{"id":387645,"date":"2016-07-17T08:26:00","date_gmt":"2016-07-17T06:26:00","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387645"},"modified":"2016-07-26T17:07:16","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:16","slug":"la-obra-de-federico-ozanam-vi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-obra-de-federico-ozanam-vi\/","title":{"rendered":"La obra de Federico Ozanam (VI)"},"content":{"rendered":"<p>Era esta nostalgia tan vivamente sentida por Ozanam, que la aumentaba el hecho de haberse instalado en una pensi\u00f3n en donde la compa\u00f1\u00eda no era muy de su gusto. Afortunadamente no permaneci\u00f3 all\u00ed mucho tiempo. Providencialmente encontr\u00f3 una habitaci\u00f3n en casa de un lyon\u00e9s ilustre, Andr\u00e9-Marie Amp\u00e9re. Este sabio y cristiano, cuya atormentada vida no hab\u00eda podido arruinar su fe, ni enfriar su entusiasmo, ni alterar la juventud de su alma, le acogi\u00f3 como a un hijo y contribuy\u00f3 poderosamente a la formaci\u00f3n de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La prodigiosa inteligencia de Amp\u00e9re estaba abierta a toda clase de conocimientos. Fue con gran alegr\u00eda que Ozanam se acomod\u00f3 a su escuela. No hab\u00eda renunciado a su gran proyecto de apolog\u00e9tica. Sin embargo, ten\u00eda demasiada conciencia para negligir el Derecho, al que su padre le hab\u00eda consagrado. El estudio de los c\u00f3digos y de la jurisprudencia le atra\u00eda s\u00f3lo medianamente. A pesar de todo lo prosigui\u00f3 con bastante aplicaci\u00f3n hasta que lleg\u00f3, en 1836, a conseguir el doctorado. Pero trabajaba al mismo tiempo para perfeccionar su cultura literaria e hist\u00f3rica. Pas\u00f3 la licenciatura de Letras en 1835 y empez\u00f3 a preparar una tesis antes, incluso, de defender las tesis de Derecho. A su lat\u00edn y griego, que pose\u00eda ya del colegio, hab\u00eda empezado en Lyon a a\u00f1adirle algunos rudimentos de hebreo. Su obra nos demuestra que le\u00eda y escrib\u00eda corrientemente el italiano, el alem\u00e1n, el ingl\u00e9s y el espa\u00f1ol. Amp\u00e9re le hizo abrir la Biblioteca del Instituto. All\u00ed encontr\u00f3 un abundante alimento para su apetito de saber. Varios de sus escritos menores, publicados en La <em>Tribuna Cat\u00f3lica, La Revista Europea, El Universo religioso y El Corresponsal, <\/em>fueron compuestos en esta \u00e9poca de su vida.<\/p>\n<p>Pronto Ozanam pudo sentirse menos aislado. Entre la muchedumbre de estudiantes que trat\u00f3, encontr\u00f3 j\u00f3venes que le reprochaban su pa\u00eds de origen y, m\u00e1s todav\u00eda, sus convicciones cristianas. Varios de ellos se convirtieron en amigos suyos. Los profesores que atacaban a la Religi\u00f3n desde la c\u00e1tedra, recibieron protestas que les hicieron reflexionar. Uno de ellos, Jouffroy, m\u00e1s atormentado por haber perdido la Fe que deseoso de destruirla, se felicit\u00f3 casi de ver as\u00ed a cat\u00f3licos levantar la cabeza. Ozanam estaba en el centro de esta acci\u00f3n. Aport\u00f3 tambi\u00e9n su esp\u00edritu de apostolado intelectual entre los grupos de estudiantes en donde, entonces como ahora, los j\u00f3venes expon\u00edan con audacia y discut\u00edan acaloradamente los mayores problemas. As\u00ed ocurri\u00f3 en la <em>Conferencia de Historia, <\/em>que presid\u00eda un publicista cat\u00f3lico, Bailly de Surcy, quien acogi\u00f3 al joven lyon\u00e9s con una bondad paternal y no ces\u00f3 de interesarse por \u00e9l. En la Conferencia de Historia Ozanam vio en