{"id":387866,"date":"2016-10-16T12:00:37","date_gmt":"2016-10-16T10:00:37","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387866"},"modified":"2016-08-06T08:33:31","modified_gmt":"2016-08-06T06:33:31","slug":"amigo-de-los-pobres-anos-de-organizacion-1634-1653","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/amigo-de-los-pobres-anos-de-organizacion-1634-1653\/","title":{"rendered":"San Vicente: Amigo de los pobres: a\u00f1os de organizaci\u00f3n (1634-1653)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>La caridad organizada<\/strong><\/h2>\n<p>El sufrimiento del pobre es el primer motivo para la caridad. A los ojos del se\u00f1or Vicente, el pobre es la imagen de Cristo.<\/p>\n<p>\u00abNo debo considerar a un pobre seg\u00fan su aspecto exterior dado que con frecuencia no tiene ni la figura ni el esp\u00edritu de personas racionales; tan groseros y terrestres son. Pero, dad\u00adle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is, con las luces de la fe, que son esos pobres los que nos representan al Hijo de Dios&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>La consecuencia es obvia: servir a los pobres es servir al pro\u00adpio Jesucristo. \u00abNunca he sentido m\u00e1s consuelo que cuando he te\u00adnido el honor de servir a los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>La experiencia de Chatillon le hab\u00eda llevado a la conclusi\u00f3n de que era preciso \u00aborganizar la caridad\u00bb.<\/p>\n<h3>El Hospital Central de Par\u00eds<\/h3>\n<p>La se\u00f1ora Gousault era la presidenta de las Caridades. Lleva\u00adda de su impulso caritativo, visit\u00f3 el Hospital Central de Par\u00eds. Se llamaba el \u00abHotel Dieu\u00bb, palacio de Dios. Con ese nombre, se co\u00adnoc\u00edan las casas destinadas a la asistencia de los enfermos. El Ho\u00adtel Dieu de Par\u00eds era el m\u00e1s famoso de Francia. Un promedio de 30.000 enfermos al a\u00f1o. Depend\u00eda del cabildo catedralicio y esta\u00adba regentado por una comunidad religiosa.<\/p>\n<p>Pero, lo que la se\u00f1ora Gousault encontr\u00f3 en aquel \u00abpalacio de Dios\u00bb fue descuido, falta de higiene, mala alimentaci\u00f3n&#8230; Comu\u00adnic\u00f3 su inquietud al se\u00f1or Vicente. Le propuso crear una Cofrad\u00eda de la Caridad que se dedicara exclusivamente a atender al hospi\u00adtal. El se\u00f1or Vicente con suavidad, pero con firmeza, rehus\u00f3: \u00abEra meter la hoz en mies ajena.\u00bb<\/p>\n<p>La presidenta escuch\u00f3 la negativa, pero acudi\u00f3 al arzobispo. Este bendijo la empresa y rog\u00f3 a Vicente que se hiciera cargo de ella. \u00bfEra \u00e9sta la voluntad de Dios?<\/p>\n<p>En una reuni\u00f3n, se constituy\u00f3 la \u00abCofrad\u00eda de Damas de la Caridad de Par\u00eds.\u00bb. La se\u00f1ora Gousault, presidente; el se\u00f1or Vi\u00adcente, director espiritual. Fue un \u00e9xito, a los pocos meses, hab\u00eda m\u00e1s de cien socias.<\/p>\n<p>En el reglamento, el se\u00f1or Vicente hac\u00eda sus recomendacio\u00adnes. Para acercarse a los pobres, se precisa humildad, dulzura y mansedumbre; vestir con la mayor sencillez posible; hablar len\u00adguaje directo y simple. Para que la ayuda espiritual produzca ma\u00adyor resultado, se acompa\u00f1ar\u00e1 con alg\u00fan obsequio material como galletas, dulces, merienda, etc.