{"id":39121,"date":"2011-06-26T02:55:29","date_gmt":"2011-06-26T00:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-16-seccion-unica\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-16-seccion-unica","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-16-seccion-unica\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 16, Secci\u00f3n \u00fanica"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_28831\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28831\" class=\"size-medium wp-image-28831\" title=\"Luis Abelly\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/abelly-198x300.jpg?resize=198%2C300\" alt=\"Luis Abelly\" width=\"198\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28831\" class=\"wp-caption-text\">Luis Abelly<\/p><\/div>\n<p><strong>Continuaci\u00f3n del mismo asunto<\/strong><\/p>\n<p>Ya hemos hecho notar que el Sr. Vicente segu\u00eda cierta norma, cuando le ped\u00edan un consejo sobre alg\u00fan asunto: la de no precipitarse, pensando maduramente todas las circunstancias de la cosa acerca de la cual hab\u00eda que deliberar. A tal efecto, cuando no hab\u00eda alguna urgencia, ordinariamente tomaba tiempo para poder pensar ante Dios con m\u00e1s tranquilidad, y para dedicarle al asunto una consideraci\u00f3n m\u00e1s atenta. Ah\u00ed van algunos ejemplos, entre otros muchos.<\/p>\n<p>Una persona, conocida suya, ten\u00eda muchos deseos de que un joven abogado entrara en una gran casa para hacerse con la administraci\u00f3n, y tramitar los negocios, y rog\u00f3 al Sr. Vicente, muy influyente en aquella casa, que lo empleara en aquello. El le respondi\u00f3: Lo pensaremos, pero antes de que trabaje all\u00ed, guardaremos silencio un mes entero sobre este asunto, para escuchar a Dios y para honrar el silencio que Nuestro Se\u00f1or guard\u00f3 tan frecuentemente en la tierra. As\u00ed quiso reprimir el ardor que dejaba traslucir aquella persona, y la prisa que manifestaba tener sobre dicho asunto, y consultar la voluntad de Dios. Pero despu\u00e9s de haberlo diferido cuatro o cinco meses, actu\u00f3 de forma que dicho abogado fuera recibido en el cargo indicado. Ah\u00ed se echa de ver que su manera de obrar era muy opuesta al procedimiento ordinario del mundo, que quiere r\u00e1pidamente y sin ninguna dilaci\u00f3n emplear toda clase de medios, y mover cielo y tierra (como suele decirse) con tal de conseguir sus prop\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Cuando se trat\u00f3 de dar unas Reglas a su Congregaci\u00f3n sin las cuales \u00e9l sab\u00eda bien que no podr\u00eda subsistir, aunque su coraz\u00f3n se sent\u00eda urgido a tener que dar la \u00faltima mano a una obra que le era tan querida, como la cosa era de extrema importancia, esper\u00f3 treinta y tres a\u00f1os antes de entregarlas, pero haci\u00e9ndolas practicar a los de su Compa\u00f1\u00eda. Juzg\u00f3 as\u00ed por una norma de alt\u00edsima prudencia que, para hacer las Reglas no solamente perfectas, en cuanto depend\u00eda de \u00e9l, sino tambi\u00e9n estables y duraderas, hac\u00eda falta empezar a practicarlas antes de escribirlas, y hacer de forma que fueran grabadas en los corazones de todos los suyos, antes de que fueran escritas sobre el papel.<\/p>\n<p>Era extremadamente reservado y circunspecto en sus palabras, no solamente para no decir nada ni responder algo que pudiera causar alguna sospecha o desconfianza, o que diera motivo de pena a alguien, sino tambi\u00e9n para no adelantar nada que no estuviera maduramente considerado y digerido en su esp\u00edritu; y hay motivos para creer que era por eso, por lo que hablaba poco y muy despacio.