{"id":39116,"date":"2021-04-18T07:55:29","date_gmt":"2021-04-18T05:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-2\/"},"modified":"2020-12-15T19:55:27","modified_gmt":"2020-12-15T18:55:27","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ideas de Sr. Vicente referentes a la virtud de la humildad <\/strong><\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente se aprovechaba para humillarse de todas las ocasiones, como ya lo hemos indicado en este Cap\u00edtulo, y aunque se pueda decir sin equivocarse que toda clase de cosas le serv\u00edan de materia para practicar la humildad, sin embargo, ten\u00eda dos principales motivos, que ven\u00edan a ser como los dos ejes sobre los cuales giraban todos los sentimientos que ten\u00eda sobre dicha virtud, y todos los actos que hac\u00eda y aconsejaba a otros.<\/p>\n<p>El primero era el gran conocimiento y los puntos de vista singular\u00edsimos que pose\u00eda de las infinitas perfecciones de Dios y de los defectos de las criaturas, que le daban motivos para considerar una injusticia el no humillarse siempre y en todo, dada la condici\u00f3n desgraciada del hombre y la grandeza y santidad infinita de Dios. Veamos con qu\u00e9 palabras habl\u00f3 un d\u00eda a los suyos acerca de esta cuesti\u00f3n: <em>\u00abVerdaderamente, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, si todos queremos estudiarnos para conocernos bien a nosotros mismos, hallaremos que es muy justo y muy razonable despreciarse a s\u00ed mismo. Porque si de un lado consideramos seriamente la corrupci\u00f3n de nuestra naturaleza, la ligereza de nuestro esp\u00edritu, las tinieblas de nuestro entendimiento, el desarreglo de nuestra voluntad y la impureza de nuestros afectos; y, por otro lado, si pesamos correctamente en el peso del Santuario nuestras obras y nuestras producciones, nos encontraremos con que el conjunto en muy digno de desprecio. Pero, \u00bfqu\u00e9?, me dir\u00e1n ustedes, \u00bfpone usted dentro de ese n\u00famero las predicaciones que hemos hecho, las confesiones que hemos o\u00eddo, los desvelos y los sinsabores que hemos aguantado por el pr\u00f3jimo y por el servicio de Nuestro Se\u00f1or? S\u00ed, se\u00f1ores, si repasamos nuestras mejores acciones, nos encontraremos con que la mayor parte de ellas las hemos realizado mal en cuando al modo y, a menudo, en cuanto al fin; y que, de cualquier manera que las consideremos, puede haber tanto mal como bien; porque, d\u00edganme, les ruego: \u00bfqu\u00e9 es lo que puede producir la nada? y \u00bfqu\u00e9 puede hacer el pecado? y \u00bfqu\u00e9 otra cosa es lo que tenemos de nosotros mismos, sino la nada y el pecado? Tengamos, pues, por cierto, que en todo y por todo somos dignos de rechazo y siempre muy despreciables, a causa de la oposici\u00f3n que tenemos por nosotros mismos a la santidad y a las dem\u00e1s perfecciones de Dios, a la vida de Jesucristo y a las operaciones de su gracia. Lo que nos persuade a\u00fan m\u00e1s esta verdad es la inclinaci\u00f3n natural y continua que tenemos al mal, nuestra impotencia al bien y la experiencia, que tenemos todos, de que, incluso cuando pensamos que hemos salido bien en un acto, o coincidido perfectamente en nuestros pareceres, sucede todo lo contrario, y Dios permite frecuentemente que seamos despreciados. As\u00ed que si tratamos de conocernos bien, veremos que en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, sea en la sustancia o en las circunstancias, estamos llenos o rodeados de motivos de confusi\u00f3n y de desprecio; y si no nos queremos halagar, nos veremos no solamente peores que los dem\u00e1s hombres, sino peores, en cierto modo, que los demonios del infierno; porque, si esos desgraciados esp\u00edritus tuvieran a disposici\u00f3n