{"id":400068,"date":"2016-10-17T08:07:01","date_gmt":"2016-10-17T06:07:01","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=400068"},"modified":"2016-10-09T10:10:11","modified_gmt":"2016-10-09T08:10:11","slug":"hijas-la-caridad-fundacion-cuba-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-cuba-1\/","title":{"rendered":"Hijas de la Caridad: Fundaci\u00f3n de Cuba (1)"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400059\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-la-caridad-fundacion-mexico-1\/logo-hhc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" data-orig-size=\"161,212\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"logo-hhc\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?fit=161%2C212\" class=\"size-full wp-image-400059 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/10\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"logo-hhc\" width=\"161\" height=\"212\" \/>Sumario<\/em><em>: <\/em>1. <em>Fundaci\u00f3n de las Hermanas en Cuba. 2.- Sus primeros trabajos. 3.-Hermanas fundadoras. 4.- Primeras v\u00edctimas. 5.- Desarrollo de sus obras. 6.- La Casa de Beneficencia. 7.- Elogio de las Hermanas. 8.- Colegio de Sales. Habana. 9.- Fundaci\u00f3n de Hospitales Civiles y Militares. 10.- Hospital Militar de San Ambrosio. Habana. 11.- Sor Francisca Jim\u00e9nez. El Gobierno premia sus abnegados servicios. 12.- Hospital de San Francisco de Paula. Habana. 13.- Leproser\u00eda de San L\u00e1zaro. Habana. 14.- Elogios de Sor Petra Maya y de Sor Ramona Idoate. 15.- Traslado de la Leproser\u00eda al Rinc\u00f3n. 16.- Vida en la Leproser\u00eda. 17.- Colegio de Santa Isabel. Habana. 18- Hospital de Guanabacoa. El Santo P. Claret, Arzobispo de Santiago de Cuba, pide Hermanas para su Di\u00f3cesis. 19.-Es-cuelas de la Asunci\u00f3n; Guanabacoa. 20.- Asilo de San Vicente de Pa\u00fal. Matanzas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>Las Hijas de la Caridad Espa\u00f1olas fundan en Cuba. <\/em>Por vez primera nos da noticia de esta fundaci\u00f3n una carta del P. Codina, quien, escribiendo al P. General, en septiem\u00adbre de 1845, le dice, que el Capit\u00e1n General de Cuba hab\u00eda pedido seis Hijas de la Caridad para aquellos Hospitales, y que, aceptada la demanda por el Gobierno espa\u00f1ol, pronto recibir\u00eda orden de env\u00edo. Efectivamente, aquel mismo a\u00f1o, sali\u00f3 la siguiente Real Orden: \u00abEl Excmo. Sr. Ministro de la Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula, con fecha 19 de septiembre \u00faltimo, me dice lo que sigue:<\/p>\n<p><em>\u00abExcmo. Sr.: Su Majestad se ha servido resolver que, por el Director General del Noviciado de las Hijas de la Caridad se destinen, a la casa Maternidad de la Habana, seis Hermanas del mismo Instituto, sin perjuicio de la preferencia que merecen los establecimientos de beneficencia, a quienes antes de ahora les est\u00e1 hecha igual concesi\u00f3n.= De R.O. lo digo a V.E., a fin de que lo hagan entender al referido Director, para su cumplimiento y lo trascribo a V.S. para su conocimiento y efectos consiguientes. = Dios guarde a V.S. muchos a\u00f1os. Madrid 7 de octubre de 1845. Ferm\u00edn Arteta. = Sr. Director General del Noviciado de las Hijas de la Caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Eran tantas las fundaciones que hab\u00eda en turno, que de no alterarse \u00e9ste, ya podr\u00edan esperar los de Cuba; pero se les dio preferencia y ya en febrero del a\u00f1o siguiente vemos, por otra carta del P. Codina, que andaba arreglando la fundaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abRecientemente, dice, un can\u00f3nigo de Tarragona ha sido presentado para Obispo de la Habana. El Papa le ha aceptado y preconizado; dentro de un mes se consagrar\u00e1 en Madrid y partir\u00e1 a su Sede. Se cree dichoso en poder llevar consigo algunas Hijas de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>&#8230; El citado can\u00f3nigo fue el Obispo Fleix y Solans, un gran protector de los hijos e hijas de San Vicente.<\/p>\n<p>No permiti\u00f3 el P. Codina que fueran solas las Hermanas a la Isla de Cuba, sino que obtuvo del Gobierno que pagara tambi\u00e9n el viaje a dos Padres Directores; a la vez consigui\u00f3 de la Junta de Beneficencia de la Habana, que no se dividieran las Hermanas, tres para la Cuna y tres para el Hospicio, sino que las seis fueran a formar una sola comunidad.<\/p>\n<p>Una nueva Real Orden de 12 de septiembre de 1846 urg\u00eda el env\u00edo a Cuba de las Hijas de la Caridad. Ya las Hermanas estaban listas y de superiora Sor Casimira Irazoqui, como la m\u00e1s a prop\u00f3sito para aquella empresa. Mayor dificultad ofrec\u00eda hallar directores, pues, suprimida la Congregaci\u00f3n, eran pocos aquellos a quienes se pod\u00eda brindar aquella misi\u00f3n voluntaria.<\/p>\n<p>Por fin, se decidi\u00f3 que la colonia saliera de Madrid el 22 de noviembre para embarcar en C\u00e1diz el 4 de diciembre, acompa\u00f1ada de los se\u00f1ores D. Ram\u00f3n Vila y Francisco Bosch.<\/p>\n<p>2.- Por una carta del P. Vila al Director de Espa\u00f1a, fechada en la Habana a 26 de octubre de 1848, sabemos algunas noticias de los primeros tiempos de aquella fundaci\u00f3n. \u00abDesde la \u00faltima carta, dice, tanto los directores, como las Hermanas hemos seguido sin novedad particular, trabajando para la educaci\u00f3n y provecho espiritual de la innumerable familia que alberga este vasto establecimiento. Las Hermanas son buenas y edificantes y amantes de su vocaci\u00f3n, pero algunas se han puesto delicadas y enfermizas; principalmen\u00adte la Hermana sirviente (superiora), casi de continuo padece algunos dolorcillos que le molestan mucho; sin embargo, no deja por eso sus tareas y ocupaciones, pues es muy trabajadora y Hermana de mucho provecho. Atendidas las muchas ocupaciones de este hospicio y los diferentes ramos que abraza, ya de ni\u00f1os y ni\u00f1as, ya de ancianos y ancianas, ya de locos y locas con sus correspondientes enfermer\u00edas, pues todos se cuidan en casa, deber\u00eda haber para atender a todo no seis Hermanas, sino doce o quince. Los jefes del establecimiento est\u00e1n convencidos de aumentar el n\u00famero de Hermanas; pero, como el traerlas de Madrid acarrea tantos gastos, nunca se determinan a pedirlas y temo que jam\u00e1s las pedir\u00e1n; pues sabemos que, por lo com\u00fan, las casas de Beneficencia est\u00e1n escasas de recursos y no hay duda, que el hacer venir Hermanas de Espa\u00f1a y tenerlas que pagar el viaje y equipo, es muy caro para los establecimientos.<\/p>\n<p>\u00abEn esta Isla se nos han presentado varios jefes de establecimientos de beneficencia, manifestando deseos de confiarles al cuidado de las Hijas de la Caridad; mas, cuando han sabido que deb\u00edan costar tanto entre viajes y lo dem\u00e1s, han desistido de la empresa, porque les faltan fondos para verificar la fundaci\u00f3n. En efecto, son tantas las dificultades y obst\u00e1culos para hacer venir todas las Hermanas de Espa\u00f1a, que temo que la Compa\u00f1\u00eda no progresar\u00e1 ni aumentar\u00e1 en esta Isla, hasta que se plante en ella un Noviciado, del que puedan proveerse los establecimientos para las fundaciones que se solicitan. Cuando, al contrario, fundado el Noviciado en \u00e9sta, ser\u00edan much\u00edsimos los establecimientos que les pedir\u00edan para su direcci\u00f3n, y las Hermanas podr\u00edan dar en ellos much\u00edsima gloria a Dios y ganarle muchas almas. Nada pido con esto, \u00fanicamente expongo a V. lo que juzgo m\u00e1s acertado en la presencia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abHace tiempo que se nos han presentado dos o tres j\u00f3venes que desean con vivas ansias ser Hijas de la Caridad, y, habi\u00e9ndoles contestado que no pod\u00edan ser admitidas ni recibir el h\u00e1bito en esta Comunidad, sin especial licencia de V. se han interesado para que yo pida a V. semejante permiso. A m\u00ed y a todos nos parecen que las mencionadas postulantes re\u00fanen todas las cualidades para ser admitidas y si V. nos da permiso para darles el h\u00e1bito y admitirlas, nos vendr\u00eda muy bien para ayudar a las pobres seis Herma\u00adnas, que tanto trabajo tienen en esta casa, y entre la fatiga y el rigor del clima est\u00e1n casi rendidas; en t\u00e9rminos, que, si no pueden admitir otras, o los jefes del establecimiento no quieren pedirlas a Madrid, por los crecidos gastos que ocasionan, dentro de pocos a\u00f1os esta comunidad quedar\u00e1 del todo disuelta\u00bb.