{"id":387477,"date":"2016-05-27T08:49:05","date_gmt":"2016-05-27T06:49:05","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387477"},"modified":"2016-07-26T17:07:17","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:17","slug":"federico-ozanam-1813-1853-ix","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-ix\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (IX)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>EL ENSAYISTA<\/p>\n<p>\u00abFe profunda, ciencia, arte de bien hablar, valent\u00eda en la afirmaci\u00f3n, desinter\u00e9s absoluto en la acci\u00f3n, son otros tantos rasgos caracter\u00edsticos de Federico Ozanam\u00bb, escribe Eugenio Duthoit. Se los encuentra en la expresi\u00f3n de su visi\u00f3n del mundo: para \u00e9l, la cuesti\u00f3n social no puede depender \u00fanicamente de la econom\u00eda, sino tambi\u00e9n de la moral y, por consiguiente, esencialmente de la religi\u00f3n. El cristiano debe vivir y combatir en su tiempo, y existen deberes y responsabilidades incontrovertibles en la evoluci\u00f3n de la sociedad.<\/p>\n<p>Como lo escribir\u00e1 en una de sus cartas, da gracias a Dios por haberle hecho nacer \u00aben una de esas situaciones, en la frontera entre la estrechez y el acomodo, que habit\u00faan a las privaciones sin permitir en absoluto ignorar los goces\u00bb. Lo que \u00e9l mismo haga, se lo predica a todo cristiano. Cuando comienza a interesarse por el mundo que le rodea, tiene diecisiete a\u00f1os, y la revoluci\u00f3n de 1830 ha barrido la vieja monarqu\u00eda en un torbellino de ideas nuevas. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde describir\u00e1 aquel momento en estos t\u00e9rminos: \u00abEst\u00e1bamos entonces invadidos por un diluvio de doctrinas filos\u00f3ficas y heterodoxas que se agitaban en torno a nosotros, y nosotros experiment\u00e1bamos el deseo y la necesidad de fortalecer nuestra fe en medio de los asaltos a los que la somet\u00edan los diversos sistemas de la falsa ciencia.\u00bb Sus compa\u00f1eros de estudios eran volterianos, materialistas, sansimonianos, todo lo m\u00e1s de\u00edstas. Y cuando intentaba \u00abrecordarles las maravillas del cristianismo\u00bb, respond\u00edan de forma perentoria: \u00abTen\u00e9is raz\u00f3n si habl\u00e1is del pasado; el cristianismo realiz\u00f3 prodigios en otro tiempo, pero hoy, el cristianismo ha muerto. Y, a decir verdad, vos que tanto os glori\u00e1is de ser cat\u00f3lico, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las obras que demuestran vuestra fe y que pueden hac\u00e9rnosla respetar y admitir?\u00bb Y a\u00f1ade Ozanam: \u00abTen\u00edan raz\u00f3n, bien nos merec\u00edamos este reproche. Pues bien, \u00a1a trabajar! Y que nuestros actos est\u00e9n de acuerdo con nuestra fe.\u00bb<\/p>\n<p>Este desaf\u00edo ser\u00e1 para Federico uno de los puntos de partida de la gran aventura de la caridad que era para \u00e9l la mejor respuesta a la pregunta: \u00abQu\u00e9 hacer para ser verdaderamente cat\u00f3licos, sino lo que agrada m\u00e1s a Dios?\u00bb Pero hac\u00eda falta tambi\u00e9n que la fe viniera en ayuda de las inteligencias, y esta convicci\u00f3n justificar\u00e1 toda su vida intelectual, hasta el extremo l\u00edmite de sus fuerzas. \u00bfNo se arrastr\u00f3 un d\u00eda hasta la c\u00e1tedra ardiendo de fiebre y diciendo a sus estudiantes, con m\u00e1s pasi\u00f3n que afectaci\u00f3n: \u00abNuestra vida os pertenece, y la tendr\u00e9is hasta el \u00faltimo aliento\u00bb?<\/p>\n<p>Aparte de su trabajo de profesor y de investigador, m\u00e1s all\u00e1 de su misi\u00f3n podr\u00edamos decir, estaba su reflexi\u00f3n de observador y de analista de su tiempo. Desde los primeros a\u00f1os del reinado de Luis Felipe, hab\u00eda notado: \u00abLa cuesti\u00f3n que agita hoy al mundo no es una cuesti\u00f3n de personas, ni una cuesti\u00f3n de formas pol\u00edticas, sino una cuesti\u00f3n social.