{"id":387727,"date":"2016-07-16T08:32:12","date_gmt":"2016-07-16T06:32:12","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387727"},"modified":"2016-07-27T12:10:46","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:46","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxviii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxviii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXVIII)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387487 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>La Junta de Caridad de la Ciudad de las Palmas, Canarias, que trabajaba con celo por mejorar la suerte de sus pobres, ya, desde 1815 suspiraba por la venida de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal para el Hospital de San Mart\u00edn. En sesi\u00f3n de 30 de abril de aquel mismo a\u00f1o, D. Jos\u00e9 Mart\u00ednez ley\u00f3 una memoria sobre la utilidad que traer\u00eda a la Casa Hospital las Hermanas Pa\u00falas, y la proposici\u00f3n de conducir a esta sala algunas individuas de esta Congregaci\u00f3n. Informado el Prelado del proyecto en cuesti\u00f3n, contest\u00f3 complacid\u00edsimo y se hicieron gestiones, ya en Madrid, ya en Zaragoza, con las Hermanas de santa Ana, para la consecuci\u00f3n de algunas de ellas. Las ocurrencias pol\u00edticas de aquel tiempo paralizaron tan loable proyecto.<\/p>\n<p>\u00abMas como no por eso la Junta ech\u00f3 en olvido su designio, sabiendo en el a\u00f1o 1825, que las Hijas de la Caridad ten\u00eda erigida ya la casa en Madrid bajo las Reglas dadas por su santo fundador, aprobadas por la Santidad de P\u00edo VII en Bula expedida en Roma a 27 de noviembre de 1818 y autorizada por nuestro augusto Monarca el Sr. D. Fernando VII por su Real orden de 8 de marzo de 1819, que design\u00f3 al Ilmo. Sr. D. Fr. Fernando Cano, Obispo nombrado de Canarias, que a\u00fan se hallaba en la Corte, para que interpusiese su autoridad y respeto con el Rvdmo. Sr. Vicario y Visitador General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, a fin de que, como Superior inmediato, en Espa\u00f1a, de las Hijas de la Caridad concediese su licencia para que pasasen algunas de ellas a esta Isla; y vencidas que fueron las dificultades ocurridas, rest\u00f3 s\u00f3lo por allanar las del corto n\u00famero de socias, que a la saz\u00f3n exist\u00eda en aquel Noviciado, quedando dicho Superior de acuerdo con S.I. en remitir ocho de ellas, luego que hubiera Comunidad suficiente.<\/p>\n<p>En este estado de cosas acaeci\u00f3 la muerte del Iltmo. Sr. Obispo a poco de su arribo a esta Capital y habiendo sido electo en su vacante el Ilmo. Sr. D. Bernardo Mart\u00ednez, instruido este nuevo Prelado de los antecedentes ya citados, tom\u00f3 S. I. el mayor inter\u00e9s de tan importante negocio a favor de su grey, redoblando su actividad y celo pastoral y \u00adpracticando cuantas diligencias le fueron dables hasta tener la satisfacci\u00f3n de ver celebrada la escritura de la Contrata, entre el Sr. Visitador General de la Congregaci\u00f3n y el Apoderado de esta Junta de Caridad, fecha en Madrid a 7 de febrero de 1828\u00bb.<\/p>\n<p>Pero habiendo ocurrido algunas dificultades, tuvo que retardarse la ejecuci\u00f3n hasta junio de 1829, en que llegaron a Canarias las ocho Hermanas destinadas, que fueron las siguientes:<\/p>\n<p>Sor Agustina Ferr\u00e1ndiz, Superiora\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sor Simona Redondo<\/p>\n<p>Sor Magdalena Llorach\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sor Casimira Izco<\/p>\n<p>Sor Martina Maritorena\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sor Nicolasa Azpiroz<\/p>\n<p>Sor Paula Mart\u00ednez\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sor Luisa Zuriburu<\/p>\n<p>Las Hermanas fueron conducidas en triunfo, entre vivas y aclamaciones de los vecinos, acompa\u00f1adas del Iltmo. Sr. Obispo, Sres. De\u00e1n de la S.I.C., presidente del M.I. Ayuntamiento, Justicia y Polic\u00eda Municipal, Gobernador Militar, Junta de Caridad y otras Autoridades y personas condecoradas del pueblo, desde la Puerta del Mar hasta las Casas de Beneficencia, en cuyo Oratorio p\u00fablico se cant\u00f3 un solemne Te Deum en acci\u00f3n de gracias y dio Su Ilma. la bendici\u00f3n pastoral, subiendo en seguida a la sala principal de la Casa, donde fueron recibidas por las Se\u00f1oras de la primera distinci\u00f3n que las esperaban pose\u00eddas de los sentimientos m\u00e1s tiernos de afecto y benevolencia, sirvi\u00e9ndoseles por los individuos de la Junta el refresco que se les ten\u00eda preparado, al mismo tiempo que el numeroso concurso que se hab\u00eda reunido, aplaud\u00eda su feliz llegada con las mayores demostraciones de satisfacci\u00f3n y gozo, por tener en el pa\u00eds un bien tan inestimable como el que ofrece el establecimiento de estas Hermanas.