{"id":387824,"date":"2016-09-20T08:31:31","date_gmt":"2016-09-20T06:31:31","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387824"},"modified":"2016-09-20T08:31:31","modified_gmt":"2016-09-20T06:31:31","slug":"aprender-de-mi-que-soy-manso-y-humilde-corazon","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/aprender-de-mi-que-soy-manso-y-humilde-corazon\/","title":{"rendered":"Aprender de m\u00ed que soy manso y humilde coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387826 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/asd-5-300x192.jpg?resize=300%2C192\" alt=\"asd\" width=\"300\" height=\"192\" \/>L<\/strong>a humildad y la mansedumbre \u00abson dos hermanas ge\u00admelas que van siempre unidas, lo mismo que la sencillez y la pru\u00addencia, que no se pueden separar\u00bb. Jes\u00fas se presenta ante los pobres cargados y agobiados por el peso de la Ley como maestro \u00abmanso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,28-30). Su yugo suave y su carga ligera son un alivio en comparaci\u00f3n con los fardos inso\u00adportables de los escribas y fariseos.<\/p>\n<p>Algunos bi\u00f3grafos han considerado la humildad como la vir\u00adtud m\u00e1s caracter\u00edstica de san Vicente. Y lo es, al menos si nos atenemos a las formas chocantes con que se rebajaba en p\u00fablico. Dec\u00eda de s\u00ed mismo que era \u00abun ignorante\u00bb, \u00abun brib\u00f3n\u00bb, \u00abun mi\u00adserable y pecador, peor que el demonio\u00bb, \u00abun est\u00fapido y un ton\u00adto\u00bb, \u00abuna bestia pesada\u00bb. Delante de todos, hombres de alta alcur\u00adnia o de baja condici\u00f3n, confesaba su origen humilde: \u00abhijo de un pobre labrador\u00bb, \u00abpastor de reba\u00f1os de ovejas y cerdos\u00bb. Pero no son los vilipendios con que se mofaba de s\u00ed mismo lo que le dis\u00adtingue como hombre humilde, sino la relaci\u00f3n con Jes\u00fas encarna\u00addo en nuestra naturaleza humana.<\/p>\n<p>Otros bi\u00f3grafos del Santo estiman que fue la mansedumbre la que m\u00e1s destac\u00f3 en \u00e9l. Desde los a\u00f1os remotos del retiro de Soissons hasta su muerte, trabaj\u00f3 asc\u00e9ticamente en la adquisici\u00f3n de un esp\u00edritu dulce y afable que reemplazara .su \u00abcar\u00e1cter seco co\u00admo un espino\u00bb.<\/p>\n<p>I LOS CAMPOS PROPIOS DE LA HUMILDAD Y DE LA MANSEDUMBRE<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil fijar las lindes de estas dos virtudes; sus campos son amplios y comprenden actos comunes. Vemos en la Escritura y en los tratados de teolog\u00eda que ambas virtudes se exigen y se complementan. Seg\u00fan san Vicente, el \u00e1rea propia de las tres pri\u00admeras virtudes que componen el esp\u00edritu del misionero abarca ob\u00adjetivos concretos: \u00abLa sencillez nos lleva directamente a Dios; la humildad se refiere a nosotros mismos y la mansedumbre nos conduce a soportar los defectos de nuestro pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad tiene a su favor, seg\u00fan la tradici\u00f3n espiritual, que es el fundamento y nudo de la perfecci\u00f3n y la que atrae y conserva todas las dem\u00e1s virtudes.