{"id":387857,"date":"2016-10-13T12:00:56","date_gmt":"2016-10-13T10:00:56","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387857"},"modified":"2016-08-06T08:27:03","modified_gmt":"2016-08-06T06:27:03","slug":"san-vicente-amigo-de-los-pobres-anos-de-prueba-y-ensayo-1617-1625","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-amigo-de-los-pobres-anos-de-prueba-y-ensayo-1617-1625\/","title":{"rendered":"San Vicente: Amigo de los pobres: a\u00f1os de prueba y ensayo (1617-1625)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Por segunda vez, en casa de los Gondi<\/strong><\/h2>\n<p><strong>E<\/strong>n el palacio, suced\u00edan cosas extra\u00f1as. \u00abLa princesa estaba triste.\u00bb Muy triste. Margarita no conciliaba el sue\u00f1o por las noches. Todo era un continuo insomnio. Cuando se levantaba, cada ma\u00f1ana, abrigaba una leve esperanza: \u00bfSer\u00e1 hoy? Pero, se desvanec\u00eda seg\u00fan iba avanzando el d\u00eda. Margarita ya no ten\u00eda ga\u00adnas de comer. Casi ni com\u00eda. Los escr\u00fapulos est\u00e1n a punto de aca\u00adbar con ella. Se siente sola. Empieza a sospechar que el capell\u00e1n se fue para no volver.<\/p>\n<p>Removi\u00f3 cielo y tierra. Se alegr\u00f3. \u00a1Hab\u00eda dado con el escon\u00addite! No se lo hab\u00eda tragado la tierra. Viv\u00eda en Chatillon; el final del mundo; una frontera.<\/p>\n<p>Acudi\u00f3 a todos aquellos que pod\u00edan tener ascendiente sobre su director: Felipe Manuel, doctores, cardenales&#8230; Busc\u00f3 a Berulle. \u00c9l le hab\u00eda ayudado en otras ocasiones. Le suplic\u00f3. Encontr\u00f3 un amigo personal del se\u00f1or Vicente. Escribi\u00f3 un mensaje y le ro\u00adg\u00f3 que se lo hiciera llegar \u00aben propia mano\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente escuch\u00f3. Reflexion\u00f3. Estaba convencido de que hab\u00eda llegado a Chatillon para permanecer, all\u00ed, por el resto de sus d\u00edas. En verdad, en el pueblo, todo estaba organizado. Ya hab\u00eda esta\u00adblecido la \u00abcaridad\u00bb.<\/p>\n<p>Se hizo la pregunta que se planteaba con frecuencia. Y, \u00bfsi la voluntad de Dios es otra?<\/p>\n<p>Cedi\u00f3. Comunic\u00f3 su decisi\u00f3n a los se\u00f1ores de Gondi. Volve\u00adr\u00eda al palacio pero con dos condiciones: Que se asignara a otra persona el oficio de ser preceptor de los ni\u00f1os. Que se le diera li\u00adbertad para evangelizar a los pobres campesinos.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Gondi accedi\u00f3 gustos\u00edsima. Pon\u00eda a su disposi\u00adci\u00f3n todos los caser\u00edos. Ella misma se compromet\u00eda a colaborar con su presencia y con dinero.<\/p>\n<h2><strong>Adios a Chatillon<\/strong><\/h2>\n<p>Vicente estaba cierto de que si sal\u00eda de Chatillon era para no volver. Luis Girard, su vicario, le pod\u00eda reemplazar muy bien.<\/p>\n<p>\u00daltimo domingo que pasaba con sus feligreses. Antes de tocar a misa, contempl\u00f3 la iglesia. En seis meses, la hab\u00eda restaurado. Era el signo material de su dedicaci\u00f3n. Se le desgarraba el alma. Cuando subi\u00f3 al p\u00falpito para anunciar la despedida, se le hizo un nudo en la garganta. No pod\u00eda continuar. Llor\u00f3.<\/p>\n<p>Al concluir la ceremonia lit\u00fargica reparti\u00f3 entre los pobres to\u00addos sus haberes. Al mendigo necesitado, le entreg\u00f3 los treinta es\u00adcudos. A la mujer con ni\u00f1os, le dio unos pu\u00f1ados de ma\u00edz. Distri\u00adbuy\u00f3 hasta su ropa blanca. A Juli\u00e1n Caron, uno de los m\u00e1s pobres del pueblo, le toc\u00f3 en suerte un sombrero. Alguien quiso com\u00adpr\u00e1rselo para conservarlo como reliquia. Juli\u00e1n se escandaliz\u00f3: \u00bfEs qu\u00e9 pueden venderse las cosas santas?