{"id":387470,"date":"2016-05-24T08:16:44","date_gmt":"2016-05-24T06:16:44","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387470"},"modified":"2016-07-26T17:07:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:18","slug":"federico-ozanam-1813-1853-viii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-viii\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (VIII)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>CAPITULO II EL HOMBRE&#8217;DE LETRAS \u00abLa pasi\u00f3n que las letras han encendido en m\u00ed, reclama para s\u00ed toda mi vida, como se lleva tambi\u00e9n toda mi alma\u00bb, exclam\u00f3 un d\u00eda Ozanam. Pero el fuego del romanticismo apenas roz\u00f3 ligeramente al intelectual y al hombre de oraci\u00f3n. Celebr\u00f3 desde su juventud encuentros se\u00f1alados en el dominio literario: apenas llegado a Par\u00eds, precedido de una breve misiva de introducci\u00f3n, fue a presentar sus t\u00edmidos homenajes a Chateaubriand.<\/p>\n<p>Es preciso tratar de imaginarse lo que pod\u00eda representar el ilustre escritor sexagenario, panegirista grandioso del catolicismo en pleno volterianismo triunfante, a los ojos de un joven cristiano perfectamente desconocido y arribando de su provincia&#8230; Federico fue recibido amablemente y no se olvid\u00f3 nunca de este encuentro. Tampoco se olvid\u00f3 de las conversaciones con el joven V\u00edctor Hugo en el sal\u00f3n de Montalembert donde sus compromisos al servicio de la Iglesia le hab\u00edan introducido muy temprano. Bien aureolado por el \u00e9xito de <em>Hernani, <\/em>Hugo trabajaba en la escritura de <em>Notre Dame de Paris <\/em>y hablaba de la Edad Media con pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>En las conferencias del abate Gerbet, Ozanam encontr\u00f3 a Sainte-Beuve, y, en la Sorbona, las clases, o mejor los momentos de epopeya de Michelet en la historia de Francia le hac\u00edan saltar las l\u00e1grimas. Ante todo aquel sobre Juana de Arco! Asimismo, entre otros, se ha de citar a Lamartine, quien se atrajo la admiraci\u00f3n por su talento y sus convicciones. Como lo dir\u00e1 despu\u00e9s de la muerte de Federico, \u00abel viento ha pasado por todas las almas, y hasta por la del piadoso y estudioso joven\u00bb.<\/p>\n<p>Pero si conserva toda su vida una ternura particular por la poes\u00eda, Ozanam no es un hombre de imaginaci\u00f3n, y su an\u00e1lisis del romanticismo es severo: la melancol\u00eda, ese mal del siglo que nutre las obras literarias de sus contempor\u00e1neos, tiene su fuente en el peor de los orgullos, el \u00abque se oculta en el descontento que se tiene por sus propias miserias\u00bb. Pero mucho cuidado: nosotros no nos disgustamos tanto sino porque nos queremos demasiado.\u00bb\u00a0 En otras palabras, queremos ser dioses, y nos enfurecemos por no conseguirlo. Raz\u00f3n por la cual, en lugar de so\u00f1ar, se ha de actuar: \u00abLas l\u00e1grimas nos cuestan menos que el sudor, y son nuestros sudores lo que la sabidur\u00eda inexorable nos pide.\u00bb<\/p>\n<p>Esta \u00abpluma ingrata\u00bb que Federico denunciaba un d\u00eda de des\u00e1nimo, la tendr\u00e1 para hacer avanzar la ciencia y para renovar el pensamiento cristiano. Quer\u00eda hacer \u00abobra \u00fatil\u00bb, y a la vez que trabajaba sobre la historia, se revel\u00f3 como uno de los mayores apologistas de su tiempo.<\/p>\n<p>Por otra parte, conviene detenerse en su correspondencia, cuya riqueza y profundidad son dignas de un gran escritor.