<\/p>\n<p>3.- De la primera Superiora no han quedado m\u00e1s memorias que los datos escuetos del catalogo general. Hermana de singular valer ten\u00eda que ser Casimira Josefa Irazoqui para que los Superiores la confiaran aquella tan dif\u00edcil cuanto lejana Misi\u00f3n. Era natural de Vera de Navarra, donde naci\u00f3 en 5 de marzo de 1809. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 27 de junio de 1832. Fue destinada a la Inclusa de Madrid, semillero entonces de buenas Superioras, y de all\u00ed la sac\u00f3 la obediencia para la fundaci\u00f3n de esta Inclusa de la Habana. Esto era lo convenido, pero al llegar all\u00ed, vieron con sorpresa que, no s\u00f3lo la Inclusa sino toda la Beneficencia reca\u00eda sobre sus hombros, y muchas amarguras hubo de pasar Sor Casimira viendo c\u00f3mo las Hermanas se iban agotando y muriendo en la flor de la edad. Ella misma se sinti\u00f3 muy molestada de dolores.<\/p>\n<p>\u00abEra Hermana muy trabajadora y de mucho provecho\u00bb, testifica el P. Vila. Y en el Hospicio muri\u00f3 en 5 de enero de 1864, a los 53 a\u00f1os de edad. Iban con ella:<\/p>\n<p><u>Sor Mar\u00eda Juana Latiegui,<\/u> natural de Isasondo, Guip\u00fazcoa, donde naci\u00f3 en 18 de junio de 1806. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 18 de enero de 1831. Estaba destina en el Hospital General de Valladolid. Muri\u00f3 en la Beneficencia de la Habana, en 27 de marzo de 1850.<\/p>\n<p><u>Sor Benita P\u00e9rez<\/u>, nacida en los Otones, Castilla, el 21 de marzo de 1814. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 22 de mayo de 1832. Prestaba sus servicios en la Casa de Badajoz cuando fue llamada a Cuba.<\/p>\n<p><u>Sor Eustaquia Benito<\/u>, hab\u00eda nacido en Pamplona el 2 de noviembre de 1818; y fue admitida en la Congregaci\u00f3n el 25 de marzo de 1839. Al ser llamada para la fundaci\u00f3n de Cuba estaba en el Hospital de Tafalla. Muri\u00f3 en 20 de diciembre de 1880, en el Hospital de La Habana.<\/p>\n<p><u>Sor Agustina Cort\u00e9s<\/u>, era natural de Sang\u00fcesa, nacida en 17 de mayo de 1816 y recibida en la Congregaci\u00f3n en 15 de noviembre de 1840. Estaba destinada en el Hospital General de Madrid y acababa de ser trasladada a Santander cuando fue llamada para la Habana. Muri\u00f3 en 3 de septiembre de 1850.<\/p>\n<p><u>Sor Martina Iribarren<\/u>, naci\u00f3 en Vera de Navarra en 9 de enero de 1818. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 16 de octubre de 1842. Era novicia a\u00fan al ir a Cuba. Muri\u00f3, siendo Superiora del Manicomio, en 20 de diciembre de 1877.<\/p>\n<p>A fines de 1849 llegaron a la Habana Sor Mar\u00eda Josefa Zafra y Sor Francisca Robustiana Jim\u00e9nez, que estaban en Francia.<\/p>\n<p>4.- Que no eran infundados los temores del P. Vila, de que sucumbir\u00eda la peque\u00f1a Colonia bajo el excesivo trabajo si no recib\u00eda alg\u00fan refuerzo, bien se confirm\u00f3 con la prematura muerte de una de aquellas Hermanas, Sor Maria Juana Latiegui, fallecida en 27 de marzo de 1850 y que fue la primicia de caridad y de sacrificio que ofrend\u00f3 a Dios en Cuba el Instituto.<\/p>\n<p>Afortunadamente no tardaron en realizarse otras fundaciones en la Habana y con la ida de dieciocho Hermanas a principios de 1851, pudieron respirar un poco las de la Beneficencia.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n del c\u00f3lera en el verano de aquel a\u00f1o llen\u00f3 de consternaci\u00f3n a la Ciudad y tres Hermanas j\u00f3venes, las tres novicias, sucumbieron asistiendo a los apestados, en los d\u00edas 18, 24 y 26 de agosto. Fueron Sor Ana Ordozgoiti, Sor Vicenta Albiach y Sor Mar\u00eda Moya. De entonces data el pante\u00f3n, que como muestra de agradecimiento, a estas hero\u00ednas, adquiri\u00f3 para la Comunidad la Junta de Beneficencia<\/p>\n<p>5.- Llegadas a la Habana las primeras Hermanas, pronto se vio la imposibilidad de que se concretaran al servicio de aquella Inclusa, conforme se hab\u00eda contratado, pues, ni sus fondos eran suficientes para sostenerlas, ni su local de la calle de San Isidro era capaz de albergarlas. En vista de ello, se refundieron ambas casas Inclusa y Beneficencia, y en \u00e9sta se establecieron las Hermanas, haci\u00e9ndose cargo de las escuelas de ni\u00f1as y de la sala de mendigas, en 12 de enero de 1847.<\/p>\n<p>A medida que fue aumentando el personal de la Comunidad, fueron abarcando nuevas obras. En julio de 1857 pudieron encargarse de las escuelas de ni\u00f1os, y, en mayo de 1859, se cre\u00f3 un taller de obreras para las ni\u00f1as mayores de 17 a\u00f1os y un botiqu\u00edn para las necesidades de la casa.<\/p>\n<p>En 1867 volvi\u00f3 la epidemia del c\u00f3lera a llenar de consternaci\u00f3n a la Habana, teniendo la Beneficencia m\u00e1s de doscientos atacados, durante los dos meses, que dur\u00f3 la violencia de la epidemia. De nuevo las Hermanas cumplieron heroicamente con su deber, cuidando d\u00eda y noche a los pobres enfermos. La Junta de Gobierno reconoci\u00f3 los servicios prestados por ellas y acord\u00f3 \u00absufragar a las religiosas, que lo necesitasen, para reponer sus fuerzas agotadas, los gastos de pasaje y estancia en la Isla de Pinos\u00bb, donde la Congregaci\u00f3n ten\u00eda ya una casa.<\/p>\n<p>6.- Durante las terribles crisis econ\u00f3micas, por las que, en el siglo pasado, hubo de atravesar \u00e9ste, como todos los establecimientos de Beneficencia, s\u00f3lo al sacrificio, al desinter\u00e9s, al trabajo de labores y a las limosnas recibidas por mediaci\u00f3n de las Hermanas debi\u00f3 esta casa la continuaci\u00f3n de su existencia.<\/p>\n<p>Y \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 decir los sufrimientos de las Hermanas y sus desvelos maternales durante los d\u00edas angustiosos del bloqueo en la \u00faltima guerra colonial? Convertida la Beneficencia en Hospital militar, los ni\u00f1os fueron llevados al Seminario y las ni\u00f1as al Convento de Santa Clara, locales inadecuados para albergar tantas criaturas y faltos de esa rigurosa higiene que el tr\u00f3pico requiere. A\u00f1\u00e1dase la falta de ropas y de alimentos y se comprender\u00e1 el esfuerzo sobrehumano de las Hermanas en favor de sus pobrecitos.<\/p>\n<p>Pasada la guerra, era muy de temer que la Beneficencia aunque Instituci\u00f3n privada, siguiera el ejemplo de las Instituciones del Estado y sustituyera a las Hermanas por personal laico, pero el muy digno Director entonces, Sr. Agramonte, asegur\u00f3 la permanencia de las Hermanas. Fue necesario renovar el plan de ense\u00f1anza y el Director present\u00f3 el plan que deb\u00eda implantarse, dando un plazo de medio a\u00f1o para adaptarse a \u00e9l. La Visitadora, que era por aquel tiempo Sor Eduvigis Laquid\u00e1in envi\u00f3 a la Beneficencia las mejores maestras, nombrando Directora de la Escuela a Sor Mar\u00eda Campos, natural de Matanzas, que despleg\u00f3 un celo y energ\u00eda extraordinarios.<\/p>\n<p>Al finalizar el plazo, el Director manifest\u00f3 que deseaba presenciar los ex\u00e1menes, y al rogarle Sor Mar\u00eda que los prorrogase, pues no era posible que las ni\u00f1as se pudiesen examinar,<\/p>\n<p>dado el atraso en que las hab\u00eda encontrado, por las razones antes dichas, recibi\u00f3 esta respuesta del Director: \u00abYo no quiero ex\u00e1menes de ni\u00f1os, sino de maestros; quiero saber a quienes tengo encomendada la educaci\u00f3n de los asilados\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, a los pocos d\u00edas se verificaron los ex\u00e1menes, en una forma casi de desaf\u00edo, seg\u00fan lo hab\u00eda ordenado el Director. Una clase pr\u00e1ctica, dada a las ni\u00f1as por una Hermana, y otra a los ni\u00f1os, por un maestro. El resultado fue solicitar el Director el n\u00famero de Hermanas necesarias para las aulas de varones&#8230;<\/p>\n<p>7.