{"id":400470,"date":"2017-03-14T08:28:48","date_gmt":"2017-03-14T07:28:48","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400470"},"modified":"2017-01-06T18:30:03","modified_gmt":"2017-01-06T17:30:03","slug":"las-exigencias-una-verdadera-caridad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-exigencias-una-verdadera-caridad\/","title":{"rendered":"Las exigencias de una verdadera caridad"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400152\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-paul-no-familia-pobre\/ranquines\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"ranquines\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400152 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>La Iglesia, en efecto, no est\u00e1 formada por santos, sino por pecadores, a todos los niveles de la responsabilidad. La obediencia no consiste en recibir \u00f3rdenes de santos; la ca\u00adridad no consiste en amar a santos. Es cierto que lo que constituye el coraz\u00f3n de la vida de la Iglesia es la caridad; y que reconocer la autoridad de los que tienen un cargo es un medio privilegiado para reconocer aquello en lo que Dios quiere servirse de nosotros. Pero en todas estas rela\u00adciones intervienen necesariamente elementos muy humanos, demasiado humanos sin duda, l\u00edmites y estrecheces, imper\u00adfecciones y el pecado mismo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ocurrir de otra manera entre los pecadores que somos?<\/p>\n<p>Es uno de los puntos en los que el realismo del Se\u00f1or Vicente m\u00e1s nos ayuda a comprender lo que es para la Iglesia vivir de la caridad. No exclama \u00e9l con demasiada facilidad: <em>\u00a1Mirad c\u00f3mo se aman! <\/em>Nos ayuda a descubrir c\u00f3mo ser fieles, humildemente y con perseverancia, en amar\u00adnos, cuando uno es a menudo dif\u00edcil de amar, y est\u00e1 uno tanto m\u00e1s necesitado de un verdadero amor. Nos ense\u00f1a a no extra\u00f1arnos de los defectos de los dem\u00e1s, y a amar a \u00e9stos aun as\u00ed, sabiendo que tampoco nosotros, ciertos d\u00edas, somos f\u00e1ciles de comprender y amar. Tambi\u00e9n aqu\u00ed proceden lo m\u00e1s a menudo los ejemplos que nos pone, de las comuni\u00addades por \u00e9l fundadas. Pero no nos enga\u00f1emos en ello, es un verdadero esp\u00edritu de Iglesia lo que \u00e9l define; por eso se refiere de grado a la comunidad apost\u00f3lica establecida por el Se\u00f1or: \u00abNuestra vocaci\u00f3n especial es ir por toda la tierra; \u00bfcon qu\u00e9 objeto? Con el de inflamar los corazones de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, \u00e9l, que vino a poner fuego al mundo para abrasarlo en su amor. \u00bfQu\u00e9 hemos de querer nosotros sino que arda y lo consuma todo? Es, pues, cierto, que fue enviado no solamente para que amara a Dios, sino para hacerle amar. No me basta a m\u00ed con amar a Dios, si mi pr\u00f3jimo no le ama. Pero si estamos obligados a llevar cerca y lejos el amor de Dios, si debemos inflamar las na\u00adciones, si estamos llamados a plantar este divino fuego por todo el mundo, si eso es as\u00ed, hermanos m\u00edos, \u00bfcu\u00e1n\u00adto no debo arder yo mismo en el fuego divino?<\/p>\n<p>La primera manifestaci\u00f3n de esta caridad debe ser el buen entendimiento entre los misioneros: \u00abLa uni\u00f3n entre vosotros har\u00e1 que la obra de Dios tenga \u00e9xito, y nada podr\u00e1 destruir esa obra si no es la desuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad las cosas son menos simples: \u00abLos hombres son de tal hechura, que est\u00e1n sujetos al choque mutuo, aun los m\u00e1s santos; testigos son san Pe\u00addro y san Pablo, y tambi\u00e9n san Pablo y san Bernab\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Quienes tienen una responsabilidad \u00aba nadie deben mirar como inferior a ellos, sino a todos como hermanos. Nuestro Se\u00f1or dec\u00eda a sus dis\u00adc\u00edpulos: Yo <em>no os llamo ya mis servidores, sino que os llamo amigos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esto no impidi\u00f3 que se manifestasen rivalidades entre ellos: \u00abVemos que esta emulaci\u00f3n se produjo en la primitiva compa\u00f1\u00eda de la Iglesia, que fue la de los Ap\u00f3stoles; pero sabemos tambi\u00e9n que Nuestro Se\u00f1or la reprimi\u00f3, ya con su palabra, reprendiendo a los que quer\u00edan er\u00adguirse, ya con su ejemplo, humill\u00e1ndose \u00e9l el primero\u00bb.