{"id":400457,"date":"2017-03-02T08:16:54","date_gmt":"2017-03-02T07:16:54","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400457"},"modified":"2017-01-06T18:18:43","modified_gmt":"2017-01-06T17:18:43","slug":"papa-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/papa-los-obispos\/","title":{"rendered":"El Papa y los Obispos"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399722\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/conoces-san-juan-pablo-ii-test\/test-juan-pablo-ii\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"test juan pablo ii\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399722 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/test-juan-pablo-ii.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Simplificando su pensamiento, sin por eso deformarlo, puede decirse que es plenamente sumiso al Papa, pero que desconf\u00eda de Roma. Y desconf\u00eda en primer lugar del supe\u00adrior, emprendedor en demas\u00eda, que ha nombrado en Roma y el cual le urge a que establezca all\u00ed la sede del superior General de su peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda; no resulta conveniente esa urgencia: \u00abEn Roma, los esp\u00edritus son pacientes, observadores de la forma en que se conducen los hombres. Est\u00e1is en un lugar en el que hace falta una maravillosa reser\u00adva y circunspecci\u00f3n. Siempre o\u00ed decir que los italianos son la gente m\u00e1s mirada del mundo y que m\u00e1s des\u00adconf\u00eda de las personas que se apresuran. La reserva, la paciencia y la dulzura lo alcanzan todo entre ellos y con el tiempo; y como saben que nosotros los franceses vamos demasiado de prisa, nos dejan largo tiempo en tierra, sin establecer contacto con nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de sustituir a aquel superior, pone a su sucesor en guardia contra unas habilidades demasiado humanas, enderezadas a situarse bien en la curia: \u00abEl esp\u00edritu humano os dir\u00e1 que en Roma no es como en otras partes, que ah\u00ed es preciso insinuarse, que hace falta hacerse valer, autorizarse, que hay que actuar hu\u00admanamente con los humanos y servirse con ellos de medios humanos. Pero no lo cre\u00e1is, Se\u00f1or; todas esas m\u00e1ximas enga\u00f1an, cuando se trata de una Compa\u00f1\u00eda que Nuestro Se\u00f1or se ha suscitado, a la que anima \u00e9l con sus m\u00e1ximas y que pretende obrar seg\u00fan su esp\u00ed\u00adritu. Lo que os digo parece parad\u00f3jico; estad seguro, Se\u00f1or, de que os lo har\u00e1 ver la experiencia\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque desconf\u00eda, cree sin embargo el santo en la posi\u00adbilidad y hasta en la necesidad de un tipo muy diferente de comportamiento, el \u00fanico que conviene a la Iglesia de Jesu\u00adcristo. Y aqu\u00ed no habla solamente de o\u00eddas. El mismo fue a Roma dos veces en los primeros a\u00f1os de su sacerdocio, y evoca de grado su recuerdo conmovido: \u00abHeos ah\u00ed, pues, llegado por fin a Roma, escribe al sacerdote por \u00e9l enviado en 1631 para que consiga el reconocimiento de su Instituto. Roma, donde est\u00e1 la cabeza visible de la Iglesia militante, donde est\u00e1n los cuerpos de san Pedro y de san Pablo y de tantos otros m\u00e1rtires y santos personajes, que en otro tiempo die\u00adron su sangre y consagraron toda su vida a Jesucristo. Esta consideraci\u00f3n me conmovi\u00f3 de tal modo cuando estuve en Roma hace treinta a\u00f1os, que, aunque estaba cargado de pecados, no dej\u00e9 de enternecerme, hasta llorar, me parece\u00bb.<\/p>\n<p>Y recuerda varias veces que aquella fue para \u00e9l la oca\u00adsi\u00f3n de ver al Papa entonces reinante, Clemente VIII.