las gracias y los medios que nos han dado para ser mejores, har\u00edan mil y mil veces mejor uso de ellas que lo que nosotros hacemos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El segundo motivo era el ejemplo y las palabras de Jesucristo, a quien siempre ten\u00eda ante sus ojos y expon\u00eda a los ojos de los dem\u00e1s. Citando un d\u00eda sobre este tema, en una charla pronunciada ante los suyos, estas palabras de Jesucristo: Aprended de M\u00ed, que soy humilde de coraz\u00f3n,y estas otras: El que se humilla ser\u00e1 ensal zado, y el que se ensalza, ser\u00e1 humillado,a\u00f1adi\u00f3 lo que sigue: \u00a0<em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 es la vida del Divino Salvador, sino una humillaci\u00f3n continua, activa y pasiva? La ha amado de tal modo, que nunca la dej\u00f3 a un lado en la tierra durante su vida; y a\u00fan despu\u00e9s de su muerte, ha querido que la Iglesia nos haya representado su Persona divina por la figuraci\u00f3n de un crucifijo, con el fin de aparecer ante nuestros ojos en un estado de ignominia, como suspendido por nosotros como un criminal, y como habiendo sufrido la muerte m\u00e1s deshonrosa y m\u00e1s infame que se haya podido jam\u00e1s imaginar. \u00bfPor qu\u00e9 eso? Porque conoc\u00eda la excelencia de las humillaciones y la malicia del pecado contrario, que no solamente agrava los otros pecados, sino que hace viciosas las obras, que de por s\u00ed no son malas, y puede inficionar y corromper las que son buenas, incluso las m\u00e1s santas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente, como ten\u00eda el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n lleno de esos dos grandes motivos de la humildad, no hay por qu\u00e9 extra\u00f1arse, si en todas las ocasiones manifestaba tanta estima por esta virtud, y si se esforzaba en plantarla bien antes en los corazones de toda clase de personas, especialmente de sus Hijos queridos, para que pudieran echar all\u00ed profundas ra\u00edces. Veamos en qu\u00e9 t\u00e9rminos les habl\u00f3 un d\u00eda sobre ella: <em>\u00abLa humildad es una virtud tan amplia, tan dif\u00edcil y tan necesaria, que nunca pensaremos bastante en ella. Es la virtud de Jesucristo, la virtud de su Santa Madre, la virtud de los mayores Santos, finalmente la virtud de los Misioneros. Pero \u00bfqu\u00e9 digo? Ser\u00eda mejor decir que deseamos tenerla; cuando digo que es la virtud de los Misioneros, quiero decir que es la virtud que m\u00e1s necesitan y de la que han de sentir m\u00e1s ardiente deseo; pues, esta insignificante Compa\u00f1\u00eda, que es la \u00faltima de todas, s\u00f3lo tiene que asentar su fundamento en la humildad, como en su virtud propia; si no, nunca haremos nada que valga la pena, ni dentro ni fuera de ella. Sin la humildad, no hemos de esperar ning\u00fan progreso nuestro, ni beneficio alguno para el pr\u00f3jimo. \u00a1Oh Salvador! Danos esta virtud, que es tan tuya, que T\u00fa mismo la ense\u00f1aste al mundo, y a la que quieres con tanto afecto. Y ustedes, se\u00f1ores, sepan que el quiera ser un buen Misionero, se ha de esforzar continuamente en adquirir esa virtud y perfeccionarse en ella, evitando, sobre todo, cualquier pensamiento de orgullo, de ambici\u00f3n y de vanidad, que son los peores enemigos con los que puede tropezar. Hay que cortarlos en seguida de ra\u00edz apenas aparezcan, para exterminarlos, y vigilar con mucha atenci\u00f3n para que no se cuelen en nuestra alma. S\u00ed, lo afirmo sin duda alguna, si somos verdaderos Misioneros, hemos de estar todos y cada uno muy contentos de que nos tengan por esp\u00edritus pobres y ruines, por personas sin virtud, que nos traten de ignorantes, que nos injurien y desprecien, que reprochen nuestros