{"id":400119,"date":"2016-11-16T08:33:33","date_gmt":"2016-11-16T07:33:33","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400119"},"modified":"2016-10-20T10:35:34","modified_gmt":"2016-10-20T08:35:34","slug":"francia-tiempo-vicente-paul-miseria-pobreza-1600-1660","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-miseria-pobreza-1600-1660\/","title":{"rendered":"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: miseria y pobreza (1600-1660)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400100\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-demografia-economia-sociedad\/400es-01-copy\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=2192%2C1710\" data-orig-size=\"2192,1710\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"400es-01-copy\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=300%2C234\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?fit=846%2C660\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400100 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234\" alt=\"400es-01-copy\" width=\"300\" height=\"234\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=300%2C234 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=768%2C599 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1024%2C799 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=100%2C78 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=846%2C660 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?resize=1004%2C783 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/400es-01-copy.png?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Para saber qui\u00e9nes son los pobres en el siglo XVII y lo que son; para llegar a conocer la miseria de los desdichados y poder caracterizar el estado de \u00e1nimo de los miserables, vamos a refe\u00adrirnos a sus contempor\u00e1neos. Son ellos, con frecuencia, quienes pueden proporcionarnos las informaciones menos incompletas, a veces, las m\u00e1s exactas.<\/p>\n<p>Ante todo nos es necesario confesar, que, a pesar de nuestro esfuerzo de imaginaci\u00f3n, es dif\u00edcil, incluso imposible, llegar a co\u00adnocer, a hacer revivir la situaci\u00f3n material de Francia en tiempos de Vicente de Pa\u00fal. No tenemos m\u00e1s que la posibilidad de descu\u00adbrir algunos puntos dolorosos.<\/p>\n<p>Para conocer con exactitud la miseria y la pobreza de esta \u00e9po\u00adca, no se podr\u00eda alegar solamente la baja e incierta producci\u00f3n agr\u00edcola, que hac\u00eda que Francia frisara con frecuencia la penuria. El problema se plantear\u00eda mejor si se pudiese determinar con pre\u00adcisi\u00f3n la relaci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n y las subsistencias. Desgraciada\u00admente esta precisi\u00f3n todav\u00eda no se ha conseguido.<\/p>\n<p>No obstante, se sabe que la mayor\u00eda de los campesinos y de los obreros de las ciudades sufre hambre y miseria en algunos a\u00f1os, sobre todo en ciertas \u00e9pocas de los mismos. Se requiere a\u00f1a\u00addir que la documentaci\u00f3n utilizada conduce a descartar del an\u00e1lisis a los mendigos, a los campesinos m\u00e1s pobres y a los obreros de la ciudad. Y sin embargo son ellos quienes, con mayor frecuencia, mueren de fr\u00edo, de hambre y de enfermedades. Esto prueba una vez m\u00e1s que los miserables no tienen historia, sobre todo entre las gentes del campo; y, sin embargo, han existido.<\/p>\n<p>Es cierto que muchas condiciones aparecen en realidad con\u00adtradictorias, incluso inexecrables, cuando se les arranca de una his\u00adtoria vivida en la oscuridad y en el tumulto. Si se trata de situar\u00adlas en su contexto vivido, quiz\u00e1s se esclarecen. Las palabras pobre\u00adza, miseria, adquieren realmente sentido cuando un pueblo realiza su historia.<\/p>\n<p>El estudio sem\u00e1ntico, partiendo de los diccionarios de la \u00e9po\u00adca, de los t\u00e9rminos: pobre, indigente, mendigo, desdichado, vaga\u00adbundo, pordiosero&#8230; muestra claramente que el t\u00e9rmino pobre no tiene en el siglo XVII el mismo sentido. El an\u00e1lisis de los documentos o de los textos legislativos concernientes al pauperismo per\u00admiten comprobar que el vocabulario de la miseria es muy variado.<\/p>\n<p>Fureti\u00e9re, en su Dictionnaire universel, da esta definici\u00f3n de pobre: \u00abEl que no tiene las cosas necesarias para sustentar su vida, para mantener su condici\u00f3n\u00bb. Esta segunda parte de la definici\u00f3n aumenta la confusi\u00f3n para saber, ayer como hoy, a qui\u00e9n llamar pobre. Ella puede hacer cambiar toda nuestra actitud en la inves\u00adtigaci\u00f3n y en el criterio. Llamar pobre a quien no tiene el m\u00ednimo vital biol\u00f3gico y a quien no puede mantener su rango, su posici\u00f3n en la sociedad, puede hacernos jugar con las palabras, crear la confusi\u00f3n y la inexactitud, provocar la sonrisa.