{"id":39741,"date":"2014-09-27T08:45:42","date_gmt":"2014-09-27T06:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/repercusiones-de-la-nueva-conciencia-eclesial-en-la-vida-religiosa\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:22","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:22","slug":"repercusiones-de-la-nueva-conciencia-eclesial-en-la-vida-religiosa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/repercusiones-de-la-nueva-conciencia-eclesial-en-la-vida-religiosa\/","title":{"rendered":"Repercusiones de la nueva conciencia eclesial en la vida religiosa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/vida_religiosa.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-39743\" title=\"vida_religiosa\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/vida_religiosa-205x300.jpg?resize=205%2C300\" alt=\"\" width=\"205\" height=\"300\" \/><\/a>El t\u00edtulo de nuestro trabajo sugiere demasiadas cosas. En la pr\u00e1ctica y en la vida concreta de la Iglesia las reper\u00adcusiones de la nueva conciencia eclesial en la vida religiosa son innumerables y muy dif\u00edciles de reducir a com\u00fan deno\u00adminador. Por eso, debemos advertir desde el principio que nuestro estudio se va a reducir a mera <em>reflexi\u00f3n teol\u00f3gica <\/em>que nos permita descubrir la nueva visi\u00f3n de las cosas que subyace a las repercusiones de toda \u00edndole que una nueva manera de entender la Iglesia puede tener en la forma de entender la vida religiosa.<\/p>\n<p>Circunscrito as\u00ed el tema, creo que nuestras reflexiones pueden ser de gran inter\u00e9s para un mejor conocimiento de la vida religiosa por varias razones:<\/p>\n<p>a) Porque, ciertamente, si no conocemos bien lo que es la vida religiosa es <em>porque, <\/em>previamente, no conocemos bien lo que es la Iglesia. Toda comprensi\u00f3n m\u00e1s seria y m\u00e1s cercana del misterio de la Iglesia es, por el mero hecho, una comprensi\u00f3n m\u00e1s seria tambi\u00e9n de la vida religiosa.<\/p>\n<p>b) Porque el Concilio Vaticano II ha despertado entre nosotros, sin lugar a dudas, una <em>nueva conciencia eclesial, <\/em>y de esta nueva conciencia est\u00e1 pendiente todo lo que est\u00e1 ocurriendo en la revisi\u00f3n y renovaci\u00f3n a que est\u00e1 sometida actualmente la vida religiosa. Sin una identificaci\u00f3n pro\u00adfunda con esta nueva conciencia eclesial no tendremos ja\u00adm\u00e1s conciencia clara de lo que est\u00e1 pasando en la actual crisis de la vida religiosa, ni de lo que est\u00e1 llamada a ser en la actual situaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Porque, si algo se deduce de esta nueva conciencia eclesial, es, como veremos, que lo <em>m\u00e1s importante <\/em>de la vida religiosa es ser vida cristiana sin m\u00e1s, aunque vivida en una forma de vida peculiar. Por tanto, conocer mejor la Iglesia es, por el mero hecho, conocer mejor lo m\u00e1s impor\u00adtante de la vida religiosa.<\/p>\n<p>d) Porque lo peculiar de la vida religiosa, lo que la distingue como tal, es algo totalmente <em>referido <\/em>a la comu\u00adni\u00f3n eclesial, de modo que de esta referencia recibe todo su sentido y su raz\u00f3n de ser como vida religiosa. Estudiar, por consiguiente, el contexto eclesial en que surge y del que recibe significaci\u00f3n e inteligibilidad, es como tratar de comprender desde sus fundamentos lo que es y para lo que est\u00e1 la vida religiosa en la Iglesia.<\/p>\n<p>Naturalmente que, aun en este plano teol\u00f3gico la ecle\u00adsiolog\u00eda ilumina de muy diversas maneras y repercute mul\u00adtiformemente en el sentido de la vida religiosa y en la de\u00adterminaci\u00f3n de su funci\u00f3n dentro de la Iglesia. Aqu\u00ed tendre\u00admos que ce\u00f1irnos necesariamente a algunos puntos m\u00e1s importantes. Sobre todo a aquellos que la renovaci\u00f3n ecle\u00adsiol\u00f3gica puesta en marcha por el Concilio Vaticano II ha descubierto como m\u00e1s incidentes en la comprensi\u00f3n de la vida religiosa.<\/p>\n<h2>1. Comuni\u00f3n eclesial y vida religiosa<\/h2>\n<p>Acabamos de decir que una mejor comprensi\u00f3n del mis\u00adterio de la Iglesia redunda necesariamente en una concien\u00adcia m\u00e1s clara de la verdadera significaci\u00f3n de la vida re\u00adligiosa. Pero la Iglesia es una realidad muy compleja, y su estudio puede ser abordado desde muy distintos puntos de vista. El problema para nosotros aqu\u00ed consiste en colocar\u00adnos desde el primer momento en la adecuada perspectiva para comprender lo que es la Iglesia en su realidad m\u00e1s profunda y desde ah\u00ed tratar de contemplar c\u00f3mo emerge y para qu\u00e9 fin esto que llamamos la vida religiosa.<\/p>\n<p>Ahora bien hablar de la \u00abcomuni\u00f3n eclesial\u00bb, o de la Iglesia como comuni\u00f3n, es ya emplear una f\u00f3rmula que, si algo sugiere, es que se est\u00e1 tocando esa realidad primaria desde la que se constituye la Iglesia, y que es como la fuente de que todo lo dem\u00e1s se deriva. \u00bfQu\u00e9 es, pues, lo que impli\u00adca decir que la Iglesia es una comuni\u00f3n? He aqu\u00ed el tema sobre el que debemos reflexionar ahora.<\/p>\n<h3><em>1. Encuentro interpersonal en la fe:<\/em><\/h3>\n<p>Creo que lo primero que sugiere esta expresi\u00f3n es lo siguiente: que la Iglesia, antes que nada, es un encuentro interpersonal de creyentes. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual sobre el origen de la Iglesia est\u00e1 cada vez m\u00e1s de acuerdo en que la Iglesia naci\u00f3 de lo que llamamos <em>la experiencia pascual, <\/em>es decir, del impacto que produjo en los disc\u00edpulos de Jes\u00fas la experiencia de la Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Desde el momento en que ese grupo de disc\u00edpulos reconoci\u00f3, en una formidable experiencia, que Jes\u00fas, el rechazado por todos y muerto en la cruz, estaba vivo de nuevo por el poder de Dios, desde ese momen\u00adto, y en fuerza de esa misma experiencia, empez\u00f3 a existir y a funcionar la Iglesia de Jesucristo.<\/p>\n<p>De esa experiencia naci\u00f3 la Iglesia, y de esa experiencia renace siempre, de modo que, si nosotros somos ahora esa misma Iglesia es, ante todo, porque estamos conjuntados por la fuerza magn\u00e9tica de esa misma experiencia. \u00bfQu\u00e9 va implicado, pues, en ese lugar de origen de la Iglesia que fue el acontecimiento pascual?<\/p>\n<p>Se trata, nada menos, que de esa experiencia singular, provocada por Dios mismo, por la que los disc\u00edpulos de Je\u00ads\u00fas comprendieron por dentro, en su profunda realidad, <em>qui\u00e9n era Jes\u00fas como el Cristo, <\/em>algo que hasta entonces no hab\u00edan entendido sino por fuera. Es decir, comprendieron a Jes\u00fas como la revelaci\u00f3n definitiva de Dios, y como la revelaci\u00f3n definitiva del hombre. Desde ese momento Je\u00ads\u00fas, su maestro y su compa\u00f1ero durante varios a\u00f1os, se convirti\u00f3 para los disc\u00edpulos en una gran voz venida de las profundidades de Dios, en que Dios mismo y el sentido de la vida humana se revelaban de una manera nueva y sor\u00adprendente: la que plasmaron luego en los escritos del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Pues bien, sufrir esta experiencia, y coincidir profunda\u00admente en un nuevo encuentro con Dios y en un nuevo en\u00adcuentro mutuo desde el sentido de la vida revelado en Jes\u00fas, fue una misma cosa para los disc\u00edpulos. Pronto se fue des\u00adcubriendo que este encuentro mutuo desde la experiencia de la fe era el punto de convergencia insustitu\u00edble para el verdadero encuentro con Dios.