{"id":387537,"date":"2016-06-14T08:37:52","date_gmt":"2016-06-14T06:37:52","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387537"},"modified":"2016-07-26T17:07:17","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:17","slug":"federico-ozanam-1813-1853-xv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-xv\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (XV)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>UNA LOCA ESPERANZA<\/p>\n<p>\u00abOzanam fue de los primeros en hacer alusi\u00f3n a una democracia cristiana, ya como orientaci\u00f3n econ\u00f3mica y social para las clases obreras, ya como estructura pol\u00edtica de la sociedad. Fue \u00e9l quien comenz\u00f3 a presentir su desarrollo hist\u00f3rico y car\u00e1cter social. Se le puede llamar el primer l\u00edder de la democracia cristiana.\u00bb As\u00ed se expresaba en 1948 Don Luigi Sturzo, \u00bb padre\u00bb de la democracia cristiana italiana en el siglo XX. \u00bfNo hab\u00eda escrito Federico en alg\u00fan lugar: \u00abCreo en la posibilidad de una democracia cristiana, y no creo en ninguna otra cosa en materia pol\u00edtica?\u00bb<\/p>\n<p>A principios del a\u00f1o 1848, Ozanam no ha cumplido todav\u00eda los treinta y cinco a\u00f1os y puede gloriarse de un hermoso \u00e9xito. Es profesor titular en la Sorbona desde la vuelta a las clases de 1844, y es halagado por sus estudiantes; el gobierno le ha nombrado caballero de la Legi\u00f3n de honor el 22 de mayo de 1846; su libro sobre Dante, sus art\u00edculos sobre la Edad Media y sus estudios eruditos le han dado a conocer en Europa; las Conferencias San Vicente de Pa\u00fal, de las que es el inspirador reconocido, han florecido por doquier; su vida de fe y su compromiso cristiano de todo momento fuerzan el respeto. En una palabra, es un intelectual cat\u00f3lico a quien no se puede desde\u00f1ar.<\/p>\n<p>Cuando el r\u00e9gimen se derrumba, el 24 de febrero, \u00e9l forma parte de las personalidades notables. Y va a jugar un papel importante en la serie de los acontecimientos. Por todo ello, ni \u00e9l ni sus amigos se sorprender\u00e1n verdaderamente por la ca\u00edda de Lu\u00eds Felipe: hac\u00eda varios a\u00f1os que se ve\u00eda a la monarqu\u00eda de Julio correr hacia su perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>ANTES DE FEBRERO<\/p>\n<p>El 1847 fue el a\u00f1o de todos los esc\u00e1ndalos: la aristocracia, la clase pol\u00edtica, el ej\u00e9rcito, la magistratura se vieron salpicados por los asuntos de prevaricaci\u00f3n, de corrupci\u00f3n, de estafa. Se hubiera dicho que todo era a prop\u00f3sito. El pr\u00edncipe de Berghes se dejaba prender fabricando moneda falsa, el duque de Praslin asesinaba de una rara salvajada a su mujer, que no era otra que la hija del mariscal S\u00e9bastiani, una de las m\u00e1s altas personalidades del r\u00e9gimen, un alto funcionario era arrestado despu\u00e9s de desfalcar sumas considerables del presupuesto del Estado, el ministro de Obras p\u00fablicas volv\u00eda a entrar en la c\u00e1rcel por aceptar dinero de una banda de estafadores dirigida por un general en la reserva: ser\u00eda larga la lista de los asuntos que ocupaban la primera p\u00e1gina de los peri\u00f3dicos. Los burgueses que sab\u00edan leer, y que buscaban tambi\u00e9n enriquecerse por todos los medios, se sent\u00edan impactados. En cuanto al pueblo, despreciaba a quienes le gobernaban y, en primer lugar, al monarca envejecido que presid\u00eda su destino.