- En la memoria de 1907 escrib\u00eda el Dr. Agramonte: \u00abEl ramo de educaci\u00f3n ha sufrido una completa transformaci\u00f3n con la supresi\u00f3n de los ex\u00e1menes de prueba de curso. Estos han sido sustitu\u00eddos por la exposici\u00f3n de trabajos escolares y labores de arte&#8230;<\/p>\n<p>Las ni\u00f1as educadas en las aulas de la casa, desde 1847, ascienden a m\u00e1s de 12.000. Ligado por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os con la noble Instituci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, testimoniaba el Dr. D. Gonzalo Ar\u00f3stegui, m\u00e9dico de la casa, he podido apreciar en todo ese tiempo sus arraigadas virtudes, su amor al trabajo, su esp\u00edritu de disciplina, su fe en la ense\u00f1anza, sus progresos y el respeto a nuestras instituciones&#8230;<\/p>\n<p>Las he podido observar sobre todo en su doble ministerio: la atenci\u00f3n y cuidados a los enfermos y desvalidos y la ense\u00f1anza. En uno y otro ministerio he visto destacarse muchas como figuras sobresalientes, que su modestia escond\u00eda. Conservo de algunas imborrables recuerdos: de Sor Mar\u00eda Murguiondo, que me auxili\u00f3 en el cuidado meticuloso de los ni\u00f1os de la Maternidad veinte a\u00f1os; de Sor Andrea Tellaeche, que con mansedumbre, celo y pericia sin igual, dirigi\u00f3 la casa de Beneficencia largo tiempo y de Sor Mar\u00eda Campos, llamada por el Dr. Eugenio S\u00e1nchez Agramonte, Jefe de Sanidad Militar en la Revoluci\u00f3n y, m\u00e1s tarde, Director de la Casa de Beneficencia, a implantar los nuevos m\u00e9todos de ense\u00f1anza, puestos en vigor por el Sr. Secretario de Instrucci\u00f3n p\u00fablica, D. Enrique Jos\u00e9 Varona.<\/p>\n<p>He presenciado la evoluci\u00f3n de la ense\u00f1anza que dan, no s\u00f3lo en la Casa Beneficen\u00adcia, sino tambi\u00e9n en el plantel de educaci\u00f3n a su cargo \u00abLa Inmaculada\u00bb. All\u00ed he asistido a las clases y constantemente en la presidencia de los ex\u00e1menes, he podido apreciar el valor y m\u00e9rito de su ense\u00f1anza que a moci\u00f3n m\u00eda, aplaudi\u00f3 la Junta de educaci\u00f3n de la Habana.<\/p>\n<p>M\u00e9todo, orden, disciplina, cultura moral y religiosa son las bases de su ense\u00f1anza. He notado desde el principio el af\u00e1n de perfeccionamiento en las maestras y un esp\u00edritu leal y francamente dispuesto a escuchar y seguir el menor reparo. Ans\u00edan, pues, el progreso; son un gran factor de la educaci\u00f3n p\u00fablica y privada y prestan un gran servicio a la ense\u00f1anza oficial, a la cultura y al progreso de la Rep\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>En las obras de aguja, sobre todo, las ni\u00f1as llegaron a adquirir tal perfecci\u00f3n que, en las diversas exposiciones nacionales, han obtenido algunos de los primeros premios y en la de San Francisco de California, el gran premio de honor.<\/p>\n<p>Nobles y maternales figuras han pasado por la Casa de Beneficencia y Maternidad; citemos tan solo las de Sor Andrea Tellaeche, cuyos \u00faltimos a\u00f1os pasados en las tinieblas de la ceguera, fueron complemento adecuado de purificaci\u00f3n y sublimaci\u00f3n espiritual en aquella alma que vivi\u00f3 siempre para sus Hermanas y asilados; y Sor Mar\u00eda Murguiondo, la cual, en los cuarenta y nueve a\u00f1os que estuvo en el departamento de Beneficencia y Maternidad, recibi\u00f3 y cuid\u00f3 a cinco mil ni\u00f1os. La Casa como tributo de agradecimiento, dedic\u00f3le art\u00edstica placa recordatoria, en solemne fiesta celebrada el 21 de junio de 1912, y un hermoso retrato para la sala de los peque\u00f1ines.<\/p>\n<p>Superioras de esta casa de Beneficencia han sido:<\/p>\n<p>Sor Casimira Irazoqui, 14 enero 1847.<\/p>\n<p>Sor Margarita Batlles, noviembre 1863.<\/p>\n<p>Sor Juana Marqu\u00ednez, 12 febrero 1868.<\/p>\n<p>Sor Josefa Su\u00e1rez, marzo 1871.<\/p>\n<p>Sor Juana Aguirre, 24 junio 1885.<\/p>\n<p>Sor Andrea Tellaeche,28 octubre 1894.<\/p>\n<p>Sor Encarnaci\u00f3n Navarro, 15 mayo 1912<\/p>\n<p>Sor Eulogia Fern\u00e1ndez, 1925.<\/p>\n<p>Sor Josefa Ortega&#8230;..<\/p>\n<p>Son actualmente treinta y una Hermanas de comunidad y cuidan 140 ni\u00f1as y 190 varones. Se calcula en 9.000 sus educados desde 1880 hasta el presente de 1932.<\/p>\n<p>8.- <em>Colegio de S. Francisco de Sales. La Habana.<\/em> Desde su fundaci\u00f3n, en 1638 hasta 1850, estuvo bajo la direcci\u00f3n de se\u00f1oras seglares, las cuales ten\u00edan a su cargo la instruc\u00adci\u00f3n y formaci\u00f3n de las ni\u00f1as y el gobierno interior de la casa, estando a cargo del Capell\u00e1n la direcci\u00f3n espiritual, administrativa y econ\u00f3mica del Colegio.<\/p>\n<p>Una comunicaci\u00f3n de pu\u00f1o y letra del mismo Sr. Obispo Fleix y Solans para proveer el Colegio de Hermanas y dirigida al P. Santasusana, dice as\u00ed: \u00abDeseoso de mejorar la instrucci\u00f3n de las ni\u00f1as, que se educan en el Colegio de San Francisco de Sales de esta Ciudad, bajo mi especial protecci\u00f3n y Patronato exclusivo, he cre\u00eddo que ning\u00fan medio ser\u00eda m\u00e1s a prop\u00f3sito para lograrlo que encomendar la direcci\u00f3n de la ense\u00f1anza a las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El Colegio cuenta con rentas propias suficientes para el alimento, vestuario y educa\u00adci\u00f3n de veintid\u00f3s ni\u00f1as pobres, pero de buenas familias, a las que se agregan casi otras tantas externas pensionistas y medio pensionistas, que pertenecen a la clase m\u00e1s distinguida de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tres Hijas de la Caridad, con las cualidades necesarias para esta clase de Estableci\u00admien\u00adtos, llenar\u00edan cumplidamente el vac\u00edo de Directoras y Maestras, que se experimenta con harta frecuencia, en este pa\u00eds, no siendo f\u00e1cil su reemplazo, por las muchas circuns\u00adtancias que suelen reunir y que no son comunes a la generalidad de los que se dedican a este g\u00e9nero de trabajos; y evitar\u00edan, tambi\u00e9n, los inconvenientes que trae consigo la continua variaci\u00f3n de ellas, no s\u00f3lo a la instrucci\u00f3n material de las ni\u00f1as sino tambi\u00e9n a su moralidad y bienestar.<\/p>\n<p>Estas consideraciones me han movido a dirigirme a V., como jefe de la Congrega\u00adci\u00f3n, para que se sirva proporcionarme las tres Hermanas que le parezcan adecuadas al objeto, bajo las mismas bases que est\u00e1n contratadas las de la Real casa de Beneficencia de esta Capital, excepto las particulares que corresponden a los Colegios, que no est\u00e1n comprendidas en aquellas.<\/p>\n<p>Para gobierno de V. debo advertirle que ejerzo en el Colegio una inspecci\u00f3n directa e inmediata, por medio de un Capell\u00e1n Administrador, que vive fuera del Establecimiento, el cual, adem\u00e1s de la administraci\u00f3n, tiene a su cargo la obligaci\u00f3n de decir Misa diaria en el oratorio de la Casa y prestar a las ni\u00f1as los cuidados espirituales que necesiten; pero, no obstante, las Hermanas pueden confesarse con sus propios directores, en los d\u00edas que tienen establecidos, de suerte que no tendr\u00e1n necesidad de salir de casa para cumplir los deberes religiosos.<\/p>\n<p>Espero, pues, que la cooperaci\u00f3n favorable respecto de V. me permitir\u00e1 ver cumplido cuanto antes mi deseo, para lo cual me dirijo, con esta fecha, al Ministro de la Goberna\u00adci\u00f3n, haciendo la petici\u00f3n debida, con el fin, de que la venida de las tres Hermanas se verifique al mismo tiempo que la de las que han de venir para la Real Casa de Beneficen\u00adcia, quedando a disposici\u00f3n de V. desde este momento los fondos necesarios para la habilitaci\u00f3n y viaje de las referidas tres Hermanas.<\/p>\n<p>Dios guarde a V. muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Habana, 30 de marzo de 1850.<\/p>\n<p>Sr. Director y Visitador General de las Hijas de la Caridad de S. V. de Pa\u00fal en los Dominios de Espa\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p>Igual petici\u00f3n elev\u00f3 el Sr. Obispo al Ministro de la Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula. Ambas peticiones fueron despachadas favorablemente.<\/p>\n<p>Yo no dudo \u2011dec\u00eda el Visitador P. Santasusana\u2011 que saldr\u00e1 cuanto antes la Real orden para esta fundaci\u00f3n y contando con ella, paso a decir a V. E. mi modo de pensar sobre este asunto.