{"id":387464,"date":"2016-05-18T08:19:46","date_gmt":"2016-05-18T06:19:46","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387464"},"modified":"2016-07-26T17:07:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:18","slug":"federico-ozanam-1813-1853-vi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-vi\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (VI)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>EL CRISTIANO Y LA HISTORIA<\/p>\n<p>\u00abHay veladas todos los domingos para los j\u00f3venes en casa del sr. Montalembert; se habla mucho y de una manera variopinta; se toma ponche y pastelillos, de ellas salen muy jubilosos por grupos de cuatro o cinco. Me propongo acudir de vez en cuando [&#8230;]. Sainte-Beuve ha venido, Victor Hugo debe venir. En estas reuniones se respira un perfume de catolicismo y de fraternidad. [&#8230;] Se conversa de literatura, de historia, de los intereses de la clase pobre, del progreso de la civilizaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed describ\u00eda Ozanam a su amigo Falconnet sus primeros pasos en el mundo de los j\u00f3venes intelectuales cat\u00f3licos \u00abavanzados\u00bb en 1832. Pero algo diferente le importaba m\u00e1s: preparar su gran obra sobre la religi\u00f3n en la historia, cuyo plan hab\u00eda trazado dos a\u00f1os antes. Al propio tiempo, quer\u00eda perfeccionar sus conocimientos en este terreno, y compartir con unos compa\u00f1eros de convicciones parecidas sus reflexiones sobre la \u00abrecristianizaci\u00f3n\u00bb de la sociedad por medio de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y por la educaci\u00f3n de las inteligencias.<\/p>\n<p>Desde las primeras p\u00e1ginas de sus <em>R\u00e9flexions sur la doctrine de Saint-Simon <\/em>que publica en abril de 1831 a los dieciocho a\u00f1os, \u00e9l da la clave de su giro espiritual caracter\u00edstico al comparar esta doctrina con el cristianismo: \u00abSin duda, escribe, profundas reflexiones filos\u00f3ficas podr\u00edan decidir entre estos dos grandes sistemas; pero aqu\u00ed, es la historia la que es llamada a cortar el nudo.\u00bb<\/p>\n<p>Y si lo zanja a favor del cristianismo, es porque \u00e9ste \u00abtiene un pasado sobre el que se le puede juzgar, y que, en cierto sentido, es tan viejo como la humanidad\u00bb: incluso en el estado de vago presentimiento, los dogmas fundamentales del catolicismo se encontrar\u00edan en las tradiciones de todos los pueblos\u00bb.<\/p>\n<p>Las conferencias de historia y los trabajos de historiador no tendr\u00e1n nunca otros fundamentos para Federico que la necesidad irreprimible de verdad cient\u00edfica que \u00e9l sent\u00eda, esta verdad para \u00e9l cristiana que \u00e9l decidi\u00f3 servir y proclamar antes incluso de su entrada en la edad adulta.<\/p>\n<p>LAS CONFERENCIAS DE HISTORIA<\/p>\n<p>Desde su llegada a Par\u00eds y su entrada en la Sorbona en 1831, Ozanam se vio enfrentado a volterianos de gran envergadura, tenidos en alto prestigio. Uno de ellos era Teodoro Jouffroy, c\u00e9lebre y combativo profesor de filosof\u00eda, jefe de fila de los racionalistas de la universidad.<\/p>\n<p>En enero de 1832, hab\u00eda congregado alrededor de \u00e9l a un peque\u00f1o grupo de estudiantes cat\u00f3licos resueltos a no dejar pasar nada a los ense\u00f1antes que se permitieran una cr\u00edtica de la religi\u00f3n. Los incidentes se suced\u00edan: barullos, interrupciones, discusiones, objeciones escritas, todo val\u00eda para interrumpir el discurso magistral. Un d\u00eda, la respuesta escrita que hab\u00eda hecho Ozanam a los ataques virulentos de un profesor contra el papa y el clero, acusados de favorecer el despotismo, fue le\u00edda en p\u00fablico y muy aplaudida mientras que el ense\u00f1ante se bat\u00eda penosamente en retirada.