{"id":400428,"date":"2017-02-04T08:13:19","date_gmt":"2017-02-04T07:13:19","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400428"},"modified":"2017-01-05T18:14:45","modified_gmt":"2017-01-05T17:14:45","slug":"aguantemos-hermanos-mios-aguantemos-amor-dios","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/aguantemos-hermanos-mios-aguantemos-amor-dios\/","title":{"rendered":"Aguantemos, hermanos m\u00edos, aguantemos, por el amor de Dios"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400152\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-paul-no-familia-pobre\/ranquines\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"ranquines\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400152 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/ranquines.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Esta confianza, la inculca \u00e9l incansablemente desde el comienzo en la que ser\u00e1 su principal colaboradora, Luisa de Marillac. Primeramente, en esa carta de 1630, en la que indudablemente la ayuda a mirar a su vocaci\u00f3n: \u00abDescargad vuestro esp\u00edritu de todo cuanto os causa pena, Dios cuidar\u00e1 de ello. No podr\u00edais apresuraros en eso sin contristar (por decirlo as\u00ed) el coraz\u00f3n de Dios, pues ve que no le honr\u00e1is lo bastante por la santa confianza. Fiaos de \u00e9l os lo suplico, y tendr\u00e9is el cum\u00adplimiento de lo que vuestro coraz\u00f3n desea\u00bb.<\/p>\n<p>Comprueba a la vez una premura demasiado humana y una cierta inquietud; a una y otra cosa pone remedio con este sencillo consejo: fiaos de Dios.<\/p>\n<p>Uno o dos a\u00f1os despu\u00e9s comienza a confiarle las prime\u00adras campesinas que van a convertirse en <em>Hijas de la Caridad. <\/em>La afianza en esa misma actitud: \u00abPor lo dem\u00e1s, os ruego una vez por todas, no pens\u00e9is en ello hasta que Nuestro Se\u00f1or no demuestre que lo desea. Quer\u00e9is convertiros en la servidora de esas po\u00adbres chicas, y Dios quiere que lo se\u00e1is de \u00e9l, y puede que de m\u00e1s gente de la que de esta forma lo fu\u00e9rais; y aunque lo fu\u00e9rais s\u00f3lo de \u00e9l, \u00bfno es bastante para Dios que vuestro coraz\u00f3n honre la tranquilidad del de Nuestro Se\u00f1or? As\u00ed har\u00e1 lo propio y estar\u00e1 en estado de servir. El reino de Dios es la paz en el Esp\u00edritu Santo; y reinar\u00e1 en vos si vuestro coraz\u00f3n est\u00e1 en paz. Estadlo, pues, Se\u00f1orita, y honrar\u00e9is soberanamente al Dios de paz y de dilecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se recomienda a vuestras oraciones y os da las bue\u00adnas tardes con gran ternura de su coraz\u00f3n vuestro ser\u00advidor en el amor de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, seg\u00fan las ocasiones, sobre todo en aquellos comienzos llenos de esperanza y de incertidum\u00adbres, h\u00e1cela \u00e9l crecer en la sencillez y el abandono: \u00abReflexion\u00e1is demasiado sobre vos mima. Hay que ca\u00adminar buena y sencillamente\u00bb.<\/p>\n<p>Pero las arengas prevalecen sobre los reproches: \u00abSe\u00f1orita, bendito sea Dios, pues su bondad os afianza m\u00e1s y m\u00e1s en su amor y en el cumplimiento de su voluntad; pero, por el amor de Dios, Se\u00f1orita, enferma no os pong\u00e1is en camino para hacer ese recorrido que me notific\u00e1is. Hay que dar lugar a la enfermedad como a un estado muy divino. Es cierto que Nuestro Se\u00f1or os ayuda de una manera especial. Par\u00e9ceme que sois suicida por el poco cuidado que de vos misma te\u00adn\u00e9is. Estad bien alegre, os lo suplico. \u00a1Oh, el gran mo\u00adtivo que para ello tienen las personas de buena vo\u00adluntad!