{"id":39165,"date":"2011-07-06T01:55:29","date_gmt":"2011-07-05T23:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-24-seccion-1\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:44","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:44","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-24-seccion-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-24-seccion-1\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 24, Secci\u00f3n 1"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Continuaci\u00f3n del mismo asunto <\/strong><\/p>\n<p>El gobierno del Sr. Vicente era tal como lo hemos visto en este Cap\u00edtulo; veamos c\u00f3mo era el orden que segu\u00eda. En primer lugar, trabajaba para destruir el pecado, los defectos y desarreglos en las personas y en las casas que depend\u00edan de su direcci\u00f3n. Para eso obligaba a los que quer\u00edan ser admitidos en su Congregaci\u00f3n a entrar en el Seminario Interno, creado expresamente como si fuera una Escuela de Virtud para extirpar los vicios y las malas inclinaciones con la pr\u00e1ctica de la humildad, de la mortificaci\u00f3n, de la obediencia, de la oraci\u00f3n y de los otros actos de la Vida Espiritual. Y despu\u00e9s de haber residido all\u00ed el tiempo necesario, si hab\u00eda entre ellos algunos que tuvieran que estudiar Teolog\u00eda, o tambi\u00e9n Filosof\u00eda, los dedicaba a ello. Pero por miedo a que la adquisici\u00f3n de esas ciencias no fuera a enfriarlos en su primer fervor, o que el deseo inmoderado de saber y la curiosidad no se mezclara en los estudios, vean los avisos notables que les daba: <em>\u00abEl paso del Seminario a los estudios es muy peligroso, y en \u00e9l naufragan muchos; si hay alg\u00fan tiempo en que hay que tener cuidado de s\u00ed mismo es el de los estudios, pues es muy peligroso pasar de un extremo al otro, como el vaso que pasa del calor del horno a un lugar fr\u00edo corre peligro de romperse. Por eso, es muy importante mantenerse en el primer fervor para conservar la gracia recibida, y para impedir que la naturaleza se apodere de uno. Si cada vez que iluminamos nuestro entendimiento, procuramos tambi\u00e9n calentar la voluntad, podemos estarseguros de que el estudio nos servir\u00e1 de medio para ir a Dios. Hemos de considerar como un principio indudable que, en la medida en que trabajemos por la perfecci\u00f3n de nuestro interior, iremos haci\u00e9ndonos m\u00e1s capaces de producir fruto para con el pr\u00f3jimo. Por eso, al estudiar para salvar almas hemos de procurar llenar la nuestra de piedad tanto como de ciencia, y para ello, leer libros buenos y \u00fatiles y abstenerse de la lectura de los que no sirven m\u00e1s que para satisfacer la curiosidad, pues la curiosidad es la peste de la vida espiritual. La curiosidad de nuestros primeros padres fue la causa de que entraran en el mundo el hambre y las dem\u00e1s miserias; por consiguiente, hemos de evitarla como ra\u00edz de toda clase de males\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No desterraba de su Compa\u00f1\u00eda solamente la curiosidad; tambi\u00e9n quer\u00eda excluir de ella la sensualidad.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ay del que busque \u2014dec\u00eda\u2014 sus propias satisfacciones! \u00a1Ay del que huya de su cruz! Pues encontrar\u00e1 cruces tan pesadas, que acabar\u00e1n derrumb\u00e1ndolo. El que no hace caso de sus mortificaciones externas, diciendo que las internas son mucho m\u00e1s perfectas demuestra muy bien que no es mortificado ni interior ni exteriormente\u00bb. \u00abEn la mayor\u00eda de los que fallan en su vocaci\u00f3n, he observado que se hab\u00edan relajado en dos cosas: la primera, en levantarse por la ma\u00f1ana, ya que no eran puntuales; y la segunda, la falta de modestia en el pelo, ya que se dejaban crecer demasiado los cabellos y se dejaban llevar sensiblemente a otras vanidades parecidas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Quer\u00eda que todos los eclesi\u00e1sticos de su Congregaci\u00f3n llevaran los cabellos muy cortos, y cuando ve\u00eda que en alguno los cabellos le cubr\u00edan el cuello, aunque fuera un poco, \u00e9l extend\u00eda su mano y tiraba de ellos sonri\u00e9ndose un poco, d\u00e1ndole a entender de esta manera que se acordara de hac\u00e9rselos cortar, o tambi\u00e9n se lo dec\u00eda expresamente, incluso en presencia de otros, para que este defecto fuera visible a todos.