{"id":400076,"date":"2012-03-15T08:18:55","date_gmt":"2012-03-15T07:18:55","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400076"},"modified":"2022-02-12T12:34:47","modified_gmt":"2022-02-12T11:34:47","slug":"hijas-la-caridad-fundacion-filipinas-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-filipinas-2\/","title":{"rendered":"Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n en Filipinas (2)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400059\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1\/logo-hhc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" data-orig-size=\"161,212\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"logo-hhc\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" class=\"alignnone size-full wp-image-400059\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"logo-hhc\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Sumario:<\/em> <em>1.- Fundaci\u00f3n de la Viceprovincia Filipina. 2.- Hospicio de San Jos\u00e9 de Manila. 3.- Elogio de Sor Josefa Rivas. 4.- Colegio de Santa Rosa. Manila. 5.- Elogio de Sor Josefa N\u00fa\u00f1ez. 6.- Colegio de la Concordia. Manila. 7.- Elogio de Sor Tiburcia Ayanz. 8.- Sor Catalina Carreras. 9.- Sor Florentina Chasco. 10.- Sor Josefa de la Rota.<\/em><\/p>\n<p>1.-<em> Formaci\u00f3n de la Viceprovincia de Filipinas.<\/em> La Viceprovincia de Filipinas data de 1864, seg\u00fan Carta Circular del P. Sanz, fecha en Madrid a 22 de Junio de aquel a\u00f1o, en que dice: \u00abEl Consejo queda establecido desde que se reciba esta nuestra Circular, y se compondr\u00e1 del modo siguiente:<\/p>\n<p>\u00ab1\u00ba. El Director de Hermanas, que lo es el Sr. Velasco, y en los casos de ausencia o enfermedad, el Sr. Moral, Subdirector.<\/p>\n<p>2\u00ba. Sor Tiburcia Ayanz<\/p>\n<p>3\u00ba. Sor Josefa Rivas<\/p>\n<p>4\u00ba. Sor Casimira Marqu\u00ednez<\/p>\n<p>5\u00ba. Sor Catalina Carreras\u00bb.<\/p>\n<p>2.-<em> Hospicio de San Jos\u00e9.<\/em> Fue confiado a la direcci\u00f3n y gobierno de las Hermanas en 1865. Es un asilo de Caridad, donde se a\u00fanan todas las miserias. Tiene cuna de exp\u00f3sitos, correccional de menores, con oficios y clases: hu\u00e9rfanos, dementes, desvalidos, ancianos, etc&#8230;<\/p>\n<p>Cuando se encargaron de \u00e9l las Hermanas hab\u00eda de 150 a 200 asilados. Pronto subi\u00f3 a 800. Al principio las Hermanas fueron cuatro, aumentando luego hasta veinte, y son indecibles los muchos trabajos y sacrificios que les cost\u00f3 atender aquel establecimiento tan complejo y tan numeroso. Hoy forman en total 840 asilados al cuidado de 14 Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Superioras:<\/p>\n<p>Sor Josefa Adsarias\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1865<\/p>\n<p>Sor Josefa Casadeball\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1866<\/p>\n<p>Sor Josefa Rivas\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1867<\/p>\n<p>Sor Maria Santos Maeztu \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1907<\/p>\n<p>Sor Ventura Casanova<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Sanju\u00e1n<\/p>\n<p>Entre las benem\u00e9ritas Hermanas de este Hospicio de San Jos\u00e9 merecen especial menci\u00f3n\u00a0 Sor Josefa Rivas, conocida y querida en todo Manila. A pesar de su car\u00e1cter, al parecer \u00e1spero, y endeble organismo, estaba animada por un alma grande y alentaba en aquel pecho un coraz\u00f3n de oro. Cuarenta a\u00f1os, 1867-1907, estuvo al frente\u00a0 de la Comunidad, en calidad de interina, seg\u00fan sol\u00eda decir en su humildad, pues as\u00ed pudieron enga\u00f1arla para que aceptara el cargo de Superiora en un principio, cuando apenas ten\u00eda 33 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Fue natural de Monistrol, en Barcelona, donde naci\u00f3 en 11 de septiembre de 1833. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 12 de enero de 1853. Su primer destino fue la escuela de ni\u00f1os pobres en Valencia. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s pas\u00f3 a Andujar. Arrib\u00f3 a Manila en la segunda expedici\u00f3n. Destinada interinamente a la Escuela Municipal, pas\u00f3 poco despu\u00e9s, al colegio de Santa Isabel al hacerse cargo de \u00e9l las Hermanas.