\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque le recomienda a veces amar su indigencia y es\u00adtar tranquila en honor a Nuestro Se\u00f1or, que es la tranquili\u00addad misma, sabe tambi\u00e9n felicitarla e invitarla a la perse\u00adverancia: \u00abSe\u00f1orita, Dios m\u00edo, sois una mujer muy buena si ha\u00adb\u00e9is hecho todo eso que me notific\u00e1is. Pero \u00e1nimo, no pod\u00e9is demoraros en un camino tan hermoso\u00bb.<\/p>\n<p>Dios no es variable. El Se\u00f1or Vicente tampoco. Si los consejos que da a Luisa de Marillac en la \u00e9poca en que fundaba las Hijas de la Caridad se ponen junto a la con\u00adferencia que da a estas \u00faltimas al atardecer de su vida, se apercibe uno de ello; no va a vivir sino dos a\u00f1os; a ellas, co\u00admo a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, les deja su testamento es\u00adpiritual; el tono es aqu\u00ed m\u00e1s sereno, la confianza prevalece en una humilde conciencia de los l\u00edmites que imponemos a todo lo que emprendemos por el amor de Dios.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh Salvador!, \u00bfqui\u00e9nes somos, que os dign\u00e1is serviros de nosotras? \u00a1Pobres chicas, que son la barredura del mundo! \u00bfNo es cierto, hermanas m\u00edas? \u00bfHay chicas de alta condici\u00f3n entre vosotras? La mayor\u00eda son hijas de labriegos o de artesanos; y si hay alguna nobleza, es rara.. \u00a1Oh! \u00a1Bendito sea Dios si, a esta hora, hay al\u00adguna de la ciudad! Proced\u00e9is de pobre gente, de ma\u00adnera que hay gran motivo de admiraci\u00f3n en ver que desde toda la eternidad haya Dios pensado en hacer lo que vemos, como si hubiese dicho: \u00abQuiero hacerme una Compa\u00f1\u00eda de pobres doncellas y de viudas, que ser\u00e1 pedida de todos lados\u00bb. Oh hijas m\u00edas, si no re\u00adcurr\u00eds a la confianza en la Providencia, \u00bfqu\u00e9 har\u00e9is? Pues estando las cosas como acabamos de decir, bien veis que no sois capaces por vosotras mismas de cosas tan grandes. Pobres muchachas que en su mayor\u00eda no saben leer, \u00a1qu\u00e9 har\u00e1n, si no se conf\u00edan a la Providen\u00adcia! \u00a1Oh, qu\u00e9 motivo para dar gracias a Dios por haberos puesto en esta Compa\u00f1\u00eda!<\/p>\n<p>As\u00ed es como se inici\u00f3 la Iglesia. Los Ap\u00f3stoles eran todos pobres hombres, no sab\u00edan nada, andaban des\u00adcalzos, no llevaban bast\u00f3n. Y sin embargo, \u00a1qu\u00e9 no hi\u00adcieron con la gracia que Nuestro Se\u00f1or les dio! Convir\u00adtieron a todo el mundo. \u00a1Qu\u00e9 gracia, hijas m\u00edas, que haya Dios querido tomar ese mismo material, del cual se sirvi\u00f3 para salvar a todo el mundo, para formar vuestra Compa\u00f1\u00eda!<\/p>\n<p>Estad prestas a hacer todo lo que quiere que hag\u00e1is. Pero nada pretend\u00e1is, ni estar en esta casa, ni en esta parroquia, ni en el campo, ni os inform\u00e9is de ad\u00f3nde se os va a enviar. Creed que en todas partes Dios tendr\u00e1 cuidado de vosotras\u00bb.<\/p>\n<p>En estas pl\u00e1ticas que el Se\u00f1or Vicente, cercano a su fin, dejaba a guisa de testamento espiritual a los sacerdotes de la Misi\u00f3n y a las Hijas de la Caridad, comentaba las Reglas que les hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>Aun cuando no estemos llamados a vivir bajo unas Re\u00adglas semejantes, en la diversidad de nuestras situaciones en el mundo, no podemos sino ganar sometiendo a prueba los principios tan sencillos que aqu\u00ed da el Se\u00f1or Vicente. En ellos haremos la experiencia de Dios. Pero nuestra dificultad para dejar obrar a Dios viene a menudo de que nos cuesta reconocer lo que espera de nosotros. Para eso es necesario, seg\u00fan una expresi\u00f3n cara a san Ignacio de Loyola, aprender a discernir esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Obrar seg\u00fan el Esp\u00edritu de Dios<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente cre\u00eda en el diablo. Y aun hablaba de \u00e9l m\u00e1s a menudo que del Esp\u00edritu Santo. Pero no debe dete\u00adnerse uno en esta comprobaci\u00f3n simplista, si uno quiere dar cuenta de su verdadero pensamiento.