<\/p>\n<p>La Sra. Condesa de la Vega Grande, penetrada de los m\u00e1s generosos y cordiales sentimientos, las obsequi\u00f3 en el d\u00eda inmediato, con una espl\u00e9ndida comida y sucesivamente fueron visitadas por las Autoridades, Corporaciones y dem\u00e1s personas de jerarqu\u00eda de esta Ciudad. Poco tiempo despu\u00e9s oficiaba la Junta de Caridad al R. P. Feu particip\u00e1ndole la llegada de las Hermanas y d\u00e1ndole las m\u00e1s expresivas gracias por la parte que hab\u00eda tenido en tan \u00fatil y grato env\u00edo.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda por la feliz llegada y recibimiento de aquellas Hermanas, las primeras en atravesar el oc\u00e9ano, se vio ensombrecido por la p\u00e9rdida de Sor Simona Redondo, joven novicia, como casi todas, menos las dos primeras. Era natural del Grao, Valencia, donde naci\u00f3 en 1805. Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 27 de diciembre de 1826. A resultas de los sucesivos mareos del viaje falleci\u00f3 en 1 de julio del mismo a\u00f1o 1829, reci\u00e9n llegada a Las Palmas.<\/p>\n<p>Esta p\u00e9rdida sensible y a la vez el deseo de la Junta y de las Hermanas de abrir escuelas gratuitas para los hijos del pueblo, movieron al mismo Sr. Obispo a pedir al Director de las Hermanas que enviase otras tres de refuerzo, como se verific\u00f3 en la primavera de 1830, en que arribaron a las Islas afortunadas Sor Francisca de Sales Gamio, Sor Nicolasa Brimeu y Sor Angela Az\u00f3s.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del Hospital de San Mart\u00edn, y en su recinto, se encargaron las Hermanas de la Cuna de exp\u00f3sitos, del Hospicio y de la Casa de Correcci\u00f3n para mujeres delincuentes.<\/p>\n<p>El Hospital de San Mart\u00edn, como todos los de aquella \u00e9poca, antes de la asistencia de las Hijas de la Caridad, no se distingu\u00edan ni por su limpieza ni por el cuidado de los enfermos, por lo cual el ir al Hospital era para muchos tan repugnante que s\u00f3lo acud\u00edan a \u00e9l los destituidos de todo otro auxilio. \u00abA pesar de ser tantas las miserias y los enfermos en la Isla, las salas se ve\u00edan por eso tan desiertas en un principio, que las Hermanas rogaban a Dios que les viniesen enfermos que cuidar\u00bb. Apenas un a\u00f1o llevaban all\u00ed ellas, cuando ya todo hab\u00eda cambiado de aspecto.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, se inici\u00f3 en Las Palmas a petici\u00f3n de las mismas Hermanas, quienes, como dec\u00eda la Junta de caridad, \u00abno satisfecho su eficaz y caritativo celo con las ordinarias ocupaciones, aunque grandes, han propuesto a esta Junta bajo cuya inspecci\u00f3n se hallan. el plausible proyecto de dedicarse a ense\u00f1ar la doctrina cristiana, leer y escribir, con m\u00e1s las labores propias de su sexo, cuales son hacer calceta, cortar y coser, bordar, hacer encajes, etc. No s\u00f3lo a todas las ni\u00f1as que se hallan acogidas en dicho Hospicio, sino tambi\u00e9n a algunas otras de casas particulares que quieran ocurrir a su ense\u00f1anza y cuyo n\u00famero deber\u00e1 nivelarse, ya por la capacidad del sal\u00f3n destinado a ella, ya por el tiempo que las maestras tengan para desempe\u00f1arla\u00bb. Fue aprobado el proyecto en 7 de septiembre de 1830. No hay para que decir que las escuelas tuvieron tal aceptaci\u00f3n y \u00abtan favorecidas del p\u00fablico que este centro lleg\u00f3 a ser muy luego el mejor Colegio de Las Palmas, en donde se educaron muchas y distinguidas damas de la aristocracia canaria\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque, en mayo de 1837, el Presidente de la Junta ensalzaba entusi\u00e1sticamente la buena marcha del Establecimiento, y las Hermanas con sus trabajos extraordinarios y con su econom\u00eda milagrosa se iban sosteniendo, la verdad era que la escasez y la pobreza iban en aumento. Se rebuscaron algunos medios para aliviar aquella angustiosa situaci\u00f3n, como el horno de pan para la venta al p\u00fablico.<\/p>\n<p>A pesar de todo, en 1846, la Superiora se vio obligada a oficiar a la Junta de beneficencia, exponiendo las necesidades de la casa, as\u00ed como las deudas que hab\u00eda tenido que contraer para remediarlas, pidiendo prestado, por no haberle pagado las hospitalidades de los militares durante dos meses. La Junta, aunque llena de buenos deseos, contest\u00f3 excus\u00e1ndose de la tardanza en los pagos por falta de recursos. Era tanta la estrechez y ten\u00edan las Hermanas que contemplar tanta miseria, que no pudiendo por m\u00e1s tiempo sus caritativos corazones sufrir las desgarradoras escenas de hambre y de miseria, que diariamente contemplaban, sin poderlas remediar, resolvieron dar cuenta de ello al Visitador de la Congregaci\u00f3n, P. Codina, por si ten\u00eda a bien disponer de ellas o remediar alg\u00fan tanto su precaria situaci\u00f3n. El Sr. Codina, que acababa de recibir el nombramiento de Obispo de Canarias, enternecido al ver la triste suerte de las Hermanas les envi\u00f3 los socorros que pudo haber y dispuso que continuaran en su puesto, en la completa seguridad de que, mientras hubiese un pedazo de pan en la mesa del Obispo, a ellas no les hab\u00eda de faltar.