naturaleza: esta <\/em>idea nos parece esencial. La prueba se encuentra en que la mendicidad, concebida como un recurso casi ordinario de las clases m\u00e1s humildes, es un rasgo caracte\u00adr\u00edstico de la estructura social de la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p><em>Mendigos<\/em><\/p>\n<p>El vocabulario empleado, para definir a los mendigos, no es s\u00f3lo revelador de la estructura mental de la sociedad, sino suma\u00admente significativo en la historia social. El mendigo es el que no puede ganarse la vida y se ve obligado a recurrir a la ayuda de los dem\u00e1s para poder subsistir. Ello significa que ha ca\u00eddo en el mundo de la pobreza <em>y <\/em>que no puede salir de ella. Por eso el \u00fanico recurso normal de su existencia es dedicarse a la mendicidad. J.P. Camus es, quiz\u00e1, quien nos da la definici\u00f3n m\u00e1s exacta del t\u00e9rmino mendigo en la primera mitad del si\u00adglo XVII: al pobre, \u00abque no tiene otro recurso m\u00e1s que su trabajo para mantener su vida\u00bb, opone el mendigo, \u00abque no s\u00f3lo se encuentra privado de todo recurso, sino reducido a tal grado de miseria, que no puede ganarse la vida por su trabajo, incluso aunque lo desee, bien porque est\u00e1 impedido por dolencia o enfermedad, bien por falta de empleo aun cuando est\u00e9 en perfecta salud y tenga capacidad suficiente, si se le empleara en el trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>En esta sociedad estratificada en \u00ab\u00f3rdenes\u00bb jerarquizados en \u00abestados\u00bb, los mendigos en buena salud se encuentran en lo m\u00e1s bajo de la escala social Los mendigos, escribe Loyseau (1564\u00ad1627), \u00abviven en la ociosidad y sin ninguna preocupaci\u00f3n, a ex\u00adpensas de los dem\u00e1s\u00bb, y seg\u00fan la expresi\u00f3n utilizada por Feillet: gozan \u00abde la limosna como de las rentas de una preben\u00adda\u00bb.<\/p>\n<p>Desde principio de siglo, cuando Loyseau escribe su <em>Livre des ordres, <\/em>hasta 1660 la realidad social de pobres y mendigos cambia a un ritmo que los juristas y las instituciones no llegan a seguir. Es cierto que durante todo ese tiempo hay mendigos que viven del modo definido por Loyseau. Pero hay muchos m\u00e1s que entran en el mundo de la mendicidad a causa de las crisis agr\u00edcolas que desencadenan a su vez las crisis textiles y manufactureras. En los momentos de grandes cat\u00e1strofes eco\u00adn\u00f3mico-sociales hay muchos pobres que mueren. Pero otros, que sobreviven, caen irremediablemente y, a veces, de forma irre\u00adversible en una miseria horrorosa. Al quedarse sin trabajo, y cuando la crisis se prolonga y es aguda casi todos los obreros est\u00e1n en paro, los obreros se ven sometidos al hambre, a la mendicidad, a las instituciones caritativas. Pero las instituciones caritativas no pueden socorrer a tantos desdichados. Si \u00e9stos quieren vivir, tienen que mendigar un trozo de pan o unirse a los grupos de vagabundos. Y una vez m\u00e1s nos encontramos ante lo incierto y fluctuante que es trazar la l\u00ednea entre pobres, men\u00addigos y vagabundos. Al convertirse en <em>mendigos <\/em>y con frecuencia en <em>errantes, <\/em>estos desarraigados son juzgados peligrosos por la sociedad. Al estar pr\u00e1cticamente fuera de los marcos sociales y llevar una vida irreductible a las <em>normas vigentes <\/em>de los compor\u00adtamientos c\u00edvicos, sus actividades y su misma forma de vivir aparecen a la mirada de sus contempor\u00e1neos como comporta\u00admientos de seres asociales y contravenientes al orden de los va\u00adlores establecidos.<\/p>\n<p>Los diferentes estudios sociales realizados en las zonas de miseria en Beauvais, Amiens, Languedoc, Lyon, Par\u00eds&#8230; mues\u00adtran claramente que muchos obreros de la ciudad y del campo caen en la mendicidad y se unen con mendigos y vagabundos. En sus filas se encuentran hombres y mujeres de toda edad, matri\u00admonios con ni\u00f1os, adolescentes abandonados, aprendices que abandonan el taller del patr\u00f3n, profesionales del vagabundeo, cuya \u00ab\u00fanica ocupaci\u00f3n\u00bb es recorrer las ciudades y mendigar par\u00adticularmente en las iglesias y plazas exhibiendo miembros muti\u00adlados, heridas reales o falsas para excitar a la piedad. Las incidencias de la coyuntura, provocadas, como hemos se\u00f1alado, por las crisis