<\/p>\n<p>EL APOLOGISTA<\/p>\n<p>Defender y justificar el catolicismo, establecer su origen divino y su autoridad superior demostr\u00e1ndolos por la historia, tal fue el prop\u00f3sito de Ozanam a lo largo de su vida. En efecto, esa es exactamente la definici\u00f3n de la apolog\u00eda, y toda su obra es apolog\u00e9tica. Chateaubriand hab\u00eda mostrado el camino, y Federico devor\u00f3 <em>Le G\u00e9nie du christianisme, <\/em>\u00abese libro inmortal\u00bb, dir\u00e1 \u00e9l, que \u00abhab\u00eda comenzado la educaci\u00f3n del siglo XIX\u00bb. Suscrib\u00eda ciertamente lo que el autor mismo dec\u00eda de su obra en 1828 con tanto aplomo como lucidez: \u00abLos fieles se creyeron salvados por la aparici\u00f3n de un libro que respond\u00eda tan bien a sus disposiciones interiores.\u00bb<\/p>\n<p>Y Chateaubriend a\u00f1ad\u00eda con pluma premonitoria: \u00abUna juventud generosa est\u00e1 preparada para echarse en los brazos de aquel que le predique los nobles sentimientos que se al\u00edan tan bien con los sublimes preceptos del Evangelio; pero huye de la sumisi\u00f3n servil y, en el ardor por instruirse, experimenta un gusto por la raz\u00f3n totalmente por encima de su edad.\u00bb<\/p>\n<p>No s\u00f3lo se tiene ah\u00ed un retrato de Ozanam, sino que se halla ese juicio que har\u00e1 sobre sus contempor\u00e1neos: \u00abSon tan rom\u00e1nticos que se vuelven cl\u00e1sicos por exceso, [&#8230;] Est\u00e1n tan embrujados por V\u00edctor Hugo, que no juran m\u00e1s que por \u00e9l, y sostienen que el siglo entero debe caminar tras \u00e9l; pues bien, caminar a remolque de un hombre, presumo que es ser cl\u00e1sico por excelencia.\u00bb<\/p>\n<p>En realidad, fue en Lyon donde todo comenz\u00f3 para Federico. En los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVIII, apenas acabada la tormenta revolucionaria, un mundillo de eruditos cat\u00f3licos naci\u00f3 en torno del fil\u00f3sofo Ballanche y del sabio Amp\u00e9re, el mismo que acogi\u00f3 a Ozanam en Par\u00eds muchos a\u00f1os despu\u00e9s. En 1801, algunos meses antes de Chateaubriand, Ballanche publicaba un libro que marcaba, por cierto con menos genio, el comienzo de la renovaci\u00f3n del pensamiento religioso: el <em>Essa\u00ed sur les sentiments, <\/em>\u00aben el que se admira uno al encontrar todo el pensamiento, y como el primer boceto del G\u00e9nie du christianisme\u00bb.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 1820, no se hab\u00eda perdido el recuerdo de las sociedades sabias, de los salones, de los c\u00edrculos de reflexi\u00f3n ef\u00edmeros pero fecundos que hab\u00edan reunido a la sociedad lionesa esclarecida. En su rese\u00f1a sobre Amp\u00e9re, Ozanam apunt\u00f3: \u00abHemos o\u00eddo hablar de estas reuniones amistosas a las que cada uno aportaba su tributo intelectual.\u00bb Y a\u00f1adi\u00f3, hablando de s\u00ed mismo: \u00abSabemos de personas que le debieron entonces las primeras luces de la fe.\u00bb En cuanto a Ballanche, quien hab\u00eda sentido las primeras emociones intelectuales al contacto del \u00abterror lion\u00e9s\u00bb de siniestra memoria, Federico le rindi\u00f3 homenaje en estos t\u00e9rminos: \u00abNo se conocen todas las luces que llevaba a tantos j\u00f3venes confusos por el espect\u00e1culo de las ruinas pol\u00edticas, tentados por la elocuencia de las predicaciones nuevas, postrados en las angustias de la duda que humedeci\u00f3 tantas veces la cabecera de sus lechos; y puestos en pie, bien seguros de repente por el ejemplo de un gran esp\u00edritu que no encontraba al cristianismo ni demasiado estrecho para \u00e9l, ni demasiado antiguo.\u00bb Y conclu\u00eda: \u00abComo las inteligencias que \u00e9l visitaba [le deb\u00edan la seguridad de la fe], ellas le debieron el ardor de la ciencia y el gusto de la meditaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Juan Santiago Amp\u00e9re lo escribi\u00f3 en su necrolog\u00eda de Ozanam: \u00abEl Sr. Ballanche, su compatriota, es el que m\u00e1s admiraci\u00f3n le produjo.