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que entre las personas espirituales, y, sobre todo, en las Comunidades hab\u00eda ciertos vicios que eran m\u00e1s de temer que otros, particularmente la envidia y la murmuraci\u00f3n. Para provocar m\u00e1s horror a los suyos acerca de esos vicios, les dec\u00eda, entre otras cosas, que los dardos de la envidia y de la detracci\u00f3n traspasan en primer lugar el coraz\u00f3n de Jesucristo, antes de alcanzar a las personas a quienes van dirigidos.<\/p>\n<p>Empleaba, a su vez, otro medio para desterrar los vicios y las inobservancias de las casas y de las personas que estaban bajo su direcci\u00f3n, a saber: la correcci\u00f3n fraterna; mas \u00e9l sazonaba este medio, que, por lo dem\u00e1s, es un poco amargo para el gusto de la naturaleza, con tanta dulzura y tanta gracia, que se ha verificado en \u00e9l la palabra del Sabio, que dice que las heridas del que ama son mejores y m\u00e1s desea bles que los besos embusteros del enemigo.<\/p>\n<p>Para conseguir eso, habitualmente no hac\u00eda las correcciones en el acto, y jam\u00e1s por impulso de la naturaleza, sino siempre por esp\u00edritu de caridad, despu\u00e9s de haber pensado delante de Dios, y considerado las disposiciones de quien quer\u00eda corregir, y los medios de hacer la correcci\u00f3n \u00fatil y saludable.<\/p>\n<p>En ese esp\u00edritu, cuando tuvo que hacer una vez alguna advertencia a una persona bastante culpable y bastante dif\u00edcil para aceptar una correcci\u00f3n, hizo tres d\u00edas seguidos la oraci\u00f3n mental sobre ese asunto para pedir a Dios m\u00e1s luz, a fin de conocer de qu\u00e9 manera deb\u00eda actuar<\/p>\n<p>Cuando hac\u00eda alguna advertencia, era siempre con una gran bondad y, no obstante, con firmeza, mezclando juntos el aceite y el vino, como el buen samaritano y, de ordinario, proced\u00eda de ese modo.<\/p>\n<p>En primer lugar, manifestaba alg\u00fan aprecio a la persona a la que deseaba darle alg\u00fan aviso, y hasta la alababa por alguna buena calidad que reconoc\u00eda en ella; y, por ese medio, se insinuaba en su coraz\u00f3n; despu\u00e9s, le hac\u00eda ver la falta en toda su amplitud, exagerando, tanto como era necesario, las circunstancias de la persona, del lugar, del tiempo y otras parecidas; a continuaci\u00f3n, le suger\u00eda el remedio; y para hac\u00e9rselo recibir m\u00e1s de buena gana, se pon\u00eda siempre de su parte, y seg\u00fan que la especie de la falta lo exigiera, dec\u00eda: Se\u00f1or, o Hermano, usted y un servidor necesi tamos trabajar en adquirir la humildad, ejercitarnos en la paciencia, practicar la ob servancia; y as\u00ed otras virtudes que quer\u00eda recomendar.<\/p>\n<p>Cuidaba mucho, tanto cuanto de \u00e9l depend\u00eda, de hacer su advertencia no solamente \u00fatil, sino tambi\u00e9n, en cierto modo, agradable al que quer\u00eda corregir: sobre todo, usaba de todas las precauciones posibles para no descubrir nunca al que le hab\u00eda informado de la falta, y, antes hubiera omitido dar el aviso al culpable, que darle motivo para desconfiar de alguien. Tan persuadido estaba de que la paz y la uni\u00f3n en las Comunidades eran preferibles a todo otro bien.<\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda a los suyos para alejarlos del deseo de los cargos, les dijo entre otras cosas que: <em>\u00abQuien est\u00e1 al frente de otros es responsable de sus faltas, si no se las advierte cuando es necesario y en esp\u00edritu de humildad, de mansedumbre y caridad. Que la primera vez que se da un aviso a alguno, era necesario hacerlo con gran dulzura y bondad, y tomar el tiempo adecuado para ello; la segunda, con un poco m\u00e1s de severidad y m\u00e1s gravedad, pero que fuera acompa\u00f1ado por la mansedumbre, sirvi\u00e9ndose de oraciones y de reconvenciones caritativas; y, finalmente, la tercera, con celo y firmeza, manifestando a la vez al culpable lo que se ver\u00e1 obligado a hacer como \u00faltimo remedio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Queriendo un d\u00eda corregir a uno de los suyos, le pregunt\u00f3 antes, si le gustar\u00eda que le diera un aviso. El otro le contest\u00f3 que estaba dispuesto, y aquella manera de obrar le gan\u00f3 de tal manera el coraz\u00f3n, y le hizo tal impresi\u00f3n, que m\u00e1s adelante ha asegurado que le hizo mucho efecto, y que rara vez ha vuelto a caer en adelante en aquella falta, sin que dejara de acordarse de la mesura de aquel aviso, que el prudente Superior le hab\u00eda dado con tanta bondad.