\u00bb En una carta a Falconnet, el 21 de julio de 1834, afirmaba en el pre\u00e1mbulo la idea maestra de su vida: \u00abYo considero al catolicismo de una manera m\u00e1s absoluta; veo en \u00e9l la f\u00f3rmula necesaria del cristianismo, lo mismo que el cristianismo me parece la f\u00f3rmula necesaria de la humanidad.\u00bb Luego continuaba con su pensamiento: \u00abEn cuanto a las opiniones pol\u00edticas, [&#8230;] yo desear\u00eda la aniquilaci\u00f3n del esp\u00edritu pol\u00edtico a favor del esp\u00edritu social. Siento, sin discusi\u00f3n, por el viejo realismo todo el respeto que se debe a un glorioso inv\u00e1lido, pero no me apoyar\u00e9 nunca en \u00e9l, porque con su pata de palo no podr\u00eda caminar al paso de las generaciones nuevas. No niego, no rechazo ninguna combinaci\u00f3n gubernamental. Pero no las acepto m\u00e1s que como instrumento para hacer a los hombres m\u00e1s felices y mejores [&#8230;]. Todo gobierno me parece respetable en cuanto representa el principio divino de la autoridad [&#8230;]. Pero pienso que frente al poder, hace falta tambi\u00e9n el lugar del principio sagrado de la libertad; creo que se puede reivindicar con energ\u00eda este lugar; creo que se debe avisar con voz valiente y severa al poder que explota en lugar de sacrificarse: la palabra se ha hecho para ser el dique que se opone a la fuerza; es el grano de arena contra el que llega a romperse el mar.\u00bb<\/p>\n<p>Y con algunas f\u00f3rmulas bien sentidas, encuadra su perspectiva;<\/p>\n<p>\u00abCreo en la autoridad como medio, en la libertad como medio, en la caridad como fin.<\/p>\n<p>\u00abExisten dos especies principales de gobiernos, y estas dos especies de gobiernos pueden estar animadas por dos principios opuestos.<\/p>\n<p>\u00abO es la explotaci\u00f3n de todos en beneficio de uno solo: y es la monarqu\u00eda de Ner\u00f3n, monarqu\u00eda que aborrezco.<\/p>\n<p>\u00abO es el sacrificio de uno solo en beneficio de todos: y es la monarqu\u00eda de san Luis, a quien reverencio con amor.<\/p>\n<p>\u00abO es la explotaci\u00f3n de todos en beneficio de cada uno: y es la rep\u00fablica del Terror, y a esta rep\u00fablica yo la maldigo.<\/p>\n<p>\u00abO es el sacrificio de cada uno en beneficio de todos: y es la rep\u00fablica cristiana de la Iglesia primitiva de Jerusalen: es quiz\u00e1s tambi\u00e9n la del fin de los tiempos; el estado m\u00e1s alto al que pueda subir la humanidad.\u00bb<\/p>\n<p>Estas ideas pol\u00edticas son a la vez claras y esquem\u00e1ticas, porque Ozanam no se inclina por un sistema de gobierno m\u00e1s que en la medida en que garantice la libertad individual y practique la caridad. De mayor importancia son para \u00e9l \u00abla acci\u00f3n popular cristiana\u00bb, de la que considera Alberto de Mun que fue el precursor, y la cuesti\u00f3n del trabajo, de la que constata que se plantea en t\u00e9rminos nuevos a sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>El r\u00e9gimen nuevo del salariado a gran escala le preocupaba de modo particular. Los a\u00f1os treinta de su siglo inauguraban una \u00e9poca de revoluciones econ\u00f3micas, sociales, industriales que tuvo tiempo de percibir, ya que no de analizar en profundidad. Su curso de derecho comercial en Lyon le condujo a inclinarse sobre mecanismos de cuyos peligros se dio cuenta con toda claridad: el liberalismo sin freno de los \u00abeconomistas\u00bb o la coacci\u00f3n instaurada por los \u00absocialistas\u00bb. En un pasaje de su curso, escribe: \u00abLa antigua