<\/p>\n<p><em>\u00abDec\u00eda que es una prueba de prudencia y de sabidur\u00eda, no s\u00f3lo hablar bien y decir cosas buenas, sino decirlas a prop\u00f3sito de modo que fueran bien recibidas, y aprovechasen a las personas con las que hablamos. Nuestro Se\u00f1or nos dio el ejemplo de ello en muchas ocasiones, sobre todo, cuando habl\u00f3 con la samaritana, tomando pie del agua que ven\u00eda a buscar, para hablar de la gracia e inspirarle el deseo de una perfecta conversi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Yendo por el campo, se encontr\u00f3 con un joven sacerdote de aldea, a quien no conoc\u00eda, y que ten\u00eda un libro en la mano. Su prudencia y su caridad le hicieron pronunciar estas palabras al saludarle: \u00a1 Se\u00f1or! \u00a1 Qu\u00e9 bien est\u00e1 eso de entretenerse as\u00ed con Nuestro Se\u00f1or con esa buena lectura; me edifica usted mucho, y su ejemplo me ense\u00f1a c\u00f3mo entretenerse uno con buenos pensamientos. El Sr. Vicente no sab\u00eda si el libro que llevaba aquel eclesi\u00e1stico era bueno o malo; pero por un rasgo de prudencia y de caridad, todo junto, suponiendo que fuera bueno, quiso aprovecharse de las palabras del saludo para persuadirle con aquella aprobaci\u00f3n graciosa, que hiciera alguna buena lectura.<\/p>\n<p>Un P\u00e1rroco c\u00e9lebre de Par\u00eds ten\u00eda la intenci\u00f3n de tomar por vicario a un eclesi\u00e1stico, quien, despu\u00e9s de haber vivido durante alg\u00fan tiempo en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hab\u00eda salido de ella, y le escribi\u00f3 al Sr. Vicente, rog\u00e1ndole que le informara sobre aquel sujeto, que hab\u00eda salido de su Compa\u00f1\u00eda, c\u00f3mo se port\u00f3 y si cre\u00eda que ser\u00eda apto para la funci\u00f3n a la que lo destinaba. El Sr. Vicente se encontr\u00f3 en situaci\u00f3n embarazosa sobre qu\u00e9 le deb\u00eda responder porque no quer\u00eda causar da\u00f1o al eclesi\u00e1stico, cuyos defectos conoc\u00eda, y por los cuales pensaba que no podr\u00eda irle bien la condici\u00f3n de vicario; tampoco quer\u00eda enga\u00f1ar al P\u00e1rroco, ni hacerle creer las cosas de distinto modo del que eran. Por eso, para no caer ni en uno ni en otro de esos inconvenientes, su prudencia le sugiri\u00f3 un medio, que fue darle la siguiente respuesta al P\u00e1rroco<em>: \u00abNo conozco suficientemente, se\u00f1or, al eclesi\u00e1stico del que usted me escribe, como para darle ning\u00fan informe, aunque \u00e9l haya vivido bastante tiempo entre nosotros. Un Sacerdote antiguo de la Compa\u00f1\u00eda estaba presente, cuando el Sr. Vicente dictaba la respuesta, y como no conoc\u00eda de qu\u00e9 se trataba, le interrumpi\u00f3 para decirle que aquel P\u00e1rroco tendr\u00eda motivos para extra\u00f1arse, si le escrib\u00eda que no conoc\u00eda suficientemente a un Sacerdote que hab\u00eda vivido un tiempo notable en su Compa\u00f1\u00eda y bajo su direcci\u00f3n. El le respondi\u00f3: Ya me doy cuenta de eso, pero \u00bfpuedo yo actuar mejor que Nuestro Se\u00f1or, que dijo de los r\u00e9probos que hab\u00edan profetizado en su nombre, que no los conoc\u00eda? Lo cual se entiende de un conocimiento de aprobaci\u00f3n. Acepte, pues, como bueno que yo siga Su ejemplo, y Su manera de hablar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como no ten\u00eda otra intenci\u00f3n en la distribuci\u00f3n de los Beneficios, mientras estuvo empleado en los Consejos de Su Majestad, sino la de procurar el mayor bien de la Iglesia, nunca usaba de otros artificios para concederlos a los que juzgaba m\u00e1s dignos, que presentar la virtud y el m\u00e9rito de ellos con las ventajas que se seguir\u00edan para el servicio de Dios y para el bien del pr\u00f3jimo, sin jam\u00e1s rebajar la buena opini\u00f3n que se pod\u00eda tener de los dem\u00e1s pretendientes para no causarles ning\u00fan da\u00f1o. Por eso, estaba obligado a usar de grand\u00edsima prudencia y circunspecci\u00f3n en sus palabras, para mantener el inter\u00e9s de la Iglesia y no lesionar ni la Verdad ni la Caridad.