seguida un medio para realizar su sue\u00f1o de \u00abformar una reuni\u00f3n de amigos que trabajaran juntos en el edificio de la ciencia, bajo el estandarte del pensamiento cat\u00f3lico\u00bb? Mientras tanto \u00e9l \u00abcruzaba el hierro\u00bb con los \u00abfil\u00f3sofos\u00bb y los San-Simonianos. Uno de estos contestatarios lanz\u00f3 un d\u00eda, a la cara de los defensores de la Iglesia, el contraste que cre\u00eda adivinar entre el pasado bienhechor del Cristianismo y la debilidad de la acci\u00f3n ejercida por sus hijos en favor de la humanidad. Nuestros j\u00f3venes cristianos se apercibieron de que, para justificar su fe, no bastaba con profesarla y practicar sus ritos, <em>y <\/em>hac\u00eda falta obrar fraternalmente para aliviar la miseria humana. Ozanam entr\u00f3 con entusiasmo en estas ideas y se apresur\u00f3 a traducirlas en actos. As\u00ed naci\u00f3, en la primavera de 1833, la <em>Conferencia de Caridad, <\/em>que dar\u00eda nacimiento a la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, llamada a adquirir un inmenso desarrollo. Ozanam hab\u00eda, desde el primer d\u00eda, discernido, en el deseo de \u00abhacer algo\u00bb que obsesionaba a los miembros de su peque\u00f1o grupo, el germen de una obra que, aun siendo modesta, llevar\u00eda al mundo no creyente el testimonio de unas vidas inspiradas por la Caridad, y a la fr\u00e1gil juventud el apoyo de una amistad cristiana organizada.<\/p>\n<p>La inteligencia que ten\u00eda de las necesidades espirituales de su generaci\u00f3n llev\u00f3 tambi\u00e9n a Ozanam a tomar parte, en 1834, en una audaz iniciativa que termin\u00f3, \u00e9sta tambi\u00e9n, con el nacimiento de una de las grandes instituciones religiosas del siglo XIX. Cansados de una predicaci\u00f3n que, desde hac\u00eda cien a\u00f1os, no hab\u00eda sabido renovar ni sus temas, ni sus argumentos y ni su estilo, los j\u00f3venes de 1830 deseaban lecciones m\u00e1s vivas y mejor adaptadas a las preocupaciones de aquellos tiempos. Los hombres del <em>Avenir: <\/em>Lamennais, Lacordaire, Gerbet, les parecieron aptos para colmar este deseo. Escuchaban a los dos \u00faltimos con satisfacci\u00f3n, pero en peque\u00f1as capillas sin eco alguno. Varios de aquellos estudiantes no temieron incluso de dirigirse directamente a la autoridad eclesi\u00e1stica para pedirle que estableciera en la c\u00e1tedra unas ense\u00f1anzas en las que creyentes e incr\u00e9dulos encontraran la respuesta cristiana a las preguntas que les llenaban de angustia. Ozanam redact\u00f3 la petici\u00f3n y la llev\u00f3 al Arzobispado acompa\u00f1ado de varios amigos. Monse\u00f1or de Qu\u00e9len les recibi\u00f3 como un padre, pero sin<br \/>\ncomprenderlos quiz\u00e1 perfectamente. Sin embargo, de aquella entrevista surgieron el a\u00f1o siguiente las conferencias de Nuestra Se\u00f1ora, a las que Lacordaire dio muy pronto un relieve incomparable.<\/p>\n<p>En este momento Ozanam fue recibido por todos los que, como Chateaubriand, Hugo, Ballanche, Sainte-Beuve incluso, ve\u00edan en el retorno del Cristianismo la salvaci\u00f3n de la sociedad. En el sal\u00f3n del joven conde de Montalembert, \u00e9l encontraba no s\u00f3lo a franceses ya ilustres sino tambi\u00e9n a celebridades europeas que le dispensaban consideraci\u00f3n y simpat\u00eda. Sus palabras, sus art\u00edculos y sus gestiones eran aplaudidos con esperanza. Todos le segu\u00edan, de tal forma que \u00e9l constataba, no sin cierta confusi\u00f3n, que quer\u00edan hacer de \u00e9l una especie de \u00abjefe de la juventud cat\u00f3lica\u00bb. \u00c9l deseaba, sin embargo, permanecer ante todo un estudiante.