{"id":39115,"date":"2021-04-08T07:55:29","date_gmt":"2021-04-08T05:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-1\/"},"modified":"2020-12-15T19:51:20","modified_gmt":"2020-12-15T18:51:20","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-1\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 1"},"content":{"rendered":"<p><strong>Otros actos de humildad practicados por el Sr. Vicente<\/strong><\/p>\n<p>Con mucha raz\u00f3n un virtuos\u00edsimo eclesi\u00e1stico, que ha conocido muy de cerca al Sr. Vicente, ha dicho de \u00e9l, que no ha conocido nunca en la tierra un ambicioso que haya tenido m\u00e1s pasi\u00f3n por exaltarse, por hacerse apreciar y alcanzar la cima de los honores, como este humilde Siervo de Dios estaba interesado en rebajarse, en hacerse abyecto y despreciable y en abrazar las m\u00e1s bajas humillaciones y confusiones; porque, ciertamente, parec\u00eda haber convertido esta virtud en su tesoro, aprovechando cuidadosamente todas las ocasiones que se presentaban para practicarlas y hacerse con razones para humillarse en toda clase de circunstancias.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todo lo que hemos dicho en este Cap\u00edtulo, relataremos tambi\u00e9n en esta Secci\u00f3n otros actos m\u00e1s extraordinarios.<\/p>\n<p>Estaba muy lejos de alardear de los dones y talentos recibidos de Dios, porque, al contrario, trataba, en cuanto le era posible, como ya lo hemos indicado, de ocultarlos; y cuando se ve\u00eda obligado a dejarlos a la vista para emplearlos en el servicio de Dios y del pr\u00f3jimo, s\u00f3lo dejaba ver los m\u00e1s peque\u00f1os. He aqu\u00ed su norma sobre este asunto, que es tanto m\u00e1s digna de ser apreciada, cuanto m\u00e1s rara es entre los hombres; y aunque la hemos contado en otro lugar, no dejaremos de repetirla aqu\u00ed, porque merece ser conocida, y, m\u00e1s todav\u00eda, ser seguida y practicada por todos.<\/p>\n<p><em>\u00abSi voy a hacer una acci\u00f3n p\u00fablica \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 que la puedo llevar muy adelante, no la har\u00e9, sino que le cortar\u00e9 tal y tal cosa, que podr\u00eda darle alg\u00fan esplendor y a m\u00ed alguna fama. De dos pensamientos que me vienen a la cabeza para hablar sobre alguna cuesti\u00f3n, cuando la caridad no me obligue a obrar de otro modo, presentar\u00e9 el menor, con el fin de humillarme, y me quedar\u00e9 con el m\u00e1s hermoso para sacrificarlo a Dios en el secreto de mi coraz\u00f3n. Porque Nuestro Se\u00f1or s\u00f3lo se establece y s\u00f3lo se complace en la humildad del coraz\u00f3n y en la sencillez de las palabras y de los actos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Cuando estaba obligado a hablar de las obras que Dios hab\u00eda hecho por medio de \u00e9l, o de las bendiciones que hab\u00eda derramado sobre su actuaci\u00f3n, lo hac\u00eda siempre en nombre de la Congregaci\u00f3n y no en el suyo, diciendo: que Dios se hab\u00eda ser vido de la Compa\u00f1\u00eda para tal o tal cosa; que su infinita Bondad hab\u00eda hecho o confia do a la Compa\u00f1\u00eda tal o cual gracia. Y de ordinario, en las cosas que se propon\u00eda hacer para alg\u00fan buen fin, hablaba en plural, diciendo por ejemplo: Trataremos de re mediar tal necesidad, o de procurar tal bien; mandaremos tal ayuda. Hablando de esa forma por esp\u00edritu de humildad, como no queriendo obrar por s\u00ed mismo, ni decir, por ejemplo: Remediar\u00e9, procurar\u00e9, mandar\u00e9o usar de palabras semejantes, de las que usan habitualmente los que tienen alg\u00fan poder o autoridad. Dec\u00eda normalmente: Les ruego, les agradezco, les pido perd\u00f3n; soy yo la causa de que esas co sas no vayan como deber\u00edan, o que semejante desorden haya sucedido; porque esas f\u00f3rmulas de expresi\u00f3n son, en cierto modo, humillantes, y quieren reservar para \u00e9l todo lo que pueda llevar consigo alg\u00fan rebajamiento, o alguna abyecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso, ten\u00eda una habilidad maravillosa para atribuir a los dem\u00e1s el bien que \u00e9l hac\u00eda, y desviar las alabanzas que le quer\u00edan dedicar para dirigirlas sobre otro; y como si \u00e9l no hubiera tenido parte alguna, refer\u00eda siempre toda la estima y todo el honor del bien que hab\u00eda hecho, a Dios y al pr\u00f3jimo. Si es que hab\u00eda alg\u00fan exceso en \u00e9l, era el extenderse demasiado en las alabanzas de los dem\u00e1s y en los desprecios de s\u00ed mismo. Porque, en efecto, cuando hablaba de s\u00ed, era en t\u00e9rminos tan humillantes, que, a veces, daba pena oirle<\/p>\n<p>Respondiendo a una persona muy piadosa, que se hab\u00eda encomendado a sus oraciones: \u00a0<em>\u00abLe ofrecer\u00e9 a Dios \u2014le dijo\u2014, porque usted me lo manda; pero necesito de las ayudas de las almas buenas, m\u00e1s que nadie en el mundo, por las grandes miserias que abruman la m\u00eda, y que me hacen considerar la opini\u00f3n que tienen de m\u00ed, como un castigo de mi hipocres\u00eda, que me hace pasar por otro que no soy yo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Prelado muy digno, al ver que el Sr. Vicente se humillaba en todas las cosas, no se pudo contener sin decirle que era un cristiano perfecto. A eso el humilde Siervo de Dios respondi\u00f3: \u00a1Ah Monse\u00f1or! \u00bfQu\u00e9 dice usted? \u00a1Yo, un perfecto cris tiano! M\u00e1s me deber\u00eda considerar un condenado, y como el mayor pecador del uni verso.