{"id":39108,"date":"2021-02-20T08:55:29","date_gmt":"2021-02-20T07:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-5\/"},"modified":"2020-12-13T11:49:17","modified_gmt":"2020-12-13T10:49:17","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-5","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-5\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 5"},"content":{"rendered":"<p><strong>Caridad con los sacerdotes y con otras personas eclesi\u00e1sticas<\/strong><\/p>\n<p>Para conocer c\u00f3mo ha sido la caridad del Sr. Vicente con los Sacerdotes y otras personas eclesi\u00e1sticas, no hace falta m\u00e1s que fijar la vista en todo lo que llev\u00f3 a cabo para procurar su bien. De eso ya hemos hablado ampliamente en los Libros primero y segundo; y no ser\u00eda necesario presentar otras muestras, ni otros testimonios que los grandes frutos producidos por los Ejercicios de los Ordenandos, de las Conferencias espirituales, de los Retiros, de los Seminarios y de todas las dem\u00e1s santas actividades llevadas a cabo por este gran Siervo de Dios para la reforma, santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n del Estado eclesi\u00e1stico. Pero, adem\u00e1s de esas Obras Generales hay muchas otras particulares, que merecen con todo derecho ser contadas. Por ellas se podr\u00e1 conocer mejor el respeto y el amor que ten\u00eda por todos los que est\u00e1n consagrados al ministerio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Escribiendo un d\u00eda al Superior de una de sus casas donde hab\u00eda un seminario de eclesi\u00e1sticos, le habl\u00f3 de esta manera: <em>\u00abSaludo con afecto y con cari\u00f1o \u2014le dijo\u2014 a su amable coraz\u00f3n y a todos los de su querida familia, y pido a Nuestro Se\u00f1or que les bendiga tan abundantemente, que la bendici\u00f3n se derrame sobre su Seminario, para que cuantos lo componen y en los que usted procura inculcar y perfeccionar el esp\u00edritu eclesi\u00e1stico se encuentren finalmente llenos de \u00e9l. No tengo necesidad de recomend\u00e1rselos, ya que sabe usted muy bien que son el tesoro de la Iglesia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y hablando a otro, en una carta que le escribi\u00f3 sobre la misma cuesti\u00f3n: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 feliz es usted \u2014le dice\u2014 por servir a Nuestro Se\u00f1or de instrumento para hacer buenos sacerdotes, y de instrumento de tal entidad como es usted, que los ilumina y calienta al mismo tiempo! En eso usted hace el oficio del Esp\u00edritu Santo, pues s\u00f3lo a El le corresponde iluminar e inflamar los corazones; o m\u00e1s bien, es ese Esp\u00edritu Santo y santificante quien lo hace por medio de usted; porque El reside y obra en usted, no solamente para hacer vivir de su vida divina, sino tambi\u00e9n para establecer Su misma vida y Sus operaciones en esos se\u00f1ores, llamados al m\u00e1s alto ministerio que hay en la tierra, gracias al cual deben ejercer las dos grandes virtudes de Jesucristo, a saber, la Religi\u00f3n para con su Padre, y la Caridad para con los hombres. Vea, pues, se\u00f1or, si es que existe en el mundo alg\u00fan oficio m\u00e1s necesario y m\u00e1s de desear que el de usted. En cuanto a m\u00ed, no conozco ninguno, y creo que Dios no ha esperado tanto a hac\u00e9rselo ver, porque le ha dado inter\u00e9s para dedicarse a \u00e9l, y la gracia para tener \u00e9xito. Hum\u00edllese sin cesar, y conf\u00ede plenamente en Nuestro Se\u00f1or, para que le haga una misma cosa con El\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente demostraba, adem\u00e1s, su caridad al estado eclesi\u00e1stico por la estima y el