<\/p>\n<p>Una existencia tan repleta tendr\u00eda que haber dejado poco lugar para la melancol\u00eda, pero no llenaba m\u00e1s que la mitad el vac\u00edo de su alma. Dividido entre la sumisi\u00f3n a las voluntades de su padre y el atractivo que le inspiraba la filosof\u00eda y la historia, inquieto por el desorden que demasiadas ocupaciones se mezclaban con sus estudios, sent\u00edase sobre todo turbado al no apercibir con m\u00e1s claridad su verdadera vocaci\u00f3n. \u00abM\u00e1s que nunca me han vuelto a preocupar todas mis incertidumbres, mis ambiciones literarias, el deseo de hacer el bien confundido con el deseo de adquirir la gloria, y, sin embargo, tambi\u00e9n la conciencia de mi nulidad, el sentimiento de mi posici\u00f3n social y esa necesidad que me obliga a ganarme la vida trabajando por el dinero\u00bb. Dicha incertidumbre <sup>\u00a0<\/sup>fue, bajo una u otra formas, la inquietud reinante en \u00e9l durante varios a\u00f1os. Una maravillosa carta a su madre nos permite conocer los principios y presentir sus progresos: \u00abUsted se lamenta, querida madre, porque su hijo la abandona, porque se han terminado aquellas nuestras conversaciones cordiales, los desahogos de otros tiempos&#8230; hasta verse reducida a <em>figurarse <\/em>que tiene usted un hijo&#8230; Es verdad que hace mucho tiempo que no he vaciado mi coraz\u00f3n delante suyo. Es que en realidad este a\u00f1o yo mismo no comprendo nada de mi manera de ser; por un lado los ex\u00e1menes, las preocupaciones y las inquietudes \u00a0costumbres del a\u00f1o \u00faltimo, mis conferencias, mis estudios y mis investigaciones han sido tan devastadores que no me encuentro a m\u00ed mismo&#8230; Nuestras peque\u00f1as reuniones se han desorganizado; me he vuelto perezoso y, fuera de algunos miserables art\u00edculos en publicaciones peri\u00f3dicas y algunas buenas lecturas, no hice nada m\u00e1s, a excepci\u00f3n de mi Derecho&#8230;. Reconozco que no he adelantado mucho, de manera que no estoy demasiado satisfecho de mi esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u00bbTampoco estoy mucho m\u00e1s satisfecho respecto a mi moral: en primer lugar el fastidio y la inquietud la han estropeado bastante, y luego la tristeza de los acontecimientos hace disminuir el valor, y la oscuridad del porvenir desconcierta las mejores resoluciones. A medida que nos hacemos mayores y vemos el mundo m\u00e1s de cerca, lo encontramos hostil a todas las ideas y a todos los sentimientos a los cuales nos sentimos unidos; cuantos m\u00e1s contactos tenemos con los hombres, m\u00e1s nos damos cuenta de su inmoralidad y su ego\u00edsmo&#8230;. Estas tristes verdades, que desencantan todas mis ilusiones, me dejan sombr\u00edo y grave como un hombre de cuarenta a\u00f1os. Siento que mi deber es ocupar un sitio, pero este sitio no lo veo&#8230; y luego, aunque viera mi sitio muy destacado, me falta energ\u00eda para ocuparlo. Sabe usted muy bien que es este punto el perpetuo objeto de mis lamentaciones: irresoluci\u00f3n y fragilidad&#8230; Quiz\u00e1, tambi\u00e9n, me ocurre esto porque soy todav\u00eda demasiado joven y cometo el error de inquietarme por todo y querer ser un hombre hecho cuando me siento aun cerca de mi infancia en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n; pero no puedo olvidar que este a\u00f1o mi educaci\u00f3n se termina y que, el pr\u00f3ximo mes de agosto, puedo ya ser