{"id":400122,"date":"2016-11-18T08:21:38","date_gmt":"2016-11-18T07:21:38","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400122"},"modified":"2016-10-20T13:22:57","modified_gmt":"2016-10-20T11:22:57","slug":"francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/","title":{"rendered":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400100\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-demografia-economia-sociedad\/400es-01-copy\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710\" data-orig-size=\"2192,1710\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"400es-01-copy\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=300%2C234\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=846%2C660\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400100 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234\" alt=\"400es-01-copy\" width=\"300\" height=\"234\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=768%2C599 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1024%2C799 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=100%2C78 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=846%2C660 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1004%2C783 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>El pobre var\u00eda a trav\u00e9s del espacio y del tiempo. Cada \u00e9poca produce sus pobres. La referencia a la misma ense\u00f1anza evang\u00e9\u00adlica induce, incluso, a tomar actitudes y opciones muy diversas en la manera de comprender y de vivir la pobreza o de luchar contra ella. La educaci\u00f3n y la ideolog\u00eda, las instituciones sociales y religio\u00adsas, las intuiciones y la estrategia din\u00e1mica de seres excepcionales se entremezclan y se sobreponen para proyectar estas representa\u00adciones colectivas o individuales. Ellas permiten conocer el fen\u00f3me\u00adno de la pobreza a trav\u00e9s de la mirada de sus contempor\u00e1neos. En la imaginaci\u00f3n de los hombres del siglo XVII la pobreza evoca diversas im\u00e1genes: atracci\u00f3n o repulsi\u00f3n, tara que hay que reducir o virtud que se desea conseguir, seg\u00fan se la aborde bajo el aspecto sociol\u00f3gico o sagrado.<\/p>\n<p>El estudio de la historia social del siglo xvii revela una doble realidad: la pobreza aparece con diversos rostros y los pobres est\u00e1n clasificados en categor\u00edas diferentes. El mundo de los pobres es diverso. Sin embargo esta diversidad no hace desaparecer su uni\u00addad. Por esta raz\u00f3n se requiere precisar las semejanzas y diferencias fundamentales que unen y separan a los pobres que viven en la sociedad o que permanecen al margen de esta misma sociedad, es decir, al pobre, al mendigo, al vagabundo. Para conseguirlo es menester descubrir el sentido exacto que los franceses del siglo xvii daban a estas palabras.<\/p>\n<p>El significado de la palabra pobre, en el siglo XVII, no se reduce al sentido econ\u00f3mico. En sentido amplio del t\u00e9rmino, pobre es el que sufre, el que se encuentra en la desdicha, el humilde. En sentido m\u00e1s estricto, pobre es el que se encuentra viviendo continua\u00admente en la \u00abpenuria\u00bb, en la \u00abnecesidad\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>P. Camus, obispo de Belley, escribe: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es, pues, la po\u00adbreza? Unos dicen, es la escasez o necesidad de las cosas reque\u00adridas para vivir c\u00f3modamente, es decir, sin trabajar. Otros, la pri\u00advaci\u00f3n de cosas, derechos y acciones temporales necesarios para el mantenimiento de la vida humana. En consecuencia podemos admitir que solamente es pobre quien no tiene otro medio para vivir m\u00e1s que su trabajo o su capacidad moral o corporal\u00bb. El intendente de Poitiers escribe, en 1684, al inspector general: \u00abLos artesanos son tan pobres que, desde el momento que no trabajan, hay que meterlos en el hospital\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Para comprender el significado de la definici\u00f3n dada del pobre, se requiere relacionarla con la realidad de la vida diaria de los obre\u00adros de la ciudad y de los peque\u00f1os propietarios y jornaleros del campo. Si el pobre, seg\u00fan la definici\u00f3n, no tiene m\u00e1s que su tra\u00adbajo para vivir, no lo ser\u00e1 el peque\u00f1o agricultor, que puede poseer alg\u00fan bien, aunque peque\u00f1o, en utensilios de trabajo, en provisio\u00adnes, en peque\u00f1as propiedades, explotadas directamente. Entender la definici\u00f3n en sentido estricto, ser\u00eda excluir del mundo de los po\u00adbres a muchos campesinos, quienes a causa de una mala cosecha, de una mala venta, de deudas acumuladas, se ven obligados a entrar en las filas de pobres para poder subsistir. Por otra parte la defi\u00adnici\u00f3n puede parecer demasiado amplia, ya que muchos obreros de la ciudad, que trabajan, no ser\u00e1n, estrictamente hablando, pobres, aunque no tengan otros recursos de vida, ni ninguna reserva eco\u00adn\u00f3mica o alimenticia. Sin embargo los incidentes de la coyuntura hist\u00f3rica \u2014aumento del precio del pan, baja nominal o real de sa\u00adlario, paro obrero, introducen frecuente y f\u00e1cilmente a multitud de obreros en el mundo de los pobres.<\/p>\n<p>En realidad el siglo xvii considera pobres a quienes est\u00e1n cons\u00adtantemente amenazados de caer f\u00e1cilmente en la pobreza, dada la incertidumbre en que se encuentran todos los d\u00edas de poder conse\u00adguir los medios necesarios para poder vivir. Esta preocupaci\u00f3n cons\u00adtante es sumamente reveladora de la inestabilidad de las masas po\u00adpulares. Ella indica, y en definitiva explica, que el siglo XVII llama pobres a quienes est\u00e1n acechados cada d\u00eda por la pobreza y, al m\u00e1s m\u00ednimo incidente de la coyuntura hist\u00f3rica, se ven envuel\u00adtos en ella. Los inventarios realizados en Beauvais, Amiens, Lyon, Par\u00eds, confirman que muchos peque\u00f1os campesinos, obreros de la ciudad y del campo, peque\u00f1os artesanos, son asistidos por la cari\u00addad p\u00fablica o privada. Los pobres, en consecuencia, se reclutan sobre todo entre el mundo del trabajo, entre quienes no poseen ning\u00fan bien. Por eso muchos campesinos, a causa de diversos in\u00adcidentes, se enrolan en el pauperismo, y muchos artesanos, que no pueden alimentar con su salario a su familia, tienen que ser soco\u00adrridos. No hay que extra\u00f1arse, pues, del sentido tan amplio del t\u00e9rmino pobre.<\/p>\n<p>Si es dif\u00edcil y sutil determinar las variaciones del umbral de la pobreza, y de esta manera poder catalogar a los pobres, sus conse\u00adcuencias son, por el contrario, muy claras. La m\u00e1s inmediata con\u00adsiste en forzar a la mendicidad a la mayor\u00eda de la clase humilde. La prueba est\u00e1 en que por todas partes los pobres, incluso si ellos no mendigan, env\u00edan o permiten f\u00e1cilmente vagabundear o mendigar a sus hijos.<\/p>\n<p>Entre los adultos, la tipolog\u00eda de mendigos se parece demasiado a la de los pobres. En sus filas existen ancianos y viudas, pero tam\u00adbi\u00e9n se encuentran enfermos, j\u00f3venes obreros sin trabajo. Infortu\u00adnados que no ten\u00edan m\u00e1s que su trabajo para vivir y que ya no pueden trabajar, o que su trabajo no les da ya para vivir. Pobres y mendigos son con relativa frecuencia los mismos en los per\u00edodos de crisis sociales.<\/p>\n<p>La gran inestabilidad, el desarraigo que caracterizan a los me\u00addios pobres, es otra amenaza. Esta inestabilidad se manifiesta entre los pobres ambulantes que ejercen multitud de peque\u00f1os trabajos y de escaso rendimiento. En esta categor\u00eda se encuentran le\u00f1adores y acarreadores de le\u00f1a, obreros que trabajan en r\u00edos navegables. Una vez terminado su contrato de temporada, se encuentran sin trabajo y la vuelta a sus casas o la b\u00fasqueda de otro contrato po\u00addr\u00e1n hacer de ellos vagabundos. Tambi\u00e9n existen los sastres, per\u00adsonajes que permanecer\u00e1n largo tiempo errantes por las campi\u00f1as francesas, y los criados en busca de amo. Este desplazamiento, este vagabundeo, se encuentra en todos los trabajadores en busca de trabajo.<\/p>\n<p>La gran miseria del mundo obrero, continuamente acechado por la enfermedad o la carest\u00eda, la inestabilidad de los campesinos, arro\u00adjados a las grandes rutas por la guerra, el hambre o las crisis eco\u00adn\u00f3mico-sociales, el mundo pintoresco de vagabundos con sus falsos peregrinos, sus antiguos soldados, sus charlatanes, sus m\u00fasicos ambulantes y sobre todo, quiz\u00e1s, la mendicidad, concebida como re\u00adcurso casi ordinario de la clase modesta, humilde, son rasgos de la estructura de la sociedad francesa del siglo XVII.<\/p>\n<p>Los obreros asalariados de la ciudad<\/p>\n<p>Este mundo de la miseria y de los pobres se conoce a\u00fan hoy muy mal. No obstante todos los documentos, imperfectos o seduc\u00adtores, que nos describen a los pobres y nos narran sus miserias y desequilibrios, nos imponen la idea de que los pobres son quienes no tienen m\u00e1s que su trabajo para vivir, con mayor raz\u00f3n quienes, teniendo \u00fanicamente su trabajo como recurso, no pueden trabajar.<\/p>\n<p>Si de los documentos se pasa a la realidad, se ve la compleji\u00addad de presentar la significaci\u00f3n de los infortunios colectivos en la explicaci\u00f3n del pauperismo. \u00abCarest\u00edas\u00bb, \u00abparo obrero\u00bb, azares de la coyuntura, son otros tantos factores, que hacen variar el um\u00adbral de la pobreza.<\/p>\n<p>En primer lugar se requiere determinar los oficios y situaciones m\u00e1s vulnerables, precisar cu\u00e1les son las condiciones de existencia de quienes ejercen estas profesiones, incluso, cuando el infortunio no es excesivamente grande. De esta manera se puede llegar a dis\u00adcernir los contornos del mundo de los pobres, o, al menos, de quie\u00adnes est\u00e1n continuamente en peligro de entrar en \u00e9l. S\u00f3lo entonces se puede se\u00f1alar c\u00f3mo \u00e9stos se convierten en pobres. En los mo\u00admentos de grandes cat\u00e1strofes econ\u00f3mico-sociales muere cierto n\u00fa\u00admero de pobres. Pero quienes sobreviven, se encuentran en condi\u00adciones lamentables de vida. Lo interesante es preguntarse c\u00f3mo atraviesan estas situaciones y si las ca\u00eddas y hundimientos constan\u00adtes son irreversibles.<\/p>\n<p>Las listas de repartos de limosnas y de distribuciones de ali\u00admentos dan a veces la profesi\u00f3n de los asistidos. Las personas que figuran en las listas son obreros no especializados y modestos ar\u00adtesanos. Los inventarios realizados, despu\u00e9s de su muerte, de los bienes pose\u00eddos, manifiestan la penuria en que han vivido. Y \u00bfde cu\u00e1ntos no se hacen tales inventarios por no tener nada, o por no poseer ni siquiera lo suficiente para pagar el coste de dichos in\u00adventarios?