{"id":39102,"date":"2021-01-14T08:55:29","date_gmt":"2021-01-14T07:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-10\/"},"modified":"2020-11-21T19:55:10","modified_gmt":"2020-11-21T18:55:10","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-10","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-10\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 10"},"content":{"rendered":"<p><strong>Celo por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas<\/strong><\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente haya tratado de imitar perfectamente a Jesucristo en la pr\u00e1ctica de toda clase de virtudes, es sobre todo en \u00e9sta donde ha sobresalido de un modo m\u00e1s especial: grab\u00f3 en s\u00ed mismo una viva imagen del celo del Divino Salvador. Pod\u00eda muy bien decir, como El, que \u00abZelus domus tuae comedit me\u00bb Ps. 68el celo de la ca sa de Dios le devoraba, y que su vida se consum\u00eda en las llamas del deseo ardiente de procurar la gloria de Dios, ya que lo impulsaba continuamente a emprender, a sostener y a sufrir todo, sea para impedir que ofendieran a Dios, sea para reparar las ofensas cometidas contra su Divina Majestad, o, finalmente, para fomentar el avance de Su honor y de Su servicio. Porque, como nos ense\u00f1a muy bien San Agust\u00edn a la pregunta, que se propuso a s\u00ed mismo: <em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n es el que es devorado por el celo de la casa de Dios?\u2014 Es \u2014<\/em>dice el Doctor<em>\u2014 el que desea ardientemente impedir que ofendan a Dios, y quien, cuando ve alguna ofensa que se ha cometido contra su Majestad Divina, no descansa, sino que se dedica con todas sus fuerzas a reparar dicha ofensa; y si no puedo hacerlo, gime en su coraz\u00f3n y siente una gran pena al ver a Dios deshonrado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ese ha sido el Sr. Vicente, tal como hemos podido conocer bastante por todo lo referido en los dos primeros Libros de su Vida y de sus Obras. Podemos afirmar con seguridad, que no ha vivido para s\u00ed, sino \u00fanicamente para Jesucristo, cuyo honor y gloria le han sido incomparablemente m\u00e1s queridos que su propia vida; y, en cuanto a sus Obras, pueden servirnos muy bien de prueba de su celo, porque todo lo que ha hecho y emprendido s\u00f3lo ha sido para destruir el pecado y para promover que Dios fuera conocido, servido, amado y glorificado en todos los lugares por toda clase de personas: por eso mismo ha trabajado en las misiones, fundado Conferencias y Seminarios, convocado tantas Compa\u00f1\u00edas, en una palabra, por eso ha hecho y sufrido tanto durante su vida que, al final, se ha consumido en las llamas de su celo.<\/p>\n<p>Y para decir algo m\u00e1s concreto, el celo de este gran Siervo de Dios le hac\u00eda, sobre todo, sentir vivamente las ofensas cometidas contra su Divina Majestad. No podemos decir qu\u00e9 sensiblemente estaba tocado, qu\u00e9 esfuerzos hac\u00eda para impedir las ofensas, y qu\u00e9 penitencias se impon\u00eda para repararlas despu\u00e9s que las hab\u00edan hecho. Pero se aflig\u00eda fuera de toda medida, cuando se enteraba que un desgraciado pecador hab\u00eda muerto en pecado, y que un alma se hab\u00eda perdido, al ver que esa p\u00e9rdida era irreparable, y cuando hablaba de ello y hac\u00eda notar cu\u00e1nto val\u00eda una sola alma y lo que le hab\u00eda costado a Jesucristo, sus palabras hac\u00edan derramar l\u00e1grimas de los ojos de los oyentes.