<\/p>\n<p>Este ejemplo de Jesucristo debe ser nuestra regla; hace de nosotros testigos, es decir, en el sentido fuerte de esta palabra, m\u00e1rtires: \u00abPublicar las verdades y las m\u00e1ximas del Evangelio de Jesucristo, no con palabras, sino conformando uno su vida a la de Jesucristo, y dar testimonio de su bon\u00addad y de su santidad a fieles e infieles; y en consecuen\u00adcia vivir y morir de ese modo, eso es ser m\u00e1rtir\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos cristianos se indignan al comprobar que ya no hay verdadera caridad en la Iglesia; y piensan con toda na\u00adturalidad que tienen la culpa los dem\u00e1s; esos no carecen de defectos, por cierto, pero ser\u00eda vano reproch\u00e1rselos, si no comenz\u00e1semos nosotros mismos por ver todo lo que, por parte nuestra, contribuye a esa falta de caridad, la cual es, en efecto, un verdadero esc\u00e1ndalo. Lo que primero hemos de procurar es convertirnos nosotros mismos al amor, uno de cuyos elementos esenciales es aceptar que los dem\u00e1s sean lo que son, y no reproch\u00e1rselo, y amarles como son, as\u00ed co\u00admo Nuestro Se\u00f1or nos am\u00f3 con un amor que nos transforma y nos ense\u00f1a a que amemos a nuestra vez.<\/p>\n<p>Se imaginan algunos que el sufrimiento mutuo es como ponerse en el peor de los casos, una concesi\u00f3n que debe ha\u00adcerse a la imperfecci\u00f3n de los dem\u00e1s, como si s\u00f3lo ellos fuesen imperfectos. El Se\u00f1or Vicente nos ayuda a descubrir que ese sufrimiento es un elemento fundamental en nuestra vida como miembros de la Iglesia, y que nadie puede vivir ni crecer en la caridad, y dar testimonio de Jesucristo, si no es fiel en la humildad y en la mansedumbre. Ved con qu\u00e9 deli\u00adcadeza reprende \u00e9l mismo a uno de sus sacerdotes: \u00abNo puedo, no, no puedo, mi querido padre, expresaros el dolor que experimento contrist\u00e1ndoos. Os suplico me cre\u00e1is que, si no fuese por la importancia de la ma\u00adteria, preferir\u00eda mil veces sobrellevar yo el dolor que caus\u00e1roslo a vos\u00bb.<\/p>\n<p>El que carga con una responsabilidad, debe tener la sencillez de aceptar los l\u00edmites y los defectos de quienes co\u00adlaboran con \u00e9l: \u00abSi Dios no nos dio a grandes personalidades para sa\u00adlir adelante en nuestros proyectos, es que gusta mucho de que empleemos en ellos a los sujetos de los que dis\u00adponemos, por ineptos que sean\u00bb.<\/p>\n<p>Eso no est\u00e1 exento de dificultades: \u00abPuesto que sois el m\u00e1s antiguo y el superior, sopor\u00adtadlo todo, digo todo, en el buen Se\u00f1or Lucas; todo, digo una vez m\u00e1s, de manera que os despoj\u00e9is del superiorato y os acomod\u00e9is a \u00e9l con caridad. As\u00ed es como Nuestro Se\u00f1or gan\u00f3 y dirigi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Y como no puede evitarse que el superior corneta muchas faltas, \u00abno s\u00f3lo en su calidad de superior, sino tambi\u00e9n como misionero y como cristiano, debe sacar, ayudado de la gracia, indecibles ventajas de las advertencias que por caridad se le hacen\u00bb.<\/p>\n<p>El santo recomienda la misma caridad en el sufrimiento de aquellos que se quejan de las imperfecciones de sus su\u00adperiores: \u00abNo es posible hablar a hombres perfectos, de los que nada pueda decirse. Lo que falta a ese servidor de Dios no es de consideraci\u00f3n, si se lo compara con lo que tiene; y Nuestro Se\u00f1or suplir\u00e1 incluso lo que no tiene, en lo que os afecta a vos, si mir\u00e1is a Nuestro Se\u00f1or en \u00e9l, y a \u00e9l en Nuestro Se\u00f1or, como os lo suplico con todo mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Debe adem\u00e1s dominar una disposici\u00f3n ben\u00e9vola, previa a todo juicio: \u00abPor lo dem\u00e1s, hermano m\u00edo, deb\u00e9is afianzaros en la m\u00e1xima de estimar siempre que los superiores hacen todo cuanto pueden, que no hacen nada de cierta im\u00adportancia sin considerarlo ni aconsejarse, y que no est\u00e1 permitido a los hermanos decir mal de su