<\/p>\n<p>Por rigor de precisi\u00f3n y tratando de encontrar la claridad de\u00adseada, nos limitaremos a la primera parte de la definici\u00f3n de Fureti\u00e9re. Llamamos, pues, pobres a aquellos cuyo nivel de vida es, peri\u00f3dicamente, muy bajo, a quienes no tienen las cosas necesarias para sustentar su vida, o est\u00e1n expuestos todos los d\u00edas a no con\u00adseguir lo estrictamente necesario para poder vivir.<\/p>\n<p>Para llegar a restituir el rostro de la pobreza, descubrir las di\u00adferentes categor\u00edas de pobres, es necesario encuadrar nuestra mi\u00adrada en el \u00e1ngulo de visi\u00f3n que puede proporcionarnos el espec\u00adt\u00e1culo de esta realidad humana. Para conseguirlo debemos preci\u00adsar los elementos concretos e invariables del siglo XVII:<\/p>\n<p>En primer lugar, se requiere saber d\u00f3nde est\u00e1n las riquezas y bajo qu\u00e9 forma, qui\u00e9nes son los poseedores, determinar las di\u00adversas formas de pobreza en raz\u00f3n de dos elementos: lo que se aspira a tener y lo que se posee, para saber si ello es suficiente para vivir y si se juzga conveniente, conocer los medios de comuni\u00adcaci\u00f3n entre ricos y pobres.<\/p>\n<p>En segundo lugar, es necesario esforzarse en comprender el motor del dinamismo de estos intercambios. Para conseguirlo, es preciso conocer los principios y la mentalidad de esta \u00e9poca acerca de la noci\u00f3n natural del derecho de propiedad y sus l\u00edmites, la vi\u00adsi\u00f3n humana y cristiana del hombre y de la sociedad. Esta visi\u00f3n de\u00adbe inscribirse en la solidaridad concreta de los individuos, las exi\u00adgencias de la jerarqu\u00eda que dirige el reino, el aspecto religioso y social de la sociedad.<\/p>\n<p>Lo que nos interesa, en el fondo, es la visi\u00f3n del hombre, porque es el hombre del siglo XVII quien est\u00e1 en juego y en proceso.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo estudiar la miseria de los pobres? Para caminar en compa\u00f1\u00eda de esta miseria ambulante, es necesario entrar en la reali\u00addad de una guerra larga y dura, que provoca la peste y el hambre, acordarse de las crisis econ\u00f3mico-sociales que determinan paro obrero y sub-empleo con la consiguiente preocupaci\u00f3n de poder comprar el pan diario, no olvidarse de la existencia de los galeotes, eternizados en sus cadenas por el poder central, pensar en los cau\u00adtivos y, sobre todo, no olvidar las enfermedades, los exp\u00f3sitos y el fen\u00f3meno grave de la mendicidad y del vagabundeo.<\/p>\n<p>Si despu\u00e9s de este inventario reflexionamos sobre los medios de comunicaci\u00f3n y admitimos la dificultad de los transportes, ten\u00addremos alguna posibilidad de descubrir ciertos puntos dolorosos de una realidad que se nos escapa.<\/p>\n<p>\u2014 Finalmente, a trav\u00e9s de los organismos, de los hombres ex\u00adcepcionales y de los impulsos de los mecanismos del dinamismo de la comunicaci\u00f3n del siglo xvii, podremos aclarar, al menos en parte, la sombra errante de los seres disminuidos ante la mirada de la sociedad, reconocerles bajo sus \u00abharapos\u00bb y descubrir al\u00adgunos rasgos de su rostro.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n y la intuici\u00f3n de Callot, a quien el siglo xvii inspir\u00f3 las eternas pesadillas de la guerra, pueden ayudarnos a ima\u00adginar la \u00abcruel verdad\u00bb, sensibilizamos ante esta realidad, que no podemos llegar a precisar.<\/p>\n<p>Ciertamente ser\u00eda exagerado querer resumir la historia de la antigua monarqu\u00eda, como lo hace Carlos Louandre, en tres pala\u00adbras: \u00abla guerra, la peste y el hambre\u00bb, incluso si nos vemos obligados a comprobar la existencia y los estragos de esta triple calamidad. Tambi\u00e9n ser\u00eda demasiado simple repetir una vez m\u00e1s el triste refr\u00e1n: \u00abVerg\u00fcenza y miseria ante el exterior, crueldad y miseria en el interior\u00bb. Sin embargo hay que confesar que la miseria abunda, a veces llega a ser extrema, las desgracias, en al\u00adgunas \u00e9pocas, son horribles y el n\u00famero de hombres desdichados aumenta cada d\u00eda. El hambre o la \u00abcarest\u00eda\u00bb aparecen con extraor\u00addinaria regularidad y se deja caer sobre las espaldas de los s\u00fabdi\u00adtos del rey Luis. De 1610 a 1660, obreros y campesinos est\u00e1n tan faltos de recursos que se encuentran en el l\u00edmite de poder subsistir, especialmente en ciertos per\u00edodos del a\u00f1o. Las grandes subidas de precios y las malas cosechas disminuyen con frecuencia el trozo de pan indispensable para comer en la ciudad y en el campo. No se puede olvidar el poder enorme que contiene, en esta \u00e9poca, un trozo de pan repartido. La enfermedad contagiosa golpea fuerte\u00admente a la puerta de estos hogares de hambre y de miseria.