{"id":387531,"date":"2016-06-05T08:35:25","date_gmt":"2016-06-05T06:35:25","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387531"},"modified":"2016-07-26T17:07:17","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:17","slug":"federico-ozanam-1813-1853-xii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-xii\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (XII)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387294 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>LA INTUICION DE OZANAM<\/p>\n<p>Cuando estalla la revoluci\u00f3n de 1830, el futuro fundador de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal tiene exactamente diecisiete a\u00f1os. Arde ya con una fe viva, y est\u00e1 al propio tiempo abierto a las ideas nuevas, es por otra parte lo menos que se pueda decir a juzgar por una carta que env\u00eda en setiembre a su amigo Falconnet. En ella evoca con benevolencia las ideas republicanas y critica la carta que ha otorgado Luis Felipe: para \u00e9l, \u00abdescansa en un principio falso que no es ni la legitimidad, ni la soberan\u00eda del pueblo\u00bb. De ah\u00ed concluye que \u00abel gobierno actual, expresi\u00f3n de un hecho relativo, contingente, es un gobierno mal asentado\u00bb, un \u00abgobierno de hecho\u00bb. Y a\u00f1ade sin titubeos: \u00abPor lo dem\u00e1s, creo que dentro de poco tendremos una Rep\u00fablica, y que de la rep\u00fablica saldr\u00e1 alg\u00fan hombre que sabr\u00e1 manejar el estado de las cosas y nos devolver\u00e1 al buen cannino.\u00bb<\/p>\n<p>Sin ambages, se afirma cat\u00f3lico liberal, lo que se desprende claramente de una carta del 29 de noviembre del mismo a\u00f1o enviada a otro amigo suyo: \u00abLa religi\u00f3n se compagina con la libertad\u00bb, escribe, denunciando \u00abel prejuicio de que la religi\u00f3n cat\u00f3lica es hermana del despotismo, enemiga de la libertad.\u00bb Y prosigue: \u00abVeo como providencial el 1789, porque contin\u00faa su acci\u00f3n; veo como puramente humano el 1793 que no dur\u00f3 m\u00e1s que un a\u00f1o [&#8230;]. Por eso hoy, que todos los j\u00f3venes proclaman la gloriosa revoluci\u00f3n, yo trato de hacerme viejo, y miro, espero, observo; de aqu\u00ed a diez a\u00f1os, te dir\u00e9 lo que encerraba de leg\u00edtimo y de ileg\u00edtimo, de providencial y de humano.\u00bb Lo que no le impide aceptar la monarqu\u00eda de julio, sin entusiasmo pero sin ambig\u00fcedad: \u00abQuieren que me salga de una escuela hostil a los reyes\u00bb, anota en una aclaraci\u00f3n que dirige en 1834 <em>a l&#8217;Ami de la rel\u00edgion. <\/em>\u00abCristiano, me glor\u00edo en no pertenecer a ninguna escuela m\u00e1s que a la de la verdad, que es la Iglesia. Pero si alguna vez, en la lucha de las opiniones que dirigen a Francia, mis simpat\u00edas me llevan hacia un bando, si alguna vez se me han atribuido creencias pol\u00edticas, es que fue en una escuela opuesta, en una escuela amiga de la realeza, donde yo las habr\u00eda tomado.\u00bb En 1831, hab\u00eda puesto tambi\u00e9n en guardia a uno de sus corresponsales contra un exceso de indulgencia por los triunfadores de las Tres Gloriosas, debeladores de la vieja monarqu\u00eda a la vez galicana y volteriana: \u00abSi te he de dar un consejo es que desconf\u00edes de los hombres de tu partido pol\u00edtico que, sin saber comprender el acuerdo del catolicismo con la libertad, re\u00fanen todos sus esfuerzos para derribar nuestra divina religi\u00f3n y poner el protestantismo o tambi\u00e9n el de\u00edsmo en su lugar. Su pretendida tolerancia consiste en derribar las cruces y fusilar a los fieles de rodillas a los pies de su Dios&#8230;]. \u00a1Que se averg\u00fcencen! O m\u00e1s bien, \u00a1que puedan entrar en mejores sentimientos!