<\/p>\n<p>Un reci\u00e9n ingresado en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, al hablar un d\u00eda en la Conferencia en presencia del Sr. Vicente, dijo que sent\u00eda una gran confusi\u00f3n por aprovecharse tan poco de los buenos ejemplos que \u00e9l le daba y de las maravillas que ve\u00eda en \u00e9l. El Sr. Vicente dej\u00f3 pasar estas palabras, para no interrumpirle, pero despu\u00e9s de la Conferencia, le hizo esta advertencia en p\u00fablico<em>: \u00abSe\u00f1or: entre nosotros tenemos esta costumbre: la de no alabar nunca a nadie en su presencia. Es cierto que soy una maravilla, pero una maravilla de malicia, m\u00e1s malo que el demonio, y \u00e9l no ha merecido tanto el infierno como yo. Esto no lo digo por exageraci\u00f3n, sino seg\u00fan los verdaderos sentimientos que tengo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un personaje muy enraizado en el Jansenismo estuvo una vez hablando con \u00e9l de sus errores para persuadirle de ellos, y como no pudo conseguirlo, se puso a censurarlo, y montado en c\u00f3lera, le dijo que era un aut\u00e9ntico ignorante, y que estaba extra\u00f1ado de c\u00f3mo lo pod\u00eda sufrir su Congregaci\u00f3n de Superior General. El Sr. Vicente le respondi\u00f3, humill\u00e1ndose, que \u00e9l estaba a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1ado que su interlocutor, <em>\u00abporque\u2014<\/em>dijo<em>\u2014 a\u00fan soy m\u00e1s ignorante de lo que usted piensa\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hab\u00eda cierto d\u00eda consolado y animado a un estudiante de su Congregaci\u00f3n que estaba tentado de desesperaci\u00f3n, y habi\u00e9ndole respondido a cierta dificultad que le ven\u00eda a la mente contra la esperanza que el Sr. Vicente le exhortaba tuviera en Dios, le a\u00f1adi\u00f3: <em>\u00abSi el demonio le pone ese mal pensamiento en su esp\u00edritu, s\u00edrvase de esta respuesta que voy a darle, y d\u00edgale a ese desgraciado tentador que ha sido Vicente, un ignorante, uno de cuarto, el que le ha dicho eso\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un Sacerdote de la Congregaci\u00f3n le escribi\u00f3 al Sr. Vicente, que el Superior que hab\u00eda destinado a la casa donde \u00e9l viv\u00eda, no era bastante educado para aquel sitio. El Sr. Vicente, al responderle, despu\u00e9s de haber dicho muchas cosas buenas de aquel Superior, que era un hombre virtuoso, a\u00f1adi\u00f3 estas palabras: <em>\u00abY a m\u00ed \u00bfc\u00f3mo me han hecho? \u00bfy c\u00f3mo me han podido sufrir hasta ahora en el cargo que tengo, a m\u00ed, que soy el m\u00e1s r\u00fastico, el m\u00e1s rid\u00edculo y el m\u00e1s tonto de todos los hombres entre la gente de condici\u00f3n, con las cuales no sabr\u00eda decir dos palabras seguidas, sin que se viera que no tengo ni inteligencia ni sentido com\u00fan, sino, lo que es peor, que no poseo ninguna virtud que me acerque a esa persona de la que me habla\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esa era la costumbre en todas las ocasiones y ante toda clase de personas, incluso, ante las de m\u00e1s alta alcurnia, sobre todo, cuando le manifestaban alg\u00fan aprecio, y cuando se le quer\u00eda prestar alg\u00fan honor: decir y hacer p\u00fablico que s\u00f3lo era el hijo de un campesino, y que hab\u00eda guardado reba\u00f1os. A \u00e9l le complac\u00eda declarar eso a los pobres para que lo consideraran como a uno que hab\u00eda sido de su condici\u00f3n. A prop\u00f3sito de esto, acaeci\u00f3 cierto d\u00eda que un aldeano hab\u00eda venido a San L\u00e1zaro a pedir al Sr. Vicente, y el portero le dijo que estaba ocupado en aquel momento con ciertos Se\u00f1ores. Aquel buen hombre replic\u00f3: Entonces ya no es el Sr. Vicente, por que \u00e9l mismo me ha dicho que no era m\u00e1s que el hijo de un pobre campesino, como yo.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1\u00e1bale cierto d\u00eda un eclesi\u00e1stico ante la puerta de San L\u00e1zaro, cuando una pobre mujer se puso a gritar, dici\u00e9ndole: Monse\u00f1or, d\u00e9me limosna. El Sr. Vicente le respondi\u00f3: <em>\u00ab\u00a1Ah mi pobre se\u00f1ora! Usted no me conoce bien, porque s\u00f3lo soy un porquerizo e hijo de un campesino.Otra, que tambi\u00e9n se encontr\u00f3 con \u00e9l ante la puerta, como el Sr. Vicente iba acompa\u00f1ado de personas de condici\u00f3n, para invitarle a que le diera limosna m\u00e1s de buena gana, como le dijera que ella hab\u00eda sido criada de la Sra. madre del Sr. Vicente, \u00e9l le respondi\u00f3 inmediatamente delante de todos los que estaban presentes: \u00a1Ah mi buena mujer! Usted me confunde con otro; mi madre nunca tuvo criada; ella s\u00ed que lo fue, y fue la mujer y yo el hijo de un campesino\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un joven, pariente de un Sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda, se excus\u00f3, por respeto a \u00e9l, de sentarse a su lado y estar cubierto. El le dijo: <em>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9, se\u00f1or, tiene tanto reparo y tanta ceremonia junto a un pobre porquerizo, hijo de un pobre campesino, tal como soy yo<\/em>?