agr\u00edcolas, manufactureras, textiles, comerciales, tie\u00adnen consecuencias muy duras en el mundo de los pobres. Para ellos, la crisis significa no s\u00f3lo pan m\u00e1s caro, sino tambi\u00e9n me\u00adnos posibilidad de encontrar trabajo. Henos aqu\u00ed ante \u00abla gran piedad del pueblo al no saber en qu\u00e9 ganar su vida y la de sus hijos\u00bb. Las autoridades, por el contrario, piensan que estos individuos o grupos son \u00abmiembros in\u00fatiles del estado\u00bb. \u00bfC\u00f3\u00admo distinguir entonces a los obreros de la ciudad sin trabajo, a los jornaleros del campo y a los peque\u00f1os campesinos, obligados a abandonar su casa <em>y <\/em>sus tierras, de los profesionales inquietan\u00adtes de la mendicidad, de la picaresca? No se puede olvidar que la inmensa mayor\u00eda de los mendigos del siglo XVII tienen un oficio. Ello quiere decir que \u00e9stos no parecen presentar diferen\u00adcias de naturaleza, sino de grado, con los pobres. S\u00f3lo una minor\u00eda pertenece al mundo inquietante de los truhanes, es decir, de los vagabundos con quienes les unen v\u00ednculos muy \u00edntimos.<\/p>\n<p>Estos mendigos de profesi\u00f3n son verdaderos truhanes, no los otros. Para ellos mendigar es, en efecto, un modo de vivir sin trabajar. Por eso la perspectiva de verse obligados a hacerlo, les hace inventar el repertorio amplio y variado de sus dolencias o enfermedades disimuladas. En realidad todos ellos son \u00abesta\u00adfadores de la caridad\u00bb. Al ejercer \u00abun oficio de briboner\u00eda\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Luis Vives repetida durante todo el si\u00adglo XVII en Francia, \u00abroban a Dios y al pueblo\u00bb. Una vez que entran en casa, olvidar\u00e1n sus muletas y pasar\u00e1n la noche prepa\u00adrando los ung\u00fcentos y mezclas hechas de sangre, de hierbas, arena, pintura. Pintar\u00e1n de nuevo sus cuerpos con estas mezclas y ung\u00fcentos a fin de despertar el miedo y la pena de los pasean\u00adtes y para reforzar estos sentimientos disimular\u00e1n su sufrimiento gritando y quej\u00e1ndose. Sus enfermedades no son m\u00e1s que enga\u00f1os y falsas apariencias. Con este tatuaje se presentan al d\u00eda si\u00adguiente sobre todo en las iglesias, donde perturban los oficios divinos, pidiendo con insolencia y gritos, lo mismo que lo hacen en las calles. El desprecio de los fieles, de los ciudadanos se une contra ellos juntamente con la represi\u00f3n civil. Esta repre\u00adsi\u00f3n, subyacente en la legislaci\u00f3n, expresa una voluntad de tra\u00adtar a los mendigos (desgraciadamente sin hacer ninguna distin\u00adci\u00f3n de las diferentes categor\u00edas de las que hemos hablado) como un <em>problema de pol\u00edtica social.<\/em><\/p>\n<p>Para reaccionar contra esta pol\u00edtica social y por un instinto de sana vitalidad, los grupos de mendigos se convierten a veces en una banda numerosa. Estas bandas cobijan tanto la mendici\u00addad como forma de acci\u00f3n, como el bandolerismo de los truhanes. La mendicidad, entonces, encubre la actividad de vulgares cri\u00adminales y se practica a gran escala. Estas asociaciones criminales se desarrollan en gran parte de Francia, sobre todo inmediata\u00admente despu\u00e9s de la dispersi\u00f3n de numerosas compa\u00f1\u00edas de sol\u00addados o del licenciamiento de personas a quienes alimentaba la guerra o a quienes viv\u00edan de ella como par\u00e1sitos. Las autori\u00addades llegan a sospechar con fundamento que el mundo de los mendigos dispone de una organizaci\u00f3n interna. La opini\u00f3n m\u00e1s corrientemente extendida es que esta organizaci\u00f3n est\u00e1 estructu\u00adrada seg\u00fan el modelo de los bandidos.<\/p>\n<p>En este medio social, donde toda la vida est\u00e1 de alguna manera \u00abal rev\u00e9s\u00bb, la designaci\u00f3n de un rey como jefe es perfec\u00adtamente plausible. La pr\u00e1ctica profesional de la mendicidad exige, en efecto, ciertas reglas que s\u00f3lo pueden emanar del \u00abme\u00addio\u00bb y no de la autoridad civil o de la iglesia. Los elementos de organizaci\u00f3n, que se descubren en los truhanes y en todas las <em>cours des miracles, <\/em>son asimilables a las asociaciones crimina\u00adles. Ello no significa, ni mucho menos, que todos los mendi\u00adgos fuesen necesariamente disimuladores o\/y criminales. Muchos aceptan sin rechistar las leyes civiles y eclesi\u00e1sticas. S\u00f3lo inten\u00adtan obtener una ayuda o limosna de los dem\u00e1s. Sin embargo, la ociosidad es en s\u00ed misma, desde el siglo XVI \u2014en raz\u00f3n de las ideas humanistas y mercantilistas\u2014 un crimen, ya que lleva en ella, seg\u00fan la sabidur\u00eda popular, el germen del crimen: \u00abLa mendicidad es escuela de toda maldad\u00bb. Este simple hecho es suficiente con frecuencia para que la colectividad trate a los men\u00addigos, en su conjunto, como criminales, enga\u00f1adores y perezosos.