{"id":387533,"date":"2016-06-08T08:43:41","date_gmt":"2016-06-08T06:43:41","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387533"},"modified":"2016-07-26T17:07:17","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:17","slug":"federico-ozanam-1813-1853-xiii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-xiii\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (XIII)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>LAS CONFERENCIAS DE CARIDAD<\/p>\n<p>Lamache, Ozanam y Devaux, luego algunos d\u00edas despu\u00e9s Le Taillandier, Lallier y el joven poeta F\u00e9lix Clav\u00e9, sansimoniano recientemente convertido, este fue el grupo fundador de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Ni que decir tiene que los seis j\u00f3venes no ten\u00edan la sensaci\u00f3n de crear m\u00e1s que un c\u00edrculo \u00edntimo de unos amigos decididos a practicar juntos, en privado, la caridad. Al menos cinco de los seis, ya que Federico ve\u00eda m\u00e1s lejos. Desde el momento en que propuso a Lamache y a Devaux asociarse, \u00e9l form\u00f3 poco a poco en su cabeza un proyecto de futuro destinado a instalarse en el tiempo y a predicar con el ejemplo. Adem\u00e1s, tal intenci\u00f3n correspond\u00eda exactamente con lo que buscaba: llevar a la pr\u00e1ctica su fe por medio de la ayuda directa a los m\u00e1s desprovistos considerada como una respuesta cristiana a los desaf\u00edos humanos, econ\u00f3micos, sociales de un mundo en proceso de fracturarse. Lo que no pod\u00eda imaginarse era el \u00e9xito brutal y fulgurante que iba a tener esta iniciativa. No quiso reconocer nunca la parte preponderante que tuvieron en este proceso su personalidad, su carisma, su entusiasmo, en una palabra su fe; y su muerte r\u00e1pida, apenas veinte a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de su obra, priv\u00f3 a \u00e9sta de una presencia excepcional. Lo que no impidi\u00f3 una expansi\u00f3n considerable de la que de todas formas Federico tuvo tiempo de ser testigo antes de apagarse.<\/p>\n<p>LOS COMIENZOS<\/p>\n<p>\u00abEs un movimiento de piedad cristiana el que nos ha reunido, y nadie en particular puede apropiarse del origen de la Sociedad. Al decir esto sobre el origen de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, se ha dicho todo.\u00bb De esta forma se expresaba Franois Lallier en 1856. Y Lamache a\u00f1ad\u00eda: \u00abNinguno de nosotros sospechaba que all\u00ed estuviera el germen de una gran obra. \u00bfQui\u00e9n habr\u00eda podido sospechar entonces lo que la bondad divina deb\u00eda hacer nacer de esta reuni\u00f3n de unos pocos estudiantes laicos?\u00bb Es verdad y mentira a la vez, ya que todo viene a corroborarlo, en su correspondencia como en los testimonios mismos: Ozanam fue el alma de este n\u00facleo de j\u00f3venes cat\u00f3licos que, sin \u00e9l, nunca habr\u00edan puesto probablemente en pr\u00e1ctica, y nunca de esta forma, la idea lanzada en el curso de una conversaci\u00f3n por Auguste Taillandier.<\/p>\n<p>Es un hecho que la \u00e9poca se prestaba a ello, que estaba en el ambiente del tiempo. Pero faltaba un hombre que se saliera de lo ordinario para dar un impulso parecido a una discreta iniciativa pedida en el anonimato de una gran ciudad en efervescencia. Federico fue ese hombre. Pero su modestia muy real, la de los grandes creyentes y de los hombres sobresalientes, borr\u00f3 por largo tiempo las pistas: \u00abNuestro querido Ozanam, con su exceso de humildad, ha contribuido a tergiversar la historia de nuestros or\u00edgenes\u00bb, escrib\u00eda un colega a Amelia Ozanam en 1889. \u00abEl buen Dios le habr\u00e1 tenido en cuenta todo este desinter\u00e9s, pero le habr\u00e1 reprendido sin duda por decir y escribir lo contrario de lo que era la verdad.