<\/p>\n<p>Los frutos fueron consoladores, pero la Cofrad\u00eda de las Da\u00admas de la Caridad de Par\u00eds no funcion\u00f3 como las otras. No era parroquial, sus miembros proced\u00edan de todos los sectores. Econ\u00f3\u00admicamente, era como el ministerio de hacienda de la caridad vicenciana. El se\u00f1or Vicente, con frecuencia, acud\u00eda a ella solici\u00adtando ayuda para los m\u00e1s variados servicios.<\/p>\n<p>Una vez que la Junta de Damas se organiz\u00f3, pidi\u00f3 que las Hijas de la Caridad, reci\u00e9n fundadas, fueran sus colaboradoras.<\/p>\n<h3>Presos y galeotes<\/h3>\n<p>Desde 1619, el Capell\u00e1n General de las galeras era el se\u00f1or Vicente. Bajo su responsabilidad, estaban los galeotes, pero solamente los que viv\u00edan en las galeras. Los que sufr\u00edan condena en las c\u00e1rceles de Par\u00eds se somet\u00edan a la jurisdicci\u00f3n de los p\u00e1rrocos.<\/p>\n<p>De repente, en 1639, ocurri\u00f3 un acontecimiento de los que el se\u00f1or Vicente calificaba de \u00abprovidenciales\u00bb: Un rico funcionario entregaba la suma de 6.000 libras para ayudar a los galeotes.<\/p>\n<p>Las rentas se entregar\u00edan a una comunidad de Hijas de la Ca\u00adridad para que se dedicaran, por completo, a la atenci\u00f3n de los encarcelados. Gran responsabilidad. El trabajo era pesad\u00edsimo. El se\u00f1or Vicente dec\u00eda que era \u00abuno de los trabajos m\u00e1s dif\u00edciles y peligrosos\u00bb. Seleccion\u00f3 Hermanas excelentes, pero se agotaba la paciencia hasta de las m\u00e1s santas:<\/p>\n<p>\u00abLas Hermanas ten\u00edan que hacer la compra, preparar diaria\u00admente la comida de los galeotes, llevarla a los calabozos, la\u00advarles la ropa todas las semanas, cuidar a los enfermos, dar\u00adles el equipo necesario cuando sal\u00edan para Marsella, fregar las salas, lavar y remendar los jergones&#8230; Eran realmente las criadas de aquellos terribles y exigentes amos que se burla\u00adban de ellas, les dec\u00edan insolencias, las insultaban&#8230; mientras ellas les prestaban los mayores servicios\u00bb (J. M. Rom\u00e1n).<\/p>\n<p>Las Hermanas soportaron a los pobres con paciencia&#8230; \u00a1Era tan dif\u00edcil!&#8230; A veces, demasiado dif\u00edcil. Pero el se\u00f1or Vicente usaba un tono aleccionador:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; aprended de vuestra Hermana la lecci\u00f3n de c\u00f3mo ten\u00e9is que comportaros no solamente con los galeotes, sino en cualquier otro sitio; aprended&#8230; c\u00f3mo hay que soportar a los pobres con paciencia\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>Los mendigos<\/strong><\/h3>\n<p>Tambi\u00e9n Vicente ten\u00eda su experiencia. De peque\u00f1o, entregaba \u00abpu\u00f1ados de harina\u00bb y compart\u00eda su pan. No pudo comprar una esquila de plata a su oveja preferida porque entreg\u00f3 treinta suel\u00addos a un necesitado. En Chatillon, hab\u00eda organizado la \u00abcaridad\u00bb. En Macon, resolvi\u00f3 el problema de la mendicidad. Pero, Par\u00eds&#8230; Dada la magnitud de Par\u00eds, pens\u00f3 que aquello no era cosa suya.<\/p>\n<p>Muchas personas practicaban la beneficencia en Par\u00eds. En San L\u00e1zaro se daba limosna. Todos los d\u00edas, en la porter\u00eda de San L\u00e1zaro, se distribu\u00eda ropa y comida. El se\u00f1or Vicente hab\u00eda introducido, en su comunidad, la costumbre de sentar dos mendigos a la mesa. Ellos eran los primeros en servirse. Ten\u00edan opci\u00f3n de probar la mejor tajada.