<\/p>\n<p>Luis Felipe ten\u00eda entonces cerca de setenta y cinco a\u00f1os. Hombrecillo embutido en levitas sin prestigio, ostentaba un mechoncito de un efecto rid\u00edculo que coronaba un rostro deforme lo m\u00e1s parecido a una pera. H\u00e1bil y demagogo al principio de su reinado, se mostraba ahora amorfo e incapaz de percibir las se\u00f1ales que le enviaba el pa\u00eds. Las Tres Gloriosas de 1830 hab\u00edan sido su oportunidad, pero tambi\u00e9n su cruz: jam\u00e1s un rey se hab\u00eda visto burlado, ridiculizado, insultado como este pobre hombre, odiado por los legitimistas, detestado de los republicanos, amenazado sin tregua por los anarquistas, considerado por todo el mundo como un mediocre, cosa que no era.<\/p>\n<p>Hijo de Felipe Igualdad, que hab\u00eda votado la muerte de su primo Luis XVI, y que no hab\u00eda salvado su cabeza por ello, rey usurpador llevado al trono por los republicanos cuya revoluci\u00f3n hab\u00eda robado, simbolizaba para unos una monarqu\u00eda imp\u00eda, para otros un r\u00e9gimen superado. Por fin, hab\u00eda confiado el gobierno a Guizot, protestante soltero que era tan cabez\u00f3n como austero, y cuyos amigos se pod\u00edan contar con los dedos de una mano.<\/p>\n<p>Estos problemas en la cima del Estado no eran nada comparados con la situaci\u00f3n del pa\u00eds. Francia era pr\u00f3spera, respetada en la escena internacional, pero su pol\u00edtica carec\u00eda de grandeza. El rey prefer\u00eda en efecto los sucesos a la gloria, lo que no era necio. Sin embargo hab\u00eda tenido a bien, en 1840, mandar traer solemnemente de Santa Elena las cenizas de Napole\u00f3n, con un ansia laudable de reconciliaci\u00f3n nacional: era un error magistral, ya que la leyenda napole\u00f3nica, que era ya de por s\u00ed vivaz, no dej\u00f3 por ello de tomar mayor extensi\u00f3n. La nostalgia de una epopeya imperial magnificada hasta el exceso se difundi\u00f3 entonces como un reguero de p\u00f3lvora, haciendo parecer los a\u00f1os de luisfelipistas m\u00e1s mediocres todav\u00eda.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la naci\u00f3n conoc\u00eda un grave malestar al que ven\u00eda a a\u00f1adirse un incomensurable aburrimiento, contexto en el que se volver\u00e1 a encontrarse exactamente ciento veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde&#8230; La desintegraci\u00f3n social era un hecho: la revoluci\u00f3n industrial, extremadamente r\u00e1pida y brutal, hab\u00eda trastornado los campos y engrosado desmesuradamente las ciudades con una poblaci\u00f3n m\u00edsera lista a sucumbir ante todas las sirenas. Se ha de recordar que Par\u00eds, que ten\u00eda a\u00fan una fisionom\u00eda casi medieval, vio aumentar su poblaci\u00f3n en un treinta por ciento entre 1830 y 1848. Y, en la v\u00edspera de la revoluci\u00f3n, uno entre diez de sus habitantes se inscrib\u00eda en la lista de los indigentes. El obrero de la capital, que trabajaba por un salario de miseria cuando ten\u00eda la suerte de no encontrarse en paro, pod\u00eda sentirse dichoso, mujeres y ni\u00f1os incluidos, si su jornada en el taller no sobrepasaba las catorce horas seguidas. En tanto que ve\u00eda pasar por las calles los lujosos carruajes de los especuladores y de los financieros&#8230; \u00abLa econom\u00eda liberal que dio a luz a la gran industria, y que no reconoce otra causa de la prosperidad material que el crecimiento de la producci\u00f3n estimulada por una concurrencia sin l\u00edmites, cre\u00f3, al lado de enriquecimientos formidables, una miseria especial, una miseria que no conocieron los siglos pasados y que se ha tenido que bautizar con un nombre nuevo como ella: el pauperismo.