<\/p>\n<p>Mientras la carroza se alejaba tambale\u00e1ndose por el camino, los vecinos levantaban sus brazos al cielo en gesto de despedida. Desde lo alto, se ve\u00edan como campanas clamantes.<\/p>\n<h2><strong>Misi\u00f3n y caridad<\/strong><\/h2>\n<p>En diciembre de 1617 entraba por segunda vez en el palacio de los Gondi. Margarita de Silly rejuveneci\u00f3. Todo era alegr\u00eda y contento. Las puertas, talladas en madera y herrajes, se abrieron como dos brazos para dar la bienvenida a un conocido. Hasta el surtidor del jard\u00edn parec\u00eda alegrarse. Se alzaba m\u00e1s que otros d\u00edas; danzaba m\u00e1s caprichosamente&#8230; Al fin y al cado, era v\u00edspera de Navidad, y hab\u00eda llegado el regalo.<\/p>\n<p>Vicente regresa, pero, lo hace resuelto a \u00abentregarse por ente\u00adro a la salvaci\u00f3n de los pobres campesinos\u00bb.<\/p>\n<p>A la experiencia de Folleville, une la de Chatillon. \u00c9l lo ex\u00adpresa con una frase-resumen: \u00abEl pobre pueblo del campo se muere de hambre y se condena.\u00bb \u00abSe muere de hambre.\u00bb \u00abSe condena.\u00bb Caridad y Misi\u00f3n o Misi\u00f3n y Caridad. Es lo mismo. En realidad, son una sola cosa. Se incluyen mutuamente. No hay \u00abmisi\u00f3n\u00bb sin \u00abcaridad\u00bb. La \u00abcaridad\u00bb es nada sin la \u00abmi\u00adsi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Sin perder tiempo, comenz\u00f3 a \u00abmisionar\u00bb y a fundar \u00abcarida\u00addes\u00bb. En el a\u00f1o 1618 predic\u00f3 tres \u00abmisiones\u00bb: Las de Villepreux, Joigny y Montmirail. En todas ellas, estuvo acompa\u00f1ado por ex\u00adcelentes misioneros.<\/p>\n<h2><strong>\u00bfQu\u00e9 era una \u00abmisi\u00f3n\u00bb?<\/strong><\/h2>\n<p>Desde los d\u00edas de Folleville, hay una experiencia que le inquieta: El pueblo se condena por no saber las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n y por no confesarse. El remedio estaba en \u00abir a las ra\u00edces\u00bb. Eso era la \u00abmisi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCada una de ellas era como una nueva fundaci\u00f3n de cristia\u00adnos. Apenas llegado a la aldea, el equipo misionero, com\u00adpuesto de dos, tres o cuatro sacerdotes, descargaba su ligero ajuar y empezaba unas jornadas de intensa predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el tama\u00f1o de la poblaci\u00f3n, el trabajo pod\u00eda prolon\u00adgarse hasta cinco o seis semanas, e, incluso, dos meses. Nun\u00adca bajaba de quince d\u00edas a\u00fan en las m\u00e1s peque\u00f1as aldeas.<\/p>\n<p>El horario se acomodaba al ritmo laboral de la pobla\u00adci\u00f3n: Por la ma\u00f1ana temprano, el serm\u00f3n sobre las grandes verdades, las virtudes y los pecados m\u00e1s ordinarios. Despu\u00e9s de mediod\u00eda, el catecismo de ni\u00f1os&#8230; A la ca\u00edda de la tarde, finalizado el trabajo del campo, el gran catecismo para los adultos, en el que se explicaban los art\u00edculos del credo, los mandamientos, los sacramentos, la oraci\u00f3n dominical y la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n se clausuraba el \u00faltimo d\u00eda con una bonita fiesta, en la que, por la ma\u00f1ana, recib\u00edan la Primera Comu\u00adni\u00f3n los ni\u00f1os&#8230; y por la tarde, se celebraba una esplendoro\u00adsa procesi\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n perduraba, largo tiempo, en la memoria de los aldeanos. Era un cursillo intenso de cristianismo en el que todos hab\u00edan participado.