<\/p>\n<p>Par\u00eds era un hervidero de pobres. Los mendigos bull\u00edan por todas partes. Se plantaban en medio de las calles, sal\u00edan desde cualquier esquina. De repente, llegaban armados de garrotes. Exi\u00adg\u00edan en vez de suplicar. \u00a1Cuarenta mil mendigos organizados&#8230;! La ciudad era suya.<\/p>\n<p>Al llegar la noche, se reun\u00edan en sus escondites. Los llamaban \u00abla ciudad de los milagros\u00bb. Los m\u00e1s valientes contaban sus aventuras; los cojos arrojaban lejos las muletas y saltaban de go\u00adzo; los ciegos guardaban sus parches para otro d\u00eda; las mujeres se sacaban los bultos que escond\u00edan entre las faldas y que les hac\u00edan parecer embarazadas; los epil\u00e9pticos escup\u00edan el pedazo de jab\u00f3n que hab\u00edan tenido bajo la lengua&#8230; Toda una picaresca de mendi\u00adcidad. \u00abLa ciudad de los milagros\u00bb era un sitio terrible. La polic\u00eda no osaba entrar.<\/p>\n<p>La duquesa de Aiguillon tuvo la idea de crear un hospicio ge\u00adneral para pobres y mendigos. Grande. Que recibiera a todos; a los cuarenta mil que andaban por las calles. Se rieron de ella; es un sue\u00f1o, es una locura, es imposible&#8230; Solamente oy\u00f3 una frase optimista. Consulte con el se\u00f1or Vicente; quiz\u00e1 \u00e9l pueda ayudar.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hizo. Pero, el se\u00f1or Vicente pidi\u00f3 un plazo para la re\u00adflexi\u00f3n. Se necesitan 100.000 libras. Es lo que \u00e9l exig\u00eda. De otra forma, su plan no pod\u00eda ir adelante.<\/p>\n<p>Alguien le entreg\u00f3 una donaci\u00f3n. Exactamente 100.000 li\u00adbras. Pero con dos condiciones: Que no se publicara el nombre; y que fueran utilizadas en alguna obra de caridad. Vicente propuso la fundaci\u00f3n del asilo de ancianos. Compr\u00f3, en las cercan\u00edas de San L\u00e1zaro, una casa en cuya fachada estaba grabada la insignia del nombre de Jes\u00fas. Un hogar para impedidos y ancianos. Veinte mujeres y veinte hombres. A su servicio estar\u00eda una comunidad de Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El nuevo albergue comenz\u00f3 a funcionar en 1653. Era, de ver\u00addad, una ciudad de los milagros. Los acogidos disfrutaban de una vejez pl\u00e1cida y sosegada. Una pega: Lo reducido del local. Pare\u00adc\u00eda solamente un ensayo.<\/p>\n<h3>Los ni\u00f1os abandonados<\/h3>\n<p>Regresaba a Par\u00eds despu\u00e9s de una misi\u00f3n. Al traspasar las mu\u00adrallas, sinti\u00f3 que \u00ablas puertas de la ciudad se le ca\u00edan encima.\u00bb Escuch\u00f3 como un eco: \u00abT\u00fa regresas a descansar; mientras tanto, los pobres del campo no tienen quien los atienda.\u00bb<\/p>\n<p>Dobladas las espaldas; cargados los hombros por el peso; sin levantar la vista del suelo&#8230;, caminaba entre dos luces. En San L\u00e1zaro, estaban esperando; pero, el llanto de un ni\u00f1o le hizo dete\u00adnerse. Escuch\u00f3; cambi\u00f3 el rumbo. El alma se le concentraba en los ojos; era todo ojos. El espect\u00e1culo asombraba: Un mendigo estaba desfigurando a un ni\u00f1o. Quer\u00eda ponerle en lastimoso as\u00adpecto; as\u00ed conseguir\u00eda limosna m\u00e1s f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p>Se irgui\u00f3 el se\u00f1or Vicente. La indignaci\u00f3n le hizo jugarse la vida. El mendigo ten\u00eda, a su lado, una gran navaja abierta, prepa\u00adrada. Dispuesto estaba a alargar la mano y defenderse de cual\u00adquiera rapacidad.