{"id":387832,"date":"2016-09-26T08:36:25","date_gmt":"2016-09-26T06:36:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387832"},"modified":"2016-09-26T08:36:25","modified_gmt":"2016-09-26T06:36:25","slug":"id-por-el-mundo-y-predicad-el-evangelio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/id-por-el-mundo-y-predicad-el-evangelio\/","title":{"rendered":"Id por el mundo y predicad el Evangelio"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387834 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/asd-7-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"asd\" width=\"300\" height=\"225\" \/>La quinta y \u00faltima virtud del seguidor de Jes\u00fas se lla\u00adma \u00abcelo por la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb. Por estar situada en \u00falti\u00admo lugar, no es la menos importante, pero s\u00ed la m\u00e1s significativa de la vocaci\u00f3n misionera. Su despliegue encierra el ejercicio de todas las virtudes anteriores y, en particular, de la disponibilidad,<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] para ir no a una parroquia, ni s\u00f3lo a una di\u00f3cesis, si\u00adno por toda la tierra. \u00bfPara qu\u00e9? Para abrasar los corazo\u00adnes de todos los hombres y hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla de su amor\u00bb.<\/p>\n<p>Las palabras de Jes\u00fas: \u00abHe venido a traer fuego a la tierra y \u00a1cu\u00e1nto desear\u00eda que estuviera ardiendo!\u00bb (Lc 12,49) significan para Vicente de Pa\u00fal el celo por la salvaci\u00f3n de los hombres. En cualquier caso, ya se refieran a la muerte misma de Jes\u00fas, ya al fuego que descender\u00e1 en Pentecost\u00e9s, su aplicaci\u00f3n al celo apos\u00adt\u00f3lico ilustra la doctrina sobre esta virtud fundamental del evan\u00adgelizador.<\/p>\n<p>El celo convierte al creyente en testigo audaz de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or y Cristo, le llena de coraje y confianza <em>\u2014parres\u00eda\u2014 <\/em>para proclamar el Evangelio a toda la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles \u00abpredicaban la Palabra de Dios con valent\u00eda y marchaban contentos por haber sido considerados dignos de su\u00adfrir ultrajes por el nombre de Jes\u00fas\u00bb (Hch 4,31; 5,41). Pese a las prohibiciones del Sanedr\u00edn, ellos continuaban ense\u00f1ando. De\u00adc\u00edan: \u00abHay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucit\u00f3 a Jes\u00fas&#8230; Nosotros somos testi\u00adgos, y tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen\u00ab (Hch 5,29-32). La obediencia al mandato del Se\u00f1or: \u00abId al mundo entero y predicad el Evangelio\u00bb (Mc 16,15), es el testimonio m\u00e1s convincente del amor al Reino y de su irradia\u00adci\u00f3n entre los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>LA CARIDAD Y EL CELO APOST\u00d3LICO<\/li>\n<\/ol>\n<p>Lo espec\u00edfico del celo, y lo que le distingue de la caridad \u2014tronco com\u00fan de todas las virtudes\u2014, es su capacidad para ex\u00adpandir cualitativa y cuantitativamente el Reino de Dios. La etimolog\u00eda de celo <em>\u2014ds\u00e9los\u2014 <\/em>designa la ebullici\u00f3n producida por el calor del fuego. Ateni\u00e9ndose a este significado, aprendido de Francisco de Sales, explica el Sr. Vicente:<\/p>\n<p>\u00abEl celo consiste en un puro deseo de hacerse agradable a Dios y \u00fatil a] pr\u00f3jimo. Celo de extender el Reino de Dios, celo de procurar la salvaci\u00f3n del hombre. \u00bfHay en el mundo algo m\u00e1s perfecto? Si