<\/p>\n<p>Para comprender la Francia del tiempo de Vicente de Pa\u00fal, se requiere no olvidar que es un pa\u00eds agr\u00edcola en un 80 %. Este pa\u00eds rural, donde predomina una agricultura no industrializada, \u00bfpuede alimentar el gran n\u00famero relativo de sus habitantes? Se puede du\u00addar mucho que as\u00ed fuera. Las grandes \u00abmortandades\u00bb de 1629 a 1631, de 1648 a 1653, provocadas por el hambre y la enfermedad, son signos que indican con precisi\u00f3n que la poblaci\u00f3n tiende siem\u00adpre a sobrepasar sus propios medios de subsistencia.<\/p>\n<p>Las grandes crisis demogr\u00e1ficas de 1630 y las de 1648-1653 coinciden con las grandes crisis econ\u00f3micas, desencadenadas por un aumento c\u00edclico considerable de los precios del trigo. Por consi\u00adguiente no es exagerado pretender que el precio del trigo constituy\u00f3 un verdadero \u00abbar\u00f3metro\u00bb demogr\u00e1fico, y que de la crisis econ\u00f3\u00admica de tipo antiguo surgi\u00f3 la crisis demogr\u00e1fica de tipo antiguo. Si la vida y la muerte de los hombres depende de los precios del trigo, es porque los cereales dominan la econom\u00eda y la sociedad. Es\u00adto supone que la mayor\u00eda de los hombres no puede recolectar sufi\u00adciente trigo para vivir, o bien no posee suficientes recursos para comprarlo cuando su precio aumenta considerablemente. Como consecuencia del hecho de la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica y de la es\u00adtructura social, los pobres \u2014en el sentido de la \u00e9poca\u2014 es decir, los que no tienen pan suficiente para vivir, son diezmados de ma\u00adnera especial por las grandes mortandades correspondientes a las grandes crisis econ\u00f3micas. La crisis agr\u00edcola, agrav\u00e1ndose casi siem\u00adpre con una crisis manufacturera, provoca la falta de trabajo, y en consecuencia, la falta de salario. Esta crisis agr\u00edcola produce en\u00adtonces una crisis econ\u00f3mica y \u00e9sta desencadena al mismo tiempo los da\u00f1os del pan caro, del hambre, del paro obrero, de la miseria y de la muerte. Esta crisis agr\u00edcola, en definitiva, provoca siempre una crisis social. Para los pobres esta crisis significa pan m\u00e1s caro, pero tambi\u00e9n contrata m\u00e1s dif\u00edcil. El mundo de los pobres es el de la necesidad, donde la ausencia de reservas, y especialmente de reservas alimenticias, condena a la obsesi\u00f3n del pan diario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En los per\u00edodos de relativa prosperidad, antes de las grandes crisis del siglo xvii, se puede decir de manera general que los cam\u00adpesinos y los obreros viven con gran dificultad. Ellos ofrecen el cuadro de una semi-miseria, con algunas pinceladas de bienestar y con fuertes sombras de penuria y de miseria. En las condiciones t\u00e9cnicas de la \u00e9poca, la inmensa mayor\u00eda de los campesinos no re\u00adcolectaba lo necesario para alimentar a su familia y demasiados obreros, en la ciudad, recib\u00edan un salario insuficiente para resolver, en sus casas, el angustioso problema del pan diario.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Razones de la pobreza y de la miseria en el siglo XVII<\/em><\/p>\n<p>La miseria que pone a prueba, que tortura a la mayor\u00eda de los contempor\u00e1neos de Vicente de Pa\u00fal, proviene de distintas causas. Querer describirlas con detalle ser\u00eda demasiado extenso. Tratare\u00admos de hacer el inventario de las m\u00e1s constantes y m\u00e1s decisivas.<\/p>\n<ol>\n<li>Estructura econ\u00f3mica: baja productividad<\/li>\n<\/ol>\n<p>La econom\u00eda francesa del siglo XVII, lo hemos se\u00f1alado, sigue siendo, ante todo, agr\u00edcola y la t\u00e9cnica no industrializada de esta agricultura no permite producir lo suficiente para sobrepasar el ni\u00advel m\u00e1ximo ni, de manera general, es lo bastante regular, para evi\u00adtar los golpes brutales. Como es necesario alimentar a un gran n\u00famero relativo de habitantes, la agricultura permanece encerrada en el exclusivo cultivo de cereales. Pero hay que decir que el pan de trigo es un lujo, el de centeno es patrimonio de los consumido\u00adres acomodados. Sobre todo se consume comu\u00f1a, mezcla de cerea\u00adles y, a veces, de casta\u00f1as y de habas.<\/p>\n<p>Los cereales exten\u00faan r\u00e1pidamente la tierra y, el esti\u00e9rcol, casi el \u00fanico abono utilizado, escasea. Los agricultores, para permitir a la tierra reposarse, la dejan en barbecho un a\u00f1o cada dos o cada tres. Dos quintas partes, al menos, de tierras cultivables permane\u00adcen improductivas cada a\u00f1o y, por a\u00f1adidura, una semilla demasia\u00addo mala produce muy mediocremente.<\/p>\n<p>Mal alimentado y poco numeroso, el ganado es peque\u00f1o, se agota r\u00e1pidamente y rinde poco en el trabajo. Los arados utilizados, arados sin ruedas, no llegan a labrar profundamente la tierra.<\/p>\n<p>La falta de mano de obra, en el momento de las cosechas, es otro obst\u00e1culo para aumentar el cultivo de tierras. La poblaci\u00f3n, con un n\u00famero considerable de personas errantes y de vagabundos, es dif\u00edcilmente sedentaria.