<\/p>\n<p>En 1865 fue destinada a la fundaci\u00f3n del Hospicio de San Jos\u00e9, que despu\u00e9s del horroroso terremoto de 1863, estaba instalado en una casa alquilada en el Barrio de San Miguel. No era posible vivir decentemente all\u00ed las doscientas personas que entonces hab\u00eda. Coincidi\u00f3 el traslado del Hospicio con el nombramiento\u00a0 de Sor Josefa para Superiora y muy pronto se not\u00f3 la m\u00e1s completa transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de los muchos cuidados y atenciones que su cargo la impon\u00edan con toda clase de personas, raro era el d\u00eda que no hiciera su visita a los pobres de los diversos departa\u00admentos, ya para consolarlos, ya para enterarse de las necesidades de cada uno. No obstante los setenta a\u00f1os y sus achaques consiguientes a dicha edad, no sab\u00eda dispensarse de visitar a sus amados pobres y cuando alguno se hallaba bastante enfermo no se contentaba con una o dos visitas diarias. Hallaba sus complacencias en medio de los menesterosos como una tierna madre en medio de sus hijos.<\/p>\n<p>Agotada por los a\u00f1os y por los continuos trabajos, muri\u00f3 santamente entre el llanto general de todos, el d\u00eda 6 de enero de 1907 a los 73 a\u00f1os de edad y 54 de vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4.-<em> Colegio de Santa Rosa.<\/em> Se encargaron las Hermanas del Colegio en 19 de enero de 1866. Todo el edificio estaba ruinoso desde el \u00faltimo terremoto. Lo primero, pues, a que se dedicaron fue a su reconstrucci\u00f3n material. El antiguo Colegio s\u00f3lo ocupaba parte de la manzana que hoy ocupa, y poco a poco, gracias a las Hermanas, se fueron compran\u00addo los solares y casas vecinas hasta levantarse el grandioso edificio\u00a0 actual, tenido como el primer Colegio de Manila. El nombre de Sor Josefa N\u00fa\u00f1ez es inseparable de este centro y puede con justicia ser llamada su segunda fundadora.<\/p>\n<p>Actualmente tiene el Colegio de Santa Rosa doscientas veinte ni\u00f1as internas, cincuenta medio internas y una escuela externa de ciento cincuenta.<\/p>\n<p>La Comunidad est\u00e1 formada por diez y siete Hermanas ayudadas por igual n\u00famero de maestras auxiliares. Han sido Superioras:<\/p>\n<p>r Eustaquia Lara<\/p>\n<p>Sor Catalina Carreras, 1866<\/p>\n<p>Sor Josefa Casadavall<\/p>\n<p>Sor Josefa N\u00fa\u00f1ez, 1876<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Juana Goitia<\/p>\n<p>Sor Dolores Granollers<\/p>\n<p>Sor Trinidad Puyuelo<\/p>\n<p>Sor Felisa P\u00e9rez<\/p>\n<p>5.- Sor Josefa N\u00fa\u00f1ez, que como queda dicho pudo ser llamada, la segunda fundadora del Colegio de Santa Rosa, naci\u00f3 en Nogales, Badajoz, el d\u00eda 17 de febrero de 1839. A los quince a\u00f1os y despu\u00e9s de uno de prueba en ese hospital, fue al Noviciado y tom\u00f3 el santo H\u00e1bito el 25 de abril de 1855. Tan buenos recuerdos ten\u00edan las Hermanas y los enfermos de ella en Badajoz, que a petici\u00f3n de la Superiora, fue destinada a aquel Hospital. Cerca de diez a\u00f1os pas\u00f3 en \u00e9l, cuidando de los enfermos, hasta que se ofreci\u00f3 para Filipinas. Consigui\u00f3lo, no sin dificultad, pues no quer\u00edan all\u00ed desprenderse de Hermana tan buena y activa.<\/p>\n<p>Vio al fin llegado el tan deseado d\u00eda y, el 2 de Diciembre de 1864, embarc\u00f3 en C\u00e1diz, en compa\u00f1\u00eda de once Hermanas, tres Padres Pa\u00fales y un Hermano Coadjutor.<\/p>\n<p>El primer destino de Sor Josefa fue el Hospital Militar, en donde s\u00f3lo estuvo dos a\u00f1os, sacrificada en el cuidado de los enfermos. En 1867 fue destinada al Colegio de Santa Rosa con el cargo de Directora. Lo mismo desempe\u00f1aba el oficio de inteligente y sol\u00edcita enfermera que el de maestra ilustrada y h\u00e1bil en el manejo de las ni\u00f1as, con el consiguiente engrandecimiento\u00a0 de la casa y cr\u00e9dito de sus ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>Tanto fue as\u00ed, que cuando el Sr. Obispo de Jaro pidi\u00f3 y obtuvo Hermanas para la apertura del Colegio de Ilo-Ilo, ninguna juzgaban m\u00e1s a prop\u00f3sito los Superiores que Sor Josefa, para organizar y dirigir la nueva Fundaci\u00f3n. Bien manifest\u00f3 all\u00ed el temple de su alma, pues falta de recursos y de la protecci\u00f3n prometida, no se arredr\u00f3 y a fuerza de sacrificios y privaciones llev\u00f3 adelante la obra comenzada. Pero el esfuerzo de cuatro a\u00f1os de lucha min\u00f3 su salud y los Superiores la volvieron al Colegio de santa Rosa con el cargo ya de Superiora, en Agosto de 1876.<\/p>\n<p>Al poco tiempo el terremoto de 1880 ech\u00f3 por tierra casi todo el edificio. Terrible situaci\u00f3n que hubiera desalentado a otro coraz\u00f3n menos varonil y esforzado que el de Sor Josefa, quien se propuso levantar un colegio nuevo con todos los adelantos modernos. No ten\u00eda ni para los cimientos, pero ella se las arregl\u00f3 y gracias a su incesante actividad vio terminado el nuevo edificio, que es hoy orgullo de Manila. En medio de su incesante actividad conserv\u00f3 siempre la calma e igualdad de \u00e1nimo, como fruto de su mortificaci\u00f3n interior y exterior. Era muy parca en el sue\u00f1o y en la comida. Llena de m\u00e9ritos y virtudes muri\u00f3\u00a0 el d\u00eda uno de marzo de 1901.