escuela de los economistas no conoce mayor peligro social que una producci\u00f3n insuficiente; ni otra salvaci\u00f3n que la de apresurarla, multiplicarla mediante una concurrencia sin l\u00edmites; ni otra ley del trabajo que la del inter\u00e9s personal [&#8230;]. Por otra parte, la escuela de los socialistas modernos achaca todo el mal a una distribuci\u00f3n viciosa, y cree haber salvado a la sociedad suprimiendo la concurrencia, haciendo de la organizaci\u00f3n del trabajo una prisi\u00f3n que alimentaba a sus prisioneros, ense\u00f1ando a los pueblos a vender su libertad por la seguridad del pan [&#8230;]. Estos dos sistemas [&#8230;] llegan por dos caminos diversos al materialismo.\u00bb<\/p>\n<p>Federico expondr\u00e1 estas ideas en 1848, pero ya hab\u00eda dejado establecidas con una notable presciencia las bases de un debate que no ha cesado desde entonces de agitar la historia de las ideas. En esta perspectiva, los cat\u00f3licos deben, seg\u00fan \u00e9l, formular ciertas demandas y exigir la aplicaci\u00f3n de medidas precisas, sin excluir a <em>pr\u00edori <\/em>uno u otro de estos sistemas: el respeto a la persona, la salvaguarda de su vida de familia, la posibilidad del descanso y de rezar el domingo, la garant\u00eda de tener condiciones de trabajo decentes. Dios lo exige para todas sus criaturas, y por supuesto para los trabajadores asalariados. Por esto el problema social es para Ozanam un problema moral y religioso.<\/p>\n<p>Las cuestiones que van a ocupar las mentes son las cuestiones de trabajo, de salario, de industria, de econom\u00eda, exclamaba en 1848, pero desde 1836 juzgaba severamente a su \u00e9poca: \u00abLa cuesti\u00f3n que divide a los hombres de nuestros d\u00edas, dec\u00eda a un amigo suyo, no es ya una cuesti\u00f3n de formas pol\u00edticas, es una cuesti\u00f3n social, se trata de saber qui\u00e9n lo va a lograr si el esp\u00edritu de ego\u00edsmo o el esp\u00edritu de sacrificio; si la sociedad no va a ser m\u00e1s que una gran explotaci\u00f3n en beneficio del m\u00e1s fuerte, o una consagraci\u00f3n de cada uno para el bien de todos y sobre todo para la protecci\u00f3n de los d\u00e9biles. Hay muchos hombres que tienen demasiado y que quieren tener m\u00e1s: hay muchos otros m\u00e1s que no tienen suficiente, que no tienen nada y que quieren tomar si no se les da. Entre estas dos clases de hombres se prepara una lucha, y esta lucha amenaza con ser terrible: por un lado, el poder del oro; por otro, el poder de la desesperaci\u00f3n.\u00bb A diferencia de Montalembert, jefe de fila de los cat\u00f3licos, quien trataba de lograr que las clases dirigentes hicieran algunas concesiones para mantener el orden social, Ozanam no daba la raz\u00f3n ni \u00abal campo de los ricos\u00bb ni \u00abal campo de los pobres\u00bb. En uno el ego\u00edsmo que se quiere quedar con todo, en el otro el ego\u00edsmo que querr\u00eda apoderarse de todo: entre ellos un odio irreconciliable, las amenazas de una guerra pr\u00f3xima que ser\u00e1 una guerra de exterminio. S\u00f3lo queda un medio de salvaci\u00f3n, y es que, en nombre de la caridad, los cristianos se interpongan entre los dos campos\u00bb, que lleven a \u00abricos y a pobres a tenerse de nuevo como hermanos, que les comuniquen un poco de caridad mutua\u00bb. Esta ser\u00e1 una de las ideas inspiradoras de las Conferencias San Vicente de Pa\u00fal, pero tambi\u00e9n se encuentra en la base de todo el an\u00e1lisis socio-econ\u00f3mico de su tiempo al que se entrega el joven profesor lion\u00e9s. En 1840, abordaba precisamente ante su audiencia, compuesta esencialmente de hombres de negocios y de comerciantes, la cuesti\u00f3n del salario. Despu\u00e9s de definir el trabajo como \u00abel acto sostenido de la voluntad del hombre que emplea sus facultades en la satisfacci\u00f3n de sus necesidades\u00bb, distingu\u00eda el paganismo que predica la esclavitud, y el cristianismo, que ha rehabilitado el trabajo y a los trabajadores \u00abllamando al esclavo a ser coheredero de Cristo, lo que deb\u00eda hacer de \u00e9l tarde o temprano una persona en la vida social\u00bb.