afecto muy especial que sent\u00eda a las Comunidades eclesi\u00e1sticas que ve\u00eda fundar, y por el celo con el que procuraba, seg\u00fan su capacidad, que se fundaran en todos los sitios unas instituciones parecidas a las que consideraba muy \u00fatiles y muy provechosas para la Iglesia. A prop\u00f3sito de eso, un virtuoso eclesi\u00e1stico le rog\u00f3 una vez con mucha insistencia, que, como deseaba fundar una Comunidad de buenos Sacerdotes en un beneficio suyo situado en Anjou, le enviara algunos Sacerdotes de la Misi\u00f3n para ayudarle a fundar una Instituci\u00f3n, y como se viera el Sr. Vicente en la impotencia de satisfacerle en su proyecto, le escribi\u00f3 la siguiente carta: <em>\u00abSe ve con claridad \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que el esp\u00edritu de Dios ha derramado abundantemente sus gracias en su amable coraz\u00f3n, y que el celo y la caridad han echado en \u00e9l profundas ra\u00edces, ya que no hay nada capaz de apartarle del proyecto que usted ha concebido de procurar la mayor gloria de Dios, en el presente y en el porvenir, dentro de su beneficio. Quiera su Divina Bondad secundar sus santas intenciones y darles un feliz cumplimiento. Le agradezco con todo el afecto de mi alma esa paciencia tan grande que tiene con nosotros, que no hemos podido recibir el honor y los bienes que usted nos ha ofrecido y que no habr\u00edamos sido capaces de responder a lo que usted esperaba de nosotros. Espero, se\u00f1or, que podr\u00e1 usted obtener en otros una satisfacci\u00f3n cumplida. Sin embargo, no acabo de ver bien a qui\u00e9nes podr\u00e1 usted dirigirse, ya que dudo que los Se\u00f1ores de San Sulpicio, o los de San Nicol\u00e1s du Chardonnet quieran proporcionarle esos sacerdotes. Se trata de dos santas Comunidades, que hacen mucho bien en la Iglesia y que est\u00e1n produciendo muchos frutos con sus trabajos. Pero, la primera, que tiene como finalidad los seminarios, no funda de ordinario m\u00e1s que en las ciudades principales; y la segunda, que est\u00e1 muy ocupada en un gran n\u00famero de actividades, a las que se dedica para el servicio de la Iglesia, tampoco podr\u00e1 proporcionarle tan pronto los Obreros pedidos por usted. Creo, sin embargo, que convendr\u00eda hacerles esa propuesta, ya que las dos son mucho m\u00e1s capaces e indicadas que nosotros para empezar y perfeccionar esa buena obra que usted desea\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y escribiendo a una se\u00f1ora de categor\u00eda para persuadirla a que aplicara al Seminario fundado por los Se\u00f1ores de San Sulpicio las rentas de su fundaci\u00f3n, hecha por los Se\u00f1ores predecesores suyos para formar buenos eclesi\u00e1sticos, le habla en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abSe\u00f1ora, si usted hace esa aplicaci\u00f3n, debe tener por cierto que ser\u00e1 ejecutada en la forma que esos Se\u00f1ores han deseado para el adelanto del estado eclesi\u00e1stico. Y si a usted le parece bien para eso informarse de los bienes que se hacen en San Sulpicio, usted podr\u00e1 esperarlos iguales, cuando esa Comunidad sea fundada en ese lugar, porque est\u00e1 animada en todas partes de un mismo esp\u00edritu, y s\u00f3lo tiene una pretensi\u00f3n, que es la gloria de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero no ha sido s\u00f3lo con palabras con lo que el Sr. Vicente ha dejado ver el afecto que sent\u00eda, tanto por las Comunidades, como por los particulares del Clero. Lo ha demostrado a\u00fan m\u00e1s con las obras; porque estaba siempre dispuesto para acoger, consolar y servir a toda clase de personas eclesi\u00e1sticas, seg\u00fan su condici\u00f3n