<\/p>\n<p>Es lo que expres\u00f3 de manera estremecida en su primera carta el ap\u00f3stol san Juan: \u00ablo que hemos visto y o\u00eddo, os lo anunciamos a vosotros, para que tambi\u00e9n vosotros est\u00e9is <em>en comuni\u00f3n con nosotros, <\/em>y esta comuni\u00f3n nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Jn 1, 3).<\/p>\n<p>Dos cosas se hacen posibles para quienes creen en Cristo : una nueva forma de \u00abcomuni\u00f3n con Dios\u00bb, y una nueva forma de \u00abcomuni\u00f3n fraterna\u00bb. Pero con esta peculiaridad: que la nueva \u00abcomuni\u00f3n fraterna\u00bb, nacida de la experien\u00adcia de la fe, es la garant\u00eda cierta de que se est\u00e1 en \u00abcomu\u00adni\u00f3n con Dios\u00bb. Porque se puede decir que se est\u00e1 en comu\u00adni\u00f3n con Dios, y estar en realidad \u00abcaminando en tinieblas\u00bb. Hay una se\u00f1al evidente de que no es as\u00ed: \u00abestar en comuni\u00f3n unos con otros\u00bb (vv. 6-7).<\/p>\n<p>Es decir, la fe en Cristo, para san Juan, est\u00e1 llamada a provocar un nuevo encuentro interpersonal entre los hom\u00adbres, una nueva forma de convivir, y en ese encuentro es donde acontece la salvaci\u00f3n, donde se hace real y efectivo el encuentro de los hombres con Dios. La salvaci\u00f3n, tal co\u00admo se nos ha dado en Cristo, no se alcanza en una relaci\u00f3n privada del hombre con Dios, sino en el encuentro inter\u00adpersonal de los creyentes, en nuestra convivencia profunda desde la fe. En la medida en que esta nueva forma de en\u00adcuentro interpersonal crece y se intensifica en el amor mutuo, se hace tambi\u00e9n m\u00e1s presente entre nosotros y crece hasta su plenitud nuestra comuni\u00f3n con Dios: \u00abA Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece entre nosotros, y su Amor llega en nosotros a su plenitud\u00bb (4, 12).<\/p>\n<p>Pues bien, esta comuni\u00f3n nuestra en el amor, provocada por el Amor de Dios que se nos ha dado en Jesucristo, es lo que llamamos la \u00abcomuni\u00f3n eclesial\u00bb. Por eso, decir que la Iglesia es una comuni\u00f3n es estar tocando con el dedo la m\u00e1s profunda realidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00abIglesia\u00bb quiere decir antes que nada: un grupo de per\u00adsonas que se ha formado como tal grupo desde una experien\u00adcia comunitaria de fe, por la que se capta en profundidad el sentido de la vida tal como se ha revelado en Jesucristo, y por la que se coincide interpersonalmente en una misma realidad profunda que viene de Dios.<\/p>\n<p>Si hay Iglesia es, ante todo, para que suceda entre no\u00adsotros la cosa m\u00e1s maravillosa que puede suceder en el mundo: que las personas se encuentren, en profundidad, en esa profundidad \u00faltima que se descubre en la fe. Donde este encuentro se produce, all\u00ed hay Iglesia; es decir, all\u00ed sucede algo entre nosotros que no proviene de nosotros mis\u00admos, sino de la acci\u00f3n poderosa de Dios que nos ha recon\u00adciliado en Jesucristo.<\/p>\n<h3>2. <em>Coincidencia en lo m\u00e1s importante:<\/em><\/h3>\n<p>Cuando decimos que la Iglesia es un <em>misterio <\/em>estamos aludiendo a esta rea\u00adlidad profunda de la Iglesia como provocada por el Mis\u00adterio insondable de Dios que se ha hecho donaci\u00f3n para nosotros en nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Pero, desde el secreto individualismo de la fe, tan arraigado en nuestra concien\u00adcia cristiana, es f\u00e1cil reducir este misterio a un encuentro personal de cada creyente con Dios, como algo que acontece exclusivamente entre Dios y la conciencia individual del creyente.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, se individualiza la fe, se indivi\u00addualiza la novedad de vida que comporta la fe, se indivi\u00addualiza la salvaci\u00f3n. Y el encuentro interpersonal con \u00ablos hermanos en la fe\u00bb, es decir, el vivir en Iglesia, es algo que acontece ya en un segundo momento, despu\u00e9s de que en un plano individual ha acontecido la fe, la gracia y la salva\u00adci\u00f3n. La Iglesia se entiende como el lugar en que se hace posible la \u00abcomuni\u00f3n con Dios\u00bb de los creyentes, cada uno por su lado, y s\u00f3lo en un plano derivado y secundario la Iglesia es \u00abcomuni\u00f3n fraterna\u00bb, o comuni\u00f3n de los creyentes entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Acaso la aportaci\u00f3n m\u00e1s importante del Concilio Va\u00adticano II a la eclesiolog\u00eda ha consistido en superar este secreto individualismo de la fe, sobre todo en su doctrina sobre la Iglesia como Pueblo de Dios: \u00abQuiso Dios santi\u00adficar y salvar a los hombres, no individualmente y sin co\u00adnexi\u00f3n mutua, sino <em>constituy\u00e9ndolos en Pueblo, <\/em>que le co\u00adnociera en la verdad y le sirviera santamente\u00bb (LG, 9).<\/p>\n<p>Este punto de partida para entender la Iglesia, ante\u00adpuesto deliberadamente por el Concilio a las diversas fun\u00adciones, servicios, ministerios, estados de vida, que pueden surgir dentro de este Pueblo, tiene por objeto destacar en toda su importancia las realidades fundamentales en que todos coincidimos, y la dimensi\u00f3n comunitaria de esas rea\u00adlidades como algo que acontece en nuestro encuentro in\u00adterpersonal de creyentes.<\/p>\n<p>En este plano primario se decide lo m\u00e1s importante de nuestra vida en fe, en seguimiento de Jesucristo, en santi\u00adficaci\u00f3n y perfecci\u00f3n. Y desde \u00e9l hay que tratar de entender todo lo dem\u00e1s, porque todo lo dem\u00e1s, lo que marca diferen\u00adcias entre unos y otros, recibe consistencia y sentido con\u00adcreto desde su referencia a esa realidad fundamental.<\/p>\n<p>\u00abPueblo de Dios\u00bb designa, pues, ese punto de convergen\u00adcia en que somos m\u00e1s Pueblo de Dios cuanto m\u00e1s a fondo coincidimos, esa \u00abcomuni\u00f3n de vida\u00bb que es m\u00e1s profunda cuanto m\u00e1s desaparecen las barreras o las diferencias que nos separan o nos distancian a unos de otros. Esta es la dimensi\u00f3n com\u00fan y comunitaria que el Concilio ha puesto en primer plano: ser creyentes sin m\u00e1s, ser simplemente cristianos, pero donde \u00fanicamente es posible serlo; en nues\u00adtro encuentro interpersonal de fe, de gracia y de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCom\u00fan dignidad por nuestra regeneraci\u00f3n en Cristo, gracia com\u00fan de hijos, com\u00fan vocaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n, una salvaci\u00f3n, una esperanza y una indivisa caridad&#8230; Y si es cierto que algunos, por voluntad de Cristo, han sido cons\u00adtituidos para los dem\u00e1s como doctores, dispensadores de los misterios de Dios y pastores, sin embargo, se da una <em>ver\u00ad<\/em><em>dadera igualdad <\/em>entre todos en cuanto a la dignidad y a la acci\u00f3n com\u00fan a todos los creyentes para la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo\u00bb (LG, 32).<\/p>\n<p>Hay, pues, en el Pueblo de Dios algo que llamar\u00edamos su sustancia com\u00fan y comunicante, desde la cual nuestro ser en la Iglesia se define esencialmente como un <em>ser-con <\/em>los otros, como comuni\u00f3n interpersonal en la fe, y desde la cual igualmente todo lo que nos distingue o nos diversifica en la Iglesia se define como un <em>ser-para <\/em>los otros, es decir, para ayudarnos los unos a los otros a sumergirnos en ese plano indistinto de nuestra fe com\u00fan, en esa experiencia comunitaria de fe por la que quedamos constituidos en Pue\u00adblo de Dios.<\/p>\n<p>Es lo que expres\u00f3 admirablemente san Agust\u00edn en este texto que recoge el Concilio: \u00abSi me aterra lo que soy <em>para <\/em>vosotros, me consuela lo que soy <em>con <\/em>vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Obispo es el nombre del cargo, cristiano es el nombre de la gracia. Obispo es el nombre del peligro, cristiano es el nombre de la salvaci\u00f3n\u00bb (LG, 32).