{"id":387460,"date":"2016-05-12T08:13:29","date_gmt":"2016-05-12T06:13:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387460"},"modified":"2016-07-26T17:07:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:18","slug":"federico-ozanam-1813-1853-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-iv\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (IV)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>OZANAM \u00cdNTIMO<\/p>\n<p>\u00abNo puedo expresar toda la serenidad de estos primeros momentos de la tarde, la belleza de esta capa de agua azul como el lago de Ginebra, las bandadas de gaviotas que parec\u00edan surgir de la cresta de las olas para huir ante nosotros. Entretanto est\u00e1bamos sentados al pie de nuestro m\u00e1stil, abrigados por nuestra pintoresca vela, con nuestros ni\u00f1os en las rodillas a fin de evitar la temeridad de sus juegos; y, mientras habl\u00e1bamos apaciblemente, lleg\u00e1bamos al puerto&#8230;\u00bb Ozanam rom\u00e1ntico? Se creer\u00eda al leer estas pocas l\u00edneas extra\u00eddas de una carta a su hermano Carlos de septiembre de 1850 en la que le cuenta una romer\u00eda a la isla de Artz, en el golfo de Morbihan.<\/p>\n<p>En todo caso, un hombre de una gran sensibilidad, como lo prueba toda su vida \u00edntima: fiel en la amistad, con la afectividad muy demostrativa t\u00edpica de su tiempo, bien que m\u00e1s sobria en \u00e9l en comparaci\u00f3n con Lacordaire o Montalembert; profundamente afecto a su mujer y lleno de delicadezas con ella; muy tierno con su hija, pero con discreci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Un gran angustiado tambi\u00e9n, \u00abinquieto, atormentado, preocupado por su salud, por su porvenir, por sus medios de existencia\u00bb. Un gran creyente, por fin, \u00abquien, entregado a Dios desde un principio, se despojar\u00e1 poco a poco, en su corta vida, de las debilidades humanas para hacerse cada vez m\u00e1s transparente\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta los veintisiete a\u00f1os, \u00e9l no dud\u00f3 de su vocaci\u00f3n; despu\u00e9s encontr\u00f3 a la joven Amelia:<\/p>\n<p>\u00abCu\u00e1ntas cosas que contaros, y c\u00f3mo esta cruel cuesti\u00f3n de la vocaci\u00f3n, por tanto tiempo incierta, se ha presentado tan de repente! Al propio tiempo que vuelvo a sentir la llamada de la Providencia en este terreno resbaladizo de la capital, parece que me quiere dar un \u00e1ngel guardi\u00e1n para consolar mi soledad [&#8230;1. Me encontrar\u00e9is tiernamente enamorado: pero no me oculto, si bien a veces no puedo por menos de reirme de m\u00ed mismo. Yo me cre\u00eda de coraz\u00f3n m\u00e1s curtido&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>LA VIDA DIARIA<\/p>\n<p>Por propia confesi\u00f3n de su hermano Alfonso, ninguno de los escasos retratos que han quedado de Ozanam se le parece realmente. Salvo quiz\u00e1s uno, el de Luis Janmot en 1852: se ve a un hombre peque\u00f1o, a quien se adivina rechoncho, con la cabeza hundida en los hombros, el rostro fino, acabado en una perilla apuntada, las cejas fruncidas sobre dos ojos grandes de almendra, de aspecto gru\u00f1\u00f3n, pelo largo enmara\u00f1ado. La enfermedad le hab\u00eda trabajado ya, sin duda, y sufr\u00eda mucho; pero todos los testimonios que nos quedan sobre su aspecto f\u00edsico insisten sobre estos rasgos caracter\u00edsticos de su persona.<\/p>\n<p>Cuesta en efecto mucho trabajo creer que le gustaba reirse, como se ver\u00e1, porque ofrec\u00eda m\u00e1s bien una impresi\u00f3n de severidad austera y de torpeza apurada: \u00abNo pose\u00eda nada de cuanto predispone a favor de un hombre, ni la belleza, ni la elegancia, ni la gracia [&#8230;]; rasgos incorrectos, un tinte p\u00e1lido, una extrema debilidad de vista, que daba a su mirada un car\u00e1cter conturbado e indeciso, una cabellera larga y en desorden le compon\u00edan una fisionom\u00eda bastante extra\u00f1a\u00bb, refiere un contempor\u00e1neo. Su nariz algo fuerte y su boca peque\u00f1a de labios apretados completaban un rostro que no ten\u00eda nada de afable. A pesar de todo, no se pod\u00eda permanecer por mucho tiempo indiferente a esta expresi\u00f3n de dulzura y de bondad, transmitida al coraz\u00f3n a trav\u00e9s de una m\u00e1scara un poco pesada, pero sin gracia s\u00f3lo a primera vista\u00bb.