<\/p>\n<p>El conocimiento de los patronos \u2014fabricantes urbanos\u2014 re\u00advela tres tipos de empresa, que corresponden a tres tipos sociales, a pesar de la aparente unidad de la profesi\u00f3n: el fabricante ven\u00addedor, de cuya independencia econ\u00f3mica no se puede dudar; el simple fabricante, peque\u00f1o patr\u00f3n, que intenta guardar su auto\u00adnom\u00eda, pero que en realidad depende de los grandes comerciantes; el patrono, que no posee m\u00e1s que un telar, asalariado de un g\u00e9ne\u00adro apenas privilegiado.<\/p>\n<p>En la base de la escala de esta sociedad urbana, la masa de asalariados (m\u00e1s de la mitad de la ciudad en Amiens, m\u00e1s de un tercio en Beauvais, numerosos en otras partes, especialmente en Lyon y Par\u00eds) amontonada y hambrienta, agobiada por la domina\u00adci\u00f3n econ\u00f3mico-social de la burgues\u00eda comerciante, se aloja en los arrabales y en los barrios miserables. Sin tierras, sin ser propieta\u00adrios de sus casas, sin mobiliario apenas, sin lencer\u00eda, su salario constituye el \u00fanico medio de vida. Pero este salario es siempre in\u00adcierto, lo mismo que el empleo. Adem\u00e1s, todo un sistema de an\u00adticipos, proporcionados por los patronos, convierte a estos obreros en una especie de perpetuos deudores, sometidos totalmente al po\u00adder de dichos jefes. Deudas y analfabetismo hacen de los trabaja\u00addores manuales no especializados un mundo dominado y depen\u00addiente. Los m\u00e1s pobres de estos obreros, excluidos de un contrato de trabajo a causa de su edad o de su enfermedad, permanecen al margen de toda organizaci\u00f3n y corporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para ser \u00aboficial artesano\u00bb, se necesita pasar tres o cuatro a\u00f1os de aprendizaje del oficio en casa del patr\u00f3n. Por a\u00f1adidura, los aprendices, para entrar en el cuerpo de \u00aboficiales artesanos\u00bb se ven sometidos, con mucha frecuencia, a soportar una serie de condicio\u00adnes dif\u00edciles, a veces draconianas. En Amiens, en Beauvais, m\u00e1s de una cuarta parte de aprendices no terminan \u00absu tiempo\u00bb de apren\u00addizaje. Las razones de esta interrupci\u00f3n son diversas: falta de salud f\u00edsica, incapacidad de aprender el oficio, pobreza de los padres, que no pueden pagar al patr\u00f3n las pocas libras exigidas \u2014previstas en el momento del contrato de aprendizaje\u2014, malos tratos de los pa\u00adtronos y obligadas prolongaciones del aprendizaje <u><sup>5<\/sup><\/u>. Terminado el tiempo de aprendizaje, el aprendiz, para entrar en el cuerpo de los \u00aboficiales\u00bb debe a veces pedir prestadas algunas libras: esta prime\u00adra deuda, lo m\u00e1s corriente, es el anuncio de otras. Llegar a la maes\u00adtr\u00eda, es verdaderamente dif\u00edcil. Solamente los hijos de los patronos son los favorecidos y, poco a poco, las maestr\u00edas llegan a ser pr\u00e1c\u00adticamente hereditarias.<\/p>\n<p>Los obreros m\u00e1s favorecidos, los que no conocen ni un solo d\u00eda de paro, reciben su salario entre 260 y 290 d\u00edas al a\u00f1o, dado el n\u00famero excesivo de d\u00edas de fiesta, y este salario es de diez soles en Beauvais y en Amiens, de doce soles en las mejores ciudades como Par\u00eds, Lyon, Rouen. Pero estas cifras deben relacionarse con el coste de la vida, sin olvidar que, con mucha frecuencia, los pre\u00adsupuestos obreros no reciben siempre el precio de su trabajo en monedas buenas.<\/p>\n<p>Con su salario, los obreros m\u00e1s favorecidos, dif\u00edcilmente pue\u00adden alimentar con pan a su familia. Sin embargo estas condicio\u00adnes de vida son las mejores para los obreros de Beauvais. Si surge alg\u00fan imprevisto: enfermedad del padre, tener cuatro o cinco hi\u00adjos, este modesto presupuesto familiar se desequilibra y la familia tiene que recurrir, para poder subsistir, a las instituciones carita\u00adtivas, incluso los a\u00f1os de equilibrio econ\u00f3mico y de buenas cose\u00adchas.<\/p>\n<p>Los obreros menos favorecidos, cuyo salario es de cinco a ocho soles por d\u00eda \u2014las viudas y muchachas cobran dos o tres soles\u2014no tienen la posibilidad de comprar el pan necesario para alimen\u00adtarse.<\/p>\n<p>Cuando la cosecha del a\u00f1o es mala y sobre todo si el mismo fen\u00f3meno se repite al a\u00f1o siguiente, con las consiguientes subidas del precio del trigo y sobre todo del pan, los salarios de los obre\u00adros registran por este hecho una devaluaci\u00f3n, aun cuando el valor nominal sea el mismo. Desgraciadamente, la baja de este salario disminuye en per\u00edodos de crisis. Estas bajas de diez a veinte por ciento constituyen un beneficio apreciable para los fabricantes y negociantes. Los obreros no tienen m\u00e1s remedio que aceptar esta disminuci\u00f3n de salario. En realidad era preferible un salario no\u00adminal y realmente disminuido que el no tener ninguno. Si la crisis alimenticia se agrava, provocando una crisis textil y manufacturera, se desencadena la crisis econ\u00f3mico-social. Los obreros tienen en\u00adtonces que someterse al paro obrero parcial y despu\u00e9s al total y a veces prolongado. La falta de salario los entrega al hambre, a la miseria, y a las instituciones caritativas. Durante estos per\u00edodos, la \u00abmortalidad\u00bb popular intensa diezma a los obreros: las institucio\u00adnes caritativas poseen recursos muy peque\u00f1os para luchar contra un mal que tiene sus ra\u00edces en la estructura econ\u00f3mica y social de la \u00e9poca. En realidad millares de hogares obreros llegan al extremo de la aflicci\u00f3n, cuando el torbellino de la muerte no arrebata su vida, sumergida en una miseria terrible.<\/p>\n<p>En la sociedad urbana los privilegiados de la ciudad son los comerciantes. Dominando la manufactura se constituyen en due\u00ad\u00f1os de la actividad manufacturera e imponen sus normas. Su for\u00adtuna inmensa aumenta a expensas de los pobres artesanos. La do\u00adminaci\u00f3n de la fabricaci\u00f3n y del comercio, ejercida por un grupo restringido de grandes negociantes, establece las ventajas de este grupo, con el da\u00f1o consiguiente para la multitud de artesanos \u2014fabricantes y obreros\u2014 reducidos a la mediocridad, a la indi\u00adgencia, y los m\u00e1s pobres, al hambre, a la miseria y a la mendicidad. Toda fortuna proviene de luchas, de conquistas, que suponen unos vencidos. Lo que hac\u00eda morir a unos enriquec\u00eda a otros, disimular\u00adlo no ser\u00eda honrado.<\/p>\n<p>Los campesinos pobres<\/p>\n<p>La frecuente miseria de los obreros urbanos en el siglo XVII es menos grave que la indigencia de los campesinos. Veinte veces m\u00e1s numerosos que los obreros urbanos, los campesinos, convertidos en v\u00edctimas del sistema socio-pol\u00edtico-econ\u00f3mico de la \u00e9poca, deben<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>soportar las intemperies de la naturaleza y comprueban siempre que su suerte est\u00e1 unida a la variaci\u00f3n de precio de la mercanc\u00eda en el mercado.<\/p>\n<p>Hoy tendemos f\u00e1cilmente a juzgar superficial y literario el tema del \u00abbuen pobre\u00bb. No obstante, la idea de que el lujo y la civiliza\u00adci\u00f3n corrompen al hombre, de que la inocencia no se encuentra m\u00e1s que en la gente sencilla, es una idea m\u00e1s extendida de lo que se cree, en el siglo XVII. Incluso Vicente de Pa\u00fal, esp\u00edritu realista, que no se alimenta de quimeras, pudo decir, interrog\u00e1ndose a s\u00ed mismo: \u00abSi existe una verdadera religi\u00f3n&#8230; Es entre ellos, es en los pobres en quienes se conserva la verdadera religi\u00f3n, una fe vi\u00adva; creen sencillamente, sin examinar minuciosamente; sumisos a las \u00f3rdenes, pacientes hasta el exceso en las miserias que tienen que sufrir&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A Bossuet se le ve enternecido de la misma manera contem\u00adplando a los pastores de Bel\u00e9n en el serm\u00f3n de los misterios de la santa infancia <u><sup>7<\/sup><\/u>. Los mismos textos evang\u00e9licos inspiran a Bossuet en las Elevaciones sobre los misterios, reflexiones an\u00e1logas acerca de la \u00abtropa m\u00e1s inocente y m\u00e1s sencilla que existiera en el mundo\u00bb <sup>8<\/sup> y le invitan a idealizar el encanto de una vida sencilla y natural: \u00abJam\u00e1s nos lamentaremos de nuestras miserias; preferi\u00admos nuestras caba\u00f1as al palacio de los reyes; viviremos felices bajo nuestros techos de paja&#8230; Todos estaban admirados de o\u00edr este agradable testimonio de bocas tan inocentes como r\u00fasticas&#8230; \u00bfQui\u00e9n piensa en contradecir a estos sencillos pastores en su re\u00adlato ingenuo y sincero? La plenitud de su alegr\u00eda brota naturalmente y su discurso es sin artificio\u00bb. Bossuet ve en los pastores el mundo de los pobres y de quienes viven de acuerdo con la sencillez de la naturaleza.<\/p>\n<p>Varios elementos contribuyen a la elaboraci\u00f3n de este tema del \u00abbuen pobre\u00bb, particularmente la manera de representarse la persona de Jesucristo: la iconograf\u00eda y las asociaciones imaginati\u00advas que ella ocasiona, son muy importantes en la formaci\u00f3n de la sensibilidad de una \u00e9poca. El siglo XVII muestra siempre a Jesu\u00adcristo con gran sencillez y dignidad, con equilibrio y grandeza, con cordialidad y candor. Estos rasgos, que la imagen de aquel tiempo hace populares, son los que, espont\u00e1neamente, se atribuir\u00e1n al buen pobre, modelo de pobres. Cuando Vicente de Pa\u00fal presenta a los misioneros y a las Hijas de la Caridad las humillaciones, el trabajo, los sufrimientos, la conformidad a la voluntad del Padre&#8230; de Jes\u00fas, este Cristo salvador, tiene el rostro y los gestos de un campesino que no cesa de trabajar, que se somete siempre, que sufre hasta que su Padre lo desee.<\/p>\n<p>Otra asociaci\u00f3n, que gozar\u00e1 de una gran preponderancia en el pensamiento tradicionalista del siglo XIX y XX: la relaci\u00f3n entre la \u00abbuena pobreza\u00bb y la vida campesina, el trabajo manual, tuvo un atractivo real en el siglo XVII. Es necesario leer las p\u00e1ginas en las que, a prop\u00f3sito del retiro de la Magdalena, Bossuet canta las de\u00adlicias de la vida campestre y los \u00abreba\u00f1os que pacen entre las flo\u00adres y la hierba\u00bb, y aquellas otras en las que, a prop\u00f3sito de las penitencias de cuaresma, exalta el encanto del desierto: \u00abAll\u00ed ve\u00adremos la naturaleza en su pureza: quiz\u00e1s nos parezca al principio horrorosa, a causa de la costumbre que tenemos de ver las cosas<\/p>\n<p>tan extra\u00f1amente falsificadas por el artificio fascinante de la seduc\u00adci\u00f3n, pero esta impresi\u00f3n producida en nuestros sentidos se disipar\u00e1 pronto en la calma de la soledad, y la naturaleza nos agradar\u00e1 all\u00ed tanto m\u00e1s cuanto que no est\u00e1 de ninguna manera da\u00f1ada por el lujo, lo que nos la har\u00e1 mucho m\u00e1s agradable\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que al principio no es sino tendencia y movimiento de la sensibilidad, termina en consideraciones pol\u00edticas y sociales, con el elogio de la agricultura \u2014fuente de riqueza para el estado y prenda de una vida sencilla y natural\u2014, con el elogio del trabajo.