<\/p>\n<p>El resultado es que el margen de la recolecci\u00f3n y de produc\u00adci\u00f3n es reducido y poco el\u00e1stico, por el contrario la poblaci\u00f3n fran\u00adcesa es muy el\u00e1stica, porque la gente se casa en los a\u00f1os de buena cosecha y los hijos vienen pronto, sin que esto quiera decir que los hombres en esta sociedad se reprodujesen \u00abcomo los ratones en un granero\u00bb. De esta manera la poblaci\u00f3n, tendiendo siempre a sobrepasar las subsistencias, est\u00e1 mal alimentada, su estado de salud es mediocre, su vida corta y de n\u00famero limitado.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Movimientos de corta duraci\u00f3n: fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos<\/li>\n<\/ol>\n<p>El siglo xvii se inscribe en una serie de a\u00f1os fr\u00edos y lluviosos. Los resultados son desastrosos porque las heladas destruyen la co\u00adsecha y la lluvia la pudre.<\/p>\n<p>De 1629 a 1631, los s\u00fabditos del rey Luis se encuentran en una situaci\u00f3n catastr\u00f3fica a causa de los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos. La primera gran helada (1629-1630) destruye la cosecha y produce la carest\u00eda, \u00e9sta provoca la peste y esta \u00faltima engendra la muerte. Entre 1639 y 1643 y de nuevo entre 1646 y 1650, Francia conoce una serie de veranos fr\u00edos y h\u00famedos que se manifiestan perju\u00addiciales para la producci\u00f3n de grano.<\/p>\n<p>En los per\u00edodos de grandes hambres y de peste, 1629-1631, 1648-1653, 1660, casi todo todo el reino se encuentra afectado. Se puede decir que no hay casi ning\u00fan a\u00f1o sin que una provincia del reino pase por esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La escasez produce la subida de precios de los cereales inferio\u00adres m\u00e1s que la de los superiores, y las clases populares son las m\u00e1s afectadas. La peste, por miedo del contagio, obliga a cerrar las puertas, disminuye muy sensiblemente la circulaci\u00f3n, paraliza la industria y determina la supresi\u00f3n de mercados y ferias. En rea\u00adlidad paraliza la vida en el campo y en la ciudad.<\/p>\n<p>Durante estos per\u00edodos, las defunciones aumentan, en conse\u00adcuencia, bruscamente. Los muertos alcanzan el cu\u00e1druple y aun el qu\u00edntuple de los a\u00f1os normales. Los pueblos son m\u00e1s afectados que las ciudades: se muere a la vez de hambre, de fr\u00edo y de peste. En las ciudades, los obreros artesanos se encuentran m\u00e1s afectados que los ricos y los acomodados. En el campo y en la ciudad, los ni\u00f1os son brutalmente diezmados.<\/p>\n<p>Estas oscilaciones de la poblaci\u00f3n y la de los precios se deben, en parte, a un fen\u00f3meno exterior, a las variaciones de las subsisten\u00adcias ocasionadas por el estado de la atm\u00f3sfera. Ellas traducen la escasez de subsistencias e indican las crisis por efectos acumula\u00addos de falta de pan y escasez de obreros en la ciudad y en el cam\u00adpo<\/p>\n<p>Una vez desencadenada la crisis de subsistencias, no es f\u00e1cil encontrar los medios para remediarla. La distribuci\u00f3n de bienes, de riquezas a los pobres, se realiza, en su mayor parte, por la ca\u00adridad. Es cierto que el fen\u00f3meno de la limosna intenta establecer un equilibrio econ\u00f3mico, pero en los momentos de grandes crisis este proyecto no va demasiado lejos. Sin duda hubiese sido in\u00fatil y peligroso, incluso imposible, repartir entre los pobres las rentas de los ricos, en aquel estado social y pol\u00edtico. Lo que falta son los v\u00edveres y las rentas son poca cosa en relaci\u00f3n con las necesidades de la poblaci\u00f3n. El resultado de una redistribuci\u00f3n total de bienes hubiese sido la sumisi\u00f3n de todos a la miseria, el aumento del desorden y de la anarqu\u00eda, un descenso de nivel de vida para to\u00addos, un retroceso de civilizaci\u00f3n. Importar cereales del extranjero no es siempre posible, dada la dificultad de los transportes terres\u00adtres. A veces se hace, pero en peque\u00f1as cantidades, lentamente y a gran precio.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Movimientos de larga duraci\u00f3n: la fiscalizaci\u00f3n<\/li>\n<\/ol>\n<p>El siglo XVII es un siglo de guerras. Desde los alrededores de 1630, la monarqu\u00eda francesa decide detener los avances de Espa\u00f1a y de sus aliados del otro lado del Rin. Pero esta serie de guerras no debe hacer olvidar la expedici\u00f3n a la regi\u00f3n bearnesa, el sitio de La Rochelle y las rebeliones protestantes de Cevenal y Languedoc. Dos series de guerras se establecen, en consecuencia, y la monarqu\u00eda se convierte en un gobierno de guerra m\u00e1s que desp\u00f3tico.