\u00bb \u00bfNo se obstin\u00f3 Federico hasta el final en calificar como fundador de la Sociedad a Bailly quien, en verdad, la presidi\u00f3 muchos a\u00f1os, pero a petici\u00f3n de Ozanam, y quien de hecho no fue m\u00e1s que el hu\u00e9sped de la primera conferencia? Uno de sus viejos amigos lioneses, Bree de la Perri\u00e9re, historiador de las conferencias de caridad a partir de 1856, dec\u00eda a Jules Devaux: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda culparnos por restituir a nuestro Ozanam lo que su modestia rechazaba o parec\u00eda atribuir a otro?\u00bb Contempor\u00e1neo y disc\u00edpulo de los primeros colegas, refer\u00eda que \u00abestos j\u00f3venes se agruparon en torno a Ozanam, por su solo atractivo y gracias a su sola influencia.\u00bb Lallier no dudaba en afirmar: se lo debo a Federico, \u00abdespu\u00e9s de Dios, casi todo lo que he podido hacer de meritorio\u00bb. Por su parte, uno de sus conocidos que asisti\u00f3 a la creaci\u00f3n de la Sociedad sin tomar parte en ello personalmente escrib\u00eda a Ozanam en 1840: \u00abDe una inspiraci\u00f3n de vuestro coraz\u00f3n naci\u00f3 esta santa instituci\u00f3n, que est\u00e1 destinada quiz\u00e1s a extender por toda Francia corno una extensa red de caridad.\u00bb En 1856, unos quince de entre los primeros reclutados firmaban una declaraci\u00f3n que pon\u00eda las cosas en su sitio de cara a las m\u00faltiples interpretaciones a las que se prestaban las circunstancias de la fundaci\u00f3n: \u00abSi es verdad que la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal fue fundada por varios, se le\u00eda en ella, no lo es menos que Federico Ozanam tuvo una acci\u00f3n preponderante y decisiva en esta creaci\u00f3n. Fue \u00e9l quien comparti\u00f3 con otro estudiante el honor de tener la primera idea de una reuni\u00f3n cuyos miembros unir\u00edan a su fe la pr\u00e1ctica de las obras de caridad. Fue \u00e9l quien tuvo la iniciativa de llevar a la pr\u00e1ctica este proyecto. \u00c9l quien decidi\u00f3 a la mayor parte de los primeros cooperadores a hacer acto de entrega a los pobres, no habiendo pertenecido ninguno de ellos a asociaciones anteriores.\u00bb El mismo a\u00f1o, Devaux publicaba en un diario una carta abierta en la que hablaba de la fundaci\u00f3n tal como \u00e9l la hab\u00eda vivido: \u00abTuve la suerte de ser uno de los siete u ocho primeros que formaron el n\u00facleo de esta asociaci\u00f3n\u00bb, dec\u00eda. \u00abQuien me procur\u00f3 esta felicidad, quien me habl\u00f3 el primero de este plan inspirado por los sentimientos m\u00e1s exquisitos de la caridad cristiana, y me propuso tomar parte en \u00e9l, fue siempre a mis ojos el verdadero fundador de las Conferencias San Vicente de Pa\u00fal. Los motivos que pusieron por obra el ensayo, si no le eran del todo personales, proven\u00edan al menos de las circunstancias en las que \u00e9l hab\u00eda sido tan prominente que a los ojos de los que las recuerden como yo, el honor de esta fundaci\u00f3n le pertenecer\u00e1 siempre, estoy convencido de ello.