un abogado, si quiero. Yo abogado, \u00bfse figura usted eso? Despu\u00e9s de todo ser abogado no es mucho&#8230;<\/p>\n<p>\u00bbLlevamos una vida tan singular y tan mon\u00f3tona, tenemos tan pocas distracciones y comunicaciones con el exterior, que nos vemos obligados a replegarnos en nosotros mismos. Estamos situados entre unos estudios \u00e1ridos, que el deber nos impone y que es preciso aceptar, y otros estudios seductores cuyo encanto nos atrae y que nos vemos precisados a alejar de nuestro lado. Nos vemos rodeados de partidos pol\u00edticos que, por el hecho de que ya empezamos a dejarnos crecer la barba, quisieran arrastrarnos hacia sus roderas ; incluso en materia de religi\u00f3n, no o\u00edmos otra cosa que controversias ni vemos m\u00e1s que disputas en las que falta la caridad&#8230; Es una existencia muy extra\u00f1a y fastidiosa, a la cual, si no se tratara m\u00e1s que de mi bienestar, preferir\u00eda cien veces no haber salido nunca de mi agujero, aunque no me quejo por eso cuando pienso que as\u00ed aprendo a conocer el mundo tal como es en realidad, y que quiz\u00e1 la Providencia me pone a prueba a fin de que yo sea m\u00e1s \u00fatil despu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00bbAhora me enfado conmigo mismo por haber hablado tanto, porque usted va a atormentarse por m\u00ed; no lo haga, mi buena madre, se lo ruego. En primer lugar, \u00bfno es justo que me vea puesto a prueba? Tengo la edad para ayunar y ma\u00f1ana ayunar\u00e9 con la Iglesia: \u00bfy no tengo tambi\u00e9n la edad para sufrir un poco y combatir como ella? Luego, estos pensamientos no est\u00e1n fuertemente anclados en mi esp\u00edritu como para que no me dejen sitio para muchos otros, consoladores y alegres. De momento tengo los recuerdos: me gusta mucho acordarme de todo lo que s\u00e9 de mi vida desde mi infancia&#8230; El porvenir tiene tambi\u00e9n su parte y la esperanza se la ha concedido: me imagino que con la ayuda de Dios, llegar\u00e1 un d\u00eda en que yo le pagar\u00e9 en piedad filial un poco de lo que usted ha gastado para m\u00ed en solicitud, fuerza y salud&#8230; Sea cual fuere mi debilidad, sean cuales fueren mis defectos, conservo la esperanza de no ser demasiado indigno de mis padres, de llegar un d\u00eda a ser un cristiano celoso, un ciudadano firme y un hombre virtuoso.\u00bb<\/p>\n<p>No veamos nosotros, en la conclusi\u00f3n optimista, un esfuerzo para tranquilizar, enga\u00f1\u00e1ndola, a una madre inquieta: tal actitud es la de un cristiano, para quien el desaliento es una falta y la confianza un deber. Aunque Ozanam lo haya dicho, no es en una pretendida debilidad de su voluntad donde hay que buscar el origen de sus dolorosas incertidumbres, sino en la divisi\u00f3n de su alma entre los deseos de su padre y la atracci\u00f3n que sent\u00eda por las letras, entre sus deberes de familia y sus trabajos de predilecci\u00f3n. Lo da a entender en una hermosa carta a su amigo Dufieux:<\/p>\n<p>\u00abHace alrededor de un mes que trabajo poco, ya sea en un examen de Derecho o en mi tesis de Literatura, y sin embargo, por haber querido dividirme as\u00ed, he hecho poco. Jam\u00e1s las Letras no podr\u00e1n serme un descanso&#8230; y a pesar de todo&#8230; yo no puedo resolverme a dar un eterno adi\u00f3s a estos amigos tan severos que tan caro me hacen pagar su familiaridad. Por otro lado, si yo hubiese consagrado al estudio del Derecho las facultades que Dios me ha dado y los cinco a\u00f1os de estancia en Par\u00eds que me han dado mis