defectos, que digan que somos insoportables por nuestras miserias e imperfecciones\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPaso todav\u00eda m\u00e1s adelante, y digo que debemos de estar muy contentos, porque dicen de nuestra Congregaci\u00f3n, en general, que es in\u00fatil para la Iglesia, que est\u00e1 compuesta de pobres hombres, que no sale bien parada en todo lo que emprende, que sus actividades en el campo son infructuosas, los Seminarios sin gracia, las Ordenaciones sin orden. S\u00ed; si poseemos el verdadero esp\u00edritu de Jesucristo debemos alegrarnos por ser considerados as\u00ed, como acabo de decirles. Pero, replicar\u00e1 alguno: Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 es lo que usted dice? Durus est hic ser mo.Ciertamente, les confieso que s\u00ed, que esto es muy duro a la naturaleza, y que le es a uno muy dif\u00edcil persuadirse que ha hecho mal; y todav\u00eda m\u00e1s, el sufrir que lo crean, y que se lo echen en cara; pero tambi\u00e9n eso le es bien f\u00e1cil comprender a un alma que posee la verdadera humildad, y que se conoce tal cual es: tan lejos est\u00e1 de entristecerse por eso, que, al contrario, se alegra, y est\u00e1 muy contenta al ver que, por sus humillaciones y por su insignificancia, Dios sea exaltado y glorificado. S\u00e9 bien, que Nuestro Se\u00f1or hace la gracia a muchos de la Compa\u00f1\u00eda de ir a pleno vuelo en esta virtud, y de animar sus actos con el deseo de su propio anonadamiento, y del gusto a ocultarse y a confundirse. Pero es necesario pedir a Dios que haga El la misma gracia a todos los dem\u00e1s, a fin de que no tengamos otras pretensiones que rebajarnos y anonadarnos por el amor y por la gloria de Dios y, que, finalmente, la virtud propia de la Misi\u00f3n sea la humildad. Para que ustedes se aficionen m\u00e1s a ella, f\u00edjense en lo que les voy a decir: que si alguna vez han o\u00eddo ustedes relatar por personas de fuera alg\u00fan bien que haya sido hecho por la Compa\u00f1\u00eda, ver\u00e1n ustedes que se debe a que ha aparecido en ella alg\u00fan rastro de humildad, y que ellas le han visto practicar algunos actos bajos y despreciables, como instruir a los campesinos y servir a los pobres. Igualmente, si ustedes ven a los Ordenandos salir de sus Ejercicios edificados de la casa, si se fijan bien, ustedes lo reconocer\u00e1n, que es porque han notado una forma de actuar humilde y sencilla, que es una novedad para ellos y un encanto y un atractivo para todo el mundo. S\u00e9 que en la \u00faltima Ordenaci\u00f3n, un eclesi\u00e1stico, que estuvo aqu\u00ed durante los Ejercicios, ha manifestado en un escrito que ha dejado por descuido, los grandes sentimientos de piedad que se llevaba de aqu\u00ed, por un barniz de humildad que hab\u00eda observado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otra vez hablando de esta misma virtud a los suyos: \u00a0<em>\u00abF\u00edjense \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 en la recomendaci\u00f3n que Nuestro Se\u00f1or nos hizo con estas palabras: Aprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n, y supl\u00edquenle que les d\u00e9 el poder entender bien esas palabras. Si conseguimos s\u00f3lo que nos d\u00e9 el deseo de las humillaciones, ya ser\u00e1 bastante, aunque no lleguemos a conocer esta virtud, como Nuestro Se\u00f1or, que sab\u00eda la relaci\u00f3n que guarda con las perfecciones de Dios, su Padre, y con la bajeza del hombre pecador. Es verdad que nosotros s\u00f3lo veremos esto muy oscuramente en nuestra vida, pero hemos de tener, incluso en medio de las tinieblas, la confianza de que, si nuestro coraz\u00f3n se aficiona a las humillaciones, Dios nos dar\u00e1 la humildad, nos la conservar\u00e1 y nos la