{"id":39259,"date":"2017-03-27T08:28:07","date_gmt":"2017-03-27T06:28:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/espiritualidad-vicenciana-fe\/"},"modified":"2016-12-28T16:00:03","modified_gmt":"2016-12-28T15:00:03","slug":"espiritualidad-vicenciana-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Fe"},"content":{"rendered":"<h2><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399695\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-amor-de-jesus-para-con-su-padre-y-con-los-hombres\/jesus-ora\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"jesus ora\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399695 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/jesus-ora.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>1. Una fe campesina<\/h2>\n<p>San Vicente, a lo largo de su vida, insistir\u00e1, una y otra vez, en sus or\u00edgenes campesinos (II, 9. 51; IV, 210; VI II, 126; IX, 34. 1195; XI, 337. 559. 582). Era un hombre de campo y siempre tendr\u00e1 como punto de referencia su origen rural. Quiz\u00e1s, no se podr\u00eda comprender su personalidad sin volver constantemente a sus ra\u00edces, porque forman par\u00adte de su tejido psicol\u00f3gico y personal. En el trans\u00adcurso de su vida, encontramos reacciones dife\u00adrentes ante su extracci\u00f3n familiar y social (Morin, <em>Los or\u00edgenes de s. Vicente de Pa\u00fal, <\/em>en <em>Ecos\u2026 <\/em>(1979) 379).<\/p>\n<p>En una primera instancia, San Vicente se aver\u00adgonz\u00f3 de su familia y de su condici\u00f3n humilde. Era el sonrojo de un joven muchacho que hab\u00eda pasado del campo a la ciudad y, entre sus nue\u00advas amistades, se siente humillado en compa\u00f1\u00eda de su padre mal vestido y un poco cojo. Es la va\u00adnidad de la adolescencia (XI, 693).<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, ya en su madurez humana y espiritual, Vicente recurre a su origen campesino para empeque\u00f1ecerse y humillarse. La sociedad del siglo XVII estaba tan r\u00edgidamente estratifica\u00adda y dividida en estamentos sociales que el cam\u00adpesinado se situaba en el \u00faltimo pelda\u00f1o, siendo uno de los estratos sociales m\u00e1s pobres y m\u00e1s explotados por las dem\u00e1s clases sociales (Ib\u00e1\u00ad\u00f1ez, <em>Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1977, 76-95). Vicente, ante los nobles y ante los grandes, se humilla recor\u00addando su origen campesino (VIII, 324).<\/p>\n<p>Encontramos un tercer tipo de reacci\u00f3n en San Vicente de Pa\u00fal a prop\u00f3sito de su origen campesino: es el agradecimiento a Dios y quiz\u00e1s, sin pretenderlo, un cierto orgullo. Existen nu\u00admerosos textos en los que San Vicente alaba a los pobres aldeanos y aldeanas, pone de relie\u00adve su valor en el trabajo, su fe sencilla y sin complicaciones, su sencillez, destaca y en\u00adcumbra las virtudes campesinas y las pone co\u00admo modelo: <em>\u00abEs entre ellos, entre esa pobre gente, donde se conserva la verdadera religi\u00f3n, la fe viva\u00bb <\/em>(XI, 120).<\/p>\n<p>Vicente, que conoce perfectamente el mun\u00addo rural, se siente perteneciente a la clase social de los pobres aldeanos, de los labradores, de los cuidadores de animales. Toma conciencia que es en ellos en donde se encuentran los aut\u00e9nti\u00adcos valores y agradece haberlos recibido a trav\u00e9s de su nacimiento, de su familia y de su origen r\u00fastico.<\/p>\n<p>Sin duda, que su fe tiene ra\u00edces campesinas como toda su espiritualidad. Cuando Vicente ha\u00adbla a las Hijas de la Caridad sobre las virtudes de la buenas aldeanas, est\u00e1 recordando su am\u00adbiente familiar y rural en el que se form\u00f3 y est\u00e1 descubriendo las ra\u00edces de su misma fe que le trasmiti\u00f3 su propia familia: <em>Os hablar\u00e9 con ma\u00adyor gusto todav\u00eda de las virtudes de las buenas aldeanas a causa del conocimiento que de ellas tengo por experiencia y por nacimiento, ya que soy hijo de un pobre labrador, y he vivido en el campo hasta la edad de quince a\u00f1os\u2026 No hay nada que valga tanto como las personas que verdaderamente tienen el esp\u00edritu de los aldea\u00adnos; en ning\u00fan sitio, se encuentra tanta fe, tan\u00adto acudir a Dios en las necesidades, tanta grati\u00adtud para con Dios en medio de la prosperidad\u00bb <\/em>(IX, 92).<\/p>\n<p>Tal es la fe en la que fue educado el joven Vi\u00adcente y que le trasmitieron su mayores en la tie\u00adrra que le vio nacer: una fe sencilla, sobria, ele\u00ad mental, pero robusta, fundamentada en la con\u00adfianza en Dios y de total abandono a su divina Pro\u00advidencia, con un sentido profundo de dependen\u00adcia de Aquel que es el origen de la buenas y de las malas cosechas, de la lluvia y del viento, del fr\u00edo y del calor. \u00c9sa era su experiencia vivida en el seno de una familia cristiana: <em>\u00ab\u00bfHab\u00e9is visto ja\u00adm\u00e1s a personas m\u00e1s llenas de confianza en Dios que los buenos aldeanos? Siembran sus granos, luego esperan de Dios el beneficio de su cose\u00adcha; y si Dios permite que no sea buena, no por eso dejan de tener confianza en \u00c9l para su ali\u00admento de todo el a\u00f1o. Tienen, a veces, p\u00e9rdidas, pero el amor que tienen a su pobreza, por sumi\u00adsi\u00f3n a Dios, les hace decir: \u00abDios nos lo hab\u00eda da\u00addo, Dios nos lo quita, sea bendito su santo nom\u00adbre\u00bb(Job 1, 21). Y con tal que puedan vivir, como esto no les falta nunca, no se preocupan por el porvenir <\/em>(IX, 99).<\/p>\n<p>Un autor moderno nos ha hablado de \u00abur\u00addimbre familiar\u00bb para se\u00f1alar todos aquellos ele\u00admentos que han tenido una influencia decisiva a la hora de modelar una personalidad futura. Es la atm\u00f3sfera indefinible de ideas y de sentimien\u00adtos, de amores y de rechazos, ilusiones, \u00e9xitos, amarguras, vivencias, experiencias, todo aquello que el ni\u00f1o respira y aspira, no por los pulmones, sino por el esp\u00edritu. Uno de los componentes fun\u00addamentales de la urdimbre familiar de Vicente fue, sin duda, la fe, el sentimiento religioso, los valores humanos y cristianos que son aprehen\u00addidos, asimilados y experimentados en su hogar, hogar humilde, sencillo, en donde no \u00abhay ele\u00adgancia, hay poca comodidad, pero ninguna mi\u00adseria\u00bb (A. Dodin, <em>San Vicente de Pa\u00fal y la caridad, <\/em>CEME, Salamanca 1977, 15), y, sin embargo, se vi\u00adve un profundo enraizamiento cristiano.<\/p>\n<h2>2. Ver las cosas tal como son en Dios<\/h2>\n<p>San Vicente no nos proporcion\u00f3 una exposi\u00adci\u00f3n sistem\u00e1tica sobre la fe. Ya sabemos que no era un te\u00f3rico, ni un pensador original. Hab\u00eda te\u00adnido una formaci\u00f3n s\u00f3lida. Esto hac\u00eda que unos cuantos principios fundamentados en la tradici\u00f3n y en la Escritura le sirviesen de pilares funda\u00admentales para sustentar su vida cristiana y sa\u00adcerdotal, su espiritualidad.<\/p>\n<p>La fe en Vicente de Pa\u00fal es sobre todo vi\u00advencia y experiencia, amasada en la vida diaria de entrega y de servicio, fundamentada en la ora\u00adci\u00f3n, en el sufrimiento, en el abandono a la vo\u00adluntad divina. La fe abarca todas las dimensiones de su existencia y es el motor de toda su acci\u00f3n en favor de los m\u00e1s pobres. Por esta raz\u00f3n, in\u00advocar\u00e1 con toda su fuerza <em>\u00abtal es mi fe y tal mi experiencia\u00bb (II, 237). <\/em><\/p>\n<p>Si quisi\u00e9ramos encontrar una clave o un pun\u00adto de partida para interpretar la vida de fe de Vicente, quiz\u00e1s debi\u00e9ramos acudir a algo tan sen\u00adcillo como lo que escribe en 1658: \u00abPido a Nues\u00adtro Se\u00f1or que\u2026 nos conceda la gracia de mirar todas las cosas tal como son en Dios, y no tal co\u00admo aparecen fuera de \u00e9l, pues de lo contrario po\u00addr\u00edamos enga\u00f1arnos y obrar de manera diferen\u00adte de como \u00e9l quiere\u00bb (VII, 331).<\/p>\n<p>Mirar las cosas tal como son y est\u00e1n en Dios o dicho de otro modo, mirarlas con <em>\u00abojos cristia\u00adnos\u00bb <\/em>(XI, 567), es tener una visi\u00f3n cristiana de la realidad, de las cosas, de los hombres, de la his\u00adtoria. Todas estas realidades son iluminadas des\u00adde la fe, son contempladas desde la perspectiva de Dios Creador y Salvador. En este sentido, aparecen y son vistas desde una perspectiva di\u00adferente. Esta visi\u00f3n cristiana es el verdadero conocimiento de la realidad, cualquier otra es enga\u00f1osa y fundada en apariencias e ilusiones. Lleva consigo una nueva comprensi\u00f3n de la exis\u00adtencia y de la vida humanas.<\/p>\n<p>En el siglo XVII, creer era algo obvio, no era un problema como en los tiempos actuales. La so\u00adciedad de San Vicente de Pa\u00fal era teocr\u00e1tica, je\u00adr\u00e1rquica y absolutista. En ella, se implicaban mu\u00adtuamente Iglesia y Estado. La fe como actitud ante la vida, la existencia y la historia, era tan na\u00adtural que nadie la cuestionaba. En una sociedad cristiana como aquella, el pueblo sencillo y pobre, el campesinado, aceptaba sin cr\u00edtica alguna las ver\u00addades de la fe, lo que la Iglesia le propon\u00eda, co\u00admo algo natural. El se\u00f1or Vicente llegar\u00e1 a decir, como hemos visto y veremos m\u00e1s adelante, que la verdadera fe, la verdadera religi\u00f3n se encon\u00adtraban entre esas gentes sencillas y pobres (XI, 462. 120). Era una sociedad que estaba tran\u00adsida, en sus estructuras m\u00e1s \u00edntimas, por la reli\u00adgi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa, pues, \u00abmirar las cosas tal co\u00admo son en Dios\u00bb? Mirarlas desde la fe significa ante todo darles un sentido. El problema de la fe es un problema de sentido \u00faltimo de la realidad, de la existencia humana, del mundo y de la his\u00adtoria. A trav\u00e9s de la fe, como opci\u00f3n fundamen\u00adtal, se nos abre el sentido de la totalidad de la realidad (Kasper Walter, <em>Introducci\u00f3n a la fe, <\/em>Sa\u00adlamanca, 1982, 94). Mirar las cosas tal como son en Dios es introducir todos los acontecimientos en la historia de la salvaci\u00f3n. Todo sucede y acon\u00adtece seg\u00fan la Providencia de Dios en orden a la salvaci\u00f3n del hombre, concretada y realizada por la encarnaci\u00f3n de Cristo. Mirar las personas se\u00adg\u00fan Dios, es contemplar a Cristo en las personas, principalmente los pobres, que no son otra cosa que la encarnaci\u00f3n del rostro desfigurado de Cris\u00adto. Mirar las cosas y personas seg\u00fan Dios es se\u00adguir con radicalidad las m\u00e1ximas de Cristo y del Evangelio y apartarse de las m\u00e1ximas del mun\u00addo, es decir, seguir a Cristo e imitarlo como ver\u00addaderos continuadores de su obra.<\/p>\n<h2>3. Teolog\u00eda del acontecimiento<\/h2>\n<p>Dios se revela a trav\u00e9s de la historia. Aunque la revelaci\u00f3n definitiva y total de Dios aconteci\u00f3 en Cristo, sin embargo, esa revelaci\u00f3n se va ma\u00adnifestando a los hombres de fe a trav\u00e9s de los acontecimientos que jalonan su vida y su exis\u00adtencia. En este sentido, la historia es aut\u00e9ntico lu\u00adgar teol\u00f3gico. Los acontecimientos son signos que hacen referencia a un significado profundo, cuando se hace una lectura de ellos desde la fe y desde la historia de la salvaci\u00f3n, en la cual es\u00adt\u00e1n insertos.