\u00bb<\/p>\n<p>Por fin, Lamache escrib\u00eda en 1883, en el atardecer de su vida: \u00abDejando por completo a un lado todo sentimiento de humildad cristiana, afirmo por mi palabra de honor que, en lo que a m\u00ed concierne, no tengo ninguna clase de derecho al t\u00edtulo de cofundador; que es cierto que fui uno de los primeros miembros y que el buen Dios me concedi\u00f3 la gracia del todo gratuita de amar siempre a la Iglesia y a los pobres, pero que nunca habr\u00eda pensado en formar esta primera conferencia; que fue Ozanam el primero que me habl\u00f3 de ella; que fue \u00e9l el alma de esta primera conferencia, como lo hab\u00eda sido de la conferencia literaria que hab\u00eda sido la ocasi\u00f3n de mis primeras relaciones con \u00e9l; que gran parte del agradecimiento se debe al venerable sr. Bailly, y que sin \u00e9l, sin su experiencia y su ayuda, la formaci\u00f3n de la primera conferencia se habr\u00eda quedado quiz\u00e1s en estado de generosa veleidad; pero que con certeza sin Ozanam esta primera conferencia no habr\u00eda nacido.\u00bb<\/p>\n<p>Emmanuel Bailly, que presid\u00eda la conferencia literaria de la plaza de la Estrapade, fue naturalmente la primera persona hacia quien se volvi\u00f3 el peque\u00f1o grupo. Era un hombre de experiencia que hab\u00eda pasado de los cincuenta y que se preocupaba por los estudiantes cat\u00f3licos a partir de los quince a\u00f1os. Propietario de un peri\u00f3dico, antiguo director de una pensi\u00f3n para j\u00f3venes, mentor de varios cen\u00e1culos cristianos antes de 1830, continuaba con nuevos br\u00edos su actividad de \u00abalertador\u00bb despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. Fue en el peque\u00f1o anfiteatro de su antigua Sociedad de los Buenos-Estudios, disuelta por la monarqu\u00eda de Julio, donde se reun\u00edan las conferencias de historia. \u00c9l era su presidente, pero no interven\u00eda nunca en el fondo, fiel a la idea que ten\u00eda acerca de su papel con los j\u00f3venes. Adem\u00e1s, acog\u00eda a menudo a los miembros del grupo cat\u00f3lico en su sal\u00f3n, y no se mostraba avaro de consejos ilustrados.<\/p>\n<p>Federico y sus compa\u00f1eros se hab\u00edan puesto de acuerdo en casa de uno de ellos cuando surgi\u00f3 la idea de una \u00abconferencia de caridad\u00bb. No se sabe a punto fijo a qui\u00e9n se le ocurri\u00f3 el t\u00e9rmino: tal vez a Ozanam mismo; pero fue preferido inmediatamente a otros como \u00abasociaci\u00f3n\u00bb, \u00abcofrad\u00eda\u00bb o \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb. Para eso exist\u00edan dos razones: guardar la filiaci\u00f3n con la conferencia de historia, aunque fuese a costa de una curiosidad ling\u00fc\u00edstica; y desmarcarse totalmente del pasado reciente, el de la Restauraci\u00f3n. Evocando el periodo de fundaci\u00f3n, Devaux tendr\u00e1 cuidado de recordar en 1856: \u00abesta obra es independiente de toda obra anterior y no se relaciona con otras m\u00e1s que como lo hacen las obras m\u00e1s diversas inspiradas sucesivamente por el cristianismo.\u00bb En cuanto a Lallier, escribir\u00e1 en sus recuerdos: \u00abNinguno de estos j\u00f3venes hab\u00eda formado parte hasta entonces de otra asociaci\u00f3n piadosa.\u00bb Y haci\u00e9ndose eco de las vivas tensiones de la \u00e9poca, a\u00f1ad\u00eda: \u00abSi alguno de ellos ten\u00eda una opini\u00f3n pol\u00edtica, los otros no la conoc\u00edan.