el amor de Dios es un fuego, el celo es la llama; si el amor es un sol, el celo es su rayo. El celo es lo m\u00e1s puro que hay en el amor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El celo nace y crece en aras del amor a Dios y al pr\u00f3jimo: es la llama m\u00e1s ardiente de la gloria de Dios, el rayo m\u00e1s puro del compromiso apost\u00f3lico. Sin la referencia al Reino de Dios, no se entiende el celo que pone en movimiento a la caridad: \u00abLa cari\u00addad no puede permanecer ociosa, nos mueve a la salvaci\u00f3n y al consuelo de los dem\u00e1s\u00bb. Por ser difusiva y comunicativa, ex\u00adtiende sus rayos por todas partes:<\/p>\n<p>\u00abLas buenas o malas cualidades se manifiestan por fuera, y sobre todo la caridad, que es de suyo comunicativa, produce tambi\u00e9n caridad. Un coraz\u00f3n verdaderamente abrasado y animado de esta virtud hace sentir su ardor. Y todo lo que hay en un hombre verdaderamente comunicativo respira y predica caridad\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II.EL CELO POR LA GLORIA DE DIOS Y LA SALVACI\u00d3N DE LOS HOMBRES<\/p>\n<p>Jes\u00fas, \u00abcoraz\u00f3n caritativo\u00bb, \u00abfuente de amor humillado en la encarnaci\u00f3n y redenci\u00f3n\u00bb, es el Salvador de los hombres y el res\u00adtaurador de la gloria del Padre; para eso vino al mundo:<\/p>\n<p>\u00abMientras vivi\u00f3 Jes\u00fas en la tierra, dirigi\u00f3 todos su pensa\u00admientos a la salvaci\u00f3n de los hombres, y sigue todav\u00eda con estos mismos sentimientos, ya que es all\u00ed donde encuentra la voluntad de su Padre. Vino y viene a nosotros cada d\u00eda para eso, y por su ejemplo nos ha ense\u00f1ado todas las virtudes convenientes a su cualidad de Salvador\u00bb.<\/p>\n<p>Los seguidores de Jes\u00fas se abren al celo por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de los hombres prolongando la tarea misma de Je\u00ads\u00fas y realizando sus mismas obras de amor al Padre y al pr\u00f3jimo:<\/p>\n<p>\u00abEs cierto que yo he sido enviado no s\u00f3lo para amar a Dios, sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios, si no lo ama mi pr\u00f3jimo. He de amar al pr\u00f3jimo como a imagen de Dios y objeto de su amor, y obrar de suerte que a su vez los hombres amen a su Creador&#8230;\u00bb .<\/p>\n<p>La caridad cuajada de celo hace suspirar al ap\u00f3stol por la sal\u00advaci\u00f3n del mundo entero. El viejo Sr. Vicente escribe a uno de sus compa\u00f1eros:<\/p>\n<p>\u00abNo soy capaz de call\u00e1rmelo; es necesario que le diga con toda sencillez que esto (de las misiones) me da nuevos y grand\u00edsimos deseos, en medio de mis peque\u00f1os achaques, de ir a acabar mi vida en un chaparral, trabajando en alguna al\u00addea, pues me parece que ser\u00eda m\u00e1s feliz si Dios me concedie\u00adra esa gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, como tantas veces ha ense\u00f1ado el mismo Sr. Vicente, el celo no se pierde en hacer muchas cosas, ni en verlas termi\u00adnadas, ni en desplazarse de un lugar a otro como torbellinos, ni en diluirse en la actividad, donde se corre el peligro de bus\u00adcarse a s\u00ed mismo en un larvado ego\u00edsmo apost\u00f3lico, sino que consiste en dejarse animar por el esp\u00edritu de caridad. En este sentido, Teresa de Jes\u00fas, aunque no saliera a predicar por las aldeas, es modelo de celo, pues hizo todas las obras con ar\u00addiente caridad por la gloria de Dios. Y lo mismo Ignacio de Loyola.