<\/p>\n<p>En los acontecimientos de la vida de una per\u00adsona, hay algunos que se trasforman en signos sig\u00adnificativos y privilegiados, porque en ellos ha en\u00adcontrado una fuente de sentido, una presencia y una inspiraci\u00f3n que han determinado el curso de su vida. Han sido capaces de reorientarla, de con\u00advertirla y darle sentido. El acontecimiento es fuen\u00adte de revelaci\u00f3n y de inspiraci\u00f3n, una especie de epifan\u00eda, de la gracia de Dios y del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>En la espiritualidad vicenciana, hay algunas constantes que la estructuran, la definen y la iden\u00adtifican. Es la lectura de los acontecimientos. \u00abEl acontecimiento es signo de Dios, y llega a ser sig\u00adno privilegiado y particularmente claro e impera\u00adtivo cuando ese acontecimiento concierne direc\u00adtamente a los pobres\u00bb <em>(La experiencia espiritual del se\u00f1or Vicente y la nuestra, <\/em>en <em>Anales <\/em>85 (1977) 278). El acontecimiento, experimentado y vivido, es el lugar de revelaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la vo\u00adluntad de Dios para Vicente. Es incluso un \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb vicenciano. Dios habla a trav\u00e9s de la historia, y los grandes santos, impulsados por el Esp\u00edritu, son capaces de descubrir la voz de Dios a trav\u00e9s de ellos. As\u00ed como el profeta descubre el significado profundo que los acontecimientos llevan en sus entra\u00f1as y que a los dem\u00e1s les es\u00adt\u00e1 vedado, del mismo modo Vicente descubre que Dios le llama a reorientar su vida, una vez que ha experimentado ciertos acontecimientos rela\u00adcionados con la pobreza y la miseria del pobre pueblo. Tales son Folleville, Ch\u00e2tillon, Marchais. Desde ese momento, la pobreza experimentada, contemplada desde la fe, se convierte en princi\u00adpio hermen\u00e9utico de su vida, de su experiencia, de lo que Dios quiere de \u00e9l y le impulsa a la ac\u00adci\u00f3n, en plena consonancia con su temperamento activo. De este modo, se establece una relaci\u00f3n \u00edntima y estrecha entre fe y acci\u00f3n. El aconteci\u00admiento es, para Vicente, \u00abevangelio\u00bb y \u00abprofe\u00adc\u00eda\u00bb (J. Ma Ib\u00e1\u00f1ez, <em>Le pauvre ic\u00f3ne de J\u00e9sus\u00adCrist, <\/em>en <em>Monsieur Vincent t\u00e9moin de I&#8217;Evangi\u00adle, <\/em>Toulouse 1990, 161)<\/p>\n<p>El acontecimiento es para Vicente, de tal for\u00adma, fuente de revelaci\u00f3n de la voluntad de Dios, que no duda en poner a Dios en el mismo ori\u00adgen de sus grandes fundaciones. No hay \u00fanicamente un motivo de humildad. Es el convencimiento de que Dios se ha manifestado y est\u00e1 en el mismo origen de la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n (IV, 499; XI, 94. 325-326. 328-329. 731) y de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad (IX, 37, 70, 120, 202. 232. 292-293. 220-221. 415-416, 541. 611-612. 721. 737. 749-750) y las dem\u00e1s obras vicencianas. Es la lectura cristiana, desde la fe, del acontecimiento, como lugar de mani\u00adfestaci\u00f3n y de revelaci\u00f3n de la voluntad y pre\u00adsencia de Dios.<\/p>\n<h2>4. La fe, fuente de sentido<\/h2>\n<p>En su origen, la palabra sentido significa \u00abca\u00admino\u00bb, \u00abviaje\u00bb. Encontrar el camino, seguir el ca\u00admino, sabiendo la meta a la que nos dirigimos, es encontrar el sentido de la vida y de la existencia. En el fondo, el fin o la meta es lo que da sentido al camino que tratamos de recorrer. Ahora bien, el sentido propiamente dicho no es la meta ha\u00adcia la cual caminamos sino m\u00e1s bien la legitima\u00adci\u00f3n de esa meta o fin. Si es aquella hacia la cual debemos caminar, si es la nuestra, es porque nos sentimos llamados a ella, desde el fondo de nuestra existencia. En tal caso, hay una coinci\u00addencia de la meta con nuestro propio ser. Hay una identificaci\u00f3n de la meta con nosotros mismos. Pero como esa meta no es m\u00e1s que una llama\u00adda desde nuestra misma existencia, encontrar el sentido es encontrar la identificaci\u00f3n con noso\u00adtros mismos. El problema del sentido es el pro\u00adblema de la identidad personal.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, la fe se concreta\u00adba en la f\u00f3rmula \u00abapoyarse en Dios\u00bb. Dios era el punto de apoyo sobre el cual descansaba toda re\u00adalidad y, sobre todo, la existencia humana. El hombre s\u00f3lo puede encontrar un suelo firme, ro\u00adcoso, sobre el que sostenerse, si se apoya en Dios. Este es esencialmente fidelidad y firmeza. Por el contrario, el hombre nunca es fiable, ne\u00adcesita de alguien que sostenga su fiabilidad y su fidelidad.<\/p>\n<p>\u00abLa fe como actitud existencial total, que in\u00adcluye la confianza en Yahv\u00e9 y la fiel sumisi\u00f3n a las exigencias de la alianza, viene expresada con la f\u00f3rmula \u00abapoyarse en Dios\u00bb (Ex. 14, 31; N\u00fam 14, 11; 20, 12; Dt 1, 32; 9, 23; 2Re 17, 14; Is 43, 10); solamente en la palabra de Dios puede en\u00adcontrar el hombre el fundamento firme de su pro\u00adpia existencia\u00bb (J. Alfaro, <em>Revelacion cristiana, fe y teolog\u00eda, <\/em>Salamanca, 1985, p. 89.)<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cristiano, Dios es el fundamento de la existencia del hombre. La fun\u00addamenta comunic\u00e1ndoselo y al comunicarse lo llama a la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l. El hombre es don y tarea. El Concilio Vaticano II lo afirma con toda claridad: \u00abLa vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina\u00bb(GS, n. 22). Esta llamada constituye una de las di\u00admensiones m\u00e1s profundas de la existencia hu\u00admana. La respuesta a esa llamada es lo que conocemos por fe cristiana. El hombre en esta respuesta queda comprometido en su totalidad. La fe \u00abes un acto fundamental del hombre. La fe es un acto fundamental sobre el que se fun\u00adda la totalidad de nuestra existencia humana y donde se nos abre el sentido de la totalidad de la realidad\u00bb (W. Kasper, <em>Introducci\u00f3n a la fe, <\/em>p. 94). La fe es generadora de sentido. \u00abLa fe es una actitud personal, fundamental y total, que im\u00adprime una orientaci\u00f3n nueva y definitiva a la exis\u00adtencia\u00bb (J. Alfaro, <em>Sacramentum Mundi, <\/em>t. 3, Bar\u00adcelona 1984, p. 118). Esta orientaci\u00f3n nueva y definitiva no es otra cosa que la certeza de en\u00adcontrar el camino que el plan de Dios ha dise\u00ad\u00f1ado al hombre.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, en los primeros a\u00f1os de su sacerdocio, recorri\u00f3 un camino que le llev\u00f3, a tra\u00adv\u00e9s de un proceso de conversi\u00f3n, a encontrarse a s\u00ed mismo y a descubrir la verdadera orientaci\u00f3n de su vida, su identificaci\u00f3n persona!, el sentido de su existencia. Hubo en su vida un per\u00edodo de titubeos y de azarosa existencia. Busc\u00f3, en un pri\u00admer momento, un acomodo, un <em>\u00abhonesto reti\u00adro\u00bb(1, 8). <\/em>En todos sus intentos de acomodarse y de escalar puestos sociales, la respuesta fue la esquiva fortuna, el fracaso.<\/p>\n<p>Se dej\u00f3 guiar por el gran maestro de esp\u00edri\u00adtu que fue el Cardenal Berulle, experiment\u00f3 el dolor y el sufrimiento terriblemente purificado\u00adres de una acusaci\u00f3n injusta de robo, poniendo toda su confianza en <em>\u00abAquel que sabe la ver\u00addad\u00bb <\/em>(Abelly, 1, c. 5, 22), <em>\u00abporque Dios quiere a veces probar a las personas, y para ello permi\u00adte que sucedan estas cosas\u00bb <\/em>(XI, 230). Vicente experimenta aqu\u00ed la delirante injusticia de la que con frecuencia son v\u00edctimas los desheredados de la tierra. Va aprendiendo de una manera expe\u00adriencia), a trav\u00e9s de la injusticia y de la humilla\u00adci\u00f3n, la actitud b\u00edblica de que lo importante es \u00abapoyarse en Dios\u00bb.<\/p>\n<p>A la edad de 32 a\u00f1os, Vicente pasa por una crisis profunda de fe. Fue un camino doloroso y purificador, una noche plena de dudas y de tinie\u00adblas que, seg\u00fan su primer bi\u00f3grafo, dur\u00f3 tres o cuatro a\u00f1os y finaliz\u00f3 al tomar una decisi\u00f3n firme y definitiva de poner su persona, su existencia y toda su vida al servicio de los pobres. Esta noche obscura que alguien han calificado de depresi\u00f3n, otros de temeridad por asumir la tentaci\u00f3n de un te\u00f3logo que sufr\u00eda esa crisis profunda y alguien como Calvet de neurastenia generalizada, se ha de considerar como un momento decisivo de su vida. Es la noche de la duda, de las tinieblas, del vac\u00edo interior, de fa lejan\u00eda de Dios, de la deses\u00adperanza. Es un estado l\u00edmite en el que la perso\u00adna humana se sit\u00faa en el m\u00e1s abismal desamparo y en la plena intemperie. \u00bfNo estamos ante una profunda crisis de identidad, ante una ausencia de proyecto vital, ante una decepci\u00f3n profunda an\u00adte los fracasos continuados de encontrar una si\u00adtuaci\u00f3n social que le llenase, sin que, por otra parte, se decidiese con toda firmeza y radicali\u00addad a asumir las exigencias del seguimiento de Cristo, a \u00abapoyarse en Dios\u00bb de una manera de\u00adfinitiva, como la \u00fanica fuente de sentido para la vida? En toda situaci\u00f3n de ambig\u00fcedad, de am\u00adbivalencia, de estar en terreno de nadie, es cuan\u00addo las crisis profundas cobran m\u00e1s f\u00e1cilmente su presa. A\u00f1os m\u00e1s tarde, dir\u00e1, refiri\u00e9ndose a dicho doctor, pero que podr\u00eda aplicarse a s\u00ed mismo: <em>\u00abEs\u00adto nos ense\u00f1a, de pasada, qu\u00e9 peligroso es vivir en la ociosidad, tanto de cuerpo como de esp\u00edri\u00adtu: pues, lo mismo que una tierra, por muy bue\u00adna que sea, si se la deja durante alg\u00fan tiempo sin cultivar, enseguida produce cardos y abrojos, tam\u00adbi\u00e9n nuestra alma, al estar largo tiempo en el des\u00adcanso y la ociosidad, experimenta algunas pasio\u00adnes y tentaciones qu\u00e9 le incitan al mal\u00bb <\/em>(XI, 726). El caso es que, si damos cr\u00e9dito a su primer bi\u00f3\u00adgrafo, su esp\u00edritu se ilumin\u00f3 y se transform\u00f3 en el momento que tom\u00f3 una decisi\u00f3n, a nivel de fe, hoy dir\u00edamos una opci\u00f3n radical. Esa opci\u00f3n dio sentido a su vida, cre\u00f3 una identidad personal, le proporcion\u00f3 su proyecto evang\u00e9lico, que no era otra cosa que entregarse de por vida al servicio de los pobres. \u00abSabemos que se ilumin\u00f3 su no\u00adche interior, que experiment\u00f3 una paz profunda desde el momento en que se resolvi\u00f3 definitiva\u00admente a consagrar toda su vida al servicio de los pobres\u00bb (A. Dodin, <em>Espiritualidad de san Vicente de Pa\u00fal, <\/em>en <em>Vicente de Pa\u00fal y la evangelizaci\u00f3n ru\u00adral, <\/em>CEME, Salamanca 1977, 107). Vicente se hab\u00eda encontrado a s\u00ed mismo y hab\u00eda descubierto la orientaci\u00f3n fundamental de su vida. Esa opci\u00f3n radical, desde la fe, gener\u00f3 el sentido de su exis\u00adtencia. En ella, experiment\u00f3 lo que dir\u00e1 a\u00f1os m\u00e1s tarde \u00ab<em>es necesario salir de s\u00ed mismo y darse\u00bb. <\/em>Todo esto ha hecho posible que poco a poco Vi\u00adcente modificase su propio ser, sus criterios de actuaci\u00f3n, su manera de contemplar las cosas y las personas, para verlas seg\u00fan est\u00e1n en Dios.<\/p>\n<p>Esta crisis har\u00e1 de \u00e9l un modelo de fe, una fe forjada en el sufrimiento y en el dolor de la duda, del sentimiento de la lejan\u00eda de Dios, de no en\u00adcontrar un punto de apoyo que diese seguridad a su caminar por la vida. Una fe as\u00ed construida lle\u00adga a la madurez de convicciones profundas que modelan a una personalidad como la de Vicente.<\/p>\n<p>Entre los a\u00f1os 1610 a 1617, se oper\u00f3 en Vi\u00adcente lo que hoy se la denomina verdadera con\u00adversi\u00f3n, porque supuso un replanteamiento de toda su existencia y de las coordenadas que re\u00adg\u00edan su vida y su sacerdocio. Hay quien le llama una aceleraci\u00f3n del ritmo evolutivo (Dodin, <em>P. c. <\/em>154) A este cambio y esta trasformaci\u00f3n, tambi\u00e9n contribuyeron otras experiencias importantes que, por esa \u00e9poca, vivi\u00f3 Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Resulta parad\u00f3jico que este joven sacerdote, ten\u00eda 32 a\u00f1os en 1612,<span id='easy-footnote-1-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-1-39259' title='Damos por sentado que Vicente de Pa\u00fal naci\u00f3 en 1580, siguiendo a autores modernos.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> despu\u00e9s de doce a\u00f1os de sacerdocio no hab\u00eda tomado contacto con la pastoral directa. Su primera experiencia pastoral tendr\u00e1 lugar en Clichy, un pueblo de unos 600 ha\u00adbitantes, a las afueras de Par\u00eds. La experiencia fue exultante. Se encontr\u00f3 por primera vez, des\u00adde sus a\u00f1os de infancia y adolescencia, con el pue\u00adblo sencillo, piadoso, lleno de fe. Se consider\u00f3 m\u00e1s feliz que el m\u00e1s alto dignatario de la di\u00f3cesis de Par\u00eds y que el mismo Papa (XI, 580). Vicente se en\u00adcontr\u00f3 a s\u00ed mismo como sacerdote y descubri\u00f3 el significado de su misi\u00f3n sacerdotal. En Clichy, Vicente gust\u00f3, sabore\u00f3, experiment\u00f3 su sacer\u00addocio. Por primera vez, se le revel\u00f3 el sentido au\u00adt\u00e9ntico de su sacerdocio. Se sinti\u00f3 feliz y plena\u00admente realizado, como sacerdote, entre la gente sencilla del campo.<\/p>\n<p>Estamos en 1617. Es el a\u00f1o en el que el Se\u00ad\u00f1or se le revel\u00f3 de manera clara. No se hizo a tra\u00adv\u00e9s de una visi\u00f3n fulgurante ni de una iluminaci\u00f3n s\u00fabita. Fue la lectura de los dos acontecimientos decisivos que le sucedieron en este corto espa\u00adcio de tiempo.