\u00bb Por ser consciente de este drama cargado de amenazas y cristianamente inaceptable, Ozanam se entreg\u00f3 de tal manera a la obra de caridad. Tambi\u00e9n es cierto que una deflagraci\u00f3n parec\u00eda irreversible, y que el terreno estaba preparado en este sentido. \u00abCuando el mundo desprecia el Evangelio y odia a los pobres, dec\u00eda Luis Veuillot, vuelve a presentarse la esclavitud en las sociedades donde se olvida a Dios\u00bb: en los primeros a\u00f1os del siglo XIX, en los que se hablaba de progreso social y en los que se invent\u00f3 el feudalismo econ\u00f3mico, el obrero de hizo \u00abproletario\u00bb, como en la Roma antigua, es decir un pobre a quien no se juzgaba \u00fatil m\u00e1s que por su progenitura rentable y valorable a capricho.<\/p>\n<p>No exist\u00edan ya corporaciones dignas de este nombre, ni menos verdaderos sindicatos; agitadores de toda cala\u00f1a, intelectuales exasperados difund\u00edan con fuerza y eficacia las ideas de Proudhon, que quer\u00eda defender las libertades individuales contra el absolutismo del Estado y denunciaba las desviaciones de la propiedad. Blanqui, Barbes, Raspail, Ledru-Rollin, Leroux eran escuchados cuando llamaban con sus voces a un cambio radical de concepto social. La rep\u00fablica era su ideal, pero no iban tan lejos como un jovenc\u00edsimo protestante alem\u00e1n de origen jud\u00edo cuyo op\u00fasculo <em>Philosophie de la mis\u00e9re <\/em>hab\u00eda causado ruido porque predicaba nada menos que la instauraci\u00f3n de una dictadura de los proletarios: Karl Marx no ten\u00eda m\u00e1s que veinticuatro a\u00f1os cuando se hab\u00eda encontrado exiliado en Par\u00eds y, antes de su expulsi\u00f3n de Francia por orden de Guizot en 1845, hab\u00eda tenido tiempo de abandonar las especulaciones filos\u00f3ficas por el compromiso pol\u00edtico. Cercano a todos los grup\u00fasculos socialistas y comunistas, los convenci\u00f3 r\u00e1pidamente de que la econom\u00eda prevalec\u00eda en la historia sobre cualquier otro factor: eh ah\u00ed por qu\u00e9 la lucha entre las clases sociales estaba inscrita desde toda la eternidad en las sociedades humanas, terminando con la toma del poder y el dominio sin reparto de una sobre las otras. La Francia de la monarqu\u00eda de Julio, totalmente descuartizada entre estructuras obsoletas, pervertidas por la glotoner\u00eda de los burgueses y el trastorno completo de los modos de vida, de las poblaciones, de las ideas, era el terreno abonado para que tales an\u00e1lisis fueran comprendidos.<\/p>\n<p>Por su parte, los cat\u00f3licos hab\u00edan intentado organizarse en partido pol\u00edtico desde 1843 bajo el impulso de Charles de Montalembert, por entonces par de Francia. La v\u00eda era de las m\u00e1s estrechas: el anticlericalismo de la izquierda era proverbial, el centro admit\u00eda sin dificultad las ideas religiosas pero detestaba al clero, la derecha orleanista exhib\u00eda su materialismo y los legitimistas vociferaban contra todo lo que no era Barb\u00f3n. En cuanto a los obispos, se trataba de funcionarios del gobierno, que les hac\u00eda sentir su dependencia, y se preocupaban sobre todo de mantener su margen de maniobra con una prudencia y un pragmatismo comprensibles. En los c\u00edrculos del poder, se trataba a los amigos de Montalembert de \u00abpu\u00f1ado de fan\u00e1ticos incapaces que no merecen el honor de ser temidos\u00bb, y Guizot, que se burlaba de ellos, se daba el lujo de mostrarles cierta benevolencia. Bien que mal, el Comit\u00e9 central cat\u00f3lico se constituy\u00f3, pero el episcopado miraba a estos aventureros con malos ojos, mientras que la Santa Sede, alertada, no dej\u00f3 de criticar en t\u00e9rminos velados una iniciativa que corr\u00eda el peligro de buscarse la oposici\u00f3n de todos los enemigos de la Iglesia.