{"id":39109,"date":"2021-02-28T07:55:29","date_gmt":"2021-02-28T06:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-6\/"},"modified":"2020-12-13T11:52:41","modified_gmt":"2020-12-13T10:52:41","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-6","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-6\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 6"},"content":{"rendered":"<p><strong>Caridad con los suyos<\/strong><\/p>\n<p>La caridad del Sr. Vicente al ser perfecta hasta el punto que hemos podido ver en las Secciones anteriores, no podemos dudar de que haya estado bien ordenada; pues el orden es tan necesario para la perfecci\u00f3n de esta virtud, que una caridad mal ordenada no merece el nombre de caridad, y s\u00f3lo tiene una falsa apariencia de ella. Seg\u00fan la doctrina de Santo Tom\u00e1s y de otros te\u00f3logos, el orden de la caridad exige que se tenga un amor especial a los m\u00e1s cercanos, y a los que la Divina Providencia nos ha unido por un lazo m\u00e1s estrecho. Por consiguiente, el Sr. Vicente, como ten\u00eda una uni\u00f3n \u00edntima con quienes Dios le hab\u00eda dado como a sus queridos Hijos en el Esp\u00edritu, y de quienes \u00e9l pod\u00eda decir con todo derecho, como el Santo Ap\u00f3stol, que los hab\u00eda engendrado por el Evangelio en Jesucristo, no pod\u00eda menos que llevarlos en el coraz\u00f3n y amarlos muy tiernamente, pero con un amor tanto m\u00e1s perfecto, cuanto m\u00e1s unido estaba al que Jesucristo sent\u00eda por los Ap\u00f3stoles y Disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>En primer lugar, a imitaci\u00f3n de ese Divino Prototipo, les ha manifestado ese amor instruy\u00e9ndolos, excit\u00e1ndolos, anim\u00e1ndolos, consol\u00e1ndolos y obsequi\u00e1ndoles con todos los oficios de caridad que tales Hijos pod\u00edan esperar de semejante Padre. A tal efecto, les hablaba a menudo con charlas llenas de fervor y animadas del esp\u00edritu de Jesucristo, no s\u00f3lo en sus reuniones habituales y seg\u00fan las Reglas, sino tambi\u00e9n en todo tipo de reuniones, tomando como tema de la charla alguna palabra de edificaci\u00f3n, ya despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, o bien, con ocasi\u00f3n de algunas cartas que hab\u00eda recibido, o de alg\u00fan acontecimiento bueno o malo que le hab\u00edan comunicado, o de algunos asuntos que encomendaba a sus oraciones; y, como un buen y prudente padre de familia, les distribu\u00eda liberalmente en el tiempo que juzgaba m\u00e1s a prop\u00f3sito, el pan de las almas, que es la Palabra de Dios. No cumpl\u00eda solamente con ese oficio de caridad con toda la Compa\u00f1\u00eda en general, sino tambi\u00e9n, aprovech\u00e1ndose de cualquier circunstancia para hablar con cada uno en particular, hablando ya a uno, ya a otro, seg\u00fan lo enterado que estuviera de sus necesidades; sea para alentarlos en sus dificultades, sea para consolarlos en sus penas, o para advertirles en sus faltas, o para aconsejarlos en sus dudas o, finalmente, para instruirlos y ense\u00f1arles los medios m\u00e1s apropiados para progresar en el camino de la perfecci\u00f3n. Y cuando estaba ausente, les escrib\u00eda sobre esas mismas cuestiones, y se tomaba la molestia, en medio de una enorme multitud y diversidad de muy acuciantes e importantes asuntos que continuamente le agobiaban, de advertirles, instruirlos, exhortarlos, consolarlos y animarlos con sus cartas, que casi son innumerables, y que bastan para conocer c\u00f3mo fue su caridad para con los suyos.<\/p>\n<p>Una de las principales y de las m\u00e1s importantes lecciones que Jesucristo dio a sus Disc\u00edpulos fue la de que se amasen unos a otros santamente; \u00e9sta misma lecci\u00f3n fue la que su Siervo, Vicente de Pa\u00fal repiti\u00f3 frecuent\u00edsimamente a sus Hijos, y sobre la cual les habl\u00f3 en multitud de Conferencias, y hasta les ha dejado un escrito de su mano, cosa que no ha hecho sobre ninguna otra materia<\/p>\n<p><em>\u00abLes ha dicho, entre otras muchas cosas acerca de esta virtud de la caridad fraterna, que era una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n, porque por ella es como se con ce a un verdadero disc\u00edpulo de Jesucristo.