<\/p>\n<p>Para impedir esa p\u00e9rdida de almas, que ve\u00eda eran tan queridas del Divino Salvador, no hab\u00eda nada que no quisiera hacer y sufrir; y exhortaba a los suyos a que concibieran y fomentaran en sus corazones ese mismo celo, de que estaba animado<\/p>\n<p>Veamos en qu\u00e9 t\u00e9rminos les habl\u00f3 un d\u00eda acerca de lo que sufr\u00edan los misioneros residentes en G\u00e9nova, cuando la peste estaba afligiendo a la ciudad: <em>\u00abSufren \u2014<\/em>dijo<em>\u2014 como hay que hacerlo, por la gracia de Dios, y en eso son bien felices por sufrir, en primer lugar, para servir a Dios, y, luego, para procurar la salvaci\u00f3n de las almas. Pues bien, nosotros, se\u00f1ores, debemos tener una disposici\u00f3n semejante, y un mismo deseo de sufrir por Dios y por el pr\u00f3jimo, y consumirnos por eso. S\u00ed, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, es necesario que seamos de Dios sin reservas y para el servicio del pr\u00f3jimo: debemos desnudarnos para vestirlo, dar nuestras vidas para procurar su salvaci\u00f3n, estar siempre dispuestos a hacer de todo y sufrirlo todo por la caridad, estar dispuestos para ir adonde Dios quiera por ese motivo, ya a las Indias, o a otros sitios todav\u00eda m\u00e1s lejanos, y, finalmente, exponer gustosamente nuestras vidas para promover el bien espiritual de ese pr\u00f3jimo querido, y para extender el Imperio de Jesucristo en las almas. Y yo tambi\u00e9n, aunque anciano y tan caduco como estoy, no debo dejar de mantenerme en esa disposici\u00f3n, y a\u00fan de ir a las Indias, para ganar all\u00ed almas para Dios, aunque tuviera que morir por el camino; porque no pens\u00e9is que Dios nos pide las fuerzas y la buena disposici\u00f3n del cuerpo, no, s\u00f3lo nos pide nuestra buena voluntad y una verdadera y sincera disposici\u00f3n para abrazar todas las ocasiones de servirle, incluso con peligro de nuestra vida, manteniendo en nuestros corazones un deseo de sacrificarla por Dios y, si quisiera tal, de sufrir el martirio; y ese deseo es a veces tan agradable a su Divina Majestad, como si realmente se sufriera; y la misma Iglesia tiene un sentimiento semejante a esa disposici\u00f3n, pues ella honra como m\u00e1rtires a muchos Santos que solamente han estado desterrados por la fe, y que han muerto en el destierro de muerte natural. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 sabios son en esta ciencia del saber sufrir nuestros Cohermanos, que trabajan en los pa\u00edses extranjeros!: unos est\u00e1n expuestos a los peligros de la peste, sirviendo tambi\u00e9n a los apestados; otros, en medio de los peligros de la guerra; otros, en las incomodidades del hambre, y todos, en los peligros, los trabajos y los sufrimientos, pero, a pesar de eso, se mantienen firmes e inconmovibles en el bien que han empezado. Agradezcamos, se\u00f1ores, la gracia que Dios hace a esta pobre e insignificante Congregaci\u00f3n, al verse compuesta de tales personas y de tales miembros, tan fieles y tan constantes en sufrir por el servicio y por el amor de su Divina Majestad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras del Sr. Vicente dan a conocer el deseo que ard\u00eda en su coraz\u00f3n de sacrificar su vida en el martirio, o de ir a consumirla en los trabajos de las misiones; y lo habr\u00eda llevado a cabo, si los dolores agudos de sus piernas y las dem\u00e1s molestias, que le afectaban continuamente, se lo hubieran permitido. En efecto, seis o siete a\u00f1os antes de su muerte, a\u00fan fue de misiones el tiempo de un jubileo, y trabaj\u00f3 en \u00e9l con grand\u00edsimo fruto, y una maravillosa edificaci\u00f3n de todos los que ve\u00edan a aquel santo anciano, en edad tan avanzada y entre tantos achaques, dedicarse con tanto celo a catequizar, predicar, confesar y consagrase a otros actos parecidos. Pero aunque su edad y sus indisposiciones casi continuas, con todos los dem\u00e1s asuntos importantes atendidos por \u00e9l, no le permit\u00edan continuar esa santa actividad, con todo no dejaba de conservar en su coraz\u00f3n el inter\u00e9s por ella. Un d\u00eda escribiendo a uno de los suyos, y al declararle sus sentimientos acerca de dicha cuesti\u00f3n: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 felices son \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 los que se dan a Dios gustosamente para hacer lo que Jesucristo hizo, y para