<\/p>\n<p>Simples escaramuzas que preludiaban el combate contra Jouffroy. \u00c9ste hab\u00eda atacado \u00abla Revelaci\u00f3n, la posibilidad de la revelaci\u00f3n misma\u00bb. Federico le dirigi\u00f3 una carta que razonaba lo contrario, y \u00abel fil\u00f3sofo prometi\u00f3 responderla\u00bb. Dos semanas m\u00e1s tarde, la cit\u00f3 superficialmente refut\u00e1ndola. Furioso, Ozanam le escribi\u00f3 de nuevo: Jouffroy ni siquiera habl\u00f3 de ella, y continu\u00f3 sus ataques a m\u00e1s y mejor. Esta vez, los quince amigos formularon una protesta virulenta que Jouffroy se vio obligado a leer. Esta profesi\u00f3n de fe fue escuchada en silencio por \u00abel numeroso auditorio, compuesto de m\u00e1s de doscientas personas\u00bb. El fil\u00f3sofo se excus\u00f3, prometi\u00f3 no herir m\u00e1s las creencias. Luego a\u00f1adi\u00f3, para gran satisfacci\u00f3n de Federico y de sus compa\u00f1eros: \u00abSe\u00f1ores, hace cinco a\u00f1os, yo no recib\u00eda m\u00e1s que objeciones dictadas por el materialismo; las doctrinas espiritualistas experimentaban la m\u00e1s aguda resistencia: hoy los esp\u00edritus han cambiado mucho, la oposici\u00f3n es toda cat\u00f3lica.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam hac\u00eda cuanto pod\u00eda \u00abofrecer a la juventud cristiana un ant\u00eddoto contra las doctrinas racionalistas de la ense\u00f1anza universitaria\u00bb,\u00a0 inauguraba paralelamente charlas sobre la filosof\u00eda de la historia con el abate Gerbet, menesiano de <em>L&#8217;Avenir <\/em>y futuro obispo de Perpi\u00f1\u00e1n.<\/p>\n<p>Estas conferencias ten\u00edan lugar cada quince d\u00edas, y en ellas se cruzaba uno con tantos intelectuales conocidos, Sainte-Beuve entre otros, como estudiantes. El orador satisfac\u00eda del todo a su auditorio: \u00abEl sistema de La Mennais expuesto por \u00e9l no es el de sus partidarios provincianos\u00bb, notaba Federico. \u00abEs la alianza inmortal de la fe y de la ciencia, de la caridad y de la industria, del poder y de la libertad.\u00bb<\/p>\n<p>Por desgracia, Gerbet no pudo continuar por largo tiempo, y el peque\u00f1o grupo de Ozanam se volvi\u00f3 a sentir hu\u00e9rfano. Las veladas en el sal\u00f3n de Montalembert, joven y distinguido menesiano que ard\u00eda en pasi\u00f3n cristiana, no pod\u00edan estar a la altura de la formaci\u00f3n exigente y pros\u00e9lita que deseaba Federico. Cuanto m\u00e1s que los volterianos segu\u00edan pavone\u00e1ndose! Por eso, en el oto\u00f1o de 1832, Federico y sus amigos pusieron sus miras en una reuni\u00f3n literaria en liquidaci\u00f3n, vestigio de una antigua Sociedad de los Buenos Estudios desaparecida, que reforzaron y transformaron. El primero de diciembre de 1832, la conferencia de historia hab\u00eda nacido. El fil\u00f3sofo cat\u00f3lico Emmanuel-Joseph Bailly, quien no hab\u00eda dejado de pelear bajo la Restauraci\u00f3n para reanimar la fe de sus estudiantes, se convert\u00eda en presidente, mientras que<\/p>\n<p>Federico quedaba encargado de buscar a los conferenciantes y de reclutar a los oyentes. Las sesiones ten\u00edan lugar los s\u00e1bados ante una asistencia creciente: sesenta personas se apretujaron pronto en el peque\u00f1o local para escuchar la lectura de los trabajos propuestos por conferenciantes de diversas opiniones, luego la cr\u00edtica que de ellas hac\u00eda una comisi\u00f3n designada a tal efecto y encargada de hacer triunfar al pensamiento cristiano. \u00abPor fin, explica Ozanam, se establece un comit\u00e9 superior para dar a toda la conferencia un vasto impulso, para indicar los medios de perfeccionamiento, para hacer informes generales y constatar los resultados del trabajo com\u00fan.