<\/p>\n<p>A esto hab\u00eda que a\u00f1adir una sonrisa muy espiritual que le iluminaba y le transformaba radicalmente; su inteligencia y su bondad se le\u00edan entonces con toda claridad en sus rasgos.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l no perdi\u00f3 un solo minuto en preguntarse si la fealdad ten\u00eda sus encantos o no: como a todos los grandes esp\u00edritus, eso le importaba un bledo&#8230; Dicho esto, \u00bfcompensaba su elocuci\u00f3n a su f\u00edsico? No era ese precisamente el caso, al menos cuando comenzaba a hablar: su timidez natural le hac\u00eda casi tartamudear, se expresaba con una voz sorda, lenta, de una manera oscura, confusa, incierta, incluso en las conversaciones privadas. En cuanto a sus clases en la Sorbona, comenzaban siempre confusas, no por sus estudiantes que le adulaban, sino por causa de su ansiedad. En 1841, escribe: \u00abAlgo p\u00e1lido, y temblando por la preocupaci\u00f3n de interesar, franqueo el umbral, entro por la puertecita y tomo asiento en el sill\u00f3n universitario. Alzo mis ojos hacia el auditorio y entonces este amfiteatro de m\u00e1s de trescientas personas me asusta. Me siento de pronto destrozado como por un terror p\u00e1nico.\u00bb Uno de sus estudiantes le describe en 1845: \u00abEl Se\u00f1or Ozanam es un hombre muy joven, de frente meditabunda, la tez p\u00e1lida, de ojo profundo y penetrante, de fisionom\u00eda en\u00e9rgica y expresiva. Entra precipitadamente, se arroja con la cabeza baja en su sill\u00f3n como para escapar de los aplausos que no faltan nunca al recibirle. Se sienta bruscamente. Se echa el pelo para atr\u00e1s y reclama con la mano un silencio imposible al principio. En \u00faltimo extremo, rompe a cucharazos, con una especie de impaciencia, el terr\u00f3n de az\u00facar de su vaso de agua y consulta sus apuntes, luego comienza inmediatamente su lecci\u00f3n, antes incluso de que se haya restablecido la calma en su entusiasta auditorio.\u00bb<\/p>\n<p>Su natural escrupuloso y la voluntad encarnizada que pon\u00eda en ganarse la convicci\u00f3n de sus interlocutores le hac\u00edan detestar la improvisaci\u00f3n: \u00abOzanam, m\u00e1s que cualquiera otro, estaba sujeto al mal de la elocuencia\u00bb, escribe Lacordaire. \u00abDesconfiando de s\u00ed mismo, se preparaba para cada una de sus lecciones con una fatiga religiosa, reuniendo materiales sin cuento en torno a su pensamiento, fecund\u00e1ndolos con esa mirada prolongada de la inteligencia que los pone en orden, y d\u00e1ndoles por fin la vida en ese coloquio misterioso del orador que se dice as\u00ed mismo lo que dir\u00e1 ma\u00f1ana, esta tarde, ahora mismo, al auditorio que le espera.\u00bb<\/p>\n<p>Se pasaba a veces toda la noche trabajando una cuesti\u00f3n en medio de un mont\u00f3n de libros, de papeles y de apuntes: \u00abOcho d\u00edas de trabajo para una hora de charla\u00bb, tal era, seg\u00fan Lacordaire, su ritmo habitual! \u00abEscribo, dec\u00eda, porque no habi\u00e9ndome dado Dios la fuerza de conducir un arado, es necesario sin embargo que obedezca a la ley del trabajo, y que cumpla mi jornada de trabajo.\u00bb \u00abA Ozanam le gustaba decir: `me gano el pan&#8217;, a\u00f1ade su hermano, y cuando la enfermedad no le dejaba trabajar, exclamaba con dolor, como su querido patr\u00f3n san Vicente de Pa\u00fal: &#8216;qu\u00e9 miserable soy, me estoy comiendo un pan que no he ganado\u00bb.<\/p>\n<p>Estos d\u00edas agotadores, Federico se los deb\u00eda tambi\u00e9n a su angustia insistente: dudaba de s\u00ed, de su fe, de su talento, necesitaba ser tranquilizado, sumergirse en la oraci\u00f3n, que le devolv\u00eda la serenidad. Lacordaire le dec\u00eda: \u00abNo se adelanta uno al tiempo impunemente, el tiempo se venga de los que prescinden de \u00e9l\u00bb, pero no le escuchaba. Quiz\u00e1s llevaba en el subconsciente que morir\u00eda joven, lo que le expoleaba a expresar lo m\u00e1s pronto posible todo cuanto ten\u00eda que decir.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda su angustia, y percib\u00eda muy bien los momentos en que la depresi\u00f3n, la \u00abmelancol\u00eda\u00bb seg\u00fan el t\u00e9rmino de su tiempo, se apoderaba de \u00e9l. Apenas llegado a Par\u00eds, escrib\u00eda a su madre el 7 de noviembre de 1831: \u00abMi alegr\u00eda pasajera ha naufragado por completo. Ahora que me encuentro solo, sin distracci\u00f3n, sin consuelo exterior, comienzo a sentir toda la tristeza, todo el vac\u00edo de mi situaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>En 1835, cuenta a uno de sus amigos: \u00abMalestares continuos, las diligencias aburridas han comenzado a apagar mi ardor, y cuando dispongo de todo el tiempo y de todas las facilidades posibles, caigo en una especie de languidez fatal que no sabr\u00eda sacudirme. El estudio que antes me gustaba me fatiga; la pluma me pesa en los dedos; ya no s\u00e9 escribir.