\u2014 Y un d\u00eda, en que se celebraba la fiesta de San Juan Evangelista, exhortando a los suyos a amarse mutuamente con las palabras del Ap\u00f3stol: Filioli, diligite alterutrum, dijo que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n durar\u00e1 tanto cuanto reine la caridad en ella. Pronunci\u00f3 cantidad de maldiciones contra quien destruyera la caridad y contra quien fuera, de esa forma, la causa de la ruina de la Compa\u00f1\u00eda, o solamente de alguna p\u00e9rdida de perfecci\u00f3n, es decir, quien por su falta hiciera que ella fuera menos perfecta\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLes dec\u00eda tambi\u00e9n que la caridad es el alma de las virtudes y el cielo de las Comunidades; que la casa de San L\u00e1zaro ser\u00eda un Para\u00edso, si la caridad habitara en ella; que el cielo no es otra cosa que amor, uni\u00f3n y caridad; que la felicidad principal de la vida eterna consist\u00eda en amar; que en el cielo los bienaventurados estaban incesantemente aplicados al amor beatif\u00edco; y que, en fin, no hab\u00eda nada m\u00e1s deseable que vivir con los que se ama, y de quien uno es amado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLes dec\u00eda tambi\u00e9n que el amor cristiano, que se forma en los corazones por la caridad est\u00e1 no s\u00f3lo por encima del amor de inclinaci\u00f3n y del que es producido por el apetito sensitivo, que, de ordinario, es m\u00e1s perjudicial que \u00fatil; sino tambi\u00e9n por encima del amor racional. Que el amor cristiano es un amor por el cual se aman unos a otros en Dios, seg\u00fan Dios y para Dios; es un amor, que hace que se ame rec\u00edprocamente por el mismo fin por el que Dios ama a los hombres, que es para hacerlos santos en este mundo y bienaventurados en el otro; y que, por eso, este amor hace mirar a Dios y no a otra cosa que no sea Dios, en cada uno de los que se aman\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA\u00f1ad\u00eda que el que quiera vivir en una Comunidad sin tolerancia y sin caridad, estar\u00eda a la vista de tantos humores y de tantos actos discordantes con los suyos, como un barco sin ancla y sin tim\u00f3n, que navegar\u00eda por medio de las rocas a merced de las olas y de los vientos, que lo impulsar\u00edan por todos los lados y le har\u00edan naufragar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abFinalmente, dec\u00eda que los Misioneros no se deb\u00edan amar unos a otros s\u00f3lo con un santo afecto interno y manifestarlo al exterior por sus palabras, sino que lo deb\u00edan manifestar por sus obras y por sus buenos efectos, ayud\u00e1ndose mutuamente de buena gana con ese esp\u00edritu en sus trabajos; y estar siempre dispuestos a consolar a sus Cohermanos. Deseaba ardientemente que Dios inspirase esta caridad en los corazones de todos los de su Congregaci\u00f3n, porque\u2014<\/em>dec\u00eda \u00e9l<em>\u2014 por ese apoyo mutuo los fuertes sostendr\u00e1n a los d\u00e9biles y la Obra de Dios se llevar\u00e1 a cabo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y porque la detracci\u00f3n es el enemigo capital de la caridad y este vicio a veces se introduce incluso en las Compa\u00f1\u00edas m\u00e1s santas, este caritativo Padre de los Misioneros combat\u00eda dicho vicio lo m\u00e1s que pod\u00eda para impedir que se acercara a sus Hijos; frecuentemente les aconsejaba que velasen y se mantuvieran en guardia para impedir que consiguiera entrada alguna entre ellos. La comparaba a un lobo carnicero, que desola y destruye la majada donde entra, asegurando que uno de los mayores males que puede ocurrirle a una Compa\u00f1\u00eda es que se encuentren en ella personas que hablan mal de otros, que murmuran y que, por no estar contentas nunca, hallan motivos de murmurar de todo. Dec\u00eda tambi\u00e9n que el que presta o\u00eddo a un maldiciente, no es m\u00e1s inocente que el profiere la maledicencia, como ense\u00f1an los Santos Padres. Y para prevenir a los suyos