{"id":387648,"date":"2016-07-20T08:33:32","date_gmt":"2016-07-20T06:33:32","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387648"},"modified":"2016-07-26T17:07:16","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:16","slug":"la-obra-de-federico-ozanam-vii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-obra-de-federico-ozanam-vii\/","title":{"rendered":"La obra de Federico Ozanam (VII)"},"content":{"rendered":"<p>Sus compatriotas, sin embargo, deseosos de retenerle en la ciudad donde era muy querido, apoyaron su candidatura para ocupar aquella c\u00e1tedra de derecho comercial que la Municipalidad de Lyon estaba a punto de crear. Era al menos un ganap\u00e1n honorable, m\u00e1s en consonancia con sus gustos que los pleitos. Despu\u00e9s de nuevos debates interiores, acept\u00f3 y fue nombrado en diciembre de 1839. Consagr\u00f3 un a\u00f1o a profesar con toda su conciencia una materia muy terrestre, en la que su esp\u00edritu, siempre dispuesto a elevarse, tuvo que esforzarse para hacer penetrar amplios campos, inspirados ya por las ideas sociales avanzadas.<\/p>\n<p>No se limit\u00f3 s\u00f3lo a eso. En 1840, a instancias de varios amigos, se atrevi\u00f3 a presentarse en el concurso \u2014muy nuevo, y que fue ef\u00edmero\u2014 para la agregaci\u00f3n de las facultades de letras. Fue aprobado con el n\u00famero uno, aplaudido por su erudici\u00f3n y su elocuencia. La comprensi\u00f3n de sus jueces, entre los que se encontraba el sabio Claude Fauriel, le hizo entrever la posibilidad de acceder a la ense\u00f1anza de literatura extranjera en Par\u00eds. Se prepar\u00f3 con un viaje a orillas del Rin, y debut\u00f3 en la Sorbona en enero de 1841, como suplente del propio Fauriel.<\/p>\n<p>La forma con que recibi\u00f3 el \u00e9xito es muy caracter\u00edstica. Escuch\u00e9mosle al confiar sus pensamientos a su querido Lallier: \u00abHe aqu\u00ed una circunstancia muy grave y muy solemne para m\u00ed: la entrada en una nueva y peligrosa carrera; empezar de nuevo una vida, lograr al fin una vocaci\u00f3n&#8230; Hay separaciones dolorosas, e incluso dificultades de negocios y de intereses. Existen peligros de todas clases que me esperan a la ma\u00f1ana siguiente de mi instalaci\u00f3n; en una palabra, hay m\u00e1s motivos de los que faltan para asustar a un esp\u00edritu de mediocre energ\u00eda. \u00a1Dichoso, si este sentimiento de debilidad hace levantar los ojos al<\/p>\n<p>Cielo, que es quien da la fuerza! Hasta hoy yo le he pedido la luz para conocer su voluntad; ahora que parece hab\u00e9rmela manifestado con signos razonablemente f\u00e1ciles de reconocer, falta todav\u00eda que me acuerde el valor para cumplirla\u00bb.<\/p>\n<p>Realizar la voluntad de Dios es una orden que sobrepasa la profesi\u00f3n y se extiende a toda la conducta, principalmente a la elecci\u00f3n de un estado de vida. En el mismo momento en que Ozanam recog\u00eda los laureles universitarios, ve\u00eda presentarse un nuevo problema para su futuro. Se sent\u00eda demasiado profundamente cristiano y demasiado resuelto a servir a Dios para no pensar que pod\u00eda verse llamado a tener que consagrarse a \u00c9l. Pero esperaba la se\u00f1al de su vocaci\u00f3n. Ozanam expone el estado de su alma a su amigo Curnier, en una carta muy conocida. Despu\u00e9s de haber dibujado a este amigo, que pensaba en el matrimonio, un cuadro encantador de la uni\u00f3n cristiana, prosigue: \u00abPero estoy hablando balbuceando en una lengua que no conozco todav\u00eda; hablo de cosas que no me han sido reveladas. Mi imaginaci\u00f3n se desarroll\u00f3 muy temprano, si bien la sensibilidad se