{"id":39586,"date":"2014-09-21T08:45:42","date_gmt":"2014-09-21T06:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/retos-antropologicos-de-la-vida-religiosa\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:23","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:23","slug":"retos-antropologicos-de-la-vida-religiosa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retos-antropologicos-de-la-vida-religiosa\/","title":{"rendered":"Retos antropol\u00f3gicos de la vida religiosa"},"content":{"rendered":"<div>\n<h2><strong>Planteamiento metodol\u00f3gico<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/antropologia_vida_religiosa.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-39587\" title=\"antropologia_vida_religiosa\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/antropologia_vida_religiosa-226x300.jpg?resize=226%2C300\" alt=\"\" width=\"226\" height=\"300\" \/><\/a>Dicen que lo que importa cuando uno se pone a pensar un problema es plante\u00e1rselo de tal manera que surjan interrogantes, dudas, nuevas perspectivas. De esto modo, ante un asunto, es, sin duda, m\u00e1s fecundo preguntar, insis\u00adtir en la cr\u00edtica que rellenar definitivamente la respuesta. Esto, por una parte, por otra est\u00e1 el que uno se ponga a mirar una realidad desde la perspectiva que favorezca m\u00e1s una visi\u00f3n penetrante, desde la que resulte m\u00e1s relevante y matizado el espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Siguiendo estas intuiciones metodol\u00f3gicas, nos plantea\u00admos nuestro tema como una hip\u00f3tesis para cuya verificaci\u00f3n nos vamos a atrever a confrontar, a preguntar, a interpelar. En esta marcha, seguiremos los hilos de un an\u00e1lisis feno\u00admenol\u00f3gico para ver el fen\u00f3meno de la vida religiosa im\u00adplicado con la estructura antropol\u00f3gica; pero tal y como realmente cristaliza en la conciencia del hombre que pro\u00adtagoniza la experiencia. Desde este \u00e1ngulo fenomenol\u00f3\u00adgico, lo que resalta no es la categorizaci\u00f3n te\u00f3rica de la consagraci\u00f3n religiosa, ni las pautas comportamentales que consolidan una espec\u00edfica tipolog\u00eda de formas y estructuras que configuran y representan la vida del hombre y la mujer religiosos.<\/p>\n<p>Si estos hombres y estas mujeres son capaces de enfren\u00adtarse con su propia aventura, distanci\u00e1ndose un tanto de sus afirmaciones y seguridades habituales, dominadas en gran medida por un lenguaje m\u00e1s bien t\u00f3pico, y llegan a descubrir las m\u00faltiples implicaciones que bullen por de\u00adbajo, en lo real profundo de su forma de vida, caer\u00e1n enton\u00adces en la cuenta f\u00e1cilmente de la pujante fenomenolog\u00eda antropol\u00f3gica que juega en la vida religiosa. Es esa vida y concienciable movimiento antropol\u00f3gico lo que se desplie\u00adga eficazmente operante en una serie de desaf\u00edos y jaques respecto de esas afirmaciones, esas formas y estructuras t\u00f3picas en las que viven tranquilos muchos de los que un d\u00eda optaron por una existencia consagrada religiosa.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Ahora bien, cuando esa subestructura antropol\u00f3gica se sienta maltratada, surgir\u00e1 como inevitable un fen\u00f3meno de inestabilidad psicol\u00f3gica y la misma crisis institucional no tardar\u00e1 en aparecer, sobre todo si la sensibilidad cultural reinante valora en especial la fidelidad antropol\u00f3gica, co\u00admo tal es el caso en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<h2>Presupuestos introductorios<\/h2>\n<p>Para cualquier empe\u00f1o, los presupuestos son indispen\u00adsables. Efectivamente, todos nuestros an\u00e1lisis y raciocinios est\u00e1n dependiendo, queramos o no, de unas concepciones m\u00e1s o menos expl\u00edcitas. En realidad, debajo de un tipo de existencia siempre hay, aunque sea informulada y meramen\u00adte intuitiva, una cierta ideolog\u00eda que realmente resulta operativa y vinculante. Es por esto que estimo conveniente insistir en poner de relieve algunos de los presupuestos antropol\u00f3gicos que legitiman la realidad, el dinamismo y los objetivos de nuestro desarrollo central.<\/p>\n<h3><em>1. Lo humano: objetividad m\u00e1s subjetividad<\/em><\/h3>\n<p>Nada humano es susceptible de una cubicaci\u00f3n simplista. Una afirmaci\u00f3n categ\u00f3rica que se ci\u00f1e a la medici\u00f3n obje\u00adtiva de lo emp\u00edrico y constatable en la escena de lo sensible deja por los subterr\u00e1neos una buena cantidad de fuerzas y movimientos de dif\u00edcil apreciaci\u00f3n pero que son las ra\u00edces de lo que sale en el despliegue visible.<\/p>\n<p>Los expertos en diagn\u00f3sticos humanos, generalmente, saben que una muestra personal comporta una compleja gama de factores cong\u00e9nitos junto con otros hist\u00f3ricos, adquiridos opcionalmente. El hombre, en virtud de un desa\u00adrrollo secular ha ido constituyendo un tipo de hominizaci\u00f3n que arroja un haz de posibilidades estructurales insemi\u00adnadas en lo m\u00e1s medular de su red bioqu\u00edmica y ps\u00edquica.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Cuando un hombre nace, su ser objetivamente gravita ya hacia un nivel de realizaci\u00f3n humana propio y deter\u00adminado por el tipo de desarrollo colectivo. De esta manera, el contexto circunstancial cargado de influencias induce en todo el que llega a integrarse en \u00e9l, una fisonom\u00eda obje\u00adtiva, le provee con un c\u00famulo caracter\u00edstico de ingredien\u00adtes, hasta tal punto que es debido a ese concreto e hist\u00f3rico caudal a su cuenta con el que cada cual tiene que conti\u00adnuar su carrera en el tiempo y en el espacio. Consiguiente\u00admente, el hombre real que cada uno de nosotros somos no es el que naci\u00f3 un d\u00eda ya lejano, ni es suficiente presumir de cuenta de ahorro hist\u00f3rico con que la herencia antropo\u00adl\u00f3gica b\u00e1sica nos arma como hijos del grupo zool\u00f3gico hu\u00admano.