\u00bb Historiador m\u00edstico, el fil\u00f3sofo trataba de comprender su tiempo a la luz de las \u00e9pocas que le hab\u00edan precedido. \u00c9l lo dec\u00eda en su <em>Essai sur les institutions sociales: <\/em>conviene conocer el pasado del qu\u00e9 hay que liberarse \u00absin tener la loca pasi\u00f3n de suprimirlo\u00bb, y conciliar \u00aba los que pretender continuar una \u00e9poca finiquitada y a los que piden un porvenir sin ra\u00edces en la tradici\u00f3n<sup>\u00ab<\/sup><sub>. <\/sub><\/p>\n<p>En esta perspectiva, el cristianismo estaba llamado a renacer y a realizarse, puesto que la verdad religiosa estaba en la base de la civilizaci\u00f3n: la realizaci\u00f3n del cristianismo es el fin de toda la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica, escribe, y el gran deber de los hombres es echar las bases de esta idea logrando que la caridad pase a las leyes. Se comprende sin duda alguna: la intenci\u00f3n de Ballanche era la de Federico, para quien toda cuesti\u00f3n que concierne a la existencia misma de la sociedad es una cuesti\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>De este gran movimiento de renovaci\u00f3n intelectual cat\u00f3lica naci\u00f3 la apolog\u00e9tica d Ozanam.<\/p>\n<p>Pero despu\u00e9s de Ballanche y, en un registro m\u00e1s sentimental, Chateaubriand, Lamennais, int\u00e9rprete de la historia de las religiones, es su gran inspirador. En 1830, el sr. F\u00e9li, como le llamaban sus amigos y disc\u00edpulos, estaba en la cima de su prestigio. Federico tuvo la suerte de encontrarle en el sal\u00f3n de Montalembert, y qued\u00f3 impresionado, sin caer en la admiraci\u00f3n muy afectiva que viv\u00eda un Lacordaire. No era la naturaleza de Federico, quien nunca habr\u00eda escrito, a ejemplo del futuro dominico: \u00abHac\u00eda setenta y seis a\u00f1os que ning\u00fan sacerdote cat\u00f3lico hab\u00eda alcanzado en Francia el renombre de escritor y de hombre superior, cuando apareci\u00f3 el sr. de Lamennais [&#8230;]. El entusiasmo y la gratitud no tuvieron l\u00edmites; hac\u00eda tanto tiempo que la verdad esperaba un vengador! En un solo d\u00eda el sr. de Lamennais se vio investido del poder de Bossuet.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam no estaba convencido de ello: tanto como fue influido por el <em>Essai sur l&#8217;indiff\u00e9rence, <\/em>en el que el sr. F\u00e9li trata de demostrar que la religi\u00f3n cat\u00f3lica es la heredera de todas las tradiciones y el recept\u00e1culo del patrimonio com\u00fan del g\u00e9nero humano, tanto no sigue m\u00e1s su pensamiento cuando el \u00abperegrino de la libertad\u00bb da a entender que el cristianismo no ser\u00eda despu\u00e9s de todo, en sus dogmas romanos, m\u00e1s que una fase hist\u00f3rica en la historia de la religi\u00f3n universal. Lamennais esperaba una evoluci\u00f3n de la Iglesia: no se produjo, y \u00e9l se fue. Para Federico, era incomprensible y hasta impensable: \u00abEstemos seguros, escrib\u00eda en 1835, de que la ortodoxia es el nervio, la fuerza de la religi\u00f3n.\u00bb Si se le es infiel, nada se puede hacer.<\/p>\n<p>Ballanche, Lamennais, Chateaubriand, algunos otros tambi\u00e9n en menor medida, entre los cuales Lamartine: Ozanam les deb\u00eda mucho; pero \u00e9l desarroll\u00f3 un pensamiento muy personal. Como Lamartine mismo se lo escrib\u00eda cuando le rindi\u00f3 homenaje por sus <em>R\u00e9flexions sur la \u00a0doctrine de Saint-Simon <\/em>en 1831: \u00abCreed que el pensamiento estaba en vos; el m\u00edo no ha sido m\u00e1s que la chispa que ha encendido vuestro esp\u00edritu.