\u00bb<\/p>\n<p>Estas reflexiones no deben llevar a enga\u00f1o: Federico s\u00f3lo se preocupaba por los acontecimientos pol\u00edticos y por las formas de gobierno para preguntarse cu\u00e1l era su significaci\u00f3n en el plan de Dios. El resto le importaba poco: su pensamiento social \u00abqued\u00f3 esbozado muy temprano\u00bb, pero \u00absiempre estuvo en relaciones estrechas con sus tendencias morales\u00bb. Su existencia y su actuaci\u00f3n se inspiraron en primer lugar en su fe profunda. \u00c9l \u00absigui\u00f3 siendo toda su vida profundamente religioso\u00bb, y \u00abtodas sus empresas tuvieron en primer lugar como meta el perfeccionamiento de su propia vida y la conversi\u00f3n de los otros.\u00bb Por consiguiente es f\u00e1cil de comprender que la pol\u00edtica misma no jug\u00f3 m\u00e1s que un papel muy secundario en su existencia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, si tuvo intuiciones, particularmente la que va a conducirle a crear las conferencias de caridad, a desarrollar y profundizar el movimiento generado por la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, \u00e9l no construy\u00f3 un pensamiento social. En primer lugar porque conoc\u00eda mal la econom\u00eda pol\u00edtica: \u00abT\u00fa te has ocupado mucho del gran problema social de la mejora de las clases trabajadoras, en el que yo apenas he pensado\u00bb, escrib\u00eda a Ernesto Falconnet en 1833. \u00abA m\u00ed, [&#8230;] excepto algunos conocimientos de orientalismo, algunas ideas muy vagas de derecho y de legislaci\u00f3n, cierta cantidad de nociones nuevas sobre la filosof\u00eda de la historia, someras ideas generales de econom\u00eda pol\u00edtica [&#8230;], estos catorce meses pasados en la capital me han dejado muy escasos frutos.\u00bb Por supuesto que exageraba, pero si no ignoraba ni los debates que agitaban a los j\u00f3venes cat\u00f3licos ni el contexto general de las otras corrientes de pensamiento, manten\u00eda pocos contactos con los actores del gran movimiento social. Era amigo de un sansimoniano convertido, Cherruel; escuchaba al abate Gerbet, frecuentaba el sal\u00f3n de Montalembert, donde se hablaba \u00abde la miseria actual del pueblo\u00bb para concluir \u00aben siniestros presagios para el porvenir\u00bb, y all\u00ed se cruzaba con Lacordaire y el socialista Consid\u00e9rant. Pero \u00e9l lo refer\u00eda todo a la religi\u00f3n: \u00abEn vano se hab\u00eda acusado a la religi\u00f3n del Evangelio de arrojar el desprecio sobre las ciencias, las artes y la industria\u00bb, escrib\u00eda en sus <em>R\u00e9flexions sur la doctrine de Saint-Simon <\/em>en 1831. \u00abNosotros la hemos visto rodear de est\u00edmulos protectores a todo lo que es verdadero, hermoso y \u00fatil. Su puesta en pr\u00e1ctica nos ha parecido una gloriosa verificaci\u00f3n de su doctrina, y hemos visto en el porvenir los altos destinos que le est\u00e1n reservados.\u00bb \u00bfNo tributaba homenaje unas p\u00e1ginas antes a Saint-Simon que hab\u00eda adoptado muchos principios cristianos, como el amor, la jerarqu\u00eda, la asociaci\u00f3n universal, para machacarle despu\u00e9s por haberse apartado \u00abde Cristo que le sirve de modelo\u00bb? Y no le desaprueba del todo cuando advierte: \u00abA cada uno seg\u00fan su capacidad; a cada capacidad seg\u00fan sus obras: bella y cristiana m\u00e1xima; consoladora promesa por parte de un Dios; amenaza terrible quiz\u00e1s en la boca de un hombre.\u00bb<\/p>\n<p>Evitar la lucha de clases, s\u00ed, sin discusi\u00f3n. Pero por el amor y la fe, no utilizando medios pol\u00edticos. Fiel a su pensamiento, escribe de nuevo en 1840: \u00abCuando el pauperismo creciente se encuentra furioso y desesperado frente a una aristocracia de entra\u00f1as endurecidas es bueno que existan mediadores que puedan anticipar una colisi\u00f3n cuyos horribles desastres no se podr\u00edan imaginar, que se hagan escuchar en los dos campos, que vayan a llevar a uno de ellos palabras de resignaci\u00f3n, al otro consejos de misericordia.