<\/p>\n<p>Las misiones terminaban invariablemente con la funda\u00adci\u00f3n de la cofrad\u00eda establecida, por primera vez, en Chatillon\u00bb (J. M. Rom\u00e1n).<\/p>\n<p>Sabemos que, entre 1618 y 1625, San Vicente mision\u00f3 todos los territorios de los Gondi y que estableci\u00f3 casi cuarenta Cofra\u00add\u00edas de Caridad. De varias de ellas, se conservan los reglamen\u00adtos.<\/p>\n<p>En un principio, las \u00abcaridades\u00bb canalizaban las inquietudes asistenciales femeninas. En Folleville, fund\u00f3 Vicente la primera \u00abcaridad de hombres\u00bb. Las mujeres se encargar\u00edan de los pobres enfermos. Los hombres, de los pobres sanos. Uno de los principa\u00adles objetivos era crear talleres donde los ni\u00f1os y adolescentes aprendieran un oficio.<\/p>\n<h2><strong>Una \u00abmisi\u00f3n\u00bb especial: los galeotes<\/strong><\/h2>\n<p>Felipe Manuel de Gondi ostentaba el t\u00edtulo de General de las Galeras. Las galeras eran naves de guerra movidas por remeros a los que se les conoc\u00eda con el nombre de galeotes.<\/p>\n<p>En general, los galeotes eran criminales condenados por la justicia al trabajo forzado de mover las naves. Pues el se\u00f1or de Gondi ten\u00eda bajo sus \u00f3rdenes a m\u00e1s de 20 galeras que eran movi\u00adlizadas por unos 6.000 galeotes.<\/p>\n<p>Las galeras reales enga\u00f1aban con sus nombres femeninos: \u00abLa Regina\u00bb, \u00abLa Patrona\u00bb, \u00abLa Condesa\u00bb, \u00abLa Mariscala\u00bb&#8230; Ninguna de ellas ten\u00eda entra\u00f1as de madre. Dentro, lo que hab\u00eda era odio. Odio a muerte. Un infierno. Gritos de desesperaci\u00f3n. Aullidos de rabia. Juramentos. Maldiciones. Blasfemias. Miseria que flotaba sobre el oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>A los galeotes, se los sujetaba con cadenas a un banco. Viv\u00edan emparejados. Aguantaban sol y agua. Sus desnudas espaldas eran fustigadas por latigazos. Si alguno desfallec\u00eda, era azotado con m\u00e1s dureza hasta que reaccionara. Al que mor\u00eda, se lo tragaba el mar.<\/p>\n<p>Las galeras ten\u00edan su cuartel general en Marsella. Cuando no estaban en el mar, los galeotes descansaban en cualquier ciudad. Un d\u00eda, Vicente pidi\u00f3 permiso para visitar a los galeotes de Par\u00eds. Se arm\u00f3 de valor. Iba preparado para ver horrores. Lo record\u00f3. \u00c9l hab\u00eda sido \u00abgaleote\u00bb en T\u00fanez.<\/p>\n<p>La prisi\u00f3n era hedionda, h\u00fameda y malsana. Sin luz. Cada hombre estaba sujeto con cadenas a uno de los muros. Se alimen\u00adtaban con agua y con un mendrugo de pan. Si ca\u00edan enfermos, na\u00addie les cuidaba. Las infecciones cund\u00edan. Hab\u00eda plaga: Insectos, moscas, ratas.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n debi\u00f3 ser tremenda. Cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, todav\u00eda lo recordaba:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha, Hermanas m\u00edas, servir a esos pobres presos, abandonados en manos de personas que no tienen piedad de ellos! Yo he visto a esas pobres gentes tratadas como bes\u00adtias.\u00bb<\/p>\n<p>Apresurad\u00edsimo, se entrevist\u00f3 con el general. Siendo \u00e9l el en\u00adcargado de aquellos desgraciados, ten\u00eda una grave responsabili\u00addad ante Dios. Como primer paso, solicit\u00f3 permiso para entrar en los calabozos y hablar con los forzados.