practicar, a su ejemplo, las virtudes que el practic\u00f3: la pobreza, la humildad, la paciencia, el celo de la gloria de Dios y de la salvaci\u00f3n de las almas; porque as\u00ed se hacen verdaderos disc\u00edpulos de tal Maestro: viven puramente de Su esp\u00edritu, y difunden, con el olor de su vida, el m\u00e9rito de sus actos por la santificaci\u00f3n de las almas por las que El quiso morir\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Con ese mismo esp\u00edritu y con ese mismo celo exhortaba y animaba a los suyos en los trabajos, en que estaban comprometidos por el servicio de Nuestro Se\u00f1or. Vean con qu\u00e9 palabras le escribi\u00f3 a uno de sus Sacerdotes, que hab\u00eda sido destinado a unos lugares muy lejanos, donde hab\u00eda mucho que trabajar y que sufrir por el servicio de Nuestro Se\u00f1or: <em>\u00ab\u00a1Ah se\u00f1or! \u00a1C\u00f3mo me lleno de consuelo al pensar que usted es todo para Dios y para su vocaci\u00f3n, que es verdaderamente apost\u00f3lica! Ame usted esa feliz porci\u00f3n que le ha tocado en suerte y que debe atraer sobre usted una infinidad de gracias, con tal de que sea usted muy fiel a las costumbres de los mayores, e indudablemente tendr\u00e1 que combatir mucho, porque el esp\u00edritu maligno y la naturaleza corrompida se pondr\u00e1n de acuerdo para oponerse al bien que usted quiera hacer. Le har\u00e1n aparecer las dificultades m\u00e1s grandes de lo que son, y se esforzar\u00e1n en persuadirle que la gracia le faltar\u00e1 cuando la necesite, con el fin de llenarle de tristeza y desanimarle; suscitar\u00e1n hombres que le llevar\u00e1n la contraria y le perseguir\u00e1n, y adem\u00e1s, quiz\u00e1s de los que usted mismo tiene por sus mejores amigos, y que deber\u00edan apoyarle y consolarle. Si le ocurre esto, se\u00f1or, debe animarse, y considerarlo como buena se\u00f1al; porque usted gracias a eso estar\u00e1 m\u00e1s relacionado con Nuestro Se\u00f1or, quien estando abrumado de dolores, se vio abandonado por su propio Padre. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 felices son los que llevan amorosamente su cruz, siguiendo a semejante Maestro! \u00a1Recuerde, se\u00f1or, y cr\u00e9alo firmemente, que cualquier cosa que le suceda, nunca ser\u00e1 tentado m\u00e1s de lo que le permitan sus fuerzas, y que Dios mismo ser\u00e1 su apoyo y su fuerza con tanta mayor perfecci\u00f3n, cuanto mayor refugio y confianza tenga s\u00f3lo en El\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y escribiendo a uno de los suyos, que hab\u00eda destinado a una misi\u00f3n muy laboriosa y dif\u00edcil: <em>\u00ab\u00a1Bendito sea el Padre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que con tanta suavidad y firmeza le ha inspirado la misi\u00f3n que ha emprendido usted por la propagaci\u00f3n de la Fe! \u00a1Y bendito sea ese mismo Se\u00f1or, que no solamente vino a este mundo para redimir las almas que usted va a instruir, sino tambi\u00e9n para merecerle a usted las gracias que necesita, a fin de procurar la salvaci\u00f3n de ellas y la de usted! Puesto que todas esas gracias ya le est\u00e1n preparadas y el buen Dios, que las da, no desea otra cosa m\u00e1s que concederlas con largueza a todos los que quieren servirse de ellas, \u00bfqu\u00e9 es lo que impedir\u00e1 que usted se llene de ellas y que con la fuerza de ellas destruya en usted mismo los restos del hombre viejo y las tinieblas de la ignorancia y del pecado en ese pueblo? Quiero esperar que de su parte no ahorrar\u00e1 usted ning\u00fan esfuerzo, y que pondr\u00e1 en ello su salud y su vida; para eso es para lo que usted se entreg\u00f3 a El, y se expuso al peligro de un viaje tan largo. Por tanto, no queda m\u00e1s que tomar la firme resoluci\u00f3n de poner en serio manos a la obra. Pues bien, para comenzar bien y obtener un buen resultado, acu\u00e9rdese de obrar siempre en el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, de unir sus acciones a las