contra ese vicio, al cual ten\u00eda un horror muy grande, les hac\u00eda tener de cuando en cuando diversas Conferencias sobre dicho tema, present\u00e1ndoles todas las ocasiones y tentaciones que podr\u00edan llevarles a ella. Una vez, entre otras, mand\u00f3 repetir la misma Conferencia siete viernes seguidos, queriendo que todos los de su Comunidad, uno tras otro, hablaran sobre ese tema; y, al mismo tiempo, hizo recoger los motivos y los medios que cada uno iba diciendo para expulsar la maledicencia de la Compa\u00f1\u00eda; y \u00e9l mismo, al cabo de las siete semanas que duraron dichas Conferencias, las termin\u00f3 con un discurso muy apremiante.<\/p>\n<p>Pues bien, no solamente ha sido con las palabras, sino a\u00fan m\u00e1s por los efectos como el Sr. Vicente ha hecho ver c\u00f3mo era su caridad para con los suyos, manifest\u00e1ndoles en toda clase de ocasiones una apertura de coraz\u00f3n y una ternura muy paternal, trat\u00e1ndolos a todos, hasta a los m\u00e1s peque\u00f1os, como a sus Hijos, con un cari\u00f1o cordial, del que deseaba que estuvieran bien convencidos. Cuando iban a hablarle, ya para sus necesidades particulares, o para otros asuntos, los acog\u00eda siempre con gran afabilidad, y dejaba a un lado todo lo dem\u00e1s para escucharles o, si es que no pod\u00eda en aquel momento, les se\u00f1alaba la hora en la que ten\u00edan que volver, y les daba todo el tiempo libre y toda la confianza, para que le descubrieran sus deseos, sus penas, sus malas inclinaciones y hasta sus faltas, escuch\u00e1ndoles con unas muestras de afecto, como un m\u00e9dico a un enfermo, y respondi\u00e9ndoles seg\u00fan sus necesidades y lo que esperaban o\u00edr, y siempre con fruto y bendici\u00f3n, porque ten\u00eda la gracia particular de no despedir a una persona descontenta, sino de consolar y edificar a todos y a cada uno. Usaba para eso de una condescendencia maravillosa, haci\u00e9ndose todo a todos y acomod\u00e1ndose a sus disposiciones hasta imitar con bastante frecuencia la lengua de su tierra, hablando ya en picardo con quien era natural de Picard\u00eda, ya en gasc\u00f3n con otro de la Provincia de Guyena, a veces en vascuence con un vasco, y otras veces, pronunciando algunas palabras alemanas con los alemanes. Pero aunque usaba de esos recursos para ganar los corazones de aquellos con quienes trataba, no obstante sab\u00eda bien unir, en el momento y en el tiempo adecuados a esta cordialidad familiar las manifestaciones de la estima que les ten\u00eda, d\u00e1ndoles en su ausencia las alabanzas que merec\u00eda su virtud, y hablando siempre, incluso de los m\u00e1s peque\u00f1os, con honor. A prop\u00f3sito de esto, respondiendi\u00f3 un d\u00eda a la pregunta que le hac\u00eda el padre de uno de los Hermanos de su Comunidad sobre su hijo: \u00abVale m\u00e1s que yo\u2014le dijo\u2014 y que muchos que son como yo\u00bb. Y en otra ocasi\u00f3n dijo a uno de los suyos que quer\u00eda por una tentaci\u00f3n marcharse de la Compa\u00f1\u00eda, que si se marchaba, recibir\u00eda tanto disgusto por aquella separaci\u00f3n, como si le cortaran un brazo o una pierna. Y le vieron decir en diversas ocasiones, hablando a los de su Comunidad, que amaba la vocaci\u00f3n de ellos m\u00e1s que su propia vida, y que cuando alguno se marchaba de la Compa\u00f1\u00eda, sent\u00eda tanto dolor, como si le hubieran desgarrado las entra\u00f1as.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se puso de rodillas y permaneci\u00f3 cerca de dos horas en aquella postura, con las l\u00e1grimas en los ojos, a los pies de un Sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda, conjur\u00e1ndole en el nombre y por el amor de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que no sucumbiera a una tentaci\u00f3n que sufr\u00eda: No\u2014le dijo\u2014; yo no me levantar\u00e9, mientras no me con ceda lo que le pido por usted mismo; y quiero ser con usted tan fuerte, por lo me nos, como el demonio.