present\u00f3 bastante m\u00e1s tarde; a pesar de que mi edad sea la de las pasiones, apenas he notado los primeros s\u00edntomas de su presencia. Mi pobre cabeza ha sufrido ya bastante, pero mi coraz\u00f3n no ha conocido todav\u00eda otras afecciones que las nacidas de la sangre y de la amistad. Sin embargo, me parece que de un tiempo a esta parte experimento los s\u00edntomas precursores de un orden nuevo de sentimientos y ello me asusta; siento en m\u00ed presentarse un gran va- t\u00edo que ya no pueden llenar ni la amistad ni el estudio; ignoro qui\u00e9n vendr\u00e1 a llenarlo: \u00bfser\u00e1 Dios?, \u00bfser\u00e1 una criatura? Si fuera una criatura, ruego para que ella no se presente sino m\u00e1s tarde, cuando yo sea digno de recibirla; ruego que ella traiga los necesarios beneficios temporales y los encantos exteriores que no dejen espacio para ning\u00fan remordimiento; pero ruego sobre todo para que ella venga con un alma excelente, que posea una gran virtud, que valga mucho m\u00e1s que yo, que me atraiga hacia arriba y no me haga descender; que sea generosa, puesto que yo soy a menudo pusil\u00e1nime, que sea ferviente puesto que yo me siento tibio en las cosas de Dios, que sea compasiva a fin de que yo no tenga que ruborizarme en su presencia de mi inferioridad. Estos son mis deseos, mis sue\u00f1os, pero nada es m\u00e1s impenetrable que mi propio porvenir\u00bb.<\/p>\n<p>Impenetrable lo es tambi\u00e9n para nosotros, de alguna manera, el alma de Ozanam frente a esta cuesti\u00f3n vital. Si conoci\u00f3 luchas interiores, no nos lo ha dicho. \u00abLas vocaciones silenciosas y discretas son las m\u00e1s seguras\u00bb, dec\u00eda a prop\u00f3sito de <sup>\u00a0<\/sup>un joven que hab\u00eda hablado demasiado. Parece, a pesar de este silencio y esta discreci\u00f3n, que \u00e9l haya considerado seriamente, en 1839, de sumarse al n\u00famero de disc\u00edpulos que Lacordaire iba a reclutar para ingresar en la orden de Santo Domingo. Le pidi\u00f3 la Regla de los Hermanos Predicadores. \u00abSi Dios \u2014dice p\u00fadicamente\u2014 quisiera llamarme a \u00c9l, yo no veo una milicia que me fuera m\u00e1s dulce para servirle.\u00bb <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>Al propio tiempo, los noviazgos o el casamiento de sus amigos le inspiran, ora un exabrupto, ora efusiones dictadas por una elevada concepci\u00f3n del sacramento y de sus efectos. En estos prop\u00f3sitos dispares podemos ver el reflejo de las tendencias que divid\u00edan su pensamiento y que le dejaban dubitativo. Lo dice \u00e9l mismo: \u00abVuestra vocaci\u00f3n es dif\u00edcil pero es hermosa, es grave pero cierta. Pod\u00e9is consideraros afortunados de haber llegado al t\u00e9rmino de estas agitaciones que atormentan a tan gran n\u00famero de amigos nuestros, inquietos, poco seguros del destino que en este mundo la Providencia les ha preparado\u00bb. <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>As\u00ed reacciona cuando felicita a un amigo a causa de un \u00abacontecimiento dichoso que va a servir de punto de partida para d\u00edas m\u00e1s dichosos todav\u00eda&#8230; El amor se purifica en el Cristianismo y su nombre de bautismo es Caridad. \u00c9l santifica a los que une\u00bb; cuando observa que \u00ablos compromisos ordinarios del matrimonio y de la Paternidad ya no bastan a las almas un poco generosas y que fuera del santuario dom\u00e9stico&#8230; ellas contin\u00faan buscando en asociaciones de otra naturaleza la fuerza para combatir\u00bb, \u00e9l deja ver la <sup>\u00a0<\/sup>atracci\u00f3n que la perspectiva de proseguir sus trabajos y sus obras en el seno de un hogar cristiano ejerce sobre su alma. Cuando, por el contrario, cree apercibirse de que \u00abel matrimonio no es a menudo m\u00e1s que el ego\u00edsmo de dos&#8230; La familia es una asociaci\u00f3n de intereses y goces que se basta a s\u00ed misma, y donde no se siente la bienhechora inquietud que empuja al hombre aislado delante de sus hermanos\u00bb, es que se da los motivos para resistir a esta atracci\u00f3n, y teme, si la escucha, hacerse el sordo a una llamada de Dios.