\u00bb<\/p>\n<p>Ya lo hemos dicho: toda la obra de Federico es apolog\u00e9tica. Ser\u00e1 el hombre de una sola vocaci\u00f3n, pasando sucesivamente de la historia de las religiones a la filosof\u00eda, luego a la filosof\u00eda de la historia, por fin a la historia pura, con el \u00fanico e inalcanzable fin de probar cient\u00edficamente la verdad fundamental de la religi\u00f3n. Por otra parte, este talante intelectual llegar\u00e1, en 1848, a un compromiso p\u00fablico de Ozanam, quien reclamar\u00e1 la reconstrucci\u00f3n del edificio social sobre bases cristianas y se extraviar\u00e1 incluso unos meses en la acci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pero su gran proyecto sobre la historia de las religiones, que presentaba a Falconnet en 1831 como trabajo que deb\u00eda ocupar toda su vida, si inspir\u00f3 en todo momento sus estudios, s\u00f3lo se concret\u00f3 en lo que hab\u00eda de ser a trav\u00e9s del <em>Essai sur le bouddhisme, <\/em>aparecido en 1842, y en una parte de los <em>\u00c9tudes germaniques, <\/em>publicados en 1847.<\/p>\n<p>El primer trabajo permiti\u00f3 a Federico dar el \u00faltimo toque a las cosas de cara a los intelectuales quienes, ya por entonces, reflexionaban sobre los puntos de convergencia entre cristianismo y budismo, trazando un cuadro favorecedor de la religi\u00f3n de los lamas. No negaba que la \u00abtr\u00edada\u00bb de los Hind\u00faes y las encarnaciones de Buda fueran \u00abvestigios de los augustos misterios de la Sant\u00edsima Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n\u00bb, pero quiere demostrar las diferencias considerables en el fondo y la influencia del nestorianismo, antigua herej\u00eda cristiana, sobre la evoluci\u00f3n del budismo. \u00abArgumentar por las analog\u00edas del culto lamaico contra el origen divino del cristianismo, escribe con pluma concluyente, es poco m\u00e1s o menos como si, de los recuerdos de la Biblia esparcidos en el Cor\u00e1n, se quisiera concluir que Mois\u00e9s fue el plagiario de Mahoma<sup>1<\/sup>9&#8243; Y a\u00f1ade que lo que constituye la especificidad del cristianismo, son la fe, la esperanza y la caridad: si se las encuentra en otras religiones, mejor, es que existe entonces un parecido; si no, no hay parang\u00f3n posible.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que este escrito sobre el budismo, son sus \u00abGermanos antes del cristianismo\u00bb, cap\u00edtulo importante de los \u00c9tudes germaniques, los que traducen mejor el pensamiento de Ozanam sobre la revelaci\u00f3n y la traducci\u00f3n primitivas. A trav\u00e9s de la mitolog\u00eda de los antiguos Sajones, que \u00e9l relaciona inteligentemente con los viejos sistemas religiosos persa e hind\u00fa, Federico quiere rastrear el principio primero de su civilizaci\u00f3n Y su razonamiento es revelador de su m\u00e9todo apolog\u00e9tico. \u00c9l parte del \u00abdogma primitivo\u00bb, la \u00abdivinidad soberana cuyo nombre designa una naturaleza espiritual que ninguna imagen puede figurar, ning\u00fan templo contener\u00bb. Los Germanos desarrollaban luego toda una creencia en una edad de oro arruinada por el pecado, y Ozanam ve en ello manifiestamente una analog\u00eda con el jard\u00edn del Ed\u00e9n. Adem\u00e1s, \u00e9l discierne otros \u00abrecuerdos: el \u00e1rbol simb\u00f3lico\u00bb, \u00abel principio del mal\u00bb, \u00abel diluvio en el que la primera generaci\u00f3n de los malos fue destruida\u00bb.<\/p>\n<p>A este an\u00e1lisis a\u00f1ade el atestado de que \u00abel destino del mundo gira sobre la inmolaci\u00f3n del Dios v\u00edctima\u00bb y que \u00abtodo conduce al juicio de las almas y a la otra vida que sanciona los deberes de \u00e9sta.\u00bb<\/p>\n<p>En resumen, escribe \u00e9l, \u00abes el fondo misterioso sobre el que descansan todas las religiones [&#8230;], los mismos dogmas de la unidad, de la trinidad, de la ca\u00edda, de la expiaci\u00f3n por un Dios Salvador, de la vida futura.