<\/p>\n<p>Cuando ve\u00eda a alguno atormentado por alguna pena espiritual, hac\u00eda lo posible para librarlo de ella, o, cuando menos, para aliviarlo y consolarlo hasta decirle algunas palabras de alegr\u00eda para distraerlo, o llevarlo a su habitaci\u00f3n para manifestarle una mayor cordialidad, o recomendarle alg\u00fan trabajo conveniente y apropiado para distraerse.<\/p>\n<p>A un criado de la casa que no pertenec\u00eda a la Congregaci\u00f3n y a quien, sin embargo, el Sr. Vicente ten\u00eda una caridad y un afecto particular, lo despidi\u00f3 por haber un d\u00eda maltratado de palabra a uno de los Hermanos de la Comunidad, y no quiso volver a recibirlo, aunque le parec\u00eda que era un criado muy bueno y, hasta cierto punto, necesario para la casa; y daba como raz\u00f3n, que no pod\u00eda sufrir que los criados ri\u00f1eran a los Hermanos. Eso no impidi\u00f3 que pronto hallara una colocaci\u00f3n por los buenos informes que daba de \u00e9l.<\/p>\n<p>Un Hermano fue un d\u00eda a buscar al Sr. Vicente en su habitaci\u00f3n para quej\u00e1rsele, porque uno de los Oficiales de la casa le hab\u00eda tratado un poco rudamente. El caritativo Padre lo recibi\u00f3 con mucha dulzura y bondad, y le dijo: Ha hecho usted bien en dec\u00edrmelo; ya lo arreglar\u00e9; venga siempre donde m\u00ed, Hermano, cuando tenga usted alg\u00fan disgusto, porque ya sabe usted cu\u00e1nto le quiero. Aquellas agradables palabras, referidas al Hermano, disiparon totalmente toda la amargura de su coraz\u00f3n, y le dieron motivos para admirar la caridad de un Superior tan bueno.<\/p>\n<p>Otro se dirigi\u00f3 a \u00e9l para pedirle algunos consejos en sus dudas, y le manifest\u00f3 el temor que ten\u00eda de serle importuno: <em>\u00abNo, Hermano m\u00edo, \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 no tema usted de ninguna manera que me moleste o importune con sus preguntas; y sepa, de una vez para siempre, que una persona a la que Dios ha destinado para ayudar a otra, no se hallar\u00eda m\u00e1s cansada por las ayudas y los consejos que ella le pide, que lo estar\u00eda un padre con su hijo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribiendo a un Sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda, que tem\u00eda que el conocimiento que le hab\u00eda confiado de sus penas y tentaciones, disminuyera la buena opini\u00f3n que ten\u00eda de \u00e9l, le habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abHabiendo visto la idea \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 que usted ha tenido de que sus penas hayan disminuido algo la estima que siempre he tenido de usted, me he propuesto, al mismo tiempo, asegurarle que eso no es as\u00ed. S\u00e9 que esas congojas que vienen de vez en cuando a los virtuosos, y que esos deseos que se sienten de cambiar, son unas pruebas que Dios da incluso a los Santos, para santificarlos m\u00e1s, y 657 que su Providencia paternal prueba con frecuencia de ese modo a quienes m\u00e1s ama, y los conduce por caminos dif\u00edciles y llenos de espinas para hacerles merecer las gracias extraordinarias que tiene intenci\u00f3n de concederles. Tan lejos est\u00e1, pues, que por eso haya concebido el menor pensamiento en contra suya, que antes al contrario,le considero m\u00e1s fiel a Dios, en la medida en que usted resista todas esas tentaciones, y que, por m\u00e1s trabajo que le cueste, no ceda nada de sus pr\u00e1cticas ordinarias, y que finalmente despu\u00e9s de hab\u00e9rmelas expuesto, ha aceptado usted la respuesta que yo le he dado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 un d\u00eda que un Sacerdote de la Congregaci\u00f3n, al darle cuenta de su interior al Sr. Vicente, le dijo entre otras cosas, que hab\u00eda tenido unos pensamientos de aversi\u00f3n y de indignaci\u00f3n contra \u00e9l. Ante aquellas palabras el caritativo Padre se levant\u00f3 y le abraz\u00f3 tiernamente, felicit\u00e1ndole por una franqueza tan filial, y le dijo: Si yo no le hubiera dado ya mi coraz\u00f3n, se lo dar\u00eda ahora mismo.