aumentar\u00e1 por los actos que nos har\u00e1 llevar a cabo. Pues un acto de virtud bien hecho dispone para hacer otro, y el primer grado de humildad sirve para subir al segundo, y el segundo al tercero, y as\u00ed sucesivamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00abRecuerden, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, que Jesucristo, hablando del publicano, dijo que su <em>oraci\u00f3n hab\u00eda sido escuchada; que si El ha rendido este testimonio de un hombre que hab\u00eda sido un malvado toda su vida, \u00bfqu\u00e9 no deberemos esperar nosotros, si somos verdaderamente humildes? Por el contrario, \u00bfqu\u00e9 le ocurri\u00f3 al fariseo? Era un hombre separado del resto del pueblo por su condici\u00f3n, que ven\u00eda a ser como una especie de Religi\u00f3n entre los Jud\u00edos, y, seg\u00fan ella, oraba, ayunaba y hac\u00eda muchas otras cosas buenas, a pesar de las cuales no dej\u00f3 de ser reprobado por Dios. Y \u00bfpor qu\u00e9 eso? Porque miraba sus obras buenas con complacencia, y se dejaba llevar de la vanidad por ellas, como si las hubiera hecho por su propia virtud. Miren, pues, a un justo y a un pecador, delante del trono de Dios. Y porque el justo est\u00e1 sin humildad es rechazado y reprobado con sus obras buenas, y lo que parec\u00eda virtuoso en \u00e9l, se convierte en vicio. Por el contrario, vean a un pecador, que reconociendo su miseria, y movido por un verdadero sentimiento de humildad, se queda a la puerta del Templo, se golpea el pecho, y no se atreve a levantar los ojos al cielo; y por esa humilde disposici\u00f3n de coraz\u00f3n, aunque hab\u00eda entrado en el Templo culpable de muchos pecados, sin embargo, sale justificado de all\u00ed; y una sola humillaci\u00f3n ha sido para \u00e9l un medio de salvaci\u00f3n. En eso podemos ver que la humildad, cuando es verdadera, introduce en el alma las dem\u00e1s virtudes, y que humill\u00e1ndose profunda y sinceramente, de pecador que era, se hace justo. S\u00ed, por muy criminales que seamos, si recurrimos a la humildad, har\u00e1 que seamos justos; y, por el contrario, aunque fu\u00e9ramos como \u00e1ngeles y sobresali\u00e9ramos en las m\u00e1s grandes virtudes, como no disponen de base, no pueden subsistir, y, al quedar destruidas por falta de humildad, nos hacemos semejantes a los condenados, que no tienen ninguna. Qued\u00e9monos bien con esta verdad, se\u00f1ores, y que cada uno de nosotros lo grabe bien antes en su coraz\u00f3n, y que diga, hablando consigo mismo: Aunque tuviera todas las virtudes, si, con todo, carezco de humildad, me enga\u00f1o; y pensando ser virtuoso, s\u00f3lo soy un soberbio fariseo, y un Misionero abominable. \u00a1Oh Salvador Jesucristo! Difunde sobre nuestros esp\u00edritus esas luces divinas de las que estaba llena tu alma y que Te hacen preferir la contumelia a la alabanza. Abrasa nuestros corazones de los santos afectos, que abrasaban y consum\u00edan el tuyo, y que Te han hecho buscar la gloria de tu Padre celestial en Tu propia confusi\u00f3n. Haz por Tu gracia, que comencemos desde ahora a rechazar todo lo que no vaya dirigido a tu honor y a nuestro desprecio, todo lo que huela a vanidad, a ostentaci\u00f3n y a propia estima; que renunciemos, una vez por todas, al aplauso de los hombres tramposos y embusteros, y a la vana imaginaci\u00f3n del \u00e9xito en nuestras obras; finalmente, Salvador m\u00edo, que aprendamos a ser verdaderamente humildes de coraz\u00f3n por tu gracia y por tu ejemplo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana al terminar la meditaci\u00f3n, pregunt\u00f3 a uno de los suyos, en presencia de la Comunidad reunida, qu\u00e9 pensamientos hab\u00eda tenido en su meditaci\u00f3n; y el interesado le respondi\u00f3 que