<\/p>\n<p>6.-<em> Colegio de la Concordia.<\/em> Manila. Do\u00f1a Margarita Rojas de Ayala, don\u00f3 a las Hijas de la Caridad, \u00absus queridas Hermanas\u00bb como siempre las llamaba, una hermosa casa de campo llamada la \u00abConcordia\u00bb a fin de que establecieran en ella una escuela gratu\u00edta de ni\u00f1as pobres, y junto ella un Colegio, tambi\u00e9n para hu\u00e9rfanas y pensionistas. Cumpli\u00f3se la voluntad de la donante en mayo de 1868. El Colegio es propiedad exclusiva de la Comunidad.<\/p>\n<p>La casa primera fue luego insuficiente y se pens\u00f3 el levantar el actual edificio, en el que cupo parte muy principal a la noble y piadosa D\u00f1a. Margarita. Se inaugur\u00f3 solemne\u00admente\u00a0 con el nombre de Inmaculada Concepci\u00f3n a principios de 1870, con inusitada solemnidad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s se han hecho tales mejoras que la Concordia est\u00e1 reputada\u00a0 como uno de los mejores Colegios de Manila y de todo Filipinas, ya por el n\u00famero de internas, ya por la excelente instrucci\u00f3n y esmerada educaci\u00f3n, que en \u00e9l se ha dado y se da en la actualidad.<\/p>\n<p>Como en casa propia, qued\u00f3 establecido en ella el centro\u00a0 de las Hijas de la Caridad de Filipinas y la residencia oficial de la Vicevisitadora, juntamente con el noviciado para las j\u00f3venes que se sientan con vocaci\u00f3n de Hermanas.<\/p>\n<p>Actualmente tiene este Colegio 190 pensionistas y 42 gratuitas; 49 externas pensionistas y 189 externas gratuitas. Adem\u00e1s 63 ni\u00f1os externos gratis.<\/p>\n<p>Desde 1872 funciona all\u00ed un comedor gratuito para los ni\u00f1os pobres de la escuela, con promedio anual de 92.<\/p>\n<p>Pasan de 300 las maestras titulares formadas en la Concordia. Desde el cambio de r\u00e9gimen pol\u00edtico tuvieron las Hermanas que acomodarse a los planes del Gobierno americano, ense\u00f1ando todas las asignaturas en ingl\u00e9s, sin dejar por ello de dar al espa\u00f1ol un lugar importante.<\/p>\n<p>Este colegio, como los dem\u00e1s de Hermanas de Filipinas, goza de aprobaci\u00f3n oficial y est\u00e1 autorizado para expedir los mismos t\u00edtulos, que se dan en las escuelas primarias, intermedias y superiores del Gobierno.<\/p>\n<p>Entre las muy competentes Hermanas, profesoras de este centro, merece consignarse el nombre de Sor Petra S\u00e1ez, quien por sus excelentes dotes intelectuales y morales ha sido, por muchos a\u00f1os la Directora, alma y vida de estas ense\u00f1anzas y cientos de alumnas repiten su nombre y la bendicen desde todas las provincias filipinas. Pasan de 15.000 las j\u00f3venes que han frecuentado este colegio desde su fundaci\u00f3n hasta el presente.<\/p>\n<p>La Comunidad se compone de 37 Hermanas. En el Noviciado hay 22 seminaristas. Han sido Superioras, Vicevisitadoras:<\/p>\n<p>Sor Tiburcia Ayanz,\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1868<\/p>\n<p>Sor Catalina Carreras<\/p>\n<p>Sor Florenti\u00adna Chasco<\/p>\n<p>Sor Josefa de la Rota \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1904<\/p>\n<p>Sor Francisca Bernia \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1908<\/p>\n<p>Sor Carmen Almansa\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1915<\/p>\n<p>Sor Josefa Gurbindo\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1921<\/p>\n<p>7.- <em>Sor Tiburcia Ayanz.<\/em> He aqu\u00ed el prototipo de la mujer fuerte, de la tiern\u00edsima madre del pobre, pa\u00f1o de l\u00e1grimas de miles de desgraciados, la querida e inolvidable Superiora de las Hijas de la Caridad, que por espacio de treinta y seis a\u00f1os\u00a0 vino a ser representante genuina de casi todas las obras de caridad\u00a0 de la Ciudad de Manila. Podemos asegurar, sin temor a ser desmentidos, que Sor Tiburcia fue en los treinta \u00faltimos a\u00f1os\u00a0 de la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola, la persona m\u00e1s conocida y quiz\u00e1 la m\u00e1s querida en esta populosa ciudad, lo mismo entre la alta sociedad de Manila, en la que era venerada, que entre la gente pobre y necesitada, que la quer\u00eda como a una verdadera madre.<\/p>\n<p>Digamos algo de su santa vida e inagotable caridad. Natural de Cemborain, Navarra, vino al mundo el a\u00f1o 1822. Cumplidos los diez y ocho a\u00f1os parti\u00f3 para la Inclusa de Pamplona, donde hizo el Postulantado y, despu\u00e9s de unos meses, fue al Noviciado de Madrid, el 16 de junio de 1844, saliendo al a\u00f1o siguiente para el Hospital\u00a0 de Jerez de la Frontera.