\u00bb Y su conclusi\u00f3n nos da el fondo de su pensamiento: \u00abEstas ideas, por todas partes corrompidas y borrosas, recobran su pureza y su concatenaci\u00f3n natural en los recuerdos de la Biblia. Es ah\u00ed donde yo reconozco una tradici\u00f3n primitiva, una ense\u00f1anza divina, que hizo la primera educaci\u00f3n de la raz\u00f3n humana y sin la cual el hombre al nacer [&#8230;] no se hubiera educado nunca en los conocimientos que forman la vida moral.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam insiste mucho en el car\u00e1cter incontestablemente sobrenatural de la primera revelaci\u00f3n. Y a ello se aferra porque cree en el poder de la raz\u00f3n, que permite al hombre acceder por sus propios medios a las verdades sobrenaturales, y si \u00abmantiene absolutamente [&#8230;] la autoridad divina [de los] Libros sagrados, ya se trate de la redacci\u00f3n, de la transmisi\u00f3n o de la conservaci\u00f3n de las antiguas tradiciones religiosas, [&#8230;] no hace de la verdad revelada el punto de partida necesario de toda verdad racional.\u00bb En este sentido, no es \u00abtradicionalista\u00bb, y mucho menos fundamentalista.<\/p>\n<p>Expresa en particular bien el punto de vista en el prefacio a los \u00c9tudes germaniques, donde precisa el papel que jug\u00f3 el cristianismo en la construcci\u00f3n de las civilizaciones europeas: \u00abSin duda, no existe sociedad tan extraviada, ni siglo tan corrompido, en los que no se encuentren, al menos impl\u00edcitamente, las verdades metaf\u00edsicas sobre las que descansa toda moralidad. Pero estas verdades se encuentran mezcladas con errores que las contradicen, empa\u00f1an su claridad, quiebran su certeza, debilitan su poder. La desgracia de los siglos paganos no est\u00e1 tanto en haber ignorado el bien sino en no haber odiado el mal, en haberlo querido, en haberlo adorado. En ese estado fue en el que el cristianismo encontr\u00f3 a los esp\u00edritus. Lo que ten\u00eda que hacer, lo que todos los fil\u00f3sofos hab\u00edan intentado in\u00fatilmente, era desprender de toda contradicci\u00f3n las verdades confusas, reforzar estas verdades debilitadas recuperando el encadenamiento l\u00f3gico que se apodera de las inteligencias, dar a estas verdades d\u00e9biles la eficacia moral que subyuga los corazones. Lo que buscaba la intervenci\u00f3n de un poder sobrenatural, era destruir todas las confusiones en las que la debilidad humana encontraba su inter\u00e9s, separar con decisi\u00f3n, irrevocablemente lo verdadero de lo falso, el bien del mal, del mismo modo que hab\u00eda sido necesario el poder del Creador al principio para separar la luz de las tinieblas.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam apologista va a ponerse tambi\u00e9n a trabajar desde las <em>R\u00e9flexions sur la doctrine de Saint-Simon, <\/em>aparecidas en 1831. S\u00f3lo cuenta dieciocho a\u00f1os, pero proclama ya una convicci\u00f3n que le tendr\u00e1 alejado de Lamennais, seg\u00fan se ha visto: el cristianismo es la ley eterna, inmutable, del g\u00e9nero humano, y no la constituci\u00f3n transitoria de una \u00e9poca. Para derribar al sansimonismo, se lanza a un paneg\u00edrico vibrante de la religi\u00f3n cristiana, pero no se contenta con declaraciones piadosas o m\u00edsticas. Muestra al contrario una religi\u00f3n que da pruebas de un gran conocimiento de las expectativas y de las necesidades de la humanidad: por el misterio, que \u00abresponde a su sed de infinito\u00bb, y por el culto, que satisface a su naturaleza material y f\u00edsica\u00bb. Federico recuerda que la religi\u00f3n cristiana re\u00fane el amor de Dios y el amor del hombre, garantiza la autoridad y la libertad, y se impone a todos los principios de base humanos sin estar ligada a un r\u00e9gimen cualquiera pol\u00edtico o social.