{"id":400443,"date":"2017-02-18T08:29:36","date_gmt":"2017-02-18T07:29:36","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400443"},"modified":"2017-01-05T18:30:55","modified_gmt":"2017-01-05T17:30:55","slug":"diablo-propone-mal-capa-bien","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/diablo-propone-mal-capa-bien\/","title":{"rendered":"El diablo propone el mal bajo capa de bien"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399979\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritu-vicenciano-e-identidad\/identidad-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"identidad\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399979 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/identidad.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>El Se\u00f1or Vicente cre\u00eda en el diablo, y habla de los de\u00admonios con la misma sencillez que el Evangelio, el cual re\u00adconoc\u00eda su influencia, no s\u00f3lo en los casos de clara posesi\u00f3n, sino en diversas enfermedades. Expres\u00e1base a este respecto en funci\u00f3n de los conocimientos m\u00e9dicos de su tiempo, y el resultado no est\u00e1 exento de pintoresquismo. He aqu\u00ed, por ejemplo, la advertencia que dirige a las Hijas de la Caridad, propensas a dormirse durante el tiempo de la oraci\u00f3n, muy de madrugada, es cierto: \u00abEl diablo hace cuanto puede para impedir que haga\u00admos oraci\u00f3n, pues sabe bien que, si es el primero en llenar de pensamientos fr\u00edvolos nuestro esp\u00edritu, ser\u00e1 el amo de \u00e9ste todo el d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, lo hemos visto, aunque admite que una urgen\u00adcia puede impedir se comience el d\u00eda por la oraci\u00f3n y fuerce a posponerla, a\u00f1ade: \u00abque ocurra lo m\u00e1s raramente posible\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a las que se quejan de sue\u00f1o en la oraci\u00f3n, ve en ello una tentaci\u00f3n: \u00abHay que estar muy en guardia contra esta tentaci\u00f3n, pues ordinariamente lo es\u00bb.<\/p>\n<p>Cierto, puede haber causas naturales: \u00abEl sue\u00f1o puede, es verdad, estar motivado por una mala noche, o por el demasiado trabajo del d\u00eda ante\u00adrior. Pero eso es excepcional\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1ade en efecto: \u00abSab\u00e9is bien que hay un diablo cuya ocupaci\u00f3n consis\u00adte en adormecer a las personas que oran. Turba los humores del cuerpo de tal manera, que \u00e9stos mandan a la cabeza vapores que adormecen\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no se detiene en esta explicaci\u00f3n digna de <em>Monsieur Purgon<\/em>, sino que como remedio de ello da consejos de simple buen sentido: \u00abSi dormirse en la oraci\u00f3n se convirtiese en costumbre, habr\u00eda que ponerse en pie para desacostumbrarse, besar la tierra, o renovar cada poco la atenci\u00f3n, pues, de no pon\u00e9rsele remedio, este mal h\u00e1bito se manifiesta todos los d\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Un diablo encargado de adormecer a las personas que oran&#8230; Un mal h\u00e1bito&#8230; El resultado de una fatiga exce\u00adsiva o de una mala noche&#8230; Diferentes causas pueden pro\u00adducir el mismo resultado. Pero, en definitiva, el Se\u00f1or Vicen\u00adte piensa que hace falta buscar antes del lado de las causas naturales y poner remedio.