<\/p>\n<p>Pues bien, en orden a lo que nos interesa aqu\u00ed, esto im\u00adplica unas cuantas cosas importantes:<\/p>\n<ol>\n<li>Este plano de convergencia de todos en el mismo Pueblo de Dios, en la misma experiencia de la fe, en el mismo seguimiento de Jesucristo, en la misma esperanza, en la misma perfecci\u00f3n y salvaci\u00f3n, es <em>el verdaderamente <\/em><em>decisivo <\/em>en la Iglesia. No puede haber nada m\u00e1s impor\u00adtante que esto en la Iglesia de Dios, ni puede estar reser\u00advado a ning\u00fan grupo privilegiado de personas dentro de ella.<\/li>\n<li>Todo lo que es diferencial en la Iglesia, lo que nos distingue a unos de otros desde instancias que no son nues\u00adtra comuni\u00f3n interpersonal en lo mismo, se mueve por ne\u00adcesidad en un plano <em>secundario, <\/em>que no quiere decir irrele\u00advante o sup\u00e9rfluo, sino totalmente referido al plano de nues\u00adtra coincidencia en el mismo Pueblo de Dios, y, por consiguiente, de importancia relativa, mientras que lo que se juega en nuestra comuni\u00f3n de vida en el amor mutuo es de importancia absoluta.<\/li>\n<li>Estas diferencias intraeclesiales no se determinan jam\u00e1s desde una <em>mayor densidad de contenido cristiano, <\/em>como si la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan se condensara en ellas de una manera m\u00e1s exigente o m\u00e1s comprometida, sino desde su relaci\u00f3n al contenido cristiano en que todos coin\u00adcidimos como Pueblo de Dios. No se trata, pues, de diferencias que a\u00f1adan nada a la vocaci\u00f3n cristiana en su mismo plano, porque a la vocaci\u00f3n cristiana no se le puede a\u00f1adir nada. Cristo no puede lla\u00admar a nadie a algo m\u00e1s que a ser cristiano. Ni se trata tam\u00adpoco de especificaciones en que se concretice la vocaci\u00f3n cristiana, porque ser cristiano es lo m\u00e1s concreto que hay, y no puede especificarse con nada. Son diferencias que s\u00f3lo existen porque la vocaci\u00f3n cristiana las necesita para des\u00adarrollarse comunitariamente, es decir, por ser vocaci\u00f3n estrictamente comunitaria, algo que acontece en el \u00e1mbito del encuentro interpersonal humano.<\/li>\n<li>Olvidar esto conduce necesariamente a una concep\u00adci\u00f3n de la Iglesia formada por distintas <em>categor\u00edas de cris\u00ad<\/em><em>tianos, <\/em>donde distintas \u00abvocaciones\u00bb particulares se confi\u00adguran como superiores a la vocaci\u00f3n cristiana sin m\u00e1s, y se cae sin remedio en una Iglesia <em>clericalizada, <\/em>si la \u00abvo\u00adcaci\u00f3n\u00bb particular que se destaca sobre la vocaci\u00f3n cris\u00adtiana es la clerical, o en una Iglesia de tinte <em>monacal, <\/em>si la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb que se pone de relieve como expresi\u00f3n m\u00e1s alta de la vocaci\u00f3n a la fe es la vocaci\u00f3n religiosa.<\/li>\n<li>Por el contrario, si no se pierde de vista jam\u00e1s que la Iglesia es, ante todo, el Pueblo de Dios, la Comunidad de personas convocadas por Dios, donde lo m\u00e1s importante se decide en el plano de esa <em>convocaci\u00f3n, <\/em>se comprender\u00e1 f\u00e1cilmente que la vocaci\u00f3n cristiana sin m\u00e1s es lo primero y lo \u00faltimo, lo fundamental y lo supremo, y que esta voca\u00adci\u00f3n de Dios acontece en nuestro encuentro interpersonal como resultado de una acci\u00f3n con-vocante de Dios que nos constituye en la Comunidad de los con-vocados, de \u00ablos llamados a formar un solo Cuerpo\u00bb (Col 3, 15), el Cuerpo de Cristo.<\/li>\n<li>Por consiguiente, cuando se habla de \u00abvocaciones\u00bb particulares en la Iglesia habr\u00e1 que tener en cuenta lo si\u00adguiente: que presuponen ya la vocaci\u00f3n cristiana; que se trata de un tipo de \u00abvocaci\u00f3n\u00bb que recae sobre un previa\u00admente \u00abconvocado\u00bb; de algo, por tanto, que se mueve en el plano de lo que llamaba san Pablo \u00abla <em>organizaci\u00f3n <\/em>de los santos\u00bb (Ef 4, 12), es decir, de los ya convocados por Dios como creyentes que son dotados de diversos dones o caris\u00admas para ayudarse los unos a los otros a acrecentar y pro\u00adfundizar su coincidencia interpersonal en lo mismo: en la comuni\u00f3n de fe que es la Iglesia.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En un caso y en otro la palabra \u00abvocaci\u00f3n\u00bb alude a reali\u00addades distintas que es necesario comprender en su significa\u00adci\u00f3n concreta. Ser\u00eda err\u00f3neo pensar que la convocaci\u00f3n eclesial es algo as\u00ed como <em>la suma <\/em>de las distintas \u00abvocacio\u00adnes\u00bb particulares en la Iglesia (por ejemplo, de la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb clerical, laical y religiosa), y que llamamos convocaci\u00f3n eclesial al conjunto interrelacional de esas \u00abvocaciones\u00bb.<\/p>\n<p>No. La palabra \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb, referida a la Iglesia, no alude a diversas \u00abvocaciones\u00bb particulares conjuntadas, sino al hecho de que la simple vocaci\u00f3n cristiana acontece necesariamente en Comunidad, en el encuentro interper\u00adsonal de quienes han sido convocados en la misma fe, en la misma esperanza, y en la misma salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La convocaci\u00f3n eclesial es la realidad subyacente a esas diversas \u00abvocaciones\u00bb, las cuales se definen y se distinguen como tales desde su referencia a la convocaci\u00f3n eclesial. Lo m\u00e1s importante en la Iglesia no es ni clerical, ni laical, ni religioso, sino simplemente eclesial. Antes y despu\u00e9s de ser cl\u00e9rigos, religiosos o laicos, somos cristianos sin m\u00e1s. Y siempre el ser cristiano sin m\u00e1s es lo m\u00e1s importante en el cl\u00e9rigo, en el religioso y en el laico, el punto de coin\u00adcidencia de que emergen, al que remiten y al que sirven las distintas \u00abvocaciones\u00bb particulares en la Iglesia.<\/p>\n<h3>3. <em>Sentido de la vida religiosa en la Iglesia:<\/em><\/h3>\n<p>De lo dicho se siguen algunas consecuencias importantes para colocar en su sitio y comprender en su verdadero significa\u00addo lo que est\u00e1 llamada a ser la vida religiosa en la Iglesia:<\/p>\n<p>1) Lo primero que nos vemos obligados a decir, despu\u00e9s de lo expuesto anteriormente, es que la vida religiosa, den\u00adtro del contexto eclesial, es una realidad <em>secundaria. <\/em>Lo primario es la Iglesia misma, nuestra comuni\u00f3n nacida del encuentro en el mismo Cristo, en el mismo Evangelio, en el mismo llamamiento a la gracia y a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este llamamiento, por el que somos hechos simple\u00admente creyentes, va implicada una opci\u00f3n radical en el se\u00adguimiento de Cristo, una aceptaci\u00f3n sin reservas del sen\u00adtido nuevo, enigm\u00e1tico y desconcertante de la vida tal como aparece en el Evangelio. La \u00ablocura de la cruz\u00bb, la necedad de las bienaventuranzas, el desarraigo de toda mundani\u00adzaci\u00f3n de la vida, es algo que dimana de la vocaci\u00f3n cristia\u00adna sin m\u00e1s, algo que compromete hasta <em>sus <\/em>\u00faltimas conse\u00adcuencias a todo miembro de la Comunidad creyente, que es la Iglesia.<\/p>\n<p>Otra cosa es que esta Comunidad responda o no responda a las exigencias de su fe, pero esto no da derecho alguno a dispensarla de esas exigencias, traspasando a otro plano el radicalismo evang\u00e9lico: al plano de una \u00abvocaci\u00f3n\u00bb pe\u00adculiar dentro de la Iglesia. Comparada con la realidad de\u00adcisiva que se convive en el plano simplemente eclesial, desde el compromiso de la vocaci\u00f3n cristiana sin m\u00e1s, la vida religiosa aparece como algo secundario, no como la realizaci\u00f3n m\u00e1s alta de lo que est\u00e1 llamada a ser la Iglesia.