<\/p>\n<p>Desde luego reconozco las ventajas que, con la bendici\u00f3n de Dios, ha de reportar el Establecimiento, confi\u00e1ndose a las Hijas de la Caridad y deseando contribuir, por mi parte, a la realizaci\u00f3n de ese plan, no hallo inconveniente en proporcionar las Hermanas, aunque se habr\u00e1n de hacer algunos sacrificios, atendiendo la escasez de ellas, para cumplir los muchos pedidos que cada d\u00eda vienen; tanto m\u00e1s cuanto ser\u00e1 preciso aumentar el n\u00famero de maestras, sobre el que V.E, pide en la comunicaci\u00f3n, porque tres solas son muy pocas para un Establecimiento, cualquiera que sea, seg\u00fan ha ense\u00f1ado la experiencia a esta Direcci\u00f3n General; motivo por el cual tiene ya fijado el n\u00famero de cinco, como m\u00ednimum, de Hermanas que deben enviarse a una fundaci\u00f3n, en la que, por limitadas que sean sus atenciones, luego quedan todas empleadas en suficiente ocupaci\u00f3n y hablando en particular de este Colegio, permita V.E. le haga la siguiente reflexi\u00f3n: Supongamos no van m\u00e1s de tres; la una ya se necesita para superiora, empleo delicado y que tiene bastante ocupada a una sola persona. Siendo ordinariamente m\u00e1s de cuarenta las educandas, y con probabilidad de aumentarse, verificada la fundaci\u00f3n, se necesitan indispensablemente dos maestras, si las ni\u00f1as han de estar cuidadosamente atendidas.<\/p>\n<p>En nuestra Pen\u00ednsula tienen las Hermanas Colegios, que no cuentan tanto n\u00famero de alumnas y se ha visto no ser bastante una sola maestra. Partiendo de la suposici\u00f3n antes dicha y estando ya ocupadas las tres Hermanas, \u00bfqui\u00e9n se encarga de la direcci\u00f3n de la cocina? \u00bfA quien se pone en la porter\u00eda, que es una de las atenciones m\u00e1s interesantes de esta suerte de establecimientos? Y si de las tres, enferma una, cosa tan posible y f\u00e1cil, \u00bfc\u00f3mo se llenar\u00eda el vac\u00edo que ella dej\u00f3? Y siendo las ocupaciones de un Colegio para todos los d\u00edas, se hace preciso tener quien supla el defecto de la otra. A m\u00e1s de que no se oculta a la alta penetraci\u00f3n de V.E. cu\u00e1n dif\u00edcil es mantener, en una comunidad tan reducida, la regular observancia de cada Instituto. El de las Hijas de la Caridad tiene su reglamento y sus pr\u00e1cticas piadosas, que no pueden desempe\u00f1ar bien con solas tres Hermanas.<\/p>\n<p>Por cuyo motivo me ha parecido hacer a V.E. esta proposici\u00f3n, que sean cinco lo menos, en lugar de tres, las Hijas de la Caridad destinadas a ese Colegio de San Francisco de Sales; y caso que merezca su aprobaci\u00f3n, pasaremos a hacer la escritura de contrato en la forma que indica V.E., advirtiendo que, si nada dice V.E. en contrario, mirar\u00e9 como aceptada mi proposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Dios guarde a V.E. m. a.<\/p>\n<p>Madrid, 16 de abril de 1850.<\/p>\n<p>Ignacio Santasusana<\/p>\n<p>Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de la Habana\u00bb.<\/p>\n<p>Siendo este Colegio de fundaci\u00f3n episcopal, f\u00e1cil le fue conseguir Hermanas por la mucha consideraci\u00f3n y autoridad que el Gobierno espa\u00f1ol prestaba al Obispo de la Habana. Por eso, siendo muchas las fundaciones pendientes en la Pen\u00ednsula, di\u00f3se preferencia a esta por repetidas reales c\u00e9dulas de 20 de abril, 27 de agosto y 7 de diciembre de 1850. Dec\u00eda as\u00ed esta \u00faltima:<em> \u00abEl Sr. Ministro de Gobernaci\u00f3n del Reino, con fecha 27 del mes pr\u00f3ximo pasado, me comunica la Real orden que sigue: Excmo., Se\u00f1or: Enterada Su Majestad la Reina de los motivos especiales que asisten al Colegio de San Francisco de Sales de la Habana, y teniendo presente lo solicitado por el Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad, en la exposici\u00f3n que acompa\u00f1aba de 21 de octubre pr\u00f3ximo pasado, se ha servido resolver que, por esta sola vez, se altere el orden en las concesiones otorgadas, prefiriendo el citado establecimiento en el env\u00edo de las Hermanas, que le fueron concedidas por las Reales Ordenes de 20 de abril y 27 de agosto \u00faltimos. = De la de Su Majestad lo comunico a V.E. para su conocimiento y el del Director del Noviciado.= Lo que traslado a V. para su inteligencia y fines consiguientes.= Dios guarde a V. muchos a\u00f1os.\u2011 <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Madrid, 7 de diciembre de 1850.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Jos\u00e9 de Zaragoza.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sr. Director del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad de esta Corte\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Las Hermanas tomaron posesi\u00f3n en 28 de febrero de 1851. Se han educado en este Colegio m\u00e1s de 1.200 ni\u00f1as. Tiene 80 internas y 60 externas, y es uno de los planteles m\u00e1s hermosos de ciencia y virtud con que de antiguo, cuenta la Habana. Han estado al frente de la Comunidad:<\/p>\n<p>Sor Anastasia Conget, 1851.<\/p>\n<p>Sor Tomasa Basterra,\u00a0 1862.<\/p>\n<p>Sor Paula Bernabeu,\u00a0\u00a0\u00a0 1865.<\/p>\n<p>Sor Manuela Prieto,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1868.<\/p>\n<p>Sor Josefa Idoate,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1869.<\/p>\n<p>Sor Margarita Batlles,\u00a0 1871.<\/p>\n<p>Sor Carmen Borrell,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1885 y<\/p>\n<p>Sor Anunciaci\u00f3n Villalba, 1925.<\/p>\n<p>Es digna de especial menci\u00f3n Sor Carmen Borrell, la cual por espacio de cuarenta a\u00f1os, 1885\u20111925, dirigi\u00f3 el Colegio con satisfacci\u00f3n de los diferentes Prelados, que durante<\/p>\n<p>ese tiempo gobernaron las di\u00f3cesis y de los propios Superiores, viendo todos en ella una excelente y ejemplar religiosa y una verdadera madre de las ni\u00f1as.<\/p>\n<p>En agosto de 1926 se traslad\u00f3 el Colegio al nuevo edificio levantado en la Ceiba, t\u00e9rmino de Marianao. Acerca de la labor de las Hermanas tendr\u00edamos que repetir lo que respecto de la Casa de Beneficencia llevamos dicho, referente a los m\u00e9todos formas y procedimientos. El material de ense\u00f1anza, ha sido muy completo, contando con el primero y mejor gabinete de f\u00edsica que se ha establecido en los Colegios de ni\u00f1as de la Habana.<\/p>\n<p>9.- <em>Hospitales Civiles y Militares en Cuba. <\/em>Una R.O. de 10 de junio de 1854 comunicaba al Director del Real Noviciado lo siguiente:<em> \u00abEl Sr. Ministro de Gobernaci\u00f3n dice, al presidente del Consejo de Ministros lo que sigue:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dada cuenta a la Reina, que Dios guarde, de la comunicaci\u00f3n del Gobernador Capit\u00e1n General de la Isla de Cuba, de 7 de mayo pr\u00f3ximo, trasladada a este ministerio de mi cargo en R.O. de 27 del mismo, en solicitud de que se destine a los hospitales de la Habana el n\u00famero de Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, que sean necesarias para la asistencia de los enfermos, declar\u00e1ndose esta concesi\u00f3n de toda preferencia, Su\u00a0 Majestad se ha dignado acceder a lo solicitado por el Gobernador Capit\u00e1n General de la Isla de Cuba, bajo las dos condiciones siguientes: 1\u00aa.\u2011 Que la declaraci\u00f3n de toda preferencia se entienda, despu\u00e9s que se hayan servido las fundaciones concedidas hasta el d\u00eda, con la misma calidad; y 2\u00aa.\u2011 Que previamente y por los encargados por el Capit\u00e1n General de activar este asunto y de formalizar los contratos se han de fijar y elevar a la real aprobaci\u00f3n, sin la que nada ha de hacerse, el n\u00famero de Hermanas que se pidan y deban ser objeto de la concesi\u00f3n.\u2011 <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De R.O. comunicada por el expresado Sr. Ministro lo traslado a V. para los efectos consiguientes. Dios guarde a V. muchos a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Madrid 10 de junio de 1854.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El Subdirector interino Ram\u00f3n Miranda.