<\/p>\n<p>No se puede olvidar que, despu\u00e9s del gobierno de Concini y de Luynes, Richelieu, con la energ\u00eda que le caracteriza, va a tratar de poner orden casi por todas partes y a organizar la Francia comer\u00adcial y artesana; por el contrario desconoce toda organizaci\u00f3n ban\u00adcaria y hasta la m\u00e1s m\u00ednima revoluci\u00f3n agr\u00edcola. Este programa de acci\u00f3n provoca en el pueblo crisis terribles.<\/p>\n<p>Finalmente, Richelieu intenta a todo precio \u00abrealzar el nom\u00adbre del rey\u00bb all\u00ed donde se le hab\u00eda olvidado excesivamente, des\u00adpu\u00e9s del asesinato de Enrique IV. Esta pol\u00edtica, que entra\u00f1aba gra\u00adves riesgos, no recibe una acogida entusiasta del conjunto de per\u00adsonajes que constitu\u00edan entonces \u00abla opini\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Elegir la guerra es abandonar toda idea de tranquilidad y to\u00adda voluntad de reforma en el interior del reino; es aceptar las instituciones, las costumbres, los comportamientos del pa\u00eds y aco\u00admodarse a ellos, incluso si son inadaptados a la voluntad de la gue\u00adrra. Elegir la guerra contra los monarcas m\u00e1s cat\u00f3licos de Europa, es aceptar de antemano la alianza de sus enemigos obligados. Hacer la guerra es tambi\u00e9n constituir un ej\u00e9rcito, y quiz\u00e1s una marina, par\u00adtiendo casi de cero&#8230;<\/p>\n<p>Encontrar soldados, caballos, armas, barcos, comboyes de abas\u00adtecimiento, aliados, equivale a encontrar dinero, mucho dinero. Esta b\u00fasqueda continua, improvisada y casi desesperada de dinero para hacer la guerra obliga a recurrir al inveros\u00edmil sistema de im\u00adpuestos heredado del fondo de los siglos. Desgraciadamente, esta red de impuestos est\u00e1 llena de privilegios y de excepciones, cuya jurisdicci\u00f3n y jurisprudencia pertenecen a centenares de tribunales que se querellan entre s\u00ed.<\/p>\n<p>La guerra obliga al gobierno real a recurrir casi constantemente al cr\u00e9dito. Este recurso al cr\u00e9dito y la necesidad de dinero engendran una pol\u00edtica fiscal sin precedentes. El tesoro real, siempre en gran d\u00e9ficit, se ve obligado a utilizar todos los procedimientos de cr\u00e9dito. Estos acreedores -no se atreve a llamarles usureros-como muchas malas hierbas prestan sus servicios. Este recurso a los acreedores es el \u00fanico medio que tiene el gobierno para salir de su penuria financiera.<\/p>\n<p>Tales procedimientos del gobierno orientan los capitales hacia las operaciones financieras del estado e impulsan el ascenso de los financieros y de los oficiales. Los oficiales de finanzas, especialmen\u00adte los omnipotentes tesoreros de Francia, son grandes acreedores del rey. La venta de funciones p\u00fablicas, la \u00abvenalidad\u00bb de los cargos p\u00fablicos, se convierte en sistema y alcanza su apogeo. Toda la clase de funcionarios es consolidada de esta manera. Por el con\u00adtrario, las operaciones comerciales e industriales, menos fructuosas y m\u00e1s aleatorias, tienen una influencia muy relativa. Los financie\u00adros, los arrendatarios del patrimonio real y de los impuestos reales sienten cada d\u00eda m\u00e1s repugnancia a invertir su capital en el co\u00admercio y en la industria. Prefieren hacer contratos con el rey.<\/p>\n<p>El estado, para atraer el dinero l\u00edquido al tesoro, contrata tam\u00adbi\u00e9n sus rentas ordinarias y arrienda la inmensa gama de los im\u00adpuestos indirectos. Desde 1642 y hasta despu\u00e9s de la Fronda, los impuestos directos son arrendados a los financieros, que se encar\u00adgan de cobrarlos y obtienen grandes beneficios. Pero los impuestos directos de 1610 a 1640 se cuadruplican y los impuestos indirectos aumentan. Sin embargo la cosecha no es mayor. Lo que alivia un poco el impuesto, son las discusiones de los agentes fiscales con los contribuyentes, y al final, estos \u00faltimos pagan algo menos de lo que se les pide, pero cuando el contribuyente no puede pagar se rebela. El gobierno y los contribuyentes deben soportar entonces las consecuencias de estas rebeliones producidas, con mucha fre\u00adcuencia, por el aplastamiento del impuesto.<\/p>\n<p>Se puede decir que esta pol\u00edtica de guerra, que hab\u00eda de crear la grandeza de Francia, proporciona fructuosas ganancias y ocasiona operaciones fraudulentas para una minor\u00eda del reino, y por el con\u00adtrario, irrita, hiere, golpea excesivamente fuerte a la gran mayo\u00adr\u00eda del pueblo franc\u00e9s.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li>Los hombres de guerra<\/li>\n<\/ol>\n<p>A las cargas demasiado pesadas de la contribuci\u00f3n y a las veja\u00adciones de los recaudadores de impuestos, se debe a\u00f1adir la acci\u00f3n de este \u00abrudo utensilio\u00bb que domina todo, el soldado: los cam\u00adpesinos son saqueados y exterminados, sus pueblos devastados e incendiados por una soldadesca saqueadora y viciosa.