\u00bb M\u00e1s adelante a\u00f1ade: \u00abveo a los j\u00f3venes de mi edad avanzar con la cabeza levantada por los caminos de un progreso real, y yo me detengo y me desespero por no poder seguirlos, y me pongo a lamentar el tiempo que habr\u00eda que emplear en ponerse en marcha:<\/p>\n<p>Durante toda su vida se ver\u00e1 sometido as\u00ed a ataques de des\u00e1nimo: \u00abA veces siento tal abatimiento y flojera, que necesito escribir exhortaciones y resoluciones fuertes para levantarme; soy como los ni\u00f1os que deforman la voz cuando tienen miedo.\u00bb \u00abAy! c\u00f3mo es posible que mi alma siga en una especie de petrificaci\u00f3n moral relativamente a todos mis deberes? Mi conciencia no me perdona, y colocado entre el deseo de hacer el bien y mucho, y una debilidad incre\u00edble que me impide hacer nada, me paso los d\u00edas en reproches amargos por el incumplimiento de mis resoluciones pasadas y en resoluciones nuevas que no ejecutar\u00e9 tampoco, y que me preparan nuevos reproches para el futuro.\u00bb Ya lo hemos dicho, \u00e9l dudaba de s\u00ed mismo: \u00abYo no s\u00e9 querer\u00bb, dec\u00eda, \u00abno s\u00e9 actuar, y siento que se me acumula en la cabeza la responsabilidad de los favores que descuido cada d\u00eda\u00bb. Cuando se describe, no se perdona: \u00abSoy siempre el mismo, siempre abundante en palabras, y corto en obras, siempre sufriendo por mi incapacidad y miseria sin poder levantarme, agitado por muchos pensamientos y sentimientos diversos y haciendo pocas resoluciones valientes, realizando menos cosas todav\u00eda; amasado de ego\u00edsmo y pusilanimidad, regateando con Dios y conmigo mismo, sopes\u00e1ndolo todo, vacilando hasta para dar un paso hacia el bien y, despu\u00e9s de darlo, temiendo siempre haberlo dado mal; lleno de languidez y de inquietud; zarandeado continuamente entre las tentaciones de la imaginaci\u00f3n y las de la vanidad, siempre descontento de m\u00ed mismo y sin saber destruir las causas de este descontento\u00bb&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Esta severidad ocultaba una humildad real: convertido en un gran profesor de la Sorbona, un escritor respetado, un jefe de fila indiscutible de los cat\u00f3licos, el convocador de decenas de miles de j\u00f3venes, no se separar\u00e1 nunca de este sentimiento profundamente sincero. Como tampoco conseguir\u00e1 nunca embridar del todo su naturaleza viva y arrebatada: sus familiares conservaron por mucho tiempo el recuerdo de su impaciencia y de sus crispaciones. \u00abBasta, basta, gru\u00f1\u00eda cuando le dec\u00edan algo que le desagradaba, van ustedes a conseguir que me enfade.\u00bb Toda su vida no perder\u00e1 ocasi\u00f3n de combatir con obstinaci\u00f3n su irritabilidad; y cuando se le escapaba un movimiento de \u00e9stos, lo que era frecuente, se le ve\u00eda confuso y trataba por todos los medios de corregirlo. Cosa que le era tanto m\u00e1s dif\u00edcil cuanto que era inquieto e indeciso por naturaleza; le costaba trabajo disfrutar de la vida sin segundas intenciones, y un d\u00eda que el abate Alfonso le hac\u00eda ver \u00abtodas las razones que ten\u00eda de ser feliz\u00bb, respondi\u00f3 con voz baja: \u00abEs verdad, pero precisamente porque soy demasiado feliz temo alguna desgracia inminente, siendo lo uno casi siempre precursor de lo otro&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Trabajar como \u00e9l lo hizo era en definitiva para \u00e9l una manera de batir en brecha sus inclinaciones de las que sent\u00eda verg\u00fcenza y las quer\u00eda borrar preocupado por la perfecci\u00f3n. \u00abMi peque\u00f1o amigo, escrib\u00eda a su joven hermano Carlos en 1842, hay que hacer que el coraz\u00f3n y el esp\u00edritu sean bastante en\u00e9rgicos para no temer la soledad, para no abandonarse a las tentaciones de melancol\u00eda que no dejan de presentarse [&#8230;]. T\u00fa comienzas pues a saber, mi pobre amigo, lo duro que es el oficio de joven. En otro tiempo era la guerra, hoy son los ex\u00e1menes. Pero seguro que hay temporadas de trabajo que valen lo que una campa\u00f1a.