<\/p>\n<p>En estas disposiciones, su conciencia escrupulosa no le permite tomar una decisi\u00f3n. Pide consejo a Lallier, pero, conociendo su necesidad de <sup>\u00a0<\/sup>contar con una direcci\u00f3n espiritual, nosotros no podemos dudar que no haya consultado a un sacerdote con el que tuviera confianza.<\/p>\n<p>El hecho es que, en el segundo semestre de 1840, el padre Noirot, su antiguo profesor y su mejor gu\u00eda, sirve de relaci\u00f3n entre \u00e9l y la familia Soulacroix\u00a0 en unos t\u00e9rminos que no permiten <sup>\u00a0<\/sup>pensar que otro que no fuera el propio Noirot haya sido el autor del proyecto de casamiento de Ozanam con la hija del rector de Lyon. El padre Noirot no se decidi\u00f3 a llevar a cabo una gesti\u00f3n tan importante sin haber disipado primeramente las dudas de su disc\u00edpulo. Dios no exige que todos los cristianos se consagren a \u00c9l en un claustro, y hay que tener valor y humildad para reconocer que todos no son llamados al estado de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida de familia era el cuadro, podemos afirmar que providencial, donde deb\u00eda desarrollarse la actividad del joven profesor. Cuando estuvo convencido de ello, se dej\u00f3 enamorar de la joven Amelia Soulacroix, cuyas cualidades le parecieron responder a todo lo que deseaba para fundar un hogar unido y cristiano. El casamiento fue celebrado en Lyon, en la iglesia de Saint Nizier, el 23 de junio de 1841. Una carta, todav\u00eda a Lallier, nos permite entrever el estado de alma del joven desposado: \u00ab \u00a1Ah, mi querido Lallier, usted, el compa\u00f1ero de los tiempos laboriosos, usted, el consolador de los d\u00edas malos, no hallarse presente all\u00ed! Yo le hubiera suplicado, a usted tambi\u00e9n, como al buen Pessonneaux, de poner su firma en el acto conmemorativo de esta gran fiesta. Le hubiera presentado tambi\u00e9n a la encantadora esposa que me era concedida; a usted tambi\u00e9n, ella hubiera saludado con su graciosa sonrisa que encantaba a todo el mundo. Y luego, al cabo de cinco d\u00edas que estamos juntos, \u00a1qu\u00e9 calma, qu\u00e9 serenidad en esta alma que usted conoce tan inquieta y tan ingeniosa para hacerse sufrir!<\/p>\n<p>\u00bbMe dejo ser dichoso. Ya no cuento los momentos ni las horas. El transcurrir del tiempo ya no es para m\u00ed&#8230; \u00bfQu\u00e9 me importa el porvenir? La felicidad es presente, es la eternidad. Ahora comprendo el cielo.<\/p>\n<p>\u00bbAyudadme a ser bueno y agradecido. Descubri\u00e9ndome nuevos m\u00e9ritos en aquella que poseo, aumentar\u00e1 cada d\u00eda mi deuda hacia la Providencia.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un viaje de varias semanas por Italia, los j\u00f3venes esposos se instalan definitivamente en Par\u00eds. \u00bfSe trata, en adelante, de la dicha ego\u00edsta y sin historia? La propia idea es inconcebible para quien conoce el alma ardiente de Ozanam. La abnegaci\u00f3n bajo todas sus formas le es como necesaria: abnegaci\u00f3n para con sus pr\u00f3ximos, sus amigos, su tarea, sus alumnos, todos los miembros necesitados de Cristo. Y as\u00ed logra reunir, en un trabajo encarnizado, sus investigaciones hist\u00f3ricas, su ense\u00f1anza, sus viajes de estudios, sus publicaciones y su actividad caritativa en el cuadro de la Propagaci\u00f3n de la Fe, y sobre todo de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ejercer durante tres a\u00f1os como suplente, a\u00f1os que aumentaron sus cargas con una actividad docente muy apreciada por el Colegio Stanislas, Ozanam pas\u00f3 a ser titular de su c\u00e1tedra en 1844 en la Sorbona. Su amigo J.