\u00bb<\/p>\n<p>Y no dejaban los seis j\u00f3venes de sentirse un tanto confusos: \u00bfa qu\u00e9 viene eso de una conferencia de caridad? Y \u00bfc\u00f3mo practicar en concreto esta caridad a la que apelan con sus buenos deseos tanto para santificarse como para socorrer a los m\u00e1s pobres y convencer a sus adversarios del valor del cristianismo? A estas preguntas ven\u00eda a a\u00f1adirse una realidad incontestable: ninguno de ellos conoc\u00eda a pobre alguno&#8230; No proced\u00edan de medios muy elevados, pero todos pertenec\u00edan a la feliz burgues\u00eda. Adem\u00e1s, excepto Clav\u00e9, que los dej\u00f3 bastante temprano y desapareci\u00f3 del todo, hicieron carreras muy correctas: sin hablar de Ozanam, que era el m\u00e1s brillante, Devaux fue m\u00e9dico, Le Taillandier hombre de negocios, Lamache universitario y Lallier magistrado. Se impon\u00eda consultar a Bailly. Una tarde de la primavera de 1833, vinieron a su casa a exponerle el proyecto por boca de Federico. El presidente de la conferencia de historia, despu\u00e9s de escuchar con atenci\u00f3n, manifest\u00f3 el mayor inter\u00e9s, sin ocultar que \u00e9l deseaba m\u00e1s o menos una evoluci\u00f3n de este g\u00e9nero. Pero a fuerza de escudarse en una funci\u00f3n de consejero y de moderador, se hab\u00eda puesto a dudar. Por ello segu\u00eda con la duda sobre qu\u00e9 acci\u00f3n precisa tomar, y sugiri\u00f3 a sus interlocutores que acudieran al abate Olivier, de la parroquia del barrio, San Esteban del Monte. A federico le gustaba en particular esta Iglesia, en la que hab\u00eda entrado una tarde de des\u00e1nimo para rezar. Y cu\u00e1l no hab\u00eda sido su sorpresa al encontrar all\u00ed de rodillas, en un oscuro rinc\u00f3n, al mismo Amp\u00e9re. Esto le hab\u00eda confortado en su fe. A la saz\u00f3n, el excelente sacerdote, que llegar\u00e1 a ser confesor de la reina luego obispo de \u00c9vreux, no brillaba ni por su originalidad ni por su arrojo. Despistado por el entusiasmo ins\u00f3lito de estos estudiantes, no pareci\u00f3 tomar en serio su perseverancia, y se content\u00f3 con sugerirles que explicaran el catecismo a los \u00abpeque\u00f1os desgraciados\u00bb. Este consejo medio ir\u00f3nico desagrad\u00f3 mucho a Ozanam y a sus amigos, que no ten\u00edan la m\u00ednima intenci\u00f3n de dedicarse a un apostolado intelectual, y que quer\u00edan por el contrario \u00abdescansar de las luchas del esp\u00edritu con el ejercicio, por decirlo as\u00ed manual de la caridad<sup>214<\/sup>\u00ab. Se les ocurri\u00f3 entonces hacer una visita a una religiosa que iba a marcar profundamente a Ozanam y sin la cual la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal no habr\u00eda sido la misma: sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Peque\u00f1a campesina de la regi\u00f3n de Gex, en el Jura, Juana Mar\u00eda Rendu hab\u00eda entrado en el noviciado de las Hijas de la Caridad en 1802. Su congregaci\u00f3n, fundada en el siglo XVl por san Vicente de Pa\u00fal, fue una de las pocas autorizadas por Napole\u00f3n despu\u00e9s del Concordato: hab\u00eda conseguido renacer porque su vocaci\u00f3n, el auxilio de los pobres, era con la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os la \u00fanica que toleraba el r\u00e9gimen. La joven, convertida en sor Rosal\u00eda, fue r\u00e1pidamente asignada a la casa de religiosas de la calle de l&#8217;\u00c9p\u00e9e-de-Bois, en el barrio de Mouffetard. Era por entonces un lugar pobre y de mala fama donde descubri\u00f3 como por revelaci\u00f3n la esencia de su vocaci\u00f3n: el alivio incansable de las miserias m\u00e1s tr\u00e1gicas.