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, que conoce a los campesinos por nacimiento y por experiencia, nos ofrece otro rostro de los pobres y de su pobreza. Parte de un hecho doloroso y perfectamente comprobado: los campesinos mueren de hambre. Sabe perfectamente que \u00aben muchos lugares raramente se come pan&#8230;\u00bb y no olvida que los cultivadores del campo aguantan el sufrimiento, soportan la mise\u00adria de la guerra, no siempre cosechan lo que han sembrado y se ven obligados a abandonar su casa y sus tierras. Conoce dema\u00adsiado la miseria de los campesinos para poder imaginar la vida ru\u00adral a trav\u00e9s de los idilios y de las pastorelas. Prefiere estar bien in\u00adformado de su situaci\u00f3n y ayudar a los m\u00e1s necesitados a salir de ella.<\/p>\n<p>El conocimiento del ambiente campesino revela, al menos, tres tipos sociales diferentes, a pesar de la aparente unidad de nombre.<\/p>\n<p>Las tres cuartas partes de los campesinos \u2014obreros y propieta\u00adrios de algunas peque\u00f1as parcelas\u2014 apenas poseen una d\u00e9cima par\u00adte de las tierras cultivables y su situaci\u00f3n material oscila entre la penuria y la indigencia. Muchos de ellos deben encontrar otras ocu\u00adpaciones para poder vivir. Su condici\u00f3n de vida no es f\u00e1cil; su ni\u00advel social es bajo.<\/p>\n<p>Los obreros del campo \u2014\u00abjornaleros\u00bb\u2014 son frecuentemente muy pobres y de \u00ablos m\u00e1s miserables, se ignora casi todo\u00bb. A veces se les llama \u00abmendigos\u00bb, aunque tengan residencia. Lo que se sabe con toda certeza por los registros parroquiales, es su muerte en masa cuando una epidemia pasajera o el \u00abhambre c\u00edclica\u00bb aparecen. Ellos constituyen, con los mendigos, el estrato inferior de la socie\u00addad rural y el grupo m\u00e1s numeroso. Tributarios de empleos irre\u00adgulares forman el mayor n\u00famero de pobres.<\/p>\n<p>Continuamente endeudados, estos obreros del campo trabajan en ciertas \u00e9pocas del a\u00f1o de manera intermitente en las casas de sus acreedores. Los trabajos realizados son banales, pero les sirven para pagar sus deudas y ganar algo de dinero. Pero si la cosecha es mediocre, el precio del pan aumenta y el trabajo disminuye. Los menos desdichados no quedan totalmente desprovistos. Viviendo en una habitaci\u00f3n, no siempre de su propiedad, ninguno de ellos es capaz de alimentar a su familia con el producto de las pocas \u00e1reas de tierra que poseen. Para salir de la miseria permanente, a la que sus reducidos bienes parecen condenarlos, algunos se hacen obre\u00adros-granjeros. Estos mantienen alguna oveja y una vaca, cultivan algunas parcelas dispersas de los burgueses o peque\u00f1os trozos de un campesino ausente. Otros, intentando salir de su miseria, bus\u00adcan su independencia social y econ\u00f3mica convirti\u00e9ndose en peque\u00ad\u00f1os fabricantes de sargas o haci\u00e9ndose cardadores. Esta persecu\u00adci\u00f3n de independencia arriesga ser m\u00e1s aparente que real. En rea\u00adlidad permanecen siempre obreros, reducidos pr\u00e1cticamente a la condici\u00f3n de asalariados con todas las servidumbres del paro obre\u00adro, que esta situaci\u00f3n lleva consigo en la \u00e9poca. La estructura cam\u00adpesina y social impide a los obreros todo esfuerzo eficaz para salir de su miseria econ\u00f3mica y social.<\/p>\n<p>La cl\u00e1sica clasificaci\u00f3n del mundo campesino en obrero rural y labrador, olvida a todo un grupo de campesinos bastante nume\u00adroso en algunas regiones de Francia. Estos poseen peque\u00f1as par\u00adcelas de tierra y trabajan otras que arriendan, al mismo tiempo que cr\u00edan un peque\u00f1o n\u00famero de animales. De esta manera pueden vivir, aunque bastante pobremente. Estos campesinos \u00bfson inde\u00adpendientes? Se puede dudar mucho que as\u00ed fuera. Los m\u00e1s favorecidos pueden muy dif\u00edcilmente \u2014incluso los mejores a\u00f1os\u2014 ali\u00admentar de pan a cinco o seis personas. Si la cosecha del a\u00f1o resulta ediocre, estos campesinos no pueden alimentar a su familia. Su apariencia de independencia se limita estrictamente a los a\u00f1os muy buenos. En los a\u00f1os malos no pueden vivir a no ser pidiendo un pr\u00e9stamo y firmando obligaciones, de las cuales dif\u00edcilmente pue\u00adden liberarse. En realidad no pueden vivir de sus tierras, de su explotaci\u00f3n, de su trabajo, si no es contrayendo deudas.<\/p>\n<p>Los labradores poseen, por lo menos, dos caballos, que, engan\u00adchados a un arado, les permiten labrar la tierra. Pero en esta socie\u00addad tan formalista, tan sensible a las denominaciones y a las dig\u00adnidades, la aparente unidad de denominaci\u00f3n oculta con mucha frecuencia niveles econ\u00f3micos muy distintos. Hablando de los labradores, es necesario distinguir el mediano y el rico labrador.<\/p>\n<p>Un labrador mediano raramente posee m\u00e1s de una decena de hect\u00e1reas. Con su par de caballos, acompa\u00f1ado con frecuencia de una yegua, labra sus tierras, ara para sus vecinos m\u00e1s pobres y ex\u00adplota alg\u00fan arrendamiento que puede igualar en extensi\u00f3n a su propiedad. Interesantes los a\u00f1os buenos, estos arrendamientos cons\u00adtituyen, por el contrario, cargas pesadas los a\u00f1os dif\u00edciles, puesto que el aumento del arriendo es constante. El conjunto de su ga\u00adnado, por t\u00e9rmino medio, no alcanza proporciones importantes. Mediocres propietarios, medianos arrendatarios, apenas fueron otra cosa que modestos campesinos con un par de caballos.<\/p>\n<p>Otros labradores, que tampoco poseen tierras suficientes para estar ocupados y alimentar a sus familias, buscan un segundo ofi\u00adcio. Gracias a este segundo oficio, algunos alcanzan el nivel de los labradores ricos y de los grandes arrendatarios y recaudadores de se\u00f1or\u00edas.<\/p>\n<p>Los estratos superiores de la sociedad rural est\u00e1n constituidos por los labradores ricos, que poseen de veinte a treinta hect\u00e1reas, grandes colonos, recaudadores de las se\u00f1or\u00edas. Su estudio, sobre todo su existencia, contribuyen a explicar la incomodidad, la mi\u00adseria de los campesinos pobres, reducidos, casi, a ser sus deudores y sus asalariados. Ellos nos hacen conocer tambi\u00e9n las relaciones con los grandes propietarios.<\/p>\n<p>Los privilegiados en el campo son los burgueses, exentos de pagar contribuci\u00f3n, los cl\u00e9rigos, los nobles. Ellos poseen ordina\u00adriamente grandes terrenos y derechos rurales. Estos grupos de la sociedad urbana y campesina obtienen importantes r\u00e9ditos de la renta de la tierra y del inter\u00e9s del dinero. La percepci\u00f3n de sus rentas agota la mayor parte del producto de la tierra y reduce a la indigencia y a la miseria a los peque\u00f1os y medianos campesinos.<\/p>\n<p><em>Su pobreza y su miseria<\/em><\/p>\n<p>Con anterioridad a la pol\u00edtica de guerra emprendida por Richelieu y continuada por Mazarino, antes de las grandes crisis del si\u00adglo XVII, incluso durante los per\u00edodos de relativa prosperidad, la mayor\u00eda de los campesinos franceses viven muy pobremente.<\/p>\n<p>Jorge Crew, embajador de Inglaterra en la corte de Francia de 1605 a 1609, escribe en su relato sobre la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y social del reino de Francia: \u00abLos habitantes de Francia forman tres categor\u00edas de personas&#8230; los de la tercera est\u00e1n de tal manera oprimidos que su boca est\u00e1 llena de imprecaciones y de quejas amargas y no cesan de gritar que su rey parece ser, no el rey de los franceses, sino el de los mendigos\u00bb. El mismo da la explicaci\u00f3n: \u00abEs una m\u00e1xima del estado en Francia, que el pueblo debe estar abatido y desalentado por las exacciones y la opresi\u00f3n, ya que de otra manera estar\u00eda dispuesto a la rebeli\u00f3n. Por eso, actualmente se encuentra abrumado con tan grandes cargas que le impiden toda posibilidad, no digo ya solamente de caminar o de correr, pero ni siquiera de andar y de moverse bajo ellas&#8230; Bajo la administraci\u00f3n de Sully, a\u00f1ade, cuando los oficiales del rey encargados de cobrar los impuestos no encuentran nada en casa del contribuyente, que no ha comparecido, venden las puertas, las ventanas y el tejado de las casas\u00bb.<\/p>\n<p>Roberto Miran, magistrado de los comerciantes, presidente del \u00abtercer estado\u00bb, presentando el \u00abcuaderno\u00bb del tercer estado el 23 de febrero de 1615, dice: \u00abLos pobres campesinos trabajan sin descanso, gastando&#8230; su vida para alimentar a todo el reino&#8230; Y de su trabajo no les queda m\u00e1s que el sudor y la miseria&#8230; El ali\u00admento de vuestra majestad, de todo el estado eclesi\u00e1stico, de la nobleza y del tercer estado, est\u00e1 cargado sobre sus brazos. Sin el trabajo penoso de los campesinos, \u00bfqu\u00e9 valen los diezmos y las grandes propiedades de la iglesia? \u00bfqu\u00e9 valor tienen para la nobleza sus grandes propiedades y sus grandes feudos, lo mismo que las casas, rentas y herencias del tercer estado? \u00bfqui\u00e9n proporciona los medios para formar los ej\u00e9rcitos de guerra?&#8230; Y apenas los soldados se ponen en marcha, \u00a1cuando ya desuellan a los pobres cam\u00adpesinos que les han pagado!&#8230; A este pobre pueblo, que no tiene por suerte m\u00e1s que el trabajo penoso de la tierra, el esfuerzo de sus brazos y el sudor de su frente, oprimido por la contribuci\u00f3n, el impuesto de la sal, obligado a soportar el comportamiento des\u00adpiadado y b\u00e1rbaro de mil agentes que le buscan para hacerle pagar sus impuestos, se le ha visto comer hierba, en medio de los prados, con los animales&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>En 1622, un sabio especialista en cuestiones financieras, el pre\u00adsidente La Barre, una autoridad en la \u00e9poca, escribe en su Formulaire des \u00e9lus: \u00abSi el labrador pensara seriamente cuando labra su tierra, para qui\u00e9n siembra, no volver\u00eda a sembrar\u00bb. El autor ha\u00adbla de un labrador que posee una explotaci\u00f3n bastante importante, disponiendo de una herramienta agr\u00edcola y de personal asalariado que trabaja bajo sus \u00f3rdenes. Pero sabemos que la mayor\u00eda de los campesinos franceses no poseen m\u00e1s que dos o tres hect\u00e1reas y la mayor parte de los obreros del campo no poseen m\u00e1s que unas peque\u00f1\u00edsimas parcelas de tierra.