conducta; de otra suerte tendr\u00edan tantos \u00e1rbitros con s\u00fabditos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta benevolencia es tanto m\u00e1s normal y necesaria, cuan\u00adto que tambi\u00e9n nosotros por nuestra parte la necesitamos ciertos d\u00edas. As\u00ed se lo escribe el Se\u00f1or Vicente a un herma\u00adno coadjutor que le hab\u00eda escrito denunciando todas las fal\u00adtas de caridad que advert\u00eda en su comunidad: \u00abLos santos cometieron faltas, y hasta los Ap\u00f3stoles ten\u00edan desacuerdos; mucho ten\u00eda que sufrir Nuestro Se\u00f1or entre ellos. Siendo, eso s\u00ed, hermano m\u00edo, \u00bfhabr\u00e1 que extra\u00f1arse de ver algo reprensible en aquellos con quienes est\u00e1is? Sab\u00e9is que vos tampoco est\u00e1is siempre en un mismo estado; si hoy sois exacto, si est\u00e1is muy unido a Dios y consol\u00e1is a toda la casa, ma\u00f1ana ser\u00e9is desordenado, laxo y un motivo de pena para los dem\u00e1s; \u00a0y tendr\u00e9is entonces necesidad de que os sufran a vos del modo que vos les habr\u00e9is sufrido a ellos. Por eso nos inculc\u00f3 tanto nuestro com\u00fan Padre y Se\u00f1or el amor rec\u00edproco, sabiendo lo dif\u00edcil que es vivir en paz para quienes no lo tienen. \u2014Ese es el amor que nos falta, dir\u00e9is. \u2014Muy bien, hermano m\u00edo, juzgad eso de vos y no de los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Al inculcar esta caridad, no pretende \u00fanicamente el san\u00adto regular el buen orden interno de la comunidad, sino que pone a la Iglesia en estado de cumplir con su misi\u00f3n: \u00abEstad todos bien unidos unos a otros y Dios os ben\u00addecir\u00e1, escribe a ocho misioneros que env\u00eda a Irlanda; pero que sea por la caridad de Jesucristo, pues ninguna uni\u00f3n que no est\u00e9 cimentada en la sangre de este divi\u00adno Salvador, puede subsistir. Es, pues, en Jesucristo, por Jesucristo y para Jesucristo como deb\u00e9is estar uni\u00addos unos con otros. El esp\u00edritu de Jesucristo es un es\u00adp\u00edritu de uni\u00f3n y de paz; \u00bfc\u00f3mo podr\u00edais llevar almas a Jesucristo, si no est\u00e1is vosotros mismos unidos unos a otros y con \u00e9l? No podr\u00eda ser: no teng\u00e1is, pues, m\u00e1s que un \u00fanico sentimiento y una \u00fanica voluntad, de otra suerte ocurrir\u00eda como con caballos que, enganchados a un mismo carruaje, tirasen unos hacia un lado y otros hacia otro, y lo destrozasen y rompiesen todo\u00bb.<\/p>\n<p><em>La vida misionera y sacramental<\/em><\/p>\n<p>Leyendo al Se\u00f1or Vicente, lo hemos comprobado, la Iglesia parece compuesta del Papa y de los obispos, de los sacerdotes y de las religiosas. El pueblo de Dios para nada entra, si no es como un pueblo de pobres al que hay que sacar de la miseria e iluminar con la luz maravillosa del Evangelio. Rige esta misi\u00f3n toda la vida de la Iglesia. Hay que correr a ella \u00abcomo cuando se corre a un incendio\u00bb. Para eso es necesario que hombres y mujeres consagren toda su vida a esa misi\u00f3n, la cual prosigue aquella que Je\u00adsucristo vino a ejecutar en este mundo. Mas para nada entra ah\u00ed el apostolado de los laicos, ni el sentido de una Iglesia toda ella misionera.<\/p>\n<p>Pero esta primera impresi\u00f3n pide ser matizada y corre\u00adgida. Cada vez que el Se\u00f1or Vicente hace a los cristianos verdaderamente cristianos, pone a \u00e9stos al servicio de los dem\u00e1s, al servicio de los m\u00e1s pobres de entre ellos, no en un esp\u00edritu de condescendencia, sino en un esp\u00edritu de humilde servicio: \u00abLos pobres son nuestros amos\u00bb.<\/p>\n<p>Trata as\u00ed con las grandes se\u00f1oras de la ciudad como con las humildes feligresas de Ch\u00e1tillon-les-Dombes, cuyo p\u00e1\u00adrroco fue un breve instante. Emplea a unas y otras seg\u00fan aquello de lo que son capaces. Al precio que sea, les abre a la miseria del pr\u00f3jimo, para ayudarles de esa suerte a salir de su propia miseria, ignorada demasiado a menudo: ego\u00edsmo, inconsciencia, indiferencia. Comprometerlas en las <em>solidaridades humanas, <\/em>como se dice hoy, no hubiese tenido sentido alguno en aquel tiempo. Pero las despierta a la idea de que no se puede ser cristiano m\u00e1s que creciendo en la caridad, una caridad que no se paga de palabras, sino que paga con la propia persona. Las necesidades materiales y los sufrimientos humanos tienen un precio a sus ojos; y des\u00adconf\u00eda de toda persona demasiado presta a hablar de Jesucristo sin que cosa alguna en su comportamiento manifieste lie vi ve del esp\u00edritu de Jesucristo.