\u00bb. Y el joven qued\u00f3 muy sorprendido.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de visitar a un hombre de condici\u00f3n, quien por honor quer\u00eda acompa\u00f1arle hasta la puerta, hizo todo lo que pudo para hacerle desistir, y entre otras cosas, le dijo: <em>\u00abSe\u00f1or, mire que no soy m\u00e1s que el hijo de un pobre lugare\u00f1o, y que durante mi juventud he guardado los reba\u00f1os en el campo\u00bb<\/em>. A lo que el Se\u00f1or, que era un hombre agudo, respondi\u00f3, que uno de los grandes reyes del mundo, que era Da vid, tambi\u00e9n proced\u00eda de guardar reba\u00f1os. Y el Sr. Vicente pareci\u00f3 quedar como muy confuso y muy abatido ante aquella respuesta.<\/p>\n<p>En las reuniones piadosas que sol\u00eda frecuentar, su humildad le llevaba siempre a preferir las opiniones de los dem\u00e1s, y a preferirlas a las suyas, aunque fueran mejores, y un d\u00eda en una de las reuniones de las Damas de la Caridad de Par\u00eds, que \u00e9l presid\u00eda, estaban deliberando sobre algunos asuntos bastante importantes para la asistencia de los pobres, y una de las Damas de la Compa\u00f1\u00eda se dio cuenta de que el Sr. Vicente, seg\u00fan su humildad habitual, segu\u00eda preferentemente los pareceres de las que opinaban, antes que el suyo propio; ella se molest\u00f3, y no se pudo contener sin llamarle suavemente la atenci\u00f3n, que \u00e9l no se impusiera con suficiente firmeza para hacer valer sus opiniones, aunque fueran las mejores. El le dio esta respuesta digna de su humildad: <em>\u00abNo es del agrado de Dios, Se\u00f1ora, que mis endebles pensamientos prevalezcan sobre los de las dem\u00e1s. Estoy muy contento, porque el buen Dios hace sus negocios sin m\u00ed, que s\u00f3lo soy un desgraciado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El afecto que sent\u00eda por la virtud de la humildad, y los tesoros de las gracias que hallaba en su pr\u00e1ctica, le llevaba a dar cuenta a su Compa\u00f1\u00eda de todos los rebaja mientos que buscaba. Por eso, habitualmente hablaba de ellos con unos t\u00e9rminos humillantes. Con ese esp\u00edritu respondi\u00f3 un d\u00eda a un sacerdote, que solicitaba ser recibido en su Compa\u00f1\u00eda, al tiempo que manifestaba que la prefer\u00eda a todas las dem\u00e1s, reconociendo que era el mejor camino para ir al cielo: \u00ab<em>Es la bondad que us ted nos tiene \u2014le dijo\u2014 la que le hace pensar de esa manera; pero es cierto que las otras Comunidades son santas todas ellas, y que nosotros somos unos desgra ciados, y m\u00e1s desgraciados que los desgraciados\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Dijo a otro que ped\u00eda lo mismo: \u00a1Qu\u00e9, Se\u00f1or!, \u00bfquiere ser misionero? \u00bfY c\u00f3mo es que se ha fijado en nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda?, porque somos unos pobres hombres. Ese Se\u00f1or ha confesado m\u00e1s adelante, que qued\u00f3 muy edificado de aquella humildad del Sr. Vicente, que as\u00ed rebajaba el aprecio de su Compa\u00f1\u00eda ante los mismos que la buscaban, y que ped\u00edan entrar en ella.<\/p>\n<p>Mas no contento con hablar de esa manera, siempre ha tratado con sus ejemplos de insinuar ese esp\u00edritu de humildad en su Compa\u00f1\u00eda, desde los primeros tiempos. Cuando todav\u00eda viv\u00eda en el Colegio de BonsEnfants, se puso varias veces de rodillas ante siete u ocho Sacerdotes que la compon\u00edan, declarando en su presencia los pecados m\u00e1s graves de su vida pasada; quedaron as\u00ed muy emocionados, admirando la fuerza de la gracia en su Superior, gracias a la cual \u00e9l renunciaba tan animosamente a aquella inclinaci\u00f3n natural que todos los hombres tienen de ocultar sus debilidades, y trataba, al descubrir las suyas, de destruir en ellos todos los sentimientos de estima que pudieran tenerle. Adem\u00e1s, ten\u00eda esta costumbre: todos los a\u00f1os, el d\u00eda de su bautismo, se pon\u00eda de rodillas ante su Comunidad, y le ped\u00eda perd\u00f3n a Dios por todos los pecados cometidos desde hac\u00eda tantos a\u00f1os que su Bondad lo sufr\u00eda en la tierra, y suplicaba a la Comunidad, que le perdonaran todos los motivos de esc\u00e1ndalo que pudiera haberles dado, y rogaran a Dios que le hiciera misericordia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso, cuando pensaba que le hab\u00eda sucedido alguna cosa que no fuera del todo un buen ejemplo a la Compa\u00f1\u00eda, no dejaba, cada vez que le suced\u00eda, de humillarse por ello y de pedirle perd\u00f3n. Y eso lo hac\u00eda tambi\u00e9n por cosas secretas, como por unos movimientos de impaciencia que hab\u00edan aparecido al exterior, por algunas palabras menos mansas dichas a alguno, y por las menores faltas hechas por inadvertencia.