\u00bb<\/p>\n<p>En la vida cotidiana, Federico Ozanam no era con todo ese personaje crispado, col\u00e9rico, austero, incluso aguafiestas y depresivo que se podr\u00eda suponer si uno se atuviera a lo que precede; le gustaba re\u00edrse, no le faltaba el humor, y se dejaba llevar a veces por rasgos de humor que ten\u00edan algo de locuras. As\u00ed concluye para su madre el relato de la fiesta del Corpus de 1833: \u00abSi yo contara que a las seis de la tarde veintid\u00f3s individuos se reconfortaban alrededor de una mesa en Saint-Germain-en-Laye [.1. Bueno, si yo revelara que a media noche y cuarto o as\u00ed, tres jovenzuelos llamaban a la puerta, que ven\u00edan muy animados, las piernas cansadas y los zapatos cubiertos de polvo, y que uno de ellos de pelo casta\u00f1o, nariz ancha, ojos grises, es muy conocido vuestro, as\u00ed a la primera, \u00bfqu\u00e9 dir\u00edais vos, mi buena madrecita? Dir\u00edais: Oh, oh! esto me parece una loca aventura&#8230; o esto se parece a una bandada de estorninos.\u00bb<\/p>\n<p>Estudiante en Par\u00eds, desembarca primero en una pensi\u00f3n de familia sin alma, m\u00e1s al alcance de la mano: su peque\u00f1a habitaci\u00f3n no es fea, da al Jard\u00edn de las Plantas. Pero \u00e9l est\u00e1 furioso: est\u00e1 lejos de todo y de todo el mundo, su \u00abpatrona tiene el aspecto de una astuta comadre\u00bb cuya habla y modales le han hecho \u00abpresumir que est\u00e1 muy atenta a la bolsa de los j\u00f3venes\u00bb, y \u00abla compa\u00f1\u00eda no es buena all\u00ed. Hay se\u00f1oras y se\u00f1oritas m\u00e1s bien vulgares, que se r\u00eden a carcajadas, jugando a las cartas la mitad de la noche\u00bb. En el mercado se burlan de \u00e9l porque guarda abstinencia cuando los dem\u00e1s se atiborran: bueno, que no est\u00e1 contento!<\/p>\n<p>Por suerte para \u00e9l, un conocido lion\u00e9s le presenta en casa del gran sabio Amp\u00e9re, quien se presta a alquilarle la habitaci\u00f3n de su hijo. Va a nacer una amistad real, volveremos m\u00e1s tarde sobre ello; entretanto, Federico es admitido en el c\u00edrculo familiar, y cuente lo que cuente m\u00e1s tarde, no sufre verdaderamente soledad, a\u00fan cuando se retire discretamente el d\u00eda de Navidad pensando en sus padres.<\/p>\n<p>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, alquila una peque\u00f1a habitaci\u00f3n, donde almacena los dulces y el chocolate que le env\u00eda su madre, llevando sus cuentas perfectamente al d\u00eda para su padre. Es muy normal que recrimine un poco, por ejemplo en su carta del 17 de enero de 1834: \u00abNos hallamos en pleno carnaval, y apenas me doy cuenta [&#8230;]. Cuando uno est\u00e1 totalmente aislado, como yo, necesita ver de cuando en cuando a pap\u00e1s y a mam\u00e1s. Por ello estoy bastante hura\u00f1o en el rinc\u00f3n de mi fuego y con mis libros, y me preparo de una manera bastante triste a mi tercer examen para el que necesitar\u00e9, por cierto, consignar noventa francos a la Facultad. Porque la buena Facultad no nos distribuye gratis la leche de la ciencia: hace pagar caros sus meses de nodriza.\u00bb<\/p>\n<p>Pero el buen humor se impone a menudo a la melancol\u00eda: \u00abSoy bastante vividor, escribe a su primo Falconnet en 1834, no deseando otra cosa que la alegr\u00eda. \u00abNo vayas a pensar, a\u00f1ade, que me paso la vida con calaveras!\u00bb No es nada extra\u00f1o que unos veinte compa\u00f1eros se amontonen en su casa para beber ponche y comer helados mientras arreglan el mundo. Y cuando no, se ponen a representar grandes charadas de sainetes, a montar n\u00fameros de marionetas o a hacer concursos de juegos de palabras.<\/p>\n<p>No sin nostalgia por su vida de estudiante, tuvo que volver a Lyon en 1837, con el doctorado de derecho en el bolsillo. Su padre le quer\u00eda abogado, \u00e9l accedi\u00f3, y se reintegr\u00f3 a la casa familiar. Se le devolvi\u00f3 una gran pieza llena de libros para convertirla en su gabinete de trabajo, pero \u00e9l apenas recibi\u00f3 clientes: detestaba ese oficio y s\u00f3lo pensaba en la preparaci\u00f3n del doctorado en letras. Sin embargo, gracias a la intervenci\u00f3n de varias de sus relaciones, figura como candidato en 1839 para obtener una c\u00e1tedra de derecho comercial en la facultad de Lyon, que \u00e9l prefer\u00eda a un puesto de profesor de filosof\u00eda en Orleans, aunque prometido por el ministro (su antiguo maestro Victor Cousin), ya que le permit\u00eda quedarse cerca de su madre enferma. Es su nombramiento para esta funci\u00f3n en junio de 1839 la que le va a permitir encontrar a su futura mujer.