<\/p>\n<p>Si habla m\u00e1s de los sacerdotes de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, es porque no tenemos de \u00e9l m\u00e1s que palabras y escritos ocasionales, y porque ellos eran a quienes habitualmente se dirig\u00eda. Aunque unos y otros tienen en co\u00adm\u00fan el haber consagrado su vida al servicio de Dios y del pr\u00f3jimo, no pone \u00e9l a ambos en un mismo plano. Para \u00e9l los sacerdotes \u2014y no solamente los sacerdotes de la Misi\u00f3n-\u00adtienen un papel insustituible en la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>Como sus contempor\u00e1neos, vive en una Iglesia que, en la \u00e9poca que sucede al concilio de Trento, se repone del grave desgarr\u00f3n de la Reforma. Por no haberse sabido re\u00adformar a tiempo, la Iglesia se ha escindido. Hay que aplicar el remedio all\u00ed donde se origina el mal: obispos que son grandes se\u00f1ores, sacerdotes in\u00fatiles en las cortes principes\u00adcas, o bien pastores ineptos en el campo; r\u00e9gimen de bene\u00adficios, que da al dinero y al benepl\u00e1cito del pr\u00edncipe una par\u00adte abusiva en el reparto de los cargos&#8230; y de las rentas. Para reformar verdaderamente la Iglesia, hacen falta buenos obispos y buenos sacerdotes.<\/p>\n<p>Numerosos son los contempor\u00e1neos del Se\u00f1or Vicente que, como \u00e9l \u2014que da todos los indicios de haber iniciado en Francia el primer seminario\u2014 se emplear\u00e1n en dar bue\u00adnos sacerdotes a la Iglesia. El Se\u00f1or Olier en San Sulpicio, Bourdoise en San Nicol\u00e1s du Chardonnet; el cardenal de B\u00e9rulle y Monsieur de Condren en el Oratorio; san Juan Eudes en Normand\u00eda, todos ellos se aplican por este mismo tiempo a la obra primordial de los seminarios. Pero mientras el Oratorio y San Sulpicio acent\u00faan sobre todo la formaci\u00f3n de un sacerdote vuelto hacia Dios, <em>religiosos de Dios (\u00a1aun\u00ad<\/em>que Monsieur Olier era cura p\u00e1rroco!), m\u00e1s todav\u00eda que san Juan Eudes, el Se\u00f1or Vicente forma obispos y sacerdotes <em>misioneros, <\/em>hombres del todo entregados a lo que era tarea primordial de Jesucristo: \u00abAnunciar el Evangelio a los po\u00adbres\u00bb. Lo cual exige, por cierto, que sean hombres de Dios, totalmente entregados como Nuestro Se\u00f1or al benepl\u00e1cito del Padre. Pero el acento no es el mismo que el de los gran\u00addes maestros de la escuela francesa, de la que, sin embargo, ha tomado mucho, de B\u00e9rulle se\u00f1aladamente. Para \u00e9l no es la virtud de la religi\u00f3n la que ocupa el primer plano, sino la caridad ardiente, el celo apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente saca del Evangelio esta concepci\u00f3n del sacerdote: \u00abNuestro Se\u00f1or hizo sacerdotes y les instruy\u00f3 y form\u00f3, y dioles poder para que ellos hiciesen luego a otros: <em>Como el Padre me envi\u00f3 a m\u00ed, as\u00ed os env\u00edo yo a voso\u00adtros. <\/em>Su objeto era hacer por ellos lo que por s\u00ed mismo hab\u00eda hecho en su vida, salvar a todas las naciones, instruy\u00e9ndolas y administr\u00e1ndoles los sacramentos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n exige santidad: \u00abAhora que somos sacerdotes, estamos obligados a una santidad mayor y a socorrer a m\u00e1s almas. Nadie da lo que no tiene\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or form\u00f3 sacerdotes\u00bb.