<\/p>\n<p>Este an\u00e1lisis es en s\u00ed mismo un punto clave del pensamiento de Ozanam, pero va a la par con la respuesta m\u00e1s precisa que \u00e9ste da a la gran objeci\u00f3n de los sansimonianos: los cat\u00f3licos rechazan la \u00abperfectibilidad\u00bb del esp\u00edritu humano y todo el movimiento filos\u00f3fico salido del Renacimiento. No es verdad, exclama Federico: \u00abEn todas partes donde surge el cristianismo, se rodea de luces; en todas partes, a su llamada, se despiertan las ciencias y las artes; toda naci\u00f3n que se hace cristiana es una naci\u00f3n que se abre a la verdad y a la belleza, al mismo tiempo que al bien.\u00bb Contempla tres \u00e9pocas: el origen, cuando reinaba \u00abla fe pura y sencilla\u00bb; la \u00e9poca moderna, que dej\u00f3 triunfar el libre examen, fuente de la herej\u00eda y de la incredulidad; la \u00e9poca contempor\u00e1nea por fin, que conoce un renacimiento impresionante del catolicismo. Y evoca Ozanam en un bello desorden la filosof\u00eda, la literatura, las grandes conversiones en Alemania, Irlanda. Polonia y hasta Bol\u00edvar, muerto con un crucifijo entre las manos&#8230; La \u00e9poca actual, concluye con altivez, es \u00abel final de los tiempos de duda\u00bb. Prosiguiendo su reflexi\u00f3n sobre el tema, publica en 1835, en <em>La Revue europ\u00e9enne, <\/em>un art\u00faculo de unas veinte p\u00e1ginas sobre \u00abEl progreso por el cristianismo\u00bb.<\/p>\n<p>Queda la Edad Media, de la que escrib\u00eda en 1838: \u00abLa Edad Media es algo as\u00ed como las islas encantadas de que hablan los poetas; se atraca en ellas de paso y s\u00f3lo por unas horas; pero se recogen frutos, se sacia la sed en r\u00edos que hacen olvidar la patria, es decir el tiempo presente; o, para expresarlo de una manera m\u00e1s simple, uno se siente en ellas verdaderamente cautivado por el encanto de los hechos, de las costumbres, de las tradiciones; se est\u00e1 sujeto por la multitud de <em>los documentos.\u00bb <\/em><\/p>\n<p>A mediados de los a\u00f1os 1830, cuando Federico se preparaba a regresar con tristeza a Lyon con su doctorado en derecho en el bolsillo, Montalembert publicaba su rom\u00e1ntica <em>V\u00ede de sainte \u00c9lisabeth de Hongrie, <\/em>mientras que Lacordaire hac\u00eda p\u00fablica su <em>M\u00e9moire pour le r\u00e9tablissement en France de l&#8217;ordre des fr\u00e9res Pr\u00e9cheurs <\/em>mientras preparaba una <em>Vie de saint Dominique <\/em>que era como una especie de triunfo de la apolog\u00e9tica medieval.<\/p>\n<p>La <em>Civilisation cr\u00e9t\u00edenne au Ve si\u00e9cle, Dante et la philosophie catholique au XIlle si\u00e9cle, Les Po\u00e9tes franciscains, <\/em>tales fueron las obras esenciales que entreg\u00f3 Ozanam en este mismo sentido: trabaj\u00f3 en ellas mucho tiempo, con interrupciones del trabajo, multiplicando bosquejos y fragmentos hasta llegar a la versi\u00f3n definitiva. Pero en ellos encontramos la quintaesencia de su reflexi\u00f3n de apologista, que le coloca por encima de Lacordaire y de Montalembert.<\/p>\n<p>En el pr\u00f3logo de su <em>Civilisation cr\u00e9tienne au Ve si\u00e9cle <\/em>aparecido en 1851, titulado con exactitud \u00abPr\u00f3logo o plan de una historia de la civilizaci\u00f3n en los tiempos b\u00e1rbaros\u00bb, escrib\u00eda: \u00abMe propongo escribir la historia literaria de la Edad Media desde el siglo V hasta el XII y hasta Dante en el que me detengo, como en el m\u00e1s digno de representar esta gran \u00e9poca. Pero en la historia de las letras, estudio sobre todo la civilizaci\u00f3n de la que ellas son la flor, y en la civilizaci\u00f3n contemplo principalmente la obra del cristianismo. Todo el pensamiento de mi libro consiste pues en mostrar c\u00f3mo supo el cristianismo sacar de las ruinas romanas y de las tribus acampadas sobre estas ruinas, una sociedad nueva capaz de poseer lo verdadero, de hacer el bien y de encontrar lo bello.