\u00bb<\/p>\n<p>A Federico le gustaba la emulaci\u00f3n y no ten\u00eda ning\u00fan temor, para los cat\u00f3licos, por las sorpresas de la lucha; por el contrario, ve\u00eda en ello la ocasi\u00f3n de demostrar la superioridad de la religi\u00f3n sobre el racionalismo. A pesar de las severas condiciones que reglamentaban la admisi\u00f3n de los candidatos en la conferencia, \u00e9stos fueron numerosos y de alto nivel: \u00abUnos, viajeros precoces, han visitado varias partes de Europa, cuenta Federico a su amigo Falconnet, y hasta uno que ha dado la vuelta al mundo; los hay que han profundizado en las teor\u00edas del arte, otros que han sondeado los problemas de econom\u00eda pol\u00edtica. El mayor n\u00famero se dedica al estudio de la historia, algunos a la filosof\u00eda. Tenemos incluso a dos o tres de estos elegidos a quienes Dios ha dado alas y que ser\u00e1n un d\u00eda poetas.\u00bb<\/p>\n<p>Menos la pol\u00edtica, se abordan todos los temas y se admiten todas las opiniones: as\u00ed que, escribe Ozanam, \u00abse plantean cuestiones graves, j\u00f3venes fil\u00f3sofos llegan a pedir cuentas al catolicismo por sus doctrinas y por sus obras, y entonces, aprovechando la inspiraci\u00f3n del momento, uno de nosotros se enfrenta al ataque, expone el pensamiento cristiano mal comprendido, desenreda la historia para mostrar sus gloriosas aplicaciones, y, encontrando a veces una fuente de elocuencia en la grandeza del tema, establece sobre bases s\u00f3lidas la inmortal uni\u00f3n de la verdadera filosof\u00eda con la fe&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Lallier, Lamache, Le Taillandier, j\u00f3venes intelectuales brillantes que estar\u00e1n pronto entre los primeros \u00abcolegas\u00bb de San Vicente de Pa\u00fal; Danton, futuro inspector general de la universidad, Ch\u00e9ruel, quien dejar\u00e1 una obra importante de historiador, tuvieron los honores de los fasc\u00edculos que se hac\u00edan eco de las mejores contribuciones. En 1833, hab\u00edan tratado de la religi\u00f3n musulmana, del sansimonismo (conferencia que dio lugar a una agarrada seria entre Federico y el sansimoniano Broet), de la arquitectura de la Edad Media, de las \u00f3rdenes religiosas, de la constituci\u00f3n del pueblo jud\u00edo o de los principios de la riqueza.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a Ozanam, \u00e9l trat\u00f3 de la mitolog\u00eda de la India (\u00bfpues no estaba traduciendo del alem\u00e1n un op\u00fasculo de un tal Bergmann sobre la religi\u00f3n tibetana?), de la poes\u00eda y de su influencia, de la filosof\u00eda y del cristianismo, y habl\u00f3 de un asunto que iba a tener para \u00e9l grandes consecuencias ese mismo a\u00f1o: la acci\u00f3n del clero y de los laicos.<\/p>\n<p>\u00abNo son las proposiciones teol\u00f3gicas las que se discuten, sino sobre todo el alcance cient\u00edfico y social del Evangelio\u00bb, advierte. Y el 12 de junio de 1833, pone en claro su programa de apostolado intelectual en un art\u00edculo de La <em>Tribune catholique, <\/em>el peri\u00f3dico de Bailly: \u00abCuanto m\u00e1s ha avanzado la ciencia [&#8230;], m\u00e1s se ha acercado a la revelaci\u00f3n [&#8230;]. As\u00ed que cuando la ciencia madura en el correr de los siglos haya dado sus frutos, y la raz\u00f3n haya recogido su \u00faltima cosecha, todos sus hallazgos, todas sus labores, todas sus conquistas vendr\u00e1n a resolverse en una vasta interpretaci\u00f3n de las creencias reveladas. Toda verdad racional terminar\u00e1 en la verdad religiosa [&#8230;]. Ese d\u00eda glorioso no brillar\u00e1 sobre nosotros: a nosotros se nos impone una tarea m\u00e1s humilde [&#8230;]. Habremos hecho mucho si se aprovecha un sola ramita de nuestros conocimientos, y se le imprime una direcci\u00f3n cristiana.