-J. Amp\u00e9re, hijo muy brillante del gran sabio que hab\u00eda sido su hu\u00e9sped trece a\u00f1os antes, facilit\u00f3 su nombramiento al rehusar la candidatura que se le ofreci\u00f3. Ozanam, miembro ya de varias academias extranjeras, pod\u00eda leg\u00edtimamente pensar en ocupar un sill\u00f3n en el Instituto. Humanamente, sin ser brillante, su \u00e9xito pod\u00eda parecer envidiable. Recompensas acad\u00e9micas, la estima de sus semejantes, amistades muy calurosas, la dicha de un hogar, aumentada, el 1845, con el nacimiento de una hija, constitu\u00eda para \u00e9l una existencia aparentemente apacible, aunque los acontecimientos de 1848, que le obligaron a descender por un momento en la arena pol\u00edtica, no aportaron m\u00e1s que una inquietud pasajera.<\/p>\n<p>Las duras pruebas, sin embargo, no le fueron escatimadas por Dios, de quien sab\u00eda reconocer la mano paternal en todos sus sufrimientos: sufrimientos de un coraz\u00f3n jam\u00e1s saturado, desconfiando de sus propios deseos y herido f\u00e1cilmente por las peque\u00f1eces o, m\u00e1s a menudo, por la desgracia de los dem\u00e1s; sufrimientos de un cuerpo d\u00e9bil, cuya debilidad, acrecida de d\u00eda en d\u00eda, limitaba su actividad prohibi\u00e9ndole a veces de realizar su trabajo.<\/p>\n<p>Una gravedad algo melanc\u00f3lica, una humildad sincera y una cordial aceptaci\u00f3n de los designios de la Providencia se exhalaban de sus cartas en los mejores momentos. Veamos c\u00f3mo escribe a Foisset: \u00abMi querida Amelia, tanto tiempo puesta a prueba por el dolor, goza desde hace unos meses de una salud satisfactoria. Nuestra peque\u00f1a Mar\u00eda est\u00e1 encantadora&#8230;. Hela aqu\u00ed en la edad m\u00e1s feliz de la infancia, dos a\u00f1os y medio, lo bastante desarrollada ya para hablar, comprender y cubrirnos de caricias; demasiado peque\u00f1a todav\u00eda para estudiar, para hacerse seriamente castigar. Todos gozamos con un profundo agradecimiento de esta corta felicidad que Dios nos ha dado&#8230; Tenemos amigos que son en gran parte los vuestros; in\u00fatil decirle cuantos recursos encontramos a su lado en los buenos y los malos d\u00edas&#8230; Ya ve usted que la divina Providencia me trata con toda la delicadeza de que los d\u00e9biles tienen necesidad. Seguramente ella a\u00f1ade bastantes pruebas para recordarme que hay que buscar en otra parte que no sea aqu\u00ed abajo el reposo deseado; pero hasta hoy las va distribuyendo con bastante indulgencia, y yo ser\u00eda muy malo si no le mostrara por ello m\u00e1s agradecimiento. La juventud se aleja y yo no me apercibo de que me encuentro mejor. Dentro de tres d\u00edas cumplir\u00e9 treinta y cinco a\u00f1os:<\/p>\n<p><em>Nel mezzo del camin di nostra vita.<\/em><\/p>\n<p>Suponiendo que yo haga el resto del camino hasta el final, ser\u00e1 necesario llegar hasta all\u00ed y tengo miedo de encontrarme con las manos vac\u00edas. \u00a1Ruegue por m\u00ed!