<\/p>\n<p>2) La vida religiosa, por tanto, no se define tampoco como <em>grupos de creyentes que se deciden a ser cristianos <\/em><em>en serio. <\/em>Estos grupos pueden surgir en la Iglesia de cual\u00adquier parte, desde cualquier g\u00e9nero de vida, tambi\u00e9n en grupos que se configuran como tales desde esa forma pecu\u00adliar de vida que es la vida religiosa. Pero no es esto lo pe\u00adculiar suyo, lo que la distingue de otras formas de vida cris\u00adtiana.<\/p>\n<p>Hacerse religioso no es, sin m\u00e1s, adherirse a un grupo donde se va a tomar con absoluta seriedad y con toda la radicalidad del Evangelio la vida cristiana. S\u00f3lo cuando esto se ha hecho pr\u00e1cticamente propiedad exclusiva de los reli\u00adgiosos, y no se ha contado con la posibilidad de otros grupos dentro de la Iglesia en que poder vivir esa radicalidad, se ha podido llegar a identificar una cosa con otra. Con el grave inconveniente para la vida religiosa de introducir en su seno miembros que se sent\u00edan llamados a tomar ab\u00adsolutamente en serio la vida cristiana, pero que no era pre\u00adcisamente en la vida religiosa donde estaban llamados a explicitar esa radicalidad.<\/p>\n<p>Las \u00abComunidades de base\u00bb, de que hoy se habla tanto, y que son muy probablemente el camino abierto hacia el futuro para una profunda transformaci\u00f3n de la Iglesia des\u00adde abajo, pueden originar sin duda grupos de creyentes comprometidos con las m\u00e1s radicales exigencias del evan\u00adgelio sin otra cosa que tomar en serio su fe, y sin asemejarse por eso para nada a lo que es propiamente una Comunidad religiosa.<\/p>\n<p>3) Una vez dicho esto, hay que a\u00f1adir inmediatamente que, sin esa radicalidad evang\u00e9lica, ciertamente la vida religiosa no es nada. Le faltar\u00eda el originario impulso cris\u00adtiano de que surge y desde el que se configura como tal.<\/p>\n<p>Pero una cosa es descubrir las fuentes eclesiales de que dimana la vida religiosa, como toda forma de vida cristia\u00adna, y otra cosa muy distinta apropiarse las aguas m\u00e1s puras, los \u00abr\u00edos de agua viva\u00bb que manan de esas fuentes, como si eso fuera lo propio y espec\u00edfico de la vida religiosa, lo que la distingue dentro de la Iglesia de cualquier otra forma de existencia cristiana.<\/p>\n<p>No es eso lo peculiar y distintivo de la vida religiosa, justamente porque lo distintivo es algo secundario, mien\u00adtras que lo primario y sustantivo permanece siempre en el plano eclesial, en lo que no nos distingue a unos de otros, sino que nos permite comulgar profundamente en lo mismo, en esa \u00abcomuni\u00f3n de vida\u00bb que llamamos Iglesia.<\/p>\n<p>Por supuesto que, si no hubiera exigencias radicales de perfecci\u00f3n en el Evangelio, no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser la vida religiosa. Pero es que, al mismo tiempo, no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser ninguna forma de existencia cristiana, <em>porque, <\/em>previamente, no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser la Iglesia misma. Lo que quiere decir que vivir seg\u00fan el Evangelio hasta las \u00fal\u00adtimas consecuencias no es una exigencia que dimane de la vida religiosa como tal, sino <em>de la fe cristiana com\u00fan, <\/em>en ese \u00e1mbito en que acontece la llamada m\u00e1s profunda del Evangelio que es la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>4) Si quisi\u00e9ramos describir en pocas palabras c\u00f3mo se origina la vida religiosa en la Iglesia, y c\u00f3mo se distingue de cualquier otro modo de existencia cristiana, dir\u00edamos lo siguiente: los religiosos son grupos de creyentes que se deciden a ser cristianos en serio, comprometi\u00e9ndose al mismo tiempo a convivir su fe desde una forma particular de vida humana: <em>la determinada fundamentalmente por la virginidad. <\/em>Esta forma de vida humana, distinta de otras, escogida por el Reino de los Cielos, profesada p\u00fablicamente y aceptada por la Iglesia, es lo peculiar de la vida religiosa.<\/p>\n<p>Pero fij\u00e9monos bien en esto: la virginidad, como forma de vida humana, implica evidentemente una renuncia, la renuncia a la relaci\u00f3n conyugal. Como este tipo de relaci\u00f3n est\u00e1 llamado a ser, ciertamente, una forma profunda de encuentro interpersonal, es f\u00e1cil pensar que hablar de vir\u00adginidad es algo as\u00ed como hablar de soledad relacional, de renuncia a todo encuentro interpersonal profundo. Esto ha dado pie a entender la virginidad vivida desde la fe co\u00admo una forma privilegiada de relaci\u00f3n profunda con Dios al margen de la convivencia humana, es decir, escap\u00e1ndose del encuentro interpersonal profundo con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>No vamos a estudiar aqu\u00ed el enorme influjo que esto ha tenido en la configuraci\u00f3n de la vida religiosa como \u00abhuida del mundo\u00bb, y en el desprestigio de otros modos de existen\u00adcia cristiana como formas m\u00e1s debilitadas y menos exigen\u00adtes de relaci\u00f3n con Dios en la medida en que se realizan <em>en medio del mundo, <\/em>en el seno de las relaciones normales entre los hombres.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed debemos constatar desde ahora que, cuando ha\u00adblamos aqu\u00ed de la virginidad como forma posible de vida hu\u00admana, la estamos contemplando desde una perspectiva con\u00adtraria a la que acabamos de describir. Primariamente, la virginidad no es una forma de soledad, sino de encuentro interpersonal desde otro plano m\u00e1s universal que el expre\u00adsado en la relaci\u00f3n conyugal. Nadie ha dicho que la rela\u00adci\u00f3n conyugal sea ni la \u00fanica, ni la m\u00e1s importante forma de encuentro interpersonal humano. La renuncia a la rela\u00adci\u00f3n conyugal es un aspecto negativo de la virginidad, pero \u00e9sta posee de suyo un dinamismo positivo capaz de poner en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s de m\u00faltiples formas que, sin dejar de dirigirse a lo m\u00e1s profundo de la intimidad del otro, no tienen por qu\u00e9 pasar por la sexualidad.<\/p>\n<p>Pues bien, esta forma peculiar de vida humana, vivida desde la fe, coloca al creyente en un modo singular de ser\u00adpara-los-otros, de realizar el encuentro interpersonal que define a la comuni\u00f3n eclesial. En este sentido, la \u00abvirgi\u00adnidad consagrada\u00bb introduce en la Iglesia y en el mundo un nuevo tipo de existencia cristiana que es algo as\u00ed como el <em>polo complementario <\/em>de la existencia laical. Pero todo ello en ese plano secundario de las distintas formas de vida hu\u00admana desde las que es posible vivir la fe com\u00fan, sin apro\u00adpiarse por ello ning\u00fan elemento constitutivo de la exis\u00adtencia cristiana como tal, ni erigirse en forma superior de vida cristiana en el plano de la caridad, del seguimiento de Cristo, del llamamiento a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>5) S\u00f3lo desde esta perspectiva es posible colocar la vida religiosa en su verdadero contexto eclesial. Cuando se comprende bien la vida religiosa como una forma cris\u00adtiana de ser-para-los-otros, vivida desde ese modo peculiar de vida humana que se exprea en la virginidad, se est\u00e1 al mismo tiempo en condiciones de entender que ser reli\u00adgioso no es lo m\u00e1s importante en la vida de la Iglesia, sino algo <em>referido <\/em>a otra cosa mucho m\u00e1s importante que la vida religiosa misma: la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>La vida religiosa, dentro de la Iglesia, no es algo que tenga sentido de por s\u00ed, o cuya finalidad resida dentro de ella misma, como modo de santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n de determinados grupos aislados de los dem\u00e1s creyentes. Si hay vida religiosa en la Iglesia es <em>porque <\/em>la comuni\u00f3n total de los creyentes la necesita como servicio indispensable para el encuentro interpersonal desde donde la fe crezca y se profundice en ese plano en que ya no importan los dis\u00adtintos modos de vida cristiana, que nos diferencian a unos de otros, sino la vida cristiana misma como coincidencia y comuni\u00f3n de todos en lo mismo.