<\/p>\n<p>Habla \u00e9l constantemente de Dios, que nos ama con m\u00e1s ternura que un padre a su hijo. Refi\u00e9rese sin cesar a Jesu\u00adcristo, nuestro Salvador, al que no se cansa de contemplar y de imitar. M\u00e1s a\u00fan, los interpela en toda ocasi\u00f3n, est\u00e1 en relaci\u00f3n continua con ellos.<\/p>\n<p>No he hallado en cambio caso alguno en el que se dirija de modo semejante al Esp\u00edritu Santo. Y en las 648 p\u00e1ginas de \u00edndices generales consagradas a la obra completa del Se\u00f1or Vicente, el Se\u00f1or Coste, que la ha estudiado, no halla sino dos referencias que indicar, capitales, es cierto. En rea\u00adlidad, hemos tenido ya ocasi\u00f3n de comprobarlo, nuestro santo se refiere bastante a menudo al Esp\u00edritu Santo. Y so\u00adbre todo evoca a menudo \u00abel esp\u00edritu de Dios\u00bb, \u00abel esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or\u00bb. Y es al conjunto de esas indicaciones adonde hay que aproximarse para ver m\u00e1s claramente qui\u00e9n era para \u00e9l el Esp\u00edritu Santo. Descubriremos entonces por contraste al esp\u00edritu tentador que no cesa de intentar apar\u00adtarnos de las miras del Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n<p><em>El Esp\u00edritu Santo est\u00e1 difundido en todos los cristianos y en la Iglesia<\/em><\/p>\n<p>Dos textos esenciales evocan ya la presencia y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, primero en cada uno, luego en la Iglesia. Esos dos pasajes se hallan uno y otro en el comentario a las Reglas dadas a los sacerdotes de la Misi\u00f3n por el Se\u00f1or Vicente poco antes de su muerte; tuvimos ya ocasi\u00f3n de citar este largo testamento espiritual.<\/p>\n<p>Acaba de recordar las tareas de los sacerdotes y de los hermanos de su congregaci\u00f3n, llamados unos y otros a con\u00adtribuir, en la diversidad de sus tareas, a procurar la salvaci\u00f3n del pobre pueblo mediante el anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo.<\/p>\n<p>\u00abLa Regla dice, pues, que, para hacer eso, lo mismo que para tender a la perfecci\u00f3n, hay que revestirse de de Jesucristo. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh Se\u00f1ores, qu\u00e9 asunto tan grave, revestirse de Jesucristo! Eso quiere decir que, para perfeccionaros y asistir \u00fatilmente a los pue\u00adblos, para servir bien a los eclesi\u00e1sticos, tenemos que trabajar por imitar la perfecci\u00f3n de Jesucristo y es\u00adforzarnos por llegar a ella. Eso dice tambi\u00e9n, que nada podemos ah\u00ed por nosotros mismos. Hay que llenarse y estar animado de este esp\u00edritu de Jesucristo. Para en\u00adtender bien esto, hay que saber que su esp\u00edritu est\u00e1 di\u00adfundido en todos los cristianos que viven seg\u00fan las nor\u00admas del cristianismo; las acciones y las obras de \u00e9stos est\u00e1n salpicadas del esp\u00edritu de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Este esp\u00edritu obra, pues, en el coraz\u00f3n de todos los cris\u00adtianos, y no solamente en los que le est\u00e1n consagrados, como aquellos a los que aqu\u00ed se dirige el Se\u00f1or Vicente. Y lo que es m\u00e1s importante a\u00fan, es el modo de precisar \u00e9l qui\u00e9n es este esp\u00edritu de Jesucristo\u00bb del que hablan las Reglas. Se trata del Esp\u00edritu Santo en persona.