<\/p>\n<ol>\n<li>a) <strong>La salvaci\u00f3n integral del pobre<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La expresi\u00f3n vicenciana \u00absalvar a las almas\u00bb, generalizada en los tratados de teolog\u00eda pastoral, responde a una concepci\u00f3n dualista del hombre y a una formulaci\u00f3n del celo, que tiene co\u00admo fin principal salvar a las almas de las penas del infierno. La creencia com\u00fan de que \u00abfuera de la Iglesia no existe salvaci\u00f3n\u00bb <em>\u2014extra Ecclesiam nulla salus\u2014 <\/em>estimula el celo misionero y la extensi\u00f3n del Reino. Sin embargo, aunque la salvaci\u00f3n se vea bajo una perspectiva espiritual escatol\u00f3gica, el celo por la pro\u00adpagaci\u00f3n de la fe se esfuerza en librar al hombre de toda conde\u00adnaci\u00f3n temporal y eterna, en promocionarlo como un todo uni\u00adtario llamado a la felicidad.<\/p>\n<p>Servir efectivamente a los pobres entra dentro de las aspira\u00adciones del misionero, entregado a fondo en la salvaci\u00f3n total del hombre, de sus miserias espirituales y temporales. As\u00ed entiende \u00e9l la verdadera religi\u00f3n, pura y sin mancha. San Vicente dice a las Hijas de la Caridad:\u00a0 \u00abVuestro amor no es solamente tierno; es efectivo, porque serv\u00eds a los pobres corporal y espiritualmente. Est\u00e1is obliga\u00addas a ense\u00f1arles a vivir bien&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>III. LOS ACTOS DE LA CARIDAD O LAS MANIFESTACIONES DEL CELO APOST\u00d3LICO<\/p>\n<p>El celo demuestra el grado de compromiso evang\u00e9lico. Los actos concretos de la caridad revelan la actitud interior respecto a la consolidaci\u00f3n y extensi\u00f3n del Reino de Dios en uno mismo y en los dem\u00e1s. San Vicente reduce a ocho los principales actos de la caridad convertida en celo apost\u00f3lico:<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] 1.\u00ba hacer a otros lo que razonablemente querr\u00edamos que ellos hicieran con nosotros; 2.\u00ba conformarnos con su parecer y aprobarlo todo en el Se\u00f1or; 3.<sup>2<\/sup> sufrirnos mutuamente sin murmurar; 4.<sup>2<\/sup> llorar con los que lloran; 5.\u00ba alegrarse con los que se alegran; 6.\u00ba adelantamos en las muestras de cortes\u00eda y de respeto; 7.\u00ba mostramos de coraz\u00f3n amables y cumplidos con los dem\u00e1s, y 8.\u00ba por fin, hacemos todo a todos, para ga\u00adnarlos a todos para Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>La lista est\u00e1 tomada del Evangelio y de las cartas de san Pa\u00adblo. Dichos actos tienden a configuramos con Jes\u00fas, que dijo: \u00abAmaos los unos a los otros, como yo os he amado. En esto co\u00adnocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u00bb (Jn 13,34-35). La comprensi\u00f3n total del articulado ha de entenderse en la caridad de Jes\u00fas para con su Padre y con los hombres y desde la doctrina paulina sobre el Cuerpo M\u00edstico.<\/p>\n<ol>\n<li>a) \u00abHacer a otros lo que razonablemente querr\u00edamos que ellos hicieran con nosotros\u00bb<\/li>\n<\/ol>\n<p>Los antiguos discut\u00edan sobre la primac\u00eda del mandato del amor. Jes\u00fas respondi\u00f3 a esta cuesti\u00f3n propuesta por unos farise\u00ados: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamien\u00adto. El segundo es semejante a \u00e9ste: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo&#8230;\u00bb (Mt 22,37-40). Seg\u00fan la declaraci\u00f3n del Maestro, ambos mandamientos son inseparables y se viven a la par.