<\/p>\n<p>La vida religiosa no est\u00e1 en la Iglesia para elevarse co\u00admo una cumbre m\u00e1s alta de perfecci\u00f3n, dejando m\u00e1s abajo a los dem\u00e1s, sino como servicio necesario, suscitado por el Esp\u00edritu, para que todos los creyentes, ayud\u00e1ndonos los unos a los otros, podamos ascender comunitariamente a la cumbre \u00fanica de perfecci\u00f3n cristiana a que estamos lla\u00admados todos a una y todos por igual.<\/p>\n<p>Tampoco es la vida religiosa una especie de \u00abfraternidad concentrada\u00bb, donde se cultiva de manera m\u00e1s intensa la fraternidad a que tiende toda vocaci\u00f3n cristiana, y que en forma m\u00e1s o menos diluida se practica entre los dem\u00e1s creyentes. A lo m\u00e1s, en el caso en que sea cierto que esa fraternidad funciona m\u00e1s intensamente en una Comunidad religiosa, esto suceder\u00e1 por la fuerza cohesiva de la fe co\u00adm\u00fan, no por lo que distingue a los religiosos de los dem\u00e1s, y, por tanto, se sentir\u00e1 referida necesariamente a la labor esencial: hacer que esa fraternidad diluida, demasiado fre\u00adcuente en la Iglesia, demasiado frecuente tambi\u00e9n en la vida religiosa, pase a ser la fraternidad concentrada que es la vocaci\u00f3n intrasferible de la Comunidad creyente como tal, pero sin tratar de erigirse en modo alguno la vida re\u00adligiosa como la propietaria exclusiva de la fraternidad con\u00adcentrada en el seno de la Iglesia.<\/p>\n<p>Esta referencia de la vida religiosa a la Iglesia nos obli\u00adgar\u00e1 a no perder de vista jam\u00e1s que ser cristiano es m\u00e1s importante que ser religioso, y que no es buen camino para entender la vida religiosa pensarla como una \u00abvocaci\u00f3n\u00bb en que se da por supuesta la vocaci\u00f3n cristiana, pero a\u00f1a\u00addi\u00e9ndola otros elementos de santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n que la hacen m\u00e1s perfecta y m\u00e1s exigente que la vocaci\u00f3n cris\u00adtiana com\u00fan.<\/p>\n<p>Si hemos hablado siempre en estas l\u00edneas de lo que \u00abdis\u00adtingue\u00bb <em>y <\/em>\u00abpeculiariza\u00bb la vida religiosa, no de lo que la \u00abespecifica\u00bb como tal, ha sido justamente para evitar <em>ese <\/em>peligro tan frecuente de convertir la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan en algo vago y gen\u00e9rico, no demasiado exigente, que se especifica y concretiza en las distintas \u00abvocaciones\u00bb particulares, como si pudiera haber dentro de la Iglesia algo m\u00e1s exigente, m\u00e1s espec\u00edfico y concreto, que ser cris\u00adtiano sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>De esta manera, la conciencia profunda de lo que es la Iglesia, como \u00e1mbito en que acontece ese encuentro inter\u00adpersonal en la fe que hemos llamado comuni\u00f3n eclesial, repercute necesariamente, y de manera muy radical, en la concepci\u00f3n de la vida religiosa. Lo que vamos a decir con mayor brevedad en los dos apartados siguientes no har\u00e1 sino descubrirnos, de manera m\u00e1s expl\u00edcita, lo que va ya implicado en este primer apartado fundamental.<\/p>\n<h2><strong>II. <\/strong>Santidad cristiana y vida religiosa<\/h2>\n<p>A la hora de estudiar la doctrina del Concilio Vaticano <strong>II <\/strong>sobre la vida religiosa, habr\u00e1 que tener muy en cuenta la importancia primer\u00edsima de este hecho: en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia el Concilio ha antepuesto al cap\u00edtulo sobre los religiosos un cap\u00edtulo dedicado a la \u00abvocaci\u00f3n universal a la santidad\u00bb. Posiblemente es en este contexto donde el Concilio ha abierto la puerta a toda la problem\u00e1tica desde la que es necesario repensar hoy el sentido de la vida reli\u00adgiosa en la Iglesia.<\/p>\n<h3><em>1. La vocaci\u00f3n a la santidad:<\/em><\/h3>\n<p>Las reflexiones del Con\u00adcilio sobre el misterio de la Iglesia, sobre las experiencias profundas que nos conjuntan a los creyentes en Pueblo de Dios, ten\u00edan que desembocar por fuera en esta afirma\u00adci\u00f3n: \u00abtodos los creyentes, de cualquier estado o condici\u00f3n de vida que sean, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG, 40). La Igle\u00adsia es la Comunidad creada y movida de continuo por el Esp\u00edritu Santo. Su presencia y su acci\u00f3n son la fuente de que brota constantemente nuestra comuni\u00f3n, la comuni\u00f3n de \u00ablos llamados a ser santos\u00bb, de \u00ablos santificados en Cris\u00adto Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Del contacto vivo con esa fuerza oculta de que brota la Iglesia, por el que cada creyente se convierte en un \u00ab\u00f3r\u00adgano\u00bb del Esp\u00edritu, depende todo el impulso y toda la vi\u00adtalidad de la Iglesia. La renovaci\u00f3n eclesial, tan urgente para que la Iglesia est\u00e9 a la altura de su vocaci\u00f3n en nues\u00adtro tiempo, est\u00e1 pendiente en gran medida de este presu\u00adpuesto: que pase a ser conciencia de todo creyente, y no s\u00f3lo de algunos escogidos, que la <em>santidad es patrimonio <\/em><em>de todos <\/em>en la Iglesia, y que la fe es una realidad activa y din\u00e1mica, infinitamente exigente, como nacida del poder del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Hay algo que ha contribuido muy poderosamente a des\u00advirtuar las exigencias de la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan: la distinci\u00f3n, dentro de la llamada a la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, <em>entre consejos y preceptos. <\/em>Reservados los consejos a unos cuantos privilegiados, la gran mayor\u00eda de los creyentes no tendr\u00edan otra cosa que hacer sino cumplir lo mandado, atenerse a lo preceptuado por la caridad. Nace as\u00ed un tipo de fe cristiana que degenera pr\u00e1cticamente en legalismo, en el mero cumplimiento de preceptos externos, donde de\u00adsaparece toda obediencia interior al Esp\u00edritu de santidad que sugiere y aconseja, que impulsa as\u00ed a la plenitud de la caridad, y que es justamente lo m\u00e1s caracter\u00edstico de la santidad cristiana.<\/p>\n<p>Contra esta manera de entender las cosas va directa\u00admente la doctrina conciliar sobre la vocaci\u00f3n universal a la santidad. Ser llamado a la fe, a ser cristiano sin m\u00e1s, es caer bajo la llamada m\u00e1s profunda y m\u00e1s exigente de Dios a la santidad. Esta llamada no puede intensificarse con nada que no sea la respuesta cada d\u00eda m\u00e1s d\u00f3cil del creyente a las exigencias implicadas en su fe misma, sin que esto signifique para nada superar la vocaci\u00f3n cristiana co\u00adm\u00fan y entrar en una \u00abvocaci\u00f3n\u00bb especial.<\/p>\n<p>Desde cualquier estado de vida, desde cualquier puesto u ocupaci\u00f3n que se tenga en la Iglesia, la vocaci\u00f3n a la san\u00adtidad proviene siempre de algo que est\u00e1 por debajo de esas diferencias: nuestra coincidencia en la misma vida que vie\u00adne del Esp\u00edritu. \u00abPorque en un solo Esp\u00edritu hemos sido todos bautizados para no formar m\u00e1s que un Cuerpo: ju\u00add\u00edos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Esp\u00edritu\u00bb (1 Cor 12, 13).