{"id":39080,"date":"2020-12-14T08:55:29","date_gmt":"2020-12-14T07:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-5-seccion-2\/"},"modified":"2020-11-11T18:46:35","modified_gmt":"2020-11-11T17:46:35","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-5-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-5-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 5, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<p><strong>Uni\u00f3n perfecta a la voluntad de Dios por medio de una total resignaci\u00f3n e indiferencia<\/strong><\/p>\n<p>Principalmente es en las aflicciones y los sufrimientos, ya internos o externos, cuando aparece el verdadero amor de Dios y la perfecta conformidad con su voluntad; cuando el coraz\u00f3n humano se une gustosamente, aceptando no s\u00f3lo con paciencia, sino tambi\u00e9n con paz y alegr\u00eda, todas las disposiciones de la bondad divina, recibiendo y sobrellevando amorosamente las cruces que Ella les env\u00eda, porque tal es su benepl\u00e1cito<\/p>\n<p>Eso se logra primero con el sometimiento, cuando la voluntad humana se pone y resigna enteramente en las manos de Dios, haciendo un esfuerzo a costa de todas sus repugnancias naturales y someti\u00e9ndolas perfectamente a la voluntad de su Divina Majestad<\/p>\n<p>Eso es lo que el Sr. Vicente ha practicado excelentemente en medio de todas las cruces y los sufrimientos, con los cuales Dios ha querido probar su virtud. Porque en todas sus penosas coyunturas, no se le ha o\u00eddo decir otra cosa que \u00a1 Bendito sea Dios, bendito sea su santo Nombre! Esa era su frase habitual, por medio de la cual daba a conocer la disposici\u00f3n de su coraz\u00f3n, siempre dispuesto y resignado para las decisiones de Dios. Sent\u00eda tal afecto y tal aprecio por esa virtud, que un d\u00eda al ver a uno de los suyos dolido por un accidente muy lamentable ocurrido a su Congregaci\u00f3n, le dijo: <em>\u00abQue un acto de resignaci\u00f3n y de aceptaci\u00f3n de la volun tad de Dios val\u00eda m\u00e1s que cien mil acontecimientos favorables\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hablando en otra ocasi\u00f3n a los suyos sobre la misma materia, despu\u00e9s de haberles expuesto la diferencia que hay entre un estado en el que Dios pone a una persona, y aqu\u00e9l en el que permite que ella caiga; pues que uno se hace por la voluntad de Dios, y el otro s\u00f3lo ocurre por permitirlo El; por ejemplo, una situaci\u00f3n de p\u00e9rdida, de enfermedad, de contrariedad, de molestia, de sequedad viene enteramente de la voluntad de Dios; pero aqu\u00e9l, donde se da el pecado y contravenci\u00f3n a las \u00f3rdenes prescritas de su parte, viene de su permisi\u00f3n; por este segundo debemos humillarnos mucho, cuando hemos ca\u00eddo en \u00e9l, pero haciendo todos nuestros esfuerzos con la gracia de Dios para salir de \u00e9l, y para evitar que volvamos a caer: <em>\u00abMas, en cuanto al primer estado \u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 que procede de la voluntad de Dios, nos hace falta aceptarlo cualquiera que sea, y resignarnos al benepl\u00e1cito de DIos para sufrir todo lo que Le plazca tanto y tan largamente como Le plazca. Esa es, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, la gran lecci\u00f3n del Hijo de Dios; y los que se muestran d\u00f3ciles a ella, y los que la meten bien en su coraz\u00f3n son de la primera clase de la Escuela del Divino Maestro. Y en cuanto a m\u00ed, no conozco nada m\u00e1s santo, ni de mayor perfecci\u00f3n que esta resignaci\u00f3n, cuando le lleva a uno a un despojo total de s\u00ed mismo y a una verdadera indiferencia para toda clase de estados, de cualquiera que sea el modo en que nos hayamos situado en \u00e9l, excepto el pecado. Manteng\u00e1monos, pues, as\u00ed, y roguemos a Dios que nos haga la gracia de permanecer en esa indiferencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por esa charla del Sr. Vicente se ve que la resignaci\u00f3n, a la que impulsaba a los dem\u00e1s, y que practicaba tambi\u00e9n \u00e9l, estaba elevada al m\u00e1s alto grado, que llevaba hasta una verdadera indiferencia, que va a\u00fan m\u00e1s arriba y que une m\u00e1s perfectamente el coraz\u00f3n a la voluntad de Dios; de forma que se somete a ella no como con esfuerzo, tratando de superar los sentimientos contrarios de la naturaleza, sino por una sencilla y amorosa aceptaci\u00f3n, no amando nada sino por el amor de la voluntad de Dios, y no queriendo nada sino en cuanto que Dios lo quiere. Y en esta disposici\u00f3n recibiendo con igual afecto todo lo que viene de la mano de Dios: la enfermedad, como la salud; las p\u00e9rdidas, como las ganancias.