<\/p>\n<p>II LA HUMILDAD DE JES\u00daS Y DE SUS SEGUIDORES<\/p>\n<p>S\u00f3lo cabe entender la humildad evang\u00e9lica desde el ejemplo y doctrina de Jes\u00fas, que \u00abse humill\u00f3 a s\u00ed mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz\u00bb (Flp 2,8). Los fil\u00f3sofos antiguos no la conocieron: \u00abArist\u00f3teles nada dijo de ella, a pesar de que habl\u00f3 tan bien de las dem\u00e1s virtudes. Solamente nuestro Se\u00f1or ha podi\u00addo decir: \u00abAprended de m\u00ed que soy manso y humilde de cora\u00adz\u00f3n\u00bb. \u00c9l s\u00f3lo comprendi\u00f3, al practicarla, su altura, su profundi\u00addad, su anchura y toda su amplitud, y supo la relaci\u00f3n que guarda con la perfecci\u00f3n de Dios, su Padre, y con la bajeza de la criatura y del hombre pecador\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abToda la vida de Jes\u00fas fue una continua humillaci\u00f3n activa y pasiva; \u00e9l la am\u00f3 tanto que no se apart\u00f3 nunca de ella en la tierra, y no s\u00f3lo la am\u00f3 mientras viv\u00eda, sino incluso des\u00adpu\u00e9s de su preciosa muerte, ya que nos dej\u00f3 un monumento inmortal de las humillaciones de su persona divina, un cru\u00adcifijo, para que lo record\u00e1ramos como criminal y ajusticia\u00addo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad del Hijo de Dios consisti\u00f3 en el vac\u00edo de s\u00ed mis\u00admo <em>\u2014k\u00e9nosis\u2014, <\/em>al encarnarse en nuestra naturaleza y sufrir nues\u00adtros dolores. Su anonadamiento lleg\u00f3 hasta el extremo de morir crucificado en cruz. De ah\u00ed que los seguidores de Jes\u00fas hayan de vivir la humildad principalmente sabiendo aceptar la propia limi\u00adtaci\u00f3n humana y la verdad de lo que son delante de Dios y de los hombres, sin estimarse en m\u00e1s de lo que tienen.<\/p>\n<p>III. \u00abDICHOSOS LOS POBRES DE ESP\u00cdRITU, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS\u00bb<\/p>\n<p>Los pobres de esp\u00edritu poseen en la tierra la dicha prometida por Jes\u00fas, porque conf\u00edan en la providencia de Dios y lo esperan todo de El. Los pobres de esp\u00edritu (mejor para entendernos, los pobres con esp\u00edritu, los humildes) se asemejan a un ni\u00f1o que comparte su gozo y su riqueza con los dem\u00e1s; tienen siempre en sus labios el c\u00e1ntico del <em>Magn\u00edficat <\/em>o la oraci\u00f3n del salmista: \u00abMi coraz\u00f3n no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo gran\u00addezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos, como un ni\u00f1o en brazos de su madre\u00bb (Sal 120,1-2). La dicha del pobre o humilde se consumar\u00e1 en el Reino eterno.<\/p>\n<p>La promesa de Jes\u00fas coloca al pobre en una situaci\u00f3n atracti\u00adva, pero dif\u00edcil. San Vicente se pregunta de d\u00f3nde proviene que el cristiano sienta tanta atracci\u00f3n por la humildad y, por otra parte, experimente tan gran dificultad en su pr\u00e1ctica. A ambas cuestio\u00adnes responde: \u00abLa gracia que hemos recibido en el bautismo nos da esta apetencia. S\u00ed, el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or pone en noso\u00adtros la misma inclinaci\u00f3n hacia la virtud que la que pone la natu\u00adraleza hacia el vicio\u00bb. La lucha enconada entre el esp\u00edritu y la carne convierte al hombre en protagonista del bien y del mal. San Pablo describe esa lucha: \u00abVeo claro que en m\u00ed, es decir, en mis bajos instintos, no habita nada bueno, porque el querer lo exce\u00adlente lo tengo a mano, pero el realizarlo, no; no hago el bien que quiero; el mal que no quiero, eso es lo que ejecuto\u00bb (Rm 7,18).<\/p>\n<ol>\n<li>a) Vicios contrarios a la bienaventuranza de la pobreza<\/li>\n<\/ol>\n<p>Sobresalen, en primer lugar, la soberbia y el orgullo, que le\u00advantan al hombre contra Dios (cf. Gn 3,5) y le hacen confiar en s\u00ed mismo. Los soberbios y orgullosos son una especie de id\u00f3latras de la propia estima, esclavos de sus pretensiones, monstruos ocul\u00adtos y peligrosos, \u00abpues no se presentan nunca m\u00e1s que bajo la apariencia de bien\u00bb.