<\/p>\n<p>El Hospicio de la Ciudad de Teruel pasaba por una de las crisis m\u00e1s terribles, cuando juzgaron conveniente los superiores encomendar su direcci\u00f3n a Sor Tiburcia, que s\u00f3lo ten\u00eda 36 a\u00f1os. Bien pronto experiment\u00f3 serios contratiempos y amargos sinsabores. Los Administradores comenzaban a tratar con cierta desconfianza a la nueva Superiora, mientras los empleados y a\u00fan los pobres recogidos se manifestaban rebeldes a su autoridad. Lejos de quejarse, se abraz\u00f3 la cruz, logrando por fin su virtud el m\u00e1s glorioso triunfo, pues los pobres vieron pronto en Sor Tiburcia una madre y los empleados, atra\u00eddos por su dulzura, se convirtieron en fieles esclavos\u00a0 de su voluntad. Los Administradores mismos, concluyeron por ser subyugados por la admirable prudencia de Sor Tiburcia, concedi\u00e9ndola todo cuanto ella ped\u00eda. Tan s\u00f3lo en los cuatro a\u00f1os que all\u00ed estuvo cambi\u00f3 por completo la situaci\u00f3n de la casa, as\u00ed en lo espiritual como en lo econ\u00f3mico, y al salir de Teruel fue tal la consterna\u00adci\u00f3n y el sentimiento de aquellos pobres que llorando exclamaban: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 habremos conocido a la que tan pronto \u00edbamos a perder?\u00bb.<\/p>\n<p>Para la fundaci\u00f3n de esta lejana y entonces desconocida tierra filipina los superiores pusieron sus ojos en Sor Tiburcia, encomendando tan ardua empresa a su prudencia y virtud. Al mes de su llegada a Manila pusieron el Hospital Militar a su disposici\u00f3n, siendo diez las Hermanas destinadas al servicio de los enfermos, bajo direcci\u00f3n de la misma Sor Tiburcia, cuya bondad gan\u00f3 muy pronto las simpat\u00edas de cuantos la trataron, lo mismo de los pobres soldados enfermos, que de los jefes y administradores. Como era superiora de todas las fundaciones, vi\u00f3se en la precisi\u00f3n de tratar con todas las clases de la Sociedad de Manila, lo mismo del elemento oficial, que simples particulares y fue tal el ascendiente que por sus virtudes adquiri\u00f3 sobre todos, que de Manila entera m\u00e1s bien que respetada era venerada.<\/p>\n<p>Bien pronto se dio a conocer su grande y hermosa alma con ocasi\u00f3n del horroroso terremoto de 1863, desvivi\u00e9ndose por atender a todos\u00a0 con su ardoroso celo, ya prestando sus servicios personales a tantos desgraciados, ya alentando cual general en jefe a sus Hermanas, para sacrificarse en aras de la m\u00e1s tierna caridad. En medio de aquella cat\u00e1strofe, Sor Tiburcia se acord\u00f3 de sus queridas Hermanas dejadas en Teruel y les comunic\u00f3 en carta del d\u00eda 6 de junio de aquel a\u00f1o, tan triste nueva: \u00abNo llevamos un a\u00f1o, les dice, y ya el Se\u00f1or nos ha visitado con una de esas pruebas terribles, cuyo s\u00f3lo recuerdo hace estremecer. Un terremoto tal, que jam\u00e1s se hab\u00eda visto semejante en Filipinas, ha venido a arruinarlo todo, el 3 de este mes; nosotras nos encontramos en pocos momentos medio sepultadas entre los escombros del Hospital sin que ninguna Hermana tuviese la menor lesi\u00f3n, gracias a Dios.<\/p>\n<p>Las salas de los enfermos se han desplomado, o por mejor decir todo el Hospital, no es m\u00e1s que un mont\u00f3n de ruinas, donde no puede uno arriesgarse a entrar m\u00e1s que temblando. Hasta el presente no se han podido sacar m\u00e1s que cuatro cad\u00e1veres de debajo de los escombros. No sabemos si habr\u00e1 otros. Eran las siete y veinticinco minutos de la tarde cuando empez\u00f3 el terremoto. Nos sorprendi\u00f3 en el Oratorio dando gracias. Si nos hubiera sorprendido en las salas, hubi\u00e9ramos sido v\u00edctimas. La Divina Providencia lo dispuso todo para nuestro bien.<\/p>\n<p>No puedo expresar cu\u00e1l fue mi impresi\u00f3n en aquel momento. Cuando el sacudimiento pas\u00f3 yo corr\u00ed a los enfermos. M\u00e1s \u00a1ay de mi! al abrir la sala de los europeos la vi hundida y pens\u00e9 que todos estaban sepultados bajo los escombros con Sor Francisca Villanueva. Yo grit\u00e9 \u00a1misericordia!. Ped\u00ed socorro, porque me encontraba sola entre tantos desgraciados. Llam\u00e9 a Sor Francisca. Corr\u00ed llamando al contador para buscar gente. Encontr\u00e9 a este pobre hombre yerto de espanto saliendo \u00e9l mismo de entre las ruinas. En fin, ya vi que Sor Francisca estaba viva y sin herida alguna. Mas, \u00a1qu\u00e9 cuadro tan espantoso!. Mejor pod\u00e9is imaginarlo que yo represent\u00e1roslo. Todas las Hermanas lloraban con sus enfermos y sacaban los que ellas pod\u00edan de los escombros. Muchos europeos se asieron a las ventanas y se dejaron caer a la calle por las paredes del edificio. Viendo a todas las Hermanas salvadas, ya no ten\u00eda otro cuidado m\u00e1s que por los Misioneros, que cre\u00eda bajo las ruinas, mas gracias a Dios se han encontrado ellos y todos estamos sanos y salvos.