<\/p>\n<p><em>Vagabundos, desalmados<\/em><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino <em>vagabundo <\/em>se precisa lentamente a trav\u00e9s del si\u00adglo XVII a medida y ritmo que el vagabundeo se convierte en delito. Al ser definido por los juristas con mayor precisi\u00f3n, el t\u00e9rmino adquiere su <em>sentido <\/em>preciso. Para el jurista Simon, que escribe en 1642, el \u00abvagabundo es el que ha abandonado su domicilio y el lugar de su residencia para robar y vivir del ban\u00addidaje, y como se dice, vagar de un lugar a otro, perezoso y m\u00e1s inclinado a hacer el mal que el bien, lo que va contra las buenas costumbres y por eso la ley le persigue y le hace perder el privilegio de su residencia\u00bb. Un edicto de 1656, referente a la seguridad de la ciudad de Par\u00eds, define con mayor precisi\u00f3n al vagabundo: \u00abSer\u00e1n declarados vagabundos <em>y <\/em>desalmados <em>(gens sans aveu) <\/em>quienes no tengan ninguna profesi\u00f3n ni oficio, ni bie\u00adnes para subsistir; quienes no puedan hacer certificar su vida honrada <em>y <\/em>sus buenas costumbres por personas honradas, conoci\u00addas y dignas de fe y que sean de condici\u00f3n honorable\u00bb.<\/p>\n<p>En la definici\u00f3n del vagabundo aparece la expresi\u00f3n de desal\u00admado. El t\u00e9rmino es muy significativo en la sem\u00e1ntica de la pobreza: muestra que la sociedad francesa de esta \u00e9poca sit\u00faa a todo un grupo de pobres <em>al margen <\/em>de la sociedad. El pobre y el mendigo forman parte, con frecuencia, de la sociedad. Al vagabundo, por el contrario, se le define por su ausencia de v\u00ednculos sociales: no tiene domicilio. No se puede olvidar que el vagabundeo es un delito. La reprobaci\u00f3n de la ausencia de domicilio crece hasta el final del siglo XVII, cuando se llega a hacer del vagabundo igual a desalmado.<\/p>\n<p>El desalmado <em>(gens sans aveu) <\/em>es aquel a quien nadie quiere hacer reconocer como suyo, aquel de quien ning\u00fan hombre digno de fe se quiere presentar como garante. No tener la garant\u00eda de nadie, equivale a estar al margen de la sociedad, a no perte\u00adnecer a ninguna estructura corporativa. Ello es grave en una sociedad donde \u00abclientela\u00bb y \u00abcorporaci\u00f3n\u00bb constituyen los v\u00edncu\u00adlos sociales. Si se a\u00f1ade que los vagabundos y, a veces incluso, algunos mendigos viven voluntariamente al margen de la socie\u00addad, es decir, \u00absin someterse a las reglas de la religi\u00f3n y de la raz\u00f3n\u00bb, se puede imaginar su estatuto social. Porque todos ellos constituyen un peligro para el orden p\u00fablico, ya que su vida se presenta como <em>anormal, <\/em>es decir, no respeta las normas vigen\u00adtes en la sociedad; porque violan la eminente <em>dignidad del or\u00adden colectivo, <\/em>se les margina de la sociedad, al mismo tiempo que les busca la polic\u00eda y los poderes judiciales les condenan.<\/p>\n<p>Los documentos, que nos informan acerca de los vagabundos, los proporcionan los registros judiciales, parroquiales, hospitala\u00adrios. Estos registros nos ayudan a precisar su silueta. En la proporci\u00f3n de <sup>2<\/sup>\/<sub>3<\/sub> son hombres, cuya edad oscila entre los 15 y 50 a\u00f1os. Entre ellos se encuentran errantes, que mendigan exhi\u00adbiendo \u00falceras, heridas o enfermedades perfectamente imitadas, vagando de un lugar a otro en busca de un trabajo hipot\u00e9tico. Otros tipos de vagabundos, mejor caracterizados, se encuentran entre maestros de escritura, maestros de escuela, m\u00fasicos de paso, falsos peregrinos, quienes \u00abbajo pretexto de piedad\u00bb mendigan de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de regi\u00f3n en regi\u00f3n, cl\u00e9rigos errantes, sacerdotes de paso. Una tercera categor\u00eda la constituyen los gitanos. En algunas \u00e9pocas, la sociedad militar proporciona, m\u00e1s exacto ser\u00eda decir restituye, otro tipo de vaga\u00adbundos. Se trata de esa laya de buscones que siguen a la tropa, entre mendicantes, vagabundos e insinuantes; de esta partida de paisanos, pordioseros y ganapanes, cobardemente a recaudo de las botas militares, \u00e1vidos del momento del saqueo despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n de la plaza. Despu\u00e9s de desertar o de ser licen\u00adciados en masa durante la campa\u00f1a de invierno asedian y devastan la campi\u00f1a.