<\/p>\n<p>Otro fue a verlo en su habitaci\u00f3n, muy triste y decidido a abandonar la Compa\u00f1\u00eda, y en cuanto le dijo que deseaba decidamente volver a su tierra, el Sr. Vicente empez\u00f3 a sonre\u00edr, y mir\u00e1ndole con mucha dulzura y beniginidad, le dijo: \u00bfCu\u00e1ndo se marcha usted, se\u00f1or? \u00bf c\u00f3mo quiere hacer el viaje, andando o a caballo? Aquel Sacerdote, que hablaba en serio y que esperaba una fuerte reprensi\u00f3n, qued\u00f3 totalmente sorprendido ante aquella respuesta, que el Sr. Vicente le hizo de aquel modo para distraerlo de la tentaci\u00f3n. En efecto, qued\u00f3 totalmente libre de ella.<\/p>\n<p>Otro de sus Sacerdotes, que trabajaba en una Provincia lejana, le hab\u00eda escrito que el Hermano que estaba con \u00e9l quer\u00eda marcharse. <em>\u00abSiempre he sospechado mucho \u2014<\/em>le respondi\u00f3<em>\u2014 que ese buen Hermano ser\u00eda tentado por el demonio de la holgazaner\u00eda, y \u00e9l puede recordar que se lo advert\u00ed. Le ruego a usted que le ayude y lo anime a rechazar ese ataque, pero h\u00e1galo suavemente, y, m\u00e1s bien por v\u00eda de persuasi\u00f3n que de convicci\u00f3n, como usted sabe bien que es mi costumbre de actuar; porque los que sufren esas enfermedades del esp\u00edritu necesitan m\u00e1s ser tratados, y por decirlo as\u00ed, mimados dulce y caritativamente que los que tienen enfermedades en sus cuerpos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Otro Hermano le hab\u00eda escrito varias veces pidi\u00e9ndole permiso para marcharse de la Compa\u00f1\u00eda. Le contest\u00f3 todas las veces con unas palabras que manifestaban su amor paternal para retenerlo y para animarlo. S\u00f3lo presentaremos aqu\u00ed la conclusi\u00f3n de la \u00faltima carta, como prueba de la ternura de su coraz\u00f3n para con los suyos: <em>\u00abNo, mi querido Hermano, \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 no podr\u00eda consentir en su salida; por esta raz\u00f3n: que no es \u00e9sa la voluntad de Dios, y que ser\u00eda peligrosa para su alma, que me es muy querida. Y si usted no me quiere creer, al menos le ruego que no salga de la Compa\u00f1\u00eda, sino por la misma puerta por la que entr\u00f3, y esa puerta no es otra que los Ejercicios Espirituales que, le ruego, los haga antes de decidirse en un asunto de tan gran importancia. Escoja una de nuestras tres casas m\u00e1s cercanas al sitio donde est\u00e1, y est\u00e9 seguro que ser\u00e1 muy bien recibido en todas partes. La bondad de su coraz\u00f3n ha ganado todo el afecto del m\u00edo, y ese afecto no tiene otra finalidad que la gloria de Dios y la santificaci\u00f3n de usted. Usted lo cree as\u00ed, lo s\u00e9 muy bien, y tambi\u00e9n usted sabe bien que soy todo suyo en el amor de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Cuando destinaba a alguno de los suyos a una de las casas de su Compa\u00f1\u00eda, lo recomendaba siempre al Superior, suplic\u00e1ndole que tuviera cuidado de \u00e9l, y dec\u00eda de ordinario: Espero que tendr\u00e1 mucha confianza en usted, cuando vea la bondad, la tolerancia y la caridad, que Nuestro Se\u00f1or le ha concedido a usted para los que conf\u00eda a su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vean con qu\u00e9 sentimientos de un amor verdaderamente paternal escribi\u00f3 a uno de los suyos, el cual hab\u00eda dado mucho a Dios para corresponder fielmente a Sus designios, en una pa\u00eds lejano: <em>\u00abTeniendo en cuenta \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 las se\u00f1ales verdaderas y extraordinarias, que Dios ha mostrado en usted de su vocaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n de ese pueblo, le abrazo en esp\u00edritu con todo el sentimiento de alegr\u00eda y de cari\u00f1o que merece el alma a la que Dios he escogido, entre tantas otras que habitan en la tierra, para llevar un gran n\u00famero de ellas al cielo, como es la suya, que lo ha dejado todo por ese fin. Ciertamente, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 no amar a esa querida alma tan desprendida de las criaturas, de sus intereses y de su propio cuerpo, al que anima solamente para hacerle servir a los designios de Dios, que es su fin y su \u00fanico