y la necesidad que pod\u00eda tener. Bastaba con tener el car\u00e1cter del sacerdocio, o bien las se\u00f1ales externas de la clerec\u00eda, para encontrar en el Siervo de Dios un acceso favorable. Se dedicaba con una caridad sin par a procurar trabajo a los sacerdotes que no lo ten\u00edan, y que acud\u00edan a \u00e9l. Interven\u00eda, para que los que eran capaces fueran provistos de parroquias y de otros beneficios, donde pudieran trabajar \u00fatilmente; para que otros fueran colocados como capellanes en casa de los Obispos y otros grandes Se\u00f1ores; otros, Vicarios en las parroquias de las ciudades o de las aldeas; otros, confesores o capellanes de Religiosas, o de los Hospitales. Manifestaba a todos los eclesi\u00e1sticos, hasta a los m\u00e1s inferiores, mucho aprecio y afecto; rogaba a los suyos que los amaran a todos, y que no hablaran nunca de ellos, si no era a su favor, sobre todo, cuando predicaban al pueblo. Y esto lo viv\u00eda de tal manera, que cierto d\u00eda se traslad\u00f3 desde San L\u00e1zaro a una parroquia, que estaba cinco o seis leguas, para pedir perd\u00f3n a los eclesi\u00e1sticos del lugar, porque un Sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda, al predicar, hab\u00eda dicho algunas palabras menos delicadas, que les hab\u00edan causado alguna contrariedad.<\/p>\n<p>Alguno ha hecho notar como una acci\u00f3n muy loable y meritoria, el que un d\u00eda el Sr. Vicente, cuando se enter\u00f3 de que un eclesi\u00e1stico hab\u00eda ca\u00eddo en alg\u00fan desorden, hizo todo lo que pudo para sacarlo de \u00e9l, y hasta se encarg\u00f3 de acudir a Roma en favor de \u00e9l, y de alimentarle hasta que hubo recibido su absoluci\u00f3n, e inmediatamente lo puso en situaci\u00f3n de poder vivir durante el resto de sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Otro sacerdote fue amonestado y convicto de cierto acto sacr\u00edlego muy digno de castigo, lo llevaron a San L\u00e1zaro. El Sr. Vicente le habl\u00f3 con tal suavidad y eficacia, que qued\u00f3 vivamente conmovido, y para hacerle entrar m\u00e1s y m\u00e1s en las disposiciones que conven\u00edan, lo retuvo en San L\u00e1zaro durante algunas semanas, y le hizo alimentar y vestir, y dotarle de todas las cosas necesarias, y, finalmente, le obtuvo el perd\u00f3n de su Obispo.<\/p>\n<p>Otro eclesi\u00e1stico estaba enfermo en el Seminario de BonsEnfants y quer\u00eda ser tratado mejor de lo que exig\u00eda su condici\u00f3n; y como, adem\u00e1s, no dispon\u00eda con qu\u00e9 pagar los gastos, causaba grandes molestias a toda la casa, que bien hubiera deseado verse liberada de \u00e9l. Pero el Sr. Vicente no lo quiso as\u00ed, impulsado por su caridad habitual, se encarg\u00f3 de que le compraran, a costa de la casa, todo lo que deseaba, aunque costara muy caro y no le fuera necesario, s\u00f3lo para contentarlo.<\/p>\n<p>Un sacerdote, se hallaba enfermo en la misma casa y, al contrario que el anterior, no se atrev\u00eda a solicitar nada porque era pobre y, como no dispon\u00eda de medio alguno para pagar sus gastos, tem\u00eda ser gravoso a la casa. El Sr. Vicente, en cuanto lo supo, fue a visitarlo, y le dijo que no deb\u00eda preocuparse, y que en la casa hab\u00eda, para su servicio, c\u00e1lices y otros recipientes de plata, que vender\u00eda con mucho gusto para atenderlo, antes que permitir que le faltara alguna cosa necesaria.<\/p>\n<p>Otro sacerdote desconocido y enfermo se present\u00f3 al Sr. Vicente para pedirle alguna ayuda. Lo recibi\u00f3 con mucha caridad, y lo hizo albergar, tratar y medicamentar con gran caridad hasta que recuper\u00f3 la salud.