<\/p>\n<p>Amelia Soulacroix, un nombre predestinado para Federico, era la hija del rector de la academia de Lyon. Como todas las j\u00f3venes de su \u00e9poca, hab\u00eda recibido una educaci\u00f3n dom\u00e9stica, art\u00edstica y religiosa irreprochable. Dulce y sonriente, aunque no muy bonita, era la compa\u00f1era que conven\u00eda a Ozanam. \u00c9ste, despu\u00e9s de muchas dudas, se hab\u00eda convencido de que el seminario ser\u00eda para \u00e9l un verdadero entierro, y que la soledad no era soportable.<\/p>\n<p>Es verdad que \u00e9l que hab\u00eda sido educado con dos hermanos desconfiaba de las \u00abhijas de Eva\u00bb y tem\u00eda el matrimonio, \u00ablas dulzuras de la vida dom\u00e9stica\u00bb, \u00abel bienestar material o sentimental\u00bb, \u00abel ego\u00edsmo entre dos\u00bb y \u00abesa perpetuidad del compromiso\u00bb que era para \u00e9l \u00abalgo lleno de terror\u00bb. Y no contento con quedarse ah\u00ed, insist\u00eda: \u00ab\u00bfHab\u00e9is visto alguna vez, sin experimentar una especie de opresi\u00f3n en el coraz\u00f3n, el d\u00eda siguiente a una boda? Estad seguros de que el hombre abdica gran parte de su dignidad el d\u00eda en que se encadena al brazo de la mujer. Releed a san Pablo!\u00bb<\/p>\n<p>Sea como sea, \u00e9l tambi\u00e9n cay\u00f3 en \u00abla trampa\u00bb que denunciaba Lacordaire, siempre pronto a estimular a tiempo y a destiempo las vocaciones sacerdotales&#8230; \u00abExperimento los s\u00edntomas precursores de un orden nuevo de sentimiento, notaba \u00e9l, y me pongo a temblar<sup>52<\/sup>.\u00bb Amelia ten\u00eda en todo caso ante los ojos la inmensa ventaja de compartir sus convicciones y su pasi\u00f3n por la caridad; adem\u00e1s, la entrega con la que cuidaba a un joven hermano enfermo le impresion\u00f3 profundamente. Un d\u00eda, escribir\u00e1 sin embargo, siempre muy amante pero incorregible: \u00abDe verdad que no quiero ofender a nadie, no dir\u00e9 que en el saco del matrimonio hay nueve v\u00edboras por una anguila, pero creo que hay nueve palomas por una mujer. Son bonitas, dulces, se educan bien, cantan a veces, pero en esas graciosas cabecitas no hay apenas cerebro.\u00bb\u00a0 Para Ozanam una esposa es ante todo una compa\u00f1era de destino, un remedio a la soledad, una confidente de todos los instantes, una hermana en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 23 de junio de 1841 a las diez de la ma\u00f1ana, un mi\u00e9rcoles soleado, Federico y Amelia se casan en la iglesia Saint-Nizier de Lyon. La misa es celebrada por el abate Alfonso, la nave se encuentra llena de parientes, amigos, antiguos compa\u00f1eros, colegas de San Vicente de Pa\u00fal. \u00abEn cuanto a m\u00ed, escribe unos d\u00edas despu\u00e9s, no s\u00e9 ya d\u00f3nde estaba. Conten\u00eda apenas gruesas pero deliciosas l\u00e1grimas, y sent\u00eda descender sobre m\u00ed la bendici\u00f3n divina con las palabras consagradas [\u2026]. Y despu\u00e9s, al cabo de cinco d\u00edas que llevamos juntos, qu\u00e9 calma, qu\u00e9 serenidad en esta alma que conoc\u00edais tan inquieta y tan ingeniosa para hacerse sufrir!\u00bb<\/p>\n<p>\u00abMe dejo ser feliz; no cuento ya los momentos, ni las horas. El correr del tiempo no existe ya para m\u00ed. \u00bfQu\u00e9 me importa el porvenir? La felicidad en el presente, eso es la eternidad. Yo comprendo el cielo. <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>En lo sucesivo, hasta el fin, Amelia estar\u00e1 estrechamente asociada a la vida \u00edntima de su marido: sus alegr\u00edas, sus penas, sus trabajos, sus viajes. \u00abPiadosa como un \u00e1ngel y ya, ella me lo permite decir, tierna y afectuosa como una amiga\u00bb, le cuesta sin embargo liberarse de la influencia de sus padres, que se aferran a ella despu\u00e9s de la muerte de su hijo minusv\u00e1lido, y Ozanam echa pestes, obligado a quedarse solo en Par\u00eds demasiadas veces mientras que su mujer es retenida en Lyon.