<\/p>\n<p>Todo ese potencial es tan s\u00f3lo un capital fundacional. M\u00e1s bien, el hombre es el sistema de inversiones, de amplia\u00adciones, de ganancias emprendidas y capitalizadas por \u00e9l mismo. Por esto, a\u00fan teniendo un capital fundacional si\u00admilar, no todos los hombres dan un estado de cuentas id\u00e9n\u00adtico, ni todos ofrecen de hecho la misma fisonom\u00eda personal. El hombre definitivo es lo que \u00e9l mismo, intransferible\u00admente, hace de s\u00ed mismo, lo que \u00e9l decide tomar o dejar, lo que \u00e9l habla o calla, lo que quiere o rechaza. La historia, ambigua y sumamente el\u00e1stica y tambi\u00e9n indeterminada de antemano, ha de ser contabilizada para diagnosticar lo humano vivo. A priori es imposible saber realmente lo que se es. De donde se deduce que las instant\u00e1neas sucesivas de la vida que van acrisolando a un hombre y a otros con diferencias individualizantes, no toleran ni la abstracci\u00f3n metaf\u00edsica, ni la ilusi\u00f3n ing\u00e9nua de creer que la vida calien\u00adte y concreta que cada persona es, queda captada con su vivacidad y color individuales en las definiciones de las teor\u00edas o sistemas. La objetividad de la ciencia s\u00f3lo llega a ser vida cuando circula caliente por las entra\u00f1as de cada hombre que piensa y act\u00faa como sujeto insustituible de su propia existencia.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>2. <em>El hombre inacabado: entre el ser y el no-ser<\/em><\/h3>\n<p>La estructura fundante del ser humano, la \u00aburdimbre constitutiva\u00bb que dir\u00eda Rof Carballo, est\u00e1 atravesada en sus articulaciones m\u00e1s sutiles de una energ\u00eda que impulsa insaciablemente hacia la actividad y el movimiento pro\u00adgresivos. El deseo que no cesa es la llama que agita al hom\u00adbre jam\u00e1s acabado y lleno. Cada d\u00eda, cada hora acumulan emplazamientos, citas ante las que no cabe retirada y sus\u00adpensi\u00f3n. Nadie, por lo dem\u00e1s, decide de una vez para siem\u00adpre, sino que todo est\u00e1 anclado en lo ef\u00edmero. Nada es per\u00adp\u00e9tuo por inercia sino que todo est\u00e1 a merced de una rei\u00adteraci\u00f3n que contin\u00faa madura y matiza o de una negativa que cambia, rompe y anula. As\u00ed, o incremento sostenido o entrop\u00eda inexorable; pero nunca estabilidad definitiva.<\/p>\n<p>El hombre es una combusti\u00f3n crepitante en la que el fuego ha de ser justo y medido, como corresponde al temple apropiado de cada metal: m\u00e1s de lo suyo, funde; menos, no da fuerza ni calor. Esto hace suponer que por encima y por debajo el hombre est\u00e1 como gravemente amenazado: lo que hoy es, ma\u00f1ana puede malograrse, lo que ahora se decide, otra decisi\u00f3n posterior lo puede negar y as\u00ed siempre entre el poder ser siempre y el poder no-ser tambi\u00e9n siempre. Lo que ya es por naturaleza es premisa y mediaci\u00f3n para lo que hay que ser o no se puede ser por historia; pero las pre\u00admisas y los auxilios instrumentales no nos dan todo lo que somos en un momento dado. Esto hay que sacarlo a punto, a base de inteligencia y aciertos concretos.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed una de las sorpresas m\u00e1s desconcertantes, pro\u00adpiedad exclusiva del ser humano dentro de todas las dem\u00e1s escalas de seres vivos conocidos: el hombre puede deterio\u00adrarse, contradecirse, malograrse. Lo esencial se hace con\u00adtingente, la realizaci\u00f3n est\u00e1 como en vilo. De esta manera, el tiempo humano est\u00e1 cargado de dinamismo, de sobre\u00adsalto, de anhelo, de esperanza y de miedo. El paso de este tiempo es irreversible, pero tambi\u00e9n indispensable condi\u00adci\u00f3n para que la esencia humana se vuelva existencial y vida de este hombre, de aquel; para que yo sea yo y t\u00fa seas t\u00fa, cosa que por lo dem\u00e1s ocurre inexorablemente se quiera o no.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>3. <em>Lo antropol\u00f3gico inexorable: lo real manda<\/em><\/h3>\n<p>Nadie dispone de tanta elasticidad que pueda arbitraria\u00admente disponer de su capital anat\u00f3mico y energ\u00e9tico. El metal humano puede adulterarse y quebrar si no se respeta su aleaci\u00f3n. El respeto a su propio ser es la primera misi\u00f3n de la autodeterminaci\u00f3n de este pastor de lo existente, como le llam\u00f3 Heidegger, empezando por s\u00ed mismo. No se puede desorbitar la naturaleza de las cosas sin que estas o mueran o se venguen si les queda ocasi\u00f3n de venganza. As\u00ed, dada la interdependencia org\u00e1nico-din\u00e1mica de todo lo que somos, no se puede sacar adelante un s\u00f3lo aspecto, de suyo fragmentario y conexo, sin que al mismo tiempo to\u00addo el edificio del ser humano se sienta percutido, con regoci\u00adjo o con quebranto. Una tergiversaci\u00f3n parcial, si es tenaz e invencible, tras haber provocado una reacci\u00f3n defensiva en todo el resto vinculado con lo fragmentario, si, como he dicho, la violencia es prepotente, entonces todo el ser sufre la lesi\u00f3n desnaturalizante. Si todav\u00eda al organismo malhe\u00adrido le queda resistencia y fuerza de recuperaci\u00f3n, al primer descuido, el hombre entero, maltrecho en alguna de sus fibras, volver\u00e1 radicalmente a la recuperaci\u00f3n de sus fueros maltratados. Pero s\u00f3lo si le quedan energ\u00edas sanantes su\u00adficientes; de lo contrario por una tergiversaci\u00f3n parcial puede entrar la gangrena a la vida entera.<\/p>\n<p>As\u00ed, es menester conocer lo que por naturaleza son las cosas humanas; las relaciones interpersonales, la relaci\u00f3n posesiva con las cosas, el sexo, la trama social, la con\u00adtextura corporal, etc. para no llevar m\u00e1s all\u00e1 de un umbral de permisividad propio ni las exigencias, ni los atributos, ni las expectativas. A la larga, si es que no ocurre otro tan\u00adto tambi\u00e9n a la corta, las adulteraciones se pagan caras; siendo en \u00faltimo t\u00e9rmino el mismo hombre quien encaja los desquiciamientos.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>4. La <em>totalidad de lo real y la cambiante relevancia epocal<\/em><\/h3>\n<p>Ahora bien, el hombre entero es tan pluridimensional, tan poli\u00e9drico y estratificado que har\u00e1n falta siglos y ex\u00adploraciones m\u00faltiples para ir descubriendo y sacando a la luz lo que de por s\u00ed es insondable a la primera y de una vez para siempre.