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed c\u00f3mo habl\u00f3 un d\u00eda a su Comunidad acerca de esta materia: <em>\u00abLa indiferencia es un estado de virtud, que hace que uno est\u00e9 desprendido de tal modo de las criaturas, y tan perfectamente unido a la voluntad del Creador, que casi no tiene uno preferencia alguna de una cosa sobre otra. He dicho que es un estado de virtud, y no simplemente una virtud, la cual debe obrar en ese estado; porque es preciso que sea activa, y que por ella el coraz\u00f3n se desprenda de las cosas que lo tienen cautivo; de otro modo no ser\u00eda una virtud. Y esta virtud es no solamente de gran excelencia, sino tambi\u00e9n de una singular utilidad para el progreso en la vida espiritual; y aun se puede decir que es necesaria para todos los que quieren servir perfectamente a Dios. Porque, \u00bfc\u00f3mo podemos buscar el Reino de Dios, y ocuparnos en procurar la conversi\u00f3n de los pecadores y la salvaci\u00f3n de las almas, si estamos apegados a los placeres y a las comodidades de la vida presente? \u00bfC\u00f3mo cumplir la voluntad de Dios, si seguimos los movimientos de la nuestra? \u00bfC\u00f3mo renunciarnos a nosotros mismos seg\u00fan el consejo de Nuestro Se\u00f1or, si buscamos ser apreciados y aplaudidos? \u00bfC\u00f3mo desprendernos de todo, si no tenemos el valor de dejar una nimiedad, que nos detiene? Vean, pues, cu\u00e1n necesaria nos es esta santa indiferencia, y cu\u00e1n grande es la obligaci\u00f3n que tenemos de darnos a Dios para adquirirla, si queremos librarnos de ser esclavos de nosotros mismos o, para decirlo mejor, ser esclavos de un animal; porque el que se deja llevar y dominar por su parte animal, no merece ser llamado hombre, sino m\u00e1s bien ser tenido por un animal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa indiferencia participa de la naturaleza del Amor perfecto, o para decirlo mejor, es una actividad del Amor perfecto que lleva la voluntad a todo lo que es mejor, y que destruye todo lo que lo impide, como el fuego, que no solamente tiende a su esfera, sino que consume todo lo que trata de retenerle. Es en este sentido como la indiferencia, seg\u00fan el pensamiento de un Santo, es el origen de todas las virtudes y la muerte de todos los vicios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl alma, que est\u00e1 en la perfecta indiferencia, es comparada por el Profeta a una ac\u00e9mila, a la que le da igual llevar una cosa mejor que otra, ni ser de un amo rico, m\u00e1s bien que de uno pobre, o de estar en una cuadra hermosa, que en una ruin: todo le va bien, y est\u00e1 dispuesta para todo lo que se quiera de ella, anda, se detiene, va ac\u00e1, va all\u00e1, sufre, trabaja de noche y de d\u00eda, etc. Vean, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, c\u00f3mo debemos ser nosotros: desprendidos de nuestro juicio, de nuestra voluntad, de nuestras inclinaciones, y de todo lo que no es Dios, y dispuestos para todas las \u00f3rdenes de su santa voluntad; vean c\u00f3mo han sido los Santos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Oh, gran San Pedro!: Dijiste bien que hab\u00edas dejado todo, y lo hiciste ver claramente, cuando, habiendo conocido a tu Maestro en la orilla del mar, y cuando o\u00edste a su disc\u00edpulo amado, que te dijo: \u00abDominus est\u00bb, es el Se\u00f1or, te echaste al agua para ir donde El. No te importaba nada la barca, ni la t\u00fanica, ni siquiera tu vida, sino s\u00f3lo tu divino Salvador, que era tu todo. Y t\u00fa, San Pablo, gran Ap\u00f3stol, que por una gracia especial\u00edsima con la que fuiste prevenido desde el momento de tu conversi\u00f3n, has practicado perfectamente la virtud de la indiferencia, diciendo: \u00abDomine, quid me vis faciam?