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, mostraba una maravillosa prudencia, cuando estaba obligado a llamar la atenci\u00f3n o a reprender a alguien, de forma que no quedara entristecido o amargado, y que hiciera un buen uso de la advertencia o de la correcci\u00f3n, que le hab\u00eda hecho. Veamos c\u00f3mo se port\u00f3 en este punto en determinadas ocasiones; de ah\u00ed se podr\u00e1 juzgar de otras.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se enter\u00f3 de buena fuente, que un eclesi\u00e1stico sabio y gran predicador, que sol\u00eda venir a verle con frecuencia por alg\u00fan motivo, no ten\u00eda buenos sentimientos acerca de la fe; y como, por otra parte, ten\u00eda de ello alguna conjetura m\u00e1s que probable, us\u00f3 de un recurso no menos prudente que caritativo en la correcci\u00f3n fraternal que le hizo de la forma siguiente, seg\u00fan el relato que el mismo Sr. Vicente ha dejado escrito con un seud\u00f3nimo.<\/p>\n<p><em>\u00abConsiderando delante de Dios \u2014<\/em>dice<em>\u2014 lo que ten\u00eda que hacer en esta ocasi\u00f3n, pens\u00e9 que, seg\u00fan la norma del Evangelio, deb\u00eda dec\u00edrselo a D\u00e1maso en secreto y en forma de par\u00e1bola. As\u00ed pues, hablando un d\u00eda familiarmente con \u00e9l le dije: Padre, como es usted un gran predicador, tengo que pedirle un consejo so bre una cosa que nos ocurre a los misioneros, cuando vamos a trabajar en el campo, y nos encontramos a veces con personas que no creen en nuestra Reli gi\u00f3n. No sabemos entonces qu\u00e9 tenemos que hacer para convencerlas. Por eso, le ruego que me diga lo que usted cree que debemos hacer en esas ocasiones para inducirlas a creer en las cosas de la fe\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEntonces D\u00e1maso me respondi\u00f3 con cierta emoci\u00f3n: \u00bf Por qu\u00e9 me pregunta us ted eso? Le repliqu\u00e9: Es que los pobres se dirigen a los ricos para obtener alguna asistencia y ayuda; y como nosotros somos unos pobres ignorantes, no sabemos de qu\u00e9 manera hemos de tratar las cosas divinas y nos dirigimos a usted para ro garle que nos instruya en esto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abD\u00e1maso se recobr\u00f3 enseguida y me respondi\u00f3 que a \u00e9l le parecer\u00eda bien ense\u00f1ar las verdades cristianas, primero, por la Sagrada Escritura; luego, por los Padres; en tercer lugar, por alg\u00fan razonamiento; en cuarto lugar, por el com\u00fan sentir de los pueblos cat\u00f3licos de los siglos pasados; en quinto lugar por tantos m\u00e1rtires, como han derramado su sangre por la confesi\u00f3n de estas mismas verdades y, finalmente, por todos los milagros que Dios hab\u00eda hecho para confirmarlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s que acab\u00f3, le dije que me parec\u00eda muy bien todo aquello y que le rogaba que pusiera todas aquellas cosas por escrito sencillamente y sin artificio, y que me las enviara. As\u00ed lo hizo al cabo de dos o tres d\u00edas, tray\u00e9ndomelas personalmente. Le di las gracias, dici\u00e9ndole: Se lo agradezco mucho, y siento un gozo especial al verle con tan buenos sentimientos, y que me los demuestre usted mismo; pues, adem\u00e1s del provecho que sacar\u00e9 de ello para mi uso particular, me