<\/p>\n<p>Durante la guerra de Francia contra Espa\u00f1a (1635-1659), el gobierno real necesita encontrar dinero a todo precio. Desde el oto\u00ad\u00f1o de 1635 hasta julio de 1637, la necesidad de dinero es una preo\u00adcupaci\u00f3n para Richelieu. Teme que este \u00abgran asunto\u00bb de la gue\u00adrra se convierta en un fracaso a causa de la falta de dinero. Le es necesario evitar esta derrota a cualquier precio. Este precio ser\u00e1 hasta los \u00faltimos d\u00edas de su ministerio -es necesario a\u00f1adir para ser exacto, hasta 1660- el reclutamiento de hombres y la recogida de dinero.<\/p>\n<p>Richelieu escribe a Luis mil el 16 de septiembre de 1635: \u00abEl rey sabe perfectamente que me he lamentado siempre del retraso de los tesoreros y de los municionarios, y que he dicho p\u00fablicamen\u00adte varias veces en sus consejos, que de nada serv\u00eda levantar ej\u00e9rcitos si no se da la orden de hacerlos pagar a tiempo, y si no se los provee esmeradamente de v\u00edveres\u00bb <sup>a<\/sup>. El mismo declara en su Testa\u00admento pol\u00edtico: \u00abEn la historia se encuentran m\u00e1s ej\u00e9rcitos que han perecido por falta de pan y de vigilancia, que por la fuerza de los ej\u00e9rcitos enemigos, y yo soy fiel testigo de que todas las empresas que se han realizado en mi tiempo no han fracasado m\u00e1s que por esta carencia\u00bb.<\/p>\n<p>Alinear un ej\u00e9rcito de un total de 100.000 hombres, al que se a\u00f1aden las tropas extranjeras, requiere un presupuesto de cuarenta a cincuenta millones. El n\u00famero excesivamente elevado de tro\u00adpas impide al gobierno central y a los capitanes gobernarlo direc\u00adtamente. No pueden dominar ni controlar a su gusto a estos \u00absoldadotes\u00bb. Casi nunca dominados, y con frecuencia mal pagados, los soldados no disponen casi nunca de otros recursos para subsistir que los del pillaje y la rapi\u00f1a. Dispersados, despu\u00e9s de haber de\u00adsertado en masa, los soldados se lanzan sobre los campesinos, mul\u00adtiplicando los robos, los incendios, la destrucci\u00f3n y las torturas.<\/p>\n<p>De 1648 a 1653, la Fronda parlamentaria y la de los pr\u00edncipes, desencadenan sobre los campesinos nuevas miserias y nuevos mo\u00adtivos de descontento. Obligados a entrar en el juego de los \u00abgran\u00addes\u00bb, atra\u00eddos por el cebo de las promesas de mejorar su situaci\u00f3n, la miseria de los campesinos llega a ser el precio de un juego de\u00admasiado doloroso y terminan por pagar, una vez m\u00e1s, los gastos de una revoluci\u00f3n fracasada; la miseria de los campesinos llega a ser demasiado cruel.<\/p>\n<p>Es cierto que esta pol\u00edtica de guerra impide al gobierno real poder obrar de otra manera, pero no es menos cierto que el pueblo agobiado se siente impelido, peri\u00f3dicamente, a rebelarse.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li>Revueltas y rebeliones<\/li>\n<\/ol>\n<p>La verdadera r\u00e1faga de rebeli\u00f3n popular comienza en 1624 y se prolonga un cuarto de siglo. Durante este per\u00edodo apenas exis\u00adte a\u00f1o que no haya conocido, en una u otra parte del reino, distur\u00adbios de este g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Para llegar a comprender las razones y el clima de estas revuel\u00adtas populares, se requiere no olvidar que esta \u00e9poca se distingue por una indomable reacci\u00f3n de \u00abcentralizaci\u00f3n\u00bb, de \u00abuniformidad\u00bb, de \u00abdesarrollo del Estado Moderno\u00bb y por aumento enorme de cargas fiscales.<\/p>\n<p>De 1624 a 1640, la pol\u00edtica de guerra adoptada y los gastos in\u00admensos, que implica, desencadenan en Francia una crisis general de finanzas. Si aparece una mala cosecha, o una mala venta, la situaci\u00f3n se agrava. Las masas se revelan y la sangre corre por todas par\u00adtes. Las sublevaciones irreflexivas o salvajes reflejan el desajuste entre el ideal pol\u00edtico, que se intenta conseguir, y la realidad econ\u00f3\u00admica de la vida diaria. Richelieu, para sostener econ\u00f3micamente la guerra e instaurar el centralismo mon\u00e1rquico, refuerza todo el arti\u00adficio fiscal. El campesino, \u00abburro de carga\u00bb del estado <sup>13<\/sup> y el mayor pagador de contribuciones e impuestos, siente, m\u00e1s que nadie, las consecuencias de esta pol\u00edtica fiscal. El cardenal tuvo necesidad de encontrar otros contribuyentes adem\u00e1s de los campesinos. Para con\u00adseguirlo, multiplica la creaci\u00f3n de funciones p\u00fablicas, lo cual hace reaccionar a los antiguos funcionarios; intenta introducir los funcio\u00adnarios encargados de la contribuci\u00f3n e impuestos en todas las pro\u00advincias, lo cual produce el descontento de todas ellas; finalmente multiplica los medios de coerci\u00f3n utilizables por los arrendatarios de impuestos, los delegados reales de la inspecci\u00f3n de las provin\u00adcias y los funcionarios, lo cual hace gritar a todo el mundo.