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo es ese esp\u00edritu que as\u00ed se difunde? Cuando se dice: \u00abEl esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en tal persona o en tales acciones\u00bb, \u00bfc\u00f3mo se entiende eso? \u00bfSe di\u00adfunde en ellas el Esp\u00edritu Santo mismo? S\u00ed, la persona del Esp\u00edritu Santo se difunde en los justos y habita per\u00adsonalmente en ellos. Cuando se dice que el Esp\u00edritu Santo obra en alguien, ha de entenderse que este Esp\u00ed\u00adritu mora en esa persona y le da las mismas inclinacio\u00adnes y disposiciones que Jesucristo ten\u00eda en la tierra, y ellas le hacen obrar lo mismo, no digo con una perfec\u00adci\u00f3n igual, seg\u00fan la medida de los dones de ese divino Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Y este esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or es el \u00abesp\u00edritu de cari\u00addad perfecta\u00bb que le o\u00edmos describirnos al comienzo del cap\u00edtulo quinto.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente vuelve sobre el Esp\u00edritu Santo un poco m\u00e1s adelante al comentar el pasaje \u00abdonde la Regla dice con Jesucristo: <em>Buscad primero el reino de Dios <\/em>y <em>su justicia, y todo lo dem\u00e1s se os dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00abPero \u00bfqu\u00e9 es el Reino de Dios?\u00bb.<\/p>\n<p>A esta pregunta da una triple respuesta.<\/p>\n<p>Enti\u00e9ndese por ello el imperio de Dios sobre to\u00addas las criaturas, ang\u00e9licas y humanas, animadas e in\u00adanimadas, sobre los condenados y los demonios; es due\u00f1o, se\u00f1or y soberano de todas y de cada cosa\u00bb.<\/p>\n<p>Luego invita a reconocer el reino de Dios en la Iglesia, a la que preside el Esp\u00edritu Santo: En el gobierno de su Iglesia, compuesta de ele\u00adgidos y de reprobados; Dios es su Rey; ha dado leyes a esa Iglesia; inspira a los que la gobiernan la buena direcci\u00f3n que le marcan; reina sobre los concilios can\u00f3\u00adnicos y las santas asambleas que se tienen para el buen orden del Estado cristiano, y para eso preside all\u00ed el Esp\u00edritu Santo. El es quien ha otorgado las luces di\u00adfundidas por toda la tierra, las que han iluminado a los santos, ofuscado a los malvados, disipado las dudas, manifestado las verdades, descubierto los errores y mostrado las v\u00edas por las que la Iglesia en general y cada fiel en particular pudieron caminar con segu\u00adridad\u00bb.<\/p>\n<p>El reino est\u00e1 finalmente en la persona de los justos, en quienes nos dec\u00eda hace un momento que habita personal\u00admente el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Reina de una manera especial sobre los justos, que le honran y le sirven; sobre las buenas almas que se dan a Dios, que no respiran sino a Dios; sobre los elegidos, que han de glorificarle eternamente. Sobre tales personas reina particularmente, por las virtudes que ejercitan y que han recibido de \u00e9l. Es el Dios de las virtudes, y no hay una sola de ellas que no venga de \u00e9l. Todas proceden de esta fuente infinita, que las env\u00eda a las almas escogidas, las cuales, siempre prestas a recibirlas, son siempre fieles en practicarlas. As\u00ed es como procuran el reino de Dios, y de esta manera rei\u00adna Dios en ellas\u00bb.<\/p>\n<p>Este v\u00ednculo entre el reino de Dios y el Esp\u00edritu Santo, establec\u00edalo ya el santo, lo hemos visto, en sus primeras car\u00adtas a Luisa de Marillac:<\/p>\n<p>\u00abEl reino de Dios es la paz del Esp\u00edritu Santo; reinar\u00e1 en vos si vuestro coraz\u00f3n est\u00e1 en paz\u00bb.<\/p>\n<p>Para Vicente, el Esp\u00edritu Santo es sobre todo el Esp\u00edritu misionero. <em>\u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, \u00e9l me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, a procla\u00admar a los cautivos la liberaci\u00f3n&#8230;\u00bb. <\/em>Esta palabra evang\u00e9lica que abre la misi\u00f3n p\u00fablica de Jesucristo en san Lucas, pudo recogerla a su vez san Vicente cuando, dejando el c\u00edrculo de los grandes, decidi\u00f3 consagrarse a los pobres. Era un esc\u00e1n\u00addalo, de eso ten\u00eda \u00e9l conciencia, ver tantos sacerdotes ocio\u00adsos en las ciudades mientras el pobre pueblo de los campos se perd\u00eda en la ignorancia de las verdades necesarias para