servir\u00e1 tambi\u00e9n todo esto para justificarle a usted. Quiz\u00e1 le cueste a usted trabajo escuchar lo que voy a decirle, pero es muy verdadero: hay personas muy conven cidas de ello, que andan diciendo que usted no tiene buenos sentimientos acerca de las cosas de la fe. As\u00ed, pues, vea usted la forma de concluir con lo que tan bien ha comenzado; y despu\u00e9s de haber sostenido tan dignamente su fe por es crito, entr\u00e9guese a Dios para vivir de una manera no solamente apartada de esa falsedad que andan diciendo de usted, sino que adem\u00e1s pueda servir de edifica ci\u00f3n a la gente. A\u00f1ad\u00ed que cuanto m\u00e1s elevada de condici\u00f3n es una persona, como \u00e9l, tanto m\u00e1s obligada estaba a entregarse a la virtud; y que por esa misma raz\u00f3n, los que escribieron la Vida de San Carlos Borromeo dijeron que la virtud era tanto m\u00e1s virtud cuanto m\u00e1s distinguida era la persona en la que se encontraba; y que era como una piedra preciosa, que desped\u00eda un esplendor mucho m\u00e1s brillante cuando estaba engastada en una sortija de oro, que cuando la sortija era de plomo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSe mostr\u00f3 conforme D\u00e1maso con lo que le dije, y me asegur\u00f3 que en adelante propcurar\u00eda obrar de ese modo. Se march\u00f3, y me dej\u00f3 muy contento al verlo en tan buena resoluci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Estando un d\u00eda en compa\u00f1\u00eda de unas personas de gran condici\u00f3n, sucedi\u00f3 que a una de ellas, por una viciosa costumbre que hab\u00eda contra\u00eddo hac\u00eda tiempo, se le escap\u00f3 la frase que el demonio te lleve, y otras imprecaciones parecidas. En cuanto las oy\u00f3 el Sr. Vicente, se acerc\u00f3 donde \u00e9l, y d\u00e1ndole un abrazo cordialmente, le dijo sonriendo: Y yo, Se\u00f1or, yo lo retengo para Dios. Aquello edific\u00f3 mucho a todo el grupo, y sirvi\u00f3 de correcci\u00f3n suave y eficaz a quien se permit\u00eda proferir aquellas palabras, de modo que, confesando que hab\u00eda hecho mal, prometi\u00f3 abstenerse de semejantes modos de hablar.<\/p>\n<p>Un virtuoso eclesi\u00e1stico ha manifestado que \u00e9l le vio hacer un acto parecido un d\u00eda, aunque en una circunstancia muy distinta, con un Prelado que se encontr\u00f3 en la calle. Despu\u00e9s de saludarlo, le dijo con mucha gracia: Monse\u00f1or, le ruego que se acuerde del anillo. El Prelado le respondi\u00f3, riendo: \u00a1 Ay se\u00f1or! \u00a1 Me ha cogido! El eclesi\u00e1stico presenci\u00f3 esto, le pidi\u00f3 la explicaci\u00f3n de aquello del anillo. El Sr. Vicente le dijo que aquel buen Prelado, que le profesaba una gran amistad, le hab\u00eda dicho varias veces que no cambiar\u00eda nunca de esposa, es decir, de su Iglesia, por otra, por muy hermosa y rica que pudiera ser, ense\u00f1\u00e1ndole a tal efecto el anillo que llevaba en su mano derecha, y a\u00f1adiendo estas palabras del Salmista: Oblioni detur dextera mea, si non meminero tui. Y es de destacar que, por entonces, se hablaba de un rico Arzobispado para ese mismo Prelado. En el curso de la vida del Sr. Vicente se encuentra uno con un n\u00famero casi innumerable de acciones parecidas a \u00e9stas, que, a pesar de que las realiz\u00f3 riendo, sin embargo part\u00edan de una grand\u00edsima prudencia y produc\u00edan ordinariamente muy buenos efectos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n era efecto de su prudencia usar de tal circunspecci\u00f3n en sus palabras, que no contristaba nunca a nadie, y jam\u00e1s desped\u00eda a alguno descontento de junto a \u00e9l.