<\/p>\n<p>En el \u00abCuaderno\u00bb de 1620 de los estados de Normand\u00eda se lee: \u00abA pesar de que el tercer estado sea el primer pelda\u00f1o, la piedra que soporta todo el peso, el padre alimentador de todos los dem\u00e1s, no obstante est\u00e1 considerado como anatema y cosa execra\u00adble, abandonado de todos, es decir oprimido por todos; la iglesia le exige los diezmos; todos saben cu\u00e1n indignamente es tratado por los nobles; el imp\u00edo soldado lo golpea, lo viola, le roba, dej\u00e1ndole \u00fanicamente lo que no se puede llevar; de los hombres de justicia, \u00a1ni siquiera se atrever\u00eda a quejarse!\u00bb <sup>2<\/sup>\u00b0.<\/p>\n<p>El mismo Richelieu en sus proyectos de reforma de 1625 y 1626 habla de \u00abaliviar a la gente del campo\u00bb \u00absobrecargada\u00bb y \u00abarruinada\u00bb.<\/p>\n<p>Aun cuando haya que tener en cuenta el tono exagerado de su carta, Gaston d&#8217;Orl\u00e9ans escribe desde Nancy el 30 de mayo de 1631 a Luis XIII: \u00ab&#8230;El derroche de vuestras finanzas ha reducido a vuestro pueblo a una necesidad extrema&#8230; Os dir\u00e9 solamente lo que he visto. En el campo, un tercio de vuestros s\u00fabditos ape\u00adnas come pan ordinario, otro tercio no vive m\u00e1s que de pan de avena y el tercio restante, no solamente est\u00e1 reducido a la mendi\u00adcidad, sino que languidece en una necesidad tan lamentable que, una parte muere realmente de hambre, la otra no se sustenta m\u00e1s que de bellotas, hierbas y cosas parecidas, a semejanza de los ani\u00admales. Los menos desdichados no comen m\u00e1s que salvado y sangre que recogen en los regatos de los mataderos. Yo mismo he visto con mis propios ojos esta miseria en diferentes lugares, desde m\u00ed salida de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>El 26 de junio de 1633, J. Luis de La Valette escribe desde Burdeos al canciller S\u00e9guier: \u00ab&#8230;Se puede temer que la necesidad extrema en que viven los pueblos suscite algunos malos consejos&#8230; la miseria es tan general en todas partes que ser\u00e1 imposible, si no hay alg\u00fan alivio moment\u00e1neo, que el agotamiento no conduzca al pueblo a tomar alguna decisi\u00f3n peligrosa&#8230;\u00bb. Los autores de los \u00abCuadernos\u00bb de los estados de Normand\u00eda se quejan del rigor in\u00adhumano de los \u00abagentes de contribuci\u00f3n&#8230; llegando, dicen ellos en 1634, a haber arrancado la camisa que cubr\u00eda la desnudez de los cuerpos e impedido a las mujeres en varios lugares, por verg\u00fcenza de su propia desnudez, el asistir a las iglesias\u00bb. Se puede pensar que esta queja, como todo reproche, es excesiva, sin embargo el mismo lamento se encuentra en la antigua provincia de Angulema: \u00abLos agentes de contribuciones usurpan todos los bienes de los insolventes, quienes, privados incluso de sus vestidos, no se atreven a asistir a los oficios religiosos\u00bb.<\/p>\n<p>Durante la guerra de Francia contra Espa\u00f1a la correspondencia enviada al canciller S\u00e9guier desde todas las provincias de Francia, nos presenta un pueblo demasiado cargado de impuestos y excesi\u00advamente arruinado por la brutalidad de los arrendadores de con\u00adtribuciones y por las atrocidades de los soldados. Si el pueblo franc\u00e9s tiene necesidad de pan y de esperanza, los campesinos, durante todo el tiempo de la guerra franco-espa\u00f1ola y especialmente durante la Fronda, ven su indigencia convertida en miseria, sus vestidos reducidos a harapos y su esperanza decepcionada. Inme\u00addiatamente despu\u00e9s de la Fronda La Bruy\u00e9re escribe estas l\u00edneas a la vez desde\u00f1osas y compasivas: \u00abSe ve a ciertos animales fero\u00adces, machos y hembras, extendidos por la campi\u00f1a, negros, dema\u00adcrados y completamente quemados del sol, agarrados a la tierra que cavan y remueven con una invencible obstinaci\u00f3n; tienen una especie de voz articulada, y cuando se enderezan, muestran un ros\u00adtro humano. En efecto, son seres humanos. Al atardecer se reti\u00adran a sus chozas donde viven de pan negro, de agua y de ra\u00edces; ahorran a otros hombres la fatiga de sembrar, labrar y recoger pa\u00adra poder vivir, y de esta manera merecen el pan que ellos han sembrado\u00bb.<\/p>\n<p>Esta descripci\u00f3n corresponde al espect\u00e1culo de la campi\u00f1a de los alrededores de Par\u00eds despu\u00e9s de los horrores de la Fronda, pero sabemos que semejante espect\u00e1culo se extiende por otras muchas provincias de Francia.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Mendigos y vagabundos<\/em><\/p>\n<p>La valoraci\u00f3n de la pobreza y del \u00abbuen pobre\u00bb, que descri\u00adben los \u00abespirituales\u00bb del siglo xvii, surge de la imagen de la vida laboriosa de Jes\u00fas y del comportamiento de los primeros cristianos en la asistencia a los pobres.<\/p>\n<p>Por el contrario el \u00abmal pobre\u00bb es el que no quiere trabajar, es decir, el mendigo en estado normal de salud. Categor\u00eda pura\u00admente sociol\u00f3gica o incluso pol\u00edtica, la mendicidad est\u00e1 despro\u00advista, en el siglo XVII, de la aureola moral y po\u00e9tica, casi ritual, de la pobreza. La ociosidad produce la mendicidad, porque el trabajo es siempre bendecido <sup>22<\/sup>. La \u00fanica cosa necesaria es aban\u00addonar a Dios el \u00e9xito del trabajo.<\/p>\n<p>El vocabulario empleado, para definir a mendigos y vagabundos, no s\u00f3lo es revelador de la estructura mental de la sociedad, sino sumamente significativo en la historia social. El mendigo es el que no puede ganarse la vida y se ve obligado a recurrir a la ayuda de los dem\u00e1s para poder subsistir. Ello significa que ha ca\u00eddo en el mundo de la pobreza y que no puede salir de ella. Por eso no s\u00f3lo se encuentra en la privaci\u00f3n de recursos, sino que el \u00fanico recurso normal de su existencia es dedicarse a la mendicidad. J. P. Camus es, quiz\u00e1s, quien nos da la definici\u00f3n m\u00e1s precisa del t\u00e9rmino men\u00addigo en la primera mitad del siglo xvii: al pobre, \u00abque no tiene otro recurso m\u00e1s que su trabajo para mantener su vida\u00bb, opone el mendigo, \u00abque no s\u00f3lo se encuentra privado de todo recurso, sino reducido a tal grado de miseria, que no puede ganarse la vida por su trabajo, incluso aunque lo desee, bien porque est\u00e1 impedido por dolencia o enfermedad, bien por falta de empleo, aun cuando est\u00e9 en perfecta salud y tenga capacidad suficiente, si se le empleara en el trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino vagabundo tiene un sentido m\u00e1s restringido y var\u00eda de significado a trav\u00e9s del siglo xvir. Su sentido se precisa lentamente, a medida que el vagabundo se convierte en delito. S\u00f3lo entonces los juristas lo definen con mayor precisi\u00f3n y el t\u00e9r\u00admino adquiere su significado preciso. Hasta 1660, el vagabundo es el errante, el que no tiene domicilio fijo. El jurista F. Simon de Mereville escribe en 1624: el \u00abvagabundo es el que ha abandonado su domicilio y el lugar de su residencia ordinaria para robar y vivir del bandidaje, y como se dice, vagar de un lugar a otro, perezoso y m\u00e1s inclinado a hacer el mal que el bien, lo que va contra las buenas costumbres y por eso la ley le persigue y le hace perder el privilegio de su residencia\u00bb. Un edicto de 1666, referente a la seguridad de la ciudad de Par\u00eds, define con mayor precisi\u00f3n al va\u00adgabundo: \u00abSer\u00e1n declarados vagabundos y desalmados (gens sans aveu) quienes no tengan ninguna profesi\u00f3n ni oficio, ni bienes para subsistir; quienes no puedan hacer certificar su vida honrada y sus buenas costumbres por personas honradas, conocidas y dignas de fe y que sean de condici\u00f3n honorable\u00bb.<\/p>\n<p>En esta sociedad estratificada en diversos \u00f3rdenes jerarquizados en estados, Loyseau, al principio de siglo, coloca el estrato de los mendigos en lo m\u00e1s bajo de la escala social. Entre ellos los cojos y ciegos, sin duda a causa de las palabras del evangelio, tienen el derecho exclusivo \u2014seg\u00fan los reglamentos publicados en forma de edictos de la magistratura&#8211; de pedir bajo los p\u00f3rticos de las igle\u00adsias.<\/p>\n<p>Los mendigos dependen y viven del resto de la sociedad. Loyseau escribe: \u00abViven en la ociosidad y sin ninguna preocupaci\u00f3n, a expensas de los dem\u00e1s\u00bb y seg\u00fan la expresi\u00f3n utilizada por Feillet: gozan \u00abde la limosna como de las rentas de una prebenda\u00bb. En realidad, los mendigos del siglo XVII no inspiran ninguna con\u00adsideraci\u00f3n a sus contempor\u00e1neos. Es preciso darles de comer, por\u00adque jam\u00e1s tienen con qu\u00e9 alimentar su existencia, y es indispensa\u00adble que coman.<\/p>\n<p>Mendigos y vagabundos se presentan al historiador como ele\u00admentos peligrosos de un determinado orden social. Se sospecha constantemente de ellos que vienen de lugares contaminados y que propagan contagios y pestes. De hecho se los margina de la socie\u00addad. Estos desarraigados, cuyo n\u00famero aumenta considerablemen\u00adte en per\u00edodos de crisis, viven la vida sin pararse, en continuos des\u00adplazamientos. Sin embargo los documentos, que el historiador pue\u00adde consultar, s\u00f3lo los abordan cuando son detenidos por el poder judicial o cuando ingresan en los hospitales u hospicios, es decir, al margen de sus situaciones habituales de vida.<\/p>\n<p>Los documentos que nos informan de vagabundos y mendigos ayudan a precisar su silueta. Sin poderlos clasificar, hay en la \u00e9poca, el \u00abhombre de la copa de madera\u00bb, mendigo inoportuno y de as\u00adpecto molesto. Los que llevan una vida sospechosa, sin recursos regulares, como era el caso de Vicente de Pa\u00fal a su llegada a Par\u00eds, cuando se alojaba en casa de uno de sus \u00abpaisanos\u00bb y escribe a su madre: \u00abEl infortunio presente presagia la fortuna futura\u00bb. El n\u00famero de hombres es superior al de mujeres y ni\u00f1os. A este cor\u00adtejo se unen timadores, que mendigan en las campi\u00f1as, exhibiendo enfermedades y \u00falceras perfectamente imitadas, maestros de es\u00adcuela, de escritura, m\u00fasicos de paso, sastres, que vagabundean de una regi\u00f3n a otra en busca de trabajo, falsos peregrinos que, bajo pretexto de piedad, adquieren libertad total para mendigar impu\u00adnemente de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de provincia en provincia.<\/p>\n<p>Dado el sistema de reclutamiento y de formaci\u00f3n de ej\u00e9rcitos, no faltan vagabundos y ladrones que se alistan voluntariamente. Incluso, si no provienen del medio de vagabundos, este mundo los acecha y puede seducirlos. Los antiguos soldados, sobre todo si son inv\u00e1lidos, tienen mayor inclinaci\u00f3n a convertirse en vagabun\u00addos. Los soldados en actividad, libres durante la temporada de invierno, a quienes amenaza la tentaci\u00f3n del vagabundeo, caen f\u00e1\u00adcilmente en ella.