<\/p>\n<p>La ambici\u00f3n anda emparentada con los dos vicios anteriores. Los ambiciosos ocultan tambi\u00e9n su verdadero rostro para adue\u00ad\u00f1arse h\u00e1bilmente de las personas, de las riquezas y de los oficios m\u00e1s honrosos y lucrativos. La ambici\u00f3n es un vicio tan mezquino como la envidia. Los envidiosos ven con malos ojos que otros crezcan y no toleran que los dem\u00e1s tengan tanto como ellos, con\u00adsumi\u00e9ndose por dentro de amargura.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>NATURALEZA DE LA HUMILDAD<\/li>\n<\/ol>\n<p>La humildad no consiste \u00aben una simple modestia educada, en un recato honesto o en una deferencia respetuosa, sino: \u00aben anonadarse ante Dios y en destruirse a s\u00ed mismo para agradar a Dios en el coraz\u00f3n, sin buscar la estima y la buena opini\u00f3n de los hombres, y en combatir continuamente todos los impulsos de la vanidad\u00bb.<\/p>\n<p>El anonadamiento ante el Padre fundamenta la verdadera y \u00fanica humildad evang\u00e9lica. El humilde se considera <em>hechura de Dios <\/em>y dice en su interior: \u00abS\u00f3lo t\u00fa, Dios m\u00edo, eres el que tienes que reinar. Si en m\u00ed hubiese algo que no te pertenece, me despojo con gusto para d\u00e1rtelo y anonadarme totalmente ante ti\u00bb.<\/p>\n<p>La destrucci\u00f3n de uno mismo y el anonadamiento son inter\u00adcambiables en el lenguaje y en la realidad espiritual. Despojarse de s\u00ed mismo es otra f\u00f3rmula equivalente, que indica la naturaleza de la humildad.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>GRADOS DE HUMILDAD<\/li>\n<\/ol>\n<p>Vicente de Pa\u00fal jerarquiza los grados o condiciones de la hu\u00admildad. Para ello se inspira en la obra de A. Rodr\u00edguez: <em>Ejercicio de perfecci\u00f3n y virtudes cristianas<\/em>. El lenguaje vicenciano so\u00adbre los grados de humildad, lo mismo que sobre el ejercicio de la voluntad de Dios, pertenece a otra cultura religiosa. Se lee tex\u00adtualmente en las <em>Reglas de la Misi\u00f3n:<\/em><\/p>\n<p>\u00abLa humildad que con tanta insistencia nos recomend\u00f3 Cris\u00adto de palabra y de obra&#8230; exige tres condiciones. La primera es creerse con toda sinceridad merecedor del desprecio de los dem\u00e1s; la segunda alegrarnos de que los dem\u00e1s vean nuestras imperfecciones y por ello nos desprecien; la tercera, si el Se\u00f1or hace algo a trav\u00e9s de nosotros o en nosotros, ocultarlo, si se puede, movidos por la conciencia de nuestra nada. Si no se puede, atribuirlo todo a la gracia de Dios y a los m\u00e9ritos de los otros&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de uno podr\u00e1 extra\u00f1ar semejante modo de concebir la humildad; quiz\u00e1 alguien piense que Vicente de Pa\u00fal saca de qui\u00adcio la virtud y que se contradice con lo dicho anteriormente sobre la base de la humildad. No faltar\u00e1, incluso, quien considere esta jerarquizaci\u00f3n como alienante y antievang\u00e9lica. Sin embargo, dichos grados responden a razonamientos serios y no a proposicio\u00adnes de masoquistas del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La primera de las condiciones se basa en el principio cl\u00e1sico de la filosof\u00eda griega \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb <em>\u2014gnothi