<\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a m\u00ed \u2014<\/em>dice el Superior de una de sus casas<em>\u2014 no he tenido nunca el honor de acercarme a \u00e9l, sin que al retirarme, haya sacado toda la satisfacci\u00f3n que pod\u00eda pretender, sea que me concediera, o que me negara lo que yo le ped\u00eda. Y a\u00fan m\u00e1s, la v\u00edspera del d\u00eda que sal\u00ed de Par\u00eds para ir adonde \u00e9l me mandaba, estuve con \u00e9l bastante tiempo, y durante el mismo vinieron a hablarle varias personas; y qued\u00e9 admirado, como siempre, de qu\u00e9 manera desped\u00eda a todos contentos. Le vinieron a pedir dos cosas, entre otras varias. La primera fue la libertad de un criminal, que hab\u00eda cometido un asesinato en la carretera de SaintDenis, en un paraje perteneciente a la jurisdicci\u00f3n de San L\u00e1zaro. Recibi\u00f3 muy cordialmente a un eclesi\u00e1stico que le vino a hablar, y le manifest\u00f3 toda la benevolencia posible; pero como la cosa no depend\u00eda del todo de \u00e9l, le hizo conocer cu\u00e1l era el comportamiento de Dios en los efectos de su Justicia, como tambi\u00e9n en los de su Misericordia, y que hab\u00eda que respetar tanto los unos como los otros. Le habl\u00f3 inmediatamente de las circunstancias del asesinato que hab\u00eda sido cometido, y de la justicia de los castigos que Dios hab\u00eda establecido para los cr\u00edmenes parecidos; y lo hizo con tanta gracia, que aquel honrado eclesi\u00e1stico se retir\u00f3 contento, no teniendo nada que objetar a lo que acababa de o\u00edr. La segunda cosa fue que un seglar vino a pedir dinero en pr\u00e9stamo. El Sr. Vicente le dio mil excusas: que la casa no estaba en situaci\u00f3n de poder prestar, y que sent\u00eda mucho no poder servirle en aquella ocasi\u00f3n, y le habl\u00f3, finalmente, con tanta dulzura y prudencia, que su negativa no tuvo ning\u00fan mal efecto en el esp\u00edritu de aquel seglar, quien se retir\u00f3 muy contento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En el viaje que hizo el a\u00f1o 1649 visit\u00f3 varias de sus casas, entre otras, un seminario, que hab\u00eda sido establecido en una ciudad episcopal, cuya Sede estaba vacante. Hab\u00eda, es cierto, un Obispo reci\u00e9n nombrado, que a\u00fan no estaba en posesi\u00f3n de sus Bulas, y de quien el Sr Vicente se hab\u00eda mostrado contrario en su promoci\u00f3n a aquel Obispado, de lo cual ese Prelado se hab\u00eda quejado mucho. Pues bien, hall\u00e1ndose precisamente entonces en aquella ciudad, contra toda previsi\u00f3n del Sr. Vicente, se puso a pensar de qu\u00e9 manera deber\u00eda portarse con \u00e9l: Porque\u2014dec\u00eda\u2014 si le voy a saludar, veros\u00edmilmente quedar\u00e1 sorprendido, y quiz\u00e1s emocionado e impre sionado; si le mando a preguntar si le gustar\u00e1 mi visita, no s\u00e9 c\u00f3mo recibir\u00e1 el cum plido; si no voy donde \u00e9l, y no env\u00edo a nadie all\u00ed, ese buen Se\u00f1or tendr\u00eda raz\u00f3n para indignarse a\u00fan m\u00e1s contra m\u00ed, y eso es lo que hay que evitar. \u00bf Qu\u00e9 hago entonces? Vean lo que la prudencia y la humildad de este sabio sacerdote le sugiri\u00f3 en esa coyuntura. Envi\u00f3 donde el Prelado al Superior de la casa con otro Sacerdote para decirle que acababa de llegar a su di\u00f3cesis; que no se atrev\u00eda a quedarse all\u00ed sin permiso suyo, y que le suplicaba muy humildemente que aceptara de buen grado que se quedara siete u ocho d\u00edas donde los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Este humilde cumplido fue muy bien recibido por aquel Prelado, y qued\u00f3 tan satisfecho, que le hizo saber que consent\u00eda muy gustosamente en que \u00e9l se quedara all\u00ed todo el tiempo que quisiera, y que si no hubiera tenido una casa en aquella ciudad, le hubiera ofrecido la suya. El Sr. Vicente quiso aprovecharse de una respuesta tan amable para ir a agradec\u00e9rsela al Prelado, y presentarle sus respetos con el fin de aplacarlo enteramente. Pero no tuvo tiempo para ello, pues el Sr. Obispo se march\u00f3 el mismo d\u00eda inopinadamente, para trasladarse a otro lugar.