de El, y de darles una finalidad enteramente noble y divina, dedic\u00e1ndolas a Su mayor gloria. De este modo Dios derramar\u00e1 toda clase de bendiciones sobre usted y sobre sus obras; podr\u00e1 suceder quiz\u00e1 que usted no lo vea, al menos en toda su amplitud, ya que Dios oculta a veces a sus servidores el fruto de sus trabajos por razones muy justas; pero nunca deja de producir los mayores efectos. Pasa mucho tiempo antes de que el labrador pueda ver el fruto de sus trabajos y, a veces, ni siquiera logra ver toda la abundante cosecha producida por la semilla. Eso mismo le pas\u00f3 a San Francisco Javier, que no vio en su tiempo los frutos admirables que sus santos trabajos produjeron despu\u00e9s de su muerte, ni los progresos maravillosos que obtuvieron las misiones que comenz\u00f3. Esta considera ci\u00f3n tiene que ensanchar mucho su coraz\u00f3n y mantenerlo muy elevado hacia Dios, con la confianza de que todo marchar\u00e1 bien, a pesar de que a usted le parezca lo contrario\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hablando cierto d\u00eda a los de su Comunidad con ese mismo esp\u00edritu: <em>\u00abHe aqu\u00ed \u2014<\/em>dijo<em>\u2014 un hermoso campo que Dios nos abre, tanto en Madagascar como en las Islas H\u00e9bridas y en otras partes. Pidamos a Dios que abrase nuestros corazones en el deseo de servirle. Entregu\u00e9monos a El para hacer lo que le plazca. San Vicente Ferrer se animaba pensando que vendr\u00edan sacerdotes que, con el fervor de su celo, abrasar\u00edan toda la tierra. Si no merecemos que Dios nos conceda esa gracia de ser esos sacerdotes, supliqu\u00e9mosle que, al menos, nos haga sus im\u00e1genes y precursores. Pero, sea lo que sea, estemos ciertos de que no seremos verdaderos cristianos hasta que no estemos dispuestos a perderlo todo y a dar incluso nuestra vida por el amor y la gloria de Jesucristo, decididos, con el Santo Ap\u00f3stol, a escoger antes los tormentos y la muerte que vernos separados de la caridad de este Divino Salvador\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de haber relatado a su Comunidad alguna persecuci\u00f3n acaecida a los Misioneros residentes en Berber\u00eda, a\u00f1adi\u00f3 a continuaci\u00f3n: <em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n sabe si Dios no ha enviado esta persecuci\u00f3n para probar nuestra fidelidad? \u00bfDejan acaso los mercaderes de echarse a la mar por los peligros que corren, o dejan los soldados de ir a la guerra por las heridas y la muerte, a la que se exponen? \u00bfY dejaremos nosotros de cumplir con nuestro oficio de socorrer y ayudar a las almas por las penas y persecuciones con que podamos encontrarnos?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Alentaba de esta forma con el ardor de su celo a los de su Compa\u00f1\u00eda para que continuaran con sus trabajos al servicio de Nuestro Se\u00f1or. Y como su celo era verdaderamente desinteresado, no se alegraba s\u00f3lo con ellos por las bendiciones que Dios conced\u00eda a sus misiones, en las que hac\u00edan lo que \u00e9l hubiera deseado hacer en persona, si la edad y los achaques no se lo hubieran impedido; mas conceb\u00eda tambi\u00e9n una santa alegr\u00eda por el bien que hac\u00edan otras Comunidades, y por los servicios que rend\u00edan a la Iglesia. He aqu\u00ed lo que una persona de gran virtud ha manifestado: \u00a0<em>\u00abEl Sr. Vicente siempre se llen\u00f3 de gozo cuando o\u00eda los grandes frutos y progresos que hac\u00edan las dem\u00e1s Comunidades; y lejos de concebir ninguna envidia, manifestaba plenamente el aprecio que sent\u00eda de ello. Les dirig\u00eda grandes alabanzas, y les prestaba en ocasiones toda clase de servicios y asistencias. Ten\u00eda un celo parecido al de Mois\u00e9s, pues dec\u00eda como \u00e9l Utinam omnes prophetent!, y deseaba que las gracias que recib\u00eda de Dios fueran comunicadas a otros. Y, en efecto, \u00bfqu\u00e9 no hizo, ya por s\u00ed