<\/p>\n<p>A partir de este instante, las horas del d\u00eda le parecieron pocas, sin conocer descanso, consagr\u00f3 su vida diaria a los vagabundos, a los borrachos, a los sin techo, a los ni\u00f1os abandonados, a las familias sin recursos. En 1815, a pesar de su juventud, fue nombrada al frente de la comunidad, y en adelante todo el pueblo del arrabal Saint-Marceau, de Saint-M\u00e9dard y de Montparnasse no ten\u00edan ojos m\u00e1s que para ella. Cuando lleg\u00f3 la revoluci\u00f3n de 1830, sor Rosal\u00eda se inquiet\u00f3 y lo hizo saber: semejantes disturbios los paga el pueblo caros, pensaba, y los pobres son siempre sus primeras v\u00edctimas. Por eso baj\u00f3 sin titubear a la calle para hacer entrar en raz\u00f3n a los que ella llamaba sus \u00abhijos\u00bb, pero tambi\u00e9n para defenderlos. Incluso favoreci\u00f3 la evasi\u00f3n de algunos de ellos cuya vida estaba amenazada. Al enterarse que hab\u00eda sido por sus servicios, el prefecto de polic\u00eda dio la orden de arrestarla. Pero no se encontr\u00f3 a ning\u00fan agente que lo hiciera, pues tan real era el temor de que toda la poblaci\u00f3n del barrio empu\u00f1ara las armas. Y la orden fue revocada.<\/p>\n<p>En el momento en que Ozanam y sus amigos decidieron consultarla, sor Rosal\u00eda ya era una figura de la caridad c\u00e9lebre en Par\u00eds. Dirig\u00eda un patronato para las j\u00f3venes obreras, una cuna para los ni\u00f1os, un asilo para los ancianos sin recursos; recib\u00eda cada d\u00eda en el locutorio a cantidad de personas, obispos o vagabundos, generales y artesanos, arist\u00f3cratas en busca de una obra buena y sacerdotes llegados a pedir consejo, mujeres del mundo a quienes pon\u00eda a trabajar o hu\u00e9rfanos que recoger. Y con todo ello, sor Rosal\u00eda todav\u00eda encontraba tiempo de recorrer el barrio para visitar a los pobres y organizar cada d\u00eda ayudas de urgencia.<\/p>\n<p>Resumiendo, con pleno consentimiento de Bailly, que la estimaba en mucho, Federico y sus amigos pidieron verse con ella. Los acogi\u00f3 con calor, y comprendi\u00f3 al punto lo que buscaban. Entr\u00f3 sin perder tiempo en el asunto distribuy\u00e9ndoles algunos bonos de pan gratuito de los que dispon\u00eda para sus pobres, y explic\u00e1ndoles a la vez c\u00f3mo servirse de ellos y c\u00f3mo aliviar lo m\u00e1s concretamente posible la miseria. Fue con ella con quien los j\u00f3venes fijaron definitivamente los t\u00e9rminos de su acci\u00f3n: ir a visitar a los pobres en sus casas y distribuirles ayudas en especie.<\/p>\n<p>Al terminar este encuentro, Federico y sus compa\u00f1eros no dudaron un momento que su empresa deb\u00eda ponerse bajo la protecci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal de quien les hab\u00eda hablado la religiosa: \u00abLa humildad y la caridad sin l\u00edmites de este gran santo, su sencillez, su rectitud, su prudencia, su afabilidad con todos respond\u00edan tan bien al esp\u00edritu en el que quer\u00eda inspirarse la nueva Sociedad, que crey\u00f3 no poder hallar un modelo mejor ni un protector m\u00e1s poderoso<\/p>\n<p>De ah\u00ed en adelante, hasta su muerte en 1856, \u00abla madre de los pobres del barrio Mouffetard\u00bb, como se la llamaba, sigui\u00f3 en contacto con las conferencias de caridad y con su fundador. Una profunda comuni\u00f3n de intenciones, de oraci\u00f3n y de pensamiento uni\u00f3 de esta forma a Federico y a sor Rosal\u00eda desde un comienzo. Y durante los veinte a\u00f1os que siguieron, la religiosa fue un apoyo seguro y una consejera escuchada por los colegas.