<\/p>\n<p>Un Misionero estaba para el servicio de Dios en una ocupaci\u00f3n bastante peligrosa para \u00e9l, y muy dif\u00edcil para las personas con las que ten\u00eda que tratar. El Sr. Vicente le prescribi\u00f3 prudentemente lo que deb\u00eda hacer y dejar de hacer. Pero en lugar de atenerse a lo mandado, hizo caso omiso de ello varias veces; y Dios permiti\u00f3 que, por haber hecho aquellas faltas estuviera sufriendo. El Sr. Vicente le hizo por aquello una paternal correcci\u00f3n, haci\u00e9ndole ver por su misma experiencia los inconvenientes que ocurren por ir contra las \u00f3rdenes de los Superiores; y termin\u00f3 su carta en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abLe ruego, se\u00f1or, que acepte la sencillez con que le hablo y que no se entristezca, sino que haga como esos buenos pilotos que, cuando se ven agitados por la tempestad, redoblan sus \u00e1nimos y se vuelven contra las olas m\u00e1s furiosas del mar, que parecen elevarse como si quisieran trag\u00e1rselos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Superior de una casa no ejecut\u00f3 una orden que el Sr. Vicente le hab\u00eda reiterado varias veces, que era que enviara un Sacerdote a otra casa. Se vio obligado a urgirle, y, a la vez, a hacerle conocer su falta; pero lo realiz\u00f3 de la m\u00e1s suave manera que le fue posible. Porque en lugar de escribirle que resisti\u00e9ndole a \u00e9l, resist\u00eda a la obediencia, le dijo solamente estas palabras: Me parece, se\u00f1or, que vislumbro en su retraso la sombra de la desobediencia.<\/p>\n<p>Correg\u00eda con suave fuerza a los que sorprend\u00eda en alguna falta; y cuando se humillaban, les felicitaba, tomando aquella humillaci\u00f3n por una buena se\u00f1al; y nunca les reconven\u00eda, ni pon\u00eda ante sus ojos una falta de la que ya se hab\u00edan humillado.Un Superior de una de las casas de su Congregaci\u00f3n, pensando que hab\u00edan escrito en contra suya al Sr. Vicente, le rog\u00f3 que le avisara de sus faltas; pero el Sr. Vicente, al ver que sospechaba de alguien sin motivo, le previno de una manera extremadamente dulce: \u00a0<em>\u00abUsted puede pensar \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 que si tuviera alguna correcci\u00f3n que hacerle, se la har\u00eda muy sencillamente. Pero gracias a Dios, va usted bien, y su comportamiento me parece muy bueno. A prop\u00f3sito de esto le dir\u00e9, que no recuerdo que me hayan dado ninguna informaci\u00f3n contraria a usted. Y a\u00fan cuando as\u00ed fuera, le conozco a usted demasiado bien, para temer que me lo hagan creer. Seg\u00fan esto, debe usted guardarse de sospechar de nadie siempre que pueda, y dirigirse directamente a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Veamos c\u00f3mo avis\u00f3 a un Superior que se le hab\u00eda quejado por el mal comportamiento de un inferior, que le hablaba con poco respeto y se le hab\u00eda enfrentado en cierta ocasi\u00f3n. La carta est\u00e1 enteramente escrita por \u00e9l, y es de las m\u00e1s notables, conteniendo buenos consejos para regir una casa: <em>\u00abParticipo de la pena que le ha causado esa persona de la que me escribe. Quiero creer que habr\u00e1 hecho eso sin darse cuenta, pero creo que, cuando piense un poco en todas las circunstancias que sucedieron en aquella ocasi\u00f3n, se dar\u00e1 cuenta que no puede seguir as\u00ed; y que tambi\u00e9n usted, se\u00f1or, reconocer\u00e1 que es una peque\u00f1a prueba que Nuestro Se\u00f1or le ha enviado, para que se esfuerce m\u00e1s en atender a las personas que se le han encomendado. Esto le har\u00e1 ver cu\u00e1n grande fue la bondad de Nuestro Se\u00f1or al soportar a sus Ap\u00f3stoles y Disc\u00edpulos, cuando estaba en la tierra, y cu\u00e1nto le hicieron sufrir