<\/p>\n<p>El amor a s\u00ed mismo dicta la regla de oro del amor al pr\u00f3jimo (cf. Lv 19,18; Rm 13,9; Gal 5,14). Pero \u00bfc\u00f3mo ha de amarse el hombre a s\u00ed mismo? No se ama el que se cierra a la misericordia divina o el que permanece invulnerable a las desgracias del pr\u00f3ji\u00admo. Para evitar equ\u00edvocos en la autoestima, Jes\u00fas puntualiza que hemos de amarnos como \u00e9l se am\u00f3 a s\u00ed mismo entreg\u00e1ndose a la muerte por nosotros. El amor de Jes\u00fas es el testimonio vivo del autoaprecio, la raz\u00f3n y medida de lo que querr\u00edamos que otros hi\u00adcieran con nosotros. El que se ama a s\u00ed mismo ha de profesar afecto y cari\u00f1o a los dem\u00e1s:<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] Y si tiene estos sentimientos en el coraz\u00f3n, \u00bfpodr\u00e1 ver a su hermano y a su amigo sin demostrarle amor? De la abundancia del coraz\u00f3n habla la boca (cf. Mt 12,34). De or\u00addinario, las acciones exteriores son un testimonio de lo inte\u00adrior; los que tienen verdadera caridad por dentro la demues\u00adtran por fuera\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>b) \u00abLLorar con los que lloran y alegrase con los que se alegran\u00bb<\/li>\n<\/ol>\n<p>El consejo paulino contiene dos rasgos de la caridad (cf. Rm 12,15). El Ap\u00f3stol nos invita a participar de los sentimientos del pr\u00f3jimo, a sentir la compasi\u00f3n <em>\u2014simpatheia\u2014 <\/em>de la que Jes\u00fas dio muestras abundantes: sinti\u00f3 l\u00e1stima de las multitudes (cf. Mt 9,36), resucit\u00f3 al hijo \u00fanico de una viuda (cf Lc 7,13), se conmo\u00advi\u00f3 ante la tumba de L\u00e1zaro (cf. in 11,33), llor\u00f3 por la ciudad de Jerusal\u00e9n (cf. Lc 19,41). Los pobres y enfermos le gritaban a Je\u00ads\u00fas: \u00abSe\u00f1or, ten compasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas particip\u00f3 tambi\u00e9n del gozo y alegr\u00eda de las gentes; no fue un \u00abaguafiestas\u00bb, sino un animador de la familia. Acude con su madre y sus ap\u00f3stoles a las bodas de Can\u00e1 de Galilea, donde realiza el primer signo de solidaridad mesi\u00e1nica (cf. Jn 2,11); asiste a otros muchos convites como invitado de honor; entra en casa de pecadores, a los que llama a la conversi\u00f3n (cf. Lc 19,5); prohibe a sus disc\u00edpulos que ayunen mientras \u00e9l permanezca a su lado (cf. Lc 5,34).<\/p>\n<p>Al ejemplo de Jes\u00fas hay que a\u00f1adir el testimonio de san Pa\u00adblo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n desfallece, sin que desfallezca yo? \u00bfQui\u00e9n sufre es\u00adc\u00e1ndalo, sin que yo me abrase?\u00bb (2 Cor 11,29).<\/p>\n<p>El seguidor de Jes\u00fas experimenta el sufrimiento de sus her\u00admanos los hombres lo mismo que su gozo y felicidad, y no \u00abpor ostentaci\u00f3n, por zalamer\u00eda, por inter\u00e9s o por afecto natural, sino por esa unidad de esp\u00edritu y de sentimiento que vino a traer el Hi\u00adjo de Dios\u00bb. Por experiencia sabemos que \u00absi Dios tiene compasi\u00f3n de nosotros todos los d\u00edas, nosotros hemos de tenerla con los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>c \u00abMostrarse de coraz\u00f3n amables y cumplidos con los dem\u00e1s\u00bb<\/p>\n<p>El celo es cordial y amable, nos lleva a sentir la amistad de Jes\u00fas con sus ap\u00f3stoles: \u00abYa no os llamo siervos, sino amigos\u00bb (Jn 15,15). El Hijo de Dios nos previno con el amor de amistad para ense\u00f1arnos a \u00abdar pruebas al pr\u00f3jimo de nuestro afecto\u00bb con palabras y obras:<\/p>\n<p>\u00abHemos de demostrarnos el amor mutuo. Hemos de