<\/p>\n<p>La experiencia de Gannes-Folleville (XI, 94\u00ad96. 326-327. 389. 698-700; IX, 71-73; Abelly, 1, p. 32-34.) le hizo comprender a Vicente algo que le impacta definitivamente: multitud de almas se pierden por no hacer buenas confesiones y por no saber las verdades de fe necesarias para la sal\u00advaci\u00f3n. Es la ignorancia en la que est\u00e1 sumido el pobre pueblo del campo y el abandono al que le someten los sacerdotes y la jerarqu\u00eda de la Igle\u00adsia, lo que le ha impresionado de tal manera que decide consagrar toda su vida a ese pueblo sen\u00adcillo, pobre y abandonado. Gannes-Folleville \u00abfue una revelaci\u00f3n. Vicente sinti\u00f3 que aquella era su misi\u00f3n, aqu\u00e9lla era para \u00e9l la obra de Dios: llevar el Evangelio al pobre pueblo campesino\u00bb (J. M&#8217; Rom\u00e1n, <em>San Vicente de Pa\u00fal, 1 Biograf\u00eda, <\/em>BAC, Madrid 1981, p. 118). Una nueva conciencia de Iglesia ha nacido en San Vicente.<span id='easy-footnote-2-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-2-39259' title='Esta nueva conciencia de Iglesia ser\u00e1 confirmada en 1621 en el episodio de Marchais. Abelly o. c. I, c. 13 pp. 54- 57; SVP XI, 727-730.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, recordando aquel acontecimiento, dir\u00e1 a sus misioneros: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha para nosotros los misioneros poder demostrar que el Esp\u00edritu San\u00adto gu\u00eda a su Iglesia trabajando como trabajamos por la instrucci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los pobres\u00bb <\/em>(XI, 730). Es la Iglesia de los pobres que <em>\u00abson los preferidos de Dios\u00bb <\/em>(XI, 273), una Iglesia que tiene como primera obligaci\u00f3n, en tanto conti\u00adnuadora de la misi\u00f3n de Cristo, la atenci\u00f3n a los pobres. Pero tambi\u00e9n una Iglesia en la que mu\u00adchos de sus pastores eran ignorantes e incapa\u00adces de guiar al pueblo cristiano (XI, 95). Vicente descubri\u00f3 con toda certeza, desde ese momen\u00adto, cu\u00e1l era su vocaci\u00f3n: consagrar su vida y su persona a evangelizar a los pobres y a remediar la miseria de un clero indigno e ignorante. La Pro\u00advidencia le va llevando de la mano, paso a paso, hasta desvelarle su proyecto sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>La experiencia de Ch\u00e2tillon-les-Dombes (IX, 202-203; IX, 232-233; XII, 567-568; X, 574-588) le revela la caridad. \u00abDir\u00edase que es el cuerpo mis\u00admo de la caridad y de la Iglesia lo que Vicente descubre a partir de la experiencia de Ch\u00e2tillon\u00bb (Dodin, <em>o. c. <\/em>109). Ante la miseria, no cabe otra res\u00adpuesta que la caridad, pero una caridad bien or\u00adganizada. Hoy dir\u00edamos que la justicia como exigencia de la caridad. Pero los esquemas men\u00adtales de aquel siglo le imped\u00edan comprender el sig\u00adnificado profundo de la justicia, tal como hoy la comprendemos. Los pobres son los miembros do\u00adlientes y humillados de Cristo, son la encarnaci\u00f3n deshumanizada del Hijo de Dios. Desde ese mo\u00admento lo anima esta convicci\u00f3n: nadie puede de\u00adsinteresarse de la miseria. Su pasi\u00f3n es la cari\u00addad y se convertir\u00e1 en el santo de la caridad. \u00abEn toda la historia del cristianismo, San Vicente es ciertamente una de aquellas personas que mejor ha demostrado, poni\u00e9ndolo en pr\u00e1ctica, el prodi\u00adgioso dinamismo de la caridad evang\u00e9lica\u00bb (R. Coste, <em>L&#8217;Amour qui change le monde. Theologie de la Chant\u00e9, <\/em>1981, p.).<\/p>\n<p>Vicente, desde 1600, a\u00f1o de su ordenaci\u00f3n sa\u00adcerdotal, ha ido a la caza de un beneficio para dar holgura a su vida y a su familia, pero, a trav\u00e9s del torrente de acontecimientos que se han atravesa\u00addo en su camino, ha sido cazado por Dios. Vicen\u00adte se \u00abha desprendido de sus mezquinas ambicio\u00adnes de dignidades y prebendas bien retribuidas. Ha ensanchado hasta limites divinos el horizonte de sus aspiraciones\u00bb (J. Mg Rom\u00e1n, <em>o. c. <\/em>117). \u00abAl limita\u00addo horizonte del \u00abhonroso retiro\u00bb de aquellos pri\u00admeros d\u00edas, ha sucedido la visi\u00f3n de una realidad viva: la Iglesia\u00bb (Dodin, <em>o. c. <\/em>109) y la Caridad.<\/p>\n<p>Vicente ha encontrado su vocaci\u00f3n y el sen\u00adtido de su vida. Desde este momento, es una persona identificada. Dios se la ha revelado. Su fe ha llegado a su madurez. Ha comprendido que su persona, su existencia, todo lo que es y po\u00adsee ha de verlo y contemplarlo seg\u00fan Dios y no seg\u00fan las apariencias. Lo cual no significa otra co\u00adsa que: <em>\u00abentregarse a Dios para amar a nuestro Se\u00f1or y servirlo en la persona de los pobres cor\u00adporal y espiritualmente\u00bb <\/em>(IX, 53). Esta fe ha sido el motor de su larga y dilatada existencia.<\/p>\n<h2>5. Dimensi\u00f3n cognoscitiva de la fe<\/h2>\n<p>La fe tiene una dimensi\u00f3n intelectual y cog\u00adnoscitiva. En todo acto de fe, el creyente afirma el contenido de la revelaci\u00f3n como algo real y verdadero. La fe no es un sentimiento, ni una ac\u00ad titud afectiva, sino que exige el compromiso del entendimiento del hombre frente a la verdad re\u00advelada por Dios en Jesucristo. Esto quiere decir que la fe tiene un contenido y creer es aceptar como real ese contenido que no es otro que Dios ha hablado y se ha manifestado a trav\u00e9s de la per\u00adsona de Jesucristo.<\/p>\n<p>La Iglesia, ya desde sus primeros or\u00edgenes, ha\u00adce profesiones y confesiones de fe, como \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb(Rom 10, 9; 1Cor 12, 3), \u00abJes\u00fas es el Mes\u00edas\u00bb(1Jn 1, 22; 5, 1), \u00abJes\u00fas es el Hijo de Dios\u00bb(1Jn 4, 15). As\u00ed, creer es aceptar como real y verdadera la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y su valor sal\u00adv\u00edfico para el hombre (Rom 10, 9-10). Nadie puede participar en esa salvaci\u00f3n sin la convicci\u00f3n inter\u00adna de que ese hecho es verdadero y real. \u00abEl ca\u00adr\u00e1cter cognoscitivo de la fe es la expresi\u00f3n del ca\u00adr\u00e1cter real del misterio de Cristo\u00bb (Alfaro, <em>o. c., <\/em>108).<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n de Dios se expresa y se con\u00adceptualiza mediante signos, im\u00e1genes, s\u00edmbolos, conceptos, palabras, es decir, mediante afirma\u00adciones humanas. Es lo que llamamos proposicio\u00adnes doctrinales. Lo cual quiere decir que la fe in\u00adcluye un asentimiento intelectual a esas verdades.<\/p>\n<p>Siguiendo la teolog\u00eda cl\u00e1sica y sobre todo a Santo Tom\u00e1s, para san Vicente la fe tiene una di\u00admensi\u00f3n cognoscitiva. Es asentimiento a las ver\u00addades eternas que Dios ha revelado. Ante todo, esas verdades est\u00e1n contenidas en el Credo, en la profesi\u00f3n de fe. Adhesi\u00f3n y asentimiento a esas verdades es el primer pelda\u00f1o de la fe de Vicen\u00adte. En la tentaci\u00f3n contra la fe, nos cuenta Abelly, lo primero que hizo Vicente fue \u00abescribir la pro\u00adfesi\u00f3n de fe en un papel, que puso junto al cora\u00adz\u00f3n, como un remedio espec\u00edfico al mal que sen\u00adt\u00eda y haciendo un acto de desaprobaci\u00f3n general de todos los pensamientos contrarios a la fe, hi\u00adzo un pacto con Nuestro Se\u00f1or, que todas las ve\u00adces que pusiese su mano sobre el coraz\u00f3n y so\u00adbre el papel, como hac\u00eda frecuentemente, daba a entender, por esta acci\u00f3n y por este movimiento de su mano, que rechazaba la tentaci\u00f3n, aunque no pronunciase palabra alguna\u00bb <em>(o. c., <\/em>III, c. XI).<\/p>\n<p>Adherirse intelectualmente a las verdades del credo, a las verdades eternas es creer, porque la fe es asentimiento a un conjunto de verdades re\u00adveladas y propuestas por la Iglesia. San Vicente no hace m\u00e1s que seguir la doctrina tradicional de Santo Tom\u00e1s y sobre todo el Concilio de Trento. \u00c9ste \u00abexpresa con la palabra \u00abfe\u00bb(o \u00abcreer\u00bb) so\u00adlamente el asentimiento a las verdades revela\u00addas\u00bb (J. Alfaro, <em>Revelaci\u00f3n cristiana, fe y teolog\u00eda, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1985, 118; R. Auber, <em>Le probl\u00e9me de l&#8217;acte de fol, <\/em>Louvain 1958, 76ss). Es la dimensi\u00f3n cognoscitiva de la fe. La fe es co\u00adnocimiento del mensaje revelado de Dios a tra\u00adv\u00e9s de Jesucristo. Para Santo Tom\u00e1s, el asenti\u00admiento a las verdades reveladas es la misma esencia del acto de fe. Es un firme asentimiento de la inteligencia, pero impulsado a elfo por la vo\u00adluntad <em>(Summa Th., <\/em>q. 2, a. 1).<\/p>\n<p>Vicente, fiel a la teolog\u00eda de la \u00e9poca, estaba convencido que la salvaci\u00f3n no pod\u00eda obtenerse sin el conocimiento expl\u00edcito de los grandes mis\u00adterios de la religi\u00f3n cristiana: la Encarnaci\u00f3n y la Trinidad. Cita con frecuencia a Santo Tom\u00e1s y a San Agust\u00edn en este tema. Admite que otros au\u00adtores opinan de otra manera, pero, seg\u00fan \u00e9l, en caso de duda, se ha de seguir la opini\u00f3n m\u00e1s se\u00adgura (I, 181s; IX, 919; XI, 104. 267s. 387s). San Vi\u00adcente invocaba con frecuencia esta doctrina para impulsar a los misioneros y a las Hijas de la Caridad a la instrucci\u00f3n del pobre pueblo. Ha cons\u00adtatado, desde la experiencia de Gannes-Folleville, la falta de conocimientos y de instrucci\u00f3n del pue\u00adblo del campo. La raz\u00f3n de las misiones popula\u00adres, a las que \u00e9l se lanz\u00f3 por las tierras de Gond\u00ed y para lo que fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, no es otra que esta doble finalidad: instruir al po\u00adbre pueblo que se debate en la ignorancia m\u00e1s elemental y transformar su vida a trav\u00e9s de la con\u00adfesi\u00f3n general. Para ello, emplea la predicaci\u00f3n sencilla, clara, di\u00e1fana (el peque\u00f1o m\u00e9todo), al al\u00adcance del pueblo ignorante, y la catequesis. La fi\u00adnalidad de las peque\u00f1as escuelas, que dirig\u00edan las Hijas de la Caridad, no era otra que realizar la ca\u00adtequesis, es decir, ense\u00f1ar la verdades funda\u00admentales de la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<h2>6. La raz\u00f3n subordinada a las luces de la fe<\/h2>\n<p>La fe es una gracia y don divino. Seg\u00fan la doc\u00adtrina paulina, es el Esp\u00edritu Santo quien crea en el hombre un conjunto de disposiciones que ha\u00adcen posible el conocimiento del misterio de Cris\u00adto. San Juan lo dice con toda claridad afirmando: \u00abSabemos tambi\u00e9n que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos el Verdadero\u00bb(1Jn 5, 20). \u00danicamente puede co\u00adnocer a Cristo y confesarlo quien permanece en \u00e9l y vive en comuni\u00f3n con \u00e9l (1Jn, 2, 3-5; 3, 6-9). Por eso, la fe siempre ha sido reconocida como una especie de facultad sobrenatural de conocer, fruto de la acci\u00f3n de la gracia. La patr\u00edstica, so\u00adbre todo, a partir de San Agust\u00edn, ha definido esa acci\u00f3n de la gracia como una iluminaci\u00f3n interior. Santo Tom\u00e1s afirma con toda claridad que la fe es generada por un principio sobrenatural que es la gracia de Dios, que eleva las facultades del hombre y las capacita para el conocimiento de la fe.<span id='easy-footnote-3-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-3-39259' title='\u00abQuia cum horno, assentiendo his quae sunt fidei, elevetur supra naturam suam, oportet quod hoc insit el ex supernaturali principio interius movente, quod est Deus. Et ideo fides quantum ad assensum, qui est principalis ac\u00adtus fidei, est a Deo interius movente per gratia\u00bb. S. Th. II-II, q. VI, art. 1.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<p>\u00abPor la fe, el hombre conoce a Dios y sus mis\u00adterios a trav\u00e9s del conocimiento que Dios tiene de s\u00ed mismo\u00bb (Abro, <em>o. c., <\/em>114). Si el hombre no es elevado, mediante la luz de la fe (lumen fidei), el hombre no puede creer. En su misma esencia, la fe es, pues, una participaci\u00f3n sobrenatural y so\u00adbrecreatural de la vida divina, porque, creer a Dios, es transcender la propia raz\u00f3n para apoyar toda su vida y existencia en la palabra de Dios y en su presencia confiada.<\/p>\n<p>Para San Vicente, ver las cosas y las perso\u00adnas seg\u00fan Dios es colocarlas en la \u00fanica pers\u00adpectiva a trav\u00e9s de la cual se accede al verda\u00addero conocimiento, que no es otro que las luces de la fe.