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo y como consecuencia, esta afirmaci\u00f3n supone que el hombre mismo estar\u00e1 siempre expuesto a sorpresas sobre sus desconocidos abismos, sobre sus teso\u00adros, ocultos en rincones por donde todav\u00eda no pas\u00f3 el in\u00adventario. Por otra parte, es revelador c\u00f3mo al hombre le apasiona incoerciblemente verificar nuevos descubri\u00admientos en s\u00ed mismo. Lo desconocido en \u00e9l, todav\u00eda mayo\u00adritario, todav\u00eda m\u00e1s de un 90% han dicho algunos antro\u00adp\u00f3logos, es un acicate sin igual, un adviento apasionante. Sobre todo en este \u00faltimo per\u00edodo de la historia, las cien\u00adcias humanas se han desencadenado fren\u00e9ticas buscando aclaraciones, datos objetivos, que por lo pronto autenticen las hip\u00f3tesis, corrijan los equ\u00edvocos, abran nuevas pers\u00adpectivas, anulen o confirmen sue\u00f1os y utop\u00edas. Lo que empieza a vislumbrarse es asombroso en todos estos senti\u00addos. No deja, ciertamente, de haber precisiones nov\u00edsimas, gracias a la convergencia oportuna de muchas otras dis\u00adciplinas cient\u00edficas que nos dan an\u00e1lisis de ingredientes qu\u00edmicos, psicol\u00f3gicos, sociol\u00f3gicos y filos\u00f3ficos que en otros tiempos todav\u00eda no hab\u00edan sido estudiados con la penetraci\u00f3n y rigor que es posible en nuestra cultura con\u00adtempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Por esto, hoy podemos saber algo que precipite la insos\u00adtenibilidad de aquello que fue sagrado anta\u00f1o; podemos des\u00adcubrir complejidades inanalizables en aquello que se cre\u00eda simple y mec\u00e1nico Los acentos en los que se apoya nuestra sensibilidad contempor\u00e1nea, con hombres m\u00e1s anal\u00edticos, m\u00e1s emp\u00edricos y seculares es muy seguro que no est\u00e1n puestos en los mismos valores en los que se insist\u00eda por ejemplo en los tiempos hel\u00e9nicos, o feudales, o renacentis\u00adtas, o rom\u00e1nticos&#8230;<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Efectivamente, la angulaci\u00f3n de lo real difiere seg\u00fan los planteamientos cient\u00edfico experienciales que va producien\u00addo el transcurso hist\u00f3rico. As\u00ed, desde la perspectiva en la que nos sit\u00faa el equipamiento epocal de hoy, se ven m\u00e1s unos aspectos y se ocultan otros; se tocan ya como los cabos terminales de futuros pron\u00f3sticos, de tal modo que se puede decir con Michel Foucault que un tipo de hombre ha muerto en aras de otro cuyo nacimiento se yergue en estos a\u00f1os hacia perspectivas incalculables, escalofriantes quiz\u00e1 para bastantes contempor\u00e1neos. Los que vivan to\u00addav\u00eda unos decenios m\u00e1s seguro que asistir\u00e1n a descubri\u00admientos sobre la realidad humana que traer\u00e1n crisis impla\u00adcables en muchas certezas consagradas ayer mismo. Lo que vali\u00f3 ayer, muy posiblemente no valdr\u00e1 ma\u00f1ana. Lo que nos conduce a pensar que convendr\u00e1 estar bien armados de conocimientos por una parte y de serenidad por otra para saber aguantar los rudos impactos de esos indudables descubrimientos que ya empezamos a vislumbrar. Esta fu\u00adtura ebullici\u00f3n obligar\u00e1 l\u00f3gicamente a proceder a seleccio\u00adnes precisas a todos aquellos que todav\u00eda contin\u00faen que\u00adriendo ser due\u00f1os de su destino.<\/p>\n<h3>5. <em>Tendencia reconciliatoria del hombre adulterado<\/em><\/h3>\n<p>Como consecuencia de todo lo dicho, salta a la vista la estructura equ\u00edvoca fr\u00e1gil y tambi\u00e9n penitencial del hombre concreto. Un hombre sin hacer por una parte y con el riesgo de malograrse por otra, si tuviera que dor\u00admise y cristalizar irremisiblemente sobre sus equ\u00edvocos pa\u00adsados, ser\u00eda un ser desdichado, como un ser sin futuro y el pasado ser\u00eda se\u00f1or tirano irreconciliable. Su ley gravi\u00adto\u00f1a ser\u00eda el deterioro irredento. El pesimismo dejar\u00eda de ser mera cuesti\u00f3n emotiva y \u00f3ptica aberrada, sino por el contrario y lamentablemente, lo m\u00e1s realista y cient\u00edfico.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Esto supuesto, en la intencionalidad radical de la f\u00f3r\u00admula religiosa bien planteada figura de por s\u00ed lo funda\u00admental humano como preocupaci\u00f3n entra\u00f1able<\/p>\n<p>Por m\u00e1s que se desgranen los diferentes sistemas fun\u00addados en un sin fin de peque\u00f1os detalles respecto del comer, del vestir, del dormir, del hablar, del orar, etc. en realidad lo que se busca es la realizaci\u00f3n perfecta del hombre en los diferentes campos donde algo transcendental humano an\u00adda en juego. M\u00e1s a\u00fan, es en la forma como se aborda la fundamental, sin lo cual el hombre ser\u00eda amputado, por lo que se valorar\u00eda la real categor\u00eda de las diversas familias religiosas. Y como es natural, no es en la selva tupida de preceptos a veces nimios, ni en la presuntuosa contunden\u00adcia de afirmaciones asc\u00e9tico-m\u00edsticas, donde reside la sa\u00adbidur\u00eda pedag\u00f3gica, sino en las perspectivas de an\u00e1lisis que se ofrecen para el propio conocimiento, para la convi\u00advencia, para la evoluci\u00f3n a ese nivel de profundidad en el que el hombre y la mujer se enfrentan radical y libremente consigo y entre s\u00ed. Si la selva de prescripciones, de ilusiones no s\u00f3lo no dejara ver los \u00e1rboles reales que son los hombres concretos, sino que los asfixiara o les drogara su pers\u00adpicacia y su libertad, no podr\u00edamos por menos que negar, sin miedo a ning\u00fan tipo de irreverencia, el valor educativo de esos pretendidos servicios para la realizaci\u00f3n humana, precisa y principalmente por incorrecci\u00f3n antropol\u00f3gica.<\/p>\n<h3>6. <em>Mundanidad peculiar del hombre religioso<\/em><\/h3>\n<p>El \u00abmundo\u00bb, es decir, la existencia normal cotidiana que se pone de relieve con este vocablo, ha sido objeto de tergiversaciones y vilipendios, a causa de equ\u00edvocos y eti\u00adquetas fundados en prejuicios, hoy ya y en gran parte, bien localizados. Por \u00abmundo\u00bb entendemos ese imperativo categ\u00f3rico de toda existencia hist\u00f3rica que nos obliga a ser hijos de la tierra, de un grupo humano, que nos vincula a unas necesidades y gustos inexorables, por m\u00e1s que qui\u00adsi\u00e9ramos irnos a vivir fuera del mundo. Imposible preten\u00adsi\u00f3n \u00e9sta, utop\u00eda ilusoria. Es decir, que mientras vivimos, habitamos el mundo y nuestra presencia se desliza llenando espacios y tiempos concretos con experiencias de una co\u00adtidianeidad inevitable, por m\u00e1s que quisi\u00e9ramos sobrevolar lo com\u00fan, lo corporal, lo material, lo ef\u00edmero, lo social, lo hist\u00f3rico. Somos, pues, esencialmente mundanos, munda\u00adnales.