padres, hubiera podido adquirir en la abogac\u00eda un rango que ahora no puedo esperar conseguir. Todas estas reflexiones me agitan y me atormentan; y la pr\u00f3xima ocasi\u00f3n en que necesitar\u00e9 tomar una posici\u00f3n definitiva, me abruma. Tengo miedo de causar pena a mis queridos padres&#8230; y sin embargo me ser\u00eda muy duro de permanecer confinado en la estrecha esfera del Foro. \u00bfEs esto orgullo? \u00bfEs vocaci\u00f3n? \u00bfEs inspiraci\u00f3n de lo alto o tentaci\u00f3n de abajo? \u00bfTodo cuanto hice de cinco a\u00f1os ac\u00e1, es raz\u00f3n o locura?&#8230; Ruegue para que Dios responda a todas esas preguntas que yo me formulo todos los d\u00edas. Me parece que estoy resignado a hacer Su voluntad, por humilde que sea el papel que se me se\u00f1ale, por dolorosa que sea la misi\u00f3n que \u00c9l me prepare. \u00a1Pero que esta voluntad me sea conocida! \u00a1Que yo no me vea m\u00e1s&#8230; dividido contra m\u00ed mismo, es decir, d\u00e9bil, impotente, in\u00fatil!\u00bb. <sub>\u00a0<\/sub><\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n de este penoso debate fue, como pod\u00eda esperarse, el triunfo del m\u00e1s austero deber. En el oto\u00f1o de 1836, Federico regres\u00f3 a Lyon y, poco despu\u00e9s, se inscribi\u00f3 en el Foro. La muerte de su padre (12 de mayo de 1837) no le hizo abandonar una carrera que \u00e9l no segu\u00eda sino por obediencia: se deb\u00eda a su madre, para quien los otros dos hijos, un sacerdote y un colegial, no estaban en condiciones de procurarle la subsistencia y el bienestar. Pleite\u00f3, pues, no sin \u00e9xito, redact\u00f3 consultas, dio lecciones de Derecho \u00a0pero jam\u00e1s \u2014lo dijo \u00e9l mismo\u2014 pudo \u00abaclimatarse en la atm\u00f3sfera del embrollo\u00bb. Pensaba alejarse de aquella clase de actividad para dedicarse a la ense\u00f1anza. Ten\u00eda para ello unos t\u00edtulos universitarios y tambi\u00e9n valiosos apoyos. En 1838, Victor Cousin le ofreci\u00f3 una c\u00e1tedra de filosof\u00eda en el Colegio de Orleans. Asimismo, se hablaba de crear en Lyon la ense\u00f1anza del Derecho comercial. Finalmente, puesto que en enero de 1839 hab\u00eda a\u00f1adido a su doctorado jur\u00eddico el doctorado de Letras, pod\u00eda pretender suplir a Edgar Quinet en la c\u00e1tedra de literatura extranjera de la Facultad de Lyon. La esperanza que ten\u00eda de abandonar la abogac\u00eda sin abandonar a su madre, era compartida por \u00e9sta. Dicha esperanza fue realizada demasiado tard\u00edamente. No ve\u00eda aun llegado el momento de realizar sus deseos cuando, despu\u00e9s de una larga enfermedad, la se\u00f1ora Ozanam fue arrebatada a su afecto el 14 de octubre de 1839. Aquel hecho luctuoso constituy\u00f3 para Federico una inmensa pena, y tambi\u00e9n un resurgimiento de sus incertidumbres, ya que por la muerte de su madre desaparec\u00eda el motivo de su compromiso con una profesi\u00f3n que le desagradaba. Sin darse cuenta, sin embargo, los estudios jur\u00eddicos contribu\u00edan a enriquecer su pensamiento, aunque la historia y las letras segu\u00edan cautiv\u00e1ndole y acabar\u00edan por atraerlo definitivamente. En la Sorbona hab\u00eda dejado a profesores y amigos que no lo hab\u00edan olvidado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era esta nostalgia tan vivamente sentida por Ozanam, que la aumentaba el hecho de haberse instalado en una pensi\u00f3n en donde la compa\u00f1\u00eda no era muy de su gusto. 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