\u00bb. Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que haga? Este lenguaje marcaba un cambio maravilloso y un desprendimiento, que s\u00f3lo pod\u00eda lograrse con un golpe de gracia, quedando en un instante despegado de su Ley, de su cometido, de sus pretensiones, de sus sentimientos, y puesto en un estado tan perfecto, que est\u00e1 dispuesto e indiferente para todo lo que Dios quisiera de \u00e9l. Si, pues, los grandes Santos han amado y practicado tanto esta virtud de la indiferencia, nosotros debemos imitarlos y seguirlos, porque los misioneros no son para s\u00ed mismos, sino para Jesucristo, que quiere disponer de ellos para hacer lo que El ha hecho, y para sufrir como El. \u00abDe la misma manera que mi Padre me ha enviado\u00bb, dec\u00eda a sus Ap\u00f3stoles y a sus Disc\u00edpulos, \u00abas\u00ed os env\u00edo yo, y como me han perseguido, as\u00ed os perseguir\u00e1n a vosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de todas estas consideraciones, \u00bfno har\u00e1 falta vaciar nuestro coraz\u00f3n de todo otro afecto que no sea el de conformarnos a Jesucristo, y de toda otra voluntad que no sea la de la obediencia? Me parece que los veo dispuestos a todos para eso, y espero que Dios nos har\u00e1 esta gracia. \u00a1S\u00ed, Dios m\u00edo! Lo espero, ante todo, para m\u00ed, que tengo necesidad de ello a causa de mis miserias y de todos mis apegos, de los que casi me veo imposibilitado de desprenderme, y que me hace decir en mi ancianidad, como David, \u00abSe\u00f1or, ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb. Pero ustedes quedar\u00e1n edificados, Hermanos m\u00edos, si les digo, que hay en esta casa ancianos achacosos, que han pedido que se les enviara a las Indias, y que lo han pedido durante sus enfermedades, que no eran ligeras. \u00bfDe d\u00f3nde les viene semejante coraje? Es porque tienen el coraz\u00f3n libre: van generosamente a todos los lugares en donde Dios quiere ser conocido y adorado, y nada los detiene aqu\u00ed, salvo su santa Voluntad. Y nosotros, Hermanos m\u00edos, tantos como somos aqu\u00ed si no estuvi\u00e9ramos trabados por algunas desgraciadas zarzas, cada uno de nosotros dir\u00eda en su coraz\u00f3n: \u00abDios m\u00edo, me entrego a Ti para ser enviado a todos los sitios de la tierra, adonde los Superiores juzguen conveniente que vaya a anunciar tu Nombre. Y aun cuando all\u00ed debiera morir, me preparar\u00e9 a ir all\u00e1, sabiendo bien que mi salvaci\u00f3n est\u00e1 en la obediencia, y la obediencia en tu Voluntad\u00bb. En cuanto a los que no est\u00e1n con semejante preparaci\u00f3n de esp\u00edritu, deben tratar de conocer bien cu\u00e1les son las cosas que les atraen m\u00e1s de un lado que de otro, a fin de que por medio de la mortificaci\u00f3n continua, interna y externa, alcancen con la ayuda de Dios la libertad de sus Hijos, que es la santa indiferencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no exhortaba a los suyos a la santa indiferencia solamente en general; invitaba tambi\u00e9n a ella en particular a cada uno de ellos, cuando se presentaba alguna ocasi\u00f3n: <em>\u00abSabe usted muy bien \u2014<\/em>dice escribiendo a uno de ellos<em>\u2014 que entre los obreros de los que nos habla el Evangelio hubo algunos que fueron llamados al atardecer, pero que luego fueron recompensados por la noche lo mismo que los que hab\u00edan estado trabajando desde la madrugada. Del mismo modo merecer\u00e1 usted aguardando con paciencia la voluntad del Amo, lo mismo que cumpli\u00e9ndola cuando se le se\u00f1ale, ya que usted est\u00e1 dispuesto a todo, bien sea para partir, o bien para quedarse. \u00a1Bendito sea Dios por esta santa indiferencia, que lo convierte a usted en un instrumento muy id\u00f3neo para las obras de Dios!