<\/p>\n<p>Bien se echa de ver en los sabios consejos que da a una familia turbada por \u00abruidos subterr\u00e1neos y reiterados que oye todas las noches\u00bb. No excluye indudablemente los fen\u00f3\u00admenos extraordinarios, como hab\u00eda de experimentarlos m\u00e1s tarde el cura de Ars, caso en el que admitir\u00eda se recurriese \u00aba las bendiciones que la Iglesia permite para seme\u00adjantes vej\u00e1menes\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no es ah\u00ed donde hay que comenzar: \u00abCercioraos antes de que ese ruido extraordinario no viene de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Emite varias hip\u00f3tesis: una broma de mal gusto&#8230; o acu\u00ad\u00f1aci\u00f3n de moneda falsa: \u00abLa primera idea que sobre ello se me ha ocurrido, es que alguien hace ese ruido por chanza y para burlarse de vuestro asombro, o con objeto de quitaros la tran\u00adquilidad y el reposo, y a fin de que dej\u00e9is la casa. Si se hace por chanza, no se interrumpir\u00e1, una vez se sepa el susto que os causa\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a la segunda hip\u00f3tesis, \u00absi es con un mal fin, o que se trabaja en alguna fabri\u00adcaci\u00f3n prohibida, como es la acu\u00f1aci\u00f3n de moneda, seg\u00fan alguno se lo ha figurado, puede que desistan cuando oigan que se habla p\u00fablicamente del ruido sordo que se nota de noche, pues temer\u00e1n ser descu\u00adbiertos del todo, e ir\u00e1n a alg\u00fan otro sitio\u00bb.<\/p>\n<p>Reitera su advertencia a los que se imaginan demasiado f\u00e1cilmente que pueda ser \u00abalg\u00fan esp\u00edritu travieso o maligno\u00bb el que hace ese ruido para turbarles: \u00abOjo, por favor, no vaya a ser alg\u00fan artilugio hu\u00admano\u00bb.<\/p>\n<p>Y les invita por fin a estar en paz: \u00abPor lo dem\u00e1s, de dondequiera venga ese ruido y ocu\u00adrra lo que ocurra, no hay que apurarse, sino estad en paz, despreciando todo eso; no experimentar\u00e9is ning\u00fan mal, si Dios no lo quiere; y si lo quiere, ser\u00e1 en orden a un bien, pues en eso se convierte siempre todo en quienes le sirven\u00bb.<\/p>\n<p>No son, pues, los extraordinarios fen\u00f3menos exteriores, lo que el Se\u00f1or Vicente teme del diablo, sino, m\u00e1s sutil y peligrosamente, las tentaciones que puede hacer brotar en el fondo de los corazones, tanto m\u00e1s cuanto que, seg\u00fan ex\u00adplica a las Hijas de la Caridad, presenta el mal bajo capa de bien.<\/p>\n<p>\u00abMis queridas hermanas, para saber lo que no es sino tentaci\u00f3n, hay que prestar atenci\u00f3n a su contrario, que es la inspiraci\u00f3n. La tentaci\u00f3n es un movimiento que nos lleva al mal, y la inspiraci\u00f3n es otro movimiento que nos lleva al bien. El diablo nos lleva al mal por la tentaci\u00f3n, y Dios nos lleva al bien por la inspira\u00adci\u00f3n. Ahora bien, mis queridas hermanas, es propio de Dios llevar siempre al bien, y propio del diablo lle\u00advar al mal, lo mismo que de la carne y del mundo. A veces el diablo presenta el mal abiertamente; pero de ordinario lo presenta bajo capa de bien\u00bb.<\/p>\n<p>El tentador no carece, por lo dem\u00e1s, de recursos para lograr sus fines: \u00abPresenta el objeto como muy agradable y \u00fatil; le pone salsa para hacer que guste; si ve que no se accede a su propuesta, que se resiste a esta primera tentaci\u00f3n, cam\u00adbiar\u00e1 de salsa\u00bb.