los buenos y los malos. Tambi\u00e9n le har\u00e1 comprender que los Superioratos encierran sus espinas, como las de otros estados; y que los Superiores que quieren cumplir bien con su deber de palabra y de ejemplo, tienen que sufrir mucho de sus subordinados, no s\u00f3lo de los d\u00edscolos, sino incluso de los mejores. As\u00ed pues, se\u00f1or, pong\u00e1monos en las manos de Dios para servirle en esta condici\u00f3n, sin pretender ninguna satisfacci\u00f3n de parte de los hombres. Nuestro Se\u00f1or nos las conceder\u00e1 en abundancia, si trabajamos como es debido en ser m\u00e1s fieles en la observancia de las Reglas, en la adquisici\u00f3n de las virtudes propias del verdadero Misionero, especialmente en las de la humildad y de la mortificaci\u00f3n. Y me parece, se\u00f1or, que convendr\u00e1 que le diga a esa buena persona, cuando vaya a hacer su comunicaci\u00f3n, o en alguna otra ocasi\u00f3n, que haga el favor de avisarle a usted de sus faltas, ya que en el cargo que ocupa es dif\u00edcil que no cometa usted alguna, no s\u00f3lo como Superior, sino como Misionero y como cristiano; no tenga miedo en hacerlo, aunque, al principio, parezca que la naturaleza se deprima o exalte, o que se le escape alguna palabra de impaciencia. Es lo que les sucede de ordinario en el primer movimiento a los mayores Santos: la animalidad, siempre viva en el hombre, quiere adelantarse a la raz\u00f3n, la cual ayudada por la gracia, saca incre\u00edbles ventajas de las advertencias que se nos hacen. Tambi\u00e9n me parece que har\u00eda usted bien en manifestar, de vez en cuando, a su Familia, que le gustar\u00eda que le advirtiese de sus defectos el que en su casa est\u00e1 destinado para hacerle esa caridad; y que sentir\u00eda que no le amonestase, y que se abstuviera de escribir al Superior General, seg\u00fan es costumbre en todas las Compa\u00f1\u00edas bien ordenadas. Y aseg\u00fareles que no leer\u00e1 nunca las cartas que ellos me escriban ni las que yo les mande a ellos. \u00a1Ah se\u00f1or! \u00a1Qu\u00e9 grande es la miseria humana y cu\u00e1nta paciencia deben tener los Superiores!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAcabo encomend\u00e1ndome a sus oraciones; y le ruego que las dirija frecuentemente a Dios por m\u00ed, para que me perdone las faltas incomparables que cometo todos los d\u00edas en el cargo que tengo, a pesar de ser el m\u00e1s indigno de los hombre y peor que Judas para Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro Superior poco satisfecho de algunos de los que ten\u00eda a su cargo, escribi\u00f3 al Sr. Vicente que preferir\u00eda manejar animales que hombres. Este Santo Var\u00f3n le dio tambi\u00e9n una respuesta tan juiciosa como indiscreta era esa expresi\u00f3n: <em>\u00abLo que usted me indica \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 tiene cierta explicaci\u00f3n; pues lo que usted me dice es verdad en los que quieren que todo se doblegue ante ellos, que nada les resista, que todo vaya seg\u00fan su gusto, que se les obedezca sin replicar y sin demora alguna, en una palabra, que se les adore; pero no ocurre esto con los que aceptan la contradicci\u00f3n y el desprecio, con los que se juzgan servidores de los dem\u00e1s, con los que gobiernan pensando en el gobierno de Nuestro Se\u00f1or, el cual toleraba en su Compa\u00f1\u00eda la rusticidad, la envidia, la poca fe, etc., y que dec\u00eda que no hab\u00eda venido a ser servido, sino a servir. S\u00e9 muy bien, se\u00f1or, que, gracias a Dios ese mismo Se\u00f1or le hace obrar con humildad, con condescendencia, con mansedumbre y con paciencia, y que no emple\u00f3 usted esa palabra m\u00e1s que para expresar su pena y convencerme de que le quite del cargo. As\u00ed pues, procuraremos enviar a otro en su lugar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A este Superior, que era un servidor de Dios, le pareci\u00f3 la respuesta de su Padre tan adecuada, que le escribi\u00f3 de nuevo: <em>\u00abHe admirado y sigo admirando su respuesta, tan hermosa como en\u00e9rgica; la aprecio mucho, la respeto y me la aplico\u00bb, etc.