\u00bb Un an\u00e1lisis as\u00ed no constituye una reflexi\u00f3n socio-econ\u00f3mica de envergadura, pero pone de relieve la ambici\u00f3n de Ozanam: que la Iglesia \u00abpase al pueblo\u00bb como \u00e9l mismo quer\u00eda \u00abpasar a los b\u00e1rbaros\u00bb. En 1831, se hab\u00eda indignado porque el <em>Journal des d\u00e9bats <\/em>hab\u00eda tratado \u00aba la clase obrera de b\u00e1rbaros y de enemigos\u00bb. Pero \u00e9l recogi\u00f3 estos t\u00e9rminos para justificar lo que a sus ojos era la misi\u00f3n primera de los cat\u00f3licos, la raz\u00f3n de ser de la fe cristiana: \u00abRehabilitar un d\u00eda a los trabajadores como rehabilit\u00f3 a todas las clases sufridas de la humanidad, haciendo bajar entre ellos dogmas de consuelo, virtudes civilizadoras y el imperecedero sentimiento de la dignidad personal.\u00bb Las dos primeras proposiciones dejan con dudas a un esp\u00edritu de finales del siglo XX; pero la tercera debe llamar la atenci\u00f3n. Resume perfectamente lo que Federico denuncia incansablemente desde 1831: \u00abEl desprecio de la dignidad humana, la explotaci\u00f3n, la asimilaci\u00f3n de un obrero a una m\u00e1quina, la esclavitud [&#8230;], la especulaci\u00f3n del derroche sobre la miseria [&#8230;], la usura, la brutalidad de los economistas y de los industriales<sup>190<\/sup>.\u00bb Ataca \u00aba los altos se\u00f1ores de la industria\u00bb que \u00abson, como nuestros antiguos reyes, paseados a hombros de hombres\u00bb. Afirma: \u00abExiste explotaci\u00f3n cuando el amo considera al obrero no como a un asociado, corno a un auxiliar, sino como un instrumento del que hay que sacar el mayor provecho al menor precio que se pueda [&#8230;] La explotaci\u00f3n del hombre por el hombre es la esclavitud. El obrero-m\u00e1quina no es ya m\u00e1s que una parte del capital, como la esclavitud de los antiguos; el servicio se convierte en servidumbre.\u00bb In\u00fatil decir que la fe cristiana rechaza categ\u00f3ricamente tal actitud. Y Ozanam concluye como moralista: \u00abSi dejamos a veces la jurisprudencia por la moral, es por cumplir nuestro programa, por necesidad: como viajeros extraviados en el laberinto de las leyes, tenemos necesidad, para orientarnos, de ascender de vez en cuando a estas cimas ideales donde una claridad m\u00e1s viva descubre m\u00e1s vastos horizontes.\u00bb<\/p>\n<p>Desde su llegada a Par\u00eds a principios de los a\u00f1os 1830, hab\u00eda tenido el confuso presentimiento de que deb\u00eda comprometerse claramente como cristiano en la acci\u00f3n lo mismo que en la reflexi\u00f3n. Su sistema intelectual, ya se ha dicho, estaba ya construido, y se buscaba compa\u00f1eros para ponerlo por obra. En 1831, hab\u00eda o\u00eddo hablar de la conferencia de historia de la plaza de la Estrapade, muy cerca del Pante\u00f3n, una de esas \u00abcharlas\u00bb, seg\u00fan el t\u00e9rmino de la \u00e9poca, en las que los estudiantes debat\u00edan con fervor. Estaba presidida por el impresor cat\u00f3lico Bailly, veterano de la reaccionaria Sociedad de los Buenos Estudios, que hab\u00eda barrido la revoluci\u00f3n de 1830. Bailly no ten\u00eda igual para descubrir a los pocos estudiantes cristianos susceptibles de proclamar con inteligencia y entusiasmo su fe, y trataba de colocarlos por delante en las reuniones agitadas en las que se enfrentaban volterianos, sansimonianos, ateos y hasta un mahometano, cosa un tanto rara por entonces. A comienzos de 1832, Federico, sediento de acci\u00f3n y de discusi\u00f3n, empieza a participar en las reuniones ruidosas y apasionadas de la conferencia, que con su animaci\u00f3n atra\u00eda tambi\u00e9n a j\u00f3venes del barrio o a burgueses de paso. Muy pronto se destac\u00f3: \u00abFuesen los que fuesen los asuntos de lectura o de discusi\u00f3n\u00bb de estos encuentros del s\u00e1bado, contar\u00e1 m\u00e1s tarde uno de los pocos estudiantes cat\u00f3licos del grupo, \u00abhistoria, filosof\u00eda, literatura, bellas artes, arqueolog\u00eda, econom\u00eda pol\u00edtica [&#8230;], la cuesti\u00f3n pol\u00edtica se mezclaba en todo. [&#8230;] Ozanam honraba nuestra causa con su erudici\u00f3n precoz y la brillante superioridad de un m\u00e9rito que todos aplaud\u00edan con entusiasmo y m\u00e1s a\u00fan por ir acompa\u00f1ado de una modestia perfecta.