<\/p>\n<p>Me parece oportuno aludir aqu\u00ed a un grave peligro: individualizar la santidad. Si en alg\u00fan terreno hay peligro de individualismo es en \u00e9ste de la propia santificaci\u00f3n. El Concilio ha insistido en la vocaci\u00f3n de todos a la santidad, de todos y de cada uno. Pero no tanto en el car\u00e1cter <em>co\u00admunitario <\/em>de la santidad cristiana, en su dimensi\u00f3n ecle\u00adsial, en lo que llamar\u00edamos mejor \u00abconvocaci\u00f3n universal a la santidad\u00bb.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil entonces reducir la santidad a una relaci\u00f3n profunda con Dios que entra en colisi\u00f3n, en mayor o menor grado, con la relaci\u00f3n profunda interhumana. Y entenderla como una forma de retraimiento interior que desliga, a medida que la experiencia de Dios crece en intensidad, de la compa\u00f1\u00eda de los hombres y del mundo en que los hombres viven.<\/p>\n<p>Como, por otra parte, la experiencia profunda de Dios lleva necesariamente a ejercitar la caridad con los dem\u00e1s, no ser\u00e1 dif\u00edcil reducir esta caridad a un trabajo apost\u00f3lico que recae sobre personas sin rostro, sin intimidad, a las que no es preciso conocer de cerca para ayudarlas carita\u00adtivamente. Este es el camino para convertir a los dem\u00e1s en <em>objeto <\/em>de la propia acci\u00f3n caritativa, a los que se va porque se ama a Dios con profundidad, pero sin amarles verdaderamente a ellos como personas, sin que importe mucho descubrir su intimidad, entablar con ellos una ver\u00addadera relaci\u00f3n de amistad.<\/p>\n<p>Se olvida as\u00ed f\u00e1cilmente un rasgo constitutivo de la san\u00adtidad cristiana: ser <em>experiencia de Dios en comuni\u00f3n, <\/em>algo que acontece en nuestro encuentro interpersonal de cre\u00adyentes. Los \u00abhermanos en la fe\u00bb son la presencia santifi\u00adcante de Dios entre nosotros, no un obst\u00e1culo para la san\u00adtidad. A la afirmaci\u00f3n de aquel santo: \u00abmi m\u00e1xima peniten\u00adcia, la vida com\u00fan\u00bb, o a aquella otra de la Imitaci\u00f3n de Cristo: \u00abcada vez que habl\u00e9 con los hombres volv\u00ed menos hombre\u00bb, habr\u00e1 que contraponer este precioso testimonio de la conciencia eclesial en <em>sus <\/em>or\u00edgenes, tal como aparece en la \u00abDidaj\u00e9\u00bb, o Doctrina de los Doce Ap\u00f3stoles: \u00abbus\u00adcar\u00e1s cada d\u00eda el rostro de los santos para descansar en sus palabras\u00bb.<\/p>\n<p>Como realidad comunitaria, la santidad cristiana no es una forma de reconcentramiento interior, sino que re\u00admite esencialmente a los otros, introduce en esa forma de existir que consiste en ser-para-los-dem\u00e1s, como Cristo es el Hombre para los dem\u00e1s. De este modo, la santidad cris\u00adtiana es una fuerza creadora de comuni\u00f3n, de profunda fraternidad entre los hombres. No hay antagonismo posible para un cristiano entre la relaci\u00f3n profunda con Dios y la relaci\u00f3n interpersonal humana. Al contrario, es en el \u00e1m\u00adbito de nuestra comuni\u00f3n fraterna, como gran testimonio de lo que est\u00e1 llamada a ser la convivencia humana, donde acontece y se profundiza nuestro encuentro personal con Dios.<\/p>\n<p>En todo caso, si la llamada a la santidad, con todas sus exigencias, va dirigida a todos por igual, y nos compromete a todos de la misma manera porque acaece en ese plano en que no hay diferencias entre unos y otros, \u00bfqu\u00e9 decir de la vida religiosa como \u00abvocaci\u00f3n\u00bb privilegiada a la santidad? \u00bfno es justamente para ser santo hasta las \u00faltimas conse\u00adcuencias para lo que uno se hace religioso, escogiendo esa forma de vida m\u00e1s rigurosa dentro de la Iglesia?<\/p>\n<h3>2. <em>Santidad y vida religiosa:<\/em><\/h3>\n<p>Como ya hemos dicho, es aqu\u00ed donde la doctrina conciliar somete m\u00e1s directamente a revisi\u00f3n el sentido de la vida religiosa dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>En la literatura sobreabundante acerca de este \u00abestado de vida\u00bb intraeclesial ha sido constante el empe\u00f1o por buscar sus or\u00edgenes evang\u00e9licos. Con esta intenci\u00f3n, se ha tratado de ver presente la vida religiosa en determinados textos del Evangelio que se referir\u00edan expresamente a ella. Esta pretensi\u00f3n no est\u00e1 exenta de peligros, y ha dado lugar a perspectivas falsas que est\u00e1n a la base de la crisis de iden\u00adtidad por la que atraviesa hoy la vida religiosa. Fij\u00e9monos, por ejemplo, en estas dos:<\/p>\n<p><em>1) <\/em><em>La vida religiosa como \u00abestado de perfecci\u00f3n\u00bb: <\/em>Aun\u00adque esta perspectiva est\u00e1 hoy en franco retroceso, ha sido sin duda la que ha prevalecido durante mucho tiempo, y se trasluce a\u00fan en numerosos escritos sobre la vida religiosa. Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, los religiosos ser\u00edan, dentro de la Iglesia, los llamados a la perfecci\u00f3n de la santidad. Este ser\u00eda su distintivo, su vocaci\u00f3n espec\u00edfica dentro de la Igle\u00adsia. Fund\u00e1ndose en la distinci\u00f3n entre consejos y preceptos, de que habl\u00e1bamos antes, lo propio de la vida religiosa se expresar\u00eda en la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, no dirigidos a todos, sino reservados para grupos selectos den\u00adtro de la gran masa eclesial.<\/p>\n<p>De este modo, la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb religiosa aparece como su\u00adperior a la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan, y, como esa superio\u00adridad se funda en un llamamiento m\u00e1s exigente a la san\u00adtidad, los religiosos son los profesionales de la santidad, el punto de referencia para todo aqu\u00e9l que quiera tomar en serio la perfecci\u00f3n cristiana. Toda voluntad de seguir a Cristo m\u00e1s de cerca, de consagrar a Dios la propia vida de una manera m\u00e1s exigente, es interpretada como \u00abvocaci\u00f3n\u00bb religiosa, que es lo mismo que decir llamamiento a la per\u00adfecci\u00f3n. El esfuerzo conciliar por inscribir la llamada a la perfecci\u00f3n, sin restricci\u00f3n alguna, en el plano de la voca\u00adci\u00f3n cristiana sin m\u00e1s, ha sometido a crisis los presupuestos mismos de esta manera de pensar.<\/p>\n<p><em>2) <\/em><em>La vida religiosa como \u00abradicalismo evang\u00e9lico\u00bb: <\/em>Des\u00adpu\u00e9s del Concilio ha surgido entre los especialistas de la vida religiosa otro modo de interpretar la raz\u00f3n de ser y el<\/p>\n<p>significado peculiar de esta \u00abvocaci\u00f3n\u00bb dentro de la Iglesia. Dando por supuesto que no son los religiosos los que se apropian de alguna manera el llamamiento a la perfecci\u00f3n de la santidad, se ha querido ver la originalidad de esta \u00abvocaci\u00f3n\u00bb en la forma radical con que es vivida dentro de ella la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan.<\/p>\n<p>Es cierto que todos los creyentes son llamados a la per\u00adfecci\u00f3n, a la plenitud de la vida cristiana, pero hay en el Evangelio ciertas exigencias m\u00e1s radicales que, aunque son exigencias para todos, no a todos se les presentan normal\u00admente, si bien todo cristiano tendr\u00e1 que abrazarse con ellas si se le presentan como exigencias concretas en determi\u00adnadas circunstancias extraordinarias. Los religiosos son los que, dentro de la Iglesia, hacen norma de vida ordinaria suya las exigencias m\u00e1s radicales del Evangelio, proyec\u00adtando expresamente su vida cristiana desde ese radicalis\u00admo evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>No es nuestro prop\u00f3sito analizar aqu\u00ed m\u00e1s de cerca esta posici\u00f3n, pera ya han observado acertadamente algunos autores que esta teor\u00eda no supera los defectos de fondo de la anterior, sino que se mueve m\u00e1s bien en la misma perspec\u00adtiva. Sigue pens\u00e1ndose en una Iglesia donde rigen las dos categor\u00edas de cristianos, puesto que hay dos proyectos de vida cristiana distintos fundados en el Evangelio mismo. Y sigue pens\u00e1ndose, en consecuencia, que la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb religiosa es superior, en el plano de la perfecci\u00f3n evang\u00e9\u00adlica, a la vocaci\u00f3n cristiana com\u00fan.