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Escribi\u00f3 a otro en estos t\u00e9rminos: <em>\u00abDoy infinitas gracias a Dios por esos deseos que le ha dado de ir a tierras extranjeras, si se le env\u00eda, o para dejar de ir y quedarse aqu\u00ed, si le mandamos quedarse. La santa indiferencia en todas las cosas es el estado propio de los perfectos. Y la suya me da esperanza de que Dios ser\u00e1 glorificado en usted y por medio de usted, tal como se lo pido de todo coraz\u00f3n; tambi\u00e9n a usted le ruego, se\u00f1or, que le pida para nosotros la gracia de abandonarnos por completo a sus divinos designios. Hemos de servirle seg\u00fan su gusto y renunciar a los nuestros, tanto en lo que se refiere a los lugares como a los cargos. Lo necesario es que seamos de Dios, y as\u00ed estaremos en la mejor situaci\u00f3n en que pueden estar sus mejores hijos, que se honran con el t\u00edtulo de servidores del Evangelio, por medio de los cuales quiere Nuestro Se\u00f1or darse a conocer a todo el mundo. \u00bfQu\u00e9 nos importa c\u00f3mo y en qu\u00e9 lugar, si le dejamos hacer a El en nosotros?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ah Se\u00f1or! \u2014<\/em>le dice a otro<em>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 hermoso ornamento es para un misionero la santa indiferencia, ya que lo hace tan agradable a Dios, que preferir\u00e1 siempre a \u00e9ste a todos los dem\u00e1s obreros en los que no vea esta disposici\u00f3n de indiferencia para cumplir sus designios! Si alguna vez nos despojamos totalmente de nuestra propia voluntad, estaremos entonces en situaci\u00f3n de hacer con seguridad la voluntad de Dios; en ella los \u00e1ngeles hallan toda su felicidad y los hombres toda su dicha\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este aut\u00e9ntico Siervo de Dios no se content\u00f3 con exhortar a los dem\u00e1s esta virtud, sino que la practic\u00f3 tambi\u00e9n perfect\u00edsimamente, y manifest\u00f3 en toda clase de circunstancias, que ten\u00eda un coraz\u00f3n tan desprendido de todo lo que no era Dios, y tan fuertemente adherido a todas las manifestaciones de la voluntad de Dios, que se puede conocer f\u00e1cilmente que hab\u00eda alcanzado el m\u00e1s alto grado de esta virtud. Solamente presentaremos aqu\u00ed dos ejemplos, que servir\u00e1n como muestras para juzgar de todas sus santas disposiciones en esta materia.<\/p>\n<p>El primer ejemplo es de su indiferencia en cuanto a su persona en las enfermedades, y particularmente en la \u00faltima, de la que muri\u00f3. Este Santo Var\u00f3n, al acerc\u00e1rsele el t\u00e9rmino de la vida, se daba clara cuenta, y hasta lo dec\u00eda, que se iba poco a poco, pero con una indiferencia tan perfecta, que vivir y morir, sufrir o estar bien le parec\u00eda la misma cosa; y nunca, ni gozando de salud, ni estando enfermo, se not\u00f3 en \u00e9l cosa alguna, ni siquiera una palabra, que fuera contraria a dicha santa disposici\u00f3n. Era indiferente a los alimentos y a los remedios que le daban; y aunque se daba cuenta de las cosas que pensaba que le eran nocivas, tomaba con indiferencia todo lo que le recetaban los m\u00e9dicos, y parec\u00eda tambi\u00e9n contento de los malos efectos que le produc\u00edan a veces los remedios, como si le fueran favorables y provechosos, no mirando otra cosa, en todo lo que le suced\u00eda, o que le pod\u00eda suceder, que el cumplimiento de la voluntad de Dios, como el \u00fanico objeto de sus deseos y de sus satisfacciones.<\/p>\n<p>El otro ejemplo es de la indiferencia que practic\u00f3 en relaci\u00f3n a su Congregaci\u00f3n. Se debe apreciar como verdaderamente admirable en \u00e9l, que le era mucho m\u00e1s querida la conservaci\u00f3n de esa santa Obra, y que la prefer\u00eda a su misma vida. La voluntad de Dios estaba sin embargo para \u00e9l muy por encima de todo: y no deseaba ni la conservaci\u00f3n, ni el crecimiento y el progreso de la Compa\u00f1\u00eda, sino en cuanto pod\u00eda conocer que Dios lo quer\u00eda as\u00ed; de tal manera que no hubiera dado un paso, ni dicho una palabra para tal objeto, sino con una total dependencia de la Divina Voluntad.