\u00bb<\/p>\n<p>Los sustos del sansimonismo, doctrina ya trasnochada pero muy presente en las conferencias de historia, llevaron a Federico a dirigir una mirada confiada sobre la direcci\u00f3n de las ideas alrededor de \u00e9l: \u00abEl sansimonismo no es una desviaci\u00f3n inmediata del cristianismo, escrib\u00eda en <em>La Tribune <\/em>del 21 de julio, todo lo contrario, es un movimiento que se opera en el seno de la incredulidad para volver a la fe [&#8230;]. Pocos cristianos se han hecho sansimonianos para hacerse incr\u00e9dulos; muchos incr\u00e9dulos se han hecho sansimonianos para hacerse cristianos.\u00bb<\/p>\n<p>Y conclu\u00eda as\u00ed su respuesta a Broet cuando su famosa justa: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 sirve ponerse en medio de las naciones, y decir a voces: el catolicismo ha muerto!&#8230; De qu\u00e9 sirve esta oraci\u00f3n f\u00fanebre, que desde hace dieciocho siglos se repite hasta la saciedad en nuestros o\u00eddos? Desde hace dieciocho siglos; porque, no<sup>&#8211;<\/sup> os equivoqu\u00e9is, esta objeci\u00f3n es vieja como la verdad; <sup>\u00a0<\/sup>data del tiempo de los Ap\u00f3stoles; tambi\u00e9n ellos eran tratados de agonizantes: <em>Quasi morientes, <\/em>y no respondieron; han conquistado el mundo&#8230; \u00bb<\/p>\n<p>El \u00e9xito de las conferencias atrajo pronto la atenci\u00f3n de <em>L&#8217;Ami de la religion, <\/em>el peri\u00f3dico conservador del legitimista Picot. \u00c9ste no s\u00f3lo se alarm\u00f3 por la inexperiencia teol\u00f3gica de los j\u00f3venes reunidos con Bailly y Ozanam, sino que lleg\u00f3 a tenerlos por sospechosos de peligroso liberalismo. El 15 de marzo de 1834, abri\u00f3 las hostilidades acusando a un compa\u00f1ero de Federico, El\u00edas Kertangui, de leer un alegato en pro de la rep\u00fablica y de sentir amargamente que el papa no hubiera otorgado la libertad a sus s\u00fabditos. Por \u00faltimo, para coronarlo todo, Picot insinuaba que el estudiante estaba cerca de Lamennais, cuyas posiciones comenzaban a producir esc\u00e1ndalo. Kertangui, que era en efecto el secretario de Lamennais, se defendi\u00f3, pero ello no hizo recular a <em>L&#8217;Ami de la religion. <\/em><\/p>\n<p>En el mes de junio, fue Federico mismo quien fue atacado: en el curso de una sesi\u00f3n de las conferencias, hab\u00eda evocado el libro controvertido del sacerdote bret\u00f3n, <em>Paroles d&#8217;un croyant, <\/em>que acababa de aparecer. Se desmarcaba claramente de \u00e9l exaltando la oposici\u00f3n de la Iglesia al poder absoluto, evocando el nacimiento de la libertad en las catacumbas, recordando que la consagraci\u00f3n real era un contrato establecido por la Iglesia \u00abal pie de los altares, entre dos partes libres, el pueblo y el rey\u00bb, y dec\u00eda a este prop\u00f3sito que la conversi\u00f3n dudosa de Enrique IV, el apoyo de Luis XV a Voltaire y la firma de la cism\u00e1tica Constituci\u00f3n civil del clero por Luis XVI realzaban por contraste la grandeza de la Iglesia.<\/p>\n<p>Por la voz de Kertangui, Lamennais respondi\u00f3 a Ozanam que estaba muy tranquilo, que se proclamaba \u00absumiso en religi\u00f3n, y libre en todo lo dem\u00e1s\u00bb. Pero al enterarse <em>L&#8217;Ami de la religion <\/em>de este intercambio, reaccion\u00f3 violentamente con un extenso art\u00edculo en el que Federico se ve\u00eda acusado de haber emitido \u00abasertos aventurados, extra\u00f1os, falsos\u00bb, de haber calumniado a la monarqu\u00eda, injuriado a Luis XVI, afirmado que \u00abel apoyo al realismo estaba mancillado\u00bb. En conclusi\u00f3n, el peri\u00f3dico a\u00f1ad\u00eda con tono amargo: \u00abtodos estos detalles nos [&#8230;] mostrar\u00e1n hasta qu\u00e9 punto unos j\u00f3venes esp\u00edritus se dejan aconsejar en favor de teor\u00edas y de sistemas de los que se ha de esperar que la reflexi\u00f3n y la experiencia los apartar\u00e1n poco a poco\u00bb.