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>La vida religiosa no puede ser, antropol\u00f3gicamente ha\u00adblando, un exilio del mundo, una amputaci\u00f3n de lo que por mundanidad b\u00e1sica entendemos. Seg\u00fan dice la experiencia, el juego al angelismo se paga, por lo menos, con memeces. La f\u00f3rmula pedag\u00f3gica que se ofrece a la inquietud humana, no puede, por tanto, despreciar el entramado, la urdimbre psicol\u00f3gico-social com\u00fan, porque \u00e9sta es m\u00e1s fuerte que toda arbitrariedad maniquea, que todo el rigor montanista, que todo ilusorio espiritualismo. Los hombres de carne y hueso viven en el mundo y con esto se quiere hacer constar que hay que gastarse en aprendizajes mundanales a base de experiencias concretas de hablar, de oir, de escuchar, de ver y mirar, de sentir, de palpar, de pensar, de ir y venir, de decir que s\u00ed o decir que no; experiencias de alegr\u00eda ahora, experiencias de penas despu\u00e9s. No hay otra soluci\u00f3n el hombre mismo se volatilizar\u00eda como por encanto y no ten\u00addr\u00edamos otra cosa que puros fantasmas o momias acarto\u00adnadas si le quitamos estos ingredientes que por banales, contingentes y terrenos no por eso dejan de encerrar en lo profundo de su movimiento el arte y la gracia supremos.<\/p>\n<p>M\u00e1s que una fuga o un disimulo de la mundanidad, la vida religiosa es una forma de enfrentarse con esta estruc\u00adtura inexorable de los hombres y comporta necesariamente su correlativa manera de resolver este problema no resuelto enteramente y de manera autom\u00e1tica por nadie y cuyas intrincadas complicaciones no siempre han sido resueltas con la precisi\u00f3n cient\u00edfica que hubiera sido menester por aquellos que por profesi\u00f3n se alejaban del mundo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>7. <em>Teocentrismo-Antropocentrismo de la vocaci\u00f3n religiosa<\/em><\/h3>\n<p>Somos conscientes de lo delicado del asunto sugerido para este p\u00e1rrafo. A\u00fan as\u00ed, es preciso abordarlo, siquiera sea casi roz\u00e1ndolo tan s\u00f3lo.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n profunda del hombre es dial\u00e9ctica, pero no sin riesgos de autocontradecirse sobre la marcha en op\u00adciones anulantes. Los valores que con una correcta reci\u00adprocidad ser\u00edan factores de dinamismo y complementaridad, a veces se yerguen como antagonismos irreconciliables. Dios y el hombre, desde Nietzsche, Feuerbach y sus adoc\u00adtrinados, han sido calificados de incompatibles. Una op\u00adci\u00f3n por lo m\u00e1s inmediato y alcanzable como es lo humano, comporta necesariamente un eclipse de lo otro, lo divino, invisible e impreciso. M\u00e1s a\u00fan, al hombre, \u00fanico ser res\u00adponsable del mundo y \u00fanico ser con pretensiones, le corres\u00adponden a su modo lo que de manera taxativa adjudicamos a Dios. De esta manera, sumar\u00edsima y radical, se resuelve el problema, tan viejo por otra parte como el hombre mis\u00admo y con el que se han enfrentado las incalculables reli\u00adgiones de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Las f\u00f3rmulas religiosas, con su pretenciosa consagra\u00adci\u00f3n a Dios, han resultado ser de hecho una serie de solu\u00adciones de esta bipolaridad dial\u00e9ctica de lo humano; pero no siempre dando con la soluci\u00f3n de la reciprocidad correc\u00adta. Cu\u00e1ntas veces, si no, a Dios se le ha concebido como exi\u00adgiendo el holocausto del hombre, llegando incluso a exa\u00adgerar la generosidad con vistas a compensar o reparar, en manos de un voluntarismo heroico, los excesos del huma\u00adnismo con que se calificaba a la historia de los hombres, absortos en construirse satisfacciones y progresos ambi\u00adguos. Consagrarse a Dios era, as\u00ed, un gesto radical en el que la vida individual, como propiedad entra\u00f1able personal y del mundo era ofrecida como don a Dios. Ahora bien, como esta vida segu\u00eda ostensiblemente en manos del hom\u00adbre, hab\u00eda que demostrarse a s\u00ed mismos la expropiaci\u00f3n a la que un d\u00eda procediera con reiterados actos de entrega, consistiendo estos en comprobarlo a base de renuncias, negaciones, sacrificios&#8230; El hombre era, a la vez, don y precio, prueba y lenguaje de este canje para el que hab\u00eda que armarse de una generosidad no desprovista de impulsos sospechosos de crueldad y torpezas obsesivas.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Todo esto no est\u00e1, desde luego exento de una cierta par\u00adcialidad por un lado y por otro, no evita del todo la carica\u00adtura. Quiz\u00e1s as\u00ed resalta mejor el desacierto que supone el dejar que la transcendencia de Dios se coma su propia in\u00admanencia. Tampoco es la mejor manera de dar importancia a Dios el reducir al hombre en oferta de exportaci\u00f3n y de d\u00e1diva martirial&#8230;<\/p>\n<p>El antropocentrismo que comienza a reclamar revisio\u00adnes y equilibrios al teocentrismo vigente durante tanto tiempo, no puede ser una oscilaci\u00f3n pendular de mero re\u00adsarcimiento superficial, sino una resituaci\u00f3n de Dios en el coraz\u00f3n mismo de las experiencias humanas cualitativa\u00admente tales. Ni Dios ni el Hombre son rivales entre s\u00ed, sino que el hombre s\u00f3lo puede experimentar a Dios a trav\u00e9s de la radical autenticidad de sus experiencias, a trav\u00e9s de su af\u00e1n incesante de buscar el \u00faltimo sentido de todo lo que se considera cr\u00edticamente como fundamental. Autenticidad y b\u00fasqueda que comportan tambi\u00e9n una carga densa de purificaci\u00f3n y martirio ciertamente, como precios jugosos de la felicidad parad\u00f3jica de la que como es natural, tam\u00adpoco los religiosos se pueden alegre e ingenuamente dis\u00adpensar.<\/p>\n<p>De esta manera, religioso no ser\u00eda el hombre que ha to\u00admado la vertical para llevar en volandas su alma envuelta en el celof\u00e1n de la ilusi\u00f3n al Dios celeste y metaf\u00edsico, sino aquel que ha entrevisto el significado radical que in\u00adduce el ser de Dios a toda realidad de este mundo por ser humana. Y precisamente por ser humana, formar\u00e1 parte integral del conjunto experiencial de la vida religiosa, so pena de que \u00e9sta equivalga a un intolerable suicidio.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h2>Segunda parte: realizaciones concretas<\/h2>\n<p>Dentro de las incontables series de veinticuatro horas que constituye la trama de los d\u00edas y las noches de los re\u00adligiosos, me ha parecido prometedor poner de relieve al\u00adgunas sugerencias sobre lo que sin duda es la ocupaci\u00f3n y el problema fundamental de estos seres que optan por la f\u00f3rmula religiosa. Entre las realizaciones concretas, destacamos la experiencia comunitaria y la triple realidad de los famosos votos de castidad, pobreza y obediencia.