<\/p>\n<p>Vicente mir\u00f3 fijamente. \u00a1Es m\u00edo!, replic\u00f3 el hombre. Lo he comprado con mi dinero.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 un pu\u00f1ado de monedas. \u00bfTreinta? Las ten\u00eda reservadas para otra necesidad, pero, \u00e9sta era inminente. Se las larg\u00f3 al hom\u00adbre. Bruscamente, el mendigo se apoder\u00f3 del dinero y entreg\u00f3 el ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Lo que hemos referido es una leyenda. Posiblemente, nunca sucedi\u00f3 en la vida de Vicente. No hac\u00eda falta llegar a estos extre\u00admos para encender su coraz\u00f3n. Escenas de este tipo eran frecuen\u00adtes en Par\u00eds. Ha sido muy com\u00fan reproducir la imagen de San Vi\u00adcente con ni\u00f1os en los brazos. Lo que es real es que el se\u00f1or Vi\u00adcente se preocup\u00f3 de la infancia abandonada.<\/p>\n<p>Ni\u00f1os dejados en la calle&#8230; los hab\u00eda por montones en Par\u00eds. En las plazas, en las puertas de las iglesias&#8230; Hab\u00eda \u00abtantos como d\u00edas tiene el a\u00f1o\u00bb. Eran los hijos ileg\u00edtimos; el producto del vicio, de la perversidad o de la miseria. Vicente tuvo el coraje de en\u00adfrentar esta desgracia.<\/p>\n<p>El primer paso fue visitar la \u00abCuna.\u00bb Invit\u00f3 a las Damas de la Caridad. La \u00abCuna\u00bb era una instituci\u00f3n que depend\u00eda del cabildo. Dispon\u00eda de muy pocos recursos. Una viuda era la encargada. La acompa\u00f1aban dos sirvientas.<\/p>\n<p>\u00abUna nodriza atend\u00eda, a la vez, a cuatro o cinco ni\u00f1os. Pa\u00adra hacerles dormir, se les daban unas gotas de alcohol o una p\u00edldora de l\u00e1udano. Algunos eran vendidos a mendi\u00adgos que les romp\u00edan brazos o piernas para excitar la com\u00adpasi\u00f3n p\u00fablica&#8230; Para colmo de males, ni siquiera se les bautizaba. Como resultado, de los recogidos en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os no se sab\u00eda que hubiera sobrevivido ningu\u00adno&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Las Damas vieron. Pero su objetivo era buscar la soluci\u00f3n. Oraron, y tuvieron una inspiraci\u00f3n: Escoger doce ni\u00f1os por sor\u00adteo. Acababa de nacer la m\u00e1s tierna de las obras vicentinas: La atenci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>Principi\u00f3 el se\u00f1or Vicente por colocarlos en la casa de Luisa de Marillac; luego, alquil\u00f3 un local; despu\u00e9s, construy\u00f3 unas casi\u00adtas al lado de San L\u00e1zaro, cerca de \u00e9l. Las Hijas de la Caridad se encargar\u00edan de su cuidado.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo aceptar a los 200 \u00f3 300 ni\u00f1os? El problema m\u00e1s grave era la financiaci\u00f3n. Se iban defendiendo, hasta que estall\u00f3 la guerra de la Fronda. La terrible guerra civil llev\u00f3 a los frentes de batalla a muchos maridos de las Damas de la Caridad. Empezaban los malos tiempos. Llorando, fueron a decirle al se\u00ad\u00f1or Vicente que no pod\u00edan atender, por m\u00e1s tiempo, a la obra de los ni\u00f1os. Que, tambi\u00e9n ellas, se ve\u00edan precisadas a abandonar\u00adlos.