<\/p>\n<p>En sus conferencias se manifiesta de manera muy fami\u00adliar la confianza que el. Se\u00f1or Vicente tiene en el Papa: \u00abVeis, es el Papa, es un santo var\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Concede sobre todo una gran importancia a su responsa\u00adbilidad doctrinal; pero para que \u00e9sta pueda expresarse con conocimiento de causa, vela por la informaci\u00f3n, con objeto de que sea justa la que llegue hasta el Soberano Pont\u00edfice, cuya buena fe est\u00e1 expuesta a denuncias calumniosas. De creer a estas \u00faltimas, la mayor\u00eda de los obispos franceses compartir\u00eda \u00ablos nuevos sentimientos\u00bb de una doctrina aven\u00adturada. \u00abImporta hacer ver que esos son muy pocos\u00bb, escribe el Se\u00f1or Vicente a los obispos; y obtiene la firma de ochenta y cinco de ellos para pedir al Papa la condenaci\u00f3n del jan\u00adsenismo. Desea que el soberano Pastor se exprese a tiempo con claridad; no hacerlo es \u00abdar tiempo a que los autores de doctrinas perniciosas esparzan su veneno\u00bb; y es tambi\u00e9n quitar el m\u00e9rito de la obediencia a varias personas de condici\u00f3n y de gran piedad \u00abque no ans\u00edan sino saber la verdad: en espera del re\u00adsultado de este ansia, siguen estando de buena fe en es\u00adte partido, que por este medio engrosan y fortifican, habi\u00e9ndosele adherido por la apariencia de bien y de reforma que predica, que es la piel de oveja de que siempre se cubrieron los verdaderos lobos para abusar de las almas y seducirlas\u00bb.<\/p>\n<p>El Papa es, adem\u00e1s de guardi\u00e1n de la doctrina, el primer responsable de la misi\u00f3n universal de la Iglesia; \u00e9l solo tiene el poder de enviar por toda la tierra. Y ese es el motivo por el que el Se\u00f1or Vicente recomienda la obediencia que le es debida: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n debemos obediencia? La Regla comienza por nuestro santo padre el Papa; es el padre com\u00fan de todos los cristianos, la cabeza visible de la Iglesia, el vicario de Jesucristo, el sucesor de san Pedro; a \u00e9l debemos obediencia nosotros que estamos en el mun\u00addo para instruir a los pueblos sobre la obediencia que han de mostrar ellos lo mismo que nosotros por ese pastor universal de nuestras almas. Nos corresponde darles ejemplo. A \u00e9l es, en la persona del santo, a quien Nuestro Se\u00f1or dice: <em>Pedro, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas, <\/em>a quien este mismo Salvador dio las llaves de su Iglesia. Es como otra especie de hom\u00adbre, hasta tal punto est\u00e1 por encima de los dem\u00e1s. De\u00adbemos pues, mirarle en Nuestro Se\u00f1or, y a Nuestro Se\u00f1or en \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>La obediencia aqu\u00ed apuntada, lo es esencialmente en una perspectiva misionera, pues \u00ab\u00fanicamente Su Santidad tiene en la tierra poder para enviar a todos los eclesi\u00e1sticos por todo el mundo para gloria de Dios y salvaci\u00f3n de las almas\u00bb.<\/p>\n<p>En lo concerniente a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, el fun\u00addador desea sin embargo, que \u00abSu Santidad tenga a bien que la direcci\u00f3n y disciplina de los enviados recaigan sobre el superior General\u00bb; pero eso no es con el fin de sustraerlos a la obediencia, pues \u00abesos enviados ser\u00e1n, sin embargo, respecto a Su Santi\u00addad como los servidores del Evangelio respecto a su se\u00f1or, de suerte que al decirles: <em>id all\u00e1, <\/em>est\u00e9n obligados a ir; <em>venid ac\u00e1, <\/em>vengan; <em>haced esto, <\/em>est\u00e9n obligados a hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>El santo ha recordado la obediencia debida al Papa; luego a\u00f1ade: \u00abDebemos obediencia a nuestros se\u00f1ores los obispos. Ellos comparten, seg\u00fan algunos, la autoridad del Papa; seg\u00fan otros, reciben \u00e9sta del mismo Jesucristo. Dej\u00e9\u00admoslo\u00bb.