seaut\u00f3n\u2014, <\/em>que los latinos tradujeron <em>nosce teipsum. <\/em>Posteriormente, este principio de sabidur\u00eda fue bautizado por san Agust\u00edn, introdu\u00adci\u00e9ndolo en la asc\u00e9tica cristiana; su aplicaci\u00f3n a la psicolog\u00eda es\u00adpiritual contribuy\u00f3 a que el creyente tendiera a conocerse en lo que tiene y es \u00aben verdad\u00bb respecto al don recibido gratuitamente de Dios y a lo que le aporta la naturaleza humana. Mediante el propio conocimiento, el cristiano no puede menos de sentirse \u00abpobre y pecador\u00bb frente a la santidad, poder y hermosura del Creador; llega a tal descubrimiento a trav\u00e9s de la propia observa\u00adci\u00f3n y limitaci\u00f3n, ya que \u00abla verdad y la humildad se avienen muy bien las dos juntas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEstudi\u00e9monos bien y veremos que en todo lo que pensa\u00admos, decimos o hacemos, en la sustancia o en las circunstan\u00adcias, estamos llenos y rodeados de motivos de oprobio y me\u00adnosprecio. Estudi\u00e9monos bien, pero bien: no s\u00f3lo nos senti\u00adremos peores que los dem\u00e1s hombres, sino peores que los diablos\u00bb.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con Dios, el hombre no es sino \u00abnada y pecado\u00bb, aunque haya sido hecho a \u00abimagen y semejanza\u00bb del Creador, re\u00addimido por la sangre de Jesucristo y sellado por la gracia del Es\u00adp\u00edritu. Pese a esta Nueva Creaci\u00f3n, en el hombre habita el <em>forres peccati, <\/em>causa real de la debilidad y limitaci\u00f3n humana. De ah\u00ed proviene \u00abla corrupci\u00f3n de nuestra naturaleza, la ligereza de nuestro esp\u00edritu, las tinieblas de nuestro entendimiento, el desor\u00adden de nuestra voluntad y la impureza de nuestros afectos\u00bb. Todo lo cual nos hace dignos de desprecio.<\/p>\n<p>El segundo grado de humildad se deriva l\u00f3gicamente del pri\u00admero. Hay que reconocer que \u00abalegrarse de que los dem\u00e1s conoz\u00adcan nuestras imperfecciones&#8230; no resulta agradable al hombre vie\u00adjo. Es algo muy dif\u00edcil. Pero es necesario llegar a ese extremo\u00bb. Dif\u00edcil, pero no imposible. Existen muchos testigos que vi\u00advieron esta condici\u00f3n de la humildad. San Pablo y san Agust\u00edn, por ejemplo, no tuvieron inconveniente en confesar p\u00fablicamente sus pecados y en gloriarse de sus flaquezas \u00abpara que la fuerza de Cristo destacara en ellos\u00bb (cf. 2 Cor 12,9). El propio Jes\u00fas de Na\u00adzaret pudo haber evitado las burlas, injurias y reproches que reci\u00adbi\u00f3 de los poderes religiosos y pol\u00edticos, y no los evit\u00f3.<\/p>\n<p>Finalmente, el tercer grado o condici\u00f3n de la humildad supo\u00adne que el cristiano tiene conciencia de ser instrumento en las ma\u00adnos de Dios para continuar el plan divino de salvar a todos los hombres. El humilde hace producir al m\u00e1ximo los talentos recibi\u00addos, no los entierra, pero tampoco hace ostentaci\u00f3n de ellos ni se deja llevar del orgullo, sino que bendice a Dios, como Mar\u00eda, por\u00adque el Todopoderoso se ha fijado en la peque\u00f1ez de su siervo y ha hecho maravillas en \u00e9l. La condici\u00f3n de siervo no le priva de la otra cualidad de ser \u00abhijo de Dios\u00bb, cualidad que espolea su ca\u00adridad y servicio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>LA HUMILDAD DE CONGREGACI\u00d3N<\/li>\n<\/ol>\n<p>Un caso t\u00edpico de la humildad vicenciana es la humildad de