<\/p>\n<p>Ahora los enfermos est\u00e1n en una especie de caba\u00f1as muy mal, pero no hay otro remedio. Yo temo mucho que mis Hermanas caigan enfermas por el exceso de calor y de trabajo. Pedid al Se\u00f1or por estas pobres Islas Filipinas. Muchos trabajos nos esperan, porque el Hospital que se constru\u00eda ha sido destruido como el antiguo y tanto los enfermos como nosotras estaremos mucho tiempo sin asilo conveniente\u00bb.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 1878 su salud sinti\u00f3se debilitada a causa de los constantes trabajos y desvelos por sus Hermanas y por sus pobres, de cuyo pretexto se sirvi\u00f3 para suplicar a los Superiores la libraran del cargo de Vicevisitadora de las Hermanas en las Islas. Pero de ning\u00fan modo quisieron acceder a sus deseos. En cambio, para que procurara restablecer sus fuerzas, decidieron que fuera una temporada al pr\u00f3ximo puerto de Shanghai, donde las Hermanas francesas ten\u00edan la Casa Central de la China.<\/p>\n<p>Tan grabadas quedaron en su coraz\u00f3n las miserias que all\u00ed presenci\u00f3 que, desde entonces, siempre pensaba en sus queridos ni\u00f1os de la Santa Infancia, enviando cuanto pod\u00eda para aquellos pobres seres desgraciados.<\/p>\n<p>Digamos tambi\u00e9n algo de sus entra\u00f1as maternales para con tantas viudas desvalidas y hu\u00e9rfanas desamparadas. Bastaba con el simple relato de la necesidad que sent\u00edan, para deshacerse en amor aquel coraz\u00f3n compasivo. Rara era la pobre viuda que no saliera de su presencia consolada y socorrida. Procuraba admitir en el colegio de la Concordia a cuantas hu\u00e9rfanas pod\u00eda sin que la amedrentaran las dificultades, ni asustase el n\u00famero al parecer excesivo. Ordinariamente hab\u00eda treinta; a veces cuarenta y hasta cincuenta colegialas pobres y casi otras tantas j\u00f3venes y ancianas en calidad de sirvientas, todas las cuales eran sostenidas por el Colegio. Lo mismo procuraba hicieran las Superioras de otros Colegios regidos por las Hermanas; de ah\u00ed la plausible costumbre de admitir en ellos un diez por ciento de estas ni\u00f1as pobres y hu\u00e9rfanas. Cuando no era posible admitirlas en los dem\u00e1s Colegios, las sol\u00eda recibir en la Concordia diciendo: \u00abYa que nadie recibe a estas pobrecitas desamparadas, ellas ser\u00e1n para m\u00ed\u00bb. Efectivamente, entre las educandas pobres y las pensionistas no hab\u00eda ni hay distinci\u00f3n alguna. Todas recib\u00edan de Sor Tiburcia los mismos cuidados y la misma educaci\u00f3n. Las ni\u00f1as pobres, por su parte, con s\u00f3lo ver a Sor Tiburcia, lloraban de ternura, considerando que ya no eran hu\u00e9rfanas, repiti\u00e9ndose unas a otras: \u00abqu\u00e9 buena es nuestra madre; cu\u00e1nto nos ama\u00bb.<\/p>\n<p>Dios concedi\u00f3 a Sor Tiburcia el consuelo de que muchas de estas pobres consiguieran una honesta y holgada posici\u00f3n. Otras de estas j\u00f3venes, por ella educadas, se han consagra\u00addo al Se\u00f1or en diferentes Congregaciones, ayud\u00e1ndolas Sor Tiburcia\u00a0 en lo posible, cuando manifestaban voluntad decidida de abrazar el estado religioso.\u00a0 Pero si alguna sent\u00eda sinceros deseos de ir a trabajar en la conversi\u00f3n de la China, ella le proporcionaba todo lo necesario, sin perdonar gastos, exclamando con aquel su celo de ap\u00f3stol y de candor de \u00e1ngel: \u00abDios sea bendito por haberte llamado a esta hermosa misi\u00f3n. \u00a1Anda hija m\u00eda, anda!, ya que casi nada puedo hacer yo por la pobre China, tu te sacrificar\u00e1s en mi lugar con fe y caridad y tendr\u00e1s una preciosa recompensa en el cielo\u00bb.<\/p>\n<p>Es incalculable el n\u00famero de familias que hizo salir de la miseria material y moral, estando dotada del don de convertir almas. Con el ascendiente que le daba la fama de santidad dirig\u00eda amorosas reprensiones y daba maternales avisos a las personas que no se portaban como deb\u00edan.