<\/p>\n<p>Si Federico perdon\u00f3 f\u00e1cilmente y con dignidad al oyente torpe que hab\u00eda informado sin malicia al colaborador de Picot, no dej\u00f3 escapar la ocasi\u00f3n de responder con vivacidad a un hombre que persegu\u00eda a Lamennais con una rara vindicta, sobre todo desde que Gregorio XVI le hab\u00eda llamado al orden, y que extend\u00eda este mal humor a todo el que citaba su nombre.<\/p>\n<p>El 10 de junio, <em>L&#8217;Ami de la relig\u00edon <\/em>publicaba su carta abierta, sin dejar de ser puntilloso por \u00faltima vez: Como j\u00f3venes que somos, la primera vez que saqu\u00e9is nuestro nombre y nuestros discursos a la escena p\u00fablica, que no sea para deslucirlos con acusaciones injustas. [&#8230;] Se me acusa de calumniar a la monarqu\u00eda. Joven, no tengo todav\u00eda ning\u00fan inter\u00e9s de calumniar a nadie, y cuando lo tenga, espero tener suficiente honor y caridad para abstenerme de ello. [&#8230;] Me hacen salir de una escuela hostil a los reyes. Cristiano, tengo la gloria de no pertenecer a ninguna otra escuela que a la de la verdad, que es la Iglesia. [&#8230;] Y no es una declaraci\u00f3n de principios lo que he venido a hacer aqu\u00ed; ser\u00eda una presunci\u00f3n impropia de mi edad. [&#8230;] Mientras tanto, dos cosas tengo a las que asirme, porque una me viene de Dios y la otra de mis padres: la fe y el honor. Estas dos cosas, nadie tiene derecho a atacarlas.\u00bb<\/p>\n<p>Y conclu\u00eda con viveza: \u00abLa persona que se ha permitido publicar e interpretar mis palabras no estaba presente en la sesi\u00f3n en la que yo las pronunci\u00e9 [&#8230;]: \u00bfno es una imprudencia por su parte utilizarlas en el peri\u00f3dico? Y la imprudencia, cuando puede comprometer el nombre de un joven, \u00bfno carece de caridad? <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>Cuando se conoce el peso que representaban todav\u00eda <em>L&#8217;Ami de la religion y <\/em>su director en los comienzos de la monarqu\u00eda de Julio, se comprende el ruido que produjo esta pol\u00e9mica y que rode\u00f3 el nombre de Ozanam, hasta entonces casi un desconocido. Por ello tambi\u00e9n se espaciaron un poco las conferencias de historia al mismo tiempo, quiz\u00e1s porque Federico se cansaba de tantas discusiones, o m\u00e1s veros\u00edmilmente porque las recientes Conferencias San Vicente de Pa\u00fal acaparaban toda su atenci\u00f3n. Adem\u00e1s, su confesor el abate Marduel se mostraba reticente por el estilo tan abierto de las reuniones: \u00abCompadezc\u00e1monos de aquellos que no piensan bien; evitemos discutir con ellos, ya que en los momentos de efervescencia se tiene poca disposici\u00f3n a entender la verdad\u00bb, dec\u00eda. \u00abFrecuentemente nuestros esfuerzos por darla a conocer unen con m\u00e1s fuerza al error.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam quer\u00eda tambi\u00e9n seguir de muy cerca las conferencias de Nuestra Se\u00f1ora de las que, fiel a su proyecto de apostolado intelectual, hab\u00eda sido uno de los m\u00e1s importantes iniciadores.<\/p>\n<p>En efecto, a principios de 1833, se enter\u00f3 de que los catecismos del abate Dupanloup, muy concurridos por los j\u00f3venes de las escuelas, iban a tener que interrumpirse por razones materiales. En lugar de la capilla de San Jacinto, donde hab\u00edan tenido lugar, a Federico se le ocurri\u00f3 entonces darles continuaci\u00f3n en la catedral misma de Par\u00eds, y trat\u00f3 de convencer a sus compa\u00f1eros para que pidieran al arzobispo la restauraci\u00f3n de las conferencias de Nuestra Se\u00f1ora.