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente despu\u00e9s de haberle relevado de su cargo, le escribi\u00f3 estas palabras: <em>\u00abEnviamos al Sr. N. en su lugar, despu\u00e9s de las s\u00faplicas que usted nos hizo, para que le quit\u00e1ramos de Superior\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Le dec\u00eda eso, porque a\u00fan deb\u00eda residir en la misma casa. Y es de notar, que, al retirar del cargo a los Superiores, los dejaba con bastante frecuencia de s\u00fabditos en la misma Familia para ejercitarlos en una m\u00e1s perfecta humildad y obediencia.<\/p>\n<p>Un Sacerdote de la Misi\u00f3n, Rector de un Seminario, que era muy piadoso y lleno de celo, pero que naturalmente estaba dotado de un esp\u00edritu un poco \u00e1spero y que, por eso, no trataba a los seminaristas con toda la mansedumbre conveniente, dio ocasi\u00f3n al Sr. Vicente de escribirle la siguiente carta<em>: \u00a0\u00abCreo \u2014le dice\u2014 en lo que me escribe m\u00e1s que en las cosas que veo; tengo demasiadas pruebas de su inter\u00e9s en procurar el bien del Seminario para dudar de ello. Eso hace que suspenda mi juicio sobre las quejas que me han dado de su trato demasiado seco, hasta que usted me haya escrito lo que hay. Sin embargo, le ruego que medite sobre su forma de actuar, y que se d\u00e9 a Dios para corregir con su gracia lo que usted encuentre de descort\u00e9s: porque, adem\u00e1s de que se ofende a su Divina Majestad, aunque usted tenga buena intenci\u00f3n, con todo, ocurren otros inconvenientes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl primero es que esos Se\u00f1ores salen descontentos del Seminario, pueden cansarse de la virtud, caer en el vicio, y perderse por haber salido demasiado pronto de esa santa escuela y no haber sido tratados en ella bondadosamente. Lo segundo es que desprestigian al Seminario, e impiden que entren otros, que, de otra forma, hubieran venido, y all\u00ed hubieran recibido las ense\u00f1anzas y las gracias convenientes para su vocaci\u00f3n. Y en tercer lugar, la mala fama de una casa particular recae sobre toda la Compa\u00f1\u00eda, que, al perder parte de su buen olor, recibe un notable perjuicio para el progreso en sus actividades, y ve disminuir el bien que Dios ha querido hacer por medio de ella\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi usted dice que no ha notado esos defectos en usted, eso indica que tiene muy poca humildad; porque, si usted tuviera tanta como Nuestro Se\u00f1or pide de un Sacerdote de la Misi\u00f3n, se juzgar\u00eda el m\u00e1s imperfecto de todos, y se considerar\u00eda culpable de esas cosas, y atribuir\u00eda a alguna secreta ceguera no ver lo que los otros ven, sobre todo, despu\u00e9s de que usted ha sido avisado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY a prop\u00f3sito del aviso, me he informado tambi\u00e9n que usted se molesta si se le avisa. Si es as\u00ed, se\u00f1or, su situaci\u00f3n es de temer, y est\u00e1 lejos de la de los Santos, que se han humillado ante el mundo, y se han alegrado cuando se les han indicado las peque\u00f1as faltas que hab\u00eda en ellos. Eso no es imitar bien al Santo de los Santos, Jesucristo, el cual permiti\u00f3 que se le echara en rostro p\u00fablicamente el mal que no hab\u00eda hecho, y que no dijo ni una palabra para ponerse a cubierto de aquella confusi\u00f3n. Aprendamos de El, se\u00f1or, a ser mansos y humildes de coraz\u00f3n. Esas son las virtudes que usted y yo le debemos pedir sin cesar, y de las que debemos preocuparnos particularmente, para no dejarnos llevar de las pasiones opuestas, que destruyen con una mano el edificio espiritual que va levantando la otra. \u00a1Quiera ese mismo Se\u00f1or iluminarnos con su Esp\u00edritu, para ver las tinieblas del nuestro, y para someterlo a los que El ha puesto para dirigirnos, y animarnos con la dulzura infinita de El, a fin de que ella se extienda sobre nuestras palabras y nuestros actos, para ser agradables y \u00fatiles al pr\u00f3jimo!