<\/p>\n<p>Las luces de la fe son para Vicente de Pa\u00fal la fuente del verdadero conocimiento de las cosas, de las personas, de la realidad. Todo otro cono\u00adcimiento fundado en la raz\u00f3n y en las apariencias de las cosas no ofrece tantas garant\u00edas. <em>\u00abLo que nos enga\u00f1a ordinariamente es la apariencia de bien seg\u00fan la raz\u00f3n humana, que nunca o raras veces se conforma con la divina\u00bb <\/em>(II, 398).<\/p>\n<p>La fe para Vicente es luz, iluminaci\u00f3n interior, una especie de facultad sobrenatural que pro\u00adporciona el verdadero conocimiento de las cosas, de las personas y de la realidad. En cambio, la ra\u00adz\u00f3n se queda en apariencias. S\u00f3lo las verdades que conocemos a trav\u00e9s de fe satisfacen el co\u00adraz\u00f3n y nos pueden guiar con seguridad por el ver\u00addadero camino de la salvaci\u00f3n (XI, 724).<\/p>\n<p>Vicente no rechaza los razonamientos y las razones convincentes y fuertes, porque nos pue\u00adden ser \u00fatiles, pero nunca pueden sustituir al co\u00adnocimiento que tiene su origen en la fe. En este sentido, la raz\u00f3n ha de estar plenamente subor\u00addinada a la fe (XI, 724). La fe nunca puede ser fru\u00adto de un razonamiento o una demostraci\u00f3n. Al con\u00adtrario, la raz\u00f3n y todos sus productos llegan a su plenitud cognoscitiva cuando se dejan iluminar por las luces de la fe. <em>\u00abSe necesita una luz so\u00adbrenatural de Dios para distinguir las verdaderas luces de las falsas\u00bb. <\/em>Pero esto, es un don y hay que ped\u00edrselo a Dios (XI, 626). La fe nunca es un razonamiento, ni es un conocimiento humano. <em>\u00abCuanto m\u00e1s se esfuerza uno en mirar al sol, me\u00adnos lo ve; lo mismo, cuanto m\u00e1s se esfuerza uno en razonar sobre las verdades de nuestra religi\u00f3n, menos las conoce por la fe\u00bb <\/em>(XI, 803; Abelly, <em>o. c., <\/em>I II, c. 2).<\/p>\n<p>La fe, por otra parte, origina una cierta sabi\u00addur\u00eda, una unci\u00f3n especial, una gracia y comuni\u00adcaci\u00f3n particulares, que nunca logran los razona\u00admientos y los motivos filos\u00f3ficos e intelectuales. \u00c9stos no motivan, no conmueven, ni impulsan a cambiar de conducta, pero s\u00ed lo hacen las predi\u00adcaciones que son fruto de una vivencia profunda de la fe y de la experiencia de Dios. Por eso, re\u00adcomienda Vicente que en el orden de la salvaci\u00f3n de las almas hemos de <em>\u00abseguir siempre y en to\u00addas las cosas las luces de la fe\u00bb <\/em>(XI, 724).<\/p>\n<p>En esta perspectiva, no tienen tanta validez ni los conocimientos teol\u00f3gicos ni los filos\u00f3ficos, si\u00adno la relaci\u00f3n \u00edntima con Cristo que es el n\u00facleo esencial de la fe. \u00abNi la filosof\u00eda, ni la teolog\u00eda, ni los discursos logran nada en las almas; es preci\u00adso que Jesucristo trabaje en nosotros, o nosotros en \u00e9l; que obremos en \u00e9l y \u00e9l en nosotros; que hablemos con \u00e9l y con su esp\u00edritu, lo mismo que \u00e9l estaba con su Padre y predicaba la doctrina que le hab\u00eda ense\u00f1ado (Jn 7, 16): tal es el len\u00adguaje de la Escritura\u00bb (XI, 236).<\/p>\n<p>Para comprender estas afirmaciones de Vi\u00adcente, habr\u00e1 que acudir a su antropolog\u00eda, a su visi\u00f3n del hombre. La realidad verdadera del hom\u00adbre s\u00f3lo se puede descubrir en su vocaci\u00f3n divi\u00adna, en su relaci\u00f3n con Dios, en su religaci\u00f3n con la divinidad. Solamente su dimensi\u00f3n trascen\u00addente puede revelarnos su significado profundo. La plenitud y la realizaci\u00f3n completa del hombre est\u00e1 en llevar a cabo y a su m\u00e1s alta perfecci\u00f3n su comunicaci\u00f3n con Dios. Pero es Cristo a tra\u00adv\u00e9s de su Encarnaci\u00f3n y Redenci\u00f3n el que ha ele\u00advado a su m\u00e1xima dignidad la persona humana. La salvaci\u00f3n del hombre tiene su origen en la ad\u00adhesi\u00f3n total y personal a Cristo. Por eso, detr\u00e1s de las apariencias de cada hombre habr\u00e1 que des\u00adcubrir, por medio de las \u00abluces de la fe\u00bb, con\u00adtempl\u00e1ndolo \u00abcon ojos cristianos\u00bb, el rico tesoro que cada hombre encierra. As\u00ed, \u00fanicamente, la perspectiva divina le pod\u00eda impulsar al servicio al pobre que \u00e9l tan bien conoc\u00eda. <em>\u00ab\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 hermoso ser\u00eda ver a los pobres, consider\u00e1ndolos en Dios y en el aprecio en que los tuvo Jesu\u00adcristo!\u00bb <\/em>(XI, 725).<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, en Vicente encontra\u00admos una visi\u00f3n realista y un tanto desconfiada de la propia naturaleza humana. Ten\u00eda su origen en la experiencia personal y en el conocimiento de los hombres. Sab\u00eda muy bien que el hombre es imperfecto y limitado y que, a trav\u00e9s de sus pro\u00adpias fuerzas, los \u00e9xitos que podr\u00eda alcanzar, en la tarea salvadora y evangelizadora, son m\u00ednimos. As\u00ed, \u00ab<em>considera normal el hecho que no haya nin\u00adg\u00fan hombre que no tenga defectos<\/em>\u00bb (VIII, 135). La naturaleza humana es contradictoria y cambian\u00adte (XI, 310) en sus opiniones, en sus estados de \u00e1nimo, \u00ab<em>porque decimos una cosa por la ma\u00f1a\u00adna y por la tarde ya no opinamos del mismo mo\u00addo<\/em>\u00bb (IX, 810). \u00ab<em>El esp\u00edritu del hombre no est\u00e1 nun\u00adca en la misma situaci\u00f3n<\/em>\u00bb (VII, 499). El origen de todo esto est\u00e1 en el ego\u00edsmo connatural a la per\u00adsona humana y en el pecado. Si nos contempla\u00admos, desde una actitud humilde, veremos en no\u00adsotros una \u00abinclinaci\u00f3n natural y continua al mal\u00bb y \u00abuna impotencia para el bien\u00bb y constatamos \u00ab<em>una oposici\u00f3n que llevamos dentro de nosotros mismos contra el ser y la santidad de Dios<\/em>\u00bb (XI, 492). De este modo, no es extra\u00f1o que afir\u00adme que \u00ab<em>los movimientos de la naturaleza re\u00adbelde jam\u00e1s est\u00e1n de acuerdo con el esp\u00edritu de Jesucristo\u00bb <\/em>(VIII, 29). Es la lucha entre la carne y el esp\u00edritu, entre el hombre nuevo y el hombre vie\u00adjo IX, 713) de resonancias paulinas.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, encontramos en San Vicente una cierta desconfianza con relaci\u00f3n a la ciencia, no tanto la profana, sino m\u00e1s bien la teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>San Vicente quer\u00eda que sus misioneros estu\u00adviesen bien formados, que fuesen sabios, que estuviesen bien equipados intelectualmente por raz\u00f3n de las funciones que deb\u00edan ejercer, tanto en los seminarios y en los ejercicios a orde\u00adnandos, como en las misiones. Pero esa cien\u00adcia ten\u00eda que estar acompa\u00f1ada de la humildad. \u00ab<em>Los que son sabios y humildes forman el teso\u00adro de la compa\u00f1\u00eda, lo mismo que los buenos y pia\u00addosos doctores son el mejor tesoro de la Iglesia<\/em>\u00bb (XI, 50). El pensamiento de Vicente es muy equi\u00adlibrado, porque reconoce que la ciencia es nece\u00adsaria, pero ante ella hemos de tomar nuestras pre\u00adcauciones, porque ha encontrado esp\u00edritus muy brillantes que, guiados por la seguridad que les proporciona su saber y su ciencia, creen que son los \u00fanicos que comprenden el mensaje de la revelaci\u00f3n.<span id='easy-footnote-4-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-4-39259' title='Tal es el caso del Abad de Saint-Cyran.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> \u00ab<em>Se necesita la ciencia, hermanos m\u00edos, \u00a1ay, ay de los que no emplean bien el tiem\u00adpo! Pero tengamos miedo, hermanos m\u00edos, ten\u00adgamos miedo y hasta temblemos y temblemos mil veces m\u00e1s de lo que podr\u00eda deciros; porque los que tienen talento tienen mucho que temer: Scientia inflat (1Cor. 8, 1); y los que no lo tienen, todav\u00eda peor, si no se humillan<\/em>\u00bb (XI, 51). Vicente de Pa\u00fal se siente feliz porque su compa\u00f1\u00eda est\u00e1 formada por gentes de humilde condici\u00f3n y de po\u00adca ciencia, pero, sin embargo, insiste: \u00ab<em>Os dec\u00eda \u00faltimamente que necesitabais ciencia; os lo re\u00adpito una vez m\u00e1s. Por amor de Dios, emplead bien el tiempo, pero no descuid\u00e9is la virtud<\/em>\u00bb (XII, 54).<\/p>\n<p>Por otra parte, para realizar el trabajo de la salvaci\u00f3n de las almas y de la evangelizaci\u00f3n, la ciencia, aunque es necesaria, no es el instru\u00admento m\u00e1s importante. \u00ab<em>Los m\u00e1s sabios no son de ordinario los que dan m\u00e1s fruto<\/em>\u00bb (IV, 123). Por eso, recomienda la ciencia y el estudio, pero siempre con moderaci\u00f3n. As\u00ed, para San Vicente lo importante para los misioneros es que sean s\u00f3\u00adlidos desde el punto de vista de los conocimien\u00adtos filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos, pero prefiere una cier\u00adta median\u00eda que no es lo mismo que mediocridad. Y es que Vicente ve el orgullo vinculado a la cien\u00adcia y, entonces, muy poco servicio puede pres\u00adtar al evangelio. \u00ab<em>Basta con la median\u00eda y lo que se quiere tener por encima de ella es m\u00e1s de te\u00admer que de desear por parte de los obreros del evangelio, ya que resulta peligrosa: hincha, incli\u00adna a aparentar, a presumir y finalmente a evitar las tareas humildes, sencillas y familiares, que son, sin embargo, las m\u00e1s \u00fatiles<\/em>\u00bb (VIII, 33).<\/p>\n<p>Pero hay un segundo peligro en la ciencia: la curiosidad. Es una tentaci\u00f3n que acecha cons\u00adtantemente, aparece con frecuencia y es peli\u00adgrosa. Confiesa que \u00e9l mismo ha sido v\u00edctima de ella. Al final de su vida, dir\u00e1 que <em>\u00abla curiosidad es la peste de la vida espiritual\u00bb <\/em>(XI, 722).<\/p>\n<p>La fe de Vicente de Pa\u00fal no se fundamenta sobre razonamientos, sobre discursos humanos, sobre saberes racionales, aunque no los rechaza; la fe de Vicente se apoya en la palabra de Jesu\u00adcristo. \u00abPara \u00e9l, el Evangelio es una fuente a la que vuelve indefectiblemente para all\u00ed descubrir los pasos humanos al mismo tiempo que divinos con los que el Hijo del Hombre se pone a buscar hombres para salvarlos\u00bb (J. Delarue, <em>Vicente de Pa\u00fal. La fe que dio sentido a su vida, <\/em>CEME, Sala\u00admanca 1977, 21)<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, recomienda encarecidamente que el estudio, que ha de ser serio y profundo, debe estar acompa\u00f1ado de la moderaci\u00f3n, para que se centre en lo que es necesario a nuestra condici\u00f3n; de la humildad, porque es muy dif\u00edcil encontrar una persona que a la vez sea sabia y humilde que es el ideal del misionero; del amor, porque \u00fanicamente el amor es fuente de salva\u00adci\u00f3n (XI, 50s)<\/p>\n<h2>7. La dimensi\u00f3n fiducial de la fe<\/h2>\n<p>Dios se revela en Cristo y as\u00ed la revelaci\u00f3n de Dios es autorrevelaci\u00f3n en Cristo. A esta reve\u00adlaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de Cristo, la fe responde con la dimensi\u00f3n cognitiva confesional de la fe. \u00c9sta es \u00abcredere Deum\u00bb, y \u00abcredere Christum\u00bb Es lo que llamamos \u00abfides quae\u00bb o el contenido de la fe: que Dios revela, las verdades reveladas y la principal revelaci\u00f3n que es Cristo, su Hijo Unig\u00e9nito.<\/p>\n<p>Pero hay otra dimensi\u00f3n tan importante como la primera que \u00abcredere Deo\u00bb, \u00abcredere Chris\u00adto\u00bb, es decir, creerle a \u00e9l, es lo que llamamos \u00abfides qua\u00bb, que no es otra cosa que la opci\u00f3n libre de hombre en la fe, la opci\u00f3n de creer, en la que el hombre se entrega, se conf\u00eda y se abandona a Dios y a Jesucristo. La fe, en este sentido, es con\u00adfianza, entrega y abandono en Dios a trav\u00e9s de Jesucristo, es la entrega confiada a la palabra sal\u00adv\u00edfica de Dios.<\/p>\n<p>En la teolog\u00eda escol\u00e1stica, como en Santo To\u00adm\u00e1s y en el Concilio de Trento, la dimensi\u00f3n fi\u00adducial propia de la concepci\u00f3n paulina de la justi\u00adficaci\u00f3n, no es un elemento de la fe, sino m\u00e1s bien de la esperanza. San Vicente, buen conocedor de la doctrina cl\u00e1sica, tiene reminiscencias de este tipo cuando afirma a las Hijas de la Caridad: <em>\u00abCon\u00adfianza y esperanza son casi la misma cosa\u00bb <\/em>(IX, 1050).