<\/p>\n<p>Esta nota predominante de la pobreza, a veces, extrema, no es caracter\u00edstica de \u00e9ste o de aquel establecimiento de Beneficencia, es general de todos, durante casi todo el siglo pasado. \u00abLa Cuna de exp\u00f3sitos y el Hospital de San Mart\u00edn de esta ciudad eran dos establecimientos a cual m\u00e1s rico, poseyendo cuantiosas fincas. Las leyes de desamortizaci\u00f3n y consolidaci\u00f3n les obligaron a enajenarlos a favor del cr\u00e9dito p\u00fablico y por este respeto la Caja de amortizaci\u00f3n adeuda al Hospital de San Mart\u00edn hasta diciembre de 1820 la cantidad de 1.227.073 reales vell\u00f3n de capital; de r\u00e9ditos hasta la misma fecha, 249.666 reales vell\u00f3n; y agregados a una y otra cantidad los corridos posteriores, asciende la deuda actual a 2.400.000 reales. Y sin embargo no se les da en cuenta un s\u00f3lo maraved\u00ed; no se les dispensa el pago de crecidas contribuciones y ni a\u00fan se les quiere expedir los nuevos documentos o l\u00e1minas equivalentes a los que entregaron en la oficina provincial de cr\u00e9dito p\u00fablico el 20 de julio y el 3 de septiembre de 1821\u00bb. Estas reflexiones de la Junta de Canarias ponen bien en claro el <em>inmenso latrocinio <\/em>que estaba sufriendo toda la beneficencia de Espa\u00f1a, asaltada por el liberalismo gubernamental.<\/p>\n<p>En 1844 el P. Sanz recoge la estad\u00edstica de la casa con los siguientes datos: \u00ablas estancias del Hospital pueden calcularse de treinta a treinta y cinco; los ni\u00f1os de lactancia, de veintis\u00e9is a treinta; en el Hospicio hay ciento y veinte personas entre inv\u00e1lidos, ni\u00f1os, ni\u00f1as, etc. en el Colegio hay veintis\u00e9is educandas, y en la escuela gratuita de treinta a treinta y cinco ni\u00f1as. Todo el gobierno de este gran establecimiento est\u00e1 bajo el cuidado y direcci\u00f3n de once Hermanas: el n\u00famero primeramente convenido era de ocho, pero fue necesario aumentarlo en raz\u00f3n a los nuevos cargos.<\/p>\n<p>Inmensos son los bienes que la ben\u00e9fica Instituci\u00f3n de las Hijas de la Caridad ha producido a aquellos Isle\u00f1os: las costumbres de la juventud han mejorado visiblemente y preparan un porvenir m\u00e1s feliz y religioso; su educaci\u00f3n rivaliza con la que se da en las ciudades m\u00e1s cultas de la Pen\u00ednsula\u00bb&#8216;<\/p>\n<p>En 1848 las Hermanas recibieron con el regocijo que es de suponer la noticia de la llegada a Canarias del nuevo Prelado P. Codina tan querido director del Instituto y que entonces iba a ser su verdadero padre y su mejor gu\u00eda y auxiliar, en medio de la gran tribulaci\u00f3n que pronto iba a venir con la invasi\u00f3n col\u00e9rica. Iba acompa\u00f1ado del Santo P. Claret y de tres Hermanas que se ofrecieron, entre ellas, la inolvidable Sor Felipa Salarich, cuyos ejemplos de heroica caridad dif\u00edcilmente pueden ser superados, como veremos, al hablar de aquel terrible azote.<\/p>\n<p>Ahora s\u00f3lo resta decir que las angustias econ\u00f3micas del establecimiento continuaron durante muchos a\u00f1os, siempre en aumento.<\/p>\n<p>Uno de los recuerdos m\u00e1s simp\u00e1ticos de aquel santo misionero P. Claret, que acompa\u00f1\u00f3 al Obispo Codina y fue un nuevo San Vicente evangelizando a los pobres, es el inter\u00e9s que puso en aliviar la pobreza del Hospital y Hospicio de San Mart\u00edn Como hijo de tejedor y ejercitado en el oficio de su padre y viendo los enormes gastos que ten\u00edan que hacer las Hermanas en ropas para la casa, les propuso que comprasen un telar y material para tejer, ofreci\u00e9ndose \u00e9l a ense\u00f1arles su manejo. As\u00ed lo hicieron y con tanto aprovechamiento aprendieron ni\u00f1as y Hermanas, que en muy poco tiempo pudieron surtirse de todo el lienzo necesario.<\/p>\n<p>En 1851 ten\u00edan en marcha 20 telares que elaboraban 41.760 libras de material.<\/p>\n<p>Pero el trabajo de los telares no era, con mucho suficiente. Del Hospital de San Mart\u00edn estuvieron saliendo durante muchos a\u00f1os hermosas alfombras para las iglesias de la Isla y hasta para la misma catedral, en donde todav\u00eda parece se conserva alguna; asimismo casullas, albas y toda clase de ornamentos confeccionados por las Hermanas y ni\u00f1as del hospicio quienes tambi\u00e9n lavaban, cos\u00edan, planchaban y rizaban la ropa de muchas iglesias de la ciudad y de los campos, confeccionaban prendas de vestir para seglares y equipos de boda, etc.