<\/p>\n<p>El mayor n\u00famero de vagabundos lo forman jornaleros agr\u00edco\u00adlas. La guerra puede ser decisiva para provocar la huida de los cam\u00adpesinos m\u00e1s pobres, sin tierras, y atraerlos al vagabundeo. Sobre todo cuando se incendian pueblos, se saquean las casas, se lleva el grano y se destrozan las cosechas. La falta de pan los arroja a los caminos, y si llegan a sobrevivir, el unirse a las bandas de errantes, de mendigos, de soldados licenciados, constituye para ellos una raz\u00f3n de existencia y de vida. En un siglo de presi\u00f3n fiscal, en un pa\u00eds en el que el impuesto es de repartici\u00f3n, la miseria y la huida de unos pueden tener efecto acumulativo. Quienes han resistido durante un tiempo, cargados de impuestos, abandonan a su vez el campo. En la Francia del siglo xvii, crisis econ\u00f3mico-sociales y fuertes cargas fiscales tienen una influencia indirecta, que estimula la redistribuci\u00f3n de la propiedad y explica los vagabundeos. La concentraci\u00f3n de tierras en beneficio de algunos \u00abacaparadores\u00bb burgueses, lo hemos se\u00f1alado, se realiza en muchas provincias, lo que obliga a muchos peque\u00f1os campesinos a perder sus tierras y como a muchos jornaleros a la huida, al no encontrar trabajo, dada la concentraci\u00f3n de propiedades.<\/p>\n<p>Si por pauperismo es necesario entender, como lo han hecho la mayor\u00eda de los economistas hasta el siglo xx, la situaci\u00f3n de una clase de ciudadanos que no susbisten m\u00e1s que de las limosnas re\u00adcibidas, \u00bfcu\u00e1ndo el pauperismo ha sido m\u00e1s evidente que ante es\u00adtas multitudes de mendigos, que vienen a saciarse a las puertas de los conventos, de los hospitales, y en frente de estos vagabundos que constituyen una seria amenaza contra la sociedad?<\/p>\n<p>Las actitudes mentales y sociales de los hombres en relaci\u00f3n con la pobreza, los pobres y el pauperismo han evolucionado con las generaciones. Ellos han olvidado a veces y otras han percibido parcialmente los elementos parad\u00f3jicos del problema permanente: la conciliaci\u00f3n parad\u00f3jica del esc\u00e1ndalo de la miseria vivida \u2014po\u00adbreza real\u2014 y la estima espiritual de la pobreza \u2014virtud que in\u00adtroduce en la vida cristiana\u2014. Nada nuevo hay en todo esto: la cuesti\u00f3n de fondo es el problema del mal. En estas actitudes se requiere llegar a descubrir los comportamientos colectivos de la iglesia y de la sociedad civil con los pobres.<\/p>\n<p>Actitudes y comportamientos obligan a no disociar la pobreza &#8211;como noci\u00f3n espiritual y realidad psicol\u00f3gica\u2014 del contexto econ\u00f3mico-social. En esta evoluci\u00f3n hist\u00f3rica se podr\u00e1 intentar de\u00adducir la coyuntura de la pobreza, de los pobres y del pauperismo.<\/p>\n<p>La manera de enfocar el problema del pauperismo en el siglo xvii \u00bfconstituye un dinamismo o un obst\u00e1culo para remediarlo? La respuesta merece ser estudiada con detalle y supone muchos matices para lograr que sea lo menos inexacta posible.<\/p>\n<p>No se puede olvidar que la miseria en el siglo XVII es conside\u00adrada como un castigo del pecado original o de los pecados perso\u00adnales; el remedio debe encontrarse en la caridad de los ricos y en la resignaci\u00f3n de los pobres <sup>39<\/sup>. Pero esta resignaci\u00f3n predicada por unos y casi aceptada por otros, y la costumbre de repartir la limosna a las puertas de los conventos y en la calle, impiden el tra\u00adbajo y crea en la ciudad y en el campo un pueblo de mendigos.<\/p>\n<p>Por otra parte, la idea, aparecida al final del siglo XVI, de que los pobres deben ser \u00abseparados\u00bb de la sociedad, se extiende en el siglo xvii. Las medidas aplicadas en el siglo xvi no hab\u00edan hecho desaparecer a los pobres y mendigos. A lo sumo hab\u00edan disimulado el n\u00famero, pero no lo hab\u00edan reducido. Se puede decir que durante todo el siglo xvii la mendicidad aparece como un problema angus\u00adtioso. Si no se puede calcular la amplitud del fen\u00f3meno, tampoco se puede discutir su realidad.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter obsesivo de la miseria, los mendigos inoportunos, que la caridad parece multiplicar, las bandas de vagabundos, terminan por inquietar. Se distribuyen limosnas, pero ya no se cree demasiado en la predisposici\u00f3n evang\u00e9lica de los pobres. M\u00e1s bien se sospecha de ellos, se horroriza uno de sus vicios, de su ignorancia, de su probable condenaci\u00f3n. Las iniciativas de la caridad no pare\u00adcen poder solucionar la situaci\u00f3n de miseria. Se sue\u00f1a entonces sustituirlas por el \u00abencerramiento\u00bb de los pobres en los hospitales generales, medio-manufacturas, medio-prisiones. No faltan teorizantes que sostienen semejante soluci\u00f3n. Los argumentos utilizados para justificar el proyecto son diversos. Unos se inscriben en la obra del mercantilismo para crear una econom\u00eda nacional <sup>40<\/sup>. Otros adu\u00adcen argumentos morales y religiosos. La vida que llevan los vaga\u00adbundos y mendigos es una vida de paganos: no bautizan a sus hijos y sus uniones se realizan a la manera de concubinatos. Los publi\u00adcistas escriben con agrado que los pobres son \u00ablibertinos\u00bb, es decir, que viven al margen de toda regla social y religiosa. El encerra\u00admiento permitir\u00e1 \u00abreglar\u00bb y \u00abgobernar\u00bb su vida.<\/p>\n<p>En las definiciones del vagabundo aparece la expresi\u00f3n de \u00abdes\u00adalmados\u00bb (gens sans aveu). El t\u00e9rmino es sumamente significativo en la sem\u00e1ntica del vocabulario de la pobreza. Si el pobre y, con frecuencia, el mendigo forman parte de la sociedad, al vagabundo, por el contrario, se le define esencialmente por la ausencia de v\u00edncu\u00adlos que le unen a la sociedad. La carencia de domicilio es algo que muchas compa\u00f1\u00edas de la caridad, en el siglo xvii, no perdonan: s\u00f3lo asisten a los que tienen domicilio. La reprobaci\u00f3n, que lleva consigo la ausencia de domicilio, ir\u00e1 aumentando hasta el siglo que hace \u00abvagabundo\u00bb igual a \u00abdesalmado\u00bb.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n gens sans aveu es muy fuerte. En la \u00e9poca moder\u00adna significa: alguien a quien nadie quiere reconocer como allegado suyo y de quien ninguna persona digna de fe quiere dar garant\u00eda. No tener la garant\u00eda de nadie, equivale a permanecer al margen de la sociedad y a no pertenecer a ninguna corporaci\u00f3n. Lo que es grave en una sociedad, donde \u00abclientela\u00bb y \u00abcorporaci\u00f3n\u00bb constitu\u00adyen las estructuras de las relaciones y de los v\u00ednculos sociales. Si se a\u00f1ade que vagabundos y, a veces algunos mendigos, viven volun\u00adtariamente al margen de la sociedad, en el \u00ablibertinaje\u00bb, es decir, rechazando toda imposici\u00f3n social \u00absin someterse a las reglas de la religi\u00f3n y de la raz\u00f3n\u00bb<sup>,<\/sup> se puede suponer su \u00abestatuto\u00bb social.<\/p>\n<p>Por eso no hay por qu\u00e9 extra\u00f1arse de que la misma sociedad los margine y adopte contra ellos medidas rigurosas, sobre todo en el campo judicial, por motivos de orden y de seguridad social.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n del lenguaje en el estudio de la pobreza es suma\u00admente reveladora. Al llamar pobre a quien ordinariamente tiene un nivel de vida muy bajo y est\u00e1 expuesto todos los d\u00edas a no con\u00adseguir lo indispensable para vivir, mendigo a quien tiene que pedir limosna para poder subsistir, el vocabulario franc\u00e9s del siglo XVII nos revela la vulnerabilidad y la gran dificultad a las que se ve so\u00admetida la clase humilde. Al definir y condenar al vagabundo y al \u00abdesalmado\u00bb, este mismo vocabulario nos informa c\u00f3mo la sociedad rechaza y margina de ella a una gran parte de las clases m\u00e1s bajas.<\/p>\n<p>Si del vocabulario se pasa a la realidad a trav\u00e9s del siglo XVII, se observa que estas diversas categor\u00edas de pobres se entremezclan, se confunden y el n\u00famero de participantes aumenta a causa de los azares de la vida y de las crisis econ\u00f3mico-sociales. Y esto es esen\u00adcial, porque vocabulario y realidad significan que la historia de la pobreza, de los pobres, en la \u00e9poca cl\u00e1sica es, sin duda, el estudio de los medios pobres, pero tambi\u00e9n la historia de una segregaci\u00f3n, de una separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los pobres en el siglo xvii se encuentran en los niveles m\u00e1s bajos de la sociedad, pero entre ellos hay quienes se encuentran marginados de y por esta sociedad. El problema de la mendicidad y del vagabundeo preocupa a la opini\u00f3n p\u00fablica y al gobierno real. Las diferentes medidas aplicadas por el gobierno desde 1611 hasta 1687 para poner remedio a este mal y la actitud de la sociedad con los mendigos pueden ayudarnos a aclarar la respuesta.<\/p>\n<p>Nos parece que para tratar de buscar una respuesta, se requiere determinar las causas del pauperismo y del vagabundeo, y precisar exactamente las fechas en que mendigos y vagabundos aparecen en grandes grupos. Desde principios de siglo, cuando Loyseau afirma: los mendigos viven \u00aben la ociosidad y sin ninguna preocu\u00adpaci\u00f3n, a expensas de los dem\u00e1s\u00bb, hasta 1656, fecha en la que el gobierno real publica el edicto referente al hospital general, los tiempos han cambiado, las causas de la mendicidad y del vagabun\u00addeo son completamente distintas y el n\u00famero ha aumentado mu\u00adcho.<\/p>\n<p>Las causas del pauperismo son m\u00faltiples y cada una aporta su tanto por ciento: la sucesi\u00f3n de carest\u00edas y epidemias, las crisis manufactureras y textiles contribuyen a aumentar las bandas de vagabundos, que llevan una existencia al margen de la sociedad. Los pobres, agobiados por repetidos golpes, no llegan a rehacerse durante los intervalos de la escasez. Al no encontrar un trabajo re\u00adgular, ni siquiera pueden retirar sus ropas, empe\u00f1adas a un precio usurario. Las operaciones militares y los destrozos de los soldados durante la guerra civil y extranjera exten\u00faan la provincia y reducen a la poblaci\u00f3n urbana y campesina al vagabundeo y a la mendici\u00addad. La concentraci\u00f3n de propiedad rural y los desastres monetarios multiplican los desdichados y los encaminan hacia las ciudades.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes son estos mendigos y vagabundos? En Amiens de 1625 a 1633, m\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n, quiz\u00e1s las 3\/5 partes, no pagan la tasa de los pobres impuesta a los ciudadanos. Estas abstenciones pertenecen a las categor\u00edas m\u00e1s desheredadas. Sin embargo las cotizaciones m\u00ednimas son de tres denarios por semana, es decir 1\/4 de sol. \u00a1Estas 3\/5 partes de la poblaci\u00f3n no pueden pagar los tres denarios por encontrarse en una gran pobreza!