la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo un d\u00eda, en los comienzos de su vida misionera, encuentra a un <em>hereje, <\/em>quien le pone esta obje\u00adci\u00f3n, a la que \u00e9l es particularmente sensible: \u00abSe\u00f1or, me dec\u00eds que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la Iglesia de Roma, pero no puede creerlo, pues, de un lado se ve a los cat\u00f3licos del campo abandonados a pastores viciosos e ignorantes, no instruidos sobre sus deberes, sin que la mayor\u00eda de ellos sepa siquiera qu\u00e9 es la religi\u00f3n cristiana; y del otro, se ve a ciudades llenas de sacerdotes y de monjes que no hacen nada; en Par\u00eds puede que haya diez mil de \u00e9stos, que, sin embargo, dejan a la pobre gente del campo en esa ignoran\u00adcia espantosa por la cual se pierde. \u00bfY quer\u00e9is persuadirme de que hay ah\u00ed direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo? Jam\u00e1s lo creer\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>En un primer momento, el Se\u00f1or Vicente intenta con\u00advencer a su interlocutor de que la realidad no es tan som\u00adbr\u00eda como \u00e9l la pinta, y al mismo tiempo de que la imper\u00adfecci\u00f3n de los hombres no impide el que el Esp\u00edritu Santo gu\u00ede a la Iglesia:<\/p>\n<p>\u00abQue estaba mal informado de lo que hablaba, le dice; en muchas parroquias hab\u00eda buenos p\u00e1rrocos y buenos coadjutores; entre los eclesi\u00e1sticos y los religiosos que abundan en las ciudades, los hab\u00eda que iban a catequi\u00adzar y a predicar al campo; otros se aplicaban a rogar a Dios y a cantar sus alabanzas d\u00eda y noche; otros se hac\u00edan de utilidad p\u00fablica mediante los libros que es\u00adcrib\u00edan, por la doctrina que ense\u00f1aban y por los sa\u00adcramentos que administraban; y si hab\u00eda algunos in\u00fa\u00adtiles, que no cumpl\u00edan debidamente con sus obligacio\u00adnes, eran personas particulares, sujetas a fallos y que no son la Iglesia. Cuando se dice que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la Iglesia, se entiende en general, cuando est\u00e1 reunida en concilio, y, una vez m\u00e1s, en particular, cuando los fieles siguen las luces de la fe y las reglas de la justicia cristiana; pero en cuanto a los que se alejan de ello, resisten al Esp\u00edritu Santo, y, aunque sean miembros de la Iglesia, son sin embargo de aque\u00adllos que viven seg\u00fan la carne, como dice san Pablo, y que morir\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta argumentaci\u00f3n no convence al buen hombre; pero \u00e9ste ser\u00e1 testigo un a\u00f1o m\u00e1s tarde de las actividades misio\u00adneras del santo, y eso lo cambiar\u00e1 todo. No tenemos que asombrarnos. Comprobamos desde el principio que el credo del Se\u00f1or Vicente no se traduce tanto en exposiciones doctrinales cuanto en lo que \u00e9l era, en lo que viv\u00eda, lo que hac\u00eda. Su bi\u00f3grafo Abelly nos refiere el acontecimiento tal como lo hab\u00eda o\u00eddo de labios del Se\u00f1or Vicente:<\/p>\n<p>\u00abEl hereje asisti\u00f3 por curiosidad a los sermones y a las catequesis; vio el cuidado que se pon\u00eda en instruir a los que estaban en la ignorancia de las verdades nece\u00adsarias para la salvaci\u00f3n, la caridad en adaptarse a la flaqueza y lentitud de esp\u00edritu de los m\u00e1s rudos, y los efectos maravillosos que obraba el celo de los misio\u00adneros en el coraz\u00f3n de los mayores pecadores. Lloran\u00addo de emoci\u00f3n, fue en busca del santo y le dijo: \u2014Ahora es cuando veo que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la Iglesia Romana, pues se cuida de la instrucci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n de los pobres aldeanos\u00bb.