<\/p>\n<p>En una carta fechada el 17 de junio de 1845, a un amigo que le pregunta \u00absi existe uni\u00f3n en Par\u00eds entre los cat\u00f3licos\u00bb, Ozanam responde: \u00abYo creo que nunca nos entendimos mejor sobre el fin, pero que nunca habr\u00e1 m\u00e1s diferencias sobre los medios [&#8230;]. Entre los que pelean ver\u00e9is en primer lugar a los hijos perdidos de <em>L&#8217;Univers, <\/em>al que todo el mundo desacredita, sea por la violencia, sea por la falta de talento [&#8230;]. Detr\u00e1s de estos francotiradores os encontr\u00e1is en la vanguardia a la elocuente falange conducida por el sr. de Montalembert [&#8230;1. \u00c9stos no son con toda seguridad pusil\u00e1nimes; poseen demasiado talento para no mantener la dignidad, sin dejar de ser fuertes.\u00bb Algunos hombres m\u00e1s \u00abcircunspectos\u00bb, como Dupanloup o Beugnot, los apoyan en las columnas del <em>Correspondant. <\/em>Por fin est\u00e1 la retaguardia, reunida en torno al arzobispo de Par\u00eds, Mons. Affre, y compuesta de \u00abcat\u00f3licos perfectamente intencionados, pero quiz\u00e1s un tanto asustadas por el ruido que se produce en su entorno. \u00c9stos se quejan del ardor demasiado fogoso del joven y noble par<sup>48<\/sup>: creen en la posibilidad de una transacci\u00f3n, en el poder del tiempo y de la moderaci\u00f3n para llevar a buen t\u00e9rmino las cuestiones dif\u00edciles.\u00bb Federico no se siente molesto por estas divergencias: \u00abpor mi parte, yo no me aflijo por ello\u00bb, afirma. Y da una explicaci\u00f3n de su distancia con relaci\u00f3n al combate pol\u00edtico: \u00abNo querr\u00eda que hubiese un <em>partido <\/em>cat\u00f3lico, puesto que entonces no existir\u00eda ya una naci\u00f3n que lo fuera [&#8230;]. Prefiero que Dios haya repartido sus dones con diversidad: que haya hombres atrevidos, aunque resulten temerarios; que los haya prudentes, aunque se les acuse de tibieza; que sobre todo nadie pueda por sus errores comprometer la causa com\u00fan de la Iglesia.\u00bb A costa de numerosas acrobacias, y de negociaciones en reuniones, el partido cat\u00f3lico consigue de todas maneras que se elijan a ciento cuarenta y seis diputados a las legislativas de agosto de 1846. Pero este \u00e9xito inesperado se ech\u00f3 a perder r\u00e1pidamente por la reaparici\u00f3n de las fisuras tradicionales entre cat\u00f3licos legitimistas y \u00abprogresistas\u00bb, quedando eliminados los partidarios de una tercera v\u00eda imposible de hallar. Al acabar 1847, s\u00f3lo se elevaba todav\u00eda la gran voz de Montalembert.<\/p>\n<p>Por su parte, Ozanam se hab\u00eda mantenido al margen de estos combates. Adem\u00e1s, su propia reflexi\u00f3n le llevaba m\u00e1s lejos que a sus compa\u00f1eros que hab\u00edan emprendido este camino. A su regreso de Italia despu\u00e9s de largas y estudiosas vacaciones, en octubre de 1847, se preguntaba \u00absi la sociedad ser\u00e1 una inmensa explotaci\u00f3n de los d\u00e9biles por los ricos, o una uni\u00f3n de todos con vistas al bien com\u00fan. Para esta uni\u00f3n de las clases, pensaba \u00e9l, es necesario instaurar un r\u00e9gimen fundado en una aut\u00e9ntica soberan\u00eda popular y una libertad democr\u00e1tica.\u00bb Incluida en este apunte est\u00e1 bastante clara la alusi\u00f3n al sufragio universal. El rey lo rechazaba absolutamente, y amenazaba con retirarse si llegaban a cansarle de o\u00edr esta reivindicaci\u00f3n. Gracias a lo cual, doscientos mil burgueses y arist\u00f3cratas tan s\u00f3lo justificaban rentas bastante elevadas para votar, imponiendo su voluntad a treinta y dos millones de franceses. Se trataba verdaderamente de los pobres contra los ricos.