<\/p>\n<h3><em>1. Lo comunitario como marcha realista <\/em><em>hacia la plenitud personal<\/em><\/h3>\n<p>Empiezo por lo comunitario, en cuanto que quiere ser una matizaci\u00f3n cualitativa de la dimensi\u00f3n social humana y porque es, sin duda, la escuela b\u00e1sica e implacable de toda realizaci\u00f3n personal realista. No hay realizaci\u00f3n personal que no incluya un cierto \u00e9xito en la relaci\u00f3n con el otro, con los otros. Porque el otro est\u00e1 ah\u00ed, insoslayable, delante de m\u00ed exigi\u00e9ndome una reacci\u00f3n, una acomodaci\u00f3n, una autoubicaci\u00f3n. Ciertamente, sin los otros, yo mismo ser\u00eda inconcebible tal y como soy ahora mismo.<\/p>\n<p>Lo comunitario es una armon\u00eda tensa de muchos jun\u00adtos que cruzan, compaginan y fecundan rec\u00edprocamente sus existencias. Cada uno de nosotros dice su propio yo, saca su yo despu\u00e9s y en funci\u00f3n de los otros yo. Ahora bien, nadie dice yo de la misma manera; por eso, el otro es siem\u00adpre una diferenciaci\u00f3n, un enfrentamiento, porque siempre es alguien, indestructible en su diferencia, el que est\u00e1 delante de m\u00ed. El otro no es mi ap\u00e9ndice, mi estribo, mi som\u00adbra. Por el contrario, es mi provocaci\u00f3n, mi inspiraci\u00f3n, mi contraste, mi cr\u00edtica&#8230; Siempre que la relaci\u00f3n se le\u00advante debidamente sobre la distinci\u00f3n, la distancia, la al\u00adteridad.<\/p>\n<p>El otro, en tanto que diferente, desde lo m\u00e1s caracte\u00adr\u00edstico de s\u00ed propio est\u00e1 junto a m\u00ed como est\u00edmulo de mis reacciones. Esas salidas de m\u00ed mismo me hacen nacer, me van definiendo y configurando respecto de todos los dem\u00e1s. Despu\u00e9s de esta reacci\u00f3n, yo me encuentro ya diferente en mi mundo, en el que est\u00e1n incluidos los que provocaron la reacci\u00f3n. Sin ellos mi propio mundo dejar\u00eda de ser lo que ahora es. Igualmente el otro me saca de la ilusi\u00f3n de oir ecos fant\u00e1sticos de mi propio hablar, me proyecta, para que las analice, las im\u00e1genes que mi \u00f3ptica solitaria se crea para s\u00ed misma, no sin riesgos de espejismo. Por eso, el otro es una ocasi\u00f3n de realismo, de matizaci\u00f3n, de dife\u00adrenciaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n incesantes.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>La vida religiosa es necesariamente vida comunitaria porque la antropolog\u00eda din\u00e1mica requiere que el proceso de la autorrealizaci\u00f3n se haga socialmente y porque hay un impl\u00edcito reconocimiento de que lo mejor de nosotros mis\u00admos nos lo dan y nos lo sacan los otros. Y porque la vida religiosa no se anda organizando accidentes y bagatelas hu\u00admanas, ten\u00eda que ser una manera concreta de autosome\u00adterse y autorregularse en medio de los incentivos que segre\u00adga el \u00e1mbito social.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que es fuente de incentivos: la vida co\u00admunitaria, sobre la base de una igualdad radical, de parti\u00adcipaci\u00f3n, de cr\u00edtica&#8230; es la fuente de una personalizaci\u00f3n parad\u00f3jica. En una vida comunitaria, por tanto, nadie en\u00adgulle ni sustituye, ni eclipsa a nadie. Todos est\u00e1n en rela\u00adci\u00f3n con todos, nadie es padre ni madre de nadie, nadie es unilateralmente sol, ni sat\u00e9lite de nadie. Las galaxias de las comunidades humanas tienen una ley gravitatoria cu\u00adyos c\u00e1lculos son complej\u00edsimos por la cantidad de hilos y vectores que llevan las corrientes relacionales de los dife\u00adrentes miembros. Por esto mismo, consagrarse a la vida comunitaria es enfrentarse rudamente con el problema m\u00e1s desafiante de los hombres como es resolver en la justa me\u00addida la soledad insostenible, mediante la compa\u00f1\u00eda fecunda de los otros, implacables colegas en reciprocidad y en dis\u00adtancia exactas.<\/p>\n<p>Pues bien, si Dios es el gran suscitador de relaciones de calidad afectiva y efectiva, de relaciones fecundas para los otros: consagrarse a este Dios necesariamente tendr\u00eda que dar como resultado un tipo de hombres especialmente sensibles para la comuni\u00f3n social, especialmente fieles, fraternales y diestros en el arte dificil\u00edsimo de convivir.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>2. <em>Los tres votos o la triple realidad <\/em><em>implacable de todo hombre<\/em><\/h3>\n<p>El hombre, amalgama heterog\u00e9nea de cuerpo y alma, de reacciones internas y est\u00edmulos exteriores, de tiempo y espacio, de f\u00edsica y metaf\u00edsica, y de todo esto a la vez, es impensable de otra manera. Es imposible realizaci\u00f3n hu\u00admana alguna sin que en la llama que es cada ser vivo no ardan al mismo tiempo agolpadas m\u00faltiples realidades, fun\u00addi\u00e9ndose en el hilo trenzado que es la vida compleja de cada hombre.<\/p>\n<p>Los tres votos hacen, pues, alusi\u00f3n a tres realidades que dan lugar a otras tantas experiencias: la sexualidad, la posesi\u00f3n, la autodeterminaci\u00f3n. Ser tal hombre, con tales rasgos personales depende de la manera peculiar en que se organizan interiormente y se plasman externamente las reacciones sexuales, las reacciones posesivas y los actos libres. Tampoco hay vida real para nadie sin que de alguna manera est\u00e9n presentes estas tres experiencias.<\/p>\n<p>Estimo que dentro y fuera de la vida religiosa esta triple realidad, fundamental de suyo, anda muy necesitada de an\u00e1lisis serenos para salir de exageraciones cometidas a favor como en contra y que desfiguran lo mismo su natura\u00adleza como su despliegue pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>a) En relaci\u00f3n con la sexualidad, <em>el voto de castidad, <\/em>que suena a simple vista como una abstenci\u00f3n del inter\u00adcambio sexual, deber\u00eda justipreciar m\u00e1s las relaciones afec\u00adtivas, amistosas y laborales entre hombre y mujer. Hay algo que los hombres solos y las mujeres solas no consiguen, ni siquiera en la l\u00ednea de su desarrollo individual. El uni\u00adsexo al que ha conducido tantas veces la castidad religiosa, que por lo dem\u00e1s es un valor indispensable para todos los seres humanos, es una aberraci\u00f3n; como lo es, sin duda, caer en el prejuicio liberal de que el intercambio sexual no tiene por qu\u00e9 tener l\u00edmites y cautelas. Estimo que la f\u00f3rmula pedag\u00f3gica que es toda la vida religiosa no puede reducirse a una normativa abstencionista, descuidando la sutil educaci\u00f3n que todo se\u00f1or\u00edo sexual exige. Ahora bien, como es l\u00f3gico, un tipo de educaci\u00f3n sexual correcta, cosa que el simple voto no da de suyo, supone un conocimiento fiel de la antropolog\u00eda impl\u00edcita en esta experiencia funda\u00admental, tergiversada tanto por tabues como por liberalis\u00admos arbitrarios.