<\/p>\n<p>Otro, que hab\u00eda ido a hacer los Ejercicios a San L\u00e1zaro, cay\u00f3 enfermo, y como no dispon\u00eda, a causa de su pobreza, de ning\u00fan lugar adonde retirarse, el Sr. Vicente mand\u00f3 que se tuvieran con \u00e9l todos los cuidados imaginables. A este sacerdote, cuando recuper\u00f3 la salud despu\u00e9s de una larga enfermedad, le hizo dar una sotana y un brevario y varios objetos m\u00e1s, y le a\u00f1adi\u00f3 a todo eso diez escudos para ayudarle a subsistir durante alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>Otro eclesi\u00e1stico fue acogido en San L\u00e1zaro para pasar all\u00ed una noche, aunque era desconocido y hab\u00eda llegado con un equipaje en muy mal uso. Se march\u00f3 sin despedirse y se llev\u00f3 una sotana y un manteo, que hab\u00eda robado all\u00ed; alguien quiso seguirle, pero el Sr. Vicente se lo impidi\u00f3 diciendo que, por su apariencia ten\u00eda mucha necesidad de ellos, ya que hab\u00eda quedado reducido hasta el extremo de llev\u00e1rselos, y que ser\u00eda mejor darle otros que exigirle los que se hab\u00eda llevado.<\/p>\n<p>A otro sacerdote pobre que se vio obligado a hacer un viaje y no ten\u00eda ning\u00fan medio para sus gastos, ni tampoco para llevar el equipaje necesario, el Sr. Vicente, a quien se dirigi\u00f3, le hizo dar todo lo que necesitaba, hasta unas botas y, adem\u00e1s de todo eso, veinte escudos<\/p>\n<p>Otro buen sacerdote ha manifestado que, habiendo venido de su tierra para algunos asuntos a la ciudad de Par\u00eds, como all\u00ed no conoc\u00eda a nadie, se vio obligado a alojarse en una mala fonda. S\u00fapolo el Sr. Vicente, y mand\u00f3 en seguida a buscarlo, y lo mand\u00f3 albergar y alimentar caritativamente a costa de la casa de San L\u00e1zaro en una casa de piedad; all\u00ed permaneci\u00f3 cerca de un mes, hasta que termin\u00f3 con sus asuntos.<\/p>\n<p>Un buen sacerdote de la di\u00f3cesis de Tours ten\u00eda pendiente un proceso en Par\u00eds, que se ve\u00eda obligado a proseguir, debido al honor de su car\u00e1cter, que hab\u00eda sido notablemente ofendido en su persona. Se dirigi\u00f3 al Sr. Vicente, como el m\u00e1s seguro refugio de todas las personas eclesi\u00e1sticas, y le escribi\u00f3 que no pod\u00eda ir a Par\u00eds, ni tampoco sostener all\u00ed un gestor, si \u00e9l no le proporcionaba alguna ayuda. El Sr. Vicente le respondi\u00f3 que enviara a la persona que le pluguiera, y que le liberar\u00eda de los gastos. As\u00ed lo hizo despu\u00e9s, tal como se lo hab\u00eda prometido, admitiendo en casa y alimentando a su hombre en Par\u00eds a costa de la casa de San L\u00e1zaro durante m\u00e1s de un a\u00f1o, que fue lo que duraron las gestiones de aquel pleito, que, por fin, acab\u00f3 en favor del p\u00e1rroco, que era un hombre muy honrado.<\/p>\n<p>Este gran amador del Sacerdocio de Jesucristo ha salvado con frecuencia del desarreglo a varios sacerdotes por la caridad que ha ejercido para con ellos, recuper\u00e1ndolos de las ocasiones pr\u00f3ximas al pecado, y proveyendo a su retiro y a su subsistencia. Tambi\u00e9n ha sustentado durante varios a\u00f1os, a costa de la casa de San L\u00e1zaro, a un religioso italiano que, como ten\u00eda el esp\u00edritu un poco turbado, sembraba en diversos sitios una doctrina perniciosa<\/p>\n<p>Un sacerdote de Par\u00eds, confesor de una Comunidad de Religiosas, hab\u00eda ca\u00eddo enfermo. El Sr. Vicente rog\u00f3 a tres eclesi\u00e1sticos muy piadosos, que lo sustituyeran durante su enfermedad, que dur\u00f3 tres a\u00f1os enteros, para que aquel buen eclesi\u00e1stico pudiera recibir el sueldo, como lo ven\u00eda haciendo cuando estaba sano.