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1880 visit\u00f3 Dios a la ciudad de Manila con otro horroroso temblor, ocurrido el 18 de julio, que redujo a escombros muchos edificios de la capital, llenando de consternaci\u00f3n a sus habitantes. Escribiendo Sor Tiburcia a la Madre General le dec\u00eda: \u00abEl d\u00eda 18 de julio, cuando todas nuestras capillas estaban adornadas con lo mejor que ten\u00edamos para celebrar la fiesta de San Vicente y que, seg\u00fan costumbre deb\u00edamos reunirnos para los oficios en una de las Iglesias de Manila, sobrevino un terremoto que dur\u00f3 setenta segundos. Las casas se balanceaban como una barquilla sobre el mar borrascoso. Todas cre\u00edamos que \u00edbamos a perecer. Nuestras alumnas, en n\u00famero de doscientas, no recibieron la m\u00e1s peque\u00f1a herida y salimos para reunirnos en el jard\u00edn, junto a la estatua de San Vicente. Tan pronto como me fue posible, fui a ver lo que hab\u00eda sucedido a las Hermanas de otras casas. Ninguna de ellas ni sus pobres hab\u00edan tenido nada, excepto cuatro j\u00f3venes dementes que sufrieron ligeras contusiones.<\/p>\n<p>Los Misioneros y las Hermanas, que se encontraban entonces en lo alto de la casa, tampoco tuvieron nada. El 19 celebramos la fiesta de San Vicente, a pesar de algunas oscilaciones, no pensando que el temblor de la v\u00edspera se renovase.<\/p>\n<p>El mismo 19, mientras pon\u00edamos los muebles y otros objetos en seguridad, tuvo lugar a las diez y media de la noche, un terremoto tan violento como el del d\u00eda 18. Tuvimos gran temor y no pudiendo estar seguras en casa con 200 ni\u00f1as, nos instalamos en un campo cercano bajo peque\u00f1as casas de paja y solo vamos a la casa para o\u00edr misa y confesarnos. Las Hermanas y ni\u00f1as de Santa Rosa han tenido que ir a una aldea, pues su casa est\u00e1 derruida. Una de las Hermanas que estaba administrada, ha podido ser trasladada aqu\u00ed.<\/p>\n<p>El Hospital Militar est\u00e1 en ruinas. Una de nuestras Hermanas ha sido milagrosamen\u00adte salvada de los escombros. La antigua parte del Hospital de San Juan de Dios ha sido enteramente destruida. Nuestras Hermanas se han mostrado muy sol\u00edcitas, en medio de sus enfermos, cuyo n\u00famero asciende a m\u00e1s de trescientos. Se les hab\u00eda ofrecido un local bien preparado, mas Sor Villanueva contest\u00f3: \u00abLos pobres son nuestros Se\u00f1ores y due\u00f1os\u00bb. Y los instal\u00f3 all\u00ed, content\u00e1ndose ella y sus Hermanas con los parajes m\u00e1s inc\u00f3modos.<\/p>\n<p>En Cavite el Hospital de Marina est\u00e1 casi derribado; nuestras Hermanas y enfermos est\u00e1n bajo tiendas. Nuestras Hermanas y las ni\u00f1as del Colegio de Santa Isabel han podido permanecer en la misma casa, que como es grande ha sufrido menos. El Hospicio de San Jos\u00e9 ha quedado en mal estado. Nuestra Hermanas de Nueva C\u00e1ceres e Iloilo no han tenido nada. El Seminario de nuestros Misioneros est\u00e1 en ruinas. Se han visto precisados a retirarse al campo\u00bb.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1882 el terrible azote del c\u00f3lera diezmaba a Manila y se cebaba en las poblaciones de Iloilo, Jaro, Zamboanga y otras, causando m\u00e1s de cien mil v\u00edctimas. El Gobernador General mand\u00f3 cerrar la Universidad, Colegios, y Escuelas haciendo instalar en ellos hospitales provisionales. Todas las Hermanas se ofrecieron en alas del sacrificio para el servicio de los enfermos, bajo la acertada direcci\u00f3n de Sor Tiburcia, quien era la primera en el ejemplo y la que con sus palabras caldeadas en la m\u00e1s pura caridad; era as\u00ed mismo el consuelo de los enfermos y el sost\u00e9n de sus Hermanas en aquella terrible prueba.<\/p>\n<p>Lo propio hizo con ocasi\u00f3n del terrible cicl\u00f3n que asol\u00f3 a Manila en el mes de octubre del mismo a\u00f1o. Aquel peque\u00f1o grano de mostaza de 1862 hab\u00eda llegado a ser grandioso \u00e1rbol. Las 15 primeras hermanas hab\u00edan aumentado hasta 160, que prestaban sus servicios a m\u00e1s 1500 ni\u00f1as, 800 enfermos y 400 pobres y ancianos en trece estableci\u00admientos. Tal era el estado de las Hermanas en 1896, bajo la direcci\u00f3n de su Superiora.<\/p>\n<p>Los tristes sucesos de la Revoluci\u00f3n filipina y los que tuvieron lugar con la interven\u00adci\u00f3n de los americanos amargaron sus \u00faltimos d\u00edas, hasta el punto de tenerla siempre muy preocupada la suerte de tantos pobres y de sus queridas Hermanas.<\/p>\n<p>Sus \u00faltimos d\u00edas no pudieron ser, espiritualmente hablando, m\u00e1s hermosos y llenos de los m\u00e1s edificantes episodios. Vi\u00f3se obligada a abandonar la Concordia y trasladarse al Colegio de Santa Isabel.\u00a0 Al entrar en \u00e9l exclam\u00f3 con evidente emoci\u00f3n: \u00abEsta casa me acogi\u00f3 cuando llegu\u00e9 a Manila y desde aqu\u00ed ir\u00e9 a mi \u00faltima morada. Dios m\u00edo que vuestra voluntad se cumpla siempre en m\u00ed\u00bb. Su lecho de dolor era una c\u00e1tedra desde la cual no cesaba de ense\u00f1ar, primero con su ejemplo de admirable paciencia y sincera piedad y en segundo lugar, con las palabras de consuelo y aliento que dirig\u00eda a las Hermanas, que sucedi\u00e9ndose unas a otras la iban a visitar, las cuales se separaban de su lecho llorando y recogiendo sus maternales consejos.