hab\u00eda pasado parte de ella con una pena espiritual. Entonces, tom\u00e1ndola como tema de la Conferencia, le dijo: <em>\u00abEs una buena pr\u00e1ctica fijarse en el detalle de las cosas humillantes, cuando la prudencia permite que se las declare en alta voz, a causa del provecho que se saca de ah\u00ed, sobreponi\u00e9ndose a s\u00ed mismo en la repugnancia que siente en descubrir y manifestar lo que la soberbia quisiera tener guardado. San Agust\u00edn hizo p\u00fablicos sus pecados secretos de juventud, componiendo con ello un libro, para que toda la tierra supiera todas las impertinencias de sus errores y los excesos de sus desenfrenos. Y el vaso de elecci\u00f3n, San Pablo, el gran Ap\u00f3stol, que fue arrebatado hasta el cielo, \u00bfno confes\u00f3 que hab\u00eda perseguido a la Iglesia? El mismo lo ha puesto por escrito, para que hasta el fin del mundo se supiera que hab\u00eda sido un perseguidor. Ciertamente, si uno no se fija en s\u00ed mismo, y si no se hace alguna violencia para declarar las propias miserias y defectos, s\u00f3lo se dir\u00e1n las cosas que pueden provocar estima, y se ocultar\u00e1n las que produzcan confusi\u00f3n: eso es lo que hemos heredado de nuestro primer padre Ad\u00e1n, quien despu\u00e9s de haber ofendido a Dios fue a esconderse\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe pasado visita varias veces en algunas casas de religiosas, y con frecuencia he preguntado a varias de ellas a qu\u00e9 virtud ten\u00edan m\u00e1s aprecio y atracci\u00f3n. Lo preguntaba tambi\u00e9n a las que sab\u00eda que gustaban menos de las humillaciones; pero apenas, entre veinte, he hallado una que no me dijera que era la humildad. Tan cierto es esto, que todos encuentran a esta virtud hermosa y amable. \u00bfDe d\u00f3nde procede, pues, que haya tan pocos que la abracen, y a\u00fan menos que la posean? De que uno se contenta con considerarla, y no se esfuerza en adquirirla: es encantadora en la especulaci\u00f3n, pero en la pr\u00e1ctica tiene una cara desagradable a la naturaleza; y sus actos no nos gustan, porque nos obligan a escoger siempre el lugar m\u00e1s bajo, a ponernos debajo de los dem\u00e1s y de los menores, a sufrir las calumnias, a buscar el desprecio, a amar la abyecci\u00f3n, que son todas ellas cosas a las que aborrecemos. Y por eso, es necesario que pasemos por encima de esa repugnancia, y que cada uno se haga alg\u00fan esfuerzo para llegar a la pr\u00e1ctica actual de esta virtud. De otra forma, no la adquirimos nunca. S\u00e9 muy bien que, por la gracia de Dios, hay entre nosotros quienes practican esta virtud divina, y quienes no solamente no tienen buena opini\u00f3n ni de sus talentos, ni de su ciencia, ni de su virtud, sino que se consideran muy miserables, y que quieren ser reconocidos por tales, y que se ponen por debajo de todas las criaturas; y es necesario que les diga que yo no veo nunca a esas personas sin que me produzcan confusi\u00f3n en el alma, porque son un reproche secreto de orgullo, que est\u00e1 en m\u00ed; tan abominable soy. Pero esas almas est\u00e1n siempre contentas, y su alegr\u00eda sube hasta su cara, porque el Esp\u00edritu Santo, que reside en ellas, las colma de paz, de modo que no hay nada que sea capaz de perturbarlas: si las contradicen, quedan conformes; si se las abruma con ocupaciones, trabajan a gusto; y por dif\u00edcil que sea una cosa que les han ordenado, se entregan a ella gustosamente, confi\u00e1ndose a la virtud de la santa obediencia; las tentaciones que se les presentan, s\u00f3lo sirven para afincarlas m\u00e1s en la humildad, y para hacerlas acudir a Dios, y para volver as\u00ed victoriosas del demonio; de modo que no tienen ning\u00fan enemigo para combatir, fuera del orgullo, que