<\/p>\n<p>En el momento de la carest\u00eda del invierno de 1621-1622, la encuesta realizada por los concejales nos permite conocer el n\u00fa\u00admero de necesitados: \u00ab1.300 hombres y mujeres y 2.050 ni\u00f1os\u00bb. Estas personas necesitadas deben ser alimentadas por la munici\u00adpalidad. Desgraciadamente el efectivo de recursos de la \u00abOficina de los pobres\u00bb no puede proporcionar m\u00e1s que el equivalente de \u00a1quince a veinte kilos de pan por persona y por a\u00f1o! Cuando la carest\u00eda persiste y la crisis comercial aumenta el paro obrero, los administradores de la \u00abOficina\u00bb no pueden hacer frente a la mi\u00adseria y declaran su imposibilidad. La municipalidad abandona en\u00adtonces a estos pobres.<\/p>\n<p>La posibilidad de encontrar un trozo de pan en la ciudad alienta a los vagabundos y a los jornaleros sin trabajo a trasladarse del campo a la ciudad. Las autoridades municipales, que ni siquiera pueden alimentar a los necesitados de la ciudad, declaran la expul\u00adsi\u00f3n de los vagabundos y mendigos venidos de fuera y descubiertos por la polic\u00eda. De 1630 a 1640 esta polic\u00eda se vuelve cruel expul\u00adsando de la ciudad a todos estos errantes que propagan el robo y la sedici\u00f3n.<\/p>\n<p>En marzo de 1652, la \u00abOficina de los pobres\u00bb de Amiens de\u00adclara su incapacidad: la ciudad no puede de nuevo socorrer a sus propios indigentes. Los burgueses, que se resienten en la pros\u00adperidad de su comercio, cotizan con dificultad la limosna semanal, y las finanzas municipales, disminuidas por las exigencias del fisco, privadas por los arrendadores de las contribuciones reales del pro\u00adducto de arbitrios, no pueden socorrer ya esta miseria. La caridad privada, cuyas iniciativas se hab\u00edan prolongado desde 1624, confiesa la misma incapacidad: la amplitud del mal priva de toda eficacia a los remedios particulares.<\/p>\n<p>Entre los componentes de esta poblaci\u00f3n de mendigos y vaga\u00adbundos de Amiens se encuentran hombres y mujeres, matrimonios con hijos, muchachas y adolescentes, aprendices que abandonan el taller patronal antes de terminar su contrato, hiladores y tejedores de los pueblos vecinos, obreros forasteros, oficiales artesanos sin trabajo.<\/p>\n<p>En Beauvais, Pedro Goubert describe el mismo fen\u00f3meno, comprueba las mismas causas de estos rasgos horribles de la miseria y se\u00f1ala la misma incapacidad de la caridad privada para luchar con\u00adtra el mal. Por el contrario, no declara la existencia de masas de vagabundos.<\/p>\n<p>Con ocasi\u00f3n de cada una de las grandes crisis de la econom\u00eda del siglo XVII, los obreros y menesterosos de Beauvais reaccionan seg\u00fan el mismo esquema y sufren los mismos males: carest\u00eda, paro obrero, comienzos de rebeli\u00f3n obrera, medidas de caridad, conta\u00adgio.<\/p>\n<p>En octubre de 1630, comienza la carest\u00eda. El 24 de diciembre se establece una \u00abtasa de los pobres\u00bb para socorrerlos y se movili\u00adzan las compa\u00f1\u00edas burguesas contra la sedici\u00f3n, que amenaza. En febrero de 1631, los concejales de la municipalidad terminan la encuesta sobre el n\u00famero de pobres: el resultado da la cifra de 2.500. El 6 de abril de 1631, la ciudad pide dinero prestado para alimentar a los pobres y env\u00eda a los m\u00e1s fuertes a \u00abtrabajar en las fortificaciones\u00bb. El 10 de abril, la regidur\u00eda ofrece dinero a los \u00abfabricantes de s\u00e1banas que quieran emplear mayor n\u00famero de po\u00adbres de los que tienen\u00bb. En junio, el contagio de la peste se declara y la nueva cosecha se anuncia mala.<\/p>\n<p>En 1648, al comienzo de la Fronda, la \u00fanica preocupaci\u00f3n de la burgues\u00eda de Beauvais es impedir toda \u00absedici\u00f3n\u00bb de los obreros de la lana, exasperados por la subida de precios y por la disminu\u00adci\u00f3n de empleo. Durante toda la Fronda persiste esta misma preo\u00adcupaci\u00f3n. Solamente cuando los pobres comienzan a morir de ham\u00adbre y de enfermedad, esta preocupaci\u00f3n pasa a segundo plano. En esta fecha se crea la \u00abOficina de los pobres\u00bb. Sin embargo son raras las personas acomodadas que manifiestan por los pobres de la ciudad (jam\u00e1s se hace menci\u00f3n de los pobres del campo) senti\u00admientos de piedad. Ante todo es un asunto de conservaci\u00f3n, de orden, de defensa, de polic\u00eda social.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n de la burgues\u00eda de Beauvais durante los a\u00f1os de carest\u00eda se orienta hacia el acrecentamiento de su dominaci\u00f3n sobre las clases populares urbanas y rurales. En estos mismos a\u00f1os, los burgueses obtienen sus ventajas de los campesinos pobres. Care\u00adciendo de semilla y con frecuencia de alimentos, los campesinos se ven obligados a pedir anticipos. Los prestadores urbanos pueden entonces lanzarse sobre las aldeas y liquidar los cr\u00e9ditos: las par\u00adcelas rurales entran por centenares en las propiedades burguesas. Los pobres campesinos se ven entonces obligados a trabajar sus antiguas propiedades como arrendatarios o marcharse a la ciudad para convertirse en obreros sin oficio o para mendigar un trozo de pan.<\/p>\n<p><em>El \u00e9xodo de los campesinos a la ciudad<\/em><\/p>\n<p>Las ciudades, polos de atracci\u00f3n de todos los desdichados, atraen a los vagabundos. Los documentos que lo atestiguan son abundantes. El fen\u00f3meno se explica: en \u00e9pocas normales los pobres del campo piensan poder encontrar en la ciudad trabajo y en conse\u00adcuencia un salario para poder vivir. En per\u00edodos de crisis socio-eco\u00adn\u00f3micas, la posibilidad de ser asistidos en la ciudad, inexistente en el campo, los atrae. La historia del vagabundeo est\u00e1 relacionada con el \u00e9xodo rural.<\/p>\n<p>En Normand\u00eda los campesinos, obligados a mendigar para po\u00adder subsistir, se convierten en vagabundos sin hogar ni residencia fija. En Borgo\u00f1a, la encuesta realizada, desde el 16 de septiembre de 1644 al 7 de abril de 1645, por la c\u00e1mara permanente de los representantes del rey nos muestra las aldeas desiertas o casi in\u00adhabitadas. En Champa\u00f1a, los habitantes abandonan algunos pue\u00adblos y se van a vivir a los bosques de las monta\u00f1as de Reims o a las ciudades <sup>54<\/sup>. En Picard\u00eda el desfile de mendigos y de vagabundos au\u00admenta durante la guerra. El despueble de la Lorena es un fen\u00f3\u00admeno bien conocido <sup>56<\/sup>. Numerosas bandas de estos infortunados intentan refugiarse en las ciudades. El fen\u00f3meno nos lleva a com\u00adprobar que la poblaci\u00f3n de la ciudad de Troyes cuenta en 1649 con un tercio de mendigos. Las ciudades, para reaccionar contra esta invasi\u00f3n de vagabundos y mendigos, a quienes no pueden alimen\u00adtar, nombran los llamados \u00abexpulsadores-de-mendigos\u00bb. El \u00fanico medio que tienen para liberarse de esta miseria ambulante y embarazosa, a veces contagiosa, es utilizar la crueldad de la polic\u00eda.<\/p>\n<p>La mendicidad en Par\u00eds<\/p>\n<p>En Par\u00eds, lo mismo que en otras provincias de Francia, el pro\u00adblema de la mendicidad preocupaba desde el siglo XVI. El mal era grande, pero el remedio no era f\u00e1cil de encontrar. Razones de he\u00adcho y corriente ideol\u00f3gica llevan a la transformaci\u00f3n de ideas con respecto al pobre, la pobreza y el pauperismo.<\/p>\n<p>El siglo xvi no s\u00f3lo desconfi\u00f3 de los pobres, sino que se separ\u00f3 de la idea que consideraba a los pobres como representantes de Jesucristo. La transformaci\u00f3n de las ideas respecto a la pobreza pas\u00f3 por una cr\u00edtica seria de la ociosidad y por el elogio del tra\u00adbajo. La idealizaci\u00f3n franciscana de la pobreza y de la mendicidad sufri\u00f3 una decantaci\u00f3n. Este cambio de actitud con respecto a la pobreza, a los pobres, se origina en las ideas de una corriente mer\u00adcantilista. Por eso se afirma que un estado bien organizado debe proscribir la ociosidad, por ser la madre de todos los vicios. Esta condenaci\u00f3n de la ociosidad, y por consiguiente de la mendicidad y de los mendigos, se apoya en las nuevas ideas acerca del trabajo. Trabajar es cumplir el precepto de Dios y el medio de favorecer el desarrollo de la sociedad y de los ciudadanos. El trabajo, en con\u00adsecuencia, es una forma de adorar a Dios y un medio de santifi\u00adcaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El libro de J. L. Vives, De subvent\u00edone pauperum, publicado en Brujas en 1526, reeditado en Par\u00eds y Lyon en 1530 y 1532, ejerce una gran influencia en la reforma de la asistencia a los pobres. En el libro I, al describir el mundo de los pobres y de los ricos, Luis Vives ataca violentamente a unos y a otros. Los pobres viven en el vicio y cometen atrocidades y delitos. Piden muy inoportuna\u00admente en la calle y en las iglesias, molestan con sus llagas y apes\u00adtan con su hediondez. No se preocupan s\u00ed propagan enfermedades a los dem\u00e1s con su contagio. No s\u00f3lo se abren y aumentan llagas para dar m\u00e1s l\u00e1stima a quienes los miran, y as\u00ed aumentar la \u00abava\u00adricia de la ganancia\u00bb, sino que deforman los cuerpos de sus hijos y de los ni\u00f1os, que a veces roban o piden prestados para llevarlos por todas partes. Muchos, que gozan de buena salud, simulan en\u00adfermedades. Otros ociosos \u00abconvierten en oficio sus propios males\u00bb y defienden con impertinencia y ardor su mendicidad. Se sirven del nombre de Dios y de los santos para pedir limosna, pero tan lejos est\u00e1 Dios de su esp\u00edritu que lanzan contra \u00e9l \u00abtodo g\u00e9nero de blasfemias\u00bb. Su amor al dinero provoca entre ellos maldiciones, ri\u00f1as, golpes, muertes, crueldades y ferocidades de toda especie. Si no se les da lo que quieren, protestan y se enfadan, y cuando han conseguido la limosna deseada, se r\u00eden y se burlan de quienes se la han dado. Gastan con suma facilidad en cenas el dinero que adquieren durante el d\u00eda y piensan que ma\u00f1ana conseguir\u00e1n otro tanto. La vida licenciosa los impulsa a ser \u00abdesvergonzados, la\u00addrones e inhumanos\u00bb. Si alguien se lo hace observar e intenta aconsejarlos, replican con violencia: \u00absomos los pobres de Jesu\u00adcristo. Como si Jesucristo reconociese por suyos a unos pobres tan alejados de las costumbres y de la santidad de vida que nos en\u00adse\u00f1\u00f3\u00bb. Con el pretexto de su pobreza piensan que todo les es l\u00edcito. Desprecian las leyes y a los magistrados y toda ocasi\u00f3n, que se les presenta, es buena para robar. \u00abQuieren vengar su ira no s\u00f3lo con palabras y pu\u00f1os, sino con armas y muertes\u00bb. \u00abParticipan en sedi\u00adciones y tumultos e instigan a otros a hacer lo mismo\u00bb. Finalmen\u00adte exhorta a los pobres a trabajar y a soportar con paciencia su si\u00adtuaci\u00f3n para seguir a \u00abCristo despojado\u00bb y ser los \u00abelegidos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Al hablar de los vicios de los ricos, que los impiden ayudar a los pobres, afirma: Los ricos prefieren por amor propio inmoderado, fruto de la soberbia y de la avaricia, vivir en el lujo antes que dar limosnas. La veneraci\u00f3n excesiva al dinero los impulsa a pensar que \u00abdar una moneda a los pobres es darles la sangre y no un poco de metal\u00bb. Su ambici\u00f3n, soberbia y codicia los lleva a hacerse \u00abedi\u00adficar tumbas suntuosas en lugar de dar dinero al pobre\u00bb. Aun des\u00adpu\u00e9s de muertos \u00abde los robos y despojos que han hecho a los pobres y de las riquezas mal adquiridas, que ya no son suyas\u00bb, mandan que se les \u00abcanten salmos y se les digan misas sin restituir lo ajeno\u00bb. Sin embargo ellos no han recibido de Dios las riquezas m\u00e1s que para repartirlas. El \u00abreparto de limosnas a los pobres es m\u00e1s una restituci\u00f3n que una liberalidad\u00bb. Desgraciadamente los ricos olvidan que cuando se da limosna, el \u00abSe\u00f1or sale por fiador del pobre\u00bb y recibe lo que se da a los miserables. Para Luis Vives el sentido evang\u00e9lico revela que no hay verdadera piedad y cristia\u00adnismo si no es en el reparto y en la ayuda mutua. Al \u00abrico Dios le ha constituido tutor y defensor del necesitado\u00bb. Desgraciada\u00admente el ansia de riquezas hace \u00abrid\u00edcula\u00bb la doctrina y precep\u00adtos de Cristo y precipita a los ricos a la \u00abservidumbre de los \u00eddo\u00adlos\u00bb. En resumen, afirma Luis Vives, no tengo a nadie por verda\u00addero cristiano si no socorre, en cuanto puede, al necesitado.