<\/p>\n<p>El mayor n\u00famero de vagabundos, sin embargo, lo forman jornaleros agr\u00edcolas y peque\u00f1os campesinos. En un siglo, donde el impuesto fiscal es de <em>repartici\u00f3n, <\/em>la miseria y la huida de unos puede tener efecto acumulativo. Quienes han resistido du\u00adrante alg\u00fan tiempo, despu\u00e9s de haberse sublevado en masa con\u00adtra las aplastantes cargas fiscales y ser aplastados, terminan, al verse sobrecargados de impuestos, por abandonar su hogar y sus tierras. Especialmente lo hacen cuando los soldados queman los pueblos y se llevan la cosecha. En la Francia de Vicente de Pa\u00fal, crisis econ\u00f3micas y fuertes cargas fiscales, sin olvidar la pol\u00edtica del gobierno que se instala en la guerra y en el despilfarro, tie\u00adnen una influencia directa en la errancia y en el vagabundeo. La \u00abconquista de la tierra\u00bb, emprendida por unos cuantos acapara\u00addores burgueses, parlamentarios y financieros para coronar su brillante \u00e9xito social y aumentar su riqueza en bienes ra\u00edces, obliga a los peque\u00f1os campesinos, endeudados con estos acree\u00addores, a vender sus tierras y a abandonar sus hogares. El \u00fanico medio de subsistir para estos campesinos es lanzarse a los grandes caminos y unirse a los grupos de mendigos, vagabundos y truha\u00adnes, organizados para vivir de robos, saqueos, limosnas arranca\u00addas por amenazas y por la violencia.<\/p>\n<p><em>Actitudes <\/em>y <em>comportamientos ante los pobres<\/em><\/p>\n<p>La actitud ante la pobreza y los pobres revela siempre algu\u00adnos rasgos fundamentales de car\u00e1cter individual y colectivo. Es\u00adtos rasgos desvelan los s\u00edntomas de la sensibilidad individual o de la <em>estructura mental <\/em>de la sociedad. En su comportamiento con los pobres, el individuo y la sociedad descubren una parte de sus certezas, de su subconsciente <em>y <\/em>de sus angustias. De la piedad al asco, del desprecio a la envidia, del sado-masoquismo al milenarismo, todos los matices de la psicolog\u00eda o del an\u00e1lisis freudiano pueden reflejarse en ellos. Esto tiene validez, natural\u00admente, para una sociedad cristiana, puesto que Cristo vivi\u00f3 entre los pobres y exhort\u00f3 a sus disc\u00edpulos a darles limosna.<\/p>\n<p>Las actitudes mentales y sociales de los hombres y de la sociedad del siglo XVII en relaci\u00f3n con los pobres olvidan a veces y otras perciben la conciliaci\u00f3n parad\u00f3jica del esc\u00e1ndalo de la miseria vivida \u2014pobreza real\u2014 y la estima espiritual de la pobreza-virtud que introduce en la vida cristiana. Desdichada\u00admente, en sus actitudes y comportamientos los individuos y la sociedad del tiempo de Vicente de Pa\u00fal disocian con frecuencia la pobreza \u2014como noci\u00f3n espiritual y realidad psicol\u00f3gica\u2014 del contexto econ\u00f3mico-social. De ah\u00ed la contradicci\u00f3n de esta socie\u00addad entre la proclamaci\u00f3n de \u00abla eminente dignidad de los po\u00adbres\u00bb y la decisi\u00f3n por decreto real del \u00abencerramiento de los pobres\u00bb. Semejante contradicci\u00f3n se arraiga en haber ido sus\u00adtituyendo los criterios evang\u00e9licos de servicio a los pobres por los del mercantilismo de la \u00e9poca, orientados a crear una econo\u00adm\u00eda nacional, y por criterios morales y religiosos de matiz represivo y moralizador, encaminados a \u00abreglar\u00bb y \u00abgobernar\u00bb la vida de los pobres que viven al margen de toda regla social y religiosa. Estos criterios y estas actitudes explican el que algu\u00adnas obras y actividades caritativas de neto matiz evang\u00e9lico en beneficio de los pobres, se convirtieran en operaciones represi\u00advas, cobraran un aire de control policial y provocaran el \u00abencerramiento de los pobres\u00bb en el hospital general.