<\/p>\n<p>V\u00e9ase la siguiente nota que da idea de la importancia de aquellos talleres, que empleaban anualmente: \u00abLino para hilar y hacer lienzo del pa\u00eds: 24 quintales. Lana para alfombras: 10 quintales. Algod\u00f3n para bordar: 18 libras. Hilo chato de bordar: 30 libras. Hilo para encajes: 3 libras. Hilera de algod\u00f3n para coser: 30 libras. Algod\u00f3n sencillo para coser y hacer calceta: 2 quintales. Seda negra de pelo para bordar en tul: 18 libras. Seda de pelo de todos los colores para bordar: 4 libras. Materiales de oro para bordados en todas clases: 4 libras\u00bb.<\/p>\n<p>La misma confianza que, en cuanto a la administraci\u00f3n, hab\u00eda depositado la Junta en las Hermanas, si por un lado era un favor, era por otro mayor tormento para ellas. Esto movi\u00f3 a la digna Superiora Sor Magdalena Llorach a descargarse de tama\u00f1a responsabilidad o a lo menos a que la Junta participara en ella de cerca. \u00abYo estoy, dice al Presidente, sumamente agradecida de la mucha confianza que siempre han hecho de las Hermanas, confi\u00e1ndonos las cantidades para distribuirlas a nuestro arbitrio; pero en las actuales circunstancias me parece bien oficiar a la Junta, proponiendo el que ponga un proveedor de todo lo necesario para los establecimientos, como hacen en otras casas de la Pen\u00ednsula y ser\u00e1 m\u00e1s descanso para m\u00ed y acaso m\u00e1s f\u00e1cil para los se\u00f1ores y podr\u00e1n remediar estas necesidades mejor que nosotras. Este es mi parecer; usted, Se\u00f1or m\u00edo, me har\u00e1 el favor de decir cu\u00e1l es el suyo, pues yo estoy resuelta a no hacer nuevas deudas en mi nombre y mi coraz\u00f3n no sufrir\u00e1 que los pobrecitos padezcan. Mi poca salud va atrasando con estas cosas; usted ver\u00e1 si podr\u00e1 haber alg\u00fan remedio&#8217;.<\/p>\n<p>Entre tanto muri\u00f3 Sor Magdalena. El Ilmo. Sr. Codina record\u00f3 a la Junta los honores y decoro a que era digna en sus funerales una de las primeras Hermanas fundadoras. La Junta manifest\u00f3 que no pod\u00eda nunca olvidar deber tan sagrado, no s\u00f3lo por haber sido superiora la digna Hermana, sino por las relevantes cualidades que la hab\u00edan adornado y los eminentes servicios que hab\u00eda prestado a la humanidad doliente; y que el Sr. Presidente hab\u00eda tomado a su cargo el dictar las medidas oportunas para manifestar a toda la provincia el aprecio que le merec\u00eda la expresada se\u00f1ora Superiora y la respetable Comunidad, que con tanto acierto hab\u00eda sabido dirigir.<\/p>\n<p>La sucesora de Sor Magdalena contin\u00faa la dolorosa preocupaci\u00f3n ante la extrema necesidad de sus pobres. En 15 de noviembre de 1856, oficia diciendo: \u00abNo teniendo ya valor esta Comunidad que presido, para presenciar las calamidades que hace seis a\u00f1os sufren los ni\u00f1os, que est\u00e1n bajo nuestros cuidados, por el retardo de las pagas de las nodrizas de los campos y habiendo nosotras tentado cuantos medios hay que tentar para buscar alimentos, con que prolongar su vida, experimentando in\u00fatiles todas nuestras diligencias y siendo v\u00edctimas de la muerte cuantos ni\u00f1os entran en esta cuna, creo un deber de mi conciencia, ma\u00adnifestar a la muy ilustre Junta de Beneficencia la imposibilidad de escapar de la muerte ni un solo ni\u00f1o, si no se buscan nodrizas.<\/p>\n<p>Como la desgracia de estos inocentes se va aumentando cada d\u00eda, espero de la notoria caridad de los Se\u00f1ores, que inventar\u00e1n alg\u00fan medio para suspender la sentencia de muerte, que ha ca\u00eddo sobre estos pobrecitos y, al paso har\u00e1n a las Hermanas el particular favor de aliviar las de la pena de verlos padecer sin poner remedio a su mal\u00bb.<\/p>\n<p>Estas compasivas palabras de la Hermana eran un eco de las pronunciadas por el mismo San Vicente ante los ni\u00f1os exp\u00f3sitos de Par\u00eds.<\/p>\n<p>La peste hab\u00eda, como suele, dejado en pos de s\u00ed un largo rastro de miserias. Cientos de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos hab\u00edan quedado sin amparo. \u00bfC\u00f3mo acudir a esta gran necesidad? Pues fundando un nuevo Asilo bajo la direcci\u00f3n de las Hermanas. A tal fin consigui\u00f3 el Ilmo. Sr. Codina cinco nuevas Hermanas que llegaron en diciembre de 1853.