<\/p>\n<p>Hab\u00eda llegado un hombre sin l\u00e1tigo y sin cadenas. No hablaba de las mismas cosas que los dem\u00e1s. No ten\u00eda mirada de odio. In\u00adsist\u00eda en la confesi\u00f3n general. En la salvaci\u00f3n. En eliminar el odio y la sangre. Conviv\u00eda con ellos. Les escuchaba.<\/p>\n<p>Lo primero que consigui\u00f3 fue que mejoraran las comidas que s\u00f3lo eran agua y pan duro. Luego, alquil\u00f3 una casa donde los en\u00adfermos recib\u00edan comida m\u00e1s sana y abundante.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Gondi quiso institucionalizar y perpetuar los fru\u00adtos logrados por Vicente. Sugiri\u00f3 al Rey Luis XIII la idea de nombrarle capell\u00e1n real de las galeras de Francia. La caridad de Vicente se sal\u00eda de los dominios de los Gondi. Tomaba dimen\u00adsi\u00f3n nacional. As\u00ed, mision\u00f3 a los galeotes de Marsella y de Bur\u00addeos.<\/p>\n<p>En este ambiente, hay que situar una dudosa an\u00e9cdota: Vicen\u00adte de Pa\u00fal habr\u00eda ocupado el puesto de un galeote.<\/p>\n<p>El P. Jos\u00e9 M. Rom\u00e1n tiene su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLa historicidad del relato, no obstante haber sido afirmada por diversos testigos en el proceso de beatificaci\u00f3n, ha des\u00adpertado siempre las dudas de los bi\u00f3grafos&#8230;Tomada en su versi\u00f3n m\u00e1s radical: ocupaci\u00f3n efectiva del puesto del forza\u00addo y liberaci\u00f3n de \u00e9ste&#8230; parece altamente inveros\u00edmil. En\u00adtendida como un impulso repentino que lanzar\u00e1 a Vicente a sentarse en el puesto de un galeote extenuado&#8230; puede ofre\u00adcer visos de probabilidad.\u00bb<\/p>\n<h2><strong>Macon, una ciudad en \u00abcaridad\u00bb<\/strong><\/h2>\n<p>San Vicente pas\u00f3 por Macon el a\u00f1o 1621 con motivo de un viaje.<\/p>\n<p>Los mendigos hab\u00edan invadido la ciudad. Recorr\u00edan las calles en verdaderas bandas. Se hacinaban en las puertas de las iglesias y de las casas particulares. La ciudad presentaba un espect\u00e1culo repugnante. Nadie pod\u00eda pasar entre los mendigos. Se lanzaban\u00a0 sobre el transe\u00fante. No imploraban limosna; la exig\u00edan. Eran gro\u00adseros y violentos. Amenazaban; insultaban y blasfemaban. Albo\u00adrotaban de tal modo que, para dominarlos, la polic\u00eda se las ve\u00eda y se las deseaba. Ocasiones hubo en que los vagabundos lincharon a m\u00e1s de un agente de justicia.<\/p>\n<p>Pues bien, el se\u00f1or Vicente que hab\u00eda inventado el remedio de \u00ablas caridades\u00bb se fue con \u00e9l a Macon. Pero, las gentes se re\u00edan de \u00e9l; le apuntaban con el dedo. Cuando propuso su plan, le tomaron por loco. Querer impedir que los pobres pidieran li\u00admosna era lo mismo que dejar el trueno y querer eliminar su estampido.<\/p>\n<p>Sin desmayar en su fe, Vicente redobl\u00f3 las instancias al Se\u00ad\u00f1or: Oraciones, sacrificios, disciplinas. Hasta que recibi\u00f3 la lla\u00admada del ayuntamiento. Vicente fue leyendo el reglamento:<\/p>\n<p>\u00abQue los habitantes de Macon no den limosna y que los pobres no salgan a mendigar. Todos los domingos se repar\u00adtir\u00e1 dinero, pan y ropa. A los ni\u00f1os y a los ancianos, todo lo necesario. A los que puedan trabajar, una parte; seg\u00fan su edad. A los que sigan mendigando, se les quitar\u00e1 la ayuda. Los j\u00f3venes trabajar\u00e1n en alg\u00fan taller y aprender\u00e1n un ofi\u00adcio.