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sr. Director del Noviciado de Hermanas de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s otra R.O. fijaba en cincuenta el n\u00famero de Hijas de la Caridad con que s se dotaba aquellos hospitales. Tan gran n\u00famero de Hermanas, pedidas a la vez para Cuba por el P. Bosch, que era all\u00ed director desde la muerte del P. Vila, acaecida en 1850, y que hab\u00eda venido a la Pen\u00ednsula para conducirlas \u00e9l mismo, puso en grave aprieto al Director de Espa\u00f1a R.P. Armengol, al considerar el trastorno que se producir\u00eda en las dem\u00e1s casas.<\/p>\n<p>Reunidas con no peque\u00f1o sacrificio, el 12 de octubre de 1854 embarcaron en C\u00e1diz 32 Hermanas en compa\u00f1\u00eda del P. Bosch; qued\u00e1ndose las 18 restantes para ir el 12 del siguiente noviembre, con el P. Serra, pues no se hab\u00eda podido hallar pasaje para todas las cincuenta de una sola vez.<\/p>\n<p>Llegada all\u00ed felizmente la primera expedici\u00f3n a primeros de diciembre, de 1854, tomaron posesi\u00f3n del hospital civil de San Juan de Dios, del de Leprosos de San L\u00e1zaro y del Militar de San Ambrosio; y esperaban las Hermanas restantes para encargarse tambi\u00e9n del de S. Francisco de Paula.<\/p>\n<p>10.- <em>Hospital Militar de San Ambrosio. <\/em>Era \u00e9ste el Hospital permanente y principal, que para sus soldados ten\u00eda Espa\u00f1a en aquella Isla tan mort\u00edfera entonces para los peninsulares. Estableci\u00e9ronse en \u00e9l las Hermanas en 1854. Quien contempla nuestros espl\u00e9ndidos Hospitales militares de hoy no puede darse idea de lo que eran entonces aquellas salas infectas, donde todo era rudimentario. La ciencia m\u00e9dica tropical estaba a\u00fan en mantillas y el v\u00f3mito negro y la fiebre amarilla eran enfermedades end\u00e9micas, que devoraban la juventud sana, robusta, que por sorteo ven\u00eda de la Pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>La presencia de las Hermanas all\u00ed fue como un rayo de luz en medio de las tinieblas. La suavidad de su trato maternal y la solicitud de sus cuidados ven\u00eda a ser para aquellos pobres soldados enfermos como el dulce recuerdo de la madre lejana. \u00a1A cu\u00e1ntos salvaron la vida! \u00a1Cu\u00e1ntos consolaron en su \u00faltima agon\u00eda!.<\/p>\n<p>A\u00fan no llevaban un a\u00f1o las Hermanas en San Ambrosio, cuando, en 1855, se present\u00f3 el terrible azote del c\u00f3lera. Oleadas de pobres enfermos llegaban all\u00ed y el Hospital quedaba convertido en un foco de infecci\u00f3n y de muerte. Sacando fuerzas de su flaqueza, las Hijas de la Caridad se multiplicaban para atender a todos los gritos de dolor y de angustia que resonaban por doquier. El vigor espiritual no tiene l\u00edmites, pero el cuerpo d\u00e9bil extenuado y rendido ca\u00eda, al fin , en brazos de la muerte. La elocuencia de los n\u00fameros excusa la de las palabras. La Comunidad de San Ambrosio, como rosa purp\u00farea que se deshoja, ve caer<\/p>\n<p>cinco de sus Hermanas en la flor de la vida. Las fechas f\u00fanebres se atropellan en los d\u00edas 15, 19, 20, 24 y 30 de julio, en cada uno de los cuales, el c\u00f3lera recoge el trofeo de una v\u00edctima,<\/p>\n<p>alegre para las que se van, triste y doloroso para las que se quedan. Las supervivientes, lejos de huir, siguen con hero\u00edsmo sobrecargadas de fatiga y con tal de endulzar las amarguras de aquellos pobres soldados enfermos, desprecian la muerte. Otras dos Hermanas aumentaron el martirologio de Caridad, durante aquel a\u00f1o.<\/p>\n<p>La estad\u00edstica en a\u00f1os sucesivos no es menos aterradora. San Ambrosio, el Hospital Militar, fue un cementerio de Hermanas, durante los cuarenta y cinco a\u00f1os que en \u00e9l permaneci\u00f3 la Comunidad, pero, gracias a ellas, miles de madres no perdieron sus hijos.<\/p>\n<p>Fueron Superioras del establecimiento:<\/p>\n<p>Sor Felisa Berraondo,\u00a0 1854<\/p>\n<p>Sor Francisca Jim\u00e9nez, 1856.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Hern\u00e1ndez.<\/p>\n<p>Sor Francisca Miguel.<\/p>\n<p>Sor Francisca Galarza, 24 octubre 1883.<\/p>\n<p>Sor Ramona Huarte, 18 noviembre 1887<\/p>\n<p>Sor Clara Larrinaga, 11 junio 1894.<\/p>\n<p>11.- Sor Francisca Jim\u00e9nez se destac\u00f3 de tal manera por su actuaci\u00f3n caritativa para con nuestros soldados, que el Intendente militar de Cuba solicit\u00f3 para ella la Cruz de primera clase de la Orden del M\u00e9rito Militar. Creo que es la primera mujer espa\u00f1ola as\u00ed condecorada, y desde luego, la primera entre las Hijas de la Caridad. Al hablar de los Hospitales Militares daremos cuenta de los documentos oficiales, altamente honor\u00edficos para las Hermanas de este Hospital.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido esta distinguida Hermana en Funes de Navarra. En su bautismo recibi\u00f3 los nombres de Robustiana Francisca. Apenas visti\u00f3 el santo h\u00e1bito estuvo en los hospitales militares del Norte, poco antes del abrazo de Vergara; terminada la guerra, fue una de las que aparecen en Francia en el cat\u00e1logo de 1842. Vuelve a Espa\u00f1a. Fue destinada a Cuba en 1849 y en 1856 aparece como Superiora del Hospital Militar de la Habana.<\/p>\n<p>En nuestra \u00faltima guerra colonial la caritativa e incansable labor de Sor Clara Larr\u00ednaga en favor de nuestras tropas mereci\u00f3 tambi\u00e9n el reconocimiento de la Naci\u00f3n con la Cruz de Beneficencia.<\/p>\n<p>12.- <em>Hospital de San Francisco de Paula. La Habana.<\/em> El Hospital de San Francisco de Paula es una antigua Instituci\u00f3n de la Habana, fundada en 1664, para la asistencia de\u00a0 mujeres enfermas. Como todas las fundaciones p\u00edas fue de origen eclesi\u00e1stico. Las bases para ser confiado a las Hijas de la Caridad se firmaron en Madrid por el P. Armengol, a los 30 d\u00edas del mes de septiembre de 1854. Estaba enclavado en el centro de la ciudad, donde permaneci\u00f3 hasta 1909, en que fue trasladado a las afueras de La Habana, a sitio m\u00e1s higi\u00e9nico y ventilado de Arroyo Apolo.<\/p>\n<p>La administraci\u00f3n corre a cuenta de la Mitra y el n\u00famero de camas fue siempre limitado.<\/p>\n<p>Han sido Superioras:<\/p>\n<p>Sor Francisca de Sales Vizcondo, 1854<\/p>\n<p>Sor P\u00eda Sarasa, 11 febrero 1879.<\/p>\n<p>Sor Ignacia S\u00e1nchez, 4 febrero 1894.<\/p>\n<p>Sor Manuela Lacasa, 14 junio 1895.<\/p>\n<p>Sor Clara Larrinaga, 25 enero 1901.<\/p>\n<p>Sor Esperanza Garrido, 1907<\/p>\n<p>Sor Valentina Elexpuru, 1909<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Echauri, 29 octubre 1912.<\/p>\n<p>Sor Victoria S\u00e1ez del Castillo, 7 diciembre 1921.<\/p>\n<p>Sor Agustina Juanco, 1927.<\/p>\n<p>Sor Dolores Ballonga, 1933.<\/p>\n<p>13.- <em>Leproser\u00eda de San L\u00e1zaro. La Habana &#8211; Rinc\u00f3n. <\/em>Se fund\u00f3 la Comunidad en 1854, bajo una Junta de Patronos. Esta es la primera gran Leproser\u00eda que ha sido confiada a las Hijas de la Caridad de todo el mundo. Nuestras Hermanas que hab\u00edan asistido a todas las dolencias de la humanidad, iban a enfrentarse con \u00e9sta, la mayor y m\u00e1s repugnante de todas y recibieron como hijos suyos a aquellos infelices leprosos. Hace ya 90 a\u00f1os que ellas se sacrifican all\u00ed por los leprosos y, cosa singular, no se ha dado ni un solo caso de contagio, a pesar del contacto \u00edntimo que tienen con ellos, ni en tiempos de mayor pobreza y menos preventivos cuidados que ahora.<\/p>\n<p>Otra cosa digna de notarse es, que, cuando con el cambio pol\u00edtico las enfermeras seglares iban ocupando el puesto de las Hermanas en los Hospitales del Estado, en medio de la pena que esto les causaba, ten\u00edan ellas el consuelo de que nadie ir\u00eda a sustituirlas en aquel alto reducto de la caridad cristiana. Todo el oro del mundo no llega a pagar los servicios prestados en aquella mansi\u00f3n del dolor durante algunos d\u00edas; cuanto menos, una vida entera, como la de Sor Petra Maya, o la de Sor Ramona Idoate, madres cari\u00f1osas de los leprosos.