objetivo? Pero, adem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n dejar\u00e1 de cuidar las fuerzas de ese cuerpo, destinado ciertamente a dar la vista a los ciegos y a resucitar los muertos? Esto es lo que me obliga a pedirle que lo mire como un instrumento de Dios para la salvaci\u00f3n de otros muchos y que lo conserve con esa finalidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n escribi\u00f3 con los mismos sentimientos de amor y de ternura a varios de sus Sacerdotes, que trabajaban juntos en un clima muy lejano, para exhortarlos a cuidar de su salud: <em>\u00abYa saben ustedes \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 que su salud se ver\u00e1 en peligro en ese nuevo clima, hasta que se vayan acostumbrando a \u00e9l. Por eso, les aconsejo que no se expongan al sol y que durante alg\u00fan tiempo se dediquen solamente al estudio de la lengua. Piensen en que se han convertido en ni\u00f1os que tienen que aprender a hablar, y con ese esp\u00edritu d\u00e9jense guiar por el Sr. N., que ser\u00e1 para ustedes un padre, o, si falta \u00e9l, por el Sr. N. Les ruego que miren a Nuestro Se\u00f1or en ellos. Y si se vieran privados de uno y otro, no lo estar\u00e1n de la especial asistencia de Dios, que ha dicho que, aunque una madre llegara a olvidarse del hijo salido de sus entra\u00f1as, El seguir\u00eda preocup\u00e1ndose de sus hijos. \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s deber\u00e1n creer que ser\u00e1 bondadoso con ustedes, mis queridos se\u00f1ores, y se complacer\u00e1 en atenderlos, en defenderlos y en cuidar de ustedes, que se han puesto en Sus manos y han puesto toda su confianza en Su protecci\u00f3n y en Su poder! Bien, se\u00f1ores, qui\u00e9ranse mucho y ay\u00fadense unos a otros; sop\u00f3rtense en sus defectos y permanezcan siempre unidos en el esp\u00edritu de Dios, que les ha elegido para ese gran proyecto, y que les conservar\u00e1, para que puedan llevarlo a cabo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente ten\u00eda la costumbre de ponerse de rodillas para abrazar a los que destinaba a trabajar en las misiones, o a los que volv\u00edan de ellas; y se esmeraba en que no les faltase nada. Pero su caridad le suger\u00eda unos sentimientos de amor particular a los enfermos: se informaba cordialmente del estado de su salud, y les indicaba frecuentemente los remedios para su alivio; y cuando el mal lo requer\u00eda, nunca fallaba en hacer venir al m\u00e9dico, o bien invitaba, o rogaba a quienes lo pod\u00edan hacer c\u00f3modamente, que fueran donde \u00e9l para consultarle. Recomendaba tambi\u00e9n a los enfermeros que tuvieran mucho cuidado de los enfermos, y a los Superiores de las casas que no ahorraran molestias, ni gastos para aliviarlos; y varias veces se le ha o\u00eddo decir que era preferible vender los vasos sagrados, que permitir que les faltase alguna cosa necesaria. Lejos de ser los enfermos una carga para la Compa\u00f1\u00eda, dec\u00eda que, al contrario, eran una bendici\u00f3n para las casas donde se hallaban. Adem\u00e1s de todos esos cuidados, nunca se olvidaba de encomendarlos a Dios y a las oraciones de la Comunidad. Iba, siempre que pod\u00eda, a visitar y consolar a los de las casas donde \u00e9l se hallaba y se informaba de ellos mismos qu\u00e9 necesitaban y si les faltaba algo, no pudiendo sufrir entre los suyos ninguna falta de caridad o de ternura de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que uno de los Sacerdotes ha escrito sobre esto: <em>\u00abYo mismo he experimentado \u2014ha dicho\u2014 la caridad que ten\u00eda a los enfermos, durante dos enfermedades graves que he tenido en la casa de San L\u00e1zaro. Dios me habr\u00eda hecho una gracia grande entonces, si me hubiera retirado de este mundo, porque me parece que estaba dispuesto para morir gracias a las ayudas y oraciones del Sr. Vicente, que me hizo la caridad de visitarme varias veces. No quer\u00eda que les faltara nada a los enfermos, porque \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 merec\u00edan m\u00e1s por sus sufrimientos, que los dem\u00e1s por su trabajo. Le he o\u00eddo