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>b) En cuanto a la relaci\u00f3n con las cosas, <em>el voto de po\u00adbreza <\/em>se enfrenta con el hecho insoslayable para toda per\u00adsona de vivir en un mundo en el que se necesitan unos metros cuadrados donde vivir sin que venga nadie atrope\u00adll\u00e1ndote, unos vestidos que ponerse sin dar pie al rid\u00edculo p\u00fablico, unos transportes, unos libros, unos alimentos que se compran pagando religiosamente, como dice el refr\u00e1n para indicar que se paga pronto y bien.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, el voto de pobreza, antes que quitarle a un hombre la administracci\u00f3n personal para d\u00e1rsela a un po\u00adtente y sa\u00f1udo administrador general, caricaturesco desen\u00adlace tantas veces de la pobreza religiosa, es esa sabia y rar\u00edsima capacidad de extraer de las cosas su utilidad fun\u00adcional, siendo capaces de librar esa quintaesencia que cada cosa tiene en sus entra\u00f1as disponible para fecundar el es\u00adp\u00edritu del hombre que sepa acercarse a ella. Juego \u00e9ste que supone una inteligente selecci\u00f3n de aquello y de solamente aquello que es preciso e indispensable para no distraerse en la abundancia enervante. Este dar con lo \u00fanicamente ne\u00adcesario lo que implica la sabidur\u00eda aprendida y carism\u00e1tica a la vez de la pobreza, en cuyo proceso parad\u00f3jico, el hom\u00adbre pobre, en la medida que va teniendo un esp\u00edritu m\u00e1s fecundado, cada vez ir\u00e1 necesitando ir libando por menos cosas, hasta llegar a ese grado envidiable en que la per\u00adfecci\u00f3n humana no est\u00e1 practicamente en ya no poder tener m\u00e1s sino en ya no poder tener menos, como dice un pensa\u00admiento agudo del escritor Antoine Saint-Exupery.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Naturalmente, la pobreza hoy, como siempre, supone tener aquello que se necesita para ser, dando lugar a que la experiencia de la riqueza del ser, al tiempo que se va consiguiendo en relaci\u00f3n con las cosas estimulantes y fe\u00adcundas de este mundo, cada vez m\u00e1s va siendo la \u00fanica y mejor riqueza.<\/p>\n<p>Porque ser pobres para ser zafios, rudos e ignorantes es confunfir la elegante simplicidad del se\u00f1or\u00edo humano con el simplismo del hombre subdesarrollado. La pobreza, por eso, es sin\u00f3nimo de escasez, de inseguridad, de despren\u00addimiento; pero siempre que vaya acompa\u00f1ada de inteli\u00adgencia selectiva, de elegancia sencilla, de se\u00f1or\u00edo espiri\u00adtual. De otro modo, la pobreza religiosa, valor igualmente universal e inherente a la sabidur\u00eda humana, quedar\u00e1 re\u00adducida a una caricatura, llena de tantas falacias que hace de tantas familias religiosas entidades empaquetadas de posesiones desorbitadas, aburguesantes y tambi\u00e9n escan\u00addalosas, mientras sus miembros no cuentan apenas con autonom\u00eda y holguras elementales para la vida social con\u00adtempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>c) Y por fin, <em>el voto de obediencia, <\/em>en tanto que es un extra\u00f1o intento de someter unos hombres a otros, los m\u00e1s a los menos, claro est\u00e1, resulta una manera artificiosa de regular el libre albedr\u00edo, la autodeterminaci\u00f3n. Asunto delicado \u00e9ste, sometido como los dem\u00e1s votos, a la impreg\u00adnaci\u00f3n cultural con que son concebidos los factores que entran en juego. As\u00ed como la castidad ha tributado al mani\u00adqueismo y al platonismo, y la pobreza ha querido tantas veces una econom\u00eda ang\u00e9lica y simplista, la obediencia, a su vez, est\u00e1 hipotecada por un feudalismo mon\u00e1rquico y una especie de regusto por el orden militarizado y por la prontitud ejecutiva sin vacilaci\u00f3n ni cr\u00edtica.<\/p>\n<p>La obediencia, sin embargo, es impensable a costa de la verdad, de la igualdad, de la libertad, de la participaci\u00f3n. Por el contrario, es el sistema de vida en que estos ingre\u00addientes antropol\u00f3gicos rigen la existencia, la policroman, la densifican. La obediencia que somete unos hombres a otros, que hace de los grupos humanos escuadrones espar\u00adtanos, que da a uno solo los plenos poderes y a otros, los m\u00e1s, todas las obligaciones, que estigmatiza la duda, la cr\u00edtica, la autonom\u00eda personal, la divergencia, engendra casi con toda seguridad hombres m\u00e1quinas, piezas de aje\u00addrez, cabezas cuya funci\u00f3n queda reducida a afirmar lo afirmado por otros, pero privados de an\u00e1lisis, de conven\u00adcimientos personales. Semejante obediencia, desacertada siempre, est\u00e1 llamada con celeridad galopante especial\u00admente hoy a vivir crisis irreversibles.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Los religiosos, precisamente porque deber\u00edan ser los hombres m\u00e1s cuerdos y coherentes con las coordenadas antropol\u00f3gicas y culturales, deber\u00edan ser ejemplos y gu\u00edas envidiables para esta nueva humanidad a base de hombres verdaderamente conscientes, informados, iguales, cr\u00edticos, responsables, libres. Es decir, verdaderamente obedientes. Lo que no nos dispensa de estar sobreaviso para que la obediencia cristiana, que es ante todo un o\u00eddo atento a la verdad y al respeto universal de todos, no se ponga desca\u00adrada o sutilmente al servicio interesado de la rapidez y de la eficacia. Hay un orden y una uniformidad que lejos de ser un blas\u00f3n de ciertos grupos religiosos no pasan de ser una solapada herej\u00eda antropol\u00f3gica y social, que, por su\u00adpuesto, tarde o temprano, termina pag\u00e1ndose cara.<\/p>\n<p>3. <em>La vida religiosa como profetismo pl\u00e1stico<\/em><\/p>\n<p>Una de las certezas que m\u00e1s cultiva la antropolog\u00eda, tanto cultural como filos\u00f3fica y psicoanal\u00edtica es que los hombres dependemos unos de otros hasta lo inimaginable. Dentro de esta corriente de influjos sutiles e incesantes, la palabra, el discurso, el lenguaje de los gestos son fuerzas especialmente excitantes respecto de esos modos de ser que alcanzan al hombre entero, desde la m\u00e9dula del alma hasta la fisonom\u00eda del semblante. Efectivamente, los hombres des\u00adde que abrimos los ojos hasta que los cerramos vamos por el mundo como hambrientos de aventuras, de exploraci\u00f3n para recoger aqu\u00ed y all\u00e1 recursos para nuestra elaboraci\u00f3n, para nuestro museo personal. Los hombres nos dan, los hombres nos quitan.