<\/p>\n<p>Contra estas interpretaciones, que desvirt\u00faan necesa\u00adriamente la comuni\u00f3n eclesial, habr\u00e1 que tener siempre presente que no hay otra <em>fuente de santidad <\/em>dentro de la Iglesia que la fe misma, y que ser religioso no es haber sido llamado a ser m\u00e1s creyente que los dem\u00e1s, sino a vivir la fe desde una forma peculiar de vida al servicio de la fe com\u00fan.<\/p>\n<p>De la experiencia de la fe, por la que se entra a vivir en Cristo y desde Cristo, brotan todas las exigencias ra\u00addicales de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. Sin ellas la vida religiosa carecer\u00eda absolutamente de sentido, no porque la vida religiosa se determine como tal por un compromiso m\u00e1s radical con esas exigencias, sino porque lo m\u00e1s importante de la vida religiosa es ser vida cristiana sin m\u00e1s, y, desde este punto de convergencia con todos los creyentes, nace este \u00abdon del Esp\u00edritu\u00bb a su Iglesia que es sentirse llamado a vivir la perfecci\u00f3n cristiana en una forma peculiar de vi\u00adda: la determinada fundamentalmente por la virginidad.<\/p>\n<p>De manera que la \u00abvocaci\u00f3n a la santidad\u00bb en la vida religiosa no <em>es otra que <\/em>la vocaci\u00f3n a la santidad de todo cristiano, convivida y compartida en un modo de vida pe\u00adculiar. Este modo de vida <em>distingue <\/em>a los religiosos de los que no lo son, pero las cosas que nos distinguen a unos de otros est\u00e1n para ayudarnos entre todos a construir lo que <em>no nos distingue: <\/em>la comuni\u00f3n eclesial, nuestro encuentro cada vez m\u00e1s profundo en la misma fe, en el mismo Evange\u00adlio, en la misma perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00eda interesante a este prop\u00f3sito revisar ciertos nom\u00adbres que a veces se emplean para designar la vida religiosa, pero que de suyo no deber\u00edan aludir sino a la vida cristiana sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>Se llama frecuentemente a la vida religiosa \u00abvida evan\u00adg\u00e9lica\u00bb, o \u00abvida consagrada\u00bb, como si hubiera otra vida evang\u00e9lica que la que dimana de la fe com\u00fan, o como si la consagraci\u00f3n bautismal no exigiera, m\u00e1s que cualquier otra, llamar vida consagrada a la que ha quedado sellada por ese sacramento.<\/p>\n<p>Los religiosos son los que est\u00e1n \u00aben el coraz\u00f3n de la Iglesia\u00bb, o \u00ablos llamados a seguir a Cristo\u00bb, como si en el coraz\u00f3n de la Iglesia pudiera estar otra cosa que Cristo mismo y nuestra comuni\u00f3n de vida en su Esp\u00edritu, no lo que unos son y otros no dentro de la Iglesia; o como si pu\u00addiera darse mejor nombre a cualquier cristiano que el de ser seguidor de Jesucristo.<\/p>\n<p>Tampoco se puede designar la vida religiosa como \u00abvida escatol\u00f3gica\u00bb, como si no fuera la fe cristiana la que intro\u00adduce a todo creyente en una forma escatol\u00f3gica de existir. Ni \u00abfraternidad concentrada\u00bb, como si se pudiera designar el resto de la Iglesia como farternidad diluida, etc.<\/p>\n<p>En tales denominaciones se expresa, de una manera u otra, la idea subyacente de que la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb religiosa es superior a la vocaci\u00f3n cristiana, e inclinan inconsciente\u00admente a adscribir a la vida religiosa como tal tantas cosas que san Pablo, por ejemplo, escribir\u00eda a cualquier Comu\u00adnidad cristiana.<\/p>\n<h2>III. La vida religiosa como carisma<\/h2>\n<p>Actualmente es ya cuesti\u00f3n resuelta que la vida reli\u00adgiosa se inscribe muy directamente dentro de la contextura carism\u00e1tica de la Iglesia. En el esfuerzo actual de renova\u00adci\u00f3n de la vida religiosa, exigido insoslayablemente por el Concilio, anda cada Instituto religioso buscando su propio carisma, como la mejor manera de volver a la inspiraci\u00f3n original que, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, determin\u00f3 su na\u00adcimiento y su misi\u00f3n peculiar en la Iglesia.<\/p>\n<p>Tampoco este empe\u00f1o carece de peligros, pero supone sin duda el reconocimiento expreso de la condici\u00f3n caris\u00adm\u00e1tica de la vida religiosa. Ahora bien, si analizamos un poco lo que es un carisma, se nos abrir\u00e1 posiblemente un camino muy adecuado para lograr lo que hemos pretendido desde el principio en este trabajo: encuadrar debidamente la vida religiosa dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Un carisma es, simplemente, un \u00abdon\u00bb del Esp\u00edritu, una \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb del Esp\u00edritu, por la cual un creyente, o un grupo de creyentes, es movido por el Esp\u00edritu Santo, que sopla donde quiere y cuando quiere, a hacer un servicio \u00abpara provecho com\u00fan\u00bb, es decir, para edificaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n constante que la Iglesia necesita para estar a la altura de su vocaci\u00f3n, su perenne vitalidad y juventud, est\u00e1n pendientes por completo de esta actividad del Esp\u00edritu. Para san Pablo una Iglesia sin carism\u00e1ticos degenera por necesidad en una organizaci\u00f3n sin vida, en una Comunidad donde se cree en Cristo pero no se le experimenta como vivo y presente en medio de los creyentes, y donde la novedad de vida que exige el Evangelio se cambia muy f\u00e1cilmente en otra cosa: en legalismo, en conservadu\u00adrismo, en algo muy semejante a lo que era en su tiempo el fariseismo dentro del Pueblo de Israel.<\/p>\n<p>Extinguir los carismas es extinguir el Esp\u00edritu en la Iglesia. Por eso, a pesar de los peligros de confusi\u00f3n y de\u00adsorden que puede comportar la presencia de carism\u00e1ticos en una Comunidad cristiana, la soluci\u00f3n no es extirparlos para restablecer un orden sin creatividad o una tranqui\u00adlidad inerte. La actitud de Pablo es completamente dis\u00adtinta: guardad en lo posible el orden debido, pero, sobre todo, que no falte entre vosotros la iniciativa y el impulso creador del Esp\u00edritu. \u00abNo exting\u00e1is el Esp\u00edritu; no despre\u00adci\u00e9is las profec\u00edas; examinadlo todo y qued\u00e1os con lo bue\u00adno\u00bb (1 Tes 5, 19-21).<\/p>\n<p>No vamos a fijarnos aqu\u00ed en el esp\u00edritu de creatividad, de denuncia prof\u00e9tica, de superaci\u00f3n de viejas estructuras, de ruptura con usos y costumbres pertenecientes al pasado, que va implicado en el hecho de considerar la vida religiosa como carisma Examinarlo un poco m\u00e1s de cerca exigir\u00eda por s\u00ed solo otro estudio. Pero hay algo en el pensamiento de san Pablo sobre los carismas que vamos a recordar bre\u00advemente porque se relaciona de forma m\u00e1s directa con la intenci\u00f3n de nuestro trabajo: <em>el car\u00e1cter provisorio de los <\/em><em>carismas.<\/em><\/p>\n<p>Para Pablo los carismas, por muy importantes que sean, y aun necesarios para la edificaci\u00f3n de la Iglesia, son rea\u00adlidades provisorias: \u00abDesaparecer\u00e1n las profec\u00edas, cesar\u00e1n las lenguas, desaparecer\u00e1 la ciencia; porque imperfecta es nuestra ciencia e imperfecta nuestra profec\u00eda\u00bb (1 Cor 13, 8-10).