<\/p>\n<p>No vayamos a figurarnos por eso que, para el Se\u00f1or Vicente, estamos expuestos a dos poderes iguales que nos reclaman, a dos esp\u00edritus, el bueno y el malo. No hay medida com\u00fan al Esp\u00edritu de Dios y al tentador. Este es ciertamente h\u00e1bil, y nunca ceja, pero no tendr\u00e1 en nosotros m\u00e1s influen\u00adcia que la que le dejemos. Lo explica el santo claramente a sus hijas, despu\u00e9s de indicarles algunos medios para resis\u00adtir a \u00e9l: \u00abPero \u00bfhay que ceder? \u00bfQu\u00e9 medios hay para no con\u00adsentir en las tentaciones? Hermanas m\u00edas, el primer medio es que os acord\u00e9is de ello cuando rec\u00e9is el Pa\u00addre nuestro; el segundo es que os acord\u00e9is bien de las tentaciones de que se sirve el diablo para tentar a las Hijas de la Caridad; el tercero, mis queridas hermanas, es acudir a Dios, pedirle su ayuda para no consentir en la tentaci\u00f3n, y decir: Oh Dios m\u00edo, \u00bfsufr\u00eds en m\u00ed una tentaci\u00f3n semejante? Y si contin\u00faa, comenzar de nuevo a rezar, y dec\u00edrselo a la Se\u00f1orita, al Se\u00f1or Portail y a m\u00ed. Veis, mis queridas hermanas, a una herma\u00adna fiel en descubrirse a sus superiores, no podr\u00e1 nun\u00adca enga\u00f1arla el diablo.<\/p>\n<p>Si la tentaci\u00f3n contin\u00faa tras haber hecho todo eso, no os extra\u00f1\u00e9is, pues dice Dios que todos cuantos quie\u00adren vivir santamente ser\u00e1n tentados. Ruego a Nuestro Se\u00f1or nos d\u00e9 la gracia de hacer buen uso de todo esto, y sobre todo de conocer bien las tretas del esp\u00edritu ma\u00adligno, y de resisitir de la forma que se ha dicho y de acordarnos de que el diablo puede ciertamente ten\u00adtarnos, pero, sin nuestra voluntad, no nos arrastrar\u00e1 al mal\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDe ordinario, el diablo presenta el mal bajo capa de bien\u00bb.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente ilustra en diversas ocasiones esta con\u00advicci\u00f3n con ejemplos concretos. En la tendencia que tienen ciertos hombres de acci\u00f3n a emprender, bajo pretexto de celo, m\u00e1s tareas de las que pueden llevar a cabo, reconoce \u00e9l la acci\u00f3n perniciosa del tentador que intenta derribar, o por lo menos rechazar; y he aqu\u00ed c\u00f3mo se lo advierte a un obispo: \u00abEl esp\u00edritu maligno, que prevee la gloria que Dios va a obtener de vuestra preciada conservaci\u00f3n, pide nada m\u00e1s veros emprender demasiado al comienzo, para ver bien presto c\u00f3mo se os derriba. Y aun cuando Vuestra Grandeza tuviese fuerzas corporales suficien\u00adtes para continuar el trabajo comenzado, tendr\u00eda su\u00adficiente malicia para servirse de este mismo trabajo con el fin de cansar vuestro esp\u00edritu, sabiendo bien que, ha\u00adbi\u00e9ndolo una vez apartado de vuestras santas aplica\u00adciones, le har\u00eda mirar otras m\u00e1s agradables y menos \u00fatiles, mientras que, si acept\u00e1is con calma pasar nece\u00adsidad, extender\u00e9is a lo largo y a lo ancho los frutos de vuestras funciones apost\u00f3licas\u00bb.<\/p>\n<p>Del mismo modo puede provenir de la sutil influencia de este maestro en \u00abilusiones\u00bb que es el tentador, una cierta b\u00fasqueda de eficacia y de \u00e9xito demasiado humanos, bajo pretexto de procurar una mayor gloria a Dios. Se est\u00e1 tan\u00adto m\u00e1s expuesto a ello, cuanto m\u00e1s se quiere seguir a Je\u00adsucristo: \u00abEl demonio trabaja poco por atraer a su lado a las personas del mundo. Est\u00e1 en poder de ellas. Pero en cuanto a las que se han retirado del mundo para vivir con Jesucristo, esas est\u00e1n m\u00e1s sujetas a ilusiones\u00bb.