<\/p>\n<p>Por iniciativa del Capit\u00e1n General de la Isla y del Sr. Obispo de la Habana se firm\u00f3, en Madrid, por el P. Armengol, en 30 de septiembre de 1854, la escritura de esta fundaci\u00f3n, que dice\u00a0 as\u00ed: \u00abEl Excmo. Sr. Marqu\u00e9s de Pezuela, Capit\u00e1n General y Gobernador civil y militar de la Isla de Cuba y el Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo, Dr. Francisco Fleix y Solans, estando sobremanera satisfechos de los felices resultados que ha producido, para el alivio de la humanidad doliente, los establecimientos de las Hijas de la Caridad en la Isla de Cuba, instaladas en la capital desde el a\u00f1o 1846, han tenido la generosa y caritativa resoluci\u00f3n de confiar a su celo el servicio de todos los establecimientos de beneficencia de aquella Isla, dando principio, en el presente a\u00f1o, por los que reclaman m\u00e1s ese remedio, cuales son los cuatro Hospitales de la Habana a saber: el Militar, el Civil de hombres, el Civil de mujeres y el de Lazarinos, para cuyo objeto han elevado a S.M. (q.D.g.) una reverente exposici\u00f3n, pidiendo las Hijas de la Caridad, que se reputan necesarias para desempe\u00f1ar ese servicio tan \u00fatil y necesario a los pobres enfermos. S.M. ha accedido benignamente a la piadosa solicitud por Real orden de 10 de junio de este a\u00f1o, comunicada por el Ministro de Gobernaci\u00f3n al Sr. Director de las mencionadas Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Los mismos Excmos. Sres. concedieron ampl\u00edsimo poder al Sr. D. Manuel Ib\u00e1\u00f1ez, vecino de esta Corte, con fecha 7 de abril de 1854, para que, a nombre de SS. EE. y representando sus personas, acciones y derechos, puedan firmar las contratas que, al efecto, deban extenderse. Y habiendo este Se\u00f1or apoderado conferenciado maduramente con el Se\u00f1or Director General de las Hijas de la Caridad, han convenido con mutuo acuerdo en la presente Contrata, contenida en los art\u00edculos siguientes, que observar\u00e1n ambas partes con toda puntualidad\u00bb.<\/p>\n<p>Entre las Hermanas, amantes sacrificadas de los pobres leprosos merecen citarse Sor Petra Maya y Sor Ramona Idoate.<\/p>\n<ol start=\"14\">\n<li>Sor Petra Maya naci\u00f3 en Sang\u00fcesa en 18 de enero de 1815 y a la edad de 18 a\u00f1os entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n, en 1833. Estaba en el Hospital general de Pamplona, cuando fue destina a Cuba y en compa\u00f1\u00eda del P. Claret y de otras 17 Hermanas, lleg\u00f3 a la Habana, el 27 de febrero de 1851. Destinada a la Casa de Beneficencia, pas\u00f3 en 8 de noviembre de 1854, como Superiora, a la fundaci\u00f3n de S. L\u00e1zaro, donde falleci\u00f3 en 21 de junio de 1876.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En 1900 fue nombrada Superiora de la Leproser\u00eda Sor Ramona Idoate, en cuya ponderaci\u00f3n basta decir que durante cerca de cincuenta a\u00f1os, sirvi\u00f3 a los pobres leprosos de la Habana, luchando contra la terrible enfermedad, en aquel viejo Hospital de medios escasos y sin los adelantos y precauciones higi\u00e9nicas modernas.<\/p>\n<ol start=\"15\">\n<li>El traslado de los pobres enfermos del viejo al nuevo Hospital construido en el pueblo del Rinc\u00f3n fue un verdadero Calvario para ellos y para sus inseparables Hermanas. Mientras se terminaba el nuevo local fueron todos a instalarse en unos viejos barracones, que en tiempo del Gobierno espa\u00f1ol se utilizaban para cuarentena de inmigrantes. En 26 de diciembre de 1916 tuvieron los enfermos que tomar un barco viejo y emprender la marcha para el Mariel. Ellos se negaban. \u00bfAl Mariel? \u2011dec\u00edan\u2011. Al agua s\u00ed que nos quieren echar! Entonces pidieron como garant\u00eda que las Hermanas se embarcasen con ellos y as\u00ed fue; s\u00f3lo despu\u00e9s que ellas entraron en el barco, se prestaron a hacerlo ellos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Llegaron al Mariel, pero all\u00ed no hab\u00eda nada; ni camas, ni ropa ni alimentos; sobre el dolor de sus cuerpo ceb\u00f3se el hambre, el fr\u00edo y la miseria, siendo las Hermanas las primeras en soportar tales inclemencias y en esforzarse por poner remedio a tantos males.<\/p>\n<p>Dos meses dur\u00f3 aquel infierno moral, hasta que, el 25 de febrero, insubordinados los enfermos, desesperados ya, dieron fuego a todos los barracones, qued\u00e1ndose a campo raso en el mayor abandono, ofreciendo nueva ocasi\u00f3n a las Hermanas para realizar hero\u00edsmos sin cuento. Puede considerarse lo que sufrir\u00eda Sor Ramona, sobre quien reca\u00eda todo el peso de aquellos dolores.<\/p>\n<p>No tuvieron m\u00e1s remedio que meterse en el nuevo hospital sin concluir; unos pabellones a medio construir, en pleno campo cenagoso, lejos de la poblaci\u00f3n, sin agua, sin luz, sin calles, sin enfermer\u00eda, sin casa para las Hermanas. No hab\u00eda m\u00e1s que el cari\u00f1o maternal y los desvelos de ellas en favor de aquellos seres desgraciados.<\/p>\n<p>Sor Ramona Idoate, una vez ocupados los primeros pabellones, dio comienzo por su propia iniciativa, y sin pedir nada a la Administraci\u00f3n, a una serie de construcciones complementarias, como enfermer\u00eda de graves, pabell\u00f3n de ni\u00f1os y de ni\u00f1as, etc.; en cuyas obras participaron de cerca Sor Antonia Barbero, sucesora de Sor Ramona en 14 de enero de 1925 y Sor Mercedes S\u00e1nchez, encargada de la enfermer\u00eda de ni\u00f1os. Todo ello se hizo de limosnas cuantiosas depositadas en las manos suplicantes de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<ol start=\"16\">\n<li>El Hospital del Rinc\u00f3n es un verdadero pueblo, que cuenta, en 1933, con una poblaci\u00f3n media de 350 leprosos y unas cincuenta personas a su servicio, albergados en pabellones higi\u00e9nicos formando calle central. Tanto las mujeres como los hombres cuentan con amplio club, librer\u00eda, radio y escenario, en que, de cuando en cuando, se representan obras teatrales y se dan sesiones de cine. Las Hijas de la Caridad han llevado un orden admirable al Lazareto y est\u00e1n en contacto directo con los enfermos. Las j\u00f3venes leprosas tienen la Asociaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda y los ni\u00f1os la de San Luis. Doce Hermanas est\u00e1n al frente de todos los servicios. Basta decir que tienen que prest\u00e1rselos a algunos que ya han perdido los pies o las manos, los ojos o la nariz o los labios; hechos una podre y con un olor nauseabundo. No hay prueba mayor hasta donde puede llegar esa vocaci\u00f3n divina, \u00fanico sost\u00e9n de la flaqueza humana en obras tan heroicas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En el Hospital hay matrimonios. S\u00f3lo en una misi\u00f3n se celebraron nueve bodas, luciendo alguna de las novias traje de larga cola y linda corona. De algunos de ellos hicieron las Hermanas de madrinas, con el correspondiente permiso, que seguramente lo ratificar\u00eda San Vicente desde el cielo.<\/p>\n<p>Para los matrimonios se han fabricado casitas aparte. S\u00f3lo uno, entre los nueve matrimonios, ha tenido un lindo ni\u00f1o, que hasta ahora parece sanito y que ha sido separado de sus padres para criarlo. Qu\u00e9 ambiente cristiano se respira entre los lazarinos!<\/p>\n<p>Hay una hermosa iglesia, que ha costado muchos miles al Sr. Capell\u00e1n, visitante cotidiano de los enfermos, a quienes profesa especial predilecci\u00f3n. La festividad de San L\u00e1zaro constituye la preocupaci\u00f3n del a\u00f1o entero. Los oficios de Semana Santa, la Inmaculada, el santo de la Superiora y del Sr. Capell\u00e1n son variedad en la vida mon\u00f3tona de estos desgraciados. Otro tanto puede decirse de las Misiones que casi todos los a\u00f1os han ido a dar los Padres Pa\u00fales de la Habana.<\/p>\n<p>Como remate y homenaje a las Hermanas digamos que Sor Ramona Idoate, con sus cincuenta a\u00f1os de servir a los leprosos, no es un caso aislado; veintinueve a\u00f1os les sirvi\u00f3 Sor Francisca V\u00e1zquez; treinta y dos Sor Josefa Alzuguren ya fallecidas; y ah\u00ed est\u00e1n continuando tan gloriosa tradici\u00f3n Sor Simona Galarza y Sor Margarita O\u00b4Keeff, que vienen sirvi\u00e9ndoles desde 1899 y que ancianas ya, los cuidan con amor y delicadeza de abuelitas. Los lazarinos se dan perfecta cuenta de la vida abnegada y cari\u00f1o maternal de las Hermanas y lo saben agradecer. Bien se vio aquel domingo, en que Sor Ramona fue llevada a la morada postrera. Entonces se manifest\u00f3 el duelo popular. Todo el Rinc\u00f3n conoc\u00eda la vida sublime de esta mujer y el pueblo fue tras su cad\u00e1ver, dolorosamente exaltado, con flores en las manos para cubrir el sarc\u00f3fago.