\u00bb<\/p>\n<p>Eso ya lo dec\u00eda veinte a\u00f1os antes y no cambi\u00f3 nunca. \u00bfIba no obstante a describir una Edad Media idealizada por las necesidades de su razonamiento apolog\u00e9tico, como lo hac\u00edan otros?<\/p>\n<p>No: era demasiado historiador para caer en el error rom\u00e1ntico. Adem\u00e1s, y con mayor raz\u00f3n en este caso preciso, no ten\u00eda mucha imaginaci\u00f3n, o al menos sab\u00eda controlarla&#8230;<\/p>\n<p>Lo cierto es que apenas se hac\u00eda la ilusi\u00f3n sobre la pretendida \u00abedad de oro\u00bb medieval y se guard\u00f3 mucho de no identificarla nunca del todo con el cristianismo. Era consciente del hecho de que si consideraba la Edad Media como la sociedad cristiana por excelencia, se ver\u00eda en la obligaci\u00f3n de hacer responsable al catolicismo del mal que con tanta frecuencia triunfaba en ella. \u00abHay que saber alabar la majestad de las catedrales y el hero\u00edsmo de las cruzadas, dec\u00eda en la introducci\u00f3n citada anteriormente, sin absolver los horrores de una guerra eterna, la dureza de las instituciones feudales, el esc\u00e1ndalo de esos reyes siempre en lucha con la Santa Sede a causa de sus divorcios y sus simon\u00edas. Hay que ver el mal, verlo tal como fue, es decir formidable, a\u00f1ad\u00eda, precisamente para conocer mejor los servicios de la Iglesia cuya gloria durante aquellos siglos mal estudiados no es la de haber reinado, sino la de haber combatido.\u00bb<\/p>\n<p>Finalmente, su idea maestra era sencilla: \u00abLa historia de la humanidad, desde que Jesucristo apareci\u00f3 en la tierra, es la historia de la conquista [moral] del mundo por el cristianismo.\u00bb Como dice en su pr\u00f3logo: \u00abNo conozco nada m\u00e1s sobrenatural ni que pruebe mejor la divinidad del cristianismo, que el haber salvado al esp\u00edritu humano.\u00bb Este modo de concebir la acci\u00f3n del cristianismo permiti\u00f3 a Ozanam no encerrar su ideal cristiano en un periodo de la historia. \u00abProsiguiendo la lucha en el seno de la humanidad, advierte Mons. Baudrillart, era libre de creer en transformaciones sucesivas bajo la influencia de la misma fuerza cristiana, y tambi\u00e9n en un progreso constante por el cristianismo.\u00bb Por eso pod\u00eda Federico ser a la vez \u00abhistoriador apasionado de la Edad Media y ciudadano no menos apasionado del mundo moderno\u00bb, un erudito, un apologista y un creyente.<\/p>\n<p>No pudo llevar a buen t\u00e9rmino su historia de la civilizaci\u00f3n en los tiempos b\u00e1rbaros, t\u00e9rmino gen\u00e9rico de una colecci\u00f3n de vol\u00famenes en relaci\u00f3n con todos los aspectos que le interesaban, seg\u00fan su concepto inmutable de una obra global. Pero aparte de los trabajos evocados aqu\u00ed y algunos escritos de menor importancia, se ha de unir a ellos su tesis sobre Dante y <em>Les Po\u00e9tes franciscains. <\/em><\/p>\n<p>El objeto de este \u00faltimo libro sigue siendo el mismo: no referirse a la historia literaria, sino, una vez m\u00e1s, volver a la apolog\u00eda. En la p\u00e1gina 193 escribe: \u00abEs una novedad a favor hoy volver a las fuentes del paganismo para buscar all\u00ed la inspiraci\u00f3n po\u00e9tica. Sin embargo vamos a ver lo que pod\u00eda el Evangelio para fecundar las imaginaciones; no el Evangelio desabrido por los inventos de los oradores henchidos, y plegado a los caprichos de la epopeya profana, sino el Evangelio con toda la autoridad de los mandamientos y todo el terror de sus misterios.