<\/p>\n<p><em>El hospital general: <\/em><em>segregaci\u00f3n, reclusi\u00f3n y castigo de los pobres<\/em><\/p>\n<p>Luis XIV, por edicto real del 27 de abril de 1657, crea un organismo denominado \u00abhospital general\u00bb. Su objetivo es inter\u00adnar a los pobres y mendigos, suprimir la mendicidad y hacer desaparecer de las calles de la capital a una canalla perezosa e inquietante. El edicto fija y determina la organizaci\u00f3n temporal y espiritual del hospital. La ejecuci\u00f3n de este edicto es asegurada con celo por la creaci\u00f3n de una compa\u00f1\u00eda de arqueros. Se sabe perfectamente que el procedimiento es poco apreciado por Vicente de Pa\u00fal, que lo juzga no solamente dif\u00edcil, sino inhu\u00admano. El hospicio del nombre de Jes\u00fas, establecido por \u00e9l en 1653, hab\u00eda servido de modelo al hospital general, pero en el hospicio del nombre de Jes\u00fas s\u00f3lo se recib\u00eda a los voluntarios; ah\u00ed est\u00e1 toda la diferencia. Por eso, los sacerdotes de la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (padres pa\u00fales), nombrados por edicto del rey y del parlamento capellanes del hospital general, no acce\u00adder\u00e1n a dicho nombramiento. Y esto, no solo porque \u00abexcede nuestras fuerzas\u00bb sino \u00abpor no ver suficientemente claro si lo quiere el buen Dios\u00bb, confiesa Vicente de Pa\u00fal despu\u00e9s de largas y maduras reflexiones.<\/p>\n<p>En realidad el hospital general es una prisi\u00f3n y constituye un lugar inhumano, al ser un mundo cerrado, un mundo sepa\u00adrado. Esta separaci\u00f3n significa que los pobres son considerados como elementos <em>asociales. Y <\/em>como a tales se les encierra con otros asociales: prostitutas, dementes, hijos pr\u00f3digos. Todos los que viven en contradicci\u00f3n con el buen orden o que se dedican a \u00abactividades criminales\u00bb o vergonzosas, creando un peligro para el sistema colectivo, forman una poblaci\u00f3n de marginados, a quienes hay que encerrar. Los pobres pertenecen a ese mundo. Aislar a los pobres, mendigos y vagabundos, es, en consecuencia, alejar de las calles, de las iglesias los elementos hediondos, vicio\u00adsos, libertinos, que propagan en la sociedad la peste, la corrup\u00adci\u00f3n, el esc\u00e1ndalo. Se les encierra para castigarles, corregirles, preparar su integraci\u00f3n en la sociedad, obligarles a trabajar y a cumplir las normas de la iglesia.<\/p>\n<p>Los mendigos y vagabundos, a quienes se pretende encerrar en el hospital general, no constituyen un medio edificante. Pre\u00adtender afirmarlo, ser\u00eda desconocer la realidad impuesta por los hechos. Pero intentar convencer de que encerrar a los pobres es una obra no s\u00f3lo \u00abl\u00edcita\u00bb, \u00absanta\u00bb, \u00fatil y absolutamente nece\u00adsaria para la gloria de Dios, el bien de los pobres y de la sociedad, ser\u00eda olvidar igualmente el sentido punitivo de esta decisi\u00f3n. La vida perezosa o\/y viciosa, que llevan vagabundos y mendigos \u00bfpuede justificar el car\u00e1cter represivo de esta legisla\u00adci\u00f3n que concierne tanto a vagabundos y mendigos como a po\u00adbres y necesitados reducidos a la miseria por el paro o la cares\u00adt\u00eda? Los textos legislativos, lo mismo que las afirmaciones de los partidarios del encerramiento de los pobres, olvidan analizar las causas del pauperismo. Semejante olvido impide distinguir a los unos de los otros. La consecuencia de esta falta de an\u00e1lisis es grave: la condenaci\u00f3n al mismo tiempo y sin ninguna distinci\u00f3n del campesino, del obrero, del artesano, empobrecidos por las crisis econ\u00f3mico-sociales, y del mendigo y vagabundo que hacen de la mendicidad y del robo un oficio, un medio de vida. El estado absolutista ignora o afecta ignorar que a efectos econ\u00f3\u00admico-sociales hay que responder con causas del mismo g\u00e9nero y no con medidas moralizadoras y opresivas. No se trata de man\u00adtener la buena conciencia de parlamentarios y burgueses, sino de solucionar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de la parte m\u00e1s inferior de la sociedad. La abstracci\u00f3n de la cultura y el rigorismo moral de la \u00e9poca cl\u00e1sica tienen su influencia y significaci\u00f3n en la decisi\u00f3n del encerramiento de los pobres.