nunca nos da treguas durante esta vida, sino que ataca, de diversas maneras, hasta a los Santos m\u00e1s grandes que est\u00e1n en la tierra, inclinando a unos a complacerse vanamente en el bien que han hecho, y a otros, en la ciencia que han adquirido; a \u00e9stos, a presumir que son los m\u00e1s ilustrados, y a \u00e9stos otros, a creerse los mejores y los m\u00e1s firmes. Por eso, tenemos un motivo muy grande para pedir a Dios que quiera garantizar y preservarnos de ese vicio pernicioso, que tanto m\u00e1s de temer, es cuanto que sentimos todos una inclinaci\u00f3n natural hacia \u00e9l. Y, adem\u00e1s, debemos estar vigilantes, y llevar la contraria a lo que la naturaleza corrompida nos quiere llevar: si nos eleva, rebaj\u00e9monos; si nos excita a los deseos del aprecio de nosotros mismos, ocultemos lo que nos puede hacer notar, y prefiramos las acciones bajas y viles a las que llevan consigo el brillo, y que son honrosas. Finalmente, recurramos frecuentemente al amor de nuestra abyecci\u00f3n, que es un refugio seguro para ponernos a cubierto de semejantes agitaciones, que esta inclinaci\u00f3n desgraciada, que tenemos en el orgullo, nos suscita incesantemente. Pidamos a Nuestro Se\u00f1or, que le sea agradable atraernos junto a El por el m\u00e9rito de las humillaciones adorables de su Vida y de su Muerte. Ofrezc\u00e1mosle, cada uno para s\u00ed y solidariamente unos por otros, todas las que podamos practicar, y practiquemos este ejercicio por el \u00fanico motivo de honrarlo y confundirlo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, hablando a los mismos sobre el asunto tratado en una Conferencia: <em>\u00abLos Se\u00f1ores Eclesi\u00e1sticos, que se re\u00fanen aqu\u00ed \u2014les dijo\u2014 tomaron como tema de su Conferencia, el martes pasado, las virtudes que cada uno de ellos hab\u00eda observado en el difunto Sr. Abad Olier, que era de su Compa\u00f1\u00eda. Entre las cosas que dijeron, una de las m\u00e1s interesantes fue que ese gran Siervo de Dios tend\u00eda ordinariamente a rebajarse en sus palabras y que, entre todas las virtudes, la que procuraba practicar de manera especial era la humildad. Pues bien, mientras ellos hablaban, yo iba considerando los cuadros de esos santos personajes, que hay en nuestra sala, y me dec\u00eda a m\u00ed mismo: \u00a1Se\u00f1or Dios m\u00edo! \u00a1Si pudi\u00e9ramos penetrar de bidamente en las verdades cristianas como ellos lo hicieron y conformarnos con ese conocimiento! \u00a1Cu\u00e1nto bien har\u00edamos, y cu\u00e1n de otra manera obrar\u00edamos que lo que hacemos ahora!Por ejemplo, deteni\u00e9ndome en el retrato del Bienaventurado Obispo de Ginebra, pensaba que, si mir\u00e1semos las cosas del mundo con los mismos ojos con que \u00e9l las miraba, si habl\u00e1semos de ellas con los mismos sentimientos con que \u00e9l hablaba y nuestros o\u00eddos no estuvieran abiertos m\u00e1s que a las verdades eternas, como estaban los suyos, entonces la vanidad no tendr\u00eda mucho que hacer en nuestros sentimientos y en nuestros esp\u00edritus\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero, sobre todo, se\u00f1ores, si consideramos atentamente ese hermoso cuadro, que tenemos ante los ojos, ese admirable original de la humildad, Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, \u00bfpodr\u00edamos acaso dar entrada en nuestras almas a alguna buena opini\u00f3n de nosotros mismos, vi\u00e9ndonos tan alejados de su prodigioso esp\u00edritu de humildad? \u00bfSer\u00edamos tan temerarios que nos preferir\u00edamos a los dem\u00e1s, viendo que El fue pospuesto a un asesino? \u00bfTendr\u00edamos acaso miedo de que nos reconocieran como miserables, al ver al inocente, tratado como un malhechor, muriendo entre dos