<\/p>\n<p>El objetivo del sistema administrativo utilizado por Richelieu es claro: movilizar la abundancia de capitales parados en el pa\u00eds y sin embargo necesarios para la pol\u00edtica en la que se ha comprometi\u00addo. A pesar de las complicidades del desorden, de la falta de hon\u00adradez, de la diversidad de rebeliones y de sublevaciones, el cardenal consigue hacer pagar a los contribuyentes el abastecimiento de los soldados y los gastos de guerra. Es cierto que el pa\u00eds suministra una contribuci\u00f3n a la guerra, proporcionando dinero, riquezas, trabajo y hombres. Pero en esta Francia de los cardenales-ministros, envuelta en la rebeli\u00f3n, en el desorden, en la guerra, en \u00e9xitos y fracasos, en riqueza y miseria, los campesinos pagan el coste de la crisis, y las clases dominantes se benefician de su prosperidad. La guerra cuesta cara y la naci\u00f3n, peri\u00f3dicamente, no puede alimentar a todos sus habitantes: el fiambre es frecuente. Los impuestos son aplastantes, sobre todo si se tiene en cuenta que su distribuci\u00f3n excluye a los m\u00e1s ricos y que la incoherencia de su percepci\u00f3n enriquece dema\u00adsiado a algunos particulares, empobreciendo al mismo tiempo al es\u00adtado. Por todas partes, acorralados por una miseria excesiva, los76\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal<\/p>\n<p>contribuyentes se sublevan. Sublevados, se les aplasta pronto, a ve\u00adces r\u00e1pidamente. Vencidos, pagan de nuevo el coste de este \u00abdesor\u00adden\u00bb y se les castiga despiadadamente por su \u00abdesobediencia\u00bb <u><sup>14<\/sup><\/u>. Una vez m\u00e1s son ellos quienes pagan los costes de este duelo.<\/p>\n<p>No se puede dudar que la prosecuci\u00f3n de la guerra era una ca\u00adt\u00e1strofe para todos. Las miserias p\u00fablicas aumentaban y el abismo de sufrimiento parec\u00eda no encontrar fondo&#8230; Sin embargo no se puede permanecer insensible a esta empresa llevada a cabo con un rigor que tiene algo de heroico. Y es dif\u00edcil no dejarse convencer por esta inquebrantable pertinacia. El mismo Richelieu parece en\u00adcerrarse en una contradiccci\u00f3n que el Testamento pol\u00edtico declara, o al menos permite reconocer: \u00abEs necesario que exista, como ya lo he se\u00f1alado, una proporci\u00f3n entre lo que el pr\u00edncipe exige a sus s\u00fabditos y lo que ellos le pueden dar, no solamente sin arruinar\u00adlos, sino incluso sin proporcinarles una gran incomodidad\u00bb.<\/p>\n<p>Uno se puede preguntar si la moral pol\u00edtica de los cardenales-ministros, especialmente la de Richelieu, estuvo orientada por la lucidez y la claridad, pero lo que s\u00ed se puede afirmar es que la serenidad y la alegr\u00eda estuvieron ausentes.<\/p>\n<p>Esta ausencia de serenidad provoca f\u00e1cilmente la rebeli\u00f3n y es\u00adta rebeli\u00f3n desarrolla una energ\u00eda fren\u00e9tica, violenta, intensificando as\u00ed la miseria y determinando extorsiones graves: el paro se mul\u00adtiplica, los campesinos abandonan la tierra y el vagabundeo crece.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li>Formas de propiedad<\/li>\n<\/ol>\n<p>En tiempo de Vicente de Pa\u00fal la principal riqueza de Francia proviene de la tierra. Sin embargo los privilegiados del campo no son los campesinos, sino el clero, los nobles, los burgueses exen\u00adtos todos ellos de pagar la contribuci\u00f3n. Poseyendo esta gran ri\u00adqueza de bienes ra\u00edces, tienen una influencia predominante en la ex\u00adplotaci\u00f3n econ\u00f3mica y social del campo y gozan de los grandes r\u00e9ditos de estos bienes.<\/p>\n<p>Las dos formas de propiedad de la tierra \u2014feudal o de feudo\u2014son sumamente desfavorables para los campesinos. Los arrenda\u00admientos de los se\u00f1or\u00edos son m\u00e1s ventajosos, pero los arrendatarios sienten la incomodidad y la vejaci\u00f3n, incluso siendo pr\u00e1cticamente due\u00f1os de su trabajo y teniendo derecho a utilizar los frutos.<\/p>\n<p>En otras formas distintas de propiedad, la tierra se concede por un per\u00edodo de nueve a\u00f1os y el pago del arrendamiento durante este tiempo se determina en una cifra invariable, que han de pagar en dinero o en especie, o en las dos formas a la vez. Si la cosecha es mala o mediocre, los arrendamientos son perjudiciales y llegan in\u00adcluso a devorar la recolecci\u00f3n propia, ya que el pago al propieta\u00adrio puede alcanzar proporciones considerables; si la cosecha es buena, lo que les queda, una vez pagado todo, les permite solamente vivir. No se puede olvidar que el campesino, en esta forma de propiedad, no posee m\u00e1s que la superficie de las tie\u00adrras, y no tiene ning\u00fan inter\u00e9s en mejorarlas, porque corre el riesgo de perder las mejoras realizadas: el propietario puede despedir siempre al campesino una vez terminado el contrato. Para poder permanecer nueve a\u00f1os consecutivos, se requiere que el arrendata\u00adrio acepte el aumento de las rentas.