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente segu\u00eda esta gran norma en todas sus deliberaciones, consejos y resoluciones: la de consultar siempre y, ante toda otra cosa, al Or\u00e1culo de la Divina Verdad, es decir, de ver y considerar lo que Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda dicho y hab\u00eda hecho, que tuviera alguna relaci\u00f3n con la cosa sobre la cual iba a tratarse, para as\u00ed conformarse a sus ejemplos, y someterse a sus ense\u00f1anzas; Jesucristo ven\u00eda a ser como la fuente de donde sacaba todos los consejos m\u00e1s sabios, que daba a los dem\u00e1s y todas las resoluciones m\u00e1s santas que tomaba para s\u00ed mismo. Despu\u00e9s de eso, no hay por qu\u00e9 admirarse si obraba con prudencia, si le sal\u00edan las cosas con tanta bendici\u00f3n, ya que iba a la fuente de la Sabidur\u00eda misma, que es la Palabra Divina encarnada; y que se le pudiera decir bien que, seg\u00fan el deseo del Sabio, esta Divina Sabidur\u00eda le asist\u00eda, le guiaba y obraba con \u00e9l en todas sus circunstancias. A prop\u00f3sito de esto, preguntando un d\u00eda a uno de sus Sacerdotes su opini\u00f3n sobre una duda que ten\u00eda, y como dicho Sacerdote le dijera que hab\u00eda que hacer la cosa, por raz\u00f3n de las consecuencias enojosas que se seguir\u00edan, si no se llevaba a efecto, el Sr. Vicente le replic\u00f3 dici\u00e9ndole que no hab\u00eda por qu\u00e9 preocuparse tanto de las consecuencias, como de la sustancia de la cosa, y de la relaci\u00f3n que pod\u00eda tener con las palabras y los ejemplos de Jesucristo.<\/p>\n<p>Con las misma intenci\u00f3n de conformarse al Divino Ejemplar usaba de esta otra norma: la de hacer todas las cosas apenas sin ruido, sin fasto y sin brillo: eligiendo las obras y los caminos m\u00e1s humildes, as\u00ed como los m\u00e1s caritativos, para no excitar la envidia, ni la contradicci\u00f3n de los hombres. Y cuando el demonio ha suscitado algunas, el Sr. Vicente no ha usado de otras armas para superarlas que la humildad, la paciencia, la penitencia y la oraci\u00f3n; pues no quiso nunca defenderse ni justificarse para rechazar la maledicencia y la calumnia, ni servirse de ninguna fuerza ni autoridad temporal para tener \u00e9xito en sus buenos prop\u00f3sitos, y juzgando prudentemente que por ese medio triunfar\u00eda de ese enemigo; como as\u00ed lo ha hecho.<\/p>\n<p>Finalmente, el Sr. Vicente ha demostrado la pureza y la solidez de su prudencia y de su sabidur\u00eda, en que siempre ha tratado se seguir y cumplir en todas las cosas la sant\u00edsima Voluntad de Dios, preferentemente a todo lo dem\u00e1s, y sin tener ning\u00fan respeto a los intereses temporales, que despreciaba y pisoteaba, cuando se trataba de los intereses del servicio y de la gloria de Jesucristo. Ese era el \u00fanico y grande principio sobre el cual fundaba sus resoluciones, y por el cual ejecutaba fiel y constantemente lo que hab\u00eda resuelto, prefiriendo soberana e incomparablemente la voluntad de Dios y lo que miraba a su gloria y a su servicio sobre toda otra cosa, sin exceptuar ninguna.