<\/p>\n<p>Varios abortos no arreglan nada, y se instala la inquietud en el seno del hogar, pero de pronto todo se ilumina, y ahora es un Federico exultante de gozo quien anuncia a sus amigos, el 24 de julio de 1845, el nacimiento de una peque\u00f1a Mar\u00eda que ser\u00e1 su hija \u00fanica: \u00abUn favor nuevo ha llegado a hacerme experimentar la mayor alegr\u00eda probablemente de aqu\u00ed abajo\u00bb, escribe a Foisset, amigo de Montalembert, el 7 de agosto, cuando se encuentra en plena sesi\u00f3n de examen en la Sorbona. \u00abSoy padre! oh! se\u00f1or, qu\u00e9 gran momento aquel en el que o\u00ed el primer grito de mi hija! [&#8230;] con qu\u00e9 impaciencia vi llegar la hora de su bautizo! Le hemos dado el nombre de Mar\u00eda, que era el de mi madre, y en memoria de la poderosa patrona a cuya intercesi\u00f3n atribuimos este feliz nacimiento.\u00bb Es verdad que hab\u00edan rezado mucho y pedido intercesiones. Dicho lo cual, en la misma carta y siempre a su estilo, Federico no puede por menos de a\u00f1adir, cuando su hija tiene quince d\u00edas: \u00abEstamos suspirando ya al pensar que quiz\u00e1s habr\u00e1 que casar un d\u00eda a nuestra peque\u00f1a Mar\u00eda&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Durante los ocho a\u00f1os que le quedan por vivir, no se le pasar\u00e1 nunca un aniversario ni una fiesta de familia. Daba mucha importancia a los peque\u00f1os gestos que fortalecen los sentimientos: \u00abDomingo por la ma\u00f1ana, me levantaba muy triste, estaba sola, Fred hab\u00eda salido de madrugada para el retiro [pascual de 1842 en Nuestra Se\u00f1ora de Par\u00eds]\u00bb, refiere su mujer. \u00abPero imaginad mi dulce sorpresa cuando al entrar en el sal\u00f3n, encontr\u00e9 en la mesa, rodeado de flores, un hermoso devocionario en piel y en la primera p\u00e1gina unos versos encantadores de mi querido Federico. Esta atenci\u00f3n me ha conmovido profundamente. \u00abEn julio de 1849, durante la enfermedad de su hija, dedica un poema conmovedor a su \u00abangelito de la tierra\u00bb y pide a Dios que le devuelva \u00abel aire puro del para\u00edso\u00bb.<\/p>\n<p>A lo que se ha de a\u00f1adir su sentido de lo bello, su delicadeza y su atenci\u00f3n por Amelia y por Mar\u00eda iban a la par con la sobriedad y la indiferencia hacia los placeres de Epicuro: de verdad, \u00abno se habr\u00eda consolado si nos hubi\u00e9ramos olvidado de la menor fiesta de familia, ha notado su mujer, [&#8230;] y daba gran importancia a que, el domingo, los d\u00edas de fiesta solemne de la Iglesia, los d\u00edas de peque\u00f1as reuniones de familia, hubiera algunos platos extra que le gustaba encargar o comprar \u00e9l mismo\u00bb. Pero \u00able era indiferente ir mal vestido, mal amueblado, era sobrio en extremo, la mayor\u00eda de las veces no sab\u00eda lo que com\u00eda\u00bb. Para agradarle, bien poca cosa: \u00abun ramillete de flores en su despacho le encantaba, as\u00ed como un bonito grabado.<\/p>\n<p>Cuando m\u00e1s enamorado estaba de Amelia, unas l\u00edneas extra\u00eddas de una carta que le dirig\u00eda el 10 de junio de 1841 le pintan de arriba abajo: \u00abNo vengo a ofreceros ni los encantos de un comercio amable, ni los prestigios de una fortuna brillante, ni el esplendor, ni el descanso ni nada de lo que seduce a la mayor\u00eda. [&#8230;] Vengo a ofreceros la voluntad de un hombre, una voluntad recta y leal, la voluntad de ser bueno para que se\u00e1is feliz.\u00bb<\/p>\n<p>Una \u00faltima cosa, pintoresca, Amelia temblando de miedo en Lyon, Federico que vuelve hacia Par\u00eds despu\u00e9s de presidir un jurado de examen; y tranquilizadora, pues hasta a los grandes esp\u00edritus les puede fallar la presciencia: \u00abNo se puede imaginar nada m\u00e1s extra\u00f1o que los procedimientos por los que se llega a colocar una diligencia sobre ra\u00edles, y no lograr\u00eda explic\u00e1rtelo de otro modo que de palabra. No existe tampoco nada m\u00e1s salvaje, m\u00e1s digno de un siglo de barbarie que estos ferrocarriles que no respetan [nada], que lo colman todo, lo perforan todo, y que van siempre a derecho, siempre negros!\u00bb Este \u00abprimer ensayo de transporte de las mensajer\u00edas por el ferrocarril\u00bb, por otra parte en sus albores, fue tambi\u00e9n el \u00faltimo para \u00e9l. Y a pesar de todo, Dios sabe que fue un gran viajero&#8230;<\/p>\n<p>Visit\u00f3 varias veces Francia, se dirigi\u00f3 con entusiasmo a Alemania, pero el pa\u00eds que gozaba de su preferencia, el que \u00e9l adoraba, en el que la dicha de contemplar los paisajes se ensanchaba en exaltaci\u00f3n intelectual, en plenitud espiritual, era Italia, tierra de su nacimiento.