adelan\u00adtarnos a los dem\u00e1s, para ofrecerles cordialmente nuestros servicios y nuestras ganas de complacerles. \u00a1C\u00f3mo me gus\u00adtar\u00eda demostrarle el cari\u00f1o que le tengo! Y despu\u00e9s de ha\u00adb\u00e9rselo dicho con los labios, confirm\u00e1rselo con las obras, sirviendo efectivamente a cada uno y haci\u00e9ndose todo a to\u00addos\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed otra muestra del humanismo vicenciano, reservada al trato comunitario: \u00abNos trataremos con gran respeto, a manera de amigos que se quieren bien y que han elegido una vida en co\u00adm\u00fan\u00bb. La misma conducta ha de inspirar las relaciones con personas ajenas a la comunidad, incluso con los que se oponen a la aprobaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por la Santa Sede. En 1632 escribe el Sr. Vicente a su destacado en Roma, F. du Coudray:<\/p>\n<p>\u00abObre usted, por favor, lo m\u00e1s cristianamente que pueda con los que nos ponen trabas. Yo tambi\u00e9n los veo con frecuencia y cordialmente, como antes hac\u00eda; y me parece que no s\u00f3lo no les tengo ninguna aversi\u00f3n, sino que los honro y quiero m\u00e1s todav\u00eda&#8230; Yo no creer\u00eda ser cristiano si no procurase par\u00adticipar en el <em>utinam omnes prophetarent&#8230;\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 9 de julio de 1655, escribe de nuevo recomendando caridad y cari\u00f1o hacia los mismos que ahora se oponen a la aprobaci\u00f3n de los votos de la Congregaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] Eso no me impide que, aunque me hubieran sacado los ojos, los siga estimando y queriendo con el mismo cari\u00f1o con que aman los hijos a sus padres&#8230; Deseo y pido a nuestro Se\u00f1or que todos y cada uno de los miembros de nuestra Congregaci\u00f3n hagan lo mismo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>EXTREMISMOS DEL CELO APOST\u00d3LICO<\/li>\n<\/ol>\n<p>Existen dos vicios opuestos entre s\u00ed que apagan la llama de la caridad: el esp\u00edritu de acedia y el celo exagerado:<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] El primero se insin\u00faa poco a poco en el alma y nos lleva a buscar la comodidad corporal y a evitar el esfuer\u00adzo que exige la virtud, con la excusa de que hay que mirar discretamente por la conveniente conservaci\u00f3n del cuerpo, para as\u00ed estar mejor dispuestos a dar gloria a Dios y ayudar a las almas&#8230; El segundo encubre nuestro amor propio y nuestra indignaci\u00f3n; y nos empuja a ser \u00e1speros con los pecadores y contra nosotros mismos; tambi\u00e9n a emprender trabajos que superan nuestras fuerzas o van contra la obediencia, trabajos que nos da\u00f1ar\u00e1n el cuerpo y el alma para que luego nos perdamos en la b\u00fasqueda ob\u00adsesiva de remedios que nos conviertan en flojos y carna\u00adles\u00bb.<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico sobre la acedia y el celo exagerado es fruto de la experiencia comunitario-apost\u00f3lica. San Vicente condena el es\u00adp\u00edritu de indolencia, de cobard\u00eda y de vagancia, lo mismo que el esp\u00edritu de perfeccionismo personal y colectivo; aconseja, en cambio, la moderaci\u00f3n, la prudencia y el cuidado de la salud co\u00admo medios necesarios para una eficaz evangelizaci\u00f3n. Al joven Escart le advierte:<\/p>\n<p>\u00abResulta f\u00e1cil pasar en las virtudes del defecto al exceso, convertirse de justo en riguroso&#8230; Es verdad que el celo es el alma de las virtudes, pero tambi\u00e9n es cierto que debe ser un celo seg\u00fan la ciencia sobrenatural; y como los j\u00f3venes care\u00adcen, de ordinario, de esta ciencia experimental, por eso su celo resulta excesivo especialmente en aquellos que tienen cierta aspereza natural\u00bb.