<\/p>\n<p>Un sacerdote ven\u00eda de un lugar muy lejano de tiempo en tiempo a solicitar alguna caridad al Sr. Vicente, con el fin de que le ayudara a vivir en su tierra, pues estaba desolada. El Procurador de la casa, a quien no le gustaba nada aquello, le indic\u00f3 al Sr. Vicente que hab\u00eda que decirle que no volviera ya m\u00e1s, y que ya se le mandar\u00eda la limosna. El Sr. Vicente le dio esta respuesta: Non alligabis os bovi trituranti, queri\u00e9ndole dar a entender con aquellas palabras, que deseaba que le dejaran a aquel pobre sacerdote la libertad de volver siempre que quisiera, y de pedir, cuando tuviera necesidad de ayuda.<\/p>\n<p>Finalmente, la buena acogida y la gran caridad que hac\u00eda a todos los eclesi\u00e1sticos, invitaba a todos los sacerdotes pobres a acudir donde su Padre con gran confianza. Y como a Par\u00eds llegan de todos los lados, tanto franceses, como extranjeros, no pasaba ning\u00fan d\u00eda sin que viniera alguno a implorar su socorro, y que no se llevara alguna limosna. Pero, entre todos, singularmente ha ejercido la caridad con los sacerdotes pobres irlandeses exiliados de su tierra y refugiados en Francia por causa de la Religi\u00f3n. Procuraba no s\u00f3lo que las personas caritativas conocidas suyas les repartieran algunas limosnas, mas tambi\u00e9n les daba buena parte de las de su casa. E incluso hemos visto recibos de algunos de ellos de lo que recib\u00edan todos los meses del Sr. Vicente, quien les hab\u00eda hecho esperar por caridad varias cantidades de cuando en cuando. Ha sostenido en Par\u00eds durante varios a\u00f1os a un pobre sacerdote irland\u00e9s ciego, con un muchacho como lazarillo, tanto por sus beneficios, como por las recomendaciones, que hac\u00eda a unos y a otros; y, adem\u00e1s del dinero que le daba o que procuraba que le dieran, le hac\u00eda comer, junto con su lazarillo, todas las veces que ven\u00eda a San L\u00e1zaro, cosa que suced\u00eda con frecuencia. Adem\u00e1s, al ver en Par\u00eds a varios eclesi\u00e1sticos tambi\u00e9n de Irlanda, que estaban estudiando, pero que no ten\u00edan con qu\u00e9 vivir, les mandaba a otras Provincias, encomend\u00e1ndolos a personas conocidas, para que pudieran estudiar con menos gastos; y adem\u00e1s de eso, les daba con qu\u00e9 pagar el viaje.<\/p>\n<p>Esta caridad del Sr. Vicente no se extendi\u00f3 s\u00f3lo a los eclesi\u00e1sticos pobres que acud\u00edan donde \u00e9l, sino tambi\u00e9n a los que no pod\u00edan ir, tales como muchos p\u00e1rrocos pobres y otros sacerdotes, que resid\u00edan en Provincias arruinadas. A \u00e9stos, no solamente les enviaba Sacerdotes Misioneros para socorrerlos en sus necesidades m\u00e1s onerosas, m\u00e1s tambi\u00e9n ha hecho que les distribuyeran durante varios a\u00f1os todas las cosas necesarias para el Servicio Divino y para el Santo Sacrificio de la Misa, cosas de las que carec\u00edan sus iglesias, como ya lo hemos dicho en otro lugar. Tambi\u00e9n trataba de proporcionar a los sanos y a los enfermos h\u00e1bitos y sotanas, y con qu\u00e9 vivir y subsistir. A tal efecto, recog\u00eda, y les hac\u00eda llevar con mucha diligencia las limosnas de las personas caritativas, contribuyendo adem\u00e1s notablemente con sus propios recursos. A prop\u00f3sito de esto, ocurri\u00f3 un d\u00eda que un Sacerdote de la Misi\u00f3n yendo de viaje por Champa\u00f1a para ciertos asuntos, se encontr\u00f3, al entrar en un pueblo, con el p\u00e1rroco del lugar; \u00e9ste le pregunt\u00f3 qui\u00e9n era, y, cuando supo, por la respuesta, que era un Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, al o\u00edr aquella palabra, se le ech\u00f3 al cuello y lo abraz\u00f3 con mucho afecto ante todo el mundo; despu\u00e9s, lo llev\u00f3 a su casa, le cont\u00f3 los muchos bienes espirituales y corporales, que todos los de aquella tierra hab\u00edan recibido de la caridad del Sr. Vicente, y \u00e9l, en particular, y en prueba de ello le ense\u00f1\u00f3 la sotana, que vest\u00eda, y le dijo: Et hac me veste contexit, queriendo expresar as\u00ed la obligaci\u00f3n que le ten\u00eda, con las mismas palabras que Nuestro Se\u00f1or dijo en otra ocasi\u00f3n a San Mart\u00edn para manifestar cu\u00e1nto le agrad\u00f3 la limosna que hab\u00eda hecho con su capa a un pobre.