congregaci\u00f3n. No conocemos a ning\u00fan fundador de comunidades religiosas que resaltara tanto ese talante grupal como san Vicente. La humildad colectiva es consecuencia de la individual. No bastan, en efecto, los testimonios aislados, se necesitan los comunita\u00adrios. Y si no, \u00abpensad un poco, \u00bfpueden Pedro, Santiago y Juan amar y buscar con sinceridad y verdad el desprecio, mientras que la congregaci\u00f3n, que no est\u00e1 compuesta m\u00e1s que de Pedro, Santiago y Juan y otros cuantos individuos, tiene que amar y buscar el honor? No queda m\u00e1s remedio que reconocer y confesar que estas dos cosas son incompatibles\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se alegra profundamente de que otros institu\u00adtos aventajen a su propia familia espiritual en ciencia, en virtud y en trabajo apost\u00f3lico:<\/p>\n<p>\u00abHemos de considerarnos como los mozos de carga de esos dignos obreros, como unos pobres idiotas que no saben decir nada, y que son el desecho de los dem\u00e1s, como esos peque\u00ad\u00f1os espigadores que van detr\u00e1s de los grandes segadores. Demos gracias a Dios de que acepte nuestros humildes ser\u00advicios\u00bb.<\/p>\n<p>Por tanto, \u00absi la sencillez es la primera y muy propia virtud de los misioneros, la humildad es su sello, la que los distingue entre los cristianos. Cuando nos pregunten sobre nuestra condici\u00f3n, que el Se\u00f1or nos permita decir: \u00abEs la humildad\u00bb. Que \u00e9sta sea nuestra contrase\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VII. \u00abDICHOSOS LOS MANSOS, PORQUE ELLOS POSEER\u00c1N EN HERENCIA LA TIERRA\u00bb<\/p>\n<p>El trato de Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos y con todo el pueblo evi\u00addencia el amor y paciencia del Salvador, revelaci\u00f3n de la manse\u00addumbre de Dios Padre (cf. Mt 12,18 ss; Tt 3,4). El profeta Isa\u00edas hab\u00eda predicho el talante manso del futuro Mes\u00edas: \u00abNo vocifera\u00adr\u00e1 ni alzar\u00e1 el tono&#8230; Ca\u00f1a quebrada no partir\u00e1 y mecha mortecina no apagar\u00e1; se alimentar\u00e1 de manteca y miel, para rechazar el mal y elegir el bien\u00bb (Is 7,15; 42,2-3). Jes\u00fas practica la mansedumbre en el m\u00e1s alto nivel durante su pasi\u00f3n y muerte; entra en Jerusa\u00adl\u00e9n sentado en un pollino, de asna acostumbrada al yugo (Za 9,9); en el suplicio \u00abno abre la boca como oveja que es llevada al ma\u00adtadero\u00bb (Is 53,7); desde la cruz s\u00f3lo pronuncia palabras de perd\u00f3n y de confianza. Jes\u00fas a\u00f1ade a su conducta amable y paciente la bienaventuranza de la mansedumbre: \u00abDichosos los mansos, por\u00adque ellos poseer\u00e1n en herencia la tierra\u00bb (Mt 5,4).<\/p>\n<p>Los mansos <em>\u2014praeis\u2014 <\/em>ser\u00e1n dichosos, porque van a heredar no una parte de la tierra que les ha sido arrebatada injustamente por los violentos y ambiciosos, sino toda la tierra, y esto sin res\u00adponder con las mismas armas con que otros abusaron de ellos. Los mansos se rigen por la justicia nueva, superior a la antigua: \u00abojo por ojo y diente por diente\u00bb (Mt 5,38); vencen el mal con el bien gracias al fruto recibido del Esp\u00edritu (cf. Gal 5,23); su dicha estriba en la experiencia del salmista: \u00abDesiste de la c\u00f3lera y abandona el enojo&#8230; Los mansos poseer\u00e1n la tierra y gozar\u00e1n de inmensa paz\u00bb (Sal 37). \u00abEl manso avanza por el camino seguro de la paz, su alma vive feliz y su estirpe poseer\u00e1 la tierra\u00bb (Sal 24,12-13).