<\/p>\n<p>Entre la acedia y el celo exagerado se sit\u00faa la insensibilidad a la gracia de Dios y a las necesidades de los pobres: \u00abhace que el hombre no sienta ning\u00fan afecto ni atractivo por las cosas de la salvaci\u00f3n y que no le impresionen las miserias corporales y espi\u00adrituales del pr\u00f3jimo\u00bb. En el terreno espiritual, los invulnera\u00adbles a la gracia de Dios no sienten inter\u00e9s por el crecimiento del Reino; si van a la oraci\u00f3n, no se abren a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu. En el campo apost\u00f3lico, no creen en lo que realizan; quedan imp\u00e1vi\u00addos ante la muerte de los inocentes, las cat\u00e1strofes del hambre, de las guerras y de las injusticias. Nada les impresiona porque les fal\u00adta el esp\u00edritu de compasi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>V.LAS BIENAVENTURANZAS CORRESPONDIENTES AL CELO APOST\u00d3LICO<\/p>\n<p>El celo misionero contiene, al menos, dos formulaciones de las bienaventuranzas. La primera: \u00abDichosos los misericordiosos, porque obtendr\u00e1n misericordia\u00bb (Mt 5,7). Son misericordiosos los que hacen suyos los sufrimientos, penas y preocupaciones de sus hermanos; los que, como Cristo, llevan sobre sus hombros las dolencias de la humanidad (cf. Is 53,4). El cristiano compasivo y misericordioso se asemeja a Jes\u00fas, que se compadeci\u00f3 de noso\u00adtros \u00abpor estar tambi\u00e9n \u00e9l envuelto en flaqueza\u00bb (Hbr 5,2). El que sufre, si sufre sin amargura, es hombre verdaderamente misericordioso. El perd\u00f3n y la misericordia encuentran su expre\u00adsi\u00f3n perfecta en la par\u00e1bola del siervo despiadado (cf. Mt 18,23\u00ad35). La recompensa y felicidad del misericordioso las puso de re\u00adlieve el Se\u00f1or: \u00abVenid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber&#8230;\u00bb (Mt 25,34-36). San Vicente, por su parte, comenta:<\/p>\n<p>\u00ab[&#8230;] Si por ejercer el ministerio de la caridad, algunos tuvie\u00adran que ir a mendigar el pan o acostarse al lado de una tapia, con los vestidos destrozados y muertos de fr\u00edo, y en aquel estado le preguntasen a alguno de ellos: \u00ab\u00bfQui\u00e9n te ha pues\u00adto en semejante estado?\u00bb \u2014Qu\u00e9 felicidad poder responder entonces: \u00ab\u00a1Ha sido la caridad!\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>La segunda bienaventuranza va dirigida a los constructores de la paz: \u00abDichosos los que trabajan por la paz, porque a \u00e9sos los llamar\u00e1 Dios hijos suyos\u00bb (Mt 5,9). Disfrutan de ella los pa\u00adc\u00edficos y, principalmente, los que la construyen d\u00eda tras d\u00eda. Los art\u00edfices de la paz no se limitan a hablar sino que act\u00faan con obras; la paz que anuncian est\u00e1 encarnada en la vida y doctrina de Jes\u00fas: \u00abLa paz os dejo, ni paz os doy; y no como la que da el mundo\u00bb (Jn 14,27). La paz de Jes\u00fas no consiste en treguas entre guerra y guerra, sino en la alianza de amor, sellada con su sangre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La quinta y \u00faltima virtud del seguidor de Jes\u00fas se lla\u00adma \u00abcelo por la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb. 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