<\/p>\n<p>En el libro ir expone la reforma de la asistencia caritativa, re\u00adquerida por el inter\u00e9s de ricos y de pobres, e impuesta por el bien de la sociedad. Los magistrados de la ciudad deben ser los res\u00adponsables de la asistencia y los administradores de rentas y bene\u00adficios existentes y fundados para este fin. Su primera obligaci\u00f3n es hacer el censo de pobres y desdichados, enviar fuera de la ciudad a mendigos y vagabundos forasteros, despu\u00e9s de haberles dado la \u00ablimosna de paso\u00bb. Su esfuerzo se concentrar\u00e1 en buscar trabajo a todos los pobres. Podr\u00e1n \u00abencerrar a los mendigos incorregibles\u00bb y socorrer\u00e1n a todos los pobres que no pueden trabajar. Los cen\u00adsores, empleados por los magistrados, se informar\u00e1n de los vicios y costumbres de los pobres y mendigos. Esta encuesta se har\u00e1 todos los a\u00f1os. De esta manera, concluye, se suprimir\u00e1 la mendicidad.<\/p>\n<p>Luis Vives preconiza la centralizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n de las ayudas caritativas y ben\u00e9ficas, la reforma moral en las costumbres de ricos y pobres, el esclarecimiento de las ideas en las mentali\u00addades y la necesidad del trabajo para la construcci\u00f3n de una ciudad, de una sociedad, organizadas de acuerdo con las exigencias del des\u00adarrollo al que aspira la edad moderna.<\/p>\n<p>Estas ideas tienen sus repercusiones en Francia, donde se in\u00adtenta controlar a los pobres, separarlos de la sociedad, centralizar las limosnas y organizar las colectas. Para conseguirlo se crean, a partir de 1525-1530 las \u00abOficinas de los pobres\u00bb en varias ciuda\u00addes de Francia: Dijon, Troyes, Amiens, Poitiers, Lyon, Paris. El funcionamiento de estas \u00abOficinas de los pobres\u00bb se realiza y se asegura principalmente por una tasa impuesta a los habitantes de la ciudad. Esta decisi\u00f3n es sumamente significativa respecto a la asistencia caritativa en Francia durante el siglo XVI. Se prohibe dar limosna, pero se instituye una tasa, con frecuencia obligatoria, para asistir a los pobres. Sin embargo las resistencias a pagarlas son numerosas, especialmente en Par\u00eds.<\/p>\n<p>El objetivo de la fundaci\u00f3n de la \u00abgran Oficina de los pobres\u00bb en Par\u00eds (1544), fue, en efecto, luchar contra la terrible plaga de la mendicidad. Desde 1544 esta \u00abOficina de los pobres\u00bb co\u00admienza a encerrar en el hospital Saint-Germain \u00aba ancianos, enfer\u00admos, pobres incorregibles, inv\u00e1lidos e imposibilitados\u00bb. Esta pri\u00admera tentativa fue muy ef\u00edmera.<\/p>\n<p>El proyecto fracas\u00f3 por falta de dinero, lo mismo que en Lyon. Pero si las realizaciones fracasan, la idea de encerrar a los pobres est\u00e1 en germen en Francia. Generalmente hablando, el siglo XVI decidi\u00f3 ver en el pauperismo un problema de orden p\u00fablico. Pero sus tentativas de organizar la asistencia no tuvieron \u00e9xito. Al ter\u00adminar el siglo la mendicidad permanece. El siglo XVII afrontar\u00e1 a su vez pobreza, mendicidad, vagabundeo, con tradiciones, super\u00advivencias, prolongaciones en la realidad y en las ideas.<\/p>\n<p>Al comienzo del reinado de Lu\u00eds XIII la idea de \u00abencerrar a los pobres\u00bb preocupa todav\u00eda a los esp\u00edritus. De 1611 a 1656, los re\u00adglamentos de polic\u00eda y los edictos del parlamento se multiplican. Esta multiplicaci\u00f3n prueba claramente su ineficacia.<\/p>\n<p>En 1611, aparece la redacci\u00f3n de los Statuts pour les h\u00f3pitaux des pauvres enferm\u00e9s. Los poderes p\u00fablicos buscan soluciones para evitar la plaga de mendigos. Para combatir esta epidemia, se intenta recurrir a los medios utilizados contra la peste: internar y aislar enfermos y mendigos. Se piensa que esta reclusi\u00f3n con una organizaci\u00f3n dura de trabajo en los centros de mendicidad dar\u00eda buenos resultados. La jornada de trabajo, se escribe en estos esta\u00adtutos, debe durar, en verano, desde las 5 de la ma\u00f1ana hasta las 7 de la tarde. El domingo se reserva a la asistencia a los oficios religiosos y a la predicaci\u00f3n. Se espera que el mantenimiento de estos hospitales ser\u00e1 asegurado por la \u00abtasa de los pobres\u00bb y las colectas en las iglesias. Estas decisiones intentan instituir una for\u00adma de servicio p\u00fablico y centralizar la caridad. Se exalta el valor de la limosna, aunque se desea un cambio en la manera de hacerla, pero no la pobreza, que se oculta en esta especie de prisiones. In\u00adtentando dar a los recluidos unas reglas de vida religiosa y una acti\u00advidad profesional, se pretende retirarles de su mala vida, aliviar al pueblo de sus importunidades y evitar los des\u00f3rdenes provoca\u00addos por ellos. De los 9.000 \u00f3 10.000 pobres que se encuentran por las calles de Par\u00eds, solamente se presentan 91 para ser internados. Los dem\u00e1s abandonan la ciudad o se esconden. Par\u00eds se siente de\u00adsembarazado de su molesta presencia durante cuatro a\u00f1os. El te\u00admor del castigo retiene escondidos a los mendigos o les fuerza a presentarse a los edificios destinados a encerrar a los pobres. En 1617 invaden de nuevo las calles de Par\u00eds. Un folleto publicado este mismo a\u00f1o habla del gran n\u00famero de mendigos, de sus grandes importunidades y de su comportamiento.<\/p>\n<p>Un nuevo edicto del parlamento, fechado el 29 de noviembre de 1619, intenta poner remedio, ordenando la reclusi\u00f3n de los po\u00adbres en el edificio llamado el \u00abPetit-Bourbon\u00bb, situado en el arra\u00adbal Saint-Jacques. En 1622, un nuevo edificio es destinado a los mendigos por decreto del parlamento. Sin embargo el n\u00famero de \u00abpobres encerrados\u00bb hab\u00eda descendido de 2.200 a 1.300 \u00f3 1.400. En 1629, 1630, 1632, el parlamento recuerda in\u00fatilmente los edictos de 1611 y 1612. El objetivo de estas disposiciones es siem\u00adpre el mismo: librarse de los \u00abmendigos\u00bb que \u00abconstituyen un peligro social\u00bb. Es necesario, en consecuencia, \u00abencerrarlos\u00bb. Los mendigos, que lo saben, prefieren su libertad y su ociosidad. La insuficiencia de medios financieros y la resistencia de los intere\u00adsados hacen fracasar estas primeras tentativas.<\/p>\n<p>Hacia 1640, Par\u00eds tiene alrededor de 450.000 habitantes, pero entre ellos se encuentra una masa flotante numerosa de pobres: \u00bfson 40.000? Los profesionales de la mendicidad se re\u00fanen to\u00addas las tardes, al anochecer, en lugares especiales llamados por iro\u00adn\u00eda Cour des miracles, donde piernas y brazos retorcidos se ende\u00adrezan, las llagas desaparecen y los moribundos gozan de perfecta salud. Estos Cour des miracles gobernados por el rey de los mendigos se convierten en lugares temibles y la polic\u00eda no se atreve a entrar en ellos.<\/p>\n<p>En 1653 es necesario socorrer las horribles miserias producidas por la guerra y la Fronda. Par\u00eds ve multiplicarse los mendigos: \u00bfson m\u00e1s de 100.000? Durante la guerra franco-espa\u00f1ola y sobre todo durante y despu\u00e9s de la Fronda, es dif\u00edcil distinguir a los profesionales de la mendicidad y del vagabundeo de los pobres obreros y campesinos, obligados a abandonar su trabajo y a men\u00addigar su vida para poder subsistir. El vagabundeo aumenta y los campesinos se unen en grandes grupos para defender su existencia. Reaccionando instintivamente contra una sociedad y un poder in\u00adtentan subsistir por el robo y el crimen. Muchos de ellos se unen a los truhanes del \u00abValle de la miseria\u00bb, quienes por una reacci\u00f3n de sana vitalidad intentan vivir a expensas de dicha sociedad y en consecuencia se organizan en grupos con sus jefes.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, conmovido ante el espect\u00e1culo de una mul\u00adtitud de pobres campesinos convertidos en mendigos, escribe estas palabras el 8 de octubre de 1649: \u00abLos pobres que no saben a d\u00f3nde ir ni qu\u00e9 hacer, que sufren y que se multiplican todos los d\u00edas, constituyen mi peso y mi dolor\u00bb.