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente se lo advierte a los sacerdotes de la Misi\u00f3n haci\u00e9ndoles notar que, \u00abmientras Nuestro Se\u00f1or se relacion\u00f3 con la gente y se mantuvo en recogimiento con su Padre, no fue tenta\u00addo; pero al retirarse al desierto y entregarse a una pe\u00adnitencia que a\u00fan no hab\u00eda practicado, entonces fue cuando le tent\u00f3 el esp\u00edritu maligno y tuvo la osad\u00eda de tentarles tres veces sucesivas\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros somos blanco de los artificios del ten\u00adtador, \u00abestamos m\u00e1s expuestos a las ilusiones que las perso\u00adnas del mundo\u00bb, a\u00f1ade. La tentaci\u00f3n mira siempre a inducir a error:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQuer\u00e9is saber lo que es el esp\u00edritu maligno en rela\u00adci\u00f3n con nosotros? No es m\u00e1s que ilusi\u00f3n y enga\u00f1o; nos persuade, ingenioso como es, de que seremos di\u00adchosos si llegamos a tal cosa; hasta hace nos persua\u00addamos de que interesa a la gloria de Dios salir con aplauso de la predicaci\u00f3n, y que hay que se\u00f1alarse en una provincia\u00bb.<\/p>\n<p>Puede que con m\u00e1s peligro a\u00fan, el diablo busque crear la divisi\u00f3n entre las personas, y hasta entre aquellas que est\u00e1n dedicadas a una misma tarea apost\u00f3lica. El Se\u00f1or Vicente pas\u00f3 por esa experiencia en los primeros a\u00f1os de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Uno de sus sacerdotes, dando cr\u00e9dito a chismes, tan a menudo acogidos con tanta facili\u00addad, sospecha que el santo proceda en relaci\u00f3n con \u00e9l por v\u00edas tortuosas; por fortuna no duda en descubrirse a \u00e9l. En una respuesta llena de amistad, el Fundador le tranquiliza sobre su manera de obrar y le invita a desechar la tenta\u00adci\u00f3n: \u00abSab\u00e9is que la bondad de vuestro coraz\u00f3n me ha da\u00addo, a Dios gracias, la libertad de hablaros con toda confianza y sin ocultaron ni disimularos nada; y me parece que hab\u00e9is cre\u00eddo saberlo hasta el presente por mi proceder para con vos. \u00a1Jes\u00fas, Dios m\u00edo; estar\u00eda yo reducido a tal desgracia, que tuviera que decir al\u00adgo en relaci\u00f3n con vos contrario a la santa sencillez! \u00a1Oh, Dios me guarde, Se\u00f1or; ni en relaci\u00f3n con ning\u00fan otro! Es la virtud que m\u00e1s quiero y a la que presto m\u00e1s atenci\u00f3n en mis acciones, me parece; y, si se me per\u00admite decirlo, dir\u00eda que eso ocurre con cierto progreso, por la misericordia de Dios. En nombre de Dios, pa\u00addrecito m\u00edo, rechazad esos pensamientos como tenta\u00adciones que el esp\u00edritu maligno pone en el vuestro y creed que mi coraz\u00f3n no es tanto m\u00edo como vuestro\u00bb.<\/p>\n<p><em>C\u00f3mo vencer la tentaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>\u00abEl diablo puede tentarnos, pero sin nuestra voluntad, no nos arrastrar\u00e1 al mal\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque el diablo es, en efecto, h\u00e1bil, no es todopode\u00adroso, no tiene sobre nosotros m\u00e1s poder que el que le con\u00adcedemos dando entrada a la tentaci\u00f3n; y para resistirle te\u00adnemos la fuerza de Dios.<\/p>\n<p>\u00abEn nombre de Dios, aguantad, escribe el Se\u00f1or Vi\u00adcente a un sacerdote, no rind\u00e1is armas; va en ello la gloria de Dios, la salvaci\u00f3n tal vez de un mill\u00f3n de almas y la santificaci\u00f3n de la vuestra. Recordad, Se\u00f1or, que ten\u00e9is a Dios con vos, que combate con vos, que vencer\u00e9is infaliblemente. El demonio puede ladrar pe\u00adro no morder; puede causaros temor, pero no mal; y eso os lo aseguro ante Dios, en presencia del cual os hablo. La confianza en Dios y la humildad os obten\u00addr\u00e1n la gracia necesaria para eso\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad. Ella es para el santo, con la mansedumbre