<\/p>\n<p>Los \u00abbanquetes republicanos\u00bb, que se celebraban por todo el pa\u00eds y cuyo ritmo se aceler\u00f3 a principios del invierno de 1847, se inflamaban ante esta cuesti\u00f3n emblem\u00e1tica, y Luis Felipe aludi\u00f3 a ella en su discurso a las C\u00e1maras del Parlamento el 28 de diciembre. Historia de crearse enemigos por todas partes, denunci\u00f3 irremediablemente \u00abla agitaci\u00f3n que fomentan unas pasiones enemigas o ciegas\u00bb. La derecha se manifest\u00f3 descontenta al verse tratada de ciega, y a la izquierda se la se\u00f1alaba definitivamente como la adversaria. Los elegidos deb\u00edan responder a este discurso mediante un \u00abruego\u00bb que se tomaron el plazo de un mes en redactar. El texto, anodino del todo, fue clasificado inmediatamente de incoherente por el monarca, que estaba persuadido de que el pueblo se mofaba locamente de los estados de esp\u00edritu de los parlamentarios. Y tal vez no se equivocaba, pero dos juicios, emitidos en aquel momento, han de tenerse en cuenta. Uno emana de Tocqueville, quien declar\u00f3 en el curso de la discusi\u00f3n: Por primera vez, existe en el pa\u00eds el sentimiento, el instinto de inestabilidad, ese sentimiento precursor de las revoluciones que a veces las anuncia, a veces las hace nacer.\u00bb El otro se halla bajo la propia pluma de Guizot, quien sinti\u00f3 bruscamente vacilar sus certezas inquebrantables. La tarde del voto del ruego, escrib\u00eda al rey: \u00abYa ha pasado el desfile, uno de los m\u00e1s dif\u00edciles por el que hayamos atravesado nunca. Yo no he adoptado ning\u00fan compromiso, pero habr\u00e1 m\u00e1s de un par de cosas sobre las que reflexionar en la sesi\u00f3n pr\u00f3xima.\u00bb<\/p>\n<p>Por su lado, Federico acelera el movimiento ante el ascenso de los peligros: \u00abLa soberan\u00eda del pueblo, declara en enero, es la m\u00e1s importante manifestaci\u00f3n temporal de la soberan\u00eda de Dios. Por encima de los pueblos, ella ve una justicia eterna que los juzga. Sus decretos no crean pues el derecho, lo promulgan o lo transgreden, el derecho subsiste sin ellos y contra ellos, con un perpetuo recurso contra sus errores en todas las conciencias:\u00bb Y a\u00f1ade: \u00abComo todas las personas humanas son iguales en su destino, la sociedad les debe igualdad de protecci\u00f3n, con una preferencia manifiesta por los m\u00e1s amenazados y los m\u00e1s d\u00e9biles.\u00bb Y concluye sin ambig\u00fcedades: \u00abS\u00f3lo el cristianismo contiene esta sociedad sin rival que condena todas las agresiones, todas las desigualdades, todas las hostilidades, porque la democracia del porvenir est\u00e1 ya muy viva en el Evangelio\u201d.<\/p>\n<p>En estos primeros d\u00edas del a\u00f1o 1848, Ozanam percib\u00eda con claridad la situaci\u00f3n tal y como la describ\u00eda un contempor\u00e1neo: \u00abLa lucha no se ha entablado definitivamente, pero el fermento est\u00e1 en el fondo, extendido y obstinado.\u00bb Sobre el tablero pol\u00edtico, se encontraban todas las tendencias para ligarse m\u00e1s o menos al <em>statu quo: <\/em>la izquierda no quer\u00eda saber nada en verdad de una nueva revoluci\u00f3n, que llegar\u00eda demasiado pronto para su gusto y echar\u00eda a perder sus planes, cosa que tendr\u00e1 lugar; los legitimistas no eran ya cre\u00edbles, los bonapartistas no lo eran a\u00fan; los orleanistas quer\u00edan preservar a sus adictos manteni\u00e9ndose preparados, como dec\u00eda Thiers, para empujar \u00aba los viejos\u00bb a la abdicaci\u00f3n. Los cat\u00f3licos, desde luego, esperaban con todas sus fuerzas que se producir\u00eda un intento de acercar las clases sociales antagonistas.