<\/p>\n<p>La ben\u00e9fica y admirable influencia de las Hijas de la Caridad en aquel Hospital como en los dem\u00e1s del Reino, qued\u00f3 magn\u00edficamente retratada por el Ilmo. Sr. Codina, cuando ya Obispo de Canarias, dirigi\u00f3 a las Cortes Constituyentes una exposici\u00f3n, con fecha 12 de abril de 1855. Era su prop\u00f3sito defender los bienes de los pobres contra los proyectos de una nueva desamortizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCansar\u00eda, dice, demasiado la atenci\u00f3n de VV.SS. Sres. Diputados, si hubiese de referir las ventajas que reportan todos los establecimientos de beneficencia. Casi todos han sido fundados en tiempo de mi direcci\u00f3n. S\u00e9 c\u00f3mo se hallaban antes de ser confiados a las Hijas \u00adde la Caridad y no ignoro, no ignora el p\u00fablico, c\u00f3mo han mudado de aspecto, despu\u00e9s que ellas se han encargado de su administraci\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>No puedo pasar por alto lo que ha sucedido y est\u00e1 sucediendo en la Comunidad que tengo la dicha de poseer en mi Obispado. Le est\u00e1 encomendado el \u00fanico establecimiento de Beneficencia que abran todos los ramos del Instituto. Paisanos y militares enfermos, mujeres enfermas, ni\u00f1os exp\u00f3sitos; doscientos ni\u00f1os de los cuales la mayor parte han perdido a sus padres en la epidemia del c\u00f3lera morbo, que hizo los mayores estragos en esta Isla; ni\u00f1as pupilas que pagan su pensi\u00f3n, ancianos decr\u00e9pitos, departamentos de ni\u00f1os y viejos estropeados; todos estos ramos son desempe\u00f1ados a mi satisfacci\u00f3n y de toda la Ciudad.<\/p>\n<p>Los bienes de Beneficencia son muy escasos y apenas podr\u00edan bastar para mantener dos meses el establecimiento. \u00bfDe d\u00f3nde, pues, ha de salir dinero para alimentar y vestir a 300 pobres? De las industrias, econom\u00edas y trabajo de las Hermanas. Ellas han tomado sobre s\u00ed la carga pesad\u00edsima de la panader\u00eda, ya para que tengan mejor pan los enfermos y dem\u00e1s pobres, ya tambi\u00e9n para aprovechar las ventajas de la venta del pan que no son de poca consideraci\u00f3n. Las preciosas labores de las ni\u00f1as exp\u00f3sitas y hu\u00e9rfanas pueden competir con las de los mejores establecimientos de la Pen\u00ednsula; producen un aumento de ingresos para atender a la manutenci\u00f3n. Todo esto y las limosnas que varias personas acaudaladas y caritativas de la ciudad, administradas por manos puras que no tienen m\u00e1s inter\u00e9s que ver bien asistidos a los pobres, sus verdaderos Sres., hace que el establecimiento se halle, sino en estado de lujo, por lo menos en el de una decente comodidad\u00bb.<\/p>\n<p>Corr\u00edan los a\u00f1os, pero la suerte econ\u00f3mica del Establecimiento no mejoraba. Tres Oficios de la Superiora, Sor Francisca de Sales Gamio nos revelan su estado en 1857. No solamente carec\u00edan de lo m\u00e1s necesario, como el alimento y ropa para los enfermos, sino que se adeudaba enormemente al Hospital y a las pobres Hermanas, pues en dos a\u00f1os nada se hab\u00eda pagado, por lo cual, dice la Superiora, es absolutamente imposible sostener los Establecimientos y se hace sumamente preciso e indispensable pasar por el desgarrador sentimiento de tener que cerrarlos, arrojando a la calle, as\u00ed a los enfermos como al crecido n\u00famero de hu\u00e9rfanos y exp\u00f3sitos que en ella existen, si no se toman prontas y en\u00e9rgicas medidas capaces de evitar aquella sensible, pero necesaria disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Claro que esto no habr\u00eda de suceder mientras las Hermanas estuviesen all\u00ed, pero se necesitaba una heroica resistencia para no retroceder ante aquellos interminables asaltos de la miseria, que se prolongaron hasta que, ya entrado este siglo, en 1912, los Cabildos Insulares se hicieron cargo de los asilos de beneficencia confiados antes a la Diputaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Petra Aul\u00e9s, que fue la Superiora del Hospital durante la \u00e9poca de mayor abandono por parte de las autoridades encargadas de la Beneficencia, salv\u00f3 la situaci\u00f3n angustiosa, mostr\u00e1ndose mujer de gran esp\u00edritu. Era natural de la Villa del Arenal, \u00c1vila, donde naci\u00f3 en 1841. Ingres\u00f3 en el Seminario de las Hijas de la Caridad en 1861, siendo destinada a este Hospital y puesta al frente de la Panader\u00eda en octubre de 1864. A la muerte de Sor Agustina Gim\u00e9nez, en 1881, la sucedi\u00f3 en el cargo de Superiora y, en 1897 fue nombrada Comisaria de Canarias. Muri\u00f3 en 2 de noviembre de 1905.Dentro del estrecho marco de estas fechas se encierra todo un mundo de Caridad.<\/p>\n<p>\u00abSi hubi\u00e9ramos penetrado en los Asilos de San Mart\u00edn, a ra\u00edz de su muerte, hubi\u00e9ramos o\u00eddo a los enfermos contar los cuidados preferentes con que los trataba Sor Petra, la solicitud con que procuraba mitigar y sanar sus dolencias corporales y espirituales.