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Dentro de este esquema de la antropolog\u00eda din\u00e1mica, las instituciones religiosas no pueden menos de estar en medio de la vida social, diciendo tambi\u00e9n su palabra, irradiando una serie de influjos, para su honor o para su descr\u00e9dito. No puede ser de otra manera.<\/p>\n<p>Ciertamente, las familias religiosas est\u00e1n plantadas en los caminos, en las calles y plazas de la vida; sus hombres van y vienen, est\u00e1n presentes por doquier con una noto\u00adriedad que para muchos es imperdible. Efectivamente para muchos esta notoriedad es como una inherencia esencial al ser religioso. Dada la voluntad salv\u00edfica y testimonial de cuantos profesan la bondad, naturalmente esta notorie\u00addad no tiene otra raz\u00f3n de ser que el influjo, el llamar la atenci\u00f3n, el proselitismo, el servicio fraternal. A esto llamo, el profetismo pl\u00e1stico, incoercible por el solo hecho del bulto social que se hace, por la presencia material que toda familia religiosa hace en un tiempo y en un espacio concretos, donde los dem\u00e1s tambi\u00e9n coinciden. Es inevita\u00adble, pues, que al estar presentes en un sitio, all\u00ed irradie su testimonio, all\u00ed se provoque un consentimiento, una cr\u00ed\u00adtica, una animaversi\u00f3n. Si somos especialmente notorios y aparecemos con una relevancia pl\u00e1stica de profesionales de la perfecci\u00f3n, ser\u00e1 poco menos que imposible pasar de\u00adsapercibidos. Puede que en alg\u00fan caso se pase con indife\u00adrencia ante un religioso o ante los interminables muros de sus casas; pero quiz\u00e1 la misma indiferencia, sobre todo en ciertos medios ambientes, es m\u00e1s bien un secreto meca\u00adnismo de defensa contra una impl\u00edcita presuntuosa inter\u00adpelaci\u00f3n, o es posiblemente una sagaz manera de atacar y menospreciar.<\/p>\n<p>Todo esto no nos debe conducir a unas estratagemas de soterramiento de la notoriedad, ni tampoco a rebajar el testimonio de la presencia pl\u00e1stica en medio de la vida con\u00adtempor\u00e1nea. La notoriedad es una concomitancia de todo lo que vive y se mueve. Se tratar\u00eda m\u00e1s bien de buscar c\u00f3mo reforzar en un lenguaje inteligente hoy aquel testimonio que m\u00e1s remover\u00eda las entra\u00f1as dormidas de tantos hom\u00adbres, que por lo dem\u00e1s son m\u00e1s sensibles que nunca a esos valores que se llaman igualdad, conciencia de la propia limitaci\u00f3n, el gusto por la autenticidad, la fuerza irresis\u00adtible del amor. Al religioso le tocar\u00eda hacer y decir todo esto justamente de la manera m\u00e1s pl\u00e1stica, m\u00e1s significativa, m\u00e1s atractiva. Los hombres descubrir\u00edan que este tipo de grupos humanos son los m\u00e1s revolucionarios y fecundos de nuestro tiempo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h2>Tercera parte: presencia y significado<\/h2>\n<h3>1. A <em>merced del significado: entre la significaci\u00f3n y la esterilidad<\/em><\/h3>\n<p>El hombre es un ser que tiene su vida dependiendo de la comunicaci\u00f3n, como hemos dicho anteriormente. Los otros acarrean el carburante de nuestra combusti\u00f3n personal. Esta sigue las vicisitudes que comporta el hecho de que realmente la comunicaci\u00f3n sea o no efectiva. Los informes, los mensajes, los incentivos empalman con nuestro uni\u00adverso personal seg\u00fan la permeabilidad que se ofrezcan mu\u00adtuamente los significados, los que llegan y los que cada hombre ya tiene cuando recibe otros nuevos.<\/p>\n<p>Ciertamente todas las realidades humanas est\u00e1n como en incesante emisi\u00f3n de mensajes: no dejan de decir lo que son y lo que hacen por m\u00e1s muda que sea su presencia en la tierra. El problema est\u00e1 en que un gran caudal de comu\u00adnicaciones se pierde en el vac\u00edo porque ya nadie es capaz de descosificar la clave en que &#8216;emiten. Y algunas reali\u00addades, hombres e instituciones se pasan la vida gesticulan\u00addo haciendo lo indecible para ponerse en comunicaci\u00f3n efectiva y no lo consiguen o es tan insignificante el audito\u00adrio que no se sabe si compensa tanto gasto para tan es\u00adcaso impacto. Todo, pues, queda a merced del significado.<\/p>\n<p>Si las palabras, los gestos, los s\u00edmbolos significan algo, todav\u00eda es posible que haya interlocutores, todav\u00eda ser\u00eda posible la discusi\u00f3n abierta, el rechazo o el asentimiento; pero sin comprensi\u00f3n del lenguaje, todo se pierde esteril\u00admente sin otro destino que ser ruido y bulto sin valor al\u00adguno.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Las m\u00faltiples formas de presencia y de autoexpresi\u00f3n que tiene la vida religiosa en el mundo, se encuentran hoy con el desconcertante descubrimiento de su tartamudez ante su nuevo interlocutor posible, el resto de la comunidad humana contempor\u00e1nea. Los que todav\u00eda seguirnos pensan\u00addo que la vida religiosa como tal, es una f\u00f3rmula oportuna de educar y potenciar lo fundamental humano, estamos viendo, no sin lamentarlo, que todos sus atractivos han quedado apagados de poder sugerente, como pasaba hasta hace muy pocos a\u00f1os. Algunos habr\u00e1, sin embargo, que piensen que todos esos trasiegos pasados, en algunos casos tan masivos y casi con ribetes de imperialismo, deben olvi\u00addarse en hora buena, para que la vida religiosa sea el tes\u00adtimonio espl\u00e9ndido de peque\u00f1os grupos que con saz\u00f3n con\u00adcentrada sean capaces de dar sabor al colosal guiso de la vida.<\/p>\n<p>Si, por la fuerza de los hechos, las cosas tuvieran que ir por ah\u00ed, ser\u00eda \u00e9ste un a posteriori providencial que no su\u00adpondr\u00eda ning\u00fan acabamiento del fen\u00f3meno religioso, sino que supondr\u00eda por el contrario, una intensificaci\u00f3n de su llama interna y de su fuerza interpelante. Nos cabe toda\u00adv\u00eda y a pesar de todo, la pregunta de si en esta depaupera\u00adci\u00f3n del lenguaje religioso, no son realmente los mismos contenidos deteriorados los que se est\u00e1n poniendo en evi\u00addencia. En este caso, es la misma totalidad de la vida reli\u00adgiosa en su planteamiento, sus finalidades y sus modos p\u00fa\u00adblicos de aparecer lo que deber\u00eda reconcebirse y remolde\u00adlarse, primero en funci\u00f3n del significado de los que est\u00e1n ya dentro y consiguientemente en funci\u00f3n de los que desde fuera pasan a la vera de los hombres e instituciones reli\u00adgiosas viendo y oyendo y para que tanto unos como otros entiendan y valoren su propia sempiterna raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>2. <em>\u00bfEl contenido se ha vuelto acaso inv\u00e1lido?