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda a su Comunidad sobre este mismo asunto, y, al tiempo que le daba un aviso de gran importancia, con su humildad habitual:<\/p>\n<p><em>\u00abDeclaro \u2014<\/em>dijo\u2014<em> que los que observan faltas que llevan a la ruina y al desorden de la Compa\u00f1\u00eda, y no dan cuenta de ellas son culpables de la ruina y del desorden de la misma Compa\u00f1\u00eda. Seg\u00fan esto, debo estar dispuesto para que tambi\u00e9n a m\u00ed se me avise, de modo que, si yo no me corrigiera de alguna falta escandalosa que promoviera el desorden y la destrucci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n, o bien, si ense\u00f1ara o sostuviera alguna cosa contraria a la doctrina de la Iglesia, la Congregaci\u00f3n, reunida en asamblea deber\u00eda deponerme, y, adem\u00e1s expulsarme\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, respondiendo a un Superior de una de las casas sobre las advertencias, que \u00e9l cre\u00eda que estaba obligado a dar ante la Comunidad: <em>\u00abEn dos o tres casos \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 se le debe avisar a la Comunidad de la falta de un individuo: en primer lugar, cuando el mal est\u00e1 tan inveterado en el culpable, que se piensa que ser\u00eda in\u00fatil advert\u00edrselo en particular. Por esta raz\u00f3n es por lo que Nuestro Se\u00f1or avis\u00f3 a Judas en presencia de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles, con palabras veladas, diciendo que uno de los que met\u00edan la mano en el plato con El le iba a traicionar. En segundo lugar, cuando se trata de caracteres d\u00e9biles, que no pueden aguantar una correcci\u00f3n, por suave que sea, aunque, por lo dem\u00e1s, sean buenos, porque con esa bondad que tienen, una recomendaci\u00f3n general sin nombrarlos les basta para corregirse. Y en tercer lugar, cuando hay peligro de que otros se dejen llevar por la misma falta, si no se llama la atenci\u00f3n sobre ella. Fuera de esos casos, me parece que los avisos se han de dar s\u00f3lo al interesado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a las faltas que se cometen contra el Superior, indudablemente se ha de avisar de ellas al inferior, pero observando dos o tres cosas. Primera, que no sea jam\u00e1s en el momento, sin una necesidad especial. Segunda, que sea suavemente y al caso. Tercera, que sea en forma de razonamiento, represent\u00e1ndole los inconvenientes de su falta, y eso de modo que pueda conocer que el Superior no le da ese aviso por mal humor, ni porque la cosa le afecta, sino por su bien y por el de su Comunidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no se contentaba con remediar el vicio y las faltas de las casas y de las personas que estaban bajo su direcci\u00f3n. Adem\u00e1s, hac\u00eda todos los esfuerzos para establecer en ellas la perfecci\u00f3n y la m\u00e1s observante regularidad. Para eso, el medio primero y m\u00e1s eficaz, que empleaba, era el buen ejemplo que daba, haci\u00e9ndose imitador de su Divino Maestro, quien, como dice el Santo Evangelio, empez\u00f3 primero a hacer, y despu\u00e9s se puso a ense\u00f1ar. Y efectivamente, este prudente y celoso Superior era tan exacto en los actos de Comunidad, y especialmente en la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana, que se levantaba, como los dem\u00e1s, a las cuatro, aunque hubiera descansado muy poco por la noche a causa de las molestias de la fiebre, o por alg\u00fan otro inconveniente; y, adem\u00e1s los d\u00edas en los que deb\u00eda ser sangrado o tomar alguna medicina, y el d\u00eda siguiente de dicho d\u00eda, incluso en su ancianidad, no se permit\u00eda ning\u00fan descanso, y no dejaba de asistir a la oraci\u00f3n con los dem\u00e1s. No podr\u00edamos saber cu\u00e1nto influyeron los ejemplos de fervor y de observancia del caritativo Padre en sus Hijos, para inducirlos a hacer lo mismo a imitaci\u00f3n suya; y se puede decir que su ejemplo ha sido una de las causas m\u00e1s eficaces del buen orden que siempre se ha visto y admirado en la casa de San Laz\u00e1ro, desde que los Sacerdotes de la Misi\u00f3n se han instalado all\u00ed; y que ha causado tanta edificaci\u00f3n a las personas externas. Quer\u00eda tambi\u00e9n que los Superiores fueran siempre de los m\u00e1s exactos cumplidores y los primeros en los actos de la Comunidad, con tal de que su salud y sus ocupaciones se lo permitieran.