<\/p>\n<p>Esta voluntad de encerrar a los pobres est\u00e1 sostenida por razones de hecho y por un movimiento de ideas. Pero al mismo tiempo la aplicaci\u00f3n de esta legislaci\u00f3n rigurosa del decreto real suscita oposiciones <em>y <\/em>resistencias en una parte de la opini\u00f3n p\u00fablica. En los textos relativos al pauperismo y a la aplicaci\u00f3n del edicto real de 1656, se encuentran las mismas f\u00f3rmulas, las mismas obsesiones: el pecado, la carne, la perdici\u00f3n, la abomina\u00adci\u00f3n, la ignorancia, la instrucci\u00f3n religiosa, los sacramentos, el camino de la salvaci\u00f3n. El edicto atribuye la depravaci\u00f3n de costumbres a los progresos del pauperismo y de la mendicidad: \u00abAl haber aumentado m\u00e1s todav\u00eda el mal por la licencia p\u00fabli\u00adca&#8230; el libertinaje de los mendigos ha llegado hasta el exceso por un desdichado abandono a toda clase de cr\u00edmenes, que atraen la maldici\u00f3n de Dios sobre los estados cuando quedan impunes; como lo ha demostrado la experiencia a las personas que se han ocupado de estos empleos caritativos, muchos de ellos (mendi\u00adgos), de uno y otro sexo, viven juntos sin estar casados, muchos de sus hijos est\u00e1n sin bautizar, casi todos viven en la ignorancia de la religi\u00f3n y en el desprecio de los sacramentos\u00bb. A Godeau, obispo de Grasse y de Vence, portavoz de los partidarios del encerramiento de los pobres, insiste en el mismo tema: \u00abNada era tan profano, ni tan abominable como la mayor\u00eda de los pobres en la ciudad de Par\u00eds, era como una ciudad monstruosa en la iglesia. Muchos no estaban bautizados&#8230; no sal\u00edan de las iglesias, pero adem\u00e1s de no rezar a Dios en ellas, se lo imped\u00edan hacer a los dem\u00e1s. Viv\u00edan en una gran ignorancia de todas las verda\u00addes de la religi\u00f3n&#8230; no frecuentaban en absoluto los sacramen\u00adtos&#8230; y viv\u00edan en toda clase de abominaciones&#8230; Ten\u00edan muchos hijos y celebraban pocos matrimonios. Las palabras groseras, los juramentos, las maldiciones y blasfemias estaban continuamente en su boca&#8230; En cuanto a las leyes civiles, las contraven\u00edan de la misma manera&#8230;\u00bb. Encerrar a los pobres, no es quitarles la libertad, \u00abes apartarles del libertinaje, del ate\u00edsmo y de la oca\u00adsi\u00f3n de condenarse\u00bb. Si la sociedad manifiesta esta severidad contra los pobres, es porque la severidad y el pesimismo impreg\u00adnan a la cultura cat\u00f3lica del siglo XVII. El esfuerzo por reprimir la naturaleza, manchada por el pecado original, conduce al ascetismo, a la represi\u00f3n. Ascetismo y represi\u00f3n tienen sus consecuencias y repercusiones en la concepci\u00f3n de la caridad y del pobre.<\/p>\n<p>De la descripci\u00f3n de sus vicios se pasa a la idea de que los pobres, en raz\u00f3n de su vagancia e imprevisi\u00f3n, son los respon\u00adsables de su miseria: \u00abEran unos vagos que, en lugar de servir al pa\u00eds trabajando o yendo a la guerra, permanec\u00edan en una ocio\u00adsidad vergonzosa o ejerc\u00edan un oficio de briboner\u00eda\u00bb. Pero si se da\u00f1an a s\u00ed mismos, son tambi\u00e9n peligrosos para la sociedad, ya que no s\u00f3lo son ladrones y amigos de ladrones, sino que sus\u00adcitan sediciones e instigan a otros a participar en ellas: \u00abCon frecuencia serv\u00edan de intermediarios a los ladrones, para entrar en la casa de quienes les daban limosna, ellos mismos eran ladro\u00adnes&#8230; En las \u00faltimas rebeliones, que han agitado Par\u00eds, estaban totalmente dispuestos a participar en la sedici\u00f3n y saquear las casas de los ricos\u00bb.<\/p>\n<p>Este sistema severo, expeditivo e impersonal del encerramien\u00adto de los pobres \u00bfqu\u00e9 expresa?<\/p>\n<p>Ante todo una <em>idea pesimista del pobre, <\/em>una ideolog\u00eda que no reconoce autom\u00e1ticamente ning\u00fan valor al pobre y al mendigo.<\/p>\n<p>La caridad, en consecuencia, se convierte en un asunto de <em>conveniencia social. <\/em>A. Godeau lo ilustra a la perfecci\u00f3n y lo explica casi brutalmente:<\/p>\n<p>No os pido que os incomod\u00e9is por hacer vivir a los pobres del hospital general en la abundancia y en la ociosidad, pero os conjuro a que consider\u00e9is que en eso debe haber alguna proporci\u00f3n entre vosotros y ellos&#8230; Los pobres, tanto los que lo son por nacimiento, como los que han sido reducidos a esta situaci\u00f3n por permisi\u00f3n de la providencia, no deben pensar en vivir en la abundancia in deliciosamente&#8230; El mal rico del evangelio va al infierno, no porque no hizo comer con \u00e9l al pobre, sino porque no le dio las migajas que ca\u00edan de su mesa.