uno de los medios m\u00e1s seguros de deshacer las tretas del diablo: \u00abLa amargura nunca ha servido m\u00e1s que para amar\u00adgar\u00bb, escribe el santo a un predicador que, para salir al paso de las dificultades que hallaba, adoptaba un tenor arrogante: \u00ab\u00a1Ay, buen Dios! \u00a1C\u00f3mo vencer con el mismo esp\u00edritu a esp\u00edritus semejantes al que me describ\u00eds! Si combati\u00admos al diablo por esp\u00edritu de orgullo y de suficiencia, no le venceremos jam\u00e1s, pues tiene m\u00e1s orgullo y su\u00adficiencia que nosotros; pero si actuamos contra \u00e9l con humildad, le venceremos, pues no tiene ese arma, ni se sabe defender contra ella\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSi combatimos al diablo&#8230;\u00bb. Hay que combatirlo, en efec\u00adto, si no, se instala sutilmente, sin ruido, sin gran pecado, haci\u00e9ndonos perder el gusto de buscar lo que Dios espera de nosotros e inmoviliz\u00e1ndonos en la tibieza. Esa aparente tranquilidad es un estado temible. La tibieza es un estado de condenaci\u00f3n: \u00abEl cielo padece violencia, escribe el Se\u00f1or Vicente a un seminarista mediocre, hay que combatir para ga\u00adnarlo, y combatir hasta el l\u00edmite los sentimientos de la carne y de la sangre. Si lo hac\u00e9is, mi querido hermano, ya no ser\u00e9is vos quien viva, sino que vivir\u00e1 Jesucristo en vos\u00bb.<\/p>\n<p>El joven hab\u00edale manifestado sus dificultades en tomar a pecho las exigencias de su formaci\u00f3n, esperando de \u00e9l al\u00adg\u00fan remedio: \u00abDeseo d\u00e1roslo, mi querido hermano, y lo deseo tanto m\u00e1s cuanto que siento mucho vuestra pena, por la es\u00adtima y afecto que siempre por vos tuve. Mas para curar vuestro mal, hay que conocerlo. Por mi parte, estimo que consiste en cierta languidez de la voluntad y pereza del esp\u00edritu para las cosas que Dios pide de vos.<\/p>\n<p>No me asombro de eso, pues todos los hombres est\u00e1n naturalmente en ese estado. Y si me pregunt\u00e1is: \u00bfde d\u00f3nde proviene la diferencia entre unos, que son fer\u00advientes, y otros, que son laxos? Respondo que aqu\u00e9llos pasan por encima de las repugnancias de la naturaleza, y \u00e9stos no se esfuerzan por superarlas; que los prime\u00adros est\u00e1n en paz, sin tener el coraz\u00f3n partido, por ha\u00adb\u00e9rselo dado todo a Dios, y que los segundos viven en la inquietud porque, queriendo amar a Dios, no dejan de amar otras cosas fuera de Dios; y esas cosas son las comodidades del cuerpo, que torna al alma pesada en la pr\u00e1ctica de las virtudes. Eso es lo que engendra y nutre la pereza, que es el vicio de los eclesi\u00e1sticos. Es el estado al que Dios tiene m\u00e1s horror. S\u00ed, la tibie\u00adza es un estado de condenaci\u00f3n. \u00a1Oh mi querido her\u00admano, el gran motivo que tenemos para temblar vos y yo, sabiendo que es maldito de Dios aquel que hace la obra de Dios con negligencia!\u00bb.<\/p>\n<p>La palabra y la idea de la condenaci\u00f3n vuelven una y otra vez en el Se\u00f1or Vicente. Cree \u00e9l que nos podemos per\u00adder. En su incansable celo por llevar la Buena Nueva de Jesucristo al pobre pueblo del campo que no tiene idea de ella, existe el temor de verle perecer en la ignorancia de las verdades necesarias para su salvaci\u00f3n. <em>\u00abEl que crea se salvar\u00e1\u00bb. <\/em>De ah\u00ed la vehemente lecci\u00f3n dada al seminarista tan po\u00adco celoso:<\/p>\n<p>\u00abDios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 lecci\u00f3n nos dais por los trabajadores del campo, los artesanos de las ciudades y los soldados que van a la guerra! Trabajan sin cesar y sufren por cosas que perecen con ellos; y nosotros, para salvarnos, para que Dios sea honrado y servido en la tierra y que la pasi\u00f3n de Jesucristo se aplique eficazmente a las almas que cre\u00f3 para el cielo, \u00a1no queremos tomarnos ninguna molestia ni vencer nuestras malas inclina\u00adciones! \u00bb.