\u00bb<\/p>\n<p>En tres semanas, la idea que parec\u00eda una locura, se hizo feliz realidad. El mejor testimonio de este \u00e9xito procede del propio San Vicente:<\/p>\n<p>\u00abCuando yo fund\u00e9 la caridad de Macon, todos se re\u00edan de m\u00ed, me se\u00f1alaban con el dedo por las calles; y cuando se hi\u00adzo la cosa todos derramaban l\u00e1grimas de alegr\u00eda&#8230; All\u00ed hay ahora una de las caridades mejor establecidas.\u00bb<\/p>\n<h2><strong>El tercer hombre: Francisco de Sales<\/strong><\/h2>\n<p>Pedro Berulle, Andr\u00e9s Duval, Francisco de Sales. Una tr\u00edada. Tres personas que se unifican en la espiritualidad de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>A San Francisco de Sales, obispo de Ginebra, San Vicente de Pa\u00fal le conoci\u00f3 en Par\u00eds, el a\u00f1o 1618. Encuentro de \u00absantos\u00bb que lleg\u00f3 a convertirse en familiaridad: \u00abMuchas veces, me honr\u00e9 con la familiaridad del se\u00f1or Francisco de Sales.\u00bb<\/p>\n<p>En los escritos de San Vicente, abundan las referencias a la es\u00adpiritualidad del \u00absanto obispo de Ginebra\u00bb. Sin duda, son una de las fuentes de inspiraci\u00f3n espiritual. Cuando lo cita, San Vicente se refiere a \u00e9l con estos t\u00e9rminos: \u00abnuestro bienaventurado Pa\u00addre&#8230;\u00bb. En la sala de conferencias de San L\u00e1zaro, el retrato de San Francisco de Sales ocupa lugar de preferencia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 le debe San Vicente a San Francisco de Sales? Vicente de Pa\u00fal sol\u00eda hacer esta reflexi\u00f3n: \u00abQu\u00e9 bueno eres, mi Dios, cuando tan bondadoso y amable es Francisco de Sales, tu criatu\u00adra.\u00bb<\/p>\n<p>El ejemplo de san Francisco de Sales, hombre sin hiel, fue decisivo para la resoluci\u00f3n de cambiar de car\u00e1cter que tom\u00f3 San Vicente en los ejercicios espirituales del a\u00f1o 1621 en Soissons.<\/p>\n<p>Vicente no era, ni por temperamento, ni por car\u00e1cter un hombre afable. \u00c9l se acusaba de poseer \u00abun humor negro\u00bb y un esp\u00edritu \u00abduro y agresivo\u00bb. Era hosco y retra\u00eddo. Se ence\u00adrraba en s\u00ed mismo. La se\u00f1ora de Gondi sufr\u00eda con los altiba\u00adjos del car\u00e1cter de su capell\u00e1n. Vicente hizo un gran esfuer\u00adzo. Termin\u00f3 por ser uno de los hombres m\u00e1s afables de su si\u00adglo.<\/p>\n<p>Al dejar Par\u00eds, San Francisco de Sales, confi\u00f3 a San Vicente de Pa\u00fal, ignorado capell\u00e1n de los Gondi, el cuidado de sus Hijas, las Religiosas de la Visitaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>Una \u00faltima se\u00f1al<\/strong><\/h2>\n<p>\u00bfNecesitar\u00eda Vicente de Pa\u00fal alguna nueva se\u00f1al que le indi\u00adcara que su vocaci\u00f3n definitiva era la evangelizaci\u00f3n de los po\u00adbres del campo?<\/p>\n<p>La Providencia se la iba a proporcionar. En 1620, el se\u00f1or Vicente predicaba una misi\u00f3n en Montmirail. Tres hugonotes del lugar se muestran dispuestos a la conversi\u00f3n. Se los instru\u00adye en las verdades de la religi\u00f3n y dos de ellos se declaran con\u00advencidos y adjuran de sus errores. El tercero ten\u00eda una obje\u00adci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abSeg\u00fan usted, le dijo, la Iglesia de Roma est\u00e1 dirigida por el Esp\u00edritu Santo; pero, yo no lo puedo creer, puesto que, por una parte se ve a los cat\u00f3licos del campo abandonados en manos de unos pastores viciosos e ignorantes&#8230; y