<\/p>\n<p>La carta que habla as\u00ed de una \u00abcorta dicha\u00bb fue escrita, en efecto, en un per\u00edodo de descanso entre dos crisis. Desde 1846, Ozanam sufr\u00eda una \u00abfiebre perniciosa, de car\u00e1cter alarmante\u00bb, que hab\u00edale dejado por mucho tiempo \u00aben un estado de debilidad en que cualquier ejercicio activo, cualquiera aplicaci\u00f3n de esp\u00edritu\u00bb le estaba prohibido?&#8217; Se reh\u00edzo m\u00e1s o menos y acab\u00f3 su convalecencia, a principios del a\u00f1o siguiente, a trav\u00e9s de un largo e instructivo viaje por el mediod\u00eda de Francia, y luego por Italia y Suiza. Estas peregrinaciones en, busca de la salud, exigidas por su m\u00e9dico y su familia, se renovaron, no sin entristecer a su conciencia de profesor. Sin embargo, mezcl\u00f3 siempre en sus viajes una preocupaci\u00f3n por sus estudios y su acci\u00f3n caritativa. En 1850 visit\u00f3 la Breta\u00f1a y gan\u00f3 nuevas amistades. Hizo tambi\u00e9n con J.-J. Amp\u00e9re, un viaje a Inglaterra, de donde trajo un esp\u00edritu cada vez m\u00e1s sensible hacia la miseria, y fue menos conmovido por los esplendores de la Exposici\u00f3n industrial que compasivo hacia la inhumana condici\u00f3n de los trabajadores.<\/p>\n<p>Visit\u00f3 de nuevo Roma aquel mismo a\u00f1o y crey\u00f3 poder reemprender su actividad parisiense, resign\u00e1ndose a pasar la mayor parte del verano y del oto\u00f1o en una casita tranquila de Sceaux. La mejora fue de corta duraci\u00f3n. El 1852 tuvo que renunciar a su ense\u00f1anza y, bajo el consejo formal de los que le cuidaban, se resign\u00f3 a buscar un problem\u00e1tico retorno de sus fuerzas en una larga estancia junto a los Pirineos, luego en Espa\u00f1a y finalmente en Italia.<\/p>\n<p>El amor hacia lo Hermoso, el deseo de aumentar su saber y de trabajar, a pesar de todo, en el apostolado de su querida Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, no le abandonaron y le dictaron abundantes gestiones que la prudencia hubiera apartado. Algunas de sus obras m\u00e1s conmovedoras, como la <em>Peregrinaci\u00f3n al pa\u00eds del Cid, <\/em>datan de este supremo per\u00edodo en el que su estado hac\u00eda el trabajo casi heroico.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 el a\u00f1o 1853 en Pisa. Durante la primavera se instal\u00f3 en los alrededores de Livurna, primeramente en San Jacopo y luego al Anti\u00f1ano. En este momento comprendi\u00f3 que toda esperanza de curarse le estaba prohibida. El 23 de abril compuso la hermosa oraci\u00f3n de abandono, de la que casi todos sus bi\u00f3grafos han recordado los t\u00e9rminos. Su testamento lleva la misma fecha. \u00c9ste ha sido mucho menos citado, aunque en su sobriedad sea tan elocuente como su plegaria:<\/p>\n<p>\u00abRemito mi alma a Jesucristo, mi Salvador. Asustado de mis pecados, pero confiando en la infinita misericordia, muero en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana. He conocido las dudas del presente siglo, pero toda mi vida me ha convencido de que no hay reposo para el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n sin la fe de la Iglesia y bajo su autoridad. Si yo estimo en algo mis largos estudios, es porque me dan derecho a suplicar a todos cuantos yo amo que permanezcan fieles a una religi\u00f3n en la que yo encontr\u00e9 la luz y la paz.<\/p>\n<p>\u00bbMi suprema plegaria a mi familia, a mi esposa, a mis hermanos y cu\u00f1ado, a todos los que de ellos nacer\u00e1n, es de perseverar dentro de la fe, a pesar de las humillaciones, los esc\u00e1ndalos y las deserciones de que ser\u00e1n testigos.