\u00bb<\/p>\n<p>Seg\u00fan Juan Santiago Amp\u00e9re, \u00abeste delicioso volumen\u00bb era una \u00abobra maestra, llena de saber y de gracia\u00bb. Se le hab\u00eda ocurrido la idea a Federico trabajando sobre viejos textos italianos: \u00bfpor qu\u00e9 dejar en la sombra estas poes\u00edas populares de la Italia medieval, cuando su inspiraci\u00f3n es toda de fe, de amor, de santidad? La hermosa figura de san Francisco domina el trabajo, pero Ozanam se explaya sobre todo con Jacopone di Todi, religioso \u00ababrasado de amor\u00bb en quien \u00e9l se encuentra. Fiel a su m\u00e9todo, Federico no oculta nada de la dureza de los tiempos en los que el buc\u00f3lico Fray Jacopone vivi\u00f3. Muestra una \u00e9poca, el final del siglo XIII, en la que se acumulan sin soluci\u00f3n de continuidad los acontecimientos m\u00e1s atroces, y sigue dolorosamente a su h\u00e9roe por el camino de la oposici\u00f3n al papa Bonifacio. En contraste, evoca con arrebato la poes\u00eda azucarada, m\u00edstica, encantadora del franciscano. No hay en ello nada de sorprendente: lo que hab\u00eda seducido a Ozanam, es esa mezcla de crimen y de perd\u00f3n, de amor y de violencia, de paz y de guerra que se observa en el mundo y en la poes\u00eda de Jacopone.<\/p>\n<p>Federico lo escribi\u00f3 en su libro: \u00abLa Providencia pone poetas en las sociedades que caen, como coloca nidos de p\u00e1jaros en las ruinas.\u00bb Pero Fr\u00e1 Jacopone de Todi no es el personaje central de los Po\u00e9tes franciscains, aunque le est\u00e9n dedicadas numerosas p\u00e1ginas. Es Francisco de Ass\u00eds quien es la figura central del \u00abpaseo\u00bb literario y espiritual al que se entrega Ozanam. Sus <em>Fioretti <\/em>embellecen los cap\u00edtulos, y Federico se complace, con talento, en rodearlas con bellas descripciones de paisajes que extra\u00eda de los recuerdos de viaje por Umbr\u00eda. Es preciso ver ante todo que era una apuesta \u00abresucitar\u00bb a mediados del siglo XIX estas p\u00e1ginas empolvadas que ya hac\u00eda tiempo no interesaban a nadie, y sobre todo no a los mismos franciscanos.<\/p>\n<p>Ozanam no se llamaba a enga\u00f1o: escribiendo que no llegar\u00eda a comparar este librito con <em>La Divine Com\u00e9die, <\/em>a\u00f1ad\u00eda que no confund\u00eda \u00ablas gotas de roc\u00edo con los fuegos de la aurora\u00bb.<\/p>\n<p>Pero llamaba a las <em>Fioretti <\/em>\u00abuna peque\u00f1a epopeya\u00bb, y Quer\u00eda darla a leer de una manera agradable para mostrar qu\u00e9 dulzura y qu\u00e9 paz pod\u00eda inspirar la fe en el coraz\u00f3n de una \u00e9poca muy dif\u00edcil. Eso tambi\u00e9n era apolog\u00e9tica&#8230;<\/p>\n<p>No deja de ser menos cierto que Federico fuera el hombre de un solo punto de vista. Utiliz\u00f3 los hechos en beneficio de su tesis, trat\u00f3 siempre de probar algo. Nunca lleg\u00f3 a disfrazar la verdad, todo lo contrario. Pero la interpretaba siempre con un fin preciso, porque ten\u00eda una fe devoradora: \u00abAunque toda la tierra hubiera renunciado a Cristo, escrib\u00eda en 1852, hay en la inefable dulzura de una comuni\u00f3n, y en las l\u00e1grimas que hace derramar, un poder de convicci\u00f3n que me obligar\u00eda a seguir abrazado a la cruz y desafiar a la incredulidad de toda la tierra.\u00bb<\/p>\n<p>Esta fe de apologista se descubre tambi\u00e9n en cada l\u00ednea del resto de su obra y de su correspondencia. Claro que volveremos con m\u00e1s detenimiento sobre ello al relatar lo que constituye la gran realizaci\u00f3n de su vida: la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, y de su acci\u00f3n en el momento de la revoluci\u00f3n de 1848. Pero no estar\u00e1 de m\u00e1s ofrecer aqu\u00ed una idea general de su pensamiento social y de su correspondencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPITULO II EL HOMBRE&#8217;DE LETRAS \u00abLa pasi\u00f3n que las letras han encendido en m\u00ed, reclama para s\u00ed toda mi vida, como se lleva tambi\u00e9n toda mi alma\u00bb, exclam\u00f3 un d\u00eda Ozanam. 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