<\/p>\n<p>Y el Se\u00f1or Vicente a\u00f1ad\u00eda despu\u00e9s de este relato: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 dicha para nosotros los misioneros, demos\u00adtrar que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia, trabajando como lo hacemos en la instrucci\u00f3n y santificaci\u00f3n de los pobres!\u00bb.<\/p>\n<p>Hoy hallamos de nuevo, con una urgencia agudizada, la cuesti\u00f3n fundamental planteada por este relato. Nos la plantea la incredulidad. La plantea al conjunto de los cris\u00adtianos. As\u00ed es como Francis Jeanson nos recuerda que nues\u00adtra preocupaci\u00f3n de di\u00e1logo ecum\u00e9nico (progresivo sin duda en relaci\u00f3n con los tiempos del Se\u00f1or Vicente) debe estar abierto a todos los hombres y al mundo, con una atenci\u00f3n privilegiada para aquellos a los que el santo llama los po\u00adbres, y que Jeanson llama aqu\u00ed los excluidos: \u00abPara que el di\u00e1logo llegue a ser aut\u00e9ntico, hace falta que los interlocutores quieran que ese di\u00e1logo est\u00e9 abierto a otros, quienes\u00adquiera que sean, es decir, que pueda ponerse en tela de juicio por la intrusi\u00f3n de un tercero cualquiera, con la inclu\u00adsi\u00f3n del tercero excluido: el Tercer Mundo, por ejemplo, y todos los Terceros Mundos del mundo. Hay que desconfiar de los idilios, de los di\u00e1logos demasiado f\u00e1ciles, que corren el riesgo de no tener nada de di\u00e1logos\u00bb. Estamos constan\u00adtemente amenazados, tentados a quedarnos entre nosotros, con gente que est\u00e1 de acuerdo en lo esencial, mientras que el Se\u00f1or nos manda ir al mundo entero para proclamar el Evangelio a toda la creaci\u00f3n, y el Esp\u00edritu Santo no cesa de recordar a la Iglesia el sentido de su misi\u00f3n: <em>Me envi\u00f3 a anunciar la Buena Nueva a los pobres y a proclamar a los cautivos la liberaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Para acabar de ilustrar lo que el Se\u00f1or Vicente cre\u00eda sobre el Esp\u00edritu Santo, dej\u00e9mosle que nos diga c\u00f3mo con\u00adtempla \u00e9l su divina Persona en el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad. Lo hace en una pl\u00e1tica muy sencilla a las Hijas de la Caridad para exhortarlas a vivir en la unidad: \u00abVeis, hijas m\u00edas, as\u00ed como Dios no es m\u00e1s que uno en s\u00ed mismo, y que en Dios hay tres personas, sin que el Padre sea mayor que el Hijo, ni el Hijo que el Es\u00adp\u00edritu Santo, as\u00ed las Hijas de la Caridad, aunque sean muchas, no tendr\u00e1n nunca m\u00e1s que un coraz\u00f3n y un esp\u00edritu; y, al igual tambi\u00e9n que en las Personas de la Sant\u00edsima Trinidad, las acciones, aunque diversas y atribuibles a cada una de ellas en particular, dicen re\u00adlaci\u00f3n la una a la otra, sin que, por atribuir la sabidu\u00adr\u00eda al Hijo y la bondad al Esp\u00edritu Santo, se entienda que el Padre est\u00e9 privado de esos dos atributos, ni que la tercera Persona carezca del poder del Padre, ni de la sabidur\u00eda del Hijo; de igual modo hace falta que entre las Hijas de la Caridad, la que sea de los pobres tenga relaci\u00f3n con la que sea de los ni\u00f1os, y la de los ni\u00f1os con la de los pobres. Y quisiera yo adem\u00e1s que nuestras hermanas se asemejasen a la Sant\u00edsima Trini\u00addad en esto, en que, como el Padre se da todo al Hijo, y el Hijo todo al Padre, de lo cual procede el Esp\u00edritu Santo, de ese mismo modo sean ellas la una toda de la otra, para producir las obras de caridad que se atri\u00adbuyen al Esp\u00edritu Santo, para que se parezcan a la Sant\u00edsima Trinidad. Pues, veis, hijas m\u00edas, quien dice caridad, dice Dios; sois Hijas de la Caridad; deb\u00e9is, pues, en la medida de lo posible, formaros a imagen de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta confianza, la inculca \u00e9l incansablemente desde el comienzo en la que ser\u00e1 su principal colaboradora, Luisa de Marillac. 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