<\/p>\n<p>La primera vez que se dirigi\u00f3 all\u00ed, ten\u00eda veinte a\u00f1os: toda la familia hizo el viaje, y seg\u00fan su hermano, ese periodo de dos meses fue para Federico el m\u00e1s se\u00f1alado de su vida. Mil\u00e1n. Loretto, Ancona, Roma, Florencia, Siena fueron sucesivamente las etapas de un periplo que permiti\u00f3 a Ozanam volver a encontrarse con sus ra\u00edces y abrirse a una civilizaci\u00f3n fascinante.<\/p>\n<p>Fue en Florencia donde se apasion\u00f3 por Dante, cuya obra ejercer\u00e1 tanta influencia sobre \u00e9l. En Roma, vio al papa por primera vez, en Loretto rez\u00f3 mucho, en Mil\u00e1n, vio su casa natal y la iglesia de su bautizo. En una palabra, cuando regres\u00f3, estaba lleno de \u00abun nuevo ardor para sus obras de celo, como para sus estudios, que quer\u00eda que sirvieran para la gloria de la santa Iglesia y la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb.<\/p>\n<p>Volver\u00e1 cuatro veces a Italia: en setiembre de 1841, reci\u00e9n casado, decidir\u00e1 ir all\u00ed, para hac\u00e9rsela descubrir a Amelia, pero tambi\u00e9n para completar la cura de sus dolores de garganta y, sobre todo, para trabajar. El 23, se encontraban en N\u00e1poles,y Federico se encend\u00eda por la ciudad y sus vestigios medievales: \u00abQu\u00e9 en\u00e9rgico \u00edmpetu de fe, de valor, de genio<sup>6 <\/sup>\u00a0!\u00bb En octubre, visitaba Sicilia donde, a pesar de los inconvenientes de un viaje ca\u00f3tico por un pa\u00eds minado (sic) por la inseguridad, pobre en hoteles de calidad y surcado de rutas imposibles, le pareci\u00f3 penetrar en el misterio de la \u00abItalia de siempre\u00bb. Templos griegos palacios moriscos, construcciones romanas en bas\u00edlicas normandas, pinturas del cristianismo medieval de religiosidad contempor\u00e1nea, nada escap\u00f3 a su vista ni a su pluma: \u00abY al sentarse en medio de las ruinas de Siracusa\u00bb, escribe a sus padres pol\u00edticos el 3 de noviembre, siente uno agitarse toda la historia \u00bb <sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n<p>Enfermo otra vez en 1846, consigue del ministro una misi\u00f3n cient\u00edfica y literaria que le permite que publicar\u00e1 en 1850. Esta vez es volver a su pa\u00eds predilecto para cuidar su salud y trabajar en un <em>Rapport sur les \u00e9coles en Italie aux temps <\/em>des barbares sobre todo Roma la que le detiene primero; pero \u00bfc\u00f3mo no mencionar su larga permanencia en Assis? All\u00ed descubri\u00f3 la figura de san Francisco, que le impresion\u00f3 profundamente. Y se trajo sus estudios y sus meditaciones de los <em>Fioretti <\/em>que incluir\u00e1 en un librito sobre los poetas franciscanos.<\/p>\n<p>En 1853 por fin, pas\u00f3 varios meses en Pisa y no volvi\u00f3 a Francia m\u00e1s que para morir all\u00ed. Ah! Italia, exclamaba un d\u00eda, \u00abese pa\u00eds bello y enga\u00f1ador&#8230;\u00bb La ve\u00eda \u00abdeslucida por los relatos de innumerables turistas, desfigurada y corrompida por el contacto de los extranjeros, despojada de muchos de sus monumentos por las guerras de las que ha sido teatro, y por el mal gusto del que ha sido la escuela\u00bb. Fuera del papa y las procesiones, su Italia se deten\u00eda en el Renacimiento.<\/p>\n<p>Es algo as\u00ed como ve Alemania, adonde se dirige en 1840. \u00abMe encontraba pues en esta tierra cl\u00e1sica del catolicismo alem\u00e1n, escribe el 14 de octubre a un amigo, tierra de maravillosas leyendas [&#8230;], tierra de ilustres recuerdos y de virtudes heroicas\u00bb donde, lamentablemente, \u00ablos comercios abiertos casi en su totalidad los domingos [&#8230;] dan fe de una inconsecuencia de car\u00e1cter, o de una insuficiencia de instrucci\u00f3n\u00bb deplorables!<\/p>\n<p>El viaje fue breve, consagrado por entero a la arquitectura medieval: bien poca cosa por cierto para un joven agregado encargado de comenzar un curso sobre la literatura alemana en la Edad Media. Para dirigirse m\u00e1s all\u00e1 del Rin, Federico hab\u00eda atravesado B\u00e9lgica todav\u00eda radiante por su reciente independencia; hab\u00eda admirado su dinamismo cristiano, pero sobre todo la hab\u00eda encontrado \u00abcomerciante\u00bb, lo cual no era ning\u00fan cumplido en su boca.