<\/p>\n<p>Para avivar el celo de un predicador, m\u00e1s dado a com\u00adplacerse en trabajos de erudici\u00f3n indefinidamente prolonga\u00addos que a salir de misiones, evoca de manera dram\u00e1tica la llamada a la salvaci\u00f3n de aquellas multitudes, \u00e1vidas, sin saberlo, de la palabra de la salvaci\u00f3n: \u00abRepresentaos, pues, Se\u00f1or, que hay millones de almas tendi\u00e9ndoos las manos y dici\u00e9ndoos: \u00a1Ay, Se\u00f1or du Coudray, que desde toda la eternidad fu\u00edsteis escogido por la Providencia de Dios para ser nuestro segundo Redentor, tened piedad de nosotros, que expiramos en la ignorancia de las cosas necesarias para nuestra sal\u00advaci\u00f3n y en los pecados que nunca hemos osado con\u00adfesar, y que faltos de vuestro socorro, nos condenare\u00admos infaliblemente. Y escuchad, por favor, Se\u00f1or, a mi coraz\u00f3n decir al vuestro que se siente urgido al m\u00e1xi\u00admo por el deseo de ir a trabajar y a morir en C\u00e9vennes, donde el obispo pide ayuda, y dice que hay cantidad de aldeas en las que no hay sacerdotes ni iglesias, y que tal vez esperan su salvaci\u00f3n de vos y de m\u00ed! \u00a1Ve\u00adnid, pues, Se\u00f1or, y no tard\u00e9is, por favor!\u00bb.<\/p>\n<p>Este es el corresponsal al que hab\u00eda arg\u00fcido con la opi\u00adni\u00f3n de santo Tom\u00e1s, seg\u00fan la cual, el que ignora el misterio de la Trinidad y el de la Encarnaci\u00f3n y muere en ese estado, muere en estado de condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEso, pues, me conmovi\u00f3 y conmueve a\u00fan tanto, que tengo miedo a condenarme yo mismo por no estar ocu\u00adpado sin reposo en la instrucci\u00f3n del pobre pueblo. \u00a1Cu\u00e1nto motivo de compasi\u00f3n! \u00bfQui\u00e9n nos excusar\u00e1 ante Dios de la p\u00e9rdida de un n\u00famero tan grande de hombres como podr\u00edan salvarse por poco que se les socorriera?\u00bb.<\/p>\n<p>Y hemos visto de qu\u00e9 manera tan sencilla y concreta invitaba \u00e9l a que se reconociera la bondad del Padre, a que se descubriera a Jes\u00fas Salvador, a que se dejara al Esp\u00edritu guiarle a uno.<\/p>\n<p>Cuando habla aqu\u00ed de su propia condenaci\u00f3n, habla en serio, no exagera. Toma en serio a Dios y a la misi\u00f3n que de \u00e9l ha recibido. Cree en el papel irremplazable que cada cual debe jugar en la misi\u00f3n que ha recibido. Si no hace\u00admos aquello para lo que Dios cuenta con nosotros, nadie lo har\u00e1. Dios no har\u00e1 milagros para suplirnos: \u00abHace mucha falta considerar esto, pues Dios nos des\u00adtin\u00f3 en tal tiempo para tales almas y no para otras. \u00a1C\u00f3mo!, hermanos m\u00edos, \u00bfqu\u00e9 responderemos ante Dios si, por culpa nuestra, llegase a morir alguna de esas almas y se perdiera? \u00bfNo ser\u00edamos nosotros, por de\u00adcirlo as\u00ed, quienes la habr\u00edamos condenado? Pues, os pregunto, \u00bfqui\u00e9n responder\u00eda de esta alma? Tan verdad es como que estamos aqu\u00ed que, a nuestra muerte, nos pedir\u00e1 cuenta de ella. \u00a1Oh, lo dichosos que son quienes puedan decir a la hora de la muerte aquellas hermosas palabras de nuestro Se\u00f1or: El Se\u00f1or me envi\u00f3 a llevar la buena noticia a los pobres! \u00a1Pobres de