<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas de junio, se fue con dos a llevar una s\u00faplica a Mons. Quelen, carta en la que las cien firmas hab\u00edan escrito bajo el dictado de Ozanam que deseaban \u00abuna predicaci\u00f3n que, nueva en su forma, y descendiendo al terreno de las controversias actuales, se enfrentara cuerpo a cuerpo con los adversarios del cristianismo para responder a las objeciones ense\u00f1adas a diario\u00bb. El prelado los escuch\u00f3 con mucha atenci\u00f3n, y les respondi\u00f3 que se ocupar\u00eda de su petici\u00f3n; a\u00f1adi\u00f3 que cre\u00eda que hab\u00eda llegado el momento de una iniciativa as\u00ed. A pesar de ello, no hizo nada inmediatamente, y Federico se impacientaba. Al a\u00f1o siguiente, pareci\u00f3 que se podr\u00eda conseguir, y la campa\u00f1a de firmas se repiti\u00f3. Esta vez Ozanam consigui\u00f3 doscientas. Redact\u00f3 la petici\u00f3n, en la que reclamaba una predicaci\u00f3n que demostrara la armon\u00eda del cristianismo con las aptitudes y las necesidades del individuo y de la sociedad, y que expusiera una filosof\u00eda de las ciencias, de las artes y de la vida. Con eso pidi\u00f3 audiencia al arzobispo, quien le recibi\u00f3 el 13 de enero de 1834 con Lamache y Lallier.<\/p>\n<p>Los tres amigos le expusieron su deseo de evitar una ense\u00f1anza que se quedara en el serm\u00f3n tradicional, e insistieron en que las futuras predicaciones trataran de las cuestiones que preocupaban a la juventud y que se refer\u00edan a las relaciones de la religi\u00f3n con la sociedad. Insistieron en la necesidad, para la Iglesia cat\u00f3lica, de responder con eficacia a las numerosas predicaciones racionalistas de Francia y protestantes de Alemania.<\/p>\n<p>Por fin, expresaron con claridad su deseo de tener a Lacordaire, que se hab\u00eda hecho c\u00e9lebre por sus art\u00edculos en <em>L&#8217;Avenir <\/em>y que hab\u00eda sido la comidilla de todos al defender la escuela libre contra el gobierno. Para su gran decepci\u00f3n, Mons. de Quelen eludi\u00f3 la cuesti\u00f3n y se content\u00f3 con prometerles un posible ensayo que no le comprometer\u00eda m\u00e1s que por un a\u00f1o. En el momento en que los tres j\u00f3venes iban a salir, taciturnos, presentaron, muy oportunamente, a un hombrecito enfermizo con levita parda, ojos ocultos por anteojos verdes: Lamennais, a quien el arzobispo de Par\u00eds esperaba todav\u00eda, por entonces, llevar a t\u00e9rminos de adhesi\u00f3n y sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed tienen, se\u00f1ores, al hombre que les convendr\u00eda\u00bb, dijo a sus visitantes, convencido interiormente de que el disidente aceptar\u00eda. Pero Lamennais de disculpa amargamente, afirmando que su carrera se ha acabado en el momento preciso en que Ozanam acaba de poner las bases de la reconquista cristiana&#8230;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana, una indiscreci\u00f3n de Lamache permite al abate Migne evocar el encuentro en su diario <em>L&#8217;Univers religieux. <\/em>Federico se siente vivamente contrariado, y se precipita a casa de Quelen para excusar a su amigo. \u00abEstos periodistas son siempre los mismos, dice sonriendo el prelado, que consuela a Ozanam y a Lallier, despu\u00e9s los lleva a la presencia de siete eclesi\u00e1sticos, entre los cuales quer\u00eda repartir las predicaciones de la cuaresma de 1834, y a quienes hab\u00eda convocado para hablarles sobre ello.<\/p>\n<p>Lacordaire dir\u00e1 m\u00e1s tarde que el arzobispo le hab\u00eda sondeado, pero que \u00e9l se hab\u00eda negado \u00aba meterse en aquel laberinto\u00bb donde present\u00eda que ser\u00eda muy dif\u00edcil entenderse, y eso es lo que sucedi\u00f3: \u00abdurante media hora, refiere Lallier, nos esforzamos en darles a entender que no eran ellos los que nos conven\u00edan.