<\/p>\n<p>Sin embargo, hay algo de que brota toda esta estructura carism\u00e1tica de la Iglesia, y que se fomenta y se profundiza a trav\u00e9s de los carismas, que es totalmente de otro tipo: <em>la caridad \u00abque no acaba nunca\u00bb, <\/em>que es la realidad que que\u00adda por debajo de los carismas que pasan. Esta realidad que queda, que no es otra cosa que nuestra comuni\u00f3n de vida en el amor mutuo, lo que hemos llamado ya demasiadas veces la comuni\u00f3n eclesial, \u00e9se es el fondo indestructible de la Iglesia, lo \u00fanico que, en nuestro convivir eclesial, queda guardado por Dios para la Vida eterna.<\/p>\n<p>Toda la diversidad carism\u00e1tica que irrumpe multifor\u00admemente en la Iglesia est\u00e1 al servicio de esa unidad pro\u00adfunda en la caridad, sin la cual de nada sirven todos los carismas. Porque \u00abaunque hablara las lenguas de los hom\u00adbres y de los \u00e1ngeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o c\u00edmbalo que reti\u00f1e; aunque tuviera el don de profec\u00eda y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar monta\u00ad\u00f1as, si no tengo caridad, nada soy; aunque repartiera to\u00addos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha\u00bb (id., 1-3).<\/p>\n<p>Todo suena a falso, todo se mueve en el vac\u00edo, si no arranca de nuestra comuni\u00f3n en la caridad, y si no vuelve a ella como a la \u00fanica realidad permanente frente a la cual todo lo dem\u00e1s nada cuenta. Por muy importantes que sean, los carismas no constituyen el centro, el coraz\u00f3n mismo de la Iglesia. Irrumpen en la Iglesia, desde el poder del Esp\u00edritu, para otra cosa mucho m\u00e1s importante, nacida tambi\u00e9n entre nosotros de la acci\u00f3n poderosa del Esp\u00edritu, y que es la \u00fanica realidad central y sustantiva: la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>La diversidad de carismas existente en la Iglesia presu\u00adsupone dos cosas: que, previamente, <em>\u00abtodos <\/em>hemos bebido del mismo Esp\u00edritu\u00bb, y que <em>todos <\/em>debemos llegar a la plena embriaguez del Esp\u00edritu. S\u00f3lo cuando ha sucedido lo pri\u00admero brotan los carismas, y brotan para que suceda lo se\u00adgundo, para que lo que ya somos como creyentes lo seamos en plenitud. En el primer sentido, los carismas nacen <em>de <\/em>nuestra comuni\u00f3n en la fe; en el segundo, nacen <em>para <\/em>pro\u00adfundizar, afianzar y consumar nuestra comuni\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n guarda todo esto con nuestro intento de situar la vida religiosa en su verdadero contexto ecle\u00adsial? Vamos a verlo casi esquem\u00e1ticamente para terminar nuestro estudio, ya excesivamente prolijo.<\/p>\n<p>Tres cosas sorprenden de manera particular en la doc\u00adtrina de san Pablo sobre los carismas:<\/p>\n<ol>\n<li>Que los carismas no se dan primariamente para el que los recibe, sino para la Comunidad, y s\u00f3lo de rechazo para el que los recibe en cuanto que su vida de creyente se decide por entero dentro de la Comunidad. En los caris\u00admas se descubre ese car\u00e1cter parad\u00f3jico de la fe cristiana por el que, dando la vida es como se recibe, perdi\u00e9ndola por Cristo y por su Evangelio es como se encuentra en ple\u00adnitud. Recibir un carisma no es disponer de algo con que pueda cultivarse una vida interior profunda, o una espi\u00adritualidad distinta de quien no ha recibido tal carisma. Al contrario: es algo que va destinado directamente a la Comunidad, y cuya finalidad es hacer caer a la Comunidad entera en posesi\u00f3n del Esp\u00edritu, como fuente \u00fanica creado\u00adra de comuni\u00f3n, y, en la comuni\u00f3n, de toda interioridad y de toda espiritualidad cristiana.<\/li>\n<li>Que un carisma es una \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb, un \u00abdon\u00bb del Esp\u00edritu, que \u00abdio\u00bb a unos ser ap\u00f3stoles, a otros pro\u00adfetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y doctores (Ef 4, 11). San Pablo no dice \u00abllam\u00f3\u00bb porque est\u00e1 hablando a los ya \u00abllamados a ser santos\u00bb, a los convocados en un solo Cuerpo y un solo Esp\u00edritu, para que vivan de una ma\u00adnera digna de la <em>vocaci\u00f3n <\/em>con que han sido llamados. Si a los carismas se les quiere llamar \u00abvocaciones\u00bb, no habr\u00e1 que olvidar que un carisma no es jam\u00e1s la vocaci\u00f3n pri\u00admaria que uno ha recibido de Dios, sino un \u00abdon\u00bb del Es\u00adp\u00edritu que recae sobre quienes ya han sido llamados con esa gran vocaci\u00f3n de Dios que es la vocaci\u00f3n cristiana.<\/li>\n<li>Que los carismas son algo esencialmente referido a la \u00fanica realidad decisiva: nuestra comuni\u00f3n en la caridad, que no es un carisma, que es m\u00e1s que todos los carismas juntos, porque es el \u00e1mbito concreto en que acontece la fe, la gracia y la salvaci\u00f3n. En cuanto referidos a la caridad, los carismas son algo provisorio y secundario, al servicio de lo \u00fanico que queda por debajo de lo que pasa: nuestra comuni\u00f3n en el amor mutuo, cualquier movimiento de ca\u00adridad en que se ama al otro como hermano.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Todo esto repercute profundamente en la significaci\u00f3n de la vida religiosa dentro de la Iglesia:<\/p>\n<ol>\n<li>Como carisma, la vida religiosa no es inteligible desde s\u00ed misma ni para s\u00ed misma, sino desde la Iglesia y para la Iglesia. La vida religiosa no surge de la comuni\u00f3n ecle\u00adsial para configurarse como escuela de espiritualidad y de perfecci\u00f3n, clausurada en s\u00ed misma, y con exigencias evan\u00adg\u00e9licas radicales que no est\u00e1n al alcance de los dem\u00e1s creyentes, sino para hacer que toda la Iglesia responda, con la mayor intensidad posible, a aquello para lo que ha sido convocada como Comunidad de fe: la radical novedad de vida que exige vivir seg\u00fan el Evangelio. Como todo caris\u00adma, la vida religiosa es \u00abpara provecho com\u00fan\u00bb: para reno\u00advaci\u00f3n y revitalizaci\u00f3n de la Iglesia.<\/li>\n<li>Como carisma, la vida religiosa es un \u00abdon\u00bb del Esp\u00edritu a su Iglesia. Si se quiere hablar de \u00abvocaci\u00f3n\u00bb reli\u00adgiosa habr\u00e1 que tener presente que se trata ya de algo que recae sobre un grupo de \u00abconvocados\u00bb, y que en el seno de esa convocaci\u00f3n ha acontecido previamente la <em>vocaci\u00f3n <\/em>m\u00e1s profunda y m\u00e1s exigente de Dios a la santidad, a la perfec\u00adci\u00f3n seg\u00fan el Evangelio, a la proclamaci\u00f3n del sentido nue\u00advo de la vida que se experimenta en la fe. Sin este presu\u00adpuesto, que no es vida religiosa pero que es a la vez lo m\u00e1s importante de la vida religiosa, esta \u00abvocaci\u00f3n\u00bb carece de sentido.<\/li>\n<li>Como carisma, la vida religiosa se mueve, dentro de la Iglesia, en un plano secundario, al servicio de la \u00fanica realidad sustantiva: la comuni\u00f3n en la caridad, que es lo que nos constituye en Pueblo de Dios, en Iglesia. La vida religiosa no est\u00e1 en la Iglesia para ser la realizaci\u00f3n m\u00e1s perfecta de la Iglesia misma, como si fuera la Comunidad total de los creyentes la referida a ella en el plano de la perfecci\u00f3n cristiana. Al contrario: la vida religiosa se define desde sus referencia a la edificaci\u00f3n de la Iglesia, es decir, al crecimiento de la Comunidad eclesial en su con\u00adjunto hacia la cumbre de perfecci\u00f3n a que est\u00e1 llamada por sublime vocaci\u00f3n de Dios en Cristo. Esta es su tarea, y la important\u00edsima misi\u00f3n que ha recibido del Esp\u00edritu.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00edtulo de nuestro trabajo sugiere demasiadas cosas. 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