<\/p>\n<p>Fue probablemente este a\u00f1o de 1833 cuando los seis primeros colegas se reunieron en los locales de <em>La Tribuna catholique, <\/em>el diario de Bailly, en la calle del Petit-Bourbon-Saint-Sulpice. Fue preferida esta casa a la de la plaza de la Estrapade con el fin de que no existiera ninguna confusi\u00f3n posible, ni con la antigua Sociedad de los Buenos Estudios requisada pol\u00edticamente y brutalmente disuelta por la monarqu\u00eda de Julio, ni con la conferencia literaria, que continuaba por su lado. Bailly acept\u00f3 con toda naturalidad la presidencia, se elabor\u00f3 la lista de las familias que hab\u00eda que visitar tal y como sor Rosal\u00eda lo hab\u00eda sugerido, y se comenz\u00f3 a contabilizar las cuentas del peque\u00f1o cr\u00e9dito que sor Rosal\u00eda hab\u00eda consentido. A partir de ese momento se inauguraron las visitas; Federico subi\u00f3 escaleras, llev\u00f3 le\u00f1as, entreg\u00f3 bonos de pan: ten\u00eda por fin la certeza de vivir realmente la fe que pon\u00eda por obra en sus investigaciones intelectuales.<\/p>\n<p>As\u00ed lo relataba en 1834: \u00abImportaba formar una asociaci\u00f3n de animaci\u00f3n mutua para los j\u00f3venes cat\u00f3licos, en la que hallar amistad, apoyo, ejemplos; en la que encontrar, por decirlo as\u00ed, un simulacro de la familia religiosa en la que nos hab\u00edamos criado; en la que los m\u00e1s antiguos acogiesen a los nuevos peregrinos de provincias y les diesen una especie de hospitalidad moral.\u00bb \u00abDesde que existimos, a\u00f1ad\u00eda, hemos distribuido alrededor de dos mil cuatrocientos francos, algunos libros y una cantidad bastante grande de ropas viejas. Nuestros recursos est\u00e1n en la colecta que hacemos entre nosotros los martes, en las limosnas de algunas personas caritativas que tienen a bien ayudar as\u00ed a nuestra buena voluntad, en las ropas usadas de nuestro guardarropa.<\/p>\n<p>Al cabo de tres semanas, el peque\u00f1o grupo ya est\u00e1 en rodaje: un esbozo de reglamento ha quedado definido oralmente por iniciativa de Bailly, \u00abpresidente de orden y de consejo\u00bb, y la cohesi\u00f3n es total entre los miembros. Habituado a las sesiones animadas de la conferencia literaria, Lallier se\u00f1alaba m\u00e1s tarde con satisfacci\u00f3n: \u00abLa Sociedad era [&#8230;] sin disputas, sin discusiones, sin controversias, y marchaba sobre ruedas<sup>218<\/sup>.\u00bb Pero un mes despu\u00e9s, sali\u00f3 a relucir con toda naturalidad la cuesti\u00f3n de saber si se deb\u00eda abrir el grupo a nuevos reclutas. Lallier ten\u00eda un candidato, \u00abLa Noue, hijo de un consejero de la corte de Orl\u00e9ans, se lo cuenta a Foisset. Ozanam me recordaba este hecho [&#8230;] y me aseguraba que no se hab\u00eda admitido sin dificultad a un [nuevo] miembro y que yo hab\u00eda tenido que luchar para conseguirlo. Todos pensaban, excepto tal vez Federico, que su grupo ganar\u00eda mucho siendo reducido para no perder ni su intimidad ni su especificidad. Pero Lallier insisti\u00f3: La Noue era un sansimoniano convertido cuya fe tan reciente hab\u00eda que sostener. Apoyado por Ozanam, siempre tan sensible a este g\u00e9nero de argumentos, acab\u00f3 por salirse con la suya. Esta primera admisi\u00f3n, que ser\u00e1 por otra parte un \u00e9xito malogrado por la muerte prematura del joven, constituy\u00f3 en su banalidad un suceso capital: no hab\u00eda raz\u00f3n alguna ya para no abrir la puerta de la Conferencia a todo estudiante cristiano deseoso de practicar el ideal de los seis pioneros. En efecto, a finales del verano, los primeros colegas eran quince. Por su parte, Federico hab\u00eda dejado entrar a su primo Pessonneaux y a dos de sus compatriotas lioneses: Chaurand y Gignoux. Durante este periodo es cuando se sit\u00faa un episodio revelador que se significar\u00e1 en la historia de la sociedad: la peregrinaci\u00f3n a Nanterre. Ozanam cont\u00f3 al detalle en una carta a su madre esta aventura memorable, primera manifestaci\u00f3n p\u00fablica de piedad por parte de los colegas.