<\/p>\n<p>Esta idea pesimista del pobre encubre un cambio profundo de mentalidad <em>y <\/em>de actitud referente a la voluntad de controlar a los pobres, implica la decisi\u00f3n de separarles violenta, rigurosa, despiadadamente de la sociedad: \u00abEs mejor tener a los pobres entre nosotros, tenerles en una misma casa que verles&#8230; en las calles o en las puertas de las iglesias, donde nos atormentan con sus gritos y&#8230; nos horrorizan con sus llagas insoportables&#8230; Ahora se puede instruirles, asistirles y corregirles\u00bb. El pobre, en definitiva, \u00bfno se convierte en un ser social \u00fatil solamente en cuanto mantiene la buena conciencia de los grandes, en cuan\u00adto es un medio de purificaci\u00f3n <em>y <\/em>de salvaci\u00f3n para \u00e9stos?: \u00abSi cre\u00e9is en las palabras de vuestro Maestro, si esper\u00e1is de \u00e9l los bienes celestiales, si ten\u00e9is manchas que purificar en vuestro cora\u00adz\u00f3n \u00bfpor qu\u00e9 no dais vuestros bienes temporales a quienes los necesitan?\u00bb. En realidad se utiliza a los pobres y se sirve de su miseria para intentar conseguir el cielo para los ricos. Los pobres se convierten en v\u00edctimas de un proceso de purificaci\u00f3n de la sociedad absolutista y de la teolog\u00eda abstracta, desencarna-da que predomina en esta \u00e9poca: \u00abPor el establecimiento del hospital general se restaura el estado muy santo de la pobreza en su primer esplendor y&#8230; se hacen cesar los cr\u00edmenes horribles<\/p>\n<p>que los pobres comet\u00edan impunemente\u00bb. \u00abEl salmista habla de los pobres, no de \u00e9stos, sin duda&#8230; sino de quienes tienen el esp\u00edritu de pobreza y que son pobres humildes, pobres obedien\u00adtes, pobres revestidos del temor del Se\u00f1or. As\u00ed ser\u00e1n los que se encierren en el hospital general\u00bb.<\/p>\n<p>Esta decisi\u00f3n de encerrar a los pobres \u00bfno expresa una evo\u00adluci\u00f3n importante referente a las relaciones en la sociedad? \u00bfLa vocaci\u00f3n especial de los disminuidos econ\u00f3micamente, que ha\u00adb\u00edan ayudado a los ricos a abandonarse a la misericordia divina, ayudando y respetando a los pobres, ha desaparecido? Quiz\u00e1 el parlamento, los burgueses aspiran ahora demasiado al orden c\u00edvico y a la seguridad ciudadana. Quiz\u00e1s tambi\u00e9n quieren impu\u00adtar las turbulencias pasadas a estos vagabundos, a estas turbas de miserables. \u00bfSe puede sospechar que el parlamento y la bur\u00adgues\u00eda, deseosos de conciliarse con el rey y con la ciudad, pue\u00addan hacerlo una vez m\u00e1s a expensas de los contribuyentes po\u00adbres? En definitiva no les faltan razones para tranquilizar su conciencia: \u00bfno vienen los pobres y mendigos en bandas amena\u00adzando, saqueando, despojando? \u00bfNo atormentan con sus gritos y horrorizan con su aspecto deforme y con sus heridas insoportables? \u00bfNo son ladrones, amigos y c\u00f3mplices de ladrones? \u00bfNo fomentan las sedicciones e instigan a otros a participar en ellas? Severidad y pesimismo, incluso, menosprecio \u00bfexplican la caridad como pedagog\u00eda del siglo? Es muy probable, dada la semejanza de terap\u00e9utica proteccionista empleada en el trato re\u00adservado al ni\u00f1o, al demente, al mendigo. En ellos la naturaleza manifiesta un desequilibrio, una deficiencia. Por ello se interna a los pobres para ayudarles, para preservarles de las tentaciones funestas, para darles una formaci\u00f3n religiosa y una actividad profesional, pero, quiz\u00e1s, ante todo, para corregirles, para desha\u00adcerse de su presencia molesta, para castigarles. \u00bfLa caridad pier\u00adde con ello su capacidad conciliadora? No estamos lejos de afirmarlo. Los necesitados consideran el traslado al hospital ge\u00adneral como una segregaci\u00f3n, como una condena, quiz\u00e1s, como un castigo colectivo.