<\/p>\n<p>El arrendamiento, en el siglo XVII, se convierte en un extenso comercio donde la ley de la oferta y de la demanda tiende a ajustar la coyuntura de alzas y bajas de los arriendos. A partir de Luis XIII se asiste a un despliegue caracter\u00edstico de los bienes ra\u00edces y a punciones de todas clases efectuadas por los grandes propietarios. La renta de los bienes ra\u00edces, percibida por el propietario, aumenta: este impulso es estimulado claramente por el aumento demogr\u00e1\u00adfico, que multiplica los candidatos al arrendamiento y agrava la de\u00admanda de tierras, sin que, por otra parte, aumente la oferta de tierras disponibles.<\/p>\n<p>Los mismos hechos conducen a distinguir por todas partes, va\u00adrios per\u00edodos en esta subida del arrendamiento: la primera mitad de siglo, la crisis de la Fronda y el tiempo de reconstrucci\u00f3n y de prosperidad que le sucede. En estos per\u00edodos, el propietario se aprovecha y los explotadores agr\u00edcolas se ven obligados a soportar el peso de su arrendamiento.<\/p>\n<p>De 1620 a 1649, existe un aumento febril de la propiedad bur\u00adguesa, al que corresponde una subida del precio de la tierra y espe\u00adcialmente un aumento considerable de los arriendos. Durante este tiempo los burgueses se aprovechan para comprar tierras a los campesinos. Para un negociante o financiero, y con mayor raz\u00f3n para un funcionario de justicia, la compra de tierras es el mejor medio de hacer fructificar su dinero. Esta inversi\u00f3n se convierte en la fuente m\u00e1s segura y m\u00e1s honorable de sus r\u00e9ditos y el medio de halagar su vanidad social.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li>Los acreedores de los campesinos<\/li>\n<\/ol>\n<p>Adem\u00e1s de los impuestos reales, de la clima y de la renta pa\u00adtronal, otra categor\u00eda de gravamen pesa sobre la renta bruta de la mayor\u00eda de los campesinos: el pago de intereses y el reembolso a los prestamistas de dinero. Los cr\u00e9ditos, las rentas constituidas, consentidas por los acreedores, aumentan con la pol\u00edtica empren\u00addida por Richelieu. Las inflaciones del siglo XVII, que benefician un poco la econom\u00eda de la nobleza, no sirven para mejorar a los campesinos acribillados de deudas, quienes, en lo sucesivo, son ahogados m\u00e1s fuertemente por los prestamistas. El siglo xvii es la edad de oro de los poseedores de fortunas l\u00edquidas y de los gran\u00addes mercaderes.<\/p>\n<p>Cuando la carest\u00eda amenaza, cuando las cosechas de la explota\u00adci\u00f3n no permiten alimentar a la familia, la reacci\u00f3n natural de los peque\u00f1os campesinos, para poder subsistir, es pedir prestada la fu\u00adtura semilla, y endeudarse; la reacci\u00f3n de los campesinos arrenda\u00adtarios es negarse a pagar su arriendo.<\/p>\n<p>Las deudas de los peque\u00f1os y medianos campesinos termina por ser el medio de constituir y de aumentar la riqueza, en bienes ra\u00edces, de los burgueses parlamentarios y financieros. Acaparando y reuniendo parcelas de tierra, preparan las condiciones de su bri\u00adllante \u00e9xito social. Los pobres campesinos, obligados a vender una parte de su herencia, para poder pagar sus deudas y encontrar con qu\u00e9 alimentar a sus familias, en los per\u00edodos de carest\u00eda y de in\u00addigencia, terminan por perder su herencia inmediatamente despu\u00e9s de la crisis demogr\u00e1fica. El hambre y la miseria arrancan a estos pobres campesinos sus tierras y les obligan, a veces, a trabajar como arrendatarios las parcelas recibidas en otro tiempo en herencia. Esta conquista urbana y burguesa progresa al mismo tiempo que crecen las deudas de los campesinos. Durante el siglo XVII, la bur\u00adgues\u00eda prosigue su ofensiva contra la propiedad campesina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para saber qui\u00e9nes son los pobres en el siglo XVII y lo que son; para llegar a conocer la miseria de los desdichados y poder caracterizar el estado de \u00e1nimo de los miserables, vamos a &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-miseria-pobreza-1600-1660\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":400100,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-400119","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: miseria y pobreza (1600-1660) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/francia-tiempo-vicente-paul-miseria-pobreza-1600-1660\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Francia en tiempo de Vicente de Pa\u00fal: miseria y pobreza (1600-1660) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Para saber qui\u00e9nes son los pobres en el siglo XVII y lo que son; para llegar a conocer la miseria de los desdichados y poder caracterizar el estado de \u00e1nimo de los miserables, vamos a ... 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