<\/p>\n<p>De Inglaterra, donde pas\u00f3 algunos d\u00edas en agosto de 1851, le qued\u00f3 un recuerdo peor todav\u00eda: le hab\u00edan machacado tanto sobre la patria de Shakespeare que acept\u00f3 de mal grado hacer una escapada desde Dieppe, donde trataba de recuperar fuerzas. Con su mujer, su hija y su amigo Amp\u00e9re, se embarc\u00f3 para Dover, luego Londres.. Lleg\u00f3 en el momento de la Exposici\u00f3n universal, y este derroche de riquezas en el cuadro lujoso de Crystal Palace le desagrad\u00f3, Adem\u00e1s, si bien admiraba el sistema pol\u00edtico brit\u00e1nico, no le gustaban mucho los Ingleses, y qued\u00f3 horrorizado tanto por la espantosa miseria que descubr\u00eda a cada paso en Londres como por la arrogancia de los arist\u00f3cratas hacia los pobres.<\/p>\n<p>La catedral de San Pablo le pareci\u00f3 siniestra, Westminster completamente corrompida por el protestantismo, y tan s\u00f3lo Oxford, donde pas\u00f3 algunas horas, hall\u00f3 gracia a sus ojos. Por encontrarse all\u00ed \u00abuna paz profunda, una ciudad del siglo XV y XVI, toda en pie, con sus grandes colegios que han conservado la arquitectura g\u00f3tica o la del renacimiento. Se puede caminar por sus claustros, por sus hermosos jardines, sin que nada venga a sugerir el paso del tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Sin duda alguna, estas pocas l\u00edneas dan la clave de todos sus viajes. Un \u00faltimo pa\u00eds que dese\u00f3 visitar, cuando ya le abandonaban las fuerzas, era Espa\u00f1a. All\u00e1 se dirigi\u00f3 en dos ocasiones desde Biarritz, donde trat\u00f3 de curarse, en octubre de 1852. So\u00f1aba con hacer la peregrinaci\u00f3n a Santiago de Compostela, pero su salud no se lo permit\u00eda ya. Debi\u00f3 contentarse con Burgos, que est\u00e1 m\u00e1s a tiro. Pero los tres d\u00edas que pas\u00f3 all\u00e1 le hab\u00edan hecho ver trescientos a\u00f1os de historia, y esto es lo que buscaba. Logr\u00f3 incluso sacar un librito a prop\u00f3sito que concluy\u00f3 unos d\u00edas antes e su muerte, <em>P\u00e9lerinage au pays du Cid, <\/em>en el que evocaba con inspiraci\u00f3n y poes\u00eda un pa\u00eds apenas entrevisto. Me siento feliz por haber podido hacer esta peregrinaci\u00f3n\u00bb, escrib\u00eda el 23 de noviembre. \u00abYo hab\u00eda dedicado mis espacios libres del oto\u00f1o a estudiar un poco la Espa\u00f1a de la Edad Media; pero no puedo representarme un pa\u00eds que no he visto.\u00bb<\/p>\n<p>Por fin queda Francia, por la que viaj\u00f3 finalmente bastante poco: la Grande-Chartreuse en 1835, el valle del Is\u00e9re en 1841, a guisa de viaje de bodas, pero para tomar las aguas en Allevard, la Breta\u00f1a y Dieppe en 1851, para descansar, las Eaux-Bonnes para curar una pleures\u00eda en 1852; ese mismo a\u00f1o, la cuna de san Vicente de Pa\u00fal y Nuestra Se\u00f1ora de Buglose en las Landas, luego la ruta de Marsella a G\u00e9nova en enero de 1853.<\/p>\n<p>De estas pocas peregrinaciones por Francia le quedar\u00e1n sobre todo los recuerdos del monasterio de la Grande-Chartreuse, de la casa natal de san Vicente de Pa\u00fal y los perdones de Breta\u00f1a. Ya que antes que viajero, Federico Ozanam el \u00abjud\u00edo errante\u00bb, como \u00e9l mismo se intitulaba, era un creyente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>OZANAM \u00cdNTIMO \u00abNo puedo expresar toda la serenidad de estos primeros momentos de la tarde, la belleza de esta capa de agua azul como el lago de Ginebra, las bandadas de gaviotas que parec\u00edan surgir &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-iv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":150951,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11],"tags":[],"class_list":["post-387460","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Federico Ozanam (1813-1853) (IV) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-iv\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Federico Ozanam (1813-1853) (IV) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"OZANAM \u00cdNTIMO \u00abNo puedo expresar toda la serenidad de estos primeros momentos de la tarde, la belleza de esta capa de agua azul como el lago de Ginebra, las bandadas de gaviotas que parec\u00edan surgir ... 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