<\/p>\n<p>Un d\u00eda le encarg\u00f3 a uno de los Hermanos de la casa que le diera alojamiento a un pobre transe\u00fante y el Hermano se excus\u00f3 con muchas objeciones y r\u00e9plicas. El Sr. Vicente crey\u00f3 que deb\u00eda hablarle con energ\u00eda para obligarle a someterse; pero, despu\u00e9s, como su humildad le causara algunos remordimientos internos, se puso de rodillas en medio de un pasillo de la huerta, donde se encontraban algunos Sacerdotes Antiguos de la Comunidad, y les dijo que ped\u00eda perd\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda por el esc\u00e1ndalo que daba todos los d\u00edas y que acababa de dar una vez m\u00e1s, al hablarle \u00e1speramente a un Hermano del corral. Uno de los Sacerdotes, que estuvo presente en aquel acto de humildad, despu\u00e9s de haber expuesto su versi\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3: <em>\u00abEsto puede ser conocido de todos, pero lo que yo he visto es que esa misma tarde, al entrar, seg\u00fan mi costumbre, en la habitaci\u00f3n del Sr. Vicente, despu\u00e9s del Examen General, lo hall\u00e9 besando los pies a ese Hermano<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>No fue s\u00f3lo en esta ocasi\u00f3n, sino en una infinidad de muchas otras le vieron echarse a los pies de sus inferiores, incluso de los menores de la casa. De estos casos s\u00f3lo presentaremos algunos ejemplos.<\/p>\n<p>Una vez pens\u00f3 que hab\u00eda dado motivo de pena a un Hermano por haberle dicho, quiz\u00e1 con un tono algo en\u00e9rgico, que deb\u00eda tener paciencia para resolver lo que le hab\u00eda propuesto; y no quiso celebrar la misa antes de humillarse ante aquel Hermano; y como no lo hall\u00f3 en la cocina, fue a buscarlo a la bodega, y all\u00ed le pidi\u00f3 perd\u00f3n por haberlo contristado.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de ayuno le sorprendi\u00f3, en uno de sus viajes, en una pobre posada. Y pidi\u00f3 un poco de aceite para echarlo a una torta seca que le hab\u00edan puesto para comer, pero su humildad le hizo temer que aquello hubiera causado alguna desedificaci\u00f3n a quien le acompa\u00f1aba. Por eso, se puso de rodillas ante \u00e9l para pedirle perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, estando de viaje con tres Sacerdotes, les habl\u00f3, para distraerlos, de alguna cosa que le hab\u00eda sucedido en cierta ocasi\u00f3n. Y como le escuchaban con atenci\u00f3n, quedaron muy sorprendidos cuando en medio de su narraci\u00f3n se golpe\u00f3 el pecho, diciendo que era un desgraciado, lleno de soberbia y de orgullo, y que no hac\u00eda m\u00e1s que hablar de s\u00ed mismo, de modo que hubo que cambiar de tema de conversaci\u00f3n. Y en cuanto llegaron al lugar donde deb\u00edan detenerse, no dej\u00f3 de pedirles perd\u00f3n de rodillas por el esc\u00e1ndalo que les hab\u00eda dado hablando de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Cay\u00f3 enfermo en Richelieu el a\u00f1o 1649, y le enviaron desde Par\u00eds al Hermano enfermero de San L\u00e1zaro, para que recibiera de \u00e9l un poco m\u00e1s cuidado, porque conoc\u00eda bien de qu\u00e9 manera hab\u00eda que tratarlo. Le hizo una acogida entra\u00f1able y le manifest\u00f3 mucho afecto, seg\u00fan su costumbre. Sin embargo, le dijo que estaba pesaroso de que le hubieran causado tanta molestia al hacerle venir desde tan lejos por un vejestorio; m\u00e1s tarde pens\u00f3 que no lo hab\u00eda recibido con suficiente cordialidad, y le pidi\u00f3 perd\u00f3n de rodillas no s\u00f3lo en Richelieu, sino tambi\u00e9n, estando ya de vuelta en San L\u00e1zaro, en presencia de su Asistente, con quien hablaba sobre este asunto: \u00ab<em>Sepa usted bien, se\u00f1or \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 que este buen Hermano, cuando vino a Richelieu por m\u00ed, no, no le abr\u00ed mi coraz\u00f3n, como suelo, y es de eso de lo que le pido perd\u00f3n muy humildemente en presencia de usted, y le ruego a usted que pida a Dios por m\u00ed, para que me conceda la gracia de no cometer m\u00e1s faltas de ese estilo\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Una vez lo visit\u00f3 un sobrino suyo, que hab\u00eda venido expresamente de la ciudad de Dax a Par\u00eds. El portero del Colegio de BonsEnfants, donde \u00e9l viv\u00eda entonces, le hizo saber que su sobrino quer\u00eda verlo; sinti\u00f3 un primer movimiento de cierta contrariedad por su llegada, y dijo que lo llevaran a su habitaci\u00f3n. Pero, su humildad le hizo cambiar inmediatamente de sentimiento y tomar la determinaci\u00f3n de ir \u00e9l mismo a recibirlo, al piso bajo. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos el Se\u00f1or de Saint-Martin, can\u00f3nigo de la ciudad de Dax, que viv\u00eda por aquel entonces en ese mismo Colegio, dio su versi\u00f3n: <em>\u00abNo puedo pasar en silencio \u2014<\/em>dijo<em>\u2014 un acto de virtud del Sr. Vicente, del cual he sido testigo con ocasi\u00f3n de la visita de un sobrino suyo. Es el siguiente; habi\u00e9ndole encargado a uno de los suyos que fuera a recogerlo a la calle, donde estaba, vestido a la manera de los campesinos de aquella tierra, para que lo llevara a su habitaci\u00f3n, este buen Siervo de Dios experiment\u00f3 un impulso de superaci\u00f3n, y lo realiz\u00f3, porque, saliendo de su habitaci\u00f3n baj\u00f3 a la calle, donde, al encontrar a su sobrino, lo abraz\u00f3, le bes\u00f3 y le tom\u00f3 por la mano, y despu\u00e9s de llevarlo al patio, hizo bajar a todos los Se\u00f1ores de su Compa\u00f1\u00eda, y les dijo que aqu\u00e9l era el hombre m\u00e1s honorable de su familia; y le hizo saludar a todos. Y le hizo hacer el mismo acto de urbanidad a las dem\u00e1s personas de condici\u00f3n que le ven\u00edan a visitar. Y en los primeros Ejercicios Espirituales, que hizo m\u00e1s