<\/p>\n<p>Podemos con mucha raz\u00f3n unir a estos ejemplos de la caridad del Sr. Vicente para con los eclesi\u00e1sticos, sus sentimientos relacionados con los Religiosos. Sent\u00eda hacia ellos un respeto y un amor singular\u00edsimo, y lo hac\u00eda patente cuando algunos de ellos le ven\u00edan a visitar a San L\u00e1zaro, porque los recib\u00eda como a unos \u00e1ngeles del cielo, postr\u00e1ndose a menudo a sus pies para rogarles su bendici\u00f3n, que les obligaba a muchos, por su humildad, a d\u00e1rsela, no queriendo levantarse, sin que antes la recibiera.<\/p>\n<p>Asimismo, practicaba con ellos en algunas ocasiones una hospitalidad caritativa, usando con ellos toda clase de atenciones. Quer\u00eda tambi\u00e9n que los suyos se portaran del mismo modo en su domicilio. Y, a tal fin, les recomendaba a menudo que apreciaran y respetaran a todas las Ordenes y a todas las Comunidades Religiosas, y que no dejaran entrar en sus esp\u00edritus ninguna envidia, ni celos u otra disposici\u00f3n contraria a la humildad y a la caridad de Jesucristo, sino que hablaran siempre con muestras de aprecio y de afecto, en una palabra, quer\u00eda que su Congregaci\u00f3n fuera tal, que, como dijeron un d\u00eda, no se encontrara en ella nada que diera que hablar a las otras Comunidades, y que hiciera profesi\u00f3n p\u00fablica de hallar bueno lo que ellas hac\u00edan. Respondiendo un d\u00eda a uno de sus Sacerdotes, que le hab\u00eda rogado que le dijera c\u00f3mo deb\u00eda portarse con esos buenos Religiosos, que le llevan la contraria: <em>\u00abUsted me pregunta \u2014le dijo\u2014 c\u00f3mo debe portarse con esos buenos Religiosos, que le llevan la contraria. A eso le respondo: que usted debe tratar de servirles, si es que se presentan ocasiones para ello, y manifestarles en los encuentros que usted tiene, una verdadera y sincera voluntad. Vaya a visitarles alguna vez; no tome nunca posici\u00f3n contra ellos; no se entrometa en sus asuntos, salvo para defenderlos por caridad; hable siempre bien de ellos, y no diga nada desde el p\u00falpito, ni en conversaciones particulares, que pueda causarles la menor contrariedad; y, finalmente, hacerles y procurarles todo el bien que pueda en palabras y obras, aunque no le correspondan. Eso es lo que deseo que hagamos todos, y que nos obliguemos a honrarlos y servirlos en toda clase de ocasiones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente ha manifestado tambi\u00e9n su caridad para con los Religiosos en los consejos saludables que les daba, cuando acud\u00edan a \u00e9l, como varios de ellos han hecho en diversas circunstancias; y, entre otros, un religioso de una Orden muy santa, que quer\u00eda salir de ella con un pretexto, para entrar en otra: quiso saber antes la opini\u00f3n del Sr. Vicente, como de un hombre al que consideraba como muy caritativo y muy esclarecido, y recibi\u00f3 de \u00e9l esta respuesta: <em>\u00abHe le\u00eddo su carta, mi Reverendo Padre, con respeto y, ciertamente con confusi\u00f3n, por el hecho de que se dirija al m\u00e1s sensual y menos espiritual de los hombres, y reconocido, como tal, por todos. Sin