\u00bb Ozanam, con la libertad que le hab\u00eda dejado Mons. de Quelen de explicar a los predicadores lo que deseaba, intent\u00f3 convencer a Dupanloup, a Thibault, a P\u00e9tetot y a sus cuatro colegas, pero todo fue in\u00fatil. Desenga\u00f1ados, los dos j\u00f3venes se retiraron, luego Federico, ayudado por Lallier, redact\u00f3 r\u00e1pidamente un nuevo plan destinado al arzobispo de Par\u00eds, en cuya memoria repet\u00eda su esperanza de \u00abuna ense\u00f1anza \u00fanica, estrechamente coordinada\u00bb y dedicada a todas las cuestiones que se refer\u00edan al papel social de la Iglesia.<\/p>\n<p>Quelen no respondi\u00f3, pero en la orden por la que anunciaba la cuaresma, precisaba que los predicadores de un estilo nuevo que hab\u00eda decidido colocar hab\u00edan sido pedidos por la juventud.<\/p>\n<p>El 16 de febrero de 1834, comenzaba \u00e9l mismo, antes de ceder la palabra a sus siete predicadores. No fue un \u00e9xito, y con Ozanam a la cabeza, los j\u00f3venes intelectuales cat\u00f3licos escogieron acudir a las reuniones que Lacordaire celebraba desde el 19 de enero en el colegio Estanislao ante los alumnos.<\/p>\n<p>Hubo bien pronto tanta gente que el arzobispo de Par\u00eds tuvo miedo: de todas partes, incluida la polic\u00eda, se le acosaba para que mandara cesar estas conferencias en las que triunfaba un antiguo agente de Lamennais y se encontraban los j\u00f3venes alborotadores de Ozanam, escritores de vanguardia como V\u00edctor Hugo, abogados anticonformistas como Berryer, o el poeta cuasi republicano Lamartine&#8230; Esta nueva versi\u00f3n de la querella de los Antiguos y de los Modernos a la par que el fiasco de las conferencias de cuaresma, todo incitaba a Mons. de Quelen a disuadir a Lacordaire de continuar.<\/p>\n<p>Lo hizo en el mes de abril, pero sin dar una orden formal, a fin de salvar el futuro: legitimista y conservador, no era tonto, y, mientras se ganaba las simpat\u00edas del r\u00e9gimen y de los cat\u00f3licos tradicionales, \u00e9l segu\u00eda muy sensible a las realidades que Ozanam le hab\u00eda expuesto. Con paciencia, esper\u00f3 su momento: en enero de 1835, despu\u00e9s de una visita del abate Affre, su futuro sucesor, y una gesti\u00f3n de Dupanloup que pensaba lo mismo, se decidi\u00f3 de pronto a llamar a Lacordaire.<\/p>\n<p>El 8 de marzo de 1835, el joven sacerdote sub\u00eda al p\u00falpito de Nuestra Se\u00f1ora donde se hab\u00edan reunido m\u00e1s de seis mil personas. Federico no pudo ocultar su entusiasmo ante la resurrecci\u00f3n de la vieja catedral: \u00abDos personajes dominaban esta asamblea\u00bb, escribi\u00f3 una semana m\u00e1s tarde en L&#8217;Univers religieux: \u00abUno joven a\u00fan, pero ya sabio de la ciencia de Dios y de la ciencia de la vida [&#8230;]. El otro, pont\u00edfice venerable [&#8230;] coronado con todas las aureolas que pueden colocar en la frente humana la religi\u00f3n, el talento, la desgracia y la calumnia de los malvados. [&#8230;] Y cuando al finalizar el discurso, el auditorio al que hab\u00eda subyugado la voz del joven sacerdote cay\u00f3 a los pies del pont\u00edfice para recibir la bendici\u00f3n, mientras ta\u00f1\u00edan las campanas de Nuestra Se\u00f1ora y se abr\u00edan las puertas para derramar por toda la capital a esta multitud enriquecida con la limosna de la verdad, nos parec\u00eda asistir no ya a la resurrecci\u00f3n del catolicismo, pues el catolicismo no muere, sino a la resurrecci\u00f3n de la sociedad actual.