<\/p>\n<p>La felicidad de los mansos contiene tres expresiones. La pri\u00admera es la paz, una paz semejante a la de Dios y que el mundo no puede dar. La paz de los mansos procede del Esp\u00edritu en for\u00adma de piedad <em>\u2014pietas\u2014, <\/em>relacionada \u00edntimamente con Dios y con los hombres, a diferencia de la impiedad <em>\u2014impietas\u2014 <\/em>de los violentos, que procede del abuso de los derechos divinos y hu\u00admanos.<\/p>\n<p>La segunda expresi\u00f3n de felicidad es la constancia en la pr\u00e1c\u00adtica del bien: \u00abNo hay personas m\u00e1s constantes y m\u00e1s firmes que los man\u00adsos y apacibles; por el contrario, los que se dejan llevar de la c\u00f3lera y de las pasiones irascibles son ordinariamente muy inconstantes, porque no obran m\u00e1s que por arranques y por impulsos\u00bb.<\/p>\n<p>La tercera bendici\u00f3n que reciben los mansos consiste en la gracia del discernimiento: \u00abS\u00f3lo a los hombres que tienen mansedumbre se les concede poder discernir las cosas, pues como la c\u00f3lera es una pasi\u00f3n que ciega la raz\u00f3n, la virtud contraria tiene que ser la que da el discernimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Las tres bendiciones antedichas, y que se ven reflejadas en la persona de Jes\u00fas, aseguran al manso que poseer\u00e1 en herencia la tierra, no con la fuerza de las armas, sino con paciencia, que no es fatalidad ante la miseria o el abuso de los poderosos. El cristiano que ha recibido el fruto de la mansedumbre no se rinde ante la in\u00adjusticia; es un ser que lucha por la verdad y la vida sin ceder a los impulsos de los violentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VIII. LOS ACTOS DE LA MANSEDUMBRE<\/p>\n<p>Los actos de esta virtud reflejan parte del programa de vida espiritual de Vicente de Pa\u00fal, ideal que mantuvo durante su con\u00adversi\u00f3n continua. El recuerdo de Francisco de Sales pesaba sobre \u00e9l: \u00abenseguida reconoci\u00f3 en el aspecto del santo obispo, en la se\u00adrenidad de su rostro, en su manera de conversar y de hablar, una imagen muy clara de la mansedumbre de nuestro Se\u00f1or Jesucris\u00adto, que le hab\u00eda ganado el coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>a) El dominio de s\u00ed mismo<\/li>\n<\/ol>\n<p>Se trata de una virtud humana, camino para llegar a la biena\u00adventuranza evang\u00e9lica, que est\u00e1 formulada seg\u00fan el principio \u00e9ti\u00adco de los antiguos moralistas: <em>sustine et abstine. <\/em>Es necesario aguantar con tenacidad los primeros impulsos de la naturaleza; prever, en lo posible, las ocasiones de enfado; dejar de actuar e, incluso, de hablar mientras dura la pasi\u00f3n de la ira; no incomo\u00addarse por ser objeto de c\u00f3lera, pues la lleva a veces el mismo temperamento. Este primer acto de la mansedumbre tiene, por consiguiente, dos oficios:<\/p>\n<p>\u00abUno consiste en reprimir los movimientos de la c\u00f3lera, las chispas de ese fuego que suben hasta el rostro, que pertur\u00adban el alma y que hacen que alguien no sea ya lo que era. El otro consiste en obrar no por arrebatos naturales, sino con dominio de s\u00ed, cuando hay que corregir, reprender o casti\u00adgar\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>b) \u00abTener mucha afabilidad, cordialidad y serenidad de rostro\u00bb<\/li>\n<\/ol>\n<p>Estas virtudes nos revelan el esfuerzo del Sr. Vicente por pre\u00adsentar \u00abun rostro amable y sonriente, capaz