<\/p>\n<p>Para conclusi\u00f3n de este Cap\u00edtulo, referiremos aqu\u00ed el testimonio, dado por escrito por un virtuos\u00edsimo eclesi\u00e1stico, relativo a la prudente y sabia actuaci\u00f3n del Sr. Vicente, principalmente en sus respuestas a los que le consultaban y le ped\u00edan sus consejos; porque he aqu\u00ed el orden que segu\u00eda, seg\u00fan lo que este eclesi\u00e1stico ha dicho, que lo hab\u00eda observado con frecuencia:<\/p>\n<p>En primer lugar, y antes de toda otra cosa, elevaba su alma a Dios para implorar Su asistencia, convidando ordinariamente a los que ven\u00edan a pedirle consejo a hacer lo mismo; y, con una breve y ferviente oraci\u00f3n, que hac\u00eda con ellos, ped\u00eda luz y gracia para conocer la voluntad de Dios en las cuestiones sobre las que iban a deliberar. En segundo lugar, escuchaban muy atentamente lo que se le propon\u00eda, consider\u00e1ndolo y sopes\u00e1ndolo con tranquilidad, y, si lo cre\u00eda necesario, ped\u00eda mayores aclaraciones sobre ello, para conocer mejor todas las circunstancias. En tercer lugar, no precipitaba nunca su parecer; y tambi\u00e9n, si el m\u00e9rito de la cosa lo requer\u00eda, ped\u00eda tiempo para pensar, exhortando con todo, que la encomendaran a Dios. En cuarto lugar, le parec\u00eda muy bien el que pidieran consejo a otros, y tambi\u00e9n \u00e9l lo ped\u00eda gustosamente, y difer\u00eda siempre, tanto cuanto la justicia y la caridad se lo pod\u00edan permitir, a los consejos del pr\u00f3jimo que \u00e9l segu\u00eda m\u00e1s a gusto que los suyos propios. En quinto lugar, cuando estaba obligado a proponer sus sentimientos, lo hac\u00eda de una forma ponderada, y, con todo, tan humilde, que ha ciendo ver lo que estimaba m\u00e1s conveniente, dejaba a la persona que se decidiera ella misma, diciendo, por ejemplo, hay tal y tal raz\u00f3n que parece invitar a tomar tal resoluci\u00f3n; o bien, si se le urg\u00eda absolutamente a determinar y a decir su parecer, los propon\u00eda con el mismo estilo, diciendo: Me parece que estar\u00eda bien, o que ser\u00eda m\u00e1s conveniente hacer tal cosa, o portarse de tal modo. Despu\u00e9s de lo cual observaba dos cosas: una, retener bajo el sello del secreto los asuntos acerca de los cuales se le hab\u00eda consultado, sin hablar de ellos nunca, sino con la anuencia de la persona que le hab\u00eda consultado, y por alguna necesidad evidente o utilidad; otra, permanecer constante en las resoluciones tomadas: porque despu\u00e9s de que hab\u00eda una vez conocido la voluntad de Dios, no cambiaba m\u00e1s, sino que ten\u00eda como norma, que hab\u00eda que proceder a la ejecuci\u00f3n y guardarse del vicio de la inconstancia, que es muy opuesto a la verdadera prudencia, y arruina las m\u00e1s santas y las m\u00e1s solidas resoluciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuaci\u00f3n del mismo asunto Ya hemos hecho notar que el Sr. Vicente segu\u00eda cierta norma, cuando le ped\u00edan un consejo sobre alg\u00fan asunto: la de no precipitarse, pensando maduramente todas las circunstancias de la cosa &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-16-seccion-unica\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-39121","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 16, Secci\u00f3n \u00fanica - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-16-seccion-unica\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 16, Secci\u00f3n \u00fanica - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Continuaci\u00f3n del mismo asunto Ya hemos hecho notar que el Sr. Vicente segu\u00eda cierta norma, cuando le ped\u00edan un consejo sobre alg\u00fan asunto: la de no precipitarse, pensando maduramente todas las circunstancias de la cosa ... 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