<\/p>\n<p>Tras la carroza f\u00fanebre iban las autoridades religiosas, empleadas del Hospital y almas caritativas que se interesan por aquellos infelices leprosos. Era una procesi\u00f3n impresionan\u00adte. Sobre la tumba las flores se\u00f1alaron una monta\u00f1a multicolor. Y ese mont\u00f3n de flores era un s\u00edmbolo de aquella vida; porque Sor Ramona con su consuelos, con sus cari\u00f1os a los enfermos, transformaba, por el milagro de la ternura y la piedad, sus llagas en flores.<\/p>\n<p>Han estado al frente de esta Comunidad de San L\u00e1zaro:<\/p>\n<p>Sor Petra Maya, 1854<\/p>\n<p>Sor Ramona Solarellas, 1876<\/p>\n<p>Sor Luisa Embil, 1880<\/p>\n<p>Sor Juana Garaicochea, 1876.<\/p>\n<p>Sor Sinforosa Arocena, 1888.<\/p>\n<p>Sor Francisca Furguet, 1892.<\/p>\n<p>Sor Ramona Idoate, 1900.<\/p>\n<p>Sor Antonia Barbero, 1925.<\/p>\n<p>17.- <em>Colegio de santa Isabel. La Habana.<\/em> Fue establecido en el convento de S. Felipe por las Se\u00f1oras de las Conferencias para la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as hu\u00e9rfanas. Dedic\u00f3se a la fundaci\u00f3n parte del producto de la rifa de un bazar que se permiti\u00f3 para socorro de los pobres de la expresada Asociaci\u00f3n. La Marquesa de la Habana fue la que puso el colegio bajo los cuidados de Hermanas espa\u00f1olas. A esta Se\u00f1ora sucedi\u00f3 en 1859 como Presidenta de la Asociaci\u00f3n Domiciliaria, la Condesa de San Antonio, esposa del Capit\u00e1n General de la Isla, D. Francisco Serrano y quien consigui\u00f3 sustituir a las Hermanas espa\u00f1olas por otras venidas de Francia, novedad que fue origen de no pocos disgustos. Desconoc\u00edan el idioma espa\u00f1ol y depend\u00edan directamente de Francia.<\/p>\n<p>Dependiente de este Colegio se fund\u00f3 un Asilo de p\u00e1rvulos debido a los desvelos caritativos de D. Jos\u00e9 Ram\u00edrez Ovando y a la generosidad de la Marquesa de la Torre, en 2 de febrero de 1860. Falto de recursos este Asilo ben\u00e9fico, el Sr. Ovando consigui\u00f3 una suscripci\u00f3n entre los ni\u00f1os ricos de la Habana, a los que declar\u00f3 patronos, costeando cada uno de ellos un ni\u00f1o del Asilo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de lamentables disgustos, en los primeros d\u00edas de enero de aquel a\u00f1o 64, las Hermanas francesas, sin previo aviso, se retiraron con el pretexto de acompa\u00f1ar a las tropas francesas, que fueron a M\u00e9jico y en 18 del mismo mes, se encargaron de dicho Colegio y Asilo siete Hermanas espa\u00f1olas. La escuela de p\u00e1rvulos dej\u00f3 entonces de funcionar. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s se pens\u00f3 en convertir este Colegio de Santa Isabel en Escuela Normal, para cuyo fin se redactaron bases y reglamentos, en cumplimiento del Real decreto de 15 de julio de 1863. Pero no s\u00e9 por qu\u00e9 motivos se deshizo esta fundaci\u00f3n al a\u00f1o siguiente, 1865.<\/p>\n<p>Fueron Superioras:<\/p>\n<p>Sor Manuela Prieto<\/p>\n<p>Sor Simeona Ezquerra<\/p>\n<p>Sor Margarita Batlle.<\/p>\n<ol start=\"18\">\n<li><em>Hospital y Escuelas de Guanabacoa. <\/em>La fundaci\u00f3n del Hospital y escuelas de Guanabacoa es de 1856. Vino de Superiora Sor Romualda Donamar\u00eda, que falleci\u00f3 a los<\/li>\n<\/ol>\n<p>dos a\u00f1os de fiebre amarilla, y fue reemplazada por Sor Carmen Trever\u00eda.<\/p>\n<p>Entre enfermos, presos y dementes sol\u00eda haber unos cuarenta asistidos, y todo el servicio estaba a cargo de las Hermanas, pues no hab\u00eda m\u00e1s que un enfermero, un cocinero y un recadero.<\/p>\n<p>El estado del hospital era lamentable; carec\u00eda de ropa blanca; el agua tan escasa que las mismas Hermanas ten\u00edan que salir con latas a traerla de una fuente, por una pendiente no muy suave; el alimento, tan escaso que desayunaban agua caliente con az\u00facar. Las Hermanas eran s\u00f3lo cuatro, de las cuales una regentaba la escuela. Se hizo pues necesario aumentar dos m\u00e1s. Tal fue el estado de aquellas pobres Hermanas durante muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>En 1886, siendo Superiora Sor Eulalia Aoiz, sobrevino la epidemia de viruela, por lo que el Sr. Alcalde de Guanabacoa hizo levantar un lazareto en el campo, habilitando una casa arruinada y pidi\u00f3 dos Hermanas para asistir a los enfermos; se accedi\u00f3 a su petici\u00f3n y permanecieron all\u00ed cerca de un a\u00f1o, sufriendo innumerables privaciones, fatigas y trabajos, tanto m\u00e1s cuanto ve\u00edan el triste estado de los pobres enfermos a causa de la escasez.<\/p>\n<p>A Sor Eulalia debi\u00f3 el hospital muchas mejoras ya en las salas de los enfermos ya en la escuela. Entre ellas el cambio del pavimento, que tanto facilita la higiene.<\/p>\n<p>En 1888, la nueva superiora Sor Francisca Mayo consigui\u00f3 del Sr. Director la mejora de la alimentaci\u00f3n de enfermos y empleados; y ella con limosnas y donativos consigui\u00f3 levantar una Capilla nueva y m\u00e1s amplia que se inaugur\u00f3 en 1890. M\u00e1s tarde, el Hospital se vio completamente transformado, gracias a la actividad incesante de la superiora Sor P\u00eda Echevarr\u00eda; busc\u00f3 medios para mejorar el cuidado de los pobres enfermos en ropas, alimentos y medicinas: emprendi\u00f3 varias obras de reparaci\u00f3n, en techos y pavimento, hizo lavaderos, salas de operaciones y cirug\u00eda; todo a costa de mil afanes y limosnas.<\/p>\n<p>Durante la Guerra de la Independencia, adem\u00e1s de los enfermos del hospital, se encargaron de los soldados enfermos en dos casas que fue necesario alquilar, pues el hospital era insuficiente para tantos, a pesar de convertir en salas de enfermer\u00eda todos los corredores, pasillos y dependencias. In\u00fatil es decir cu\u00e1nto ser\u00eda el trabajo de las pobres Hermanas, siendo tan pocas y teniendo que asistir a todos; sin embargo, ellas hac\u00edan lo que pod\u00edan, sin perdonar fatiga ni trabajo, con tal de aliviarlos en sus dolencias. En otro cap\u00edtulo recordaremos sus sublimes hero\u00edsmos durante la reconcentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuarenta y siete a\u00f1os llevaban las Hermanas al servicio del hospital, que sin mentir pod\u00edan llamar suyo, cuando en 1903 se vieron en amargo trance de abandonarle, pues un Director sin conciencia se empe\u00f1\u00f3 en exigir de ellas cosas tan absurdas como dejar morir a los enfermos sin sacramentos. Esto era como obligarlas a retirarse, al verse desamparadas tambi\u00e9n por la Junta misma del Hospital.<\/p>\n<p>El Santo Arzobispo de Cuba, Padre Claret, gestiona la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, en su Di\u00f3cesis. Insertamos aqu\u00ed la siguiente carta del apost\u00f3lico P. Claret, que muestra patentemente la gran estima del Santo hacia las Hijas de la Caridad de San Vicente.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 J.M.J. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Rdo. Sr. Director de las Hermanas de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p><em>Santiago, 26 diciembre de 1856.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Muy Sr. m\u00edo y de toda mi veneraci\u00f3n:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 Ya sabr\u00e1 que cuando en el a\u00f1o 1850 estuve en esa Corte, ped\u00ed al Gobierno de S.M. y tambi\u00e9n a esa Congregaci\u00f3n de San Vicente Hermanas para los Hospitales y dem\u00e1s establecimientos de Beneficencia de mi Di\u00f3cesis; desde aquel a\u00f1o hasta el presente nunca<\/em><\/p>\n<p><em>he cesado de repetir mis primeras s\u00faplicas, pero hasta el presente, nada he conseguido. Hace poco que escrib\u00ed a D. Ferm\u00edn de la Cruz para que recordara mis pretensiones y se le respondi\u00f3 que no se enviaban Hermanas que no se mande por el Gobierno. Pues al momento que recib\u00ed la de D. Ferm\u00edn he escrito al Gobierno pidiendo de pronto seis Hermanas para la casa Beneficencia de esta Ciudad. Por de pronto no pido m\u00e1s, porque temo no las alcanzar\u00eda, porque s\u00e9 que est\u00e1n pidiendo de muchas partes y no hay para tanto; pero pido al mismo Gobierno que tan luego como sea posible, manden para el Hospital de Caridad y Hospital militar de esta Ciudad, que las necesitan; y tambi\u00e9n pido Hermanas para la Casa de Beneficencia que yo he levantado de mis ahorros en la Ciudad de Puerto