<\/em><\/h3>\n<p>En todo problema de lenguaje, la categor\u00eda del conte\u00adnido no garantiza de suyo la difusi\u00f3n. Tampoco es un re\u00admedio armarse de imperativos autoritaristas o apolog\u00e9ticos. Las cosas no valen lo que unos adheridos entusiasmados se empe\u00f1an en ir repitiendo por plazas y caminos para no convencer sino a s\u00ed mismos y a pocos m\u00e1s. Las cosas m\u00e1s valiosas tienen todo su precioso meollo dependiendo de quien las lleva y las trae, del significado que se la d\u00e9. No importa la dificultad o la pesadez, ni la altura del mensaje. Todo lo contrario, cuando el producto es de reconocida calidad, es contraproducente bajar el precio, recurrir a la vulgaridad para su venta al p\u00fablico, haci\u00e9ndolo pasar co\u00admo una pura ganga. Lo que vale no se abarata, porque se est\u00e1 seguro que con seguridad termina vendi\u00e9ndose. S\u00f3lo es preciso que quien venda sepa decir sin fingir ni abultar lo que vale aquello que exhibe y lleva en venta, y tambi\u00e9n que siga habiendo gente que quiera comprar. Es de suponer, naturalmente, que no faltar\u00e1n hombres inteligentes que quieran seguir invirtiendo en valores rentables.<\/p>\n<p>Sali\u00e9ndonos de la comparaci\u00f3n comercial, que sin em\u00adbargo tiene mucha aplicaci\u00f3n en nuestro caso, pensamos que la vida religiosa tiene un valor inherente que no pasar\u00e1 de moda tan f\u00e1cilmente. Por esto mismo hay que seguir buscando revolucionarias formas de actualizaci\u00f3n de algo que por defecto de presentaci\u00f3n puede ser confundido por algo inservible.<\/p>\n<p>Los que hablan de Dios, los que predican el evangelio, los que llaman a la vida \u00e9tica a las gentes, los que buscan vocaciones religiosas, etc. no tienen por qu\u00e9 afanarse en exhortaciones premiosas, en tirar de la manga al transeun\u00adte, en inventar promesas y solemnidades. El buen pa\u00f1o casi en el arca se vende&#8230; No, los valores, los ricos contenidos no bajan todav\u00eda de precio. Quiz\u00e1 las nuevas generaciones pasan de largo con indiferencia fragrante o dan incluso puntapies a nuestros tenderetes; pudiera ser. Pero esta desafiante y desaprensiva actitud nos deber\u00eda hacer pensar, sobre todo a los que se asustan ante semejante descaro, si no ser\u00e1 debido a que nuestros rostros, nuestras bocas, nuestras manos han perdido la gracia de saber ense\u00f1ar el rico tesoro que tanto vali\u00f3 anta\u00f1o. Lo que no cabe duda es que los contenidos m\u00e1s preciosos bajan de estima cuando sus profetas se vuelven mudos.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<h3>2. <em>La vida religiosa en el \u00abdesierto rojo\u00bb<\/em><\/h3>\n<p>Sin embargo, basta saber mirar agudamente a los hom\u00adbres que van y vienen como impulsados por mecanismos inflexibles. Las ciudades y los pueblos se llenan cada d\u00eda m\u00e1s de un tipo de hombres cuyos deseos son insaciables. S\u00ed, el deseo es el gran resorte de las almas que mueve pies, bocas, manos, ojos. Deseos de mil calibres y colores de esa alma humana tentada por el se\u00f1uelo brillante de felicidades f\u00e1ciles; pero deseos que quedan impenitentemente insatisfe\u00adchos, enloquecidos de tanta pertinaz frustraci\u00f3n. La vida se ha convertido en un desierto rojo, como dice la gran pe\u00adl\u00edcula de Antonioni, para hablar de la palpitante y febril vida moderna. Ser\u00e1 por esto quiz\u00e1, por ser desierto, al fin y al cabo, y porque el desierto, aunque sea rojo, es siempre propicio a la profunda actuaci\u00f3n de Dios, por lo que esta\u00admos quiz\u00e1 a las puertas de una generaci\u00f3n de otro tipo de anacoretas y de visionarios contagiosos que sembrar\u00e1n el mundo nuevo que amanece de una m\u00edstica y una asc\u00e9tica que sean como una brisa refrescante en medio de estos de\u00adsiertos tropicales. Y entonces veremos con asombro c\u00f3mo los hombres de esta nueva era hist\u00f3rica no han perdido, ni mucho menos, el gusto por la profundidad, y c\u00f3mo a pesar de que parecen que van a la deriva en realidad toda\u00adv\u00eda conservan el norte y la carta de navegar.<\/p>\n<\/div>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>Estamos as\u00ed quiz\u00e1 ante una nueva hora de la vida reli\u00adgiosa. Todo es presumible, si es verdad que las cosas se han puesto dif\u00edciles para los modos antiguos, y al mismo tiempo vemos a tantos hombre y mujeres concernidos por el pro\u00adblema que se han puesto a revisar sus planteamientos y est\u00e1n dispuestos a dar las soluciones pertinentes para sal\u00advar lo \u00fanico que merece la pena salvar en la nueva frontera de la historia que se nos abre. Quiz\u00e1 haya que dar giros vertiginosos y habr\u00e1 que afrontar el riesgo de ver c\u00f3mo muchas cosas un d\u00eda entra\u00f1ables caen, porque el rigor im\u00adplacable, y justo a la vez, las ha puesto en evidencia como vanas y sin suficiente arraigo. Todo esto puede ocurrir e incluso m\u00e1s.<\/p>\n<p>No quisiera terminar, con todo, sin afirmar mi fe en esa extra\u00f1a concomitancia: junto a los grandes riesgos surgen siempre y viven las mejores promesas. Siempre fue as\u00ed: la antropolog\u00eda y la historia de la humanidad son testigos. Efectivamente, los hombres, los grupos humanos, la fami\u00adlia humana dan de s\u00ed lo mejor que son y que tienen en los tiempos m\u00e1s arduos. Ser\u00e1 que es verdad lo que nos dicen hoy tantas ciencias humanas: no hay como los conflictos para que los seres vivos segreguen energ\u00eda de superaci\u00f3n. Por esto mismo, la presente situaci\u00f3n, purificativa cierta\u00admente e implacable tambi\u00e9n, es por encima de todo pesi\u00admismo una aurora que permite respirar con esperanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Planteamiento metodol\u00f3gico Dicen que lo que importa cuando uno se pone a pensar un problema es plante\u00e1rselo de tal manera que surjan interrogantes, dudas, nuevas perspectivas. 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