por otra parte, se ven las ciudades llenas de sacerdotes y frailes que no hacen absolutamente nada&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Vicente no ten\u00eda la menor duda de su vocaci\u00f3n. Pero, este era un empuj\u00f3n providencial. Con redoblado inter\u00e9s, prosigui\u00f3 la campa\u00f1a evangelizadora. Le qued\u00f3 grabado el episodio:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha para nosotros, los misioneros, poder demostrar que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su iglesia trabajando, como tra\u00adbajamos, por la instrucci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los po\u00adbres!\u00bb<\/p>\n<h2><strong>Tambi\u00e9n, la \u00faltima tentaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>La idea inicial de abrazar el sacerdocio para ayudar a sus pa\u00adrientes, se constituy\u00f3 en obsesi\u00f3n durante largos a\u00f1os. De mo\u00admento, se sent\u00eda tranquilo y libre. Pero, la bestia, antes de morir, da su \u00faltima sacudida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una misi\u00f3n en las galeras de Burdeos, Vicente pens\u00f3 en una escapada a su aldea natal. \u00a1Estaba tan cerca&#8230;! As\u00ed se lo present\u00f3 a algunos amigos: Voy a trabajar a un lugar cerca de donde yo soy. No s\u00e9 si har\u00e9 bien en darme una vuelta por la casa de mis padres. Ten\u00eda sus temores:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; haber visto a muchos sacerdotes que hab\u00edan obrado ma\u00adravillas durante el tiempo que hab\u00edan vivido lejos de su pa\u00eds, y habiendo ido a ver a sus padres hab\u00edan vuelto completa\u00admente inutilizados para el ministerio, pues estaban, en todo, entregados al asunto de sus familias y no ten\u00edan pensamiento m\u00e1s que para esto&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Siguiendo el parecer de los amigos y, con esta disposici\u00f3n, emprendi\u00f3 el viaje: les har\u00e9 bien. Les hablar\u00e9 de Dios. Les acon\u00adsejar\u00e9 que se aparten del deseo de las riquezas.<\/p>\n<p>Hac\u00eda veinte arios que no pisaba Pouy. Pens\u00f3 que pod\u00eda pasar diez d\u00edas estupendos. Vio las ovejas blancas en el campo. Los ni\u00f1os que iban al molino, con sus costales de trigo. Claudina, la hermana m\u00e1s peque\u00f1a, era ya una mujer.<\/p>\n<p>Se hosped\u00f3 en la casa del p\u00e1rroco. La primera visita fue a la iglesia. Antes de celebrar la Eucarist\u00eda, ante la pila bautismal, re\u00adnov\u00f3 las promesas de bautismo: Lo hizo en voz alta. Se acus\u00f3 p\u00fa\u00adblicamente de no haberlas guardado como deb\u00eda.<\/p>\n<p>El \u00faltimo d\u00eda, para despedirse de los familiares, escogi\u00f3 el santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Buglose. Era su lugar preferido cuando ni\u00f1o; sub\u00eda all\u00e1 con las ovejas. \u00bfNo era una bendici\u00f3n re\u00adgresar a los paisajes olvidados de la infancia? Hoy, sub\u00eda descal\u00adzo, rezando, conduciendo otro reba\u00f1o: El de aquellos buenos pai\u00adsanos.<\/p>\n<p>Celebr\u00f3 Misa en el Santuario. En la homil\u00eda les dijo:<\/p>\n<p>\u00abNada esper\u00e9is de m\u00ed. Aunque tuviera cofres repletos de oro y de plata, nada os podr\u00eda dar. Un sacerdote que tiene algo se lo debe a Dios y a los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, se arranc\u00f3 de aquellos que llevaban su mis\u00adma sangre. Parti\u00f3. Entonces le asalt\u00f3 la tentaci\u00f3n. Primero fueron las l\u00e1grimas. Volv\u00eda la cabeza y lloraba. Lloraba sin poderlo re\u00admediar. A las l\u00e1grimas, sucedi\u00f3 el pensamiento: Les dejaba en la miseria&#8230; En su imaginaci\u00f3n, iba repartiendo lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda. \u00a1Por sus manos pasaban todos los d\u00edas cantidades de dinero!