<\/p>\n<p>No es propio de \u00e9l discutir tal punto de doctrina, que el Vaticano H esclarecer\u00e1. Le basta con reconocer que tam\u00adbi\u00e9n a los obispos es debida la obediencia del servidor del Evangelio a su se\u00f1or: \u00abNosotros los sacerdotes les prometimos obediencia cuando recibimos el sacerdocio. Y no solamente a ellos y a sus sucesores, sino tambi\u00e9n a los prelados de las di\u00f3cesis donde tengamos que vivir y trabajar. Les esta\u00admos sujetos y dependemos de ellos en lo tocante a las misiones, predicaci\u00f3n, catequesis, penitencia y adminis\u00adtraci\u00f3n de los sacramentos, aunque, como un favor, hayan dejado a la Compa\u00f1\u00eda los reglamentos y orde\u00adnanzas que regulan su disciplina interna. Les debemos obediencia como a Dios. Ruego a quienes se env\u00ede a las di\u00f3cesis procedan de esta manera y les obedezcan exactamente\u00bb.<\/p>\n<p>Esta obediencia no se impone solamente a los sacerdo\u00adtes que llevan a cabo su misi\u00f3n; vale para todos y para todas. Ya en 1631, en una \u00e9poca en que a\u00fan no hab\u00eda fun\u00addado las Hijas de la Caridad, el Se\u00f1or Vicente, que se entera de cierta caritativa empresa de Luisa de Marillac en Cham\u00adpa\u00f1a, le recomienda tenga al obispo al corriente.<\/p>\n<p>\u00abMe parece har\u00edais bien y\u00e9ndole a ver y dici\u00e9ndole con toda sencillez y buena fe, por qu\u00e9 os rog\u00f3 el R. P. de Gondy os tomarais la molestia de ir a Champa\u00f1a, y lo que hac\u00e9is; y mostraos presta a cortar lo que no le agrade en vuestro proceder y a dejarlo todo, si as\u00ed lo desea; en eso est\u00e1 el esp\u00edritu de Dios. No encuentro bendici\u00f3n m\u00e1s que en eso. El obispo de Ch\u00e1lons es un santo var\u00f3n. Deb\u00e9is mirarle como al int\u00e9rprete de la voluntad de Dios en la situaci\u00f3n dada. Si juzga que de\u00adb\u00e9is cambiar algo en vuestro modo de obrar, hacedlo puntualmente, por favor. Si juzga que deb\u00e9is regresar, regresad tranquila y alegremente, pues har\u00e9is la volun\u00adtad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>A decir verdad, no todos los obispos eran, por este tiem\u00adpo, \u00absantos varones\u00bb, como el obispo de Ch\u00e1lons. Era el tiempo de los <em>beneficios, <\/em>cuyo sistema terminaba en nom\u00adbramientos sorprendentes a veces; en una \u00e9poca en que dis\u00adpon\u00eda de los beneficios el poder real, era grande el riesgo de ver nombrado al mayor adulador, y. no al m\u00e1s capacitado. El Se\u00f1or Vicente contribuy\u00f3 m\u00e1s que nadie a remediar en Francia esta situaci\u00f3n tan abusiva. Sab\u00eda que preparaba bue\u00adnos obispos cuando trabajaba en la formaci\u00f3n de sacerdo\u00adtes santos, primero en las reuniones semanales para los que ya eran sacerdotes, luego en los seminarios.<\/p>\n<p>De otro lado, muy pronto est\u00e1 en situaci\u00f3n de vigilar a quien ponga al frente de las di\u00f3cesis, no a sacerdotes indignos, sino a pastores cuyo celo apost\u00f3lico ha habido ocasi\u00f3n de valorar. Antes de morir, el rey Luis XIII hace que lo consulte para saber a qui\u00e9n ha de poner al frente de las di\u00f3cesis sin pastor, y se maravilla de su juicio: \u00abSe\u00f1or Vicente si yo recobrase la salud, los obispos pasar\u00edan tres a\u00f1os junto a vos\u00bb. Muy pronto le nombra la reina regente miembro del Consejo de Conciencia, y en adelante el consejo del Se\u00f1or Vicente prepondera en la elecci\u00f3n de los obispos de Francia, y s\u00f3lo el m\u00e9rito verdadero cuenta a sus ojos como a los Ojos de Dios.