<\/p>\n<p>Volviendo a su \u00e9poca, Federico distingue dos actitudes: ya el obrero es \u00abun instrumento de quien hay que sacar el mayor servicio posible con el menor gasto, ya es tenido \u00abcomo un asociado, como un auxiliar\u00bb. En el primer caso, dice Federico empleando una f\u00f3rmula atrevida en la boca de un cat\u00f3lico de 1840, \u00abes la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre, es la esclavitud. El obrero-m\u00e1quina no es ya m\u00e1s una parte del capital, como el esclavo de los antiguos; el servicio se convierte en servidumbre.\u00bb Es la puerta abierta a todos los excesos: trabajo de los ni\u00f1os, amoralismo, destrucci\u00f3n de la vida de familia, desaparici\u00f3n del domingo y de los deberes religiosos. Pero si el trabajador es tratado como un colaborador, es otra cosa muy distinta: un salario viene a remunerar al \u00abcapital humano\u00bb al que representan su buena voluntad, sus conocimientos y su fuerza. Llevando m\u00e1s lejos su razonamiento, explica Ozanam que este \u00absalario natural\u00bb tiene por raz\u00f3n de ser, m\u00e1s all\u00e1 de la simple subsistencia, la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y la constituci\u00f3n de reservas suficientes para el retiro. Por otra parte, no deja de advertir que los tipos de empleo son diferentes: necesitan m\u00e1s o menos buena voluntad, fuerzas o tacto. Conviene pues modular los salarios en funci\u00f3n de estos elementos. Por fin, algunos oficios pueden llevar consigo grandes riesgos de paro, de accidentes, de enfermedades: las cajas de seguros deben entonces estar dispuestas a intervenir.<\/p>\n<p>Ante sus estudiantes, sorprendidos al o\u00edr semejante discurso en boca de un cat\u00f3lico adversario del furierismo y del sansimonismo, que ten\u00edan a\u00fan sus adeptos, Ozanam terminaba su lecci\u00f3n denunciando una vez m\u00e1s el peligro de lo que se llam\u00f3 m\u00e1s tarde la lucha de clases. El peligro, dec\u00eda, es \u00abla postura hostil de los amos y de los obreros\u00bb, el enfrentamiento de la fuerza de la riqueza y de \u00abla del n\u00famero\u00bb, con los resultados de la lucha o \u00abdel \u00e9xodo de los trabajadores\u00bb. Segu\u00eda diciendo que la caridad deb\u00eda intervenir como \u00abun b\u00e1lsamo en las heridas del viajero\u00bb, pero que no ten\u00eda que suplir el sentimiento de justicia ni a la intervenci\u00f3n \u00aboficiosa\u00bb del gobierno. \u00c9l no zanja entre la definici\u00f3n de las reglas por un poder absoluto y la libertad total. De hecho, rechaza estas dos hip\u00f3tesis, una porque conduce a la tiran\u00eda y a la ruina, la otra porque coloca al obrero a merced del empresario\u00bb. Para \u00e9l, la soluci\u00f3n est\u00e1 en el t\u00e9rmino medio y conjuga los principios de autoridad y de libertad. Gracias a un salario equitativo, el trabajador ser\u00e1 un cuasi asociado de la empresa y sentir\u00e1 afecto por su trabajo. Concluye con esta frase: \u00abel salario debe ser proporcional al beneficio: regla de sociedad<\/p>\n<p>Uno llega a preguntarse verdaderamente qui\u00e9n, aparte de Ozanam, se preocupaba, por entonces y en estos t\u00e9rminos, por la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica y social del trabajo, muy particularmente desde el punto de vista cristiano. Y