<\/p>\n<p>La tentativa del \u00abgran encerramiento de los pobres\u00bb marca el siglo XVII, pero dista mucho de resumir todas las actitudes en el campo de la asistencia caritativo-social. Que en la sociedad del siglo XVII haya habido dureza, discriminaci\u00f3n, opresi\u00f3n y represi\u00f3n en el trato con los desheredados, que a veces se haya sentido repugnancia, rencor y miedo de ellos, es indiscutible. Sin embargo, la \u00abeminente dignidad de los pobres\u00bb no se ha desvanecido de muchos esp\u00edritus l\u00facidos y evang\u00e9licos de este mis\u00admo siglo. Si una teolog\u00eda desencarnada, una moral severa, unos comportamientos represivos, una sumisi\u00f3n al poder central conducen a la reclusi\u00f3n de los pobres, la humildad y la pobreza de Jesucristo invitan al desprendimiento, a la pr\u00e1ctica de la limosna,<\/p>\n<p>al servicio en favor de los desdichados. Los pobres siguen siendo la \u00abimagen\u00bb al natural de Cristo, como dice Vicente de Pa\u00fal, y la virtud de la pobreza es fruto de un amor, que lleva al desprendimiento y manifiesta el criterio de la caridad.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo aspecto nos parece importante se\u00f1alar: los pobres, mendigos, vagabundos del tiempo de Vicente de Pa\u00fal no s\u00f3lo se entregan a \u00abactividades criminales\u00bb, sin embargo, para una parte, al menos, de sus contempor\u00e1neos su mera existencia parece ser un crimen, ya que por su mismo estilo de vida rompen las conveniencias sociales. La sociedad proclama: los asociales y marginados contravienen las leyes; el aparato policial debe per\u00adseguirles y el aparato judicial debe condenarles. El historiador no puede considerar a la sociedad fi\u00e1ndose plenamente de las con\u00advenciones que nos imponen las normas y las apreciaciones reci\u00adbidas. Debe estudiar el mundo de los marginados, el mundo de los estratos pobres, como una parte de la sociedad en general. Tiene que acercarse a \u00e9sta por el borde de su franja marginal. Vicente de Pa\u00fal puede ayudar en gran medida al historiador a penetrar por esta l\u00ednea fronteriza en la sociedad de su tiempo. Su vida, actividad y doctrina son un exponente claro de abordar por esta zona a la sociedad. Para \u00e9l los pobres no son seres asociales o marginados que causan asco, rencor o miedo. Por ello ante el espect\u00e1culo de <em>errancia, <\/em>provocado por las bandas de pe\u00adque\u00f1os campesinos, jornaleros del campo, artesanos y obreros de la ciudad, exclama: \u00abLos pobres, que no saben a d\u00f3nde ni qu\u00e9 hacer, que sufren y que se multiplican todos los d\u00edas, cons\u00adtituyen mi peso y mi dolor\u00bb. Estos errantes, estos desarraigados le descubren las condiciones reales en las que se ha realizado, se sigue realizando, la verdadera redenci\u00f3n. Al mismo tiempo le desvelan el designio del amor de Dios en beneficio de los pobres, de los hombres en la encarnaci\u00f3n, el sentido y el objeto de <em>su encarnaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>\u00abTodo el designio del amor de Dios sobre el mundo se centra en el misterio de la encarnaci\u00f3n\u00bb, proclama B\u00e9rulle. Vi\u00adcente de Pa\u00fal tambi\u00e9n va a contemplar al Verbo encarnado, all\u00ed donde se oculta en la tierra, en el pobre. Una vez descubierta esta presencia de Cristo en el pobre, intentar\u00e1 con tenacidad, paciencia y audacia cobrar y hacer cobrar conciencia a la sociedad de las exigencias en el campo social, pol\u00edtico y religioso que reclama la encarnaci\u00f3n en el mundo de los pobres.<\/p>\n<p>El realismo y la encarnaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal expresan la osad\u00eda y la originalidad de su actividad socio-pol\u00edtica, de su <em>amor eficaz <\/em>en la lucha contra toda pobreza y en favor de los pobres rechazados, excluidos, marginados por la sociedad so pretexto del orden c\u00edvico, en virtud de la sumisi\u00f3n a un estado totalitario y represivo, a causa del ego\u00edsmo de quienes intentan vivir en un equilibrio civil y en una tranquilidad social. Vicente no solo no comparte la idea de encerrar a los pobres, sino que intenta por todos los medios reducir la opresi\u00f3n y represi\u00f3n ejercidas sobre ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada \u00e9poca, en raz\u00f3n de sus estructuras socio-econ\u00f3mico-pol\u00edticas, tiene su m\u00e1quina de fabricar pobres. De ah\u00ed que cada una produzca y posea los suyos propios. 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