<\/p>\n<p>All\u00ed hubi\u00e9ramos visto, en diversos departamentos, centenares de ni\u00f1os y ni\u00f1as, a quienes la orfandad o el abandono dej\u00f3 en medio del arroyo y a quienes Sor Petra levant\u00f3 en sus brazos comunic\u00e1ndoles el calor del seno materno y ampar\u00e1ndoles contra los rigores de su triste muerte.<\/p>\n<p>Hubi\u00e9ramos encontrado, en departamento especial, mujeres desgraciadas que la sociedad arrojaba de s\u00ed con el desprecio, pero que regeneradas por la paciente labor de Sor Petra viv\u00edan honradamente y atestiguaban con sus l\u00e1grimas, su amor y gratitud a su insigne bienhechora.<\/p>\n<p>Hubi\u00e9ramos hallado doncellas de posici\u00f3n social distinguida, que por contingencias de la vida, no pod\u00edan vivir en casa propia y que apoyadas y sostenidas por Sor Petra, miraban como suyo el departamento de los pupilos y bendec\u00edan la mano que les proporcion\u00f3 casa y seguro asilo para vivir decentemente; pobres ancianos y desgraciados imb\u00e9ciles, que, a su modo y seg\u00fan sus facultades, la bendec\u00edan como madre; numerosos soldados procedentes de diversas provincias de Espa\u00f1a, dados de baja en el servicio por motivos de salud, que en las tristezas de su enfermedad ve\u00edan suplidos por Sor Petra los cuidados de la propia familia y estimaban tanto m\u00e1s los consuelos de aquella madre, cuanto mayor era el contraste de su afabilidad con los rigores de la disciplina militar.<\/p>\n<p>Hubi\u00e9ramos o\u00eddo, finalmente, a las mismas Hijas de la Caridad enumerar detalles tan sencillos y conmovedores, que a\u00fan recuerdan los supervivientes, los maternales cuidados que deb\u00edan a su amada superiora; c\u00f3mo se pospon\u00eda a todas, cuando se trataba de cosas favorables; c\u00f3mo iba siempre delante, cuando hab\u00eda necesidad de hacer frente al sacrificio; con cu\u00e1nta voluntad y cari\u00f1o abr\u00eda sus brazos para recibir a las Hermanas de otras casas, que, quebrantadas en su salud, necesitaban un clima m\u00e1s benigno. Su desvelo por los pobres era tal que no daba punto de reposo; y ya en las calles de la ciudad, o de los pueblos del interior, demandando una caridad para sus pobres, ya en el comercio pidiendo objetos para su bazar anual de Navidad, siempre se la encontraba trabajando por la causa del indigente. \u00bfDe d\u00f3nde sacar si no el alimento diario de m\u00e1s de 500 personas, que ten\u00eda a su cargo? y \u00bfc\u00f3mo hab\u00eda de pagar mensualmente a m\u00e1s de ciento cincuenta nodrizas encargadas de los ni\u00f1os de la Cuna?<\/p>\n<p>Pero donde m\u00e1s ped\u00eda Sor Petra era, a la puerta del Sagrario. Cuando alguna calamidad p\u00fablica se cern\u00eda sobre la poblaci\u00f3n, ya estaba Sor Petra con su Comunidad, no s\u00f3lo trabajando corporalmente, sino m\u00e1s a\u00fan con el <em>esp\u00edritu, pues <\/em>todas <em>ellas pasaban largos <\/em>ratos en oraci\u00f3n, con los brazos en cruz, pidiendo al Se\u00f1or que suspendiera el rigor su la justicia.<\/p>\n<p>Cuando una desoladora sequ\u00eda llev\u00f3 el hambre m\u00e1s espantosa a los tristes habitantes de Fuerteventura, que tuvieron que emigrar en busca de sustento, por varios meses fue el Hospital de S. Mart\u00edn fonda gratuita para doscientos o trescientos de estos desgraciados, en donde a diario les repart\u00edan dos suculentos potajes. Pero no fueron s\u00f3lo los cuerpos los que recibieron alimento. All\u00ed estaba Sor Luisita, una Hermana muy menudita, pero de un alma muy grande, una sand\u00eda, que era la encargada de instruirles y les preparaba para confesar v comulgar. All\u00ed estaba, tambi\u00e9n, aquel santo sacerdote Burgal\u00e9s, gran limosnero, que ten\u00eda siempre el bolsillo dispuesto para comprar vestidos, zapatos y mantillas para todos aquellos que no las tuvieran decentes para acercarse a la Sagrada mesa,<\/p>\n<p>La caridad de Sor Petra esparci\u00f3 su fecunda semilla fuera de 1as Palmas, fundando las escuelas para ni\u00f1os pobres del Puerto de la Luz, que luego se convirtieron en el magn\u00edfico Colegio de las Hijas de la Caridad. La Congregaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda, fundada en 1871. extendi\u00f3 sus ramas desde el Hospital de S. Mart\u00edn a m\u00e1s de treinta pueblos de la Isla, y a otros de Fuerteventura y Lanzarote, cuyo fruto m\u00e1s patente son la multitud de Hijos de San Vicente y otras Congregaciones, que de ella han salido.