<\/p>\n<p>\u00bbA mi tierna Amelia, que ha hecho la alegr\u00eda y el encanto de mi vida, y cuyos cuidados tan dulces han consolado de un a\u00f1o a esta parte todos mis males, dedico un adi\u00f3s corto como todas las cosas de la tierra. Le doy las gracias, la bendigo y la espero. S\u00f3lo en el cielo podr\u00e9 devolverle tanto amor como ella merece. Doy a mi hija la bendici\u00f3n de los patriarcas, en nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Es para m\u00ed muy triste de no poder continuar trabajando en la obra tan querida de su educaci\u00f3n, pero se la conf\u00edo sin temor alguno a su virtuosa y muy querida madre&#8230; Abrazo con un s\u00f3lo pensamiento a todos mis parientes y amigos a los que no puedo nombrar aqu\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>\u00bbDoy las gracias una vez m\u00e1s a todos los que me han hecho favores. Pido perd\u00f3n por mis vivacidades y mis malos ejemplos. Solicito plegarias de todos los m\u00edos, de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, y de mis amigos de Lyon. No os dej\u00e9is detener por los que os dir\u00e1n: <em>\u00abEst\u00e1 en el cielo\u00bb. <\/em>Rogad siempre por aqu\u00e9l que os ama mucho, pero que ha pecado mucho. Ayudado por vuestras suplicaciones, queridos buenos amigos, abandonar\u00e9 la tierra con menos temores. Espero firmemente que no nos separaremos y que yo estar\u00e9 con vosotros hasta que vosotros vendr\u00e9is hacia m\u00ed. \u00bbQue todos vosotros recib\u00e1is la bendici\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Le trajeron a Francia a finales de agosto, ya moribundo. No pudo llegar m\u00e1s all\u00e1 de Marsella. Tenemos que dejar aqu\u00ed la palabra a Lacordaire, que ha consagrado p\u00e1ginas exquisitas a su amigo: \u00abHubiera querido todav\u00eda volver a ver Par\u00eds, ese Par\u00eds al que tantos recuerdos le un\u00edan, en donde sus amigos y su gloria le hubiesen tan piadosamente acogido. Pero este deseo del servidor no le fue concedido. S\u00f3lo Dios le retir\u00f3 las angustias del gran paso; ya no sufri\u00f3 m\u00e1s en cuanto hubo tocado la tierra de sus antepasados y de sus trabajos. Una serenidad que no era ni la de la vida ni la de la muerte se extendi\u00f3 por su persona, y recibi\u00f3 en este estado los \u00faltimos sacramentos de la Iglesia, de la que hab\u00eda sido el fiel defensor. Habi\u00e9ndole dicho el sacerdote que tuviera confianza en Dios, \u00e9l contest\u00f3: \u00ab\u00bfY por qu\u00e9 habr\u00eda de temerle? \u00a1Le amo tanto!\u00bb <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas palabras, en las que aquellos que se han inclinado, por poco que sea, hacia el alma de los santos, ver\u00e1n el testimonio de una caridad heroica, Ozanam s\u00f3lo dej\u00f3 oir una corta invocaci\u00f3n. Dios recibi\u00f3 su alma el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen. Ten\u00eda cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Su cuerpo fue transportado a Par\u00eds. All\u00ed descansa, en la cripta de los C\u00e1rmenes, cerca de los m\u00e1rtires de septiembre de 1792, en el seno de un establecimiento de alta ense\u00f1anza, en medio de la juventud estudiante que \u00e9l am\u00f3. Ning\u00fan otro cuadro hubiera podido superarle para guardar sus restos. En ning\u00fan otro sitio sus amigos, sus disc\u00edpulos y sus seguidores hubieran podido encontrar un sitio como aquel m\u00e1s favorable a la plegaria, a la meditaci\u00f3n de sus ejemplos, y al estudio de su noble figura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sus compatriotas, sin embargo, deseosos de retenerle en la ciudad donde era muy querido, apoyaron su candidatura para ocupar aquella c\u00e1tedra de derecho comercial que la Municipalidad de Lyon estaba a punto de crear. 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