\u00bb A los ojos de conformidad de Bailly, Federico iba tomando ascendiente sobre sus compa\u00f1eros, y hac\u00eda evolucionar sus \u00abh\u00e1bitos poco cient\u00edficos\u00bb hacia la filosof\u00eda y las \u00abinvestigaciones serias\u00bb. De pronto, Ozanam se constituy\u00f3 sin quererlo en el jefe de fila de los j\u00f3venes cristianos del grupo: \u00abPorque Dios y la educaci\u00f3n me han dotado de cierta amplitud de ideas, de cierto nivel de tolerancia, escribir\u00e1, se quiere hacer de m\u00ed una especie de jefe de la juventud cat\u00f3lica de este pa\u00eds H. Debo estar a la cabeza de todos los movimientos, y, cuando se ha de hacer algo dif\u00edcil, deber\u00e1 caer sobre mis hombros<sup>194<\/sup>.\u00bb<\/p>\n<p>Mientras tanto, en la primavera de 1832, se declar\u00f3 una epidemia mortal de c\u00f3lera en la capital, y Bailly juzg\u00f3 m\u00e1s prudente dispersar a los veinte j\u00f3venes que constitu\u00edan la conferencia. Esta no obstante se reanud\u00f3 en octubre del mismo a\u00f1o, con dimensiones muy distintas: \u00abGracias al celo de algunos de los miembros antiguos, dice Ozanam a Falconnet pocos meses m\u00e1s tarde, esta sociedad ha crecido de manera maravillosa; cuenta con sesenta personas varias de las cuales llevan nombres que gozan de celebridad. Numerosos oyentes asisten a las sesiones, y el amplio local se llena del todo<sup>19<\/sup>.\u00bb Con toda seguridad, Ozanam tiene mucho que ver en esta evoluci\u00f3n, aunque \u00e9l no lo diga. Se ha esforzado para integrar en el grupo a j\u00f3venes intelectuales distinguidos, y se ha salido con la suya: \u00abHemos cre\u00eddo necesario poner condiciones bastante severas para la admisi\u00f3n de los candidatos, prosegu\u00eda en la carta a su amigo, y sin embargo las candidaturas se multiplican, y han acudido a nosotros j\u00f3venes de un talento superior.\u00bb Los hay \u00abviajeros precoces [que] han visitado todas las partes de Europa\u00bb, y \u00abhasta uno que ha dado la vuelta al mundo\u00bb, dice maravillado. Los nuevos reclutas \u00abhan profundizado en las teor\u00edas del arte\u00bb, \u00absondeado los problemas de econom\u00eda pol\u00edtica&#8230; La mayor parte se entrega al estudio de la historia, algunos a la filosof\u00eda.\u00bb Finalmente, no faltan futuros poetas. Si el dominio mayoritario de la pol\u00edtica est\u00e1 fuera de nuestros recorridos, contin\u00faa Federico, para cualquier tema existe plena y entera libertad. Por eso se presentan cuestiones graves, j\u00f3venes fil\u00f3sofos vienen a pedir cuentas al catolicismo de sus doctrinas y de sus obras, y es entonces cuando, aprovechando la inspiraci\u00f3n del momento, uno de nosotros sale a la palestra, desarrolla el pensamiento cristiano mal comprendido, expone la historia para mostrar en ella sus gloriosas aplicaciones.\u00bb Nadie pone en duda que Ozanam mismo se comportaba de esta manera y que indagaba con obstinaci\u00f3n en estos torneos el medio de establecer \u00absobre bases s\u00f3lidas la inmortal uni\u00f3n de la verdadera filosof\u00eda con la fe\u00bb. La teolog\u00eda no ten\u00eda nada que ver: se trataba de discutir \u00abel alcance cient\u00edfico y social del Evangelio\u00bb, <em>y <\/em>Federico constata que los cat\u00f3licos se encontraban por fin en n\u00famero igual, una treintena, a los que no lo eran. Su \u00abardor\u00bb, su \u00abcelo\u00bb, su \u00abinsistencia\u00bb le encantaban, y se felicitaba por \u00abla