<\/p>\n<p>Dos cosas repet\u00edales sin cesar: tierna e ilimitada confianza en la divina Providencia, que jam\u00e1s las abandonar\u00eda, fueran cualquiera los tiempos que habr\u00edan de sobrevenir y un acendrado amor y cari\u00f1o a los pobres. \u00abYo os suplico, dec\u00eda a sus Hermanas, por amor de Dios, que los pobres encuentren en ustedes, el socorro y consuelo que necesitan entre tantos males como afligen al pa\u00eds\u00bb. Siempre hasta el \u00faltimo momento la preocuparon sus queridos pobres.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de no pocos sufrimientos, expir\u00f3 pl\u00e1cidamente en el Se\u00f1or, el 26 de agosto de 1898, a los 76 anos de edad, 53 de vocaci\u00f3n y 37 en Filipinas. Su entierro fue muy concurrido de todas las clases de sociedad no obstante las dif\u00edciles circunstancias porque atravesaba Manila<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[i]<\/a>.<\/p>\n<p>8.\u2011<em> Sor Catalina Carrera<\/em> naci\u00f3 en Regenc\u00f3s, Gerona, el d\u00eda 24 de diciembre de 1835. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 13 de mayo de 1855. Su primer destino fue el Hospital de Valencia. Form\u00f3 parte en la primera expedici\u00f3n a Filipinas. Destinada al Hospital Militar,\u00a0 en \u00e9l pas\u00f3 sus tres primeros a\u00f1os y luego cerca de dos en la Escuela Municipal de Manila. En 1867 le fue encargada la direcci\u00f3n del Colegio de Santa Rosa, donde se capt\u00f3 bien pronto la simpat\u00eda de la Junta administradora y la confianza de las ni\u00f1as y ancianas, las cuales, llenas de dulce satisfacci\u00f3n se dec\u00edan unas a otras: \u00abqu\u00e9 buena es nuestra Madre; parece una santa\u00bb.<\/p>\n<p>En 1870 fue nombrada Superiora de la Concordia y asistenta de la Visitadora, cuyo empleo desempe\u00f1\u00f3 hasta su muerte, durante 27 a\u00f1os. En la expedici\u00f3n del General Malcampo contra los moros de Jal\u00f3 en 1876, ella fue la primera en ofrecerse para el cuidado de las tropas. Al frente de cinco Hermanas parti\u00f3 para Zamboanga, Capital de Mindanao, en donde se encontr\u00f3 con quinientos heridos y enfermos, desprovistos de todo lo necesario; unas pobres casas de ca\u00f1a y paja eran su hospital, pero sin camas suficientes, con escasez de medicamentos y faltos hasta de ropa. La situaci\u00f3n de las Hermanas no era menos precaria, pero todo lo llevaban con alegr\u00eda a trueque de hacer algo por los pobres enfermos y heridos, a quienes prodigaron sus maternales cuidados y bien pronto proveyeron de todo cuanto necesitaban, haciendo algo m\u00e1s consoladora su situaci\u00f3n..<\/p>\n<p>Este amor a los enfermos lo demostr\u00f3 en cuantas ocasiones pudo. Un a\u00f1o antes de su muerte, con ocasi\u00f3n de la insurrecci\u00f3n filipina, fue necesario organizar hospitales provisionales para muchos soldados enfermos y heridos. Nuestra buena Hermana, a pesar de los sesenta a\u00f1os, recorr\u00eda a diario los Hospitales, entraba en la cocina, preparaba los alimentos y con sus propias manos se los serv\u00eda a los pobres soldados enfermos. Y juntamente con los servicios corporales, dirig\u00edales palabras de consuelo y de aliento. Ella les proporciona\u00adba papel para escribir a sus familias y se encargaba de poner el sello y enviar las cartas al correo. La mayor parte no pod\u00edan recibir tales demostraciones de caridad sin l\u00e1grimas de consuelo, oy\u00e9ndoseles repetidas veces: Hemos dejado una madre pero encontramos otra aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Falleci\u00f3 el 20 de junio de 1897, a los 62 a\u00f1os de edad, 42 de vocaci\u00f3n y 35 de su permanencia en Filipinas.<\/p>\n<p>9.\u2011<em> Sor Florentina Chasco<\/em> naci\u00f3 en Narzar, Navarra, el 14 de marzo de 1848. Pas\u00f3 cerca de veinte a\u00f1os en el Hospicio Provincial de Burgos, consagrada al servicio de los pobres, como directora de las ni\u00f1as asiladas que pasaban de 200. Dej\u00f3 all\u00ed los m\u00e1s gratos recuerdos por su buen esp\u00edritu y trato distinguido, que atra\u00eda a cuantos la hablaban. Mucho sintieron todos su salida cuando, en 18 de julio de 1889, fue destinada como Superiora al Colegio de nobles de Granada y poco despu\u00e9s a las escuelas de Santa Fe. En 8 de enero de 1892 fue nombrada Superiora del Colegio de Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9, de C\u00e1diz, que recibi\u00f3 gracias a ella, notables adelantos.