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente las reuni\u00f3. En aquel instante, el coraz\u00f3n le pesaba m\u00e1s que las piernas.<\/p>\n<p>Habl\u00f3 con el coraz\u00f3n en la mano:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1oras: la compasi\u00f3n y la caridad las movieron a adoptar como hijos a estas criaturas; ustedes han sido sus madres se\u00adg\u00fan la gracia desde que sus madres seg\u00fan la naturaleza los abandonaron; ustedes ver\u00e1n si tambi\u00e9n quieren abandonar\u00adlos. Dejen por un momento de ser su madres y er\u00edjanse en sus jueces. La vida y la muerte de estos peque\u00f1os est\u00e1n en sus manos. Voy a recoger los votos y los sufragios. Ha llega\u00addo la hora de pronunciar sentencia. Si ustedes contin\u00faan en\u00adcarg\u00e1ndose caritativamente de ellos, vivir\u00e1n. Si los abando\u00adnan, morir\u00e1n, y morir\u00e1n infaliblemente; la experiencia no nos permite dudarlo.\u00bb<\/p>\n<p>Penosamente, porque se le fatigaban las piernas, Vicente de Pa\u00fal fue recogiendo los votos. Temblaba cuando comenz\u00f3 el es\u00adcrutinio, pero termin\u00f3 emocionado: ni una papeleta en contra, ni siquiera la de la cobard\u00eda en blanco. Los ni\u00f1os abandonados esta\u00adban salvados.<\/p>\n<p>\u00abLa preocupaci\u00f3n por la infancia abandonada parece ser una de las conquistas de nuestra \u00e9poca. En la ra\u00edz del cambio de sentido de sensibilidad est\u00e1 la actividad caritativa de Vicente de Pa\u00fal, prolongada a lo largo de tres siglos por las Hijas de la Caridad&#8230;\u00bb (J. M. Rom\u00e1n).<\/p>\n<p>Alsacia y Lorena, fronteras de Francia. Zonas de discusi\u00f3n. All\u00ed estaba la guerra. Desde 1629 a 1637 fueron a\u00f1os de miseria. Primero, la sequ\u00eda y el hambre. Luego, la guerra y la peste. Los ej\u00e9rcitos llegaban, invad\u00edan, acampaban y se iban. De nuevo, vol\u00adv\u00edan. Poblaciones de 10.000 habitantes quedaron reducidas a n\u00fa\u00adcleos de unos centenares.<\/p>\n<p>Las armas de la guerra dejaron sangrando a Alsacia y Lorena y se trasladaron a Champa\u00f1a y Picard\u00eda, otra frontera. Pelea y muerte. Vaiv\u00e9n de tropas. Ocupaci\u00f3n, derrota y reconquista. La guerra se institucionaliz\u00f3. Veinticuatro a\u00f1os de guerra; desde 1635 a 1659.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, aparecieron por caminos y aldeas unos hombres y mujeres que no robaban, ni incendiaban, ni mataban. A la gente le pareci\u00f3 extra\u00f1o; daban limosna, ayudaban a los necesitados, proteg\u00edan a los hu\u00e9rfanos, curaban a los enfermos. Eran el reverso de los que hab\u00edan llegado destruyendo y arrasando. Los enviaba el se\u00f1or Vicente. Un enamorado de los pobres.<\/p>\n<p>Al ej\u00e9rcito de destrucci\u00f3n, Vicente enfrentaba su \u00abej\u00e9rcito de salvaci\u00f3n\u00bb. Con estrategia, atac\u00f3 a la miseria por cuatro frentes:<\/p>\n<h4><em>Por la recaudaci\u00f3n de fondos<\/em><\/h4>\n<p>Esta operaci\u00f3n la coordinaba la tenacidad del se\u00f1or Vicente y la sosten\u00eda el entusiasmo de las se\u00f1oras de las Cofrad\u00edas. Las arengas del caudillo manten\u00edan animosa a la retaguardia.