<\/p>\n<p>A los que se dedican a ello despu\u00e9s de \u00e9l, hace el santo graves recomendaciones: \u00abNo hay nada humano en eso; eso no es la obra de un hombre, es la obra de Dios. Es la prosecuci\u00f3n de los quehaceres de Jesucristo, y por eso no puede ah\u00ed sino echarlo todo a perder la industria humana, si Dios no interviene. Ni la filosof\u00eda, ni la teolog\u00eda, ni los discur\u00adsos obran en las almas; es preciso que Jesucristo inter\u00advenga junto a nosotros, que nosotros estemos junto a \u00e9l; que nosotros actuemos en \u00e9l, y \u00e9l en nosotros\u00bb. \u00abFor\u00admar sacerdotes no es obra de un d\u00eda, sino de muchos a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Si insiste as\u00ed, es en nombre de una convicci\u00f3n funda\u00admental: \u00ab\u00a1Oh, Se\u00f1ores! \u00a1Qu\u00e9 cosa tan grande es un sacerdote! De los sacerdotes depende el bien del cristianismo. Pe\u00adro, \u00a1Salvador m\u00edo! Si un buen sacerdote puede hacer grandes bienes, \u00a1oh! el mal que trae un sacerdote cuan\u00addo prevarica\u00bb.<\/p>\n<p>Esta convicci\u00f3n hace que ponga gran cuidado en el dis\u00adcernimiento de las vocaciones, por grande que sea la enver\u00adgadura de la necesidad de aut\u00e9nticos obreros apost\u00f3licos: \u00abLa mies es mucha, y hay pocos obreros; y aun sab\u00e9is que hay gran dificultad en formarlos buenos, y que entre los sujetos que se presentan, pocos son apropia\u00addos o est\u00e1n dispuestos a llegarlo nunca a ser\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel tiempo, como hoy, se discern\u00edan las vocaciones entre los que se presentaban; nada se oye de llamada alguna, dirigida a hombres que hubiesen tenido capacidad, pero no se percataban de ella. Tanta mayor importancia tiene escla\u00adrecer esas vocaciones. El punto al que el santo atribuye im\u00adportancia mayor, es la libertad en dar este paso. Se nos ha conservado una carta suya en la que responde a una inter\u00advenci\u00f3n episcopal demasiado insistente. En la \u00faltima parte de ella escribe: \u00abSiguiendo el consejo de nuestros mayores, hemos op\u00adtado por atenernos a la resoluci\u00f3n ya tomada, de no re\u00adcibir a nadie que nos sea presentado por sus parientes amigos, a causa de la experiencia que tenemos, seg\u00fan la cual, pocos son los que llegan de entre los que no lo han pedido ellos mismos, ni vienen por devoci\u00f3n y deseo de darse a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Desconf\u00eda de las vocaciones familiares. Al saber que el hermano de un religioso suyo manifiesta el deseo de entrar en su Compa\u00f1\u00eda, manda hacer una averiguaci\u00f3n: \u00abOs ruego me dig\u00e1is la edad y estudios que tiene, sus cualidades de esp\u00edritu, sus disposiciones corporales, en una palabra todo cuanto pueda darnos un conocimien\u00adto suficiente para juzgar si le podemos efectivamente admitir, o m\u00e1s bien dejar para otra vez, y si hemos de traerle aqu\u00ed o enviarle a Richelieu. Temo le atraiga el pensar en su hermano, o la curiosidad por ver Par\u00eds, ambas cosas a la vez, m\u00e1s que el deseo de renunciar por completo al mundo\u00bb.<\/p>\n<p>En un tiempo en que una vocaci\u00f3n pod\u00eda traer muchas ventajas al interesado y a su familia, el Se\u00f1or Vicente se acuerda de sus propios comienzos, y vela tanto m\u00e1s por la pureza de las motivaciones y de las intenciones. Para con las aptitudes es menos riguroso, pues sabe que Dios se com\u00adplace en servirse de instrumentos imperfectos, y no todos est\u00e1n hechos para las mismas tareas: \u00abHac\u00e9is muy bien atendiendo a las disposiciones cor\u00adporales y a las cualidades espirituales de los postulantes, escribe a un superior, para que no os hag\u00e1is cargo de ninguno, si es posible, que no vaya a llegar. Basta, sin embargo, con que tenga buena salud, un esp\u00edritu razonable y una buena intenci\u00f3n, aun cuando nada tenga de extraordinario, ni siquiera talento para la predicaci\u00f3n. Tenemos tantas otras cosas que hacer, a Dios gracias, que nadie que quiera trabajar estar\u00e1 ocio\u00adso entre nosotros. De las piedras, Dios sabe hacerse hijos de Abraham; y Nuestro Se\u00f1or, que escogi\u00f3 co\u00admo disc\u00edpulos a hombres rudos, hizo de ellos hombres apost\u00f3licos, los cuales, sin tener ciencia adquirida ni esp\u00edritus elevados, ni gran prestancia, sirvieron con todo de instrumentos a su divino Maestro para con\u00advertir al mundo. Sean los misioneros muy humildes, muy obedientes, muy mortificados, muy celosos y lle\u00adnos de confianza en Dios, y su divina bondad se servir\u00e1 de ellos \u00fatilmente por doquier, y suplir\u00e1 a otras cuali\u00addades que