franca e \u00edntima cordialidad\u00bb, por la \u00abfraternidad muy especial\u00bb que reinaban entre ellos: sus contempor\u00e1neos no han dejado de advertir que \u00e9l era incontestablemente su origen, y un peque\u00f1o n\u00facleo de compa\u00f1eros se hab\u00eda formado r\u00e1pidamente alrededor de \u00e9l, \u00abuna decena unidos m\u00e1s estrechamente todav\u00eda por los lazos del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n, especie de caballer\u00eda literaria, amigos incondicionales que no tienen ning\u00fan secreto, que se abren para contarse seg\u00fan el caso sus alegr\u00edas, sus esperanzas, sus tristezas<sup>196<\/sup>.\u00bb A menudo, al salir de las reuniones, el grupo part\u00eda cogidos del brazo hacia el Pante\u00f3n y, a la sombra del edificio iluminado por la luna, daba vueltas durante horas arreglando el mundo: \u00abYo era como ellos, dice Federico, y al o\u00edrlos pensaba y hablaba como ellos, y sent\u00eda expansion\u00e1rseme el coraz\u00f3n; me parec\u00eda que me convert\u00eda en hombre, y sacaba de all\u00ed, yo, tan d\u00e9bil y pusil\u00e1nime, unos instantes de energ\u00eda para los trabajos del d\u00eda siguiente.\u00bb<\/p>\n<p>Entre los j\u00f3venes cat\u00f3licos, se hallaba Jules Devaux, un estudiante de medicina, Francois Lallier, estudiante de derecho a quien Ozanam hab\u00eda convencido para entrar en la lucha, Auguste Taillandier, oyente asiduo pero mudo, por fin Paul Lamache, otro estudiante de algo m\u00e1s edad y cuya carta escrita veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s resume bien el esp\u00edritu general: \u00abPor mi parte, llegado de Par\u00eds en 1829, yo no hab\u00eda querido formar parte de la Congregaci\u00f3n, porque los favores otorgados a varios de sus miembros y la estrecha solidaridad que parec\u00eda existir por entonces entre la religi\u00f3n y una opini\u00f3n p\u00fablica suministraban a la malevolencia un pretexto para sospechar del desinter\u00e9s de su piedad.\u00bb En otras palabras, seg\u00fan lo pensaba Federico, era muy ambiguo afirmarse cat\u00f3lico en un r\u00e9gimen pol\u00edtico que se serv\u00eda de la Iglesia para consolidar su poder, y la alianza del trono y del altar se deb\u00eda proscribir. \u00abAl contrario, prosigue Lamache, despu\u00e9s de 1830, era manifiesto que al recitar el <em>Credo <\/em>no se pod\u00eda alimentar la segunda intenci\u00f3n de encomendar su porvenir al patrocinio de hombres influyentes: posici\u00f3n infinitamente m\u00e1s c\u00f3moda para un muchacho leal\u00bb.<\/p>\n<p>Con el fin de polemizar de manera cada vez m\u00e1s incisiva, Lamache, Ozanam y Lallier decidieron al cabo de unas semanas preparar las discusiones en grupo, experimentar sus argumentos juntos y designar en cada ocasi\u00f3n a un reportero \u00fanico encargado de hablar en nombre de todos. Lallier habl\u00f3 de ello con Le Taillandier, quien se mostr\u00f3 esc\u00e9ptico ante este m\u00e9todo y se aprovech\u00f3 para expresar el cansancio que le produc\u00eda a veces este sonsonete perpetuo de palabras y de ideas\u00bb: \u00bfpor qu\u00e9 entregarse sin cesar a la controversia, observ\u00f3 \u00e9l, en lugar de proponer estos treinta j\u00f3venes cristianos reuniones de oraci\u00f3n, de ejercicios de piedad y la pr\u00e1ctica de la caridad? Pensativo, Lallier, refiri\u00f3 esta observaci\u00f3n a Federico, pero \u00e9ste no le prest\u00f3 atenci\u00f3n de momento, ocupado corno estaba por la proximidad de una conferencia en la que uno de los participantes deb\u00eda culpar duramente a la fe. Llegado el d\u00eda, tuvo lugar efectivamente una reuni\u00f3n movida: el orador hizo el elogio brillante de Byron, no como poeta, sino como denostador de la religi\u00f3n, trazando un paralelo entusiasta entre el escepticismo de Voltaire y el anti-cristianismo feroz del escritor ingl\u00e9s, sin perder la ocasi\u00f3n de