mismo, ya por medio de otros para renovar ese esp\u00edritu apost\u00f3lico y eclesi\u00e1stico que vemos hoy en d\u00eda florecer en la Iglesia<\/em>?. Ha empleado a todo el mundo para ese objeto: la lengua de unos, la boca de otros, el favor de los Grandes, el cuidado de los peque\u00f1os, las plegarias de la gente buena, en una palabra, su celo no ha tenido l\u00edmites, y casi toda clase de personas han sentido sus efectos: hasta los peque\u00f1os hu\u00e9rfanos y los pobres ancianos lo publican\u00bb<\/p>\n<p>Con ese sentimiento hablaba a menudo con estima y elogio de los Religiosos de la santa Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, alabando a Dios por las grandes cosas que ha hecho en todas las partes del mundo por la propagaci\u00f3n del Evangelio y por la instituci\u00f3n del Reino de Jesucristo, su Hijo. Y un d\u00eda, entre otros, hablando sobre este tema a los de su Comunidad, por un movimiento de ese mismo celo, acompa\u00f1ado de su humildad habitual, les dijo: <em>\u00abSeamos, Hermanos m\u00edos, como aquel aldeano que llevaba la impedimenta de San Ignacio y de sus compa\u00f1eros cuando iban de viaje y que, cuando ve\u00eda que se pon\u00edan de rodillas al llegar a alg\u00fan lugar para detenerse all\u00ed, tambi\u00e9n \u00e9l se arrodillaba; cuando les ve\u00eda rezar, tambi\u00e9n \u00e9l rezaba; y como aquellos santos varones le preguntaran una vez que era lo que hac\u00eda, les contest\u00f3: Le pido a Dios que ha ga lo que ustedes Le piden. Soy como un pobre animal, que no s\u00e9 hacer oraci\u00f3n, y Le ruego que les escuche a ustedes. Me gustar\u00eda decirle lo que Le dicen uste des, pero yo no s\u00e9, y por eso le ofrezco las oraciones de ustedes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Padres y Hermanos m\u00edos! Hemos de considerarnos como los mozos de carga de esos dignos Obreros, como unos pobres idiotas, que no saben decir nada, y que son el desecho de los dem\u00e1s; como esos peque\u00f1os espigadores, que van detr\u00e1s de los grandes segadores! Demos gracias a Dios de que acepte nuestros humildes servicios. Ofrezc\u00e1mosle con nuestras pobres espigas las grandes cosechas de los dem\u00e1s y estemos siempre dispuestos a hacer todo lo que podamos por el servicio y la ayuda del pr\u00f3jimo. Si Dios le dio tan hermosa idea y tan poderosa gracia a aquel pobre aldeano, que por eso mereci\u00f3 que hablara de \u00e9l la Historia, esperemos que, si hacemos lo posible, como \u00e9l lo hizo, para contribuir a que Dios sea honrado y servido, su Divina Bondad recibir\u00e1 en gran parte nuestras oblaciones y bendecir\u00e1 nuestros humildes trabajos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Si el Sr. Vicente ha manifestado de tantas maneras el ardor de su celo, no nos ha dejado ver menos su fuerza y su constancia, perseverando en las santas empresas que Dios le hab\u00eda inspirado a pesar de las dificultades, las oposiciones, las p\u00e9rdidas y todos los dem\u00e1s contratiempos enojosos que le han ocurrido. Ciertamente, entre todas las misiones en las que estuvo comprometido, una de las m\u00e1s penosas y m\u00e1s perjudiciales para su Congregaci\u00f3n fue la de la Isla de Madagascar. De ella hemos hablado ampliamente en el Libro segundo, porque hemos visto c\u00f3mo esta misi\u00f3n le ha consumido a varios Obreros buenos: la mayor parte murieron al poco tiempo de llegar, sin haber podido trabajar all\u00ed, ni conseguir el fruto esperado; otros naufragaron en medio del viaje: otros cayeron en manos de quienes estaban en guerra en aquel momento; en fin, parec\u00eda que los elementos y los hombres estuvieran opuestos al proyecto que hab\u00eda concebido, de socorrer e instruir a los pobres isle\u00f1os.