nosotros, si nos relajamos en el desempe\u00f1o de la obligaci\u00f3n que tenemos de socorrer a las pobres almas! Pues para eso nos dimos a Dios, y Dios cuenta con nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>El misionero mismo debe tomar en serio su propia salva\u00adci\u00f3n. Tambi\u00e9n \u00e9l est\u00e1 en peligro de condenarse, no s\u00f3lo si se hurta a su misi\u00f3n, sino aun cumpliendo con ella, si busca su propia ventaja y su propia gloria, y no la de Dios: \u00ab\u00bfQu\u00e9 aprovechar\u00e1, pues, al mayor predicador del mundo, dotado de los mayores talentos, el haber con\u00adseguido que repercutan los aplausos a sus sermones en toda una provincia, y hasta de haber devuelto a Dios varios millares de almas, si, pese a todo ello, llega a perderse \u00e9l mismo?\u00bb.<\/p>\n<p>Ya san Pablo tem\u00eda hacerse r\u00e9probo mientras predicaba a los dem\u00e1s. Y el Se\u00f1or Vicente evoca de grado el recuerdo de Judas: \u00abHumillaos mucho, Se\u00f1or, viendo las gracias, m\u00e1s nu\u00admerosas que las vuestras, que Judas recibi\u00f3, gracias que tuvieron un efecto mayor que las vuestras, y c\u00f3mo, as\u00ed y todo se perdi\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>La seriedad de estas advertencias no debe con todo ha\u00adcernos creer en un fundamental pesimismo del santo. \u00abEl diablo es muy sabio, pero nada de lo que dice creemos, pues no le amamos\u00bb.<\/p>\n<p>Amamos a Dios y nos esforzamos por realizar su obra; no hemos de extra\u00f1arnos, pues, de tener que batirnos con el tentador. El Se\u00f1or Vicente no cesa de repetirlo a sus diver\u00adsos corresponsales: \u00abRaramente se hace bien alguno sin pena; el diablo es demasiado sutil y el mundo est\u00e1 demasiado corrom\u00adpido como para que uno y otro no intenten ahogar una buena obra ya en su cuna\u00bb. \u00abNo me asombro de que se\u00e1is tentado, pues es lo propio de los que quieren servir a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco se asombra de que la tentaci\u00f3n llegue a ter\u00adminar en pecado; pero hay ah\u00ed m\u00e1s motivo de humillaci\u00f3n que de desaliento: \u00abV\u00e9is, hay que esforzarse siempre por amar la abyec\u00adci\u00f3n, la confusi\u00f3n que nos sobreviene por nuestras fal\u00adtas; hay que odiar y detestar el mal cuando conduce al pecado, y hacer lo posible para corregimos de \u00e9l. Pero cuando se ha pecado, hay que querer la confusi\u00f3n que de ah\u00ed nos viene y aceptar de grado el que se nos des\u00adprecie por ello\u00bb.<\/p>\n<p>Y sobre todo, no hay que ver al diablo por doquier; pue\u00adde que hayamos de contar con factores muy distintos en las dificultades con que tropezamos. En una carta al capell\u00e1n de un hospital, quien no experimentaba gusto alguno por este austero ministerio, el Se\u00f1or Vicente le ayuda a discurrir: \u00abEl tedio que sent\u00eds en vuestro oficio puede venir de m\u00faltiples causas: de la naturaleza, que se cansa de ver y hacer siem\u00adpre las mismas cosas; y Dios lo permite para dar lugar a la pr\u00e1ctica de dos hermosas virtudes, a saber, la per\u00adseverancia, que hace lleguemos hasta el fin, y la cons\u00adtancia, que hace superemos las dificultades; de la especie de ese quehacer, que es triste y que, al realizarlo alguien asimismo triste, produce disgusto, sobre todo cuando place a Dios quitar el consuelo in\u00adterior y la suavidad \u00edntima que tienen que sentir de vez en cuando los que sirven a los pobres; del esp\u00edritu maligno que, para apartaros de los grandes bienes que obten\u00e9is, os sugiere la aversi\u00f3n a ellos; ese tedio puede finalmente provenir de Dios mis\u00admo; pues, para elevar un alma a una perfecci\u00f3n sobe\u00adrana, la hace pasar por la sequedad, las espinas, y los combates, y hace que se honre de esa manera la vida doliente de su Hijo, Se\u00f1or Nuestro, el cual se vio en medio de diversas agon\u00edas y presa del abandono\u00bb.