adelante, se acus\u00f3 p\u00fablicamente en plena reuni\u00f3n de haber tenido alguna verg\u00fcenza a la llegada de su sobrino, y de haberlo querido subir a escondidas a su habitaci\u00f3n porque era campesino e iba mal vestido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A\u00fan fue m\u00e1s adelante en la pr\u00e1ctica de la humildad en los primeros Ejercicios de los Ordenados que se hicieron en San L\u00e1zaro: porque, hablando a los que deb\u00edan recibir los Ordenes de la vocaci\u00f3n al Estado Eclesi\u00e1stico, mezcl\u00f3 en su charla varias cosas humillantes de la vida pasada; y para confundirse m\u00e1s, a\u00f1adi\u00f3 que uno de sus parientes hab\u00eda estado condenado en las galeras. Esto lo ha repetido en muchas ocasiones, aunque dicho hombre fuera un pariente muy lejano, a lo sumo de cuarto grado.<\/p>\n<p>Siendo como era tan aficionado a procurarse a s\u00ed mismo humillaciones, no lo era menos para recibir las que le ven\u00edan de parte de su pr\u00f3jimo. Uno de los principales Magistrados del Parlamento dijo un d\u00eda en el Gran Sal\u00f3n de Sesiones, que los Misioneros de San L\u00e1zaro casi apenas daban misiones. Se lo contaron al Sr. Vicente, y qued\u00f3 extra\u00f1ado de aquella afirmaci\u00f3n, y se lo dijo a uno de los suyos. Este le respondi\u00f3 que el tal Magistrado hablaba sin conocimiento de causa, y que hac\u00eda mucho que la Compa\u00f1\u00eda no trabajaba en tantas misiones a la vez, m\u00e1s las que hab\u00eda dado el a\u00f1o anterior; le a\u00f1adi\u00f3 que ser\u00eda conveniente se le hiciera saber a dicho Magistrado, porque, de otro modo, estando tan mal informado, podr\u00eda continuar desprestigiando a la Compa\u00f1\u00eda. El Sr. Vicente le contest\u00f3: <em>\u00abHay que dejarle hacer; yo no me justificar\u00eda nunca, sino a base de obras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 en otra ocasi\u00f3n, que una de las casas de la Congregaci\u00f3n hab\u00eda recibido una humillaci\u00f3n muy notable, sin que hubiera habido de por medio ning\u00fan pecado. En lugar de afligirse por ello, se alegr\u00f3, y exhort\u00f3 a su Comunidad a que diera gracias a Dios de todo coraz\u00f3n, y Le pidiera la gracia de hacer buen uso de dicha abyecci\u00f3n: Porque \u2014dec\u00eda\u2014 es una felicidad ser tratado en la forma que trataron a Nuestro Se\u00f1or. Y para hacer arraigar cada vez m\u00e1s el esp\u00edritu de humildad en su Compa\u00f1\u00eda, propuso como tema de Oraci\u00f3n a su Comunidad, una vez al mes, y eso durante varios a\u00f1os, la meditaci\u00f3n sobre el Orgullo, para que concibiera contra \u00e9l m\u00e1s horror; y dec\u00eda: \u00ab<em>Que la Compa\u00f1\u00eda no subsistir\u00eda nunca sin la virtud de la humildad; que, cuando faltara esta virtud en alguna Compa\u00f1\u00eda, cada cual pensar\u00eda en su acomodo particular, y que de ah\u00ed provendr\u00edan las parcialidades, el cisma y la ruptura; que si los Misioneros ten\u00edan algo que pedir a Dios, eso deber\u00eda ser la humillaci\u00f3n; y que deb\u00edan contristarse y llorar cuando recibieran aplausos, ya que Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda dicho: Vae cum benedixerint vobis homines!, desgraciados de vosotros cuando los hombres os aplaudan\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero ha sido principalmente en sus actuaciones de la Corte, donde se ha manifestado la humildad del Sr. Vicente con m\u00e1s fuerza, cuando estaba m\u00e1s opuesto a los honores que le rend\u00edan unos, y cuando su virtud y recto comportamiento lo merec\u00eda de todos. Al principio, cuando fue llamado al Consejo junto con el difunto Sr.. Pr\u00edncipe de Cond\u00e9 y otros Se\u00f1ores, como ese buen Pr\u00edncipe le quisiera obligar a sentarse junto a ellos, \u00e9l le dijo: Se\u00f1or, es demasiado honor que Su Alteza me sufra en su presencia, a m\u00ed que no paso de ser m\u00e1s que el hijo de un pobre porquerizo.A lo cual el Sr. Pr\u00edncipe le respondi\u00f3 con el verso de un poeta: Moribus et vita nobilita tur homo, a\u00f1adiendo: No es de hoy el conocimiento que tenemos de sus m\u00e9ritos. Y le propuso inmediatamente en la reuni\u00f3n unos puntos de controversia; el Sr. Vicente le respondi\u00f3 en seguida con tal satisfacci\u00f3n del Pr\u00edncipe, que le dijo: \u00a1Vaya, Sr. Vicente! Usted dice a todos, y lo hace p\u00fablico por todo el mundo, que usted es ig norante y, sin embargo, resuelve en dos palabras las m\u00e1s grandes dificultades que tenemos con los Religionarios. Volvi\u00f3 a proponerle una vez m\u00e1s otras dificultades sobre Derecho Can\u00f3nico, y como el Sr. Vicente le volviera a responder con parecida satisfacci\u00f3n del Pr\u00edncipe, \u00e9ste le dijo que reconoc\u00eda que hab\u00eda sido elegido por su Majestad, con mucha raz\u00f3n, para que le ayudara con su consejo en lo tocante a los Beneficios y otros asuntos eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>Pues bien, aunque ese cargo era tan importante y tan honor\u00edfico, y el acceso que le brindaba ante la Reina Madre durante la Regencia, le hac\u00edan muy influyente, con todo, ya lo hemos hecho notar, \u00e9l nunca llev\u00f3 una sotana nueva, cuando iba al Louvre, y tampoco apareci\u00f3 vestido de otro modo ante los Grandes de la Corte, que como cuando iba a instruir y predicar a los campesinos, permaneciendo igual por todos los sitios con una decencia muy sencilla y humilde.