criminales, como el m\u00e1s culpable? Pid\u00e1mosle a Dios, se\u00f1ores, que nos preserve de semejante ceguera; pid\u00e1mosle la gracia de tender siempre a nuestro rebajamiento; confesemos delante de El y delante de los hombres, que, por nosotros mismos, no somos m\u00e1s que pecado, ignorancia y malicia; deseemos que as\u00ed lo crean todos y que todos nos desprecien. En fin, no perdamos ninguna ocasi\u00f3n de rebajarnos por medio de esta santa virtud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero no es bastante desearlo y decidirse a ello, como muchos lo hacen; es menester hacerse violencia para llegar a la pr\u00e1ctica de los actos de esta virtud, y esto es lo que no se hace suficientemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Sacerdote de la Misi\u00f3n, que estaba trabajando en Artois, de donde era natural, hizo imprimir, por propia iniciativa, un resumen del Instituto de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Habi\u00e9ndolo sabido el Sr. Vicente, qued\u00f3 muy contrariado, al ver que aquello era totalmente opuesto al esp\u00edritu de humildad que \u00e9l observaba y se esforzaba, por todos los medios, en inculcar en todos los miembros de su Compa\u00f1\u00eda. Por eso lo escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abSi por un lado me he alegrado, al enterarme de que usted est\u00e1 de vuelta en Arras, por el otro estoy muy afligido, al ver que usted ha impreso ah\u00ed el Resumen de nuestro Instituto. Por eso, he sentido un dolor tan sensible, que no se lo puede expresar; porque \u00a1cuidado que es una cosa muy opuesta a la humildad publicar lo que somos y lo que hacemos! Eso es ir contra el ejemplo de Nuestro Se\u00f1or, que no quiso que, mientras El estuviera en la tierra, se escribieran sus palabras ni sus obras. Si hay alg\u00fan bien en nosotros y en nuestro modo de vivir, es de Dios, y es El quien ha de manifestarlo, si as\u00ed lo juzga conveniente. Pero en cuanto a nosotros, que somos unos pobres ignorantes y pecadores, nos debemos ocultar como in\u00fatiles para todo bien, y como indignos de que piensen en nosotros. Por eso, se\u00f1or, Dios me ha concedido la gracia de mantenerme firme hasta el presente para no consentir, de ning\u00fan modo, que se hiciera imprimir nada que diera a conocer y apreciar la Compa\u00f1\u00eda, aunque me han urgido mucho, especialmente por algunas Relaciones llegadas desde Madagascar, de Berber\u00eda y de las Islas H\u00e9bridas. Y a\u00fan menos hubiera permitido la impresi\u00f3n de una cosa que se refiere a la esencia y al esp\u00edritu, al nacimiento y al progreso, a las funciones y al fin de nuestro Instituto. Y pluguiera a Dios, se\u00f1or, que todav\u00eda estuviese sin hacer, pero ya que no hay remedio, tengamos paciencia. Le ruego solamente que no haga nunca m\u00e1s nada que se refiera a la Compa\u00f1\u00eda sin advert\u00edrmelo antes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Siervo de Dios, verdaderamente humilde, no se cansaba de repetir y de inculcar a su Compa\u00f1\u00eda esas hermosas lecciones de humildad. He aqu\u00ed c\u00f3mo les habl\u00f3 en otra ocasi\u00f3n: <em>\u00abDios no nos ha enviado para tener cargos y ocupaciones honorables, ni para obrar o hablar con pompa y con autoridad, sino para servir y evangelizar a los pobres, y realizar las dem\u00e1s actividades de nuestro Instituto de una forma humilde, sencilla y familiar. Por eso, podemos aplicarnos lo que dice San Juan Cris\u00f3stomo en una de sus homil\u00edas que, mientras sigamos siendo ovejas por una verdadera y sencilla humildad, no s\u00f3lo no nos devorar\u00e1n los lobos, sino que incluso los convertiremos en ovejas; por el contrario, si nos salimos de esta humildad y sencillez, que es propia de