esto m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os antes de la enc\u00edclica <em>Rerum novarum <\/em>del papa Le\u00f3n \u00a0 Su denuncia de la \u00abindustria de cuartel que arranca al pobre, a su mujer, a sus hijos, de las costumbres de la familia, para encerrarlos en dep\u00f3sitos malsanos, en verdaderas prisiones, en las que todas las edades, todos los sexos est\u00e1n condenados a una degradaci\u00f3n sistem\u00e1tica y progresiva\u00bb; su amarga denuncia de que la indigencia ha sido explotada en beneficio de la seducci\u00f3n y el trabajo vendido a peso de verg\u00fcenza\u00bb, van parejas, balance caracter\u00edstico de su razonamiento, con una confianza inquebrantable: \u00abla energ\u00eda de la gente de bien detendr\u00e1 la propagaci\u00f3n de estos males.\u00bb<\/p>\n<p>En una de sus cartas escrib\u00eda Federico: \u00abSiento apasionamiento por las conquistas leg\u00edtimas del esp\u00edritu moderno; amo la libertad y la he servido.\u00bb Los pocos trabajos que efectu\u00f3, los pocos art\u00edculos que public\u00f3 sobre los problemas y lo que estaba en juego en su \u00e9poca lo prueban. En 1848 \u2014lo analizaremos despu\u00e9s-, crey\u00f3 ver con claridad un momento privilegiado en el que su convicci\u00f3n profunda de la utilidad de los cristianos como mediadores activos en la sociedad iba a verificarse. Se sinti\u00f3 decepcionado al ver que el justo equilibrio que siempre hab\u00eda defendido apenas encontraba \u00e9xito. Se desfog\u00f3 en su correspondencia, que es de una gran sinceridad y de una incontestable riqueza intelectual.<\/p>\n<p>Lejos de contentarse con cuestiones pr\u00e1cticas o con apuntes de viaje, que son m\u00e1s frecuentes en las misivas del final de su vida, Ozanam expuso en su correo la quintaesencia de sus reflexiones sobre s\u00ed mismo, su fe, su misi\u00f3n, sus trabajos intelectuales, los grandes problemas de su tiempo, todo ello en un total de menos de doscientas cartas significativas. A lo largo de los a\u00f1os, su estilo cambi\u00f3 poco: entusiasta, apasionado a veces otras prudente, lleno de consejos para los amigos, de dudas y de certezas en extra\u00f1a mezcla, nunca se desprendi\u00f3 de un gran pudor ni de una evidente voluntad pedag\u00f3gica. Era un hombre de letras en todos los sentidos, pues estaba convencido del papel que deb\u00eda jugar al servicio de las ideas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, pronunci\u00f3 en 1843 una conferencia sobre este tema ante los j\u00f3venes miembros del C\u00edrculo cat\u00f3lico de Par\u00eds: su \u00abDiscurso sobre los deberes literarios de los cristianos\u00bb. Federico no conceb\u00eda, salvo el deber de la caridad, otro ideal humano m\u00e1s hermoso que las letras; se ha visto que ah\u00ed estaba su primera y fundamental vocaci\u00f3n. A ella se dedic\u00f3 con tes\u00f3n, quedando la ense\u00f1anza tan s\u00f3lo como prolongaci\u00f3n de este plan, y tuvo la impresi\u00f3n toda su vida de que no hac\u00eda por ella lo suficiente: \u00abEstoy agobiado de ocupaciones y me doblo bajo el peso de los deberes que cumplo tan mal\u00bb, escrib\u00eda en 1852. Cada noche me acuesto con la conciencia de no haber hecho la mitad de mi tarea, y me duermo atormentado de sentimientos.\u00bb La duda le asalta sin parar: \u00abMe pregunto si mis hombros son bastante fuertes para sobrellevar esta carga, dice a su amigo Amp\u00e9re en 1850, si merece la pena escribir para a\u00f1adir unas hojas de m\u00e1s a las que el viento barre los inviernos de nuestros jardines y de la memoria de los hombres.\u00bb Ten\u00eda sin duda alguna necesidad de que le respondieran para tranquilizarle, pero tambi\u00e9n sab\u00eda hallar en s\u00ed mismo las respuestas en el momento en que fing\u00eda hacerse estas preguntas. Ozanam cre\u00eda demasiado en su vocaci\u00f3n!