<\/p>\n<p>Otra de las Hijas de la Caridad m\u00e1s distinguidas de esta Casa fue Sor Felipa Salarich. Naci\u00f3 en Vich en 1828 Ingres\u00f3 en la Congregaci\u00f3n en 1845. Pas\u00f3 destinada al Hospital General de la Corte y all\u00ed se hallaba en 1848, en que juntamente con otras dos Hermanas que como ella, se ofrecieron voluntarias, vino a Canarias con el Padre Claret acompa\u00f1ando al P. Codina nombrado Obispo de aquella Di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Llegaron a Gran Canaria el 14 de marzo y se encarg\u00f3 de la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as. Apenas pronunci\u00f3 sus santos Votos, ya la vemos en 1851, correr animosa al puesto de mayor peligro para asistir a enfermos atacados del c\u00f3lera, que hac\u00eda los mayores estragos, como queda referido.<\/p>\n<p>Al fundarse la Comunidad en el Hospital de San L\u00e1zaro de las Palmas, fue nombrada Superiora en 1889. Cuando se hizo cargo del Hospital, los pobres leprosos se hallaban como encenagados en un lodazal de inmundicias. Sus miserables celdas parec\u00edan m\u00e1s bien sepulcros de cad\u00e1veres en descomposici\u00f3n, que habitaciones de seres vivientes. Esto iba unido a tan horrible desmoralizaci\u00f3n, que su s\u00f3lo recuerdo arrancaba siempre amargas l\u00e1grimas a Sor Felipa.<\/p>\n<p>Al tener que cortar abusos y corregir defectos, con los que estaban bien avenidos aquellos desgraciados, hubo de recoger abundante cosecha de insultos, amenazas, calumnias y hasta castigos de los mismos cuya felicidad procuraba. Pero su esp\u00edritu de sacrificio todo lo recib\u00eda con alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de adecentar la casa la vemos recorrer con las l\u00e1grimas en los ojos las calles de la poblaci\u00f3n, pidiendo de puerta en puerta ropas para vestir las desnudas carnes de sus lazarinos, pues necesitando algunos miles de pesetas para subvenir a tantas necesidades, el Director del Establecimiento, puso en sus manos 350 Ptas.<\/p>\n<p>Mas cuando aquellas espigas se convirtieron en rosas, cuando aquel inmundo lodazal se hab\u00eda adecentado y las jaculatorias hab\u00edan reemplazado a las blasfemias; cuando Sor Felipa se hab\u00eda captado las simpat\u00edas y el amor de todos sus pobres, entonces, sinti\u00e9ndose herida su profunda humildad, de tal modo pint\u00f3 su inutilidad y miseria a los Superiores, que \u00e9stos creyeron conveniente volverla al Hospital de San Mart\u00edn. En \u00e9l fue la m\u00e1s adicta colaboradora de las Superioras, que se sucedieron en su larga vida de noventa y tres a\u00f1os, teniendo que llevar la carga durante el tiempo de la interinidad.<\/p>\n<p>El amor a los pobres fue su pasi\u00f3n dominante; la devoci\u00f3n a la Virgen, cuyo santo escapulario siempre la acompa\u00f1\u00f3 y ni un s\u00f3lo pobre muri\u00f3 sin este escudo de salvaci\u00f3n. La humildad, piedra de toque de la verdadera caridad, fue su distintivo, que como se ha dicho, la hizo dejar el gobierno de San L\u00e1zaro. Otra prueba de su gran humildad fue, que, a pesar de haber tratado \u00edntimamente con su paisano, el gran fil\u00f3sofo Balmes, hasta el extremo de haber recibido visitas suyas en el Noviciado, no hablaba nunca de ello en su leg\u00edtima satisfacci\u00f3n; y nunca se pudo averiguar claramente el grado de parentesco que la un\u00eda con \u00adel insigne poeta Verdaguer; pues lo m\u00e1s que en los \u00faltimos d\u00edas dijo sonrojada fue, que era pariente muy cercano de su madre.<\/p>\n<p>Todos los actos de piedad los repet\u00eda tres veces en honor de la Sant\u00edsima Trinidad: la se\u00f1al de la cruz, la genuflexi\u00f3n, el Gloria Patri, etc. Hab\u00eda ya llegado a cumplir los setenta y cinco a\u00f1os de vocaci\u00f3n; y, preparada con el mayor fervor y devoci\u00f3n para celebrar a solas con su divino Esposo las bodas de diamante, puso todo su empe\u00f1o en que tan memorable fecha pasase desapercibida y no pudi\u00e9ndolo evitar, solo permiti\u00f3 que, a las cinco de la ma\u00f1ana, se cantase una misa en acci\u00f3n de gracias y accedi\u00f3 con gusto a amadrinar, en el acto de la bendici\u00f3n la hermosa imagen de la Milagrosa, que las Hermanas hab\u00edan adquirido para la Sala de Cirug\u00eda de mujeres.<\/p>\n<p>A las 5 de la tarde de aquel mismo d\u00eda, 8 de diciembre abandon\u00f3 el rinconcito del oratorio, en donde se la encontraba continuamente platicando con Jes\u00fas Sacramentado y durante su corta enfermedad no se oy\u00f3 m\u00e1s queja que \u00e9sta: \u00abDeseo morir, Hermanas m\u00edas, porque el servicio que me prestan les hace falta a los Pobres\u00bb. En 17 de diciembre entreg\u00f3 su alma al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En otro cap\u00edtulo trataremos del heroico comportamiento de las Hermanas, durante la peste de 1918,<\/p>\n<p>Han sido Superioras:<\/p>\n<p>Sor Agustina Ferr\u00e1ndiz<\/p>\n<p>Sor Magdalena Llorach<\/p>\n<p>Sor Francisca de Sales Gamio<\/p>\n<p>Sor Agustina Jim\u00e9nez<\/p>\n<p>Sor Petra Aul\u00e9s<\/p>\n<p>Sor Benigna Marrero<\/p>\n<p>Sor Ma Jes\u00fas Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>Sor Josefina Favelo<\/p>\n<p>Sor Carmen Ben\u00edtez<\/p>\n<p>Sor Asunci\u00f3n Gim\u00e9nez.