<\/p>\n<p>\u00abLa ex\u00e9gesis y la teolog\u00eda modernas han re\u00adcuperado el concepto b\u00edblico de la fe, que la cons\u00adtituci\u00f3n Dei Verbum (n. 5) del Vaticano II ha sellado con su autoridad: la fe es una unidad in\u00addivisible de conocimiento y de opci\u00f3n, como ac\u00adto total en que el hombre se entrega a Dios, que en Cristo ha cumplido y revelado definitivamen\u00adte su amor salv\u00edfico\u00bb.<span id='easy-footnote-5-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-5-39259' title='Alfaro, &lt;em&gt;o. c., &lt;\/em&gt;119. Puede verse la consideraci\u00f3n filo\u00ads\u00f3fica de Xavier Zubiri del acto de fe como entrega en &lt;em&gt;El Hombre y Dios, &lt;\/em&gt;Madrid, 1984, c. 4.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Esto quiere decir que la dimensi\u00f3n fiducial, la entrega confiada a la revelaci\u00f3n salv\u00edfica de Dios, la confianza total en Dios, el abandono a su pa\u00adlabra revelada es un elemento esencial de lo que entendemos por fe. \u00abCuando Dios revela, el hom\u00adbre tiene que someterse con la fe. Por la fe, el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios re\u00advela\u00bb <em>(Dei Verbum, <\/em>n. 5).<\/p>\n<p>La confianza es la dimensi\u00f3n por excelencia de la existencia cristiana porque es el reconoci\u00admiento de que es criatura de Dios y, por lo tan\u00adto, que la existencia humana tiene su fundamento en Dios Creador que, a trav\u00e9s de un acto de amor, le ha comunicado su bondad y el ser. Al recono\u00adcer que es criatura, est\u00e1 manifestando que es un ser religado y, en consecuencia, que su existen\u00adcia y su vida es un don recibido de la bondad in\u00adfinita de Dios. Su punto de apoyo fundamental no es otro que Dios mismo. El hombre ha recibido de Dios no s\u00f3lo el ser, sino tambi\u00e9n la continui\u00addad en la existencia. Por eso, la respuesta del hombre no puede ser otra que la entrega confia\u00adda en las manos de Dios. La constante de la fe b\u00edblica es \u00abapoyarse en Dios\u00bb como \u00fanica manera de realizar la existencia propia.<\/p>\n<p>Pero el sentido del hombre cobra nueva rea\u00adlidad a trav\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. Dios env\u00eda a su Hijo a la humanidad para salvarla y redimirla. La mayor manifestaci\u00f3n del amor de Dios es haber enviado a su Hijo. La salvaci\u00f3n del hombre es un acto de pura gratuidad por parte de Dios. El hombre nunca podr\u00e1 adquirir esa salva\u00adci\u00f3n por s\u00ed mismo, le es inmerecida. \u00abSin m\u00ed na\u00adda pod\u00e9is hacer\u00bb. Al hombre, no le queda otra res\u00adpuesta que el abandono confiado en las manos de Dios. La confianza o el abandono confiado es la actitud m\u00e1s natural del creyente, del hombre de fe. \u00abEl cristiano no dispone de ninguna segu\u00adridad humana, ni siquiera de la certeza refleja de la autenticidad de su respuesta personal a la gra\u00adcia de Dios: su confianza no tiene otro funda\u00admento que la gracia de Dios cumplida y revelada en Cristo\u00bb (Alfaro, <em>o. c., <\/em>117).<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, la fe es una deci\u00adsi\u00f3n que lleva consigo la audacia de la confianza y del abandono en la palabra de Dios, lo cual im\u00adplica que el hombre se desprende de su propia autosuficiencia y de toda seguridad mundana es\u00adperando la salvaci\u00f3n \u00fanicamente de Dios, como don y gracia.<\/p>\n<p>La confianza es un elemento constitutivo y esencial de la fe, pero tambi\u00e9n de la esperanza y de la caridad. Incluso se puede afirmar que es el lazo de uni\u00f3n vital entre las tres virtudes teolo\u00adgales. O dicho de otro modo, la fe, la esperanza y la caridad no son otra cosa que confiarse, dar\u00adse, abandonarse a la gracia que Dios nos comu\u00adnica a trav\u00e9s de la persona de Jes\u00fas. Por la fe, ponemos nuestra confianza en Dios que se revela en Cristo; por la esperanza, confiamos en la sal\u00advaci\u00f3n definitiva que nos vendr\u00e1 por obra de Je\u00adsucristo; por la caridad, nos abandonamos a la comuni\u00f3n con el Dios-Amor que tiene su plena realizaci\u00f3n en el servicio a los pobres.<\/p>\n<p>En San Vicente, encontramos esta dimensi\u00f3n fiducial como uno de los aspectos m\u00e1s impor\u00adtantes de su fe, una de las modalidades esenciales de su ser cristiano y creyente. Desde este pun\u00adto de vista, ver las cosas tal como son en Dios y seg\u00fan Dios no es otra cosa que aceptar la abso\u00adluta dependencia del Dios Creador y sentirse en\u00admarcado en la relaci\u00f3n Padre-hijo. Ante la pater\u00adnidad divina s\u00f3lo cabe la respuesta de la actitud confiada y amorosa.<\/p>\n<p>El hombre tiende a buscar su seguridad en sus propias fuerzas, a apoyarse en s\u00ed mismo, a ser el autor de su propia realizaci\u00f3n y de sus tareas. Pe\u00adro esto no es ver las cosas en Dios y seg\u00fan Dios porque \u00abDios har\u00e1 por s\u00ed mismo lo que pretende de nosotros\u00bb. Por lo tanto, \u00abla desconfianza en las propias fuerzas tiene que ser el fundamento de la confianza que hay que tener en Dios\u00bb (III, 124). Si nos mantenemos \u00aben la total depen\u00addencia de Dios\u00bb todo, aun los asuntos m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles, se trocar\u00e1 en bien (IV, 370), porque \u00abtodo lo que Dios hace est\u00e1 bien hecho\u00bb (VIII, 298).<\/p>\n<p>En los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de la vida, en la situaciones m\u00e1s engorrosas, cuando nos sen\u00adtimos acorralados, Dios nos robustece y \u00abnos da una fe, una claridad, una evidencia de fe tan gran\u00addes que se desprecia todo; no se asusta uno en\u00adtonces ni ante la muerte\u00bb (XI, 84s).<\/p>\n<p>El fundamento de la confianza en Dios es siempre su fidelidad. Dios es fiel a sus promesas, a su gracia, a sus proyectos, Dios nunca falla ni enga\u00f1a. Por eso, la gran riqueza y la seguridad del cristiano es la fe como confianza. \u00abFiaos de \u00e9l, her\u00admanas m\u00edas. \u00bfQui\u00e9n ha o\u00eddo decir jam\u00e1s que los que se han fiado de las promesas de Dios se han visto enga\u00f1ados? Esto no se ha visto nunca, ni se ver\u00e1 jam\u00e1s. Hijas m\u00edas, Dios es fiel en sus pro\u00admesas, y es muy bueno confiar en \u00e9l, y esa con\u00adfianza es toda la riqueza de las Hijas de la Cari\u00addad, y su seguridad. \u00a1Qu\u00e9 felices ser\u00e9is, Hijas m\u00edas, si no os falta nunca esta confianza!\u00bb (IX, 100).<\/p>\n<p>Dios es amor e infinita bondad, ama entra\u00f1a\u00adblemente a sus criaturas y, por eso, \u00abcuida de to\u00addos los que le sirven, lo mismo que un esposo se cuida de su esposa y un padre mira por su hi\u00adjo\u00bb (IX, 1050). Del mismo modo, como una espo\u00adsa conf\u00eda en su esposo y un hijo en su padre, as\u00ed ha de ser nuestra confianza en Dios. Porque \u00absa\u00adbemos que \u00e9l es bueno, que nos ama con mu\u00adcho cari\u00f1o, que desea nuestra perfecci\u00f3n y nues\u00adtra salvaci\u00f3n\u00bb (IX, 1050). El sabe en donde se encuentra nuestro bien, conoce lo que nos con\u00adviene, todo lo que somos y tenemos es puro don de Dios, es gracia y, por el contrario, nosotros nos resistimos a desentra\u00f1ar el lado bueno de la en\u00adfermedad, de la cruz, de la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La confianza en que consiste la fe se apoya en Jesucristo cuya doctrina nunca puede fallar. \u00abHay que poner como fundamento de todo, que la doctrina de Jesucristo hace lo que dice, mien\u00adtras que la del mundo no da nunca lo que promete; que los que hacen lo que Jesucristo ense\u00f1a, cons\u00adtruyen sobre roca, y que ni la inundaci\u00f3n de las aguas ni el \u00edmpetu de los vientos podr\u00e1n derribarlo (Mt 7, 25); y quienes no hacen lo que \u00e9l ordena se parecen a quien construye su casa sobre la are\u00adna movediza, que se cae ante el primer hurac\u00e1n. Por tanto, quien dice doctrina de Jesucristo, di\u00adce roca inquebrantable, dice verdades eternas que son seguidas infaliblemente de sus efectos, de modo que el cielo se derrumbar\u00eda antes de que fallase la doctrina de Jesucristo\u00bb (XI, 117). \u00c9sta es una convicci\u00f3n profundamente arraigada en la persona de San Vicente, es como una segunda naturaleza. La certeza de la palabra de Dios, de la palabra de Jesucristo es incuestionable, de tal forma que afirma ante las Hijas de la Caridad, re\u00adfiri\u00e9ndose al texto de Mt, 18, 20: \u00abHermanas m\u00edas, yo lo creo tan firmemente, como si lo vie\u00adse aqu\u00ed, en medio de nosotros, aunque muy in\u00addignos, s\u00ed, hijas m\u00edas, lo creo tanto como creo que est\u00e1is aqu\u00ed vosotras\u00bb (IX, 1 31 ).<\/p>\n<p>Una forma de confianza es la valent\u00eda, la au\u00addacia y la libertad, es la parres\u00eda del Nuevo Tes\u00adtamento, tal como aparece en el comportamien\u00adto de Jes\u00fas, para decir y hacer sin ambig\u00fcedades, sin titubeos, y con toda claridad, lo que sea ne\u00adcesario para anunciar el evangelio. En este sen\u00adtido, la confianza en Dios genera coraje y fuerza para emprender las obras de la caridad, para el ser\u00advicio de los pobres, porque \u00abtodo lo puedo en aquel que me conforta\u00bb (Filp 4, 13). As\u00ed, dice San Vicente que la confianza en Dios es <em>\u00abla fuerza de los d\u00e9biles y el ojo de los ciegos\u00bb <\/em>(III, 139). Nos elimina el miedo ante el futuro y nos hace capaces de asumir el riesgo y la aventura de re\u00adalizar los proyectos de Dios.<\/p>\n<p>La confianza hace que rompamos las atadu\u00adras al sistema, nos hace personas completamente libres y disponibles, porque no nos fundamos en nuestras seguridades, sino que nos apoyamos \u00fanicamente en \u00c9l. La fe es entrega y confianza en la palabra de Dios, seguridad en Dios, obe\u00addiencia a sus designios, pase lo que pase, venga lo que venga (J. M&#8217; Castillo, <em>Teolog\u00eda para las co\u00admunidades, <\/em>Madrid 1990, 23). Nos hace m\u00e1s fuer\u00adtes y nos proporciona la fortaleza para llevar a ca\u00adbo tareas que aparentemente nos resultan des\u00adproporcionadas, porque <em>\u00abtres hacen m\u00e1s que diez cuando Nuestro Se\u00f1or echa una mano\u00bb <\/em>(IV, 117).<\/p>\n<p><em>\u00abDej\u00e9mosle hacer a \u00c9l\u00bb <\/em>(IV, 273). El hombre no puede suplantar la acci\u00f3n de Dios, no puede realizar la obra que s\u00f3lo a Dios pertenece; ser\u00eda presunci\u00f3n y orgullo por nuestra parte. Nuestra tarea consiste en ponernos a su servicio, ser sus servidores, siendo los servidores de los pobres, y \u00c9l har\u00e1 el resto. <em>\u00abSi atendemos a sus negocios El har\u00e1 los nuestros\u00bb <\/em>(IX, 436). Lo importante es que no nos busquemos a nosotros mismos, no estemos centrados en nosotros, sino que sea\u00admos capaces de descentramos para buscar \u00fani\u00adcamente el Reino de Dios y el servicio de los po\u00adbres; de lo dem\u00e1s, se encarga Aquel en el que nos abandonamos. \u00bfQui\u00e9n es el protagonista de la misi\u00f3n? Tenemos la certeza de que no somos nosotros, sino que es Jesucristo y su Esp\u00edritu: <em>\u00abDejemos obrar a Nuestro Se\u00f1or; es obra suya; y como \u00e9l quiso comenzarla, estemos seguros de que la acabar\u00e1 (Filp 1, 6), en la forma que le sea m\u00e1s agradable\u00bb\u2026. Tenga \u00e1nimos; conf\u00ede en Nues\u00adtro Se\u00f1or, que ser\u00e1 nuestro primero y nuestro segundo en la empresa comenzada, a cuya pro\u00adpia tarea nos ha llamado\u00bb <\/em>(XI, 804).<\/p>\n<p>Un edificio s\u00f3lido tiene que apoyarse sobre ro\u00adca, ha de tener un fundamento a prueba de vien\u00adtos y tempestades y esa base \u00fanicamente pue\u00adde ser la confianza en Dios, que es la verdadera y \u00fanica seguridad en la que el creyente puede apo\u00adyarse. <em>\u00abManteng\u00e1monos en total dependencia de Dios y en la confianza de que, al obrar as\u00ed, to\u00addo lo que los hombres digan o hagan en contra nuestra se trocar\u00e1 en bien. Aunque toda la tierra se levantara para destruirnos, no suceder\u00e1 nada m\u00e1s que lo que Dios quiera, ya que en El hemos puesto nuestra confianza\u00bb <\/em>(IV, 370). Es la supre\u00adma pobreza, la humildad aut\u00e9ntica y la m\u00e1xima ex\u00adpresi\u00f3n de la libertad.