<\/p>\n<p>Mantiene adem\u00e1s una importante correspondencia con un buen n\u00famero de obispos, a los que no cesa de recordar las exigencias de su cargo, la primera de las cuales es la santidad; cree en efecto \u00abque un sacerdote ha de ser m\u00e1s perfecto que un reli\u00adgioso como tal, y mucho m\u00e1s un obispo\u00bb.<\/p>\n<p>Escribe a uno de ellos: \u00ab\u00a1Oh, lo rico que es el obispo y la admiraci\u00f3n que despierta, no s\u00f3lo en cuantos le ven, sino en cuantos oyen hablar del tesoro de sus virtudes! Es un hecho bien grande, que el mismo mundo declara como m\u00e1s estimable la santa pobreza de un obispo que conforma su vida a la de Nuestro Se\u00f1or, obispo de obispos, que las riquezas, el lujo y la pompa de un obispo que po\u00adsee muchos bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que decir que su corresponsal le hab\u00eda escrito acer\u00adca de la dificultad de cumplir con su cometido en su di\u00f3cesis (Boulogne y Saint-Omer), \u00abdada la baja renta\u00bb, y que hac\u00eda al mismo tiempo el recorrido de la visita pastoral \u00abcon un s\u00e9quito de seis personas a caballo\u00bb: \u00abeso extra\u00f1a y causa admiraci\u00f3n en todos\u00bb, le escribe el santo y a\u00f1ade: \u00abLo que digo, Monse\u00f1or, no impedir\u00e1 que aproveche la ocasi\u00f3n de exponer vuestras necesidades llegado el momento\u00bb.<\/p>\n<p>La di\u00f3cesis era ciertamente muy pobre, y los forajidos la devastaban a menudo. \u00abMe postro en esp\u00edritu a vuestros sagrados pies y pido vuestra santa bendici\u00f3n, yo, que soy en el amor de Nuestro Se\u00f1or, Monse\u00f1or, vuestro muy humilde y obe\u00addiente servidor\u00bb.<\/p>\n<p>Respetuoso en la forma, firme en el fondo, el Se\u00f1or Vi\u00adcente reconoce, pues, le responsabilidad de primer orden que los obispos tienen en la misi\u00f3n de la Iglesia. Es lo que escri\u00adbe en 1639 a santa Juana de Chantal: \u00abVivimos en el esp\u00edritu de los servidores del Evangelio en relaci\u00f3n con nuestros se\u00f1ores los obispos, y si nos dicen: <em>Id all\u00e1, <\/em>vamos; <em>venid ac\u00e1, <\/em>venimos; <em>haced esto, <\/em>lo hacemos\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta acaricia, adem\u00e1s de los tres votos de pobreza, cas\u00adtidad y obediencia, y el cuarto, que la mayor\u00eda de los miem\u00adbros de su Congregaci\u00f3n ha hecho, de dedicarse a la existencia del pobre pueblo, \u00abun quinto voto, que es el de obedecer a nuestros se\u00ad\u00f1ores los obispos en las di\u00f3cesis en las que estamos establecidos\u00bb.<\/p>\n<p>Como Superior General, se reserva naturalmente \u00abla disciplina dom\u00e9stica de la Congregaci\u00f3n\u00bb. Por lo dem\u00e1s, vigila\u00ad para que los obispos no empleen indistintamente a los sacerdotes de la Misi\u00f3n en tareas que no son de su vocaci\u00f3n; y si admite excepciones en este cam\u00adpo, por lo menos un punto en el que se mostrar\u00e1 inflexible con los obispos: la cuesti\u00f3n de las finanzas&#8230;<\/p>\n<p>El obispo de Tr\u00e9guier deseaba ver a los sacerdotes de la Misi\u00f3n ejerciendo el ministerio en su ciudad episcopal.<\/p>\n<p>\u00abLos habitantes de las ciudades no carecen ordinaria\u00admente de socorro espiritual\u00bb, le responde el santo; y, tras haber o\u00eddo el parecer de su confesor, invoca el respeto a las Reglas: \u00abPor eso, Monse\u00f1or, os suplicamos muy humildemen\u00adte, no permit\u00e1is que nuestros misioneros den este mal ejemplo a sus cohermanos; pues, dada la propensi\u00f3n que muchos tienen a trabajar en la ciudad, y m\u00e1s por los ricos que por los pobres, ser\u00eda de temer, si llegaran a acostumbrarse a ello, que no quisieran ya volver al campo en busca de la oveja perdida, y que se hiciesen as\u00ed in\u00fatiles a la Iglesia de Dios e incapaces de obedecer a los se\u00f1ores prelados\u00bb.