<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, se sinti\u00f3 triste:<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo tres a\u00f1os despu\u00e9s, logr\u00e9 verme libre de esa fiera. Cuando comprend\u00ed que, aunque tuviera joyas de oro y rentas poderosas, siendo sacerdote, aquel dinero m\u00e1s era de los po\u00adbres que de mi familia.\u00bb<\/p>\n<h2><strong>\u00daltimos d\u00edas en casa de los Gondi<\/strong><\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de los sucesos de Folleville, Vicente de Pa\u00fal ha\u00adb\u00eda seguido su tarea de misionero itinerante. Siempre encon\u00adtr\u00f3 a alguien que le acompa\u00f1ara. Antonio Portail, el rubio monaguillo de Clichy fue su asiduo colaborador. Pero, en todo Par\u00eds, no se encontraba una comunidad que se comprometiera a predicar en las tierras de la condesa. Margarita de Silly tuvo una inspiraci\u00f3n original: Proponer a Vicente de Pa\u00fal que fun\u00addara una comunidad que se dedicase a la evangelizaci\u00f3n de los pobres campesinos. Ella hab\u00eda hecho sus ahorros. Pod\u00eda aportar un capital de 15.000 libras. Convers\u00f3 con su marido. El general de las galeras triplic\u00f3 la oferta inicial. Con los in\u00adtereses de 45.000 libras, se pod\u00edan sostener algunos predica\u00addores.<\/p>\n<p>Vicente madur\u00f3 la idea. La madur\u00f3 lentamente. La se\u00f1ora de Gondi ten\u00eda prisa. \u00c9l no. Se hab\u00eda convertido en un ferviente de\u00advoto de la \u00abpr\u00e1ctica de no adelantarse a la Providencia\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;hice, expresamente un retiro en Soisons para que Dios quisiera quitarme del esp\u00edritu el gusto y la prisa que sent\u00eda en este asunto\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de unos d\u00edas de retiro, anhelaba algo m\u00e1s concreto. Se entrevist\u00f3 con Andr\u00e9s Duval, su director espiritual. Fue deta\u00adllado en su exposici\u00f3n. Vaci\u00f3 el alma. Ten\u00eda muy claro el objeti\u00advo: \u00abMientras los habitantes de las ciudades tienen todas sus ne\u00adcesidades espirituales atendidas, el pobre pueblo del campo se encuentra abandonado.\u00bb Hab\u00eda pensado en una respuesta: \u00abDedi\u00adcarse entera y exclusivamente a la salvaci\u00f3n de los pobres cam\u00adpesinos.\u00bb No ve\u00eda tan clara la naturaleza de la nueva criatura: Piadosa asociaci\u00f3n; compa\u00f1\u00eda; congregaci\u00f3n; cofrad\u00eda&#8230; \u00a1Funda\u00addor! \u00bfEl?<\/p>\n<p>Al final call\u00f3. Esper\u00f3 que hablara Duval. Lo hizo con una so\u00adla sentencia tomada de la Escritura: \u00abEl siervo que conoce la vo\u00adluntad de su se\u00f1or y no la cumple recibir\u00e1 muchos azotes.\u00bb<\/p>\n<p>No dud\u00f3 m\u00e1s. Hab\u00eda visto la voluntad de Dios. Se dedicar\u00eda eternamente a \u00abanunciar el Evangelio a los pobres\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por segunda vez, en casa de los Gondi En el palacio, suced\u00edan cosas extra\u00f1as. \u00abLa princesa estaba triste.\u00bb Muy triste. Margarita no conciliaba el sue\u00f1o por las noches. Todo era un continuo insomnio. 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