<\/p>\n<p>Las de los n\u00fameros 4, 6, 7 y 8 fueron naturales de la Gran Canaria.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda 24 de julio de 1929, fecha fijada por el Excmo. Cabildo Insular para demostrar una vez m\u00e1s a las Hijas de San Vicente que su actuaci\u00f3n en el Hospital de San Mart\u00edn, lo mismo que en los dem\u00e1s Establecimientos que regentan, es muy aplaudida y con agradecimiento aceptada por las dignas autoridades de la Provincia de Las Palmas.<\/p>\n<p>Se cant\u00f3 un solemne Te Deum en la Catedral, con asistencia de todas las representaciones civiles, militares y eclesi\u00e1sticas y numeroso pueblo, Padres Pa\u00fales e Hijas de la Caridad de las seis casas de Gran Canaria. Despu\u00e9s que el Sr. Obispo termin\u00f3 aquel himno de gracias, dirigi\u00f3 una sentida alocuci\u00f3n, ensalzando la obra secular y ben\u00e9fica de las Hijas de la Caridad, recordando los d\u00edas aciagos de la peste.<\/p>\n<p>Recibida la bendici\u00f3n del Prelado, la comitiva comenz\u00f3 a desfilar ordenadamente en direcci\u00f3n al Hospital. Las casas todas del trayecto estaban engalanadas y las campanas de la catedral acompa\u00f1aban con su repiques a las alegres marchas de las bandas de m\u00fasica.<\/p>\n<p>Llegado que hubo la manifestaci\u00f3n al Hospital de San Mart\u00edn, entre una multitud de gentes de todas clases, el Sr. Presidente del Cabildo Insular descubri\u00f3, entre grandes aplausos, una l\u00e1pida que dec\u00eda: \u00abHomenaje del Cabildo Insular de la Gran Canaria a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal con motivo del Centenario de su llegada a esta Isla y en agradecimiento a los servicios prestados a la Provincia de las Palmas.- 1829-1929.<\/p>\n<p>Acto seguido, ocup\u00f3 la tribuna, y dijo que, como Presidente de la entidad que hab\u00eda organizado aquel homenaje a las Hermanas de la Caridad, ten\u00eda que hacer resaltar los rasgos m\u00e1s salientes de la Comunidad, durante el siglo cumplido por \u00e9stas en San Mart\u00edn. Habl\u00f3 de las diversas Superioras, de Sor Felipa Salarich y de Sor Br\u00edgida Castel\u00f3, que realiz\u00f3 tantas obras merit\u00edsimas en el Asilo de S. Antonio para recoger ni\u00f1os desamparados.<\/p>\n<p>No quiero -a\u00f1adi\u00f3- mencionar el nombre de las Hermanas que me escuchan, porque no quiero herir su modestia; pero tengo que citar un nombre, que es el de Sor Mar\u00eda Mendivil, que hoy cuenta 77 a\u00f1os de edad, la que lleg\u00f3 a Las Palmas en 1884 cuando S. Mart\u00edn se hallaba en las mayores estrecheces. Esta benem\u00e9rita Hermana, que lleva en el Hospital 45 a\u00f1os de relevantes servicios, ha estado prest\u00e1ndolos continuamente en la sala de hombres y fue la que con Sor Felipa Salarich, contribuy\u00f3 a la fundaci\u00f3n de S. L\u00e1zaro, en donde tuvieron que estar raspando la mugre de las paredes con cuchillos. Esta acompa\u00f1\u00f3 a Sor Petra por los pueblos a pedir para los ni\u00f1os de la Cuna, devueltos por las amas por no tener con que pagarlas y fue ella, tambi\u00e9n, la que durante la guerra de Cuba fundara un Hospital para soldados en S. Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Por todos estos servicios pido al Sr. Gobernador civil, que me escucha, en nombre del Cabildo que presido, solicite de los poderes p\u00fablicos le conceda a Sor Mar\u00eda Mendivil la Cruz de Beneficencia, en justo premio a los inestimables servicios que ha prestado a esta Isla de la Gran Canaria y, en su persona, la reciban todas las Hermanas del Hospital de S. Mart\u00edn\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Junta de Caridad de la Ciudad de las Palmas, Canarias, que trabajaba con celo por mejorar la suerte de sus pobres, ya, desde 1815 suspiraba por la venida de las Hijas de la Caridad &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxviii\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":387927,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[237],"tags":[],"class_list":["post-387727","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXVIII) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-xxviii\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (XXVIII) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La Junta de Caridad de la Ciudad de las Palmas, Canarias, que trabajaba con celo por mejorar la suerte de sus pobres, ya, desde 1815 suspiraba por la venida de las Hijas de la Caridad ... 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