<\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda acerca del cargo que desempe\u00f1aba en la Corte, dijo: \u00a0<em>\u00abLe pido a Dios que me tengan por un insensato, como lo soy, para que no me empleen m\u00e1s en esta especie de comisi\u00f3n, y tenga m\u00e1s tiempo libre para hacer penitencia, y d\u00e9 menos malos ejemplos, como doy a nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es cierto que ese cargo le pesaba much\u00edsimo, no por carecer de afecto hacia Su Majestad, por cuyo servicio hubiera expuesto muy de buena gana su vida, sino a causa de los honores que llevaba consigo. Abrazaba, por el contrario, las confusiones con amor y sufr\u00eda con gozo las calumnias que le ocurr\u00edan, y alababa a Dios por ellas, sin que nunca se le hubiera o\u00eddo justificarse, y, menos a\u00fan, quejarse; y muy lejos de guardar ning\u00fan resentimiento, se humillaba incluso delante de los que lo ofend\u00edan y les ped\u00eda perd\u00f3n. Eso se le vio hacer ante una persona de condici\u00f3n, que le trataba con mucho desprecio, y con un joven Gentilhombre, que le hab\u00eda dicho, en un arrebato de su edad, que era un viejo loco. Se puso de rodillas ante \u00e9l, pidi\u00e9ndole perd\u00f3n por la ocasi\u00f3n que pod\u00eda haberle dado para decirle tales palabras.<\/p>\n<p>En otra circunstancia habiendo impedido que el Rey diera un Obispado a una persona que \u00e9l sab\u00eda no era apropiada para estar al frente de una di\u00f3cesis, sus parientes, que eran influyentes, concibieron por ello un resentimiento muy grande, y lo hicieron pronto p\u00fablico inventando contra \u00e9l una calumnia; le a\u00f1adieron adem\u00e1s varios detalles para hacerla m\u00e1s cre\u00edble y as\u00ed propalarla ante la Corte. Lleg\u00f3 el caso a o\u00eddos de la Reina, as\u00ed que, en cuanto vio al Sr. Vicente, le pregunt\u00f3 ri\u00e9ndose, si sab\u00eda bien lo que se sab\u00eda de \u00e9l, y que se le acusaba de tal cosa. Respondi\u00f3le sin turbarse, ni alterarse: Se\u00f1ora, soy un gran pecador. Y como Su Majestad le indicara que deb\u00eda justificarse, \u00e9l le contesto: Tambi\u00e9n otros dijeron cosas parecidas contra Nuestro Se\u00f1or, y El no se justific\u00f3 nunca.<\/p>\n<p>Durante ese mismo tiempo en que \u00e9l estaba empleado en la Corte, uno de sus amigos le advirti\u00f3 que un eclesi\u00e1stico, que falleci\u00f3 al poco tiempo, hac\u00eda correr el rumor por la ciudad, y hasta se lo hab\u00eda contado a una de las personas m\u00e1s cualificadas de Par\u00eds, de que el Sr. Vicente hab\u00eda hecho dar un Beneficio a cierta persona, gracias a una biblioteca y a una suma considerable de dinero. El buen Siervo de Dios qued\u00f3 ciertamente un poco aturdido en el primer momento por esa negra calumnia, y tom\u00f3 la pluma, como as\u00ed lo ha declarado m\u00e1s adelante, con la intenci\u00f3n de escribir a alguien para justificarse, pero en cuanto escribi\u00f3 las primeras letras, entrando dentro de s\u00ed, y volviendo a examinar lo que iba a hacer: \u00a1Desgraciado! \u2014dijo\u2014 \u00bfen qu\u00e9 piensas? \u00a1Qu\u00e9! \u00bfQuieres justificarte? \u00a1Y acabamos de enterarnos de que un cristiano falsamen te acusado en T\u00fanez ha permanecido tres d\u00edas sometido a tormentos, y, finalmente, ha muerto sin proferir ninguna palabra de queja, a\u00fan siendo inocente del crimen que le hab\u00edan acusado! Y en cuanto ti \u00bfte quieres excusar? \u00a1Oh no, no ser\u00e1 as\u00ed! Y al mismo tiempo, dej\u00f3 la pluma, y no escribi\u00f3 nada, ni se puso en plan de justificarse.<\/p>\n<p>Finalmente su humildad, que iba creciendo cada vez m\u00e1s, discurri\u00f3 otro medio del todo extraordinario para practicarla. Hizo venir a Par\u00eds el a\u00f1o 1642 a algunos de los m\u00e1s Antiguos y m\u00e1s Principales de su Congregaci\u00f3n para deliberar acerca de varios asuntos importantes. Despu\u00e9s de algunas Conferencias, present\u00f3 ante ellos las faltas de su conducta, su incapacidad para el gobierno y la necesidad que hab\u00eda de proponer otro nuevo Jefe a la Compa\u00f1\u00eda: Est\u00e1n ustedes reunidos \u2014les dijo\u2014. Entrego el cargo de Superior General en sus manos; hagan en nombre de Dios una elecci\u00f3n de otro de entre ustedes, para que sea nuestro Superior. Y despu\u00e9s de esto, sali\u00f3 de la sala, y se fue a una capillita que est\u00e1 enfrente de la iglesia; all\u00ed se puso a rezar delante del Sant\u00edsimo Sacramento. Los Sacerdotes reunidos, sorprendidos ante aquella proposici\u00f3n y viendo que no hab\u00eda lugar para deliberar sobre ello, mandaron a algunos a rogarle que volviera. Despu\u00e9s de haber estado busc\u00e1ndolo largo tiempo, lo encontraron de rodillas en aquella capilla vuelto hacia el altar mayor de la iglesia. Le dijeron que ninguno de ellos pod\u00eda consentir en hacer lo que deseaba, y le rogaron y urgieron que volviera para tratar los dem\u00e1s asuntos que\u00a0 quedaban por resolver. Pero \u00e9l se excus\u00f3, y les hizo nuevas instancias para la elecci\u00f3n, diciendo que \u00e9l estaba depuesto, y que deb\u00edan elegir a otro para desempe\u00f1ar aquel cargo. Despu\u00e9s que les contaron todo eso