<\/p>\n<p>\u00abNo acabo de escribir un pasatiempo de so\u00f1ador, declara en el pre\u00e1mbulo al discurso de 1843, sino un empleo ya antiguo en el mundo, lo que se llamaba en otro tiempo el oficio de las letras.\u00bb Estas desempe\u00f1an un papel primordial entre los j\u00f3venes como instrumento de educaci\u00f3n y de instrucci\u00f3n. Deben ser las \u00abmaestras\u00bb en la formaci\u00f3n de las mentes: \u00abEl error ser\u00eda equivocarse en los estudios a los que se acostumbra a dedicar a la juventud. El objetivo inmediato que se propone no es precisamente el saber, advierte con toda raz\u00f3n, sino el ejercicio. No se trata tanto de literatura, de historia, de filosof\u00eda, cosas que se olvidar\u00e1n quiz\u00e1s, como de robustecer la imaginaci\u00f3n, la memoria, el juicio, cosas que permanecer\u00e1n.\u00bb Lo que resume en una f\u00f3rmula: \u00ablas letras han quedado encargadas del aprendizaje de la vida.\u00bb<\/p>\n<p>Tienen tambi\u00e9n otra misi\u00f3n: transmitir el pensamiento de los hombres, lo que implica para el intelectual el deber de estructurar bien el propio pensamiento antes de embellecerlo para entreg\u00e1rselo a los dem\u00e1s. Aqu\u00ed tambi\u00e9n, sintetiza su idea en una frase, que es a su vez una clave de su obra: \u00abSe ha de producir con arte despu\u00e9s de poseer por la ciencia.\u00bb<\/p>\n<p>Es un principio que tiene una consecuencia terrible: el poder del escritor, del profesor sobre las inteligencias. Raz\u00f3n por la que \u00e9l, que es un \u00abmodelador de la inteligencia de los hombres para su generaci\u00f3n y las que van a venir\u00bb debe fundamentar su trabajo en la conciencia religiosa. \u00abComo el sacerdote, dice sin titubear, el hombre de letras est\u00e1 consagrado.\u00bb \u00c9l no se ten\u00eda ciertamente por un profeta, sino sencillamente por un servidor de la verdad con toda modestia en pos de su \u00aboscuro y laborioso destino\u00bb. Como conclusi\u00f3n de su conferencia, dejar\u00e1 a sus oyentes meditar sobre esta advertencia: \u00abPara el artista cristiano, la inspiraci\u00f3n tiene un nombre sagrado: es la gracia.\u00bb<\/p>\n<p>Cuando Juan Santiago Amp\u00e9re se entregue a los escritos de Ozanam, poco despu\u00e9s de la muerte de \u00e9ste con el prop\u00f3sito de una primera edici\u00f3n completa, quedar\u00e1 impresionado por la nobleza de esta obra dispersa, fragmentaria, inacabada: \u00abTodo lo que ha salido de esta pluma hace amar a quien lo ha escrito.\u00bb Renan, quien fue estudiante suyo, a\u00f1adir\u00e1: \u00abC\u00f3mo le quer\u00edamos!\u00bb, y los estudiantes no se equivocaban al sentir afecto por un hombre que les dec\u00eda: \u00abYo quiero honrar mi profesi\u00f3n. Nuestra vida os pertenece: os la debemos hasta el \u00faltimo suspiro. En cuanto a m\u00ed, se\u00f1ores, si muero, ser\u00e1 en vuestro servicio.\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfNo hab\u00eda declarado un d\u00eda que no era empresa f\u00e1cil la de instruir a los hombres? Los esp\u00edritus m\u00e1s seguros no se ejercitan en ello a ello sino con ciertas dudas\u00bb. Y lo que suplicaba en la oraci\u00f3n, era, como Descartes, \u00abobtener la gracia de no enga\u00f1ar nunca al g\u00e9nero humano\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL ENSAYISTA \u00abFe profunda, ciencia, arte de bien hablar, valent\u00eda en la afirmaci\u00f3n, desinter\u00e9s absoluto en la acci\u00f3n, son otros tantos rasgos caracter\u00edsticos de Federico Ozanam\u00bb, escribe Eugenio Duthoit. 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