pudieran faltar\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto al papel propio del sacerdote en la Iglesia, hemos visto ya la insistencia del santo en el Anuncio de la Buena Nueva a los pobres; pero \u00e9sta no es \u00fanicamente mi\u00adsi\u00f3n del sacerdote; todos los miembros de la Iglesia est\u00e1n llamados a ella; a las se\u00f1oras de la Caridad, como a las Hijas de la Caridad, no cesa el Se\u00f1or Vicente de recordarles que no pueden contentarse con la ayuda y el socorro mate\u00adrial, sino que no deben omitir \u00abalguna buena palabra que brote del coraz\u00f3n\u00bb, para \u00abllevarles a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n del sacerdote sit\u00faa a \u00e9ste m\u00e1s estrictamente a\u00fan en el seguimiento de Jesucristo Salvador; y los poderes que le son propios deben permitirle jugar el mismo papel de discernimiento y de reconciliaci\u00f3n, o m\u00e1s bien permitir al Se\u00f1or mismo continuar, por mediaci\u00f3n suya, siendo el Sal\u00advador de todos, y en primer lugar de los pobres.<\/p>\n<p>Ser sacerdote, \u00abtal es la funci\u00f3n por excelencia del Hijo de Dios\u00bb, y es \u00abdarse a \u00e9l para que contin\u00fae ejecutando sus designios en nosotros y por nosotros\u00bb. \u00abEvangelizar a los po\u00adbres es la funci\u00f3n por excelencia del Hijo de Dios; y nosotros nos aplicamos a ella como instrumentos por los que el Hijo de Dios contin\u00faa haciendo en el cielo lo que hizo en la tierra\u00bb. \u00abEl car\u00e1cter de los sacerdo\u00adtes es una participaci\u00f3n en el sacerdocio eterno del Hijo de Dios. Es un car\u00e1cter del todo divino e incom\u00adparable, un poder sobre el cuerpo de Jesucristo \u2014sobre su cuerpo natural y sobre su cuerpo m\u00edstico\u2014 y un poder para perdonar los pecados de los hombres\u00bb. \u00abEstamos constituidos para reconciliar a las almas con Dios, y a los hombres unos con otros\u00bb.<\/p>\n<p>Una misi\u00f3n semejante exige santidad: \u00abSomos intercesores para reconciliar a los hombres con Dios. Ahora bien, para lograrlo, lo primero que debe\u00admos hacer es esforzarnos por agradar a Dios. Es pre\u00adciso que trabajemos por hacer reinar a Dios soberana\u00admente en nosotros mismos y luego en los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Solamente entonces estamos en situaci\u00f3n de ejercer el delicado papel de \u00e1rbitros que nos corresponde en virtud de un t\u00edtulo particular: \u00ab Nosotros los sacerdotes estamos obligados a saber cu\u00e1\u00adles son las verdaderas luces, \u00a1para desenga\u00f1ar a quienes caminan en tinieblas, para consolar a las almas agita\u00addas por falsas ilusiones! Y si no lo hacemos somos culpables ante Dios de tantas almas como perecen por culpa nuestra, pues nuestro car\u00e1cter nos obliga a eso\u00bb.<\/p>\n<p>Para ilustrar su pensamiento acerca del papel mediador del sacerdote, evoca la imagen b\u00edblica de Mois\u00e9s con los brazos alzados al cielo en un gesto de s\u00faplica. Es en 1655: \u00abHay guerra en todos los reinos cat\u00f3licos&#8230; Guerra por doquier, miseria por doquier. En Francia, \u00a1la gente sufre! \u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh Salvador! \u00bfQu\u00e9 puede hacer esa pobre gente de las fronteras, presa de estas miserias desde hace veinte a\u00f1os?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDec\u00eda&#8230; \u00a1qu\u00e9 digo, miserable! Se dec\u00eda \u00faltimamente que Dios aguarda a los sacerdotes para calmar su c\u00f3\u00adlera; aguarda a que se coloquen entre \u00e9l y la pobre gente, como Mois\u00e9s, para obligarle a librarla de los males causados por su ignorancia y sus pecados, y que no sufrir\u00edan otra vez, si estuviesen instruidos, y si se trabajase en su conversi\u00f3n. Han de hacer eso los sa\u00adcerdotes. Para eso nos da la pobre gente sus bienes; mientras trabaja, mientras lucha contra la miseria, so\u00admos Mois\u00e9s, que debemos elevar las manos continua\u00admente al cielo por ellos. Somos los responsables, si sufren por su ignorancia y sus pecados; somos los cul\u00adpables de todo lo que sufren, si no sacrificamos toda nuestra vida a instruirles\u00bb.