a los que estaban en la sala, salieron todos, y vinieron en corporaci\u00f3n a conjurarle que continuara en el gobierno de la Compa\u00f1\u00eda. Finalmente le dijeron: Es usted mismo a quien nosotros elegimos para nuestro Superior General, y mientras Dios le conserve sobre la tierra, nosotros no tendremos otro. Hizo lo que pudo para defenderse, pero despu\u00e9s de todas sus resistencias, conociendo la voluntad de Dios, baj\u00f3 la cabeza, y someti\u00f3 su espalda a dicho cargo. Y lo hizo de tal modo que, quedando para \u00e9l todo lo m\u00e1s penoso, rehus\u00f3 tanto cuanto le fue posible todas las ventajas y todos los honores. Era por ese esp\u00edritu de humildad por lo que nunca usaba del t\u00edtulo de Superior General de la Congregaci\u00f3n, salvo en los actos p\u00fablicos o en las Letras patentes, cuando era absolutamente necesario. En todos los dem\u00e1s casos se calificaba, al firmar, Indigno Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, o Indigno Superior.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 tambi\u00e9n a algunos de sus Sacerdotes, que, al comienzo de las cartas que le dirig\u00edan, no dejaran m\u00e1s espacio en blanco que el que ve\u00edan en las que \u00e9l escrib\u00eda, pues le molestaba recibir m\u00e1s honores de sus inferiores, que lo que les rend\u00eda \u00e9l. Y a prop\u00f3sito de esto, como cierto d\u00eda uno de los m\u00e1s antiguos Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n hubiera recomendado a la Comunidad de San L\u00e1zaro, que se le rindiera al Sr. Vicente alg\u00fan acto de urbanidad especial, pues as\u00ed lo requer\u00eda su calidad de Padre com\u00fan y de Superior General; y que, cuando tropezaran con \u00e9l, se detuvieran un poco para hacerle una inclinaci\u00f3n o reverencia mientras \u00e9l pasaba cuando el Sr. Vicente, se dio cuenta, se quej\u00f3, como si le hubiera hecho da\u00f1o, y no quiso que usaran m\u00e1s de aquello, y al indic\u00e1rsele que as\u00ed se practicaba en la mayor parte de las Comunidades: Lo s\u00e9 bien \u2014dijo\u2014 y conviene respetar las razones que tienen para ha cerlo. Pero yo tengo las m\u00edas para no sufrirlo, por lo que a m\u00ed me toca, pues no debo ser comparado con el menor de los hombres, porque soy el peor<\/p>\n<p>La silla, donde sol\u00eda colocarse habitualmente en el coro de San L\u00e1zaro cuando oficiaba, la pusieron m\u00e1s alta que las dem\u00e1s; mand\u00f3 deshacer lo hecho, diciendo que aquella silla era propia para Sres. Obispos, y no para un Sacerdote desgraciado, como \u00e9l.<\/p>\n<p>En ese mismo esp\u00edritu de humildad tomaba siempre para s\u00ed los peores ornamentos de la iglesia. La Reina Madre, con su acostumbrada piedad, regal\u00f3 a la sacrist\u00eda de San L\u00e1zaro algunos paramentos de tela de plata cuando naci\u00f3 el Rey. Su Majestad los envi\u00f3 con toda intenci\u00f3n para que sirvieran en las Fiestas de Navidad. Pero el Sr. Vicente, que, seg\u00fan su costumbre, deb\u00eda oficiar en dicha Solemnidad, al ver que le hab\u00edan preparado aquellos ricos ornamentos, pidi\u00f3 los ordinarios; y, a pesar de que le dieron algunas razones para que se sirviera de ellos, no pudieron vencer su humildad, pues no ten\u00eda valor \u2014dec\u00eda\u2014 para revestirse el primero con semejante ornamento; de modo que oblig\u00f3 a que le dieran uno de camelote, y el di\u00e1cono y el subdi\u00e1cono se revistieron con unos semejantes para guardar la uniformidad.<\/p>\n<p>Sufr\u00eda dif\u00edcilmente que le prestaran algunos peque\u00f1os servicios y que le ayudaran en cosas que \u00e9l no las pod\u00eda hacer s\u00f3lo, debido a su edad y a sus indisposiciones. Y daba, por ello, gracias tan humildemente, que pagaba hasta con usura la poca ayuda que le prestaban. Pero, por el contrario, estaba encantado cuando pod\u00eda servir a los dem\u00e1s, ya en el refectorio, o tambi\u00e9n en la cocina, y hasta en los menores oficios. Su misma humildad lleg\u00f3 a veces hasta el exceso de pedir la bendici\u00f3n a sus inferiores. He aqu\u00ed lo que manifest\u00f3 un d\u00eda sobre esta cuesti\u00f3n, al escribir a uno de sus Sacerdotes, habl\u00e1ndole de otro que estaba gravemente enfermo: <em>\u00ab\u00a1Ay se\u00f1or! \u00a1Qu\u00e9 triste estoy por el estado de nuestro querido enfermo! \u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida para la Compa\u00f1\u00eda, si Dios lo saca de esta vida! Pero, a pesar de todo, \u00a1que se haga su Sant\u00edsima y Adorabil\u00edsima Voluntad! Si todav\u00eda est\u00e1 vivo, le ruego que lo abrace de mi parte; que le diga mi dolor; que me encomiende en sus oraciones y que le pida su bendici\u00f3n para toda la Compa\u00f1\u00eda, y para m\u00ed, que se la pido prosternado en esp\u00edritu a sus pies\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No hay por qu\u00e9 admirarse si obraba de ese modo, vistos los bajos sentimientos que ten\u00eda de s\u00ed mismo, consider\u00e1ndose, y haci\u00e9ndolo p\u00fablico en toda ocasi\u00f3n, indigno de la categor\u00eda de Superior General y del car\u00e1cter de su sacerdocio. Dijo muchas veces, que, si a\u00fan no lo hubiera recibido, dado el conocimiento que ten\u00eda en aquel momento de su indignidad, nunca se hubiera decidido a recibirlo, y que escoger\u00eda m\u00e1s bien la