<\/p>\n<p>En 1897 fue destinada a Filipinas, para que ayudara a Sor Tiburcia ya muy imposibili\u00adtada y la sucediera en el cargo de Visitadora. Los tiempos no pod\u00edan ser peores, pues el pa\u00eds estaba en plena revoluci\u00f3n. Esto le ofreci\u00f3 amplio campo para desplegar su caridad en favor de los desgraciados. Fueron inmensos los socorros que prest\u00f3 a los pobres heridos, sin distinci\u00f3n de bandos beligerantes, siendo la Concordia el Asilo seguro que abri\u00f3 sus puertas a toda clase de necesitados, lo mismo filipinos, que europeos o americanos. Sumamente agradecidas las autoridades americanas a los sacrificios de las Hermanas sobre todo de la<\/p>\n<p>Concordia y en particular de Sor Florentina, la cual repart\u00eda cuanto ten\u00eda en casa, mandaron gratuitamente, durante m\u00e1s de un a\u00f1o, todo el arroz que necesitaba el Colegio.<\/p>\n<p>Quebrantada su salud por los trabajos y sufrimientos f\u00edsicos y morales que pas\u00f3 en aquellos a\u00f1os dolorosos del fin de la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola en Filipinas, los Superiores la volvieron a la Pen\u00ednsula, a su antigua casa de C\u00e1diz en 1904, pero en septiembre del mismo a\u00f1o falleci\u00f3 en la Casa Central. Su muerte fue muy sentida, principalmente en C\u00e1diz y en Manila, campo principal de sus caritativos afanes.<\/p>\n<p>10.- <em>Sor Josefa de la Rota<\/em>. Naci\u00f3 en 1854 en la ciudad de Pamplona. Entr\u00f3 en el Noviciado en 1870. Fue destinada a la Maternidad de Barcelona y en 1873 a Medina Sidonia. En 1 de mayo de 1886 fue nombrada Superiora de la Ense\u00f1anza de Los Arcos, Navarra. En todas partes dej\u00f3 grat\u00edsimos recuerdos, principalmente en esta \u00faltima poblaci\u00f3n, en la que fund\u00f3 el Asilo y renov\u00f3 el viejo establecimiento. En 3 de abril de 1891 fue puesta al frente de las Escuelas Cat\u00f3licas de Sevilla, donde llev\u00f3 a cabo muchas obras en favor de los pobres, gastando en ello su m\u00e1s que regular patrimonio.<\/p>\n<p>En 1904 recib\u00eda la orden de pasar a Filipinas, en calidad de Vicevisitadora, disposi\u00adci\u00f3n que la impresion\u00f3 mucho, ya por tanto cari\u00f1o que profesaba a la casa donde estaba y por la que tanto hab\u00eda trabajado, ya por el temor que ten\u00eda al mar.<\/p>\n<p>Sin embargo nadie pudo notar la m\u00e1s m\u00ednima mudanza en su exterior, manteni\u00e9ndose en la misma tranquilidad de siempre. Las Hermanas y pobres ni\u00f1as lloraban al saber su salida.<\/p>\n<p>Sobreponi\u00e9ndose a su propia pena, les dec\u00eda bromeando: \u00abVer\u00e1n, ver\u00e1n como me comen los pececitos\u00bb, frases que tuvieron su triste cumplimiento. Arrib\u00f3, pues a Manila en compa\u00f1\u00eda de trece Hermanas en 7 enero de 1905. Bien pronto se gan\u00f3 las simpat\u00edas y el cari\u00f1o lo mismo de las Hermanas que de los seglares por la bondad inalterable de su car\u00e1cter y por su amor a los pobres y a las ni\u00f1as hu\u00e9rfanas, pues no sab\u00eda negarse a cualquier petici\u00f3n que la hicieran en favor de ellos. Favoreci\u00f3 con liberalidad la catequesis de la Parroquia de Paco, a donde todos los domingos iban dos Hermanas que, adem\u00e1s de la ense\u00f1anza les repart\u00eda mas de cincuenta meriendas, obsequio de Sor Josefa, estimulando con esto la asistencia de los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>El cumplimiento de su oficio de Visitadora le proporcionaba ocasi\u00f3n a los mas dolorosos sacrificios. Con solo ponerse en el vapor se mareaba de tal modo, que quedaba bastante mal por muchos d\u00edas. Esto movi\u00f3 a los Superiores a sacarla de Filipinas, en donde no hall\u00f3 un d\u00eda de completo bienestar. Embarc\u00f3se para Espa\u00f1a el 29 de setiembre de 1908, al parecer con regular salud, pero a las pocas horas de estar en el barco empez\u00f3 a sentir los efectos terribles del mareo, pasando diez y nueve d\u00edas en estado muy lamenta\u00adble. Su naturaleza se debilit\u00f3 en extremo y se apoder\u00f3 de ella una calentura de 41 grados, con que perdi\u00f3 el conocimiento, con algunos intervalos de lucidez, en que recibi\u00f3 los santos Sacramentos.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 el 21 de octubre y su cuerpo fue entregado a la inmensidad de los mares. Ultimo y meritorio sacrificio que ofreci\u00f3 al Se\u00f1or en aras de la obediencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[i]<\/a>.Ib\u00edd., p\u00e1g. 313.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sumario: 1.- Fundaci\u00f3n de la Viceprovincia Filipina. 2.- Hospicio de San Jos\u00e9 de Manila. 3.- Elogio de Sor Josefa Rivas. 4.- Colegio de Santa Rosa. 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