embargo, no dejar\u00e9 de decirle mis peque\u00f1os pensamientos sobre lo que me propone usted, no en plan de aviso, sino por pura condescendencia, ya que Nuestro Se\u00f1or quiere que cedamos ante nuestro pr\u00f3jimo. Me ha consolado al ver la atracci\u00f3n que siente usted de unirse perfectamente con Nuestro Se\u00f1or, c\u00f3mo corresponde usted a ella, y las ternezas con las que su Bondad divina le ha prevenido m\u00e1s de una vez, las grandes dificultades y contrariedades que ha encontrado en los diversos estados por donde ha pasado, y, finalmente, el amor singular que tiene usted por esa gran maestra de la Vida Espiritual, Santa Teresa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPues bien, aunque as\u00ed sea, pienso sin embargo, Reverendo Padre, que hay m\u00e1s seguridad para usted en permanecer en la vida com\u00fan de su Santa Orden, y someterse enteramente a la direcci\u00f3n de su Superior, que en pasarse a otra Orden, aunque sea santa. En primer lugar, porque hay una m\u00e1xima que dice, que el Religioso debe aspirar a animarse en el esp\u00edritu de su Orden, porque de otra forma, no tendr\u00eda de ella m\u00e1s que el h\u00e1bito. Y como su santa Orden est\u00e1 reconocida como de las m\u00e1s perfectas de la iglesia, usted tiene una obligaci\u00f3n mayor de perseverar en ella y de trabajar en asimilarse su esp\u00edritu, practicando las cosas que le pueden ayudar a entrar en \u00e9l. En segundo lugar, existe otra m\u00e1xima, que afirma que el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or act\u00faa mansa y suavemente, y el de la naturaleza y el del maligno esp\u00edritu, por el contrario, \u00e1spera y acremente. Pues bien, parece, por todo lo que me ha dicho, que su manera de obrar es \u00e1spera y acre, y que le hace mantener con una excesiva decisi\u00f3n y apego sus sentimientos contra los de sus Superiores; y a eso lo lleva su mismo car\u00e1cter. Seg\u00fan eso, Reverendo Padre, pienso que debe usted darse de nuevo a Nuestro Se\u00f1or para renunciar a su propio esp\u00edritu, y para cumplir su sant\u00edsima voluntad en el estado al que le ha llevado su Providencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro religioso, doctor en Teolog\u00eda, como no estaba contento en su Religi\u00f3n, quer\u00eda elevar sus quejas a Roma, y, para tal efecto, hab\u00eda implorado la mediaci\u00f3n del Sr. Vicente. He aqu\u00ed cu\u00e1l fue la respuesta, que recibi\u00f3: <em>\u00abCompadezco, Reverendo Padre, sus penas, y le pido a Nuestro Se\u00f1or, que le libre de ellas, o que le d\u00e9 fuerzas para poder llevarlas. Puesto que sufre usted por una buena causa, debe usted alegrarse de estar en el n\u00famero de los bienaventurados que sufren por la justicia. Tenga paciencia, Reverendo Padre, y t\u00f3mela en Nuestro Se\u00f1or, que se complace en probarle; El har\u00e1 que la Religi\u00f3n, en donde lo ha puesto, sea como un barco agitado por las olas, que lo llevar\u00e1 felizmente a puerto. No puedo encomendar a Dios, seg\u00fan sus deseos, la idea que tiene usted de pasar a otra Orden religiosa, puesto que me parece que no es \u00e9sa Su voluntad. Por todas partes hay cruces, y su avanzada edad tiene que hacerle evitar aquellas que usted encontrar\u00eda al cambiar de estado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a la ayuda que usted desea de m\u00ed para procurarle el Reglamento en cuesti\u00f3n se trata de beberse el mar. Por eso, le suplico humildemente que me dispense de hacer presentar en Roma sus propuestas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esa misma caridad que el Sr. Vicente ten\u00eda por el estado religioso lo llevaba tambi\u00e9n a