condici\u00f3n de Hermano de la Compa\u00f1\u00eda, o bien, de un simple labrador, igual que lo hab\u00eda sido su padre. Aunque desempe\u00f1aba muy dignamente todas sus obligaciones y todas las funciones sacerdotales, con todo, su gran humildad hab\u00eda causado tan fuertes impresiones en su esp\u00edritu, que muy lejos de presumir algo de su m\u00e9rito, por el contrario, se consideraba como un obst\u00e1culo para el bien, y tem\u00eda ser responsable ante Dios de las herej\u00edas, de los des\u00f3rdenes y de las calamidades p\u00fablicas, porque no las apartaba tanto como \u00e9l cre\u00eda que estaba obligado a hacer en calidad de sacerdote. Eso es lo que ha manifestado en varias ocasiones, y que tambi\u00e9n ha escrito al Sr. de Saint Martin, can\u00f3nigo de Dax, viejo amigo suyo. Reproduciremos aqu\u00ed su carta, porque es muy importante tanto por los bajos sentimientos que manifiesta de s\u00ed mismo, como por el alto aprecio que sent\u00eda por el estado sacerdotal: <em>\u00abLe doy gracias \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 por el inter\u00e9s que se ha tomado con mi peque\u00f1o sobrino; de \u00e9l he de decir que nunca jam\u00e1s dese\u00e9 que fuera eclesi\u00e1stico, ni mucho menos se me ocurri\u00f3 nunca hacerle educar con esa intenci\u00f3n, ya que esa condici\u00f3n es la m\u00e1s sublime que hay en la tierra, pues es la misma que Nuestro Se\u00f1or quiso aceptar y practicar. En cuanto a m\u00ed, si hubiera sabido lo que era cuando tuve la temeridad de entrar en ese estado, como lo supe m\u00e1s tarde, hubiera preferido quedarme a labrar la tierra, antes que comprometerme en un estado tan tremendo. Esto mismo es lo que les he dicho mil veces a las pobres gentes del campo, cuando para an\u00edmarlos a vivir contentos y como buenas personas, les manifestaba que los consideraba felices en su condici\u00f3n. Efectivamente, a medida que me voy haciendo m\u00e1s viejo, m\u00e1s me confirmo en estos sentimientos, ya que descubro cada d\u00eda lo lej\u00edsimo que estoy de la perfecci\u00f3n en que deber\u00eda estar. Ciertamente, Se\u00f1or, los sacerdotes de este tiempo tienen muchos motivos para temer los juicios de Dios, pues aparte de sus propios pecados El les pedir\u00e1 cuentas de los de los pueblos, por no haber procurado satisfacer por ellos a su justicia irritada, tal como es su obligaci\u00f3n; y lo que es m\u00e1s tremendo todav\u00eda, Dios le imputar\u00e1 la causa de los castigos que les env\u00eda, porque no se oponen como deben a las plagas que afligen a la Iglesia, como son la peste, la guerra, el hambre y las herej\u00edas, que la atacan por todas partes. Digamos m\u00e1s a\u00fan, que ha sido de la mala vida de los eclesi\u00e1sticos de donde han venido todos los des\u00f3rdenes que han desolado a esta santa Esposa del Salvador y que la han deformado hasta el punto de que apenas se la puede reconocer. \u00bfQu\u00e9 dir\u00edan ahora de nosotros esos antiguos Padres que la contemplaron en su primera belleza, si vieran la impiedad y las profanaciones que en ella vemos nosotros, ellos que opinaban que se salvar\u00edan muy pocos sacerdotes, a pesar de que en sus tiempos viv\u00edan en el m\u00e1s alto fervor?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodas estas cosas, Se\u00f1or, me hacen pensar que es m\u00e1s conveniente a ese pobre joven entregarse a la profesi\u00f3n de su padre, antes de emprender una tan alta y tan dif\u00edcil, como la nuestra, en la que parece haber una p\u00e9rdida inevitable para las personas que se atreven a entrar en ella sin haber sido llamadas. Y como yo no veo que haya sido llamado por ninguna se\u00f1al segura, le ruego que le aconseje que trabaje para ganarse la vida y que le exhorte al temor de Dios, a fin de que se haga digno de su misericordia en este mundo y en el otro. Este es el mejor consejo que puede darle. Le ruego que se informe por el Se\u00f1or N. de lo que se dijo en una Conferencia, que se celebr\u00f3 aqu\u00ed, cuando \u00e9l estaba con nosotros, a prop\u00f3sito de un p\u00e1rroco de Breta\u00f1a, que compuso un libro en el que dec\u00eda que los sacerdotes que viven como hoy lo hace la mayor\u00eda, son los mayores enemigos que tiene la Iglesia de Dios. Si fueran todos lo mismo que usted y lo mismo que \u00e9l, esa proposici\u00f3n no resultar\u00eda tan verdadera\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Otros actos de humildad practicados por el Sr. Vicente Con mucha raz\u00f3n un virtuos\u00edsimo eclesi\u00e1stico, que ha conocido muy de cerca al Sr. Vicente, ha dicho de \u00e9l, que no ha conocido nunca en la &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-1\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,267,143,116],"class_list":["post-39115","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-saint-martin","tag-san-lazaro","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-13-seccion-1\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 13, Secci\u00f3n 1 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Otros actos de humildad practicados por el Sr. Vicente Con mucha raz\u00f3n un virtuos\u00edsimo eclesi\u00e1stico, que ha conocido muy de cerca al Sr. Vicente, ha dicho de \u00e9l, que no ha conocido nunca en la ... 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