<\/p>\n<p>Y ciertamente, despu\u00e9s de tantos accidentes y tantas p\u00e9rdidas, una virtud menor que la del Sr. Vicente se hubiera doblegado bajo la carga de tan horribles contratiempos y hubiera abandonado aquella buena obra, con el pretexto de cualquier imposibilidad. Pero el coraje y el celo de aquel Santo Var\u00f3n se enderezaba como la palma, cuando parec\u00eda que deb\u00eda haber sucumbido bajo todos aquellos funestos accidentes. Cuanta m\u00e1s oposici\u00f3n ve\u00eda de parte de las criaturas, tanta m\u00e1s confianza y decisi\u00f3n manifestaba de perseverar en sus buenas empresas por la gloria de Dios; y cuanto m\u00e1s le arrastraban hacia el descorazonamiento aquellas p\u00e9rdidas y oposiciones, tanto m\u00e1s tomaba de ellas motivos para animar m\u00e1s a los suyos, de modo que ellos estaban a\u00fan m\u00e1s interesados y m\u00e1s dispuestos para ir a aquellos lugares, a pesar de todos esos trastornos que daban pie para temer que les ocurrieran cosas parecidas. Veamos lo que escribi\u00f3 a uno de sus Sacerdotes a prop\u00f3sito de esto: <em>\u00abEl hombre propone y Dios dispone de los acontecimientos como El quiere. Las medidas que hab\u00edamos tomado para la misi\u00f3n de Madagascar han quedado tantas veces rotas, que parece que no podemos prometernos m\u00e1s. Sin embargo, pienso que debemos siempre, por lo que a nosotros toca, tender a la ejecuci\u00f3n de ese plan, en cuanto que concierne a la gloria del Amo a quien servimos, el cual concede a la perseverancia los resultados que ha negado a los primeros esfuerzos, y que se complace a veces en probar a sus obreros, antes de confiarles las obras m\u00e1s fuertes y dif\u00edciles, para hacerles merecer por el ejercicio su fe, su esperanza y su amor, la gracia de ir a plantar esas virtudes en las almas, que est\u00e1n desprovistas de ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta: <em>\u00abHemos llorado \u2014<\/em>dice\u2014<em> la muerte de nuestros queridos difuntos, que la misi\u00f3n de Madagascar nos ha arrebatado. No puedo disimular que esta noticia nos ha entristecido mucho, y que tenemos motivos grandes para adorar en esta ocasi\u00f3n sorprendente los recursos incomprensibles de la forma de actuar de Dios. Sin embargo, ni este dolor, ni todas las otras p\u00e9rdidas anteriores, como tampoco los accidentes desgraciados que han sucedido m\u00e1s tarde, han sido capaces de quitarnos nada de nuestra decisi\u00f3n de socorrer a ese pobre pueblo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n el Superior de la casa de la Misi\u00f3n de Marsella le hizo notar que ser\u00eda muy dif\u00edcil continuar las misiones de Berber\u00eda; y que todos los bienes de su Congregaci\u00f3n no bastar\u00edan para conservarla y para pagar todas las afrentas que los turcos hac\u00edan sufrir a sus misioneros. Le respondi\u00f3, que no pod\u00eda resolverse a abandonar aquella obra: <em>\u00abPorque \u2014<\/em>dijo<em>\u2014 si la salvaci\u00f3n de una sola alma es de tal importancia que se debe exponer la vida temporal para procurarla, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos abandonar a tan gran n\u00famero de ellas por temor a alg\u00fan gasto? Y aunque no se consiguiera otro bien de esas misiones que hacer ver a aquella tierra b\u00e1rbara y maldita la hermosura de nuestra Religi\u00f3n, enviando all\u00ed hombres que atraviesan los mares, que dejan voluntariamente su tierra y sus comodidades y que se exponen a mil clase de ultrajes para ir a consolar y ayudar a sus hermanos afligidos, creo que los hombres y el dinero estar\u00edan muy bien empleados\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed era el celo que inspiraba al Sr. Vicente esa energ\u00eda y esa fuerza para perseverar constantemente en esas santas empresas, y que tambi\u00e9n le hac\u00eda sentir una pena muy grande, si ve\u00eda a algunos de los suyos, que actuaban sin ning\u00fan inter\u00e9s, o que, escuchando demasiado a los sentimientos de la naturaleza y el razonamiento del amor propio, se dejaban caer en el des\u00e1nimo, y arrastraban a veces consigo a otros. Presento aqu\u00ed un p\u00e1rrafo de una Conferencia que dio un d\u00eda a su Compa\u00f1\u00eda a prop\u00f3sito de esa cuesti\u00f3n. Y con esto daremos por terminado este Cap\u00edtulo.