<\/p>\n<p>Recuerda esas mismas Reglas, aunque algo m\u00e1s flexible\u00admente, al cardenal arzobispo de G\u00e9nova, que ped\u00eda a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, dieran retiros en las comunidades de religiosas. El Se\u00f1or Vicente admite esta excepci\u00f3n, pero desea que no se renueve: \u201cEn respuesta a vuestra carta del 13, escribe al supe\u00adrior de la comunidad, os dir\u00e9 que hay que obedecer al Se\u00f1or Cardenal en cuanto a los ejercicios espirituales de las casas de muchachas en las que desea trabaj\u00e9is, aunque tenemos por m\u00e1xima y costumbre alejar de la Compa\u00f1\u00eda todo ministerio entre muchachas, a causa del escaso bien que en \u00e9l puede hacerse y de los lazos que se traban, por lo menos en Francia. En caso de que Su Eminencia os mande hacer lo mismo en otros monasterios, me pregunt\u00e1is qu\u00e9 le dir\u00e9is. Respondo que procur\u00e9is prevenirle, inform\u00e1ndole de nuestra Re\u00adgla y de nuestra pr\u00e1ctica, cuando encontr\u00e9is ocasi\u00f3n favorable para ello. Y si, despu\u00e9s de eso, desea que pas\u00e9is por encima de ello, habr\u00e1 que hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>El santo hab\u00eda a\u00f1adido: \u00abpues debemos antes seguir su mandato que nuestra resoluci\u00f3n\u00bb,<\/p>\n<p>pero rasp\u00f3 estas \u00faltimas palabras.<\/p>\n<p>Un punto hay, en el que siempre sigui\u00f3 su resoluci\u00f3n, y es el concerniente a su independencia financiera. La his\u00adtoria del priorato de San L\u00e1zaro manifiesta, desde su origen, una determinaci\u00f3n que nunca ser\u00e1 desmentida. La Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se hab\u00eda fundado en 1625, y en 1626 era aprobada por el arzobispo de Par\u00eds; hab\u00edase establecido entonces en el colegio des Bons-Enfants, al que se retir\u00f3 el Se\u00f1or Vicente cuando dej\u00f3 la familia de los Gondi. El prio\u00adrato de San L\u00e1zaro era entonces un beneficio que gozaba de <em>frutos, derechos, rentas y emolumentos; <\/em>hab\u00edase fundado para que sirviese de leproser\u00eda, pero no hab\u00eda leprosos ya; y m\u00e1s que nada, Adrien Le Bon, can\u00f3nigo regular de San Agust\u00edn, viv\u00eda en tirantez con sus religiosos. Buscaba \u00e9l alg\u00fan otro beneficio con el que canjear su priorato. As\u00ed es co\u00admo. en 1630, tiene la idea de ofrec\u00e9rselo al Se\u00f1or Vicente, para que instale a su Congregaci\u00f3n. De ah\u00ed provendr\u00e1 el nombre de <em>Lazarista. <\/em>Seg\u00fan su costumbre, el santo se guar\u00addar\u00e1 bien de precipitarse en esta oferta tan ventajosa. El buen prior se extra\u00f1a: \u00abPero \u00a1c\u00f3mo, Se\u00f1or, tembl\u00e1is!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCierto, Se\u00f1or, me espanta vuestra propuesta; y me pa\u00adrece tan por encima de nosotros, que no osar\u00eda pensar en ella. Nosotros somos pobres sacerdotes que vivimos en la sencillez, sin m\u00e1s designio que el de servir a la pobre gente del campo\u00bb.<\/p>\n<p>Har\u00e1n falta casi dos a\u00f1os para triunfar sobre sus obje\u00adciones y llegar, en enero de 1632, a la anexi\u00f3n de San L\u00e1\u00adzaro a la Misi\u00f3n, que aprobar\u00e1 el arzobispo de Par\u00eds y con\u00adfirmar\u00e1 el rey por carta patente. En \u00e9sta \u00faltima, <em>Luis, rey por la gracia de Dios de Francia y de Navarra, <\/em>sabedor de que el priorato de San L\u00e1zaro se fund\u00f3 para <em>acoger y cuidar a los pobres leprosos, y viendo dicha enfermedad aplacada, de modo que no habr\u00eda al presente leproso alguno en dicho priorato, <\/em>juzga <em>no poder satisfacer las intenciones del fun\u00addador m\u00e1s dignamente que transfiriendo lo destinado al cui\u00addado de los cuerpos