<\/p>\n<p>El ritmo del pensamiento es muy caracter\u00edstico de la mente del santo. Para \u00e9l, el sacerdote, como Mois\u00e9s, tiene por misi\u00f3n situarse entre Dios y los hombres; pero mientras que el Mois\u00e9s de la biblia, en este episodio, se nos presenta como vuelto exclusivamente hacia Dios, el sacerdote debe aqu\u00ed volverse hacia los hombres para convertirlos, para re\u00admediar lo que, en ellos, atrae la c\u00f3lera divina, y por consi\u00adguiente para instruirles antes que nada.<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo puede hablar de c\u00f3lera divina, \u00e9l, que se ma\u00adravilla de la bondad infinita de Dios? Es que toma en serio ese amor de Dios, y tambi\u00e9n el pecado que lo desconoce; es para dar a conocer ese amor, para lo que renueva sin cesar el celo apost\u00f3lico de los sacerdotes. Pero sabe bien lo que desarma <em>la c\u00f3lera de Dios, <\/em>y es el amor mismo que nos de\u00admuestra en Jesucristo nuestro Salvador.<\/p>\n<p>Ese amor est\u00e1 en manos de los sacerdotes cuando ofrecen la santa misa, que es \u00abel medio m\u00e1s grande que tenemos de atraernos las bendiciones de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La misa est\u00e1 en el coraz\u00f3n de la vida y del ministerio de los sacerdotes, y el santo pide para ellos \u00abla gracia de que jam\u00e1s la ofrezcan por costumbre\u00bb. \u00abNosotros los sacerdotes de Dios. Debemos esforzarnos por ofrecer con la mayor perfecci\u00f3n que nos sea posible ese sacrificio a Dios, seg\u00fan la voluntad tambi\u00e9n de Dios, como Nuestro Se\u00f1or ofreci\u00f3 en la tierra el sa\u00adcrificio cruento e incruento de s\u00ed mismo al Padre Eter\u00adno; y nosotros, Se\u00f1ores, debemos en la medida de nuestras fuerzas ofrecer nuestros sacrificios al Padre Eterno en ese mismo esp\u00edritu que acabo de decir lo hizo Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Se muestra aqu\u00ed el papel insustituible del sacerdote, \u00abal que Jesucristo da todo poder, tanto sobre su cuer\u00adpo natural como sobre el m\u00edstico, el poder de perdonar los pecados, etc. \u00a1Oh Dios, qu\u00e9 poder! \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 dig\u00adnidad!\u00bb.<\/p>\n<p>Pero este poder no es, no redunda en propia ventaja, sino que est\u00e1 al servicio de los hombres; por eso se atiene el Se\u00f1or Vicente a la costumbre de su Compa\u00f1\u00eda, consis\u00adtente en \u00abno tomar nada de las misas que se nos manda decir\u00bb. \u00abHemos recibido de Dios la gracia de instruir y con\u00advertir a los pueblos; eso nada nos cost\u00f3, guard\u00e9monos de tomar nada de ello\u00bb.<\/p>\n<p>El sacerdote debe considerarse m\u00e1s bien como humilde ejecutor en la distribuci\u00f3n de los sacramentos, cuyo dispen\u00adsador es, y comenzar tomando en serio en su propia vida el ministerio de la reconciliaci\u00f3n del que es servidor. Una ma\u00f1ana en que se revest\u00eda para decir la santa misa, interrumpiose el santo: \u00abEl Evangelio me ense\u00f1a que al acercarse uno al altar, si se sabe de alguien que abrigue resentimiento contra uno, debe dejar la ofrenda&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 al instante ornamentos y sacrist\u00eda y fue en busca de alguien en Par\u00eds de quien sab\u00eda abrigaba contra \u00e9l cierto inmotivado resentimiento.<\/p>\n<p>Recomienda aquello que practica. Da mucha importan\u00adcia a la vida sacramental de las Hijas de la Caridad, especialmente a la confesi\u00f3n y a la comuni\u00f3n. A decir verdad, pien\u00adsa que en general las hermanas no pecan mortalmente; les pide se confiesen sencillamente con su p\u00e1rroco, sin palabre\u00adr\u00eda in\u00fatil, y se ofrezcan regularmente a la gracia del sacra\u00admento. En cuanto a la comuni\u00f3n, insiste en su importancia, y la recomienda a los seglares, aun a los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>No cree pueda uno disponerse a la comuni\u00f3n mejor co\u00admulgando de tarde en tarde, y deplora la nefasta influencia del jansenismo en este punto. No hay que dejarse apartar de la comuni\u00f3n, ni por la falta de gusto ni por las penas inte\u00adriores. En un solo punto es de una exigencia absoluta: la desuni\u00f3n con el pr\u00f3jimo: \u00ab\u00a1C\u00f3mo, hijas m\u00edas, ir a la sagrada comuni\u00f3n con la desuni\u00f3n en el coraz\u00f3n, estando en discordia con el pr\u00f3jimo! \u00a1Oh, lo que hay que guardarse de ello!