con frecuencia decir que habr\u00eda que vender hasta los c\u00e1lices para asistirlos. Y cuando los iba a ver, se informaba directamente de ellos c\u00f3mo les cuidaban. Aliviaba su mal por la compasi\u00f3n que les mostraba, y cuando estaban convalecientes, los alegraba cont\u00e1ndoles historia agradables, y de ellas sacaba en seguida alguna lecci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como su caridad estaba bien ordenada, quer\u00eda que los enfermos fueran tan consolados y bien tratados en cuanto al cuerpo, que no experimentaran ning\u00fan da\u00f1o en el bien espiritual de sus almas. Por eso advert\u00eda suave y paternalmente a los que sufr\u00edan una enfermedad que no era tan grave y que pod\u00edan sin mayores molestias dedicar algunos d\u00edas a algunos actos piadosos, que no los omitieran, por miedo\u2014 dec\u00eda\u2014 a que la enfermedad del cuerpo se pasara al alma, y la volviera tibia e in mortificada<\/p>\n<p>En fin, pon\u00eda un esmero tan cordial por contribuir cuanto pod\u00eda no solamente al alivio y a la curaci\u00f3n de los enfermos, sino tambi\u00e9n a la conservaci\u00f3n de los que estaban sanos que, cuando se enter\u00f3 de que un misionero, que trabajaba en Champa\u00f1a asistiendo a los pobres, rogaba que le enviaran, entre otras cosas, un solideo, como no encontraban ninguno en casa, el caritativo Padre se quit\u00f3 el suyo de la cabeza y dijo al Hermano que le hab\u00eda dado la noticia que se lo enviara; y como al Hermano se le ocurriera que podr\u00eda ir a comprar uno en la ciudad para envi\u00e1rselo en otra ocasi\u00f3n, \u00abNo, Hermano\u2014replic\u00f3\u2014 no hay que hacerle esperar, porque puede tener prisa. M\u00e1ndele, se lo ruego, ahora el nuestro con todo lo dem\u00e1s que pide\u00bb. Y no contento con manifestar, de todas las formas que pod\u00eda, su amor y su cordialidad a los suyos, para darles todav\u00eda unas muestras m\u00e1s claras, la extendi\u00f3 hasta las personas que les pertenec\u00edan. Y cuando se enteraba de que alguna aflicci\u00f3n les hab\u00eda sucedido a los padres de los Sacerdotes o de los Hermanos de su Compa\u00f1\u00eda, quer\u00eda que los dem\u00e1s se compadecieran y se interesaran de su alivio y de su consuelo; y siendo \u00e9l el primero en conmoverse por las penas, trataba de arreglarlo del mejor modo que pod\u00eda.<\/p>\n<p><em>\u00abRezaremos a Dios \u2014dec\u00eda a los de su Comunidad\u2014 por la familia de un tal N., que ha sufrido una p\u00e9rdida, pues hemos de participar de los sentimientos, que pueda tener nuestro Hermano, y cumplir este deber unos con otros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A veces, cuando era necesario a\u00f1ad\u00eda: <em>\u00abPido a los Sacerdotes que no tengan obligaciones especiales que ofrezcan la misa por todos los de esa familia tan afligida.<\/em><\/p>\n<p><em>Yo ser\u00e9 el primero en ofrecer a Dios de todo coraz\u00f3n esta misa que voy a celebrar, ruego a nuestros Hermanos que comulguen por esta misma intenci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s de la ayuda de las oraciones que hac\u00eda por los padres de los de su Compa\u00f1\u00eda, les daba todos los consuelos que pod\u00eda cuando se ve\u00edan reducidos a alguna necesidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caridad con los suyos La caridad del Sr. Vicente al ser perfecta hasta el punto que hemos podido ver en las Secciones anteriores, no podemos dudar de que haya estado bien ordenada; pues el orden &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-6\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-39109","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 6 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-6\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 6 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Caridad con los suyos La caridad del Sr. Vicente al ser perfecta hasta el punto que hemos podido ver en las Secciones anteriores, no podemos dudar de que haya estado bien ordenada; pues el orden ... 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