<\/p>\n<p><em>\u00abEs imposible \u2014<\/em>les dijo<em>\u2014 que un Sacerdote misionero que vive flojamente, tenga \u00e9xito en su condici\u00f3n y tenga un fin feliz. Porque \u00bfqu\u00e9 da\u00f1o creen ustedes que hacen estas almas relajadas en una Compa\u00f1\u00eda? Pero \u00a1qu\u00e9 da\u00f1o no se causan esos perezosos a s\u00ed mismos y a los dem\u00e1s, a quienes desaniman con sus malos ejemplos y con sus conversaciones impertinentes! \u00bfA qu\u00e9 vienen \u2014 dicen\u2014 tantas clases de actividades, tantas misiones, seminarios, conferencias, retiros, reuniones y viajes por los pobres? \u2014\u00bbCuando el Sr. Vicente se muera, todo eso se dejar\u00e1 bien pronto; porque \u00bfcon qu\u00e9 medio se podr\u00e1n atender tantas clases de actividades? \u00bfD\u00f3nde podr\u00e1n encontrarse misioneros para enviarlos a Madagascar, a las Islas H\u00e9bridas, a Berber\u00eda, a Polonia, etc.? Y \u00bfel dinero para cubrir todos los gastos de esas misiones tan lejanas y onerosas?\u00bb\u2014 A eso hay que responder: que si la Compa\u00f1\u00eda en su nacimiento y desde su cuna ha tenido el coraje de abrazar esas ocasiones de servir a Dios, y si los primeros que han sido enviados se han portado con tanto fervor, \u00bfno tendremos motivos para esperar, cuando la Congregaci\u00f3n se fortalezca y crezca con el tiempo? No, no, se\u00f1ores. Si Dios nos presenta incluso ahora nuevas ocasiones para servirle, no dejar\u00edamos de emprenderlas con su gracia. Esos esp\u00edritus flojos y desmoralizados no son capaces sino de desanimar a los dem\u00e1s. Por eso ustedes deben guardarse de semejantes personas. Y cuando les oigan hablar de esa manera, digan con audacia con el Santo Ap\u00f3stol Iam nunc Antichristi multi sunt in mundo, ya hay Anticristos en el mundo, Antimisioneros, que se oponen a los planes de Dios. \u00a1Ay se\u00f1ores! Apenas estamos notando que descienden sobre nosotros las primeras gracias de nuestra vocaci\u00f3n, que, por cierto, son muy abundantes, y tenemos motivos para temer que por nuestra laxitud nos hagamos indignos de tantas bendiciones como Dios ha derramado, hasta el presente, sobre nuestra Compa\u00f1\u00eda, y tantas ocupaciones santas que su Providencia le ha confiado, y que caigamos en el estado en que vemos a algunas Comunidades: eso ser\u00eda la mayor desgracia que nos podr\u00eda ocurrir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En fin, como el celo mira, despu\u00e9s de la gloria de Dios, la santificaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n de las almas, para hacer conocer a\u00fan mejor la grandeza y la magnitud del celo del Sr. Vicente, vamos a ver en el Cap\u00edtulo siguiente cu\u00e1les han sido sus disposiciones en relaci\u00f3n al pr\u00f3jimo, y cu\u00e1n perfecta ha sido la caridad que ten\u00eda a los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Celo por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas Aunque el Sr. Vicente haya tratado de imitar perfectamente a Jesucristo en la pr\u00e1ctica de toda clase de virtudes, es sobre todo en &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-10\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,149],"class_list":["post-39102","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-francisco-javier"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 10 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-10\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 10 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Celo por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas Aunque el Sr. Vicente haya tratado de imitar perfectamente a Jesucristo en la pr\u00e1ctica de toda clase de virtudes, es sobre todo en ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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