<\/p>\n<p><em>\u00abHablando un d\u00eda de los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n dec\u00eda que \u2018los que no se mostraban fieles, sobre todo, a levantarse por la ma\u00f1ana y a hacer su oraci\u00f3n en el lugar y a la hora de los dem\u00e1s, aunque tuvieran, por otra parte, mucho talento y capacidad para gobernar, no eran los m\u00e1s adecuados para ser Superiores de las casas ni Directores de los Seminarios\u2019. Y a\u00f1ad\u00eda que \u2018cuando se trata de nombrar Superiores, hay que fijarse muy bien para ver si los elegidos para esos cargos son observantes y ejemplares, pues de lo contrario les faltar\u00eda una de las principales cualidades en los que han de dirigir a los dem\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed escribi\u00f3 un d\u00eda sobre esa misma cuesti\u00f3n al Superior de un Seminario, para hacerle saber de qu\u00e9 manera deb\u00eda portarse con los eclesi\u00e1sticos que estaban a su cargo: <em>\u00abAlabo a Dios \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 por el n\u00famero de eclesi\u00e1sticos que les env\u00eda el Sr. Obispo de N. Har\u00e1 usted bien en realizar todos los esfuerzos posibles por educarlos en el verdadero esp\u00edritu de su condici\u00f3n, que consiste especialmente en la vida interior y en la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n y de las virtudes; porque no basta con ense\u00f1arles el canto, las ceremonias y un poco de moral; lo principal es formarles en la devoci\u00f3n y en la piedad s\u00f3lida. Para ello hemos de ser nosotros los primeros que nos llenemos de ella, pues ser\u00eda casi in\u00fatil darles la instrucci\u00f3n y no el ejemplo. Hemos de ser embalses llenos para hacer que fluya nuestra agua sin agotarnos jam\u00e1s, poseyendo ese mismo esp\u00edritu que queremos que anime a los dem\u00e1s; pues nadie puede dar lo que no tiene. Pid\u00e1moselo, pues, a Nuestro Se\u00f1or y entregu\u00e9monos a El para esforzarnos en conformar nuestra conducta y nuestros actos con los suyos. Entonces su Seminario derramar\u00e1 una gran suavidad dentro y fuera de su di\u00f3cesis, y har\u00e1 que se multipliquen en n\u00famero y bendiciones; por el contrario, el mayor obst\u00e1culo para ello ser\u00eda querer actuar como due\u00f1os sobre los que est\u00e1n a nuestro cargo, no cuidando de ellos o desedific\u00e1ndolos; es lo que pasar\u00eda, si quisi\u00e9ramos tratarnos bien, lucir mucho, presumir, buscar los honores y distinciones, divertirnos, ahorrar esfuerzos y tratar mucho con los de fuera. Hay que ser firmes sin ser duros en nuestra actuaci\u00f3n y evitar una mansedumbre fofa, que no sirve para nada. Es de Nuestro Se\u00f1or de quien podemos aprender c\u00f3mo hemos de proceder siempre con humildad y con gracia, para atraerle los corazones sin cansar a nadie\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo a otro Superior, le dijo:<\/p>\n<p><em>\u00abTengo la gran esperanza de que contribuir\u00e1 usted mucho, con la gracia de Dios, a la salvaci\u00f3n de los pueblos, y que sus ejemplos servir\u00e1n a sus hermanos para que se aficionen a esta buena obra, y se dediquen a ella en los sitios, tiempos y maneras, que usted les indique, despu\u00e9s de consultar a Dios, como otro Mois\u00e9s, y de recibir de El la ley para d\u00e1rsela a los que va a gobernar. Acu\u00e9rdese de que la forma de gobernar de aquel Santo Patriarca fue paciente, mansa, tolerante, humilde y caritativa, y que en la de Nuestro Se\u00f1or estas virtudes alcanzaron su mayor perfecci\u00f3n, a fin de que nosotros nos conform\u00e1semos a ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Superior de una de sus casas le hab\u00eda escrito para pedirle que entregara su cargo a otro: <em>\u00abPor lo que toca a que le libre del cargo \u2014le dice\u2014 le ruego que no piense en ello, sino que espere que bajo las cenizas de esa humildad, que le hace desear someterse a otro, est\u00e1 oculto el Esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, que ser\u00e1 El mismo la direcci\u00f3n de la actuaci\u00f3n de usted, su fuerza en la debilidad, su ciencia en las dudas y su virtud en sus necesidades. Por su parte, se\u00f1or, d\u00e9se a El para no causar penas a nadie, para tratar a cada uno con mansedumbre y respeto, para usar siempre de ruegos y palabras amistosas y nunca de palabras \u00e1speras o imperiosas. No hay nada tan capaz de ganar los corazones como