manchados de lepra a la curaci\u00f3n de la lepra del pecado. <\/em>Puesto que <em>los sacerdotes de la congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n tienen por \u00fanica preocupaci\u00f3n aplicarse gratuitamente a la instrucci\u00f3n del pobre pueblo, <\/em>a\u00f1ade el real texto, <em>en ejecuci\u00f3n del convenio acordado <\/em>por el prior de San L\u00e1zaro y sus religiosos con dichos sacerdotes <em>con be\u00adnepl\u00e1cito nuestro, <\/em>una transacci\u00f3n especial efect\u00faa <em>la dimi\u00adsi\u00f3n de dicho priorato, leproser\u00eda o administraci\u00f3n de San <\/em><em>L\u00e1zaro, frutos, rentas y emolumentos de los mismos, para que queden unidos, anexos e incorporados a perpetuidad a dicha congregaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>El Se\u00f1or Le Bon, prior de San L\u00e1zaro, rend\u00eda cuentas al arzobispo. El Se\u00f1or Vicente, en cambio, se niega a ello rotundamente: \u00abCuando entramos, nos condujo all\u00e1 el Se\u00f1or Arzobis\u00adpo de Par\u00eds y quiso obligarnos a rendirle cuentas, co\u00admo hac\u00edan los antiguos religiosos; pero le dije que pre\u00adfer\u00edamos volvernos; y por mucho que se me dijo, Dios me dio la gracia de mantenerme firme\u00bb.<\/p>\n<p>Invoca este precedente cada vez que, con ocasi\u00f3n de una nueva fundaci\u00f3n, el obispo de un lugar se preocupa a causa de la financiaci\u00f3n. Se lo recuerda todav\u00eda, en una de sus postreras cartas, el 17 de septiembre de 1660, al obispo de Narbona: \u00abParece que Vuestra Grandeza nos quiere obligar a rendir cuentas de lo temporal, que es algo con lo que ning\u00fan prelado nos ha comprometido, ni dentro ni fue\u00adra del reino en que estamos establecidos; ni siquiera la casa de San L\u00e1zaro quisimos aceptar con esa carga, aun cuando el lugar fuese muy ventajoso para nuestra congregaci\u00f3n. Y como el Se\u00f1or Arzobispo nos urgiese a aceptarla con esa condici\u00f3n, dij\u00edmosle que antes sal\u00addr\u00edamos que quedarnos all\u00ed con esa obligaci\u00f3n; y \u00e9l tuvo a bien exhimirnos de ella, para conservarnos, pues sin eso nos hubi\u00e9semos retirado\u00bb.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil ser m\u00e1s claro: Si insist\u00eds, marchamos. \u00bfPor qu\u00e9 una actitud tan inflexible? El Se\u00f1or Vicente no era hombre de dinero. No cesa de repetir a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, que viven del trabajo de la pobre gente, expuesta a las in\u00adclemencias del tiempo, al ardor del sol, a la lluvia: \u00abVivimos del patrimonio de Jesucristo, del sudor de la pobre gente. Debi\u00e9ramos siempre pensar, cuando va\u00admos al refectorio: <em>\u00bfHe ganado el alimento que voy a tomar? <\/em>Yo tengo con frecuencia este pensamiento, que me pone en confusi\u00f3n: <em>Miserable, \u00bfhas ganado el pan que vas a comer, este pan que te llega del trabajo de los pobres?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A las Hijas de la Caridad, que reciben a veces alg\u00fan donativo, les recuerda que no deben guardar para s\u00ed propias ni siquiera un ochavo: \u00ab\u00a1A qui\u00e9nes se lo quit\u00e1is, cuando os guard\u00e1is algo de lo que se os pone en las manos? A los pobres. \u00a1Oh Salvador! \u00a1A los pobres! Rob\u00e1is al mismo Dios. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Tomar lo destinado a la pobre gente, que no tiene m\u00e1s que lo que se le da, vosotras, que deb\u00e9is ser sus ma\u00addres y proveedoras! \u00a1He ah\u00ed algo peor que el pecado mortal, m\u00e1s all\u00e1 de lo que manda el voto! Es un sa\u00adcrilegio, pues ese bien pertenece al buen Dios y \u00e9l es quien ha inspirado darlo a los pobres. Se os conf\u00eda para que lo distribuy\u00e1is, y sois tan desgraciadas, \u00a1que os lo apropi\u00e1is! \u00a1Oh! \u00a1Dios m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 es eso? \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 desgracia! \u00a1Oh! \u00a1La miserable que haga eso!