<\/p>\n<p>Concluye este l\u00facido an\u00e1lisis con una llamada vibrante a la perseverancia: \u00ab\u00a1Animo, Se\u00f1or! daos a Dios y manifestadle que dese\u00e1is servirle de la manera que le sea m\u00e1s agradable. Se tra\u00adta de triunfar de vuestros enemigos: de la carne, que se opone al esp\u00edritu, y de Sat\u00e1n, que est\u00e1 celoso de vuestra dicha. Es la voluntad de Dios que persever\u00e9is en la obra que os ha encomendado hacer\u00bb.<\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n de la obra que Dios nos encomienda rea\u00adlizar debemos, como Jesucristo, estar siempre dispuestos a encontrar la cruz, y a inquietarnos, si no la encontramos: \u00abCuando nos conceda la gracia de hacernos padecer alguna persecuci\u00f3n o alg\u00fan mal por su nombre, her\u00admanos m\u00edos, entonces seremos disc\u00edpulos de Jesucristo. Y Dios quiere que yo, miserable, no sea del n\u00famero de aquellos que buscan las dulzuras y los consuelos en el servicio a Jesucristo, en lugar de amar las tribulaciones y la cruz\u00bb.<\/p>\n<p>De donde esta interpelaci\u00f3n sobrecogedora: \u00ab\u00a1Ah, Se\u00f1or, quisi\u00e9rais hallaros a gusto y libre de su\u00adfrimientos, pero \u00bfno valdr\u00eda m\u00e1s tener un demonio en el cuerpo que estar sin cruz alguna?\u00bb.<\/p>\n<p>Si queremos dejarnos guiar por el esp\u00edritu de Dios, oiga\u00admos al santo recordarnos algunas reglas para recibir y reco\u00adnocer ese esp\u00edritu: La oraci\u00f3n: \u00abAbandonarse a Dios, que habla en esas situaciones\u00bb.<\/p>\n<p>La mansedumbre: \u00abNo es dado discernir las cosas m\u00e1s que a las almas que tienen mansedumbre\u00bb.<\/p>\n<p>La paz: \u00abEl esp\u00edritu de Jesucristo es esp\u00edritu de uni\u00f3n y de paz\u00bb. \u00abEl esp\u00edritu de Dios no es violento ni tormentoso\u00bb.<\/p>\n<p>La disponibilidad:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh se\u00f1or, lo bueno que es no inmiscuirse m\u00e1s que en lo que nos est\u00e1 mandado! Dios est\u00e1 siempre all\u00ed dentro, y nunca o raramente en lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or Vicente cre\u00eda en el diablo, y habla de los de\u00admonios con la misma sencillez que el Evangelio, el cual re\u00adconoc\u00eda su influencia, no s\u00f3lo en los casos de clara posesi\u00f3n, sino en diversas &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/diablo-propone-mal-capa-bien\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":399979,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[226],"tags":[],"class_list":["post-400443","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-espiritualidad-vicenciana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>El diablo propone el mal bajo capa de bien - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/diablo-propone-mal-capa-bien\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El diablo propone el mal bajo capa de bien - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El Se\u00f1or Vicente cre\u00eda en el diablo, y habla de los de\u00admonios con la misma sencillez que el Evangelio, el cual re\u00adconoc\u00eda su influencia, no s\u00f3lo en los casos de clara posesi\u00f3n, sino en diversas ... 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