<\/p>\n<p><strong>El 10 <\/strong>de febrero, Federico publica en Le Correpondant el texto de un discurso que pronunci\u00f3 unos d\u00edas antes ante el C\u00edrculo cat\u00f3lico, la instituci\u00f3n en la que se hallaba toda la flor y nata de los intelectuales y de los pol\u00edticos cristianos. \u00abYa se cumplen tres siglos que la civilizaci\u00f3n cristiana est\u00e1 inquieta\u00bb, dice. \u00abSi se ha aminorado su marcha, ha sido debido a una formidable pregunta: \u00bfc\u00f3mo conciliar la religi\u00f3n con la libertad? Ya que los hombres no quieren ni pueden decidirse por una de estas dos cosas que se dicen incompatibles. De ah\u00ed la angustia de tantas mentes y los combates \u00edntimos de tantos corazones. Cu\u00e1ntos desgarros henos debido sufrir por ello, nosotros, los cat\u00f3licos que amamos las libertades modernas!\u00bb A\u00f1ade un \u00abpas\u00e9monos a los b\u00e1rbaros!\u00bb con voz de clar\u00edn para acoger a los \u00abnuevos b\u00e1rbaros de la democracia\u00bb con benevolencia.<\/p>\n<p>\u00abUt\u00f3pico\u00bb y \u00abpro-comunista\u00bb est\u00e1n entre los ep\u00edtetos menos severos que saludan, en los medios cat\u00f3licos, a este texto se\u00f1alado. A un amigo suyo que se extra\u00f1a de las f\u00f3rmulas empleadas por Federico, \u00e9ste responde: al decir \u00abpas\u00e9monos a los b\u00e1rbaros\u00bb, pido sencillamente \u00abque nos ocupemos del pueblo que reclama garant\u00edas en el trabajo y contra la miseria, que tiene malos jefes, pero a falta de encontrarlos buenos&#8230;\u00bb Si Lacordaire aprueba, Montalembert se inquieta, visto que la tensi\u00f3n sube un punto cuando el gobierno decide, el 13 de febrero, prohibir e] \u00abbanquete\u00bb del distrito <strong>XII. <\/strong>Despu\u00e9s de dejar pasar sin chistar a centenas de manifestaciones de este g\u00e9nero en las que los opositores se hartaban de declaraciones antigubernamentales, el ministro monta en c\u00f3lera. La mayor\u00eda de los miembros del partido cat\u00f3lico se echa a temblar: s\u00ed estallan los des\u00f3rdenes, \u00bfno va a ser atacada y violentada la Iglesia como en 1830?<\/p>\n<p>Durante ocho d\u00edas, es un mar de incertidumbres: mientras que la derecha multiplica las declaraciones rimbombantes teniendo cuidado de no echar le\u00f1a a] fuego, el ministro de justicia Herbert, despu\u00e9s Guizot mismo, acumulan amenazas y toques de atenci\u00f3n ofensivos. Por su lado, Luis Felipe se encog\u00eda de hombros sonriendo y afirmaba viendo llover sobre Par\u00eds: \u00abNo se hace una revoluci\u00f3n en invierno!\u00bb Sin embargo, es eso lo que va a ocurrir: a pesar del mal tiempo, la presencia de treinta mil soldados en la capital, la lealtad de la guardia nacional, esta milicia burguesa mimada por el monarca, la reticencia de los diputados republicanos y el poder del \u00abpartido del orden\u00bb, el r\u00e9gimen se va a hundir en menos de tres d\u00edas. La exasperaci\u00f3n del mundo obrero, el oportunismo de agitadores que han olfateado el ambiente, la rigidez de Guizot, la debilidad de Luis Felipe, la versatilidad de sus colaboradores, todo se va a conjugar para llegar a un resultado que nadie deseaba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNA LOCA ESPERANZA \u00abOzanam fue de los primeros en hacer alusi\u00f3n a una democracia cristiana, ya como orientaci\u00f3n econ\u00f3mica y social para las clases obreras, ya como estructura pol\u00edtica de la sociedad. 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