preocuparse de las Religiosas que ve\u00eda andar vagando fuera de sus monasterios por lo que fuera, preocup\u00e1ndose con mucho inter\u00e9s en facilitar la vuelta a su monasterio; o bien, si no pod\u00eda eso, para lograr alg\u00fan retiro en otro monasterio. He aqu\u00ed lo que le escribi\u00f3 a una Abadesa, cierto d\u00eda, sobre esa cuesti\u00f3n<em>: \u00abMe tomo la confianza, Se\u00f1ora, de interceder ante usted para rogarle que acepte en su abad\u00eda a una de sus religiosas, que dice ser Priora de N., y que no pudiendo seguir en su priorato por culpa de la miseria de los tiempos, ha quedado expuesta a la necesidad, y su condici\u00f3n a la censura y a la burla del mundo y de la soldadesca. Quiz\u00e1 tenga usted razones para no recibirla; no obstante, no he dejado de escribirle, ya que la caridad me obliga a cumplir con este deber con una persona de esta clase, que hace esperar que la dejar\u00e1 a usted plenamente satisfecha y que da motivos para temer que, al permanecer fuera de su centro, esto es, lejos de su monasterio, no podr\u00e1 estar tranquila ni segura. Quiz\u00e1s tenga usted razones para no aceptar que vuelva a su casa, al menos he cre\u00eddo que pondr\u00eda usted dificultades; sin embargo, le suplico muy humildemente que me indique, por lo menos, si podr\u00e1 contribuir en algo a su sustento en el caso de que podamos ponerla en pensi\u00f3n en esta ciudad durante alg\u00fan tiempo. En nombre de Dios, Se\u00f1ora, no vea usted mal que le haya escrito con esta propuesta\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Si fuera necesario referir aqu\u00ed al detalle todos los dem\u00e1s testimonios de aprecio y de afecto, y todos los servicios que el Sr. Vicente ha prestado a los religiosos y a las religiosas, se podr\u00eda componer todo un volumen. Bastar\u00e1 con decir que no se present\u00f3 ninguna ocasi\u00f3n de atenderlos o servirlos, que no haya acudido muy gustosamente; que casi no ha habido alg\u00fan acto u oficio de caridad, que no haya practicado en favor de ellos; y que ha hecho siempre y en todas las ocasiones; profesi\u00f3n p\u00fablica de quererlos, honrarlos, socorrerlos, servirlos y protegerlos, tanto como le ha sido posible, ocultando defectos, publicando sus virtudes, elevando su estado y, por una caritativa humildad tanto m\u00e1s excelente cuanto que se ven menos ejemplos de ella, poniendo siempre, tanto de palabra como de obra, su Compa\u00f1\u00eda por debajo de todas las dem\u00e1s, para darles lustre, y queriendo que los suyos se reconocieran y se portaran como los menores de todos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caridad con los sacerdotes y con otras personas eclesi\u00e1sticas Para conocer c\u00f3mo ha sido la caridad del Sr. Vicente con los Sacerdotes y otras personas eclesi\u00e1sticas, no hace falta m\u00e1s que fijar la vista en &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-5\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"#ffffff","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[266,5],"tags":[218,143,140],"class_list":["post-39108","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro","tag-san-sulpicio"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 5 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-11-seccion-5\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 5 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Caridad con los sacerdotes y con otras personas eclesi\u00e1sticas Para conocer c\u00f3mo ha sido la caridad del Sr. Vicente con los Sacerdotes y otras personas eclesi\u00e1sticas, no hace falta m\u00e1s que fijar la vista en ... 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