<\/p>\n<h2>8. Dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica de la fe<\/h2>\n<p>La cuesti\u00f3n decisiva en la teolog\u00eda de la fe es su car\u00e1cter cristoc\u00e9ntrico. La opci\u00f3n y el asenti\u00admiento de la fe cristiana tienen como fundamento la persona de Jes\u00fas. Es esencialmente adhesi\u00f3n incondicional a la persona de Jes\u00fas y confesi\u00f3n de que es el Hijo de Dios: \u00abcreer\u00bb que Jes\u00fas es el Hijo de Dios (fides quae) y \u00abcreerle a \u00e9l\u00bb co\u00admo Hijo de Dios (fides qua) son dos aspectos que se complementan entre s\u00ed. Fundar la fe en Jes\u00fas, como el revelador de Dios, es reconocerlo como el Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Para San Vicente, ver las cosas y las perso\u00adnas seg\u00fan Dios, es verlas y contemplarlas desde la perspectiva de Cristo. Dice Dodin: \u00abCristo es la clave, la clave luminosa y trasformadora que per\u00admite ver y comprender de otro modo la realidad visible\u00bb (Dodin, <em>Espiritualidad de san Vicente de pa\u00fal, <\/em>en <em>Vicente de Pa\u00fal y la evangelizaci\u00f3n rural, <\/em>o. c. 114). La fe de San Vicente es esencialmen\u00adte radical adhesi\u00f3n a Cristo Evangelizador de los pobres. Desde 1617, San Vicente ve en Jesu\u00adcristo, primariamente y sobre todo, al enviado del Padre, al misionero enviado a los pobres, tal co\u00admo aparece en el Evangelio de San Lucas (4, 18). \u00abY <em>si se le pregunta a nuestro Se\u00f1or: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que has venido a hacer a la tierra\u00bb &#8211; \u00abA asistir a los pobres\u00bb &#8211; \u00ab\u00bfA algo m\u00e1s?\u00bb &#8211; \u00abA asistir a los pobres\u00bb . En su compa\u00f1\u00eda, no ten\u00eda m\u00e1s que a po\u00adbres y se deten\u00eda poco en las ciudades conver\u00adsando casi siempre con los aldeanos, e instru\u00ady\u00e9ndolos\u00bb (XI, 34). <\/em><\/p>\n<p>La fe de San Vicente es, por encima de todo, encuentro con Cristo. Descubre a Jesucristo co\u00admo raz\u00f3n \u00fanica de su vida. <em>\u00abAcu\u00e9rdese, padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte de Je\u00adsucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesu\u00adcristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo\u00bb <\/em>(1, 320). Encontramos en este texto unas profundas resonancias pauli\u00adnas: la muerte y la vida del cristiano a trav\u00e9s del bautismo. Esto quiere decir que la muerte y la vi\u00adda del creyente cobran sentido \u00fanicamente por la vida y la muerte de Jesucristo. Nuestra vida, como existencia cristiana, ha de ser una vida en comuni\u00f3n con la persona de Jes\u00fas. Ahora bien, esa comuni\u00f3n con Jesucristo tiene sentido y va\u00adlor porque \u00c9l ha muerto y ha resucitado por no\u00adsotros. La muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas ha posibilitado la relaci\u00f3n \u00edntima con \u00c9l, es decir, la nueva vida, la vida de gracia, la nueva creaci\u00f3n. Por otra parte, esa vida de comuni\u00f3n con \u00c9l no es otra cosa que un esfuerzo por desnudarnos de nosotros mismos, del hombre viejo, de nuestro egocentrismo, de la existencia pecadora, para revestirnos del esp\u00edritu de Jes\u00fas, incorporando a nuestra propia existencia las actitudes, los ges\u00adtos, las acciones, los criterios y los valores del Rei\u00adno, en un intento de realizar, en nuestra propia vi\u00adda, la misma vida de Jes\u00fas. Solamente as\u00ed, nues\u00adtra muerte ser\u00e1 una muerte con esperanza, una muerte en Jesucristo, una muerte tr\u00e1nsito a la ple\u00adnitud de la vida que nos ha generado el propio Je\u00adsucristo. Para San Vicente, la persona de Jes\u00fas es el eje \u00fanico en torno al cual gira su vida, su exis\u00adtencia y toda su persona.<\/p>\n<p>\u00abEl encuentro con Cristo ha sido el punto de\u00adcisivo en la vida de San Vicente, tanto en lo que se refiere a la orientaci\u00f3n como a la unificaci\u00f3n de su vida espiritual\u00bb (J. Mg L\u00f3pez Maside, <em>Uni\u00f3n con Dios y servicio a los pobres. <\/em>Roma 1984 [te\u00adsis doctoral, manuscrito], 129). Vicente de Pa\u00fal va descubriendo paso a paso, en fases sucesivas, los diversos rostros de Cristo.<\/p>\n<h3>8.1. Encuentro con el Cristo humillado<\/h3>\n<p>En los primeros a\u00f1os de su sacerdocio, Vi\u00adcente fracas\u00f3 en todos su proyectos humanos, proyectos que no ten\u00edan otra meta que la b\u00fas\u00adqueda de una posici\u00f3n social o lo que \u00e9l llam\u00f3 un \u00abhonroso retiro\u00bb. Le sali\u00f3 al paso la acusaci\u00f3n de robo en donde descubri\u00f3 en su propia carne la situaci\u00f3n del pobre, del marginado y deshereda\u00addo, pero, de una manera meridiana, se le revel\u00f3 Cristo humillado, escarnecido, v\u00edctima de la in\u00adjusticia. Este aspecto de la vida de Cristo es esen\u00adcial en la espiritualidad vicenciana. A ella, acude con frecuencia y se la inculca a los misioneros. Considera que en la Iglesia de Dios hay diversos estados. Las diferentes congregaciones con\u00adtemplan a Cristo de diversas formas, seg\u00fan la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, y as\u00ed tratan de seguirlo e imitarlo. <em>\u00abPues bien, su bondad y su misericor\u00addia infinita no ha querido darnos a nosotros m\u00e1s atractivos y m\u00e1s consideraciones que su vida de sufrimiento, de calumnias y de desprecios. He\u00admos de aceptarlo as\u00ed e imitarlo en su bajeza, en sus oprobios, en los ultrajes y persecuciones, de la misma manera que \u00c9l los sufri\u00f3, esto es, con paciencia y silencio <\/em>(Mt 26, 63), <em>e incluso con ale\u00adgr\u00eda y entusiasmo <\/em>(Lc 12, 50)\u00bb (Xl, 572). La con\u00addici\u00f3n del misionero no es otra que <em>\u00abseguir a Je\u00adsucristo despreciado, abofeteado y perseguido\u00bb <\/em>(XI, 572). Es el encuentro con Cristo en su con\u00addici\u00f3n de anonadamiento, de \u00abk\u00e9nosis\u00bb, como nos lo presenta San Pablo en la carta a los Fili\u00adpenses (2, 8).<\/p>\n<h3>8.2. Encuentro con Cristo, servidor de los pobres<\/h3>\n<p>La prueba de la tentaci\u00f3n contra la fe, lo con\u00adduce a una purificaci\u00f3n y a un desprendimiento totales, apoy\u00e1ndose en el servicio de los pobres. Como afirma su primer bi\u00f3grafo Abbelly, trat\u00f3 de vencer esa prueba recurriendo al servicio de los pobres, \u00abvisitando y consolando a los pobres en\u00adfermos del Hospital de la Caridad,\u2026 ya que Je\u00adsucristo ha dicho que consideraba hecho a su persona el servicio que se hac\u00eda al menor de los suyos\u00bb. Y su esp\u00edritu qued\u00f3 totalmente ilumina\u00addo y trasformado en el momento en que tom\u00f3 la decisi\u00f3n de \u00abentregarse de por vida, por amor, al servicio de los pobres\u00bb (Abelly, <em>o. c., <\/em>III, c. 11), a imitaci\u00f3n de Jesucristo. Es el encuentro con Cris\u00adto, servidor de los pobres, o incluso, como al\u00adguien ha afirmado (J. B. Rouanet, <em>Sacerdote ins\u00adtrumento de Jesucristo, <\/em>en <em>Anales <\/em>86 (1978) 315; L\u00f3pez Maside, <em>o. c., <\/em>134) encuentro como Cristo Salvador, que se compadece de los pobres, de los desheredados de la tierra.<\/p>\n<h3>8.3. Encuentro con Cristo evangelizador de los po\u00adbres<\/h3>\n<p>La experiencia pastoral del a\u00f1o 1617, Gan\u00adnes-Folleville, tan decisiva en la vida de Vicente, ser\u00e1 un acontecimiento revelador de la miseria es\u00adpiritual del pueblo sencillo del campo. Comprue\u00adba la ignorancia del pueblo campesino, sobre to\u00addo, en las verdades necesarias para la salvaci\u00f3n y verifica, por otra parte, la deficiente formaci\u00f3n de los sacerdotes que estaban al frente de ese pueblo. Esa experiencia est\u00e1 unida a la meditaci\u00f3n del texto evang\u00e9lico de Lucas, 4, 18: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ungi\u00f3 para evangelizar a los pobres\u00bb. Esta vivencia hizo com\u00adprender a Vicente que la evangelizaci\u00f3n de los po\u00adbres era una necesidad apremiante, era una exi\u00adgencia que estaba incluida en la misma esencia de la fe y de la vida cristiana. Vicente compren\u00addi\u00f3 que su vocaci\u00f3n era seguir a Cristo evangeli\u00adzador de los pobres. \u00abLa misi\u00f3n de Jesucristo de anunciar la buena nueva a los pobres se inscribe en lo m\u00e1s profundo de la conciencia de Vicente. Orienta sus opciones, su moral, su actividad. Por eso, este Cristo pobre, dirigi\u00e9ndose preferente\u00admente a los pobres y declar\u00e1ndose su evangeli\u00adzador, polariza la conciencia vicenciana\u00bb (J. MI Ib\u00e1\u00f1ez, <em>La sociedad rural en la vocaci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal, <\/em>en <em>Vicente de Pa\u00fal y la evange\u00adlizaci\u00f3n rural, <\/em>o. c., 61). Vicente se hab\u00eda encon\u00adtrado, de nuevo, con Cristo, cuya misi\u00f3n no era otra que anunciar la Buena Noticia a los pobres. Es el Cristo misionero. Su respuesta es la entre\u00adga, de por vida, al servicio de la evangelizaci\u00f3n de los pobres del campo. Desde este momento, su proyecto, como el de la comunidad por \u00e9l funda\u00adda, no ser\u00e1 otro que evangelizar a los m\u00e1s hu\u00admildes de la tierra. A\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1658, di\u00adr\u00e1 a sus misioneros: <em>\u00abUn gran motivo que tene\u00admos es la grandeza de la cosa: dar a conocer a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que est\u00e1 cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres <\/em>(Mc 3, 2). <em>\u00a1Qu\u00e9 grande es es\u00adto! Y el que hayamos sido llamados para ser com\u00adpa\u00f1eros y para participar en los planes del Hijo de Dios, es algo que supera nuestro entendimiento. \u00a1Qu\u00e9! \u00a1Hacernos\u2026 no me atrevo a decirlo\u2026, si: evangelizar a los pobres es un oficio tan alto que es, por excelencia, el oficio del Hijo de Dios! Y a nosotros se nos dedica a ello como instrumentos por los que el Hijo de Dios sigue haciendo des\u00adde el cielo lo que hizo en la tierra. \u00a1Qu\u00e9 gran mo\u00adtivo para alabar a Dios, hermanos m\u00edos, y agra\u00addecerle incesantemente esta gracia!\u00bb <\/em>(XI, 387).<\/p>\n<h3>8.4. Encuentro con Cristo, encarnado en el pobre<\/h3>\n<p>En el mismo a\u00f1o de 1617, Vicente vivi\u00f3 la ex\u00adperiencia de Ch\u00e2tillon. Pero el mismo Vicente se dice a s\u00ed m\u00edsmo: \u00abHe aqu\u00ed una gran caridad, pe\u00adro mal organizada\u00bb (Abelly, o. c., I, c. X). En aquel momento, naci\u00f3 la primera Cofrad\u00eda de la Caridad, el inicio de una corriente de caridad que ha llegado hasta nosotros. Es el encuentro con el pobre material sumido en la m\u00e1s espantosa miseria. La respuesta es la caridad. Pero la caridad s\u00f3lo tie\u00adne significado y profundidad si al pobre se le mi\u00adra con los ojos de la fe, seg\u00fan Dios. Ese pobre es el mismo rostro deshumanizado de Cristo. El texto de Mt 25, 40: \u00abOs lo aseguro: Cada vez que lo hicisteis con un hermano m\u00edo de esos m\u00e1s humildes, lo hicisteis conmigo\u00bb, es uno de esos textos que est\u00e1 continuamente en el tejido espi\u00adritual de Vicente. Ya en 1617, aparece en el Ac\u00adta del inicio de la Cofrad\u00eda de la Caridad redacta\u00adda por el mismo Vicente (X, 568). Y el santo lo repetir\u00e1 una y otra vez para fundamentar el ser\u00advicio de caridad en favor de los pobres. \u00abAl ser\u00advir a los pobres, se sirve a Jesucristo. Hijas m\u00ed\u00adas, \u00a1cu\u00e1nta verdad es esto! Serv\u00eds a Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad co\u00admo que estamos aqu\u00ed. Una hermana ir\u00e1 diez ve\u00adces cada d\u00eda a ver a los enfermos, y diez veces cada d\u00eda encontrar\u00e1 en ellos a Dios\u2026 Id a ver a los pobres condenados a cadena perpetua, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios; servid a esos ni\u00f1os, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios. \u00a1Hijas m\u00edas, cu\u00e1n admirable es esto! Vais a unas casas muy po\u00adbres, pero all\u00e1 encontr\u00e1is a Dios. Hijas m\u00edas, una vez m\u00e1s, \u00a1cu\u00e1n admirable es esto! S\u00ed, Dios aco\u00adge con agrado el servicio que hac\u00e9is a esos en\u00adfermos y lo considera, como hab\u00e9is dicho, hecho a \u00e9l mismo\u00bb (IX, 240). El pobre era para San Vi\u00adcente la presencia cuasi sacramental de Cristo. Ah\u00ed, radica la dignidad del pobre. San Vicente se encontr\u00f3 con Cristo encarnado y presente en el pobre, desde los primeros a\u00f1os de su trasfor\u00admaci\u00f3n espiritual. Era uno de esos dinamismos vitalizadores de la inmensa actividad desplegada a lo largo de su vida. \u00c9sta es la explicaci\u00f3n m\u00e1s l\u00f3gica de esa aplicaci\u00f3n genial de Vicente de que ellos son nuestros amos y se\u00f1ores.