paso, aunque fuese con una cortes\u00eda de fachada, de echar mano del insulto y de la blasfemia. La exposici\u00f3n era s\u00f3lida, argumentada, incisiva, y tuvo \u00e9xito. Ozanam qued\u00f3 consternado. Claro que se levant\u00f3 para responder, afirmando con fuerza \u00abque no se nos venga a decir ahora que nuestra religi\u00f3n se acaba, que no tiene nada que decir en las cuestiones sociales. Que no se nos venga ahora a decir que nuestros templos est\u00e1n desiertos [&#8230;]. A qu\u00e9 viene esta oraci\u00f3n f\u00fanebre, que durante dieciocho siglos se repite hasta la saciedad a nuestros o\u00eddos. Hace dieciocho siglos! Pues no os llam\u00e9is a enga\u00f1o, esta objeci\u00f3n es tan vieja como la verdad; data del tiempo de los Ap\u00f3stoles; tambi\u00e9n a ellos se les trataba de agonizantes, y ellos no contestaron; ellos conquistaron el mundo!&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Federico hab\u00eda estado a la altura de la pol\u00e9mica, pero despu\u00e9s de estas declaraciones de principio y de convicci\u00f3n, cada uno se quedaba en sus posiciones, treinta contra treinta. \u00bfNo era esto algo in\u00fatil? Cuando Bailly levant\u00f3 la sesi\u00f3n, Ozanam estaba triste y perplejo. Perdido en sus pensamientos, sali\u00f3 con Lamache y Devaux, y de pronto los detuvo: nada de renunciar a las discusiones filos\u00f3ficas e hist\u00f3ricas, les dijo. Pero Le Taillandier tiene quiz\u00e1s raz\u00f3n: una \u00abreuni\u00f3n de caridad\u00bb en la que se reuniera el grupo de los cat\u00f3licos tendr\u00eda el doble m\u00e9rito \u00abde conservar en ellos el esp\u00edritu de fe y de hacer resplandecer a los ojos de sus camaradas indiferentes la persistente y bienhechora vitalidad del cristianismo\u00bb.<\/p>\n<p>Lamache ha contado la escena medio siglo m\u00e1s tarde: \u00abVeo brillar la llama en los ojos de Ozanam, oigo su voz que tiembla ligeramente bajo la emoci\u00f3n, mientras nos explica, a Devaux y a m\u00ed, el proyecto de asociaci\u00f3n cat\u00f3lica y caritativa [&#8230;]. Me habl\u00f3 de todo en t\u00e9rminos tan c\u00e1lidos y tan conmovidos, que habr\u00eda sido necesario no tener coraz\u00f3n ni fe para no adherirse enseguida a la propuesta<sup>2\u00b0z<\/sup>.\u00bb Nosotros somos todos unos desarraigados en Par\u00eds, les dijo, y \u00abla incredulidad, ese buitre de del pensamiento\u00bb, planea sobre nosotros. \u00abSomos aves de paso [&#8230;], pobres j\u00f3venes inteligencias criadas en el regazo del catolicismo y diseminadas en medio de una multitud inepta y sensual.\u00bb El Parisino, que se codea con nosotros \u00abmientras corre a sus placeres\u00bb, no entiende nuestro lenguaje: es \u00abuna lengua muerta, que pocos conocen aqu\u00ed <sup>\u00b04<\/sup>.\u00bb Bueno!, exclama, \u00abse trata, ante todo, de que estas d\u00e9biles aves de paso se re\u00fanan bajo un abrigo que las acoja, de que estas j\u00f3venes inteligencias encuentren un punto de reuni\u00f3n durante el tiempo de su exilio\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero el v\u00ednculo m\u00e1s fuerte, el principio de una amistad verdadera, es la caridad: y la caridad no puede existir en el coraz\u00f3n de muchos sin salir al exterior; es un fuego que se apaga si le falta el alimento, y el alimento de la caridad son las buenas obras\u00bb. Su conclusi\u00f3n es clara: \u00abNo hablemos tanto de caridad, hag\u00e1mosla m\u00e1s bien, y socorramos a los pobres!\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA INTUICION DE OZANAM Cuando estalla la revoluci\u00f3n de 1830, el futuro fundador de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal tiene exactamente diecisiete a\u00f1os. 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Viernes, 17 de marzo de 1831. Mi querido amigo: Te escribo con mucha pena en mi coraz\u00f3n. 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