\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que reconciliarse primero, y no solamente con Dios. El mismo dio ejemplo.<\/p>\n<p>Para completar este cap\u00edtulo sobre la Iglesia, falta decir una palabra de lo que el Se\u00f1or Vicente pensaba sobre Nues\u00adtra Se\u00f1ora. Tiene, cuando habla de la Virgen Mar\u00eda, la so\u00adbriedad y la justeza de expresi\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>\u00abLa madre de Nuestro Se\u00f1or permaneci\u00f3 siempre vir\u00adgen y fue casta\u00bb. \u00abEn la tierra, el Hijo de Dios someti\u00f3 obedientemente su voluntad a la Virgen Santa y a san Jos\u00e9\u00bb. \u00abLa Virgen Santa jam\u00e1s pec\u00f3, y sufri\u00f3 mu\u00adcho; \u00bfad\u00f3nde fueron los m\u00e9ritos de sus sufrimientos? A los tesoros de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso tiene la m\u00e1s simple confianza en la oraci\u00f3n a la Madre de Dios. Lo atestigua en la carta m\u00e1s antigua que de \u00e9l nos ha llegado, cuando relata, en 1607, la aventura de cautiverio en Berber\u00eda: \u00abDios mantuvo siempre viva mi confianza en la libera\u00adci\u00f3n por las asiduas oraciones que le dirig\u00eda a \u00e9l y a la Virgen Mar\u00eda, por cuya sola intercesi\u00f3n creo firme\u00admente haber sido liberado\u00bb.<\/p>\n<p>La Virgen Santa es sobre todo para \u00e9l el modelo del amor de Dios. En las Reglas de las Hijas de la Caridad, co\u00admienza con estas palabras: \u00abLa Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad se establece para amar a Dios, servirle y honrar a Nuestro Se\u00f1or su patr\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y a\u00f1ade: \u00aby a la Virgen Santa\u00bb.<\/p>\n<p>No es que ponga a \u00e9sta en el mismo plano; por el con\u00adtrario, la pone entre las mujeres que segu\u00edan a Jes\u00fas en el Evangelio; pero es que obraba por el amor y el agrado de Dios: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 os servir\u00e1 llevar un caldo, un remedio a los pobres, si el motivo de tal acci\u00f3n no fuese ese amor? Era el motivo de todas las acciones de la Virgen Santa, de las buenas mujeres que serv\u00edan a los pobres, guiadas por ella y por los Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Como Madre de Dios que era, nada de cuanto descubr\u00eda en su Hijo desperdiciaba: \u00abDe la Virgen Santa se dice que guardaba en su cora\u00adz\u00f3n las palabras de su Hijo; se llenaba de ellas y luego las meditaba, de suerte que nada perd\u00eda de todas sus pl\u00e1ticas. Veis, pues, mis queridas hermanas, si la Vir\u00adgen, que tanta conversaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n ten\u00eda con Dios, a la que se descubr\u00edan los sagrados misterios y que no perd\u00eda la presencia de Dios, si con todas las lu\u00adces naturales y sobrenaturales que soberanamente la co\u00adlocaban por encima de todas las criaturas, no dejaba de guardar cuidadosamente las santas palabras de su Hi\u00adjo, \u00bfqu\u00e9 no debemos hacer nosotros para conservar en nuestros corazones la unci\u00f3n de esta santa palabra?\u00bb.<\/p>\n<p>En un tiempo en que ciertos contempor\u00e1neos suyos, para exaltar a la Madre de Dios, se entregan a hip\u00e9rboles, con frecuencia admirables, de otro lado, el Se\u00f1or Vicente en\u00adcuentra el tono justo para demostrar a la vez lo que ella tie\u00adne de \u00fanico y lo cerca que est\u00e1 de nosotros. Quiere \u00e9l en una ocasi\u00f3n confortar a uno de sus hermanos muy pr\u00f3ximo a morir, y le pregunta simplemente: \u00ab\u00bfNo detest\u00e1is con todo vuestro coraz\u00f3n todo lo que es contrario al contento y benepl\u00e1cito de Dios? \u00bfNo quisierais haberle amado toda vuestra vida, como la Virgen Santa?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY no nos manifiesta \u00e9l en esa ocasi\u00f3n su sentir m\u00e1s \u00edntimo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Iglesia, en efecto, no est\u00e1 formada por santos, sino por pecadores, a todos los niveles de la responsabilidad. 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