<\/p>\n<p>Cierta persona le escribi\u00f3 un d\u00eda, que no deb\u00eda esperar que su Compa\u00f1\u00eda hiciera nunca ning\u00fan progreso, ni contara con nuevos miembros, si no se preocupaba de fundar en las ciudades grandes. Le respondi\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<em>\u00abNosotros no podemos hacer ning\u00fan intento para instalarnos en el lugar que sea, si queremos mantenernos en el camino de Dios y en las costumbres de la Compa\u00f1\u00eda, porque hasta el momento actual su Providencia nos ha llamado a los sitios en que estamos, sin que los hayamos buscado ni directa ni indirectamente. No puede suceder, que esta sumisi\u00f3n a Dios, que nos mantiene as\u00ed en la dependencia de su direcci\u00f3n no le resulte muy agradable, tanto m\u00e1s cuanto que destruye los sentimientos humanos, que, con el pretexto de celo y de gloria de Dios, hacen muchas veces emprender proyectos que El no inspira, y que no bendice. El conoce bien lo que nos conviene, y El nos lo dar\u00e1, cuando llegue el tiempo, si nos abandonamos como verdaderos hijos de un Padre tan bueno. Ciertamente, si estuvi\u00e9ramos bien persuadidos de nuestra inutilidad, nos preocupar\u00edamos de no meternos en la mies ajena, antes de que nos llamaran, ni tomar la delantera, para que nos prefieran a nosotros antes que a otros obreros, que Dios quiz\u00e1 haya destinado all\u00ed\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Le propusieron un d\u00eda un asunto muy ventajoso para su congregaci\u00f3n, y como uno de los Sacerdotes le metiera prisa para dar su consentimiento, le dio esta hermosa respuesta: <em>\u00abEn cuanto a ese asunto \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 pienso que haremos bien en dejarlo por ahora, tanto para embotar la punta de las inclinaciones de la naturaleza, que querr\u00eda que las cosas ventajosas sean ejecutadas r\u00e1pidamente, como para ponernos en la pr\u00e1ctica de la santa indiferencia, y dar tiempo a Nuestro Se\u00f1or para manifestarnos sus deseos, en tanto que nosotros le ofrecemos nuestras oraciones para encomendarle la cuesti\u00f3n. Y tenga usted por cierto, que si le agrada que se realice, el retraso no le har\u00e1 da\u00f1o alguno, y que tendr\u00e1 tanto menos de lo nuestro, y tanto m\u00e1s de los suyo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Quer\u00eda tierna y cordialmente a todas las personas de su Compa\u00f1\u00eda, y en especial a los que ve\u00eda trabajar digna y fructuosamente en la vi\u00f1a del Se\u00f1or. Por eso, cuando la muerte le arrebataba alguno, la p\u00e9rdida le era muy sensible. Con todo, practicaba a este respecto una indiferencia admirable, no queriendo ni siquiera pedir a Dios su conservaci\u00f3n, sino bajo esta condici\u00f3n: que fuera \u00e9se su gusto y su gloria m\u00e1s grande. Eso apareci\u00f3 claramente en una ocasi\u00f3n; en ella varios obreros de su Congregaci\u00f3n estaban enfermos, y uno de ellos, que le era muy querido por los grandes servicios que prestaba a Dios en su Iglesia, estaba en grav\u00edsimo peligro de muerte. Los encomend\u00f3 a todos a las oraciones de la Comunidad, y hablando en concreto de \u00e9l: <em>\u00abLe pediremos a Dios \u2014<\/em>dijo<em>\u2014 que lo conserve pero someti\u00e9ndonos por completo a su Divina Voluntad, pues hemos de creer, y eso es verdad, que no s\u00f3lo su enfermedad, sino tambi\u00e9n las enfermedades de los dem\u00e1s, y todo lo que le pase a la Compa\u00f1\u00eda se debe a sus designios, y es para provecho de la misma Compa\u00f1\u00eda. Por eso, al pedir a Dios, que les d\u00e9 la salud a los enfermos y que atienda a todas sus necesidades, que sea siempre con la condici\u00f3n de que sea \u00e9se su benepl\u00e1cito y su mayor gloria\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otra vez, hablando a los de su misma Comunidad sobre la muerte de una persona, que sent\u00eda un gran afecto por la Compa\u00f1\u00eda: <em>\u00abNo dudo \u2014<\/em>les dec\u00eda<em>\u2014 que habr\u00e1n quedado ustedes muy emocionados por la privaci\u00f3n de esa persona, que nos era tan querida. Pero, alabado sea Dios; ustedes tambi\u00e9n se lo han dicho, que ha hecho bien al quit\u00e1rnosla, y que no quisieran que hubiera sucedido de otra forma, porque \u00e9se ha sido su deseo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sobre todo hizo resplandecer de modo admirable esa perfecta