<\/p>\n<p>Comprometieron a los grandes capitalistas: Al rey, a la reina, a la nobleza. Implicaron a la Iglesia: El arzobispo de Par\u00eds envi\u00f3 una exhortaci\u00f3n a los parisinos. La sociedad del Sant\u00edsimo Sacra\u00admento fue generosa en sus donativos. Los misioneros de San L\u00e1\u00adzaro se privaban de los alimentos para entregarlos a los necesita\u00addos.<\/p>\n<p>Eficiente el cuerpo de retaguardia&#8230; A pesar de la duraci\u00f3n de la guerra, no desfallecieron.<\/p>\n<h4><em>La distribuci\u00f3n de ayudas<\/em><\/h4>\n<p>La operaci\u00f3n de vanguardia estuvo, principalmente, a cargo de los misioneros.<\/p>\n<p>Los enviados de Vicente recorrieron Alsacia y Lorena. Pasa\u00adban de un pueblo a otro. A la llegada se informaban de las necesi\u00addades m\u00e1s apremiantes: Visitaban a los vecinos, hac\u00edan fichas con los nombres de los que necesitaban ayuda. Seg\u00fan este censo, compraban el alimento necesario para la semana. Llevaban, ade\u00adm\u00e1s, la palabra de Dios, una esperanza, un consuelo.<\/p>\n<p>Hasta 1643, los socorros llegaron normalmente a Alsacia y Lorena. En Champa\u00f1a y Picard\u00eda se comenz\u00f3 m\u00e1s tarde. Quince a\u00f1os llevaban ya de guerra y nadie, en Par\u00eds, conoc\u00eda la magnitud del desastre. Cuando las noticias llegaron, el se\u00f1or Vicente envi\u00f3 misioneros e hijas de la Caridad. Ellos trabajaban a su estilo. Co\u00admo en Alsacia y Lorena. Ellas empezaban una modalidad: La atenci\u00f3n de enfermos de los hospitales.<\/p>\n<p>\u00abLa reina os pide que vay\u00e1is a Calais a curar a los pobres he\u00adridos. \u00a1Qu\u00e9 motivo para humillaros al ver que Dios quiere servirse de vosotras en tan grandes cosas! Salvador m\u00edo, los hombres van a la guerra para reparar los da\u00f1os que all\u00ed se hacen&#8230;\u00bb<\/p>\n<h4><em>La propaganda<\/em><\/h4>\n<p>\u00a1El se\u00f1or Vicente siempre reacio a la publicidad&#8230;! Parece mentira. Ordena a sus misioneros que informen acerca de lo que hacen. El sacaba buen partido de aquellos relatos: Los le\u00eda p\u00fabli\u00adcamente. De esa manera, excitaba la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Se pens\u00f3 en recoger y publicar aquellos informes. De ah\u00ed, sur\u00adgieron las famosas \u00abrelaciones\u00bb: Relatos de lo que suced\u00eda en las zonas de desastre. Cada mes, se publicaba nueva informaci\u00f3n. El folleto era distribuido gratuitamente en las puertas de las iglesias.<\/p>\n<h4><em>El servicio de enlace:<\/em><\/h4>\n<p>La guerra de la caridad era cosa de Dios; \u00e9l la dirig\u00eda. Sin una comunicaci\u00f3n entre retaguardia y vanguardia, la victoria hubiera sido imposible. De Par\u00eds a los campos, de los campos a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Transitar era peligroso. Los caminos estaban da\u00f1ados; abun\u00addaban los ladrones y asaltantes; hac\u00eda falta astucia y sangre fr\u00eda, el Hermano Mateo las ten\u00eda. Le llamaban el \u00abzorro\u00bb. Mateo volaba. Aseguraba que hab\u00eda hecho m\u00e1s de cincuenta viajes entre Par\u00eds y Lorena. El \u00abzorro de Lorena\u00bb transportaba comida, dine\u00adro, telas, medicinas&#8230;<\/p>\n<p>Juan Parre era otro Hermano. Digno \u00e9mulo del Hermano Mateo. Juan Parre fue el transportista oficial para Champa\u00f1a y Picard\u00eda.