<\/p>\n<p>Vicente ya est\u00e1 fascinado, cautivado por la persona de Jesucristo. \u00c9l es la raz\u00f3n \u00fanica de su vida. A \u00c9l y a continuar su misi\u00f3n dedicar\u00e1, por amor, toda su rica personalidad, sus energ\u00edas, sus talentos, e inducir\u00e1 a tantas y tantas perso\u00adnas a hacer lo mismo. Seguir a Cristo humillado, servidor y evangelizador de los pobres y encarnado en el pobre constituye la misma esencia de su fe. Esta fascinaci\u00f3n le har\u00e1 exclamar en 1658: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 amor! \u00a1Salvador m\u00edo, cu\u00e1n grande era el amor que ten\u00edas a tu Padre! \u00bfPodr\u00eda acaso tener un amor m\u00e1s grande, hermanos m\u00edos, que anona\u00addarse por \u00e9l?. . \u00bfPod\u00eda testimoniar un amor mayor que muriendo por su amor de la forma que lo hi\u00adzo? \u00a1Oh, amor de mi Salvador! \u00a1Oh amor! \u00a1T\u00fa eres incomparablemente m\u00e1s grande que cuan\u00adto los \u00e1ngeles pudieron comprender y compren\u00adder\u00e1n jam\u00e1s! Sus humillaciones no eran m\u00e1s que amor; su trabajo era amor, sus sufrimientos amor, sus oraciones amor, y todas sus operaciones ex\u00adteriores e interiores no eran m\u00e1s que actos re\u00adpetidos de amor\u00bb (XI, 411 s).<\/p>\n<h2>9. Una fe eclesial<\/h2>\n<p>La fe es siempre un encuentro personal con Cristo. Pero el hombre, al creer, se hace miem\u00adbro de la Iglesia, y al mismo tiempo, recibe la fe en la Iglesia. Es la Iglesia la que cree, pero la per\u00adsona cree en ella. La Iglesia es comunidad de fe. \u00abEl creyente nunca est\u00e1 solo, es miembro de una comunidad creyente que, a su vez, tampoco pue\u00adde existir nunca sin una expresi\u00f3n comunitaria de la fe\u00bb (J. Tr\u00fcsch, Mysterium Salutis, Madrid 1969, v. 1. t. 1, 950). La fe se vive, se experimenta, se acrecienta, se cultiva dentro de la comunidad eclesial. La comunidad eclesial proclama la fe en medio del mundo y da testimonio de la fe en Cris\u00adto. La comunidad eclesial celebra su fe, princi\u00adpalmente por medio de la Eucarist\u00eda, que es la cumbre y la cima de toda vida eclesial.<\/p>\n<p>En esta comunidad de fe, cada persona da y recibe, recibe del autor de la fe y lo hace en fra\u00adternidad con los otros. Es lo que Karl Rahner lla\u00adma \u00abfe fraterna\u00bb. \u00c9ste es el \u00abnosotros\u00bb de la fe, en el sentido de que cada individuo, habiendo si\u00addo encontrado por el Esp\u00edritu y por Cristo, no s\u00f3\u00adlo ayuda a construir la comunidad de fe, sino que tambi\u00e9n, la fe de cada persona presupone, como una necesidad vital, la fe de la comunidad ecle\u00adsial, en la que se inserta y vive. Por esta raz\u00f3n, la fe es esencialmente comunitaria y eclesial. \u00abLa fe cristiana es en su esencia a la vez personal y eclesial, s\u00f3lo viviendo personalmente dentro de la Iglesia, participando en su vida, se puede ob\u00adtener, mantener y vivir la fe de Jesucristo\u00bb (F. Se\u00adbasti\u00e1n, Antropolog\u00eda y teolog\u00eda de la fe cristiana, Salamanca 1973, 214s).<\/p>\n<p>El concepto de Iglesia que respiran los escri\u00adtos de Vicente de Pa\u00fal, en general, es cl\u00e1sico y tradicional. Es la eclesiolog\u00eda del Concilio de Tren\u00adto y de Roberto Belarmino. Una Iglesia jer\u00e1rqui\u00adca, construida a imagen de la sociedad temporal y muy vinculada al Estado. Pero en Vicente, en\u00adcontramos, al mismo tiempo, intuiciones que co\u00adnectan perfectamente con una eclesiolog\u00eda mo\u00adderna.<\/p>\n<p>La Iglesia para Vicente de Pa\u00fal es ante todo la servidora de los pobres. \u00abLa Iglesia para San Vicente es como una vasta empresa (en el sen\u00adtido fuerte del vocablo) de evangelizaci\u00f3n de los pobres\u00bb (Anales 85(1977)281). La Iglesia no tiene otra misi\u00f3n que continuar la misi\u00f3n de Jesu\u00adcristo y \u00e9ste vino a evangelizar a los pobres; es el enviado del Padre para ser el misionero de los pobres. \u00c9sa es su raz\u00f3n de ser y no hay otra. De ah\u00ed, que todos los ministerios de la Iglesia tienen una \u00fanica finalidad: servir y evangelizar a los po\u00adbres. As\u00ed, el Papa es el que tiene el verdadero po\u00adder de enviar a evangelizar a los pobres a los lu\u00adgares m\u00e1s remotos, a las misiones ad gentes (III, 143). El obispo es el que env\u00eda, dentro de su di\u00f3cesis, a ejercitar las diversas funciones en fa\u00advor del pobre pueblo, como el centuri\u00f3n del evan\u00adgelio que dice: id y el misionero est\u00e1 obligado a ir. <em>\u00abNosotros estamos por entero bajo la obe\u00addiencia de nuestros se\u00f1ores los prelados de ir a todos los lugares de sus di\u00f3cesis adonde quieran enviarnos a predicar, catequizar y hacer que el pobre pueblo haga la confesi\u00f3n general\u2026 En una palabra, somos como los criados del amo del evan\u00adgelio <\/em>(Mt. 8, 5-9) <em>con nuestros se\u00f1ores los prela\u00addos, que cuando nos digan: <\/em>id, <em>estamos obligados a ir; <\/em>venid, <em>estamos obligados a venir; <\/em>haced es\u00adto, y <em>estamos obligados a hacerlo\u00bb(1, 341). <\/em>El sa\u00adcerdote es, ante todo, el misionero de los pobres, tiene como funci\u00f3n fundamental el evangelizar a los pobres y cuidarlos, como lo hizo el mismo Cris\u00adto (XI, 393). Los laicos tienen esa misma respon\u00adsabilidad como aparece en toda la obra misione\u00adra vicenciana de movilizaci\u00f3n de laicos, desde las Hijas de la Caridad y las voluntarias, hasta tantas y tantas personas, fueran o no de la nobleza, que Vicente puso al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Estamos en 1620. San Vicente predicaba mi\u00adsiones en los territorios de los Srs. de Gondi. Se encontraba en Marchais preparando una misi\u00f3n que iba a dar al a\u00f1o siguiente. Un hereje le increp\u00f3 diciendo que la Iglesia no pod\u00eda estar fundada por Jesucristo porque no se dedicaba a la evangeli\u00adzaci\u00f3n de los pobres del campo, mientras que en la ciudad pululaban los sacerdotes en la ociosidad y en el vicio. Vicente qued\u00f3 profundamente im\u00adpresionado y, aunque su respuesta fue sabia y contundente, sin embargo, en su coraz\u00f3n se le qued\u00f3 clavado el aguij\u00f3n.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, cuando Vicente con sus compa\u00f1eros, predicaba la misi\u00f3n, el hereje se convirti\u00f3 al constatar que los pobres del campo eran evangelizados con celo y dedicaci\u00f3n. Ha\u00adblando a los misioneros, a\u00f1os m\u00e1s tarde, Vicen\u00adte saca la conclusi\u00f3n: \u00abi <em>Qu\u00e9 dicha para nosotros, los misioneros, poder demostrar que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia, trabajando como trabaja\u00admos por la instrucci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los pobres!\u00bb <\/em>(XI, 730). La evangelizaci\u00f3n de los po\u00adbres es el signo claro y evidente de la autentici\u00addad de la Iglesia, porque \u00e9sta ha de ser, por encima de todo, servidora de los pobres o, como dir\u00eda m\u00e1s tarde Bossuet: \u00abLa Iglesia de Jesucris\u00adto es verdaderamente la ciudad de los pobres\u00bb (Bossuet, <em>De l&#8217;\u00e9minente dignit\u00e9 des pauvres). <\/em><\/p>\n<p>La fe es ante todo sumisi\u00f3n y asentimiento a todo aquello que la Iglesia nos propone, porque el car\u00e1cter intelectual de la fe es inseparable de su car\u00e1cter eclesial. No habr\u00eda comunidad de los creyentes sin la comuni\u00f3n en la realidad revela\u00adda que se ha de creer. Vicente lo resalta: \u00abBasta con que las proponga la Iglesia (las verdades de la religi\u00f3n), para que no dejemos de creerlas y de someternos a ellas\u00bb (XI, 803). Esta obediencia a las verdades propuestas por la Iglesia tiene su fun\u00addamento en la asistencia que la Iglesia recibe del Esp\u00edritu Santo: \u00abLa Iglesia es el reino de Dios, que es el que inspira a los que han sido puestos al frente de ella para gobernarla, la mejor mane\u00adra de conducirla. Su Santo Esp\u00edritu preside los Concilios, y de \u00e9l proceden todas las luces dise\u00adminadas por toda la tierra, que han iluminado a los santos, ofuscado a los malvados, aclarado las dudas, manifestado las verdades, descubierto los errores y se\u00f1alado el camino por el que pueden caminar con seguridad la Iglesia en general y ca\u00adda fiel en particular\u00bb (XI, 803s).<\/p>\n<p>La fe es fidelidad a la Iglesia y a todo lo que ella propone, y solamente ella es la que nos pue\u00adde iluminar de los contenidos de la fe y de las ver\u00addades fundamentales. Es el medio ordinario de que Dios se sirve para esclarecer nuestras dudas y guiarnos por el camino verdadero. Ninguna otra mediaci\u00f3n extraordinaria podemos esperar. As\u00ed, al de\u00e1n de Senlis, tentado de jansenismo, le es\u00adcribe el 2 de abril de 1657: \u00abSi espera que Dios le mande un \u00e1ngel del cielo para iluminarle me\u00adjor, no lo har\u00e1; le ha enviado la Iglesia, y la Igle\u00adsia reunida en Trento le env\u00eda a la Santa Sede en el asunto de que se trata, tal como se ve en el \u00faltimo cap\u00edtulo de este concilio\u00bb. \u00abY si fuera po\u00adsible que ese santo volviera (San Agust\u00edn), se so\u00admeter\u00eda de nuevo, como lo hizo en otra ocasi\u00f3n, al Soberano Pont\u00edfice\u00bb (VI, 265s).<\/p>\n<p>Y dentro de la Iglesia, la instancia suprema es el Soberano Pont\u00edfice. A \u00e9l, se le debe obedien\u00adcia plena y sumisi\u00f3n completa a sus decisiones, porque \u00abes el padre com\u00fan de todos los cristia\u00adnos, la cabeza visible de la Iglesia, el vicario de Je\u00adsucristo, el sucesor de San Pedro,\u2026 a \u00e9l, el Sal\u00advador le ha dado las llaves de la Iglesia\u00bb (XI, 692).<\/p>\n<p>San Vicente, seg\u00fan su testimonio, siempre tuvo el sentimiento de temor de encontrase en\u00advuelto en una herej\u00eda, desde su m\u00e1s tierna in\u00adfancia. \u00abDesde mi m\u00e1s tierna edad, tuve siempre en mi alma un secreto temor y no he temido nun\u00adca nada tanto como verme desgraciadamente en\u00advuelto en el torrente de una herej\u00eda, que me arras\u00adtrase con los curiosos y amigos de novedades y me hiciese naufragar en la fe\u00bb (XI, 804). En efec\u00adto, Vicente tuvo que enfrentarse a una de las he\u00adrej\u00edas m\u00e1s virulentas de su tiempo, el jansenismo.<span id='easy-footnote-6-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-6-39259' title='Sobre este tema son importantes: L. Mezzadri, Fra giansenisti e antigensenisti, Firenze 1977; Rom\u00e1n, o. c. cap. 36.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span> \u00c9l la consider\u00f3 como \u00abuna de las m\u00e1s peligrosas que jam\u00e1s ha perturbado a la Iglesia\u00bb (XI, 804)<\/p>\n<p>Los grandes personajes que iniciaron esa nue\u00adva doctrina, por haber tenido con ellos una gran amistad, intentaron convencerle de sus posturas, sin embargo, Vicente bendec\u00eda a Dios y le daba gracias, porque, a pesar de los esfuerzos que hi\u00adcieron, no le hab\u00edan inoculado sus ideas. \u00abYo les opon\u00eda entre otras cosas la autoridad del Conci\u00adlio de Trento, que est\u00e1 manifiestamente en con\u00adtra de ellos; viendo que segu\u00edan siempre con sus prop\u00f3sitos, en vez de responderles, recitaba el cre\u00addo en voz baja. As\u00ed, es como permanec\u00ed firme en la fe cat\u00f3lica\u00bb (XI, 804).<\/p>\n<p>La lucha antijansenista de Vicente de Pa\u00fal \u00abno es, en la biograf\u00eda de San Vicente, un episodio separable del resto de sus actividades, sino la consecuencia necesaria de su trayectoria vital\u00bb (Rom\u00e1n, <em>o. c. <\/em>624). Se puede afirmar con toda cla\u00adridad que Vicente en este tema obr\u00f3 m\u00e1s como hombre de fe y de Iglesia que como hombre de partido (Mezzadri, <em>Fra giansenisti\u2026 <\/em>106). La mo\u00adtivaci\u00f3n fundamental era su amor a la Iglesia. Bus\u00adc\u00f3 siempre la paz y la uni\u00f3n de los esp\u00edritus den\u00adtro de la Iglesia. Estaban en juego las reformas emprendidas de la Iglesia de Francia siguiendo las directrices del Concilio de Trento y, por esta ra\u00adz\u00f3n, jug\u00f3 un papel de primera magnitud en la con\u00addenaci\u00f3n por parte del Papa de la cinco famosas proposiciones (Mezzadri, <em>o. c. <\/em>85-102). Vicente no entr\u00f3 nunca en las grandes disputas teol\u00f3gicas, su labor fue de coordinaci\u00f3n y sensibilizaci\u00f3n de todo el episcopado franc\u00e9s en orden a que fir\u00admasen la carta al Papa,<span id='easy-footnote-7-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-7-39259' title='\u00abLa acci\u00f3n de Vicente se desarroll\u00f3, sobre todo, en el terreno pr\u00e1ctico. \u00c9l fue el l\u00edder indiscutible y el promo\u00adtor infatigable de la apelaci\u00f3n a Roma y de la condenaci\u00f3n del jansenismo\u00bb (Rom\u00e1n, &lt;em&gt;o. c. &lt;\/em&gt;618'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>) de petici\u00f3n de condena\u00adci\u00f3n. Fue el apoyo moral y econ\u00f3mico de los enviados a Roma para sostener la causa de la or\u00adtodoxia ante el Papa. Y todo esto lo hizo por con\u00advicciones profundas de fe y de amor a la obra evangelizadora de la Iglesia. Para \u00e9l, eran tan ca\u00adras la verdades que defend\u00eda frente al jansenis\u00admo que <em>\u00abestaba dispuesto a dar la vida por ellas\u00bb <\/em>(III, 341).