de ganar a todo el mundo, dando la impresi\u00f3n de ofrecer el propio coraz\u00f3n y pedir el de los dem\u00e1s\u00bb. Dos campos, sobre todo, ofrecen conti\u00adnuas ocasiones para ejercitarse en las formas indicadas de la mansedumbre: la vida familiar y el apostolado. Respecto de la primera: \u00ab[&#8230;] tenemos tanta mayor necesidad de la afabilidad cuanto que estamos m\u00e1s obligados por nuestra vocaci\u00f3n a tratar fre\u00adcuentemente entre nosotros y con el pr\u00f3jimo; adem\u00e1s, ese trato es m\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan porque somos de diversos pa\u00edses y de car\u00e1cter y temperamento muy distinto\u00bb.<\/p>\n<p>El trato de Jes\u00fas con sus ap\u00f3stoles ambiciosos, col\u00e9ricos y descre\u00eddos inspira las reglas de la conversaci\u00f3n mutua. Jes\u00fas es siempre el centro de la comunidad apost\u00f3lica, el \u00e1rbitro de las discusiones entre ellos, amando a todos y, l\u00f3gicamente, procuran\u00addo que se amen los unos a los otros.<\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n de los pobres obliga de igual manera a los seguidores de Jes\u00fas a mostrarse afables y cordiales, a ofrecer con\u00adsuelo y confianza a los necesitados: \u00abPensemos que con la mansedumbre se llega a poseer la tierra, pues con esta virtud se atrae a los corazones para que se vuelvan a Dios, lo cual no consiguen nunca los que tratan al pr\u00f3jimo con dureza y aspereza\u00bb.<\/p>\n<p>La vida en com\u00fan y el ministerio dan a las virtudes propias del seguidor de Jes\u00fas un car\u00e1cter pr\u00e1ctico y din\u00e1mico, tanto m\u00e1s necesario cuanto que al pr\u00f3jimo se le gana con amor y no por otros medios. Esto tiene especial vigencia cuando el servidor de los pobres ocupa un puesto relevante en la Iglesia o en la socie\u00addad civil: \u00ab[&#8230;] Vemos por propia experiencia que, cuando es persona fr\u00eda y seria, todos le temen y huyen de \u00e9l. Y como nosotros tenemos que trabajar con los pobres del campo&#8230; no es posi\u00adble que podamos producir buenos frutos si somos como esas tierras resecas que s\u00f3lo tienen cardos. Se necesita un aspecto y un rostro agradable, para que nadie se asuste de nosotros\u00bb. \u00abSi los pobres no nos ven afables se apartan y no se atreven a acercarse a nosotros, creyendo que somos dema\u00adsiado severos o grandes se\u00f1ores para ellos. Pero, cuando se les trata con afabilidad y cordialidad, conciben otros senti\u00admientos de nosotros y est\u00e1n mejor dispuestos a aprovecharse del bien que les queremos hacer\u00bb.<\/p>\n<ol>\n<li>c) \u00abDisculpar las faltas de los otros\u00bb<\/li>\n<\/ol>\n<p>Finalmente, la mansedumbre cubre de disculpas las faltas del pr\u00f3jimo. Como expresi\u00f3n de la misericordia y ternura del Padre con sus hijos, la mansedumbre nos es revelada por Jes\u00fas. El es la regla del perd\u00f3n de las ofensas e injurias. Si Dios se ha mostrado especialmente indulgente con su pueblo, con el que ha establecido la Nueva Alianza de amor por medio de su Hijo, otro tanto de\u00adber\u00e1 hacer el seguidor de Jes\u00fas, el Mes\u00edas, que nos ha reconcilia\u00addo con el Padre y ha absuelto todas nuestras culpas por el amor que nos ten\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La humildad y la mansedumbre \u00abson dos hermanas ge\u00admelas que van siempre unidas, lo mismo que la sencillez y la pru\u00addencia, que no se pueden separar\u00bb. 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