<\/p>\n<p>Las procesiones estaban prohibidas en Par\u00eds a partir de 1830, y se le ocurri\u00f3 a Federico la idea de participar en la del Corpus Christi en el \u00abpac\u00edfico\u00bb pueblo de Nanterre, \u00abpatria de la popular santa Genoveva\u00bb. Persuadi\u00f3 enseguida a sus compa\u00f1eros para que le acompa\u00f1aran, y llevando cada uno a un amigo o conocido, \u00abpoco a poco el peque\u00f1o grupo se engrosa\u00bb y llega a alcanzar los treinta miembros: \u00aben primer lugar toda la aristocracia intelectual de la conferencia: Lallier, Lamache [&#8230;], Cherruel, sansimoniano convertido, de la Noue [&#8230;] que hace unos versos tan bonitos; luego [&#8230;] los del Languedoc, del Franco Condado, de Normand\u00eda y sobretodo los Lioneses; y vuestro muy humilde servidor; la mayor parte con bigotes, cinco o seis que med\u00edan cinco pies y ocho pulgadas.\u00bb En lugar de colocarse en el cortejo formando un cuerpo, como era la tradici\u00f3n en las cofrad\u00edas, Ozanam y sus compa\u00f1eros se mezclaron \u00abcon los campesinos que segu\u00edan el palio\u00bb, lo que no dej\u00f3 de causar sorpresa a participantes poco habituados, en aquellos a\u00f1os, a ver a j\u00f3venes intelectuales de la burgues\u00eda rezar en p\u00fablico. Esta actitud instintiva de sencillez, de comuni\u00f3n y de humildad caracteriz\u00f3 definitivamente la pr\u00e1ctica de la Sociedad. \u00abRegresamos con el fresco de la tarde\u00bb, concluye Federico, y resume perfectamente sus motivaciones profundas: \u00abHab\u00edamos cumplido con nuestros deberes para con Dios rindi\u00e9ndole el homenaje que le es debido, para con nuestros hermanos d\u00e1ndoles el buen ejemplo, para con nosotros mismos procur\u00e1ndonos un deleite puro, d\u00e1ndonos un testimonio de rec\u00edproca amistad.\u00bb<\/p>\n<p>Los miembros de la conferencia de caridad se atra\u00edan en todo caso las simpat\u00edas de la gente. Ozanam recordaba al final de su vida: \u00abEstos j\u00f3venes no sintieron ninguna preocupaci\u00f3n por lo que pudieran decir de ellos\u00bb, escribi\u00f3 en uno de sus \u00faltimos textos. Apenas [&#8230;] franqueada la escalera del pobre, distribuido el pan a familias en llantos, enviado a las escuelas a ni\u00f1os hasta entonces descuidados; apanas se hubo reconocido por estas se\u00f1ales que el pueblo ten\u00eda en ellos a verdaderos amigos, cuando encontraron al punto en su alrededor no s\u00f3lo tolerancia, sino favor y respeto.\u00bb En su \u00faltima carta, a\u00f1ad\u00eda: \u00abHemos hablado con frecuencia de la debilidad, de la frivolidad, de la nulidad de los hombres incluso cristianos en la nobleza de Francia [&#8230;]. Pero estoy seguro de que son as\u00ed porque le falt\u00f3 algo a su educaci\u00f3n; hay algo que no les ense\u00f1aron, algo que no conocen m\u00e1s que de nombre y que hay que v\u00e9rselo sufrir a los otros, para aprender a sufrirlo cuando llegue tarde o temprano. Y esto es el dolor, es la privaci\u00f3n, es la necesidad&#8230; Es necesario que estos j\u00f3venes se\u00f1ores sepan lo que es el hambre, la sed, la miseria de un granero. Es necesario que vean a necesitados, a ni\u00f1os enfermos, a ni\u00f1os que lloran. Es necesario que los vean y que los quieran. O esta visi\u00f3n despierta alg\u00fan latido en su coraz\u00f3n, o esta generaci\u00f3n est\u00e1 perdida. Pero no hay que creer nunca que una joven alma est\u00e1 muerta. 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