la manera de obrar humilde y suave, ni por consiguiente, de lograr los fines de usted, que son que Dios sea servido y las almas santificadas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo a otro sobre el mismo tema: <em>\u00abTan lejos est\u00e1n \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 las razones que me aduce para que le libre de la Superioridad, de moverme a poner los ojos en otro, que m\u00e1s bien me confirman en la resoluci\u00f3n de d\u00e1rsela a usted. La visi\u00f3n que tiene usted de sus defectos y de su incapacidad, debe emplearla para humillarse y no para desanimarse. Nuestro Se\u00f1or tiene bastante virtud y en cantidad suficiente para El y para usted; d\u00e9jele, pues, obrar, y no dude de que si usted se mantiene en los humildes sentimientos en los que est\u00e1, y en una humilde confianza en El, su gobierno santificar\u00e1 el de usted. Espero mucho, de su bondad y del buen uso que usted hace de sus gracias, que ser\u00e1 as\u00ed; y en esta esperanza le env\u00edo la carta que le constituye Superior de su Comunidad. Usted se la puede leer, para que ella le vea a usted en Nuestro Se\u00f1or, y a Nuestro Se\u00f1or en usted, as\u00ed se lo ruego\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Antes de acabar este Cap\u00edtulo, introduciremos tambi\u00e9n aqu\u00ed un p\u00e1rrafo de una carta del Sr. Vicente a una Hija de la Caridad, que contiene algunos consejos dignos de ser destacados sobre la forma de proceder en el ingreso de las que eran recibidas en la Compa\u00f1\u00eda de esas buenas Hermanas, o con las que sal\u00edan de ella.<\/p>\n<p><em>\u00abLa respuesta \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que usted le dar\u00e1 a esa buena joven, que para ingresar en la Compa\u00f1\u00eda de ustedes quiere estar segura en ella de por vida, es que eso no se puede; que hasta ahora a ninguna se le ha dado semejante seguridad; y que no se le dar\u00e1 a nadie por temor a que algunas, al relajarse en sus actos piadosos, resulten escandalosas, y se hagan indignas de la gracia de su vocaci\u00f3n. Porque si le ocurriera esa desgracia a alguna persona de mala \u00edndole \u00bfno ser\u00eda razonable cercenar ese miembro gangrenado, para que no da\u00f1e a otros? Pero, Hermana, usted sabe que no se despide a nadie sino en raras ocasiones y s\u00f3lo por faltas notables; y nunca por faltas comunes, ni siquiera por extraordinarias, a no ser que sean frecuentes y considerables; y a\u00fan entonces, eso se lleva a cabo lo m\u00e1s tarde que se puede, y despu\u00e9s de haber soportado durante mucho tiempo las ca\u00eddas de semejante persona, y empleado en vano los remedios adecuados para su correcci\u00f3n. Sobre todo, se usa paciencia y caridad con las que no son del todo nuevas, y a\u00fan m\u00e1s con las antiguas, de manera que, si salen algunas, es porque ellas mismas se marchan o por ligereza de esp\u00edritu, o porque, por haber sido flojas y tibias en el servicio de Dios, Dios mismo las vomita y las arroja, antes de que los Superiores piensen en despedirlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDecir que las que son fieles a Dios y sumisas a la santa obediencia salen de la Compa\u00f1\u00eda es algo que no sucede, gracias a Dios, ni tampoco las que se portan bien, ni las que est\u00e1n enfermas. Se hace lo que se puede por conservarlas a todas, y se toman todos los cuidados posibles de unas y de otras, hasta la muerte. As\u00ed pues, si esta buena joven quiere decidirse a entrar donde ustedes y a morir ah\u00ed, ser\u00e1 tratada igualmente con mucha caridad. Pero d\u00edgale, por favor, que le corresponde a ella asegurar su vocaci\u00f3n con buenas obras, seg\u00fan el consejo del Ap\u00f3stol San Pedro. Y para eso, debe apoyarse s\u00f3lo en Dios, y esperar de El la gracia de la perseverancia. Que si ella quiere fiarse m\u00e1s de los hombres, parece que busca otra cosa distinta de Dios, en cuyo caso hay que dejarla, y no preocuparse m\u00e1s de ella\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuaci\u00f3n del mismo asunto El gobierno del Sr. Vicente era tal como lo hemos visto en este Cap\u00edtulo; veamos c\u00f3mo era el orden que segu\u00eda. 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