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n del poder central intentar\u00e1 afrontar el pro\u00adblema de la miseria, de la mendicidad y del vagabundeo decretando por edicto real, en abril de 1656, la creaci\u00f3n del Hospital General de Par\u00eds, donde pobres y mendigos ser\u00e1n encerrados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pobre var\u00eda a trav\u00e9s del espacio y del tiempo. Cada \u00e9poca produce sus pobres. La referencia a la misma ense\u00f1anza evang\u00e9\u00adlica induce, incluso, a tomar actitudes y opciones muy diversas en la manera de &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-400122","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","no-post-thumbnail"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El pobre var\u00eda a trav\u00e9s del espacio y del tiempo. Cada \u00e9poca produce sus pobres. La referencia a la misma ense\u00f1anza evang\u00e9\u00adlica induce, incluso, a tomar actitudes y opciones muy diversas en la manera de ... Read More\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2016-11-18T07:21:38+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Mitxel Olabu\u00e9naga\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@WeVincentians\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@WeVincentians\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Mitxel Olabu\u00e9naga\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"59 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\"},\"author\":{\"name\":\"Mitxel Olabu\u00e9naga\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/7c2670b4445a7ca9d164ea6acdb31859\"},\"headline\":\"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII\",\"datePublished\":\"2016-11-18T07:21:38+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\"},\"wordCount\":11758,\"commentCount\":2,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png\",\"articleSection\":[\"En tiempos de Vicente de Pa\u00fal\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\",\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\",\"name\":\"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png\",\"datePublished\":\"2016-11-18T07:21:38+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710\",\"contentUrl\":\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710\",\"width\":2192,\"height\":1710},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website\",\"url\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"name\":\"Somos Vicencianos\",\"description\":\"Know more to serve more\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\",\"name\":\"The Vincentian Network\",\"url\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"contentUrl\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"width\":778,\"height\":778,\"caption\":\"The Vincentian Network\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\",\"https:\/\/x.com\/WeVincentians\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/7c2670b4445a7ca9d164ea6acdb31859\",\"name\":\"Mitxel Olabu\u00e9naga\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/34137ec2e2b8939cbbed975731e71f3f4f1defc7266ded337a5ce0f925426877?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/34137ec2e2b8939cbbed975731e71f3f4f1defc7266ded337a5ce0f925426877?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Mitxel Olabu\u00e9naga\"},\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/mitxel\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos","og_description":"El pobre var\u00eda a trav\u00e9s del espacio y del tiempo. Cada \u00e9poca produce sus pobres. La referencia a la misma ense\u00f1anza evang\u00e9\u00adlica induce, incluso, a tomar actitudes y opciones muy diversas en la manera de ... Read More","og_url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/","og_site_name":"Somos Vicencianos","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","article_published_time":"2016-11-18T07:21:38+00:00","og_image":[{"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png","type":"","width":"","height":""}],"author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@WeVincentians","twitter_site":"@WeVincentians","twitter_misc":{"Escrito por":"Mitxel Olabu\u00e9naga","Tiempo de lectura":"59 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#article","isPartOf":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/"},"author":{"name":"Mitxel Olabu\u00e9naga","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/7c2670b4445a7ca9d164ea6acdb31859"},"headline":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII","datePublished":"2016-11-18T07:21:38+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/"},"wordCount":11758,"commentCount":2,"publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png","articleSection":["En tiempos de Vicente de Pa\u00fal"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/","url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/","name":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII - Somos Vicencianos","isPartOf":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy-300x234.png","datePublished":"2016-11-18T07:21:38+00:00","breadcrumb":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#primaryimage","url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710","contentUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710","width":2192,"height":1710},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-los-pobres-siglo-xvii\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/vincentians.com\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: Los pobres en el siglo XVII"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","name":"Somos Vicencianos","description":"Know more to serve more","publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization","name":"The Vincentian Network","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","contentUrl":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","width":778,"height":778,"caption":"The Vincentian Network"},"image":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","https:\/\/x.com\/WeVincentians"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/7c2670b4445a7ca9d164ea6acdb31859","name":"Mitxel Olabu\u00e9naga","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/34137ec2e2b8939cbbed975731e71f3f4f1defc7266ded337a5ce0f925426877?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/34137ec2e2b8939cbbed975731e71f3f4f1defc7266ded337a5ce0f925426877?s=96&d=mm&r=g","caption":"Mitxel Olabu\u00e9naga"},"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/mitxel\/"}]}},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7ETMF-1G5A","jetpack-related-posts":[{"id":387061,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-encuentra-a-vicente-de-paul\/","url_meta":{"origin":400122,"position":0},"title":"Luisa de Marillac encuentra a Vicente de Pa\u00fal","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"22\/08\/2019","format":false,"excerpt":"Desde la muerte de Antonio Le Gras, el 21 de diciembre de 1625, Luisa vivi\u00f3 una nueva \u00e9poca. Fue como una vida distinta despu\u00e9s de un segundo nacimiento. Hoy podemos dividirla en cuatro etapas: de 1625 a 1633, de 1633 a 1639, de 1639 a 1650 y de 1650 hasta\u2026","rel":"","context":"En \u00abEspiritualidad\u00bb","block_context":{"text":"Espiritualidad","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/espiritualidad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":120175,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-compromiso-con-la-justicia-dimension-esencial-del-servicio\/","url_meta":{"origin":400122,"position":1},"title":"El compromiso con la justicia, dimensi\u00f3n esencial del servicio","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"08\/05\/2013","format":false,"excerpt":"Introducci\u00f3n Cuando se habla del compromiso con la justicia en favor de los pobres y de lo que implica en la vida, es necesario, antes, estar incluidos entre los hombres y las mujeres mejor informados y for\u00admados referente a los pobres, a la pobreza y a la marginaci\u00f3n. La necesidad\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"justicia","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/04\/justicia-300x203.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":124904,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-encuentro-con-el-sacerdote-vicente-de-paul\/","url_meta":{"origin":400122,"position":2},"title":"Luisa de Marillac: encuentro con el sacerdote Vicente de Pa\u00fal","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"28\/05\/2015","format":false,"excerpt":"Bienes de la familia Le Gras Desde la muerte de Antonio Le Gras, el 21 de diciembre de 1625, Luisa vivi\u00f3 una nue\u00adva \u00e9poca. Fue como una vida distinta despu\u00e9s de un segundo nacimiento. Hoy podemos dividirla en cuatro etapas: de 1625 a 1633, de 1633 a 1639, de 1639\u2026","rel":"","context":"En \u00abLuisa de Marillac\u00bb","block_context":{"text":"Luisa de Marillac","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/luisa-de-marillac\/"},"img":{"alt_text":"vicente y luisa","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/03\/vicente-y-luisa-300x167.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":387338,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/resena-biografica-de-santa-luisa-de-marillac\/","url_meta":{"origin":400122,"position":3},"title":"Rese\u00f1a biogr\u00e1fica de Santa Luisa de Marillac","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/05\/2025","format":false,"excerpt":"Una preocupaci\u00f3n y un cambio Luisa de Marillac vivi\u00f3 en Par\u00eds en los a\u00f1os de Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV, reyes de Francia en el siglo XVII, mientras en Espa\u00f1a reinaban Felipe III y Felipe IV. Presenci\u00f3, por lo mismo, la Guerra de los Treinta A\u00f1os entre Francia\u2026","rel":"","context":"En \u00abLuisa de Marillac\u00bb","block_context":{"text":"Luisa de Marillac","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/luisa-de-marillac\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&resize=700%2C400 2x"},"classes":[]},{"id":134512,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/dos-papas-santos-simpatizantes-del-carisma-vicentino\/","url_meta":{"origin":400122,"position":4},"title":"Dos papas santos simpatizantes del carisma vicentino","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"31\/12\/2014","format":false,"excerpt":"El Papa Francisco canoniz\u00f3 a los papas Juan XXIII (1881\u20131963) y Juan Pablo II (1929\u20132005) el 27 de abril de 2014 en Roma, en el contexto del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II convocado por el papa Roncalli, convirti\u00e9ndose as\u00ed en los otros pont\u00edfices proclamados santos en\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"juan23_y_juanpablo2","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/12\/juan23_y_juanpablo2.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":130518,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santa-luisa-al-servicio-de-los-pobres-iii\/","url_meta":{"origin":400122,"position":5},"title":"Santa Luisa: al servicio de los pobres (III)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/05\/2014","format":false,"excerpt":"Las restantes religiosas... estaban todas enclaustradas A comienzos del siglo xvii, se hicieron en Francia seis o siete fundaciones de Ursulinas. Pero las \"seglares\" de Angela Medici, despu\u00e9s de haber sido las \"congregadas\" de san Carlos Borromeo, se convirtieron en Par\u00eds, desde 1612, en monjas en el pleno sentido de\u2026","rel":"","context":"En \u00abLuisa de Marillac\u00bb","block_context":{"text":"Luisa de Marillac","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/luisa-de-marillac\/"},"img":{"alt_text":"luisa","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/05\/luisa.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400122","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=400122"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400122\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":400123,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/400122\/revisions\/400123"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=400122"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=400122"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=400122"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}