<\/p>\n<h3><strong>El pacificador<\/strong><\/h3>\n<p>Otro conflicto, pero ahora, con nueva variable: La guerra ci\u00advil. Los franceses peleaban unos contra otros. En 1652, comienza \u00abLa Fronda.\u00bb Par\u00eds y sus alrededores se convierten en un escena\u00adrio de combate. En nombre del gobierno, Mazarino quiso someter a los rebeldes. Utiliz\u00f3 mano dura. La corte estaba en San Ger\u00adm\u00e1n. Orden\u00f3 poner cerco a Par\u00eds. \u00abNo entrar\u00e1 trigo. \u00a1Que se rin\u00addan, o se mueran de hambre.\u00bb<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente que tanto hab\u00eda luchado contra la miseria, tom\u00f3 la decisi\u00f3n de trasladarse a San Germ\u00e1n y hablar con la rei\u00adna. \u00a1Hab\u00eda ido tantas veces a palacio! Se lo hizo saber al Parla\u00admento. \u00abSu \u00fanico designio era la paz. No iba movido por otras influencias.\u00bb Ni realista, ni frondista, amigo de los pobres. Bus\u00adcaba la paz.<\/p>\n<p>Su secretario ensill\u00f3 dos caballos. El del se\u00f1or Vicente y el suyo. Salieron ya anochecido. Dieron un rodeo. Buscaron cami\u00adnos menos frecuentados. Oyeron, a distancia, las voces de los centinelas. Le ven\u00eda el recuerdo de la huida de T\u00fanez. La ciudad y sus luces quedaban atr\u00e1s. En adelante, campo, terreno conoci\u00addo: Clichy. Los mozos custodiaban la entrada al pueblo con ga\u00adrrotes y picos. \u00a1Hace a\u00f1os fue la despedida de aquellos feligreses! Ni en la oscuridad, confundieron al viajante. Una voz grito: \u00a1El se\u00f1or Vicente! Aclamaron a su \u00abp\u00e1rroco m\u00e1s querido\u00bb. Le pidie\u00adron que se quedara; pero, no pod\u00eda detenerse.<\/p>\n<p>Ana de Austria recibi\u00f3 con alegr\u00eda a su confesor y consejero. Escuch\u00f3 atentamente la observaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEs una injusticia cercar a Par\u00eds. Por castigar a un pu\u00f1ado de culpables, van a matar a un mill\u00f3n de inocentes&#8230; Si Mazarino se va, Par\u00eds depone las armas.\u00bb<\/p>\n<p>La soberana tard\u00f3 en reaccionar. Por fin, dijo: \u00abBien, se\u00f1or Vicente, el pan entrar\u00e1 libremente en Par\u00eds.\u00bb En cuanto a su pro\u00adpuesta, conv\u00e9rselo con mi primer ministro.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 el se\u00f1or Vicente. Estaba nervioso. Aunque le dol\u00edan las piernas, se movi\u00f3 de un lado para otro. Con calma y tranquilidad, entr\u00f3 en el despacho ministerial. Expuso en tono humilde, pero con firmeza. Para concluir, lanz\u00f3 su proposici\u00f3n: \u00abMonse\u00ad\u00f1or, ceded, al menos por un tiempo. Arrojaos al mar para que se calme la tempestad.\u00bb<\/p>\n<p>Hab\u00eda hablado muy claramente el se\u00f1or Vicente. Mazarino comprendi\u00f3: \u00abEso de echarme al agua, lo consultar\u00e9 con el se\u00f1or Le Tellier. Si a \u00e9l le parece bien vuestra pretensi\u00f3n, est\u00e9 seguro de que me retirar\u00e9.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal tuvo la impresi\u00f3n de que hab\u00eda fracasado. No habr\u00eda paz. Con Le Tellier, imposible. Sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n con la conciencia tranquila: \u00abHe dicho al se\u00f1or ministro lo que me hubiera gustado decir a la hora de la muerte.