\u00bb<\/p>\n<p>En 1832, Lacordaire hab\u00eda tenido que vestirse de seglar para llevar los auxilios de la religi\u00f3n a los escasos cristianos que se mor\u00edan en los hospitales durante la epidemia de c\u00f3lera; en 1835, triunfa con sotana en Nuestra Se\u00f1ora, y pasear\u00e1 pronto con orgullo su h\u00e1bito dominico: Ozanam representa mucho en todo ello.<\/p>\n<p>El 2 de mayo de 1835, escrib\u00eda a un amigo suyo: \u00abLa gran cita de los j\u00f3venes cat\u00f3licos y no cat\u00f3licos este a\u00f1o ha sido Nuestra Se\u00f1ora. Has o\u00eddo hablar sin duda de las conferencias del abate Lacordaire. S\u00f3lo han tenido un defecto: que han sido pocas. [&#8230;] Estas conferencias sobre la Iglesia, su necesidad, su infalibilidad, su constituci\u00f3n, su historia, etc., han sido todas muy hermosas; pero la \u00faltima ha sido de una elocuencia superior a todo lo que yo nunca he o\u00eddo [&#8230;]. Esto es lo que nos lleva alivio al alma.\u00bb<\/p>\n<p>En 1837, el padre de Ravignan, jesuita, suced\u00eda a Lacordaire, que iba luego a volver como dominico. Las conferencias de cuaresma de Nuestra Se\u00f1ora estaban lanzadas. Ozanam sigui\u00f3 muy asiduo a ellas, invitando a sus amigos estudiantes a asistir, y hasta guard\u00e1ndoles para ello los mejores lugares tres horas antes&#8230; Suscrib\u00eda perfectamente el an\u00e1lisis de Lacordaire: \u00abSe ha preguntado cu\u00e1l era el fin pr\u00e1ctico de estas conferencias. \u00bfCu\u00e1l es, se ha dicho, el fin de esta palabra singular, medio piadosa, medio filos\u00f3fica, que afirma y que debate? [&#8230;] Es el de preparar las almas a la fe\u00bb gracias a una \u00abpalabra que suplica m\u00e1s que manda, que perdona m\u00e1s que golpea, que entreabre el horizonte m\u00e1s que lo desgarra, que trata por fin con la inteligencia y le proporciona la luz\u00bb.<\/p>\n<p>Desde 1834, se puso tambi\u00e9n al servicio de la universidad de Lovaina que acababa de fundar el episcopado belga. Se ocup\u00f3 activamente de encontrar suscriptores para esta obra, y tom\u00f3 su defensa en varios peri\u00f3dicos cuando fue violentamente criticada por estudiantes que le eran hostiles: qu\u00e9 suerte para la Iglesia la de tener una universidad cat\u00f3lica, \u00abun monumento m\u00e1s de la inmortal alianza de la ciencia y de la fe!\u00bb, escrib\u00eda en L&#8217;Univers religieux el 15 de abril de 1834. \u00abNosotros, estudiantes cat\u00f3licos de la universidad de Par\u00eds, a\u00f1ad\u00eda, decimos que, mientras agradecemos los beneficios de la universidad a la que pertenecemos [&#8230;], envidiamos a nuestros hermanos de B\u00e9lgica la dicha de recibir el pan de la ciencia [&#8230;] de la misma mano que distribuye el pan de la santa palabra\u00bb, y \u00abesperamos que un d\u00eda Francia goce del mismo favor.\u00bb<\/p>\n<p>En aquel momento, Federico ve\u00eda que quer\u00edan hacer de \u00e9l el jefe de la juventud cat\u00f3lica, que le solicitaban para todo tr\u00e1mite de importancia, que le quer\u00edan en todas partes, en todas las reuniones, en todas las circunstancias, que varios peri\u00f3dicos le reclamaban: \u00e9l no deseaba ir tan lejos, proyectarse tanto al frente, hacer demasiados proyectos. \u00abQu\u00e9 pobre gente somos\u00bb, exclamaba, no sabemos si ma\u00f1ana estaremos vivos, y queremos saber lo que haremos de aqu\u00ed a veinte a\u00f1os!\u00bb\u00a0 Adem\u00e1s, su carrera no estaba definida, las Conferencias San Vicente de Pa\u00fal que nac\u00edan lo acaparaban cada vez m\u00e1s. Entonces, insensiblemente, disminuy\u00f3 su actividad para dedicar m\u00e1s tiempo a la reflexi\u00f3n y a la historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL CRISTIANO Y LA HISTORIA \u00abHay veladas todos los domingos para los j\u00f3venes en casa del sr. 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