nuestro Instituto, perderemos la gracia, que les est\u00e1 vinculada, y no conseguiremos ninguna en los actos brillantes. Ciertamente, \u00bfes justo que un Misionero, que por su humilde profesi\u00f3n se ha hecho digno de las bendiciones del cielo y de la aprobaci\u00f3n y estima de los hombres, se vea privado de aqu\u00e9llas y de \u00e9stas por dejarse llevar a unas obras en las que anda mezclado el esp\u00edritu del mundo, por el honor que all\u00ed se busca, y que son opuestas al esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n? \u00bfNo hay motivos para temer que se disipe en el aire y que caiga en el desorden, lo mismo que se dice de aquel siervo que, al convertirse en amo, se hizo, al mismo tiempo, orgulloso e insoportable? El difunto Sr. Cardenal de B\u00e9rulle, gran siervo de Dios, sol\u00eda decir que era conveniente estar abajo; que la condici\u00f3n de los peque\u00f1os es m\u00e1s segura, y que hab\u00eda no s\u00e9 qu\u00e9 malignidad en la condici\u00f3n de los altos y elevados; que, por eso, los Santos hab\u00edan huido siempre de las dignidades, y que Nuestro Se\u00f1or, para convencernos con su ejemplo lo mismo que con su palabra, hab\u00eda dicho de S\u00ed mismo, que hab\u00eda venido al mundo a servir y no a ser servido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ten\u00eda por norma, que la humildad era la ra\u00edz de la caridad, y que cuanto m\u00e1s humilde fuera una persona, tanto m\u00e1s caritativa se har\u00eda para con el pr\u00f3jimo. A prop\u00f3sito de esto, hablando un d\u00eda a los suyos, les dijo: \u00ab<em>Desde hace setenta y siete a\u00f1os que Dios me sufre sobre la tierra, he pensado y repensado muchas veces en los medios m\u00e1s apropiados para adquirir y conservar la uni\u00f3n y la caridad con Dios y con el pr\u00f3jimo; pero no he hallado uno mejor, ni de mas eficacia, que la santa humildad: la de rebajarse siempre por debajo de todos los dem\u00e1s, no juzgar mal de nadie y considerarse el menor y el peor de todos. Porque es el amor propio y el orgullo el que nos ciega, y el que nos lleva a defender nuestras ideas contra las de nuestro pr\u00f3jimo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otra vez afirmaba: <em>\u00abQue no hemos de poner nunca los ojos, ni fijarnos en lo bueno que haya en nosotros, sino procurar conocer lo que hay de malo y de defectuoso, pues \u00e9ste es un gran medio para conservar la humildad\u00bb. \u2014Y a\u00f1ad\u00eda que \u00abni el don de convertir a las almas, ni todos los dem\u00e1s talentos externos que hay en nosotros, son nuestros, pues s\u00f3lo somos sus depositarios, y con todo ello podemos condenarnos. Por tanto, que nadie puede sentirse orgulloso ni complacerse en s\u00ed mismo, ni concebir estima alguna de s\u00ed mismo, al ver que Dios realiza grandes cosas por su medio; sino que es entonces, cuando m\u00e1s hay que humillarse y reconocerse como un instrumento ruin del que Dios se digna servirse, lo mismo que la vara de Mois\u00e9s, que realizaba prodigios y milagros, sin ser m\u00e1s que una vara vulgar y un palito fr\u00e1gil\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ideas de Sr. Vicente referentes a la virtud de la humildad Aunque el Sr. Vicente se aprovechaba para humillarse de todas las ocasiones, como ya lo hemos indicado en este Cap\u00edtulo, y aunque se pueda &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218],"class_list":["post-39116","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Ideas de Sr. Vicente referentes a la virtud de la humildad Aunque el Sr. Vicente se aprovechaba para humillarse de todas las ocasiones, como ya lo hemos indicado en este Cap\u00edtulo, y aunque se pueda ... 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