\u00bb<\/p>\n<p>Mientras tanto, San L\u00e1zaro hab\u00eda sido ocupado por los solda\u00addos. Buscaban \u00abel trigo, la cebada y la alfalfa\u00bb del antiguo priora\u00adto. Llegar, en esa situaci\u00f3n, era desagradable. Adem\u00e1s, en Par\u00eds, le tendr\u00edan por \u00abrealista\u00bb. Acababa de parlamenta con la reina. \u00bfQuedarse en palacio? \u00bfCon qu\u00e9 ojos le iba a mirar Mazarino? Para el ministro, Vicente era un \u00abfrondista\u00bb. Ped\u00eda su renuncia.<\/p>\n<p>Se resolvi\u00f3. Decidi\u00f3 el exilio voluntario. Era duro el destie\u00adrro. Se marchaba a ver a los campesinos. A las pobres gentes del campo y a sus misioneros. Pas\u00f3 revista a las casas de la Misi\u00f3n. En Richelieu, cay\u00f3 enfermo: \u00a1La dichosa \u00abfiebrecilla\u00bb! Se enter\u00f3 la duquesa de Aiguillon y envi\u00f3 la carroza. La que le hab\u00edan com\u00adprado las Damas de la Caridad de Par\u00eds. Una carroza negra y bri\u00adllante; parec\u00eda de charol, con dos caballos negros bien pulidos y lustrosos&#8230;! Caminaban majestuosamente por el centro de la ca\u00adlle; el viento les mov\u00eda las crines; ten\u00edan un collar de cascabeles; se anunciaban.<\/p>\n<p>La duquesa suplic\u00f3 que el Hermano enfermero de San L\u00e1zaro fuera a atender al se\u00f1or Vicente. A \u00e9l no le gustaban tantos lujos: \u00abMi esqueleto no merec\u00eda que el Hermano hiciera un viaje tan largo.\u00bb La carroza ten\u00eda unos grandes ventanales de vidrio. \u00a1Enor\u00admes y relucientes ojazos de carroza! Vicente parec\u00eda un pr\u00edncipe. Cuando viajaba, corr\u00eda las cortinillas; ten\u00eda pena, ve\u00eda a los po\u00adbres caminando por la calle&#8230; y \u00e9l en su carroza. \u00abEso es una ig\u00adnominia.\u00bb<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a Par\u00eds. Hac\u00eda cinco meses que hab\u00eda salido. Par\u00eds hed\u00eda. La paz fue ef\u00edmera. A los pocos meses, la guerra volvi\u00f3 con m\u00e1s sa\u00f1a, pero las gestiones pacifistas de Vicente fueron m\u00e1s exitosas. Escribi\u00f3 a Mazarino, solicit\u00f3 la intervenci\u00f3n del Papa; el Papa medi\u00f3; Mazarino renunci\u00f3. Par\u00eds depuso las armas; volv\u00eda la paz. La reina public\u00f3 una amnist\u00eda sin distinciones ni reservas. El rey y la reina entraron en Par\u00eds. El pueblo los aclam\u00f3 como a sus soberanos.<\/p>\n<h3>El \u00abpadre de la patria\u00bb<\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de estas actuaciones en favor de los necesitados, la gratitud se hizo patente. Vicente de Pa\u00fal recibi\u00f3 expresivos men\u00adsajes. El m\u00e1s elocuente fue el que proced\u00eda de San Quint\u00edn:<\/p>\n<p>\u00abLas limosnas que gracias a Dios y a su bondad han sido enviadas a esta provincia han dado vida a millones de personas reducidas, por las calamidades de la guerra, a la mayor po\u00adbreza. Por eso, me siento obligado a testimoniarle el humilde agradecimiento que todos estos pueblos sienten por sus bon\u00addades&#8230; Esto me obliga a suplicarle que siga siendo el padre de la patria para conservar la vida a tantos y tantos pobres moribundos y enfermos a los que sus sacerdotes atienden con tanta justicia y esmero.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La caridad organizada El sufrimiento del pobre es el primer motivo para la caridad. 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