\u00bb.<\/p>\n<p>No, no es para cometer \u00abalgo peor que un pecado mor\u00adtal\u00bb, no es para reservarse las ventajas de un beneficio, por lo que el Se\u00f1or Vicente se niega a rendir cuentas a los obispos, a quienes de otro lado da pruebas de respeto y obediencia. \u00bfPor qu\u00e9, entonces? Las razones que da parecen poco convincentes: \u00abMi raz\u00f3n, dice a prop\u00f3sito de San L\u00e1zaro, era que, como andamos misionando de un lado para otro, es casi imposible anotar detalladamente los diversos gas\u00adtos que hacemos; y con esa dificultad, para sacar una cuenta, har\u00eda falta contar gastos que no habr\u00edamos he\u00adcho, en lugar de los verdaderos, cuya consignaci\u00f3n ha\u00adbr\u00edamos omitido; cosa que no podr\u00eda hacerse sin peli\u00adgro de pecar\u00bb.<\/p>\n<p>Esta objeci\u00f3n procede de una laudable ansia de honra\u00addez: las cuentas deben ser exactas; si no, \u00a1vale m\u00e1s no ha\u00adcerlas! En realidad, su reserva proviene de cierta desconfian\u00adza, puede que justificada por alguna experiencia. Sabe bien que el concilio de Trento ha recomendado se presenten anualmente las cuentas del seminario al obispo ante dos can\u00f3nigos y otros dos sacerdotes. No por eso deja de escri\u00adbir al superior de su residencia de Roma: \u00abHay algo que tiene enojosas consecuencias y es la obli\u00adgaci\u00f3n de rendir cuentas al se\u00f1or obispo y a todo el cabildo, aunque ello parece razonable. Ya no quisimos el trato de San L\u00e1zaro m\u00e1s que a condici\u00f3n de que se nos dispensara de rendir cuentas al Se\u00f1or Arzobispo, que era lo acostumbrado. \u00a1Oh! las enojosas consecuen\u00adcias que eso trae, aunque ello no tenga remedio, ha\u00adbi\u00e9ndolo ordenado as\u00ed el concilio\u00bb.<\/p>\n<p>Pienso yo, no obstante, que el argumento decisivo era, en definitiva, que el Se\u00f1or Vicente quer\u00eda ser su propio due\u00f1o, por juzgarlo as\u00ed necesario al buen \u00e9xito de las obras que hab\u00eda emprendido. A eso estaba acostumbrado y as\u00ed le iba bien. Y adem\u00e1s estaba hecho de esa forma. No pretend\u00eda por eso ser un modelo en todo. Muy al contrario, cuando en una de sus \u00faltimas pl\u00e1ticas, despu\u00e9s que ha hablado de la obediencia debida al Papa y a los obispos, y recordado a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, no emprendan nada en las parro\u00adquias sin el consentimiento de los p\u00e1rrocos, aborda la obe\u00addiencia que \u00abcon prontitud, alegr\u00eda y perseverancia\u00bb se debe al superior General, se humilla hasta el exceso: \u00abQueda la obediencia al superior. \u00a1Oh miserable!, \u00a1obe\u00addecer a un desobediente, para con Dios, para con la santa Iglesia, para con mi padre y mi madre en la infancia! \u00a1Y toda mi vida apenas ha sido m\u00e1s que des\u00adobediencia! \u00a1Ay! Se\u00f1ores, \u00bfa qui\u00e9n prest\u00e1is obediencia? A uno que, como esos escribas y fariseos de los que acabo de hablaros, est\u00e1 lleno de vicios y de pecados. Pero eso es lo que har\u00e1 meritoria vuestra obediencia\u00bb.<\/p>\n<p>Cierto, sabe que no es perfecto; nada obsta sin embargo, a que prest\u00e1ndole obediencia \u00aben todo aquello en lo que no se vea pecado\u00bb, se pondr\u00e1 uno en estado de hacer lo que Dios manda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Simplificando su pensamiento, sin por eso deformarlo, puede decirse que es plenamente sumiso al Papa, pero que desconf\u00eda de Roma. 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