<\/p>\n<p>Cuando las cinco proposiciones fueron con\u00addenadas, nunca manifest\u00f3 un sentimiento de va\u00adna complacencia, ni de orgullo, ni de sectarismo partidista, sino \u00abque hab\u00eda que dar gracias a Dios por la protecci\u00f3n que otorgaba a la Iglesia para purgarla de esos errores, que iban a arrojarla en un gran desorden\u00bb. Y \u00abaunque Dios le hab\u00eda con\u00adcedido la gracia de distinguir el error de la verdad, antes incluso de la definici\u00f3n de la Santa Sede apost\u00f3lica, no hab\u00eda tenido nunca por ello ning\u00fan sentimiento de vana complacencia, ni de vana alegr\u00eda por ver que su juicio hab\u00eda sido siempre conforme con el de la Iglesia, reconociendo que <em>esto era efecto de la pura misericordia de Dios, por lo que se sent\u00eda obligado a darle gloria\u00bb <\/em>Xl, 83).<\/p>\n<p>Para Vicente, adem\u00e1s de su fidelidad a la fe dentro de la Iglesia, estaba en juego toda la obra misionera de la Congregaci\u00f3n en la misiones po\u00adpulares, la obra de los ordenandos y de los se\u00adminarios, las caridades y toda la obra evangeliza\u00addora vicenciana (Rom\u00e1n, <em>o. c., <\/em>624).<\/p>\n<p>Toda la vida de Vicente hab\u00eda sido una entre\u00adga a la Iglesia para reformarla y purificarla, todas sus obras estuvieron encaminadas a esa meta. Por esta raz\u00f3n, albergaba en su coraz\u00f3n un temor profundo por el retroceso de la misma en Occi\u00addente. La extensi\u00f3n creciente del protestantis\u00admo, el surgimiento del jansenismo, la corrupci\u00f3n de costumbres, la ausencia de paz, los malos sa\u00adcerdotes y otras muchas lacras, hac\u00edan temer a San Vicente que Dios permitiese la desaparici\u00f3n de la Iglesia en los pa\u00edses de Europa. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 sa\u00adbemos nosotros si el buen Dios, irritado por el de\u00adsorden de los propios hijos de la Iglesia, no ten\u00addr\u00e1 el designio de transferirla a los infieles!\u00bb (V, 398). Ante todo esto, el Santo exclamaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 no hemos de temer ante ello y qu\u00e9 no he\u00admos de hacer para salvar a la esposa de Jesucristo de este naufragio?\u00bb (III, 165).<\/p>\n<p>La respuesta de Vicente a este interrogante se encamina en dos direcciones. Por una parte, la Iglesia <em>\u00ablo que necesita es tener hombres evan\u00adg\u00e9licos, que se esfuercen en purgarla, en ilumi\u00adnarla y en unirla a su divino esposo\u00bb (III, 181). <\/em>Es\u00adto es lo que hizo a trav\u00e9s de todas sus obras e instituciones en la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n, en la obra de los ordenandos, en las misiones populares, en la instituci\u00f3n de las Caridades, en el Consejo de Conciencia, en la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, etc.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, ese temor le impul\u00adsaba a la obra misionera ad gentes. \u00ab<em>Siento un gran afecto y devoci\u00f3n a la propagaci\u00f3n de la Igle\u00adsia en los pa\u00edses infieles<\/em>\u00bb (III, 37). La dimensi\u00f3n misionera de la Iglesia era apremiante para Vi\u00adcente. \u00ab<em>\u00bfNo debemos acaso contribuir a la ex\u00adtensi\u00f3n de la Iglesia? S\u00ed, sin duda alguna; as\u00ed, pues, \u00bfen qui\u00e9n reside el poder de enviar ad gentes? Tiene que residir en el papa, en los con\u00adcilios o en los obispos. Pues bien, \u00e9stos s\u00f3lo tienen jurisdicci\u00f3n en sus di\u00f3cesis; concilios no hay en esta \u00e9poca; por tanto, tiene que residir en el primero. Por tanto, si tiene derecho de en\u00adviarnos, tambi\u00e9n nosotros tenemos obligaci\u00f3n de ir; si no, su poder ser\u00eda in\u00fatil<\/em>\u00bb (III, 143). \u00ab<em>Nos lla\u00adma el Papa, que es el \u00fanico que puede enviar ad gentes, y al que es obligatorio obedecer. Yo me siento interiormente inclinado a hacerlo, an\u00adte la idea que ser\u00eda en vano ese poder que Dios le ha dado a su Iglesia de enviar a anunciar el evangelio por toda la tierra, . y que reside en la persona de su jefe, si sus miembros no estuvieran obligados por su parte a ir adonde se les env\u00ede a trabajar por la extensi\u00f3n del imperio de Jesucristo\u00bb <\/em>(III, 165). De esta convicci\u00f3n pro\u00adfunda, nace su obra misionera en Madagascar, T\u00fanez y Argel.<\/p>\n<h2>10. La fe se transforma en compromiso<\/h2>\n<p>El compromiso y la praxis cristiana \u00bfes resul\u00adtado, expresi\u00f3n, manifestaci\u00f3n de la fe o m\u00e1s bien un elemento constitutivo de la misma fe? La teolog\u00eda actual ha llegado a comprender esta uni\u00addad \u00edntima entre fe y praxis cristiana, de tal for\u00adma que esta \u00faltima no es otra cosa que una di\u00admensi\u00f3n de la primera.<\/p>\n<p>En los profetas del Antiguo Testamento, la fe es conocimiento de Dios, pero este conoci\u00admiento implica la confesi\u00f3n del \u00fanico Dios y al mismo tiempo la pr\u00e1ctica de la justicia y del amor. En los evangelios sin\u00f3pticos, la fe es siempre adhesi\u00f3n personal a Jes\u00fas, pero al mis\u00admo tiempo es seguimiento radical de ese Je\u00ads\u00fas, es decir, poner en pr\u00e1ctica las ense\u00f1anzas del maestro. En San Pablo, la fe es siempre ac\u00adtiva en el amor. \u00abLo que vale es la fe que act\u00faa por medio del amor\u00bb (Gal 5, 6; cf 1Tes 1, 3; Ef 4, 15). La praxis del amor est\u00e1 en la misma esen\u00adcia de la fe. Esto est\u00e1 \u00edntimamente relacionado con la afirmaci\u00f3n de Santiago que la fe sin obras est\u00e1 muerta (Sant 2, 16-17). Y Juan declara con toda claridad que el verdadero conocimiento de la fe no puede existir sin el amor, porque Dios es amor (1Juan, 4, 8).<\/p>\n<p>La fe no podemos reducirla \u00fanicamente a co\u00adnocimiento, sino que implica en su ser m\u00e1s \u00ednti\u00admo la praxis cristiana, el compromiso del amor al pr\u00f3jimo. La fe no es s\u00f3lo ortodoxia sino que es tambi\u00e9n ortopraxis y ambas van vitalmente uni\u00addas.<span id='easy-footnote-8-39259' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-fe\/#easy-footnote-bottom-8-39259' title='\u00abSolamente en la unidad vital de la ortodoxia y de la ortopraxis se puede fundar la verificaci\u00f3n total de la fe cris\u00adtiana. Cada una de ellas es tan indispensable como insufi\u00adciente para esta verificaci\u00f3n: la ortodoxia, como expresi\u00f3n humana (conceptos, slmbolos, lenguaje} de la realidad de nuestra salvaci\u00f3n cumplida ya en Cristo: la ortopraxis, co\u00admo apropiaci\u00f3n receptiva de esta salvaci\u00f3n. Son insufi\u00adcientes (cada una por sl sola}, porque tienen necesidad la una de la otra: la ortopraxis cristiana debe ser guiada por la ortodoxia, y \u00e9sta a su vez no tiene autenticidad sino den\u00adtro de la praxis cristiana\u00bb. J. Alfaro, &lt;em&gt;Revelaci\u00f3n Cristiana, Fe y Teolog\u00eda, &lt;\/em&gt;Salamanca, 1985, 120.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>En San Vicente la adhesi\u00f3n a Jesucristo lleva consigo el amor al pobre. La fe en la persona de Jes\u00fas es esencialmente compromiso de amor a los m\u00e1s pobres y abandonados. La raz\u00f3n es muy sencilla. En San Vicente, encontramos una clave de lectura del evangelio y, en consecuencia, de comprensi\u00f3n de la persona de Jes\u00fas, a partir de los textos de Lucas 4, 18, Mateo 25, 40.<\/p>\n<p>Siguiendo a San Lucas, para San Vicente, Cris\u00adto es el enviado del Padre para salvar a los pobres, es la misma encarnaci\u00f3n del amor del Padre a los pobres. Todas su preferencias son pa\u00adra los pobres. Es la lectura del evangelio de un misionero que est\u00e1 convencido de que su misi\u00f3n no es otra que la misma de Cristo: \u00abMe ha en\u00adviado a evangelizar a los pobres\u00bb. La evangeliza\u00adci\u00f3n de los pobres es una dimensi\u00f3n intr\u00ednseca de su adhesi\u00f3n a Cristo, es decir, de su fe. Cre\u00ader en Jesucristo es seguimiento y el seguimien\u00adto vicenciano de Jesucristo es realizar su mis\u00adma misi\u00f3n. <em>\u00abEn esta vocaci\u00f3n vivimos de modo muy conforme a nuestro Se\u00f1or Jesucristo que, al parecer, cuando vino a este mundo, escogi\u00f3 co\u00admo principal tarea la de asistir y cuidar a los po\u00adbres. <\/em>Misit me evangelizare pauperibus. Y <em>si se le pregunta a Nuestro Se\u00f1or: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que has venido a hacer en la tierra?\u00bb. \u00abA asistir a los po\u00adbres\u00bb. \u00ab\u00bfA algo m\u00e1s?\u00bb. \u00abA asistir a los pobres\u00bb, etc. En su compa\u00f1ia, no ten\u00eda m\u00e1s que a pobres y se deten\u00eda poco en las ciudades, conversando casi siempre con los aldeanos, e instruy\u00e9ndolos. \u00bfNo nos sentiremos felices nosotros por estar en la Misi\u00f3n con el mismo fin que comprometi\u00f3 a Dios a hacerse hombre? Y si se le preguntase a un misionero, \u00bfno ser\u00eda para \u00e9l un gran honor decir como nuestro Se\u00f1or: <\/em>misit me evangeliza\u00adre pauperibus? <em>Yo estoy aqu\u00ed para catequizar, ins\u00adtruir, confesar, asistir a los pobres\u00bb <\/em>(XI, 33-34; cf. XI, 209-210. 324. 386-387. 393).<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, siguiendo a Mateo, 25, 40, la fe le ha dado una nueva comprensi\u00f3n del pobre. \u00c9ste no es otra cosa que <em>\u00abmiembro afli\u00adgido de Jesucristo\u00bb <\/em>(XI, 393). Vicente comprendi\u00f3 perfectamente la verdad evang\u00e9lica: \u00abOs asegu\u00adro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, conmigo lo hicisteis\u00bb. El pobre es la encarnaci\u00f3n de mismo Cristo. Pue\u00adden ser groseros, vulgares, repugnantes, des\u00adpreciables, pero <em>\u00aba los ojos de la fe\u00bb, \u00abdando la vuelta a la medalla\u00bb, \u00abrepresentan al Hijo de Dios que quiso ser pobre\u00bb <\/em>(XI, 725). \u00abEl pobre es la mediaci\u00f3n viviente del Se\u00f1or, su expresi\u00f3n real y no solamente un intermediario. El pobre est\u00e1 en Cristo y Cristo en el pobre\u00bb (J. Ma Ib\u00e1\u00f1ez, <em>Le pauv\u00adre, tcone <\/em>o. c. 162). Contemplar al pobre seg\u00fan Dios, es contemplar en \u00e9l a Cristo humillado, cru\u00adcificado, deshumanizado.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed, Vicente saca una conclusi\u00f3n, profundamente querida por \u00e9l: \u00abAl servir a los po\u00adbres, se sirve a Jesucristo. Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nta ver\u00addad es esto! Serv\u00eds a Jesucristo en la persona de los pobres\u00bb. \u00c9sta no es una verdad cualquiera. Es una verdad arraigada en lo m\u00e1s profundo de su ser, que constituye la misma esencia de su fe. Es una verdad palpable, verificable, experimentada por \u00e9l mismo. \u00abY esto es tan verdad como que estamos aqu\u00ed\u00bb (IX, 240).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, cobra sentido lo que \u00e9l llama \u00abamor efectivo\u00bb, que es un amor \u00aba costa de nuestros brazos\u00bb y \u00abcon el sudor de nuestra frente\u00bb (XI, 733). El signo de autenticidad de la fe es el compromiso en el amor efectivo al pobre. Sola\u00admente aquel que \u00abevangeliza a los pobres\u00bb y \u00ablos cuida\u00bb, que \u00abremedia sus necesidades espiri\u00adtuales\u00bb y tambi\u00e9n \u00ablas temporales\u00bb, que \u00ablos asisten y los hacen asistir de todas las maneras\u00bb, es decir, que \u00ablos evangeliza de palabra y de obra\u00bb (XI, 393s), solamente \u00e9ste es un hombre de fe, un verdadero seguidor de Jesucristo.<\/p>\n<p>Por eso, alguien ha dicho \u00abque la mejor defi\u00adnici\u00f3n de la fe de San Vicente nos parece que vie\u00adne dada por la famosa frase \u00abdejar a Dios por Dios\u00bb, el movimiento perpetuo entre Jesucristo y el pobre. Es la experiencia de fe fundamental que nos propone San Vicente\u00bb U. Morin, <em>La Foi de Saint Vincent, <\/em>en <em>Carnets Vincentiens, <\/em>n. 3. p. 15).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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