Pr\u00edncipe, para recoger a tantos ni\u00f1os y ni\u00f1as, como andan perdidos por aquella gran Ciudad; es un edificio muy hermoso y sano, en medio de una huerta que suministra las viandas para el gasto del establecimiento; en la misma ciudad hay hospital militar, hospital de hombres y otro hospital de mujeres y para todos se necesitan Hermanas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo hago presente al Gobierno de S.M. la necesidad que hay de Hermanas en esta mi Di\u00f3cesis. Fundo mis peticiones en las disposiciones marcadas en la Real C\u00e9dula de 52.Hago ver la falta de equilibrio que hay entre mi di\u00f3cesis y la de la Habana que tiene algunas sesenta Hermanas, cuando \u00e9sta no ha podido lograr ninguna, no obstante que la citada Real C\u00e9dula manda lo mismo para una que para otra. Estas y otras reflexiones, que omito para no molestar su atenci\u00f3n, pongo a la consideraci\u00f3n de V. a fin de que se digne enviar seis Hermanas para la Beneficencia de esta Ciudad de Cuba, tan pronto como pueda, y despu\u00e9s cuando guste podr\u00e1 enviar las otras siempre que guste para los dem\u00e1s establecimientos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo estoy bien seguro que si V. deja traslucir mi petici\u00f3n entre las Hermanas, todas le pedir\u00e1n que las env\u00ede a esta mi Di\u00f3cesis; yo a todas las quiero mucho y ellas tambi\u00e9n a m\u00ed; ellas no han olvidado los buenos servicios que yo les tengo prestados; much\u00edsimas de ellas saben que Dios se vali\u00f3 de m\u00ed para conducirlas a la Santa Congregaci\u00f3n. A la verdad, Se\u00f1or, que es una cosa que se puede decir que Dios ha permitido para mortificar\u00adme; de otro modo no se puede explicar c\u00f3mo haya sido posible que, habiendo yo tanto hecho para esa Congregaci\u00f3n, no se me haya atendido. Pero yo conf\u00edo que ha llegado su plazo, y as\u00ed espero que V. pondr\u00e1 fin a tanta tardanza y llenar\u00e1 mis deseos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mande lo de su gusto de su m\u00e1s atento y seguro servidor y Cap. Q.S.M.B.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Antonio Mar\u00eda, Arzobispo de Cuba (Rubricado).<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 P.D. Hace a\u00f1o y medio, que me cre\u00eda que luego me enviar\u00edan Hermanas, as\u00ed mand\u00e9 una letra de 5.000 duros para pagar los gastos del viaje; y con mucho dolor de mi coraz\u00f3n tuve que escribir a un encargado que tengo en Barcelona, que es el Rvdo. D. Pedro Nand\u00f3, Vicario de Santa Mar\u00eda, para que mandara recoger la cantidad destinada para las Hermanas. Por lo que si las Hermanas necesitan ah\u00ed el dinero para el viaje a esta mi Di\u00f3cesis, D. Pedro Nand\u00f3 lo tiene, y si no quieren, aqu\u00ed se pagar\u00e1 todo cuando est\u00e9n en \u00e9sta; como V. guste\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>19.- <em>Escuela de Ntra. Sra. de la Asunci\u00f3n. Guanabacoa. <\/em>Esta escuela se abri\u00f3, como queda dicho, el a\u00f1o 1857, en una de las salas del Hospital de la Caridad, regent\u00e1ndola una sola Hermana, ayudada a veces por la de la botica. Cincuenta ni\u00f1as sol\u00edan asistir en su principio, pero cada d\u00eda iban aumentando, de modo que en breve llegaron a noventa o cien, por lo que fue necesario aumentar la comunidad, para que dos se dedicaran exclusivamente a la instrucci\u00f3n de las ni\u00f1as. Para el sostenimiento de esta escuela daba el Ayuntamiento una cuota mensual fija.<\/p>\n<p>Sor Josefa Pons, que lleg\u00f3 a Guanabacoa, a los cinco a\u00f1os de fundarse en el Hospital las Hijas de la Caridad, fue una de las encargadas de la Direcci\u00f3n de la Escuela, desempe\u00ad\u00f1ando muchos a\u00f1os su oficio de maestra con un celo y abnegaci\u00f3n y caridad propios de una Hija de San Vicente. Hab\u00eda recibido de Dios dotes especiales para este ministerio; ten\u00eda el talento de hacer pronto asequibles a las ni\u00f1as, todas sus instrucciones y no perdonaba fatigas ni desvelos para hacer que adelantasen, empleando todas sus industrias para tenerlas atentas y aplicadas, haci\u00e9ndose siempre amar y respetar.<\/p>\n<p>Se celebraban anualmente ex\u00e1menes p\u00fablicos, bajo la presidencia del Sr. P\u00e1rroco, como inspector, y de una Comisi\u00f3n del Ayuntamiento, nombrada por el Gobierno. No es, pues, de extra\u00f1ar que la escuela gozase cada d\u00eda de mayor reputaci\u00f3n justamente adquirida por la incesante laboriosidad de las Hermanas y aplicaci\u00f3n de las ni\u00f1as.<\/p>\n<p>Por ver si el m\u00e9rito correspond\u00eda a tal fama, le plugo al Sr. Alcalde de la villa presidir los ex\u00e1menes p\u00fablicos de 1880 y qued\u00f3 de ellos tan satisfecho que se resolvi\u00f3 a condecorar a la Hermana con diploma de honor y Medalla de oro. Pero ella, por su humildad y de acuerdo con la Superiora, rehus\u00f3 la Medalla y acept\u00f3 el Diploma, por parecerle que alg\u00fan d\u00eda pudiera servirle de garant\u00eda para la ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Por concesi\u00f3n especial del Gobierno se otorgaba a las alumnas que lo deseaban y eran aptas para el magisterio, el t\u00edtulo de Maestra elemental, sin tener que sufrir m\u00e1s ex\u00e1menes que los que ten\u00edan lugar en la escuela.<\/p>\n<p>Por el a\u00f1o 1887, se les concedi\u00f3 que pudieran obtener las alumnas el t\u00edtulo de Maestra Superior, previos los estudios de un programa m\u00e1s amplio y los ex\u00e1menes que ten\u00edan lugar en la misma escuela. Esto dio lugar al aumento de alumnas y de Hermanas profesoras.<\/p>\n<p>Siendo Superiora Sor M\u00f3nica Gil, se estableci\u00f3 una suscripci\u00f3n mensual con el fin de dar almuerzo a treinta ni\u00f1as pobres de la escuela y a veces vestido y calzado. Despu\u00e9s de treinta y ocho a\u00f1os de fruct\u00edfera labor la Escuela se vio en peligro de desaparecer, pues como estaba establecida en el recinto del mismo Hospital y aumentaba considerablemente el n\u00famero de enfermos, era necesario buscar otro local; pero la falta de recursos para ello les hizo pasar por muchos apuros hasta conseguir fundar el actual Colegio de la Milagrosa, propio de la Congregaci\u00f3n y que hab\u00eda de servir de refugio para las Hermanas, al abandonar el Hospital en 1903.<\/p>\n<p>El 9 de septiembre de 1904 se traslad\u00f3 el Colegio a otra casa m\u00e1s c\u00e9ntrica y m\u00e1s amplia, en una hermosa quinta rodeada de huerta que consigui\u00f3 la Comunidad en condiciones ventajosas.<\/p>\n<p>M\u00e1s de 1800 ni\u00f1as hab\u00edan pasado por el Colegio hasta 1927. Superioras de la Comunidad y separado del Hospital, han sido Superioras:<\/p>\n<p>Sor P\u00eda Echeverr\u00eda, 1904.<\/p>\n<p>Sor Encarnaci\u00f3n Navarro, 1922.<\/p>\n<p>Sor Teresa Puente, 1925<\/p>\n<p>Sor Eleuteria Mart\u00ednez, 1927<\/p>\n<p>Anteriormente lo fueron:<\/p>\n<p>Sor Martina Iribarren<\/p>\n<p>Sor Carmen Trever\u00eda,<\/p>\n<p>Sor M\u00f3nica Gil y<\/p>\n<p>Sor Eulalia Aoiz.<\/p>\n<p>20.- <em>Asilo de San Vicente de Pa\u00fal. Matanzas. <\/em>Fue fundado por las Se\u00f1oras de las Conferencias de San Vicente y se inaugur\u00f3 en 27 de setiembre de 1865, bajo la presiden\u00adcia de Do\u00f1a Mar\u00eda Francisca Garay. En 18 de febrero de 1868 se hicieron cargo de \u00e9l las Hijas de la Caridad. Desde el establecimiento de la Di\u00f3cesis de Matanzas el Director del Asilo es<\/p>\n<p>el Sr. Obispo.<\/p>\n<p>El edificio ocupa uno de los puntos m\u00e1s pintorescos de la Ciudad, en pleno campo y con vistas encantadoras. Hay por t\u00e9rmino medio unas cuarenta ni\u00f1as internas y sesenta externas, todas gratu\u00edtas. Han sido Superioras del Colegio:<\/p>\n<p>Sor Ramona Solanella, 1868.<\/p>\n<p>Sor Angela Lasierra, 1881.<\/p>\n<p>Sor Encarnaci\u00f3n Oliarte, 1905.<\/p>\n<p>Sor In\u00e9s Lafuente 1914.<\/p>\n<p>Sor Carmen Igaravidez, 1928.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sumario: 1. 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El 14 de febrero de 1967 hac\u00edamos el elogio necrol\u00f3gico de Sor Concep\u00adci\u00f3n Crespo y Bujanda en los funerales ofrecidos por su eterno descanso en el Colegio de la Inmaculada de La Habana. 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