indiferencia, cuando la peste, que causaba estragos en la ciudad de G\u00e9nova el a\u00f1o 1654, le arrebat\u00f3 casi a un tiempo cinco o seis de los mejores obreros de la Compa\u00f1\u00eda. Miren de qu\u00e9 manera anunci\u00f3 dicha p\u00e9rdida a su Comunidad. Acababa de exhortar a confiar en Dios hablando de otro tema, y se aprovech\u00f3 de la ocasi\u00f3n para declarar la triste nueva diciendo:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Se\u00f1ores y Hermanos m\u00edos! \u00a1Cu\u00e1n cierto es que debemos tener una gran confianza en Dios, y ponernos totalmente en sus manos, persuadidos de que su Providencia dispone para nuestro bien y nuestro provecho todo lo que Ella quiere o permite que nos suceda! S\u00ed, lo que Dios nos da y lo que nos quita es para nuestro bien, porque \u00e9sa es su voluntad, y porque su voluntad es nuestro bien y nuestra felicidad. Bajo este punto de vista les informar\u00e9 de una desgracia, que nos ha sucedido, y les puedo decir sin duda alguna, Hermanos m\u00edos, que ha sido una de las m\u00e1s grandes que nos pod\u00eda ocurrir. Hemos perdido el gran apoyo y el principal soporte de nuestra casa de G\u00e9nova. El Sr. N., Superior de la casa, que era un grand\u00edsimo servidor de Dios, ha muerto; pero esto no es todo: el buen Sr. N., que se dedicaba con tanta alegr\u00eda al servicio de los apestados, que ten\u00eda tanto amor al pr\u00f3jimo, tanto celo y fervor para procurar la salvaci\u00f3n de las almas, tambi\u00e9n ha sido arrebatado por la peste. Uno de nuestros Sacerdotes italianos, muy virtuoso y buen misionero, seg\u00fan me he enterado, ha muerto igualmente. El Sr. N., que era tambi\u00e9n un gran servidor de Dios, un misionero muy bueno, y grande en todas las virtudes, tambi\u00e9n ha muerto. El Sr. N., que ustedes conocen, que no va en zaga ante los otros, ha muerto. El Sr. N., hombre sabio, piadoso y ejemplar, ha muerto. As\u00ed ha sido, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, la enfermedad contagiosa nos ha arrebatado a todos esos valerosos obreros; Dios se los ha llevado. \u00a1Oh, Salvador Jes\u00fas! \u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida y qu\u00e9 aflicci\u00f3n! Ahora es precisamente cuando m\u00e1s necesitamos resignarnos ante la voluntad de Dios; porque de otra manera, qu\u00e9 har\u00edamos, sino lamentarnos y entristecernos in\u00fatilmente por la p\u00e9rdida de estos grandes paladines de la gloria de Dios. Pero con esta resignaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber concedido algunas l\u00e1grimas al sentimiento de esta separaci\u00f3n, nos elevaremos a Dios, Le alabaremos y Le bendeciremos por todas estas p\u00e9rdidas, ya que nos han sucedido por disposici\u00f3n de su Sant\u00edsima Voluntad. Pero, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, \u00bfpodemos decir que perdemos a los que Dios se ha llevado? No, no los perdemos; y debemos creer que la ceniza de estos buenos misioneros servir\u00e1 de semilla para producir otras. Tengan ustedes por cierto que Dios no retirar\u00e1 de esta Compa\u00f1\u00eda las gracias que le hab\u00eda confiado, sino que las dar\u00e1 a los que tengan el celo de ocupar sus puestos\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uni\u00f3n perfecta a la voluntad de Dios por medio de una total resignaci\u00f3n e indiferencia Principalmente es en las aflicciones y los sufrimientos, ya internos o externos, cuando aparece el verdadero amor de Dios y &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-5-seccion-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218],"class_list":["post-39080","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 5, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-tercero-capitulo-5-seccion-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Tercero, Cap\u00edtulo 5, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Uni\u00f3n perfecta a la voluntad de Dios por medio de una total resignaci\u00f3n e indiferencia Principalmente es en las aflicciones y los sufrimientos, ya internos o externos, cuando aparece el verdadero amor de Dios y ... 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